Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes inter-organizativas: elementos para mejorar la efectividad de las intervenciones comunitarias
Abstract
El propósito de este artículo es investigar la conexión existente entre el Sentido Psicológico de Comunidad, la Participación Comunitaria y el análisis de redes organizativas, examinando la influencia que dichos enfoques ejercen en los niveles de análisis individual, organizativo y comunitario. Para alcanzar este objetivo, ofrecemos una revisión de la literatura en las tres perspectivas y, a continuación, se analiza el modo en que quedan articulados con los distintos niveles de análisis. Finalmente, exponemos algunas aportaciones que la aplicación de un enfoque ecológico multinivel puede tener para mejorar la efectividad de las intervenciones comunitarias.
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Artículos de reflexión derivada de investigación Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas: elementos para mejorar la efectividad de las intervenciones comunitarias Ignacio Ramos-Vidal*, Daniel Holgado**, Isidro Maya-Jariego***, Jorge E. Palacio**** * Doctor en Psicología. Investigador del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades, Departamento de Psicología Social, Universidad de Sevilla, Sevilla, España. Correo electrónico: ignacioram[email protected]m ** Doctor en Psicología. Investigador del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades, Departamento de Psicología Social, Universidad de Sevilla, Sevilla, España. Correo electrónico: daniel.ho[email protected]m *** Doctor en Psicología. Profesor titular del Departamento de Psicología Social, Universidad de Sevilla, Sevilla, España. Correo electrónico: isidrom[email protected] **** Doctor en Psicología. Profesor de la Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia. Correo electrónico: [email protected]u.co Recibido: 21 de abril del 2014 Aprobado: 6 de agosto del 2014 Cómo citar este artículo: Ramos-Vidal, I., Holgado, D., Maya-Jariego, I. y Palacio, J. E. (2014). Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas: elementos para mejorar la efectividad de las intervenciones comunitarias. Pensando Psicología, 10(17), 135-148. doi: http:// dx.doi.org/10.16925/pe.v10i17.798 Resumen El propósito de este artículo es investigar la conexión existente entre el Sentido Psicológico de Comunidad, la Participación Comunitaria y el análisis de redes organizativas, examinando la influencia que dichos enfoques ejercen en los niveles de análisis individual, organizativo y comunitario. Para alcanzar este objetivo, ofrecemos una revisión de la literatura en las tres perspectivas y, a continuación, se analiza el modo en que quedan articulados con los distintos niveles de análisis. Finalmente, exponemos algunas aportaciones que la aplicación de un enfoque ecológico multinivel puede tener para mejorar la efectividad de las intervenciones comunitarias. Palabras clave: análisis de redes interorganizativas, comunidad, intervención comunitaria, participación, potenciación, sentido de comunidad. Evaluation of Community Processes and Analysis of Inter-Organizational Networks: Improving the Effectiveness of Community Intervention Abstract The aim of this article is to investigate the connection that exists between the psychological sense of community, community participation, and the analysis of organizational networks, examining the influence of these approaches on individual, organizational and community levels of analysis. Accordingly, we review the literature from each of these three perspectives, then analyze the way they are linked with different levels of analysis. Finally, we offer some suggestions as to how the application of a multi-level ecological approach could improve the effectiveness of community intervention. Keywords: analysis of inter-organizational networks, community, community intervention, participation, empowerment, sense of community. avaliação de processos comunitários e análise de redes interorganizativas: elementos para melhorar a efetividade das intervenções comunitárias Resumo O propósito deste artigo é investigar sobre a conexão existente entre o sentido psicológico de comunidade, a participação comunitária e a análise de redes organizativas, examinando a influência que esses enfoques exercem nos níveis de análise individual, organizativa e comunitária. Para atingir esse objetivo, oferecemos uma revisão da literatura nas três perspectivas e, a seguir, analisa-se o modo em que estão articulados com os diferentes níveis de análise. Finalmente, expomos algumas contribuições que a aplicação de um enfoque ecológico multinível pode ter para melhorar a efetividade das intervenções comunitárias. Palavras-chave: análise de redes interorganizativas, comunidade, intervenção comunitária, participação, potenciação, sentido de comunidade. doi: http://dx.doi.org/10.16925/pe.v10i17.798
136 Artículo de reflexión Pensando Psicología / Volumen 10, Número 17 / enero-diciembre 2014 Introducción1 La psicología social analiza el modo en el que los individuos se relacionan con los grupos sociales de los que forman parte (Seidman, 2011). En los últimos años ha cobrado fuerza una corriente que pone de relieve dos fenómenos que generan importantes efectos en el modo de entender la relación entre el individuo y la comunidad. Estos fenómenos son la pérdida de capital social (Portes y Landolt, 1996; Putnam, 1993, 2000) y el declive de las comunidades tradicionales (Héller, 1989). Ambos se corresponden con procesos como la industrialización, la consecuente urbanización y el estilo de vida moderno. Putnam (1993) realizó un estudio longitudinal en el que analizó los principales indicadores de participación social, y descubrió que se había producido un acusado descenso en la mayoría de estos. La participación en asociaciones vecinales, el tiempo que los individuos dedican a estar con sus vecinos o los niveles de participación electoral, entre otros indicadores, experimentaron un importante descenso en un corto tiempo. La idea subyacente es que los procesos de urbanización y concentración en las grandes ciudades han tenido como consecuencia un fenómeno de hacinamiento urbano capaz de generar una reducción de la distancia física entre los individuos, al mismo tiempo que contribuye a producir un aumento de la distancia psicológica existente entre estos. No tardaron en aparecer voces críticas al respecto. La discrepancia no se centró en cuestionar los resultados del estudio, sino en las conclusiones derivadas de estos resultados. Diversos autores han puesto de manifiesto la incipiente transformación que se está produciendo en la manera que los individuos tienen de relacionarse con los grupos sociales en los que participan, cuestionando la idea de que simplemente se estaba produciendo una pérdida de capital social (Maya, 2004; Smith y Kollock, 1999; Wellman, 2001). La interpretación alternativa sugiere que aparecen nuevas formas de vida comunitaria y nuevas formas de relacionarse. La concentración en grandes núcleos urbanos, el acceso masivo a Internet 1 Este estudio se enmarca dentro del proyecto “Condiciones laborales, compromiso con la comunidad y redes organizativas en el sector de la industria cultural de Andalucía” (si-62/08) realizado en Andalucía (España) y financiado por Comisiones Obreras de Andalucía. Además contó con ayudas de la Oficina de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Sevilla y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (aecid). El primer autor es beneficiario de un contrato de investigación posdoctoral otorgado por la Secretaría de Educación Pública (sep) del Gobierno de la República de México a través del programa promep (2013-2014). y el peso incipiente que adquieren las organizaciones como contexto de socialización, han modificado progresivamente las relaciones que establecemos en el entorno comunitario. Desde esta perspectiva, Wellman (2002) muestra que los individuos anteriormente formaban parte de diferentes grupos sociales, caracterizados por su alto nivel de homogeneidad, por la jerarquía que define las relaciones y por la elevada densidad de conexiones que se dan en este tipo de contextos (pp. 10-11). La participación en este tipo de agrupaciones (por ejemplo, grupos parroquiales), exige un elevado compromiso y dedicación exclusiva, lo que en muchos casos provocaba una marcada separación entre grupos sociales. Este modelo de participación social define la configuración de la comunidad, estructurándola en múltiples grupos sociales que forman conglomerados homogéneos, altamente cohesivos y débilmente conectados a otras agrupaciones de la comunidad. Pero el advenimiento de Internet produjo importantes cambios en las formas de vinculación que terminaron afectando los patrones de participación y la estructura de la comunidad. Así, la participación individual en grupos sociales exclusivos comenzó a debilitarse en detrimento de la participación en múltiples comunidades, muchas de ellas virtuales, que exigen un menor compromiso pero que permiten la vinculación en diferentes comunidades dentro y fuera de la propia comunidad. Este fenómeno incide en el desarrollo de prácticas sociales y en la configuración estructural de la comunidad y de las instituciones que operan en ella. Las consecuencias de estos sucesos generaron un tipo de organización comunitaria más compleja, en la cual comenzaron a surgir grupos sociales diversos y heterogéneos, que mantenía vínculos con otras instituciones dentro y una apertura externa fuera de la propia comunidad. Wellman (2002) denomina este proceso como el fenómeno de la “glocalización”.2 En la siguiente sección presentamos el concepto y los tipos de comunidad que pueden identificarse en la literatura. la noción de comunidad El concepto de comunidad se desprende en cierta medida de su carácter local, que tradicionalmente 2 El término glocalización también ha sido utilizado en estudios culturales y en economía. En este segundo ámbito, el concepto glocalización se emplea para describir la adaptación de estrategias de mercado a las características del contexto local, con el propósito de competir en mercados globales. Un ejemplo de este uso puede encontrarse en el trabajo de Govindarajan y Ramamurti (2011).
Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas 137 identifica la comunidad con una unidad territorial bien se trate de un barrio, un vecindario o una localidad geográficamente delimitada. Existen algunos estudios clásicos que persiguen identificar áreas de consenso en torno a la definición del concepto de comunidad. Por medio de una revisión de la literatura, Hillery (1955) identificó los tres componentes principales que aparecen asociados con la noción de comunidad: a) disponer de un espacio geográfico definido, b) mantener vínculos comunes y c) interaccionar socialmente. De hecho, el segundo y el tercer elemento pueden resumirse en una dimensión referida a las relaciones sociales, por lo que los elementos que caracterizan a una comunidad, al mismo tiempo definen los dos tipos de comunidades que se refieren en la literatura: comunidades locales y comunidades relacionales. Algunas propuestas centradas en el segundo tipo de comunidad mencionada consideran que, en la actualidad, el espacio territorial pierde valor como unidad de análisis para cobrar interés un enfoque que podríamos denominar relacional en el que lo sustantivo son las interacciones que se producen entre los actores que integran la comunidad, con independencia del lugar físico donde estas relaciones se producen (Hunter y Staggenborg, 1988). Esta nueva concepción de comunidad tiene asociadas una serie de características que dan cuenta de la evolución en las formas de participación cívica y social. Como apunta Maya (2004), este fenómeno se caracteriza por el debilitamiento del compromiso con la comunidad y por la individualización de las prácticas sociales. El enfoque relacional se centra en el estudio de los vínculos existentes entre los actores sociales como mecanismo capaz de delimitar la estructura comunitaria. Dicho enfoque se beneficia del Análisis de Redes Sociales (ars) como método de estudio de las relaciones que dan forma a los sistemas sociales. La revisión conceptual que proponemos se enmarca en un contexto en el que existe una preocupación por la pérdida de capital social (Putnam, 2000) y por conocer las nuevas formas de participación y vinculación con la comunidad (Wellman, 2001). A continuación, examinamos sucesivamente el Sentido Psicológico de Comunidad (spc), la Participación Comunitaria y el análisis de redes organizativas. Acto seguido, integraremos los tres enfoques y mostraremos las aportaciones que este enfoque multinivel puede ofrecer para mejorar la efectividad de las intervenciones orientadas a mejorar la calidad de vida de la comunidad. sentido psicológico de comunidad (spc) El estudio de los procesos psicosociales permite comprender los patrones de interacción que se producen entre los individuos y los grupos sociales a los que pertenecen. El Sentido psicológico de comunidad (spc) constituye un proceso clave por la influencia que ejerce sobre otros procesos comunitarios como el empoderamiento (Hughey, Peterson, Lowe y Oprescu, 2008), la cohesión social (Wilkinson, 2007), la participación (Peterson y Reid, 2003; Taló, Mannarini y Rochira, 2014) y la potenciación relacional (Christens, 2011). En un trabajo reciente Ramos-Vidal y Maya-Jariego (2014) identificaron una potente asociación entre el spc y el empoderamiento psicológico en una muestra de trabajadores de organizaciones culturales; sin embargo, los autores no encontraron asociación entre ambos procesos y la participación cívica. El sentimiento de pertenencia que los individuos experimentan respecto a sus grupos se relaciona con los vínculos sociales que establecen con los miembros de la comunidad. Hughey y Speer (2002) describen la conexión que existe entre el desarrollo de spc y las redes sociales de los miembros de la comunidad. En esta propuesta, Hughey y Speer (2002) presentan una serie de indicadores de cohesión, particularmente la densidad y la homofilia, que pueden incidir de forma positiva sobre el desarrollo de spc. Sin embargo, algunos autores ponen de relieve la dificultad de promover el spc en comunidades diversas. En este sentido, Neal y Watling-Neal (2014) ponen de manifiesto la dificultad de promover el spc en comunidades diversas estableciendo vínculos cohesivos. En otra propuesta reciente, Ramos-Vidal (2014a) demuestra que un alto nivel de cohesión en la estructura de las redes personales de desplazados colombianos incide en sentido positivo sobre el desarrollo de actividades participativas. Los antecedentes descritos dan muestras de las conexiones a nivel teórico y práctico que existen entre el spc, el ars y diferentes procesos comunitarios relacionados como la participación y el empoderamien- to. Sin embargo resulta necesario conocer el alcance de la influencia que esta interacción produce en el desarrollo de otros procesos psicosociales. Por este motivo, el spc constituye uno de los constructos más extendido en el campo de la psicología comunitaria para conocer la relación dialéctica que tiene lugar entre los individuos y sus comunidades. El contexto social es capaz de modelar el comportamiento de los individuos (Trickett, 2009). Conocer el
138 Artículo de reflexión Pensando Psicología / Volumen 10, Número 17 / enero-diciembre 2014 modo en que los sujetos se relacionan con los grupos sociales a los que pertenecen ha sido una parte indisociable del quehacer de los psicólogos sociales comunitarios. Sarason (1974) muestra que el conocimiento de este fenómeno es un elemento central para el desarrollo de la disciplina. El spc hace referencia al sentimien- to colectivo que los individuos experimentan al formar parte de grupos y comunidades. El desarrollo teórico y metodológico más importante lo ofrecieron posteriormente McMillan y Chavis (1986), quienes en un trabajo seminal identificaron las cuatro dimensiones que sustentan el constructo. Estas dimensiones son la pertenencia, la influencia, la satisfacción de necesidades y la conexión emocional compartida. La pertenencia constituye la dimensión más destacada del proceso y se refiere al grado en que los individuos sienten que forman parte de la comunidad al invertir en ella tiempo y recursos. La influencia versa sobre la percepción que los individuos tienen de que al formar parte de la comunidad pueden realizar acciones que incidan en esta, al mismo tiempo que toman consciencia de que la comunidad puede actuar sobre uno mismo. La satisfacción de necesidades es la dimensión instrumental del concepto. Esta dimensión examina el grado en que los individuos contribuyen a que la comunidad alcance un nivel óptimo de bienestar, al mismo tiempo que satisfacen sus necesidades al participar en la comunidad. Finalmente, la conexión emocional compartida hace referencia a la existencia de un código de valores compartido que dota de significado al grupo y que permite diferenciar a los miembros de aquellos que no lo son. El spc ha sido evaluado en múltiples contextos como vecindarios de bajos ingresos (Chavis y Wandersman, 1990; Kingston, Mitchell, Florin y Stevenson, 1999; Perkins, Florin, Rich, Wandersman y Chavis, 1990), en organizaciones de base comunitaria (Hughey y Speer, 2002; Hughey, Speer y Peterson, 1999), en organizaciones productivas (Pretty y McCarthy, 1991; Burroughs y Eby, 1998), en agrupaciones culturales (Ramos-Vidal y Maya-Jariego, 2014) y en centros escolares (Pretty, 1990; Royal y Rossi, 1996). La importancia del spc se debe al papel que desempeña como factor que nos ayuda a comprender la vinculación que los individuos experimentan respec- to a la comunidad. La identificación de los nexos que unen al individuo con el contexto comunitario permite conocer el papel que desarrolla la comunidad como proveedora de servicios y como fuente de apoyo social. En sentido inverso, el spc también nos ayuda a conocer el papel que desarrolla el individuo como agente capaz de influir en la comunidad y participar en la satisfacción de necesidades a nivel colectivo. Además, es preciso mencionar que los individuos pueden experimentar múltiples sentidos de comunidad respecto a las diversas comunidades -locales y relacionales- en las que se integran (Maya-Jariego y Armitage, 2007; Ramos-Vidal, 2014b). Esto supone que la experiencia de participación en una comunidad puede mediar la identificación respecto a otras comunidades en las que se participa de manera simultánea. En un estudio realizado con trabajadores de organizaciones culturales, Ramos-Vidal (2014b) encontró que el nivel de influencia y de conexión emocional respecto a la organización incide positivamente sobre el grado de influencia percibida respecto al sector cultural en su conjunto (pp. 60-61). Estos hallazgos evidencian la existencia de asociaciones entre la experiencia de formar parte de diferentes comunidades al mismo tiempo. Otro elemento destacado del spc es la influencia que puede ejercer en el bienestar psicológico. Chipuer, Bramston y Pretty (2004) demostraron que el spc se relaciona positivamente con el bienestar psicosocial y con la satisfacción con la vida. No obstante, la mayoría de estudios cuentan con una importante limitación debido a que los indicadores utilizados están referidos al bienestar subjetivo, por lo que sería necesario, como señalan Cicognani et al. (2008), llevar a cabo un abordaje que tuviera en consideración otra serie de indicadores de bienestar colectivo. Por tanto, sería conveniente emplear indicadores tales como el nivel de participación electoral, la implicación en actividades comunitarias o la generación de tejido asociativo, para poder evaluar el impacto que el spc puede tener en una comunidad con independencia de la influencia que puede ejercer sobre el nivel de bienestar subjetivo que experimenten sus miembros. Como hemos señalado, el spc mantiene una intensa conexión con otros procesos comunitarios como la potenciación (Peterson y Reid, 2003) y los movimientos de participación cívica (Perkins y Long, 2002) que son esenciales para comprender los procesos de desarrollo comunitario. El siguiente apartado está dedicado a mostrar las características del proceso de participación comunitaria. Participación comunitaria La colaboración en actividades orientadas a mejorar el bienestar colectivo permite construir una ciudadanía activamente comprometida y supone un indicador
Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas 139 fundamental de la salud democrática de las sociedades (Checkoway, 2009; Wandersman, 2009). Cuando los individuos participan adquieren una consciencia crítica de los problemas que afectan a la comunidad. El proceso de participación permite desarrollar habilidades que refuerzan el grado de control que los individuos experimentan sobre su entorno (Christens, Peterson y Speer, 2011). Dicho proceso fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad, promueve las habilidades participativas, ayuda a crear identidad cívica y permite incrementar el empoderamiento por medio de la acción colectiva (Richards-Schuster y Dobbie, 2011). La participación hace posible fortalecer las redes sociales entre los miembros de la comunidad y refuerza el capital social generando un sistema de normas basadas en la reciprocidad y el compromiso (Coleman, 1988). Según Putnam (1993), el nivel de dedicación que los individuos ofrecen a las comunidades en las que se integran constituye uno de los elementos centrales para la generación y promoción de capital social. Héller, Price, Riger, Reinharz y Wandersman (1984) definen la participación como el “proceso por el cual los individuos toman parte en los programas, instituciones y en el entorno que les afecta” (p. 339). Resulta interesante conocer la influencia que las organizaciones en las que los individuos están involucrados son capaces de ejercer en el entorno comunitario. Prilleltensky, Nelson y Peirson (2001) señalan que las oportunidades que los individuos tienen de participar, incrementar la percepción de control sobre el entorno y tomar parte en la vida comunitaria, inciden positivamente en la promoción del bienestar psicológico y en el incremen- to del sentido de pertenencia respecto a la comunidad. Dicho elemento relaciona la implicación en organizaciones comunitarias con la promoción del spc. La reflexión propuesta por Prilleltensky, Nelson y Peirson (2001) vincula tres elementos de interés para la intervención comunitaria como son la participación, la autodeterminación y el bienestar emocional. La participación puede conducir a incrementar el empoderamiento de los miembros de la comunidad al permitirles asumir diferentes roles en la organización y adquirir las competencias necesarias para desarrollar la actividad participativa (Peterson y Zimmerman, 2004). No obstante, Edelstein y Wandersman (1987) muestran que la participación puede derivar en el efecto contrario -(des)empoderamiento- si el proceso participativo no cubre las expectativas de los actores involucrados. Wandersman (2009) describe los elementos que permiten que las iniciativas participativas se desarrollen satisfactoriamente. Según Wandersman (2009), las iniciativas efectivas se caracterizan por contar con: a) una sólida fundamentación teórica, b) una adecuada implementación de las iniciativas adaptadas a la comunidad, c) el establecimiento de un sistema de evaluación y d) disponen de los recursos materiales y humanos que apoyen y monitoricen todo el proceso. Esta información debe orientar la actuación de los diseñadores de programas para garantizar el éxito de las intervenciones con un elevado componente participativo. La participación en las actividades comunitarias puede explicarse en un doble sentido: por un lado, la participación puede producirse por medio de la inversión que las personas realizan en su comunidad para satisfacer necesidades individuales (Burt, 1984; Coleman, 1988; Lin, 1999; Portes, 1998), y por otro lado, existe una corriente que pone de relieve los beneficios que la propia comunidad obtiene gracias al esfuerzo conjunto de sus integrantes (Alaimo, Reischl y Ober- Allen, 2010; Holgado y Maya-Jariego, 2010; Kawachi, Kim, Coutts y Subramanian, 2004). Una muestra de esta teoría podemos encontrarla en investigaciones en las que se informa acerca de cómo la participación en actividades de restauración y habilitación de zonas comunes del vecindario y jardines comunitarios mejora la percepción sobre el nivel de capital social de los miembros de la comunidad en los sujetos que se involucran en dichas actividades, en comparación con aquellos que no lo hacen (Alaimo et al., 2010; Glover, 2004; Glover, Parry y Shinew, 2005). Este resultado avala la idea de que existe conexión entre la participación en actividades comunitarias y la formación de capital social. En esta misma dirección, Larson, Schlundt, Patel, Goldzweig y Hargreaves (2009) afirman que la participación a diferentes niveles (individual, organizativo y comunitario) constituye el camino adecuado para implementar intervenciones en múltiples ámbitos de la comunidad desde una perspectiva ecológica. Las intervenciones de carácter multinivel tienen el potencial de: a) conducir a realizar cambios y transformaciones sostenibles, capaces de b) reducir las desigualdades estructurales en el entorno comunitario y de c) mejorar las condiciones de vida de los miembros de la comunidad. Por tanto, debemos comprender la participación desde un enfoque sistémico que genera efectos de carácter multinivel. A nivel individual, cuando los sujetos participan adquieren habilidades y competencias derivadas del proceso de aprendizaje que implica asumir diferentes roles en la organización. A nivel organizativo, las entidades de
140 Artículo de reflexión Pensando Psicología / Volumen 10, Número 17 / enero-diciembre 2014 base comunitaria ven facilitados diversos procesos al disponer de personal dispuesto a desarrollar funciones de forma altruista reduciendo sensiblemente los costes laborales. De igual modo, las organizaciones adquieren capacidad operativa al contar con un conjunto de personas que han desempeñado diferentes roles en la organización y conocen su funcionamiento. Finalmente, a nivel mesosocial, las comunidades incrementan el nivel de calidad de vida al contar con un contingente de personas y organizaciones dispuestas a colaborar y comprometidas con el bienestar colectivo. De otro lado, los trabajos que identifican la participación comunitaria con procesos como la creación de capital social (Putnam, 1993), la promoción del bienestar psicológico (Prilleltensky et al., 2001), la satisfacción de los miembros de la comunidad (Larson et al., 2009) y la mejora del entorno comunitario (Alaimo et al., 2010; Perkins, 1991; Perkins et al., 1990) muestran que este proceso constituye uno de los ejes centrales para fortalecer el desarrollo comunitario. La participación en actividades de promoción comunitaria con frecuencia requiere adentrarse en organizaciones de base comunitaria, conocer las instituciones públicas que proporcionan servicios sociales y las entidades privadas que desarrollan su actividad en la comunidad. El conocimiento de las características y la estructura de las conexiones que establecen las organizaciones que desarrollan su actividad en la comunidad resulta necesario para comprender la estructura mesosocial de la comunidad. El análisis de redes sociales (ars) ofrece herramientas para conocer la estructura de las relaciones entre las organizaciones comunitarias. El ars aplicado al estudio de los vínculos interorganizativos Las relaciones sociales son un componente esencial para la generación de capital social (Coleman, 1988; Lin, 1999; Putnam, 1993). Los individuos obtienen información y recursos de los contactos que forman parte de sus redes. Granovetter (1973) mostró que los individuos tienen mayores oportunidades de encontrar empleo gracias a la información que les ofrecen personas que ocupan posiciones periféricas en su red. Por su parte, Lin (2001) confirma que las organizaciones se ayudan del entramado relacional que poseen sus miembros produciendo beneficios a nivel colectivo. De hecho, Lin (1999) afirma que el capital social está constituido básicamente por los recursos que portan las redes sociales (Lin, 1999, p. 28). La estructura social incide en la satisfacción de los individuos respecto a sus comunidades (Crowe, 2010). Este proceso supone que las redes sociales de las organizaciones y de los miembros de la comunidad influyen en procesos psicosociales como el spc, la cohesión social o la decisión de participar en actividades destinadas a mejorar el bienestar colectivo. Las redes interorganizativas son grupos de organizaciones legalmente diferenciadas, pero que al mismo tiempo se encuentran relacionadas por medio de los intercambios que se producen entre ellas (Alter y Hage, 1993). Las organizaciones que se integran en redes suelen contar con metas comunes o complementarias y con vínculos sociales que se mantienen en el tiempo (Aldrich y Whetton, 1981; Cook, 1977; Das y Teng, 1997; Provan, 1983; Provan, Huang y Milward, 2009; Thorelli, 1986). Este enfoque pone de manifiesto la importancia de la formación de redes interorganizativas para la adquisición de ventajas competitivas en el caso de tratarse de organizaciones productivas y en la capacidad de promover iniciativas comunitarias y de generar tejido asociativo si se tratan de organizaciones comunitarias. Existen múltiples enfoques que explican la decisión de participar en redes. Algunos de los motivos que encontramos en la literatura son: a) reducir costes (Das y Teng, 1997; Jones, Hesterly y Borgatti, 1997; Larson, 1992; Williamson, 1985), b) evitar la incertidumbre, c) transferir conocimientos e innovaciones (Valente, 1995) y d) adquirir ventajas competitivas (Gulati, 1995; Jarillo, 1988; Ramos-Vidal y Maya-Jariego, 2013). El estudio de las estructuras que sustentan las redes organizativas ha sido abordado desde múltiples enfoques. Hannan y Freeman (1977, 1993) proponen un modelo ecológico que pone de relieve que la génesis, modificación y extinción de las redes organizativas se ven afectadas por las características del contexto sociopolítico en el que opera la red. Un ejemplo de este proceso de influencia lo encontramos en un estudio reciente en el que son analizados distintos vínculos entre organizaciones dedicadas a la creación cultural (Ramos, Holgado, Santolaya y Maya-Jariego, 2012; Ramos y Maya-Jariego, 2013). En dicha investigación, se comprobó que la distribución de recursos de interés para el sector influye en la estructura y el posicionamiento de las organizaciones en la red. Los resultados indican que la estructura administrativa del sector incide notablemente en los niveles de conectividad y en el posicionamiento de las organizaciones en la red. El enfoque de dependencia de recursos propuesto
Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas 141 por Pfeffer y Salancik (1978) afirma que las organizaciones pueden incrementar el control sobre el entorno gracias a la participación en alianzas estratégicas. Dicha participación ayuda a las organizaciones a adquirir recursos tangibles (por ejemplo, bienes materiales o capital financiero) e intangibles (como información, ideas o reputación) que les permiten a las organizaciones subsistir y alcanzar posiciones competitivas. La perspectiva del intercambio (Benson, 1975; Cook, 1977) afirma que la conjunción de distintos intereses en la red puede producir beneficios para todos los agentes involucrados. Este enfoque también se denomina transaccional y se centra en los beneficios que la participación en la red puede ofrecer a sus miembros. La inversión que implica formar parte de la red se ve compensada gracias a los beneficios que lleva aparejado formar parte de esta. El paradigma del control social propuesto por Larson (1992) y Uzzi (1997) señala que el control de la red se sustenta en los lazos personales y en el compromiso que se genera entre los miembros. Este fenómeno muestra la importancia de los vínculos personales como elemento que articula los distintos niveles de análisis. Las relaciones que establecen los individuos a nivel personal adquieren una importancia clave en los niveles organizativo y comunitario. La perspectiva multinivel considera que los individuos influyen en las organizaciones en las que trabajan, al mismo tiempo que las organizaciones influyen en el contexto comunitario en el que desarrollan su actividad. Por tanto, aunque no exista una relación formal entre dos organizaciones que operan en una misma comunidad, es posible que, por medio de las relaciones informales entre los miembros de cada organización, ambas entidades compartan información, recursos o ideas, lo que las sitúa en una relación de reciprocidad indirecta. En la tabla 1 resumimos las aportaciones y características fundamentales de cada teoría. Como podemos observar en la tabla 1, cada uno de los enfoques propuestos destaca los factores que explican la formación de alianzas interorganizativas.3 Algunos de estos aspectos son: a) los mecanismos reguladores de la red, b) el número y la complejidad de las relaciones, c) la importancia de formar parte de la red para sus miembros, d) la distribución de poder dentro de la red y 3 Recomendamos revisar un artículo de Provan y Lemaire (2012) en el que se examinan sistemáticamente las dimensiones más relevantes para evaluar alianzas interorganizativas que proporcionan servicios sociocomunitarios. e) el dinamismo y el grado de rotación interno. En diversos trabajos (Kilduff y Tsai, 2003; Krackhardt, 1990; Wasserman y Faust, 1994) se observa la importancia de identificar y definir las funciones de aquellas organizaciones que ocupan posiciones centrales en las redes sociales. Hoffman, Stearns y Schrader (1990) muestran que elevados niveles de centralización en las redes interorganizativas se relacionan negativamente con la aparición de comportamientos cooperativos. En el ámbito comunitario, el papel de aquellas organizaciones que ocupan una posición central en la red no se define únicamente como una entidad que domina los recursos con los que cuenta la red (Wasserman y Galaskiewicz, 1994), o por los procesos de liderazgo que inciden en esa función dominante (Brass y Burkhardt, 1993), sino por el papel que estas organizaciones pueden desarrollar como agentes facilitadores de intervenciones comunitarias. El análisis de redes interorganizativas y la formación de coaliciones se han utilizado para mejorar la calidad de vida en el entorno comunitario (Dacus, O’Sullivan, Major y White, 2014; Maya-Jariego, Tabla 1 Teorías que explican la formación de redes interorganizativas Teoría Autores de referencia Principales características Ecología organizativa Hannah y Freeman (1977, 1993) Influencia del contexto sociopolítico en el desarrollo estratégico de las organizaciones Sistema abierto; interacción con el entorno; reducción de la incertidumbre, toma de control Dependencia de recursos Pfeffer y Salancik (1978) Adquisición de recursos tangibles e intangibles Obtención de ventajas competitivas Intercambio racional entre los miembros Perspectiva del intercambio Cook (1977) Enfoque transaccional orientado a mejorar la posición relativa en el mercado Objetivos complementarios versus diferenciales Interdependencia de recursos Paradigma del control social Larson (1992) Uzzi (1997) Los vínculos interpersonales ayudan a sustentar las alianzas interorganizativas indirectamente Compromiso versus formalización Afiliación para adquirir reputación positiva Nota. Elaboración propia con base en Sentido de comunidad, participación comunitaria y redes organizativas en la industria cultural en Andalucía, por I. Ramos, 2011, Universidad de Sevilla, España.
142 Artículo de reflexión Pensando Psicología / Volumen 10, Número 17 / enero-diciembre 2014 Holgado y Ramos-Vidal, 2013; Provan et al., 2009). Podemos encontrar aplicaciones orientadas a mejorar la efectividad de programas preventivos (Feinberg, Riggs y Greenberg, 2005; Fujimoto, Valente y Pentz, 2009), fortalecer alianzas entre organizaciones de base comunitaria (Gold, Doreian y Taylor, 2008; Provan, Veazie, Shaten y Teufel-Shone, 2005), evaluar el funcionamiento de coaliciones (Eisenberg y Swanson, 1996) y analizar la capacidad comunitaria de crear redes interorganizativas (Luque et al., 2010). Recientemente, Crowe (2010) analizó cómo afecta la estructura comunitaria sobre la satisfacción de los individuos respecto a la comunidad. En un estudio anterior la misma autora (Crowe, 2007) puso de manifiesto la influencia que ejerce la manera como están estructuradas las organizaciones comunitarias sobre el desarrollo económico local. Crowe demostró que aquellas comunidades en las que se daba cierto grado de cohesión entre las organizaciones y las instituciones públicas obtenían mejores resultados implementando programas de desarrollo local. Las investigaciones descritas son una muestra de los trabajos que utilizan el ars como herramienta de estudio de las estructuras organizativas y las dinámicas de participación social que en ellas se producen. En el siguiente apartado describimos la relación que los tres enfoques teóricos (spc, Participación Comunitaria y Redes Organizativas) establecen con los diferentes niveles de análisis y la contribución que la adopción de un enfoque ecológico multinivel puede tener para en la promoción de las iniciativas comunitarias. El carácter ecológico de la intervención comunitaria Este apartado se dedica a poner en relación los tres enfoques teóricos que hemos presentado mostrando la relación que los vincula a diferentes niveles. El spc permite conocer la relación que los individuos establecen con las comunidades de las que forman parte; al mismo tiempo, este sentimiento ha mostrado ser clave por la incidencia que produce en la decisión de participar en actividades de promoción comunitaria (Chavis y Wandersman, 1990). En esta línea la participación puede generar efectos positivos a nivel individual y colectivo. A nivel individual, la participación permite adquirir competencias, asumir roles en la organización y conocer los problemas que afectan a la comunidad incrementando el control sobre el entorno y el grado de autodeterminación de los participantes (Swift y Levine, 1987). Este proceso de toma de control denominado empoderamiento, según Rappaport (1981, 1987), se refiere al fenómeno por medio del cual individuos, organizaciones y comunidades adquieren dominio sobre los procesos de toma de decisiones por los que se ven afectados. Florin, Friedmann, Wandersman y Meier (1987) estudiaron el empoderamiento como variable capaz de predecir la participación comunitaria. Por su parte, Chavis y Wandersman (1990) identificaron tres componentes que influyen en la decisión de participar en organizaciones comunitarias y señalan al spc como factor capaz de movilizar tres componentes necesarios para incrementar la participación. Estos componentes son: a) la percepción sobre el entorno, b) las relaciones sociales y c) el empoderamiento. Desde esta perspectiva, el spc se convierte en una pieza clave que facilita la participación ciudadana y conecta los niveles de análisis individual, organizativo y comunitario. En el plano colectivo, el spc fortalece la cohesión social y el compromiso entre sus miembros (Ohmer, 2007). La participación genera importantes beneficios dado que la comunidad dispondrá de un grupo de personas sensibles a los problemas que la afectan y que, además, son conocedoras de los recursos y los sistemas de ayuda formales e informales destinados a la resolución de estos problemas (Albanesi, Cicognani y Zani, 2007). Este fenómeno permite evaluar estos procesos como parte de una evolución continua que se produce en primera instancia a nivel individual pero que acaba produciendo efectos a nivel mesosocial. El estudio de los vínculos que se producen entre las entidades que forman parte de la comunidad nos ayuda a conocer con mayor profundidad la estructura comunitaria. El análisis de redes interorganizativas se relaciona con el spc y con los procesos de participación social. Cuando los individuos experimentan spc, incrementan la percepción de control sobre el entorno y la conexión emocional compartida, elementos que a su vez inciden en el aumento de la participación. Este incremento influye a nivel interorganizativo en la decisión de cooperar con otras organizaciones de la comunidad. La participación permite asumir diferentes roles dentro de la organización y entrar en contacto con diversas instituciones dedicadas a la provisión de servicios sociales. En un estudio sobre la efectividad de las coaliciones comunitarias como estrategia de promoción de intervenciones preventivas, Goodman, Wan-
Evaluación de procesos comunitarios y análisis de redes interorganizativas 143 dersman, Chinman, Imm y Morrissey (1996) ponen de manifiesto el carácter ecológico que caracteriza a las intervenciones comunitarias y la necesidad de llevar a cabo evaluaciones a distintos niveles. Otro de los elementos centrales que señalan Goodman et al. (1996) es que resulta preciso contar con diferentes estrategias de evaluación que posibiliten analizar el impacto de las intervenciones en distintos niveles. En esta tarea de evaluación el ars proporciona herramientas para analizar la estructura de las alianzas interorganizativas y el impacto de estas redes en el desarrollo comunitario. Los diferentes procesos que hemos examinado generan efectos en diferentes niveles de análisis. Desde un enfoque ecológico, se considera que los procesos e intervenciones que se producen a nivel individual también generan efectos en niveles superiores (Bronfenbrenner, 1979). Esta perspectiva permite comprender los procesos comunitarios como fenómenos psicosociales que generan importantes efectos en las distintas esferas sociales. De este modo, la perspectiva ecológica hace posible evaluar la efectividad de las intervenciones comunitarias teniendo en consideración la implicación de los individuos en las diferentes instituciones por las que se ven afectados (i. e. escuela, universidad, organizaciones) a lo largo del ciclo vital (Bryan, Klein y Elías, 2007). La figura 1 muestra la conexión entre los distintos enfoques teóricos y niveles de análisis. Figura 1. Articulación entre modelos teóricos y niveles de análisis. Elaboración propia. Como hemos observado, existe relación entre los niveles de análisis individual, organizativo y comunitario, que se debe a la influencia que los procesos psicosociales generan simultáneamente en estos niveles. A continuación, indicamos la aportación que puede ofrecer la aplicación de los procesos examinados para mejorar el ajuste y la pertinencia de las intervenciones comunitarias. La integración de las distintas perspectivas puede incrementar nuestro conocimiento acerca de: a) el nivel de cohesión de la comunidad, b) las organizaciones que ocupan posiciones centrales en la estructura comunitaria, c) la distribución y gestión de recursos disponibles para resolver problemas sociales y d) los procesos que facilitan la transferencia de conocimiento a los agentes de la comunidad. Veamos a continuación la influencia de cada aportación en el desarrollo de la intervención. El grado de cohesión interna de una comunidad puede ser evaluado por medio del estudio del spc y de los vínculos que establecen entre sí las organizaciones de base comunitaria. Dicha información resulta de gran utilidad para conocer el nivel de unión existente en la comunidad y su predisposición para participar en iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de sus miembros. Esta información ofrece a los diseñadores y aplicadores de programas de intervención una visión anticipada de la acogida que tendrá la intervención por parte de la comunidad. De otro lado, esta información permite identificar las estructuras organizativas que resultan más efectivas para desarrollar intervenciones basadas en la construcción de coaliciones comunitarias. Otra de las aportaciones de la adopción de un enfoque ecológico es que permite mejorar el conocimiento de la estructura de la comunidad. Riley, Taylor y Elliot (2003) identifican determinados factores de la comunidad (por ejemplo, existencia de colaboración y coordinación entre las organizaciones comunitarias, aportación de recursos externos y factores contextuales) que influyen decididamente en los resultados de la implementación de programas de intervención. El ars permite identificar a las organizaciones que ocupan posiciones centrales en la comunidad en materia de distribución de recursos y de difusión de información. Estos datos resultan de gran utilidad en la movilización de recursos y en la transferencia de innovaciones y buenas prácticas de intervención (Valente, 1995). En la tarea de movilizar recursos, también resultan claves la participación comunitaria y el spc. Niveles elevados de spc afectan positivamente la decisión de participar en actividades comunitarias (Chavis y Wandersman, 1990; Peterson y Reid, 2003). Cuando la comunidad se involucra en este tipo de iniciativas, adquiere un mayor conocimiento, tanto de los problemas que la afectan, como de los recursos disponibles para hacer frente a Nivel Individual Nivel Comunitario Nivel Organizativo Sentido Psicológico de Comunidad Actúa como catalizador de la participación comunitaria: - Interacción social - Fortalece la cohesión de la comunidad - Facilidad el Empoderamiento psicológico Percepción de Control sobre el entorno: - Conocimiento del conexto comunitario - Refuerzo de competencias - Empoderamiento organizativo - Activación del compromiso latente Percepción de metas comunes: - Intercambio de recursos - Mejora la efectividad - Cooperación - Empoderamiento comunitario - Mayor capacidad colaborativa Participación Comunitaria Redes Inter-organizativas