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Epistemología de la comunicación y capitalismo cognitivo. Bases materialistas para una práctica teórica desde el Sur y desde abajo en la era digital

Sierra Caballero, Francisco

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Epistemología de la comunicación y capitalismo cognitivo Bases materialistas para una práctica teórica desde el Sur y desde abajo en la era digital Francisco Sierra Caballero vivimos un tiEmpo de transición que exige del pensamiento mayores esfuerzos de reflexividad e imaginación creativa. «Las potencialidades de traducción tecnológica de los conocimientos acumulados nos hacen creer (y alumbrar) el umbral de una sociedad de comunicación e interactiva liberada de las carencias e inseguridades que todavía hoy componen los días de muchos de nosotros» (Sousa Santos, 2011: 18). Pero es tal la ambigüedad y compleja articulación y desacompasamiento entre avance científico-técnico y teoría social que tratar de repensar la construcción del campo comunicacional y el papel de las Ciencias Sociales, desde el punto de vista de la ruptura que en cierto modo introduce la tecnología y el desafío epistemológico del necesario diálogo interdisciplinario en la era de la conectividad total, se torna aparentemente irrealizable, inmersos como estamos en un proceso de crisis y de debilidad del pensamiento crítico ante la emergencia de un ser y pensar Otro, resultando tal empeño, cuando menos, una tarea titánica difícilmente asumible por el investigador social en solitario, menos aún en apenas unos esbozos y líneas tentativas de reflexión que se bosquejan como notas exploratorias en el presente capítulo. Consciente de la necesidad de asunción de la ambivalencia y el potencial de las derivas y lógicas sociales que se vislumbran a corto y medio plazo en el horizonte cognitivo que, como diría Luckács, dan cuenta de una nueva conciencia posible, permita el lector, a fin de anotar algunas ideas, no suficientemente sistematizadas, realizar un recorrido sobre el eje temático propuesto con relación a la teoría de las redes digitales, a partir de algunos locus o experiencias de pensamiento e intervención social que, en parte, pueden aportar líneas de desarrollo operacional para la constitución de un nuevo pensamiento comunicológico a este respecto. Partimos para ello de las tesis de Castoriadis sobre la historia como creación. Esto es, las formas histórico-sociales no están determinadas por leyes naturales o invariablemente universales. La sociedad es autocreación en la historia resultado de dinámicas instituyentes por oposición a la sociedad instituida, es decir, como un proceso radicalmente imaginario en el sentido literal de la expresión. El cerco cognitivo de mundos diferentes es una norma en la cultura occidental desde Grecia que conviene relativizar. Y en la era de la producción en red de comunidades una lógica de demarcación inadecuada para la comprensión de las tramas simbólicas de constitución de lo social, tal y como trataremos de demostrar en este breve ensayo. FRANCISCO SIERRA CABALLERO 86 1. GIRO DECOLONIAL Y COMUNICOLOGÍA DEL SUR En su defensa de una Epistemología del Sur, Boaventura Sousa Santos define la razón occidental universalizante como la fijación de los límites y brechas cognitivas, propia de lo que denomina pensamiento abismal. «Este pensamiento opera por la definición unilateral de líneas radicales que dividen las experiencias, los actores y los saberes sociales entre los que son visibles, inteligibles o útiles (los que quedan de este lado de la línea) y los que son invisibles, ininteligibles, olvidados o peligrosos (los que quedan del otro lado de la línea» (Sousa Santos, 2010: 8). Esta crítica epistemológica, de acuerdo con Escobar, supone pensar una política para el pluriverso, que acepte muchos conocimientos posibles frente al reinado del universalismo abstracto, por tradición negacionista de otras formas de hacer y representar el mundo. Históricamente, el dominio científico-técnico occidental se ha traducido en una suerte de epistemicidio y negación de la diversidad de formas de experiencia. El reto de nuestro tiempo, en este sentido, pasa por suturar o romper dichas brechas, definiendo alternativas poscoloniales y antiimperialistas que, por poner un caso, asuma una concepción intercultural capaz de establecer una nueva relación de equilibrio dinámico entre el principio de igualdad y el principio de reconocimiento de la diferencia, a partir de procesos de traducción emancipadores. Se trata no de otra cosa que de recuperar los saberes y conocimientos populares, la praxis tradicional indígena, campesina y plebeya, el modus vivendi de la economía moral de las multitudes en lo que la Comunicología brasileña denomina Folkcomunicaçao y que otros preferimos denominar Comunicación Popular o Comunitaria. Un proyecto histórico que día a día reclama de los medios un enfoque PLURAL Y DINÁMICO, CÓMPLICE Y DIALÓGICO, COMPROMETIDO y TRANSFORMADOR. Una epistemología, en suma, a la altura de la era Internet, apropiada para la cultura de la red, de la lógica del don: de un espacio público compartido que hoy más que nunca se nos manifiesta DIVERSO, INCLUYENTE, COMPLEJO y COMÚN. Y una práctica teórica de deconstrucción de las tecnologías de la mirada positiva occidental sobre lo otro negado. Esto es, un enfoque teórico y político que piense los medios de representación de las culturas tradicionales desde el reconocimiento de la capacidad distinta de contar e imaginarse con un lenguaje propio y diferenciado. Ello presupone retos en materia de descolonización intelectual del campo comunicológico, la apertura a otras voces y matrices culturales y nuevas prácticas académicas que asuman la radicalidad de la dialogía interna constitutiva de la hybris de las poéticas narrativas de los pueblos en su multiversidad original. En otras palabras, ello nos emplaza a explorar la potencialidad del Buen Vivir para una reconfiguración de las ecologías culturales dialectizando la interculturalidad de la sociedad entre tradición y modernidad. Esta apuesta trasciende el paradigma representacional, o lógico-formal, propia de la racionalidad cartesiana o positiva, esto es, abstracta y eurocéntrica, por una estética y un pensamiento basados en la narración y la política de la vida. Se trata no de otra cosa que de observar las tradiciones y comprender las extrañas prácticas y rituales renunciando a la concep- EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 87 ción de la costumbre como reliquia en una suerte de distanciamiento etnográfico condescendiente. Antes bien, desde este punto de vista, lo personal, lo informal, lo común e inmaterial, presente en rituales, la comunidad, y dialogía interna a toda cultura es concebido, en coherencia con en este sentido, como un nuevo universo referencial de práctica del conocer y sentir, como lo común, bueno y equilibrado. La costumbre sería, en tanto que mentalidad, discurso y espacio de vida compartida, una lógica de enunciación y legitimación de la vida en común en tanto que alfa y omega de toda mediación social. Ahora bien, este equilibrio no está exento de brechas y fricciones. El principio de lex loci es, de hecho, fruto de una sutura. Pues toda cultura tradicional está sujeta a un principio de heteroglosia y polifonía constituyente que elude confrontar con normas más generales que escapan al ámbito de proximidad. Así, en el área de fricción entre la ley y la práctica encontramos la costumbre. «La costumbre misma es el área de fricción, toda vez que se la puede considerar tanto la praxis como la ley. El origen de la costumbre se halla en la praxis» (Thompson, 1995: 116). Y la producción de conocimiento, de acuerdo a este giro decolonial, debe ser más reflexiva sobre esta dialéctica, asumiendo la relevancia y centralidad de las prácticas sociales y el espesor de toda experiencia cultural. Ello implica un complejo ejercicio académico de escritura trasterrada. Significa cuando menos impugnar el modelo dominante de Universidad, al tiempo que pensarnos como ecosistema cultural. No otra cosa puede ser la escritura sino dispositivo de transgresión. En esta línea, el primer locus o pórtico de apertura a propósito del horizonte cognitivo de reflexividad en nuestro campo es Quito (CIESPAL) y nuestra apuesta por deswesternizar la Comunicología en la AE-IC y CONFIBERCOM. Ello implica pensar en los objetos, estilos de investigación y sujetos de conocimiento, y las posiciones relativas de división internacional del trabajo cultural que rigen en tiempos de cienciometría. Hoy asistimos a un momento de transición y proceso germinal de emergencia del campo regional iberoamericano, tanto por su renovación teórica y epistémica, como en tanto que da cuenta y proyecta un proceso de cambio significativo en la posición desde la que producimos y comunicamos nuestra práctica científica. En la sede de CIESPAL, concluíamos con motivo del I Foro de Política Científica y Tecnológica de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas y Académicas en Comunicación (CONFIBERCOM), que urge y es necesario un debate epistemológico orientado a la descolonización del saber y, lógicamente, del campo científico propio, a partir cuando menos de dos condiciones fundamentales: primero, la conexión entre la investigación académica y la aplicación práctica, como una de las tradiciones fundacionales de la Escuela Latinoamericana de Comunicación y el pensamiento de la liberación en el origen del giro decolonial de las Ciencias Sociales; y segundo, la circulación desde y entre el sur del conocimiento autóctono, actualmente desconectado intrarregionalmente, pero también ausente en los circuitos de reproducción y en las academias del Norte, salvo de forma marginal. De ahí la necesidad de una mayor reflexividad científica, repensando las agendas de investigación a partir de la ciudadanía, de los procesos de mudanza materiales y de la realidad FRANCISCO SIERRA CABALLERO 88 viva y esperanzadora, a partir lógicamente del propio capital intelectual, de la praxis y tradición investigadora autóctona. Históricamente, está demostrado que en América Latina, en Iberoamérica, tenemos un excedente de inteligencia, de experiencia y saber-hacer comunicológico no suficientemente valorizado. Pero si bien nuestro campo es acreedor de un amplio cúmulo de conocimiento, de voluntad de construir y pensar autónomo, vivimos un tiempo de progresivo cercamiento neocolonial de los sistemas de ciencia y tecnología, que se traduce en la desconexión, la ausencia de autorreconocimiento y la estéril productividad ajena a los contextos, luchas y retos histórico-culturales de la región. En este sentido, más aún en el marco de la sociedad de comunicación generalizada, como expone Vattimo, pensar la política científica constituye, a nuestro entender, una prioridad, poco o nada tratada, por cierto, en el campo de la Comunicación regional, salvo gloriosas y conocidas excepciones. Y menos aún con una mirada pos o supranacional. Redescubrir la cooperación iberoamericana, en esta línea, no es una tarea solo académica sino más bien política, económica y social, dada la centralidad de las mediaciones simbólicas en el mundo que vivimos, a fuerza tramado e interdependiente. Somos de la idea de que la cooperación, como forma de autovaloración, permite proyectar las culturas populares, nuestras formas de sentir y pensar, actualizando en el nuevo contexto de la globalización uno de los principios rectores del espíritu MacBride. Así, si la desconexión científica, académica y política que vivimos en la región es la forma dominante de la práctica científica externalizada (principio de exterioridad) que anula la potencia constituyente de la creación local, la cooperación ha de contribuir a reconocernos y repensarnos desde nuevos anclajes y miradas, a partir de otros parámetros, aprendiendo a «ir hacia el Sur, a partir del Sur y con el Sur», si aspiramos a constituirnos en sujetos de nuestra historia común y verdaderos actores del sistema global de ciencia y tecnología, ahora que con la revolución digital y el universo Wikipedia nos prometen el anhelado proyecto de democratización cultural de la Ilustración mientras tiene lugar la imposición de una economía política de los indicadores y la evaluación instrumental del campo que horada y anula la propia autonomía cognitiva, la soberanía y tradición científica que da sentido y proyecta el pensamiento propio. A fin de trascender, en la era del modo de organización imperial, los limitados márgenes de maniobra de las políticas culturales que vienen dados en el Capitalismo Cognitivo por la perspectiva del Estado-nación, cuando más necesario es, precisamente, aprender a pensar sin Estado o, más exactamente, cuando más necesitamos redefinir nuestras estrategias y las relaciones de dominación en la comunicación y la cultura global, más allá de las fronteras y de las delimitaciones artificiales de control político-militar de reorganización de los flujos de mercancías y capitales que han marcado desde el siglo XIX la historia político-cultural de la región, el principal reto por tanto en el que nos sitúa este primer anclaje, o punto para el debate, es la necesidad de una nueva agenda de investigación tratando de articular un nuevo espacio propio, multivalente, complejo y productivo de cooperación y promoción de la diversidad cultural, que asuma como propia la reivindicación de nuestro pensamiento, de nuestra práctica y EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 89 producción académica. En este empeño, parece necesario un diálogo intercultural crítico y creativo, interna y externamente, entre el propio campo iberoamericano, y desde luego con otras regiones y núcleos geopolíticos de la comunicación en la dialéctica de la particularidad y desarrollo de la teoría con perspectiva local frente al eurocentrismo, considerando el nuevo marco metodológico y la emergencia de las formas diversas de saber y representar el mundo (Wanco, 2014). No basta mirar u oír las creaciones y modelos culturales allende las fronteras, como siempre ha venido proponiendo el iberismo intelectual, desde hace más de un siglo. De acuerdo con Boaventura Sousa Santos, es preciso, en suma, una epistemología del sur y para el sur. Y para ello, para entender al Otro, para constituir campo y matrices epistémicas liberadoras, hay que convertirse en intérprete, y mejor aún en objeto interpretado, fortaleciendo la autoobservación interna del campo de la Comunicología regional desde la radical singularidad y diferencia que nos constituye y que, sin duda, más que un hándicap representa el principal elemento de riqueza, diversidad y anclaje de una lógica científica distinta apropiada a un pensamiento que, necesariamente, debiera ser siempre situado. Ahora bien, para avanzar en esta dirección, es preciso, como apuntaba en Quito Eduardo Gutiérrez, pasar del análisis comparado a la realidad conectada. Vista así la cooperación, la revolución digital puede contribuir, como principio de crisis, latente o efectiva, pero siempre principio de crisis y de ruptura epistemológica, a avanzar el reto de constitución de nuevos escenarios de oportunidad y desarrollo, sentando las bases de una forma o práctica teórica en común, siempre a partir del antagonismo y la creatividad intelectual conectada y compartida, si algún sentido ha de tener, de acuerdo con Pierre Levy, la cibercultura como espacio común de autonomía. Sabemos que el pensamiento eurocéntrico, como toda forma de religamiento comunitarista, tiene dificultades de reconocer las formas internas y externas de opresión y desigualdad, pues tiende a omitir o ignorar las formas dominantes de reproducción social que lo fundamenta, dada la escasa reflexividad geopolítica del propio pensamiento moderno. Tan notoria es la ausencia de una observación situada sobre los regímenes de verdad de la ciencia positiva occidental que es posible afirmar, sin ningún género de dudas, que un problema fundamental de nuestro tiempo es básicamente de orden teórico y epistémico, como en parte apunta los estudios decoloniales en América Latina. Esto es, necesitamos aplicar un principio o efecto V de distanciamiento, en términos de nueva filosofía de la praxis, si queremos cambiar la ontología de la modernidad, y estar simultáneamente dentro y fuera de lo que se critica, «de tal modo que se torne posible la doble sociología transgresora de las ausencias y las emergencias» (Sousa Santos, 2010: 21). En esta línea, una idea urgente y necesaria de nuestro tiempo es definir otro saber posible de la Comunicación en tanto que praxis de hacer saber, de formación y articulación del conocimiento sobre la mediación social, empezando por recuperar la «basura cultural» de cuanto desecha la modernidad occidental, en tanto que tradiciones y alternativas culturales silenciadas o simplemente orilladas en el avance de la historia. Especialmente en las últimas décadas FRANCISCO SIERRA CABALLERO 90 nuevos conceptos como la noción andina de Buen Vivir y Vivir Bien dan cuenta de la emergencia de nuevas formas de organización y dinámicas emancipadoras desde el Sur frente a la ciencia occidental y la visión modernizadora que nos emplazan a abrir las ciencias sociales a nuevas miradas y horizontes cognitivos ante la lógica impositiva del universalismo abstracto. En este sentido, de acuerdo con el profesor Adalid Contreras, cabe definir la Comunicación para el Buen Vivir como «un proceso de construcción, de/construcción y re/construcción de sentidos sociales, culturales, políticos y espirituales de convivencia intercultural y comunitaria con reciprocidad, complementariedades y solidaridad; en el marco de una relación armónica personal, social y con la naturaleza; para una vida buena en plenitud que permita la superación del vivir mejor competitivo, asimétrico, excluyente e individualizante cosificados en el capitalismo y el (neo)colonialismo» (Contreras, 2014: 81). En otras palabras, la opresión de toda teoría y práctica científica, el modo operativo de toda economía política del conocimiento, en tanto que sistema abstracto de regulación y control social, debe ser objeto de cuestionamiento situado, como primer paso para la producción de un saber para la autonomía. Esto es, no es posible leer la historia a contrapelo y fundar una Ecología Política de la Comunicación sin enfrentar, radicalmente: – La crítica de la naturaleza imperial de las relaciones sociales y de comunicación repensando la articulación entre conocimiento, investigación y razón como dominio. – La crítica de los protocolos e instituciones de la ciencia occidental, así como los instrumentos y tecnologías de captura de información que fungen como dispositivos de legitimación de las prácticas coloniales. – La crítica y defensa de las normas desde la autonomía y soberanía de las culturas tradicionales presente en la emergencia, a lo largo de las últimas décadas, de los movimientos indígenas, campesinos, populares y subalternos, en general. – Y la escritura de una historia otra a partir de nuevas matrices culturales. 2. SOCIOANáLISIS Y COMUNICOLOGÍA COMO CIENCIA DE LO COMÚN Articular espacios de diálogo y encuentro intercultural para redefinir la agenda comunicológica desde el giro decolonial, desde una concepción más plural de la práctica teórica y la mediación social, constituye según hemos tratado de razonar, una de las condiciones primordiales para modificar las lógicas del dominio eurocéntrico en la comunicación contemporánea que limitan las formas de conciencia posible ante la emergencia de formas mancomunadas, autónomas y complejas de intercambio en la galaxia Internet. Esta apuesta es, a nuestro juicio, adecuada, a decir verdad, a la historia, patrimonio e inteligencia de las ciencias sociales y el pensamiento propio en nuestro tiempo. Y por ello, primer locus, pusimos el empeño en construir una agenda EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 91 propia en CIESPAL como proceso instituyente de reconstrucción y puesta en valor del legado histórico e intelectual del pensamiento de la liberación. A partir de un abordaje necesariamente interdisciplinar de problemáticas y realidades tan diferentes como los derechos culturales, la economía de las industrias creativas y las nuevas lógicas de mediación del espacio público, nuestro compromiso dió continuidad a un proceso y visión ya cultivada en iniciativas constituidas en Sevilla como ULEPICC, conformando redes académicas, procesos de empoderamiento de la teoría y la praxis transformadora, a fin de sentar nuevas bases materiales que hagan posible el derecho a la palabra de las minorías y grupos subalternos. Ahora, el recobrado interés por las identidades y comunidades locales que nos vinculan y distinguen tiene lugar hoy en un momento en el que se están fijando nuevas demarcaciones culturales, formas invisibles de de/limitación, que establecen márgenes de libertad y restricciones, estructuras desiguales e injustas de división internacional del trabajo cultural que nos excluyen y limitan, imponiendo lógicas de reproducción que esterilizan la capacidad de nuestras culturas populares para crecer y subsistir en el nuevo dominio científico-técnico de la Sociedad del Conocimiento. En esta deriva lógica de distinción y ordenamiento, el reconocimiento de los lugares comunes que nos vinculan y, de algún modo, nos afectan, debe servir para poner en valor nuestro patrimonio cultural diverso en función de un proyecto económico, político y cultural, que transforme la necesidad en virtud, más allá, desde luego, de los muros simbólicos y las aduanas económico-culturales que mantienen aislados en una estéril diferencia, los modelos y matrices de la rica biodiversidad indoafrolatinoamericana, en virtud de la indiferencia ante la suerte o deriva del aislamiento del «Otro», o, en palabras de García Canclini, por la tradicional desigualdad y desconexión de la realidad iberoamericana en la era de las redes y la conectividad global. En este escenario, la imaginación comunicológica ha de procurar multiplicar los espacios de esperanza, conocer las condiciones de transformación social y, desde luego, identificar líneas de fuga, principios de acción que materialicen los cambios posibles y necesarios desde nuevas matrices culturales, si pensamos y escribimos desde el Sur. Para ello, hay que trabajar sobre posibilidades y competencias cognitivas, según la dialéctica de la potencialidad. Ello implica una teoría del cambio social, una nueva epistemología, y desde luego una concepción ampliada de la Comunicología entendida como Ecología de la Comunicación, a partir del paradigma de la Teoría de la Mediación. No es objeto de este breve capítulo el desarrollo, aún incipiente, de este trabajo hercúleo. Y sería pretencioso considerarse, de acuerdo a la figura moderna de intelectual, la auctoritas detentadora de la capacidad de desplegar, en solitario, este trabajo que necesariamente ha de ser colectivo y que, por lo mismo, constituye una línea central de la política científica. Ahora bien, sí conviene afirmar, en este punto, la pertinencia de un enfoque ecológico e integral de la comunicación coherente, a tales efectos, con la naturaleza compleja de la sociedad en la que vivimos, crecientemente expuesta a la incertidumbre de la alteración permanente y, por lo mismo, urgida de una cultura de la frontera. Entre otras razones, porque «la facticidad del mundo natural y social es puesta constante- FRANCISCO SIERRA CABALLERO 92 mente en cuestión por nuestro conocimiento-acción, y se modifica profundamente también la relación con lo que heredamos del pasado. La tradición pasa a través de la mediación cultural de los medios de comunicación; es continuamente interpretada con criterios selectivos y filtrada por los individuos y los grupos» (Melucci, 2001: 34). Por ello, no podemos pensar la mediación social como un análisis sectorial, como un objeto de estudio cualquiera que termina por convertir la comunicación en un lugar para mirar y deconstruir todo sin, de verdad, ver ni comprender nada. Si no es posible pensar la realidad sin mediación, es justamente también porque la propia función social del conocimiento debe ser pensada como un ejercicio de traducción, como un ejercicio de radical antagonismo, en el sentido señalado por Bhabha. En otras palabras, es preciso la definición de nuevas bases epistémicas del oficio y función mediadora de la comunicación. Pues el momento que vivimos es claramente de transición y cambio de paradigma, inmersos como estamos en una crisis civilizatoria y sistémica. En coherencia, de acuerdo con esta idea, la lectura praxiológica de la Comunicología como ciencia aplicada de lo común, como Ecología de la Comunicación, de acuerdo a la noción antes expuesta de Comunicación para el Buen Vivir, pasa por definir un pensamiento antiestratégico, apuntando líneas y ejes de acción desde una concepción abierta del campo que estimamos pertinente y necesaria para una política y lenguaje de los vínculos que vivifique la teoría crítica de la comunicación. Hace poco menos de una década, el Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (Fundación IEPALA) presentó con nuestro grupo, COMPOLITICAS, ante la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional (AACID), el proyecto de investigación y educación social «Metodologías participativas para el Desarrollo: aportaciones de Sur a Sur». El objetivo: repensar las Metodologías Participativas desde distintos enfoques: género, medioambiente, derechos humanos y diversidad cultural. Más allá del significado político e intelectual de la propuesta, al tratarse de una iniciativa articulada en el Sur de Europa (Andalucía/Sevilla) a partir de la experiencia de las intervenciones y tradición de nuestro grupo de investigación, y del saber social acumulado en Latinoamérica, lo interesante más bien es, en el caso que nos ocupa, el sentido que apunta este proyecto que trata de explorar nuevas estrategias cognitivas de conocimiento para el cambio social. A nuestro modo de ver, la cuestión metodológica, hoy por hoy, tiende a convertirse en un problema epistémico central, pues, por ejemplo, por poner el caso reseñado de la Comunicación y Desarrollo, el capital intelectual y lógica de intervención propia del pensamiento crítico, basado en la participación como principio o lógica de la mediación social, es hoy norma y pauta común en los procesos de subsunción y colonización del Capital. Pero existen, en cambio, formas socioanalíticas que aún nuestro campo científico apenas ha explorado. Experiencias como la del nuevo obrerismo y la pedagogía social en Italia y/o la propuesta de CONRICERCA de Romano Alquati, un modelo de exploración e investigación participativa, basado en la estrecha relación entre investigadores y obreros, debería servir hoy como experiencia o referente para explorar EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 93 las prácticas creativas de las multitudes inteligentes en la red Internet. En esta línea experimental y de apuesta creativa y/o exploratoria de nuestra investigación con nuevas herramientas y métodos de observación de la realidad, el análisis de redes, los enfoques sistémicos críticos, la propia IAP y la sociocibernética, además de las múltiples formas de intervención comunitaria, han de comenzar a ser sistematizadas en la investigación, frente a la habitual negación histórica de la academia, que ignora mayoritariamente este tipo de prácticas científicas, paradójicamente en un tiempo de exigencia productiva y aplicada del conocimiento. La procura y realización de esta demanda, tendencialmente dominante en el nuevo sistema tecnocientífico, situarían al campo comunicológico regional en una posición relevante. Tenemos, recordémoslo, experiencia en este empeño. Falta, no obstante, voluntad y compromiso intelectual para el cambio de paradigma que exigiría una epistemología propia del lenguaje de los vínculos y las redes de valor, actualizando la intuición teórica del bueno de Bolívar Echeverría con respecto a una suerte de salida diferente de otra modernidad posible desde el ethos barroco. Un ejercicio, sin duda, de palimpsesto y con-figuración de la escritura dominante. Apasionante reto, sin duda. 3. ANáLISIS DE REDES Y NUEvA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA Hace una década buena parte del debate teórico y académico sobre el papel de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) partía de una misma matriz interpretativa dicotómica, en el fondo similar en sus términos a los célebres debates entre apocalípticos e integrados en torno a la cultura de masas; una discusión que se ha venido planteando en torno a los efectos de las NTIC, sin considerar en profundidad ni aspectos relativos a la agencia y a las posibilidades reales de emancipación que ofrece el desarrollo tecnológico, ni los factores que determinan estas posibilidades. Sin embargo, desde entonces numerosos acontecimientos obligan a repensar categorías y modelos de análisis. La emergencia de nuevos procesos de participación local y global, desde los eventos de la Primavera Árabe al movimiento 15M y su impacto político, han redefinido en buena medida el contexto social objeto de deliberación científica, apuntando la emergencia de un nuevo orden y realidad compleja a explorar desde nuevas matrices epistémicas (Hardt y Negri, 2011). Hoy sabemos, por ejemplo, que la reivindicación por parte del ciberactivismo de la libre utilización de los bienes comunes digitales se concibe necesariamente no solo en términos de inclusión y socialización digital, sino sobre todo mediante un proceso de apropiación de recursos difusos como Internet que, necesariamente, se articula en torno a las contradictorias y conflictivas sobredeterminaciones de los procesos de subsunción de la sociedad entera por la lógica del capital. Frente a ellas, la acción activista responde a un principio claramente emancipador, que se centra en la utilización de recursos digitales de cara a facilitar la emergencia de subjetividades políticas, más allá de los espacios saturados por el nuevo Capitalismo Cognitivo. FRANCISCO SIERRA CABALLERO 100 grupo humano determinado, en una circunstancia histórica determinada hace de su singularidad concreta; es el momento dialéctico del cultivo de su identidad. Es por ello coextensiva a la vida humana, una dimensión de la misma; una dimensión que sólo se hace especialmente visible como tal cuando, en esa reproducción, se destaca la relación conflictiva (de sujeción y resistencia) que mantiene –como uso que es de una versión particular o subcodificada del código general del comportamiento humano– precisamente con esa subcodificación que la identifica» (Echeverría, 2011: 166) y que atraviesa, diríamos también, toda práctica de representación, incluida la actividad científica. Pues, de acuerdo a una perspectiva marxista, «la negación como el modo de existencia de la vida social y política, no es posterior a la positividad del orden, de lo dado, sino consustancial, congénita, inherente. Es decir, es la expresión del desgarramiento de la base terrenal consigo misma» (Moraña, 2014: 125).En este punto, podemos hablar de «una doble articulación del lenguaje de los objetos, según Echeverría, definida por una articulación material insuperable, y una creación libre de formas, y, en ese nivel, una suerte de relación inversamente proporcional entre la materialidad del objeto y su carga semiótica : en uno de los extremos, la palabra, vaporosa, casi inmaterial y dotada de una poderosa capacidad de semiosis; en el otro, la maquinaria industrial, maciza, densa, hierática y casi inexpresiva» (Moraña, 2014: 147). Por ello, como Baudrillard, Echeverría afronta una lectura de la economía política del signo como crítica lingüística, semiótica, del encubrimiento y la mediación entre fábrica y conjunto social, entre proceso de producción y consumo cultural. De la apariencia o la forma de la mediación a la práctica teórica de la producción del orden simbólico e imaginario como recodificación, esta interpretación admite un desarrollo inexplorado de los síntomas, de Marx a Lacan, y la fenomenología de la génesis estructural que explica el porqué de la forma material concreta en el sustrato de todo habitus de la vida cotidiana. De acuerdo con el profesor Arizmendi, la riqueza de ese caleidoscopio y multiplicidad originaria constata la estatura del mirador Bolívar Echevarría para las ciencias sociales desde un horizonte posmoderno, posnacional y poscolonial, en la crítica del capitalismo y la modernidad. Una lectura de la cultura que rebasa las tesis althusserianas de la ideología en la medida que su trabajo nos propone una concepción abierta del marxismo que piensa el ethos y la cultura como modo de ser y carácter, como hábito, morada o refugio, en la indisoluble unidad históricomaterial del sujeto-mundo y sus formas de construir las ecologías de vida desde el campo lábil y conflictivo de las mediaciones. Esta apuesta por lo procomún implica dos grandes retos para la práctica científica: por un lado, la apuntada ya crítica descolonizadora de nuestra herencia enciclopedista e ilustrada. Pero también, al tiempo, en segundo término, debe trascender la idea individualista dominante, más allá del Creative Commons, de nuestra producción académica, por medio de la impugnación de los principios dominantes de propiedad intelectual y de la figura moderna de autor, claramente decimonónica, a fin de incidir en el desarrollo de redes de producción colectiva y prácticas mancomunadas de EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 101 socialización del saber que rompan, en la era Wikipedia, con la figura autocentrada del intelectual heredada del siglo de las luces. Ambos temas, a nuestro entender, son centrales para la Economía Política de la Comunicación y del Conocimiento, pero falta, para este propósito, investigación teórica y empírica a nivel regional, falta mayor institucionalidad, en el sentido de Raúl Fuentes, de construcción del campo comunicológico, desde el punto de vista de su articulación interna, por la desestructuración que por décadas de historia y colonización se ha venido dando en nuestro ámbito de estudios. Ello implica un esfuerzo de metainvestigación, en términos de Sociología del Conocimiento. Más aún cuando observamos la creciente determinación de la producción social de saber. Los efectos empírico-teóricos frente a las derivas de los nuevos contextos socio-técnicos propiciados por la reestructuración del modelo de acumulación capitalista y las lógicas de apropiación privada del saber que afectan hoy a la práctica académica −constituyen hoy un problema epistemológico central que debe ser considerada desde una lectura materialista del quehacer intelectual. Pues están presentes en la vida del cognitariado, definen y gobiernan su organización y modus operandi, con el que han de compatibilizar viejos principios y modos de concepción de las Ciencias Sociales y las Humanidades clásicas ante exigencias productivas e instrumentales inmediatas, que son impuestas por las agencias y nuevos actores del sistema de ciencia y tecnología universalmente, y de forma muy particular en el caso de España. Frente a esta lógica, la crítica al Capitalismo Cognitivo y la defensa de una Comunicología Abierta pasa por abordar la cuestión central de esta discusión: reconocer o no la naturaleza comunal del conocimiento. Partimos de la hipótesis contrastada que demuestra que toda actividad investigadora presupone una práctica teórica mediada por la sobredeterminación de la actividad creativa. Un modo de producción es una relación social compleja que está en la base y viene condicionada por la lógica de mediación social de las formas de pensamiento y enseñanza. En nuestro caso, de la Comunicología. No hay posibilidad de conocimiento sin trabajo. Toda mediación cognitiva es o presupone un proceso de producción. Eludir esto es negar la dimensión constitutiva esencial de toda obra o pensamiento, cuando no idealizar la llamada sociedad cognitiva, en una suerte de impostura. Apuntábamos en la introducción que, en su segunda acepción, la Real Academia Española de la Lengua define impostura como fingimiento o engaño con apariencia de verdad. Esta lógica no es exclusiva del universo mercantil que se cultiva en los medios. Afecta sobremanera a la propia actividad académica en un tiempo, como alerta Noam Chomsky, en el que las universidades han sufrido el asalto neoliberal del reino figurado de la mercancía con todos los fetiches habidos y por haber. Y ello en buena medida porque la cultura digital es una cultura del postureo. La crítica de la Comunicología en nuestro tiempo viene marcada por el simulacro y la deriva de indicios y formas inconsistentes de reflexividad social general. De ahí que, como en las redes, prevalezca el reino de la apariencia La expectativa vital del reino de la vanidad mal entendida es la base de una práctica teórica sujeta, subordinada y objeto FRANCISCO SIERRA CABALLERO 102 de colonización del Capital. «El entusiasmo sostiene el aparato productivo, el plazo de entrega y tantas noches sin dormir, los procesos de evaluación permanente, una vida competitiva, el agotamiento travestido, convirtiéndose en motor para la cultura y la precariedad de muchos que buscan vivir de la investigación y la creatividad en trabajos culturales o académicos» (Zafra, 2017: 16). El investigador influencer, el académico TED manager se conforma así hoy como una mercancía visible objeto de captura en virtud de su visibilidad. El valor de su trabajo es más estético que reflexivo, más mediático que político y más mercadotécnico que filosófico. Por ello es preciso resistir a la deriva del Capital que amenaza la propia existencia de la investigación social a fin de comprender y transformar nuestro mundo normalizado por el Capitalismo Cognitivo. La revolución telemática que determina hoy el modo de hacer y pensar nuestro oficio es, de acuerdo con Michel Serres, la alteración de posición y postura de los prosumidores. Y por ende de los propios estudiosos de los fenómenos de la información y la comunicación. Por ello, en la era Trump de los fake news, la crítica de la crítica resulta a todas luces más que oportuna cuando se nos plantea, en la Academia, la legitimación de un discurso que, por principio, participa de la espiral del disimulo inmersa como está en la cultura de la posverdad. Nada nuevo bajo el sol. Hace casi un siglo, Orwell vindicaba la verdad como un acto revolucionario. Y hoy parece necesario recordar sus palabras para entender las derivas de un campo sujeto a tensiones y celeridades propias de una competición sin sentido. Así, en nuestro tiempo, el rumor, la incertidumbre e inexactitud han impuesto como norma el pensamiento débil, consustanciales al modelo de acumulación flexible del turbocapitalismo en el que el entretenimiento es seguir la apariencia de los hechos en función de una estructural disonancia cognitiva. El resultado de esta lógica es el odio a la crítica fundada, el rechazo del conocimiento consistente e incluso, más allá, el desapego y desafección hacia las instituciones académicas en virtud de un populismo mal entendido que, desde la tradición sociocrítica, resulta del todo inaceptable como posición irracionalista. En el trasfondo de esta evolución, existe una clara voluntad de tomar como definitivo el asalto a la razón y, como resultado, garantizar la renuncia de la conciencia a todo proyecto emancipatorio. Por ello, un síntoma revelador de las lógicas imposturas de nuestro tiempo es la renuncia a la perspectiva histórica. Los tiempos excedentarios del Capitalismo Cognitivo son propios de un presente perpetuo, una práctica teórica del aquí y ahora, o peor aún del afuera y del no lugar, pues el empirismo abstracto impone la racionalidad positivista donde el lugar, lo concreto, queda anulado como anclaje de la práctica teórica. En nuestro tiempo, afirmábamos en la apertura del libro, se ha remplazado así la interpretación de la comunicación por la glosa y el comentario, renunciando, por principio, a la voluntad de transformación del mundo que habitamos. El comunicólogo hoy confunde lo evidente con lo sustancial, la epidermis social con la esencia de los fenómenos que estudia, y lo urgente con lo necesario en menoscabo de las preguntas intempestivas, la propia formulación teórica y la voluntad de interpelación, sometido EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 103 como está por la urgencia de un estéril productivismo y un entorno colonizado por la tecnología y las políticas científico-técnicas neopositivistas conforme a la norma de una práctica teórica marcada por la inusitada fascinación propia de las fantasías electrónicas criticadas por Vincent Mosco hace más de tres décadas. Y es que la hipervisibilización mediada de las pantallas marca el dominio de la imagen especular del Capital. Las formas culturales disruptivas de la economía digital dan cuenta así de una nueva lógica de la mediación social y del valor que afecta sobremanera al trabajo intelectual. Primero por la temporalidad y financiarización intensiva de la economía. El salto cualitativo que experimenta el capitalismo, de acuerdo con Deleuze, ya no es solamente material sino también formal y cultural, y tiene en la imagen un campo de problematización, siguiendo con las aportaciones de Marx en torno al fetichismo de la mercancía, en cuanto que esta relación es una relación reflexiva indirecta. En este nuevo marco, la influencia del pensamiento administrativo ha llegado a tal grado que la mayoría de investigadores ignora el proceso de determinación que condiciona su práctica académica, tanto en la selección de las agendas y objetos de estudio como en el diseño metodológico y los marcos conceptuales de comprensión del fenómeno de la comunicación como problema. La econometría reedita así hoy, en la evaluación de la productividad académica, la historia como farsa de los nuevos mandarines en nuestro tiempo. Los rankings de universidades, revistas, departamentos y centros de investigación, la cultura de libre competencia y productividad del sistema científico-técnico rompen con el principio de cooperación que debiera regir, necesariamente, en la comunidad académica para el avance y progreso general del conocimiento. En otras palabras, conforme avanza esta lógica parametral del Capitalismo Cognitivo, se impone una cultura privativa, de alienación del conocimiento de su origen público y común, como característica primordial de la actividad investigadora. La nueva economía política de los bienes comunes en la era de la información plantea como consecuencia el problema de las reglas prácticas que permiten reproducir los recursos compartidos y, desde luego, las formas institucionales de organización del conocimiento puestas en crisis con la revolución digital. Todo un reto que viene apuntándose en los estudios económicos desde la perspectiva neoclásica y que, curiosamente, salvo gloriosas excepciones, no se impugnan y se aceptan acríticamente como un proceso natural en el campo de la investigación académica. Esta constatación tiene sin embargo raíces históricas. A partir de Machlup, por ejemplo, la economía neoclásica reconoce en la información, los recursos cognitivos y educomunicacionales, factores estratégicos de competitividad y de crecimiento. «El conocimiento científico forma parte de la producción económica hasta tal punto que el paradigma económico dominante se ha desplazado de la producción de bienes materiales a la producción de la misma vida. Cuando el conocimiento se identifica de ese modo con la producción, no debe sorprendernos que los poderes económicos quieran poner su marca a los conocimientos y someter la producción del conocimiento a la ley del beneficio privado» (Negri/ FRANCISCO SIERRA CABALLERO 104 Hardt, 2004: 326). Ello exige problematizar el General Intellect. La teoría de redes de valor ilustra, por poner un caso, que cuanto más se socializa el conocimiento más valor adquiere este. Ahora, «no es la naturaleza del conocimiento lo que hace que sea productivo, sino las reglas jurídicas y las normas sociales que garantizan o no su extensión y su fecundidad» (Laval/Dardot, 2015: 185). La organización implica, en el caso de la disputa por el código, una irreductible contradicción o tensión dialéctica entre lo material y lo inmaterial, en el fondo, como argumentara Castoriadis, básicamente política como vimos con Echeverría. En resumen, sabemos, es claramente perceptible, que hoy asistimos a un cambio del modelo de explotación capitalista orientado por la lógica privativa que amenaza con arruinar el saber, la Academia, y la propia capacidad de reproducción de nuestra sociedad, en la era de la lucha por el código. Pues ninguna sociedad puede reproducirse si no comparte un mínimo repertorio de conocimiento en común. El cuerpo social exige conocimiento, científico o no, distribuido. El grado de socialización condiciona la dinámica histórica. Por ello, las tesis críticas aquí expuestas no solo son una lección para revisar el estado del arte de la Comunicologia. Los análisis de contenido y la crítica de la mediación social de la ciencia antes que nada resultan ser de obligada reflexión al situar el reto de la relación Ciencia/Sociedad desde nuevas matrices y fundamentos para la crítica consciente y transformadora. La historia y sociología de la ciencia ilustra las complejas y profundas relaciones intrincadas entre práctica académica y procesos productivos, culturales y geopolíticos que son innegables y que deben ser problematizadas especialmente en la llamada Sociedad del Conocimiento. De acuerdo con Boltanski, «la distinción entre el mundo y una realidad construida mediante estructuras dadas que permitan estabilizarlo representa un elemento crítico esencial en el régimen de dominación característico de las democracias capitalistas. Este régimen se fundamenta en la ciencia y la técnica. Lo que caracteriza al mundo es ser lo que es y no poder ser de otro modo. Pero es en esta única diferencia esencial la que, precisamente, distingue al mundo de la realidad; un mundo que no conocemos y que no podemos pretender conocer desde un enfoque totalizador. Ahora bien, en la metafísica política que subyace a esta forma de dominación, el mundo es precisamente lo que podemos conocer ahora, a través del poder de la ciencia, es decir, de manera indisociable de las ciencias naturales y las ciencias sociales o humanas» (Jensen, 2015). Es habitual en nuestro tiempo justificar esta dicotomía para instaurar una suerte de investigación administrativa al servicio del mercado. En este sentido, el neopositivismo hegemónico hoy imperante campa por sus fueros con la paulatina extensión de la lógica de la propiedad privada y la mercantilización de la ciencia de forma acrítica, al aislar el quehacer intelectual del contexto de referencia. Más aún cuando, como hemos dicho, citando a Chomsky, hoy la universidad ha sufrido el asalto del neoliberalismo. Así, la imposición del copyright en las políticas de ciencia y tecnología es un hecho, mientras se extienden las diversas formas de restricción de los accesos al conocimiento de dominio público. Ello se ha traducido en una «commodification» bajo hegemonía de grandes corporaciones en EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 105 el proceso de producción y reproducción del saber. Esta lógica se inicia en Estados Unidos, con especial intensidad a partir de los años ochenta, durante la administración Reagan, si bien ya una década antes, la del derrocamiento de la Unidad Popular, en los años setenta, se observa «la extensión de la aplicación de las patentes a dominios nuevos, en particular el de las artes, las letras y en general la creación, pero también en el de la vida. Procedimientos comerciales, programas informáticos, sustancias contenidas en las plantas, pueden ser ahora objeto de patentes mediante una asimilación del descubrimiento científico a la invención comercializable. Igualmente, los derechos de los propietarios de patentes han sido reforzados, tanto a nivel nacional como internacional, y su duración se ha extendido» (Laval/Dardot, 2015: 131-132). En este marco, la Comunicología, como el conjunto de las Ciencias Sociales y Humanas, de la investigación en general, precisa definir una agenda común sobre tales cuestiones, reconociendo la centralidad de la subsunción del trabajo intelectual. Si los procesos de acumulación por desposesión es una característica del modo contemporáneo de explotación capitalista, discutir los sistemas de propiedad intelectual y sus efectos en el conjunto de las industrias culturales y sistemas de información y conocimiento, se torna, desde este punto de vista, una prioridad estratégica que, para el caso, apunta la necesidad de repensar las formas de determinación del trabajo creativo, la jerarquización de los discursos científicos y las autorías con las que hoy se encubren desigualdades de la división internacional del trabajo intelectual entre el norte y el sur globales, o problemas concretos como la centralización y el oligopolio de las plataformas de divulgación científica basadas en criterios típicos de un diagrama en el que se valora un tipo de rentabilidad ajena a la producción de nuevo conocimiento, o incluso la estigmatización de determinados campos de saber dentro de las disciplinas por su baja rentabilidad económica. La politización de la decolonialidad proyecta en esta línea un programa de trabajo a discutir partiendo del principio de apertura de espacios de cooperación y apropiación del conocimiento en función de los cambios en la producción académica determinada por la relevancia de lo virtual sobre lo presencial y de la centralidad de la mediación social de la ciencia. En esta línea, discutir los sistemas de propiedad intelectual, y sus lógicas estructurales en su afectación a las prácticas concretas de investigación, se torna una cuestión neurálgica por la paulatina radicalización del sistema de apropiación del conocimiento que, con otros tipos de mecanismos regulatorios, se imponen con fuerza a través de diferentes escenarios, desde las negociaciones político-económicas supranacionales hasta las agendas políticas que prefiguran la promoción de modos de vida precarios y flexibles entre los profesionales de la educación y la investigación social. En estos contradictorios procesos radica la lucha en común que hemos venido proponiendo desde ULEPICC (www.ulepicc. org) en contra de los monopolios artificiales sobre bienes materiales e inmateriales, en pro de un biosocialismo de los bienes de información y conocimiento de código compartido, y que aquí solo esbozamos sintéticamente como un problema neurálgico de la Epistemología de la Comunicación. FRANCISCO SIERRA CABALLERO 106 6. CONCLUSIONES La subsunción de la práctica académica por el Capital se traduce hoy en la acomplejada lógica neopositivista de lo cuantificable mercantilizado para la libre y rápida circulación frente a toda veleidad experimental o creativa. «Una lógica exponencial y performativa que se alimenta de índices de impacto y que se aferra por crear valor y cultura académica con ellos. No importa si en el tránsito debe despojar a las obras creativas de los grados de dificultad y sombra que todo conocimiento libre precisa para interactuar, para hacerlo en una cultura del saber radicalmente distinta después de internet» (Zafra, 2017: 77). El desplazamiento del eje de acumulación del Capitalismo Global, desde el Capitalismo Industrial Fordista al Capitalismo Postfordista en el que, a más de la explotación de la fuerza del trabajo física e intelectual, se produce la subsunción total de la vida, transformando la actividad relacional y las actividades sociales digitales en relaciones económicas y productivas, sitúan el reto de repensar el trabajo inmaterial, las industrias y los bienes culturales de producción y reproducción simbólica, como un reto para la Comunicología, concebida como Ciencia Aplicada de lo Común, como Conocimiento Abierto, más allá del fetichismo tecnológico y las fantasías electrónicas habituales en nuestro campo. El desarrollo exponencial de los sistemas de información y conocimiento plantea de hecho, se ignore o no, nuevas problemáticas en materia de Economía Social del Conocimiento que debe ser objeto de consideración por la propia comunidad académica, no solo, como hemos tratado de razonar, por las implicaciones geopolíticas que tiene para el desarrollo, sino por el propio sentido social de la práctica investigadora en el marco del nuevo espíritu del capitalismo. Son de hecho ya conocidas las consecuencias del proceso de captura y acomodamiento de la investigación en países como España, comenzando por el reinado del pensamiento débil y la vulnerabilidad del investigador derivada de la lógica del dumping, la publicidad engañosa, los desequilibrios y la concentración de poder en el campo del conocimiento, que hoy dibuja un escenario no habitable para la concepción de servicio público de la investigación en el ámbito académico; y continuando con la colonización del modelo de organización de las universidades y la comunidad académica en tiempos de ausencia de conciencia histórica por exigencias del libre comercio, que amenaza la propia posibilidad del trabajo científico. En esta dinámica, «la apariencia es el mensaje, la internacionalización el incentivo, la indexación el motor (…) (y como resultado) la cultura académica cedida al mercado impone un sistema de expertos escenificado, sostenido por la precariedad, marcado por la burocratización y mercantilismo extremo, con primacía de criterios derivados de las ciencias mejor posicionados como modelo de encaje de nuevas formas de pensar y conocer» (Zafra, 2017: 80). El resultado, una nueva figura de investigador que Remedios Zafra califica como el hombre fotocopiado. En este marco, una función crucial de los intelectuales es la autorreflexión sociocrítica sobre su propia función discursiva y sobre las políticas culturales que delimitan el margen de lo decible o pensable. En otras palabras, la teoría debe contribuir a la producción del aconteci- EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 107 miento abriendo esferas públicas políticamente activas que vislumbren alternativas a las contradicciones que atraviesan el orden social en nuestro tiempo. Pero para el hombre fotocopiado todo hacer es un replicar sobre lo mismo, anclado como está en el pensamiento sedentario y la razón instrumental. Cabe en este sentido abundar en la idea de que la era digital es un tiempo marcado por el gobierno de las redes de telecomunicaciones, un ámbito desregulado, altamente concentrado y con poca o nula vocación de servicio público. La paradoja de esta situación cuando se define la cultura digital como un espacio distribuido, horizontal y en red, es que, además de reeditar lo ya expuesto con el Informe McBride en la mayoría de países del mundo, vivimos un tiempo de videovigilancia global que amenaza las libertades y la propia posibilidad de la democracia, también cuando de libertad de cátedra y de autonomía de la investigación se refiere. Las revelaciones de Wikileaks, las denuncias de Snowden, demuestran que el tiempo de las redes autónomas de información más bien es un tiempo de distopía y de dominio securitario de los poderes omnívoros del Estado Global del Capital. Paradójicamente, la investigación en comunicación sigue centrado no obstante en los contenidos periodísticos cuando asistimos a la colonización del espacio virtual, de la nube, por GOOGLE, APLE, MICROSOFT y las redes que, como en el caso de Carlos SLIM, tienen propietarios, por más que nos empeñemos en insistir en la idea de neutralidad o en el mito de la desintermediación de la cultura digital. Al respecto convendría advertir que si MEDIAR ES ABRIR, debemos pasar de la concepción comunicológica centrada en el contenido, de la visión bancaria, de la episteme heredada por la lógica semiocentrista y logocéntrica, a la visión procesual, y hasta de estudio de las formas, del continente e interfaz, así como de los procesos y lógicas sociales que gobiernan Internet, más que exclusivamente en los contenidos, porque en la tecnología y en las redes de distribución también se produce cultura, industria, desarrollo y autonomía social, por más que sigamos empeñados en centrar el problema político e ideológico de los medios en los contenidos representacionales. En este punto, la crítica materialista de la economía política de la tecnología es necesaria y central, para comprender los procesos de concentración y poder que tienen lugar en el sector. A condición, claro está, que supere la histórica escasez de estudios, su baja influencia teórica y la ausencia de análisis comparados, que pongan color y maticen la realidad mutable, diversa y compleja que atraviesa con la revolución digital el proceso de modernización de nuestras industrias culturales, evolucionando del estudio de la estructura económica y la regulación del contenido a modelos complejos que integren la infraestructura y las prácticas culturales de consumo que tienen lugar con el nuevo régimen de producción de información y conocimiento. Desde nuestro punto de vista, si queremos garantizar la democratización y participación social productiva de los actores sociales con las nuevas máquinas de información, es preciso alterar el locus, o enclave de observación, mapeando las redes y las relaciones particulares de articulación implícitas en las nuevas formas emergentes de dignidad y resistencia como agenda de investigación comunicacional para una intervención social comunitaria liberadora, FRANCISCO SIERRA CABALLERO 108 reavivando, en fin, la tradición del pensamiento crítico, como también la voluntad de compromiso histórico de los intelectuales y profesionales de la educación en esta dirección. Somos conscientes de que lograr la conectividad social, articular tejido y masa crítica para el cambio, trenzando redes cívicas de autonomía y auto-organización popular que puedan realizar la democracia directa y efectiva sin intermediarios, con la transformación, lógicamente, de la cultura política, exige necesariamente proyectar nuevas políticas culturales que cultiven el germen de una nueva ética solidaria, guiada por la lógica del don y la vinculación cooperativa, características de una ciudadanía responsable y socialmente activa. Y ello presupone la recuperación del momento privilegiado de la articulación política, capaz de recuperar la palabra y la centralidad de la mediación en el espacio social a partir de los problemas de la vida cotidiana que están en la base de las nuevas formas de enunciación y que debieran estar en la base de toda producción de conocimiento. Al respecto cabe recordar que la ciencia cercada ataca el principio comunitario consustancial a la naturaleza del trabajo intelectual, en la medida que rompe la necesaria lógica de reciprocidad consustancial a la idea moderna de comunidad académica. Lo común, del latín munus, exige prestaciones y contraprestaciones, deuda y don, deber y reconocimiento en una cooperación productiva de intercambio que, cuando se bloquea –por ejemplo, imponiendo la lógica de la repetición frente a la creatividad, o directamente limitando el debate y deliberación entre pares– impide el progreso general del conocimiento. En otras palabras, no puede haber puesta en común si los accesos son restringidos, ni representatividad pública de la ciencia si esta queda cercada por oligopolios comerciales. Esto es, el imperio de la mercantilización de la ciencia anula toda coobligación que da consistencia a la comunidad científica y a la cultura académica de inter pares. En el paso de la cooperación a la competencia, tal dinámica está, como consecuencia, incidiendo en problemas agravados sobre la renta tecnológica y la mutación institucional de la Universidad, sometida a normas reglamentarias que se derivan de acuerdos de libre comercio con los que se restringe las libertades de la actividad creativa de los profesionales de la enseñanza y la investigación. Frente a esta lógica, hoy dominante en la ciencia, reivindicar el Conocimiento Abierto no es otra cosa que reconocer la existencia de un campo de disputa y lucha epistemológica a partir de las preguntas intempestivas que toda teoría crítica ha de afrontar en esta línea. A saber: Conocer QUÉ, para QUIÉN, desde DÓNDE. De acuerdo a esta filosofía, la vindicación de la Comunicología Abierta no es en otro sentido sino la apuesta por una transición del trabajo muerto y los paraísos fiscales al trabajo vivo, a la educación como espacio de construcción, en el paso de lo individual a lo social-colectivo y de lo privado a lo público comunitario. Un ejercicio de reflexividad crítica que hoy más que nunca es necesario desplegar deconstruyendo la impostura de una cultura de la cita que entre el culturalismo y el cultismo termina por resultar hípster, en su clasismo y en su ausencia de clasicismo. De hecho, la clasificación de acceso y evaluación en la carrera académica, como el nuevo régimen de visibilidad, viene marcado por un estricto proceso de estratificación y jerarquización EPISTEMOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y CAPITALISMO COGNITIvO 109 social entre sujetos, territorios y culturas geopolíticamente sobredeterminadas. Hay una correlación, constatable, entre lógica de la razón instrumental, cultura replicante y subsunción intelectual que hemos tratado de analizar en este capítulo. La cultura y el modo de producción del Capitalismo Cognitivo, tal y como explica Jameson, se han fusionado produciendo la subsunción del trabajo intelectual bajo las exigencias neopragmáticas de circulación en una suerte de tiempo pseudocíclico del que la comunidad académica es poco consciente, pese a la afectación inmediata sobre su trabajo. Los organismos nacionales e internacionales de ciencia y tecnología imponen así el dogma fundamentalista del neopositivismo, la razón de la existencia constatada de un orden inmutable al cual están sometidos todos los acontecimientos, incluidas las agendas, métodos y preguntas aceptables por hacer en investigación social. En este escenario, el reto del pensamiento crítico pasa por reconocer tal lógica para, desde una posición antagonista, definir otras maneras y formas de interlocución distintas a la forma dominante de captura que impera hoy en la academia. Eludir este compromiso intelectual es negar la dimensión constitutiva esencial de toda obra o pensamiento, cuando no idealizar la llamada sociedad cognitiva. Por ello resulta necesario, primero y antes que nada, repensar las mediaciones que atraviesan y definen en la actual fase de desarrollo histórico el llamado Capitalismo Cognitivo, inclusive si hablamos de producción y difusión del conocimiento o en términos estrictamente académicos. Pues, ciertamente, el mundo ha cambiado y con él el sentido, condiciones materiales y dinámica de la escritura y producción en sí del saber social validable. Nuestra actividad intelectual vive una profunda mutación y exige en lógica coherencia ser objeto de consideración a profundidad para dar respuesta a los retos civilizatorios que vive la humanidad. Con este afán, la creación intelectual y la comunidad académica, en su actual deriva ante los nuevos cercamientos que median la actividad científica por los diferentes regímenes de propiedad en los cuales nos movemos, ha de ir poniendo en escena las discusiones clave, buscando deconstruir y descolonizar los escenarios en los que se debaten y se imponen estas agendas en la práctica concreta de investigación, dentro y fuera de nuestras universidades, a fin de promover una concepción otra de la Comunicología, en la lucha por el código, esto es, en la disputa por una práctica académica, en defensa de una economía social del conocimiento y de los bienes comunes frente a agendas, políticas científicas y dispositivos de difusión que cercan y limitan la creación intelectual por la exigencia de acumulación y valorización capitalista. En particular, si bien es cierto que la determinación y naturaleza contingente de toda producción de conocimiento social es hoy notoriamente superior a otras etapas históricas, por el paulatino proceso de industrialización que envuelve en nuestro tiempo la tarea de pensar en un sistema de ciencia y tecnología crecientemente colonizado por la lógica abstrusa de valorización, no menos cierto es que se perciben hoy graves problemas ordinarios que deben ser abordados en términos de Sociología del Conocimiento, específicamente desde la crítica de la ideología, en el sentido de tratar de problematizar las nuevas formas de práctica teórica en los contextos histórico-culturales contemporáneos desde el punto FRANCISCO SIERRA CABALLERO 116 Sierra, F. (2010c). «Ciudadanía, comunicación y gobernanza local. Consideraciones para una nueva política de lo común» en Sierra, F., García Galindo, J. A., Ramos, M. C. & Del Bianco, N. (Orgs.) 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