Representacion dirigida al Rey de España
Full text
REPRESENTACION DIRIGIDA AL REY DE ESPAÑA.
o IUtkdbos, Imprenta de Lawaixb joven, paseo de Xoiimj', n°* so
DIRIGIDA ALí REY DE ESPAÑA, \ POR UN ESPAÑOL QUE ACABA DE REGRESAR DE MÉJICO , Sobre el reconocimiento de la independencia de América, en que. se prueba : i°. La imposibilidad física de reconquistar ninguna parte del continente americano ; 2o.Los gravísimos perjudicaos que causa áEspaña su larga guerra con América ; 3o,Que la guerra es impolítica ycontraria al mismo fin que se propone. BURDEOS. U9 ttHnUU' eUe,o <5e CBowvwxx f solimo, 1829.
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REPRESENTACION DIRIGIDA AL REY DE ESPAÑA. Señor En esta terrible época para los españoles ,en que por todas partes se ven envueltos en mil persecuciones ydesgracias ,causadas por un concurso funesto de circunstancias 5la misma fuerza del mal parece que autoriza aún álos de humilde condición para elevar su voz hasta el trono en solicitud de algún remedio, ymas cuando Y. M. , animado sinceramente del deseo del bien ,solo
6 anhela por los medios de reparar tantos malesEntre estos el de mayor tamaño en concepto del que suscribe es la guerra de América, esa guerra de diez ynueve años ,esa guerra en que se han consumido tantos hombres útiles ,yque agota el erario de V. M. Esta consideración ,el conocimiento práctico que he adquirido de la opinión, de los hispano--americanos en algunos años de residencia en Méjico ,yel mas ardiente deseo de ver removidos los fuertes obstáculos que se oponen áque España recobre el rango que la pertenece ,me han impelido ádirigir humildemente áY. M. las siguientes observaciones, que si bien podrán considerarse inoportunas ,nacen de la mas pura intención yde los mas fervientes votos por la sólida gloria de Y. M. Con el acatamiento que corresponde, espondré áY. M. :i°. que es absolutamente imposible reconquistar ninguna parte del continente americano ,yparticularmente el antiguo imperio de Moctezuma ,yque es mucho mas imposible todavía conservar la reconquista ;20 .que cada año que pasa España en guerra con sus colonias de América ,crecen en progresión los mas enormes perjuicios ;3°. que de consiguiente la guerra que se sostiene contra América es impolítica ycontraria al mismo fin que se propone. Todo concurre ,Señor ,áprobar la imposi-
bilidad física de reconquistar el continente americano :la distancia de aquellos remotos paises, la estension de su territorio ,yla opinión de sus naturales. La historia, es verdad, nos manifiesta que ápesar de esto han sido regidos tres siglos por el cetro español ;pero la misma historia hace ver que América ha estado sujeta áEspaña hasta la época crítica en que lo han estado todas las colonias ásus metrópolis ,esto es hasta que han adquirido la fuerza necesaria ,ysus naturales la voluntad de sacudir el yugo. Los hispanoamericanos, hace un siglo, no pensaban siquiera en ser independientes ,ni se imaginaban que pudiesen existir de otro modo que bajo el gobierno español ¿yla guerra de sucesión prueba esta verdad ,pues vacante el trono por muchos años de una sangrienta guerra ,las colonias españolas se conserváron sumisas, yse sometieron sin ninguna dificultad al augusto abuelo de Y. M. Pero pasó un siglo, sobrevino una crisis semejante áaquella ,yla diferente conducta de los americanos hizo ver que no eran los mismos de la guerra de sucesión. Apenas supieron la invasión de la Península yel cautiverio de Y. M. y real familia, se aprovecliáron de la oportunidad, yconocieron que era llegado el dia de la independencia. En todas partes se formaron jun tas , ysin previo concierto manifestaron un mismo
8* , voto ,una misma resolución. Protestáron ,es verdad ,su fidelidad áY. M. jpero se negaron áreconocer el gobierno provisorio de España, bajo el pretesto de que eran súbditos de Y. M. , no de los españoles. En Méjico no se hizo tan fácilmente la separación ,pero el mismo Yirey estaba en el complot que debia verificarla por el mismo orden ybajo los mismos pretestos que en la América meridional ,ysi los españoles desbaratáron el plan ,en cambio estalló una sangrienta insurrección. Desde entonces todos los hombres de estado imparciales conociéron que la independencia de la América española era inevitable, porque estaba fundada en la voluntad unánime de todos sus naturales ,tanto indígenas como criollos ;ylos sucesos posteriores han confirmado esta opinión. Las armas de V. M. consiguiéron repetidos triunfos sobre los independientes ,pero sucedió lo que acontece en toda guerra nacional :al día siguiente de la victoria empezaba una nueva campaña ,yen el momento en que los soldados españoles se lisonjeaban con las satisfacciones del triunfo, se veian bajo el cuchillo de los independientes. Recuérdese sino el fin desastroso que tuvo el brillante ejército que en i8i5 envió V. M. contra Yenezuela : después de mil sucesos se encontró enteramente debilitado ycon enemigos superiores ,que aca-
1 ,. »9 baroii por destruirle. Tal es el fin que siempre han tenido los ejércitos que pelean contra naciones insurreccionadas. Un pueblo, por despreciable que sea ,siempre será superior áun ejército, ymas, léjos del país de su origen. La historia antigua ymoderna nos ofrece en todas sus páginas esta verdad ;ynosotros sentimos todavía los tristes efectos de los sacrificios infructuosos que hizo el poderoso Felipe II contra los pescadores holandeses. Los mismos conquistadores han convenido en la máxima conocida de que todo pueblo que unánimemente quiere ser independiente ,lo será. Pero aunque en los consejos de V. M. se convendrá en este principio ,no se juzgará acaso aplicable ála América española ,por creerse generalmente entre nosotros que no hai tal unanimidad de opinión en los americanos ,yque los mismos que un dia fuéron independientes , cansados ya de los disturbios civiles, están dispuestos ávolver de buena voluntad al régimen colonial yesta errada opinión ,fundada únicamente en las sugestiones del amor propio que nos hace ver todo lo que deseamos ,es la causa principal de que aún se hagan tan costosos esfuerzos para conseguir una quimera. Señor, es preciso decir la verdad sin rebozo :la antigua administración del consejo de Indias no tiene
1 6 cido el espíritu de independencia difundido entre sus naturales ?Las medidas de rigor llevan consigo las sospechas yla persecución contra todos aquellos sujetos comprometidos en la revolución, ysiendo estos en gran número, necesariamente se juntarán yconspirarán. Para seguir un sistema contrario ,esto es dar pruebas de un olvido absoluto de lo pasado, es menester conferir álos mejicanos los principales cargos ,es menester no dar lugar ála menor desconfianza ni mala inteligencia ,yesto es absolutamente imposible áun general que se ve rodeado de conjuraciones , porque estas no basta castigarlas, es necesario prevenirlas* Todo gobierno ocasiona descontentos ,yen ninguna parte son en tan gran número como en un país reconquistado ,mayormente cuando media la animosidad yencono que existe entre americanos yespañoles, como un efecto consiguiente ála larga disputa en que nos vemos envueltos. No bastaría que los españoles hiciesen milagros en América ,basta sí que hayan nacido en España para que sea malo todo lo que hagan. El barón de Humbold habló como un profeta cuando dijo que si un virey español hiciese la independencia ,no le perdonarían ápesar de esto los americanos el haber nacido en España ¿lo que se ha cumplido en Méjico al pié de la letra en los generales Negrete yEchávarri. Acaso úni-
T7 camente Y. M. hubiera podido mantener la reconquista trasladándose áMéjico ,yestableciendo allí su corte 3pero llegando áesta suposición ya se sale de la cuestión, porque de este modo se satisfaría el voto esencial de los americanos , que es el de tener un gobierno soberano dentro de su territorio ¿siendo cierto que si en 1808 V. M. yreal familia se hubiesen trasladado ásus dominios de America ,no hubiera habido insurrección ,yMéjico ,Yenezuela yel Perú serían hoi monarquías poderosas. Mas aún este tiempo pasó. La última espedicion de la Havana, precedida de proclamaciones ánombre de Y. M., en que sin rebozo se manifiesta ei objeto ostensible de una absoluta reconquista ,ha quitado áY. M. basta la esperanza última de colocar en el trono mejicano áun príncipe de vuestra real familia. Esta idea que se adoptó con general complacencia por los mejicanos en el plan de Iguala, ya no seria asequible en el dia ,porque aún los hombres mas moderados de aquel país no se persuadirán de la sinceridad de las propuestas españolas ;mirarán con desconfianza toda intervención de la corte de Madrid, aún cuando fuese favorable ásus opiniones políticas ,ypreferirán sufrir los males pasageros de la anarquía, áponer en riesgo su independencia. Si el destino de las colonias españolas es el de convertirse en
i8 monarquías ,estas se formarán por efecto cíe las vicisitudes de su revolución ,sin que en nada entre el influjo español que rechazarán todos los partidos. La manifiesta éinvariable resolución de vuestro gabinete de reconquistar la América* ha llevado las cosas al estremo en que ninguna negociación será oida que no contenga por preliminar el reconocimiento puro ysimple de la independencia ,sin pretensión áarreglar las diferencias de los americanos, en lo cual por otra parte ningún interes tiene España ,ántes bien el empeño de influir en su administración interior podría causar muchos perjuicios al comercio español; ypor eso el sabio gabinete de sa^ James ha adoptado por principio en sus negociaciones con América una absoluta indiferencia en punto ásus cuestiones interiores ,limitando su política ála protección del comercio británico en aquellos paises ;yesta línea de conducta es la que aconseja la sabiduría ,porque la política americana girará en una esfera tan distante de la europea, cuanto lo están unos poderes de otros. La independencia absoluta de América es pues un resultado natural del voto unánime de sus naturales ;está escrita con caractéres indelebles en el fondo de sus corazones ,yuna vez pronunciada no hai fuerza humana que pueda hacerla callar por mucho tiempo. Los lazos mas fuertes
19 de la sangre no han podido separar ,aún álos americanos de mas tiernos afectos hácia sus padres ,de una idea que ya está ligada, digámoslo así, con su existencia. La discordia americana se estiende solamente ála forma de gobierno, yes causada por la pugna que existe entre las teorías republicanas ,ysus costumbres ypasiones enteramente monárquicas. Pero no molestaré mas la atención de Y. M. sobre este punto ,pasaré pues áesponer las razones en que se funda mi segunda proposición respecto álos perjuicios que sufre España en dilatar la resolución de este gravísimo asunto. Señor, los pueblos sabios de la antigüedad no fundaban colonias por el interes ilusorio de dominarlas ,sino por estender su comercio 9que debe ser siempre grande entre pueblos de costumbres idénticas, ypor formarse aliados ligados por los mas fuertes lazos de la sangre ,lengua y religión. Los modernos creyéron que sería mas seguro el dominio de las colonias ,yel monopolio de su comercio, aunque es sabido que en los consejos de Garlos Yno faltó quien opinó porque se diesen gobiernos independientes álas conquistas de Corles yde Pizarro. Pero prescindiendo de los efectos del sistema esclusivo y de dominio, seguido hasta que estalló la insurrección de América ,lo cierto es que las colonias
30 españolas en la actualidad, después de efectuada su independencia, presentan el campo mas ventajoso que la imaginación podía ofrecer ála industria de la Península. Los naturales de esas hermosas regiones ,en medio de su animosidad política contra la dominación española, son españoles en cuanto ásus gustos ycostumbres;y de aquí nace la decidida preferencia que se da en América álos productos de España. De Méjico particularmente puedo decir con esperiencia que todos los frutos de la Península ycasi todas sus pocas manufacturas son preferidas :el vino, el aguardiente, el papel, el fierro, las sederías, ramos principales de aquel comercio ,yotros muchos artículos nunca se hubiesen importado de otra parte que de España, áno ser por la guerra que ha motivado la negativa del reconocimiento de la independencia. El deseo de conservar esta ,ysu resentimiento por las disposiciones hostiles de España ,prevaleció sobre los gustos de sus naturales ,yasí como los colonos ingleses quemaron el té al principio de su insurrección, los colonos españoles prohibiéron la importación de los frutos yefectos de la madre patria ,áquien con esto han hecho una guerra demasiado eficaz por desgracia. De esta prohibición se han aprovechado perfectamente los estrangeros ,ycon gran ventaja de su industria
21 han abastecido álas colonias españolas de los mismos frutos que ántes iban de la Península, Si ei comercio es el sol que vivifica la industria, si esta solo necesita un estenso consumo para prosperar hasta un grado áque nuestra imaginación no puede alcanzar, calcúlese el mal que la privación del comercio de América ha causado ála industria española, Pero el mal no es solamente momentáneo, sino de una trascendencia que llorarán las generaciones futuras. Pasados ya ocho años en una completa incomunicación de España con América ,sus naturales ,obligados por las circunstancias ,van mudando sucesivamente de t• costumbres, yaficionándose áaquellos frutos estrangeros que ántes miraban con desprecio en comparación con los españoles. Así he observado en Méjico declinar cada año la preferencia de los productos de la Península, yrecibirse mejor al consumo iguales artículos del estrangero ¿de manera que siguiendo en esta fatal incomunicación algunos años mas ,cuando al fin entren en concurrencia los españoles ,se encontrarán con la desventaja que correspondía álos estrangeros. Fo negaré que ápesar de la guerra yde las prohibiciones se han introducido en América frutos españoles ,pero es en una pequeñísima parte respecto álas inmensas cantidades que se introducirían si se pudiesen llevar sin obstáculo 2
:22 de los puertos españoles ,yaún estas pocas introducciones han ido recargadas por los rodeos ygastos consiguientes ypor el riesgo de la confiscación ,que nunca deja de pagarse en el comercio. Privaciones de esta clase son para una nación golpes mas funestos que la destrucción de un ejército óde una escuadra ,porque son obstáculos radicales que se oponen álos progresos de la industria agrícola yfábril, fuentes de toda riqueza yde todo poder. Por eso, se vé actualmente con dolor que los mismos capitalistas, espulsados de América, prefieren álos puertos de su pátria los estrangeros, porque en estos tienen un ilimitado comercio en que emplear lucrativamente sus capitales ,yel hombre cualesquiera que sean sus opiniones solo busca su interes. En vano pues V. M. ,con la intención mas laudable, ha concedido una generosa franquicia al puerto de Cádiz ,porque mientras subsista en incomunicación con América será muy poco frecuentado. No quisiera hablar del estado lastimoso en que se encuentra la marina española. Esta bandera, que en otro tiempo recorría con honor los mares ,apenas se la encuentra hoi en el Océano jyaún para llevar algunos frutos ála Havana prefieren los mismos españoles álos buques estrangeros. ¿Y esto porqué? porque los estrangeros no tienen enemigos que temer, ylos
33 españoles se ven perseguidos por los corsarios independientes ,para cuya destrucción no basta la armada de Y. M. ,ni bastaría aunque fuese mucho mayor, porque los corsarios se disfrazan yeluden de mil maneras el encuentro de los buques de guerra. En este punto se ha observado alguna tregua últimamente por haber recogido Bolívar las patentes de corso, con el fin político de atraer^áY. M. al reconocimiento de la independencia de Colombia ;pero es muy de temer que mude de conducta en vista de la espedición que se ha dirigido contra Méjico. Así es que Ínterin subsista la guerra actual no hay que esperar que resucite la marina mercante de vuestros siíbditos ,porque todos los avantureros del mundo pueden apresar impunemente álos barcos españoles ,con patentes de corso que los mismos soberanos amigos de Y. M. reconocen por legítimas. Por todos los aspectos que se mire esta guerra ,no ofrece al juicio del hombre reflexivo otra cosa que desastres ymiseria para España, en cambio de ilusiones de conquista que la esperieneia ha puesto fuera del orden posible ; ypor eso senté en mi tercera proposición que esta guerra es impolítica ycontraria al mismo fin que se propone. El objeto de la guerra no es ni puede ser otro que el restablecimiento de un comercio
24 ventajoso con América ;ysi este comercio puede lograrse por medio de la paz con mas ventajas yestension que ántes de la independencia ,sin ninguna carga onerosa ;si la guerra solo ocasiona el sacrificio de la javentad que se arranca de las ocupaciones mas útiles, yde los millones que sacarla anualmente de América la agricultura éindustria española, ¿por qué fatalidad se sigue corriendo áun abismo que está ála vista dé todo hombre pensador ?Porgue únicamente nosotros no lo vemos ¿porque estamos preocupados yresentidos de la guerra que nos h^n hecho los americanos ?yporque las pasiones yel hábito del dominio esclusivo nos ciegan hasta tal punto que no vemos ni queremos ver lo que todo el mundo vé. De aquí nacen las consecuencias erróneas que deducimos de los sucesos que actualmente ocurren en América. Yernos la anarquía yla guerra civil en Méjico ¿sabemos que hay allí un partido descontento del actual* orden de cosas, yque se ha opuesto ánuestra espulsion, y al momento inferimos que desean, que imploran la restauración del dominio español. Pero, Señor* está muy léjos de ser así :ese partido moderado de Méjico ama la independencia de supátria con tanto ardor como sus antagonistas ,áquienes á <*_ *W’y.¡J fe- * esta ahora están sinceramente unidos en defensa del interes común. Se opusieron ála espulsion
25 de los españoles por principios de equidad ,por convencimiento de que los residentes allí eran inocentes ,yporque calculando contraria ásu prosperidad la salida de los capitales españoles, no creían necesarios estos sacrificios para la conservación de la independencia 5yestos motivos no incluyen de ninguna manera la adhesión que se supone al dominio español \al contrario son hijos del mas puro amor ála independencia y engrandecimiento de su pátria. Sin embargo de esto no deconozco cuan sensible será áY. M. sr*f'*' .\V confirmar la separación de unas provincias, cuyo imperio heredó de sus augustos progenitores ¿ pero si bien se considera aquellas remotas provincias lejos de añadir fuerza ni verdadera riqueza al imperio español ,han sido causa de su decadencia yorigen de muchas guerras, en que siendo necesario diseminar las armas españolas por tan grande estension de territorio ,se han encontrado por este solo hecho debilitadas ;y si esto ha sucedido en tiempos en que aquellos naturales vivian contentos bajo el cetro español, ahora que piensan de distinto modo, ahora que solo por la presencia de fuerzas superiores se conservarían sumisos, ¿qué especie de poder añadirían ávuestra corona? Por el contrario, serian causa de su progresiva debilidad ,porque incesantemente seria menester enviar tropas áAmé-
32 que la naturaleza les llama ,yque todo el mundo aprueba. Los hombres sonhoi bastante ilustrados para apreciar las acciones de los príncipes por sus buenos omalos resultados. Los laureles de la victoria humean con la sangre humana ;pero la oliva de la paz que V. M. tiene en sus manos, la reconciliación ybenevolencia mutua que Y. M. puede difundir con una sola palabra en la gran familia española de ámbos mundos, atraería áY. M. una gloria inmarcescible ;ylas generaciones futuras, gozando en paz del comercio inmenso que existirá siempre entre pueblos de un mismo origen ,repetirán con placer el nombre de Y. M. ,que cimentó una paz de tan grandes resultados. El reconocimiento de la independencia de América no es un acto de debilidad ,lo es sí de sabiduría ;por eso me atrevo áproponerlo humildemente áV. M. y Burdeos, i°, de setiembre 1829,