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Gerardo López Sastre, John Stuart Mill. El utilitarismo que cambiaría el mundo. (Shackleton Books, 2023), 189 pp. [Reseña]

Sánchez-Mejía, María Luisa

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 557-561. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.27 Gerardo López Sastre, John Stuart Mill. El utilitarismo que cambiaría el mundo. (Shackleton Books, 2023), 189 pp. María Luisa Sánchez-Mejía Universidad Complutense de Madrid (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4847-1584 Ciento cincuenta años después de su muerte, John Stuart Mill sigue siendo un punto de referencia para las sociedades occidentales. Un “man for all seasons”, incluso para escenarios que llevan más a la crítica que a la alabanza. Su obra es un compendio de los ideales liberal-democráticos gestados en la segunda mitad del siglo XIX y que aún hoy tratamos de mantener a flote en medio de nuestro confuso siglo XXI, en la convicción de que todavía tienen algo importante que ofrecernos. Por ello, una nueva aportación sobre el filósofo utilitarista es siempre muy bienvenida, porque el cambio de los tiempos lleva a explorar nuevas perspectivas, a leer a Mill desde nuevos desafíos y a buscar en sus textos la explicación o la inspiración que a veces nos falta para confrontarnos con las amenazas que parecen hacer tambalearse a la democracia. Además, las reflexiones de Mill no se dirigen solo a la comunidad, a la convivencia ciudadana, sino que resultan valiosas para el individuo, para la persona, que sigue haciéndose quizá la pegunta más importante de la historia de la filosofía: ¿Cómo debemos vivir? Todas estas facetas del pensamiento de Mill pueden encontrarse en los análisis y comentarios que le dedica Gerardo López Sastre, Catedrático de filosofía en la Universidad de Castilla-La Mancha, y que ha titulado John Stuart Mill, el utilitarismo que cambiaría el mundo, y que tiene como objetivo principal una mirada unificadora de sus ideales, de tal forma que se perciban las conexiones entre sus diversas obras. El mundo en el que nace Mill en 1806, está todavía inmerso en el apocalipsis de la Revolución que ha sacudido a toda Europa, y aunque Inglaterra y sus aliados acabarán sometiendo el estandarte revolucionario de los ejércitos de Napoleón, los ideales del siglo ilustrado han recorrido ya, a principios del siglo XIX, una parte del camino hacia sus objetivos transformadores. No hay que olvidar que las admoniciones de Burke en sus Reflections van contra los grupos radicales británicos que han saludado la Revolución, y que están apareciendo ya los primeros textos de Jeremy Bentham y sus nuevas propuestas morales y 558 María Luisa Sánchez-Mejía Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 557-561. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.27 políticas, esa doctrina que luego se llamará utilitarismo, en la que James Mill tendrá también un papel destacado. En este marco ideológico y en este ambiente político se van a desarrollar los primeros años de la vida de John Stuart, siempre bajo la atenta mirada de su padre. Con la peculiar, y bien conocida, educación recibida por el joven Mill, se cierra la introducción del ensayo que comentamos, considerando que la crisis producida por el exceso de aprendizaje y las carencias afectivas del proyecto pedagógico de James Mill, van a marcar el punto de partida de toda la reflexión de John Stuart: una filosofía que trate de manera armónica las dos dimensiones de los seres humanos: la intelectual y la emocional, y que busque —como escribe López Sastre— “la síntesis entre las dos grandes corrientes del pensamiento de las que todavía hoy somos herederos: la Ilustración y el Romanticismo”1. EL UTILITARISMO ÉTICO La filosofía utilitarista, a la que se dedica el tercer capítulo del ensayo, planea continuamente sobre las reflexiones de Mill, pero, como López Sastre indica muy bien, hay importantes diferencias entre la manera en que la entendían sus fundadores, Bentham y James Mill, y el giro más ético y más exigente que le da John Stuart. Frente a esa idea de la máxima felicidad para el mayor número que proponían los primeros, sin importar su calidad, John Stuart Mill propone que el camino de la utilidad nos lleve al desarrollo pleno de todas nuestras capacidades, nos permita realizarnos como personas y lograr una vida digna y satisfactoria, y en la búsqueda de ese fin acabemos encontrando algo parecido a la felicidad. Y, para llevar a cabo este proyecto, el elemento imprescindible es la libertad, la libertad individual. El capítulo dedicado a la obra más famosa de Mill, On Liberty, es el más extenso y el más logrado de todo el libro, por cuanto la libertad, la libertad individual, es el concepto clave de toda la filosofía milliana. Además de exponer las características del concepto en la obra, lo que hace especialmente interesante este capítulo es que el prof. López Sastre no rehúye, sino que acomete, las dificultades y las contradicciones en las que acaba cayendo un seguimiento estricto de los planteamiento de Mill, y que precisa de una cantidad de matices que el filósofo utilitarista trata él mismo de abordar. Sentado el principio de que la libertad individual nunca debe dañar a nadie, surge la pregunta de si uno puede dañarse a sí mismo, y se enfrenta sobre todo a la cuestión del consumo 1 p. 10 del texto de referencia 559 John Stuart Mill. El utilitarismo que cambiaría el mundo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 557-561. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.27 de alcohol y de drogas como el opio, y apuesta por una respuesta afirmativa, en la convicción de que cada uno es el mejor juez de sí mismo y de que no necesita protección paternalista del Estado. Es fácil traer a la actualidad estos interrogantes, cuando el desarrollo de las sociedades occidentales han multiplicado las posibilidades de hacernos daño: ¿la venta de sangre o de órganos, es un ejercicio de nuestra libertad?, ¿o la deformación monstruosa de nuestro cuerpo para conseguir miles de seguidores en las redes sociales? ¿hay que levantar la prohibición del cinturón de seguridad en los automóviles o el casco en las motos? A nadie perjudicamos en todas estas situaciones más que a nosotros mismos. López Sastre hace una distinción interesante –que no está explícita en Mill– entre la libertad expresivista y la que podríamos llamar instrumental: venderíamos un riñón por necesidad económica, o nos negamos a abrochar el cinturón por pura comodidad. Ninguno de estas situaciones, que pueden multiplicarse todo lo que se desee, se dan porque resulten valiosas para nuestra manera de entender la vida, para poder realizarnos plenamente en ella, como sí lo sería elegir profesión, compañía o valores por los que queremos guiarnos y alcanzar nuestro bienestar. Si se restringe la libertad instrumental no se nos impide elegir nuestro camino vital y puede redundar en evitar perjuicios a otros: podemos quizá invocar el principio de utilidad. A pesar de tal distinción, las posibilidades de encontrarnos ante encrucijadas de difícil solución son enormes: los menores, ¿han de disfrutar de una libertad expresivista como la de los adultos (por ejemplo, en la cuestión de cambio de sexo)?; los miembros de las distintas comunidades religiosas ¿pueden enajenar su propia libertad en aras de los mandatos de la comunidad? Estas y otras cuestiones similares enganchan casi directamente con los problemas relativos al multiculturalismo, a la igualdad, al respeto a las elecciones personales de cada uno, sean las que sean. Hay, sin embargo una afirmación importante que hace el propio Mill y que puede servir a la vez de principio de solución o de motor de mayores controversias: “Nadie es libre de hacerse esclavo”. A partir de ahí, el Estado puede impedir desigualdades producidas por preferencias culturales o religiosas, pero, al mismo tiempo ¿quién decide qué es libertad o esclavitud? ¿el canon occidental? Por otro lado, y según nos explica el autor del libro que comentamos, la libertad de expresión es parte fundamental de la libertad individual que defiende Mill y una de las ventajas de su ejercicio, y que puede resultar útil para el conjunto de la sociedad al expresar diversos puntos de vista sobre temas importantes y, quizás, acabar transformando y mejorando nuestro conocimiento y nuestras sociedades. 560 María Luisa Sánchez-Mejía Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 557-561. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.27 No es necesario que nos extendamos mucho en resaltar, nuevamente, la actualidad de tales planteamientos. Los continuos y complejos pleitos sobre los discursos del odio y sobre todo aquello que no se acomoda a la mentalidad imperante, dan buena prueba de ello. ¿Quién se atrevería a investigar o publicar un estudio científico sobre las diferencias o capacidades cognitivas o de otro tipo entre hombres y mujeres? ¿o quién se atrevería a desarrollar argumentos sobre las ventajas de que algunos países considerados “fallidos” estarían mejor bajo la tutela de las Naciones Unidas aunque tuvieran que renunciar a su independencia política? Los recientes disturbios en las principales universidades americanas a propósito de la defensa de los derechos de Palestina y/o su condición de antisemitas, es suficiente para ilustrar las dificultades de una plena libertad de expresión. LA DEMOCRACIA Y EL VOTO El segundo capítulo del ensayo sobre Mill lo dedica López Sastre al “gobierno representativo”, otro de los textos importantes del filósofo británico. Enemigo del voto restringido, en función de la propiedad o de la condición social, como todavía se practicaba en la Europa de la mitad del siglo XIX, su defensa de lo que luego se llamará el sufragio universal –incluyendo evidentemente a las mujeres– sorprende por su “deriva elitista”, como diríamos hoy. Todos tienen derecho al voto, pero no todos los votos valen igual. La democracia siempre fue criticada –desde los tiempos de la Atenas clásica– por ser el gobierno de los ignorantes, y, en cierto modo, Mill se hace eco de esta crítica, explicando que los ciudadanos más instruidos o más valiosos para el cuerpo social podrán disponer de un voto múltiple, a fin de impedir que la representación acabe siendo el fruto de los votos menos cualificados. Pero no debe ser una situación permanente. El fomento de la educación y la convocatoria de exámenes periódicos permitirán a quienes los superen el acceso a un voto de mayor calidad, con independencia de sus rentas. Hay, evidentemente, una gran confianza en los frutos de la educación en la propuesta de Mill y, hasta cierto límite, su ecuación: mayor educación, mayor responsabilidad política, se ha cumplido en parte. Y aunque hoy, después del largo combate por el sufragio universal, no aceptaríamos ya diferencias en la calidad del voto ciudadano, hay que reseñar que hace pocos años el tema volvió a la actualidad con el libro “La epistocracia”, de Jason Brennan, que proponía una cesión voluntaria del voto de quienes no estaban interesados en la política a favor de quienes sí lo estaban y podían participar con mayor interés y conocimiento de causa. El autor, por supuesto, apelaba a las propuestas de Mill para apoyar sus argumentos. 561 John Stuart Mill. El utilitarismo que cambiaría el mundo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 557-561. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.27 López Sastre dedica también un capítulo a la obra La sujeción de las mujeres, y el combate de John Stuart y su esposa Mary Taylor por la igualdad entre los dos sexos, una cuestión en la que Mill fue también pionero y en la que todavía estamos librando batalla. Cualquier historia contemporánea del feminismo no deja de apelar a la obra de Mill, que muchas consideran escrita por la mano de Mary Taylor, y que tuvo que enfrentar tantas críticas en su momento. Hay que mencionar también la atención que Gerardo López Sastre dedica en su monografía a los Tres ensayos sobre la religión, de los que destacaremos especialmente el titulado La Naturaleza, siguiendo nuestro propósito de poner de manifiesto la actualidad del pensamiento de Mill. Las contradicciones entre el empeño de llevar una vida más natural, y la conciencia de que la Naturaleza nos regala con frecuencia dañinas catástrofes, está ya en el pensamiento milliano, que, en este y otros ensayos, trata de aunar el deseo de un progreso técnico y científico que nos haga la vida más cómoda y placentera, y el respeto por las maravillas naturales y por todos los seres vivos que pueblan la Tierra, incluyendo aquellos animales que nos han acompañado siempre. En sus reflexiones hay una preocupación conservacionista que se avendría bien con nuestras cuitas actuales. Unas páginas “a modo de conclusión”, que recogen el ideal sociopolítico de Mill y sus preferencias hacia un socialismo no comunista, cierran este ensayo imprescindible para conocer al filósofo al que tanto debe nuestra modernidad. Escrito de forma amena y muy accesible, el análisis no pierde por ello profundidad, y la continua “discusión” con el lector nos permite involucrarnos siempre en el problema y disfrutar de tan grata compañía.