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UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE COMUNICACIÓN TRABAJO FIN DE GRADO GRADO EN PERIODISMO La prensa clandestina frente a la prensa reptil en la Polonia nazi AUTORA: María Sánchez Ramos TUTORA: Dra. María José Ruiz Acosta Sevilla, septiembre de 2016
«Los monstruos existen, pero son demasiado pequeños en número para ser verdaderamente peligrosos. Más peligrosos son los hombres comunes, los funcionarios listos para creer y actuar sin hacer preguntas». Primo Levi
3 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN…………………………………………………..…………1 2. RESUMEN Y PALABRAS CLAVE………………………………………….2 3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA…………………………………………...3 4. CONTEXTO POLÍTICO, SOCIAL Y CULTURAL DE LA POLONIA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX…………………………………….7 5. LA PRENSA CLANDESTINA………………………………………………19 6. LA PRENSA REPTIL………………………………………………………..28 7. CONCLUSIONES……………………………………………………………38 8. BILIOGRAFÍA……………………………….………………………………40 9. ANEXOS………………………………...……………………………………42
4 1. INTRODUCCIÓN El siglo XX constituye una de las épocas más convulsas de la agitada historia polaca. El país escribe el capítulo más amargo de su biografía dejando una huella indeleble que marcará por siempre su carácter, y lo llevará a formar parte de la memoria histórica contemporánea bajo el recuerdo del régimen de terror nazi (1939-1945). Polonia renacerá como estado independiente durante apenas dos décadas tras 120 años de desaparición en el panorama europeo para ser, como nunca antes, fulminada por la invasión de sus vecinos rusos y alemanes. Todas las coyunturas que rodean el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y la masacre de la ‘solución final’ se evidencian en la prensa del momento. Sus cabeceras, articuladas en el bloque alemán sensacionalista de la «prensa reptil» oficial y el grupo insurgente de la «prensa clandestina» vinculado al gobierno en el exilio, se encargan de dar testimonio de los distintos hechos, conflictos y, específicamente, líneas propagandísticas de captación en dichos frentes antagónicos de la guerra. Durante el otoño de 1939, la prensa de la Segunda República de Polonia fue debilitándose hasta ser totalmente liquidada −al igual que la radio− tras efectuarse la ocupación germánica. Nunca antes en la historia del país las fuerzas invasoras habían despojado a su población del derecho a la producción de sus propios medios de comunicación. Incluso durante la partición del territorio entre las potencias de Austria, Rusia y Prusia, los polacos redactaban sus propios periódicos. Aunque estos estuviesen influenciados por los intereses extranjeros mediante una estricta censura. Todo ello, se acompañó por la singularidad característica del movimiento de sublevación popular perpetrado desde el gobierno polaco en Londres, carente de homólogos en la Europa ocupada. El Estado Clandestino llevó a cabo una intensa, organizada y diversificada tarea de producción periodística −donde destaca el periódico semanal Biuletyn Informacyjny [Boletín Informativo], órgano semioficial del Ejército Nacional− pese a las prohibiciones que contemplaban la pena de muerte. Su función estaba destinada a fortalecer la moral polaca, legitimar la presidencia en el exilio y gestionar la rama informativa de este gobierno subrepticio. Ante esta oleada revolucionaria, Alemania decidió intervenir en el territorio del Generalgouvernement con una táctica contraofensiva lanzando publicaciones propias en lengua polaca, entre las que destaca el Nowy Kurjer Warszawski [Nuevo Correo de Varsovia]. En comparación con las políticas relativas a la prensa adoptadas en otros estados ocupados como El Protectorado de Bohemia y Moravia −con 1.733 títulos y 55 periódicos diarios−; Francia −con un centenar de cabeceras−; Dinamarca −con 134−; u Holanda −con 129−; el caso polaco cuenta con una particular represión frente al resto reflejada tanto en sus restrictivos contenidos como en el escaso número de ejemplares de tirada diaria, que se reducían a ocho. Por su parte, la prensa de la Resistencia desafiaba a la Gestapo con miles, aunque fugaces, títulos impresos que eran distribuidos con ingeniosas y arriesgadas artimañas con el fin de mantener la esperanza del pueblo oprimido. Se trata, por tanto, de una época de gran efervescencia a nivel periodístico de la que el presente trabajo pretende dar un esbozo en estas páginas. Con este acercamiento a la comparación de los dos sectores productivos imperantes, se pone en valor el alcance y la repercusión de los mismos en el desarrollo de la guerra en la Polonia invadida. Asimismo, atestigua el papel conductor de la información, en el plano político-social de los conflictos bélicos, como indudable medio de control y poder legitimador de la opinión pública. A su vez, este proyecto aborda un contenido sumamente valioso en términos históricos que
5 permite acercarnos a las circunstancias y modos de vida del pasado en uno de los escenarios más trágicos de la Segunda Guerra Mundial. 2. RESUMEN Y PALABRAS CLAVE a) Resumen Este trabajo aborda la producción periodística polaca durante la Segunda Guerra Mundial desde la invasión de Polonia por la Alemania nazi el 1 de septiembre de 1939 hasta la rendición de esta en mayo de 1945. Tras un convulso siglo XIX marcado por la partición de Polonia ante la dominación de Rusia, Prusia y Austria, el país acogerá una segunda oleada de prensa clandestina subversiva de la que este trabajo pretende dar testimonio. De este modo, el proyecto profundizará en la riqueza productiva y organizativa de la prensa clandestina de la Resistencia polaca que caracteriza a este periodo, que llegó incluso a contar con publicaciones de tirada diaria como muestra del insurgente movimiento de su población ante el conflicto bélico. De igual modo, el país será inundado por la prensa oficial del Partido Nazi, escrita en la lengua polaca como medida propagandística promovida por el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, Joseph Goebbels. Así, se analizarán los distintos periódicos de esta época, clasificados dentro de los dos grandes boques imperantes: la prensa oficial de dominación alemana −también conocida como prensa reptil− y la prensa clandestina de la oposición. La investigación abordará los aspectos definitorios de dichas publicaciones, tales como: fundamentos estilísticos, contenido, autoría, modo de consumo y repercusión social. b) Palabras clave: Prensa clandestina polaca, prensa reptil, Segunda Guerra Mundial, Partido Nazi, Estado Clandestino polaco.
6 3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA a) Objetivos Estudiar el fenómeno de la prensa en la Polonia de la Segunda Guerra Mundial. Conocer en profundidad las distintas vertientes de la prensa clandestina y la prensa reptil, así como su importancia para la Historia del periodismo universal. Realizar un recorrido histórico a través de las distintas cabeceras de cada grupo. Analizar las diferencias y similitudes halladas y su repercusión en el desarrollo del conflicto bélico. Examinar las técnicas propagandísticas como instrumento para mover a las masas. b) Metodología Para la consecución final de los objetivos descritos anteriormente, se ha empleado el siguiente método de trabajo: En primer lugar, se produjo la selección del tema sobre el que versa la presente investigación teniendo presentes dos requisitos: que versara sobre un periodo destacable de la Historia del periodismo universal, y que tuviese una conexión directa con Polonia, país en el que estudiaría durante el segundo cuatrimestre del curso. Una vez hecho esto, con el beneplácito de la tutora y aun siendo conocedora de las dificultades que el proyecto entrañaba, se procedió a buscar una bibliografía previa que probara la viabilidad del proyecto con la ayuda del Dr. Antonio Checa. Si bien esta fase era de vital importancia para la ejecución del trabajo, hemos de destacar que en ella se huye bajo cualquier concepto del plagio de la documentación consultada, pues es a partir de esta con la que se pretende producir un material original inexistente hasta hoy en lengua española. Sin embargo, a lo largo del proceso y conforme el trabajo cobró profundidad, estas fuentes fueron diversificándose hasta confeccionar la lista de referencias definitivas que aparecen en el proyecto y que constituyen el núcleo central de las de las ideas que aquí se plantean. Ciertamente, cabe señalar que no se ha dispuesto de una vasta gama de referencias bibliografías debido a la patente barrera idiomática presentada por el trabajo. No obstante, se destaca que gracias a la estancia desarrollada en la Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin, valiosos documentos y estudios, mayoritariamente en lengua inglesa, han nutrido el proyecto, haciendo posible la investigación a pesar de este inconveniente. Con posterioridad, se redactaron los objetivos que justifican la conveniencia del estudio. Tras ello, llegó la inmersión en la lectura de la bibliografía escogida, de donde nació el esqueleto del documento a través de la recopilación de notas e ideas que pudieran ser de interés para la fase de escritura del trabajo. Asimismo, se acudió al Museo del Alzamiento de Varsovia para obtener más información sobre la temática abordada en la sección destinada a la prensa clandestina. También, se contó con la colaboración de los profesores Piotr Plisiecki y Jarosław Rabiński en cuestiones relativas a la historia contemporánea del país, sin olvidar la orientación recibida por parte del Centro de Estudios del Movimiento Clandestino Polaco de Londres. Una vez leído (y traducido) todo el material lentamente hallado durante meses, se comenzó la redacción del texto partiendo de la introducción. Se abordó un detallado contexto político, social y cultural que asentara la visión del lector, partiendo del escueto conocimiento general de la historia de Polonia en España. Seguidamente, se creó el área
7 troncal del estudio a partir de la descripción de las condiciones de producción, impresión y distribución de los dos bloques de publicaciones imperantes −el clandestino y el nazi− y sus principales cabeceras. Por último, ya finalizado y madurado todo lo escrito con anterioridad se procedió a la redacción de las conclusiones a partir de los resultados obtenidos en la investigación. 4. CONTEXTO POLÍTICO, SOCIAL Y CULTURAL DE LA POLONIA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX La compleja situación geopolítica del reaparecido estado polaco en el escenario europeo mediante la estructuración de la Segunda República de Polonia en el periodo de entreguerras (1918-1939) ha de ser analizada contemplando sus antecedentes históricos. En este contexto, el país quedó en un estado de aislamiento, flaqueza y animadversión ante sus estados colindantes −Lituania, Checoslovaquia, Ucrania, Alemania y Rusia−, cruciales ante el eminente estallido del conflicto bélico. Así, con el fin de alcanzar una honda visión integradora del contexto histórico que explica la etapa de la conquista alemana de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial hemos de remontarnos a una de las fechas clave de su historia:1795. El débil Reino de Polonia, conocido hasta ese entonces como la República de las Dos Naciones debido a su unión con el Gran Ducado de Lituania (1569-1795), experimentó un convulso siglo XVIII marcado por una gran inestabilidad política que desembocó en su fragmentación en tres particiones −acaecidas en 1772, 1792 y 1795− bajo el poder de Rusia, Prusia (futura Alemania) y el Imperio de los Habsburgo (Austria). De este modo, Polonia desapareció del mapa de la Europa del Este, dejando de existir como nación durante más de 120 años. Segunda República de Polonia (1918-1939) La situación que rodeó el nacimiento del resucitado estado polaco, viene desarrollada de forma pormenorizada en el capítulo Independence regained and lost [Independencia recuperada y perdida], presente en la obra de Lukowski y Zawadzki A Concise History of Poland [Una Concisa Historia de Polonia], el cual sentará las bases del presente apartado. La Primera Guerra Mundial facilitó la independencia polaca debido a la debilidad y colapso de los tres imperios invasores. Sin embargo, a su vez sembró las divisiones que marcarían el inestable futuro de un pueblo enfrentado contra sí mismo en la guerra: fraccionado en los bloques de la Triple Entente (Rusia, Gran Bretaña y Francia) y los Poderes Centrales (Alemania y el Imperio austro-húngaro). Frente a la cuestión independentista, la población quedó nuevamente dividida en tres sectores: En primer lugar, se situaba el liderazgo del mariscal anti-ruso Józef Piłsudski, quien intervino en la lucha armada creando la Primera Brigada de la Legión Polaca de 30.000 hombres, en un principio bajo las directrices del Imperio austro-húngaro. Piłsudski deseaba forjar una federación de países del este con los estados bálticos, Bielorrusia y Ucrania que, a causa del nacionalismo imperante, no llegó a producirse (aunque sí que obtuvo una alianza militar con la Ucrania de Symon Petliura para frenar el avance del bolchevismo). A partir de 1915, los Poderes Centrales comenzaron a otorgar concesiones
8 al estado polaco, referentes al campo educativo y a su reprimida lengua, que llegaron al reconocimiento de la existencia de un reino polaco constitucional (sin monarca). Todo ello se debía a la estrategia germana de convertirlo en un estado títere. En cambio, el líder militar Piłsudski −de la izquierda proindependestista− destrozó estas expectativas luchando por forjar el ejército de la nueva Polonia para crear un verdadero estado, hecho que Alemania no estaba dispuesta a aceptar y que llevaría al militar al encarcelamiento. Por otro lado, se hallaban la derecha de los demócratas nacionales, que apostaban por la reunificación de la autonomía polaca bajo el poder del zar Nicolás II, quienes también formaron su ejército de contraataque en Francia con el apoyo de la Entente. Sin embargo, su plan cayó junto con la dinastía Románov en la Revolución de febrero de 1917. Por último, la revolución del proletariado de Lenin también contó con la representación de un sector comunista polaco. Aunque estos últimos, que alertaron del boicot sufrido en las elecciones, nunca alcanzaron asientos en el Parlamento. El carismático mariscal Piłsudski, uno de los dirigentes del Polska Partia Socjalistyczna [Partido Socialista Polaco] y fundador del periódico clandestino de izquierdas opositor a la Rusia zarista Robotnik [El Trabajador] (1894), se alzará como el padre de la independencia, siendo nombrado jefe del Estado y comandante en jefe del ejército polaco. Sin embargo, la estructuración de la nueva nación polaca en el periodo de entreguerras, que sería nuevamente socavada por los Imperios alemán y ruso en la Segunda Guerra Mundial, no resultó tarea fácil. Por si fuera poco, a la crisis económica de los años 30 y a los problemas sociales devenidos de la guerra se les unió la crónica inestabilidad política de un gobierno de coalición asentado en un Parlamento de 18 partidos políticos. Aunque Piłsudski se hizo con el poder como comandante en jefe de Polonia en noviembre de 1918, no sería hasta febrero del año siguiente cuando lograra disipar la duda sobre la unidad nacional y adquirir el reconocimiento internacional de Francia, Gran Bretaña e Italia. Lo logró al sustituir al jefe de gobierno socialista Moraczewski por el pianista Paderewski, quien gozaba de la aprobación del Partido Nacional Demócrata y se alzó como líder de un gobierno de expertos no partidista. No será hasta el fin de la Gran Guerra, el 11 de noviembre de 1918, cuando mediante el Armisticio de Compiègne, firmado entre Alemania y los Aliados, el territorio polaco 1 se reestableció como estado independiente bajo el mandato del líder militar. Así, gracias al colapso de los tres imperios invasores se produjo el nacimiento de la Segunda República de Polonia (1918-1939), un país de marcado corte multiétnico 2 donde coexistían junto a los polacos varias culturas y minorías, al igual que en siglos pasados, entre las que se hallaban: la ucraniana, la judía, la bielorrusa y la alemana. En concreto, en 1921 las minorías étnicas constituían un tercio de la población total de 27 millones de habitantes del frágil estado. Los ucranianos superaban los 4 millones de personas y los judíos alcanzaban los 2,2 millones, mientras que la presencia de bielorrusos (1,5 millones) y alemanes (1 millón) también era reseñable. 1 Ver mapa de la Segunda República de Polonia en Anexo. 2 Ver mapa de etnias y religiones de la Polonia de 1931 en Anexo.
9 El gobierno se vio abocado a acometer un amplio paquete de reformas ante el lamentable estado de un país destruido y con grandes carencias económicas y sociales. La industria quedó paralizada tras la guerra y 4/5 de sus operarios quedaron desempleados. Asimismo, la producción agrícola cayó profundamente dejando consigo desnutrición y pobreza; mientras que el sistema de comunicaciones del país quedó roto en tres vías de tren distintas a raíz de las antiguas áreas territoriales en que estaba dividido; y una elevada mortandad (400.000 personas) azotó a los polacos que sirvieron a los tres ejércitos imperiales. Las grandes diferencias socioeconómicas también afectaban al nivel de alfabetización de un pueblo mayoritariamente campesino y sin recursos, regidos bajo cuatro sistemas legales diferentes y con sus derechos sociales y educativos socavados. En 1921, 4/5 de la tierra poseída por estos no llegaba a las cinco hectáreas y disponían de tan solo 2.000 tractores frente a los 30.000 ostentados por Francia. Así las cosas, la reforma agraria llegó en diciembre de 1925 con una moderada transferencia de la propiedad de 200.000 hectáreas anuales para el campesinado (durante una década). También se dispuso una jornada laboral de ocho horas en este paquete de medidas. En este periodo Polonia recuperó tierras bajo el dominio del Imperio alemán y ruso que había perdido en el Tratado de Brest-Litovsk, así como territorios del desmembrado Imperio austro-húngaro, expandiendo sus fronteras occidentales de acuerdo al Tratado de Versalles. El Imperio alemán perdió el preciado territorio industrial de Alta Silesia, que pasaría a manos polacas, así como la Ciudad Libre de Danzig, que quedó bajo la tutela de la Sociedad de Naciones concediendo privilegios diplomáticos y económicos al nuevo estado polaco. La Segunda República expandió también sus fronteras orientales, después de anexar la región de Galitzia oriental de la República Nacional de Ucrania Occidental, logró expandirse más hacia el este en la guerra polaco-soviética (1919-1921) a expensas de la extinta República Popular de Ucrania, definiendo así sus límites territoriales con la URSS. Las primeras elecciones de la Segunda República de Polonia de enero de 1919 dejaron un Sejm [Parlamento] dividido en tres sectores principales: los nacional-demócratas de la derecha; el centro protagonizado por el Partido Campesino Polaco; y la izquierda, que agrupaba a los socialistas y demás partidos campesinos. Tras la aprobación de la Constitución de 1921 de carácter parlamentarista, Piłsudski, defensor de la independencia de las fuerzas armadas con respecto al gobierno, rehusó presentarse a las elecciones presidenciales, siendo elegido jefe del Estado mayor en 1922. Sin embargo, el mariscal se retiró poco después de que su candidato, el primer presidente electo por el Parlamento de Polonia, Gabriel Narutowicz, fuera asesinado por un pintor vinculado al partido derechista Narodowa Demokracja [Partido Nacional Democrático]. En mayo de 1926 Piłsudski regresó a la política mediante un golpe de estado, instaurando un régimen autoritario conocido como Sanacja [Sanación], que puso énfasis en la disciplina, la persecución de la corrupción y la lealtad hacia el estado. Así, sus seguidores formaron una coalición presuntamente apolítica, el Bloque No Partidista de Cooperación (BBWR, según sus siglas en polaco), mientras los gobiernos quedaron sujetos a la
16 Parlamento de la Resistencia, bajo el apelativo de Representación Política, que realizaba acciones propagandísticas, sociales y políticas, así como de control financiero. Por su parte, el Directorio de la Lucha Civil agrupaba a científicos, juristas, sacerdotes y trabajadores sociales que reforzaban la «actitud inflexible para con el ocupante» con el fin de mantener el país libre de traidores y colaboracionistas. En la quinta rama se hallaban las unidades de organización autónomas, que gestionaban actividades políticas, educativas, económicas y religiosas de las otras cuatro áreas, pero que al ser las células más periféricas del bloque sufrían el mayor impacto del enemigo. De esta forma, mantenían una estructura en la que los miembros de los estratos más exteriores no se conectaban de forma directa con la cúpula, de modo que, si caían garantizaban la seguridad del resto del sistema. Las mujeres jugaron un papel tan fundamental como peligroso en su desempeño como agentes de enlace en esta rama, pues eran las encargadas de facilitar contactos entre los resistentes. «Eran el símbolo mismo de la suerte de las mujeres polacas durante la ocupación. Eran ellas quienes más sufrían, quienes, la mayor parte de las veces, perdían la vida». (Karski, 2011) Desde sindicatos a grupos de scouts, el Estado Clandestino abarcaba las múltiples sucursales de la vida social, cultural y deportiva del pueblo polaco. Incluso la Cruz Roja, institución permitida por los alemanes, intermediaba en las tareas conspirativas bajo su labor caritativa. También eran frecuentes las canciones populares de tono burlón contra los nazis, que lograban mantener, de algún modo, la moral popular. Por su parte, los operarios de la industria armamentística boicoteaban la producción alemana con su tardío e ineficiente ritmo de trabajo. (La traducción es mía, Lukowski y Zawadzki, 2006) El arte del sabotaje se expandía con sigilo por todos los entramados de la sociedad. En 1942, según las estimaciones de la Resistencia, la Gestapo en Polonia contaba con 60.000 agentes de policía apoyados en el ejército que subyugaban la existencia de su población. Los miembros del insurrecto estado organizaban todo tipo de artimañas con las que contribuir a la causa polaca bajo el principio de «actitud inflexible para con el ocupante». Sus funciones iban desde realizar chantajes y sobornos con los que conseguir las armas y materiales necesarios para realizar sus actividades propagandísticas; hasta la concertación de encuentros entre oficiales alemanes y prostitutas con enfermedades venéreas; el excarcelamiento de ladrones y asesinos polacos; e incluso la propagación de virus y enfermedades como el tifus. También adquirían gramos de cianuro que convertían en píldoras para los propios agentes clandestinos, que de no llevarlas consigo en el momento de su detención serían facilitadas a través de la red de comunicación de «gryps» con los prisioneros. Jan Kozielewski, el emisario de confianza del gobierno polaco más afamado, mayormente conocido por el nombre falso que le asignaron para sus misiones secretas, Jan Karski, colaboró estrechamente con estas labores. Además de representar al gobierno frente a la opinión pública internacional, hecho que le llevó a reunirse con mandatarios e importantes personalidades de Gran Bretaña y Estados Unidos −incluyendo al presidente Roosevelt−; llevó a cabo una extenuante labor dedicada a la «producción a gran escala de cartas, octavillas y finalmente, de revistas y periódicos. Tenía la responsabilidad de preparar los textos para una amplia variedad de incursiones propagandísticas. Se trataba a un tiempo de una delicada y excitante aventura en los reinos de la literatura y la política», en sus propias palabras. Este tipo de cartas tenían la intención de mantener el espíritu y el ánimo
17 de la población, incitándoles al estudio de su historia, relatado las brutalidades alemanas de la guerra e instando a la esperanza de que el enemigo perdería la batalla. (Karski, 2011) Asimismo, una de las ingeniosas técnicas del grupo era la del «reclutamiento», destinada a desprenderse de los Volksdeutsche, los polacos que demostraban algún grado de parentesco germánico para colaborar voluntariamente con estos a cambio de privilegios, comida y enseres disfrutados por el resto de alemanes invasores. El método consistía en mandar cartas falsas en nombre del colaboracionista hacia altos cargos del ejército nazi solicitando su admisión en las tropas, de modo que después se viese obligado a cumplir con ‘su palabra’ ante la administración militar. Los miembros de este entramado vivían cambiando constantemente de domicilio, ocultando su verdadera identidad y trabajando en el más absoluto anonimato con la incertidumbre de ser cazados en cualquier momento. Entre los patriotas se reconocían, por ejemplo, por el nombre con el que designaban a las calles: «Por la noche, en las calles, en las esquinas y en las farolas aparecieron inscripciones y carteles con los nuevos nombres, los nombres de héroes y estadistas de esta guerra, admirados por los polacos: avenida Niedziałkowski, alameda Rataj, calle Roosevelt, boulevard Churchill». (Karski, 2011, p.355). Los cooperantes confrontaban el «principio de responsabilidad colectiva» alemán, sabiendo que todas sus acciones tendrían terribles repercusiones sobre la sociedad civil, que a veces correspondía con sus propios familiares y allegados. La vida discurría en un entorno tan inhumano donde incluso contraer matrimonio estaba prohibido por no contribuir al plan de «elevación del estándar racial del pueblo polaco». Ello condujo al etiquetado de ‘bebés ilegales’ por parte de las autoridades, en poder de «confiscar» a los recién nacidos y deportarlos a orfanatos del Reich. La Resistencia, por su parte, profesaba un profundo odio colectivo hacia el opresor que desembocó en el desarrollo de una legislación y tribunales populares que, analizando las pruebas, permitían el asesinato de oficiales alemanes y colaboracionistas que hubieran entorpecido su actividad. Según el propio Karski «no quedaba más que la desesperación de un animal atrapado en una trampa». No obstante, estas medidas no exentas de polémica abrumaron a los polacos «con amargas discusiones, así como artículos en la prensa clandestina y preguntas dirigidas al gobierno». Aunque los civiles soportaron todo tipo de restricciones en su vida cotidiana por parte de los invasores germánicos, tales como el uso de la radio, prohibido desde el 15 de diciembre de 1939; la Resistencia también impuso sus limitaciones en el ámbito cultural polaco. Siguiendo el principio de inflexible actitud con los alemanes, se proscribieron los cines, teatros, literatura y burdeles nazis, que contaban con el objetivo de «corromper y desmoralizar» a la ciudadanía. «Se señaló que ningún polaco podía permitirse relajarse en un teatro mientras Polonia misma sufriese, luchase y se sacrificase. Ningún polaco debía olvidar, ni siquiera durante dos horas, lo que sucedía en su país, ni tampoco podía divertirse. Estaba prohibido interrumpir la lucha y la insurrección permanente contra el invasor». También se exportaron estas restricciones hacia la prensa escrita en polaco de origen alemán, sin embargo, sabedores de que ninguna prohibición acabaría con el consumo procedente de la sed informativa de los civiles, la limitación de su compra se destinó únicamente a los viernes. El polaco que fuese visto con prensa reptil sería
18 duramente señalado y hostigado por el Estado Clandestino, corriendo el riesgo de ser «golpeado con un martillo tras abandonar el quiosco». Consecuentemente, ‘el traidor’ recibiría mensajes en su espalda como: «Este cerdo compra basura alemana»; o pintadas indelebles en su vivienda del tipo: «Aquí vive un tonto. Un polaco estúpido y vil, que obedece a los gánsteres alemanes en vez de a sus propios jefes». (Karski, 2011, pp.355- 357)
19 5. LA PRENSA CLANDESTINA La prensa clandestina constituye uno de los brazos más activos, organizados y combativos del movimiento insurgente de la Polonia conquistada. Siguiendo con la estela que ya dejara la oleada de prensa clandestina antizarista de corte político a finales del siglo XIX, la producción del Estado Clandestino inundará las calles del país. Si bien unos 35 años antes los periódicos se articularon como un arma contra la policía secreta del zar, la Ojrana, −entre los cuales destacó el periódico Robotnik [El Trabajador], editado e impreso por el general Józef Piłsudski (1899-1901) antes de convertirse en jefe del Estado−; durante la Segunda Guerra Mundial esta desafiaría al yugo de la Gestapo. Para la correcta confección del presente apartado y con la finalidad de que este se ajustase con la mayor fidelidad posible a la realidad de la prensa clandestina de la época se ha tomado como base la información depositada en el capítulo La prensa clandestina presente en la recurrente obra Historia de un Estado clandestino de Jan Karski. La prensa polaca, prohibida desde 1939 con la entrada de las fuerzas armadas germanas, resurgió con intensidad gracias al apoyo popular de todos los estadios y clases sociales, desde los niños y jóvenes hasta los más ancianos contribuyeron en la causa subversiva. Así, existía una amplia variedad de cabeceras circulando ocultamente por las calles de la Polonia conquistada, de la cual estas páginas darán testimonio a raíz de los medios más influyentes y conocidos de esta etapa. Además de la prensa, la Resistencia también publicaba folletos ideológicos de todo tipo y libros, que principalmente respondían a reimpresiones de obras prohibidas por el nazismo como clásicos polacos, libros de la escuela clandestina, devocionarios o textos militares. Todos los periódicos clandestinos eran de formato pequeño −debido a la necesidad inherente al manejo y distribución de un material prohibido−, con un tamaño que oscilaba entre los 12 y 15 centímetros de ancho por 18-25 de largo, y un grosor de entre 4 y 16 páginas. Por norma general, eran compuestos manualmente con la linotipia, aunque algunos editores contaban con prensas manuales o el mimeógrafo para facilitar la tarea de reproducción. La mayoría de los ejemplares se imprimían en papel común y en octavo. No obstante, en un momento dado una de estas cabeceras comenzó a publicarse en un llamativo formato similar al del Times londinense que justificaron con la siguiente osadía: Hemos decidido −decía el editorial− imprimir nuestro periódico en un tamaño que, por lo general, se considera inapropiado para los conspiradores; y esto es porque hemos resuelto no prestar atención a los sanguinarios canallas del boulevard Szuch [sede del cuartel general de la Gestapo]. Hacemos caso omiso de los peligros de la Gestapo y no concedemos atención alguna a la ocupación alemana. Así como es imposible matar el espíritu también lo es acabar con su coraje y su desprecio por el enemigo. La única retribución que solicitamos a nuestros lectores por los riesgos que corremos es audacia, una gran difusión y la lectura denodada de nuestro periódico, cuya publicación va en contra de las reglas de la conspiración. (Karski, 2011, p.374) Otro de los periódicos, en cambio, destacó por la inusual calidad de su papel, fuera de lo común incluso en épocas de normalidad político-social. A su vez, contaba con una excepcional impresión y corrección ortográfica en sus textos, lo cual sus editores explicaron del siguiente modo: «Estos salvajes son corruptos hasta la médula. No hay
20 nada que no se pueda obtener de ellos con sobornos. Usamos este papel de excelente calidad para mostrar al mundo la infame venalidad de la administración alemana» (Karski, 2011, p.374). Todos estos aspectos de diseño eran, por supuesto, antieconómicos pero perseguían la revolucionaria construcción política y moral del movimiento a través del contacto directo con las masas. De esta manera, no solo las mantenían informadas sobre sus acciones, sino que inspiraban esperanza y fuerza a la población. Cada agrupación política poseía como mínimo un órgano periodístico secreto. La influencia y tirada de estos ejemplares era tan variopinta como diversas eran las opiniones y corrientes políticas y sociales del Estado Clandestino. De modo que no todos los periódicos contaban con el beneplácito de las autoridades de la Resistencia: «Muchas de ellas, aunque publicadas con toda su buena fe, eran consideradas… perfectamente superfluas. Algunas de ellas no contaban más que con un público muy limitado y local; otras tenían un carácter político irresponsable y sembraban la confusión en la Resistencia. Las había que transmitían opiniones que eran del dominio del misticismo, la profecía y la adivinación. Otras no observaban las reglas de la conspiración y provocaban arrestos y pérdidas materiales». (Karski, 2011, p.365) No obstante, la gran mayoría de los periódicos se orientaba bajo las perspectivas y tendencias de la Resistencia. La Delegación del Gobierno poseía su propio portavoz oficial, Rzeczpospolita Polska [La República Polaca], encarga de llevar al pueblo la visión del gobierno en el exilio y de las principales autoridades del movimiento. En sus páginas se hallaban, por ejemplo, órdenes, recomendaciones y discursos de los miembros destacados del gobierno y de estadistas de las Naciones Unidas, además de diversos editoriales con la opinión de sus ‘legitimos’ mandatarios. Según Karski, este medio tenía una cuantiosa tirada y adquirió gran influencia en la conformación de la opinión pública y las pautas de conducta del país. La Delegación del Gobierno también contaba con publicaciones pertenecientes a sus órganos provinciales con fines y enfoques similares. Entre estas se encontraban Nasze Ziemie Wschodnie [Nuestras Provincias Orientales] y Ziemie Zachodnie RP [Las Provincias Occidentales de la República Polaca], que destacaban especialmente por su cobertura informativa de carácter local. Ambos títulos eran suplementos altamente demandados de la Rzeczpospolita Polska, detrás de los cuales se encontraban dos grupos de redacción equipados con una amplia red de informadores y corresponsales locales, particularmente afincados en los territorios anexados al Reich, de Silesia a Pomerania El 15 de agosto de 1942 su éxito desembocó en el nacimiento de una sección occidental con seis miembros permanentes, así como de una oriental, dependientes del departamento de Información y Documentación de la Delegación, dirigido por Stanisław Kauzic e independiente de la Biuro Informacji i Propagandy (BIP) [Oficina de Información y Propaganda] del Ejército del Interior con la que colaboraba Karski. El Biuletyn Informacyjny [Boletín de Información], el periódico diario por excelencia del movimiento de sublevación, era el órgano semioficial del ejército clandestino y contaba con una tirada cercana a los 30.000 ejemplares; aunque hemos de reparar en que la dinámica de consumo solía ser compartida, por lo que llegaría a más usuarios que bajo el método usual de lectura individual. Su popularidad se correspondía con la labor de un equipo de periodistas muy cualificados y de larga trayectoria profesional, quienes conjugaban noticias y editoriales de calidad en sus páginas. Fue impreso y confeccionado en los talleres ocultos de las casas de imprenta del número 12 de la calle Szpitalna de
21 Varsovia y, posteriormente, pasó al número 15 de la calle Warecka, siempre dirigido por Michał Wojewódzki. Fig.1: Cabecera del Biuletyn Informacyjny del 30 de diciembre de 1943. El resto de medios, de periodicidad diaria, semanal, quincenal o mensual, contaba con una producción más moderada que discurría en una holgada horquilla que comprendía desde las 150 copias hasta las 15.000. En cambio, la publicación Wiadomości Polskie [Noticias Polacas] sí que ostentaba el cargo de portavocía oficial del ejército AK. Este periódico se confeccionaba a partir de artículos que versaban sobre problemas sociales y militares, mientras que el Biuletyn Informacyjny mostraba mayor apego a la actualidad informativa. El grupo militar también era responsable del Żołnierz Polski [Soldado Polaco], un periódico cuya función se limitaba a rememorar y examinar la derrota marcial además de publicar noticias sobre el ejército polaco dentro y fuera del país. Por otro lado, se encontraba Powstanie [Insurreción], un periódico militar especial que se encargaba de informar a los oficiales sobre temas como la lucha callejera, las estratagemas de insurrección e incluso de diversión del movimiento clandestino. Los periódicos relativos a los distintos partidos políticos eran diferentes. Eran, en resumidas cuentas, una prolongación de la rica, dispar y heterogénea vida política de la Resistencia. Estos títulos sembraban la concienciación sobre la lucha contra el invasor mediante la educación del pueblo, estimulando la compresión de las múltiples corrientes ideológicas complementarias y antagónicas que convergían en el mundo moderno, extendiéndose desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Las numerosas publicaciones del Partido Socialista −cercanas al medio centenar− destacaban por la calidad de sus reportajes y su activa política editorial. El órgano principal del grupo correspondía al WRN, formado por las iniciales de los términos polacos Wolność, Równość, Niepodległość [Libertad, Igualdad, Independencia]. El Wieś i Miasto [Campo y Ciudad] contribuía a la cooperación y asociacionismo entre la clase obrera y el campesinado. Por su lado, Wolność [Libertad] iba dirigido a un público objetivo más privilegiado compuesto por la inteligencja −la élite intelectual−. De este modo el Partido Socialista articulaba su labor en torno a distintos núcleos u órganos informativos capaces de transmitir y flexibilizar su programa a las distintas clases sociales, así como a los diferentes territorios de la nación. La mayoría de sus títulos estaban destinados a regiones concretas por lo que, consecuentemente, sus tiradas eran reducidas.
22 Por otro lado, el Partido Campesino posicionaba sus posturas mediante el periódico Przez Walkę do Zwycięstwa [Por la Lucha hacia la Victoria], instrumento principal del bando. Entre otras cabeceras se hallaban Żywią i Bronią [Alimentan y Defienden], encargado de hacer llegar los boletines informativos al grupo armado de los Batallones Campesinos; mientras que el periódico Orka [Labranza] mantenía el contacto con la inteligencja urbana. Asimismo, el Partido Cristiano del Trabajo, que sufrió las mayores bajas en la lucha clandestina, solía cambiar con frecuencia el nombre de sus publicaciones con fines conspirativos. Su portavocía escrita fue protagonizada por Głos Warszawy [La Voz de Varsovia]. Paralelamente, Zryv [El Ímpetu] y Naród [La Nación] fueron dos de sus cabeceras más conocidas. Por último, el Partido Democrático Nacionalista encontraba su foco informativo oficial en Walka [La Lucha], además de organizar una cabecera especializada en el campo militar y político y de publicación periódica denominada Naród i Wojsko [La Nación y El Ejército]. En lo que respecta a la producción polaca, cabe señalar que la Resistencia fundó dos periódicos que circulaban tanto en las filas del ejército nazi en Polonia como en los territorios anexados al Reich. Uno se trataba de un supuesto órgano del socialismo germano mientras que el otro se articulaba como un título fervientemente nacionalista. Esta prensa escrita en alemán fingía representar a un sector inexistente de la disidencia alemana, que quizá había sido destinada por completo a los campos de concentración. El comandante en jefe de la Resistencia Armada, el general Rowecki, impulsó en febrero de 1941 la «Acción N», un programa de contrapropaganda que perseguía la desmoralización de los militares de la Wehrmacht. Entre estas publicaciones se encontraban Der Hammer [El Martillo] o Der Frontkämpfer [El Combatiente del Frente], los cuales difundían un mensaje antinazi o de pretendida animadversión por parte de altos mandatarios del ejército, que se mostraban críticos con Hitler. Elaboración El éxito de las publicaciones estaba directamente relacionado con la cualificación y valía de los componentes del medio. Estos, debían demostrar sus competencias tanto en la labor periodística como en la confidencialidad de sus publicaciones, cerciorándose de que estas no revelasen datos favorables para el enemigo. De hecho, las redacciones no solo sabían que cada uno de sus números sería analizado al detalle por la Gestapo −dado que era relativamente fácil conseguir los ejemplares−, sino que los editores mismos osaban hacérselos llegar directamente a sus cuarteles en Varsovia. Estos envíos eran acompañados de un mensaje que rezaba: «Os enviamos este ejemplar para facilitaros la investigación, para que sepáis lo que pensamos de vosotros y para poneros al corriente de los planes que os tenemos reservados». (Karski, 2011, p.366) Los redactores estaban organizados secretamente en los sótanos de las viviendas obreras donde imprimían con pequeñas prensas manuales mientras eran alumbrados con la ayuda de las lámparas de queroseno. De este modo, el editor también hacía las veces de periodista e impresor en la mayoría de los casos, desarrollando así una tarea tan ardua como peligrosa en la que podía ser descubierto en cualquier momento. Sus tareas no se
23 limitaban al centro de impresión y redacción del periódico, sino que este se veía obligado a acometer todo tipo de actividades propias del espionaje y el arte de la huida. Su ingenio e intrepidez no conocían límite, puesto que su misión poseía para estos un valor mayor al de sus propias vidas, el de mostrar el desprecio profesado a los invasores nazis y negar la ocupación como una realidad inamovible. El fin último de su labor era mantener alta la moral y energías de un pueblo subyugado e incitarle al movimiento. Con el objetivo de asegurarse las provisiones de papel, la Resistencia inventaba todo tipo de tretas y artimañas. Por ejemplo, los carros de los campesinos camuflaban las hojas entre sus productos y las llevaban hasta las zonas secretas de impresión. Según las vivencias del diplomático Karski, «Entre las coles y las patatas, se ocultaban los preciosos rollos de papel, blanco, amarillo, incluso papel de embalar, de color marrón oscuro, que se usaba como papel de prensa». (Karski, 2011, p.368). La procedencia de este material pasaba por las manos de algunas autoridades alemanas que sucumbían ante los descarados métodos de soborno del pueblo insurrecto. Contenido Su contenido no incluía únicamente la información relativa a los asuntos internos de cada partido político u organización que lo elaborase, sino que también se confeccionaba sobre el núcleo del formato usual: la noticia. Para su redacción contaban con el gran sistema clandestino de escucha radiofónica que se llevaba a cabo para captar las ondas de las emisoras extranjeras en sótanos insonorizados, pequeñas chozas guarecidas en los bosques o en altillos con dobles techos ocultos. Las principales fuentes de información solían ser la londinense BBC, la WRUL de Boston y la neoyorquina WCBX de Columbia. Cada periódico necesitaba varias estaciones de escucha para garantizar la consecución de datos, dado que no podían mantener horarios fijos ni seguir varias cadenas desde una sola radio. Los agentes de la radioescucha llevaban la información obtenida al “departamento de noticias”, situado como hemos comentado previamente en sótanos o cabañas del bosque. El editor-impresor-periodista la recibía y la procesaba con su prensa manual o mimeógrafo. A su vez, era el depositario de los artículos de ‘corresponsales’ y ‘periodistas’ de todo el país, quienes a través de los mensajeros le hacían llegar la información de carácter local. El propio Jan Karski, diplomático y agente secreto, trabajó elaborando informes sobre el movimiento de la prensa clandestina para el gobierno en el exilio además de desarrollar sus labores como colaborador en la redacción en el periódico Wolność [Libertad], donde también intervenía en la radioescucha de las noticias de la BBC con militantes del Partido Socialista Polaco. Según su obra, existía una red internacional de agencias informativas −destacando la de la prensa militar, la gubernamental y la del Eco de la Prensa− que ofrecían sus servicios de modo codificado, de manera que la información entraba en circulación de manera inmediata: «la Delegación del Gobierno, la organización militar y los Estados Mayores de los principales partidos políticos habían organizado agencias de prensa especiales, a través de las cuales Polonia recibía informes fidedignos de las últimas noticias del mundo exterior y de la situación de los frentes, así como de los acontecimientos más importantes de los países ocupados. Estos servicios de prensa tenían corresponsales regulares en países neutrales y aliados». (Karski, 2011, p.364). Este tipo de agencias no se limitaban a la mera reproducción de los hechos, sino que también los nutrían de comentarios y notas explicativas. Así, comercializaban sus copias a las
24 distintas cabeceras clandestinas para que estas contasen con los ‘teletipos’ de la época. De este modo, los periódicos clandestinos dependían de sus ingresos por ventas para adquirir este material. Asimismo, las cabeceras contenían crónicas sobre aspectos relativos a la confección del propio medio, que ahondaban en la peligrosidad y el dramatismo vividos por el equipo redactor, como ponen de manifiesto los relatos del varsoviano Biuletyn Prasowy [Boletín de Prensa] y Głos Warszawy [La Voz de Varsovia], este último con la exposición de un caso en el que la prensa subrepticia costó la vida a 83 personas: Antes de ayer, 25 de mayo, cuatro compañeros nuestros, también ellos periodistas (tres hombres y una mujer), estaban ocupados en la redacción y composición de su periódico en el apartamento del señor y la señora Bruehl, de la calle Lwowska, en Varsovia. Temprano por la mañana, dos hombres de la Gestapo llegaron a la casa y se escondieron en la lavandería Opus, desde donde podían observar la puerta del apartamento de los Bruehl. Hacia la medianoche, los hombres de la Gestapo llamaron a la puerta. Uno de los periodistas le abrió y los alemanes entraron en el recibidor. Ordenaron a nuestros hombres que permaneciesen de pie, con los brazos en alto, de cara a la pared. Uno de los hombres de la Gestapo se dirigió a la habitación en la que estaba la prensa. Allí, Leon Waclawski, el reconocido escritor y, desde hace unos meses, redactor de uno de nuestros periódicos, sacó de la manga un revólver que llevaba oculto y disparó al alemán, matándolo en el acto. El hombre de la Gestapo que se encontraba en el recibidor disparó tres veces al periodista que estaba de pie ante la pared, lo mató y se dio a la fuga, clamando por ayuda. Los dos hombres restantes y la mujer tuvieron tiempo para abandonar discretamente la casa. Leon Waclawski se unió hoy a nuestro equipo. Estamos orgullosos de publicar hoy su primer artículo. Por desgracia, se ha perdido el material de impresión que había en el apartamento de los Bruehl. Ayer, la Gestapo arrestó a todos los habitantes de la casa de la calle Lwowska. (Karski, 2011, pp.368-369) El 4 de julio, un chalé en la elegante calle Okrężna en Czerniaków, uno de los barrios residenciales de Varsovia, fue rodeado por la Gestapo y por los guardias de negro de las SS, que iban armados con metralletas. La casa servía como refugio a una de nuestras imprentas, que había tenido que mudarse a Mokotów (otro barrio residencial varsoviano) porque, al parecer, la Gestapo seguía a los redactores e impresores. Como, tras haber llamado a la puerta, no obtuvieron respuesta, los policías lanzaron granadas de mano por las ventanas, volaron las puertas y, con sus metralletas, dispararon hacia el interior varias veces. Mataron a dos de nuestros hombres, y dos mujeres resultaron gravemente heridas. Ambas fallecieron poco después, en un hospital. Días más tarde, el señor Michał Kruk, propietario del chalé, su esposa y sus dos hijos, de quince y diecisiete años, así como los inquilinos de dos casas vecinas, fueron arrestados y, posteriormente, fusilados. (Karski, 2011, p.369) En sus páginas discurrían con normalidad las noticias del mundo exterior como, por ejemplo, los discursos de Churchill y Roosevelt o las entrevistas concedidas por los miembros del gobierno en Londres, así como las informaciones sobre el frente.
25 Asimismo, en el contenido de estos ejemplares se explotaba el poder de la poesía, más allá de sus facultades meramente artísticas, pues era empleada para alentar la lucha por los ideales revolucionarios. Los versos de poetas polacos como Adam Mickiewicz, Juliusz Słowacki, Cyprian Kamil Norwid y Maria Konopnicka eran frecuentes prácticamente todos los periódicos del movimiento clandestino. Siguiendo su estela de denuncia social, el grupo de jóvenes poetas contemporáneos de la “Generación de Colón” de la escuela de Varsovia −de apenas 20 años− levantaron sus plumas contra el enemigo alemán. Algunos de ellos también tomaron las armas por su vinculación al ejército AK, lo que les llevó a la muerte en la mayoría de los casos. Entre ellos se hallaban: Krzysztof Kamil Baczyński; Leon Zdzisław Stroiński; Tadeusz Gajcy; Andrzej Trzebiński; Wacław Bojarski; Tadeusz Borowski −un clásico de la literatura polaca por su testimonio sobre Auschwitz−; y Tadeusz Różewicz. Sin embargo, lejos de lo que pudiera imaginarse, la prensa clandestina no se limitaba únicamente a la representación política y militar de la Resistencia, sino que también alumbraba los caminos de la cultura y la religión. Da cuenta de ello el siguiente Padre Nuestro del movimiento insurrecto, de carácter sangriento y taciturno, el cual realiza un llamado a los valores cristianos, instando a la fraternidad entre los polacos, pero a su vez, manifestando su rechazo al olvido y al perdón en busca de la venganza y la acción contra el pueblo alemán. Este escrito tuvo una amplia repercusión a través de la reimpresión en la prensa y de la memorización por parte de los niños en las escuelas clandestinas: PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS pon tus ojos en la martirizada tierra polaca. SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, en estos días de nuestra incesante desesperación, de nuestro impotente silencio. Venga a nosotros tu reino, rogamos cada mañana, repitiendo firmemente que venga tu reino a toda Polonia, y que a la luz de la libertad se cumpla tu Palabra de Paz y Amor. HÁGASE TU VOLUNTAD ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO. Se hará tu voluntad. Pero no es posible que tu voluntad sea que el asesinato y el sangriento desenfreno gobiernen el mundo. Tu voluntad es que esas húmedas celdas de las prisiones queden vacías, que los cadáveres dejen de llenar las fosas de los bosques, que el azote de Satán, encarnado en hombre, ya no continúe con su silbido de terror sobre nuestras cabezas. Tu voluntad se hará en el cielo y en el aire, trayéndonos luz y calor, en lugar de bombas y miedo. Que los aviones sean mensajeros de felicidad, y no de muerte. Tu voluntad se hará en la tierra. Señor, mira nuestra tierra, cubierta de tumbas, e ilumina el camino de nuestros hijos, de nuestros hermanos, de nuestros padres, de los soldados polacos que luchan por retornar a Polonia. Que el mar regrese a los ahogados y la tierra a los que están bajo ella; que las arenas de los desiertos y la nieve de Siberia, cuando menos, nos devuelvan los cuerpos de quienes amamos. DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA… Nuestro pan diario es un esfuerzo insoportable: consiste en errar, en migrar y en morir en los calabozos, morir por las armas del pelotón de fusilamiento, por las torturas en los campos, por el hambre, morir en los campos de batalla. Es el tormento del silencio, mientras reprimidos gritos de dolor se ahogan en nuestras gargantas; nuestro pan diario es un forzado apretar los puños y los dientes en la hora que clama por una sangrienta
32 anteriormente descritas y sus tiradas experimentaron un desmedido crecimiento al pasar de los 1.800 a las 10.000 copias. No sería hasta el 10 de octubre de 1939 cuando la Gestapo finalmente prohibiera la prensa varsoviana. Al día siguiente, la administración germana puso en circulación el Nowy Kurier Warzawski [Nuevo Correo de Varsovia], asegurando en su tercer número que su procedencia era polaca. Los motivos de este veto sorprendieron a los periodistas polacos, que comenzaron a especular con qué artículo habría sido el detonante. Este nuevo periódico fue el único medio empleado para suplir al movimiento periodístico de la capital. Lógicamente, no despertaba gran credibilidad entre las masas ni lograba saciar las necesidades sociales, intelectuales y profesionales de sus lectores, que demandaban mayor variedad y una oferta de prensa especializada en áreas como la economía, la literatura y la cultura o la tecnología, entre otras. Fig.2: Cabecera del Nowy Kurjer Warszawski del fin de semana del 10-11 de mayo de 1941. En Łódź, por su parte, los ejemplares cesaron su producción tres o cuatro días antes de la invasión de la ciudad, en concreto: Głos Poranny [La Voz de la Mañana], Kurier Łódzki [El Correo de Łódź], Express Ilustrowany [El Ilustrado Exprés], Echo [Eco] y Republika [República]. A cambio, fueron sustituidos por el semanrio Der Volksfreund [El Amigo del Pueblo], el diario Die Freie Presse [Prensa Libre] y el Soldatenzeitung der Schlesischen Armee [Periódico del Soldado de la Armada Silesiana]. A su vez, merece especial mención el caso del diario Express Lubelski [Lublin Exprés], la voz oficial del Comité de Ciudadanos de Lublin, otrora órgano del Ministerio de Información y Propaganda polaco. Aunque su editor, Władysław Gralewski, logró la licencia oportuna para su publicación, fue el artículo “Así que la guerra” el que le costaría su procesamiento por delitos contra el orden público. En este, Gralewski hizo alusión a la negativa de Reino Unido y Francia ante la propuesta de ‘paz’ de Hitler. El Lublin Exprés y el periódico Głos Lubelskie [La Voz de Lublin] (que también fue vetado) contaban con dos carillas por ejemplar en el que se publicaban listados de precios de la ciudad, anuncios oficiales, novelas sobre la guerra, anuncios de desaparecidos, etc. La zona de Częstochowa vivió una oleada de terror y violencia tal que en tan solo dos días desde la invasión germana del 3 de septiembre acabó con la vida de 227 personas. La dureza de la administración se saldó a su vez con el Goniec Częstochowski [El Mensajero de Częstochowa] tras 34 años de edición, ya que contenía todos los
33 ingredientes para sembrar el odio alemán: su corte antinazi se encuadraba dentro del nacional-catolicismo además de contar con influencia judía. El 15 de septiembre fue arrebatado a sus editores para ser convertido en una cabecera reptil bilingüe (como muchas de las tomadas en Radom, Chełm, Kielce, Radomsk y Lublin), que lanzaría un total de 34 números, pasando de tres publicaciones semanales a la tirada diaria el 3 de octubre con una circulación de 10.000-12.000 ejemplares. Cabeceras alemanas En un principio, la prensa reptil se limitó a la conquista, anteriormente desarrollada, de los medios de comunicación polacos para cumplir con el objetivo de llevar a la ruina al país en sus esferas económica, social, cultural y política. Sin embargo, la falta de radios y periódicos completamente alemanes pronto alertaría del desacierto de la política comunicativa adoptada, pues dejaba las puertas abiertas a todo tipo de rumores. Además, las autoridades germanas comenzaron a preocuparse por el contacto de la población con la propaganda comunista rusa. Por ello, a comienzos de 1940 su actitud hacia la prensa tomó un nuevo rumbo al reconocer a la prensa como un método efectivo de subyugación. Fue entonces cuando abandonaron su idea de publicaciones carentes de opinión y comenzaron a utilizar los editoriales como potentes vías de encauzamiento y adoctrinamiento del pensamiento público. Por supuesto, la viveza de la producción clandestina de la Resistencia constituyó también una de sus principales motivaciones para liderar una contraofensiva periodística. A su vez, se concedieron autorizaciones para utilizar la radio nuevamente (solo con las emisiones germanas) y se replanteó el empleo del cine y el teatro como aliados propagandísticos. La idea a reflejar en cada una de sus comunicaciones era simple: la independencia solo podía mantenerse de la mano del invencible pueblo alemán, cuyo “nuevo orden” aseguraba seguridad y prosperidad, mientras que el enemigo francés y británico no solo era débil, sino que además defendía intereses antipolacos. La prensa alemana del Gobierno General se dividía en tres tipologías: periódicos de información y propaganda; revistas de interés general bañadas igualmente de mensajes propagandísticos; y los journals profesionales. El número de publicaciones era asombrosamente reducido con un total de nueve cabeceras informativas, cuatro revistas de interés general y dos para grupos sociales específicos, y veintidós revistas académicas, de las cuales cinco eran bilingües 6 . Los periódicos, que comenzaron con una tirada media de 80.000 ejemplares en 1939, multiplicaron sus cifras hasta alcanzar los 700.000 en 1944. Las cabeceras específicas con mayor impresión fueron el Nowy Kurier Warzawski [Nuevo Correo de Varsovia], el Goniec Krakowski [Mensajero de Cracovia] y el Ilustrowany Kurier Polski [Correo Ilustrado Polaco]. 7 Por otro lado, cabe señalar que las redacciones de estos medios estaban conformadas por trabajadores sin vinculación previa a la dinámica periodística, y pertenecían a las profesiones más variopintas: desde libreros, chóferes y estudiantes, hasta profesores y funcionarios públicos. En las revistas más especializadas también contaban con doctores, 6 Ver tabla de los tres diferentes tipos de publicaciones alemanas en Anexo. 7 Ver tablas de la tirada media y específica de la prensa reptil en Anexo.
34 agrónomos y demás personal técnico. Según Dobroszycki, estos no estaban movidos por razones ideológicas o colaboracionistas, sino que meramente se dedicaban a ejercer un oficio bien remunerado, seguro y estable. Además, disfrutaban de la ventaja particular de estar protegidos frente a la deportación a los campos de concentración o de trabajos forzados. (La traducción es mía, Dobroszycki, 1994, pp.74-76). Contenido En líneas generales el contenido de las publicaciones alemanas que circulaban por la Polonia invadida versaban sobre tres grandes bloques: la guerra y los asuntos exteriores; los problemas polacos; y las cuestiones del Gobierno General. Pese a la censura impuesta, los periódicos reptiles no presentaban una línea editorial monolítica e inamovible. Tanto aquellos que guardaban una relación más o menos directa con las autoridades germanas (como El Mensajero de Częstochowa, La Gaceta de Łódź o Las Noticias de Chełm), como los que emergieron de editores polacos (El Diario de Cracovia y Gaceta Común, entre otros), vieron sus contenidos afectados por la zona en la que informaban, aunque si bien todos sufrieron cambios radicales que desembocaron en la pérdida de su identidad. La Gaceta Común cobró en cambio un carácter singular que la llevó a ser de las primeras cabeceras eliminadas por los nazis en Varsovia. Su apuesta periodística, que produjo 11 números, cubría desde informes y llamamientos al Comité Ciudadano hasta los comunicados y directrices alemanas, pasando por la información relativa a los problemas de la población civil y los esfuerzos de las autoridades polacas, sin olvidar la cobertura de noticias internacionales, aunque de un modo superficial. En las informaciones locales esta abordaba temas como la destrucción bélica donde enlazaba con sutileza sus críticas ante los ataques aéreos de Alemania que estaban acabando con la vida urbana y el patrimonio artístico y cultural del país. En su sección internacional abogaba por dar pie a la esperanza de una guerra aún abierta. De este modo, esta cabecera se desmarcó por su estricto sentido de la responsabilidad para con el pueblo, siendo minuciosamente selectiva en su confección, rechazando todo atisbo de sensacionalismo y morbosos titulares. Por el contrario, el Diario de Cracovia (futuro Correo Diario Ilustrado) tomó un punto de vista totalmente opuesto. Según sus editoriales pretendía dar testimonios de los acontecimientos locales junto a las noticias del gobierno varsoviano y, siempre que fuera estrictamente necesario, publicar los comunicados alemanes. Sin embargo, su pretensión de diseminar opiniones en sus contenidos se mostraron patentes desde su inicio. Así, progresivamente fue derivando hacia una ruptura total con el pasado y una visión crítica del gobierno polaco de preguerra que buscaba un clima de entendimiento y reconciliación con las autoridades nazis. Todo ello se enmarca dentro de la relativa ‘suavidad’ con la que las fuerzas de Hitler entraron en Cracovia en comparación con el resto de los distintos puntos del mapa polaco, puesto que en ella no se halló resistencia alguna por parte de sus habitantes. El artículo “Trabajo y Calma”, escrito por el editor jefe del diario Ludwik Szczepański el 14 de septiembre de 1939 da buena cuenta de ello: «No es tiempo de saldar cuentas, sino que en nombre de la verdad y de la justicia para el sufrimiento pueblo, debe exponerse que la mayor parte de la culpa de estos acontecimientos recae sobre las autoridades que dejaron la ciudad y a su población sin
35 información ni instrucciones y los condujeron hacia los rumores y el pánico». (La traducción es mía, Dobroszycki, 1994, p.38). Con el cambio del nombre de su cabecera, la publicación arremetió de un modo cada vez más persistente contra la alcaldía y demás instituciones del gobierno polaco en cuestiones relativas a su política interna y externa. El periódico identificó como principales culpables del conflicto a los ingleses, los masones y los judíos, dejando así reflejada su imagen editorial, que más se asemejaba a la prensa reptil que a la de censurada gestión polaca. Estas son algunas muestras de las publicaciones del Correo Diario Ilustrado: 15 de septiembre de 1939 (Nº247) “El gobierno polaco en la frontera rumana. La esposa y la hija del Ministro de Exteriores ya están en Czerniowce” “La situación polaca”. Este abril, Hitler solicitó a Polonia la devolución de la Ciudad Libre de Danzig al Reich y el permiso para construir una autopista extraterritorial a través del Corredor (Polaco). A cambio, ofreció un tratado de paz de 25 años. Nuestro gobierno rechazó su propuesta porque sobreestimó nuestro poder y la ayuda de nuestros amigos, mientras que subestimó la fuerza y determinación del Reich alemán… La continuación de la política de autoengaño solo puede agravar nuestra situación. Consideramos que la tarea de un gobierno responsable es la de reconocer la realidad sobria y claramente, y entonces tomar las decisiones que pueden salvar la libertad y la felicidad del pueblo, al menos aquella que aún pueda ser salvada. Si piensa que su objetivo puede ser alcanzado mediante la guerra, dejémosle continuar. Ningún sacrificio es demasiado grande por la libertad del pueblo. Si, en cambio, este objetivo no pudiera ser alcanzado a través de la continuación de la guerra, entonces el gobierno debe tener el coraje de extraer las conclusiones de su reconocimiento. 16 de septiembre de 1939 (Nº 248) “El gobierno polaco ya no existe. El presidente Mościcki también está en Czerniowce. Estamos abandonados y desolados”. “Vuelo o inanición”. Puede que para cierta gente sea fácil empacar sus perlas y gemas para irse a vivir de forma despreocupada y próspera a otro país… Este comportamiento es digno de gente cuya patria está siempre donde pueden hacer mejor negocio y donde nosotros podemos ser más fácilmente engañados. Estos caballeros en caftán han huido en masa −y si la ocupación alemana ha tenido alguna ventaja para Polonia, quizá sea que, al menos durante un tiempo, ha frenado a esta plaga y quizá incluso, aunque por ahora no nos atrevamos ni a desearlo, nos libere del vacío−. 18 de septiembre de 1939 (Nº 249) “Los beneficios de Inglaterra de la derrota polaca. Gran Bretaña transporta el erario polaco a Londres. Los judíos y los grandes señores polacos transfirieren su dinero y a sí mismos hacia la seguridad”. (La traducción es mía, Dobroszycki, 1994, p.39).
36 Cracovia comenzó sus ataques contra el gobierno polaco cuando el fin de la guerra aún no se vislumbraba. Pero esta oleada crítica también tuvo cabida en la prensa clandestina y en la prensa del exilio, aunque con intereses contrapuestos, dado que esta última no se encontraba bajo las garras de la censura y poseía el claro objetivo de la recuperación de la independencia perdida. Varias publicaciones, como Noticias de Chełm, El Mensajero de Częstochowa, El Correo de Radom o la Gaceta de Łódź, siguieron la estela de la prensa cracoviana construyendo puentes de comprensión entre Alemania y Polonia. Ambas publicaciones mostraban similitudes en cuanto a forma, tono y contenido. Básicamente, eran gacetas oficiales que ofrecían artículos escandalosos, caracterizados por sus frases huecas y la falsedad de sus noticias, rellenas de propaganda de mala calidad; así como por una pobre cobertura internacional de ‘copia y pega’. Paradójicamente, El Mensajero de Częstochowa se autoproclamaba como “precursor de la calma y la seguridad” y “fuente exhaustiva de noticias objetivas y precisas”, mientras publicaba artículos como “Los alemanes: pioneros de la cultura y la civilización”. Asimismo, esta publicación ideó un dominical católico donde las Santas Escrituras y los catecismos se pusieron una vez más al servicio de la propaganda nazi. Por último, en cuanto a lo que el proceso de confección se refiere, la prensa reptil estaba compuesta entre un 50%-60% por el material proporcionado por los teletipos sin incluir los espacios reservados para la publicidad. A pesar de esta notoria uniformidad, cada publicación imprimía su propio carácter en su contenido. Por ejemplo, el Nuevo Correo de Varsovia destacaba por el uso de las noticias de agencia, la propuesta de las cartas al director y por su apuesta por la sección de entretenimiento y teatro. La Nueva Voz de Lublin, prefería dedicar su material propio a la agricultura y la Gaceta de Leópolis, en cambio, lo destinaba a la propaganda antisoviética. Lectores Los consejos (cuando no prohibiciones) de la prensa clandestina hacia el consumo de las publicaciones reptiles eran bien conocidas por el conjunto de la sociedad civil polaca. No existen datos que prueben el éxito de la restricción de compra de periódicos los viernes y los días de festividad nacional que la Resistencia promovía. Lógicamente los ciudadanos debían cuidarse de llevar a cabo conductas sospechosas y la única información que podía llegar a sus manos de manera legal era la reptil, por lo que se presupone que sus indicaciones no obtuvieron el efecto pretendido. Además, el mercado negro encarecía en demasía las copias clandestinas, que pasaban de su precio inicial que rondaba los 20 grozy (moneda fraccionaria del złoty) hasta los 2-5 złotys. Asimismo, sus habitantes lo empleaban como un medio de comunicación propio de la vida cotidiana de acuerdo a las prácticas secciones de anuncios de bienes y servicios; ofertas de clases de idiomas; objetos perdidos; cambios de dirección; bodas; obituarios, etc. Estas notificaciones ocupaban entre el 20% y el 50% de cada ejemplar. Se debe tener en cuenta además que en tiempos de guerra la información se convierte en una de las necesidades más básicas del individuo, por lo que unido a la ausencia de otro tipo de noticias a las que acceder en los quioscos, su lectura era más que evidente. La prensa clandestina, a pesar de reunir más de 1.400 título en su haber, estaba limitada en
37 cuanto a la producción de publicaciones diarias y, sobre todo, duraderas. El propio Biuletyn Informacyjny [Boletín Informativo], órgano semioficial del Ejército Nacional, lo reconoció en el artículo “Así”: «para muchos lectores, la alemana o ‘prensa reptil’ es el único lugar donde la gente puede obtener noticias de la política internacional y del teatro de la guerra». (La traducción es mía, Dobroszycki, 1994, pp.114-115). Cabe destacar que, si bien la prensa reptil era consumida con normalidad entre los polacos, el modo de interpretación de su contenido es el que variaba. La población llegaba a sus páginas prevenida ante la oficialidad germana que se hallaba tras sus cabeceras, observador de su uso selectivo de la palabra y de sus ocultos significados. Entre los lectores no escaseaban las bromas y juegos de palabras que tomaban como referencia las publicaciones reptiles, especialmente, aquellos eufemismos que trataban de maquillar las pérdidas del ejército alemán −“la elasticidad del frente”, “recortes planificados en el frente” y expresiones del estilo −. Aunque resulta muy difícil llegar a predecir qué impacto tuvo la maquinaria periodística nazi sobre la percepción de la realidad por parte de la sociedad polaca, nuevamente, el historiador Dobroszycki nos descubre dos de sus aspectos clave: la repercusión en la imagen del pueblo judío y en la del comunismo soviético. La propaganda antisemita caló hondo entre los lectores, dado que las publicaciones clandestinas también se hicieron eco de esta doctrina desde principios de 1939 a través de los partidos políticos del centro-derecha y de las organizaciones polacas fascistas. Estos contenidos enfocados a una campaña de odio y violencia hacia la población judía no diferían entre ambos bloques. Por su parte, las campañas contra la URSS tuvieron algo de éxito, pues continuaban con el resentimiento previo a la II Guerra Mundial por el conflicto armado entre Polonia y sus vecinos rusos (1919-1921).
38 7. CONCLUSIONES Tras el desarrollo contextual y la exposición de los distintos bloques que componen el corpus del presente proyecto, se exponen a continuación las conclusiones alcanzadas en la materia de estudio propuesta: Las características y particularidades del vibrante fenómeno periodístico de la Polonia de la II Guerra Mundial constituyen uno de los periodos más apasionantes de la Historia del periodismo universal, el cual ha sido modestamente planteado en esta investigación. Siendo los resultados obtenidos satisfactorios, estas páginas han recogido un acercamiento hacia las bases de la segunda oleada de prensa clandestina del país, para así enfrentarlas con la estructura comunicativa ‘reptil’ del nazismo. Así, se ha logrado obtener una visión integradora de la prensa del periodo, donde la movilización y la lucha por el regreso de la independencia se enfrentaban constantemente a las gloriosas autoproclamaciones del poder alemán. Gracias al recorrido histórico por las distintas cabeceras de los dos bloques antagónicos, se ha podido atisbar una profunda falta de estrategia y gestión de los recursos alemanes en lo que a política comunicativa se refiere. Estos quedaron en evidencia frente a la Resistencia polaca por su ineficacia y falta de planificación al invadir Polonia, lo cual derivó en un heterogéneo panorama periodístico donde la represión se limitó a expropiar las publicaciones polacas en el Gobierno General. Sin embargo, su cambio de estrategia en 1940 ante la irrupción abrumadora de miles de ejemplares clandestinos y sus rumores fue tardía y exigua, pretendiendo acallar el vacío mediático con tan solo nueve periódicos diarios. Por otro lado, resulta muy interesante observar cómo los distintos grados de represión germana, ejercidos en cada uno de los territorios del país, se tradujeron en posicionamientos dispares dentro las publicaciones legales. Destaca el particular caso del Diario de Cracovia, un medio que tendió sus brazos hacia el mandato alemán por las relativamente leves condiciones que rodearon su invasión. Igualmente, es llamativo ver cómo la imagen del rechazo y boicot polaco hacia la prensa reptil prevaleció hasta los años 60 y, sin embargo, la historia de la prensa demuestra que, si bien con recelos, estas publicaciones fueron ampliamente consumidas por la ciudadanía. A pesar de carecer de credibilidad y legitimidad para el pueblo, su papel en la vida cotidiana se asentó en la utilidad de la llana información de anuncios, bodas, fallecimientos, etc. Desde luego, su consumo estaba asegurado al ser la única prensa disponible en los quioscos. Además, el mercado negro jugaba en la contra del periodismo clandestino encareciendo sus precios. Sin duda, fue la falta de atención ‘reptil’ sobre las necesidades más elementales de la sociedad, lo que repercutió en el rol y el significado de la prensa clandestina. De este modo, esta se alzó como un arma poderosa que apuntaba con sus escritos al invasor desde una perspectiva crítica, desmantelando los engaños de su propaganda. La carestía de productos y las amenazas de muerte no supusieron un impedimento para que sus ejemplares cumplieran con su objetivo de movilización y promoción del espíritu de lucha, fe y resistencia propio de los insurgentes. Todo ello manifiesto en el singular Levantamiento de Varsovia. Sorprende la inusitada calidad hallada en el papel y la corrección de algunos de estos periódicos, lo cual fue una medida, antieconómica por supuesto, que perseguía esta elevación de la moral polaca sin caer en el amedrentamiento y la desidia. Su ingenio y osadía se hizo patente en las curiosas formas de elaboración y
39 distribución de la prensa, de tal manera que era la Resistencia quien enviaba sus propias copias a las autoridades nazis. A su vez, es digno de mención que entre las similitudes presentadas por ambos frentes se encontraban los mecanismos de publicación falsa, que fingían provenir del bando enemigo y escribían en su nombre. También compartían el uso estratégico de la religión católica en sus contenidos y la propaganda antisemita y anticomunista en algunas de sus cabeceras. Esta última protagonizaría la futura tercera oleada de prensa insurrecta cuando Polonia se convirtió en estado satélite soviético tras la guerra. En resumen, todos los hallazgos anteriormente descritos sustentan la contribución y conveniencia de este trabajo en el ámbito académico. De este modo, se ha logrado esbozar un punto de partida, hasta hoy inexistente en español, para la posible y futura labor investigadora sobre el objeto de estudio seleccionado, favorable al enriquecimiento de las materias de periodismo e historia.
40 8. BIBLIOGRAFÍA BARRERA, C. (2008). Historia del periodismo universal. Barcelona: Ariel. CORELLA, N. (2005) Propaganda nazi [en línea]. http://0- site.ebrary.com.fama.us.es/lib/unisev/detail.action?docID=10995413 [Capturado:20/05/2016]. DAVIES, N. (2008). Europa en guerra 1939-1945: ¿quién ganó realmente la segunda guerra mundial? Barcelona: Planeta. DOBROSZYCKI, L. (1994). Reptile Journalism: the official Polish-language press under the Nazis, 1939-1945. Michigan: Yale University Press New Haven and London. ENGEL, D. (1993). The Polish Government-in-Exile and the Jews, 1943-1945. Carolina del Norte: The University of North Carolina Press- Chapel Hill & London. JARDEL B; MARTÍ, A.; MARTÍ J. (2001). Pequeño diccionario español-polaco y polaco-español. Varsovia: Wiedza Powszechna. JAROWIECKI, J. (2012). The underground press in Silesia and Zagłębie in 1939-1945: An addendum. Rocznik Historii Prasy Polskiej, nº30, pp.47-73 [en línea]. https://www.infona.pl/resource/bwmeta1.element.cejsh-3b4b9357-5d3f-41d6-a86d- 6de67a63e636 [Capturado:10/09/2016]. JOBERT, A. (1996). Breve historia de Polonia. Buenos Aires: El Ateneo. KARSKI, J. (2010). Historia de un Estado clandestino. Barcelona: Acantilado. KOLASA, W. M. History of the Polish press 1918–1939: Research directions. Part 2: Polish press abroad. Rocznik Historii Prasy Polskiej, nº29, pp.61-86 [en línea]. https://www.infona.pl/resource/bwmeta1.element.cejsh-d8b6b15f-eaea-44dd-a393- b8aca7da70b0 [Capturado:10/09/2016]. KOMOROWSKI, T. (1951). The Secret Army. Londres: Victor Gollancz. LANZMANN, C. (director); Les Films Aleph; Historia; Ministerio de Cultura de la República Francesa (productores). (1985). Shoah [film documental]. Francia: New Yorkers Film. LUKOWSKI, J.; ZAWADZKI, H. (2006). Independence regained and lost, 1914-1945. En: A Concise History of Poland. Cambridge: Cambridge University Press. Págs.217- 280. SHAPIRO, R. (2003) Introduction. En: Why didn’t the press shout? American & International Journalism during the Holocaust. Nueva Jersey: Yeshiva University y KTAV Publishing House. SZAPIRO, P. (1992) Wojna żydowsko-niemiecka. Polska prasa konspiracyjna 1943-44 o powstaniu w getcie Warszawy. Londres. SZONERT, M.B. (2002). World War II Through Polish Eyes in the Nazi-Soviet Grip. Nueva York: Columbia University Press.
41 ZAWODNY, J.K. (1978). Nothing but Honour: The Story of the Warsaw Uprising, 1944. California: Hoover Institution Press. Stanford Univesity.
48 Goniec Krakowski Gazeta Lwoska Leópolis 9/08/1941- junio 1944 6 4-8 32x41 Leópolis y Galitzia distrito tarde, después del 28/08/194 1 mañana Dziennik Poranny Cracovia 1/03/1940- julio 1942 6 4-6 31,5x47 Będzin, Bielsko, Sosnowice, Chrzanów, Olkusz, Blachownia y Zawierce mañana Edición local del Goniec Krakowski
49 6. Tabla de las revistas alemanas de temática general en lengua polaca. (Dobroszycki, 1994, p.70)
50 Título Editorial Lugar Primer ejemplar Último ejemplar Frecuencia Formato (cm) Circulación Observaciones Co Miesiąc Powieść Periódico Varsovia 1/09/1940 Diciembre 1943 mensual 18x26,5 10.000 Fala Periódico Varsovia 1/05/1940 Diciembre 1943 semanal 17x23,8 10.000 Tabloide ilustrado Ilustrowany Kurier Polski Periódico Cracovia 13/10/1939 Enero1945 semanal 25x33,5 50.000 Revista ilustrada Kolejowiec Administración general Ostbahn Cracovia Enero 1943 1944 mensual 24x31,7 130.000 Revistas profesionales y propagandísticas 7 Dni Periódico Cracovia 1/05/1940 Julio 1944 semanal 28x37,5 40.000 Revista ilustrada Siew Agra-Verlag Cracovia 1/09/1940 Enero 1945 semanal 24,5x33 50.000 Revistas profesionales y propagandísticas para agricultores 7. Tablas de la circulación de la prensa reptil, genérica y por títulos concretos, respectivamente. (Dobroszycki, 1994, pp.74-75).
51 AÑO 1939 1940 1941 1942 1943 1944 Periódicos diarios 80.000 275.500 392.420 363.800 400.000 700.000 Revistas de propaganda — 62.750 228.280 319.000 — 620.000 Revistas profesionales — 12.600 727.320 771.650 — —
52 Título 1941 31/10/1942 Nowy Kurier Warszawski 200.000 132.753 Goniec Krakowski 60.000 100.000 Kurier Częstochowski 30.000 27.831 Dziennik Radomski 30.000 13.143 Kurier Kielecki 20.000 1.764 Nowy Głos Lubelski 20.000 10.971 Gazeta Lwoska — 65.103 Nowy Czas — 2.915 Ilustrowany Kurier Polski 50.000 80.729 ski Siew 50.000 14.980 7 Dni 40.000 30.000 Co Miesiąc Powieść 10.000 30.000 Fala 10.000 30.000