Primeras iniciativas participativas de los lectores en la prensa española. Análisis hemerográfico de los siglos XIX y XX
Abstract
La participación ciudadana en los medios de comunicación social se ha ido abriendo camino a lo largo del tiempo, y su primer pequeño logro fue la prensa de papel. En la década de los 60 y 70 las cartas de los lectores consiguen tener su espacio fijo en los periódicos. Sin embargo, la participación ciudadana en la prensa ya existía antes de que se consolidara esta sección. El objetivo de este artículo es mostrar un análisis hemerográfico sobre las primeras iniciativas participativas de la audiencia en la prensa, desde sus inicios hasta lo que hoy en día conocemos como la sección fija “cartas al director”.
Full text
23/10/2017 Primeras iniciativas participativas de los lectores en la prensa española. Análisis hemerográfico de los siglos XIX y XX institucional.us.es/ambitos/ Terese Mendiguren Galdospin Universidad del País Vasco [email protected] Jesús Canga Larequi Universidad del País Vasco [email protected] English Version: First participatory initiatives of the spanish newspapers’ readers: hemerographic analysis of the XIX and XX centuries. La participación ciudadana en los medios de comunicación social se ha ido abriendo camino a lo largo del tiempo, y su primer pequeño logro fue la prensa de papel. En la década de los 60 y 70 las cartas de los lectores consiguen tener su espacio fijo en los periódicos. Sin embargo, la participación ciudadana en la prensa ya existía antes de que se consolidara esta sección. El objetivo de este artículo es mostrar un análisis hemerográfico sobre las primeras iniciativas participativas de la audiencia en la prensa, desde sus inicios hasta lo que hoy en día conocemos como la sección fija “cartas al director”. Palabras clave: participación ciudadana, cartas al director, prensa escrita, periódico. Abstract: Citizen participation in the social media has been making its way over time, and its first achievement was the paper press. In the decade of the 60 and 70 the letters of the readers got a fixed space in the newspapers. However, citizen participation in the press already existed before this section was consolidated. The aim of this article is to show a hemerographic analysis on the first participatory initiatives of the audience in the press, from its beginnings to the fixed section nowadays known as “letters to the editor”. Keywords: citizen participation, letters to the editor, paper press, newspaper. 1. INTRODUCCIÓN Es una tarea imposible la de datar la primera participación relevante de un ciudadano en las páginas de un diario de papel. Las incursiones de los lectores en los periódicos han existido desde los inicios del periodismo, pero se han materializado de muy diversos modos (cartas, quejas, aclaraciones, recomendaciones, opiniones etc.) y no siempre gozaron de un espacio diario y constante. Sin embargo, de un modo u otro, los lectores se han ido abriendo camino lentamente en la esfera pública, y su primer pequeño logro fue la prensa de papel. “Las cartas al director existen en los periódicos desde que el primer gacetillero metió la pata en su debut como informador en prácticas y lo reconvino un señora de Southampton que tenía mucha flema. Ese tirón de orejas impreso sucedió en el siglo XVII, aunque cualquier historiador del periodismo puede situarlo, como es habitual, en Grecia, unos cuántos años antes del nacimiento de Cristo, y también vale” [1] 1/17
En contra de la idea que traslada esta cita de Aflredo Martín-Gorriz, existen autores que consideran que las cartas al director han representado a la audiencia desde el siglo XVIII (López Hidalgo, Fernández, 2009). Lo cierto es que, al margen de la figura del defensor del lector u ombudsman [2], el público ha encontrado durante años en las cartas al director su “pequeña ventana” (Gómez, 2009), su único recurso para establecer una especie de diálogo o conversación entre editores y lectores, y la mejor manera de ejercer su libertad de expresión en la prensa. “Hasta la irrupción de Internet, la sección cartas al director, el derecho de réplica y el derecho de aclaración eran los únicos caminos a disposición del público para contactar con el medio y denunciar errores, abusos o irregularidades” (Martínez Mahugo, 2006) Ese derecho a la libertad de expresión, ese diálogo, ese pequeño mecanismo de control de los medios era sometido en sus inicios (todavía lo es) a la decisión del propio medio de publicar y/o recortar las misivas enviadas por los lectores. “Las cartas que se llegan a publicar son las que sobreviven a una selección en función de su contenido, el interés del tema, el espacio del que se dispone, etc. El medio deja fuera todas aquellas que considera inoportunas, improcedentes, indiscretas o molestas” (Abril, 1999: 161) Con la llegada de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación algunos periódicos de papel han ido derivando sus modelos a otros más participativos para adaptarse a un público que ha desarrollado nuevas habilidades comunicativas y una fuerte demanda de participación. 2. CONTEXTO, OBJETIVOS Y METODOLOGÍA DEL ESTUDIO No existe una fecha concreta que determine el inicio de las primeras incursiones del lector en la prensa, pero la mayoría de los autores coinciden en atribuir a las cartas al director el honor de ser la primera herramienta que la audiencia tuvo a su disposición para participar en la esfera pública. Según un estudio del “Journalism Quarterly” publicado en otoño de 1976 [3], casi la mitad de los directores de periódicos americanos confesaban que las cartas al director era la sección más leída de sus diarios. Todavía hoy en día se reconoce esa sección como una de las más leídas en el formato de papel, a pesar de que la esfera digital ofrece múltiples espacios para conocer las opiniones y comentarios de la audiencia entorno a los temas de actualidad. La historia reciente de la prensa digital ha sido protagonista de numerosas publicaciones donde se analiza la evolución de los espacios participativos, desde los primeros foros y chats hasta las actuales redes sociales. Sin embargo es difícil encontrar referencias en torno a las fechas, formas y modos de las primeras incursiones de los lectores en la prensa de papel. El objetivo de este artículo es ofrecer un recorrido por las primeras iniciativas participativas de la audiencia en los periódicos, desde sus inicios hasta lo que hoy en día conocemos como la sección fija “cartas al director” o las secciones de participación más modernas. Para ello, se ha realizado una revisión hemerográfica, con el fin de realizar un análisis basado fundamentalmente en la observación, tal y como recomiendan Ruiz Olabuénaga e Ispizua (1989: 79) en sus métodos de investigación cualitativa, a través de herramientas de búsqueda con palabras clave. En ésta búsqueda de los ejemplos más antiguos de participación ciudadana en periódicos de papel, se ha rastreado el material hemerográfico que existe de periódicos de información general españoles desde el XIX, época en la que se sitúa el nacimiento del periodismo moderno (Hoyo, 1996), en cuatro hemerotecas: la de Universidad de País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea, la de Vocento, la hemeroteca de La Vanguardia [4] (por ser el más antiguo de los principales periódicos españoles que sigue en activo) y la hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Además también se han realizado consultas a académicos como el profesor Juan Carlos Sánchez Illán, de la Universidad Carlos III de Madrid o la profesora María Teresa Vera Balanza, de la Universidad de Málaga. Gracias a este estudio se ha podido construir una radiografía aproximativa del tipo de aportaciones que han hecho los lectores a la prensa española a lo largo de la historia. 2/17
3. PRIMERAS INICIATIVAS PARTICIPATIVAS En la prehistoria del periodismo, los avisos, las relaciones de sucesos, las hojas sueltas etcétera, que eran mercancía de lujo para un público extremadamente reducido, no tenían una periodicidad concreta. En el siglo XVII convive el noticierismo manuscrito con el uso de la imprenta, y todavía a finales del siglo XVIII la prensa no era diaria (La Gaceta de Madrid empezó a finales del XVIII a sacar dos números por semana). Es una época en la que todavía no es fácil diferenciar las publicaciones por entregas, como las cartas eruditas de literatos o las actas institucionales, y periódicos propiamente dichos (Fuentes y Fernández, 1997). Es a partir de mediados del XVIII cuando la importancia del periodismo para la difusión social de la ideas es reconocida unánimemente; cuando las mejoras estructurales afectan de lleno en la prensa (ferrocarril, fábricas de papel, telégrafo eléctrico, etc) y las novedades en el terreno de la enseñanza albergan un semillero de futuros lectores (Fuentes y Fernández, 1997). En España, todavía en el siglo XIX y principios del XX, la mayoría de las cartas publicadas por los diarios normalmente provenían de escritores, políticos, juristas y en definitiva, de ciudadanos pertenecientes a una pequeña élite con capacidad de escribir y estar bien informada. Leer cartas en la prensa, estimulaba a los hombres de letras a “escribirlas y a dar salida pública a las propias ideas” (Álvarez, 2013). Pero la prensa seguía siendo un fenómeno relativamente minoritario, si tenemos en cuenta que los periódicos no alcanzaban los 100.000 ejemplares de tirada regular. “Sólo La Vanguardia y ABC, y casi El Liberal de Madrid, rozaban esa cifra en octubre de 1918.” (Seoane y Sáiz, 1990: 31). Todavía a mediados de los años veinte el 49% de la población adulta no sabe leer. Figura 1. El Bascongado, nº13. 11 de enero de 1814. Fuente: Biblioteca Nacional de España Si ponemos el foco en el estudio hemerográfico realizado, encontramos unas de las cartas más antiguas en El 3/17
Bascongado [5]. Este periódico cuyo primer ejemplar vio la luz en 1813, se definía a sí mismo como “papel de periódico que sale en Bilbao los domingos y miércoles”. Antes de su lanzamiento se distribuyeron unos panfletos previos donde se anunciaba el inminente nacimiento de esta publicación, y decían lo siguiente: “Y admite para insertar, siendo de utilidad general, los artículos que al editor se comuniquen, francos de porte, y con el nombre del autor, no siendo de pura literatura.” Del algún modo se reclamaba la participación de los ciudadanos como informantes de sucesos de actualidad. Las cartas, que comenzaban con saludos como “señor editor”, “muy señor mío” o “señor editor del Bascongado”, eran publicadas en las primeras páginas de este periódico y solían consistir en testimonios en primera persona sobre acontecimientos políticos de la época. Los remitentes pertenecían a una élite culta con cierto nivel social y político. Todavía en esta época en eran habituales ni regulares las publicaciones de manuscritos de los lectores. Otro de los ejemplos más antiguos encontrados data de mediados del siglo XIX. Dos lectores pedían al director del diario madrileño Clamor Público que este periódico del partido liberal publicara su carta sobre la situación del ferrocarril, al ver que otro diario (La España) al que previamente la habían enviado para que rectificara una información errónea, no lo había hecho: “(…) Como este periódico lejos de insertar nuestro artículo responde hoy a él en los términos que ha juzgado oportunos, rogamos a usted se sirva dar cabida en el diario que dignamente dirige, a estas líneas, porque creemos baste su publicación para formar un juicio exacto acerca de la imparcialidad y deseos de esclarecer la verdad en este asunto, de que ha hecho alarde La España.” (Clamor Público, 13-3-1862, pag.1) En esta época, en la que la prensa española es fundamentalmente política y militante, los diarios comentan de forma frecuente que reciben cartas al director y se publican a menudo notas y rectificaciones sobre asuntos concretos gracias a este tipo de misivas, pero no necesariamente son publicadas: “De algún tiempo a esta parte las quejas que recibimos sobre el servicio de correos son cada día más frecuentes y numerosas, y por más que lo sintamos, nos vemos en la imprescindible necesidad de llamar sobre ellas la atención del señor director del ramo, cuyo celo y buenos deseos como los primeros en reconocer y apreciar” (Clamor Público, 4-8-1864, pag.1) El Imparcial, como muchos periódicos de la época, también hace frecuentemente referencias a las cartas de los lectores aun cuando no las publica. En mayo de 1910 concretamente, destaca la importancia que han tenido las aportaciones de los ciudadanos en la elaboración de un artículo crítico con la gestión financiera y fiscal del país: “Conveniente será decir que los artículos que hemos escrito esbozando las primeras líneas del tema nos han valido numerosas cartas de los lectores con excitaciones a seguir la campaña, con inspiraciones para guiarla y con ideas para fortalecerla”. (El Imparcial, 18 de mayo de 1910, pag.1) Las referencias a las cartas recibidas por los lectores, incluso las de otros periódicos, son por tanto habituales. Es el caso de El Siglo Futuro que felicita (21-7-1888) a El Correo Catalán por publicar “admirables cartas al director” de dos filósofos; del periódico El Enano, predominantemente de contenido taurino, que el 24 de diciembre de 1899 hace referencia a una carta al director de La Revista de París; o el caso de Clamor Público: “Ayer en los círculos políticos, en las reuniones de alguna importancia, y hasta en los cafés y Campos Elíseos, no se habla de otra cosa que de la presión que se está ejerciendo sobre El Diario Español, para que condene explícitamente la belicosa carta que publicó el sábado, y que es hoy objeto de no pocos comentarios por parte de la imprenta. No solo parece que se han dirigido diferentes cartas al director que está ausente, en un tono imperioso y que afectan en cierto modo a su dignidad e independencia, sino que se han hecho insinuaciones demasiado significativas a algunos de los redactores.” (Clamor Público, 4-8-1864, pag.1) El periodismo en esta época era una práctica ejercida por diversos tipos de personas, algunas de las cuales no necesariamente vivían exclusivamente de ello. Gran parte de los hombres públicos pasaron en algún momento por esa antesala de la carrera política que fue durante toda esta época el periodismo (Fuentes y Fernández, 4/17
1997). La diferencia, a nivel de rigor periodístico, entre las informaciones recibidas por los propios corresponsales o cronistas del diario y entre las recibidas por personajes con cierta influencia social y política es difusa. Los diarios de la época compatibilizan en sus columnas las “cartas” de sus corresponsales (publicando la crónica o el artículo del mismo), con cartas anónima de algún lector, que por su interés y credibilidad, era publicada tal y como ocurre en la página 2 del diario El Globo de Madrid del 26 de julio de 1878 o en El País de esa época. Concretamente este último periódico publica, a partir del 5 de octubre 1890, varias misivas recibidas de un desconocido, bajo el título “Cartas de un neutro”. Este lector, que firma en efecto con el pseudónimo “un neutro”, se dirige al director del diario en la primera de sus cartas presentándose como un ciudadano que tiene cosas interesantes que decir. A partir de ahí, durante varias entregas, sus cartas hablan sobre cuestiones políticas, fundamentalmente relacionadas con el partido republicano-progresista. Otro ejemplo que puede ser considerado embrión de lo que actualmente conocemos como cartas al director, es esta misiva que publicaba La Vanguardia en 1881, el mismo año del nacimiento del diario catalán: «Muy señor mío: Paso á poner en conocimiento de usted, á fin de dar la publicidad que crea conveniente, que ayer entre nueve y diez de la mañana fueron detenidos en mi establecimiento, calle del Rech número 13, dos hombres que traían para que les cambiara 100 duros en monedas de cobre de 10 céntimos del busto de don Alfonso XII, con fecha de 1878 falsas, teniendo que traer aun 400 duros más; pero sorprendidos los primeros, no pudieron ser habidos los últimos. De usted su afectísimo S. S. Q. S. M. B.— O. G.» (La Vanguardia, 21 de junio de 1881) Tras la publicación de esta carta La Vanguardia añadía: “Agradecemos la noticia, toda vez que nos da ocasión para ponerlo en conocimiento del público, á fin de que no se deje sorprender en caso análogo.” Figura 2. La Vanguardia, 1892. Fuente: Hemeroteca de La Vanguardia Digital Sin embargo, las cartas al director se publicaban muy esporádicamente y no tenían un lugar fijo en el diario. Se insertaban en alguna columna, entre los avisos y noticias. En algunas ocasiones, y coincidiendo con la circunstancia de que los firmantes de las cartas eran personajes relevantes, se cedió un espacio específico para las cartas, a página completa, bajo los siguientes título y subtítulo: “De la colaboración particular y diaria de La Vanguardia”, “Cartas al director de La Vanguardia” (fig 2). Como se puede observar, la firma de la primera carta es del escritor y político catalán Víctor Balaguer. Todavía en esta época la mayoría de las personas que dirigían sus escritos a los periódicos tenían un nivel cultural, social o político relevante, y se dirigían al mismo para reflexionar sobre temas importantes relacionados con la gestión política o económica. De todos modos, ya existían iniciativas esporádicas de ciudadanos de a pie, que generalmente se dirigían al 5/17
periódico para informar sobre algún acontecimiento del que hubieran sido testigos (como el de la anterior carta transcrita), para pedir ayuda o para expresar alguna queja: “Muy señor mío: En nombre propio y en el de varios compañeros que presentamos trabajos en el último concurso de aprendices, acudo á usted para que me haga el favor de publicar en las columnas del periódico de su digna dirección la queja que tenemos por no habernos hecho entrega de los premios en metálico que nos fueron concedidos, á pesar del tiempo transcurrido. (…) Esperando se haga usted cargo de la razón que nos asiste, queda de usted afectísimo seguro servidor. S. S. Q. S. M. B. Un aprendiz.» (La Vanguardia, 30 de junio de 1904, pag. 2) La Unión Mercantil también incluía cartas de los lectores hacia 1895, según consta en las investigaciones del profesor de la Universidad de Málaga Juan Antonio García Galindo. Este periódico malagueño “mantuvo una actitud muy receptiva a las informaciones que remitían a su redacción las organizaciones y particulares” (Reina, 2015). Sin embargo, los diarios no ofrecían todavía en estas fechas, ni a principios del siglo XX, secciones concretas y periódicas dedicadas a la correspondencia recibida por parte de los lectores. 4. LA FIGURA DEL LECTOR A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX La mayoría de las cabeceras cedían en esta época un espacio al lector de manera anecdótica, cuando se recibían cartas, y cuando las circunstancias, la actualidad y el interés del propio diario lo consideraban. Ya en 1918 el diario El Sol publicaba de forma más o menos regular una sección de preguntas y respuestas con “La interrogante del día” por título y el subtítulo de “Interrogatorios de un gacetillero”. En el ejemplo de la (fig. 3), se puede observar que la pregunta planteada el 16 de abril de ese año era, “¿Pierde o gana usted con el cambio de hora?”. En este caso no son los lectores quienes se dirigen al diario con sus misivas, sino que es el propio gacetillero quien sale a la calle a pulsar la opinión de ciudadanos pertenecientes a distintos gremios: “los serenos”, “un empresario de teatro”, “los horchateros”, “un segador”, “las verduleras” y “los de las ventas”. 6/17
Figura 3. El Sol, nº135. 16 de abril de 1918. Fuente: Biblioteca Nacional de España Otras encuestas planteadas por este mismo diario sí eran respondidas a través de cartas, que publicaba El Sol: “Continuamos la publicación de algunas de las respuestas más interesantes que hemos recibido a nuestra encuesta dirigida a la juventud. Hoy insertamos la respuesta íntegra que nos envió don Joaquín Sobrino (23 años, licenciado en derecho) y algunos fragmentos de la de la señorita M.U. (17 años, estudiante). Dicen así:” [6] En 1924 el periódico La Libertad hablaba de las bondades de la participación ciudadana en la prensa, en un artículo titulado “la colaboración del público”. Este artículo se muestra contrario a la opinión de un articulista francés, que hace en su periódico “una crítica entre malhumorada y jocosa sobre las cartas que reciben cuantos escriben en los periódicos”. El periodista francés se quejaba de las cartas anónimas que llegaban a la redacción y se preguntaba por qué no firmaban los lectores sus cartas como las firman los articulistas de los periódicos. La Libertad, lejos de estar de acuerdo con esta opinión, asevera lo siguiente: “¿Puede quejarse el cronista de que llegue hasta su mesa de trabajo el hálito popular vivificante que trae un eco del alma de la ciudad? No nos referimos al anónimo envenenado, que merece más piedad que enojo, porque en la mayoría de los casos sufre más el autor que aquel a quien quiso perjudicar. Al margen de las maldades inferiores hay millares de cartas que nacen sin firma (…). Sin embargo, ellas ayudan poderosamente al que escribe a comprender el medio para el cual trabaja. La comunicación entre el cronista y el público, con el cual conversa, es la condición primera de una acción eficaz.” (La Libertad, 26 de febrero de 1924) Este artículo de La Libertad, firmado por el periodista Manuel Ugarte, continúa departiendo sobre la importancia de mantener la comunicación con los lectores, porque el público “no es la masa ignorante y dócil que algunos imaginan para enaltecer su vanidosa suficiencia”. Según este articulista, los lectores, aunque no hayan leído todos los libros y no hagan “gala de su erudición”, son los que le ayudan a ejercer su oficio: “Nada empuja a continuar con cariño la labor emprendida como la certidumbre de que no estamos solos escribiendo en casa, sino departiendo con innumerables amigos de toda condición y edad, que nos juzgan y nos aquilatan por encima de la literatura, según la honradez y la sinceridad de nuestra acción (…). A nuestro juicio, la réplica, el asentimiento, la intervención del público, no puede molestar nunca. Este es precisamente el incentivo, el secreto de la charla familiar.” (La Libertad, 26 de febrero de 1924) A inicios de 1932 La Gaceta del Norte sufría un secuestro al publicar una nota (fig.4) de los alumnos de Deusto contraria a la expulsión de los jesuitas de España. (Orella, 2001). 7/17
Figura 4. La Gaceta del Norte, nº10547, 27 de enero de 1932. Fuente: Hemeroteca de la Universidad del País Vasco La carta, que fue incluida en portada el 27 de enero de 1932 y estaba firmada por alumnos y ex alumnos de la Universidad, iba dirigida a las Cortes Constituyentes y comenzaba así: 8/17
“Los infrascritos alumnos y ex alumnos del Colegio de Estudios Superiores de Deusto (Bilbao), ejercitando el derecho de petición y exposición consagrado en la naciente Constitución de la República española y, en general, en todas las Constituciones del mundo, acuden a su señoría, y con igual energía que respeto, formulan y elevan su más sentida y vigorosa protesta por la aprobación del artículo 26 de la constitución, tan lleno de agravios…” Aunque existen ejemplos como el del periódico Crisol, que ya contaba en 1931 con una sección esporádica titulada “Cartas de los lectores”, todavía en los años 30 las cartas no solían publicarse en una sección o lugar determinado del diario y no se presentaban necesariamente bajo un epígrafe fijo que las anunciara. En el ejemplar del 19 de junio de 1935 de El Siglo Futuro, se puede ver cómo en la página 22 se publican dos cartas bajo el titular “Cartas de maestros”. La primera de las cartas, sobre las condiciones de contratación de los mismos, se presenta a continuación del título. Para presentar la segunda carta el diario añade: “Otra carta acerca de los huérfanos del magisterio”. En esta época la prensa era una herramienta muy recurrida, tanto por los lectores para expresar el malestar ciudadano ante las instancias políticas o institucionales, como por la militancia política para uso propagandístico. De alguna manera los periódicos ejercían de portavoces porque, a pesar de que la prensa no publicaba todas las cartas recibidas por los ciudadanos, sí ofrecía una visión general, quizá interesada para el diario, del estado de la opinión pública. Es el caso La Voz, que en 1929 explicaba el descontento que mostraban múltiples lectores a través de sus cartas por el mal estado del pavimento en Madrid. Otro ejemplo lo encontramos en estas líneas publicadas por el Heraldo de Madrid: “(…) el triunfo de las esencias democráticas de la República será un hecho incontrovertible, seguro, definitivo. La voluntad del pueblo es esa. En todas partes de España, aún en los más apartados rincones, se refleja éste ansia ostensiblemente. Las innumerables cartas de nuestros lectores lo confirman día a día” (Heraldo de Madrid, 28 de junio de 1935, pag.1) Por otro lado, los lectores recurrían a los periódicos para realizar consultas de muy diversa índole. Como ejemplo curioso destacamos este en el que los responsables del Heraldo de Madrid piden a sus lectores que detengan la avalancha de cartas que están recibiendo, como respuesta a una noticia publicada en el diario. La noticia a la que hacían referencia las misivas se titulaba “La fortuna que heredarán los españoles llamados Bonet”, e informaba sobre el testamento de un extravagante Virrey de Madagascar que al parecer dejaba su fortuna a los que llevaran el apellido Bonet. Esta información tuvo una gran repercusión entre los ciudadanos: “Un consejo a todos los que se llamen Bonet en España. Señores míos: déjense de escribir cartas al director de este diario, a quien ustedes ponen en tortura por su extrema benevolencia de atender a todo el mundo. El director de este diario ni siquiera se llama Bonet y tiene mucho que hacer para atender a sus consultas” (El Heraldo de Madrid, 5 de agosto de 1930, pag.15) La participación ciudadana en prensa no siempre se ha manifestado a través de cartas de opinión y protesta. En 1906, el diario ABC hacía un llamamiento de colaboración a los lectores. El reto impulsado por este periódico bien podría considerarse como uno de los precedentes en prensa de papel de lo que un siglo después se denominó periodismo ciudadano. 9/17
— [1] Cita del guionista Aflredo Martín-Gorriz obtenido de su artículo “Un hombre, una carta” disponible en: http://www.lapaginadefinitiva.com/2006/09/10/las-cartas-al-director/ [2] “Tanto la figura como el término Ombudsman es de origen sueco y significa “comisionado”. Nace en el ámbito de la política con el fin de investigar las quejas ciudadanas acerca del funcionamiento de las instituciones o de sus funcionarios, y pasa posteriormente al ámbito de la prensa, como defensor del lector”. (Abril, 1999: 164). El País fue el primer diario en crear la figura del ombudsmanen España, en 1985 (Redondo y Campos-Domínguez, 2016) [3] Disponible en http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1990/11/26/pagina-21/33460812/pdf.html [4] La Vanguardia es el más antiguo de los principales diarios que siguen en activo, según la OJD [5] Según consta en la Biblioteca Nacional, El Bascongado es un periódico político y constitucional que se publicó en Bilbao de 1813 a 1814. Su director fue el jurista Toribio Gutiérrez de Caviedes. Es considerado como el primer periódico de Bilbao y puede afirmarse que en él se sitúa el origen de la prensa bilbaína. “En El Bascongado, primer periódico conocido de Bilbao, encontramos en germen, el rico periodismo que se desarrollará en la villa a lo largo del siglo XIX: Irurak-bat, Villa de Bilbao, Euskalduna, El Noticiero Bilbaíno, El Nervión… esforzados pioneros de una profesión, hoy en día imprescindible.” (Fernández Sebastián, 1989: 12) [6] Dato obtenido del documental “100 años de prensa escrita” producida por TVE para el Canal Historia (2005) [7] “En el año 2000 (…) es cuando realmente se empieza a hablar de la prensa gratuita como tal. La introducción en España de los grandes grupos empresariales cambia el panorama de la prensa gratuita. La empresa editora de 20 Minutos (2 de febrero del 2000) con Madrid y Mas se convierte en el primer gran diario gratuito de información general en España” (Santos, 2007). — Breve semblanza de los autores: Teresa Mendiguren Galdospin: Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. Actualmente imparte la asignatura de Locución Informativa en el Grado de Periodismo, así como seminarios en los másteres profesionales de Periodismo Multimedia de El Correo/UPV-EHU y Multimedia Komunikazio Masterra de EITB/UPV-EHU. En lo referido a la gestión, es secretaria académica del Departamento de Periodismo II desde enero del 2015 y forma parte de varias comisiones, como la de la Revista ZER. Como investigadora, ha participado en 15 proyectos de investigación (en dos de ellos como Investigadora Principal) y ha publicado una docena de artículos en revistas de prestigio incluidas en bases de datos como JCR, SCOPUS o Dice-Cindoc. Además, ha impartido conferencias relacionadas con la innovación educativa o el periodismo participativo, una de las cuales tuvo lugar en la Universidad de Oporto (2015). Actualmente, es miembro del proyecto “Audiencias Activas y Periodismo” financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. En su faceta profesional destaca la experiencia como redactora en el ámbito de la televisión. Sus líneas de investigación son Periodismo en Internet e Innovación Educactiva y Nuevas Metodologías Docentes. Jesús Canga Larequi es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona (1979), doctor en el mismo área de conocimiento por la Universidad del País Vasco (1987) y Catedrático de Periodismo (1995) en esta misma universidad donde imparte docencia desde 1984. También es profesor en el Máster de Periodismo de El Correo/UPV desde su inicio en 1988. Su especialidad dentro del área de conocimiento de periodismo son las nuevas tecnologías y el diseño periodístico. Autor de numerosos trabajos en estos temas, ha publicado artículos en las revistas académicas más relevantes del ámbito del periodismo, ha presentado numerosas ponencias y participado en congresos y seminarios tanto nacionales como internacionales. Ha sido docente en Cursos de Doctorado en varias universidades y ha dirigido e intervenido en Cursos de Verano relacionados con el área de Periodismo y ha participado en varios proyectos de investigación financiados. En el ámbito profesional fue redactor en periódicos de Bilbao como “La Gaceta del Norte”, “Hoja del 16/17
Lunes” y “Tribuna Vasca”. Asimismo, fue fundador y director de “AKTA” (1986/1987) periódico municipal del Ayuntamiento de Bilbao. – Recibido: 30 de septiembre de 2017 – Aceptado: 02 de octubre de 2017 Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, n.38, edición de otoño, 2017. 17/17