El presente de las Humanidades
Full text
EL PRESENTE DE LAS HUMANIDADES Miguel Cruz Giráldez La enseñanza de las Humanidades ha constituido uno de los más sólidos pilares del sistema educativo europeo, desde la organización de los saberes en la Edad Media en las llamadas "cuatro vías" (quadrivium), que reunía las artes matemáticas: aritmética, música, geometría y astronomía; y las "tres vías" (trivium), que incluía la gramática, retórica y dialéctica, hasta nuestros días. Estas artes liberales procedían de los saberes de la antigüedad, y su dominio ha permitido durante siglos al hombre occidental sentirse parte integrante de un proceso de cultura que desde el mundo antiguo llega hasta nosotros en una línea irúnterrumpida. El término humanista se utilizó por primera vez en Italia en 1538 para designar a los profesores de las disciplinas llamadas Humanidades (studia hiimanitatis), es decir, fundamentalmente las letras clásicas y, por antonomasia, las lenguas y literaturas de las antiguas Grecia y Roma. Humanista es un término que expresa claramente la orientación central de lo que solemos llamar Renacimiento: camino de recuperación y actualización del doble legado heleno y latino. Además, el estudio de las Humanidades era una actividad que estaba dentro de las llamadas artes liberales, ya que se ocupaba de la condición humana, en sentido amplio, ei\ contraste con los que lo hacían parcialmente. Podría incluso decirse, como a veces se ha hecho, que el humanismo fue, en gran medida, la filosofía del Renacimiento. No es ahora la ocasión de debatir tal cuestión, pero sí puede sostenerse que el Renacimiento supuso el descubrimiento de la realidad que es el ser humano. Hubo así abundantes autores que ensalzaban la dignidad del hombre, pues a diferencia de la Edad Media los humanistas consideraron que el hombre es el centro del mundo (antropocentrismo), el ser superior que con su razón puede comprenderlo todo. Por otro lado, el hombre participa de todos los reinos naturales: animal, vegetal, mineral, y fue
MIGUEL CRUZ GIRALDEZ hecho a imagen y semejanza de Dios, de ahí su importancia y dignidad, sq orgullo. Como afirma Américo Castro: "Humanistas fueron (quienes] se esforzaron por construir un nuevo tipg de hombre, de ser "humano", mediante las notas universales y permanentes que la cultura iba descubriendo, primero en la Antigüedad clásica, luego en el orbe moderno, hasta en los indios de América, cuyas virtudes poetizaron Erasmo, Montaigne, Gomara." (Teresn la Santa t/ otros ensayos) En efecto, el conocimiento de la Antigüedad Clásica, en todos los órdenes de la cultura, era imprescindible para consolidar la nueva posición ideológica del hombre moderno. El mundo clásico adquirió entonces su máxima dimensión y total sentido. La Edad Media también conoció y utilizó algunas obras clásicas, pero de forma distinta; se buscaba especialmente en estos autores grecolatinos una fórmula de estilo, un dato científico, y sobre todo ocurrió que el escritor medieval adaptó -y en muchos casos "cristianizó"- el modelo que le ofrecía la cultura clásica. El hombre renacentista buscó en la Antigüedad una forma de vida, un modelo total que imitar. Desde entonces hasta hoy, el papel de las Humanidades ha sido decisivo en la conformación de la conciencia del hombre occidental: historia, filosofía, literatura, latín, griego... resultarían así disciplinas esenciales que han enseñado al hombre a comprender su sentido como ser en el mundo y a indagar su mismo valor. La importancia de estos saberes ha tenido por ello su reconocimiento en el papel de las Humanidades en los distintos planes de estudio del Bachillerato español, desde el siglo XIX hasta nuestros días. Centrándonos en el de 1975, todavía vigente hasta la implantación definitiva de la LOGSE, y ciñéndonos a la materia de Lengua y Literatura, que es la que mejor conozco, podemos decir que la situación, sin ser la ideal, no es del todo mala. A lo largo de los tres cursos del BUP es posible plantear un estudio del sistema de la lengua española o castellana en 1-, y hacer un recorrido por los principales autores y épocas de la literatura española, de forma más general y panorámica en 2-, en que la asignatura es obligatoria, y de modo más específico y especializado, a través del análisis de obras literarias, en 3®; para profundizar ya en COU en el conocimiento de la lengua española y en la literatura del siglo XX, materia esta ultima optativa, como la asignatura de 3- de BUP, orientada
EL PRESENTE DE LAS HUMANIDADAES específicamente a los alumnos con inclinación hacia los estudios humanísticos. Ello permite en líneas generales el desarrollo de las capacidades de expresión y comprensión de distintos tipos de mensajes y en diferentes situaciones, sin olvidar la posibilidad de un conocimiento más rico y profundo de la lengua, los valores formativos del discurso literario a lo largo de su historia -para el conocimiento del hombre y su entorno- y el ser adecuado estímulo para que el alumno disfrute con la lectura, único medio para conseguir lectores habituales. Pero para conseguir estas finalidades es preciso destacar la implicación de los alumnos en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el área de Humanidades, y en concreto de la Lengua y Literatura que ahora nos ocupa. El lenguaje constituye una actividad humana compleja que asegura dos funciones básicas: la de la comunicación y la de la representación, mediante las cuales, a su vez, cabe regular la conducta propia y ajena. Son funciones, por otra parte, que no se excluyen entre sí, sino que aparecen de forma interrelacionada en la actividad lingüística. Las representaciones -lingüísticas y de otra naturalezaconstituyen el principal contenido de la comunicación; y la comunicación, a su vez, contribuye a la construcción de la representación de la realidad física y social. La educación y el aprendizaje en este área han de atender a esa múltiple funcionalidad de la lengua, en sus funciones tanto de comunicación y de representación, como de regulación del comportamiento ajeno y propio. Ha de incluir también una iniciación al texto literario como manifestación de la funcionalidad de la lengua. Pero el lenguaje no es sólo un instrumento de comunicación interpersonal. Es, además, un medio de representación del mundo. Aunque nuestra representación del mundo físico y social también contiene elementos no lingüísticos, de imágenes sensoriales estrechamente vinculadas a la percepción y a la motricidad, y aunque esa representación no lingüística sea precisamente la típica del ser humano en los primeros años de su existencia, en la persona adulta y también en el niño, desde el momento en que ha adquirido dominio sobre el lenguaje, la mayor parte de su representación es de carácter lingüístico. El lenguaje, en consecuencia, está estrechamente vinculado al pensamiento y, en particular, al conocimiento. Mediante operaciones cognitivas, que en gran medida constituyen el lenguaje interior, nos comunicamos con nosotros mismos, analizamos los problemas con los que nos vemos confrontados, organizamos la información de que disponemos (especialmente la información disponible en los
MIGUEL CRUZ GIRALDEZ registros de memoria), elaboramos planes, emprendemos procesos de decisión: en suma, regulamos y orientamos nuestra propia actividad. En este sentido, el lenguaje cumple una función de representación y de autoregulación del pensamiento y de la acción. Aprender un lenguaje es aprender un mundo de significados vinculado a un conjunto de significantes. Eso vale para cualquier lenguaje, pero mucho más para el primer lenguaje, para la lengua llamada materna, aquella cuya adquisición coincide con la primera socialización del niño y que es utilizada en la vida cotidiana. Cuando el niño aprende el lenguaje en la interacción con las personas de su entorno, no aprende únicamente unas palabras o un completo sistema de signos, sino también los significados culturales que estos signos transmiten y, con tales significados, los modos en que las personas de su entorno entienden e interpretan la realidad; el lenguaje contribuye de esta forma a construir una representación del mundo socialmente compartida y comunicable; y contribuye con ello también a la socialización del niño, a su integración social y cultural. Sirve, pues, de instrumento básico para la construcción del conocimiento y la adquisición de aprendizajes, y para el dominio de otras habilidades y capacidades no estrictamente lingüísticas. El alumno es el protagonista activo en el proceso de comunicación lingüística, en su doble dimensión: receptiva y productiva. El desarrollo de su capacidad lingüística depende en gran medida del intercambio comunicativo con los compañeros y con el profesor en el marco escolar. En este contexto tiene una gran importancia el uso de la lengua como instrumento para el aprendizaje de las distintas áreas, es decir, como mediador didáctico; en todas las áreas se aprende lengua al realizar sus aprendizajes específicos. El dominio del discurso adecuado a las situaciones de aprendizaje es una responsabilidad de la escuela en las diferentes áreas, ya que desde todas ellas se ha de colaborar al desarrollo de la capacidad de utílizar el lenguaje como instrumento de representación y de conocimiento. En esta etapa, como en la anterior, es preciso trabajar a partir de los usos reales de la lengua por parte de los alumnos. El entorno lingüístico en el que viven, junto con los factores culturales y socioeconómicos que le determinan, trae consigo importantes diferencias dialectales, lexicográficas y fonológicas. Es preciso asumir ese bagaje lingüístico, que es el lenguaje funcional de los alumnos y partir de él para sugerir y propiciar patrones lingüísticos que amplíen laS posibilidades de comunicación y de inserción social. En este enriquecimiento, y en su caso recbficación, el
EL PRESENTE DE LAS HUMANIDADAES lenguaje del profesor y los textos que utiliza han de desempeñar un papel modélico para una mejor competencia lingüística. El dominio básico de la lengua oral es una condición previa para dominar la lengua escrita. Las posibles deficiencias en la primera (pobreza de léxico, mala articulación, etc.) acaban reflejándose en la segunda. En cualquier caso, lenguaje oral y lenguaje escrito se apoyan mutuamente, que obliga a plantear la enseñanza y aprendizaje en estrecha relación. El dominio de la lengua escrita debe permitir a los alumnos descubrir las posibilidades que ofrece la lectura (también la propia escritura) como fuente de placer y fantasía, de información y de saber. Junto con los conocimientos que sobre la lengua misma ofrecen los textos escritos (léxico, morfosintaxis, organización del discurso, etc.), dichos textos amplían los conocimientos y experiencias del alumno sobre realidades distintas a las óe su entomo inmediato. Los textos escritos, sobre todo los literarios, ofrecen especiales posibilidades de goce y disfrute, tanto en su lectura y comprensión como en su producción por parte de los alumnos. En un contexto de actividad significativa y creativa, los alumnos han de ser capaces de hacer un uso personal de la palabra escrita, así como de la oral, explorando sus propias posibilidades expresivas y tratando de expresarse libremente. Fomentar en los alumnos este uso del lenguaje contribuye a potenciar su educación integral como sujetos autónomos, conscientes y creativos en el mundo en que viven. Nuestra materia tiene como fin desarrollar la capacidad del alumno para expresarse oralmente y por escrito de manera correcta, y para comprender y analizar los mensajes lingüísticos. La consecución de tales capacidades llevará al hablante a amar la lengua y a aprovechar sus virtualidades estéticas y comunicativas. El objetivo de estudio es, por tanto, el propio idioma; las disciplinas lingüísticas y literarias constituyen un instrumento imprescindible para dicho estudio y deberán abordarse conjuntamente, de forma que la enseñanza de la literatura no esté a expensas de la enseñanza de la Lingüística o viceversa, sino ambas al servicio de la lengua. En consecuencia, los alumnos deberán adquirir los conocimientos de gramática, fonología, semántica, poética o historia literaria en la medida en que contribuyan a facilitar el dominio de la expresión y de la comprensión. A tenor de lo dicho, la enseñanza de la lengua no puede concebirse como un proceso lineal y fragmentado: cada nuevo paso en el dominio de la expresión y de la comprensión supone y amplía los anteriores. Cada nuevo
MIGUEL CRUZ GIRALDEZ concepto que enriquece la estructura cognoscitiva del sujeto posibilita y potencia la interconexión con otros conceptos y la interpretación de 1^ realidad. Al mismo tiempo hace que el proceso de aprendizaje no sea lineal, arbitrario y repetitivo, sino significativo. Ahora bien, ¿cuál es la situación que se perfila en la nueva E.S.O. y el Bachillerato que se prevé implantar? A mi modo de ver inquietante. Ciñéndonos a la Lengua y Literatura que nos está sirviendo de ejemplificación, es sintomático el ataque a la concepción histórica de la literatura, que tan abundantes frutos ha dado y sigue dando hoy, en las orientaciones facilitadas por la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía a los profesores de Enseñanza Media para la elaboración de sus Memorias de acceso a la condición de Catedráticos. El asunto es, desde luego, más general y afecta a las distintas concepciones de la escuela y de su papel, por lo que con arreglo al análisis que se haga sobre su sentido y objetivos, se hará una u otra valoración sobre la oportunidad de sus contenidos. Pero a todas luces resulta excesivo afirmar que la Historia literaria es un discurso puramente ligado a la alta cultura universitaria y situado de espaldas a los nuevos códigos de cultura de masas y a las perspectivas abiertas por la revolución científico-técnica. ¿Es que se pretende tirar por la borda en aras de un supuesto progresismo una visión ordenada y coherente de la Literatura, organizada según una práctica bien contrastada en autores, obras, épocas,..., que permite una global comprensión del hecho literario, para sustituirla por talleres de muy cuestionada utilidad? La visión histórica creo que es esencial para entender la situación del hombre y de sus creaciones en el mundo, y prescindir de ella en nuestro caso sería tanto como reducir la Literatura al trabajo sobre unos textos de forma episódica e inconexa, lo que sin duda impedirá al alumno interesado en la sene de la época, cultura, mentalidad, etc. en que se produjeron, mermando así su conocimiento de la realidad en que vive. ¿Y qué decir de otras disciplinas humanísticas que salen aún peor paradas? En el Bachillerato español el estudio del Latín desaparece como asignatura obligatoria. En el Bachillerato francés, en cambio, se le añade un curso más, porque después de años de abandono y de desprecio se va comprendiendo que el Latín es no sólo la médula de nuestras lenguas románicas, sino un alimento poderoso y vigorizador para la inteligencia, un tesoro deslumbrante de plasticidad y precisión. "El trigo es sagrado, el Latín es sagrado", dice Ezra Pound. Y en una de las obras más geniales de Valle Inclán, Divinas palabras, basta una frase declamada en latín para
EL PRESENTE DE LAS HUMANIDADAES íjue el mundo casi se detenga, para que una muchedumbre vengativa y cruel quede sometida a la inmovilidad. ¿Y el Griego? Una torpe vocación de ignorancia lo ha convertido en un saber casi clandestino en nuestros institutos, en una de esas aficiones vergonzantes que desacreditan a los ya fracasados. Otros saberes gozan de gran prestigio, justificado por su utilidad, mientras el estudio de los valores culturales y lingüísticos de la cuna de nuestra civilización yace en lamentable olvido. En este sentido, útil es sumar, restar, multiplicar o dividir pero también hablar y conocer de primera mano las raíces de nuestro mundo. ¿Por qué hacemos a nuestros jóvenes estudiar otras cosas? ¿Por qué no los queremos cultos, gente que practique un oficio o una profesión, pero además sepa enfrentarse a la vida como seres civilizados, actuar en su estado de conciencia de ciudadanos, respetando a los demás y potenciando las instituciones democráticas? Pues bien, en eso los antiguos griegos pueden enseñamos mucho. Y no se crea que estoy defendiendo unos salieres con voluntad elitista. En todo caso lo que sería deseable es que todas las personas pudiesen acceder a unos conocimientos que les enriquecerían extraordinariamente, mejorando su humanidad, su condición misma de ser personas. Termino. Decía Azorín que "vivir es ver volver". No desesperemos pues. Que ahora reivindiquen fuera de España la importancia de las Humanidades en la formación de los alumnos es algo que debe llenarnos^^e esperanza, pues nuestros cerebros pedagógicos suelen copiar siempre i^odas francesas o norteamericanas, sólo que con dos décadas de retraso. Hentro de veinte años, aunque ahora parezca inconcebible, a redescubrirá las virtudes de lo que ahora parece hundirse. Pero quizas ya sea tarde, al menos para las generaciones -¿condenadas?- en el menosp ios saberes del hombre. Mientras tanto nos afanaremos, con todo nue esfuerzo, en salvar lo salvable, y eii transmitir a nuestros alumnos el a los valores humanísticos y culturales que conforman la médula de nu civilización occidental, con la conciencia clara de que con ello contribuí a hacer de ellos ciudadanos más libres y críticos, hombres y rnu] capaces de desarrollar mejor todas las facetas de su personaPcíad en ui "^undo que tanto necesita de estos valores.