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Regreso al manantial de los cipreses, o cómo comunicarse con uno mismo

Muñoz Fernández, Nuria

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160 Regreso al manantial de los cipreses, o cómo comunicarse con uno mismo Nuria Muñoz Fernández Master Oficial en Escritura Creativa Universidad de Sevilla Hay momentos en la vida en los que uno necesita comunicar, expresar sus sentimientos, sacar lo que siente y mostrarlo a los demás, o quizás solo es una forma de mostrárselo a sí mismo. Ramón Reig, escritor sevillano, periodista y profesor universitario, escribió en 1996 Regreso al manantial de los cipreses (Alfar, Sevilla, 2000), un perfecto homenaje a la figura de su padre desde la localidad natal de éste, el pueblo alicantino de Beniarrés. El libro, a su vez, forma parte de una trilogía dedicada a su progenitor, en la que también podemos encontrar Desde el sur hacia la nada (1986), Concierto barroco de un verano que fui al mar (1988), o Segundo Aniversario (1992). Portada de Regreso al manantial de los cipreses (2000). Dibujo, J. Calabuig-Prado. Representa a la ermita de Beniarrés (Alicante, España). (Nota de los coordinadores). En Regreso al manantial de los cipreses un total de dieciséis poemas (La llegada, La ermita, Barranc del Port, Peña de Benicadell, La campana, La rivera, Sabiduría, La casa, Juan Reig, La música, Comida rápida, Puntos de luz en la noche, Cova de l’Or, Idiomas, El regreso y Epílogo) nos abren paso en un ameno viaje por Beniarrés en el que el autor se inspira tanto en el recuerdo paterno como en los bellos 161 paisajes que le rodean, todos ellos compartiendo una clara unidad argumental que suele ser norma en su obra poética. La armonía entre los dos elementos inspiradores para el autor, su padre y Beniarrés, esta presente en todas y cada una de las piezas. Todos estos textos forman parte de un compendio que se erige como necesario, un viaje justificado, como parte de un camino que hay que atravesar para continuar la senda que uno debe seguir en la vida tras la pérdida de un ser querido, porque como el propio autor manifiesta en el prefacio, “Todo distinto pero más íntimo, para buscarse a uno mismo. La vida es una búsqueda infinita” (p.11). La poesía es comunicación, una forma particular de narrar en verso los más claros vestigios del interior, y para comunicar algo a los demás es preciso comunicarnos previamente con nuestro interior, algo que el autor deja claro en estas líneas: “Creo que debo dejar en el mundo mi pequeña huella y que si faltara entre los seres humanos la comunicación más valdría dejar de existir. Al menos, tengo la tranquilidad de que, con estas líneas, me estoy comunicando conmigo mismo” (p.12). Con esta declaración de intenciones comienza este particular viaje por un paisaje que nos llevará hasta el sentir más profundo de su autor en esta continua búsqueda por la vida. La llegada, esa vista desde lo lejos en la que se vislumbra La ermita del pueblo, estandarte solemne y cuidador del área que le rodea, la blancura de sus paredes rodeadas de cipreses, cual manantial desde el que fluyen los más profundos sentimientos del pueblo le trae el primero de los recuerdos sobre su padre: “(...)Venero cuyas aguas se convierten en cipreses, en casas, en gentes, y toda esta corriente de historia va ladera abajo sembrando esperanzas y recuerdos (...)”(p.16). Es esa blancura de la ermita comparable a la de una fría lápida de cementerio, la que se convierte en un referente para el entorno, una proyección, al igual que para él lo es la figura paterna. Los caminos de la búsqueda han derivado en el pueblo que vió nacer a su padre y en el que él encuentra esos recuerdos que le hacen recobrar la paz 162 que venía buscando y la evocación del sentir, más que de pensar, con el referente de la pureza y la tranquilidad que deriva del ambiente más próximo. “ (...)Todos los caminos son ya uno solo.”(p.15). Son constantes también las alusiones al origen morisco del pueblo, como seña de identidad, ya que a pesar de que fue conquistado por los cristianos no se olvida que una vez fue musulmán, es una forma de aludir a sus propios orígenes, a los de su padre y que mejor que hacerlo en el entorno que más le recuerda a él. La ermita, el barranco, la peña, la virgen, todos aquellos elementos que dan sentido al pueblo y a su gente, de la que forma parte Juan Reig: “(...) eterna visión, como las fuentes, como las miradas del sol entre los árboles, como Tú y Él que ya sois eternos, ¿no?”(pp.17-18). Tú y Él, el pueblo y su padre, su padre y el pueblo, los dos hilos conductores de estos textos que se nos presentan y a través de los cuales el autor ha emprendido esa búsqueda de la que nos hablaba anteriormente. Pareciese que lo que busca es encontrar a su padre en las calles de Beniarrés, porque solo encontrando a su padre, sintiéndolo nuevamente como si estuviese vivo, es que puede encontrarse a si mismo. Además lo que también busca el autor es proyectarse en el entorno que más le recuerda a su padre, como una forma de parecerse a él y es a través de la Peña de Benicadell, como manifiesta este sentimiento: “(...)Tu cabeza está ligeramente inclinada hacia delante, otórgame poder y grandeza para crecerme y lograr besarte el rostro(...)”(p.21). El libro comienza como una aventura incierta, desconocida, a la que acude sin plantearse previamente el fin que quiere conseguir o al menos es lo que se denota en sus palabras, pero poco a poco a través de los poemas, es el propio autor el que va descubriendo cuál es el objetivo de esta visita. Descubre que su búsqueda no es más que una justificación personal, necesita encontrar la paz y el sosiego tras el llanto y la tristeza y es el entorno natural que tiene delante el que se lo aporta. 163 “(...)¿Sabes a qué he venido a Beniarrés? Me costó algo advertirlo: a sentir, he venido a sentir, a sentirte (...)” (p.29). Superar la muerte de un ser querido es un proceso natural que todo ser humano debe pasar y que cada uno supera de la mejor forma posible, en este caso para el autor, cuya raíz comunicadora está innata en el texto es solo comunicando como consigue encauzar el difícil trance de superar el fallecimiento de su padre, aún sabiendo que tras ese proceso nada volverá a ser lo mismo. La superación, o lo que el autor lleva a cabo en su visita a Beniarrés, es un proceso de conciliación, está en el lugar que más le recuerda a su padre, para de este modo tratar de cerrar la herida que su muerte ha dejado abierta y de este modo seguir adelante con la vida. A través del poema La campana, nos muestra este sentimiento: “(...)Solo tu voz de perdido paraíso que ahora me aporta otro edén en forma de sosiego añoranza. Solo tu voz que ya es bastante y me apacigua y reconforta contra su fatal significado.” (p.23). El tema central de libro y el argumento de todos los poemas circula en la misma línea que ya hemos marcado anteriormente, pero hay tres elementos que son vitales en las líneas que nos muestra el autor: son la música, las palabras y la poesía. La música en uno de los poemas se compara con Dios, le otorga ese carácter divino y mediador que todo ser humano necesita para conseguir la paz interior, es una especie de refugio que en definitiva es lo que el autor busca a través de este viaje. Por otro lado está la poesía, elemento comunicador a través del cual se dirige a todos y en definitiva a nadie, la utiliza como forma de expresión. Y por último esta la palabra, la comunicación, que a su vez, también está presenten en los dos elementos anteriores, porque como ya se ha dicho anteriormente “que si faltara entre los seres humanos la comunicación más valdría dejar de existir” (p.12).. Hay un poema, La casa, del que podemos extraer la idea de refugio, como lugar desde el que sintiéndose protegido proyectarse al mundo: “(...)Qué lugar para encerrarse cualquier día para que nadie sepa de uno o quien lo desee te vea y te escuche 164 a través del esplendor de la casa revivida, o de unas palabras escritas en un periódico, o de una música que escape desde sus ventanas, o de unos poemas mejores que éstos.” (p.27). Los poemas están escritos en un tono tranquilo, con la plenitud que el entorno le aporta al autor en ese camino en el que como el mismo dice se auto-reencuentra a sí mismo: “(...)¿qué anhelo demostrar, qué anhelo demostrarte, a quién tal vez a ti, papá, y por qué escribo <<prácticamente>>? Para no morir del todo. Esos <<casi>>, esos <<prácticamente>>, me hacen sentir, Me empujan a sentarme, a escribir, me son útiles Aunque a nadie (o casi nadie) les sirvan para algo(...)”(p.33). En El regreso, la penúltima estación de este viaje que se empezó en Beniarrés y que terminó en sus paisajes nos transmite un tono de madurez al que el autor ha conseguido llegar, ha conseguido profundizar en un aspecto de su vida, a través de estas letras ha expresado lo que sentía y de algún modo ha conseguido liberarse, para mostrarse a los demás, pero sobre todo para conocerse a sí mismo. Había experimentado tras la muerte de su padre un estado anímico desconocido y con este viaje ha recobrado esa paz que había en la presencia efímera de su padre a través de Beniarrés. Los poemas son solo la materialización de lo que ha vivido y sentido en estos días, aunque lo que realmente ha llenado al autor son las vivencias, los sentimientos: “(...)Lo que conmigo llevo solo son letras y papeles, signos de tinta que nada encierran ni transmiten”.(p.46). Regreso al manantial de los cipreses es una obra necesaria para el autor, más que una meta es un camino, un trance ineludible. Carlos Bousoño definía la expresión poética como la “transmisión puramente verbal de una compleja realidad anímica88”, y es prácticamente lo que podemos observar en estos poemas de Reig, en los que ha materializado verbalmente su situación anímica para pasar de un estado de confusión a una plenitud sosegada. Beniarrés ha sido el nexo que le ha conectado nuevamente con su padre, aún habiendo pasado diez años de su fallecimiento, y es 88 Bousoño, Carlos: Teoría de la expresión poética. Volumen II. Gredos, 1976. 165 que el autor necesitaba conectarse con él para poder seguir su búsqueda personal, uno debe conocerse a sí mismo para poder conocer a los demás y del mismo modo, debe comunicarse consigo mismo, para poder comunicar a los demás. En definitiva este poemario no es más que un ejercicio de comunicación plena, en el que el autor consigo el objetivo de comunicarse a sí mismo y es por ello, que puede presentar estos poemas a los demás, si él no hubiese conseguido reencontrase a si mismo en Beniarrés no tendría sentido las palabras que en esta obra leemos, pues no serían más que lo que el mismo ha expuesto “signos de tinta que nada encierran ni transmiten”(p.46). El fin de todo acto comunicativo es llegar al receptor y que este lo comprenda y todo aquel que se acerque a las páginas de Regreso al manantial de los cipreses, aunque no haya vivido la difícil situación de la pérdida de un ser querido puede sentirse identificado y comprender el estado emocional del propio autor.