scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El concepto de habitus: “con Bourdieu y contra Bourdieu”

Capdevielle, Julieta

Abstract

Este texto analiza las fortalezas y límites explicativos del concepto de habitus en el estructuralismo genético de Pierre Bourdieu. Para lo que tomamos los aportes de diversos autores que han centrado su mirada en dicho concepto (Corcuff, 2005; Baranger, 2004; Costa, 2006). El artículo, de este modo, da cuenta de las distintas facetas del habitus en la teoría de Bourdieu. Con este concepto el autor busca superar la falsa dicotomía entre objetivismo y subjetivismo. La dimensión de lo colectivo que el habitus captura constituye asimismo otra de sus fortalezas explicativas, abordadas a lo largo del trabajo. A su vez, la potencialidad explicativa del habitus cobra fuerza cuando da cuenta del proceso de conformación y continuidad de las disposiciones de los agentes. Sin embargo la manera de plantear la relación entre las estructuras objetivas y el habitus, desdibuja el papel activo del agente para transformar sus propias disposiciones. De manera que el concepto de habitus se confirma como un punto de apoyo para explicar la continuidad de las disposiciones pero, al mismo tiempo, como un concepto insuficiente para captar el proceso de transformación de las distintas facetas de la singularidad.

Full text

Artículos • Julieta Capdevielle • 31 • EL CONCEPTO DE HABITUS: “CON BOURDIEU Y CONTRA BOURDIEU” THE CONCEPT OF HABITUS: “WITH BOURDIEU AND AGAINST BOURDIEU” Julieta Capdevielle Universidad de Córdoba, Argentina [email protected] Resumen: Este texto analiza las fortalezas y límites explicativos del concepto de habitus en el estructuralismo genético de Pierre Bourdieu. Para lo que tomamos los aportes de diversos autores que han centrado su mirada en dicho concepto (Corcuff, 2005; Baranger, 2004; Costa, 2006). El artículo, de este modo, da cuenta de las distintas facetas del habitus en la teoría de Bourdieu. Con este concepto el autor busca superar la falsa dicotomía entre objetivismo y subjetivismo. La dimensión de lo colectivo que el habitus captura constituye asimismo otra de sus fortalezas explicativas, abordadas a lo largo del trabajo. A su vez, la potencialidad explicativa del habitus cobra fuerza cuando da cuenta del proceso de conformación y continuidad de las disposiciones de los agentes. Sin embargo la manera de plantear la relación entre las estructuras objetivas y el habitus, desdibuja el papel activo del agente para transformar sus propias disposiciones. De manera que el concepto de habitus se confirma como un punto de apoyo para explicar la continuidad de las disposiciones pero, al mismo tiempo, como un concepto insuficiente para captar el proceso de transformación de las distintas facetas de la singularidad. Palabras claves: estructuralismo constructivista, habitus, disposiciones sociales, representación simbólica, capital social global, conocimiento por el cuerpo, teoría de la acción bordiessiana, autosocioanálisis, contraadiestramiento, el inconsciente social. Abstract: This article analyzes the strengths and limits that explain the concept of habitus in Pierre Bourdieu’s genetic structuralism. To do so, we include the contributions of several authors who have focused their work on such concept (Corcuff, 2005; Baranger, 2004; Costa, 2006). In this way, the article goes through the different aspects of habitus in Bourdieu’s theory. With this concept the author seeks to overcome the false dichotomy between objectivism and subjectivism. The dimension of collective action implied by habitus is, in itself, another of its strengths, addressed throughout the work. In turn, the explanatory potential of habitus is reinforced by its clarification of the process of formation and continuation of the provisions of the agents. However, the way in which it explains the relation between objective structures and the habitus blurs the active role of the agent in the transformation of its own dispositions. In summary, this article analyzes how the concept of habitus may appear as a fulcrum to explain the continuity of the provisions, but at the same time, the concept is insufficient to duly explain the process of transformation of the different facets of singularity. Key Words: constructivist structuralism, habitus, early experiences, social dispositions, symbolic representation, global social capital,theory of bordessian action, social uncounciousness. Enviado: 21-02-2011, Aceptado: 28-11-2011 • Anduli • Nº 10 - 2011 • 31-45 • ISSN 16960270 Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 10 - 2011 • 32 • 1. El estructuralismo constructivista y la doble existencia de lo social El estructuralismo genético de Pierre Bourdieu parte de una doble ontología de lo social. El poder es constitutivo de la sociedad y, ontológicamente, existe en las cosas y en los cuerpos, en los campos y en los habitus, en las instituciones y en los cerebros. Por lo tanto, el poder existe físicamente, objetivamente, pero también simbólicamente. Esta doble existencia de lo social impone a la sociología como ciencia crítica una lectura bidimensional de lo social en donde se analice el “sistema” de relaciones de poder y relaciones de significado entre grupos y clases. La lectura que Bourdieu denomina como el objetivismo provisorio o “objetividad del primer orden” trata la sociedad a la manera de una física social: como una estructura objetiva, captada desde afuera cuyas articulaciones pueden ser materialmente observadas, mesuradas y cartografiadas independientemente de las representaciones que se hagan aquellos que en ella viven (Bourdieu y Wacquant, 2008:31). En esta primera aproximación el investigador deja de lado las representaciones mundanas1 para reconstruir el espacio de posiciones, ocupadas según la distribución de recursos socialmente eficientes que definen las tensiones externas que se apoyan en las interacciones y representaciones. Recursos o poderes que en la perspectiva teórica de Bourdieu se denominan capitales2: el capital económico, bajo sus diferentes formas, capital cultural3, y también el capital simbólico -formas que revisten las diferentes especies de capital cuando son percibidas y reconocidas como legítimas-. Así los agentes son distribuidos en el espacio social global, según el volumen del capital, la estructura del capital y la evolución en el tiempo de estas dos propiedades4. Las diferencias primarias distinguen las grandes clases de condiciones de existencia, encuentran su principio en el volumen global del capital como conjunto de recursos y poderes, efectivamente utilizables. Las diferencias secundarias que, dentro de cada una de las clases definidas por el volumen global de su capital, separan distin- 1 Por representaciones mundanas Bourdieu se refiere a las prenociones, <<representaciones esquemáticas y sumarias>> que se <<forman por la práctica y para ella>> y que reciben su evidencia y autoridad de las funciones sociales que cumplen (Bourdieu et al., 2008:32). 2 Bourdieu define al capital como aquello que es eficaz en un campo determinado, tanto a modo de arma como de asunto en juego en la contienda, que permite a sus poseedores disponer de un poder, una influencia, y por tanto existir en el campo en consideración (Bourdieu y Wacquant, 2008:136). 3 En la teoría de Bourdieu el capital cultural se presenta en tres estados: incorporado, objetivado e institucionalizado. El capital cultural en estado incorporado está ligado al cuerpo y supone su incorporación; en estado objetivado el capital cultural es transmisible en su materialidad en soportes tales como escritos, pinturas, monumentos, etc.; por último, encontramos el capital cultural en estado institucionalizado, la objetivación del capital cultural bajo la forma de títulos es una de las maneras de neutralizar ciertas propiedades que debe al hecho de que, estando incorporado, tiene los mismos límites biológicos que su soporte (Bourdieu, 2007c:195-202). 4 En el apartado: Habitus de clase retomaremos con mayor profundidad el espacio social y las clases sociales, elementos centrales en la perspectiva sociológica de Pierre Bourdieu. Artículos • Julieta Capdevielle • 33 • tas fracciones de clases, definidas por una estructuras patrimoniales diferentes5, es decir, por unas formas diferentes de distribución global entre las distintas especies de capital. Pero si bien la sociedad tiene una estructura objetiva, también se compone, de modo decisivo de “representaciones y de voluntad”. Para lo cual se hace necesario reintroducir la experiencia inmediata y vívida de los agentes con el fin de explicar las categorías de percepción y apreciación (disposiciones) que estructuran su acción desde el interior (Bourdieu y Wacquant, 2008:35). Este segundo momento del análisis es lo que denomina el momento subjetivista. La teoría más resueltamente objetivista debe integrar la representación que los agentes se hacen del mundo social y, más precisamente, su contribución de la visión de ese mundo y, por lo tanto, a la construcción de ese mundo por medio del trabajo de representación (en todos los sentidos del término) que efectúan sin cesar para imponer su propia visión del mundo o la visión de su propia posición en ese mundo, de su identidad social (Bourdieu, 1990: 287). Tanto el objetivismo como el subjetivismo6 constituyen desde la perspectiva de Bourdieu formas de conocimiento parciales: el subjetivismo inclina a reducir las estructuras a las interacciones, el objetivismo tiende a deducir las acciones y las interacciones a la estructura (Bourdieu, 2007b:132). Los dos momentos, objetivista y subjetivista, están en una relación dialéctica por lo que se hace necesario superar la falsa dicotomía que los separa. Esta articulación dialéctica del momento objetivista y subjetivista dio lugar a que Bourdieu catalogara su teoría con el nombre de “estructuralismo genético” o “estructuralismo constructivita”. Por estructuralismo o estructuralista, quiero decir que existen en el mundo social, y no solamente en los sistemas simbólicos, lenguaje, mito, etc, estructuras objetivas, independientemente de la conciencia y de la voluntad de los agentes, que son capaces de orientar o de coaccionar sus prácticas o sus representaciones. Por constructivismo, quiero decir que hay una génesis social de una parte de los esquemas de percepción, pensamiento y de acción que son constitutivos de lo que llamo habitus, y por otra parte estructuras, y en particular de lo que llamo campos y grupos, especialmente de lo que se llama generalmente clases sociales (Bourdieu, 2007b:127). Se desprende de esta cita, la gran importancia otorgada por Bourdieu a la historia7 como factor explicativo de los fenómenos sociales. Es así que los conceptos centrales de su teoría –campo, habitus y capital– y la realidad que ellos capturan son el 5 En las sociedades capitalistas el capital económico y el cultural constituirían los principios fundamentales de estructuración del espacio social, mientras que el capital social y el simbólicos serían más bien principios de rentabilidad adicional de los otros dos (Gutiérrez, 2007:18). 6 Para Bourdieu la perspectiva objetivista y subjetivista tienen en común ser modos de conocimiento teórico (Savant), es decir, modos de conocimiento de sujetos de conocimiento que analizan una problemática social determinada, igualmente opuestos al modo de conocimiento práctico , que es aquel que tienen los individuos analizados los agentes sociales que producen su práctica- y que constituyen el origen de la experiencia sobre el mundo social (Gutiérrez, 2006: 13). 7 Es desde esta mirada que Bourdieu se opone a la división entre sociología e historia: toda sociología debería ser histórica y toda historia sociológica (Bourdieu y Wacquant, 2008: 125). Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 10 - 2011 • 34 • producto de una construcción histórica. Podríamos decir que para la teoría de Bourdieu no hay nada que escape al devenir de la historia. 2. La hipótesis bourdieussiana: la correspondencia entre estructuras sociales y mentales Como analizamos en el apartado anterior para la teoría sociológica de Bourdieu el mundo social no sólo se compone de estructuras objetivas sino también de representaciones, percepciones y visiones. Los sistemas simbólicos contribuyen a construir el mundo, a dotarlo de sentido para quienes viven en él, cobra importancia preguntarnos ¿Cómo se producen estos esquemas? La respuesta a este interrogante se basa en una de las hipótesis fundamentales de la teoría bourdieussiana: la correspondencia entre las estructuras sociales y las estructuras mentales, entre las divisiones objetivas del mundo social –particularmente en dominantes y dominados en los diversos campos- y los principios de visión y división que los agentes aplican (Bourdieu y Wacquant, 2008:36). Es decir, que las categorías de percepción del mundo social son, en lo esencial, el producto de la incorporación de las estructuras objetivas del espacio social. Sin duda los agentes tienen una captación activa del mundo. Sin duda construyen su visión del mundo. Pero esta construcción opera bajo coacciones estructurales (Bourdieu, 2007b:133). Esta correspondencia entre las estructuras sociales y mentales, tiene su punto de asidero en lo más profundo del cuerpo, donde se interiorizan los esquemas del habitus8. Este conjunto de disposiciones duraderas y transportables es conformado por la exposición a determinadas condiciones sociales que llevan a los individuos a internalizar las necesidades del entorno social existente, inscribiendo dentro del organismo la inercia y las tensiones externas. De ello se desprende que el habitus, como lo social incorporado, también está constituido por las relaciones de poder hechas cuerpos. La incorporación de las jerarquías sociales por medio de los esquemas del habitus, inclinan a los agentes, incluso a los más desventajados, a percibir el mundo como evidente y a aceptarlo como natural, más que a rebelarse contra él, a oponerle mundos posibles, diferentes, y aun, antagonistas: el sentido de la posición como sentido de lo que uno puede, o no, “permitirse” implica una aceptación tácita de la propia posición, un sentido de los límites o, lo que viene a ser lo mismo, un sentido de las distancias que se deben marcar o mantener, respetar o hacer respetar (Bourdieu, 1990: 289). 8 Bourdieu define al habitus como el sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente <<reguladas>> y <<regulares>> sin ser el producto de la obediencia a reglas, y, a la vez que todo esto, colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta (Bourdieu, 1991:92). Artículos • Julieta Capdevielle • 35 • 3. El habitus y la continuidad en la experiencia En este apartado nos centraremos un poco más en el concepto de habitus en tanto internalización de las oportunidades objetivas y disposición duradera. Retomando brevemente lo que expusimos hasta el momento podemos afirmar parafraseando al propio Bourdieu que la intención más constante, y, más importante de su trabajo ha sido superar la falsa oposición entre objetivismo y subjetivismo. El habitus, es en trabazón con el espacio social, no es algo, un conjunto de propiedades que tienen los agentes, como una serie de características con valor en sí, sino un nudo de relaciones en un campo específico, desde donde toma sentido las propiedades que pueden escogerse para construir un análisis. (…) La articulación sistemática del habitus con las nociones de espacio social, campo y capital, vincula relaciones y disposiciones, e invita a pensar de nuevo modo la relación social (Martinez, 2007: 333-334). El uso del concepto de habitus y el énfasis en su carácter disposicional busca explicar y comprender la vinculación entre las estructuras sociales y las prácticas de los agentes. 3.1 Génesis del habitus: el peso de las primeras experiencias El habitus como sistema de disposiciones constituye una estructura que integra “todas las experiencias pasadas” y “funciona en cada momento como una matriz de percepciones, de apreciaciones y de acciones”. De este modo, hablar de habitus implica, sin lugar a dudas, tener en cuenta la historicidad de los agentes. Las prácticas que engendra el habitus están comandadas por las condiciones pasadas de su principio generador. Pero a su vez, el habitus preforma las prácticas futuras, orientándolas a la reproducción de una misma estructura. Existe, de esta manera, en el habitus una tendencia a perpetuarse según su determinación interna, su conatus, afirmando su autonomía en relación a la situación, es una tendencia a perpetuar una identidad que es diferencia (Bourdieu, 1989: s/n). Es decir, que el habitus como sistema de disposiciones a ser y hacer es una potencialidad, un deseo de ser que, en cierto modo, trata de crear las condiciones de su realización. La continuidad de la experiencia está dada, en parte, por el peso desmesurado que tienen las primeras experiencias en las anticipaciones futuras del habitus. De esta manera, las primeras experiencias9 condicionan y/o estructuran las siguientes. El habitus como lo social encarnado, tiene una irreversibilidad relativa: todos los estímulos externos y experiencias condicionantes son percibidos en cada momento a través de categorías ya construidas por experiencias previas. De ello se sigue una inevitable prioridad de las experiencias originarias y una clausura relativa del sistema de disposiciones que constituye el habitus (Bourdieu y Wacquant, 2008:174). De esta manera se explica que el habitus produzca prácticas, individuales y colectivas, conforme a los principios engendrados por la historia; asegurando la presencia activa de la experiencia pasada. El habitus tiene entonces una tendencia a la reiteración de la misma manera de actuar, en la medida en que tiende a reproducir las 9 Philippe Corcuff (2005a) se refiere con el nombre de habitus primario a estas primeras experiencias- y designa con el concepto de habitus secundario al resto de nuestras experiencia de la vida adulta. Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 10 - 2011 • 36 • regularidades inmanentes a las condiciones objetivas de la producción de su principio generador. 3.2 El habitus: lo social hecho cuerpo Como analizamos con anterioridad desde la perspectiva de Pierre Bourdieu la correspondencia entre las estructuras sociales y mentales, tiene su punto de asidero en lo más profundo del cuerpo, donde se interiorizan los esquemas del habitus. Es decir, que el cuerpo en la teoría de Bourdieu es un cuerpo sociabilizado, un cuerpo estructurado, un cuerpo que se ha incorporado a las estructuras inmanentes de un mundo. El cuerpo es, de este modo, condicionado por el mundo, modelado por las condiciones materiales y culturales de existencia en las que está colocado desde el origen. El punto de partida para pensar esta in-corporación del habitus es el individuo biológico. El cuerpo individual es el lugar del habitus, pero teniendo en cuenta que se trata siempre de cuerpos “socializados” se puede decir que hay un segundo punto de partida, inseparable del primero: las instituciones. La historia hecha naturaleza es historia hecha cuerpo por la educación. Es importante aclarar que la mayor parte de esta transmisión se hace “en estado práctico”, es decir sin enunciación, sin explicitación, sin acceder al nivel discursivo. Esta inexplicitación de las prácticas es un aspecto esencial que va a dar su forma particular a la lógica subyacente. Aprehender (saisir) no es aquí comprender, sino in-corporar, tomar en la mano, introducir en el cuerpo. Este conocimiento por el cuerpo garantiza una comprensión práctica del mundo absolutamente diferente del acto intencional de desciframiento consciente (Bourdieu 1999c: 180). Lo que se aprende por el cuerpo no es algo que se posee, como un saber que uno pueda mantener delante de sí, sino algo que se es (Bourdieu, 1991:125). Es así que, la hexis corporal hace visible un porte determinado, una manera específica de hablar, de caminar, y por eso de sentir y de pensar; en síntesis de ser. El tiempo juega un papel importante en esta in-corporación a través de experiencias acumuladas y con ello en la conformación de las disposiciones del habitus. El ocupar una determinada posición en el espacio social es lo que habilita la conformación de determinadas disposiciones e inhabilita otras. Por otro lado, y como ya analizamos con anterioridad, el habitus como interiorización de la exterioridad, implica también la incorporación en los cuerpos de las relaciones de poder constitutivas de la sociedad. El ocultamiento del arbitrario cultural en el cuerpo lo pone fuera del alcance de la conciencia, y por eso fuera de las tentativas fáciles de transformación por un acto de voluntad. El arbitrario cultural está de este modo introducido en el cuerpo por una especie de pedagogía clandestina, sobre-entendida, implícita que valoriza las posturas, los gestos, los lugares. Esta inculcación produce una transustanciación de gestos y detalles que en sí mismos son neutros, en la expresión de una ética, una metafísica, y una política. El “respeto de las formas y las formas del respeto” se transforman en “la manifestación más visible y al mismo tiempo mejor oculta porque más “natural”, de la sumisión al orden establecido (Martinez, 2007:144). De este modo, existe una correlación muy estrecha entre las probabilidades objetivas científicamente construidas (por ejemplo, las oportunidades de acceso a tal o cual bien) y las esperanzas subjetivas (las <<motivaciones>> y las <<necesidades>>). Artículos • Julieta Capdevielle • 37 • Las prácticas más improbables se encuentran excluidas para los agentes sin examen alguno, a título de lo impensable, por esa especie de sumisión inmediata al orden que inclina a hacer de la necesidad virtud, es decir, a rehusar lo rehusado y querer lo inevitable (Bourdieu, 1991:94). Esto se explica desde la perspectiva teórica bourdieussiana por el hecho de que las disposiciones perfectamente inculcadas por las posibilidades e imposibilidades, libertades y necesidades, facilidades y prohibiciones -inscriptas en las condiciones objetivasengendran disposiciones compatibles con esas condiciones y, en cierto modo, preadaptadas a sus exigencias. 3.3 Habitus de clase De lo expuesto hasta aquí, se desprende que la noción de habitus le permite a Bourdieu conciliar los principios antitéticos de la estructura y de la acción, a la vez que superar los efectos de todas las otras oposiciones canónicas de la filosofía. Es en cada agente, y por lo tanto en estado individual, que existen disposiciones supraindividuales que son capaces de funcionar de manera orquestada y, si se quiere, colectiva. La noción de habitus permite dar cuenta de procesos sociales colectivos. Antes de continuar desarrollando el concepto el habitus de clase -forma incorporada de la condición de clasenos parece importante dar cuenta de la teoría de las clases sociales presente en la sociología de Bourdieu. En la construcción de su teoría de las clases sociales Bourdieu realiza una serie de rupturas con la teoría marxista: En primer lugar, se distancia del marxismo por su tendencia a privilegiar las sustancias en detrimento de las relaciones10. En segundo lugar, la teoría de las clases bourdieussiana critica la reducción marxista del concepto de capital a lo estrictamente económico. En la sociología de Pierre Bourdieu el control diferencial de recursos críticos –capitalesconstituye el principio de definición de posiciones e intereses antagónicos desde donde se hacen comprensibles y explicables las prácticas. Recursos que desde la perspectiva sociológica de Bourdieu no se reducen a lo económico, sino que son los que en cada sociedad y en diferentes momentos históricos de la misma sean constituidos como tales por el hecho de reunir dos características fundamentales: ser escasos y, al mismo tiempo, valiosos. En la medida en que un recurso escaso sea objeto de interés por parte de diversos actores, el control diferenciado del mismo (por propiedad, posesión o administración) dará lugar a que algunos se encuentren en posición de imponer condiciones a quienes quieran acceder a él y ello implica la instalación de las relaciones básicas de dominación identificadas por Marx desde la propiedad de los medios de producción (Costa, 2006:169-170). Por último, en la teoría de las clases sociales bourdieussiana encontramos: la ruptura con el objetivismo marxista que lleva a ignorar las luchas simbólicas, y que disputa la representación misma del mundo social. De esta manera, una clase social no sólo posee propiedades ligadas a relaciones objetivas que mantiene con las demás clases, sino también, posee propiedades ligadas a relaciones simbólicas. Se trata de distinciones significantes, que tienden a reduplicar simbólicamente las diferencias de clases. 10 Para Bourdieu la tendencia a privilegiar las sustancias en detrimento de las relaciones en la teoría marxista lleva a confundir la clase teórica, construida científicamente, como una clase real, un grupo efectivamente movilizado (Bourdieu, 1990: 281). Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 10 - 2011 • 38 • Bourdieu propone la construcción de un espacio social como una estructura de posiciones diferenciadas, en donde las clases sociales no se definen por una propiedad ni por la suma de las propiedades (propiedades de sexo, de edad, de origen social o étnico) sino por la estructura de la relaciones entre todas las propiedades pertinentes, que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas. Es decir que, las clases sociales son construidas en la teoría de Bourdieu como el conjunto de agentes que ocupan posiciones semejantes y que, situados en condicionamientos semejantes y sometidos a condicionamientos semejantes, tienen todas las probabilidades de tener disposiciones e intereses semejantes y de producir, por lo tanto, prácticas y tomas de posiciones semejantes (Bourdieu, 1990:284). Es en este contexto donde cobra sentido explicar el concepto de habitus de clase en el estructuralismo genético de Pierre Bourdieu. En primer lugar, cabe remarcar que hay habitus de clase, puesto que hay clase(s) de condiciones de existencia y condicionamientos idénticos o semejantes. La existencia de condiciones y condicionamientos semejantes no implica decir que los agentes singulares sean intercambiables o iguales, lo que los asemeja es una relación de homología, donde cada sistema de disposiciones individuales es una variante estructural de los otros, pero una verdadera variante, que se define por la trayectoria individual –en tanto dimensión histórica de los habitus singulares. Es decir, que en cada individuo socializado hay algo de colectivo, por lo tanto propiedades válidas para toda una clase de agentes, que la estadística puede demostrar. 4. Las posibilidades de transformación del habitus Hasta el momento nos hemos focalizado en la dimensión de durabilidad y permanencia de las disposiciones del habitus (apartados: 3, 3.1, 3.2) mientras que en esta sección abordaremos las posibilidades de cambio de las estructuras que conforman el habitus bourdieussiano. 4.1 El habitus en su dimensión de innovación y agenciamiento En varias ocasiones Bourdieu rechaza de manera expresa el modelo determinista que se le atribuye, a partir, fundamentalmente, de la interpretación del habitus como mero mecanismo de reproducción de las condiciones de las cuales él mismo es producto. “Esta clase de modelos circulares y mecánicos son precisamente lo que busca destruir el habitus” (Bourdieu y Wacquant, 2008:177). Es así como Bourdieu responde a este tipo de críticas enfatizando el carácter activo y generador del habitus, aunque dentro de los límites que le imponen las condiciones objetivas que lo han generado. La capacidad generativa del habitus funciona siempre en los límites que impone la posición ocupada en el espacio social, posición que fija límites y al mismo tiempo abre posibilidades. Los agentes sociales determinarán activamente, sobre la base de categorías de percepción y apreciación social e históricamente constituida, la situación que los determina. Se podría decir incluso que los agentes sociales son determinados sólo en la medida en que se determinan a sí mismos. Pero las categorías de percepción y apreciación que proporciona el principio de esta (auto) determinación están Artículos • Julieta Capdevielle • 39 • a su vez ampliamente determinadas por las condiciones sociales y económicas de su constitución (Bourdieu y Wacquant, 2008:177). Las disposiciones internas, interiorización de la exterioridad, permiten a las fuerzas exteriores ejercerse, pero según la lógica específica de los organismos en los que están incorporadas; es decir, de manera duradera, sistemática y no mecánica. 4.2 El habitus: como sentido del juego social La dimensión dinámica del habitus queda establecida con la metáfora del juego social. En la perspectiva de Bourdieu los <<sujetos>> son agentes actuantes y cognoscentes dotados de un sentido práctico. Las prácticas son el producto del aprendizaje del juego social; que le permite saber al agente lo que hay que hacer en una situación determinada –lo que en el deporte se llama el sentido del juego-, arte de anticipar el desarrollo futuro del juego. La noción de estrategia en la teoría de Bourdieu cobra relevancia en tanto es el producto del sentido práctico como sentido del juego incorporado por los agentes. Un juego social particular, históricamente definido, que se adquiere desde la infancia al participar en las actividades sociales. El buen jugador, dice Bourdieu, es en cierto modo el juego hecho hombre, hace en cada instante lo que hay que hacer, lo que demanda y exige el juego. El sentido del juego no es infalible; está desigualmente repartido en una sociedad como en un equipo. (…) Pero esta libertad de invención, de improvisación, que permite producir la infinidad de jugada hechas posibles por el juego (como el ajedrez) tiene los mismos límites que el juego. Las estrategias adaptadas tratándose de jugar al juego (Bourdieu, 2007a:70). Desde la noción de estrategia y habitus Bourdieu critica la concepción de sujeto de la teoría de la acción racional. Ésta no reconoce nada salvo “respuestas racionales” a oportunidades potenciales o realidades de un agente que es tan indeterminado como intercambiable. Para Pierre Bourdieu la teoría de la acción racional peca al ignorar tanto los condicionamientos sociales como la historia individual y colectiva de los agentes. Tomando distancia de esta postura Bourdieu propone una teoría de la acción (con la noción de habitus) donde la mayor parte de las acciones humanas tienen como principio algo absolutamente distinto de la intención, es decir, disposiciones adquiridas que hacen que la acción pueda y tenga que ser interpretada como orientada hacia tal o cual fin sin que pueda plantear por ello que como principio tenía el propósito consciente de ese fin. (Bourdieu, 1999a: 166). Es decir que, el habitus en la teoría de Bourdieu no deja de ser prereflexivo, lo que hace que el agente no se comporte como el sujeto calculador de la economía. En este punto Bourdieu se apoya en la idea husserliana de protesión. El habitus produce anticipaciones razonables (y no previsiones racionales). En síntesis, el habitus es esa suerte de sentido práctico de lo que debe hacerse en una situación dada. 4.3 Transformaciones del habitus: autosocioanálisis provocado y acompañado En la teoría de Bourdieu el habitus puede ser transformado no sólo por los efectos de ciertas trayectorias sociales, sino también por el autosocioanálisis provocado y acompañado. El autosocioanálisis se caracteriza por un despertar de la conciencia y una forma de “autotrabajo” que permite al individuo manipular sus disposiciones. La posibilidad y eficacia de esta clase de autosocioanálisis está determinada en parte por las condiciones objetivas bajo las cuales el despertar de la autoconciencia tiene lugar (Bourdieu y Wacquant, 2008:174).