La Segunda República española en América Latina (1931-1939): los retos de la política y de la emigración
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La Segunda República española en Amé ica La ina
(1931-1939): los e os de la polí ica y de la emig ación
Nu ia Tabane a
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Uni e si a de Valncia
Alicia Gil Láza o
Uni e sidad de Se illa
1. El pun o de pa ida
La p oyección ame icana ha es ado p esen e con e iden e con inuidad en la
de inición, no sólo de la polí ica ex e io española del siglo XX, sino de la p opia
iden idad nacional española. Así, en las p incipales cul u as polí icas españolas del
pe íodo se pueden dis ingui dis in as cosmo isiones en las que encon amos siemp e
símbolos, alo es, ideas e, incluso, p ejuicios que, e e idos a Amé ica, o man pa e de
la p opia de inición de nación. Desde la c isis del 98, esa alusión ame icana adqui i ía
mayo i a iamen e la o ma de “mi o compensa o io” an e la e idencia de las debilidades
y de los obs áculos que debían supe a se, pa a pode alcanza cualquie a de los p oyec os
nacionales al e na i os que se p oponían, de al o ma que Amé ica apa ecía pa a unos
como elemen o de a i mación nacionalis a y, pa a o os, como es ímulo pa a la necesa ia
mode nización del país, en e o as a iaciones (DELGADO y CALLEJA, 1991;
TABANERA, 1997).
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Nu ia Tabane a pa icipa en el p oyec o de I+D+i “De echas y nacin en época con empo ánea. Una
pe spec i a ansnacional” [DYNECTRANS PGC2018-099956-B-I00], inanciado po
MCI/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER Una mane a de hace Eu opa.
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La co ien e masi a de emig ación de españoles hacia Amé ica, inaugu ada a ines
del siglo XIX y desa ollada a lo la go del p ime e cio del siglo XX, no hizo sino alen a
los discu sos y las expec a i as ame icanis as en las éli es polí icas a a és de la idea
cen al de que unas lo ecien es colonias de emig an es hab ían de igu a como el
p incipal nexo social, económico y cul u al en e las jó enes epúblicas ame icanas y la
mad e pa ia. Es as colonias se ían, pues, in e locu o as p i ilegiadas en una elación en
la que, de o ma na u al, España debe ía eje ce pa e nalmen e de cabeza isible de odas
ellas.
¿Cómo se inca dina on las polí icas mig a o ias y la acción ex e io españolas
hacia Amé ica La ina? ¿Qué he encia ecibie on los gobie nos de la Segunda República
(1931-1939) de las elaciones ex e io es la inoame icanas du an e la es au ación y la
dic adu a de P imo de Ri e a? ¿Cómo hubie on de modi ica los gobe nan es
epublicanos su isión ame icanis a en el con ex o de la c isis económica mundial de los
años ein a y el e o no de miles de emig an es desde Amé ica La ina? En es e capí ulo
a a emos de de ini los p incipales e os de la polí ica española hacia Amé ica La ina
du an e el iempo de la Segunda República, haciendo hincapié en la a ención que los
di e en es gobie nos p es a on a las elaciones ex e io es y las p oblemá icas mig a o ias.
Desde p incipios del siglo XX, la acción ex e io del Es ado a aba de compone
una p oyección ame icana que ue a exp esión de las posibilidades de España, una
pequeña po encia eu opea que había pe dido ya odo su an iguo impe io y que cen aba
sus in e eses económicos y diplomá icos en Eu opa, en es echa elación con su
supedi ación a F ancia y a G an B e aña, cuando su p incipal conexión con las epúblicas
ame icanas e an los miles de emig an es que buscaban su u u o al o o lado del A lán ico
(DELGADO, 2003).
En e ec o, a pa i de las dos úl imas décadas del siglo XIX y, especialmen e en e
los años 1905 y 1914, la emig ación española cons i uyó una impo an e co ien e di igida
undamen almen e hacia Amé ica La ina y, en meno medida, a los con inen es a icano
y eu opeo. Se ha calculado que en e un millón y medio y dos millones de pe sonas
salie on en e esas dos echas, siendo A gen ina el país que lide ó, jun o a Cuba, B asil,
A gelia y F ancia, la lis a de los p incipales me cados de abajo hacia donde se di igie on
los españoles (YÁÑEZ GALLARDO, 1994). El lujo ex e io se ecupe ó con
pos e io idad a la I Gue a Mundial y has a el inal del ciclo mig a o io masi o, el
momen o en el que la gue a ci il de 1936 in e umpió la con ección anual de las
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es adís icas mig a o ias, más de cua o millones de pe sonas emig a on (ARÓSTEGUI,
1992, p. 441-442).
Es e as ase poblacional ue a de las on e as peninsula es iene su encaje en las
endencias eu opeas del pe íodo: p ime o, po que, al igual que en el es o de los países de
su en o no, a ec ó de mane a desigual a las dis in as egiones y, segundo, po que lo
lle a on a cabo homb es jó enes que solían iaja solos y p esen aban po lo gene al una
baja cuali icación p o esional (SÁNCHEZ ALONSO, 1995). El e aso ela i o de la
emig ación española espec o a Eu opa se ha explicado po un al o y pe sis en e ni el de
p o ección a ancela ia y mone a ia. La in ensidad, o p opensión a emig a , es u o
de e minada po ac o es in e nos o de expulsión, mien as que las pau as y luc uaciones
de la emig ación es u ie on más in luidas po las condiciones de los países de des ino y
sus ac o es de a acción. En cuan o a los p ime os, adicionalmen e se ha achacado el
éxodo masi o a los desequilib ios en e el c ecimien o demog á ico y el meno aumen o
de la p oduccin española, a la desigual dis ibucin de la p opiedad de la ie a ─sob e
odo en zonas de mini undio como Galicia─ y los sis emas de he encia, a la pol ica
come cial, a la incipien e mode nización económica y a la c isis ag opecua ia de ines del
siglo XIX. Jun o a es os elemen os, pa a en ende la na u aleza y asgos de es a
emig ación, hab ía que añadi la impo ancia de ac o es mic o, elacionados con la ue za
de las cadenas y de la cul u a mig a o ias p esen es en algunas egiones muy ele an es
en es e p oceso (DEVOTO, 2002).
Las luc uaciones de la emig ación e lejan, así mismo, las dis in as opo unidades
que se ab ie on en el ‘Nue o Mundo’: la escasez de mano de ob a y, po an o, una ele ada
demanda de abajo, la abundancia de ecu sos na u ales y el ápido c ecimien o
económico de i ado de su inse ción en la economía mundial y de su capacidad de
a acción de capi ales y mano de ob a del ex e io . Los inmig an es, al y como a i ma B.
Sánchez Alonso (2000, p. 23), lle a on consigo al as asas de pa icipacin labo al “lo
que conlle aba, además, bajas asas de dependencia pa a los países ecep o es de
emig an es”.
Bajo la imp on a de las ideologías me can ilis as y poblacionis as he edadas del
an iguo égimen, los gobie nos de la Res au ación in en a on, con p eocupación c ecien e
y escaso éxi o, obs aculiza las salidas hacia las epúblicas ame icanas y a o ece las
di igidas a las colonias ca ibeñas. El que la emig ación ue a conside ada un g a e
pe juicio pa a un país despoblado como e a España no impidió que se ex endie a la isión
del hispanoame icanismo egene acionis a de la época de lo con enien es que podían se
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los emig an es pa a a ianza una mayo p esencia española en los países de des ino
(TABANERA, 2021, p. 218). Es os, po su pa e, no solo no pusie on abas legales a la
en ada de abajado es ex anje os, sino que muchos de ellos lle a on a cabo polí icas
ac i as de a acción de mano de ob a, como B asil, Panamá y sob e odo A gen ina, con
el obje i o de blanquea la aza y mode niza sus sociedades.
El esul ado ue un lujo de c ecien e magni ud a ines de siglo, que, coinciden e
en el iempo con la pé dida de las úl imas colonias ame icanas y el aumen o de la
con lic i idad social en la península, pasó a o ma pa e esencial de las discusiones
pol icas de la época en o no a la llamada “cues in social”. El alu in mig a o io
alcanza ía su máximo a p incipios de siglo, momen o en que, inalmen e, el Es ado
español ap obó una ape u a legisla i a que se ma e ializó en 1907 con la p ime a ley
gene al mig a o ia, que pe seguía iscaliza la co ien e más que obs aculiza la (PÉREZ
PRENDES, 1993). El ca ác e u ela de es a legislacin ─ espaldado en la secula
concepcin nega i a de la emig acin exis en e en España─ y el empeño es a al que
e leja su a iculado po encauza y egula la co ien e mig a o ia cons i ui ían dos
elemen os cen ales de las polí icas mig a o ias españolas a lo la go del siglo XX
(SÁNCHEZ ALONSO, 2011, p. 245). Así se puede obse a en la Ley de 1924
‘ e undida’ po la dic adu a de P imo de Ri e a y, pos e io men e, en las disposiciones
legales dic adas du an e el anquismo. La u ela se especi icaba en limi aciones al
expa io de meno es y muje es ─sol e as sin pe miso de sus u o es o casadas sin el
ma i al─ y en la p o eccin p es ada du an e la a esa, pa a palia las malas condiciones
en los ba cos y los abusos de los na ie os. Sin emba go, la p incipal medida u ela , como
se e á, ue la obligación impues a a las compañías de na egación de epa ia a un cua o
de los emig an es que hubie an salido en el imes e an e io con pasajes a mi ad de
p ecio ges ionados po las agencias consula es en una se ie limi ada de casos de u gencia
o ex ema necesidad ijados po eglamen o (GIL LÁZARO, 2014).
O o asgo cons an e de la ga du ación, señalado po di e en es au o as, ue el
emendo des ase en e los obje i os eó icos y la acción p agmá ica de las polí icas
mig a o ias españolas, o, dicho de o o modo, que és as siemp e ue on po de ás de la
ealidad, a pesa de la mayo capacidad de con ol y egulación del enómeno mig a o io
que ue on adqui iendo con el iempo los gobie nos (FERNÁNDEZ VICENTE, 2009;
SÁNCHEZ ALONSO, 2011). La acción u ela , que in oluc ó la coo dinación de la ed
consula y diplomá ica en los países de ecepción de la emig ación con la acción y
inanciación del Minis e io de Gobe nación y el de Es ado en Mad id (TABANERA,
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2021, p. 214), es u o muy lejos de cons i ui una e dade a p o ección social, a a és de
p og amas asis enciales es a ales inanciados con ondos públicos o acue dos bila e ales
en e países de o igen y des ino en ma e ia mig a o ia, que solo ue on posibles con
pos e io idad a la II Gue a Mundial.
La pe sis en e isión pesimis a de la emig ación y la ausencia eal de medidas de
es e ca iz no ue on impedimen o pa a que la acción diplomá ica se ija a como obje i o
cons ui una elación sólida con las nue as epúblicas a pa i de un e o zamien o de los
ínculos en e las colonias de emig an es y la mad e pa ia. Con la llegada de la Segunda
República y en el a án e o mis a de los p ime os años, el Es ado abandonó su adicional
laissez ai e y op ó po una polí ica más olun a is a y ac i a, de la que ob u o mag os
esul ados en ma e ia mig a o ia po el impac o de la c isis económica mundial y los
acon ecimien os in e nos y que, como se e á, ampoco ecogió odos los u os
espe ables de la acción ex e io en Amé ica.
Sin emba go, en lo que se e ie e a la polí ica ex e io en las p ime as décadas del
siglo, sí se pudie on log a cie os p og esos diplomá icos en cuan o a la supe ación del
ela i o aislamien o español, sob e odo g acias a las acciones ligadas a la “pol ica de
p es igio” de la Dic adu a de P imo de Ri e a (1923-1930). És as se cen a ían, con
desigual éxi o y én asis, en la ob ención de una mayo in luencia en la Sociedad de
Naciones y de una mayo p esencia en Amé ica La ina, sin que eso supusie a el in de la
subo dinación al eje anco-b i ánico, dada la impo ancia de la e ien e medi e ánea de
la polí ica ex e io española.
La apa ición de una Sección de Amé ica y de Relaciones Cul u ales en el
o ganig ama del Minis e io de Es ado, la ampliación y mayo do ación de las
ep esen aciones diplomá icas en Amé ica La ina o el uso de ins umen os de polí ica
cul u al y p opaganda, como la nue a Jun a de Relaciones Cul u ales (1926) o la
Exposición Ibe oame icana de Se illa (1929), son ejemplos del despliegue en Amé ica
de una dic adu a que p oyec aba una concepción del hispanismo cla amen e
conse ado a, iden i icada con las p opues as de algunos de sus colabo ado es, como José
Ma ía Pemán o Rami o de Maez u, embajado es e úl imo en A gen ina a ines de los
años ein e (TABANERA, 2000; SEPÚLVEDA, 2003). A pesa de que los años de la
dic adu a p imo i e is a ue on ambién los de la ecupe ación de la emig ación de
masas, as el pa ón gene ado du an e la I Gue a Mundial, esa eno ación de la
colec i idad española en Amé ica no es u o acompañada de éxi os ele an es en la
polí ica hispanoame icana, las ada po el in e conse ado de sus p incipios aciales y
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eligiosos, así como po el én asis pues o en el supues o papel de España como cabeza
na u al del mundo ibe oame icano. El in de ese p oyec o coincidi ía con el adical
cambio de endencia en la emig ación española a Amé ica, pues la c isis abie a en 1929
llega ía in ensamen e ambién a Amé ica La ina, es imulando el deseo del e o no en e
muchos de los emig an es a ec ados po el desempleo y las c ecien es es icciones en el
me cado labo al.
La c isis económica de los años ein a, la Gue a Ci il en España, la II Gue a
Mundial y la posgue a pos e io ma ca on, e ec i amen e, el decli e de la emig ación
masi a a Amé ica en es e pe íodo. El cie e de pue as a la llegada de nue a inmig ación
en las epúblicas la inoame icanas coincidió en el iempo con el c ac de la bolsa
neoyo kina, como p ime a medida pa a p o ege a los ob e os au óc onos de la
compe encia eje cida po la mano de ob a ex anje a, po lo que, en p ime é mino, la
salida de emig an es desde Eu opa se enó ab up amen e. Los dos canales p incipales de
expansin de la c isis a escala global ─el come cio y las inanzas in e nacionales─
lle a on a una ecesión gene alizada po la con acción de los me cados, el hundimien o
de los p ecios mundiales de muchos p oduc os básicos, la cancelación de in e siones y
p és amos en el ex anje o, la quieb a de emp esas y el desempleo masi o, que, en buena
pa e de los países la inoame icanos, especialmen e aquellos más dependien es de las
expo aciones ag a ias, condujo a que amplios sec o es de inmig an es se ie an obligados
a ol e a sus luga es de o igen po la epen ina al a de empleo. De es e modo, cuando
no ue on los e ec os di ec os de la c isis sob e el ni el de empleo ue on las medidas
es ic i as de los gobie nos pa a comba i la las que a ec a on a los inmig an es, sob e
odo a los asala iados.
En España las epe cusiones de la c isis se deja on sen i a pa i de 1930 en es
lancos c uciales de la ágil es uc u a económica con la que inalizó la Dic adu a de
P imo de Ri e a: las expo aciones, las en adas de capi al y las salidas de emig an es.
Golpeó, en p ime luga , a los sec o es económicos más dinámicos que o ien aban buena
pa e de su p oducción a la expo ación ( ino, cí icos, acei e y mine ales), pe o en es e
caso su incidencia ue algo meno que en o os países occiden ales indus ializados debido
al educido peso que el come cio ex e io enía aun en la economía española, po el al o
p o eccionismo a ancela io an e io .
El cambio de signo mig a o io, po o o lado, supuso una sus ancial educción de
las emesas (uno de los más impo an es lujos de capi al hacia la península de aquel
en onces) y, cómo no, un inc emen o de la p esión demog á ica y de la o e a de mano de
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ob a en el educido y escasamen e ecep i o me cado de abajo in e io (GARCÍA
DELGADO y JIMÉNEZ, 1999, p. 88-89). El país con aba con ein i és millones y medio
de habi an es según el Censo nacional de 1930, y una densidad en o no a los 47 habi an es
po km2, bas an e meno a la eu opea, lo que e lejaba la debilidad demog á ica del país
an o como el impac o de la emig ación ex e io . Las es imaciones de J. Maluque de
Mo es (2006, p. 145) mues an un o al ap oximado de 2,1 – 2,2 millones de españoles
esiden es en el ex e io al inicio de la década de 1930, epa idos en e Eu opa, Á ica y
Amé ica. Es e úl imo con inen e acapa aba algo más del 77 % del o al consignado, de
los cuales más de la mi ad se concen aban en A gen ina (57%) seguida de Cuba (15,4%)
y B asil (12,6%) y ci as bas an e meno es en el es o de los países.
En e los años 1931 y 1935 el saldo mig a o io ue a o able al e o no (Tabla 1).
Tal y como a i ma Maluque de Mo es (2006, p. 146), “los españoles alcanza on en es os
años, jun o a los b i ánicos, las más ele adas asas de e o no del mundo”. Su es udio
sob e la incidencia de la g an dep esión y la gue a ci il en el c ecimien o demog á ico
español de la década concluye que un cuan ioso e o no de emig an es desde el ex e io
compensó en pa e el impac o nega i o del con lic o ci il en la población, mo i ado po
la sob emo alidad, la educción de la na alidad y el exilio epublicano.
Tabla 1. Es adís icas anuales de emig ación desde España, 1930-1935
Año
Salidas
En adas
Saldo
1930
41600
41600
0
1931
14400
53900
- 39500
1932
10200
47500
- 37300
1933
6700
31700
- 25000
1934
15700
20000
- 4300
1935
17000
15200
+ 1800
Fuen e: Mi chell, 1998, p. 137.
Ya desde los p ime os meses de 1930, en medio del acío polí ico y el desc édi o
de la mona quía pos e io a la dimisión del dic ado , el gobie no enca gado a Dámaso
Be engue ─úl imo es e o pol ico de la e apa de la Res au acin─ om midas
medidas de u gencia pa a a on a la c isis y, sob e odo, pa a esponde al c ecien e
núme o de solici udes de epa iación de los inmig an es que habían pe dido sus empleos
y se agolpaban en e a los consulados españoles en espe a de un pasaje subsidiado que
los de ol ie a a España. Un Real Dec e o de ene o de 1930 mos aba la incidencia de es e
p oblema, al pe mi i po p ime a ez a los emig an es sali de España con con a o de
abajo (p ohibido has a en onces po conside a lo una eclu a encubie a de pe sonas),
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pe o se denegaba el pasapo e a aquellos que no u ie an el con a o de abajo en egla,
p e iendo las di icul ades que se podían encon a los po enciales emig an es en los
me cados de abajo la inoame icanos. Sin emba go, las epa iaciones ue on
delibe adamen e es ingidas a lo la go de ese año, bajo la consigna de que los e o nos
no se ol ie an masi os y amenaza an con p esiona sob e el me cado de abajo nacional
(Gil Láza o, 2015). En ene o de 1931 se empezó a exigi un depósi o a los emig an es
que p e endían i se a Cuba, pa a asegu a el pago de posibles gas os de epa iación
pos e io , y poco después és e se gene alizó. Las pe iciones desde los p incipales des inos
ame icanos se con aban ya po milla es y no ha ían sino c ece en los años siguien es.
Cuba, muy inculada a la economía es adounidense como á ea pe i é ica, acusó
de inmedia o las epe cusiones del hundimien o de la bolsa neoyo kina, de modo que en
los meses y años siguien es las pe iciones de pasajes sub encionados po pa e de
abajado es españoles se ele a on ápidamen e. En e ene o y sep iemb e de 1930, el
Minis e io de T abajo español ci aba en 12 606 españoles en la isla auxiliados con
bille es de epa iación (Macías 2002, p. 310-311; Yanes 2009, p. 382-383). En
no iemb e de ese año, el cónsul de España en la República A gen ina comunicaba al
Minis e io de Es ado español el deseo ansmi ido po el gobie no a gen ino de que el
gobie no “de su Majes ad” suspendie a la emig acin española a su pas “dado el g a e
p oblema de o ganización e in ensa c isis que su e es a República [...] ya que la al a de
empleo aumen a a si uacin angus iosa ecién llegados [...]” (ci ado en He nández y
He nández 1990, p. 100). En un in o me edac ado unas semanas después de la an e io
pe ición y en iado po el cancille enca gado del despacho de la Embajada española en
Buenos Ai es, J. Almohaina, se comen aba la queja de la Fede ación Regional de
Sociedades Españolas, que eunía 25 asociaciones con un o al de 6 440 miemb os, an e
la p eocupan e si uación de g an núme o de emig an es necesi ados de una epa iación
inmedia a (Tabane a 2021, p. 226-227). Meses más a de, an e la exis encia de miles de
españoles indigen es en A gen ina se c eó un Comi é de Ampa o Español a inicia i a del
Consulado español en Buenos Ai es y la ci ada Fede ación, que, a pesa de su co a ida,
ecaudó ondos pa a epa ia a más de dos mil pe sonas. En simila es ci cuns ancias se
con o mó un Comi é Pa ió ico Español en Mon e ideo, con el obje i o no solo de
colabo a en las epa iaciones sino de a ende a los españoles desocupados y consegui
abajo pa a ellos (Sil a 1998, p. 132-135; He nández Ga cía 1990, p. 103-113) y en
México se e igió una Jun a Española de Repa iación bajo la in luencia del p ime
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embajado español de México, Julio Ál a ez del Vayo, en iado po la ecién es enada
República española a ines de 1931 (Gil Láza o, 2015, p. 151).
Po an o, los p ime os gabine es epublicanos, an o el Gobie no P o isional,
has a diciemb e de 1931, como el que egi ía la polí ica española en los dos años
siguien es, se ie on, an e la necesidad de egula po p ime a ez no an o las salidas a
la emig ación ex e io sino los e o nos masi os, an e las a alanchas de solici udes que
colapsa on las agencias consula es, y los dis u bios y al e aciones de o den público que
se sucedie on en dis in as ciudades ame icanas. Así se comp ende que no se emi ie a una
nue a ley mig a o ia, sino que la ac uación legisla i a en esos años se o ien a a a palia
los e ec os de la c isis sob e los emig ados con an e io idad y a ena aquellas salidas
que se e ec ua an con pocas ga an ías de éxi o (Tabane a, 2021, p. 226).
El g a e p oblema del e o no de miles de emig an es no se ía, sin emba go, el
único al que el nue o égimen end ía en en a se en el espacio ame icano. Los e os a
los que ha ía en e du an e su co a y agi ada ida, como e emos, a ec a on an o al
con ex o in e no como al ex e no y el peso de las elaciones con Amé ica La ina ue
esencial pa a comp ende no solo la eacción epublicana an e el p oblema de los e o nos,
sino el conjun o de su polí ica ex e io .
2. La República en escena
La p oclamación de la Segunda República en España el 14 de ab il de 1931 llegaba
con el ien o en con a. El e oceso de la democ acia y el a ance de las dic adu as en
Eu opa, isible desde la década an e io , acompañaba la adicalización polí ica en a o
de las opciones au o i a ias de de echa, asumidas po muchos como el mejo a amien o
posible en e al emido a ance del comunismo y a la supues a ine icacia de las
democ acias pa lamen a ias pa a esol e los c ecien es p oblemas sociales y
económicos.
Po ello, el nue o égimen debió hace en e a muy di e sos oponen es pa a pode
consolida se, an o en el in e io como en el ex e io . Y algunos de los obs áculos se
mos a on de o ma inmedia a an e la di e sa eacción in e nacional a la ic o ia
epublicana, is a inicialmen e po algunos como po encialmen e pelig osa po su posible
adicalización. A la pe ición de econocimien o in e nacional solici ada po el Gobie no
P o isional y cu sada desde el Minis e io de Es ado el 15 de ab il esponde ían
a o ablemen e al día siguien e U uguay, México y A gen ina y, ein icua o ho as
después, ya lo ha ían F ancia, Chile y Boli ia. Mien as se iban ecibiendo en Mad id
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medidas es ic i as a gen inas que exigían ce i icados de buena conduc a, buena salud
y de no habe eje cido la mendicidad, así como el pago de un canon po cada uno de ellos,
lo que enaba aún más la en ada de ex anje os. Las no mas siguien es, de 1932,
limi aban la en ada únicamen e al eag upamien o amilia y a quienes p esen a an
con a os de abajo en el sec o u al y ue on copiadas po los u uguayos. En Cuba la
p esión con a los inmig an es enía desde una c isis azuca e a acaecida en 1927, pe o se
acen uó en 1933 con a ios dec e os de nacionalización del abajo de 1935, que
es ablecían cupos de ope a ios nacionales y ex anje os, muy pe judiciales pa a los
inmig an es (MALUQUER DE MOTES, 2006, p. 143).
En España, po su pa e, an e la ue e limi ación de las salidas, la polí ica
mig a o ia epublicana se o ien ó a cuida las elaciones con las impo an es colonias de
españoles ins aladas en el ex e io , de modo que la p o ección de los expa iados se
con e i ía en obje i o esencial de es a polí ica. Una de las p ime as acciones de la
polí ica ex e io del nue o égimen en es e sen ido ue el econocimien o a la pleni ud de
los de echos de cuan os españoles se encon aban en el ex anje o, sin más limi aciones
que las p ecep uadas en la ley penal y los con enios de ex adición. La Cons i ución
epublicana in odujo po p ime a ez la posesión de la doble nacionalidad pa a los
ciudadanos de países pe enecien es a la comunidad ibe oame icana (PÉREZ PRENDES,
1993, p. 43; TABANERA, 2021, p. 225). Además de la doble nacionalidad, los
epublicanos impulsa on una e o ma enden e a lexibiliza el ius sanguinis, de mane a
que los españoles expa iados que quisie an conse a su nacionalidad ya no end ían la
obligación de egis a se en las embajadas o consulados des acados en sus luga es de
des ino. Igualmen e, la ex ensión de la aplicación del ius sanguinis ga an izaba a los hijos
de los emig an es el acceso a la nacionalidad española, u iesen o no la nacionalidad del
país de acogida (FERNÁNDEZ VICENTE, 2009, p. 110).
Aho a bien, como ya se ha comen ado, el du o impac o de la c isis económica
su ida en esos años en los países ame icanos, así como su epe cusión en las
comunidades españolas allí asen adas, se e lejó en un inc emen o p onunciado de los
e o nos y de las solici udes de epa iación en e 1931 y 1935. A mediados de 1931,
al ededo de dos mil inmig an es se hallaban en La Habana a la espe a de un pasaje, pe o
la ci a aumen ó a casi cinco mil unos meses más a de, an e la llegada masi a de
abajado es desde dis in os pun os del in e io de la isla. Según F. Macías (2002, p. 325),
el gobie no español lib ó en onces ein e mil dóla es pa a agiliza las epa iaciones de
españoles en la isla M. He nández Ga cía (1990, p. 101-104) menciona po cen ajes
219
simila es de epa iaciones en las ciudades a gen inas de Buenos Ai es y Rosa io en ese
mismo año.
Aun cuando no se pueden es ima con exac i ud las ci as de epa iaciones, los
da os del Consulado Gene al de España en Cuba indican que en 1932 ue on epa iadas
2 879 pe sonas, de las cuales 510 ol ie on con bille e g a ui o y 2 369 con pasaje a mi ad
de p ecio. Al año siguien e, esas ci as se ele a on has a un o al de 3 169 epa iados,
542 en e amen e g a ui os y 2 627 medios pasajes. La ci a o al, según es a uen e, ue
de 28 250 pe sonas en 1932 y de 19 500 un año más a de, de modo que la epa iación
po cuen a del Es ado, según el in en a io de In e eses Demog á icos españoles en Cuba
ue del 10,1 po cien o en 1932 y de 16,2 po cien o en 1933 (TABANERA, 2021, p.
230). Las au o idades isleñas habían aumen ado las es icciones a la en ada de nue os
inmig an es desde mediados de 1932, pe o las epa iaciones con inua on has a el e ano
de 1935 (MALUQUER DE MOTES, 2006, p. 143).
En Cuba, A gen ina y o os cen os ecep o es de inmig an es españoles, la
necesidad impe iosa de asis encia es a al al e o no de i ó en si uaciones con lic i as
en e a las embajadas y consulados, en las cuales los a ec ados po el desempleo
p o agoniza on p o es as que ocasiona on la in e ención policial (NARANJO y
MORENO, 1990). Un eleg ama del cónsul gene al de España en Buenos Ai es al
Minis e io de Es ado in o maba de los acon ecimien os de no iemb e de 1931 en e a las
o icinas consula es:
Se ha p oducido hoy g a e deso den en es e Consulado Gene al, como
consecuencia ca encia medios epa iación y soco o que demanda
desocupación y c isis económica del país. A pesa g an igilancia que
den o y ue a o icinas Consulado eje cía policía, pene a on es a
mañana los españoles exaspe ados, a mados con cuchillos, a acando
o denanza y empleados p oduciendo pánico consiguien e en e cen ena
pe sonas que se hallaban o icinas. Hi ie on a dos empleados, a uno de
ela i a g a edad, e in en a on pene a en mi despacho ompiendo
pue a c is ales, no consiguiéndolo po esul a he idos con agmen os
de los mismos [...]. (apud HERNÁNDEZ GARCÍA, 1990, p.106).
Los legislado es epublicanos se encon a on an e el ap emian e p oblema de
epa ia inmig an es en la más absolu a indigencia a pa i de una legislación mig a o ia
que en es as ci cuns ancias ex ao dina ias se había quedado obsole a. La eglamen ación
de los a ículos epa iado es de la ley mig a o ia igen e expe imen ó a pa i de en onces
algunos cambios, en espues a al ue e descenso del lujo mig a o io desde España, lujo
al que es aba ligado, como se ha dicho, el cálculo de los pasajes sub encionados. Una
p ime a medida del Gobie no p o isional, an e la c ecien e epe cusión que es a si uación
220
es aba eniendo en la opinión pública, ue el aslado de compe encias desde el Minis e io
de T abajo al de Es ado, con el in de maximiza la coo dinación de es e úl imo con su
se icio ex e io pa a ges iona los e o nos.
Pa a e ec ua las epa iaciones al alcance de un p esupues o cada ez más escaso,
la adminis ación epublicana se si ió en un p ime momen o de la legislación an e io ,
es o es, la epa iación a mi ad de p ecio de un ein e po cien o de los emig an es
anspo ados a la ida en cálculos imes ales. El exiguo núme o de salidas e i icadas
después de la c isis, las di e encias en e las compañías na ie as y los cónsules en cuan o
al cumplimien o del se icio de epa iación y, sob e odo, el aumen o espec acula del
núme o de inmig an es que solici a on su epa iación desde dis in os pun os de la
geog a ía ame icana, lle ó a idea un nue o p ocedimien o de liquidación del cos e de los
medios pasajes a las compañías que se pond ía en ma cha en ene o de 1933 y deja ía en
manos de los inspec o es de cada pue o y los consigna a ios de los buques, a pa i de las
lis as ce adas de pasaje os, el cálculo de los pasajes boni icados de e o no. Es os bonos
se ían álidos pa a epa iaciones no males a mi ad de p ecio, pe o en casos de es ic a
necesidad pod ían u iliza se dos de ellos pa a comple a pasajes en e amen e g a ui os o
aspasa los de un consulado a o o donde hubie a mayo necesidad (GIL LÁZARO,
2015, p. 211-212).
A pesa del mayo con ol bu oc á ico que se a ó de impone con el sis ema de
bonos no se pudo e i a que las emp esas na ie as e adie an su obligación siemp e que
pudie an y ambién que apa ecie an casos de aude con los pasajes. En odo caso, el
p incipal p oblema del a ículo epa iado e a su ligazón in e samen e p opo cional al
lujo mig a o io y es o no cambió con la nue a eglamen ación, de modo que la
inanciación siguió siendo insu icien e pa a abo da la si uación de eme gencia de los
emig an es. Las espues as del ejecu i o an e las in e pelaciones en las Co es insis ían,
una y o a ez, en que el Es ado ca ecía de ondos pa a pode cub i las necesidades de
las epa iaciones. En ealidad, la ges ión consula de los pasajes se e ec uó en es echa
colabo ación con las comunidades mig a o ias o ganizadas en comi és de epa iación,
como ya imos, las cuales oma on pa ido y mos a on una ac i ud p oac i a con el in
de ecauda ondos pa a e ec ua las epa iaciones. Buena pa e de la inanciación
p o ino, en de ini i a, de la inicia i a p i ada y sob e odo de las a cas de las asociaciones
de inmig an es españoles bien es ablecidos en los países ame icanos.
221
3. Vien os de gue a
El e ano de 1936 se iniciaba en España con un nue o Gobie no de F en e
Popula . La ic o ial elec o al de eb e o no había apagado, más bien al con a io, la
oposición de aquellos que ya sólo con iaban en el golpe de Es ado pa a de oca a la
República. La suble ación mili a iniciada el 18 de julio da ía paso a una c uen a gue a
ci il con impo an es en es ex e io es, cada ez más de inidos po la ensión ascismo-
an i ascismo. La si uación in e nacional y la in e ención ex e na condiciona ían el
desa ollo de una gue a que di idió no sólo a los Gobie nos de las g andes po encias en
su ac i ud an e los belige an es, sino que sepa a ía in ensamen e a la opinión pública
in e nacional. El apoyo a la República in eg a ía a demóc a as e izquie dis as de odo
cuño, mien as que en e los pa ida ios de los ebeldes se encon a ían eme osos de la
e olución, conse ado es y an ilibe ales, que en Amé ica La ina encon aban en el
an icomunismo y la hispanidad un elemen o de iden i icación común con los anquis as,
así como los abie amen e simpa izan es con el ascismo o la ascis ización de la polí ica.
El en e abie o an e los Gobie nos de las g andes po encias p on o se mos a ía
con a io a los in e eses del legí imo Gobie no español, pues las posiciones no
in e encionis as b i ánicas p on o ue on seguidas po F ancia y Es ados Unidos y
conc e adas en el Comi é de No In e ención c eado en sep iemb e de 1936. An e esa
neu alidad de las democ acias occiden ales eacciona ían ápidamen e las po encias
ascis as, que ap o echa on la opo unidad pa a ayuda a los ebeldes a supe a el acaso
del golpe de Es ado y a con e i el con lic o en una la ga gue a de la que sald ían
ic o iosos (SAZ, 2021, p. 150). La Unión So ié ica se ía, jun o con México, el único
Es ado que con ibui ía a la supe i encia de la República con más que apoyo
diplomá ico. Y odo ello an e la habi ual inope ancia de la Sociedad de Naciones,
insensible a las denuncias de la in e ención ex anje a en España que la ep esen ación
mexicana expond ía ei e adamen e desde sep iemb e de 1936 (OJEDA, 2006, p. 774;
SÁNCHEZ ANDRÉS y HERRERA, 2011).
En el en e la inoame icano, las posiciones an e el con lic o depende ían de la
na u aleza del Gobie no y de su emo a la con aminación que en la polí ica in e na pod ía
gene a la adicalización del p oceso español, de su sensibilidad a la in luencia neu alis a
no eame icana y b i ánica, así como, en meno medida, de la p esión que podía eje ce
una colonia de emig an es españoles an di idida como su ie a na al. Así, la República
enía que emplea se a ondo pa a log a apoyos diplomá icos y inancie os en un con ex o
222
en el que p edominaban los que la iden i icaban con la e olución y el pelig o comunis a,
supe ando los muchos incon enien es que c eó la gene alizada desa ección de sus
diplomá icos. Y es que, a las pocas semanas del inicio de la gue a, las embajadas habían
quedado exclusi amen e en manos de los embajado es polí icos an e la mani es ación de
idelidad a los ebeldes de la mayo ía de su pe sonal. Igualmen e, el 75% de los Je es de
Misión en Amé ica ompe ía ápidamen e su comp omiso con la República, en sin onía
con lo que es aba ocu iendo en odo el Se icio ex e io del Minis e io de Es ado
(TABANERA, 1996, p. 260; VIÑAS, 2010, p. 268). Muchos de ellos se con e i ían en
los ep esen an es o iciosos de los ebeldes, con ando con sedes diplomá icas y pe sonal
con los que inicia su abajo de p opaganda y cap ación de apoyos, sin que su sus i ución
po pe sonal leal a la República a pa i del e ano de 1937 pudie a se ápida y muy
e icaz.
En e an o, los Gobie nos la inoame icanos se habían posicionado ya an e el
con lic o español, en cla a sin onía con sus bases polí icas e ideológicas. Así, las
dic adu as mili a es de Gua emala y El Sal ado econoce ían emp anamen e al
Gobie no ebelde de Bu gos el 8 de no iemb e de 1936, diez días an es que Alemania y
I alia, seguidos ápidamen e po la dic adu a nica agüense an es de e mina ese mes.
Has a las semanas p e ias al in de la gue a y as la en ada de las opas de F anco en
Ba celona, no se p oduci ían nue os econocimien os, ya en los días de eb e o y ma zo
de 1939 p e ios o pos e io es al econocimien o b i ánico y ancés del 27 de eb e o. En
de ini i a, once epublicanas la inoame icanas econoce ían al Gobie no de F anco an es
de inaliza el con lic o, uniéndose a las es cen oame icanas U uguay, Pe ú, Boli ia,
Venezuela y A gen ina en eb e o y Pa aguay, B asil y Ecuado en ma zo de 1939.
Algunas o as espe a ían a la decla ación o icial del in de la gue a del 1 de ab il pa a
ompe de ini i amen e con la República, siguiendo la es ela de los Es ados Unidos (2 de
ab il), como ha ían a mediados de ese mes Chile y, más a díamen e Cuba, en mayo.
La g an excepción se ía México, que man end ía sus elaciones con la República
en el exilio, sólo econociendo al Gobie no de Mad id en ma zo de 1977 as la mue e
del dic ado , la up u a p e ia y pac ada con el Gobie no epublicano en el exilio, au o
disuel o el junio siguien e, y el inicio de la ansición democ á ica en España (Sánchez
And és y Pé ez He e o, 2015, p. 195). La ayuda del égimen de Láza o Cá denas du an e
la gue a no se ci cunsc ibió solo a la Sociedad de Naciones, sino que se conc e ó ambién
en ayuda ma e ial (a mas y municiones, alimen os, e c.) y diplomá ica en el ámbi o
ame icano, al de ende los in e eses españoles an e países donde la República ya no enía
223
ep esen ación, po al a de pe sonal o po up u a empo al de las elaciones, casos de
Panamá, Pe ú, Ecuado y U uguay. Es e comp omiso ca denis a con la República, que
u o que sopo a una in ensa c í ica in e na p oceden e de sec o es p o anquis as que
equipa aban al ca denismo con el comunismo o el an ica olicismo, con los que ambién
iden i icaban a la República, no se debió sólo a la simpa ía en e egímenes e o mis as,
sino que se alimen aba, así mismo, del deseo mexicano de man ene una polí ica ex e io
au ónoma sob e los p incipios de la segu idad colec i a de las pequeñas po encias en e
a las g andes. Y sob e esos p incipios se man u o su econocimien o de la Segunda
República du an e el anquismo, con e ido en ejemplo de la supues a i meza y
mo alidad de una polí ica ex e io que podía p esen a se, an o en el in e io como en el
ex e io , como elemen o de legi imación de los sucesi os Gobie nos del PRI (SOLA
AYAPE, 2011, p. 275).
Con los ex emos de Gua emala, El Sal ado y Nica agua, po su emp ano
econocimien o de los ebeldes, y de México, con su la ga idelidad a la Segunda
República, el es o de las epúblicas la inoame icanas se man u o en un neu alismo o
p escindencia an e el con lic o, que no ocul aba en la mayo ía de los casos una abie a
inclinación en a o de los ebeldes. Así, el Gobie no de Ge ulio Va gas, au o i a io y
an icomunis a, man u o una “neu alidad” o mal, que no impeda el en o de ayuda
económica o de alimen os a la zona ebelde, la pe secución en B asil de los g upos de
apoyo a la República, la expulsión de en iados epublicanos, como el icecónsul en Sao
Paulo José Rod íguez Ba bei o, o el alien o a la p opaganda de los p o anquis as (IZEPE
DE SOUSA, 2009, p. 55-69).
En A gen ina, donde la colonia española e a más nume osa, la pola ización se
ex endió in ensamen e en oda la polí ica y la sociedad, mien as el Gobie no de Agus ín
B. Jus o se man ena o icialmen e “p escinden e” an e la gue a en España, al mismo
iempo que mos aba sus simpa ías po los ebeldes (QUIJADA, 1991, p. 25; ROMERO,
2011). Simila es bene icios ob enían los ebeldes del Gobie no del co onel Fulgencio
Ba is a en Cuba, que ecibió con ole ancia a un ep esen an e o icioso del Gobie no de
Bu gos en 1937 (NARANJO, 1988, p. 145), al igual que ue on ecibidos o os en iados
ebeldes en Chile, A gen ina o U uguay, donde ealizaban sin mucha oposición labo es
de p opaganda y de ob ención de ecu sos.
Con escasos mecanismos de de ensa an e el desman elamien o inicial del apa a o
del Es ado, la desa ección gene alizada del pe sonal del se icio ex e io y la dis ancia,
an o ísica como polí ica, de la mayo pa e del cue po diplomá ico des inado en España
224
en 1936, que en su mayo ía se había asladado en pocas semanas al su de F ancia, los
sucesi os Gobie nos de la República debie on esol e algunos espinosos asun os con los
Gobie nos ame icanos.
El p ime o su gió de las p opues as de mediación en el con lic o de algunos países
la inoame icanos desde 1936 y que, en algún caso, no ocul aban del odo la p e ensión de
mejo a la condición de los ebeldes, al supone implíci amen e el econocimien o de su
es a us de belige an e, siendo así echazadas po la República. Po ello, la nue a p opues a
u uguaya de agos o de 1937 ampoco end ía seguimien o, ni po pa e del embajado
no eame icano Cha les G. Bowe s, abie amen e p o epublicano, ni po pa e de o os
gobie nos, como el a gen ino. Ya con la de o a en el ho izon e, se ía el Gobie no
epublicano el que in en a ía ex ao icialmen e con a con una mediación ame icana en el
inal del con lic o, ap o echando la misión de Indalecio P ie o en Chile pa a asis i a la
oma de posición del nue o p esiden e Ped o Agui e Ce dá, y que debe ía conc e a se en
la VIII Con e encia Paname icana de Lima de diciemb e de 1938. Nue amen e, la
e icencia gene alizada a inmiscui se en los asun os eu opeos y la p e isión de una
p óxima ic o ia ebelde p o ocó el acaso de es a úl ima p e ensión (TABANERA,
1996, p. 284-288).
Más ensión gene ó en e el Gobie no epublicano y el de algunas epublicas
ame icanas el de echo de asilo, aplicado po las legaciones ex anje as en Mad id po
azones humani a ias, pa a p o ege a aquellos que huían de la gue a o de la ep esión
que a ec ó, ambién po momen os indisc iminadamen e, a los conside ados amigos de
los ebeldes. La p esencia de 11.130 e ugiados en las ep esen aciones diplomá icas
ex anje as, en un ele ado núme o en las de Es ados ame icanos, gene a ía no pocas
ensiones y usos in e esados po odas las pa es implicadas (Mo al Roncal, 2008). En
p incipio, desde la República se acep a ía la legalidad del de echo de asilo, aunque se
p o es ase po su mal uso en cie os casos, a gumen ando que el e ugio se concedía a
quien no lo p ecisaba o a quien lo usaba con in enciones quin acolumnis as. A. Núñez
Mo gado, embajado de Chile en Mad id, se con e i ía como Decano del Cue po
Diplomá ico en el p incipal in e locu o sob e es e asun o, cuya esolución pa a el
minis o Julio Ál a ez del Vayo sólo pasaba po acue dos bila e ales, como los ob enidos
pa a pe mi i la salida de los asilados de las embajadas de A gen ina y México a p incipios
de 1937. F en e a esa pos u a, usada po el Gobie no epublicano pa a pode di icul a la
salida de los e ugiados y o za el man enimien o de elaciones diplomá icas con
Gobie nos que podían ene la in ención de econoce al Gobie no de Bu gos, Núñez
225
Mo gado quiso con e i la esolución en un asun o mul ila e al con la pa icipación de
la Sociedad de Naciones, con el nega i o e ec o sob e la imagen de la República. No
siemp e la es a egia epublicana de con ención se i ía, como an e si uaciones como la
p oducida as el allanamien o del consulado de Pe ú en Mad id en ma zo de 1938, que
p o ocó la de ini i a up u a de elaciones diplomá icas en e Pe ú y la España
epublicana.
Aunque el de echo de asilo complicó las elaciones del Gobie no epublicano con
algunas ep esen aciones diplomá icas, lo cie o es que la p esencia de cen ena es de
asilados en ellas se con i ió en uno de los pocos ecu sos e icaces que podía emplea un
égimen, acosado y denos ado, pa a man ene el econocimien o diplomá ico de algunos
Gobie nos la inoame icanos cuya p escindencia es aba condicionada po una e iden e
a inidad con los ebeldes. Una a inidad que pe mi i ía el despliegue de múl iples
ac i idades de los g upos p o anquis as, an o españoles como la inoame icanos, que
ue on o aleciéndose a medida que a anzaba el con lic o. Un con lic o que alen ó en e
las colonias de emig an es una mo ilización isible en odos los ámbi os de socialización,
desde las asociaciones é nicas y las o ganizaciones pa ida ias, a la ida co idiana. Las
ba allas, no solo dialéc icas, que man enían los p o epublicanos asiduos al ca é Ibe ia de
la A enida de Mayo de Buenos Ai es y los p o ebeldes del ca é España de la ace a
opues a (ROMERO, 2011, p. 20) simbolizan la di isión que a apó a los españoles,
ambién en Amé ica, y que no concluyó con la de o a mili a de la Segunda República
española en ab il de 1939, aquella “niña boni a” de b e e y ágica ida.
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