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Obras completas de Mistres Bennet

Bennet, Agnes María

Abstract

Vols. I-IV: Ana, ó la heredera del País de Gales. Vols. V-XIV: Rosa, ó la niña mendiga y sus bienhechores

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A S SE A a 2. A A e A dt eS cbr — OBRAS COMPLETAS : D E O MISTRESS BENNET. TOMO IV, R-SOCSA ho ANA, Ó LA HEREDERA DEL PAÍS DE GALES: TRADUCIDA POR DON FELIX ENCISO S. A, TOMO IV. MADRID. Ixmrrentra De Repurzás, 1819. Se hallará en las librerías de Escamilla calle de Carretas , y de Amposta calle del Príncipe, BONACION MONTOTO OA Ps SHEOMO? z A E CIA. ¿EA pa 20 sonaron, 7 | us * NE a 1 81 , QA : | » poe : ¿36 silos im dh 19 ii 2 E A O RA SA: AS | AR de dl mido om asia e AAA AA ll tente eee ANA, Ó LA HEREDERA DEL PAÍS DÉ GALES. * CAPÍTULO LXXIL Se renuevan las escenas pasadas, ¡B00a el viaje de Londres á la montaña experimentó Ana varias sensaciones demasiado vivas para poder ser explicadas, pues eran el lenguaje puro é interesante de su gratitud al sabio ordenador de todos los sucesos, y al mismo tiempo muy diferentes de las que la habian afec. tado la última vez que anduvo aquel propio camino. ¡Con qué angustia no habia dejado la casa de Dalton! ¡En qué tristes reflexiones no iba sumergida cuando se alejaba de la buena Mistress Wellers! Tomo LV, 1 [8] pero Mr. Bentley volvió solo , porque Mis= tress Dalton habia ido aquel dia á Londres con su marido. Desesperanzado Dalton de obtener empleo alguno cerca $ Londres, habia acordado con su muger el retirarse á algun pueblo lejano, donde con: el interés de sus bienes y la renta de Mr. Tornhill estuviese al abrigo de nuevas molestias por parte de Mr. Mordant ó de su sobrina. El aviso de la venta de una alqueria en la provincia de Cornualla era el objeto de su viaje á Londres. Mr. Bentley juzgando que el deseo que Ana manifestaba de ver á los Dalton procedia de la rectitud de sus principios, y deduciendo un pronóstico favorable del interés que queria tomar en sus negocios, la dijo que si la era indiferente el modo de pasar el tiempo podria emplearle en conversacion con él, Ana con su docilidad natural no podia negarse á una proposicion, que en el mo- [9] do'con que venia hecha anunciaba mas de lo que parecia. Mistress Wellers preguntó , sonriéndose, si ella y el Dr, Collet se verian absolutamente excluidos de la cónferencia. “¡Oh! eso de ningun modo, dijo Bentley : yo solamente me propongo probar á esta jóven que es una ingrata.” Las mejillas de Ana se sonrojaron viéndose acusada de un vicio, que mira= ba con el mayor horror, aunque los ojos de su acusador manifestaban los mas tiernos sentimientos. Sin embargo, despues de haberse éste sentado la echó en cara del modo mas serio el ocultar alguna peha secreta, que pesaba sobre su corazon; y añadió que si bien no intentaba asustarla, conociendo que era preciso hablar claro, la decia que si esta pena no era combatida con firmeza, minaria poco á Poco su constitucion , y la conduciria al sepulcro en la primavera de sus años. Ana burándole con los ojos clavados y las me- Jillas sonrosadas le animó á que prosidí. 4 a! [10] guiese; y él dijo: que: cualquiera que fuese la enfermedad de su alma, que podia ser de una naturaleza demasiado sa= grada para confiarse á sus amigos; sin embargo, siempre la consecuencia era la ingratitud. ea y Nuestra heroina se quedó confusa ;-pero viendo en la seriedad de su semblante que realmente la hacia, una reconvencion., no le respondió sino con lágrimas y suspiros. “Mi querida y amada Ana, continuó él, desde la edad de tres años hasta ahora que teneis veinte y uno siempre ha= beis sido el objeto de los continuos cuida-, dos «del cielo. Contemplad el amor y la providencia del Ser eterno, á cuyas bendiciones sois insensible , y cuyos beneficios apreciais tan poco. Apénas murió vuestro padre, él le suplicó por un estraño y un desconocido, y os hizo encontrar un protector en el seno impío de la avaricia. Por medio de otro milagro Os proporcionó una educacion tal cual con- [11] venia á vuestra alma y nacimiento. Yo he conocido algunas mugeres que desempeñan muy bien el papel de ayas, pero vuestra Mistress Mansel fue escogida por la misma mano del cielo para llevar la vuestra á la mas debida perfeccion. En medio de algunas escenas de desgracias, persecuciones y tentaciones , ¿por ventura no ha conservado Dios vuestra vida y vuestro honor, que os es de una consecuencia casi infinita? Ahora os veis enteramente segura bajo la proteccion de unos parientes, cuya felicidad está concentrada en la vuestra, y con'unos amigos que sacrifican todo para contribuir á vuestra tranquilidad, y cuyos corazones gozan con entusiasmo del triunfo de la virtud sobre el vicio. Así, pues, vuestro continuo abatimiento ¿no es una ingratitud respecto á Dios, á vuestros parientes y á vuestros amigos? Vos lo confesareis...... pero aun tengo otro cargo mas grave que haceros,” [12] *:Oh, mi querido Mr. Bentley! perdonadme, exclamó Ana: yo soy muy cul pable: es verdad; pero yo haré cuanto pueda para merecer vuestra estimacion y la de Mistress Wellers en particular , que ha sido tan indulgente para conmigo cuan= do no tenia otra amiga, y que tomó la deusa de una huérfana abandonada cuando todos la ultrajaban.... pero es imposible resistir á la suerte, añadió anegada en lágrimas, y yo no he nacido para ser feliz.” “" Engañada-jóven , replicó Bentley con vehemencia , no basta resistir al dolor, es preciso vencerle, Recoged todas las facultades de vuestra alma, empleadlas en actos de beneficencia: recorred las habitaciones de los desgraciados, y viendo los males á que está sujeta la naturaleza humana, aprended á sentir en la mádre desgraciada incapaz de satisfacer las necesidades de sus hijos, cuyos gritos excita la hambre: aprended en el desgraciado Ae Ex3] padre que llora tal vez no solo por él mismo la pérdida de sus bienes, sino tambien por el honor de toda su descendencia. Mirad la esposa abandonada, insensible á toda otra calamidad que á la que despedaza su corazon, y que hace resonar el aire llorando los extravíos de su infiel esposo. Haced brillar el consuelo en el alma del desgraciado, que habiendo depositado en manos que creía seguras el poco dinero que habia ganado con el sudor de su rostro, se le ha visto arrebatar, y con él todos los medios de proveer á sus necesidades y las de su familia. Creed que descubrireis demasiadas desgracias de esta especie, y persuadios á que son frecuentes y comunes á todos los paises habitados. Buscad al huérfano sin auxilio, y si vuestra imaginacion padece aun en medio de los manantiales de felicidad que podeis procurarle, distribuid _alguna parte'sobre él. Estas son las augustas y sagradas miras con que el cielo E14] os ha dotado de nobles sentimientos, de un corazon sensible, del amor á la virtud, y de unos principios de justicia. Para cumplir con estos objetos es para lo que habeis nacido, y sido preservada de tantos males. Mientras que estas santas funciones ocupen vuestra alma , ellas se= pararán las penas, que no se dejan sentir sino cuando aquella está en inaccion. ¿Mirad estos blancos cabellos mios : ¡Oh, Ana, si pudieseis concebir las pe= nas que ellos cubren , Os admirariais de que haya podido llegar á la edad que ellos anuncian! ¡Ay! ¡ay de mí! ni el tiempo, ni la mudanza de lugares ni circunstancias han. podido borrarlas de mi memoria. Privado del modo mas cruel de cuanto mi alma adoraba, yo me entregué en otro tiempo á la desesperacion... Ésta agravó y prolongó los males, que no tu- ve la a de sufrir un momento: yo me abandoné á los licores, al bullicio, al desórden, á las diversiones locas é in= [15] morales; pero en vano éreí aturdirme con ellas: la pérdida de mi razon se siguió bien pronto á la de mi sosiego. Mis bienes se habian hecho la presa de la viciosa compañía , con la que cediendo á la turbacion y tormentos de mi corazon despedazado, me sumergí en todos los excesos que mi alma aborrecia. Yo hubiera vivido arrastrando mi miserable existencia en una de aquellas fúnebres casas donde se recoge á los locos, á no haber sido por el mor y la piedad de mi hermana, que casada desde muy jóven, y conducida 4 la India por su esposo, volvió á Europa viuda y muy rica. Ella me buscó á su regreso: me llevó á su casa; me dió con el mas tierno cariño cuantos auxilios puede procurar el dinero, y recobré por sus cuidados el conocimiento y el sentimiento de mi horrible situacion. Mi tranquilidad estaba perdida para siempre, mi patrimonio disipado, y toda la angustia de mis males se me renoyó solo con la idea de 25 + pp6] volver á entrar en la sociedad, donde ya no existia para mí todo cuanto me era amado. Mi benéfica consoladora conoció esto, y me propuso mudar de escena y distraerme viajando. Caminamos por cuan: tos paises nos condujo el capricho; recorrimos la Francia, la España, la Italia y la Alemania. Mi juicio, gracias á Dios, se restableció enteramente 5 Y habiendo caido mi hermana en una enfermedad de languidez, me hallé en estado de ser para aquella querida y amable muger lo que ella habia sido para mí por tanto tiempo, un compañero tierno é inseparable en sus horas de penas y dolores. En fin, murió, dejándome por heredero; y yO continué vagando hasta que comenzando á sentir la molestia de las enfermedades conocí que el reposo y un asilo fijo era indispensable para un anciano. Regresé á mi país sin darme á conocer , porque mi verdadero noInbre no es Bentley, y encontré en los actos de benevolencia el sosiego á mis males. € ——AAASSAA AAA A AA [17] »La abadía que compré-al llegar creo que va arruinándose ; pero mi alma halla mas satisfaccion empleando mi dinero en levantar las casas de otros que la propia mia. Así, “lo que el mundo, la disipacion ,'los viajes, y aun la misma locura no pudieron efectuar, lo: han producido el auxilio que mis manos dan á los 'aftil gidos ; el apoyo que ofrecen á los perseguidos, y el alimento y vestido que dan al indigente; y mientras que siento las desgracias de los otros participo con ellos de los auxilios que puedohacerlos gozar. ¡Consiente pues, Ó querida Ana, pro= siguió el venierable entusiasta , consiente en ser dichosa como yo, alivia tu afligido corazón desterrando para siempre tus penas y las de los otros. Yo tengo lo sufi, ciente para llenar los deberes de una caridad generosa; pero no para el perezol so, ocioso y gritador, ni para el yaz gabundo peligroso. Nosotros volveremos nuestros cuidados. hácia el pequeño nú Tomo IV. 2 [24] Estas reflexiones la tuvieron desyelada gran parte de la noche; «pero produ= jeron el saludable efecto de tranquilizarla: en fin, paró; en un sueño profundo, del que despertó serena y reanimada. El restablecimiento dé su salud era el primer deseo de Mr, Bentley, -el cual mientras ella descansaba no habia estado ocioso, pues habia yisto á Mistress Dalton , y.no le costó poca dificultad para conseguir que fuese á la montaña con su hija Polly. Como ella era partícipe del seereto de su marido, aunque no habia entrado en"sus infames miras de robar á nuestra heroina, no se persuadia á que se-la pudiese llamar con otro motivo que el de hacerla sufrir las amargas reconvenciones que merecia por parte de una persona que no habia salido de su casa sino por el temor de la persecucion y de la cárcel. La ojeada fria que hizo sobre ella Mistress Wellers cuando la vió pasar la confirmó en esta idea, á pesar de cuanto E A A E O di [25] la dijo Bentley animándola. Apénas Ana tuvo ayiso de su llegada, cuando en lugar de hacerla entrar corrió á recibirla con la vivacidad ordinaria de sus sentimientos, y la echó los brazos al cuello. La pobre muger igualmente sorprendida que enternecida guardaba un silencio involuntario, mientras que Ana repetia sus abrazos tanto á ella como á su hija, dando gracias á la primera por cl cariño maternal con que la habia mirado, y asegurando á la segunda que jamas olvidaria la amistad que la tuvo en su infancia. Esta bondad inesperada fue para Mistress Dalton mucho mas sensible que lo hubieran sido sus reconyenciones; pero como amaba verdaderamente á nuestra heroina, el placer de verla en tan brillante situacion aumentó la alegría que la inspiraban sus promesas, y olvidó al instante todo recuerdo desagradable de lo pasado. La contó con la misina confianza (267. y poca reserva que si hablase con su hi= ja su situacion actual y la resolucion de su marido, á quien ninguna súplica ha-= bia podido determinar á venir á la mon= taña. Esta última circunstancia á nadie inspiró sentimiento; Ana la prometió socorrerla , pero no quiso decirla el cómo hasta haber consultado á Mr. Bentley. Mistress Dalton enseñó entonces el relox y la sortija de qué antes he hablado, y el lector puede imaginar que nuestra heroina no se sorprendió poco al observar que las armas del sello se parecian bastante á las de Sir William, y se acordó en efecto de que habia visto al jóven Mordant recibido y tratado con amistad en aquella familia ; mas nunca habia oido decir que fuesen parientes : sin embargo, esta era la única idea que daba á entender el sello de su padre; pero la persona que podia hacer interesante para ella y en sosiego su consanguinidad con log Edwin ya no existia, y aun la misma salud , [273 de ella dependia de los esfuerzos que hiciese para olvidarle. Así pues guardó el relox en su bufete, y despidió á Mistress Dalton contentísima con la acogida que | habia tenido, y exaltada con sus espe- Fanzas. Consultó 4 Mr. Bentley y á Mistress Wellers sobre lo que convenientemente _ podria hacer á favor de aquella familia, á la que no solo perdonaba , sino que ya amaba verdaderamente. Por mas humana y compasiva que fuese Mistress Wellers en todas ocasiones, su cariño á Ana la hizo un poco dura entonces; mas como ella protextó que su felicidad estaba unida á la de aquella gente, y como el generoso Bentley aplaudió el motivo que la impelia, Ana insistió, y para dar la primera prueba de obediencia á los consejos de su padre adoptivo le rogó que tomaáse papel, y extendiese un acto de pension de 100 libras esterlinas para Mistress Dalton , reyersible despues de su muerte [28] á'sus hijos, y hecho que fue le puso su firma. Absolutamente no queria ser contrariada en este punto: buscaba su propia felicidad , y0 la debia permitir el camino. , No e cidad de decir que este beneficio era para los Dalton la verdadera:senda de la dicha, y su alegría llegó al extremo cuando bajo el mismo sobre “encontraron una esquela de Ana en que decia su resolucion de llevarse consigo á Polly, y un billete de banco para los gastos de equiparla. El mismo Mr. Bentley quiso ser el conductor de este regalo, aprobó el designio que habia formado de alejarse de los lugares donde se sabia aquela historia, y la exhortó á verificarlo al instante que regresase Mr. Mordant, y cuando ya no fuese necesario su testimo-= nio en los asuntos de Miss Mansel. Mistress Clarke fue enviada á su casa con un bolsillo bien provisto para pa= gar los alquileres de su casa y todas las [293 . deudas que hacia tiempo estaban pesando sobre su corazon, y ademas con la órden expresa de despedir la casa y deshacerse de su comercio lo mas'pronto que pudie: se, y volver con su hija al lado de nuestra heroina para jamas separarse de: ella; quedando Polly “Dalton sirviéndola en' su. lugar. arnold abcoh ditios Ocupando todos estos objetos su alma: en actos de benevolencia, 'alejarón de sú corazon (segun Mr. Bentley habia previs! to) 'aquel' tormento secrétoque la: despedazaba. Ella habia enviado (como he dicho) 4 Mr. Mansel la carta que habia empleado tres Domingos én escribir, y en la quelé contaba su situación en casa dé Mistress Clarke. Esta carta; que por cas sualidad “fue enviada mientras el rector estaba ¿h Londres; no'pudo llegar á sus manós “hasta que regresó" 4 su pueblo; ¡Cuánto le enterneció su lectura! ¡y cuál su admiracion viendo «las gracias que le- - daba por ¿quel regalo; que suponia: ha=- - [30] ber recibido de su parte, Y al, que 'coH; fesaba que debia la vida! Mas los porme> nores que le comunicaba acerca de su salida de casa de Dalton, los motivos de ella, su enfermedad, sus desgracias), y el modo que habia tomado, para mantenerse le afectaron de tal modo , que como ya sabia donde encontrarla, se determinó 4 volver á Londres, yendo á parar á. casa de Mistres Clarke, donde ¡supo el, descubrimiento que acababa Ána de, hacer de sus parientes. Reconociendo el; dedo ¿de Dios en este suceso y.€n todas -sus. ,Circunstancias , quiso ¡antes de todo ir/4 darle gracias al templo inmediato, y: la criada que Ana habia querido absolutamente que se llevase Mistress Clarke para ser= virla le condujo 4 la:iglesia que ¡su ama frecuentaba. Jlespues de haber desempez ñado este deber piadoso, impaciente por yer á su querida hija volvió á montar en su caballo cansado, y tomó el camino de Layton á las nueve de la noche). sienda [31] las once cuando llegó á la montaña. Mistress Wellers habia gozado aquel dia del triunfo de la inocencia y la yerdad, conduciendo 4 Ana en el coche' de Mr. Bentley á la puerta de todas las casas de los personages notables del pueblo, á pretexto de pagar unas visitas en que á la verdad estaba muy atrasada , en términOs, que ya no podia diferirlas sin faltar á los principios de su urbanidad. En casa del honorable Mr. Strap habia tenido el gusto de encontrar á Miss Bibbins, y viéndola sumamente confusa no habia podido menos de preguntarla irónicamente al presentarla 4 Ana sino se acordaba de haber visto antes á aquella señorita. Mr. Bibbins, su hermano, aunque. conoció muy bien en aquella persona la mucha- Cha que estaba en casa del escribano, dijo que en su vida habia visto: cosa mas amable; que estaba encantado de su belleza ; admirado de su talento ; y debiera haber añadido. (aunque no lo hizo) pren- [32] dado de su caudal, que Mistres Wellers no dejó de pintar como inmenso. Si Ana hubiese sabido los favores que debia á aquellas damas y caballeros, es probable que se hubiera divertido viendo la estudiada política con que procuraban ocultar su verglienza y su envidia. Pero mien= tras su residercia en Layton sus penas particulares la habian impedido observar á los ótros; y estando perfectamente cons vencida de la inocencia de todos sus pen= samientos y “acciones, la era imposible sospechar que hubiese sido el objeto de la calumnia y la envidia de unas gentes, á quienes no conocia. Mistress Wellers go= zaba plenamente de este espectáculo, y. se diyertia describiendo á su marido aquella visita, cuando la sobresaltó el ruido que hizo Mr. Mansel llamando á deshora. > Un criado entró á comunicar que has bia llegado una persona preguntando por Miss Mansel, y antes de que tuviesen tiempo de formar conjeturas sobre quien [331 pudiese ser, ya él mismo estaba en la sala y Ana postrada á sus pies, de donde él leyantándola tiernamente, y dándola un paternal abrazo, experimentó é hizo experimentar á los presentes una sensacion inexplicable. En fin, se interrumpió este silencio placentero con algunas preguntas tier= nas y recíprocas, que bien pronto instruyeron 4 Mistress Wellers que veia á aquel venerable Eclesiástico, de quien Ana le habia hablado con tanta viveza y gratitud. El recibimiento que ella hizo á un huésped tan querido de su amiga fué tan afectivo como político; pero no quiso permitir que por aquella noche entrasen en conversacion particular, di-> ciendo que estaba cierta de que Mr. Mansel necesitaba de descanso, y que Ane perderia el suyo , si empezaba á :referir todas sus antiguas penas, para lo cual tendrian sobrado tiempo al dia siguiente. Con efecto, por:la: mañana empeza- Lomo 1V, » a] [40] entoncés:mis bienes; y las demas heren. cias «anexas á ellos les sean inmediatamente entregados: ipor mi referida hija 6 - Sus herederos , aún cuando hayan: sido vendidos; y que ella: ó sus herederos no tengam-derecho «sirio á las 60.000 libras: esterlinas: arriba mencionadas, á la quin= ta de san Denis y á los bienés dependien* tes de. ella; que dejó. mi difunta esposa, su madre, Lady: Blanca Dennis: sin embargo quiero queven:el tiempo en que se haga' esta reclamacion no' se pueda exiz gir de mi referida hija lo que haya cobras do de:rentas, frutos, 8tc. de aquellas haciendas: antes de la reclamacion. Y comó yo escribo este “testamento de mi propio puño, sin tomar parecer de ningun abogado, aconsejo ásmi hija, y requiero de ella que haga lo mismo en caso de restis tucion; y si ni mi hijo Hugh ni sus herederos se presentasen á reclamar sus bienes 21. años despues de mi muerte) doi á mi hija enteramente toda mi herencia , se- [41] gun la dejo explicada. =>” “Este extracto del testamento de su abuelo aclaró á Ana la parte misteriosa que habia para ella respecto á su familia, y la causó mas placer que la parte relativa á sus bienes. Cuando volvió á la sala donde estaban desayunándose llevó consigo el relox, las sortijas y el “sello, y si hubiera habido necesidad de nuevas confirmaciones, estas alhajas las hubieran proporcionado. Las armas de:su padre, que la habian chocado por su: semejanza con las de Edwin , eran: las de Trevanion: Lady Edwin conoció las. sortijas, como que habian sido de su abuelo Dennis, y los cabellos eran de la hermana de Mr, Mordant.: + «Mr, Bentley llegó bien pronto, y.se regocijó á vista de la dignidad desu ami-' ga, pero con cierto respeto, pues ya-no era tan familiar con Lady Trevanion como con Miss Mansel : más cualquiera que - fuese su nombre y sus títulos , ella era [42] necesaria á sú felicidad, y declaró que no lá:cedería á nadie habiendo ya entrado en capitulaciones con Mr. Mansel acer= ca del modo de participar de su compañía. “No podeis hacer cosa mejor, respon= dió Mr. Mordant; pues á pesar de la dispo= sicion del Conde, aun hay que desempeñar. algunas formalidades, y comomi sobrina: aun no tiene la:edad, viene (4. ser como!' “un depósito hasta que se cumpla; y asi necesita de tutores, Yo tengo. mótivos ins dispensables para volver lomas pronto que pueda á la Jamaica. Sir William piensa que no conviene escoger. én la fas milia los tutores ;+y me parece que ambos sois los amigos contra quienes pueden ha=' cerse menos objeciones, y á quienes mi sobrina recibirá con mas gusto. En todo loque 4 mi pertenece yo «seré exacto y: justo con ella. Pocos hombres la: merecen; pero muchos aspirarán á su mano apénas se anuncie como la heredera del “condado de Trevanion,” [43] Una lágrima se abrió paso:al través de. los párpados de -la jóven Condesa , mientras qué Mr. Bentley y Mr; Mansel ma nifestaban su gratitud por-el: honor que: se les hácia al confiar aquellá pupila á su cuidado. El último dijo que empezaría, ¡ inmediatamente sus funciones con el via= - Je que habia proyectado á Lodge... “¡Empezadlas! exclamó Ana: vuestra tutela en el sentido mas extenso y mas probable: de esta palabra empezó hace mucho tiempo, y mi primer deseo es ED nunca se: concluya.” > los «Concluido el ebiicolarey 3 de Lady Ed-' win-que iba ás: la ciudad, dec donde :1os pensaba volver hasta que se hubiesen tow mado todas la medidas necésarias para poner á Ana en posesion de'isusbienes; y añadió, dirigiéndola la palabra: “he= mos pensado qué podrán originarse en; nuestra propia familia algunos altercados, * que es inútil presencieis, y por eso si esta digna dama no se incomoda, y te que» [447 das contenta, creemos que harás bien en permanecer en su casa hasta que puedas establecerte en la tuya, ó en la de algas no de tus parientes.” Mr. Mordant dijo que su opinion era. que estando Ana tan cerca'de salir de la edad de tutela, si alguna dama prudente y bien nacida quisiese encargarse de ha= cerla compañía se le pusiese inmediata mente en su casa. . ET La conducta del jóven Edwin; era. la razon particular que él'tenia para desear colocarla fuera de su familia, y Lady Edwin tal vez por lo. mismo no se opuso ácsu consejos Así, pues,+quedó conveni do. que Mr.«Mordant «buscase una «tasa, y" Mistress: Wellers ofreció pasar el in=: vierno con ella en Londres. Arreglado este punto se separaron tomando ambos tios el: camino dela capital y ¡dejando Lady Edwin uno de sus criados para que: sir= viese á Ana, y prometiendo Mr. Mordant que escribiria cuanto: ocurriese: á Mr. [457 Bentley, quien no quiso separarse de su pupila, Mr. Mansel tomó aquel mismo dia el camino de Lodge. Entretanto que cada uno hacia sus respectivas diligencias, Mistress Wellers Para disipar la nube que frecuentemente Obscurecia el semblante de Ana, la hizo hacer frecuentes viages á pretexto de comprar los vestidos y demas adornos nece- Sarios para su entrada en el gran mundo, pero con la verdadera intencion de distraerla, Al segundo dia de su partida la escribió Mr. Mordant para anunciarla que la habia comprado una casa muy bonita en Saint James: Square, y disculpaba á Lady Edwin porque habian ocurrido en su familia algunos sucesos desagradables, Que por entonces llamaban toda la atencion; por lo cual la advertia que en algun tiempo no fuese á Grosvenor-Square. Pasáronse algunas semanas en poner Su casa en estado de habitarse, y en el [461 interin recibió en Layton las cartas siguientes. CAPÍTULO LXXV. Las A AL CABALLERO ROBERTO BENTLEY+ MONSIEUR. “De dia en dia he dilatado escribiros, porque esperaba poderos hablar de la renuncia formal á los bienes de Trevanion que Lady Edwin exige de sus hijos; pero Mr. Edwin y su hermana se niegan á complacerla. En verdad, sin la digna Ana, la vana dignidad de esta antigua familia no presentaría un aspecto muy favorable. Mr. Edwin ha disipado en menos de un año 4009 libras esterlinas, la mayor parte de ellas en el juego. Su muger, aunque me es sensible decirlo, no ha cuidado mas de su reputacion que él de su dinero; y por su parte le iguala en extra- [47] vagancia y locura. Miss Edwin ' ha sido Mamada á la casa de su madre. Un hombre que se titula Coronel al servicio de Rusia, la hizo públicamente la corte; pero viendo que su derecho á las 609) esterlinas concedidas á los segundos de la familia sobre los bienes de la madre era condicional, y bajo el supuesto de que no se reclamasen los bienes de Trevanion, ha abandonado su conquista, y ha marechado del reino. Creo que al presente se ocupan en proporcionarla otra boda en su misma familia. Lady Edwin habla po- Co, pero la juzgo profundamente afectada. En cuanto á Mr. y Madama Edwin son la pareja mas de moda que hay en la corte. “Yo no pierdo un instante en arreglar los negocios de mi sobrina : su casa estará pronto dispuesta , y ya lo está la que nosotros habitaremos. El cortinaje de da- _masco que enviásteis para Ana es excelente, y los espejos dicen que son los me- [48] jores del reino. Esta'mañana pasaron por delante de la casa Lady Edwin y sus dos hijas, y como yo me hallaba allí entonces las convidé á que subiesen , lo que verificaron. Jamás he visto mayor admiracion y despecho que el que dejaron conocer - Madama Edwin y Cecilia; pero se contentarón con decir que era demasiado lujo, aun cuando fuese para una Duquesa: y cuando las hablé de vuestros regalos, se sonrieron mirándose una á otra y diciens do: vaya, ese es el amante de la jóven heredera. Ett 78 “Ya conoceis, Mr., que si hubiese el menor motivo para disputar el derecho á mi sobrina, lo bubieran hecho sin duda: ciertamente es muy feliz para ella la cir» cunstancia de que este descubrimiento se haya hecho viviendo Lady Edwin. Os encargo que deis mis finas expresiones á mi sobrina, y cumplimenteis de mi parte 4 Mistress Wellers; y concluyo asegurán= doos, 81c,”:=J. MorDANr, [49] 14 A Lay Ana TREVANION. Mi QUERIDA PUPILA. “El ardiente deseo que tenia de justificaros“me hizo llegar á Lodge, sin reparar siquiera en la fatiga del camino, al segun-= do dia despues de mi salida; pero al entrar en la arboleda me admiré viendo la gran mudanza que se advertia en todo. La yerba: cubria todo el suelo del patio, y los goznes de la puerta estaban tan premiosos que fue imposible abrirla para que entrase la silla de posta. Una vieja me informó de que el amo de la casa y su señora estaban fuera de Inglaterra mas habia de cinco años: oido lo cual me dirigí 4 la posada reprendiéndome la vivacidad de mi carácter, 4 quien aún no han podido superar los esfuerzos de mi razon; pues á no haber sido por esto yo me hubiera informado en Londres, y allí mismo hubiera sabido que mi viage iba á ser inútil. Como ahora tengo ocasion de escribir por el Correo, Tomo 1V, 4 [567] | nobleza y opulencia, cuando sé vió el ejemplo de todas las mugeres; y el objeto de la admiracion de los hombres, Habiendo acabado Mr. Mordant de preparar su casa, y dejándolo 'todo dispuesto para recibirla, fue á buscarla en el propio coche de ella con las armas de Trevanion; pero antes de salir de la mon= taña deseó tener una conversacion con ella, CAPÍTULO LXXvVL El comerciante inglés. Luego que Mr. Mordant se vió á so. las con su sobrina empezó á manifestarla cuán feliz se contemplaba eu haber conseguido sus mas ardientes deseos > poniéndola en posesion de sus derechos, “Querida hija mia, la dijo, yo tengo una gran cantidad que volverte; ” pero como al des Cir esto advirtiese en $u rostro la; repugs nancia con que oia hablar de-éste asuntoz la puso cariñosamente la mano en la boca, Es7] »Querida sobrina, la dijo, yo' quiero: poner un término á las efusiones de tu noble corazon, pues aunque no sea un Trevanion orgulloso, sin-embargo tengo toda la altivez de mi país. Lady Edwin no podrá tener mayor cuidado en conservar el honor de su' ilustre sangre, ni vanagloriarse tanto de la dignidad de su familia , como yo me vanaglorio y. aprecio el título de comerciante inglés. La inflexible integridad , la! economía 'sin mezquindez, la hospitalidad sin extravagáncia, una noble confianza en los prin cipios del comercio, la constante rectitud del corazon y la probidad en todos los negocios, son las cualidades que deben siempre distinguir, y que generalmente caracterizan á nuestro respetable cuerpo. Vos, Lady Ana, descendeis de unos ilustres abuelos por parte de padre; pero no teneis que avergonzaros de vuestra descendencia materna, ni hareis á:un:comerciante inglés el bochorno de “inter= [58] ,rumpirle en la ejecucion den acto: co. mun de su probidad. El dinero vuestro que:se halla en mi poder os pertenece, Y yo soi demasiado rico para necesitar del caudal ageno, y demasiado pundo= noroso «para aceptarle. La justicia y la rectitud en todas mis empresas son las que las hian hecho prósperas. Mi hijo...” aquí se detuyo un momento, y viendo que se ponia colorada , continuó diciendo: “sin duda: preveis lo que voi 4 deciros; pero es necesario que sepais el motivo por qué ha salido de Inglaterra sin despedirse.” - —*¡ Dios mio! exclamó Ana, ¡¿on qué mi primo ha marchado!” —“Cuando su jóven y sensible corazon (prosiguió Mr. Mordant) experimentó la sensacion del amor viéndoos eri casa de Sir William, y que os propuso su mano, y que le siguiéseis á' la Jamaica, usó del permiso que yo le habia dado de esa coger una esposa antes de salir de Inglaterra, y no le impuse otra condicion | Eso] sino que atendiese al carácter y educacion de la persona que eligiese, sobre cuyo punto tenia mi corresponsal las mas severas órdenes; pero en cuanto á los bienes de fortuna le dejé en absoluta liber- “ tad de no pensar sino en el mérito de la dama. Oida vuestra repulsa marchó á reunirse contigos y en efecto me encon= tró en la isla de la Madera , donde yo me habia adelantado á recibirle , y le observé que aun tenia el corazon oprimi= do con el peso.de su desgracia. Deseoso de verle feliz, y sabedor de la triste situacion de la que amaba, me lisorijee que podria obtener de ella que hiciese la felicidad de un jóven que, segun el apasionado juicio de un: pas dre; era digno: de todo aprecio. No pú= diendo separarme de él: para enviarle donde: su corazon le llamaba, y detenido por diversos negocios ,'que absoluta= mente exigian mi presencia, no los terminé sino para hacer este viage con lz [60] doble esperanza de vengar á mi cuña do, y hacér cuanto pudiese para hacer fcliz 4 mi hijo, cuyo último proyecto trastornó del todo el descubrimiento de vuestra calidad. El lleno de la esperanza, que por lo comun acompaña á todos los jóvenes, se lisonjeaba de que este suceso podia serle favorable : pero ¿4 qué fin..repetiros lo que era injurioso al carácter de su padre, y lo que única- - Mente podia escusarse á favor de la violencia de su pasion y su falta de experiencia? Viendo que su amor crecia demasiado , para: poder ser “contenido por la razon y la prudencia, me determiná á enviarle á la Jamaica. Yo siento yivamente sus penas; pero el tiempo las disminuirá, y algun dia agradecerá á su padre el no: haberse prevalido de las ventajas de vuestra situacion, habiéndose- hecho. culpable.” | La admiracion de Ana fue igual á su gratitud : estos principios de probidad [61] tan conformes al carácter que desde luego habia manifestado, y estos sentimien= tos de honor y virtud llenaron su alma de unas sensaciones dulces, pero en cier- to modo penosas, que no la permitieron responderle: y asi Mr. Mordant continuó diciendo: »»Si cuando los ofrecimientos de mi hijo podian realmente seros de alguna importancia los. desechásteis con firmeza, ¿era yerosímil que ahora fuesen admitidos? Sí, Ana querida, y amable jóven, verdadera imágen de tu tierna madre , yo conozco tu alma: un falso puntillo de honor, ó el secreto impulso de la gratitud hubieran podido inclinarte á concederle la felicidad, mientras que destruias la tuya, no sintiendo para él la inclinacion que mostrases, de lo cual se hubiera originado que yo hubiese sido infeliz consi: derando la suerte de mi bijo, y experimen= tando los secretos remordimientos de mi corazon. Perdóname, Ana mia, que yo | [62] 1e moleste: debia haceros la apología de mi hijo, y no hallaba nada mas conveniente ni mas conforme á mis principios que el manifestaros lisamente la verdad. »Ahora estais enterada de los motivos - que me llaman á la Jamayca: mi deseo es establecerme en mi patria, ¿pero cuán= do podré hacerlo? Esto depende de dos cosas: la tranquilidad de mi hijo y vuestro matrimonio. Puede ser, añadió sonriéndose, que esta consideracion sea favorable al hombre dichoso que hayais elegido, y esta misma eleccion será la cireunstancia que le haga mas recomendable á mis ojos. Mr. Bentley es vuestro mas apasionado amigo: es efectivamente un hombre de bien: consultadle en todo lo que respecta al carácter y al juicio, y vuestra tia os dirigirá en la parte respectiva al orgullo del nacimiento y la no. bleza. Este orgullo tiene un fundamento laudable; pues para el bien de la sociedad es preciso que se conserve el órden de [63] las clases. Puede haber algunas excepciones en esta regla 5 pero, sin embargo, siempre la nobleza lleya consigo un no sé qué, que exige respeto, y los matrimonios entre iguales suelen ser los mas acertados. En cuanto á los bienes de fortuna vos teneis los suficientes para ambos.” Á estas palabras la abrazó tiernamente, y la dejó que se preparase para el pequeño viaje que iba á emprender. | Apénas salió del gabinete cuando entró Mistress Wellers, y como la encontrase llorando, se informó del motivo con mucho cuidado: mas sabiéndole por la relacion que Ana la hizo con su vivacidad ordinaria, ambas se reunieron para admirar los principios del comerciante inglés, , yet CAPÍTULO LXXVIL Entrada en el gran mundo. Llegó en fin el tiempo en que Ana debia ser introducida en lo que se llama gran mundo. Sensible, llena de gracias, hermosa, rica é ilustre, ¿era posible que hubiese algo de que no fuese digna ? Sus joyas eran soberbias, su casa magnífica, su equipagé suntuoso y sus muebles del mayor precio, sd embargo de que al establecer su casa se habia atendido mas á la felicidad y á la comodidad que al lujo y aparato , aunque en este último punto no se habia perdonado gasto alguno. Mistress Wellers tuvo la condescendencia de ir á vivir con ella: Mistress Clarke tomó posesion de su nuevo cargo de ama de gobierno, y se llevó consigo á su hija para que la ayudase. Polly Dalton era una de las camareras, y la demas familia estaba arreglada del modo mas prudente. [65] Apénas llegó fueron á visitarla Sir William y Lady Edwin. La alma honrada y desinteresada del primero no experimentaba ningun disgusto, aunque no por esto quiero decir que no hubiera conser. vado con gusto los bienes de Trevanion, Amaba con pasion á sus hijos, y á pesar de su libertinage se vanagloriaba de ser padre del jóven Edwin, el cual verdade: tamente era un fenómeno. La víspera habia pronunciado en el Parlamento un discurso de dos horas y media, y desplegado tal conocimiento y tal sabiduría ,+in> teligencia , profundidad y juicio, que habia asombrado á toda la cámara. Sin embargo no habia ido á dormir É su casa, ni habia parecido en ella los dos dias anteriores. ¿Las faltas de tal hijo podian encontrar rigor en tal padre? Para él , y Solamente para él era para quien Sir Wi. lliam hubiera apetecido los bienes de Trevanion > Y así suministraba mas liberalmente que nunca á sus caprichos, Tomo 1/, 5 Emy CAPÍTULO, ASS Las riquezas no o lo son todo, Establecida ya Ana en la ciudad «se presentaron varios aspirantes á su Mano, y todos fueron despreciados en el punto: mismo en que hicieron $us propuestas, y que convencieron á aquel pobre corazon viudo del que ninguna mutacion de la vj= da era súficiente para hacerla olvidar el primer objeto que la habia sido grato. Su muerte, que ella tenia creida, fijaba un término á todas sus e lációnal en cúan- to al matrimonio. Miéntras que Herbert vivia jamas habia tenido la esperañiza de verse unida á él; pero se habia lisonjea= do con la de-poder amarle en: secreto; sin perjudicar á la feliz muger que estaba destinada á participar de su corazon, y llevar su nombre. ... Todo lo que él decia, ó hacia, llevaba el sello de la perloa : su imaginación descansaba en [73] él, y sus esperanzas murieron con él. Todavia sus horas de retiro estaban dedicadas á estos tiernos recuerdos ; y un día que se empleaba en representarse sus antiguas escenas de felicidad entró un criado anunciando la visita de Madama Herbert y su hija. * Agitada por estos fúnebres pensamientos , pálida como la muerte, y llevando en su rostro las deplorables impresiones del estado de su corazon, «llend; de admiración á aquellas damas, que creían hallarla' en todo el lleno de satisfacciones que «debia inspirarla la mudariza de su suertes: crol do 119 2010 + bisih A cogió su mano pasiva , y la felicitó por el dichoso descubrimiento de su cuna. Madama Herbert la dijo cuánto pudo dictarla sobre el mismo objeto ¡la benevolencia de su corazon. El luto“que todavia llevaban aquéllas señoras pesaba demasiado sobre el corazon de-Ana, quien no pudo articular palabra. hasta despues ! E743, de haberse desahogado con algunas lía grimas. Entonces contestó con la más tiers na: expresion á todas sus felicitaciones; recordó la bondad con que MadamaHerbert la favoreció en otro tiempo, y. su corazon reclamó la amistad de Patty. Dió órden que dijeran que. no «estaba. en casa, para disfrutar enteramente de . La compañía de aquellas. damas, y gozar con sus amigas una de las ventajas efectivas que proporcionan las riquezas- y la independencia. Entonces sé reprendió á sí misma por no haberlas escrito ;. "pero, ¡ty Dios!” exclamó temblando; y 10 pu= diendo fijar los ojos en el luto sin renovar sus lágrimas, “¡ay desmí!. qqué a yo haberos dicho? 000.00 0, 05 ¿Madama Herbertimas: Edda en su dolor que lo que Ana:sé, habia figurado, no. hizo mas que-dar un suspiro',-y. sus ojos se, llenaron del lágrimas ; pero como si ambas tuviesen: gustó en dejar. de ha> blar de aquel ¿riste asunto, no respondier [75] ron palabra. La conversacion se fué debilitando por algunos momentos, hasta que Madama Herbert volvió á entablarla disculpándose por su parte del silencio que habia guardado, y asegurándola que por mas inconcebible que esto pudiese parecer, era cierto que Lady Edwin al participarla que habia parecido la heredera de su hermano habia callado que esta heredera fuese Ana, y Patty la interrumpió para decir, poniéndose muy colorada, y Mr. Wilkinson aun no lo sabe, En seguida hablaron de Llandore: Madama Herbert elogió á Mr. Wilkinson, confesando que debia muchas obligaciones á la bondad de su corazon, cuyo elogio fue repetido tambien por Patty con una vivacidad y un entusiasmo que no se ocultaron á la penetracion de Ana. Madama Herbert habia sido convida= da aquella mañana para pasar-la tarde en Grosvenor-Square; pero permitió á su hija que se quedase con Ana: como de- [767 bia salir pronto de Londres , ambas jóve= nes deseaban igualmente pasar juntas todo el mas tiempo que pudiesen, Apénas pues se vieron solas, se volvieron á abrazar , y se abrieron recíprocamente sus corazones. Patry la dió cuenta del modo con que habia sido su despedida de Grosvenor- Square,, y del cómo su carta habia caido * ¿en manos de Miss Edwin, cuyo aborrecimiento á nuestra heroina era igual al cariño que antes la habia manifestado ; y añadió que esperaba, sin embargo, que cuando se viese casada con su hermano, éste la dominaria lo bastante para obligarla á dejar en Londres sus extravagan= cias, y no llevarlas al país de Gales. Iba á continuar, cuando Ana interrumpiéndola con todas las señales del mayor asombro la dijo: “*; Vuestro hermano! ¿pues qué vive? ”— “Sí, gracias á Dios;, respondió Patty sonriéndose ; pero, ¿por qué me haceis esa pregunta? ”-—*¿ Y por / [77] qué llevais ese luto?” replicó Ana. — "¡Oh! contestó Patty, aún no os he contado mas que la mitad de las penas que hemos padecido desde que no nos vemos. Mi pobre padre. ... pero yo os lo contaré, todo, y la honradez con que Mr, Wilkinson se ha portado con nosotras.” Entonces refirió con ingenuidad y sin arte alguno el arresto de su padre, el incidente de Tyrrel, el buen natural de Collet, y el destierro de Cárlos, Las agitaeiones de temores y espe= ranzas de nuestra heroina durante esta narracion no pueden describirse con la pluma; pero al fin su alma quedó tranquila con respecto á Herbert. “Mi tia, continuó Patty, halla que su heredero legítimo es el hijo de su cuñado: ha escrito á mi madre, y aun creo que la ha comunicado algo de las imprudencias de mi prima; pero al mismo tiempo dice que Cecilia prefiere 8davia á mi hermano. Como ella conservará aun muchos bienes, / 78] , “mi tia recela que éstos no sirvan de cebo á los malos designios de algun aventurero; é igualmente recela que la disminucion de caudal que ha experimentado Sir William no sea un obstáculo para hacer, como pensaba , la suerte de Cárlos; por lo cual insta á mi madre para que pronto se realice el matrimonio tratado hace mucho tiempo entre ambas. Yo no puedo decir qué es lo que ha pasado entre mi madre y Cárlos; pero sé que él solo ha consen» tido en: complacerla con la mayor repugnancia. Así hemos venido á- Londres , donde le aguardaremos, y despues partiremos juntos á S. Dennis, lugar en que se celebrará el matrimonio.” Esta conclusion sobresaltó á nuestra heroina , pero su altivez la ayudó á ocultarlo; y procurando distraerse á sí misma bajo la apariencia de una falsa vivacidad, la empleó en hablar con su amiga toda la tarde: de modo que la energía de su alma la proporcionó lo que no hubiera poui [793 dido hacer el artificio, dándole la apa» riencia de la mayor alegría, mientras que su corazon estaba despedazado. Patty sintió mucho que la etiqueta la obligase á partir pronto para acompañar los novios á S. Dennis: prometió escrihbirá Ana, y volverla á ver apénas pudiese. Mr. Mansel la acompañó á Grosve- nor-Square , de donde volvió con la noticia de que Cárlos habia llegado, y vió confirmadas todas sus sospechas de la inelinacion de Ana en el modo con que oyó esta noticia , sin embargo de que no habló palabra. Se retiró á su cuarto, y despidiendo á los criados se arrojó sobre un sofá, ¡Con que vive! exclamó ella: ¡Cárlos existe! ¡Es posible! Mas, ¡ay Dios! ¿Para quien vive? Al fin debe: casarse con Miss Edwin. ¡Pobre jóven! ¿no le hubiera sido mejor haberse muerto?....” y despues de una pausa: “esta boda no €3 por su propia eleccion: no;: pero' la [80] gratitud. ... ¡ay de mí! ¿puede ella reemplazar al amor? ¡Cuán poco delicada es el alma que se contente con ella!... Ambos serán desgraciados; pero ¿por qué digo esto? ¿tengo derecho. á pensar que mútuamente no se aman? Si esto fuese así, ¿hubiera él condescendido tan pronto con el plan de su familia? ¡Ah! no... ¿y por qué motivo conservo yo una pasion que me aflige, envenena mi vida, y me priva de tados los placeres? ¿Por qué mi memoria, demasiado fiel, no cesa de recordarme sus perfecciones? ¿Será para mí mayor delito el amarle y adorarle ahora que mis bienes pueden serle útiles, que antes cuando pobre y destituida de todo no tenia otro deseo que el de su felicidad ? No esperemos ya nada: cásese con Cecilia: por lo menos sus hijos serán mis herederos: en todo caso yo seré para él una hermana sensible y una fiel amiga.” Lisonjeándose con estas ideas se tranquilizó 5 pero la fue imposible dormir, y [81] por la mañana sus ojos abatidos dieron indicios de lo poco que habia descansado, Cuando la llevaron los periódicos en que se ponen las listas de las personas que llegan á Bath, brilló en su alma un rayo de esperanza de hallar algo de tranquilidad mudando de pueblo; y especial. mente yendo á un parage donde no oiria hablar de los Edwin, ni de sus negocios. Inmediatamente propuso un viaje á Bath, pretextando que no gozaba salud en Lon. dres, diciendo que Mistress Wellers la acompañaría. “Por amor de Dios, os rue- 80, dijo Mr. Bentley, que me digais que cosa hay en Londres que vuestra alma enferma no pueda encontrar en Bath." “Muy bien , contextó ella aparentando alegría: yo estoi determinada á probar vuestra galantería. ¿De qué me sirve te- - Cr tantos ancianos en mi comitiva , Si yo no hago alarde de su excesivo afecto, arrastrándolos tras de mí? ¿Vendréis tambien, amado tio?» ¿Hablais séria- Tomo LY, 6 [88] exactamente segun se referia, ¿cómo podria abrir su corazon y sus penas/á una muger que por su conducta habia ocasionado el duelo de su marido? ¿Cómo podia manifestarla sus sospechas? La estimacion y amistad que profesaba á nuestra heroina eran del mas alto grado, y en el momento en que la desgracia la heria tan vivamente buscaba en vano una alma con quien pudiese comunicar sus penas, Es verdad que tenia allí 4 Madama Herbert, pero sus propios sentimientos y su dependencia quitaban á sus consuelos todo el valor que podian tener por sí mismos. Así no pensó sino en Ana, la envió á llamar, y se arrepintió de ello cuando la vió tomar una parte tan viva. en sus penas: un instante despues, habiendo llegado un recado de Portman-Square , se vió precisada (aunque con disgusto) á dejarla sola, confiada á los cuidados de Madama Herbert, y partió acompañada de Cárlos. En aquel momento volvió Miss Edwin p , [89] 4 íncomodar á Ana con el aire de altivez y de aborrecimiento que se dejaba ver al través de su pena. Pidió que su tia se fuese con ella / pues creía que Madama Edwin iba á espirar: que ya quedaba al lado de su cama un médico y un boticario, y que se habia enviado á buscar un cirujano. Dijo que la convulsion que habia sufrido la habia producido un mal parto, y que asi se miraba deplorable víctima de uno de aquellos extravíos del honor de que poco antes se hubiera burlado. Madama Herbert suplicó á Ana que pasase al cuarto de Lady Edwin, cuya camarera se encargó de cuidarla. Esta era una muger honrada y sensible, que la ha- * bia conocido en la casa cuando no era sino Miss Mansel, y asi se aprovechó de esta ocasion para presentarla sus respetos; pero apénas empezó. su arenga cuando fue llamada á asistirá su ama en casa de Mr. Edwin. Ana habiendo quedado sola, y siem- [907 pre esperando otro nuevo susto, se esfor= zÓ á poner en órden sus pensamientos, que en su giro se dirigian todos á un mis= _mo punto; es decir, que á pesar de los horrores que la cercaban, Herbert estaba siempre delante de su imaginacion, cuando repentinamente se abrió: la puerta del cuarto, y se halló con él. Yo creí que estaba aquí mi madre, * dijo Cárlos, cuando viendo á Ana sola y Morando le impusieron silencio su confu sion y su agitacion, Ella le preguntó dos veces por Lady Edwin y su hijo antes que él diese el menor indicio de haber atendido á su pregunta; por fin respondió de un modo muy expresivo que las horribles escenas de aquella mañana eran tales, que no debia: ella presenciarlas; y asi la suplicó le permitiese :irla acompañando á su casa. “Lady Edwin, continuó él, está demasiado ocupada para vol. ver pronto: Madama Edwin no es digna de que tomeis parte en la pera que pade- | [91] ce, y que se ha buscado: permitid , pues, mi querida Ana, que yo os aleje de este funesto espectáculo. ¡Oh! prosiguió con una agitacion demasiado fuerte para poder ser contenida ó disimulada , ¿por qué no he tenido yo la felicidad de haberos preservado de las desgracias que han rodeado vuestra existencia, velando sobre vos, y protegiendo vuestro honor y vues= tra belleza?.... No retireis esta mano, que acaso por la última vez tiene asida: el mas infeliz de los hombres, ni me negueis el consuelo de patentizaros la desgracia, que seguramente acabará mi vida.” Ana, no menos afectada que Cárlos, se acordó, sin embargo, desu situacion recíproca. 3 Viéndole comprometido con Cecilia podia permitirle que la hiciese una declaracion tan contraria á su ho- nor? ¿No era él libre cuando se sujetó voluntariamente á aquel empeño? ¿y al presente no estaba obligado 4 hacer cuantos esfuerzos pudiese para borrarla de su [921 memoria? La pasion y el orgullo se combatieron en aquel crítico momento; y cuando con el corazon lleno de terneza veía delante de sí, casi sin poder hablar y reducido á la desesperacion al primero, último y único objeto de su amor, ella se armó de resolucion, y con tanta firmeza como libertad pudo aparentar, y aun tambien con un poco de altivez le dijo que no permitiria se tomase el trabajo de acompañarla : que Miss Edwin acababa de salir de allí en una situacion que exigia sus socorros , los cuales no era razon desperdiciase con ella. A pesar de todos sus esfuerzos, en el momento en que pronunció esta sentencia su razon y su altivez parecieron demasiado débiles para sostenerla: su corazon se debilitó, decayó gu VOZ, y apénas pudieron ser oidas sus úl. timas palabras. Herbert haciéndola una profunda cortesía , con la que intentó ocultar sus conmociones, dejó que ella Tetirase la mano: despues de lo cual Ana [937 saliendo precipitadamente tomó su coche, y regresó á su casa en un estado dificil de pintar. Sus tristes miradas, su voz débil, y su agitacion encolerizaron á Mr. Bentley , quien dijo no concebia cómo podian tener la barbaridad de llamarla á expectáculos de esta especie. Inmediatamente se retiró á su cuarto seguida de su amiga; en cuya compañía se desahogó llorando, sin comunicarla la causa de sus penas; no porque tuviese motivo de ocultarlas de aquella digna amiga, sino porque la contenia la idea de que era poco pundonoroso para ella el consentir que su tranquilidad se alterase por un hombre , que jamas habia dado un paso para obtener su mano, y que acababa de comprometerse con otra. Mr. Mansel llamó muy quedito á la Puerta, y fue admitido. El buen hombre notaba hacia mucho tiempo que estaba afligido el corazon de su hija, nombre que siempre la daba; y asi la suplicó que [947 se franquease con sus amigos, y aun dijo algo acerca del jóven Herbert y de su proyectado matrimonio. Mistress Wellers conoció bien pronto que allí era donde estaba la raíz de la enfermedad; pero se sorprendió de que Mr. Mansel hablase de este matrimonio como de una cosa irrevocable , porque Collet la habia confiado cuanto habia pasado entre él y Herbert 5; y aunque jamas habia hecho uso de esta noticia, fue por haberlo asi prometido al Doctor: como Ana tampoco la habia nombrado á aquel jóven, ella no sospechaba que pudiese turbar la paz de aquel corazon. Su silen, cio doloroso y penible la explicó en aquel instante la raíz de sus penas; pero como evitaba contextar directamente á ninguna pregunta, la insinuaron que convendría tomase algun poco de descanso, en lo que convino ella con tanto mayor gusto, cuanto mas deseaba libertarse de sus cansadas y oficiosas pesquisas. NS [953 CAPÍTULO LXXX. Conclusion de la aventura de la máscara. En el instante en que Mistress We- Mers se vió sola con Mr. Mansel le contó cuanto sabia del cariño de Herbert á Ana, y él no solo quedó sorprendido, sino aun tambien muy afligido al oirlo, viendo que los dos jóvenes mas amables, que no tenian para ser felices mas obstáculo que la obediencia , debian ser igualmente desgraciados por su separacion. El conocia la inflexibilidad de los Edwin en cuantos . Puntos creían su honor comprometido, y sabia igualmente el justo valor que en la mente de Ana tenian los sentimientos de Conveniencia y pundonor, é inferia que ella jámas consentiría en manifestar el deseo que pudiese tener á que aquel matrimonio no se realizase. “Yo preveo , decia con dolor ,+ que Lady Ana será desgraciada, á pesar de su juventud, belleza; [967 ¡lustre cuna y riquezas. Tal es el imperfecto estado de todas las bendiciones humanas, que como la afliccion en este mundo corrompido conduce algunas veces á: la felicidad, todo lo que él ofrece de mas lisongero , es frecuentemente el orígen de males mas penibles al alma, que la cadena de penas ordinarias que diariamente visita á la porcion mas pobre y laboriosa.” Otro recado de Sir William interrumpió la conversacion, y como el mensagero exigia respuesta se vieron en la precision de turbar el reposo de Ana. La esquela era una nueva súplica de Lady Edwin, que la rogaba hiciese el favor de pasar á Portmant-Square. Aun no se habia acabado de leer esta esquela, cuando se presentó Madama Herbert anunciando sus miradas la consternacion de su alma. Pidió á nuestra heroina que fuese con ella, si es que la era posible sostener aquella patética escena; y añadió: “Mr. Edwin está espirando, y dice que antes e Es de salir del mundo quiere veros: sus dolores acabarán bien pronto: ya la parte de su herida comienza á estar insensiW ble, y ahora padece menos” qué antes, pues verdaderamente entoñces no hubiez rais podido verle. Por amor de Dios venid conmigo, si podeis,» > q ebiscd Ana no necesitaba de tantos ' Heb? Mistress Wellers quiso acompañarla, y Mr. Mansel pidió: permiso Leo Aid igualmente. 2 0100 , . Cuando llegaron 4 casa de Mr. Ed: win reinaba el mas profundo silencio e estaba desierta aquella antesala; que antes ocupaban tantos y tan brillantes criados. Silvó el portero)" y Bates presentán= dose con el mayor abatimiento los condul jo, atravesando” una porcion de salas magníficas y solitarias, hasta un gabinez te, donde Lady Edwin: en una muda de sesperacion estaba sentada al lado de la cama de su hijo, mientras que al otro extremo estaba Sir William puesto de ro. Tomo IV. 7 F [1047 sa; y un:mes despues fue depositado jun- to á él el suyo, segun:ella dejo dispuesto. CAPÍTULO LXXXL e ( Volvamos un poco atrás. ». ¿Madama Corbet, á quien ya he presentado á mis lectores, era una muger á la moda,: que habiendo quedado viuda - muy jóven, mo habia tenido guia ni principios para arreglar sus acciones. No habiendo sido feliz con su marido, hizo vo- to de no tener otro; pero no se: prohibió el placer de recibir amantes , sinoque al contrario en este punto se dió á sí misma amplias licencias. No tenia ninguno de aquellos mas amables de su sexo, ni tampoco la mas ligera idea de modestia ni pundonor, Era hermosa y adornada de gracias, y mediante una larga práctica sé habia hecho maestra en el arte de agradar. Sus intrigas erah numerosas ; pero <omo'el corazon tenia poca parte en ellas, [105] regularmente eran de cortísima duracion. El dia que comió con Madada Edwin y su marido fe un dia funesto para su sosiego. La indiferencia con que éste recibió sus insinuaciones excitó su cólera, sin. disminuir el amor que él la habia inspirado, y que bien pronto llegó á ser excesivo. Ella no desperdició ninguno de los artificios comunes; pero el corazon á quien acometia estaba tan lleno de los placeres del juego, que apénas dejaba lugar para el cariño, y así satisfacia sus groseros apetitos con mas facilidad que delicadeza. Cuando la pasion del juego le permitia algunos deseos mas serios, siempre éstos se dirigian á Ana. Madama Corbet no estaba acostumbrada á abandonar el proyecto que concebia, y así mediante un soi! le envió un desafio galante, qué ningun jóven del gran tono podia desatender sin comprometer su reputacion. Viéronse en efecto ; la dama quedó contenta , y las [1067 visitas se sucedieron, de modo que la a: mistad tomó tanta mayor fuerza, cuanto eila no oponia ninguna resistencia. Uniendo la traicion al artificio formó el designio de hacer ver á Mr. Edwin la mala conducta de su muger, creyendo que con esto daria lugar á un divorcio, que la “pondria á ella en legítima posesion del objeto 4 quien amaba. El fatal baile de máscara no era ni el primero ni el único parage donde Madama Edwin se habia retirado sola con el Conde Maxwel. Cuando Madama Corbet eligió este parage estaba segura de lo que sucederia. Citó al marido, á quien empleó toda la noche en seguir los pasos de su esposa, y por su consejo la siguió. tambien á su casa, donde la sorprendió con el Conde. Madama Eorbet contando con el desprecio de Edwin para con su muger, y no conociendo, ni temiendo la: natural viveza de la gente de su país, habia'pen- [1071 sado que él se contentaria con el recurso de las leyes; pero la terrible consecuencia de su traicion hácia, una muger, á quien ella llamaba su amiga, y que en realidad no se habia abandonado sino por el influjo de su mal ejemplo, la hizo verdaderamente desgraciada cuando supo la muerte de su amante, y conoció que habia sido obra:suya. La parte odiosa que habia tenido en esta tragedia la grangeó el horror y el desprecio de todo el mundo, Su casa, que habia sido frecuentada por aquellas personas que aún no habian abandonado enteramente el deseo de conservar una buena reputacion, fue enteramente desierta. Como su fortuna era muy limitada para sostenerla sin los socorros que á veces recibia de Madama Edwin , y como ya no la quedaba ni un solo amigo, se vió obligada á retirarse en casa de unos parientes pobres, donde cubierta de vergiienza y de rubor murió en la mayor miseria, [1087 Madama Edwin llegó á ser tan odiosa á Sir William y á Lady Edwin , que la atribuían la: pérdida de su hijo, que ni aun quisieron oirla nombrar, Sir William la cerró la entrada en su casa; pero sin embargo conservó siempre una amiga celosa y una enérgica defensora en la persona de Cecilia. Los sentimientos de esta jóven eran enteramente conforW - mes á los de ella: así se reconcilió fácil: mente con la idea de la muerte de su her= mano; y aun este suceso aumentaba considerablemente sus perspectivas : el aumento de su caudal era para ella un bien de mayor importancia que la vida de cin= cuenta hermanos.::: d51 Cárlos Herbert era entonces el incontestable heredero de Sir William, cuyos bienes le habian sido substituidos por el testamento de su abuelo materno. El caudal de Milady Edwin con todos'sus derechos pertenecia 4 Cecilia. El deseo que ésta tenia de volyer al gran imundo, de A [109] cuyo seno habia sido arrancada múy á su pesar, se renovó con los medios de sarisfacerle. Cuando confesó su amor á Cárlos lo hizo con el objeto de conciliarse él afecto de sus parientes, que disgustados con la imprudencia de su conducta. la a. menazaban con fijarla un “género de vida, que ella detestaba. En cuanto á aquel jóven ella verdaderamente le habia Juzgado: amable; pero habia sido-antes de que su - —Blsto se hubiése hecho: familiar con el - Érato del gran:mundo), y antes de «que hubiese aprendido 4 burlarse de los-lazos mas sagrados. El Coronel Mendez la -ha- biadado, asícomo otras lecciones , las de despreciar la verdad; y apasionada de él, como lo estaba, ninguna persona! pqdia ser menosde su «gusto que Cárlos; Pero no ignoraba la manía de su madre, Que era dar.gran peso á:cuanto pértene- Cia á sus ranciás ideas de nobleza : sabia que Sir William no se opondria en: nada Aé esposa. y «que el matrimonio de 'am: | [110] bos primos habia sido siempre su objeto favorito. Por último, conocia que fingiendo amar á Cárlos disipaba algunos rumores desagradables, que se habian espar= cido con motivo de sus relaciones com Mendez. aa : > Débese añadir á todo esto que se com. placia efectivamente en hacer daño: no ignoraba que ella no era la primera en el corazon de Cárlos: ¿ y podia vengarse mas. deliciosamente que haciendo imposible la: union de éste con. la persona que amaba? Si (como se lisonjeaba) él rehusase 'su mano, entonces incurria en. la desgracia: de toda su familia, y se veria precisadal 4 vivir en un país extrangero, de donde si alguna vez volviese, seria sujetándose 4 condiciones tales, que él no podria so= portar, cuales serian las de vivir bajo la dependencia de unas personas; que creerian que él se habia portado mal con ellas: Mas en esta última esperanza quedó burlada. Herbert habia salido de Ingla- [1113 terra medio convencido de la imprudente conducta de Ana. Lo que hacia dudoso la' primera carta de Collet, se hallaba probado hasta la demostracion en su sé. gunda; y así habia abandonado todo pensamiento relativo 4 ella, excepto el del sentimiento y la compasion. El deplorable fin de su padre, el aumento de las obligaciones que tenia á los Edwins, la noble conducta de éstos respecto á su madre y hermana, y el paternal cuidado que tomaron de él mismo, le hubieran hecho ' dar por ellos su vida, sin murmurar una "pálabracicióbdiesi aos hn vs ¡Es verdad que cuando-Madama Herbert le propuso por la primera vez el ca. samiento.con su prima mostró tal disgus: to:por la conducta y modales de ella, que él habia presenciado, y presentó como tan graye y costoso el sacrificio quese veria abligado á: hacer , Que su: respuesta fue como. si Positivamente: la. rehusase; Pero cuando su madre, á quien adoraba, Y [1127 se puso á recordarle los favores de Sir William y Lady Edwin, el deplorable estado en que ella y su hermana se hallarian si aquellos señores las abandonasen, la nota de ingratitud en que incurririan si se negaban á una propuesta, que hacia el objeto de sus mas ardientes votos; cuando ella le suplicó que no pusiese el colmo 4 las desgracias «desu madre:, le aseguró que todas sus esperanzas de consuelo. dependian de su complacencia en aquel momento, le recordó que pensase los años que ella habia pasado en su'triste vida, los dias entre las lágrimas de: la afliccion, y lás noches sin “el alivio: del sueño, por lo cual le pedia no expusiese á una nueva prueba susalma, ya tañicabatida, qué no.podia soportar mas penas; y. por último, cuando Cárlos, consideró por sí mismo que la única persona á quicn habia amado ya, estaba ¡perdida para'él, cualquiera que fuese el disgusto conque mirase á Cecilia, no pudo resistirsey' Y / o [113] rehusar Á una madre querida el único consuelo que estaba en su mano proporcionarla: así la dijo que respondiese porél, la prometió restituirse á Londres apénas se lo mandasen , y escribió á su tio y á su tia en términos conformes á estas ideas, Cecilia no se habia figurado que el negocio debia concluirse con tal rapidez: su único designio habia sido revocar la sentencia que la condenaba á vivir en el pais de Gales, poner á Cárlos en un apuro, y divertirse esperando el resultado. Luego que vió que ya no habia mas remedio, imaginó que mas facil la sería gobernar á Cárlos que á sus padres, y que era preciso someterse con gusto á lo que ya no podia evitar, Herbert al salir de Francia para regresar á Inglaterra habia dejado de recibir la última carta de Collet , donde éste le daba aviso de la inesperada fortuna de Muestra heroina; y como Lady Edwin en Lomo 1V, g [x201 dente conducta se habia quitado la esperanza de ser admitida en las sociedades de algun respeto, era facilísimo el obligarla á recibir en su casa las visitas de aquellas. personas ,'. que eran las menos oportunas para restablecer su reputacionperdida. Viuda, sin-hijos, y con un caudal inmenso llegó á:ser un objeto interesantísimo para un jóven Oficial de Guardias, llamado el Capitan Mellish, el cual con el auxilio de uña buena figura; y el competente grado de seguridad, llegó á introducirse-bajo los auspicios mas favorables en el:corazon de. Madama Edwin, - en cuya:casa no tardó en.encontrar á Cecilia, Lal historia del Conde y de Mendez, quée;era: demasiado. reciente para poder ser olvidada, le sugirió la: idea de acomodar 'á uno de sus camaradas, Oficial de sa mismo grado, á quien present6 4 las damas, y que inmediatamente se enamoró de Miss Edwin, como su intro» ductor de la viuda, 0002. 0000000 [x21] La familia de Grosvenor-Square se hallaba en la mas profunda ignorancia de estas relaciones; pero Mistress Wellers y Ana oian hablar de ellas en todas partes; pues éste era el tema de las conver= saciones de la mañana, que se repetía en la mesa, á la hora del té, entre las comidas , en el juego, y en todas las casas del barrio de St, James, á excepcion de | la de Sir William, y de aquellas que 'éste ó su esposa visitaban, pues su presen= cia, suspendia. esta conversacion interin estaban delante. lso Aguardábase por momentos que lle gase á la ciudad Mr. Herbert para tomar su asiento en el Parlamento, y la familia de Edwin no:estaba detenida sino por los negocios de Ana, que bien pronto iban á ser terminados: así se juzgó mas prus dente el evitar hablar de lo que tenia escandalizada á toda la ciudad, mejor - que no añadir esta nueva pena á las de E aquella familia respetable. Ts > [1221 Enmedio del brillo de las riquezas y de cuantos placeres pueden procurar encontraba Ana en el fondo de su corazon una prueba de la ineficacia de estos medios para lograr la felicidad. En vano el buen Bentley continuaba sus esfuerzos para distraérla de sus propias penas, llamando su atencion á las de los otros : ella era-el consuelo de los aftípidos; sus bendiciones la acompañaban; pero todo esto no disminuía los tormentos de su alma: y aunque ella hacia todo lo “posible pára ocultar su estado , éste no se encubría ála tierna inquietud de sus amigos, que temian que al cabo no abreviase su vida, Mr. Mordant estaba inconsolable , y Co- Het, que no éra menos estimado de Mr. Bentley por la pureza de sus principios que por sus conocimientos en la medicina, se hizo con un coche muy bonito y dos caballos: negros , con lo cual. pe visitarlos diariamente. : Un aumento tan singular en la: fortu- [123] tuna de un bóticario, que no asistia sino á los enfermos del pueblo, no podia dejar de excitar la curiosidad: y tal vez mis lectores sospecharán en vista de los ejemplos añteriores, que un poco dema ledicencia y de escándalo se mezcló en las, ingenuas conjeturas de: los juiciosos habitantes de Layton; pero nada de esto sucedió. Si Mr. Collet mediante pérdidas imprevistas , la diminucion de sus parroquianos, las maliciosas reflexiones de sus vecinos, Ó cualquiera otra:causa, se hubiera visto precisado á: deshacerse de un' coche en: lugar de comprarle, no es dudoso que esta feliz circunstancia hubiera proporcionado á los caballeros y: madamas del pueblo la ocasion de repetir.to= das las faltillas de su vida, y el derecho de juzgar todas las que tuviese; -Ó se les quisiesen suponer. En fin; esto les hubiexa abierto un vasto campo para haceros. tentacion de su compasion natural, lasti> mándose del pobre hombre, ó bien para [124] manifestar la penetracion de sus jueces, quienes no dejarian de decir que siempre habian conocido que concluiría de aquel modo. Pero en el caso actual su coche aumentó su crédito, le proporcionó conyites á la mesa y al té en casa de Mistress Bibbins; y aun empeñó á una señora que tenia escuela en el pueblo, y de la cual él estaba hacia tiempo enamorado, á ha-= cer tales insinuaciones al modesto y desconfiado boticario, que él finalmente habló y dió á Lady Ana la ocasion de honrar con su presencia sus bódas, que se hicieron en su casa, donde en virtud de una especial licencia fue Mr. [Mansel quien les dió la bendicion nupcial; ceres monia en que Miss Herbert hizo á Mis. tress Collet el honor de darla lamano co-. P mo madrina, - La tarde de aquel mismo dia llegó una carta de Mr. Wilkinson 4 Ana, inelusa en otra á Mt: Mansel, quien se las | entregó ambas , y habiendo pedido á los N A 2 y circunstantes el permiso de ver lo que la escribia uno de sus antiguos amigos , leyó lo siguiente : Az Rev. Mz. DaviD MaAnsEL. “La ausencia de nuestro digno pastor, aunque suplida muy regularmente por su substituto en cuanto á las funciones parroquiales, no puede ser sentida por nadie con mayor yiyeza que por mí, ¿Cuándo volverá nuestro buen rector? Esta es Una pregunta que sin cesar nos hacemos, y í la cual yo desearía poder dar la respuesta. »Vos habeis tenido la bondad de participarme el resultado de vuestras investigaciones respecto á Lady Ana Treva» nion. Yo me regocijo con este descubri. miento, y mi alma se enagena con la Certeza de ver la mas bella y mas amable de las mugeres en un rango donde su ejemplo y Su mérito brillarán para «utilidad del mundo. Me decis que cuando yo [126] pueda ofreceros con un corazon libre mis enhorabuenas por este feliz acontecimien- to, las presentareis á los: pies de vuestra encantadora patrona. Este tiempo ha llegado ya: de lo que mas me lisonjeo , respecto á ella, es de haber tenido bastante penetracion para distinguirla y amarla, -no antes de que fuese el objeto de la admiracion de cuantos la conocian;. pero sí antes de que se me pudiese atribuir cosa que desdijese del amor mas puro. s»La carta que tengo el honor de acompañar á ésta podrá exponerme á ser censurado como un hombre vano 35 pero me lisonjeo de que serán precisas fuertes pruebas para acreditar que mis intenciones no son rectas. Si mi súplica merece ser honrada con la aprobacion de Lady Ana, ella tendrá la bondad de comunicárosla , y entonces cuento con vuestros buenos oficios relativamente al asunto que: contiene: pero si Ana no la aprobáre, entonces hará el favor de 0- [127] cultar el nombre 4 vuestro, Sc. Enuar- DO WILKINSON.” , ! v A Lay Ana TRrEVvANION. (Carta inclusa en la antecedente. ) SEÑORA. “Si esta carta habla otro lenguaje que el de las mas sinceras felicitaciones por vuestra entrada en esa familia, y en los honores de que sois el principal ornamento , no por eso disminuirá ninguno de mis sentimientos. Por mas ardientes que hayan sido mis deseos, siempre fueron moderados por un presentimiento de vuestra superioridad y de mi propia inferioridad. El descubrimiento que acaba de hacerse prueba que no me equivoqué, y aunque me sea imposible explicar leste misterio, lo cierto es que siempre esperé mas que temí un suceso semejante. Áceptad, pues, señora , los votos mas sinceros de un corazon, que jamas ha sido culpa- [128] ble hácia vos; y feliz, como lo sois poseyendo todas bendiciones terrestres, perdonad el atrevimiento y la confianza de un hombre, que quisiera perder la yida por serviros. Mediante el favor de mi difunto amigo Mr. Herbert me hallo en posesion de un caudal considerable , una parte del cual resulta del producto de las ferrerías que mi actividad han hecho tan útiles á los asociados. Mi suerte es fijarme “en este país lejos de la sociedad , donde “mis inclinaciones me llevarían, y por lo menos permaneceré aquí algunos años, antes que la felicidad de la independencia me proporcione la libertad de elegir otro parage. Yo he nacido para: la sociedad: mi corazon necesita una compañera. ¿Conoceréis, señora , en el número de vuestras amigas alguna que quiera recibirle penetrado y despedazado por su primera inclinacion? Las últimas palabras que me dirigió Mr, Herbert fueron. A Pr — [1297 estas: acordaos de que yo fuá vuestro ami go. Esta advertencia, que no era necesaria , jamas puede borrarse de mi memoria. Si la vanidad y mis propios deseos me hacen delirar, Lady Ana Trevanion tendrá compasion de un amigo sin descus brir su locura. »Leyendo en los ojos de Miss Herbert he creido ver que ella ha heredado las bondades de su padre: si vuestra aprobacion me favorece, yo seguramente inten- .taré probar si me hc engañado ; pero en vuestra mano está el imponerme silencio para siempre. La sumision á vuestras órdenes, la veneracion á vuestro dictámen, y el respeto á vos y á vuestra familia no . . . v pueden concluir sino con la yida de= EDUARDO WILKINSON.” Miss Herbert, cuya curiosidad se ha- ) cuy .-1 > Xx . bia excitado vivamente por el modo con que Mr. Mansel habia entregado estas cartas, y la prontitud con que fueron abier= tas, se sintió indispuesta ames de que se Zomo IV, 9 [1367 Ana se levantó diciendo que era tarde, y que estaba citada. “No y querida mia, dijo Lady Edwin: ahora tenemos otra boda que arreglar, y así no os retirareis. Vos sois al presente la principal de la familia de Trevanion, y conviene que seais consultada,”-—-"; Consultarme? respondió Ana temblando. ¡ Ah! señora, yo os suplico me perdoneis.... yo no tengo ninguna especie de derecho: yo.... en verdad... .” —“ Ana, interrumpió su tia; ved que estais engañada; y aun cuando esto no fuese, siempre me hariais un favor en quedaros.” Ana volvió á sentarse, y pudiendo apénas ocultar la agitacion de su espíritu: y no atreviéndose á mirar á Herbert, cor- - respondió 4 su saludo inclinando un poco la cabeza; accion que se asemejaba mas al aire orgulloso de una Lady Edwin hablando con un noble nuevo, que á la gra= cia y políticanaturales de Lady Tre= vanion. » PP PP 5 5 137] | "Y bien, Cárlos, dijo Lady Edwin, ya hemos sabido vuestro buen éxito en la eleccion. ¿Habeis visto á mi hija?” El respondió que venia de visitarla. “ Bravísimo , replicó ella. ¿Con que primero habeis ido á verla? eso es muy justo.” Los ojos de Madama Herbert brillaron de placer, y su hijo hizo una cortesía. Yo espero, continuó Milady , que ella esté satisfecha del honor que os han hecho vuestros compatriotas." Yo tambien lo espero, respondió Cárlos.”-—“Sir William, añadió ella, asiste constantemente á la cámara : yo creo que vos, Cárlos ) pudierais cumplir vuestros' deberes sin ser tan puntual.” Él contestó que fundaria su satisfaccion en merecer el aprecio de sus amigos. “¡Oh! si mi querido y desgraciado Hugh hubiese tenido la mitad de vuestra discrecion, ¡cuán feliz seria yo en este momento, en vez de llorar no solamente la pérdida de mi bijo, sino tambien la de Sa [1387] su honor! Pero apartemos este funesto recuerdo: yo tengo todavia la consoladoraesperanza de ver feliz 4 mi hija, uniéndola á un jóven, cuyo honor es el mejor! garante del suyo. Ahora que estamos solos os diré lo que nos proponemos hacer Sir William y yo. El ha dado órdenes "para que se componga la quinta de vuestro padre, de la que tomareis posesion inmediatamente, así como de los bienes que se han vuelto á comprar: esto, y 109 libras esterlinas en dinero, nos parece un establecimiento decente para unos nuevos esposos. Como Cecilia , añadió ella suspirando, tiene ahora grandes bienes, nosotros haremos sucesivamente para vuestra renta todo lo que sea necesario, para que segun vaya aumentándose vuestra familia sostengais vuestro rango en el mundo, Cuando muera Sir Willam heredais todos sus bienes, y los mios pertenecen á vuestra esposa. Pao »Tú siempre has extrañado, hermana ( [1397 mia, continuó mirando á Madama Herbert, que yo haya escogido á Dennis para fijar mi' residencia, y ahora puedes ver la causa en la reclamacion de mi so- - brina. Aquella fue la morada de mis an- - tepasados por parte de madre, y despues que murió mi padre siempre estuve esperando lo que ha sucedido. Por mas contenta que yo esté en restituir á Lady Ana los bienes de su padre, pudiera haber tenido alguna repugnancia en dejar una casa á la que yo me hubiese -acostumbra- do. Perdonadme, sobrina mia: ya veo lo que quereis decirme con el generoso movimiento que habeis hecho; pero Lady Edwin no puede aceptar de la política unos dones , á los. cuales no tiene ningun derecho. Yo he cuidado de que el castillo de Trevanion, ese lugar respetable por "haber sido cuna de tantos, héroes, no, tomase el aspecto de una casa abandonaday pero mi habitacion ha sido siempre en mi própia quinta. Cárlos , vuestra madre gusn [149] ta de Llandore, y vuestra hermana parece dispuesta -á establecerse allí: ¿teneis alguna objecion que hacer sobre esto?” * Mientras que Lady Edwin con el tono - solemne que la dictaban sus últimas des-' gracias explicaba el plan concertado, no menos generosa que prudentemente entre ella y su esposo, eran muy diversas las sensaciones de sus oyentes, aunque todos muy atentos. En Madama Herbert brillaba la alegría maternal y la gratitud á vista de la mudanza que pocos meses habian hecho en la fortuna de su hijo. Unas dulces lágrimas corrian por sus mejillas, y su alma se explayaba en acciones de gracias hácia el dispensador de todos los bienes, y estaba pronta 4 excla= mar: Ahora,:ó Dios mio, podeis sacar 'en paz á vuestra sierva de esta vida. : El corazon de Patty estaba gozoso por la félicidad de su hermano y la suya propia , pues sus negocios empezaban 4 to= mar un aspecto favorablez pero Herbert” Ex41] presentaba la imágen de la muda desesperacion. “Señora , vos sois demasiado buena”, dijo con un corazon que se le > q queria salir del pecho, y sus ojos henehidos de lágrimas, que apénas podia contener. Frecuentemente se le habia visto - derramar lágrimas de sensibilidad y compasion: muchas yeces su corazon habia sido despedazado por los males agenos; pero ahora hubiese llorado lágrimas de sangre por los suyos propios. Estaba delante de cuanto mas amaba en el mundo, ocupado en escuchar el plan de un tratado , que no podia rehusar, y que por el acto mismo de su voluntad le privaria de ella para siempre. Los sentimientos de Ana eran seguramente no menos penosos, aunque hallasen una gran diversion por las palabras que la dirigia Lady Edwin. / “ Ahora, querida sobrina , yo no tengo en el mundo mas interés que el yuestro, ¿Cómo puede ser que entre tantas * [x421 proposiciones como os han hecho personas de la mas elevada clase, no hayais “admitido ninguna? Sir William no puede verse libre de los que solicitan su: recomendacion para con vos: yo nunca os he hablado de esto, ni lo haria, á no ser porque mis esperanzas burladas en cuan- to respecta al honor de mi familia no me prescribiesen el pensar en vos para. restablecerle. Sir Howel Gwin, de una casa. tan respetable como la nuestra, con un: caudal inmenso, del que jamas se ha vis- to empeñada parte alguna, es el apasio= nado admirador de Lady Ana.” —-“¡Ah, señora! dijo Ana con una yoz débil y casi desmayándose, no me insteis á que mude de estado: jamas, nO: jamas yo puedo consentir en ello:” y observando en la sorpresa de su tia las señas del descontento al oir una declaracion tan positiva de los sentimientos tan contrarios á sus deseos, añadió: “¿no prometí yo á mi primo ser vuestra consola- | | Ex43] dora? ¿No disponeis ahora de la suerte de vuestra hija ? Pues permitidme, querida tia, ser vuestra Ana Trevanion, ¿Por qué me instais á que deje este bello títy. lo, que he adquirido hace tan poco tiem. Po, y del que tantos motivos tengo de vanagloriarme ?> La conclusion de este discurso dulcificó la amargura que tuvo su principio; Pues como se dirigia á la parte débil de Lady Edwin, no podia menos de ser bien recibido. Ella siempre habia extrañado que hablándose de matrimonio para su sobrina , no se hubiese exigido que el pretendiente por respeto á la nobleza , caydal y hermosura de la novia consintiese €n tomar el nombre de Treyanion, El yalor que Ana daba á este nombre era tan lisonjero y tan conforme á sus secretos deseos, que ella lloró de placer. Y no fue la única persona de las presentes que se sintió conmovida al oir su discurso. Herbert, aunque estaba cierto z [144] de que en adelante Ana no podia ser Suya, habia oido con una cruel duda la proposicion de Lady Edwin; y aquel jamas , NO, Jamas, pronunciado por una boca , que adoraba, habia sin embargo reanimado su alma, y un exceso de satisfaccion habia ocupado en su pecho el lugar de la desesperacion, que un instante le atormentaba. Se permitió á nuestra heroina que se retirase antes de cenar, aunque no fue sin mucho disgusto de sus amigos, que hubieran deseado que los: acompañase. Desgraciada y sin consuelo tomó su coche, rehusando en silencio el apoyo de la mano que Cárlos la ofreció temblando. Á su regreso, pur mas deseosa que estuviese de entregarse á sus afligidos pensamientos, y á pesar de la perdida cierta de toda su felicidad, ocupada en la de todos sus amigos, escribió á Wilxinsol el siguiente billete. «¡Qué obligaciones nO debo 4 mi el [145] igo Wilkinson! cuántos perdones ter 80 que pedirle por'no haberle manifesta=. do antes cuán agradecida estoy á su invariable solicitud eh' mi favor, cuándo casi abandonada de «todo el mundo , su amistad me hubo protegido contra las desgracias que yo estaba destinada 4 sufrir! Yo no cesaré de mirar como; un ho- nor el afecto que me' habeis manifestado; lo recordaré siempre «con placer ; yo nin», guna satisfacción puede igualarse á la de, haber: sido distinguida: por un sugeto de, una alma tan bella, -.., 5 obsasll “He:examinado el círculo de mis amis gas, y los ojos. á.: :que -aludís: hablan el lenguaje de Ja inocencia y la verdad., Creo no os:habeis equivocado 5: y he pre=. parado á Lady Edwin: á: estimar á mi amigo Mr. Wilkinson. Si Madama Her= bert estima: mas -ánotro, es 45m, hijo so» lamente;.Yo no puedo resolverme á reci. bir vuestras felicitaciones desde tan lex, jos: vendreis lo mas pronto que: podais;: Lomo 17, 10 [248] | honor para mirar: por los intereses de Wilkinson , estaba muy apegado á los suyos, y los creía mas seguros en manos de un hombre galante que en las de un arrepentido. Rogó á Lady Ana que tomase parte en el asunto; pero una mirada de su venerable amigo tuvo mas infiujo en su corazon _que todos los discursos del otro: y aunque en el asunto se mezclaban los intereses de Patty, ella se exeusó. En fin, para que nada faltase de cuanto contribuyese á abandonar á aquel malvado á su suerte, se presentó antes de la partida de Steven una pobre muger pidiendo que se la oyese. En cualquiera otra ocasion se la huz biera enviado á hablar con Mistress Clarke; pero entonces, como esto podia ofrecer un medio de distraccion , Mistress Wellers rogó á Ana que la hiciese entrar, Al punto se vió parecer una muger alta, flaca y mal vestida, á quien Ana no conoció, Iba á empezar en mal inglés pr AS, Y A TS [2497 una apología de su venida , cuando viendo á Steven olvidó sus cumplimientos y su humilde estilo para prorrumpir en mil injurias tanto contra él como contra su noble protector. En el discurso de estas invectivas nuestra heroina se asombró conociendo á Madama Frajan, y sabiendo que el motivo de su cólera era el no haber sido recompensada tanto como juz-* -—gaba que merecian serlo los servicios que habia hecho al Lord contra Ana. Sus muchas y multiplicadas acusaciones acompañadas de imprecaciones desconocidas para todos los oyentes, menos para Stewen , formaron un retrato tan feo, como parecido á su propia malicia y á la de su asociado. Steven, que habia representado su-papel en lo que él llamaba distracciones del Lord, y que conocia perfectamente su mismo lenguaje, no titu- -yeaba en dar sus respuestas. Cuando se la oyó acusar á Sutton de haberla liecho entrar á servir 4 Miss Ed- [250] win, y sacádola de allí, despues de haberla obligado á presentar los encajes de Madama Melmoth, para evitar que obtuviese su perdon mediante una confesion libre y voluntaria, la evidente miseria en que parecia abismada perdió todo el derecho á la caridad: las iniquidades de su vida pedian un castigo, y aquellos dos compañeros en el vicio fueron despedidos con el desprecio y horror que merecian. Cuando Ana se retiró para vestirse, Mistress Wellers la propuso ir á la comedia, donde habia de representar Mistress Sidons; pero ella con una sonrisa afectada se negó á salir de casa. Aquel era quizás el último en que ella podia pensar en Herbert sin delito: podia ya estar formado el nudo indisoluble, pero aun lo ignoraba, y queria emplear aquel dia en recordar los felices momentos que habia pasado con él: se permitiría por la última yez la memoria de sus accio- [251] nes en Llandore y en otras partes: apren= dería con su ejemplo á tener valor y firmeza : trazaría con su pincel las gracias de su persona, segun estaban en su memoria 5 y su aprecio á las perfecciones humanas iria siempre dirigido por el que hacia de las prendas de su alma. Habia una especie de solemnidad en el modo con que hizo esta declaracion, y cuando con una tranquilidad, que ad= miró infinitamente Á Mistress Wellers sin sobresaltarla, abrió su cartera para ponerse á realizar su idea, envió á decir á Mr. Mordant y al General que la disimulasen, pues no pensaba salir de su cuarto hasta el otro dia. Las horas se pasaron en una tristeza magestuosa 5 .y llegó la noche sin haber venido el terrible, aunque deseado, expreso, que por instantes se aguardaba. Mr. Mordan y Summers habian ido á la comedia, y el silencio reinaba en toda la casa penetrada de la afliccion de [252] su ama. Los tiernos cuidados de la amistad eran infructuosos, y Ana lloraba CAS silencio, cuando se oyó á la puerta un ruido extraordinario. Ana escuchó, y dijo: “yo no quiero ver á nadie:” Mistress Wellers respondió , “ya he dado las órdenes convenientes para ello.”- Mas la puerta se abre de repente, y Herbert entra precipitadamente en el gar 0] binete con los ojos brillando de alegría. Las damas quedaron como unas estátuas, y él arrojándose al momento á los pies de Ana cogió la mano, que ella inútilmente quiso retirar , pidiéndole que se levantase, y se retirase. Jamás: jamás; exclamó él, me separaré de este precioso resoro.... Ana era SUYA... Ana, la inestimable Ana sería su esposa. : No pudieron entender lo que queria decir con aquellas expresiones, y se le volvió á mandar que se retirase. Órden inútil: él dijo que ya no era o Y O ES los AAA o - DA a Ad q [2537 el desesperado y desgraciado Herbert: . que se atrevia á desobedecer, y aun á gloriarse de su desobediencia ; Y que no dejaria la postura en que se hallaba has. ta que no hubiese leido en los ojos de su querida Ana la alegría que: experimentaba él mismo al verse libre, ¿No habia ella confesado que amaba á Herbertt ¿él no la aseguraba que estaba libre?.... ¡Libre!.... El sonido de esta voz era tan dulce á su oido, que qui- _siera publicarla de modo que todo el mundo la oyese, Cárlos Herbert desprendido de su compromiso con Cecilia, veía delante de sí, todas las bendiciones de la tierra. En fin, ya podia manifestar aquel amor tan tierno y tan profundo que por tanto tiempo se habia visto precisado á ocultar dentro de su pecho: ya estaba á los pies de Ana Trevanion. “Aquí, dijo con toda la energía y el sentimiento de la verdad , aquí está el precioso decreto que decide para siem- [254] pre mí felicidad.” Al decir esto puso en manos de Misiress Wellers una carta abierta, y no pudo pronunciar otra palabra , pues todo su corazon estaba en sus ojos, y éstos fijos en la cara de Ana. ¡Oh, cuán expresivo era este silencio! Él leía en las miradas de la que amaba una mezcla de alegría y de duda, unida 4 una gran sorpresa. La positiva declaracion de Cárlos de que estaba libre tenia demasiado aire de verdad para dejar alguna duda; ¿pero cómo podia ser estof Segun Ana, solo la muerte de Cecilia podia autorizarle para dirigirse á ella con tal esperanza. de la victoria. Esia idea la chocó : le mandó que se levantase 5 pero él no quiso obedecer, y dijo 4 Mistress Wellersz «habeis leido esa divina carta de la tierna Cecilia ¿” —“¡Ah, Cárlos! exclamó Ana, yos me habeis envilecido descubriendo mi pasion insensata: y ¿qué admitiré yo wma dimision que vos par. [255] , breis arrancado de ella? ¿teneis tan mala idea de mis principios? ¿Y esto puede reconciliaros con Sir William, con Lady Edwin, conmigo misma, y con el mundo entero?? —“Angel mio, respondió él, ¿creeis que Cecilia sea una muger que abandone un proyecto en atencion á la felicidad de otros ? ¿Juzgais que vuestro Cárlos sea capaz de darla una especie: de triunfo sobre Ana? Pero, Mistress Wellers, si yo conozco en vuestras alegres miradas que habeis leido esas celestiales líneas , en cada una de las cuales me he detenido com el mayor placer, ¿cómo no se las comunicais á Ana? ¿tendreis la bondad de leerselas , ó las leeré yo mismo?” —“Yo os ruego que las leais” dijo aquella buena muger, que apénes podia hablar, y llorando y riéndo á un mismo tiempo abrazaba á su amiga con una expresion, á que ella no pudo resistir, a (SI - [256] que por su delicadeza guardaba silencio. “Ahora, señora, dijo Cárlos*con el mayor entusiasmo, permitidme que 0s lea esta carta, que yo he leido mil yes ces, y vereis no hay en ella ni una sola palabra que no sea una bendicion para” mí. 2” Iba ya á principiar, pero la agitacion de nuestra heroina fue demasiado grande para que pudiese hacerlo. Mistress Wellers sobresaltada le rogó que se retirase, y dejase la carta. El queria insistir; pero luego que ella le hizo observar en los ojos de Ana “cuan indispuesta estaba, salió del cuarto despues de haber obtenido la palabra de que se le volvería 4 admitir. Entonces viéndose sin testigos Mis. tress Wellers abrazó y felicitó á Ana, la que tranquilizándose con estas demostraciones no tardó en estar en disposicion de tomar la carta , donde leyó lo siguiente. [257] AL Canarreño CARLOS HEEE PEW DA AS A “Con que, primo mio, -; VOS. Supo» neis realmente que Cecilia Edwin tenga la bondad de haceros dueño de su persona y sus bienes? Un solo motiyo hubiera podido llevarla á cometer esta locura; y sería el de castigar vuestta pre» suncion, y, causar una llaga eterna á la enferma de. amor Ana; pero hubiera sido demasiado sacrificar mi vida para castigar á dos , que, yo: desprecio. Cuando os vuelva á «ver tendré el mombre de quien tiene mi corazon. Yo. 0s hubiera informado «le esto cuando me; insultasteis con vuestra necia ¡súplica de que os despreciase,.si vuestra insolencia no hu» - * biese merecido el castigo de una. suspen» sion,» CECILIA. 00,0 "Si. esto: fuese verdad , dijo ¡¿Ana;: Sar Oh! por amor de Dios, ¡nterrumpió Mistress Wellers, dejémonos de Li... yO cumpliré mi promesa , y Mr. Lomo 17, 17 9 [264] “Mientras «tódo'el viaje de: Bath 4 Denis''sé habia portado. Miss Edwin con mucha? Ativez . y reserva, aun con su padre y. Cul madre; 4! quienes no habia tratado don mas mivitliento que á Patty y" aer siendo fácil « cóñocer' que Lady Edwin'Se resintió úiticho por ello, pl ss Es gram! trabajo” distimularlo;9 a Do Luego que llégaron*áo Denis se'en- 16 Cecilia eh su 'Guarto y! de JOE gape ñas salió sn: embitigóonio puso objeción alguña "Yun “¿ando sapo que: isé Habia señalado ¿l'dia para Su anatrimonio! Herbert, á esar de su, eesperacion interior, se estorzó 5 perseverar en la conducta política, que hgbia adoptado, y no le era posible hacer otra cosa: pero lo que divirtió sóbremtiiéra"4 Sir Willíam, yadmiróVá vroda 14 familias fué ver qué swtia Wiñifred, que Añtes eralul objel tó de las ehocarrerías de Ceciliagishal bía llegado 4 ser si primer” amigo, «su principal compañera y-la' única! *pérso- [2657 na: con quien gustaba hablar. La tarde que precedió al dia señalado, en quese aguardaba la llegada de Mr. Mansel y Wilkinson , ya esta= ba adornada la capilla para hacer la Ceremonia nupcial, los vecinos convidados, y concluidos los preparativos para la funcion. Cecilia se encerró.en su cuar= to sin mostrar ninguna curiosidad, cuya indiférencia admiró y ofendió á Lady Edwin: Patty aunque tambien iba á ser unida al objeto de su eleccion, como habia ido expresamente para acompañar á su prima, hubiera deseado, sin duda, en aquellas circunstancias una compañera desu edad y su: sexo; pero sus insimua= ciones fueron sin efecto, y Cecilia insistió en su obstinacion. mPor la noche llegaron Mr. Mansel y Wilkinson, continuó Herbert, y yo, que viéndome víctima de mis sentimientos>no tenia la. menor idea de entregarme; alsueño, acompañé á mi madre á [2667] su cuarto, donde por la primera vez me , manifestó su temor de que no fuese yo feliz con el objeto de mi-eleccion, ó: por mejor decir de la suya. Yo no respondí á este pronóstico demasiado cierto. La mejor y mas tierna de las madres no sospechaba que habia una persona que reinaba sin rival en mi corazon. Si ella hubiese sospechado que yo amaba, la hubieran hecho infeliz sus ideas de honor y de justicia. Como para evitar este hor- “rible sacrificio no se presentaba ningun recurso, que no la hubiese envuelto en mi ruina, y no hubiese ofendido mucho á Sir William y Lady Edwin,» yo la dejé ignorar mis sentimientos. ¡Amada y digna madre! Yo la ví puesta de rodillas pidiendo 4 Dios que bendijese Á sus hijos. Creía que yo haria cuanto quisiese del carácter de mi prima: pensaba que ella siempre me habia amado con una preferencia decidida, y contaba;con que la gratitud y buena disposicion qué [267] me prestaba su cariño hácia mí asegurarían nuestra felicidad. Yo la dejé entregada á tan dulces esperanzas que la inspiraba su cariño maternal, y me retiré con el alma sumamente aflijida á vista de la ceremonia que se acercaba, y que iba á hacerme el mas' desgraciado de los hombres. Al atravesar la galería me sorprendí, viendo que Cecilia bajaba la escalera sin meter ruido, aunque muy de priesa; y como todas sus acciones estaban marcadas por algun ca-, pricho, luego que me cercioré que era ella , no volví á pensar mas en el asunto. » ¡Cuáles fueron mis reflexiones durante aquella penosa noche! ¡Gracias á Dios que ha pasado!.... yo no las repetiré ; miraré mis desgracias como una expiacion que el cielo me imponia. Conociéndome incapaz de dormir no me acosté, y á cada instante recordaba mis esperanzas de felicidad que se habian disipado, y me estremecia pensando que E ET se acercaba el momento en que un acto de mi voluntad me iba á privar de todos los derechos, respecto á la única muger que adoraba, para entregarme á aquella á quien no podia menos de despreciar. Mis tormentos eran tales que no estuve seguro de que si este funesto enlace no se rompia, no tuviese mi madre que llorar un segundo suicidio en su familia. »La turbacion de mis ideas se au- _mentó con el movimiento y el ruido que sentí en la casa al amanecer, y con la vista de mi hermana que vino agarrada del brazo de su querido Wilkinson, cuyos enamorados ojos fijos sobre ella me presentaron: desde mucha distancia el cuadro de su enagenamiento. Yo aparté los mios de este espectáculo que formaba tan doloroso contraste con mi situacion , cuando un nuevo ruido que escuché en la casa:, y el nombre de Patty que repetian , excitaron por un momen- y [269] to mi curiosidad ¿ pero bien pronto se disipó. : » Demasiado infeliz ya “para temer nueva desgracia , y esperando á cada momento el ser llamado , recogí mis fuerzas para ponerme en estado de sostener la ceremonia , cuando mi madre y Lady Edwin entraron de repente en mi cuar- to. En los ojos de la primera se leía la compasion , y en los de la segunda se miraban el dolor y la desesperacion. »Hijo mio, dijo mi madre, es preciso que te armes de paciencia. ¡ Ay, Diost exclamé yo: ¿qué ha sucedido? y mi alma ocupada en un solo objeto esperaba oir funestas noticias de Bath, Entonces pudo hablar Lady Edwin, y dijo: Cecilia, esa afrenta de mi linaje, ese deshonor de mi familia; ¡Cecilia ha huido! Todos mis desvelos por ella están perdidos , mis dias pasados en la mayor turbación, mis noches sin reposo, mis solicitudes , mis ardientes rue- [2707 gos, todo ha sido infructuoso. ¡Madre infeliz! ¡Los crímenes de mi hermano han caido sobre mí! Sin hijos, y desesperada para siempre... ¡podré volver á admitir y reconocer esa hija desmorali- : zada! Ya no tengo esperanza de consuelo en mi propia posteridad. »Ni mi respeto á Lady Edwin, ni mi veneracion respecto á sus alflicciones, ni mi compasion para con mi tio, que corria como un frenético extendiendo los brazos, y llamando en vano á su amada é ingrata hija, hubiera podido reprimir la alegría que casi me ahogaba, cuando se acercaron á nosotros MM. Wilkinson y Mansel. El primero me apretó la mano con una expresion que solo podia tener una significacion, y se puso colorado. Mr. Mansel.... ¡Ah, qué hombre tan bondadoso y venerable! Jamás olvidaré sus miradas: ellas eran la retórica misma. »En seguida se buscó á nuestra tia [271] Winifred, pero no se halló. La camarera de Miss Edwin, colocada de órden de Lady Edwin al lado de ella, trajo dos cartas de su mano: ya habeis leidg la que venia dirigida á mí: en cuanto á la que era para su madre aun ignoro su contenido, En aquel momento vinieron á decir que se habian visto en las inmediaciones dos personas vestidas sencillamente, pero con muy buenos caballos, á las cuales habia hablado repetidas yeces mi tia Winifred; y un rentero de la aldea inmediata , que habiéndose emborrachado la víspera se habia quedado dormido en el camino, dijo que habia visto pasar una silla con cuatro caballos, que iba á todo correr, y añadió que estaba cierto de que dentro iba Misiress Winifred, pues la habia oido reñiir al postillon porque no se paraba á fin de recoger su sombrerilio que se habia caido por la portezucla, y que el mismo rentero se le habia dado; y en / an] fin dijo que dos Ó tres hombres á. caballo seguian la silla. »Yo no quise escuchar mas: bajé volando á la caballeriza. Mi caballo era adecuado para corresponder á la impaciencia de su dueño: corrí hasta que mas no pude, y entonces tomando una silla me encontré á los pies de Ana al cabo de quince horas de viaje.” Despues «de esta relacion cumplimentaron todos los presentes á Mr. Herbert: la felicidad recobró su lugar en la: morada de la virtud, y aquellos benéficos corazones descansaron en el seno de: la paz, la que no fue interrumpida , sin embargo de que por la noche llamó su atencion la noticia que les dieron de que el Lord Sutton habia espirado al tiempo que estaba tomando el té. Este suceso, aunque previsto por los médicos, era demasiado repentino para no afectar 4 Ana» Por hacer favor:á Mr. Wilkinson pasa- - ron inmediatametite á-+la casa mortuoria ) [2733 Mr. Mordant y Mr, Herbert, á fin de 20 su sello, y despacharon un expreá la quinta de Denis. La confusion y desorden que allí reinaban no habian impedido á Wilkinson. que asegurase su felicidad. Sir William pretendia absolutamente perseguir á los fugitivos ¿pero Wilkinson ne consintió en acompañarle sino despues que se efectuase su matrimonio; pues temia que una dilacion originase otra. Lady Edwin dijo que los pobres no debian sufrir la pena de la locura y desobediencia de su hija, y. asi les fueron distribuidas las limosnas que les estaban destinadas: los, aldeanos «fueron regalados, y. se envió recado de escusa 4: los convidados. + Apénas salieron de la capilla cuando Sir William y Wilkinson tomaron el coche para empezar sus diligencias, que el buen Baron no hubiera tenido la paciencia de retardar, á no haber creido que el viaje de Herbert tenia por objeto Y Tomo IV. 18 [280] cuenta de lo que habia gastado en Bath, que todo le sería pagado. Mr. Wilkinson, conforme á la promesa que habia hecho, se encargó de la Willars, y todos regresaron á casa de Lady Ana, quien no quedó menos triste que sorprendida. - Sin embargo fueron recibidas con igual cordialidad, y el General que hasta entonces habia huido de Wilkinson, le abrazó , y le consoló , asegurándole que no podia haberle sido útil un caudal tan mal ganado. : Despues del primer golpe el jóven lo olvidó todo , reflexionando que de cualquier modo ya Patty era suya; y. Ana dijo: las 50 libras de mis amiguitas estan aseguradas. “Creedme, dijo Summers, que todo ha salido perfectamente. ¿Hubiérais querido que ese miserable hubiese acabado con un acto de justicia su vida llena de crímenes? Yo confieso que experimento una especie de placer viendo que esta [281] última accion justifica el odio que le ha “tenido. No examino el modo con que ha “dispuesto de sus bienes, ni si ha creido expiar una vida criminal mandando obras de caridad, que no hubiera dispuesto, ni debido disponer, cometiendo una injusticia.” Wilkinson se vistió de luto, pero no agistió á los funerales, y recibió á su esposa en casa” de Ana en lugar de recibirla en la de Sutton: Patty, al entrar en el cuarto de su amiga, se sorprendió “de encontrar allí 4 su hermano perdido, que tendido un brazo por su cintura, y teniendo en la.otra mano el libro de Milton, leía en voz alta este pasage interesante.... Cuando te hablo olvido el tiempo, las estaciones y sus mudanzas... »Ana mia... mi hermano... mi querido hermano: ¿es posible? ¡Oh, Lady Ana! exclamó la sensible Patty cayendo á sus pies con una conmoción involuntaria, ¿será verdad?.... Querreis..., [282] Oh! sí: yo conozco que lo quereis: ¿pues cuál otra sino vos puede recompensar á un hijo, á un hermano á quien sus deberes y su amor fraternal pudieron resolyerle á hacerse para siempre desgraciado?” Mr. Mansel llegó cuando-las dos amables hermanas se abrazaban : el buen hombre apénas podia hablar... y bendi- JO. ¿pero á quien podia bendecir sino á Ana? - Madama Wilkinson, apénas pudo per mitírselo la certeza de la felicidad de su amiga y su hermano, los informó de que £ habia dejado á su madre consolando á Lady Edwin que lloraba la depravacion de sus hijos, sin embargo de que confesó se lisonjeaba aun con la esperanza de que el honor de su casa seria conser= vado por la representacion. directa de la familia. Dijo que atribuía la falta de cumplimiento de sus deseos en sus propios hijos á la crueldad con que habia tratado á su hermano. Sir William ba- [283] bia ya vuelto á entablar el plan de vida que le. gustaba, y Madama Wilkinson con el cariño de su marido olvidó bien pronto la repugnancia con que habia dejado á sus amigos en Denis. En cuanto 4 la herencia de Sutton se la dijo que se habia perdido, y no pensó mas en ella. Mr. Mansel entregó un paquete de cartas que Lady Edwin le habia dado para Ana, ésta se retiró, y dejando á los dos hermanos en libertad de explicarse mútuamente sobre todos los pormenores que los interesaban, leyó lo síguiente: “Mi querida sobrina : fácilmente conocerás que el desagradable suceso ocurrido en mi familia, y del que te informarán tus amigos, me ha robado el único consuelo que aun me quedaba; pero yo tengo que decir y explicar muchas cosas demasiado penosas para comunicarlas personalmente, aunque sea en el seno del candor mismo: [284] »Mi querida sobrina perdonará á la - desgraciada tia que la moleste con la repeticion de las penas é infortunios de su familia, y de que ¡tenga la vanidad de creer que sus consejos y Sus ruegos serán mejor escuchados por la hija de su hermano, que por aquella cuya. prudencia jamás dió una idea agradable á su madre. | » Querida Ana, el título que tú tienes, y viene de una larga série de ilustres antepasados , jamás ha tenido sino una sola mancha, si asi puede llamarse la union de mi hermano Hughes con uña plebeya, cuya mancha en este caso está absolutamente borrada con la dignidad natural de su hija. En tí es donde ahora se hallan unidas la virtud y el honor de nuestra casa, y en verdad este es el consuelo que Dios ha querido darme en mi afliccion. “Cuando descubrí el amor que mi hijo te tenia , que fue en el momento en [285] - que ese odioso Lord te acusaba de vicios tan impropios de tu ilustre sangre, mi propia conviccion me enseñó cuán débil era la esperanza de que os reemplazase en su corazon una persona tal como Miss Turbville; pero deseando vivamente unir nuestros hijos á unas personas, cuyo nacimiento y familia no desdijesen de-la nuestra, habiamos comprometido la palabra respecto á nuestro hijo antes de la muerte de Mr. 'Purbville,'y no habia medio de retirarla, aun cuando el descubrimiento de vuestro nacimiento hubiese precedido á su matrimonio. Así ya ves que las medidas de la prudencia hu-* mana, tomadas como las únicas que podian conservar la dignidad de nuestra casa, han sido las que han ocasionado . sus desgracias. Si nuestro hijo hubiera sido abandodado á su propia eleccion, él hubiera hecho la mas digna; pero ganado por nosotros encontró la muerte. “Nuestra hija, yiciada por nuestra [2867] indulgencia , ha llegado á ser esclava de la disipacion y de la locura. No estando contenida por sus parientes, ¿Có-=. mo podia contenerse por sí misma ? Nuestra imprudente generosidad obrando sobre una cabeza loca, y su mal corazon, la privaron del principal adorno de su sexo, que es la modesta sencilléz: su persona , dejándose ver en todas partes, se hizo despreciable, y su carácter legó á ser sospechoso. En lugar de las proposiciones á que la daban derecho su clase y sus bienes, hemos tenido el disgusto de saber que no ha hecho sus con- * quistas sino entre hombres indigentes, é indignos de ella. Viendo que nuestro hijo habia sacrificado en la carrera de su loca juventud unos talentos , que dirijidos - por la discrecion hubieran podido ser tan honrosos y útiles á su patria, como gloriosos á su familia, y que al fin se habia perdido para ésta y para aquella, nos dedicamos á pensar con mas séria aten- [287] cion en los intereses de Cecilia, »Nos lisonjeábamos de que siempre habia sido afecta á su primo; pero fuimos tan desgraciados, que descubrimos últimamente, y sin duda demasiado tarde, que habia formado una relacion imprudente. Esperábamos tal vez con demasiada facilidad que esto seria efecto de la veleidad de su' carácter, y ella nos confirmó en esta opinion confesando conforme á nuestros deseos su amor á Cárlos, En virtud de esto yo propuse á Madama Herbert que se efectuase el matrimonio, que hace tiempo teniamos proyectado entre su hijo y mi:hija.. “»Yo te confieso, Lady Ana, que vi al jóven presentarse á nuestros planes «sin mostrar ninguna impresion á favor de Cecilia, á no ser:las del honor y la gratitud; pero.yo:esperaba mas de la refor- .ma de ella que no de su pasion. Sabia que nuestro cariño y generosidad aumentarian su fortuna, y esperaba no per- [2887 donar diligencia para su felicidad. Con estos fundamentos tuve la crueldad de insistir en una union, ú la que tenia muchos motivos de creer que repugnaba el corazon del amable jóven; pero no veía otro plan que me diese ni la mas remota esperanza de conservar el resto de ho- nor que quedaba á mi posteridad. « Este egoismo mio ha hallado su castigo en la fuga de mi bija. Incluyo aquí su carta: leedla, Lady Ana, como un apoyo para la súplica que tengo que hacerte. ¡Ojalá tu compasion por las penas que padezco, unida al sentimiento de lo que debes á la familia, que tú sola representas hoy dia , puedan inclinarte á tomar el único partido que me pondrá en estado de parecer todavia sin rubor delante de mis compatriotas! »Tú darás á la casa de Trevanion un gefe digno de sus vasallos, »Eres bastante rica para escoger aun, entre los no acaudalados un esposo á [2891 quien puedas amar. Aunque las esperanzas de aquel, cuyo afecto está tan desgraciadamente empeñado, puedan pareaer mas dudosas que las de un hombre que por su propia fortuna estuviese en el caso de elegir por sí mismo, yo me atrevo, sin embargo, á suponer que este último no será tal vez preferido por este título. »Mas yo no pretendo prescribirte nada: todo lo que te pido es que te cases, á condicion de que-el feliz objeto de tu eleccion cambie su nombre por el de Treyanion, y que al mismo tiempo sea igual. mente respetable el apellido que dejé. En esto, querida sobrina, se fundan mis esperanzas actuales: dime que quieres hacer feliz á tu afligida tia C. Enwix.” Tomo IV. 19 [2967 Las dos antiguas cuñadas habian vuel. to con sus esposos á Portman-Square, y Madama Dumbar tomó su easa aparte apénas Sir William la puso en estado. de poderlo hacer. Es verdad que este partido no le tomó voluntariamente , sino obligada en parte por la precipitacion con que Mr. Mellish quiso ir á ver la quinta de su muger en el Shropshire;- y bien fuese por poco amor á dicha su muger, ó por falta de atencion á su ami=- ga, no tuvo la política de _convidarla para el viaje. El Capitan Dumbar era aer y gastador : bien pronto hizo desaparecer. Ja primera cantidad que le adelantó su - suegro, y hubo que pedir segunda, que fue concedida; pero aumentándose tales pedidos á medida de la generosidad del buen Baron, juzgó éste debia poner tasa á unos beneficios, que lejos de ser útiles debian perjudicar notablemente á su e A RE A A e) E * [2971 hija , con especialidad en el momento en que su prefiez estaba tan anunciada. Sir William tuvo bondad y libera= lidad hasta que vió que se trataba de abusar de ambas, é inmediatamente que creyó ver en Dumbar un designio de sacar ventajas para sostener los vicios á expensas de sus benéficas disposiciones, pasó al extremo opuesto, y se hizo tan inacesible á aquellas necias súplicas cuan- to fácil habia sido antes á satisfacerlas. El Capitan Dumbar, jóven y atolondrado, se cansó bien pronto de una renta que se le cercenaba, y de una esposa gastadora: y hallándose sin deseos ni voluntad de reformar ó disminuir sus gastos , tomó un grado mayor que le ofrecieron en las Indias occidentales, donde marchó inmediatamente , dejando á su muger que se compusiese como pudiese con su parentela, La jóven y amable Condesa de Tre- [298 y: yanion, no. menos “respetada qué .admi=: rada en el gran mundo, amada y ado-. rada en su Condado tanto como en su familia, y su marido no menos estimado por su rango y talento, que por la rectitud de sus principios y la bondad, de su corazon, eran objetos. demasiado brillantes para que Madama Dumbar quisiese hallarse á su lado en aquellas circunstancias. Esperando saber la. resolucion de sus parientes, con quienes. no habia querido ir 4 reunirse , prefirió pedir un asilo á Madama Mellish en el Shropshire 5 pero aquella compafiera de sus locuras no. tenia facultades poa concedérselo. El Capitan Mellish E lleyó su muger á la provincia no tenia intenciones de volyer á Londres, y mucho me- “nos de. permitir que conservase ésta.sus antiguas relaciones. La situacion no de-, jaba tambien de estar. cambiada , pero [2991 de un modo. diferente á la de su amigas pues Mr.::Mellish era tan avaro como ' Mr. Dumbar gastador, y como su muger no le daba hijos, él no se emplea= ba sino en ahorrar cuanto podia de sis rentas, para, en el caso de perder á su muger, poderse consolar con el dinero que tuviese junto; pues si aquella fallecia sin hijos irian sus bienes á parar a) mas cercano pariente dela familia, que € tonces estaba en pais extrangero, Asi es que en su casa no hubo habitacion para Madama Dumbar,. por. euya razon se vió obligada'á regresar nuevamente á Londres. «Madama Mellish, privada e cuanto bs contenida en todos sus gatos, Y ' aun en. los mas necesarios , distante de todos losmanantiales de diversion á que era sumamente apasionada; y en fin, pris vada de toda especie «e sociedad, tomó el único partido que-estaba en,sumár, [3007 ño para castigar la avaricia de su mt. rido, quiero decir que se dedicó á beber licores fuertes siempre que podia proporcionarlos, y cuando no, los reemplazaba con otros de los mas comunes. Su corstitucion fisica no tardó en resentirse de tan fatal recurso. Su marido falto de sensibilidad y de honradez, asi como despració sus reconvenciones, se desentendió de sus lágrimas, hasta que sobresaltado seriamente á vista del peligro en que estaba , se empleó por avaricia en conservar una vida, que tambien por ava= ricia habia abreviado. ¿Cómo hubiera podido sufrir la idea de la pérdida de una esposa, cuya muerte debia privarle de tan grandes rentas? Con el mas ardiente deseo de ver restablecida su salud paseó aquel cuerpo flaco y abrasado de pueblo en pueblo, según las ins= truccioxes de los médicos, á quienes pro= metia montes de oro, si llegaban á cus [3011] rarla enteramente. Pero todo fue inútil: ella al fin pereció víctima de su propia imprudencia y de la parsimonia de su avaro marido. Madama Dumbar se obstinó en no volver con sus parientes: de modo que éstos consintieron en señalarla una buena pension, y Lady Edwin se encargó de eriar el fruto de su hymeneo, librándola asi de un cuidado que ella miraba como el mayor trabajo. Este fruto era una preciosa niña , quien tenia por nombre Cecilia asi. como su madre y su abuela. ES - Viéndose nuevamente en posesion de los medios de vivir segun su clase, jamas se vió vacía su casa. Su puerta estaba siempre franca á aquella especie de gente que deshonraria una sociedad particular; pero que por ser de cierta clase, no eran enteramente despreciables, Al mucho artificio que ya tenia reunió [302] la experiencia adquirida, y con ambos auxilios tuvo la: destreza de pasar por una muger brillante. Aunque todayia jós yen y amable, fue circunspectá; pero jas mas se la creyó una gran severidad en sus costumbres: en fin, ella sostuvo und especie de carácter dudoso, demasiado sospechoso á Jos ojos de la pura inocens cia; pero tambien demasiado reservado para que pudiese lleyar claramente el sello del vicio. $9 Mr. Wilkinson y su amable esposa; contentos con su suerte, se retiraron 4 Llandore, que era la residencia de Ma-. dama Herbert, aunque lo era solo en el nombre, por sus frecuentes salidas 4 la casa de su hijo, cuya morada sieim= pre dejaba con disgusto todas las veces que iba. hito Los progresos de las ferrerías eran para Wilkinson un manantial de riquezas mas puro y honorífico"que lo hus EEES bieran sido los grandes bienes de Sutton. La pension que él habia prometido “4 Mistress Willars fue pagada: por Mr, Summers, quien por un capricho singular creía que se la podia mirar como una. muger virtuosa en comparacion de otras muchas. Por lo menos de este modo logró preservarla de cualesquiera tentaciones, y no tuvo jamas motivo por qué arrepentirse de este acto de generosidad. , La tranquilidad del resto de sus dias, que pasó en Trevanion; no fue alterada por cuidado alguno: terminó su carrera en los brazos del jóven Conde, y su partida de este mundo, á que ya desde muchos años! antes s e estaba preparando, fue pacífica y sin tormentos ni agonía. La sonrisa de la benevolencia se veía en sus labios aun cuando ya la vida habia cesado de animarlos. Dejó 4 la Condesa y sus hijos la masa éntera de sus bie- [304] nes, con mandas considerables á los de Wilkinson. Mistress Wellers no dejó 4 Lady Trewyanion sino por un tiempo cortísimo: tuyo la desgracia de perder en Layton á su estimable marido; pero aquel corazon sensible y agradecido, á quien ella habia tantas veces consolado en sus amargas penas, no la dejó que sintiese sola las suyas. El mismo Cárlos , ya Lord Treyanion , fue á buscarla , y con una bondad inexplicable la condujo á los brazos de su amiga , que por hallarse en Y cinta no pudo hacer el viage. La buena señora se convenció de las atenciones de sus amigos para con ella, viendo la entera confianza que toda la familia puso en su hijo. Todos los intereses pecuniarios de las casas de Trevanion y Edwin fueron confiados al jóven Mr. Wellers , lo que fue muy ventajoso á todos. Las gruesas sumas qué EA constantemente manejaba no le fueron mas fructíferas en sus especulaciones, que útiles á aquellas familias su severa providad, exacta honradez y puntualidad invariable, | Elisa: Melmoth se aprovechó" de las lecciones y ejemplos de Lady Trevanion hasta la edad de diez y siete años, en cuya época, hecha una segunda Ana en virtudes y mérito, dió la mano al jóven Mordant , que fue á establecerse con su. padre en su pais natal, | De este modo nuestra heroina', correspondiendo á las obligaciones que debia á su amado tio, al grande afecto de su primo, y á los consejos y educacion que habia recibido de Mr. Melmoth, á quien despues de la» Divina Providencia era deudora de los beneficios que ahora gozaba, dejó á todos satisfechos: Mr. y Madama Melmoth lloraban de gozo viendo á su hija tan yentajosamente esta- Lomo 1V, a h A 500505353 BGU A Mont. 08/6/08-21 riencia dio aber tot AM ii dis PRA ei 0 e AORTA A ADE MOSS LATA 7 27 SAD TED AAAS AD ERIN PERAL A Aga 4 : ! 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