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Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular de la Gran Recesión

Martínez-Jiménez, Laura

Abstract

Este trabajo plantea un comentario crítico del relato popular de la Gran Recesión en el Estado español. Desde el marco teórico-interpretativo feminista de los estudios culturales y la economía, se identifican y analizan tres tropos de esta narrativa en/de crisis: la privatización de la culpa, la promesa de un futuro mejor frente a la normalización de la precariedad y la caracterización de la recesión como una “mancession”.

Full text

IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 IMÁGENES, IMAGINARIOS Y NUEVAS NARRATIVAS EN CONTEXTOS DE CRISIS Images, imaginaries and new narratives in crisis contexts Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular de la Gran Recesión GUILT, PRECARIOUSNESS, AND INEQUALITY: CRITICAL NOTES ON THE (UN)POPULAR NARRATIVE OF THE GREAT RECESSION Laura Martínez Jiménez Universidad Rey Juan Carlos [email protected] Resumen Este trabajo plantea un comentario crítico del relato popular de la Gran Recesión en el Estado español. Desde el marco teórico-interpretativo feminista de los estudios culturales y la economía, se identifican y analizan tres tropos de esta narrativa en/de crisis: la privatización de la culpa, la promesa de un futuro mejor frente a la normalización de la precariedad y la caracterización de la recesión como una “mancession”. Palabras clave Gran Recesión; crisis; culpa; precariedad; desigualdad; estudios culturales feministas. 176 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 Abstract This paper aims to critically comment on the popular narrative of the Great Recession in the Spanish state. From the theoretical-interpretative framework of feminist cultural studies and feminist economics, three key tropes of this narrative in/crisis are identified and analysed: the privatisation of guilt, the promise of a better future in the face of the normalization of precariousness, and the characterisation of the crisis as a “mancession”. Keywords Great Recession; crisis; guilt; precariousness; inequality; feminist cultural studies. Sumario / Summary 1. Introducción: un sentido común en/de crisis. / Introduction: a common sense in/ of crisis 2. La privatización de la culpabilidad / The privatisation of guilt 3. La promesa de un final feliz frente a la precariedad normalizada / The promise of a happy ending in the face of normalized precariousness 4. El “lujo” de la igualdad: ¿la crisis es cosa de hombres? / Equality as a “luxury”: is the crisis a man’s thing? 5. Reflexiones finales: el contrarrelato de la crisis estafa / Final reflections: the counter-narrative of the crisis scam 6. Bibliografía / References 1. Introducción: un sentido común en/de crisis La Gran Recesión (2007/8-2013/4) se demostró como una crisis multifacética y multidimensional cuyas proporciones socioculturales, políticas y humanas trascendieron lo estrictamente económico (Fraser, 2015; Hall y Massey, 2010; Marchand y Runyan, 2011; Orozco, 2014). En ese desbordar su magnitud rigurosamente económico-financiera, la crisis consiguió atravesar la cotidianeidad de las vidas e inscribirse en los cuerpos y sentires, interviniendo así en las subjetividades, los roles y las relaciones interpersonales —con un marcado carácter de género— (Marchand y Runyan, 2011), pero también en el imaginario colectivo y el sentido común que articularon las formas legítimas de (sobre)vivir en crisis y, sobre todo, de comprender qué (nos) estaba pasando. Para ello, los medios masivos de comunicación, información y entretenimiento resultaron esenciales, instalando un relato enardecido y ubicuo de la crisis en la cultura popular (por ejemplo, Bennett y McDougall, 2017; Berry, 2017; Bramall, 2013; Davies y O’Callaghan, 2017; Negra y Tasker, 2013, 2014). En este sentido, vale la pena reproducir al completo la siguiente reflexión de Diane Negra: 177 Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 (...) nuestras vidas económicas están moldeadas por y arraigadas en la cultura popular y representativa. En consecuencia, cualquier relato sobre las condiciones económicas de la recesión global estará incompleto si no tiene en cuenta la narrativa cultural asociada a las formas populares. Fundamentalmente, la cultura popular ayuda a movilizar emociones y a asignar culpas, redirigiendo frecuentemente el resentimiento y la ira por los problemas estructurales lejos de las élites. La mayoría de las veces, esto implica procesos hegemónicos de creación de sentido; uniendo modos, a veces contradictorios, de sabiduría popular, los formatos mediáticos, desde el periodismo financiero hasta programas de telerrealidad, modelan las formas de entender las operaciones del poder cultural y las capacidades del individuo. (2014) Como afirmara Stuart Hall, “el capitalismo contemporáneo funciona a través de la cultura”, y esta “misión cultural” pasa por “contaminar la cultura popular” y “producir subjetividad” (Hall y Mellino, 2011, pp. 38-39). Que algo se convierta en popular, que algo nos atraviese con la normalidad de lo corriente, aclara, no ocurre de forma natural, inercial o automática, sino que implica una contienda compleja entre grupos con intereses en fricción (en Morley y Chen, 2005). Hall comprendía la cultura popular como un “espacio de lucha” donde confluyen conflictivamente los intereses y sentidos de las clases dominantes y aquellos propios de los grupos subordinados, siendo así, al menos en parte, “el sitio donde la hegemonía surge y se afianza” (1984, pp. 99-112). Es por ello que esta infección cultural del capitalismo se identificaría con las maneras gramscianas de la hegemonía a través de la obtención y manipulación del consentimiento popular (Hall et al., 1982; Hall y Massey, 2010), ejercida mediante lo que Marx entendía como la universalización privilegiada de “las definiciones disponibles del mundo social” que fabrican y popularizan las clases poderosas, en posesión de los medios de producción y los recursos “mentales” (Hall et al., 1982, p. 59). Definiciones cuya producción se habría desplazado desde los estados hacia los medios de comunicación, el mercado financiero y las corporaciones internacionales en el marco del régimen neoliberal contemporáneo (Preciado, 2014) y que serían compartidas, no sin disonancias o resistencias, por las clases subyugadas (Hall et al., 1982). Así, que las definiciones de la Gran Recesión articuladas por las clases e intereses dominantes y difundidas a través de los medios de masas consigan penetrar en el hábito común, esto es, que su narrativa se popularice como el relato oficial de la crisis, no solo expone el “trabajo ideológico” de las “funciones culturales” de los medios de comunicación (Hall, 1981, pp. 251, 245); además, exhibe lo profundamente ideológico de la misión cultural del propio capitalismo, en la medida en que las condiciones de existencia de esta crisis fueron herederas, y a la par dependientes, del “borrado” ideológico al que se viene sometiendo el discurso político sobre redistribución, igualdad y lo público/común en el marco 178 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 del proyecto neoliberal (Hall y Massey, 2010). De hecho, tal y como señala Astrid Agenjo, la Gran Recesión implicó un “recrudecimiento del neoliberalismo bajo formaciones simbólico/culturales cada vez más reaccionarias y antidemocráticas” que fundamentaron los discursos del miedo, el hiperindividualismo y el egoísmo, la normalización de la precariedad, la desigualdad y la mercantilización de todas las dimensiones de la vida (en Di Donato, 2021). Por todo ello, como reivindica Diane Negra, los estudios culturales —entendidos como el estudio revelador de las interacciones entre poder y cultura, entre la producción de sentidos y la vida social, los procesos de socialización, la identidad, la economía, la política o los medios de comunicación y la cultura popular (Hall y Mellino, 2011; Morley y Chen, 2005)— proporcionan un espacio (multi)disciplinar único para leer críticamente la cultura neoliberal de la Gran Recesión, ya que su foco de análisis se concentra en los “entornos simbólicos colectivos” que poseen una enorme influencia para configurar la opinión pública (2014). No obstante, este trabajo reivindica como más afinado y jugoso para este objetivo el encuentro interdisciplinar entre los estudios culturales feministas (por ejemplo, Genz, 2017; Gill, 2008; McRobbie, 2020; Negra, 2009, 2014) y la economía feminista (por ejemplo, Agenjo, 2021; Gálvez y Rodríguez-Modroño, 2015, 2016; Orozco, 2014). Por un lado, los estudios culturales feministas y la economía feminista constituyen espacios científico-políticos acogedores para la confluencia de diversas disciplinas que complejizan y enriquecen el estudio de fenómenos que son necesariamente económicos y culturales. Asimismo, el encuentro de ambas disciplinas no solo es compatible, sino, además, mutuamente deseable, en la medida en que permite articular una mirada multinivel para comprender las relaciones entre lo macro/ estructural, lo meso/institucional y lo micro/encarnado, así como cuestionar las fronteras dicotómicas entre lo material y lo discursivo (Agenjo, 2021; Orozco, 2014). De una parte, los estudios culturales feministas profundizan y sofistican el análisis de la dimensión simbólica y su relación con la economía encarnada y el valor performativo y subjetivante de los discursos político-económicos (ver Gill, 2008). De otra, la economía feminista facilita un análisis socioeconómico fundamentado y riguroso, así como un necesario cuestionamiento de lo que es la propia economía (como ciencia y como proceso/práctica social) bajo su forma capitalista (ver Agenjo, 2021). Por último, el arraigo común de ambas disciplinas en las epistemologías y teorías feministas no solo centraliza críticamente la categoría de género (y su comprensión interseccional), enmendando las “visiones parciales y hasta perversas” de la ciencia androcéntrica (Harding, 2002, p. 21), sino que, además, genera prácticas científicas partisanas y transformadoras, en línea con las “ciencias sociales críticas” reivindicadas por Andrew Sayer (2009). Así, este marco teórico-interpretativo y político —porque político es el conocimiento— fundamenta el presente trabajo, que se propone comentar críticamente 179 Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 los tres tropos que han configurado la narrativa de la Gran Recesión en el Estado español a la manera de lo que Stuart Hall llama “moralidad pública” (Hall et al., 1982, p. 66) o “popular” (1988a, p. 136 en Davis, 2004, p. 140). Para ello, el artículo se organiza de la siguiente manera: un primer apartado, dedicado al también primero de estos tropos o lugares comunes de la narrativa popular de la crisis económica, identificado como la privatización de la culpabilidad; a continuación, se reflexionará sobre la segunda de las claves de este relato, que no es otra que la promesa de un futuro mejor frente a la normalización de y la adaptación a la hiperprecarización de las condiciones de trabajo y vida; en tercer lugar, será analizado el último de estos vértices narrativos clave, que hace alusión a la construcción científico-mediática de la Gran Recesión como una “mancession” o crisis que ha afectado particularmente a los hombres y a la masculinidad; finalmente, la última sección condensa las claves del artículo y recoge una breve reflexión sobre el contrarrelato popular de la crisis. 2. La privatización de la culpabilidad El relato popular de la Gran Recesión articulado desde las instituciones políticas y mediáticas fue, en gran medida, un discurso no solo legitimador de la receta o salida neoliberal a la crisis, sino además, y sobre todo, una narrativa (auto)disciplinante, esto es, con efectos reales y materiales sobre los cuerpos y vidas de la ciudadanía residente en el Estado español o, más concretamente, sobre los cuerpos y vidas del 99 % de su población y, en particular, de las personas más vulnerabilizadas por cuestiones de clase, género, etnia/origen, capacidad o estatus administrativo/legal. Los efectos de este relato disciplinante, a la manera foucaultiana, deben entenderse como el (re)ajuste de las personas, sus relaciones, expectativas, demandas y desesidades (deseos y necesidades) a los requerimientos de acumulación, relegitimación y reestructuración de un capitalismo neoliberal en crisis, que exigía el sacrificio de las clases trabajadoras, populares y medias, implicando la pauperización de sus condiciones de trabajo y vida, así como un proceso de desdemocratización o vaciado democrático que esquilmó sus derechos y libertades. La activación de este sacrificio popular como una práctica no solo legítima y necesaria para los intereses de la clase dominante y la reproducción del propio capitalismo, sino, también, para las clases subordinadas —una suerte de expiación patriota y solidaria— pudo realizarse gracias al primero de los vértices del relato político-mediático de la Gran Recesión: la individualización y privatización de la culpabilidad o, en otras palabras, el profundamente desigual reparto de la culpa de la crisis, dislocada desde las élites, las corporaciones y los estados cómplices, así como desde el propio capitalismo, hacia la población —culpabilización, que 180 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 antecede al sacrificio, con particular efectividad en una sociedad de herencia y hábito tan católicos como la española—. Así, la privatización de las responsabilidades de la crisis vino sustentada por dos mantras moralizantes. Por un lado, el de la culpabilización particular y su eslogan interiorizado del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, que, en su versión política y mediática, señalaba únicamente a las y los trabajadores que, en época de bonanza, quisieron invertir en su bienestar o emular el estilo de vida que el propio capitalismo vende como aspiración, así como a los hogares que tuvieron que endeudarse para mantener estándares de vida dignos o buenos. Este eslogan, lejos de ser patrimonio exclusivo de la derecha conservadora y neoliberal representada por el gobierno del PP, fue también compartido, previamente, por representantes del PSOE y opinadores vinculados a la tradición bipartidista. Más allá del Estado español, este mantra fue igualmente diseminado por las instituciones europeas y transnacionales (Troika o Fondo Monetario Internacional), voces de autoridad replicadas en los medios tradicionales españoles casi sin filtro crítico, siguiendo las lógicas del periodismo de declaraciones. Por ejemplo, en 2011 El Mundo publicaba una entrevista al exministro socialista de Fomento, José Blanco, asegurando que “los españoles hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora hay que apretarse el cinturón” (Recuero y Delgado, 2011). Precisamente, Blanco ya señalaba el segundo de los mantras populares que configuraron la privatización de la culpa durante la Gran Recesión: la perversa socialización de la recuperación bajo el relato falaz del “todos estamos juntos en esto” y, por tanto, todos (especialmente, todas) tenemos que “ajustarnos el cinturón”. Tanto las economistas críticas como las teóricas culturales explican que este marco de culpa y sacrificio derramado sobre el pueblo legitimó la aplicación de las llamadas políticas “austericidas”, haciendo pedagogía popular sobre las mismas como medidas no solo merecidas, sino, incluso, deseables (Gálvez, 2013), así como racionales, responsables o necesarias (Berry, 2017; Bramall, 2013) e irremediables o naturales (Bennett y McDougall, 2017). Si bien la austeridad es un discurso polisémico y tensamente participado de distintas ideologías —no necesariamente vinculado a imaginarios y prácticas conservadoras, sino también a nociones positivas de frugalidad y moderación— su implementación política y su articulación mediática durante la Gran Recesión sí tuvo un sentido hegemónico neoliberal y conservador (Bramall, 2013; Gálvez, 2013). Además, la austeridad debe entenderse como un fenómeno cotidianizado más allá de lo económico e institucional: se trata de un artefacto ideológico profundamente integrado en la política cultural y la cultura popular occidental (Bennett y McDougall, 2017; Berry, 2017; Bramall, 2013; Davies y O’Callaghan, 2017), con intenso calado íntimo, emocional o afectivo (Hitchen, 2016) y, así, reconfigurador de los roles e identidades personales y sociales (Gálvez, 2013). 181 Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 De esta forma, el relato cultural de la austeridad como sacrificio debido y necesario acabó por legitimar maniobras económicas y políticas que, si bien se hubieran llevado a cabo de cualquier manera, habrían encontrado aún más oposición y contestación popular de la que, por ejemplo en el Estado español, protagonizaron, entre otros movimientos ciudadanos, las Mareas y los y las “indignadas” del 15M, suponiendo así una amenaza más crítica para la hegemonía del capitalismo neoliberal y su clase dirigente. Entre las operaciones político-económicas que habilitó el discurso popular de la austeridad, debemos destacar el desmantelamiento del estado del bienestar, su desdemocratización y la merma en la soberanía nacional frente a los mercados y organismos internacionales y a favor del pago de la deuda, demonizando en el imaginario colectivo el gasto social como un despilfarro innecesario propio de lo público (Berry, 2017; Gálvez, 2013; González y Segales, 2014; Hitchen, 2016); la individualización de las problemáticas estructurales como defectos personales a corregir mediante prácticas de autodisciplinamiento y autotransformación, y/o de las cuales abstraerse eminentemente mediante el consumo (Alonso y Fernández, 2009; Negra y Tasker, 2014); el desvío de la atención del sector privado y las élites como verdaderos causantes de la crisis, redirigiéndola hacia la propia ciudadanía y, en particular, hacia personas especialmente vulnerables y convencionalmente sospechosas (entre otras, inmigrantes, paradas, jóvenes1, mujeres…) (Negra y Tasker, 2014); en estrecha relación con lo anterior y con la socialización de la recuperación, la apelación a un ideal particular de nación (en el caso español, con reconocidas alusiones políticas al patriotismo, la gente o la llamada marca España); como ya apuntábamos, la contención de una reacción social que, aun intensificada y responsable de la crisis de legitimidad neoliberal, no ha conseguido imponerse como bloque alternativo (Berry, 2017; Gálvez y Rodríguez-Modroño, 2016); y, finalmente, la articulación del llamado “precariado” (Standing, 2018) como una nueva y compleja subjetividad de clase (de)generada por la desregulación laboral, el aumento del riesgo social y el empeoramiento de las condiciones y rentas del trabajo, de tal forma que el empleo ya no sería garantía suficiente de independencia económica o subsistencia digna (Gálvez, 2013). 1. Vale la pena recordar el estallido en plena crisis del fenómeno mediático de las/os peyorativamente calificadas/os como “ni-nis”, que incluso se elevó como representativo de toda una generación de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban, habitualmente desatendiendo a causas estructurales para explicar su desánimo, apatía y/o falta de oportunidades. 182 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 3. La promesa de un final feliz frente a la precariedad normalizada La segunda de las claves discursivas que caracterizaron el relato popular de la Gran Recesión sería el llamado “optimismo cruel” o “pesimismo esperanzador” (Coleman, 2016), esto es, la promesa condicionada de un mejor porvenir, siempre subordinada a la aplicación de la receta adecuada para salir de la crisis, que no era otra que la receta austericida neoliberal. Como explica Rebecca Coleman, esta máxima expondría la influencia del futuro sobre el presente, comprendiéndola como un mecanismo esencial de(l) poder (2016), e incluso como una nueva forma de gubernamentalidad neoliberal, que permitiría o facilitaría, así, sostener en el tiempo la aplicación de las políticas de ajuste en tanto que la única y mejor fórmula posible hacia la recuperación económica, normalizando como inevitable la sucesión cíclica de tiempos “buenos” o prósperos y “malos” o “duros” (Bennett y McDougall, 2017, p. 4), mientras se extirpa del relato la explicación de que estos ciclos no son sino constitutivos del propio capitalismo y el significativo matiz de que los malos tiempos no lo son para todas, pero sí para la mayoría de nosotras —incluso las malas rachas son menos malas, y hasta mejores que las buenas, para ese 1 % de la clase dominante, entre quienes el también popularísimo leitmotiv que identifica la crisis como una oportunidad sí tiene un efecto directo de enriquecimiento (véase el caso de Amazon) y no de sermón disciplinante hacia la autotransformación laboral y personal del 99 % restante—. De esta forma, el relato popular del final feliz tras la crisis resultó particularmente perverso en dos sentidos. Por un lado, vino a funcionar como la zanahoria delante de un burro (la población), de una parte, aturdido por el nuevo lenguaje cotidiano de la economía y su omnipresencia en los medios y los discursos políticos (Ibex, prima de riesgo, EPA, PIB o deuda entraron en nuestro imaginario social y emocional de la misma manera que lo hicieron las interpretaciones de los economistas neoliberales con el boom de las tertulias televisivas); y, de otra parte, ilusionado con la vuelta a una supuesta normalidad precrisis de acumulación, crecimiento y consumismo —ilusión que no nos parece precisamente ajena en nuestra experiencia actual con la crisis derivada de la COVID-19—. Mediante el relato siempre pospuesto y estirado del final feliz —redención para la población pecadora que se había sacrificado—, se legitimaba la extensión de una austeridad ahora elástica, necesaria más allá de su aplicación transitoria o coyuntural, proyectándola, así, como un “compromiso perdurable para remodelar las relaciones sociales” y los horizontes sociopolíticos al que la ciudadanía, simplemente, debía adaptarse (Bramall, 2013). Paradójicamente, al mismo tiempo que se articulaba este horizonte discursivo del final feliz como destino futuro, la población se (re)ajustaba mediante su retirada al cortoplacismo y a la gestión del presente, 183 Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 (sobre)viviendo al día y aleccionada en los valores de flexibilidad, adaptación, autoconstrucción y autotransformación (Muñoz-Rodríguez y Santos, 2017) —resuena, nuevamente, el mantra de la crisis como oportunidad, dispositivo discursivo disciplinante para el 99 % de la población, que se alinearía, en este sentido, con la neoliberalización de la resiliencia (McRobbie, 2020)—. Al mismo tiempo, como explica Diane Negra, se activaba la “cultura del elitismo aspiracional” (2009, p. 125), que rearticulaba, paradójicamente, el futuro como una promesa de retorno al modelo socioeconómico del boom precrisis, atractivamente caracterizado por la abundancia, el optimismo y el disfrute. No obstante, mientras caminábamos hacia dicho horizonte prometido, no solo se estaría plantando la semilla de desigualdad para próximas crisis, sino que, además, se iba enquistando la precariedad como condición normalizada y cotidianizada de las vidas presentes y, por extensión, como disciplinamiento castrante de sus proyectos futuros (Alonso y Fernández, 2009; Bramall, 2013; Coleman, 2016) —muy especialmente, en el caso de la gente más joven, la llamada generación milenial, que quedó suspendida en un estado constante de “becoming” entre el ensimismamiento, la vindicación de sus derechos y el no futuro (Genz, 2017, p. 21)—. Entendemos la precariedad, siguiendo a Judith Butler (2009), como una condición vital políticamente inducida y/o magnificada por la cual cierta parte de la población padece la carencia o insuficiencia de sostenibilidad socioeconómica, resultando así más vulnerable al peligro y la violencia. En este sentido, la precarización se extiende más allá del ámbito laboral y lo estrictamente económico, atravesando todas las dimensiones identitarias, relacionales y afectivas de la vida y su porvenir (Alonso y Fernández, 2009; Muñoz-Rodríguez y Santos, 2017). En el marco de la Gran Recesión en el Estado español, la precariedad surge como una de las nociones clave y recurrentes que caracterizaron la economía política cultural de la recesión, incorporándose desde entonces al vocabulario popular y emocional más allá de la crisis. Mediante esta cotidianización neoliberal de la exclusión social, la precariedad dejaría de entenderse como una disfunción o efec- to coyuntural derivado de las condiciones económicas particulares de la crisis, para pasar a ser un elemento estructural y deliberado del capitalismo neoliberal y un fundamento normalizado que engrasa el funcionamiento y la aceptación del mismo en sus dimensiones materiales y simbólicas (Alonso y Fernández, 2009; Muñoz-Rodríguez y Santos, 2017). No obstante, la movilización discursiva de la precariedad resultó particularmente paradójica, ya que, mientras las élites trataron de disimularla y, al mismo tiempo, explotarla en su beneficio (especialmente, en el marco laboral y de disciplinamiento de la contestación social), en los medios de comunicación su relato enardecido no pocas veces fue utilizado como un eufemismo amable, e incluso sexi, de la pobreza y la desposesión, al igual que como un retrato de la otredad 190 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 Ginesta y Andrea Alvarado dedican un fantástico artículo al lanzamiento de la Barbie Emprendedora en “un contexto en el que el rol de las mujeres como breadwinners precarizadas crece, pero también se combina e intersecciona con la recuperación de los roles de género reproductivos tradicionales” (2014). Este ajuste recesivo de la feminidad postfeminista ha atravesado contundentemente la cultura popular con producciones audiovisuales como, por ejemplo, Dos chicas sin blanca, New Girl (Negra y Tasker, 2014), Girls (Genz, 2017; Negra y Tasker, 2014), Unbreakable Kimmy Schmidt, Mom, Chewing Gum, Jessica Jones, Nola Darling, La que se avecina o Perdóname Señor (Autora y coautora, 2018); con makeover shows o programas de telerrealidad destinados a la (auto)transformación personal y estética de sus participantes como Cámbiame, centrados en el aumento de la productividad y el atractivo de sus protagonistas femeninas (Autora, 2017); e incluso con las típicas comedias románticas, que se alejarían progresivamente de la representación del emparejamiento heterosexual como estrategia que garantiza la supervivencia económica de las mujeres y del desempleo femenino como una elección libre y correcta hacia la plenitud de la domesticidad (Negra y Tasker, 2013). Además, el impacto de la crisis en la cultura popular también se habría hecho notar en la producción de fantasías postapocalípticas profundamente generizadas como The Walking Dead (Davies y O’Callaghan, 2017), Mad Max: Fury Road (Autora et al., 2018) o El cuento de la criada, así como en cier- to (re)gusto neo-vintage o nostálgico que habría destacado el valor histórico y la vigencia de la constante batalla de las mujeres en relación a sus trabajos, tanto dentro como fuera de los mercados, al tiempo que también habría implicado un atractivo rescate de retrofeminidades (Bramall, 2013; Davies y O’Callaghan, 2017), destacando en ambos sentidos producciones como Mad Men, Figuras Ocultas, Criadas y Señoras, Las Chicas del Cable, Velvet, Llama a la comadrona, Galerías Paradise o Sufragistas. 5. Reflexiones finales: el contrarrelato de la crisis estafa3 Desde un espíritu aproximativo —y asumiendo las carencias o límites que este acercamiento tentativo implica—, este texto ha querido comentar críticamente la cartografía discursiva del relato de la Gran Recesión en el Estado español, articulado fundamentalmente en torno a tres tropos o narrativas clave: la privatización y socialización de la culpabilidad, que desplazó la responsabilidad de la 3. “No es una crisis, es una estafa” fue uno de los leitmotiv de la contestación ciudadana en el Estado español contra las políticas de austeridad y el repliegue institucional ante las medidas de ajuste que empezaron a popularizarse especialmente a partir del 15M de 2011. 191 Culpables, precarias y desiguales: apuntes críticos sobre la narrativa (im)popular… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 crisis desde las élites y el propio sistema capitalista hacia el pueblo, culpable de haber vivido por encima de sus posibilidades y, por tanto, dispuesto a apretarse el cinturón; la promesa de un final feliz en tensión con la normalización de la precarización, que legitimó la aplicación de las políticas neoliberales de austeridad como la única y más eficiente receta para un futuro mejor hacia el que caminar mientras la precariedad se enquistaba en las condiciones de vida y trabajo de las personas; y la caracterización de la crisis como una “mancession”, que extirpó o, cuanto menos, marginalizó el impacto de la recesión sobre las mujeres, degradó la igualdad de género a la categoría de “lujo” propio de épocas de bonanza económica y articuló retratos y narrativas neotradicionales y de reajuste femenino bajo los parámetros del postfeminismo neoliberal. Así, el sentido común de la crisis económica se forjó mediante la popularización de una economía política de la moralidad o la culpabilidad, que haría comprensible, además, las distintas formas en las que la ciudadanía se apegó a los discursos y las prácticas de la austeridad y la precariedad (Hitchen, 2016). No obstante, las fuerzas dominantes se valieron de estas formas más discursivas, sugestivas o difusas de poder para allanar la asimilación popular de medidas y prácticas más duras o coercitivas, ya que la desigualdad, la austeridad y la precariedad presentan un carácter particularmente disciplinante. Esto no quiere decir, sin embargo, que las resistencias sociales y personales a la precariedad y sus narrativas no existieran o quedaran definitivamente disueltas, ni mucho menos que las personas se sometieran alegre o deliberadamente a los ajustes cotidianos de la austeridad. Si bien la austeridad agota y desgasta los cuerpos y las voluntades (Hitchen, 2016), esta no erradicó la oposición ni la conformación de un contrarrelato que, de hecho, encontró sus formas más populares e ilusionantes en las manifestaciones, paros, asedios, ocupaciones, marchas y acampadas por la “democracia real” y la justicia social, frente a la corrupción política y los recortes austericidas y contra el propio capitalismo neoliberal —por ejemplo, las y los “indignados” del 15M, la Plataforma de Afectadas por las Hipotecas (PAH), las mareas ciudadanas, la creación de Podemos o el movimiento feminista (Rey-Araújo, 2021)—, frente a lo que el expresidente del gobierno popular Mariano Rajoy interpretaba como “la mayoría silenciosa” que se ajustaba, sobrevivía o progresaba para superar las condiciones de crisis (González, 2012). Al margen del interés y la resonancia mediática que despertaron los líderes más carismáticos del nuevo partido Podemos y sus estrategias populistas a la manera de Ernesto Laclau (Rey-Araújo, 2021), articuladas mediante eslóganes de asalto a los cielos, sí se puede, sonrisas y miedos que cambian de bando y un pueblo diverso pero unido frente a la casta, este contrarrelato popular de la Gran Recesión se gestó en las calles y en colectivo, mediante cánticos y gritos rimados, pancartas, carteles, pintadas callejeras e incluso nuevos códigos y sentidos 192 Laura Martínez Jiménez IC – Revista Científica de Información y Comunicación 18 (2021) ∙ pp. 175-196 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2021.I18.10 de los colores (morado, granate, blanco...), que empezaron a viralizarse especialmente a partir del 15M de 2011 a través de redes sociales, canales y plataformas digitales y la televisión convencional. De igual forma, los medios de comunicación alternativos, muy especialmente, la prensa digital de izquierdas (con los ejemplos paradigmáticos de Público y elDiario.es) y el esfuerzo de algunas de sus voces referentes para estar presentes en espacios mediáticos más convencionales (y más hostiles), también contribuyeron a tejer este contrarrelato antirecesivo más allá de las calles o desde las mismas y hacia la intervención en el sentido común a través de los circuitos informativos. La conformación y, sobre todo, la popularización de este contrarrelato progresista, de izquierdas o anticapitalista evidenciaron la cultura popular y el sentido común, recordando a Stuart Hall, como espacios de lucha en los que convergen intereses contrapuestos y narrativas enfrentadas, si bien es necesario matizar que las distintas clases y sus respectivos intereses y relatos no compiten precisamente en igualdad de condiciones, tal y como podemos comprobar, por ejemplo, en relación a las diferencias en la representación, cobertura y legitimación en los medios de comunicación convencionales (especialmente, prensa y televisión) de los movimientos feministas, por un lado, y, por otro, de partidos de extrema derecha como Vox y su “misoginia popular” (Banet-Weiser, 2018). Así, si hace apenas unas semanas la actual ministra de Exteriores, Arancha González Laya, afirmaba en elDiario. es que “en 2008 la respuesta a la crisis se basó en el sálvese quien pueda; en 2020, en la solidaridad comunitaria” (Gil, 2021), tenemos por delante la tarea de identificar la narrativa popular de esta nueva crisis derivada de la pandemia de COVID-19 y, sobre todo, de rastrear las posibles herencias de la Gran Recesión y contrastar si, efectivamente, no solo cómo (nos) estamos gestionando, sino también cómo (nos) estamos contando (en) esta crisis difiere e, incluso, enfrenta el relato recesivo del pueblo irresponsable, la precariedad irremediable y la desigualdad adaptativa. 6. Bibliografía Agenjo, Astrid (2021). Economía política feminista. Sostenibilidad de la vida y economía mundial. Madrid: Libros de la Catarata. Alonso, Luis Enrique y Fernández, Carlos Jesús (2009). Uso del trabajo y formas de gobernabilidad: La precariedad como herramienta disciplinaria. 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