Mujeres y ciencia en la propuesta de Pedro Poveda
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MUJERES Y CIENCIA EN LA PROPUESTA DE PEDRO POVEDA Consuelo Flecha García Universidad de Sevilla Cuando comienza el siglo XX se abre un periodo en la historia de España de creciente conciencia social, de un «despertar sorprendente, asombroso, de la cultura española»', de preocupaciones vinculadas a la inestabilidad política, al insuficiente desarrollo económico, a la necesidad de innovación pedagógica y reforma educativa, al enfrentamiento entre ideologías, enfoques y opiniones —de manera especial entre laicismo y catolicismo—, y de una visible confluencia de acciones individuales y colectivas que formaban parte del paisaje de soluciones aportadas y de medidas llevadas a la práctica. Periodo en el que emergen nuevos grupos sociales en búsqueda de espacios propios, entre ellos el de las mujeres de las clases medias. Precisamente este último hecho dio paso a uno de los temas cada vez más públicamente visible en los debates de la época, y convertido en causa de movilización de iniciativas, el relacionado con la que se había denominado en el siglo anterior cuestión femenina, destacando entre los aspectos incluidos en su análisis, el educativo-. Se habían ido recogiendo muchas inquietudes dentro de esa formulación, y la seguían alimentando mujeres atentas a las oportunidades disponibles en una sociedad, la española, cuyos dirigentes políticos no dejaban de manifestar voluntad de progreso y de mejora, aunque las concreciones de la misma fueran diversas en razón de los diferentes 1. Husi. .1, p,. «La cLiliura» en VV.AA. Lu Espinni del \iglo XX. Madrid. Marcial Poils Ed.. 2003. p. 444. 2. En el Volumen fiomenaje a Pedro Poveda publicado para conmemorar el cincuentenario de su muerte, el prol'e.sor Buenaventura Delgado quiso participar con un trabajo sobre el conte.Kto pedagógico que Poveda había conocido y iitili/ado como referencia en sus actuaciones. Con el titulo de «Influencias de las pedagogías c.viranjeras en la España reciente», afinnaba en él que «España estuvo con los ojos bien abiertos al quehacer cdueativo de los países má.s avanzados... Llovieron las discusiones, los planes, lo-s jtroyeclos. Lus rcrormns legislativas, creyendo ingenuameiile que con ello se corregía el rumbo de la nación.. . Al margen de la crispación ñaciona! en que vivía y sufría España, los pedagogos y educadores c.spanolc5. ,. fucFon transformando lentamemc las nuevas generaciones» (En VV. ,AA. Pedro Povedu. Vrjlcinieii-tlnim'iui/e (.'.iiHueiticnann Madrid. Narcea. p. 2701. Hoy. con ocasión del Libro lloraenaje al profesor Ruenav eniiirii Delgado quiero sumarme haciendo memoria de uno de esos «pedagogos \ educadores españoles».
posicionamientos ideológicos, y cuyos intelecUiales cumplían con irecuencia el papel de conciencia moral. En ambos casos, deteniéndose apenas, casi de soslayo, en la importancia de la incorporación de las mujeres a las dinámicas del progreso tal corno entonces se formulaba. La profesora Nerea Aresti llama la atención de que todavía en los primeros años del siglo XX: «El desprecio de la condición femenina y la convicción acerca de la inferiori dad de las mujeres presidió la retórica liberal del moinenlo. [Que] el empeño en la superación de las visiones religiosas tradicionales agravó la diilcil rela ción de las mujeres con la ciencia y el concepto liberal de progre.so. lY que] la autoridad científica no hizo sino añadir legitimidad a seculares prejuicios»'. Cien años después podemos pasar la película de lo que ha ido sucediendo desde entonces en nuestro país, y en otros muchos, hasta llegar a una presencia efectiva de mujeres en casi todos los ámbitos y tareas que requieren las sociedades actuales. Las imágenes que proyecta en nuestra pantalla reflejan niveles altos de formación, identidades que no responden a un modelo único, el ejercicio de nuevas, responsabilidades, el reconocimiento de capacidades, etc. Todo lo que han logrado con su propio esfuerzo, valiéndose y hasta forzando las circunstancias que ofrece el propio devenir histórico, y en algunos casos, también con el apoyo prestado desde diferentes instancias y personas que las alentaron en el camino emprendido. Aunque ese conjunto de modificaciones se han acelerado en las últimas décadas, el convertirlas en realidad ha exigido soportar un proceso lento en el que mujeres mayorilariamente —pensemos en el origen de sus primeras manifestaciones públicas hace más de dos siglos—, las han defendido y reclamado con empeño para la población femenina. Muchas mujeres, en verdad, han sido protagonistas de este proceso de transformación, en una trayectoria seguida por varias generaciones que desearon cambios, los proyectaron con audacia y los terminaron consiguiendo casi siempre logro a logro, sólo a veces precipitados por saltos que avivaban el ritmo. En el inicio estuvo el exteriorizar descontento y hasta intranquilidad personal, actitudes que compartían unas con otras, para afirmarse en las razones que avalaban sus deseos, para difundirlos, y para animar a decisiones personales; y más tarde, el sumarse a grupos y a movimientos que trabajaban con la fi nalidad de contribuir a una evolución en la condición femenina que sentían imprescindible, desempeñando un papel en los avances sociales, culturales y políticos. En el «tiempo que medió entre los principios del siglo XX y la guerra civil, la sociedad española —escribe Nerea Aresti— asistió a cambios transcendentales en las relaciones de género. Durante los años veinte 3. .Aki ^1 1. N. c/air/nuni^s r iiiiHk'nias. fíilhau. l 'ni \ ctskIiicí País Va^co. 30(11. p. 257.
y treinta se transformaron los ideales de masculinidad y feminidad, así como el concepto que el conjunto social tenía de las mujeres»"*. Recorrido en el que, en distintos momentos, contaron con el acuerdo y el impulso de algunos hombres más especialmente sensibles a las cuestiones y a los acontecimientos que anuncian y preparan las reformas sociales de fondo. El interés por un asunto de actualidad En este contexto se sitúan las iniciativas de Pedro Poveda Castroverde (Linares, ,Iaén, 1874-Madrid, 1936). un educador que se dejó afectar por una demanda que iba ganando acttialidad en el primer tercio del siglo XX en España: el papel que correspondía asumir a la población femenina en una época en la que el ejercicio de los derechos de ciudadanía reconocidos, sociales y políticos, estaban formalmente al alcance de todos los hombres, cualquiera que fuese la clase social de pertenencia, y de los que no podía seguir quedando fuera el otro cincuenta por ciento de cada uno de esos gi'upos, las mujeres. Un hombre de pensamiento que postula con insistencia la articulación entre humanismo y fe, entre fe y ciencia, entre cristianismo y modernidad, frente a la posición que los hacía irreconciliables. Propósito de calado puesto que, si bien la modernidad introducía giros positivos para las mujeres, como para toda la sociedad, —derechos educativos, políticos, económicos, etc.—, con efectos y significación que se interpretaban según los diversos ángulos de mirada, ese hecho generó «en todas las sociedades occidentales un clima de antagonismos especialmente exacerbados, .. . atmósfera [que] fue superada con mayor dificultad en España que en el resto de Europa»-'. Y aunque resulta complejo establecer con nitidez los factores que han influido en un proceso histórico detenninado. parece evidente que esa dicotomía fue exacerbada por «la influencia que el complejo itinerario histórico español de la contemporaneidad tuvo en la llamada cuestión religioso-educativa»*'. Un cristiano que vivió con preocupación el que la neutralidad religiosa y el laicismo se concibieran como condición sine cjiia non para el desarrollo de un verdadero humanismo, y que en la puesta en práctica de ese principio en diferentes ámbitos, justificara posturas de hostilidad contra todo lo que se definiera como católico. Un sacerdote que, sin apartarse de la doctrina 4. Ibiclem. 5. G<imi/ Muí 1 1 M" D.. <tMarco hisiórico: Igk-sia. sociedad y educación» en Barthuimi: Makvini-/. B. (Dir.). //íMuriii Je la curióii ejin-iu/ora de la Iglesia en España. Vol, 2. Madrid. Biblioteca Autores C'ris.iianos. I Wó. p. 4. fj. Ihidcm,
eclesial, se distancia en sus propuestas para las mujeres de algunas de las formas habituales, y hasta aconsejadas, de vivir el cristianismo en su época. Con este bagaje personal de referencia es con el que afronta el proyecto de contribuir a la promoción de la mujer en diferentes dimensiones: intelectual, profesional, creyente, social. Sus escritos y realizaciones se dirigen a secundar, argumentar, dar sentido, precisar posibilidades y límites, justificar, la intención que las mujeres tenían de incorporarse a las nuevas funciones que estaban empezando a tener la posibilidad de asumir en aquellas décadas, a lo cual contribuye con el desarrollo de proyectos que favorecieran no únicamente el acceso de todas las mujeres a la alfabetización, a unos conocimientos básicos, sino más en concreto, de un mayor número de ellas a la enseñanza universitaria y al ejercicio de profesiones que requerían mayor cualificación. Y lo hace realidad en unos años en los que las condiciones que acompañaban la vida de las mujeres, pueden ser difíciles de entender desde las circunstancias en las que hoy viven y se desenvuelven en un buen número de países. El papel que correspondía asumir a la población femenina en aquella sociedad que a principios del siglo XX se estaba organizando sobre bases más abiertas y democráticas, era un asunto de actualidad que interesó a Poveda de manera preferente; él estaba al tanto de las inquietudes que manifestaban entonces mujeres de diferentes grupos sociales en tomo a lo que querían y a lo que debían ser en unos marcos de convivencia que preconizaban la modificación del sistema de valores, y en los que se percibía un despertar feminista que se iba abriendo espacio paulatinamente en contacto con el de otros países europeos. Feminismo que sentían legitimado en sus objetivos por los valores de libertad y de igualdad individual que el liberalismo decimonónico había puesto como motor y como horizonte de los cambios sociopolíticos soñados para los hombres. Unos valores y unos cambios defen didos también para las mujeres que los reclamaban con carácter inmediato puesto que llevaban excluidas de las prerrogativas contenidas en ellos, desde su definición en el contexto del modelo de ciudadanía que había cristalizado en el paso del antiguo al nuevo régimen. Un feminismo ya plural en las ideas y propuestas mantenidas como criterio en cada caso, pero unido en aspectos básicos irrenunciables, como los de ejercer sin trabas sociales indirectas el derecho a los estudios superiores, a la investigación y a un trabajo profesional; éste, también para aquellas mujeres cuya motivación no nacía de la necesidad económica, sino del deseo de acceso a recursos que favorecían una autonomía personal y posibilidades más amplias de participación en los ámbitos públicos. Igualmente el derecho
al voto y a intervenir en la vida política. Aspiraciones a las que un número sin duda significativo de mujeres se sentían llamadas entonces, aunque lo fuera con mayor o menor adhesión debido a múltiples situaciones personales, y que al mismo tiempo era reducido respecto del total de la población femenina, por los límites en los que la mayor parte vivía. A Poveda. como escribe Ángeles Galino, «no le pasó desapercibida la profunda conmoción social de su época. Y en ella, como una consecuencia y también como un agente de fermentación, el nuevo 'status' todavía incierto, de la mujer»\ de ahí el que tratara de escuchar y de entender lo que esos mensajes encerraban, buscando alguna respuesta pertinente. Y ésa fue la de implicarse ofreciendo medios que ayudaran a conseguir la preparación reclamada por algunas mujeres como requisito necesario para otras metas; los cuales iría ampliando año a año con la fi nalidad de que otras muchas pudieran satisfacer las mismas aspiraciones. A este objetivo a favor de la formación intelectual y personal femenina dedicó buena parte de los proyectos que desarrolló; a que más mujeres estudiaran más, a que pudieran reunir las condiciones necesarias para entrar en campos nuevos para ellas, asumiéndolos con competencia profesional, con sensibilidad de servicio y de mejora, con un marco de valores que no pidiera prescindir de la identidad cristiana. Pero ésta, desde una postura renovada de situarse como mujeres creyentes, entendiéndola desde el espíritu que difundían algunas de las Universidades católicas impulsoras entonces de un nuevo estilo de vivir la fe, entre otras la de Lovaina; una fe pensada, interior, coherente, siempre en diálogo con el momento presente, comprometida, que impregna de sentido la realidad. Las mujeres universitarias La instrucción académica era un asunto, aunque no el único, en el que el hecho de haber nacido mujer significaba tolerar dudas familiares, sospechas sociales y requisitos legales específicos, que los primeros movimientos de mujeres con mayor conciencia de lo que estaba sucediendo habían empezado a denunciar, Lo materializaban publicando comentarios en los periódicos, a través de artículos en revistas, cuando eran invitadas a pronunciar conferencias, aprovechando intervenciones en Congresos, o planteando directamente inter pelaciones a los gobernantes. Utilizaban con inteligencia y detenninación todos los cauces por los que se les pemiitía transitar. 7. (.¡Al fMI (' \«KI| l.Ti . A. Poví-díí Iniienimi Madr¡LÍ. CSIC. ed.."p. S'2.
Ante la polémica difícil de acallar en torno a las incertidumbres que suscitaba la dedicación por parte de las mujeres, de tiempo, de energías y pensando en su futuro, a unos aprendizajes de nivel superior, sobre su derecho y sobre la conveniencia de cursar las mismas carreras que los hombres, o de ejercer la profesión para la que esos estudios capacitaban, Poveda pertenece al grupo de personas que apuestan por la urgencia de apoyar ese tipo de preparación para las mujeres", así como su actuación en ámbitos públicos introduciendo de esta manera, «modificaciones en la retórica sobre los roles y espacios de género»^. La apertura de Residencias para chicas estudiantes en numerosas ciudades españolas, y en Chile e Italia, era servir al objetivo de la promoción femenina, intentando que no se viesen limitadas sus oportunidades educativas porque el hecho de ser mujeres hacía más problemático vivir fuera de las familias. En Madrid, en la calle Coya n" 46, inauguró en 1914 una Residencia para las jóvenes que se desplazaban a la capital con la finalidad de estudiar en la entonces llamada Escuela de Estudios Superiores del Magisterio o en la Universidad, y necesitaban un lugar donde alojarse que reuniera las condiciones idóneas. Era la primera que se abría con este objetivo en España"^ Aunque podía parecer que no era necesaria, puesto que en esa fecha apenas pasaban de sesenta las mujeres que, en un periodo de cuarenta años, habían obtenido el título de Licenciatura. Pero Poveda quería facilitar el que aumentara su número proporcionando un espacio específico a las que se decidían a elegir ese entonces no trillado camino, ya que disponer de un lugar de residencia adecuado para las jóvenes en aquellos años, suponía una condición fundamental a la hora de que las familias decidieran el desplazamiento de una hija a alguna de las ciudades en las que era posible realizar estudios universitarios. Estos mismos argumentos expuso muchos años después, en 1933, María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas, en una entrevista que le hizo la periodista Josefina Carabias para la revista Estampa. Ante la pregunta sobre el número de estudiantes que tenía esa Residencia cuando se fundó en 1915, su respuesta fue la siguiente: 8. Cfr. Lói't-/ DiAZ-Oi A/t . A\-\ M".. "C'olaburadoras de Petlfd Poveda que Kieieron viables los proyectos» ■en VV. AA. Pedro Povedci. Voliímen-Honunnije.... op. til., p. 2d7, 9. Bias(i> I1i,kka\/. 1,. «CiLidadanía íemenina y militaneia auólica en la l-.spaña de ios años veinte: el leminisitic) ealolico») en Bnv n. C". Religión y poliru o en lo Espuña cfinh-iiipiiránfci. Madrid. C'cnlro de E.sludios. Pulilicos y Consiiiucionalcs. 2(K)7. p, 198. I f). Cfr. l-i .i c iiA Gak( ia. C.. «La primera re.sidencia univcrsuaria femenina en I spaña» en. VV..A,A. Pedro Püvedíi. op. {¿'íL. pp.
«Tres solamenlc, y no porque las chicas se resistieran a vivir aquí sino porque, en realidad, no había más que dos o tres mujeres en la universidad, y éstas eran hijas de familias residentes en Madrid. La Residencia de Señoritas no se basó en un hecho, sino en una suposición. No era, pues, un negocio que se montase para aprovechar las circunstancias favorables. Era un sacrificio que hacía la Junta de Ampliación de Esludios para animar a las mujeres españolas a seguir el camino que habían iniciado las de otros países»". Como antes y después de la fecha de 1914 Poveda había creado residencias para estudiantes de Magisterio y de Bachillerato en diferentes ciudades'', la previsión avanzada por él se confinuaba en unos y otros lugares de tal forma que en la correspondencia mantenida en 1921 con Baldomcro Ghiera, le comentaba la percepción que se tenia de los centros creados hasta entonces; la información que le proporcionaba aportaba estos datos: «En las provincias donde hemos establecido internados... puede hacerse una estadística de cinco anos antes de estar nosotros, a cinco años después de tal fecha y se nota un movimiento en la cultura de la mujer extraordinario. Tanto es así que en algunos sitios se nos censura por el exceso de educación intelec tual»' "'. Dos afirmaciones que desvelan, en un caso la rápida reacción de las jóvenes y sus familias para aprovechar los medios que hacían viable el que estudiaran —-era la falta de servicios educativos, incluso más que la mentalidad o la falta de interés, lo que frenaba esas decisiones'—; y l£i segunda las críticas que recibe por alentar la «educación intelectual» de las mujeres. Lo que no es óbice para que continúe con nuevas iniciativas pues en 1923 creaba el Instituto Católico Femenino para Impartir el Bachillerato, al que seis años después escribe una caita en la que hace una declaración que puede e.xpiicarse en el clima de reticencias del qué algunos sectores seguían rodeándole: «que 11 . Cakabias. <cLas. niil csuitJianie.s de la Univei-sidad de Madrid. Entre\ista con María de Maeztu», Esiainpíf. 24 de jimio de 1433. Reproducido en Crónica.s de ¡a República, Madrid. Temas de Ho>, 1997. p. 1,26. 12. Conocidas como Acíidemio hiienuulo Teresiano. «eiilre I9II y 1919 se fundaron II Academiasíniernados distribuidos por; Oviedo ( 191 1). Linares (1912). Jaén (1913). Madrid 11914). Málaga (1914). La Carolina ( 1915). León ( 1917). Barcelona y Teruel (191S), Áiila y Burgos ( 1919). Todos estos centros, excepto ci de La Carolina se mantienen en la década siguiente, durante la cual se crean otros nuevos en. San Sebastián. Alicante. Bilbao. Córdoba. .Sev illa. Santander y Santiago de Compo.stela». En CapiiI M.-SRir^í!/- RiisA M"'. h! lyahíijii r ¡a ct/fieiii-úú! de la luiijcr en Esptiiiü (/91)11- Madrid. Ministerio de Cultura. 19X6. p. 354. 13. Carta de 9 de octubre de (921 a mío de los clérigos preocupados por la orientación feminista de ta Obra de Po\ eda. í-.n Maií i in Cí amí ko. .'\. .¡iHolagia del Jcmiiihsino. Sc\ illa. Instituto Andalu/ de la Mujei. 2002. p. 251 .
educar a la mujer—sostiene Poveda—, aunque sea para la Universidad, no es deformarla sino perfeccionarla»'"*. Porque está convencido de ello, aunque en los Internados de ciudades con Universidad, esas estudiantes compartían alojamiento con las alumnas de los Institutos de Segunda Enseñanza —Bachillerato y Comercio— de las Escuelas Normales y de otros centros, como Bellas Artes, de 1929 a 1935 abriría Residencias destinadas específicamente a universitarias en Santiago de Compostela (1929), Madrid (la 2=") y Valladolid (1931), Zaragoza (1932), Sevilla (1933), Madrid (la 3'') (1934), Salamanca y Granada (1935). En casi todas las capitales de provincia en las que había Universidad, además de en Santiago de Chile (1934) y en Roma (1935). Con todas estas realizaciones no sólo demostraba dar crédito a las expectativas y demandas formuladas por las mujeres en aquellos años, no sólo creía en las aptitudes personales que tenían y les dio respaldo ehcaz y confianza alentadora, sino que el fondo de ese modo de proceder nacía de un convencimiento, el de la necesidad y la obligación de contar con ellas allí donde se gestiona y mejora la sociedad: en la profesión y en la cultura, dentro y ft iera de la familia, en el compromiso social y en el testimonio creyente. Aportaban un potencial de energía humana que no era justo seguir paralizando. Por eso, en un acto de la Asociación de Estudiantes Católicas'-\ en el discurso que pronunció la estudiante que actuaba de Secretaria de la misma, alegaba implícitamente en defensa de esas nuevas situaciones que motivaban su esfuerzo y se cuestionaba: «¿por qué ha de restarse la mitad de las inteligencias, precisamente las que pueden poner mayor dulzura y más paz en la lucha, al combate con que la humanidad trata de conseguir sus destinos?»"'. Y para ello, para caminar hacia esa meta, que hubiera mujeres cultas, preparadas, estudiosas, profundas en sus convicciones y en su le, no dejó de insistir en las consecuencias que tendría ese tipo de formación para ellas mismas y para la sociedad. Contribuyó a que se vencieran temores entre quienes reconocían su autoridad, y a suscitar esperanzas persuadiendo de que debían ser las propias mujeres las que tomaran las riendas del itinerario en el que se había entrado. Por eso solicitó su participación desde el principio 14. Pnvi-DA. P. Prepuravión para la IJjiivcrskfacl. Artihivn Hislóricii Insiiliición TcrLisicinii. 15. En el añii 1929 üe enciiraa de ortíani/ar la Asnciacinn C'atóHi^a Eem.cnÍ!Ki de (•..siiulianies. de la que podían formar parle uinio liiuladas universilarias eumo esiLidianies. La sede Ui esUihleeió en la Carrera de San Jerónimo, de Madrid. 16. M(ivam). .1.. «Fiesia de las Lslodianles C alólieas». Bokkin ih fa ImiiUit uiii Tciv^íaihi. dieieinbre. I d.tn. p. 46..
en lo que iniciaba, dejó en manos de mujeres la realización de los sucesivos proyectos, y fueron las destinatarias de una parte muy importante de sus escritos'\ La visibilidad que ofrecían de modos nuevos de ser mujer contribuyó a que Fueran ganando prestigio y reconocimiento, y a que se convirtieran en referencia de vida para otras mujeres, muy especialmente para las jóvenes que se relacionaban con ellas. Ese actuar como directoras y gestoras principales de cada una de las acciones que se consolidaban con los años, es lo que se compmeba al conocer el desarrollo de las mismas, ya que si bien le coiTesponde a Poveda la idea original y su concreción, las mujeres que se involucraban en ellos, profesionales o todavía estudiantes con rostros y nombres concretos, eran las protagonistas de lo que iba a comenzar y de su realización; las que con una amplia formación y conscientes de la responsabilidad social que con sus estudios habían adquirido, decidían implicarse en la educación de otras. Orientaciones poco habituales Aquellas décadas que iban cerrando una época y abriendo otra de horizontes más ambiciosos, vivían sometidas a la controversia, a la repercusión en lo público-político de muchas decisiones de carácter personal; entre ellas las que estaban impulsando la innovación en las pautas y en los contenidos de la educación de las mujeres, debido a las repercusiones previstas en la identidad personal, en la posición social y en el orden de relaciones entre los sexos en todos ios ámbitos. La polémica venía alimentada por tres cuestiones de importancia radical; la primera, el lugar que correspondía a esta mitad de la población, las mujeres, en espacios fuera de lo doméstico; la segunda, las consecuencias de no poner límites al acceso femenino a la cultura superior y a la ciencia; y la tercera, la adhesión a unas creencias religiosas, mejor, a una fe que en pequeños círculos estaba reclamando ser asumida más allá de formas externas, que requería un diálogo con la cultura moderna, con el avance de la ciencia, con las nuevas costumbres y fomias de vida, algo de evidente dificultad en lo institucional, y muy complicado en cada creyente. Cuestiones que se concebían como especialmente sensibles en el caso de las mujeres, pero de las que, sin duda, había que partir y había que integraldentro de un estilo de fomiación válido para desenvolverse en las presencias y responsabilidades públicas. |7, rir. Lui'i/ I>i \/i . A\\ M''.. v»C\ihihoradoi'as de Pedro Poveda..,». op. ciu. p. 3^8.,
Una contribución concreta y eficaz A este educador le distingue el haber llamado como ningún otro a las mujeres a implicarse en los cambios sociocullurales y religiosos de su época; el haber reconocido y contado con las posibilidades de un grupo emergente que estaba incorporándose poco a poco a la cultura académica, propiciando otra conciencia de sí mismas, variando las premisas de partida de su tiempo, desestabilizando modelos que se negaban a cualquier reforma. A este pedagogo le honra el haber alentado con medios eficaces a las jóvenes que manifestaban deseo de estudiar —los hombres contaban ya con muchas instancias que lo hacían— por el camino de la ciencia y de la investigación, del compromiso e intervención en la sociedad, de la fe vivida como sentido y referencia ética. La memoria de este pionero de la educación superior femenina nos permite afirmar, tomando palabras de la profesora Mónica Moreno, que: «Las relaciones entre mujeres, religión y política en la E.spaña contemporánea, presentan constantes contradicciones —en el discurso, entre el discurso y lá práctica, en las diferentes lecturas y actuaciones femeninas—, que demues tran, al menos, que no existió una única realidad repre.senlada por «la mujer católica», sino infinidad de realidades y cambios, numerosas experiencias que remiten a las mujeres como sujetos activos y protagonistas en el asociacionismo católico>f Una mirada desde el siglo XXI a los proyectos que impulsó y a su continuidad, pone de manifiesto la historia de una contribución concreta y eficiente para que innumerables mujeres de diferentes contextos y países que se formaron con esa modalidad, hayan podido adquirir una mejor conciencia de sí mismas y desplegar un papel más activo en la sociedad y en la cultura de los últimos cien años. Sus realizaciones dentro de un feminismo que, con diferentes voces, reclamaba los espacios que las mujeres tenían derecho a ocupar y a compartir, representaron una aportación valiosa, no sólo por lo que despertaron en quienes participaron en ellas, sino también en lo que produjeron de eco que se escuchaba en ámbitos que más difícilmente hubiesen sido receptivos a esos mismos mensajes pero difundidos desde otras tribunas. 3 ] . Mtjiíi \() Su (I. M.. «Mujeres, clerieíilismu y a.soci ación ismo caló I ico» ci'i C'i i \ Mi ui\i >. J. in -Lni'i/ Vil I A*.I-Kiji'. A. L. (ctturds,), Clerivalisinii v usavun'H'i!i'<iiui íaUiín-n cu l\s¡Hiñíi. líu Ki a kl Tninsirióu. C uenca. Universidad de Caslilla-La Mancha. 20(15. p. 12V.
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