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Toreo clásico contemporáneo, de José Campos Cañizares; Taiwán: Ediciones Catay, 2018 [Reseña]

Martínez Shaw, Carlos

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Fig. n.º 45- Campos Cañizares, José (2018): Toreo clásico contemporáneo,Taiwan, Ediciones Catay, LTD. Revista de Estudios Taurinos N.º 44, Sevilla, 2019, págs. 347-360 José Campos es bien conocido por su multifacética aportación intelectual a la fiesta de los toros. Destaquemos, sólo para perfilar levemente su figura en este ámbito, primero, su continua labor docente a favor de la historia y la cultura españolas en la Universidad Wenzao de Kaohsiung en Taiwán, donde la tauromaquia ocupa siempre un lugar de relieve. Segundo, su activismo como inspirador e impulsor de la Tertulia Internacional de Juegos y Ritos Táuricos que,con sede en Madrid, se propone favorecer la pervivencia de un toreo plena- Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 347 Carlos Martínez Shaw 348 mente auténtico. Y, finalmente, su contribución intelectual al conocimiento y difusión de la tauromaquia, pues, tras haber sido el primer universitario en obtener el grado de doctor (en la Universidad Complutense de Madrid) con una tesis de temática estrictamente taurina (dirigida por el malogrado Antonio García- Baquero y publicada con todos los honores por la Fundación de Estudios Taurinos), ha continuado animando con sus artículos y los de sus compañeros las páginas de ese anuario singular que es Encuentros en Catay (editado en Taiwán), así como muchos números de la Revista de Estudios Taurinos,de la que es asesor y asiduo colaborador y a la que viene dedicando buena parte de sus esfuerzos como investigador y amante de la fiesta de toros en todas sus vertientes. Dicho esto, no es de extrañar que nuestro autor haya querido recoger una parte de su obra dispersa en un volumen único, al que ha dotado de una particular configuración en su afán por compaginar todas las frondosas ramas de sus múltiples intereses taurinos. Por un lado, el libro cuenta con una portada del reconocido pintor Jacobo Gavira (que hace atractiva la obra desde antes de abrir sus páginas), una biografía del autor,un poema de Evaristo Bellotti (La culpa del Minotauro) y este modesto prólogo, piezas todas ellas que abren las puertas a la espléndida serie de doce artículos del autor,cada uno de los cuales se beneficia además de unos magníficos dibujos y de una reflexión personal sugerida por el propio texto a cargo de una serie de especialistas de reconocido prestigio, cuyos nombres basta citar aquí: Luis Gómez Canseco, Juan Palette,José Ramos, José Ramón Márquez, Alberto González Troyano, Rafael Cabrera, José Carlos de Torres, Miguel Salas, Ignacio Antonio Sáez, Beatriz Badorrey, José Luis Fernández Castillo y José María Balcells. La obra se cierra con una serie de apéndices salidos del taller de la Tertulia, entre los que se incluye el texto del manifiesto fundacional de la misma (todos con su respectiva glosa), Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 348 una bibliografía sobre los temas tratados, una reflexión de Jorge Laverón, un epílogo del también reconocido profesor José Ramón Álvarez y,finalmente, un álbum fotográfico del autor, brillante broche de este auténtico festejo tauromáquico en papel. El primer artículo que conforma el volumen es una reflexión sobre la necesidad de disponer de un manual que pueda introducir al profano, sin demasiado esfuerzo de su parte, en las complejidades de la fiesta de toros. Y para ello elige como modelo un libro bien conocido, la obra de José Antonio del Moral titulada Cómo ver una corrida de toros,redactada por primera vez en 1994 y publicada en 2003. El articulista analiza los distintos aspectos de la lidia desvelados en el manual, a través de sucesivos epígrafes: el toro (deteniéndose en los conceptos tradicionales de trapío. bravura y casta hasta llegar al más reciente de toreabilidad), la lidia (con especial atención al concepto capital del temple como pilar de la técnica taurina), el toreo (con los conceptos igualmente básicos de parar, mandar y templar y de cargar la suerte), el primer tercio (en sus vertientes sucesivas de toreo de capa y suerte de varas, la «más polémica y menos popular de la lidia», pero fundamental para los aficionados), la suerte de banderillas (con sus distintas formas de practicarla), el toreo de muleta (con su necesaria atención a los pases naturales y cambiados) y la “suerte suprema”, la llamada “hora de la verdad”, el momento de la muerte del toro en sus conocidas variedades de recibir, al encuentro y volapié. Una vez desglosados todos los lances de la corrida, el articulista se permite finalmente señalar otros libros alternativos, desde el clásico de Gregorio Corrochano (¿Qué es torear?, de 1953) al más reciente de Jorge Laverón (La Lidia,de 1997), para terminar con un elogio al prologuista del libro comentado, el conocido crítico Ignacio Álvarez Vara, Barquerito. En definitiva, se cumple el objetivo: romper una vara a favor de los buenos manuales que sirvan de introducción al arte del toreo. Prólogos 349 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 349 En el capítulo titulado “De intrahistoria y filosofías taurinas”, se celebra la recuperación de un texto de gran interés que nos permite conocer la relevante opinión expresada en 1950 por Cecilio Muñoz Fillol, quien fuera (tras cursar Veterinaria y Filosofía y Letras) profesor de Filosofía y de Lengua Inglesa en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Bernardo de Valbuena” en la localidad manchega de Valdepeñas. El libro (Metafísica taurina), rescatado en 2009 por la asociación cultural que lleva el nombre de su autor,no pudo ejercer una influencia directa (aunque las opiniones pudieran ser difundidas por otros medios, la docencia o la conversación), pero no puede desconocerse su papel para seguir reconstruyendo la historia del pensamiento acerca de la fiesta. José Campos, que califica la obra de «curiosa, personal, sincera, particular y privada», resume sus principales argumentos: los toros son una fiesta popular,donde el toro simboliza el mal, de modo que su muerte desplaza el dolor, la penuria y la infelicidad de los hombres; esta razón hace imprescindible la concurrencia del público, caracterizado habitualmente como “la masa”; la afición de los toros lleva implícita la posesión de un instinto taurino, que se deriva de la rebeldía innata del hombre y que se manifiesta en la tracción de la sangre, la palpitación de la angustia, la presencia del dolor,la cercanía de la muerte y la existencia de la crueldad. Si la tauromaquia pertenece al mundo de las Bellas Artes, también es cierta la decadencia imparable de la fiesta a causa de la continuada merma del poder del toro. En definitiva, una compleja filosofía de los toros (una metafísica), que, en un verdadero alarde de síntesis y de comprensión del texto, José Campos es capaz de compendiar en un elaborado resumen gráfico de siete páginas, toda una proeza. Mario Vargas Llosa ha rememorado en numerosas ocasiones sus vivencias y ha vertido en muchos escritos sus opiniones sobre la fiesta de los toros, la que ha llegado a denominar “la fiesta por antonomasia”. José Campos procede aquí a una minu- Carlos Martínez Shaw 350 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 350 ciosa lectura de esas efusiones y reflexiones del escritor para componer una ponderada síntesis de su pensamiento en torno a la tauromaquia. Síntesis que,a pesar de la riqueza de su contenido, llega a una impecable decantación de los elementos esenciales. Mario Vargas Llosa es, en primer lugar, tolerante con todas las opiniones y sensibilidades, ya que la adhesión o el rechazo a los toros procede no del área de “la inteligencia y la razón”, sino del área de “las emociones y las sensaciones”. La afición depende de los rasgos psicológicos del individuo, de su entorno familiar y social y de su pertenencia a una determinada tradición y cultura. Y aquí entra su propia experiencia a la hora de su iniciación en el mundo de los toros, cuando «de la mano del abuelo Pedro» subió por primera vez al altozano donde se ubicaba la plaza de toros de Cochabamba, cuando contempló la (verdadera o falsa, poco importa) capa de Belmonte conservada en el entorno familiar, cuando vio la película Sangre y Arena de Rouben Mamoulian, cuando descubrió el toreo de Antonio Ordóñez en la bicentenaria plaza de Acho de Lima. A partir de aquí se va construyendo su tauromaquia: los toros como fiesta popular, su conexión con el pasado atávico de nuestra cultura (cuando «el goce, la embriaguez, la danza, el amor físico, en vez de amenazar la salud espiritual de los hombre, los acercaba a los dioses»), la fiesta como ocasión para «estallidos formidables de alegría y felicidad» y,en suma, los toros como manifestación de la pervivencia de la «infantil inocencia con que un simple quite bien dado, un adorno, un farol, un pase,un engaño, un desplante, una filigrana del diestro ante la fiera, bastan para colmarnos la vida». Una completa lección personal sobre la fiesta de toros que José Campos ha sabido extraer con sabiduría y objetividad de la abundante copia de testimonios desgranados por el gran escritor peruano. “Antoñete en Las Ventas en 1981” es una crónica taurina demorada, escrita más de treinta años después de los hechos. La Prólogos 351 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 351 ocasión fue la desaparición del torero madrileño en 2011, pero el motivo fue la trascendencia que tuvieron las cuatro corridas lidiadas por el diestro en Las Ventas entre mayo y septiembre de ese año de 1981, que constituyen un verdadero legado inmaterial para incorporar al patrimonio atesorado por la fiesta de toros. Para el autor,la actuación de Antonio Chenel Antoñete puso de manifiesto que «la acción de ser torero no es sólo la capacidad de dar pases, como ya especificó, entre otros, Domingo Ortega, ni de exponerse ante las astas de los toros en mayor o menor grado, sino de hacerlo de acuerdo a unas reglas, en posesión de una técnica, un hondo sentido estético y un sentimiento. Lo cual representaría realizar el toreo con arreglo a una verdad,a un conocimiento, a una pureza y a una compromiso». De ahí que José Campos nos ofrezca, tras un preámbulo sobre la trayectoria del matador («un poco de historia necesaria»), no sólo la crónica de cada una de las corridas (a través de las voces más autorizadas de dicho género en el mundo periodístico), sino también una lapidaria valoración de la aportación del diestro a cada uno de los festejos. Una valoración de cada una de sus “lecciones” que sólo está al alcance de un gran entendido en la materia como es el autor del artículo. Así, la primera lección (22 de mayo) versó sobre la lidia, saber estar y torería; la segunda (3 de junio), sobre el inicio de la faena, el temple y la ligazón; la tercera (21 de junio), sobre la colocación, la determinación y el magisterio; la cuarta (21 de septiembre), sobre la concisión, la rotundidad y la maestría. Como conclusión, extraída después de muchas páginas de detallada observación y rigurosa reflexión, la resurrección literaria de aquellas cuatro corridas se justifica por el hondo contenido de la actuación de Antoñete:«Fueron cursos de tauromaquia con programas completos, de temática inagotable,aplicados con intensidad,humildad y grandeza. La verdad del toreo con pedagogía antigua». Carlos Martínez Shaw 352 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 352 “La tauromaquia de la época de Joselito”es la contribución de José Campos al volumen colectivo editado por la Fundación de Estudios Taurinos para recordar el primer centenario de la alternativa del gran torero en la plaza de la Maestranza de Sevilla. Aquí, el autor acepta el juicio de muchos especialistas que consideran la segunda década del siglo XX como la “segunda edad de oro del toreo” y que ponen esta etapa estelar bajo la égida de dos grandes maestros, Joselito,de un lado, y Juan Belmonte,de otro. A partir de aquí, el gran mérito del artículo es el denodado y,a la postre, atinado esfuerzo de individualizar las características principales que definen el toreo en aquellos años. Así, la época se afirma como época de transición (aunque quizás todas lo sean de una u otra manera), en la cual todavía pervive la tauromaquia del siglo anterior de «poderle al toro», pero al mismo tiempo se construye un equilibrio original entre «el riesgo, aporte de lo antiguo, y el arte, advenimiento de lo nuevo». Tras una queja fundamentada sobre las dificultades de las fuentes (la inexistencia de testigos vivos, la subjetividad de muchos textos y la fragmentación de las fuentes visuales), el autor se apoya en los tratadistas y críticos que le ofrecen mayor confianza, para señalar aquellas cualidades que deben juzgarse idiosincráticas del momento: la contraposición entre el toreo de pies y el toreo de brazos (este último dentro de la tauromaquia que podría decirse más moderna), la afirmación del toreo de frente («darles el pecho a los toros»), la consolidación también de los tiempos de la suerte (los hoy clásicos de «citar, cargar la suerte y rematarla»), la preferencia en los lances de capa por la larga cordobesa (favorita de Joselito) y le media verónica (en cuya ejecución dejó su poderosa impronta Juan Belmonte), la progresiva desaparición de los quites como consecuencia de la implantación del peto de los caballos, la concentración de la faena de muleta en el natural y el pase de pecho perfectamente ligados, la continuidad del volapié como la esto- Prólogos 353 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 353 cada hegemónica. En definitiva, el autor concluye en la perduración del clasicismo, en el equilibrio entre lo antiguo y lo moderno y, sobre todo, en la perfección alcanzada por los dos grandes maestros que presidieron esta época señera de la historia de la tauromaquia. Siguiendo con esta revisión de las aportaciones de algunos de los grandes toreros al arte de la tauromaquia, le llega el turno al que fue llamado “el Tesoro de la Isla”, en el artículo titulado “El toreo puro según Rafael Ortega”, que se fundamenta en buena parte precisamente en un libro titulado así: El toreo puro,redactado por Ángel-Fernando Mayo a partir de una larga conversación mantenida con el diestro de San Fernando el 1º de abril de 1986. José Campos, antes de pasar a recoger las opiniones y las aportaciones de Rafael Ortega, ratifica el proceso de revalorización de un torero “esencial” que no destacó en su primera etapa como matador (1949- 1960), pese a mantener la ortodoxia y la pureza de las formas y de exigir la presencia de un toro fiero y con poder,y que no pudo consolidar su fama ni siquiera tras su brillante aunque breve reaparición (1966-1968), que significó un auténtico redescubrimiento de su valía, y ello pese a haber cortado dos rabos en Sevilla a toros de Miura y a haber salido cinco veces por la Puerta del Príncipe de la Maestranza y seis veces por la Puerta Grande de las Ventas. En cualquier caso, para esa necesaria recuperación, ahí quedan los argumentos de su visión de la lidia: el papel fundamental de la verónica y la media verónica en la capa, la exigencia de «llevar largo al toro» y de privilegiar el natural cargando la suerte en la muleta, la justa medida en el número de pases y la precisa y completa teoría sobre la suerte de matar,explicada por quien fue,a juicio del autor,el mejor estoqueador de la segunda mitad del siglo XX. José Campos ha sentido, y siente,una verdadera fascinación por la figura de Domingo Ortega, al que ha acabado por dedicar una atención especial, dada la trascendencia que otorga a su pensamiento en la evolución de la fiesta de los toros, como Carlos Martínez Shaw 354 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 354 un toque de clarín necesario en un momento de decadencia del toreo clásico. Así, en 1950 Domingo Ortega hacía sonar el primer aviso con su conferencia pronunciada el 29 de marzo en el Ateneo de Madrid, la misma que se publicaría el mismo año como una auténtica preceptiva bajo el título de El arte del toreo. La obra serviría de inspiración a una novela, La fábula de Domingo Ortega, de Antonio Díaz Cañabate, también publicada en 1950, con el propósito de entregar al público un libro de ficción ameno y para todos los públicos, aunque también de ofrecer un texto “aleccionador” que pusiese de relieve la altura humana y artística del protagonista, es decir de Domingo Ortega. La edición además contaría con un prólogo del periodista Luis Calvo, quien glosaría en términos encomiásticos la personalidad del diestro de Torox, quien a su juicio constituía un hito en la historia de los toros, una figura irrepetible e inimitable, «el último de los grandes toreros de España». Finalmente,José Campos, a pesar de la intención (expresada en el título de su artículo), de centrarse en la novela, aprovecha la oportunidad para incorporar una última pieza sobre el mismo tema, el texto de Gregorio Corrochano que forma parte de su obra póstuma ¿Qué es tore- ar?: introducción a las tauromaquias de Joselito y de Domingo Ortega, publicada en 1966. Y es que el diálogo entre todos estos textos se justifica, en último extremo, por un elemento común, su convergencia en la convicción de que cargar la suerte es el fundamento del toreo clásico. Convicción que constituye «el puntal de sus discursos», según la conclusión de José Campos, quien siempre se ha mostrado (y sigue mostrándose con vehemencia) completamente de acuerdo con este veredicto. A renglón seguido, Ernest Hemingway es presentado como un innovador de la crónica taurina a través de las descripciones de las faenas que inserta en su novela Fiesta (The Sun also rises) de 1925. Una novela que ha sido cumplidamente estudiada por la crítica literaria y que ha dado lugar a versiones Prólogos 355 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:46 Página 355