Cal Dir. La lucha por el relato en el Partido Comunista
Abstract
La revista Cal Dir fue voz del Partido Comunista del País Valenciano pero mucho más. Representó entre el 1 de marzo de 1977 y el 27 de septiembre de 1978 un experimento comunicativo sin precedentes en la prensa de partido, al estar capitaneada por una serie de jóvenes con una visión de la nueva democracia española alejada de los parámetros establecidos por el “aparato” del partido. Dicha pluralidad comunicativa y la excesiva representatividad de los eurorenovadores provocó continuos choques con la dirigencia central, sentenciando de muerte a la publicación cuando las estrecheces económicas se unieron a la pérdida de peso de los representantes valencianistas.
Full text
Revista internacional de Historia de la Comunicación ISSN: 2255-5129 © Universidad de Sevilla CAL DIR. LA LUCHA POR EL RELATO EN EL PARTIDO COMUNISTA Cal Dir. The war for the story in the Communist Party Recibido: 02-03-2022 Aceptado: 10-04-2022 Carles Xavier Senso Vila Universidad de Castilla la Mancha, España [email protected] 0000-0003-0529-5787 RESUMEN La revista Cal Dir fue voz del Partido Comunista del País Valenciano pero mucho más. Representó entre el 1 de marzo de 1977 y el 27 de septiembre de 1978 un experimento comunicativo sin precedentes en la prensa de partido, al estar capitaneada por una serie de jóvenes con una visión de la nueva democracia española alejada de los parámetros establecidos por el “aparato” del partido. Dicha pluralidad comunicativa y la excesiva representatividad de los eurorenovadores provocó continuos choques con la dirigencia central, sentenciando de muerte a la publicación cuando las estrecheces económicas se unieron a la pérdida de peso de los representantes valencianistas. PALABRAS CLAV Transición, País Valenciano, Partido Comunista, democracia, medios de comunicación. ABSTRACT Cal Dir magazine was the voice of the Communist Party of the Valencian Country but much more. It represented between March 1, 1977 and September 27, 1978 an unprecedented communication experiment in the party press, being led by a series of young people with a vision of the new Spanish democracy far removed from the parameters established by the party “apparatus”. Said communicative plurality and the excessive representativeness of the Eurorenovators provoked continuous clashes with the central leadership, sentencing the publication to death when the economic hardships joined the loss of weight of the Valencian representatives. KEYWORD Transition, Valencian Country, Communism, democracy, media. Como citar este artículo: SENSO VILA, C. X. (2022): “Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación, (18), pp. 206-227. https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 207 Una revista de partido (y algo más) Cal Dir, revista del órgano del Partido Comunista del País Valenciano entre el 1 de marzo de 1977 y el 27 de septiembre de 1978. Tanta información en tan pocas palabras. Sector comunicacional, partido político, ideología comunista, territorio geográfico... todo en un espacio temporal comprimido de transformaciones a velocidad de vértigo y redefinición de todos los parámetros vitales en una sociedad sometida a retos democráticos históricos. El estudio de Cal Dir supone una mirada a un mundo en transformación, en un espacio en continuo cambio en el que la aceleración histórica permitió la aparición de una nueva realidad a la que tuvo que adaptarse (prácticamente de aprender) una sociedad española y valenciana caracterizada por su heterogeneidad, donde confluían generaciones la distancia de las cuales era abismal, dada su diversidad educativa y socio-profesional. Cal Dir supone una mirada a un posicionamiento ideológico (el comunista) en transformación, camino de parámetros mucho más moderados y pragmáticos después de décadas de lucha antifranquista desde el exilio y también en el interior del régimen, asumiendo postulados consensuados que buscaban la introducción de la formación de Carrillo en el nuevo juego electoral democrático, incluso con el abandono de los planteamientos leninistas que durante años caracterizaron al PC y le marcaron un camino disciplinado bajo la sombra de las directrices soviéticas. Cal Dir responde, además, a preguntas lanzadas sobre un territorio valenciano que buscaba entonces su acondicionamiento autonómico, con la lucha por el Estatuto y el conflicto identitario contra los aparatos del Estado y la denominada Batalla de Valencia y en la cual las formaciones de izquierda se situaron siempre próximas a las fórmulas científicas en cuanto al idioma (con la confluencia con los restantes territorios de habla catalana) o la historia, siguiendo los planteamientos surgidos de los estudios del mundo universitario. Se trata este de un estudio original por el mero hecho de no existir una investigación anterior que reflejase la trayectoria de la publicación comunista, en un momento en el que Cal Dir coincide, como ya se puso de relevancia en “De la il·lusió al desencís. La Transició valenciana a través de Valencia Semanal”, con otras publicaciones valencianas que se situaron como altavoces de las fuerzas políticas y corrientes ideológicas democráticas, caso de la citada, Valencia Semanal, o de otras como Dos y Dos o Trellat, confrontando además con diarios de extensas tiradas que personalizaron la voz conservadora en medio de la Batalla de Valencia, el conflicto político que enfrentó a las dos corrientes ideológicas (izquierda y derecha) con los símbolos identitarios como marco de fondo. Para el análisis ha tenido lugar un trabajo de documentación basado en la hemeroteca y en las fuentes orales, con entrevistas con los protagonistas, que nunca antes se había expresado con dicha profundidad sobre la publicación analizada. La investigación presente pretende servir para analizar discursivamente Cal Dir, que tuvo que hacer frente no solo a la inicial ilegalidad del Partido Comunista sino también a los impedimentos de las leyes de prensa e imprenta vigentes, que se tradujeron en ejercicios de censura previa y posterior. Es por ello que se la puede situar sin ambages como una de esas
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 208 publicaciones que verdaderamente formaron parte del Parlamento de Papel, medios que se situaron abiertamente a favor de la oposición antifranquista y de los posicionamientos rupturistas ya en la Transición. Alejadas de las empresas editoras de diarios y de las estructuras (también financieras) de los grandes partidos, fueron aquellas que más gravemente pagaron la represión mediática, como así han destacado estudios como los de Reunadet (2003), Fortes y Menéndez (2004), Martínez Gallego (2006), Seoane y Sáiz (2006), Muñoz Soro (2007), Reig Cruañes (2014), Senso Vila (2017) o Guillamet (2020). Proyectos de investigación como el del Grup de Recerca en Periodisme de la Universitat Pompeu Fabra han permitido que numerosos especialistas ratifiquen dichas aseveraciones, reflejándolo en estudios como “Revistas para la democracia. El papel de la prensa no diaria durante la Transición”, editado por Publicacions de la Universitat de València. Fue Cal Dir una prensa de oposición al representar la voz de los comunistas valencianos, pero mucho más, erigiéndose como ariete de las corrientes euroreformadoras y valencianistas en un territorio en el que dicho planteamiento suponía posicionarse en la llamada Batalla de Valencia, un conflicto identitario artificial promovido por las fuerzas conservadoras españolas para revertir la hegemonía electoral de la izquierda valenciana. Evidentemente, el comportamiento político de la revista comunista es absolutamente distante de otros que adquirieron posicionamientos que, aunque mayoritariamente abogaron por fuerzas plenamente democráticas, no siempre contaron con las dificultades de cuasi clandestinidad de Cal Dir. Evidentemente, la prensa de partido tampoco tuvo excesivo recorrido cuando las dinámicas del mercado libre se impusieron en un momento de gran expansión y competencia en los quioscos, con revistas como Arreu o La Calle, surgidas de una escisión de Triunfo y que provocaron el debilitamiento de todas las propuestas. Sin embargo, dichas publicaciones sirvieron, como ya se refleja en el estudio sobre Valencia Semanal, como escuela de periodistas que después se expandieron por medios de comunicación que se consolidaron en todas las áreas del panorama valenciano en las décadas siguientes. Fue periodismo más que militancia o, mejor dicho, periodismo con la excusa de la militancia. El análisis de la publicación del PCPV aporta también información sobre la situación de los medios de comunicación escritos en el segundo lustro de las décadas de los setenta, en que confluyen varias crisis en el sector, además de observarse una profesionalización continuada como consecuencia de nuevas posibilidades tecnológicas y de la aparición de una nueva generación de periodistas y escritores que serán claves en la configuración del pensamiento contemporáneo de la nueva democracia. Permite, finalmente, la visualización de una época transicional en la cual la lucha de clases (motor de transformación según los pronunciamientos marxistas) adquiría nuevas formas y retos. 1. Una mirada, tres transformaciones La cultura –y en sus entrañas, los medios de comunicación– se erige como espacio de disputa de la hegemonía social, al estilo gramsciano, más si cabe en un momento transicional
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 209 en el cual se acelera la recepción de nuevo conocimiento y se crean y propagan valores y símbolos identitarios vinculados a la nueva realidad y de los cuales depende la dominación política. El control de los hábitos, ideas o comportamientos de la ciudadanía está en juego, ofreciéndose un relevante papel a los medios de comunicación que disgregan y reparten la capacidad de conducir el proceso. La experiencia de Cal Dir se produce en un momento clave en la historia contemporánea del País Valenciano, con la consolidación en el poder (político, económico o comunicacional) de diferentes familias o partidos después de la muerte del dictador Franco. Durante el franquismo, el PC se había erigido como la fuerza política hegemónica en el exilio, contando con algunas de las células más importantes en el País Valenciano en el Cap i Casal, la Vall d’Uixó, Buñol o Alcoi. Fue a partir de 1976 cuando los comunistas valencianos diseñaron su estrategia política bajo las siglas del Partido Comunista del País Valenciano (el PCPV), adquiriendo (o aceptando) la particularidad nacional valenciana (como prácticamente la totalidad de las fuerzas progresistas de la época) y adoptando progresivamente el programa del socialismo democrático. El primer secretario general fue Antonio Palomares pero las disputas internas entre los renovadores (de corriente nacionalista valenciana) y los ortodoxos marcó la época, sobre todo cuando Ernest García se hizo, por escaso margen, con la secretaría general y hasta que fue sustituido después por José Galán. El tiempo histórico es relativamente corto pero la intensidad vivida prácticamente obliga a analizar cada minuto, por lo que la densidad de la información es compleja. Cal Dir asume una línea argumental orientada al conjunto de la militancia comunista, con una perspectiva general interna que quiso configurarse como un vehículo inquebrantable de contacto entre los comunistas y la dirección del partido, con el objetivo último de conseguir la cohesión ideológica dentro de la lucha cultural e imaginativa (en la acepción de proyectiva) contra la influencia alienante de los medios de comunicación de la considerada burguesía dominante, que aprovechaba la potente plataforma televisiva pero se expandía también a través de la prensa comercial. La revista busca la toma de conciencia para la emancipación mediante el socialismo, eso sí, en el País Valenciano, y aquí se halla una de las condiciones innegociables del relato de los comunistas valencianos que capitanearon la propuesta comunicativa, bajo la asunción de la realidad nacional desde una perspectiva de bloque popular y desde unas aspiraciones revolucionarias, para conseguir cohesionar el País, ayudar al proceso de recuperación de su identidad y superar las divisiones impuestas por lo que se analizaba como una larga tradición opresora. El proceso transformador se inscribía, abiertamente, en la vía eurocomunista, es decir, lo que se consideraba una evolución democrática y pacífica, mediante la voluntad de las masas, de las estructuras del capitalismo. Esta senda obligaba a asumir una nueva dimensión a la prensa comunista, con la necesidad de persuadir y sumar a masas de las capas populares, con la superación del hermetismo, sectarismo y dogmatismo que habían caracterizado a ciertas corrientes del comunismo, sobre todo durante la lucha contra el franquismo. Se apostaba en Cal Dir por una prensa abierta a demócratas no comunistas, alejada del boletín interno, democrática en el debate, preocupada por las corrientes o visiones minoritarias, vanguardista en las ideas, crítica y autocrítica y capaz de atraer a ciudadanos que no se consideraban comunistas pero que podían compartir una visión de progreso para el país.
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 210 Dentro de la trilogía de los medios de comunicación no diarios de la Transición valenciana (que conformarían, además, Valencia Semanal y Dos y Dos), Cal Dir representa la revista de partido. Pero no una revista de partido al uso. Superando barreras profesionales con voluntarismo, la redacción de la publicación fue capaz, durante cerca de año y medio, de ofrecer a los militantes y al público en general (a pesar de la limitada difusión) un producto periodístico de calidad que buscaba, en primera instancia, consolidar el PCPV como fuerza política hegemónica dentro del territorio valenciano y, también, tomar parte en el asentamiento de la democracia española, con los trabajos a menudo docentes para “educar democráticamente” a la sociedad. Dar un vistazo a la revista del PCPV supone configurar un ejercicio de análisis del movimiento comunista en tierras valencianas, con la identificación de gran parte del espectro cultural, entonces configurado por oposición al régimen franquista. Cal Dir es observado como un medio de comunicación clave en el importante proceso de configuración del discurso político de la época, en confrontación con múltiples mecanismos informativos aparecidos prácticamente ligados a todas las tendencias electorales. Aun así, y a pesar de que el destinatario “tipo” era el votante comunista, la revista amplía su marco de influencia y asume una pluralidad que quiere responder a las diferentes tendencias internas del partido y también a la posibilidad de resultar un ente comunicacional atractivo en una sociedad valenciana carente de medios de exclusiva obediencia autóctona, con un relato plasmado por valencianos y dirigido a los valencianos, alejados de mecanismos configurados en el centro del país. Las personas responsables del espacio de expresión fueron la única razón de que la revista asumiera ciertos planteamientos del nuevo eurocomunismo. Esa nueva generación de políticos en torno a las figuras de Joan Oleza, Gustau Muñoz y Ernest García se hizo cargo del trabajo de configuración del medio y su difusión, consiguiendo dar forma a un creador de opinión que pronto fue considerado un peligro para la doctrina interna de un partido que todavía entonces, a finales de la década de los años setenta, confiaba escasamente en la idoneidad de la multiplicidad de los mensajes. La revista quería ser órgano de partido sin serlo, quería responder a las exigencias y necesidades internas, estableciendo matices, pretendía ser la voz del Partido Comunista del País Valenciano, transformándola para adaptarlo a los nuevos tiempos. Cal Dir fue un ‘sí, pero’. Según Oleza: La revista es un ‘sí’ al PC pero con ciertas condiciones. La revista está ligada a todos los debates de la época sobre el estalinismo o el leninismo. En los meses antes del IX congreso aparece una fuerte confrontación alrededor de estos posicionamientos ideológicos. Cal Dir intenta escapar de la concepción del órgano clásico del partido, quiere ser atractiva para amplias capas de la población y aparecer como un espacio comunicativo moderno. Y quiere, sobre todo, ser un espacio plural. Tienen cabida todos los sectores del espectro ideológico. Se nos negó desde la dirección del partido hacerle una entrevista a Fraga pero sí que aparece una entrevista a Alberto Jarabo, de Alianza Popular. El PSOE, que era nuestro rival acérrimo, cuenta con una importante presencia en nuestras páginas con conversaciones con Joan Pastor, Víctor Fuentes o Alfons Cucó. Se nos paró también la entrevista a Jorge Semprún después de su expulsión junto a Fernando Claudín. Hay una censura ejercida previamente, en el momento de
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 211 redacción. Cuando el sector más duro vio que la revista escapa de sus directrices intenta infiltrar una serie de personas como Manuel Carnero (que venía de Cuba). Todo lo que se decía en la redacción era transmitido a los oídos de Palomares y la secretaría general del partido. También hubo otra forma de censura (de la que era muy difícil sobreponerse en la época) como era cortar la conexión de la revista con los posibles lectores, los simpatizantes. Todo se canalizaba a través de los comités de organización. No había una comunicación abierta más allá de las Cartas al Director, de las que se recibían centenares mensualmente (Oleza, 2014). Cal Dir empieza a difundirse entre los militantes del Partido Comunista del País Valenciano el 1 de marzo de 1977 y tras la legalización también se comercializa, aunque de forma muy limitada, a un precio inicial de 15 pesetas que irá después en aumento. Se prolonga la experiencia hasta el 22 de septiembre de 1978, alrededor de un año y medio después de la aparición. Se publican en total 75 números, con 73 de ellos de cariz periódico (no es semanal y su salida en ocasiones tarda más de una semana, sobre todo en el inicio de la experiencia informativa) y dos extras, que responden, el primero, a la legalización del Partido Comunista en el Estado español (aparece el 10 de abril de 1977) y un segundo por el I Congreso del Partido Comunista del País Valenciano, el 8 de septiembre de 1978, poco antes de dejar de publicarse el semanario y con una dimensión extraordinaria de 92 páginas y contenidos como los proyectos y los estatutos de la formación. También con un precio fuera del normal de 75 pesetas. Existe un problema en el número 52 de la revista, puesto que se duplica el número el 30 de marzo de 1978 después de que ya hubiera aparecido ese número el 22 del mismo mes, ocho días antes. Parece más un error de atención que un intento de aportar un extra a la información anterior, aunque ambas portadas y temas principales se dedican a la misma temática, la oposición a la pena de muerte. Se cree así por la periodicidad en su publicación, más o menos semanal, puesto que el número 53 aparecerá también con normalidad el 5 de abril. Añade Ernest García, el máximo propulsor político de la publicación: Cal Dir nació al mismo tiempo que se dio la creación del Partido Comunista del País Valenciano. Las estructuras del PCE tenían sus órganos de prensa y propaganda. En València (provincia) había existido Verdad. Cal Dir fue planteado así, como órgano del Comité Central del nuevo PCPV. Se sumó el impulso de transformación y cambio que lo dominó todo al final del franquismo. Así, tenía el doble propósito de ser el medio de expresión del PCPV (lo que tenía de proyecto político nuevo o de innovación significativa en la historia del comunismo valenciano) y, a la vez, de contribuir al cambio democrático de los medios de comunicación, haciéndose eco de la multitud de iniciativas sociales y políticas propias de la época (García, 2014). A la cabecera inicial fueron incorporándose explicaciones y, junto a la fecha, el número del ejemplar o el precio, también se adjunta después que el semanario era fruto de los trabajos y las reflexiones del órgano central del PCPV. El título en grande va acompañado además de una coletilla más pequeña en el que se indica “PC”, más un símbolo de la hoz y el martillo en vertical formando una P, más una V, en referencia a País Valenciano. Durante las primeras semanas de publicación, Cal Dir es un semanario ilegal al representar los intereses de una formación, el Partido Comunista, que no había sido legalizado todavía. En cuanto al formato,
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 212 hasta el número 24 fue de tipo folio con 24 páginas, en un ejemplar que costaba 15 pesetas, mientras desde ese número y hasta el final de la primera etapa se redujo ligeramente el tamaño pero se pasó a 28 páginas, con portada a color y papel de mejor calidad para subir el precio 25 pesetas por ejemplar. Para la segunda etapa, como se ha comentado de menor calidad, se volvió al tamaño folio, aunque esta vez con carácter quincenal, y se editaron 48 páginas con un precio de 30 pesetas. La revista solo fue oficialmente legal desde el punto de vista jurídico, tras más de casi un año de existencia, a partir del número 40 del 1 de enero de 1978, al ser inscrita en ese momento en el registro de empresas periodísticas. Según argumenta Gustau Muñoz: “Cal Dir muestra el contraste entre lo que pudo ser el Partido Comunista y lo que acabó siendo” (Muñoz, 2014). Se buscó la independencia comunicativa y la revista no dudó en afrontar temas considerados tabús para el Comité Central como fue el reportaje que apareció en el número 16, de julio de 1977, sobre el día del orgullo homosexual o incluso un comentario crítico que J.J. Benlloch dirigió a Carrillo. Las páginas son un excelente muestrario del ambiente de la época, con la esperanza trasladada a través de los abarrotados mítines comunistas en la recuperada democracia, la multitudinaria concentración autonomista de octubre de 1977, el malestar por el asesinato de Miquel Grau en Alicante o la efervescencia sindicalista, con las huelgas del calzado, del metal, las luchas en Segarra o la IV Planta de Sagunt. El trabajo realizado para reflejar la realidad local (con una pretensión, además, de amalgama territorial) no fue impedimento para tener también una voluntad internacionalista y acabar erigiéndose como una publicación cabecera para entender los movimientos de liberación latinoamericanos, con la denuncia de la persecución sufrida por los representantes izquierdistas tanto en Uruguay, Argentina o Chile, así como la defensa de la revolución cubana frente al imperialismo americano. Cal Dir fue un altavoz contra el dogmatismo ideológico y que por lo tanto interesó a una amplia base popular, con o sin adscripción política. La revista contó con temas eminentemente políticos pero también laborales como reflejo de un partido de clase. Así, fueron constantes las secciones de trabajo, campo, cultura, sociedad, enseñanza, sanidad, economía, comunicación o incluso la formación en clave identitaria valenciana. Muy propio de la época fue también el uso del humor como herramienta para poner en práctica una crítica más ácida que superaba tanto las barreras de las limitaciones comunicacionales como la censura mental de la población, a modo de provocación. Amplió, con ello, los marcos de lo decible. La búsqueda de la notoriedad, además, hizo que se contase con la opinión, y para ello que se dedicase un espacio, a políticos socialistas como Antonio Sotillos, Joan Pastor o Joaquín Ruiz Mendoza y otros dirigentes del PSPV como Alfons Cucó, del USPV como Vicent Garcés o de la UCD como Francesc de Paula Burguera, Joaquín Muñoz Peirats o José Antonio Noguera de Roig. Fueron protagonistas en las páginas de la revista las visiones del mundo de Vicent Álvarez (OIC), Alberto Jarabo (AP), Ramón Trías (CDC), los senadores Lluís María Xirinacs o José Vicente Mateo, o el que había sido vicepresidente de la Junta Democrática del País Valencià José Antonio Noguera Puchol. Dicha pluralidad también se intentó expandir por el mundo del sindicalismo y, a pesar del apoyo a Comisiones Obreras, también se recogieron opiniones e informaciones de UGT, USO, CNT y otros sectores del movimiento obrero
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 213 minoritario. También fueron entrevistados o contaron con colaboraciones intelectuales como Joan Fuster, ManuelSanchis Guarner, Vicent Andrés Estellés, Rafael Alberti, Juan Gil Albert, Josep Renau, Rodolfo Sirera, Vicente Aguilera Cerni, Trini Simó, Antonio Montalbán o Dionisio Vacas. Después de tres números, es a partir del 10 de abril de 1977 cuando la formación de Carrillo es legalizada y las firmas de los autores de los artículos empiezan a hacerse más visibles, apareciendo incluso a partir del número 8 del 22 de mayo de 1977 un organigrama con los responsables de la publicación y su ordenación y función en las labores periodísticas y administrativas. En los primeros números aparecen artículos firmados por profesionales como S. Albero, Heidi, Miquel M. Pérez, S. Albarracín o Joan Gravina (con una participación relevante en el inicio de la publicación). Es a partir del número tres (recordamos, ya con el PC legalizado) cuando se enriquece el número de colaboradores (o cuando se pierde el miedo a aparecer públicamente vinculado a una revista del PC), con nuevas firmas a cargo de Andreu Garriga, Emili G. Nadal, A Arcos, Manolo, Forner, Gómez, Jenaro Talens o Marc Baldó, además del Col·lectiu d’Estudis Històrics Emili G. Nadal, que participaba semanalmente con una explicación histórica del País Valenciano. Cuando aparece el primer organigrama de la plantilla se organiza de la siguiente manera: Director: Joan Oleza. Redactores y colaboradores: Jordi Miró, Ernesto García, Gustau Muñoz, Gaetà Forner, Manila Sánchez, E. Cerdán Tato, Joan Gravina, A. Arcos, R. Gómez, Jaume Peris, “Lampiño”, S. Albarracín, Santos Muñoz, Valerià Miralles. Colaboraciones especiales: Equip d’estudis històrics E.G. Nadal. Fotos: J.V. Rodríguez, “Rizos”. Por su parte, el último organigrama ha crecido sustancialmente respecto al primero y en él consta: Redacción y administración: València: C/. Joaquín Costa, 49-3.*. Teléfono: 334 12 04 - 334 12 05. Alacant: C/ Crevillent, 23, bajo. Teléfonos: 24 16 50 - 24 16 54. Castelló: C/ Trinitat, 5-4.V Teléfono: 23 14 11. Director Ejecutivo: Ernest García. Coordinador: Jesús Sanz. Periodista titulado: F. S. Ojeda. Redactores y colaboradores: S. Albarracín, Doro Balaguer, Pere Beneyto, Vicent Dalmases, Gaetà Forner, Manolo García, Joan Gravina. Ana Jordà, Josep M.ª Jordán, Emili Marti, Valerià Miralles, Jordi Miró, Sara Montalvo, Gustau Muñoz, Joan Oleza. Manila Sánchez, Zalacaín, Lluís Font de Mora, Manuel Carnero, Col·lectiu d’Estudis Històrics Emili G. Nadal (València). Antonio Arcos, Enrique Cerdán Tato. Yolanda Escrich, Pedro López. Julián Antonio Ramírez, Pere Reig, Teresa Martínez, Andreu Cremades (Alacant). Josep Albert Mestre (l’Alcoià), Antoni Rodes (Baix Vinalopó), J. Femenía (Marina Alta), J. Crespo (Alt Vinalopó y Les Valls). Cristina Hurtado (Castelló).
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 214 Humor: Lampiño, J. L., Harca. Fotografías: Josep Rabet, Manuel Almarcha. Portada: Vicent Martínez Composición: Fotocomposición Navarro, Tel.: 360 24 57. Impresión en G. Gràfiques. Depósito Legal: V. 25531978. Otros personajes de gran importancia para el PC tuvieron también un gran papel en la revista, apareciendo como colaboradores políticos, intelectuales o incluso como especialistas. Fue el caso de Antonio Palomares, Pilar Bravo, Julián Antonio Ramírez, Joaquín Romero, Joaquín Sempere, Joan Álvarez, Josep Bertomeu, Manuel Carnero, Vicent Baguetto, Emilia Noguera, Antonio Jiménez Castillo, Feliciano Albaladejo, Daniel Gil, Remei Miralles, Armando García, Josep Durban, Rosalía Sender, Lluís Font de Mora, Carles Mulet, Jaume Vives, Pere Beneyto, Ramir Reig, Tony Ferrand, José María Jordán, Genaro Talens, Eduardo Arlandis, Marcos Marco, Manuel Monleón, Juanjo López Hernando, Leopoldo Pons, Abelardo Muñoz, Paco Camarasa, Marc Baldó, Yolanda Escrich, Joaquín Romero, Manuel Colomina, Pere Reig, Rafa Marí, Albert Sala, Josep Maria Perea o Toni Rius. Según defiende Muñoz sobre la configuración de la mancheta de la publicación comunista valenciana: El director que aparece lo hace para cubrir el expediente porque realmente las decisiones se daban por consenso del equipo de dirección, del que formaban parte Ernest García (con su peso político), Joan Oleza, que era catedrático, y yo. Dentro de la redacción estaba Jordi Pérez Boix, Gonzalo Moure, Rosa Solbes y Jesús Sanz. Josep Lluís Sirera i Remei Miralles tenían unas páginas de temas valencianos bajo el nombre de Col·lectiu Emili Gómez Nadal. Fue muy importante porque introducía muchos temas históricos, literarios y lingüísticos de cara a crear una conciencia valenciana en el Partido Comunista. También tenía cierta presencia de vez en cuando Doro Balaguer, con un peso político importante entonces (Muñoz, 2014). Por su parte, Joan Oleza argumenta: Cuando la revista acaba de salir de la clandestinidad todo es ilegal, tanto el Partido Comunista como la publicación. Se crea a partir del secretariado del PC, que se había unido a un núcleo muy claramente eurocomunista, con García, Muñoz o yo mismo. Doro Balaguer siempre mantuvo una posición exógena porque estaba pero no quería estar. Y estaba porque todos lo presionaban para que estuviera. Él no se sentía a gusto. En el secretariado influyó poco. Estábamos nosotros tres y fuimos los que decidimos crear una revista dedicada al País porque entonces lo único que había era Mundo Obrero y después otra de carácter teórico como Nuestra Bandera. Mundo Obrero nos dejaba muy claramente insatisfechos respecto a lo que nosotros queríamos hacer. Ernest empieza a preparar la revista y hace los dos primeros números. Alrededor del partido había un grupo muy importante de periodistas e intelectuales muy militantes, muy voluntarios y preparados para entrar en la batalla. Como además yo formaba parte del Comité Ejecutivo y tenía
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 221 resistencia y se visualizó en el conflicto importante que existió en el Partido Comunista entre obreristas e intelectuales, que era mentira. Estaban todos muy mezclado. Había obreros que estaban muy interesados en Cal Dir y otros intelectuales, en cambio, que eran más cerrados. La revista cayó de pleno en el sector eurocomunista, nacionalista, renovador. Y claro que hubo conflictos, polémicas e incluso boicots porque la gente más cerrada le hacía boicot y no la distribuían, sobre todo hacia el final de la publicación. En 1979 hay un congreso donde sale Ernest García pero le hacen complot y mucha gente se va del partido en 1980. García todavía se queda unos meses y hay un cambio de la revista porque se hacen cargo de ella los ortodoxos y le dan un nuevo formato, incluso usan un nuevo papel, y hacen de ella lo que siempre habían querido. Es como una segunda época de la revista y de los que se hacen con ella uno es José Gandía Casimiro, un ex colaborador de la Turia y que después hizo carrera junto al PP. Fue el epílogo, un canto de cisne porque solo publicaron unos cuántos números y se acabó. A Ernest García le hicieron la vida imposible y al final dimitió y se fue también de un Partido Comunista de capa caída (Muñoz, 2014). Balaguer consideraba que sí hubo cierta confrontación con las estructuras de dirección, en particular con el aparato que tenía la mayoría en el ejecutivo provisional del País Valenciano y en el comité provincial de Valencia. Esta confrontación fue permanente, dando lugar a discusiones cada vez que la revista no publicaba completa alguna resolución de los órganos de dirección, es decir, tratándolas como noticia, no solo como apoyo de distribución interna; publicaba noticias u opiniones del movimiento ecologista o antinuclear, grupos feministas o nacionalistas; o daba cabida a opiniones minoritarias en debates internos del partido. Balaguer aduce: “La confrontación fue más bien una tensión permanente, con estallidos esporádicos de alcance limitado. Todo esto puede sonar raro, teniendo en cuenta que Cal Dir, al fin y al cabo, fue casi totalmente partidista y en el fondo muy oficialista. Pero incluso los reducidos márgenes de iniciativa propia que nos dimos parecían excesivos para muchos” (Balaguer, 2014). 2. Un final previsible El proyecto llega a su fin por una combinación de causas en las que destacan la expulsión o abandono de los históricos artífices (vinculados a las posiciones eurorenovadoras) y los costes de la publicación. La primera razón, quizás la más inmediata y decisiva, llegó por el cambio de la hegemonía ideológica dentro del PC y el satélite PCPV. La fase de cierre del partido, liquidando y expulsando a los eurorenovadores y nacionalistas, llegó a su punto álgido a partir de 1979, manteniéndose así hasta la derrota del PCE en las elecciones del 82. En este sentido, la victoria pírrica de estos sectores renovadores en el constituyente I Congreso del PCPV extremó la hostilidad. El aparato entendió que Cal Dir había sido una de las herramientas de los renovadores y la revista quedó sentenciada por las nuevas capas de poder, defenestrando a sus artífices y sus posicionamientos. No se puede obviar, aun así, que cualquier publicación de la época suponía un desembolso económico que rara vez cubría gastos. A pesar de que todo el trabajo de redacción y de
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 222 impresión era voluntario (y esto, en una época en que el proyecto de Mundo Obrero diario suponía un esfuerzo económico enorme para el conjunto del PCE, lo que aumentaba todavía más los recelos) los sectores más centralistas del partido observaron a Cal Dir como un lujo innecesario que restaba recursos al periódico, situándose además como un caballo de Troya de las posiciones nacionalistas y euroreformadoras del partido. Los costes de la publicación valencianista se habían reducido, como se ha comentado, por el voluntarismo militante y el comité de organización central (que controlaba la economía interna) era conocedor que la única mano de obra que se costeaba era la vinculada a la fotocomposición y la imprenta. Sólo Jesús Sanz o Valerià Miralles tenían cierta remuneración, aunque limitada. Ya unos meses anteriores al I Congreso se produjo un golpe de timón por parte de la mayoría oficialista, imponiendo una nueva redacción presuntamente más alineada con sus tesis. Según explica Jesús Sanz: La dirección del partido que conformaba el sector palomarista llevaba cierta parte de razón cuando defendió que la revista acarreaba un problema económico, pero solo parte pues las deudas de la misma rondaban, al cierre, los cinco millones de pesetas, cantidad asumible para un partido que se beneficiaba de la positiva influencia de la revista y que además dedicada parte de sus recursos económicos a otras tareas que también podían haber sido puestas en tela de juicio. En cierto modo la cuestión económica fue una excusa que encubría criterios ideológicos (Sanz, 2020). La ruptura entre la dirección del PCE y sus “fuerzas de la cultura”, en aquel momento, ya resultaba insalvable. Después del congreso, cuando Carrillo se alineó abiertamente con el sector más ortodoxo del PCPV, la liquidación completa del experimento renovador se convirtió en un objetivo prioritario para el aparato y Cal Dir era una víctima obvia que, debilitada ya por la purga de unos meses anteriores, pudo resistir escasos días. Según considera Ernest García (que fue expulsado en septiembre de 1980 tras apoyar públicamente la incorporación de Euskadiko Ezkerra): A mi parecer, de todas maneras, no habría podido durar demasiado tiempo más. Mantener el esfuerzo de trabajo absolutamente voluntario todas las semanas por más tiempo parecía imposible. La profesionalización del semanario habría sido demasiado costosa desde el punto de vista económico. Y la crisis de la prensa política, en general, empezaba a ser muy grande. Cal Dir fue liquidada por la gente que, dentro del PC, no había simpatizado nunca con su estilo, su orientación y su manera de hacer, pero seguramente ya no habría podido evolucionar para sobrevivir en las nuevas circunstancias sociales y políticas, que habían dejado de ser favorables. Fue la ola de reflujo de las ilusiones de la Transición la que condujo a lo que entonces se denominó ‘desencanto’, a la conchabanza de Benicàssim y al ‘café para todos’, la que acabó con Cal Dir (García, 2014). Días después de la suspensión de la publicación, Manuel Peris publicaba en la revista Valencia Semanal: Digámoslo sin ambages, Cal Dir ha participado en la lucha ideológica y política que se ha desarrollado en el seno del PCPV. Lucha que es un exponente de la viveza de un partido. Y lucha
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 223 a la que no podía estar ajeno un órgano de expresión. Cal Dir ha sido en ese sentido un reflejo del mismo pluralismo del PCPV. Cuando ahora amparándose en problemas financieros se dice suspender en plena campaña electoral municipal el órgano del PCPV, se están ocultando los problemas políticos que hacen aparecer a los ojos de algunos dirigentes intermedios el Cal Dir como “non grato” a sus concepciones particulares de la política del PCPV. La decisión es, además de incoherente con las tesis y estatutos recientemente aprobados en el I Congreso, un craso error político en un momento en que está en juego la autonomía del PV. El País Valenciano no puede permitirse el lujo de prescindir del órgano de expresión de uno de los partidos que más decididamente está luchando por su autonomía y por su construcción nacional. Desde esta perspectiva, el problema Cal Dir rebasa el ámbito estricto del partido que lo edita. Y a mayor abundamiento no puede olvidarse la precaria situación de la prensa en el PV como para ir prescindiendo de medios de comunicación, porque cuando se suspende o se cierra una revista cualquiera, se suspende o se cierra algo la libertad de expresión. La secretaría de finanzas del PCPV, en un informe del que por lo menos hay que decir que técnicamente no es muy coherente, ha presentado una imagen caótica de la situación financiera de Cal Dir. En una situación en que hasta la prensa privada es deficitaria, en que al mismo Cal Dir se le ha negado por parte de la Secretaría de Finanzas su autonomía para buscar sus propias fuentes de financiación, cortándosele iniciativas propias como la fiesta Cal Dir, en que la Secretaría de Finanzas en lugar de hacer inversiones globales ha ido soltando con cuentagotas, de forma irrentabilizable, el dinero, en una situación como ésta, digo, presentar Cal Dir como un derroche, en lugar de como una inversión propagandística, no deja de ser una excusa facilona, pero de difícil credibilidad desde una perspectiva política, exigencia mínima en quienes ocupan puestos de responsabilidad política. La discusión del problema Cal Dir como publicación de venta en todo el PV no puede quedarse en el seno del PCPV. Los problemas financieros no pueden servir de excusa para no abordar los problemas políticos (Peris, 1979). Una semana después, contestaba la dirección del partido: O afirmaciones igualmente falsas como: ‘se le ha negado por parte de la Secretaría de Finanzas su autonomía para buscar sus propias fuentes de financiación cortándole iniciativas propias como la fiesta de Cal Dir’, hecho que nunca se ha producido. Las decisiones en materia de finanzas han sido regularmente debatidas y aprobadas por los colectivos de dirección correspondientes del PCPV, por lo que su singularización en una determinada secretaría carece totalmente de sentido. Alguien podría decir que el déficit de Cal Dir no es excesivo en términos standard de las inversiones normales en materia de prensa, pero para un partido de trabajadores, que depende económicamente sólo de las ayudas de sus militantes, esos términos no son hoy por hoy aplicables. En definitiva: Es propósito del Secretariado del CC abrir un debate sobre la prensa comunista en el País Valenciano, pero es necesario hacer constar públicamente que el párrafo mencionado es enteramente rechazable, tanto por su forma como su contenido, y mantiene elementos que sólo pueden contribuir a enturbiar y dificultar el mencionado debate, así como lanzar un descrédito sobre militantes que vienen trabajando con honradez y total entrega, y cuyo trabajo ha sido valorado y confirmado por el Congreso y luego por el C.C. (Secretariado del Comité Central del PCPV, 1979). Tras hacerse cargo la dirección central, cambia incluso la estética de la publicación pero la experiencia se prolonga apenas cinco números, siendo sobre el papel Federico Segundo su
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 224 responsable (aunque sólo porque contaba con el carné de periodista) pero estando verdaderamente en manos del escritor José Gandía Casimiro. El cierre pudo ser inesperado por parte de la redacción, que en el último número todavía publicaba: “Recordamos a todos los militantes del PCPV que está abierta la tribuna del I Congreso del PCPV, que será insertada en nuestras páginas conforme vayan llegando las contribuciones personales o las resoluciones de las asambleas y conferencias. Los escritos deben dirigirse al Comité del País (C/ Joaquín Costa, 49-3º València) para la Tribuna del primer Congreso, indicando el nombre, la agrupación en la que se está encuadrado y el número del carnet del PCPV” (Cal Dir, 71, septiembre de 1978, 2). Todo ello evidenciaba cierta pretensión (o creencia) de continuidad. Cal Dir se volvió a editar allá por octubre de 1988 pero ya con carácter mensual y en blanco y negro, en una experiencia que se prolongó hasta mayo de 1989 bajo la dirección de Manuel del Álamo y Pedro Zamora. Existieron ciertos problemas con la apropiación de la cabecera (ya registrada) que obligaron a un cambi de nombre y al posterior uso de Síntesi i Acció. Duró hasta los años noventa y después se volvió a editar bajo la dirección de Rafa Pla en 1999, representando el órgano del PCPV. 3. A modo de conclusión Sin pluralidad posible. La revista analizada supone una confirmación más de las suspicacias que levantaba cualquier atisbo de disidencia conceptual en el Partido Comunista de la Transición, un partido que se reinterpretaba en la nueva democracia tras capitanear la lucha contra la dictadura pero sin tener la capacidad o las posibilidades de erigirse como una fuerza determinante en el nuevo tablero electoral. Los choques ideológicos provocaron constantes disonancias internas, facilitando que el partido dejase de ser observado por muchas y muchos como la herramienta útil de cambio y, por ende, abandonando la formación. También Cal Dir es un espejo de la marcha progresiva pero imparable de capital intelectual, vaciando sobremanera las filas comunistas para nutrir otras formaciones o pasar a movimientos sociales de base. Se visualiza en Cal Dir, una publicación cuyos dirigentes imaginaron y proyectaron plural pero que chocó con el “aparato” de un partido todavía dominado por viejos camaradas con una concepción más hermética del debate interno. Ni que decir, de la proyección de la imagen pública. En primera instancia se podía (y debía) debatir y crecer en la diferencia, pero por lo que hace al mensaje lanzado a la ciudadanía se dominaba para que fuese uniforme y unidireccional. La primera época de mayor aceptación se permite por aparecer todavía en la clandestinidad, sirviendo como un mecanismo para forzar la legalidad, pero con el paso de los meses se demuestra que, a diferencia de otras experiencias comunicativas del partido, Cal Dir no era un reducto sectario, una hoja parroquial censurada por el dogma comunista. La clandestinidad y el exilio jugaban el doble papel de lima de las diferencias internas (tanto ideológicas como metodológicas) y de barrera para la incorporación de nuevos elementos poblacionales. Con la legalidad, ambas se desmoronan y emergen discrepancias ideológicas que se agravan por
Cal dir. la lucha por el relato en el partido comunista Carles Xavier Senso Vila https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.12 ISSN: 2255-5129 2022 18 206-227 225 la incorporación de jóvenes con nuevas perspectivas y lecturas. Elocuente fue el beneplácito comunicacional del que disfrutaron las fuerzas oficialistas del PSOE y el PC durante su control e imposición en sus partidos, con unos medios de información generalistas que a menudo aplicaron aquello que acabó por conocerse como “comunicación sistemáticamente deformada”, con la que los oficialistas encararon la lucha interna desde posiciones de privilegio, poder y ventaja comunicativa. Cal Dir quiere incorporar una pluralidad sincera, ofreciendo espacios de expresión tanto a los dirigentes comunistas como al resto de representantes o corrientes minoritarias, incluso más allá del espectro representativo del partido. Superar el oficialismo, interno y externo. Dando a conocer, siendo voz, removiendo. Pretendiendo adelantarse a la sociedad y ser guía didáctica de un nuevo país. La revista muere por la imposibilidad de encontrar un espacio de comunicación entre el sector más tradicional, obrerista o hermético del PC y los sectores más aperturistas, de corte valencianista y eurorenovadores. Una nueva hornada de jóvenes que no ven materializarse una renovación de representantes, como sí vivieron otros partidos progresistas y que poco a poco fueron desencantándose con el proyecto de un partido cuya organización consideran atávica e impenetrable. También desde la esfera comunicativa. Cal Dir es un reflejo de las nuevas pretensiones de una izquierda democrática más plural, alejada de Moscú y de los mensajes del exilio. Con una mirada valencianista y mucho más receptiva a las reivindicaciones de nuevos sectores en liza como el ecologismo, el movimiento LGTBI+ o el feminismo. Cuenta con una voluntad pedagógica, casi docente para un momento de transformación de un país en construcción. Buena parte de los artífices de la publicación eran gente de la cultura, con un buen número de profesores, que mostraron su compromiso con la defensa de la lengua propia, el catalán, y que por tanto vinculan sus reivindicaciones a la identidad popular de herencia fusteriana. Quizá excesivamente vanguardista para el PC de 1978. Referencias bibliográficas ALCARAZ RAMOS, M. (2013): “La Transición democrática en España: Una interpretación general”. Dentro de CREMADES, Vicent; i ALONSO, Jesús Eduard: La Transició democràtica: Mirades i testimonis. Editorial Riublanc SC. ANDRADE BLANCO, J.A. (2012): El PC y el PSOE en (la) transición. La evolución ideológica de la izquierda durante el proceso de cambio político. Siglo XXI España. Madrid. ARCHILÉS, F. (1997): “...o no serà”: 20 anys de nacionalisme polític al País Valencià. L’Avenç. Revista de història i cultura, 214, 26-31. — (2012): Una singularitat amarga. Joan Fuster i el relat de la identitat valenciana. Catarroja-València. Afers. — (2010): Transició política i qüestió nacional al País Valencià. Afers (Catarroja), Vol. XXV. Número 67. Pgs.561-740. BABYS, S. (2012): Le mythe de la transition pacifique. Violence et politique en Espagne (1975-1982). Madrid. Casa de Velázquez.
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