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Sofía Casanova, primera corresponsal de guerra

Cabrera Pérez, Cristina

Abstract

La ponencia que presentamos se engloba dentro de la línea de investigación de mujeres periodistas del siglo XIX y pretende analizar la figura y los textos de una de las mujeres periodistas españolas más completas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, Sofía Casanova, para sacar a la luz sus más de 1200 artículos en periódicos y revistas en Galicia, España, y Polonia. Además de restaurar su labor intentaremos averiguar cómo trabajaba, en qué condiciones, por qué, en qué medida podía hacer lo mismo que sus compañeros varones, etc. Con este estudio intentaremos llenar un hueco en los “estudios de las mujeres”, disciplina que se propone aplicar la perspectiva de género en todos los objetos de conocimiento, propiciando la construcción de una ciencia no androcéntrica, en las investigaciones de género y en las de historia del periodismo.

Full text

SOFÍA CASANOVA, PRIMERA CORRESPONSAL DE GUERRA Cab e a Pé ez, C is ina, Depa amen o de Pe iodismo I, Uni e sidad de Se illa [email p o ec ed] La ponencia que p esen amos se engloba den o de la línea de in es igación de muje es pe iodis as del siglo XIX y p e ende analiza la igu a y los ex os de una de las muje es pe iodis as españolas más comple as de inales del siglo XIX y comienzos del XX, So ía Casano a, pa a saca a la luz sus más de 1200 a ículos en pe iódicos y e is as en Galicia, España, y Polonia. Además de es au a su labo in en a emos a e igua cómo abajaba, en qué condiciones, po qué, en qué medida podía hace lo mismo que sus compañe os a ones, e c. Con es e es udio in en a emos llena un hueco en los “es udios de las muje es”, disciplina que se p opone aplica la pe spec i a de géne o en odos los obje os de conocimien o, p opiciando la cons ucción de una ciencia no and océn ica, en las in es igaciones de géne o y en las de his o ia del pe iodismo. Pe iodis a, His o ia del pe iodismo español, esc i o a, eminismo, So ía Casano a, siglo XIX, PRESENTACIÓN El es udio de la muje y su pues o den o de la sociedad cons i uye uno de los emas que hoy día pola izan la a ención de los in es igado es. Ello es e lejo de las inquie udes que susci an las ans o maciones ocu idas en el epa o de unciones en e los sexos, y se ha aducido en un aumen o conside able de la bibliog a ía al espec o. El hecho no es nue o ni especí ico en el momen o ac ual. Desde que el eminismo se con igu a como mo imien o en el seno de las ciudades occiden ales, los esc i os ace ca del papel que co esponde desempeña a cada sexo, de sus de echos y debe es, de los é minos en que se plan ean sus elaciones, han p oli e ado en un in en o po desb oza y señala el camino de una e olución impues a po el de eni his ó ico al que no cabía sus ae se. Ya en los años ochen a hubo una ue e expansión de los es udios his ó icos elacionados con las muje es, debido an o a un mayo apoyo ins i ucional, como a la implicación del cí culo de las pe sonas in e esadas en es os emas. Se a aba de pone de mani ies o que las muje es enían su p opia his o ia y que, más que con i ma ce ezas o busca an eceden es, había que in en a de ec a cuáles e an los mecanismos de pode exis en es en las elaciones en e los sexos, supe ando la isión a empo al de los plan eamien os an opológicos y mos ando la plena his o icidad de es a elación (LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO,1999). Lo nue o de los es udios que hoy se ealizan quepa posiblemen e si ua lo en el en oque dado al ema, las posibilidades de p o undización en el análisis que o ecen los a ances en el e eno me odológico y el c ecien e in e és po las in es igaciones de ca ác e socio-his ó ico (DURÁN, 1986). A pesa de es a p oli e ación de es udios de la muje , la in es igación sob e His o ia de la p ensa, como indica Jesús Timo eo Ál a ez, es á lejos aún de habe alcanzado los log os de o as endencias his o iog á icas ac uales. La p ensa es una uen e his ó ica, ya que no sólo nos da in o mación o no icia media a sob e un pe íodo, ciclo his ó ico, sino que se con ie e en pa e undamen al de es e pe íodo (TIMOTEO ÁLVAREZ, 1991). 149 La p ensa española y sus a í ices ya ue on mo i o de es udio y, sob e odo, de ca alogación desde el siglo pasado, siglo que io desa olla se de o ma p og esi a es e nue o medio de comunicación. Pe o es bien en ada la segunda mi ad del siglo XX cuando la p ensa se con ie e en obje o de análisis. Se es udia su con enido con is as a comple a las ap eciaciones sob e los g upos que componen la sociedad, que c ean y consumen p ensa, sob e sus posiciones polí icas, su ideología, e c. Sin emba go, el papel de la muje en la p ensa a menudo ha quedado igno ado (JIMÉNEZ MORELL, 1992). El p esen e es udio p e ende analiza la igu a de una de las muje es pe iodis as españolas más comple as de inales del siglo XIX y comienzos del XX, So ía Casano a (1861-1958), pa a saca a la luz su abajo que ha quedado ol idado. Con es e es udio in en a emos llena un hueco en los “es udios de las muje es”, disciplina que se p opone aplica la pe spec i a de géne o en odos los obje os de conocimien o, p opiciando la cons ucción de una ciencia no and océn ica. Aunque en España es os es udios se ienen desa ollando hace poco más de una década, aún queda mucho abajo po hace , sob e odo en el campo del pe iodismo. De es e modo p e endemos ei indica la igu a de la pe iodis a So ía Casano a pa a llena un acío an o en las in es igaciones de géne o como en las de his o ia del pe iodismo, sacando a la luz a una muje que ha pasado inad e ida pa a la His o ia. HISTORIA DE LAS MUJERES El pano ama his o iog á ico ac ual apa ece como un uni e so en con inua expansión y agmen ación. F en e al pa adigma adicional, se plan ean nue os suje os del pasado (la gen e co ien e, las muje es) y o os asun os, como el cue po o la lec u a. Se buscan o as clases de es imonios y p uebas apa e de los documen os esc i os, ecu iéndose, po ejemplo, a las uen es o ales o al ma e ial isual en su más amplio sen ido (BURKE, 1991). Den o de es e cuad o, la his o ia de las muje es ha su gido como e eno de inible, p incipalmen e en las dos úl imas décadas (SCOTT, 1991). La his o ia de las muje es es una o ma plu al y he e ogénea de esca a el suje o social emenino, en endido como colec i o; basándose en la idea de que exis e igualdad en e homb es y muje es, e inspi ada di ec amen e en las iloso ías y en oques eminis as del siglo XIX, ilus adas o demolibe ales, la his o ia de las muje es como obje o y suje o del discu so his ó ico e ela la incidencia de los p o undos cambios que la mode nidad desencadena en la ida social, en el de echo, la economía y la polí ica de las sociedades indus iales (HERNÁNDEZ, 2004). Desde los años se en a, la his o ia de las muje es esul a se uno de los ámbi os más eno ado es de la in es igación his ó ica, debido an o a la no edad de su suje o de in es igación como a la lexibilidad de una me odología, que ha ido expe imen ando p o undos cambios. Algunos se han debido a su p opio p oceso de consolidación como especialidad, pe o o os son consecuencia de su es echa elación con las co ien es his o iog á icas más eno ado as. Has a el pun o que esul a imposible abo da su ayec o ia de es os úl imos ein e años sin ene en cuen a las endencias dominan es en la his o ia gene al, ya que exis e un cla o pa alelismo en e ambos p ocesos. La eno ación his o iog á ica de las úl imas décadas ha acili ado la ecupe ación de las muje es como agen es his ó icos, limi adas has a en onces a un papel pasi o e 150 in ascenden e donde igu a on sólo como da o simbólico o anecdó ico. En ealidad, la his o ia o mal ha signi icado un egis o único de las ac i idades masculinas, in e p e adas según alo es masculinos. El es ue zo po econs ui el pasado emenino, debe en ende se undamen almen e como un modelo concep ual que pe mi e descub i y analiza el o o lado de la his o ia. En su e apa inicial, la his o ia de las muje es se desa olló a pa i de la inalidad de ecupe a la expe iencia colec i a e his ó ica de las muje es y hace isible su ol como agen es de ans o mación social. Los sabe es his ó icos es án siendo some idos desde hace es décadas a un p oceso de eesc i u a que implica una e lexión sob e el suje o de la his o ia. Una e lexión a la que no son ajenos la u ilización de la ca ego ía his o iog á ica géne o, la implicación semán ica del é mino polí ica, la his o ia del pode , concebida de una mane a no ins i ucional, la ape u a a espacios mul idisciplina es y los mic oen oques que dejan al descubie o lo cuali a i o, lo especí ico de la expe iencia humana. His ó icamen e, los discu sos han ocul ado a la muje en los sabe es es ablecidos, la han dejado “sin oz” en el sis emas de no mas y alo es pa ia cales, o han p oducido sob e ella una imagen apegada a la pasi idad, in e io izada en los p ocesos de socialización y ec eada en el imagina io colec i o (RAMOS, 2002). CONTEXTUALIZACIÓN SOCIO-HISTÓRICA EDUCACIÓN La enseñanza de la muje es la base en que se apoya, no sólo el eminismo, sino odo el mo imien o que ue a de sus doc inas se e ec úa pa a le an a la condición gene al de la muje . Aho a bien, la cues ión de la enseñanza emenina iene dos aspec os: p ime o, el de la di usión de la educación o icial has a hace la pe ec amen e accesible a las muje es, y muy especialmen e la admisión de las muje es en los es udios supe io es; y segundo, la admisión de la muje en el eje cicio del magis e io o icial público (POSADA, 1994). La educación pod ía conside a se, al igual que p e endía el ideal de la Ilus ación, la palanca emancipa o ia de p og eso, libe ad e igualdad, un elemen o que p opicia la independencia pe sonal, en es e caso de la muje , una o ma de capi al a o able pa a la p omoción pe sonal y la mo ilidad social (MARÍ-KLOSE, 1999). Aunque en la p ác ica el sis ema educa i o es ambién esponsable en la ep oducción de las desigualdades, al igual que la amilia. En la época que le ocó i i a So ía Casano a, inales del siglo XIX y comienzos del XX, pa imos en España de unas pau as mo ales y sociales que ubican a la muje en el ámbi o domés ico donde desa olla sus unciones como mad e y esposa. Quedan ue a las muje es sol e as o las iudas que deben se au ónomas al no es a some idas al homb e, con i iéndose en cie o modo en uno de los a gumen os que apues an po la educación y el abajo de la muje (MIRA, 2005). El Es ado, de acue do con los in e eses de la bu guesía, comienza a desa olla en España, du an e el siglo XIX, una polí ica de con ol di igida a es ablece las bases de la nue a con igu ación social. La escuela obliga o ia se á el ins umen o p opagado de la nue a mo al bu guesa, de su idea de es ado y de amilia. El abajo domés ico g a ui o de las muje es se a a con e i , en es e con ex o, en una pieza cla e pa a el desa ollo de las sociedades capi alis as y odos los es ue zos se di igi án a que las muje es asuman es e papel. 151 La educación de las muje es no ue más que una consecuencia del in e és de es ados bene ac o es po ins ui a odos los ciudadanos a ones, ya que la igno ancia de las u u as mad es en nada con ibui ía a la buena educación del nue o ciudadano. Ap ende pa a o os, pa a se i mejo a Dios, a los homb es, a la amilia, es el nue o mensaje, de modo que nues o sis ema de educación nacional se cons uye desde las desigualdades conside adas na u ales en e a ones y muje es. La escuela, como la sociedad en gene al, demandaba de las niñas docilidad y dulzu a, cualidades que en endía que les se ían pa a hace les comp ende mejo sus obligaciones y pa a hace las más que idas a los ojos de los demás. En esumen: cos u a, silencio, compos u a, docilidad, dulzu a, conocimien o p ác icos y no mas mo ales se án los con enidos esenciales de una o mación o ien ada a con e i en p opia la sa is acción de las necesidades ajenas (BALLARÍN, 2001). Pe o no se á has a inales del siglo XIX cuando se ome conciencia en España del p oblema de la muje : un p oblema exis encial dis in o del que eme ge de las nue as condiciones económicas y que, con ellas, adquie e nue as dimensiones. La educación se p esen a á en ese momen o como la condición p e ia más impo an e pa a la emancipación emenina, pues la igno ancia no solo man iene some ida a la muje , sino que si e, a su ez, pa a jus i ica dicho some imien o (RAMOS, 1996). A aíz de la Re olución 1868 y del Sexenio Democ á ico se inicia ealmen e en España el camino hacia co ien es eno ado as en el e eno de la educación. El pe íodo de la Res au ación lle a consigo un in e és po la educación y po impone las e o mas educa i as que la bu guesía y el desa ollo capi alis a demandaban. De es e modo, el inc emen o de las opo unidades pa a el empleo emenino (po ejemplo, como maes as, ende as o empleadas de pos as), y la ans o mación de las expec a i as impues as a la muje colabo a on a aumen a el ni el de al abe ización emenino (LYONS, 1998). El p oceso de al abe ización que i e la sociedad española en el siglo XIX se incula de o ma muy es echa al de la implan ación de la escuela p ima ia, al de la escola ización, si bien no de o ma exclusi a. Aunque el mayo desa ollo de las escuelas pa a niñas aumen ó el núme o de muje es al abe izadas, en 1890 oda ía había Aunque en la España de la época se obse a una conexión di ec a en e escola ización y al abe ización, ambién in luyó en és a una segunda ed de al abe ización, ep esen ado en las escuelas de adul os inculadas de mane a angen e al sis ema escola , así como di e sas inicia i as de educación no o mal acogidas a la con ibución de sociedades ob e as, cí culos cul u ales y semejan es, p omo idos po asociaciones o sindica os ob e os, g upos de ilán opos, pequeña bu guesía e Iglesia (HERNÁNDEZ DÍAZ, 1992). Al empeza el siglo XX, con más de nue e millones y medio de anal abe as en España (BOTREL, 1993), los dos emas que se des acan en la ins ucción de la muje son la educación supe io o p o esional y la coeducación. El 8 de sep iemb e de 1901 se ab e la p ime a escuela mix a, con ein a es udian es, doce chicas y dieciocho chicos. Una ez inalizado los es udios p ima ios, e an pocas las muje es que seguían adelan e. En el úl imo cua o de siglo, ue on apa eciendo una se ie de cen os que p e endían habili a a la muje pa a p o esiones dis in as del magis e io; ales como la Escuela de 152 Come cio pa a Seño as (1878-1879), la Escuela de Co eos y Telég a os (1883), la Escuela p ima ia y de pá ulos (1884), el Cu so de Biblio eca ias y A chi e as (1894), y Segunda Enseñanza (1894). Nos si uamos así en la línea de salida de un la go eco ido: el de las p o esiones emeninas (SAN ROMÁN, 1998). En cuan o a los es udios uni e si a ios, has a 1910 la ma iculación de las muje es en la uni e sidad eque ía el consen imien o p e io de las au o idades. Es necesa io espe a a mediados del siglo XIX pa a que una igu a an signi ica i a como Concepción A enal se a e ie a en 1841, dis azada de homb e, a aspasa el umb al de la Uni e sidad Cen al de Mad id; después de una enca nizada polémica cuando se descub e su condición de muje , es au o izada po el Rec o ado a con inua asis iendo a clase du an e los siguien es cu sos. A pa i de esa echa ienen que pasa cua en a años pa a que una muje se g adua a en una uni e sidad española: Ma ina Cas ells, en 1882, ob iene el í ulo de doc o a en medicina y ci ugía po la Uni e sidad de Mad id. En de ini i a, du an e el pe íodo de la Res au ación las muje es se inco po an paula inamen e al sis ema educa i o, an o desde la escuela p ima ia como a las ins i uciones de educación supe io , no sólo como alumnas sino ambién como docen es. El p oceso no es u o exen o de di icul ades, dado que en España con inuaba dominando el modelo de endido po el conse adu ismo que no acep aba la necesidad de posibili a a las muje es un g ado de ins ucción su icien e, ni la posibilidad de desempeña un abajo ex adomés ico y emune ado (GARRIDO, 1997). De es e modo, España se aden a en el siglo XX con ese g an cánce de la cul u a que es el anal abe ismo p o undamen e a aigado. Sus ci as absolu as y po cen uales alcanzan una de las mayo es co as eu opeas, co espondiendo los alo es máximos a la muje (un 71,4 po cien o en 1900, en e a un 50 pa a los homb es). La década de los ein e señala uno de los mayo es a ances, consiguiendo un descenso de casi el 20 po cien o pa a la población masculina y un 24 pa a la emenina (CAPEL, 1986), siemp e con cla as di e encias según qué zonas del país, siendo po egla gene al el su el más des a o ecido. Ya en ados en el siglo XX, la si uación empieza a cambia , de al modo que la conquis a de nue os espacios en el p ime e cio del siglo ha lle ado a cali ica es e pe íodo como edad de pla a: España, sin apenas indus ialización, con una población mayo i a iamen e campesina y oda ía ue emen e anal abe a y escasa clase media, donde las ei indicaciones eminis as apenas se habían escuchado, i i á en es os años de o ma acele ada los cambios que, en el en o no occiden al, se habían p oducido en el siglo an e io . La p eocupación sob e la educación de las muje es, especialmen e de las de clase media, que nacía a inales del siglo XIX encon a á eco en es os años a a és de di e sas inicia i as, al iempo que la e olución demog á ica y el desa ollo económico c ea on un ambien e más a o able a la inco po ación labo al de las muje es. Sin duda es el siglo XX el del acceso de las muje es a la educación y a la igualdad o mal, el de la desapa ición de los mecanismos legales de exclusión y de la implan ación de la escuela mix a. En e el p ime pe íodo cons i ucional (1900-1923), Dic adu a de P imo de Ri e a (1923-1930) y Segunda República (1930-1939), que ajo consigo medidas democ á icas, se p oduje on muchas inicia i as, de dis in o o den, que a o ecían la o mación de las muje es. El pe íodo epublicano se ha á eco de los p oyec os p og esis as, se encon a á en 1931 con un ele ado índice de anal abe ismo y 153 con casi la mi ad de la población sin escola iza y ha á un es ue zo po e i aliza la enseñanza gene al: c eación de 27.000 escuelas p ima ias, digni icación económica y p o esional del magis e io, escuela uni icada, neu alismo eligioso, bilingüismo, coeducación, descen alización adminis a i a y au onomía uni e si a ia. La Gue a Ci il impidió el desa ollo de odo el p oyec ado, pe o aún así los a ances ue on signi ica i os. En el siglo XX, son nume osas las inicia i as con espec o a la educación de las muje es, an o públicas como p i adas, que p oduci án una mayo p esencia escola en los ni eles obliga o ios, una o mación más amplia en algunos sec o es emeninos llegando a ene p esencia, aunque mino i a ia, en los es udios uni e si a ios y en consecuencia, una educción de las asa de anal abe ismo y una mayo p esencia en los espacios públicos y polí icos (BALLARÍN, 2001). Las pe spec i as de un u u o cul u al di e en e y mejo bajo las cuales se ab e el siglo XX pa a la muje española, se e án consolidadas y, has a cie o pun o, sa is echas du an e sus es p ime as décadas. A ni el ideológico, se a aba de culmina el p oceso e olu i o en aizando en odos el ideal de una educación acional, ú il e iguali a ia. Las dos p ime as ca ac e ís icas se án p on o p incipios comúnmen e acep ados, pe o en consegui el e ce o se cen a án odos los es ue zos. En cuan o al ni el p ác ico, los obje i os e an a ios: e mina con las abas legales que di icul an el acceso emenino a las e apas educa i as supe io es, po encia la enseñanza secunda ia, especialmen e la p o esional, y, sob e odo, amplia la base socionumé ica de aquellas que ienen acceso a ins ui se. Pa a comple a la igualdad de ambos sexos quedaba po di imi la ba alla de acceso a las Escuelas Técnicas Supe io es y a las Facul ades uni e si a ias. El gobie no hizo cuan o es aba en su mano hace : eliminó las ba e as legales u o iciales exis en es, de ogando en 1910 el equisi o p e io pa a la muje de consul a a la supe io idad an es de ma icula se, pe mi ió op a a las muje es a las becas que concedían las Uni e sidades como ayuda económica, e c. Dos asgos ca ac e izan la p esencia emenina en los ni eles educa i os du an e el p ime e cio del siglo XX: el inc emen o de las ci as absolu as a lo lago del pe íodo y su desigual epa o en e los di e sos g ados y es udios. El 98,6 po cien o de las es udian es en 1910 se concen an en los ni eles p ima ios; den o de la enseñanza media, la ci a de és as esul a ya escasa: el 1,4 po cien o (unas 10.100), epa idas p ác icamen e en e Magis e io y enseñanzas p o esionales, mien as el Bachille a o, an esala de la Uni e sidad, sólo cuen a con 340 alumnas. En los ni eles supe io es, la p esencia emenina es a a excepción: 1 muje en 1900/1901, 50 pa a el cu so 1909/1910, más de la mi ad pe enecen a la Escuela de Es udios Supe io es del Magis e io, ecién undada. Po sue e, es as ci as i án aumen ando –p incipalmen e la de los es udios medios-, sob e odo en la e ce a década al consolida se el p oceso ideológico y aumen a las necesidades económicas. Pe o a pesa de la educción del anal abe ismo pa a ambos sexos, las di e encias que exis en en los ni eles ins uc i os de uno y o o se ac ecien an. En cuan o a los cambios expe imen ados desde el pun o de is a me odológico y de con enidos, los a ances se e án alen izados po el peso de la es uc u a ideológica. Los sec o es más p og esis as ienen la me a en el ideal coeduca i o, implan ado en 1909, pe o la medida encuen a 154 ue es esis encias; en úl ima ins ancia no se emen an o los “males” del mu uo con ac o ísico como el econocimien o de la igualdad en sus capacidades in elec uales, ap i udes y ines que lle aba implíci a la educación conjun a (CAPEL, 1986). En esumen, el p ime e cio del siglo XX supone una e olución posi i a en la educación de la muje , pe o los acon ecimien os his ó icos que siguie on p o oca on un e oceso, aunque la e olución ya e a impa able. TRABAJO Cen ándonos en la muje abajado a, nadie se a e e ía a nega que la inco po ación de las muje es al mundo del abajo asala iado cons i uye uno de los p ocesos sociológicos y económicos más señalados del de eni his ó ico de las naciones en las dos úl imas cen u ias (CAPEL, 1999). En ealidad, la muje ha es ado abajando du an e siglos en lo que hoy conocemos como “economía sume gida”. Ha sido ob e a sin las mínimas en ajas de ese econocimien o, aunque sí con odos sus incon enien es (GARCÍA-MAROTO, 1996). Su expe iencia labo al es compleja y ep esen a una apo ación decisi a pa a la supe i encia económica de las amilias abajado as y de la sociedad en su conjun o. No obs an e, has a hace poco, la in isibilidad ha ca ac e izado la expe iencia labo al de la muje pese a la ealidad his ó ica de su ac i idad. La isión adicional ace ca de la ayec o ia de la muje igno a la globalidad de su expe iencia labo al, en cuan o combinación de abajo emune ado y abajo domés ico (MARÍ-KLOSE, 1999). Ya sea en endida como ex o sión insopo able o como mal necesa io, la p esencia de las muje es en el mundo p oduc i o ex adomés ico se uel e una ealidad i e e sible a lo la go del siglo XIX, siglo del abajo más que ningún o o, consecuencia no sólo de la consolidación del indus ialismo, sino ambién del c ecimien o u bano que iene luga pa alelamen e y del impulso que ecibe el desa ollo ma e ial y económico (CAPEL, 1999). Las condiciones de desigualdad que acompañan a la in eg ación de la muje en el abajo emune ado son an no o ias que acaban po con e i se en el análisis sociológico ac ual: el abajo ha sido obje o de a ención del mo imien o de muje es pa icula men e en dos aspec os. Po una pa e, el acceso de la muje al abajo e ibuido ha sido concep uado como un emedio imp escindible pa a su independencia económica, base de las demás au onomías. Po o a pa e, el eminismo más ecien e ha ei indicado el alo del abajo domés ico. La e olución indus ial de uel e a la muje al mundo p oduc i o, pe o lo ha á en e iden e des en aja con el a ón. Llamada a con e i se, jun o con el niño, en esa mano de ob a ba a a y abundan e que exige pa a su desa ollo el p ime indus ialismo, el acceso de la muje al abajo ex adomés ico end á unas ca ac e ís icas: su ac i idad se conside a subsidia ia de la ealizada po los a ones de la amilia, de ahí que la ob e a sea un elemen o sus i u i o, nunca compe i i o; su al a de ins ucción la limi a a los pues os in e io es y auxilia es (CAPEL, 1980). Es a inco po ación o zada y o zosa del sexo emenino a la áb ica a a i dando paso a una p og esi a oma de conciencia pe sonal, ge men del mo imien o emenino en pos de consegui mejo as conc e as en las condiciones labo ales (DURÁN, 1986). 155 De e minada la ac i idad labo al emenina po la in e sección de economía, demog a ía y amilia, se a a i dibujando a lo la go del siglo XIX con unos asgos es uc u ales que, en cie os casos, llegan has a hoy. En p ime luga , a a se den o del núcleo amilia secunda ia a la del homb e, el único esponsable del man enimien o ma e ial de odos sus miemb os. En segundo luga , abaja no se á pa a las muje es una decisión adop ada en azón de conside aciones pe sonales, sino que end á de e minada más bien po las es a egias amilia es. En consecuencia, no a a signi ica , como pa a los homb es, una posibilidad de independencia e iden idad pe sonal, sino el cumplimien o de un debe hacia los demás, una p olongación de las obligaciones que le co esponden en an o que hija, esposa y mad e. Ello nos explica po qué a las componen es del sexo emenino se les econocen di e en es posibilidades labo ales según su es ado ci il; po qué lo que se conside a acep able pa a las sol e as o iudas lo es menos, cuando no se condena, pa a la casada con hijos (CAPEL, 1999). La campaña a a o del de echo al abajo de la muje encon ó una hos ilidad mucho mayo que la campaña en p o de su mejo educación, po que cons i uía una amenaza más g a e pa a el ideal emenino adicional. Lo ideal pa a la muje del momen o e a que se queda a en casa, siendo su ca e a el ma imonio. Emilia Pa do Bazán a i maba que en España había pocas p o esiones disponibles a la muje , y menos muje es que enían in e és en ellos. E a un ipo de deshon a pa a la muje que enía que abaja , pa icula men e si es aba casada. Sin emba go, pa a las muje es que es aban en el mundo pa ia cal del abajo, las opo unidades dependían mucho de su posición social. La polémica sob e el de echo al abajo de la muje se cen aba p incipalmen e en el de echo de las muje es de clase media a ing esa en las p o esiones libe ales. Las muje es a is oc á icas apenas pa icipa on en la lucha po azones ob ias, y el abajo de las muje es de clase baja o e a acep ado como pa e del o den na u al de las cosas o se conside aba lamen able, pe o ine i able. Las muje es de clase baja p opo cionaban una ue za labo al ba a a, y el s a us in e io de su abajo no suponía una amenaza pa a el s a u quo sexual (SCANLON, 1976). A la ho a de juzga el abajo emenino nos encon amos con la di icul ad de que la mayo pa e de los es imonios his ó icos, en odos los campos, se e ie en casi exclusi amen e a los homb es (ÁVILA, 1996). Al abo da el abajo de las muje es en el siglo XIX, exis e un obs áculo undamen al: los censos que ecogen la elación de la población abajado a según sec o es, man ienen el concep o de “cabeza de amilia”, que supone que en odo negocio amilia , sea un alle a esanal, un come cio, o una pequeña p opiedad ag ícola, sólo cons a como abajado el i ula y, si los u ie a, los jo nale os o ap endices asala iados. Como la muje no ecibe sala io po abaja pa a su ma ido no apa ece como “ abajado a”, es deci , “no exis e” a e ec os del ecuen o de la población labo al (GONZÁLEZ, 1992). En las úl imas décadas del siglo XIX se an a i ensanchando ímidamen e las opciones p o esionales que se ab en al colec i o emenino, y especialmen e a las muje es que pe enecían a las clases medias. Pe o se hace, no an o desde la óp ica de una mayo conciencia del desa ollo y au onomía que eclama su dignidad como pe sonas, como desde la necesidad económica del p oceso indus ial en ma cha, o de la p opia amilia an e la e en ualidad de que las hijas necesi a an i i de su abajo. 156 La inco po ación de muje es a a eas p o esionales que exigían una o mación uni e si a ia se ealizó a un i mo mucho más len o y mino i a io. De hecho el camino de las muje es hacia la adquisición de una cul u a supe io y hacia el eje cicio de p o esiones libe ales, como el caso que nos ocupa, el pe iodismo, ue la go y discu ido (FLECHA, 1996). La inco po ación de la muje al mundo del abajo ue muy len a y en muy malas condiciones. El abajo más habi ual e a el de la cos u a o la plancha, ya que la escasa p epa ación con que con aba la mayo ía las conducía siemp e a la misma ac i idad, no po ocación sino como ecu so, a pesa de es a muy mal emune ado po el exceso de o e a. Además del se icio domés ico, muchas muje es op aban po las áb icas como las de abaco, lad illos o de a mas, como la de Toledo, imp en as y odos aquellos abajos desdeñados po el homb e debido a su du eza y paga escasa. Todo dicho, la di e sidad de opo unidades pa a las muje es de la clase ob e a e a escasa, y las condiciones en las que se desa ollaba el abajo e an muchas eces desag adables, con al a de higiene y ho as excesi as de abajo. De modo que la in e acción de los ac o es económicos, ideológicos y educa i os a inales del siglo XIX hace que las muje es ac i as se concen en de o ma mayo i a ia en es sec o es p oduc i os: ag icul u a, indus ia (den o de és a la mayo ía se inco po a al sec o ex il, con ección, indus ia de la alimen ación y química) y se icio domés ico, si bien el luga ocupado po cada una de ellas a ia á con el anscu so de los años (DURÁN, 1986). Sea cual ue e el abajo, a la muje se la emplea siemp e pa a sus i ui o comple a la mano de ob a masculina, y siemp e adsc i a a los pues os in e io es o secunda ios. La igualdad que en la jo nada de abajo exis e en e ambos sexos (has a las quince ho as a inales de siglo XIX) desapa ece a la ho a de ija las compensaciones mone a ias. Si el abajo de las clases menos a o ecidas e a conside ado como necesa io, no ocu ía así con el de las muje es de la clase media, que aún en el úl imo cua o del siglo XIX, se cali icaba de deg adan e, excep uando las p o esiones conside adas más ap opiadas a su ca ác e , como las de maes a o en e me a (ROIG, 1989). A pesa de odo, muchas muje es, sob e odo de clase media, esc ibie on en la p ensa de la época, y algunas incluso en dia ios de in o mación gene al, aunque sus condiciones e an un an o excepcionales. En esumen, la Res au ación es pa a la muje española en el aspec o labo al el inicio de su camina emancipado . Cie o que los cambios expe imen ados, las me as conseguidas, con se impo an es, no e an obje i amen e su icien es, pues dejaban incólume la es uc u a ideológica in o mado a de odas las elaciones sociales. Pe o se habían comenzado a da los p ime os pasos pa a ello (DURÁN, 1986). La ayec o ia his ó ica de España en e la década de los diez y la de los cua en a del siglo XX di e ge polí icamen e de la de los países eu opeos. Inme sa en sus p oblemas in e nos, se a a man ene al ma gen de de los g andes con lic os in e nacionales y ello le epo a á du an e el pe íodo 1914-1918 indudables bene icios económicos. La neu alidad con ie e a nues o país en abas ecedo de los belige an es y e ugio del 157 Aunque la si uación de la muje en el pe iodismo español ha mejo ado mucho en el siglo XX, las muje es siguen eniendo limi ado el acceso a los pues os de decisión de los pe iódicos, si uación que, en p ime luga , a ec a al ipo de in o mación que se o ece a los lec o es, pues o que las muje es no pueden in e eni en las pau as ni en los p ocedimien os, al ca ece de pode e ec i o, con o mándose con un modelo de in o mación elegido po los a ones, ca en e de sensibilidad hacia los asun os emeninos y que, casi siemp e, p esen a un modelo de muje anclado en el pasado, que no es capaz de e leja los cambios que han sucedido en la ida de las muje es y que, lamen ablemen e, es á eple o de p ejuicios y es e eo ipos. Las muje es no son uen e de in o mación y ampoco se la iene en cuen a como audiencia, aún a pesa de que es a si uación ha p o ocado que los dia ios no cuen en con las p opias muje es como lec o as ya que és as no se sien en e lejadas en sus páginas. Un nue o pe iodismo de géne o debe ía pode cambia la imagen de las muje es que apa ece en las páginas de los pe iódicos, o eciendo una ealidad coinciden e con la expe iencia i al de las muje es, lo que log a ía además, que ellas sean lec o as y ac o as de los dia ios. Como deja cla o Isabel Menéndez, en la p ensa esc i a exis e el “ echo de c is al”, el emansamien o del alen o y del abajo emenino en los amos medios e in e io es del sis ema de oma de decisiones y au o idad (MENÉNDEZ, 2003). SOFÍA CASANOVA “¿Mi ob a? Incomple a, desga ada, como mi ida, po ín imos dolo es y gue as. ¿Mis e sos? Dispe sos, pe didos…” (Oso io, 1997). So ía Pé ez Casano a (La Co uña, 1861 - Polonia, 1958) ue una de las muje es más ele an es nacidas du an e el siglo XIX, an o po su ob a como po su ida singula que anscu ió du an e casi cien años (GARRIDO, 1997), lo que le pe mi ió se es igo de las dos gue as mundiales en di e en es en es de ba alla, eco e Eu opa de un ex emo a o o en más de una docena de ocasiones y ene amis ad con g an núme o de pe sonalidades, como Emilia Pa do Bazán y Blanca de los Ríos. Esc i o a p olí ica, b illó como poe isa y no elis a y su expe iencia i al hizo de ella la p ime a co esponsal de gue a española. A pesa de odo ello, lo poco que se ha es udiado de ella ha sido su ace a li e a ia, eniendo poca ascendencia en los lib os de pe iodismo, en los que suele se habi ual el anonima o de las muje es. Desconocida hoy pa a la mayo ía, es a emp endedo a gallega que i ió y con ó los sucesos his ó icos del a anque del siglo XX, gozó en su época de conside able ama y p es igio social y li e a io, que la hicie on me ecedo a de hono es y dis inciones an impo an es como la G an C uz de la o den ci il de Bene iciencia con dis in i o blanco o se nomb ada Académica de Hono de la Real Academia Galega en 1952. Pe o además, la calidad li e a ia de su ob a hizo que en 1913 An onio Mau a y Emilio Co a elo la p opusie an pa a el P emio Nobel, algo que en onces impidió el es allido de la P ime a Gue a Mundial, pe o que se ealizó en 1923. T as pasa los p ime os años de su ida en e La Co uña y Almei as, se asladó muy jo en, a los ece años, jun o con su amilia a Mad id pa a pode es udia y o ma se, donde se inició como poe isa en las euniones li e a ias que celeb aba en Mad id el Ma qués de Valma , esc i o y muy a icionado al a o con homb es de le as, y Ramón 164 de Campoamo , su p o ec o , e dade o pa ia ca de la poesía de aquel iempo, a quien dis inguió siemp e su idelidad al Gobie no y a la mona quía. Con sólo 15 o 16 años ecuen aba es as e ulias en la capi al del país y empezó a publica en el Fa o de Vigo, en el Semana io del Fa o y en el Folle ín del Fa o. Es as euniones en iquecie on a la poe isa, comple a on su o mación a ís ica y madu a on su pe sonalidad. So ía ambién pa icipó en las soi ées que o ganizaba en su domicilio el poe a Emilio Fe a i. Allí conoció a Zo illa y a o os no ables de las le as, que cons i uían lo más g anado de los cí culos li e a ios de aquel Mad id, de quienes ap endió y ecibió es ímulo pa a con inua su labo poé ica. Cuando la poe isa con aba ein e años, ya se publicaban ecuen emen e composiciones de ella en Galicia y en Mad id. En 1880, ya enía un cie o nomb e en los ambien es li e a ios y p ueba de ello es el hecho de que sus poemas igu aban en e los de las muje es poe as impo an es de la época, an o en colecciones como en las publicaciones pe iódicas y en sus almanaques, e dade as mues as de lo que en onces se p oducía y gus aba lee . En las euniones li e a ias que So ía ecuen aba conoció al p o eso , ilóso o y diplomá ico polaco Wincen y Lu oslaswki; e a un homb e ag adable, e inado, de buena p esencia y con una ue e pe sonalidad. Al ex anje o le había encan ado el aspec o ísico de la poe isa y se había p endado además de su in eligencia, su sensibilidad exquisi a y su cul u a. En 1887 se casa on, po cuyo mo i o abandonó España y se es ableció en Polonia (SIMÓN PALMER, 1987), su pa ia de adopción has a el pun o de con e i se en una de enso a apasionada de sus de echos en una época pa icula men e di ícil de dominación ex anje a. Sus desplazamien os con inuos como consecuencia de la ca e a diplomá ica de su ma ido, los combinó con su abajo de pe iodis a y con su es udio de los idiomas de los países donde esidió, lo que le pe mi ió domina ocho lenguas di e en es. Es a ac i idad po oda Eu opa le pe mi ió i i acon ecimien os como la lucha de las su agis as en Ingla e a, el desen ol imien o del sindicalismo, la o mación del Pa ido Bolche ique en la Rusia za is a y, sob e odo, las dos g andes gue as mundiales. En Mad id, las ca as que So ía mandaba desde el Es e no sólo in e esaban a la amilia; el mi o no había hecho más que comenza . Los comen a ios de sus ca as, lo que pe cibía de su en o no, sus imp esiones de ese mundo desconocido y exó ico pa a los lec o es españoles a aían sob emane a a odos cuan os la leían. Como en e los polacos ella ambién se podía comunica plenamen e, a menudo ecu ía a esc ibi lo que pensaba, a comen a con los suyos los descub imien os co idianos de aquel en o no nue o (MARTÍNEZ, 1999). Con sus colabo aciones en los más p es igiosos pe iódicos del país, ealizó una impo an ísima labo di uso a de la cul u a polaca en España y si ió de ínculo en e ealidades an dis an es como la polaca y la española. La Ibe ia de Mad id, uno de los p incipales dia ios de in o mación gene al de la época, en is a del in e és que habían susci ado las ca as de So ía, publicó una di igida al di ec o del pe iódico. Ti ulada “Desde Rusia”, o ecía una exó ica es ampa de aquellas ie as del No e y sus cos umb es. “Desde Rusia” se pudo lee el 29 de ma zo de 1888, en la página 2, y es aba i maba en eb e o en Do pa . En ella So ía con esaba la p o unda imp esión que le había causado lo que llamaba las p o incias bál icas. 165 Comen aba el an agonismo de alemanes y usos, ocupan es de aquella egión, los cuales “se odian co dialmen e” y des acaba el p i ilegio que habían conse ado aquellos con espec o a la Uni e sidad la cual con inuaban di igiendo, pese al dominio uso. La poé ica desc ipción de la ciudad de Do pa , su ono, es buena mues a de su sensibilidad y de su habilidad de p osis a: “El emp ano c epúsculo iñe con azuladas in as el espacio, y empiezan en onces a e se, a a és de las en anas, las luces que anuncian la elada en los hoga es; en es os hoga es del No e, con o ables, limpísimos, donde la muje se consag a po en e o a la educación de los pequeños (…) Si a la enue luz c epuscula sigue una noche de luna, en onces la ciudad cambia de aspec o, pa a embellece se”2. En 1888 el ma imonio se ue a i i a Moscú, donde él podía con inua su labo in es igado a. So ía se en en ó de nue o a o a lengua, a o o país, a o as cos umb es di e en es y a o as o mas de en ende la ida. Su imp esión, ya en la ciudad usa, e a la de es a en e ada en nie e, aislada del es o del mundo, incluso po el al abe o y el calenda io que iba con ece días de e aso con espec o al de España. Asumi lo que lib emen e había escogido cuando se unió a Lu oslawski cada ez e a más di ícil, pe o e a necesa io log a lo. También con a ía sus imp esiones de su es ancia en Moscú en dos nue as es ampas de la ciudad que se publica ían en La Ibe ia. Sus esc i os apa ecidos en La Ibe ia, bajo los í ulos de “Ca as de Polonia” o “Desde Rusia” unen su i encia en luga es lejanos con una na ación desc ip i a, o mando con ello c ónicas cos umb is as de g an alo pe iodís ico y li e a io que nada iene que en idia a la de sus colegas homb es. No mucho iempo después, cuando su ma ido lo dispuso, hubo que ma cha se o a ez, en es a ocasión a Lond es. Aquí, sola en casa ho as y ho as, se ocupaba de sus hijas y de su casa como cualquie o a muje adicional, pe o mandaba de ez en cuando colabo aciones a España pa a que uesen publicadas en e is as y pe iódicos. Esc ibía, aunque sus obligaciones ma e nales la man enían abso bida. G acias a ello y a la olun ad de su he mano Vicen e, su i ma seguía apa eciendo de ez en cuando en publicaciones pe iódicas de la época. Po eso “Apun es pa a un lib o” se pudo lee en El Impa cial de Mad id el 10 de ma zo de 1890, donde o ece su isión an o de la Rusia za is a como de los e oluciona ios bolche iques, is os “in si u”. Tes igo p i ilegiada de su época, supo e con an elación uno de los acon ecimien os más impo an es del siglo XX, como ue la Re olución Rusa. De es e modo, ya en 1890 esc ibía lo siguien e: “Al e esos homb es del pueblo al os, de cons i ución b u al (…) que penosamen e a as a el ineo hecho de oneos, donde a helada en ancha cuba el agua que go a a go a han ecogido unos momen os an es de la uen e, (…) esos homb es asus an. Ellos luchan, abajan, uncionan, pe o no i en. (…) Asus a pensa lo que ocu i ía si esos homb es que pueblan desde las isueñas campiñas del Cáucaso has a las a e ado as es epas de Laponia, despe ados milag osamen e de su inconsciencia, e ol ié anse ai ados con a sus op eso es pidiéndoles libe ad, jus icia y amo ”3. 2 La Ibe ia, 29-III-1888. 3 La Ibe ia, 10-III-1890. 166 Con casi ein a años, So ía es una muje más madu a con una isión polí ica más o mada, como se obse a en sus úl imas colabo aciones en pe iódicos, pe o pa a exp esa la enía que e ugia se en la apa en e no dañina c ónica de iajes, ya que po se muje no enía un espacio como co esponsal polí ica sino como c onis a iaje a. Las elaciones con su ma ido no e an óp imas. No había sido ácil pa a ellos compa ibiliza sus ue es ca ac e es, di e en es men alidades e in e eses. La ines abilidad psicológica de Wincen y, sus p o undas dep esiones, hacían di íciles la a monía ma imonial y la mu ua compañía. Las ilusiones de pa e nidad que, al in y al cabo, habían decidido al ma imonio a Lu oslawski, se habían is o us adas ya que no había llegado ese hijo a ón an deseado. So ía, obedien e como consecuencia de su educación, cumplía a aja abla las decisiones de su ma ido y espe aba sus ex a agancias co idianas. Pese a su pos e io desilusión de muje , asumía aquella decisión omada años a ás en Mad id y a aba de es a a la al u a. En 1894, se aslada on de Lond es a Polonia. La ida amilia anscu ía con no malidad en el seño ío cuando Yadwiga, la meno de las niñas, en e mó de disen e ía. A los pocos días, el 17 de sep iemb e de 1895, con apenas cinco años, la niña mo ía. Las ci cuns ancias que odea on la mue e de su hija pequeña y el hecho en sí sumie on a So ía en la más honda de las penas. La niña se puso en e ma y su pad e, a pesa de la insis encia de su muje de que a isase a un médico, se negó a llama lo con encido de que la cu aba él pe sonalmen e, con su p opia ene gía. A So ía le cayó el mundo encima. El ma imonio, que ya enía se ios p oblemas en su elación, se ue sepa ando cada ez más de o ma i emediable. El us ado amo de So ía po su ma ido, el espe o y admi ación po su alen o, se habían con e ido aho a en dolo y esen imien o, y la con ianza en su au o idad in elec ual se esqueb ajó de ini i amen e. La amilia se asladó a Galicia al comenza el e ano de 1896. Con la nue a sa ia, So ía ol ió a ecupe a su ín imo sosiego y su inspi ación poé ica. En es os años anscu idos en Me a, So ía u o o a hija, Halina, la única gallega de las niñas Lu oslawski, que nació en 1897. Como i ían ce ca de las incas en donde esidían o e aneaban o as esc i o as gallegas como Fany Ga ido, Filomena Da o y Emilia Pa do Bazán, p on o So ía ecuen ó sus casas es ableciendo el con ac o con ellas y con o as damas dis inguidas que se encon aban en di e sas localidades de la ía co uñesa. Aquellas en e is as o alecie on su ocación li e a ia y en iquecie on su pe sonalidad. En con ac o con aquellas eminen es muje es, So ía se sen ía inme sa en su g upo na u al, lo cual a enuaba su d amá ica soledad (MARTÍNEZ, 1999). En es a época apa ecen esc i os suyos en la Re is a Gallega, po a oz de la Liga Gallega, que sos u o campañas po la pu i icación y uni icación de la esc i u a gallega, la de ensa del uso del idioma gallego en las escuelas u ales y la ob ención de la au onomía, en Galicia Mode na y en El eco de Galicia. Además de en o as publicaciones ex anje as, como el Álbum Ibe o-Ame icano. 167 De aquellos dos años pasados en Galicia quedaban muchos ecue dos además de una nue a hija y el segundo lib o de poemas: Fugaces, que ma caba en aquel momen o la con inuación de la ca e a de So ía como poe isa (MARTÍNEZ, 1999). Pe o Hay que ol e al abajo y a Polonia. En cuan o a Lu oslawski, hace iempo que So ía sabe que es imposible a egla lo que es á o o. Pe o es án las niñas, y acompaña a su ma ido a C aco ia, donde sus hijas se educan como au én icas polacas. Pe o aho a So ía ha cambiado, ya no eme habla , opina , lo que le pe mi e con e i se en una au én ica embajado a en Polonia de la cul u a española (OSORIO, 1997). So ía, muje de inicia i a, in en aba ab i se un camino p opio y sali del a ollade o c eado po las di icul ades de su ida pe sonal. Su condición de española en un momen o en que es aban an ecien es los desas es coloniales de su país ampoco ino a ali ia la de su p opio nau agio. Decidida a a i ma su pe sonalidad, dejando a un lado el ol de abnegada somb a del homb e ex ao dina io, se e igió en di uso a de la cul u a de su país y embajado a de los alo es hispánicos en e alen os esla os cuya sensibilidad e a ancamen e en iquecedo a pa a ella ambién (MARTÍNEZ, 1999). En o o o den de cosas, So ía había ap endido eno memen e de las muje es polacas y en gene al de las ex anje as que había a ado. Su modo de pensa con espec o al ol de la muje en la sociedad e a sus ancialmen e di e en e al de las muje es conse ado as españolas. Es e ap endizaje con o mó su men alidad, abie a con espec o al eminismo c ecien e, a la pa icipación de las muje es en la ida social y polí ica y le ganó la conside ación y la amis ad de muje es p og esis as como Ca men de Bu gos. En 1907 la amilia Lu oslawski cambia á su domicilio a Va so ia; la con i encia del ma imonio a du as penas e a ya posible, ni siquie a o icialmen e, de modo que ese e ano So ía se asladó con sus hijas a España y con inua on sus colabo aciones en a ios medios españoles. Algunos años después, la Casano a e a ya una pe sona pública, conocida en los sec o es cla es de la oliga quía, cues ión que ap o echó pa a sacudi las conciencias de los más acomodados esc ibiendo a ículos pe iodís icos cen ados en el ema. So ía e a muy conscien e de las lamen ables condiciones en las que se hallaba la sociedad española en ma e ia de salud e higiene. La educación in an il y la o mación de las jó enes mad es e an, a su juicio, pila es undamen ales sob e los que había que abaja pa a log a una mejo a de esa dolo osa ealidad. En 1910 o eció una con e encia en el A eneo de Mad id, una de las p incipales ins i uciones que en onces aglu inaban a los in elec uales españoles, i ulada “La muje española en el ex anje o”. La ibuna del A eneo e a un luga ape ecido po odos como pla a o ma de lanzamien o al mundo de las le as y de las a es ya que el eglamen o del cen o pe mi ía holgadamen e expone inicia i as y nue as ideas, aún a iesgo de ab i impo an es polémicas. So ía, acos umb ada a e a España desde el ex anje o, que había i ido ue a de su país más de ein e años, que había oído la opinión que enían de España y de los españoles muchos in elec uales de o os países eu opeos, subió el es ado del A eneo pa a comunica a los oyen es sus opiniones, p eocupaciones y sus expe iencias in e nacionales. Ella podía apo a ideas in e esan es po que poseía una doble pe spec i a, po un lado e a una muje española, y po o o, a pesa de se lo, enía la 168 pe spec i a del que la mi a desde ue a de su país. Le p eocupaban e dade amen e desde hacía iempo los asun os que a añían se iamen e al país, como el p oblema de la educación de los ciudadanos, el anal abe ismo –au én ica e güenza nacional de la que había omado conciencia en Polonia- y el papel de la muje en la sociedad y su o mación en el mundo mode no (MARTÍNEZ, 1999). En 1914 So ía ol ió a Polonia con el in de pasa una empo ada con su amilia. E an malos iempos los que Eu opa es aba a a esando y allí en D ozdowo, en el seño ío de los Lu oslawski, la hab ía de a apa la I Gue a Mundial. T ágicamen e, la ambición y la ba ba ie humana acaba on con los años elices de la esc i o a. El hecho uni e sal, como a an os o os se es humanos, ma ca ía un umbo p o esional y pe sonal di e en e a So ía Casano a. Con la espe anza de comunica e con su país, la española con inuaba en iando como y cuando podía ca as a sus amilia es con ano aciones de lo que iba acon eciendo a su al ededo . Algunas de ellas consegui ía publica las en El Libe al en diciemb e de aquel año. En agos o de 1915 el a ance alemán obliga a e acua Va so ia. En e los e ugiados polacos que pa en es á So ía; son millones de polacos a as ados a Rusia po el ejé ci o en e i ada. P ime o a Moscú y luego a San Pe e sbu go, donde pe maneció es años y i ió la e olución bolche ique de 1917. El pe iódico mad ileño ABC, a la is a de la polémica en la que se había enza zado odo el país en o no a la gue a eu opea, se había p eocupado de p opo ciona a sus lec o es oda la in o mación a su alcance. España, a pesa de su o icial neu alidad, e a un au én ico he ide o de opiniones. ABC, a pesa de la simpa ía pe sonal de su dueño Luca de Tena po el bando alemán, cedió a la necesidad de una in o mación más plu al y admi ió en sus páginas a colabo ado es que exp esaban opiniones encon adas. En ado 1915, es e pe iódico mad ileño se puso en con ac o con So ía Casano a pa a log a que colabo ase lo más egula men e posible en sus páginas y en iase sus c ónicas in o mando desde el mismo en e o ien al de la gue a; el 8 de ab il, conc e amen e, el dia io publicó una o o con la que p esen aba a sus lec o es a la nue a co esponsal - esc i o a que ya conocían- es ida con el uni o me de He mana de la C uz Roja. De es a mane a comenzaba una ingen e labo in o ma i a pa a ABC que du a ía has a el año 1944 casi inin e umpidamen e. En el ascu so de la I Gue a Mundial, desde Polonia y desde dis in os luga es del Impe io uso esc ibi ía –con una óp ica polaca y aliadó ila- ace ca de lo que iba acon eciendo, del desa ollo y las g a ísimas consecuencias de la gue a, comen ando esencialmen e los e ec os que el desas e iba p oduciendo en los habi an es del Es e eu opeo y los su imien os de la población ci il. Pe iodis a a los 53 años. Es cie o que an es esc ibía en pe iódicos, pe o es o es dis in o. No a a hace icción o esc ibi a ículos de opinión; aho a iene que con a lo que pasa delan e de sus ojos, explica la si uación polí ica que ha lle ado a la gue a (OSORIO, 1997). Los a ículos de So ía Casano a iban a da a ABC una ex ao dina ia popula idad en e los lec o es españoles. La nue a co esponsal no e a una simple pe iodis a asala iada, enía la expe iencia de habe i ido muchos años ya en aquellas ie as y es aba in eg ada en aquella sociedad pa icipando de la ealidad co idiana que plasmaba en sus c ónicas. Dada la g a edad de la si uación, las c ónicas del comienzo de la e olución usa, edac adas en aquellos mismos días his ó icos, que in en ó en ia So ía a ABC, su ie on 169 se ios e asos y empeza on a publica se en España a pa i del 10 de mayo, lo que hace pensa que sólo ue au o izado su en ío a pa i del de ocamien o del Za . So ía no e a iden i icada en San Pe e sbu go como co esponsal de ABC. Su condición de española, la amis ad que enía po ello con el embajado español y demás miemb os de la embajada, unida a la ci cuns ancia de pe enece a la amilia Lu oslawski, le p opo cionaba la opo unidad de pode elaciona se con diplomá icos ex anje os y del país y con igu as p eeminen es de la polí ica, de la cul u a y de la diplomacia polaca, usa y ex anje a. G acias a las ges iones de los ep esen an es de España, So ía y sus hijos en sep iemb e de 1918 pudie on abandona San Pe e sbu go pa a in en a llega a ie a polaca. T as inaliza la I Gue a Mundial, So ía consiguió ol e a España en los p ime os días de ab il de 1919, cinco años después de su úl ima isi a. A lo la go de aquellos años, So ía se había hecho popula en España a a és de sus c ónicas. Su nomb e sonaba no sólo po su o icio de esc i o a sino ambién, y sob e odo, po que se le conside aba un caso excepcional. Había sido la única muje española que había su ido la gue a en el en e o ien al y que la había con ado al como la había is o y padecido. Pa a la men alidad española de aquella época lo que la gallega había hecho e a algo e dade amen e insóli o. Esc ibi e a ya un o icio conside ado como masculino y se co esponsal de un pe iódico desde un en e de gue a oda ía e a más imp opio de una muje . Cuando llega a España en 1919 se á ecibida como una au én ica he oína. Tan o en Mad id como en Galicia o ganizan homenajes, con e encias y nume osos ac os en hono a la insigne compa io a. La esc i o a, aho a po pu a necesidad, cada ez se p o esionalizaba más. Sus comp omisos con ABC e an mayo es, de modo que, aún descansando en su país, con inuaba iel a su labo de pe iodis a. T as an g a o ecibimien o, en e 1920 y 1930 eg esa á seis eces a España. Son años en los que li e a iamen e encuen a la elicidad que an o buscaba: esc ibe más de cua ocien os a ículos y cua o lib os. La úl ima ez que isi ó La Co uña ue en plena gue a ci il en 1938. De nue o en Va so ia, en su abajo como co esponsal, i ía comen ando en sus c ónicas en iadas a ABC y a pe iódicos de La inoamé ica como La Nación de Buenos Ai es, la si uación gene al y expuso sus pun os de is a sob e los p oblemas más canden es que ab asaban Eu opa: la c isis in e na de los encidos, su uina, sus p oblemas polí icos y sociales, así como el eno me p oblema de las on e as, que a añía a muchos, en e ellos a Polonia (MARTÍNEZ, 1999). En los años siguien es la paz no llega ni a Eu opa ni a España. So ía, que cada día se uel e más conse ado a, oma pa ido po las opciones más eacciona ias, po aquello del o den y de la anquilidad. En lo e e en e a España, es á segu a de que algo e ible a a ocu i . Las no icias de su p opio pe iódico con i man sus sospechas. La suspensión de ABC, que la p i an de abajo du an e a ios meses, le hace odia a los epublicanos. En el mes de julio esc ibe “Mi ando a Rusia”, el que se á su úl imo a ículo de su colabo ación habi ual. Poco después, en el inicio de la Gue a Ci il, pond á pun o inal a su abajo como co esponsal (OSORIO, 1997).Sus opiniones conse ado as y su apoyo a F anco cambia án en el anscu so de la masac e de la II Gue a Mundial. 170 Aunque se mos aba a a o de la pa icipación de la muje en la es e a pública, es aba en con a del di o cio –debido a su educación ca ólica- y de la República que se había ins alado en España. Además, su pa icula c uzada an ibolche ique –debido a las desg acias su idas en Polonia y Rusia- hizo que ie a en Hi le una espe anza con a el comunismo. Su isce al an ima xismo y su ho o a o a gue a impedían un análisis más ío de la escalada de Hi le . Su ida y su ob a siemp e es u ie on ma cadas po su condición de ex anje a. So ía Casano a ue siemp e una ex aña. En Polonia nunca pudo se o a cosa que una española que in en a explica cómo es el país en el que nació, idealizado en el exilio. Los dia ios de Mad id le pedían que esc ibiese sob e Rusia, sob e Li uania, sob e Polonia y sob e Ta a ia. Los pe iódicos polacos, en con a, que ían que hablase de España (OSORIO, 1997). La p oducción li e a ia de So ía Casano a ue muy p olí ica; publicó poesía, no elas, lib os de ela os, cuen os pa a niños, una comedia, y más de 1200 a ículos en pe iódicos y e is as en Galicia, España, y Polonia (ROMERAL PÉREZ, 1995); además, impa ió con e encias y ealizó aducciones del polaco al cas ellano de a ias ob as. En cuan o a su labo pe iodís ica, esc ibió c ónicas y opinó ace ca de cada uno de los episodios de la his o ia eu opea de la p ime a mi ad del siglo XX. Colabo ó en pe iódicos como ABC, La Época, El Libe al, El Mundo, El Impa cial de Mad id; en Blanco y Neg o, en la e is a Galicia, en o as publicaciones gallegas y en p ensa in e nacional como la Gace a Polska y The New Yo k Times. Como pe iodis a y c onis a des acan los a ículos publicados en ABC en e 1915 y 1936 y los í ulos “La muje española en el ex anje o” (Mad id, 1910), “De la Re olución Rusa” (Mad id, 1918), “Imp esiones de una muje en el en e o ien al de la gue a eu opea” (Mad id, 1919), “La e olución bolche is a, dia io de un es igo” (Mad id, 1920) y “El ma i io de Polonia” (Mad id, 1946). En e sus p incipales ob as desa acan El doc o Wolski: páginas de Polonia y Rusia, (1894), Galicia la ine able (Xun a de Galicia, 1996), El Ma i io de Polonia (Ediciones A las, 1945) y La e olución bolche is a (Edi o ial Cas alia, 1990). A p incipios del siglo XX publicó sus expe iencias iaje as en lib os como: Sob e el Volga helado (1903) y Viajes y a en u a de una muñeca española (1920). Muje cul a e independien e, poe a, no elis a, co esponsal de gue a y ac i a en el mo imien o de las muje es, pa icula men e con la salud emenina, ab ió caminos has a en onces edados a las demás muje es sal ando innume ables escollos. Tes igo de acon ecimien os que con ulsiona on el mundo, la compleja igu a de la esc i o a co uñesa bien me ece se es udiada como p ecu so a de un ipo de muje nue a, con ac i idad p o esional y espí i u c í ico BIBLIOGRAFÍA ÁVILA FERNÁNDEZ, Alejand o y CALDERÓN ESPAÑA, Consolación (1996): “El abajo de la muje en Se illa en los siglos XVIII y XIX: dos es imonios educa i o- labo ales”, en RAMOS, Ma ía Dolo es y VERA, Mª Te esa: El abajo de las muje es. Pasado y p esen e, Tomo III. 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