Los guadalquivires
Full text
LOS GUADALQUIVIRES Por LORENZO PoLAINO ORTEGA Atendiendo a una invitación reiterada de mi buen amigo y compañero de la R ea l Academia Sevillana de Bu enas L etras, el Catedrático de la Universidad Hispalense, Excmo. Sr. D. Francisco Moral es Pad rón, que me honra para colaborar en el bol etín de la Docta Casa, t rataré de hacerlo con más retraso que hubi era sido mi voluntad, pero con la diligencia que me permite mi precario estado de salud, que algo y aún algos, ju stificará mi demor a, de la que por ade lantado pido perdón. Me da el tema de mi colaboración el libro publicado por la Confederación Hidrográfi ca del Guadalquivir, a fines del pasado año, titulado «Los Guadalquivires>>, en plural su titulación. Dicha Confederación, para conmemorar el medio siglo primero de su fundación, con data de 1977, ha publi cado un bello libro no venal, que , a mi modo de ver, es una forma de hacerlo más perdurable que las lápidas o monumentos de duras piedras. El libro de referencias tiene un gran formato, de 31 x 29 centímetros, con 600 páginas con texto literario, muchas y bellísimas fotografías, en color, alegorías, buenos dibujos, abundantes mapas a varias tintas, todo ello impreso con caracteres tipográficos del cuerpo ocho, sobre un magnífico papel a doble tono, y fue realizado por «Gráficas del Exportador», de Jer ez de la Frontera; es tá admirablemente enc uadernado con pastas rojas y título y alegorías en panes de oro. Con anterioridad, la misma Confederación había publicado otro libro, en dos tomos, titulado «El Guadalquivir », cuya gráfica árabe para el título le había facilitado yo, en cuyo
130 LORENZO POLAINO ORTEGA libro sólo se afrontaron los aspectos técnicos del tema, y de tal libro, del que se me obsequió con un ejemplar, se había impreso y encuadernado lujosamente, también en 1977, y en los talleres de la mencionada imprenta de Jerez de la Frontera. Para este libro de ahora, el ingeniero director del organismo editor, don Mariano Palancar Tenella, escribe una breve pero ilustradora presentación de la obra, indicando la finalidad conmemorativa indicada de su edición. El libro está compuesto por un verdadero equipo, en el que no menos de dieciséis autores -ingenieros, profesores, licenciados, etc.- configuran y lab0ran en la parte literaria, y hasta una docena de artistas aportan sus colaboraciones personal y gráfica, además de diversos organismos idóneos, bajo la dirección y coordinación de don Manuel Rus Vázquez y don Víctor M. Galera Núñez. La obra está estructurada en seis grandes apartados: aspecto histórico-geográfico del Guadalquivir y sus afluentes; el Guadalqui v ir desde el nacimiento a su desembocadura; las rías del Guadalquivir; la biota del Guadalquivir y su cuenca; geología de la cuenca del Guadalquivir, e hidrografía del Guadalquivir . Estos apartados están complementados con un epílo go sobre «La Andalucía del Guadalquivir y su Confederación Hidrográfica», una antología poética distribuida entre las diferentes partes del conjunto, más la bibliografía en que se fundamenta la obra . Ya una primera, aunque no superficial, lectura de este libro de ahora, según mi parecer, me permite distribuir su co ntenido, según la clasificación ge heliana , en dos partes: una enseñoreada por las ciencias del espíritu, primer apartado y antología poética, y la otra esc rita bajo el sig no de las ciencias de la naturaleza, que componen el resto del tetxo escrito. Como yo no tengo conocimientos especi alizados suficientemente para encarar me con la crítica de esta segunda parte , que «prima facie», me parece muy buena, lo que me confirman juicios oídos sobre e lla a presti gios os ingenieros, de jo tal contenido para plumas más autorizadas qu e la mía y d ebe - rán afrontarla si n demora , pue s es tarea que bien se lo merece, y yo me limitaré en mis glosas a la colaboración histórico-
LOS GUADALQUIVIRES 131 geográfica, y a la po ética, además de a la gráfica artística, en la que me muevo con alguna mayor desenvoltura. El estudio del aspecto histórico-geográfico del río y sus afluent es es la parte que me pare ce más floja de la obra: no voy a enumerar todos los puntos que creo tratados insuficiente o equivocadamente en ella: basta decir que, por ejemplo, al hablar de Tarteso el autor se queda en las teorías y los trabajos de Sc hulten -década de los años veinte-, sin analizar las posteriores investigaciones del prof eso r de historia de la Universidad de Sevilla, don Juan de Mata Carriazo, oriundo de estas tierras del Alto Guadalquivir, que ya entonces disc repó razonadament e del sabio arqu eólogo alemán, pero más aún después del descubrimiento del Tesoro del Carambolo, hace pocos años por el mismo profesor sevillano, descubrimiento que ha revolucionado todo el conocimiento existente sobre la cultura tartesia; o se silencian las aportaciones históricas del mismo Carriazo a distintas zonas de la cuenca del Guadalquivir -salvo las alusiones a la Cultura del Alga r, del Cerro de la Magdalena-, aunque en las notas bibliográficas se señalan las más importantes producciones del historiador sevillano referentes a esta cue nca. En geo grafía también cabe notar otra ausencia respecto a cierta razonada teoría sobre el lugar de nacimiento del Guadalquivir, si bien aquí el silencio, hasta en la bibliografía reseñada, tiene un a atenuante: la modestia de su origen: se trata de mi «Estudio Geográfico del Alto Guadalquivir»; en cambio se cita otra obra mía menos operante al caso, «Estudios históricos sobre el Adelantamien- to de Cazarla». La selección po ética para incorporar al libro tiene mu chos aciertos indudables, con bellísimas poesías espigadas de autores de todos los tiempos, y otras se lecciones que no lo so n tanto. Quiz ás debiera haber sido más parca la selección de poemas en atención al fin y al lugar par a que se destinaba, dada la cantidad de su contenido que debía rimar con la belleza de su presentación tipográfica, sin aspirar a ser un a recopilación más o menos exhaustiva, innecesaria para su destino, y que, desde luego, resulta más incompleta , por ejemplo , que «El Guadalquivir en la poesía española», de Pineda No-
132 LORE~ZO POLAINO ORTEGA vo, que tiene admitida, desde 1976, el Instituto de Estudios Giennenses para su publicación, esperando que le llegue su turno . En cambio no analiza suficientemente el que poetas del Siglo de Oro, como Quevedo y su enemigo Góngora , coincidieran esta vez fijando el nacimiento del Guadalquivir en la Sierra de Segura, error que acusó explícitamente el venerable erudito, ya fallecido, Cronista de estas tierras, don Genaro Navarro, ni se analizó la paternidad del nacimiento por nuestros vecinos de la hermana Quesada, lo qu e es cierto formalmente desde hace muchos siglos, según demostró mi maestro el profesor Carriazo Arroquia, cuando hizo el estudio histórico de los distintos término s munkipales en « El Adelantado de Cazarla», y Jo será mientra s que cua lq uier improbable circunstancia futura no favorezca un nuevo deslinde administra - tivo que cambie tal situación, como puntualizó después otro famoso publicista quesadeño Cesáreo Rodrígu ez Aguilera, escribiendo tex tualmente: « ... en la parte de la Sierra de Cazarla pert eneciente al Municipio de Quesada, en el lugar conocido por la s Siete Fuentes, nace el río Guadalquivir «Exposición Zabal eta», Madri d, 1961, pg. 1). Tampoco esta selección poética resalta la s poesías de los tres vates cont emporáneos que se han ocupado del tema: «Río Guadalquivir, te vi en Ca zar la nacer, ahora en Sanlúcar morir ». « ... entre estas penas nace A. Machado el que es y será rey de los ríos». J. y S. Alvarez Quintero, en la lápida de nacimiento «Alegre Guada lqu ivir, niño de cumplida gracia, en su c una de Cazorla por sendas de pinos canta». Del Pr ofesor- Poeta Rafael Lainez Alcalá
LOS GUADALQUIVIRES 133 Pero todo esto quiero aclararlo, ma s por lo extenso, en otro artículo po s terior que pretendo escribir sobre «Las Si erras de Cazarla», Deo volente. * * * Aparte cuanto terminamos de es cri bir hoy, hay otras razones históricas qu e, desde muy antiguo, fijan indudablemente el nacimiento del Be tis romano y Guadalquivir a la vez en la Sierra de Cazarla: por ejemplo: en tiempos romanos se identifica a «Ürospeda» como un equivalente al Ma cizo Subbético ac tual, que va desd e las sierras de Alcaraz y Segura hasta la de Cazarla (pg. 64 ), pero es más concreto y exacto, por aquellos mismos tiempos, que el «Mons Argentarius» no es, como allí se afirma, Cástula, y Plinio es cribe, acertadamente, que las fuentes del gran río, preferentes a las de todos los otros sus afluentes, proceden del «Saltus Tugiensi» (por el sepulcro ib érico de Toya, junto a Peal de Becerro), hace ya tiempo estudiado magníficamente por Cabré, cuyo « Saltus Tugiensi» ho y e stá concretado en la Sierra de Cazarla, y no difuminado en aquel Macizo Subbético , que aparece repartido entre tierras de Jaén , Granada, Albacete, Murcia, y hasta en la s estribaciones más al sur cuales son las de Almería (pg. 81 del libro ahora glosado). Textualmente dice el geoógrafo romano citado: «El Betis, que surge , no como algunos dicen en la plaza de Montesa (¿Santo Tomé actual?), sino en el bloque boscoso de Turgia , junto al cua l nace el río S egura, que riega los ca mpos de Cartagena, tras de atravesar Lor ca, hoguera de Scipión, mientras que el Betis, dirigiéndose hacia poniente, busca el océano. La alusión del nacimiento del río comentado a los « Montes de Plata » no podía ser más que Cástula, porqu e las minas de pirita de Linares es tán allí, pero tal afirmación no demuestra más que el desconocimi en to de la existencia en la Sierra de Cazarla de las minas de Collado Ve rde, del mismo mineral, que también fueron explotadas , intermitentemente, desde los tiempos de los romanos hasta estos de ahora . El otro intento de difuminar, creando confusión al v erd adero lugar del nacimiento del Guad a lquivir en las fuentes del
134 LORENZO POLAINO ORTEGA Guadalimar por la izquierda, o su equivalente a la del Guadiana Menor (pág. 104), hoy Guaddentín, que dicho sea de paso también nace en la Sierra de Cazarla, pero en cambio se ignora -¿de propósito?- que en mapas antigu os del Adelantamiento, como el del Santo Reino, de autor desconocido hasta ahora, dedicado al prelado D. Francisco Sarmiento de Espinosa (1581-1595), en el de las tierras de Jaén de Xirnénez de Jurado (1604), y en el del Adelantamiento de Cazarla, reali . zado por D. Tomás López, geógrafo de los dominios de Su Majestad, según manuscrito de D. Francisco-Manuel de Torres y Cobas (1787), se fijan con exac titud el nacimiento del río Guadalquivir en su verdadero lugar de la Sie rra de Cazarla. A mi juicio, dicho sea con todo respeto, se trata de sus - traer la cuna del Guadalquivir a nuestra sierra cazorleña, intento no justo pero tampoco original, porque el nacimiento de los grandes ríos como el de los grandes hombres se lo han disputado por muchos siglos los distintos pueblos. El autor de las páginas histórico-geográficas del libro ahora en cuestión, trata de justificar su errónea tesis escr ibiendo literalmente: «el candidato menos considerado por los antiguos como «Fuentes del Guadalquivir», en el que coinciden todos los autores antiguos, vino a ser esa piedra desechada por los arquitectos, que quedó convertida en arco, siguiendo la frase evangélica. No podía ser, dado el carácter eclesiástico arzobispal que tuvo la reconquista del Adelantamiento» ... «El río «degradado» a Guadiana Menor, como «el cristiano nuevo» advenedizo, no tuvo más remedio que «unirse» poéticamente a la f! eografía redimida por el Rey Santo, con silenciosa modestia del aflue nte, también hasta nuestros días y para siempre (página 88), con lo que no sólo se comete una inexactitud y una descortesía contra Cazarla, sino también contra la Mitra Toledana, y contra el Rey, que además de Rey fue Santo». * * * En la página 48 del libro ahora comentado, comienza a ocuparse el desafortunado geógrafo-historiador del libro de la
LOS GUADALQUIVIRES 135 Confederación de «El moderno Guad alqu ivir ». Dicho colaborador no ignora que en prin c ipio se cons idera rama principal de un río , al recibir éste un afluente, aquella que con caudal per manent e -no precisamente constantepre s enta menos pendiente, o, lo que es lo mi s mo en gene ral, la más larga en sus cauces prolongado, conforme se aleja de su origen, un perfil en curva más suave, más pl ana (p g. 91 ). Pero para él sigue « quedando históricamente el nacimiento, al final de su trabajo, en el justo medio geográf ico y geo métrico de ambos ex tremo s: un Alto Guadalquivir oficial, nacido entre la s Sierras de Cazarla y el Pozo (pg. 91 ), pero añadiendo al perfil longitudinal el del Guadiana M enor, qu e es en la mayor parte de su recorrido -ya que hay trozos de excepciónmás alto , o s ea menos significativo que el Guadalquivir ( pg. 93 ), y que en el criter io del perfil long itudi nal, al trazar sucesivos arcos de am bas corrientes en el punto de su co nfluencia , inmedi atamente se advierte que el Alto Guadalquivir , aún más corto, tiene de entrada un cauce más bajo , más maduro, más hecho, más importante , en suma, al par ecer ( pgs. 93-94 ), y que superando grandes suposiciones histó ricas-geográficas, el Guada - lema, el Guadalquivir histórico y el Guadiana Menor, tienen un nacimi en to que no es único, sino plurar: el Guad alqu ivir técnico, el Guadiana Menor (pg. 104 ) y el Guadalimar. Más difuminado y confuso no puede qued ar la cues tión. * * * Quédame ya para terminar este ya demasiado artículo decir que, además de su sigfinicado como eje fluvial que se le reco noce , de toda Andalucía -¡ no podía ser p or menos!- no queda más razón que reconocer que el libro en cuestión lo c onsidero dentro de la bibliografía cazor leña. Cazarla tiene multitud de motivos para gozar de fama fu era de los límites de su comarca: la hi s toria de su singu l ar Adelantamiento; sus muchos restos arqueológicos -Toya y Bruñe!, por ejemplo- y monumentos -C astillo de la Y edra y Ruin as vandelvirescas de Santa María-; la riqueza documenta l de lo s archivos bis-
136 LORENZO POLAINO ORTEGA tóricos que aún se conserva; la belleza de su paisaje, etc., etc., pero todo ello son factores conocidos por minorías eruditas o por visitantes curiosos. Por lo que Cazrola es más conocida, hasta en el extranjero y hasta por los niños de las escuelas, es porque en su Sierra nace el río Guadalquivir. Por eso, el Guadalquiviri, siendo un accidente geográfico de renombre universal, es a la vez, un factor principal en la existencia de Cazarla. Y siendo Cazarla y su tierra parte integrante del Santo Reino, considero equivocado el criterio de algún erudito ji ennense que dice que el Guadalquivir poco tiene que ver con la vida y la cultura giennenses. También un limitado número de personas cultas conocen la belleza monumental de sus ciudades -Baeza y Ubeda, por ejemplo-, de su capital -catedral, castillo de Santa Catalina-, la riqu eza de sus archivos CRte - dralicios, de protocolos y municipales , las hazañas de las más decisivas batallas para la historia de España -Las Navas y Bail én - , su riquísimo y singular Museo de Arte y Arqueología, etc.-. Pero a toda persona culta y todo esco lar de primera enseñanz a que haya repasado la geografía nacional sabe que la Si erra de Cazarla es la cuna del Guadalquivir, que pertenece a la provincia de Jaén, y que la sierra y el río pregon an el nombre de Jaén por el mundo entero , sin más competición, en esta tarea , que la de los famosos olivares, ubérrimos v ahora desgraciados, plateado s, que por todas partes pueblan n uestros campos. según canta b an los Machado. * * * Y aquí doy por terminada esta mi colaboración, pidiendo. como los dramaturgos clásicos, al final, perdón por sus muchas deficiencias.