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Contribución de los huertos urbanos a la salud. Ana Isabel Mejías Moreno

Mejías Moreno, Ana Isabel

Abstract

The inclusion of urban agriculture in cities is presented as a potential tool to for the promotion of healthy and sustainable urban environments which can be especially beneficial for vulnerable groups. The aim of this study is to analyze the health effects experienced by people over 65 years engaged in a network of gardens already established in Barcelona. An exploratory descriptive design was conducted, by semi-structured interviews with six gardeners from Barcelona to discuss their perceptions regarding how their participation in the urban gardens influenced their health. Gardeners said they had perceived an increase in physical activity, quality (but not quantity) of the vegetables they consume and in social relationships, and benefits to their psychological well-being. The inclusion of vegetable gardens in cities seems to provide numerous benefits, such us promoting healthy environments and lifestyles and increasing urban sustainability, so it is proposed as a possible strategy to address multiple problems in a cross-cutting manner.

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Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 85 * Hospital de Igualada (Barcelona). Summary The inclusion of urban agriculture in cities is presented as a potential tool to for the promotion of healthy and sustainable urban environments which can be especially beneficial for vulnerable groups. The aim of this study is to analyze the health effects experienced by people over 65 years engaged in a network of gardens already established in Barcelona. An exploratory descriptive design was conducted, by semi-structured interviews with six gardeners from Barcelona to discuss their perceptions regarding how their participation in the urban gardens influenced their health. Gardeners said they had perceived an increase in physical activity, quality (but not quantity) of the vegetables they consume and in social relationships, and benefits to their psychological well-being. The inclusion of vegetable gardens in cities seems to provide numerous benefits, such us promoting healthy environments and lifestyles and increasing urban sustainability, so it is proposed as a possible strategy to address multiple problems in a cross-cutting manner. Key words Urban agriculture, Urban gardens, Health, Urban sustainability, Lifestyles. Resumen La inclusión de espacios para la agricultura en las ciudades se presenta como una potencial herramienta de promoción de entornos urbanos saludables y sostenibles, pudiendo ser especialmente beneficiosa para colectivos vulnerables. El objetivo de este estudio es analizar los efectos percibidos sobre la salud por personas mayores de 65 años que participan en una red de huertos ya instaurada en Barcelona. Se llevó a cabo un diseño exploratorio-descriptivo, realizando entrevistas semiestructuradas a seis hortelanos de Barcelona para analizar sus percepciones acerca de la influencia de la participación en los huertos sobre su salud. Los hortelanos manifestaron haber percibido un incremento en su actividad física, en la calidad (aunque no en la cantidad) de las verduras que consumen y en sus relaciones sociales, y beneficios en su bienestar psicológico. Las diferentes aportaciones de los huertos urbanos observadas en este estudio y en investigaciones anteriores sugieren que destinar espacio para la agricultura en las ciudades podría contribuir a fomentar entornos y estilos de vida saludables y una mayor sostenibilidad urbana, por lo que se plantea como una posible estrategia para abordar múltiples problemas de forma transversal. Palabras clave Agricultura urbana, Huertos urbanos, Salud, Sostenibilidad urbana, Estilos de vida. Contribución de los huertos urbanos a la salud Contribution of urban vegetable gardens to health Ana Isabel Mejías Moreno* Fecha de recepción: 30-VIII-2013 – Fecha de aceptación: 21-I-2014 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013, pp. 85-103. Introducción El número de habitantes en entornos urbanos actualmente es de algo más de 3.500 millones de personas, es decir, un 52% de la población mundial, cifra que se eleva al 77% de la población si hablamos de países occidentales. Las Naciones Unidas en sus proyecciones prevén que en el Ana Isabel Mejías Moreno 86 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 año 2030 el 60% de la población mundial vivirá en ciudades, y el 67% en el 2050 (lo que para entonces estiman que supondrá más de 6.000 millones de habitantes) (Naciones Unidas, 2009). Los diferentes modelos existentes sobre los determinantes de salud contemplan el entorno como un importante factor a tener en cuenta (Evans, Barer y Marmor, 1996). Considerando que la ciudad es el principal entorno en el que se desarrolla la vida de gran parte de la población y que, como ya se ha visto, es posible que cada vez acoja a un mayor número de personas, parece conveniente estudiar cómo hacer de estos ecosistemas espacios saludables. McMichael (2000) señala tres posibles vías a través de las cuales el entorno urbano afecta a la salud humana. Estas serían, en primer lugar, los cambios sociales que conllevan las estructuras urbanas, con sus consiguientes cambios en los comportamientos (afectando a aspectos como la alimentación, actividad física, consumo de sustancias tóxicas, conducta sexual, etc.). En segundo lugar situaríamos el entorno físico, que hace referencia a aspectos de toxicidad y contaminación (de tierra, agua y aire) o al fenómeno de “islas de calor” (Galea y Vlahov, 2005) que tiene lugar en las ciudades. Por último, la tercera vía se refiere al impacto medioambiental a gran escala de las poblaciones urbanas, que supone una profunda alteración del equilibrio de los ecosistemas que posibilitan la vida y que puede implicar riesgos para la salud a largo plazo. La Carta de Ottawa de 1986 para la promoción de la salud establece entre los prerrequisitos de salud la existencia de un ecosistema estable. Se estima que las ciudades modernas consumen aproximadamente un 70% de los recursos que se consumen en el mundo generando, a su vez, la mayor parte de los desechos (Wackernagel y Rees, 1996). Si esta situación se mantiene en el tiempo no será posible la sostenibilidad de las estructuras urbanas tal y como las conocemos. Es por ello que es preciso aplicar medidas que modifiquen el diseño de las ciudades y el modo en que funcionan, favoreciendo la equidad social y la sostenibilidad medioambiental. Algunas medidas propuestas serían promover el uso del transporte público, el fomento de actividades de participación comunitaria o la inclusión a gran escala de vegetación en las ciudades, incorporando espacios para la horticultura. Este artículo aborda esta última medida: la inclusión de la agricultura en las ciudades como medio de promoción de entornos urbanos saludables. Aunque la investigación existente al respecto todavía es escasa, sí señala numerosos potenciales efectos positivos de la inclusión de huertos urbanos y espacios verdes en las ciudades, tales como: • Mejora de los hábitos nutricionales (Alaimo et al., 2008; Bellows, Brown y Smit, 2003). Acceso a verduras y frutas ecológicas (puesto que la mayoría de huertos municipales practican agricultura ecológica). • Incremento de la actividad física (Bellows et al., 2003, Van den Berg et al., 2010). • Fomento del bienestar psicológico, disminución del estrés y mejora de la percepción de salud (Largo-Wight, 2011; Maas et al., 2006; Pecurul, Cristóbal y Moscoso, 2006). • Desarrollo de redes sociales (Armstrong, 2000; Infantino, 2004. Contribución de los huertos urbanos a la salud Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 87 Ante los indicios de que los huertos urbanos puedan tener tantos y tan variados efectos positivos, resulta conveniente profundizar en la materia para alcanzar una mejor comprensión de cómo estos pequeños espacios pueden aportar beneficios a la salud de los ciudadanos. Marco teórico Definición de agricultura urbana y de los huertos urbanos La definición usualmente más aceptada de agricultura urbana (AU), desarrollada por Smit (1996) y posteriormente revisada por Mougeot (2000, p. 10), es la siguiente: La AU es una industria ubicada dentro (intra-urbana) o en la periferia (peri-urbana) de un pueblo, una ciudad o una metrópoli, que cultiva o cría, procesa y distribuye una diversidad de productos alimentarios y no alimentarios, (re)utilizando en gran medida recursos humanos y materiales, productos y servicios que se encuentran en y alrededor de dicha zona urbana, y a su vez provee de recursos humanos y materiales, productos y servicios en gran parte a esa misma zona urbana. Esta amplia definición abarca diferentes tipos de actividades: desde pequeños huertos en terrazas particulares hasta grandes granjas situadas en áreas periurbanas. Los huertos urbanos quedarían comprendidos también dentro de esta definición global de AU. Sin embargo, explicar con precisión el término “huerto urbano” es complicado, ya que el concepto varía sensiblemente de unos países a otros. Tal y como expone Groening (2005), el nombre con el que se denomina a estos jardines varía de un estado a otro, así como sus características normativas y legales. En España existe un vacío administrativo respecto a los huertos urbanos, de modo que desde un punto de vista urbanístico no tienen calificación propia (Puente Asuero, 2010). Esto supone que queda en manos de cada Ayuntamiento el calificarlos y regularlos en sus Planes de Ordenación Urbana. A pesar de esta indefinición legal, por lo general los huertos gestionados por las administraciones locales se conciben como “huertos de ocio” que se podrían definir de la siguiente manera: Los huertos de ocio son parcelas para el cultivo, en terrenos de la administración local, que mantiene la gestión de los mismos y en algunos casos establece los horarios de acceso y trabajo. Los huertos se adjudican durante un determinado periodo de tiempo a los participantes (3,5 años). Normalmente estas cesiones están asociadas a actividades previas de formación. Sus objetivos principales son la recuperación de espacios urbanos, la educación ambiental y la creación de espacios de socialización. En muchos casos están destinados a un segmento concreto de la población, como jubilados, desempleados, niños, o a personas en situación de exclusión social (Morán, 2009, p. 4). En los últimos años, este tipo de huertos está aumentando su número en diversas ciudades españolas como es el caso de Barcelona, Sevilla, Madrid, Burgos, etc. Los objetivos que impulsan el desarrollo de estas iniciativas no siempre son los mismos. El Ayuntamiento de Burgos, Ana Isabel Mejías Moreno 88 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 por ejemplo, lleva a cabo un programa de participación en Huertos de Ocio gestionado por el Área de Servicios Sociales, y señala la promoción del envejecimiento activo fomentando la autonomía personal y la prevención de la dependencia como su objetivo principal. Por su parte, es el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona la que gestiona su Red de Huertos Urbanos, haciendo hincapié en su importante valor medioambiental y social. Paralelamente a este tipo de iniciativas regladas por la ley, se desarrollan otros proyectos informales como son los huertos comunitarios autogestionados, que pueden implantarse en terrenos públicos o privados mediante ocupaciones o cesiones, de forma que por lo general se encuentran en una situación más expuesta que aquellos regulados por la legislación (Morán, 2009). Dentro de los diferentes tipos de huertos comunitarios, podemos encontrar los que son trabajados de forma colectiva, o los que se subdividen en parcelas individuales (Van den Berg et al., 2010) Coyuntura actual Un debate sobre los entornos físicos y sociales que influyen en la salud nos lleva inevitablemente a hablar de cuestiones de teoría económica, del orden económico internacional, de la sostenibilidad y de la supervivencia del planeta (Hancock, 2007, p. 7-8). Esta frase, formulada por Trevor Hancock en la Conferencia de Ottawa de 1986, insta a reflexionar sobre la idea de que la salud supone mucho más que los aspectos que habitualmente se relacionan con ella. Duhl afirma que “en realidad la salud implica a las escuelas, el empleo, el ambiente y todo” (Tibbetts, 2003, p. 402). Esta afirmación, a pesar de su aparente sencillez, tiene implicaciones que son muy difíciles de llevar a la práctica, ya que para ello sería preciso incorporar a la Salud Pública el principio de “salud en todas las políticas”. Esto se fundamenta en que las decisiones políticas que influyen de manera más significativa sobre la salud de las personas no son las relacionadas con los servicios o políticas sanitarias, sino en gran medida con las tomadas en otros ámbitos públicos y privados, políticos y civiles (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, 2011). En la actualidad podría decirse que las condiciones de vida en las ciudades occidentales han mejorado considerablemente con respecto a hace 150 años. La esperanza de vida ha aumentado, la mayoría de los habitantes tiene acceso a alimentos y a vivienda, los municipios promueven la salubridad, se ha incrementado la industria, los sistemas de comunicación se han revolucionado, etc. Sin embargo, estos avances también han traído consigo variados inconvenientes como son el gran incremento de otros problemas de salud (obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer, depresión, disgregación social); la contaminación de agua, aire y suelo; la pérdida de biodiversidad o problemas de desempleo (Duhl y Hancock, 1997). A la vez, la coyuntura actual de crisis financiera y económica plantea el riesgo de que la salud y otros aspectos sociales pierdan prioridad para los gobiernos, ante los problemas económicos más acuciantes, agravándose así la ya existente brecha entre ricos y pobres. Un efecto previsible es que “ante la urgencia de la crisis, se corre el riesgo de perder la atención a la intersectorialidad, a la salud en todas las políticas y a Contribución de los huertos urbanos a la salud Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 89 la prevención y los programas de largo plazo” (Dávila Quintana y González López-Valcárcel, 2009, p. 263). En estrecha relación con dichas crisis y también con previsibles implicaciones para la salud se encuentra la sobreexplotación de los recursos limitados del planeta. El modelo de ciudad occidental actual precisa un consumo muy elevado de recursos para mantenerse, generando a su vez una gran cantidad de desechos a un ritmo superior al que el planeta es capaz de asimilar. Ante esta situación no es de extrañar que haya expertos que aseguren que dentro de relativamente poco tiempo se tendrá que afrontar una crisis energética, ecológica y social generalizada (Hanlon y Mccartney, 2008; Riechmann, 2009). La falta de sostenibilidad de las ciudades actuales, así como su elevada dependencia de materias primas finitas, las sitúan en una posición de vulnerabilidad. Uno de los aspectos que pueden verse comprometidos es la seguridad alimentaria, puesto que el sistema de producción y distribución agroalimentaria en las sociedades industriales actuales precisa de petróleo, materia prima esencial que según la Agencia Internacional de la Energía alcanzó su pico de producción en 2006 (International Energy Agency, 2010). También, y como consecuencia del impacto en el sistema económico, es previsible un aumento del desempleo, con el consiguiente incremento de la pobreza (Hanlon y Mccartney, 2008). Como hemos visto, es probable que nos encontremos en un momento clave de la historia de la humanidad, en el que convergen crisis financiera, económica, energética y ambiental, todas ellas estrechamente relacionadas. Tomar las decisiones y medidas adecuadas durante los próximos años determinará cómo nos adaptemos y superemos dichas crisis. Dada la complejidad de la situación, habrán de ser múltiples y variadas las estrategias políticas para abordarla. Algunos autores proponen un consumo y producción locales, minimizar el uso de transportes y el consumo energético, fomentar el sentimiento comunitario, invertir en energías renovables, etc. (McGranahan y Satterthwaite, 2003). En definitiva, la búsqueda de la sostenibilidad económica, ambiental y social, aspectos que favorecerán el desarrollo de entornos físicos y sociales saludables, tal y como proponía Hancock en la cita que iniciaba este apartado. Dentro de este marco, la agricultura urbana, si bien no supone la solución a todos los desafíos estructurales del sistema, sí que incide de forma directa o indirecta en cada uno de los problemas anteriormente citados. El fomento de la horticultura en las ciudades supondría una disminución del consumo de combustibles fósiles, al reducir el transporte de los alimentos y el uso de agroquímicos. A su vez, facilitaría el acceso de los ciudadanos a alimentos frescos, favoreciendo la seguridad alimentaria. La inclusión de zonas verdes en las ciudades combatiría la contaminación atmosférica y disminuiría el efecto de “islas de calor” que tiene lugar en las ciudades. Además, se potenciaría la participación en actividades comunitarias, en el caso de los huertos urbanos comunitarios, con los beneficios que ello supone en el fortalecimiento de las redes sociales. Se puede observar que cada uno de los efectos mencionados, además de dar respuesta a las situaciones nombradas anteriormente, están también estrechamente relacionados con la salud de los ciudadanos. Es por ello que la agricultura urbana podría servir como estrategia para abordar múltiples problemas de forma transversal. Ana Isabel Mejías Moreno 90 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 Huertos urbanos y salud La salud humana está estrechamente relacionada con los factores ambientales del entorno. Debido a ello, las características de los asentamientos urbanos influyen de diversas maneras en la salud de sus ciudadanos. En las últimas décadas está aumentando el número de determinados problemas de salud asociados a las condiciones de vida de las ciudades occidentales. El sedentarismo, la obesidad o la sobrealimentación están incrementándose, lo que repercute en que determinadas patologías como la diabetes mellitus o las enfermedades cardiovasculares adquieran cada vez más importancia (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, 2006). Asimismo, también están aumentando otras patologías como asmas y alergias, lo que se asocia en gran medida con la creciente contaminación del aire (Vargas Marcos, 2005). Este mismo patrón ascendente siguen las enfermedades y trastornos mentales como la depresión o el estrés (Jackson, 2003; Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, 2006). Otro problema es el aislamiento social sufrido por un importante número de personas mayores, lo que supone un importante factor de riesgo para desarrollar otros trastornos o patologías (Kharicha et al., 2007). Afrontar todas estas situaciones plantea un importante desafío para los agentes de salud pública, que han de tener en cuenta los múltiples factores que influyen en cada una de estas problemáticas, lo que hace que requieran un abordaje interdisciplinar. Una posible estrategia sería la puesta en marcha de huertos urbanos, ya que las investigaciones realizadas hasta la fecha demuestran que estos espacios reportan numerosos beneficios para la salud. De hecho, algunos autores sostienen que un buen empleo de la horticultura urbana puede ser un elemento clave en programas de intervención en el ámbito de la salud, puesto que aborda simultáneamente aspectos de salud física, mental, social y espiritual de los individuos y sus comunidades (Bellows, Brown y Smit, 2003). Determinados autores señalan que la participación en las actividades agrícolas implica un incremento de la actividad física, desarrollando a la vez tanto actividades motoras finas (como cortar flores) como actividades motoras gruesas (como cavar) (Bellows, Brown y Smit, 2003; Wakefield et al., 2007). En el artículo de Bellows et al. se señala también la asociación existente entre la realización de actividades de jardinería con una reducción del riesgo de obesidad y enfermedad cardiovascular. Por su parte, Van den Berg et al. (2010) indican que aquellos que trabajan en huertos urbanos presentan niveles de actividad física significativamente superiores que sus vecinos con características sociodemográficas similares y que no cultivan. Otro potencial efecto positivo de la participación en huertos urbanos es una mejora en los hábitos nutricionales. Hay estudios que señalan que el consumo de frutas y verduras frescas es mayor entre los horticultores que entre los que no lo son (Alaimo et al., 2008; Bellows, Brown y Smit, 2003). Además, la mayor parte de huertos urbanos emplean técnicas de cultivo de agricultura ecológica, sin utilizar pesticidas o fertilizantes químicos, por lo que estas iniciativas facilitan el acceso a vegetales potencialmente menos contaminados con productos químicos. Además, la agricultura urbana contribuye a incrementar la seguridad alimentaria (Wakefield et al., 2007), entendida esta como el “ac- Contribución de los huertos urbanos a la salud Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 91 ceso físico, social y económico que todas las personas tienen en todo momento a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 2009). Si bien este concepto se usa más ampliamente al referirnos a los países en vías de desarrollo, también es de gran relevancia en el mundo occidental, especialmente en períodos de guerras o crisis, momentos en los que el transporte y la producción de alimentos, o el acceso económico a los mismos, pueden verse comprometidos. Varios estudios señalan que el contacto con la naturaleza y la inclusión de espacios verdes en entornos urbanos fomentan el bienestar psicológico, la disminución del estrés y mejoran la percepción de salud de sus residentes (Largo-Wight, 2011; Maas et al., 2006; Pecurul, Cristóbal y Moscoso, 2006). En el caso de los huertos comunitarios, sus participantes señalan como un aspecto importante su influencia en el desarrollo de redes sociales (Armstrong, 2000; Infantino, 2004; Milligan, Gatrell y Bingley, 2004). Esta actividad puede suponer, por tanto, la dotación de un apoyo social a personas en riesgo de exclusión (como personas mayores que vivan solas). Por último, la inclusión de vegetación en entornos urbanos también implica ciertas mejoras de carácter ambiental. Colaboran en la disminución de gases atmosféricos que en exceso pueden resultar nocivos como el dióxido de carbono y en el incremento del nivel de oxígeno. A su vez, favorecen el equilibrio ecológico de los ciclos naturales del agua y los suelos, ya que la vegetación y los suelos naturales facilitan la retención del agua de lluvia y su expulsión de forma progresiva en forma de transpiración. Estos procesos incrementan la humedad ambiental de las ciudades. Esto contribuye a la disminución del efecto de “islas de calor”, amortiguando las oscilaciones térmicas (Puente Asuero, 2010). Deberá tenerse en cuenta también que la agricultura urbana puede implicar riesgos para la salud como resultado de una inadecuada práctica agrícola urbana. Los riesgos se asocian principalmente a la posible contaminación tanto química como biológica de los alimentos (Bellows, Brown y Smit, 2003), lo que puede ocurrir si al seleccionar la ubicación de los cultivos no se tiene en cuenta la posible presencia de contaminantes en la tierra, aire o agua. Para afrontar estos problemas es importante analizar el suelo antes de cultivarlo para comprobar si contiene metales pesados, así como seguir ciertas pautas durante el cultivo (alejar los cultivos de carreteras, evitar agua estancada, etc.). El propósito de la presente investigación es explorar los beneficios para la salud derivados de la participación en huertos urbanos, así como realizar una primera aproximación a las percepciones de los participantes con respecto a cambios en su estilo de vida (en relación con el ejercicio físico, la alimentación o las relaciones sociales) derivados de su participación en dichos huertos, o cambios en el entorno con la inclusión de los huertos en la ciudad. Diseño y metodología Según los objetivos propuestos, se ha realizado un diseño exploratorio-descriptivo transversal, ya que se pretende descubrir aspectos importantes de un fenómeno poco estudiado, teniendo en consideración las percepciones de los individuos sobre cómo la participación en los Ana Isabel Mejías Moreno 92 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 huertos urbanos afecta a su salud en diferentes aspectos. La recogida de datos se ha llevado a cabo entre los meses de marzo y agosto de 2012. Aunque se han realizado algunos estudios acerca de los beneficios para la salud de los huertos urbanos, se trata de un tema de investigación relativamente joven y está adquiriendo importancia actualmente. La evidencia disponible aún no es suficiente para afirmar que los horticultores urbanos dispongan de una salud mejor que grupos comparables que no practican la horticultura (Van den Berg et al., 2010). Ante esta necesidad de explorar y describir el fenómeno con mayor profundidad se han realizado entrevistas semiestructuradas. Esta técnica ha permitido efectuar un primer acercamiento a las percepciones de las personas sobre su situación de salud, tales como si consideran que el comenzar a participar en los huertos urbanos ha implicado cambios en sus hábitos nutricionales, en su actividad física o en sus relaciones sociales. La población del presente estudio la constituyen las personas jubiladas mayores de 65 años participantes en los huertos urbanos del Ayuntamiento de Barcelona. Actualmente hay un total de 13 huertos distribuidos por los diez distritos de la ciudad. Cada huerto se subdivide en parcelas individuales, resultando un total de 321 parcelas según los datos que figuran en la página web del Ayuntamiento. Se llevó a cabo un muestreo de conveniencia, determinado por criterios de accesibilidad. El hecho de que los huertos estén cerrados al público general supuso una barrera importante para la obtención de los datos. Sin embargo, fue posible acceder a tres de ellos. El único criterio de inclusión de los participantes fue ser usuario del programa de huertos urbanos del Ayuntamiento en el momento de recogida de los datos. Todos los participantes firmaron un consentimiento informado en el que se les explicaba el objetivo de la investigación y se solicitaba su participación voluntaria garantizando la confidencialidad de los datos. Con anterioridad a la recolección de los datos se contactó telefónicamente con el responsable del Ayuntamiento del programa de huertos urbanos, que dio su consentimiento para la realización del proyecto. Para la obtención de información específica sobre la salud de los participantes en los huertos urbanos, sus percepciones, sus experiencias o sus motivaciones, fue preciso emplear una metodología que permitiera ahondar en estas áreas. Para ello se llevaron a cabo entrevistas semiestructuradas, utilizando una guía de entrevista elaborada a partir del marco teórico, que contempla las áreas a tratar. Un total de 6 hortelanos participaron en las entrevistas, que tuvieron una duración comprendida entre 12 y 35 minutos. Todas ellas fueron registradas en audio contando previamente con el consentimiento de los participantes. Al final de cada entrevista se realizó un resumen de los aspectos tratados para comprobar que se había entendido la información correctamente y también dar la oportunidad a los participantes de añadir información nueva. También se ofreció a todos los participantes la posibilidad de discutir los resultados obtenidos, lo que se llevó a cabo con tres de ellos. Para ello, se les presentó un resumen de la información analizada con la que los tres estuvieron conformes. Debido a que la presente investigación está vinculada a un proyecto de fin de máster y a la reducida disponibilidad temporal para la recogida de datos, se realizó un trabajo de campo muy limitado. De este modo, se propone una primera aproximación a la temática escogida Contribución de los huertos urbanos a la salud Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 93 que sirva de base para un desarrollo posterior con una necesaria ampliación metodológica. Así, en una futura investigación sería conveniente, entre otras cosas, la ampliación de la muestra; la recogida de otras variables que pueden influir en los resultados, tales como la edad, procedencia rural o urbana o el estado de salud; realizar una triangulación metodológica utilizando otras técnicas de recogida de datos, como la observación participante, análisis documental, etc.; la inclusión de otros colectivos involucrados; e incluir en el objetivo, junto con las percepciones sociales, los efectos observados en la práctica social. Resultados Tras el proceso de análisis se identificaron cuatro categorías principales y cuatro subcategorías, que son: estilos de vida (que incluye las subcategorías de “actividad física” y “alimentación”); salud mental; relaciones sociales (con las subcategorías de “relaciones con familiares” y “relaciones con la comunidad”) y entorno. Esta clasificación se trata de una primera prospección, puesto que es precisa una ampliación metodológica para poder presentar resultados definitivos. Estilos de vida: actividad física y alimentación El primer aspecto positivo que emerge espontáneamente en la mayoría de los entrevistados, tanto al preguntar por aspectos positivos generales como por beneficios para la salud, es el incremento en la actividad física. Todos señalan que desde que participan en los huertos están más activos: El venir aquí pues te hace ya te digo, una cosa que… parece que te abre los pulmones. Te mueves mucho, que si ahora cavar, ahora sembrar, quitar las hierbas que salen… Porque yo no salgo casi nada de casa, más que el rato que vengo aquí y cuando voy a comprar. Este incremento de la actividad parece repercutir de forma positiva en cómo perciben su salud física, señalando que ahora tienen una mayor agilidad. Además, uno de los entrevistados manifiesta que desde que participa en el programa ha observado una disminución de sus dolores articulares: … claro, más agilidad coges, porque eso de agacharte, levantarte… A mí al principio me costaba, ¿eh? Venía y a la media hora ya me tenía que sentar porque no podía… y ahora mira, toda la mañana me puedo pasar en la parcela. Al principio no, porque claro, yo en seguida me cansaba y además me dolían las rodillas… tengo un poco de reuma yo… pero ahora mucho mejor. I: ¿Nota mejor las rodillas entonces? H: Sí, sí, ya lo creo. Yo antes no me podía agachar y levantar así, hombre… aún duelen un poco a veces, pero mucho mejor ahora. En relación con la alimentación, la mayoría de los entrevistados no ha percibido cambios significativos en la cantidad de frutas y verduras que consume desde su adhesión al programa de huertos urbanos. Tan solo uno manifiesta, tras hacerle la pregunta de forma directa, que es Ana Isabel Mejías Moreno 100 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 zar más y se respetaron más los silencios. Además, el hecho de que tanto la recogida de datos como el análisis de los mismos los haya realizado la misma investigadora podría afectar a la confirmabilidad de estos, lo que ha tratado de solventarse en parte triangulando los resultados con algunos de los entrevistados. Sin embargo, como aspecto positivo de este estudio cabe señalar que se trata del primero realizado en España que investigue la influencia de los huertos urbanos en la salud de sus participantes. El presente trabajo pone de manifiesto que la participación en huertos urbanos parece tener importantes implicaciones para la salud de sus participantes, sin embargo son aún muchos los aspectos en los que hay que ahondar. Al ser un tema muy poco explorado y del que tan solo se ha ofrecido una primera aproximación, se presentan múltiples vías posibles por las que seguir investigando el fenómeno. Sería precisa una ampliación metodológica, buscando triangular con otras técnicas de recogida de datos, como la observación participante, grupos de discusión, etc. Asimismo, convendría recoger otras variables que pudieran influir en las percepciones que ponen de manifiesto los hortelanos, como su edad, procedencia rural o urbana o su estado de salud, entre otras. También sería oportuno incluir la recogida de datos cuantitativos y de muestras más amplias, la incorporación de un grupo control o investigar otros grupos poblacionales o colectivos. También sería factible hacer un estudio longitudinal, acudiendo a los actos de asignación de parcelas y contactando así con los hortelanos antes de que comienFigura 2. Respuesta de los huertos urbanos frente a las problemáticas en la salud relacionadas con los entornos urbanos. Fuente: Elaboración propia a partir de las vías de influencia del entorno urbano en la salud propuestas por McMichael (2000). Contribución de los huertos urbanos a la salud Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 101 cen su participación en el programa, de modo que pudieran medirse determinados aspectos de su salud en ese momento y tras varios meses de participación. Otro aspecto poco explorado es cómo y en qué medida la agricultura urbana puede contribuir a la sostenibilidad de las ciudades. Son muchos y muy variados los frentes abiertos de investigación, y sería conveniente profundizar en ellos puesto que la agricultura urbana se presenta como una estrategia que podría contribuir a abordar múltiples problemas de forma transversal. Propuesta de hipótesis futuras En este estudio se han explorado los beneficios para la salud derivados de la participación en huertos urbanos municipales de la ciudad de Barcelona percibidos por sus participantes. Al tratarse de un primer acercamiento a la temática, que requiere una mayor profundización, se proponen algunas hipótesis de partida para investigaciones posteriores: • Los hortelanos perciben un incremento en la actividad física que realizan desde que comienzan su participación en el programa de huertos urbanos. • Los hortelanos no perciben un incremento en su consumo de frutas o verduras desde que participan en los huertos. En cambio, señalan que existe una gran diferencia cualitativa en los alimentos que producen, puesto que tienen mejor sabor y son más frescos y saludables, al emplear técnicas de cultivo ecológico. • Los hortelanos perciben que los huertos comportan beneficios a nivel mental y emocional, al ser una actividad que les proporciona distracción, bienestar y satisfacción personal. • Los hortelanos incrementan sus relaciones sociales con su participación en el programa, destacando como aspectos importantes las relaciones de ayuda mutua establecidas, y la oportunidad de compartir sus cultivos con familiares y amigos. • Los hortelanos perciben mejoras en el entorno del barrio gracias a la presencia de los huertos, aunque no las asocian directamente con beneficios en su salud. • La inclusión de huertos en las ciudades, aunque es una cuestión todavía poco explorada, parece reportar numerosos beneficios por lo que se plantea como una posible estrategia para abordar múltiples problemas de forma transversal. Ana Isabel Mejías Moreno 102 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 6, noviembre de 2013 ALAIMO, K. et al. Fruit and vegetable intake among urban community gardeners. Journal of Nutrition, Education and Behaviour, 2008, vol. 40, nº 2, p. 94101. ARMSTRONG, D. A survey of community gardens in upstate New York: implications for health promotion and community development. Health & Place, 2000, vol. 6, nº 4, p. 319-327. BELLOWS, Anne C., BROWN, Katherine y SMIT, Jac. Health Benefits of Urban Agriculture. Community Food Security Coalition, 2003. Disponible en: <http:// www.co.fresno.ca.us/uploadedFiles/Departments/ Behavioral_Health/MHSA/Health%20Benefits%20of%20Urban%20Agriculture%20(1-8).pdf> (consultado el 3 de julio de 2014). DÁVILA QUINTANA, Carmen Delia y GONZÁLEZ LÓPEZ-VALCÁRCEL, Beatriz. Crisis económica y salud. Gaceta Sanitaria, 2009, vol. 23, nº 4, p. 261265. DUHL, Leonard y HANCOCK, Trevor. Healthy cities, healthy children. The Progress of Nations - UNICEF, 1997, p. 59-61. 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