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1 El papel del trabajo en la España del Plan de Estabilización: una aproximación a la evolución de los salarios y la productividad industrial y su contribución al crecimiento económico (1960-1973) Pablo Gutiérrez González (Universidad de Sevilla) ABSTRACT El llamado Milagro Económico Español iniciado por el Plan de Estabilización de 1959 ha sido descrito como la definitiva modernización de la economía española. Mientras que las transformaciones institucionales como la liberalización parcial de la economía fueron relevantes, la literatura sobre desarrollo económico ha subrayado la importancia del crecimiento sostenido de la productividad como el elemento clave de este período. El crecimiento de la productividad del trabajo se situó muy por encima de lo experimentado en etapas anteriores (Myro, 1983). Sin embargo, a pesar de este progreso sostenido, Serrano y Malo de Molina (1979), entre otros, han señalado las dificultades que específicamente afectaron al funcionamiento del mercado de trabajo durante este período: bajos salarios, altos índices de subempleo y el efecto erosivo de la inflación. (Molinero e Ysas, 1998; Vilar, 2016). Este capítulo trata de examinar las conexiones entre estas dos realidades: la tendencia sostenida de capitalización y aumento de la productividad del trabajo y, por otra parte, la prevalencia de un mercado de trabajo basado en bajos salarios y elevada desigualdad intrasectorial. Para ello, se indaga en tres cuestiones fundamentales: I) ¿cuál fue la evolución de los precios relativos de capital y trabajo en los distintos sectores? II) ¿cómo evolucionó la productividad del trabajo en relación con la productividad total de los factores? Y III) ¿cómo afectaron los indicadores anteriores a la decisión de emplear cada factor de producción? Mediante el examen de estos interrogantes, se pretende obtener una medida precisa del impacto real de los aspectos institucionales en la definición de sectores económicos capital-intensivos y trabajo-intensivos. 1. Introducción El mercado de trabajo español ha dado muestras de serios desequilibrios durante las últimas décadas, de forma que se ha convertido en uno de los focos centrales del debate sobre la política económica desde la Transición 1 . Así, al examinar los datos de desempleo desde 1980, justo después de la segunda crisis del petróleo y en la fase más crítica de la 1 Margarita Vilar-Rodríguez, “¿De aquellas arenas estos lodos? El mercado de trabajo en España desde una perspectiva histórica”, Revista Galega de Economía, 21 (2012), pp 1-32.
2 Transición al régimen democrático, se observa que la tasa de desempleo en España sólo se ha situado por debajo del umbral del 10% en tres ocasiones entre entonces y el año 2020, manifestando además grandes diferencias tanto en términos de género como de edad 2 . En efecto, incluso en los años 2005, 2006 y 2007, en plena expansión previa a la crisis inmobiliaria, la economía española ha mostrado dificultades estructurales para incorporar a trabajadores parados al empleo, especialmente a las mujeres y a los más jóvenes 3 . Para desentrañar las claves de este anómalo funcionamiento, la literatura sobre economía laboral ha manejado distintas explicaciones centradas en la dualidad del mercado de trabajo español, los problemas de adecuación de la formación de los trabajadores a las necesidades de las compañías, o la falta de competitividad y productividad de las empresas españolas, entre otras. Sin embargo, la explicación más extendida (y más repetida) se ha centrado en las presuntas rigideces institucionales que gobiernan el mercado de trabajo español, que constituirían una suerte de herencia envenenada procedente de la dictadura franquista 4 . En este contexto, los mecanismos de control salarial, las dificultades legales para ajustar la plantilla y las regulaciones paternalistas de las condiciones de trabajo implantadas durante la dictadura habrían persistido más allá de la Transición y constituirían un impedimento para la necesaria flexibilidad laboral impuesta por el proceso de convergencia con Europa y, más aún, por el fenómeno globalizador. Como consecuencia, las estrategias políticas emanadas de este análisis han llevado a insistir durante las últimas cuatro décadas en la flexibilización como única salida al mal funcionamiento del mercado español. Las sucesivas reformas laborales implantadas por gobiernos de distinto sesgo ideológico han avanzado, sin excepción, en ese sentido. Sin embargo, este relato sobre la regulación paternalista del mercado laboral durante la dictadura franquista se tambalea cuando se examina la historiografía del trabajo. En efecto, el mercado de trabajo fue extensa e intensamente intervenido desde comienzos de la década de 1940. Durante la posguerra y a lo largo del periodo autárquico, los controles salariales y la reglamentación desde los ministerios de todos los aspectos relacionados con el puesto de trabajo se hicieron comunes a todos los sectores de actividad. No obstante, este clima opresivo en lo regulatorio no operó en contra de las empresas: al 2 Lina Gálvez Muñoz, Paula Rodríguez Modroño y Mauricio Matus López, “Análisis histórico de género del paro en España, desde el franquismo”, Historia Social, 96 (2020), pp. 129-148. 3 Concretamente, el desempleo de los menores de 30 años alcanzó el 55,5% en 2012 y sólo en 2005-2007 se situó por debajo del 20%. Samuel Bentolila, Pierre Cahuc, Juan José Dolado y Thomas Le Barbanchon, “Two‐Tier Labour Markets in the Great Recession: France Versus Spain”, The Economic Journal, 122 (2012), pp. 155-187. 4 Luis Toharia, “Un fordismo inacabado entre la transición y la crisis económica”, en Robert Boyer, La flexibilidad del trabajo en Europa, Madrid, 1986, p. 161-84; Jorge Sola, “El legado histórico franquista y el mercado de trabajo en España”, Revista Española de Sociología, 21 (2014), pp. 115-21.
3 contrario, la ausencia de sindicatos libres, la anulación de los mecanismos de protesta y reivindicación de las condiciones laborales por parte de los trabajadores convivió con las condiciones de la economía española durante el estancamiento de los 1940. Así, la abundancia relativa de mano de obra y un régimen disciplinario dictado desde el Estado y orientado a sostener la producción y la rentabilidad empresarial contribuyeron a apuntalar una economía basada en el uso intensivo de mano de obra barata, y a consolidar, como lo ha denominado Vilar, el “pleno (sub)empleo” en el mercado de trabajo español 5 . La situación de aislamiento de la economía española y los desequilibrios con el exterior llevaron a finales de la década de 1950 a una serie de transformaciones que terminaron por liberalizar parcialmente el funcionamiento de la economía española. Este proceso se centró en la apertura a la inversión exterior y al comercio internacional, así como a la liberalización de los sectores productivos, pero también tuvo sus derivadas reformistas en el funcionamiento del mercado de trabajo. En efecto, frente al celo regulatorio característica del período autárquico, la flexibilización de los mecanismos de establecimiento de los salarios introdujo de facto un sistema de remuneración basado en salarios base regulados a los que se añadía toda una suerte de pluses, complementos periódicos y eventuales y otros componentes extraordinarios 6 . En consecuencia, el empleador tenía una amplio margen de maniobra para fijar la remuneración del trabajo, más allá de los mínimos marcados en los reglamentos ministeriales. Esta transformación, unida a la persistencia en las rigideces en el establecimiento y ruptura de la relación laboral, configuraban un mercado de trabajo cuyo ajuste se realizaba en base al precio del trabajo, y no a las cantidades. El mercado de trabajo del desarrollismo, marcado por la flexibilidad salarial y por unas (no tan) efectivas restricciones al despido, habría permitido vincular los salarios a la evolución de la productividad, de forma que habría preservado el sostenimiento de la tasa de rentabilidad de las empresas 7 . Esto, sin embargo, se habría hecho a costa de un incremento de la dispersión salarial y, en definitiva, de un aumento sostenido de la desigualdad en general. Para añadir más complejidad al proceso, este nuevo escenario coincidió en el tiempo con la culminación definitiva de la industrialización española. En efecto, el proceso 5 Margarita Vilar-Rodríguez, “El trabajo como pieza clave del puzle de la economía española: algunas reflexiones desde la historia económica (1939-2016)”, Historia, Trabajo y Sociedad, 8 (2017), p. 40. 6 Ángel Serrano y José Luis Malo de Molina, Salarios y mercado de trabajo en España, Madrid, 1979; Margarita Vilar-Rodríguez, Los salarios del miedo: mercado de trabajo y crecimiento económico en España durante el franquismo, Santiago de Compostela, 2009. 7 José Luis Herrero y Goio Echebarría, “La evolución de la economía española durante el período 1940-1988 a partir de un indicador de la tasa de beneficio del sector industrial”, Información Comercial Española, 665 (1989), pp. 17-20.
4 de capitalización del sector manufacturero español trajo consigo un incremento constante de la producción y de la productividad de los factores, lo que terminó por servir como base de lo que se denominó el milagro económico español. Esta nueva dinámica del crecimiento, que colocaría a España entre las diez principales economías industriales del mundo y que se extendería hasta el estallido de la crisis del petróleo de 1973, mantenía, sin embargo, desequilibrios internos que han llevado a valoraciones dispares por parte de los investigadores. Así, las mejoras de productividad habrían marcado la evolución de la economía española, y habrían alimentado de forma creciente la remuneración del factor trabajo 8 . Más aún, las reformas liberalizadoras de finales de la década de 1950 no sólo habrían supuesto el retorno al crecimiento, sino que habrían supuesto una reducción de la desigualdad en términos agregados y habrían puesto las bases de la convergencia con Europa occidental 9 . Sin embargo, para otros autores en el ámbito de la historiografía del trabajo y la economía laboral, este período habría supuesto la afirmación de España como una economía que basaba su ventaja competitiva en mano de obra comparativamente barata y en un marco regulatorio del mercado de trabajo ampliamente favorable a los empleadores, circunstancia esta que persistiría (y persiste) en las décadas siguientes 10 . Considerando las distintas valoraciones que se hacen de este período, el objetivo de este trabajo es arrojar luz sobre el comportamiento de los salarios industriales en pleno proceso de modernización e identificar la contribución del factor trabajo al crecimiento económico durante el período, para así tratar de conciliar las dos visiones antagónicas anteriores. Para ello, se analizará el comportamiento de seis sectores de actividad en el ámbito industrial, con el objeto de indagar en los niveles salariales medios y su evolución en relación a los precios industriales y al Índice de Precios de Consumo; en la relación entre salarios, productividad y dotación de stock de capital en los distintos sectores; y, por último, en la dispersión y la desigualdad salarial dentro de cada sector y su evolución durante el período. El resto del capítulo se organiza de la forma siguiente: el segundo apartado examina los cambios en la regulación del mercado de trabajo desde la implementación del Plan de Estabilización. La tercera parte presenta la metodología 8 María Teresa Sanchís, “Transferencias intersectoriales de productividad en la economía española: 1958- 1975”, Revista de historia industrial, 19-20 (2001), pp. 275-304; María Teresa Sanchís, “The Spanish economic "miracle": a disaggregated approach to productivity growth, 1958-1975”, Revista de Historia Económica, 24 (2006), pp. 383-419. 9 Leandro Prados de la Escosura, Joan Rosés y Isabel Sanz, “Economic reforms and growth in Franco”s Spain”, Revista de Historia Económica, 30 (2012), pp. 45-90. 10 José Luis Malo de Molina, Mercado de trabajo y estructura salarial: el caso español (1963-1975), tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1981; Toharia, “Un fordismo inacabado”; José Babiano, Emigrantes, cronómetros y huelgas. Un estudio sobre el trabajo y los trabajadores durante el franquismo (Madrid, 1951-1977), Madrid, 1995; Carme Molinero y Pere Ysàs, Productores disciplinados y minorías subversivas: clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, 1998.
5 empleada y las fuentes del estudio, esto es: la Encuesta de Salarios y la Estadística Industrial de España. La cuarta sección presenta los resultados del estudio. Por último, se añaden algunas conclusiones. 2. El mercado de trabajo a partir del Plan de Estabilización Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la cercanía de la dictadura franquista a las potencias del Eje durante el conflicto había motivado la condena internacional y, especialmente hasta 1950, contribuyó a aislar al país del exterior. Este contexto político externo confluyó con las ideas económicas de los dirigentes del nuevo régimen que, inspirados por las aspiraciones autárquicas de sus antiguos aliados fascistas, trataron de imponer un régimen económico casi militarizado, cargado de regulaciones en todos los ámbitos de la vida económica y protagonizado por un Estado aparentemente omnipresente 11 . Como consecuencia de esta concepción totalitaria de la política económica y a través de un marco regulatorio opresivo, la economía española experimentó una larga etapa de estancamiento y regresión tanto en sus niveles de producción como de productividad, con grave perjuicio para los niveles de vida de la población 12 . Sin embargo, los rápidos cambios en el escenario internacional, con el estallido de la guerra de Corea y la afirmación del conflicto ideológico con el comunismo terminaron por recolocar la posición global de España. El marcado carácter anticomunista de la dictadura franquista facilitó un acercamiento a EE.UU., primero en forma de cooperación en materia militar y posteriormente en forma de ayudas económicas 13 . Esta relación, unida a la relativa relajación de las medidas intervencionistas más extremas, contribuyó a retomar la senda del crecimiento económico, si bien los desequilibrios estructurales persistieron 14 . Así, fue en el año 1959 cuando, en una situación crítica marcada por las tendencias inflacionarias, el hundimiento de la cotización de la peseta y el desequilibrio crónico de la balanza de pagos, el gobierno puso en marcha el Plan de Estabilización y Liberalización, un conjunto de medidas orientadas a contener el déficit de la balanza de pagos y poner fin a la inflación. Estas consistieron en una política monetaria restrictiva, de forma que subieron los tipos de interés y se limitaron las operaciones de financiación del déficit público; se devaluó la peseta y se suavizaron las restricciones a las entradas de capital extranjero, a la vez que se 11 Carlos Barciela, Inmaculada López, Joaquín Melgarejo y José Antonio Miranda, La España de Franco (1939- 1975): Economía, Madrid, 2001. 12 Leandro Prados de la Escosura, El progreso económico de España, Madrid, 2003; Josep Carreras y Xavier Tafunell, Entre el imperio y la globalización. Historia económica de la España contemporánea, Madrid, 2018. 13 Elena Cavalieri, España y el FMI: la integración de la economía española en el sistema monetario internacional (1943- 1959), Madrid, 2014. 14 Prados de la Escosura, Rosés y Sanz, “Economic reforms and growth”, pp. 48-9.
6 anuló el complejo sistema de tipos de cambio múltiples; por último, se retiraron parcialmente los controles de precios y se liberalizaron sectores económicos hasta entonces estrechamente regulados por el Estado 15 . Aunque esto no supuso el fin del intervencionismo, el nuevo marco institucional permitió la estabilización de las cuentas públicas y de la balanza de pagos, a la vez que animó la inversión internacional: capitales estadounidenses, franceses y alemanes alimentaron la inversión en los sectores de la automoción, la industria química y la minería, así como en el comercio al por menor y el turismo 16 . En este contexto, la economía española experimentó una nueva tendencia de crecimiento de la capitalización de los sectores industriales: en el período 1960-1975, la formación de capital fijo no residencial ascendió al 10 por ciento anual. Este proceso de modernización, concentrado en la incorporación de tecnología importada del exterior, contribuyó a incrementar de forma sostenida la productividad: entre 1959 y 1975, la productividad total de los factores creció a un ritmo del 4,5 por ciento anual, mientras que la productividad del trabajo durante el mismo periodo lo hizo al 6,4 por ciento. Como consecuencia de lo anterior, el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita creció un 5,6 por ciento anual en términos reales 17 . El mercado de trabajo no fue ajeno a este nuevo marco reformista y al nuevo contexto económico. En efecto, el mundo laboral había sido objeto de estrechas reglamentaciones durante el período autárquico, de forma que se había consolidado una extraordinaria asimetría entre la posición de empleadores y trabajadores a favor de los primeros 18 . Las ordenanzas del Ministerio de Trabajo definían de forma detallada todos los aspectos relacionados con la organización del puesto de trabajo, su remuneración y las condiciones de contratación y despido. Sin embargo, este marco regulatorio convivía con espacios de flexibilidad que, en todo caso, operaban a favor del empleador. Concretamente, más allá de los salarios mínimos fijados por el Ministerio de Trabajo, las remuneraciones contaban con toda una serie de complementos, pluses y pagos extraordinarios sujetos a la discrecionalidad del empleador, y que en la práctica podían llegar a suponer más de la mitad 15 José Luis García Delgado, “La industrialización y el desarrollo económico de España durante el franquismo”, en Carles Sudrià, Jordi Nadal y Albert Carreras, eds., La economía española en el siglo XX: una perspectiva histórica, Barcelona, 1987, pp. 164-189 16 Nùria Puig y Adoración Álvaro, “La huella del capital extranjero en España: un análisis comparado”, Revista de Historia Industrial, 58 (2015), pp. 249-85. 17 Fundación BBVA and IVIE, “El stock y los servicios del capital en España y su distribución territorial y sectorial”, base de datos disponible en https://www.fbbva.es/bd/el-stock-y-los-servicios-del-capital-en- espana/, consultada el 20/9/2021. 18 Margarita Vilar-Rodríguez, “La ruptura posbélica a través del comportamiento de los salarios industriales: nueva evidencia cuantitativa (1908-1963)”, Revista de Historia Industrial, 25 (2004), pp. 81-126; Carme Molinero y Pere Ysàs, “Productores disciplinados: control y represión laboral durante el franquismo (1939-1958)”, Cuadernos de Relaciones Laborales, 3 (1993), pp. 40-3; José Babiano, “¿Un aparato fundamental para el control de la mano de obra? (Reconsideraciones sobre el sindicato vertical franquista)”, Historia Social, 30 (1998), p. 38.
7 del ingreso total. De esta forma, operaba en la práctica una enorme flexibilidad salarial sujeta a las decisiones del empresario 19 . Más aún, el pretendido paternalismo del régimen y su promoción del empleo fijo, plasmada en la Ley de Contratos de Trabajo de 1944, quedaba en entredicho en tanto que la intrincada regulación del despido, lejos de funcionar como un mecanismo de protección del empleado abrió las puertas al despido libre costoso 20 . En este contexto institucional, la economía española del período autárquico se había configurado como un sistema productivo intensivo en mano de obra barata. No obstante, las tendencias de liberalización de final de la década de 1950 tuvieron su manifestación en la regulación del mercado de trabajo. En efecto, esta nueva normativa, que según la propaganda franquista estaba llamada a modificar radicalmente los fundamentos institucionales del mercado de trabajo español, establecía un marco de negociación colectiva entre empleadores y trabajadores, eso sí, limitada la representación de estos últimos al Sindicato Vertical. En consecuencia, bajo la vigilancia estrecha del Ministerio de Trabajo se abría un campo limitado al diálogo para tratar de vincular los salarios no tanto a la evolución de los precios sino a la productividad, de modo que cada empresa y sector pudieran adaptar las condiciones de trabajo en función de sus resultados, más allá de los mínimos marcados por Estado 21 . Este cambio, si bien sustancial, mantenía a España en una situación anómala al compararla con el resto de los países de Europa occidental: la ausencia de libertad sindical convertía al Sindicato Vertical en canal único de reivindicación, si bien este se mantenía obediente a las instrucciones llegadas desde el Ministerio de Trabajo. Además, la persistencia del desequilibrio entre la capacidad de negociación y presión de empleadores y trabajadores, en tanto se preservaba la prohibición de la huelga, desvirtuaba la eficiencia real de los mecanismos de negociación colectiva. Por último, la condición de que el Ministerio de Trabajo habría de aprobar lo acordado en los convenios colectivos para que estos entrasen en vigor, dejaba en manos del Estado la materialización definitiva de lo pactado entre trabajadores y empleadores, quedando dicha aprobación sujeta a los intereses superiores de la política económica. Esta situación, lejos de cambiar con el ciclo de crecimiento y transformación económica, se mantendría durante toda la vigencia de la dictadura. Así, si bien una nueva Ley Sindical en 1971 trató de flexibilizar y canalizar algunas de las nuevas reclamaciones de los trabajadores ante la creciente conflictividad, 19 Serrano y Malo de Molina, Salarios y mercado de trabajo en España. 20 Miguel Ángel Malo Ocaña, “La evolución institucional del despido en España: una interpretación en términos de un accidente histórico”, Revista de Historia Económica, 23 (2005), pp. 98-101 21 José Luis Malo de Molina, “Mercado de trabajo y estructura salarial”.
8 mantuvo el principio de unidad sindical y, de facto, el marco autoritario y represivo de relaciones laborales vigente en España 22 . Con sus limitaciones, el mercado de trabajo español se benefició del extraordinario crecimiento económico experimentado durante este periodo, de forma que las tasas de desempleo se mantuvieron en todo momento por debajo del 5 por ciento, a la vez que los salarios por hora trabajada aumentaron en términos agregados un 90 por ciento entre 1963 y 1974. Esta dinámica, queda sin embargo matizada por tres elementos: en primer lugar, las salidas de emigrantes hacia otros países europeos alcanzaron cotas máximas en la década de 1960, de forma que contribuyó a una escasez relativa de factor trabajo que impulsó los salarios al alza. Y, en segundo lugar, estas alzas salariales se vieron fuertemente amortiguadas por el efecto de la inflación, de modo que el aumento de las remuneraciones en términos reales quedó severamente reducido. Por último, si bien algunos autores han atribuido este aumento en el nivel de vida a una presunta recuperación del pulso del movimiento obrero y de la incipiente acción de las comisiones obreras, esta tesis queda en entredicho si se examina la evolución de los salarios en términos desagregados: en efecto, la intensidad de los incrementos se relacionó más directamente con la evolución de la productividad sectorial que con esa pretendida presión reivindicativa sobre una estructura institucional que, a pesar de los cambios acaecidos durante la década de los 1970, conservó su perfil represivo hasta después del fallecimiento del dictador. Con todo, este marco institucional coexistió con el que se ha identificado como el momento de culminación de la industrialización, la modernización definitiva de la economía española y su integración en las redes globales de intercambio. En efecto, la economía española se posicionó entre los principales exportadores del mundo occidental no sólo de materias primas, sino también de bienes manufacturados y servicios. Más allá de la importancia decisiva del explosivo crecimiento del sector turístico, la orientación exportadora de la economía española se había afirmado plenamente en los primeros años de la década de 1970 23 . Sin embargo, el estallido de la crisis del petróleo vendría a revelar los desequilibrios estructurales del nuevo entramado industrial: la subida de los precios del petróleo, unida a la crisis política tras la muerte de Franco en 1975, sumiría a España en una de las crisis económicas más profundas del mundo occidental. Al entorno inflacionario y el incremento del desempleo se unió la retracción de la inversión extranjera, que tan relevante había sido para el crecimiento. Además, las dificultades del propio sistema 22 Jon Amsden, Collective Bargaining and Class Conflict in Spain (Londres, 1972). 23 Jordi Catalán, “Del “milagro” a la crisis: la herencia económica del primer franquismo”, en Miren Etxezarreta, ed., La reestructuración del capitalismo en España, 1970-1990, Barcelona, 1991, pp. 95-132.
9 financiero español interrumpieron abruptamente el proceso de capitalización, mientras que la caída de la demanda exterior e interior redujeron la capacidad de maniobra de las empresas españolas 24 . Si bien estas seguían gozando de un marco flexible para fijar las remuneraciones del factor trabajo, mostraron aun así mayores dificultades que sus competidores internacionales de cara a adaptarse al nuevo entorno económico. La dependencia estructural de la financiación exterior y del turismo para sostener el equilibrio de la balanza de pagos y la aún extensa intervención estatal que distorsionaba el funcionamiento de los distintos sectores, entre otros, han sido señalados como elementos que contribuyen a explicar la menor flexibilidad de la empresa española en este periodo, a lo que se ha añadido como factor transversal la persistente desigualdad tanto desde el punto de vista sectorial como geográfico 25 . En este sentido, más allá de la tendencia común de crecimiento, el periodo del desarrollismo se convirtió en escenario para relatos muy diferentes en lo referente a la incorporación de capital, la evolución de la productividad o la capacidad de generación de empleo, divergencias estas que se seguirían manifestando en las décadas posteriores. 3. Objetivos, fuentes y metodología Teniendo en cuenta lo anterior, el objetivo de este capítulo es examinar los desequilibrios surgidos en el seno de la industria española durante el período del desarrollismo desde la óptica del mercado de trabajo. Concretamente, se centrará en examinar los vínculos entre el crecimiento económico desarrollista, el proceso de capitalización de la industria y sus consecuencias en la estructura de la mano de obra y en su remuneración. Además, se analizará el comportamiento de los salarios industriales con el objetivo de arrojar luz sobre el comportamiento de la desigualdad salarial durante este periodo. Con esto, se pretende indagar y contrastar dos tendencias historiográficas diferentes: por una parte, la que subraya el desarrollismo como la culminación de la modernización económica de España en base a sus excelentes resultados en términos macroeconómicos; por otra, la de esta etapa como la de consolidación de la economía española como una estructura poco productiva, intensiva en mano de obra barata y reticente a la convergencia con Europa. Para alcanzar estos objetivos, se recurre a tres fuentes ya conocidas, pero no utilizadas de forma conjunta: la Encuesta de Salarios y la Estadística Industrial de España, ambas coordinadas, elaboradas y editadas por el Instituto Nacional de Estadística, y la base de 24 Enrique Fuentes Quintana y Julio Alcaide Inchausti, De peores hemos salido: una aproximación a nuestra historia económica más reciente, Madrid, 1993. 25 Barciela, Melgarejo and Miranda, La España de Franco, pp. 425-6.
16 más organizados y mejor remunerados se trasladasen al resto de la economía mediante los instrumentos de negociación colectiva como ocurría en la Europa democrática, donde estos funcionaban como correa de transmisión dentro del mercado de trabajo. Con todo, es en el caso de la productividad del trabajo donde se observan mayores diferencias tanto en términos intersectoriales como en las tendencias a lo largo del período. En el caso de las industrias de generación de energía, su especial naturaleza y la extraordinaria expansión de la mano de obra empleada durante este período contribuye a explicar la atonía de su evolución. En el caso de las industrias química y metalmecánica, se produjo un crecimiento sostenido durante el período, aunque manteniendo valores más elevados en la primera. Por su parte, las actividades mineras experimentaron el estancamiento, cuando no caída, de su productividad hasta 1971, fundamentalmente debido a la evolución de la minería del carbón: concretamente, la producción se redujo debido a la paulatina sustitución por otras fuentes de energía, al menos hasta 1973, mientras que la combatividad de los trabajadores del sector y la actitud paternalista del Estado limitó la reducción paralela de la mano de obra empleada. Entre las industrias de bienes de consumo, el desempeño del sector de la alimentación, bebidas y tabaco despunta si lo comparamos con el atenuado crecimiento experimentado en el textil. Más allá de esta heterogeneidad, y a pesar de lo notorio de esta evolución, es necesario subrayar los bajos niveles de los que partía la economía española y la distancia que la separaba de los países del entorno europeo. En efecto, si bien la productividad de la industria española experimentó un crecimiento explosivo, su valor en términos de convergencia con el resto de Europa fue relativa: por ejemplo, apenas consiguió escalar de suponer un 33 por ciento de la productividad alemana en 1965 al 48 por ciento en 1975. Si bien una de las claves ya señaladas del período desarrollista fue el incremento sostenido de la productividad del trabajo y de los salarios en todas las ramas de actividad, la relación entre ambas ha despertado cierta controversia historiográfica: si Herrero y Echebarría (1989) encontraron que la productividad había crecido con mayor intensidad que los salarios desde 1960 hasta al menos 1968, investigaciones posteriores utilizando otras fuentes identificaron una relación inversa, esto es, que los salarios habrían crecido a un ritmo mayor que la productividad durante todo el período, de forma que la remuneración del factor trabajo habría absorbido en su totalidad las mejoras fruto de la modernización, en detrimento de la tasa de rentabilidad empresarial. Esta idea, sin embargo, aparece cuestionada si se examina el comportamiento individual de cada uno de los sectores.
17 TABLA 3. Evolución del Valor Añadido Bruto por empleado (I) y de salario total por hora trabajada (II) en distintos sectores de actividad (1972=100) 1963 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1970 1971 1972 1973 1974 Minería I 100,3 108,9 149,5 147,4 135,3 130,2 103,6 90,6 52,0 100 80,1 107,7 II 53,2 47,0 58,8 67,7 71,1 74,6 84,45 89,0 91,0 100 111,3 119,7 Energía, gas y vapor I 70,2 72,6 84,9 100,3 103,6 107,1 117,5 120,6 103,8 100 119,0 101,5 II 45,0 50,1 50,8 62,7 67,2 69,9 77,0 87,1 88,1 100 105,4 118,4 Industria metalmecánica I 29,4 37,9 44,4 47,2 48,3 54,8 66,7 67,5 76,6 100 96,6 95,4 II 52,4 55,6 56,7 64,2 67,6 68,7 77,9 86,3 90,1 100 109,6 122,7 Industria química I 41,7 43,2 46,3 54,5 62,4 73,7 83,3 89,7 93,0 100 108,9 104,3 II 59,9 62,4 64,9 68,3 71,8 75,1 82,6 89,7 92,0 100 112,8 124,1 Industria alimentaria, bebidas y tabaco I 60,4 70,0 62,2 69,4 83,5 87,3 95,3 104,3 101,7 100 106,2 112,1 II 58,1 64,1 62,9 67,8 78,6 79,0 93,7 94,3 92,9 100 102,8 108,2 Industria textil y del calzado I 40,6 44,2 48,6 55,3 60,0 66,4 76,7 85,4 95,1 100 91,6 80,6 II 65,5 68,1 66,5 71,1 78,2 79,3 86,3 90,6 90,0 100 103,2 111,4 Fuente: Estadística Industrial de España y Encuesta de Salarios, 1963-1974.
18 En la Tabla 3 se presentan los datos desagregados de salarios reales y productividad en términos de valor añadido bruto por trabajador. El primer elemento destacable es el comportamiento del sector del carbón, donde la evolución de los precios de la energía en un momento de transformación, de una parte, y la elevada conflictividad obrera, de otro, resulta en una evolución completamente diferente a la del resto de sectores. En este sentido, la caída de la producción desde 1961 fruto de la competencia del carbón extranjero y del petróleo, unida a las reivindicaciones salariales dentro y fuera del sindicato vertical, generaron un escenario propio de un sector en plena crisis de reconversión, donde los salarios mantenían su tendencia ascendente a pesar de la caída en picado de la productividad. Otra imagen distinta se desprende, sin embargo, al examinar el resto de los sectores incluidos en nuestro estudio. Tanto la industria de generación eléctrica como la alimentaria muestra una evolución similar de la productividad y los salarios hasta 1970. Sin embargo, en el caso de la industria química y en el textil y calzado, los aumentos de productividad se mantuvieron por encima del crecimiento de los salarios reales al menos hasta 1968 (hasta 1972 en el caso de la industria textil). Por su parte, en el caso de la industria metalmecánica, si bien la tendencia aparece más difuminada, se observa cómo hasta 1972 la productividad creció a un ritmo más elevado que el salario medio real. A partir de 1973, en cambio, la presión inflacionista provocada por la crisis del petróleo y, en definitiva, la ruptura del modelo de crecimiento de la edad dorada del capitalismo habría contribuido a deteriorar los indicadores de productividad de toda la industria. Mientras tanto, los salarios habrían acentuado su tendencia ascendente, en un contexto de creciente conflictividad social y en un momento en el que comenzaba a vislumbrarse la crisis política alumbrada con la enfermedad del dictador y los desajustes internos del régimen. Estos resultados, aunque heterogéneos, vendrían a confirmar parcialmente la tesis de Herrero y Echebarría sobre la contención del crecimiento de los salarios, a la vez que abre nuevos interrogantes sobre los elementos que definieron el desigual comportamiento de cada sector 29 . Parece claro que el comportamiento heterogéneo de los distintos sectores industriales pone en cuestión afirmaciones totalizadoras sobre el proceso de industrialización del período desarrollista. En este sentido, los efectos de este fenómeno sobre la dispersión de rentas o, más directamente, sobre la desigualdad salarial, se antojan también variados. Según el modelo teórico de Kuznets, los procesos de industrialización provocarían un incremento inicial de la desigualdad, en tanto se produce un incremento de 29 Herrero y Echebarría, “La evolución de la economía española durante el período 1940-1988”.
19 las rentas del capital y de las rentas salariales de aquellos trabajadores de los sectores más avanzados tecnológicamente; a partir de un punto crítico, la estabilización de las rentas del capital, por una parte, y el incremento de los salarios de los trabajadores del resto de actividades, fruto del efecto arrastre de los sectores punteros, llevaría a una reducción paulatina de la desigualdad 30 . Para el caso español, Prados de la Escosura consideró las remuneraciones de los factores trabajo y capital en términos agregados, lo que devolvió como resultado un aumento de la desigualdad de ingreso durante el período autárquico y un brusco descenso durante el desarrollismo 31 . GRÁFICO 1. Coeficientes de variación de los salarios por hora por categorías profesionales, en distintos sectores de actividad Fuente: Encuesta de Salarios, 1963-1974. Si bien no se cuestionan estos resultados en términos agregados, la heterogeneidad observada de unos sectores a otros lleva a preguntarse cómo evoluciona la desigualdad en las distintas actividades económicas analizadas. Para ello, este trabajo ha tomado en consideración únicamente las rentas salariales a partir de la Encuesta de Salarios. Dado que se dispone de datos de salario por hora, pero no de ingreso total anual, se ha seguido la práctica de Prados de tomar las horas trabajadas totales distribuidas uniformemente por todas las categorías profesionales contempladas en la fuente, de modo que así se obtiene una aproximación al ingreso total anual incluyendo horas de trabajo ordinarias y extraordinarias. Este dato se contrasta a su vez con la población total de trabajadores en las distintas categorías profesionales, para así obtener un indicador específico de desigualdad 30 Simon Kuznets, “Economic Growth and Income Inequality”, American Economic Review, 65 (1955), pp. 1-28. 31 Leandro Prados de la Escosura, “Inequality, poverty and the Kuznets curve in Spain, 1850-2000”, European Review of Economic History, 12 (2008), pp. 299-300. 0,3 0,35 0,4 0,45 0,5 0,55 0,6 0,65 1963 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1970 1971 1972 1973 1974 Minería Energía, gas y vapor Industria metalmecánica Industria química Industria alimentaria, bebidas y tabaco Industria textil y del calzado
20 de las rentas salariales desagregado en sectores de actividad. Además de los índices de desigualdad, se han calculado los coeficientes de variación para así medir las tendencias de dispersión y concentración de las rentas salariales en las distintas categorías. El Gráfico 1 muestra los coeficientes de variación de los salarios por hora de las distintas categorías profesionales en cada una de las seis ramas de actividad analizadas. En términos generales, se observa cómo a lo largo del período estudiado se redujo levemente la dispersión salarial entre categorías, de forma que se produjo una tímida convergencia general en la remuneración del factor trabajo. Esto sería resultado directo de la caída en desuso de la mano de obra sin cualificación alguna, así como del incremento explosivo de oferta de mano de obra más cualificada especialmente en los niveles técnicos. Además, los mecanismos de negociación colectiva, a pesar de sus disfunciones, habría, contribuido, si bien no a una convergencia sectorial intersectorial, sí a un acercamiento de rentas dentro de los distintos sectores, como ya señalara en su día Malo de Molina 32 . GRÁFICO 2. Coeficientes de Gini aplicados a las rentas salariales en distintos sectores de actividad. Fuente: Encuesta de Salarios, 1963-1974. Si bien las remuneraciones por hora trabajada mostraron una leve tendencia a converger, como señalan los datos, esto no trajo consigo un cambio sustancial en la distribución del ingreso total. En efecto, el Gráfico 2 muestra la evolución de los coeficientes de Gini entre 1963 y 1974 aplicados a la estimación del ingreso total. Como se observa, la tendencia en todos los casos es, más allá de leves variaciones interanuales, de estabilidad. En este sentido, si bien se produjo la convergencia de remuneraciones, no es menos cierto que la desigualdad de ingreso, allá donde existía en niveles elevados, se 32 José Luis Malo de Molina, “Mercado de trabajo y estructura salarial”. 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 1963 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1970 1971 1972 1973 1974 Minería Energía, gas y vapor Industria metalmecánica Industria química Industria alimentaria, bebidas y tabaco Industria textil y del calzado
21 mantuvo. Una posible explicación reside en el propio carácter de la transformación de la mano de obra durante el periodo desarrollista: aunque los datos indican que los salarios por hora de las categorías superiores aumentaron a un ritmo mayor que los del resto, también es cierto que el peso de los empleados con menor remuneración, esto es, los no cualificados, retrocedió notablemente en detrimento de aquellos con niveles bajos y medios de cualificación. De esta forma, ambos fenómenos se habrían amortiguado mutuamente, dando como resultado un comportamiento de la desigualdad salarial dentro de cada sector más estático que el descrito por los resultados de Prados al examinar la renta total en términos agregados 33 . Así, tanto aquellos sectores que mostraban mayor disparidad de ingreso al comienzo del periodo como aquellos en los que la renta salarial se encontraba distribuida de forma más uniforme se mantuvieron en niveles similares justo antes del estallido de la crisis del petróleo. Esta atonía en el comportamiento de la desigualdad salarial, aunque sea únicamente medida en los sectores incluidos en el análisis, contribuye a cuestionar la tendencia de progreso en la reducción de la desigualdad dibujada por la literatura previa. Más aún, aunque es necesario indagar más profundamente en lo que sucedió en otros sectores económicos, este cuestionamiento entronca con los hallazgos de Torregrosa sobre la debilidad de los efectos de la reforma fiscal de la Transición en la reducción de la desigualdad en España 34 . En efecto, considerando ambas aproximaciones, ni la naturaleza del crecimiento económico del desarrollismo ni las transformaciones institucionales en el ámbito fiscal durante la década de 1970 habrían sido suficientes para imprimir un cambio sustancial a la distribución de la renta en España. 5. Conclusiones El proceso de modernización del tejido industrial español durante el periodo conocido como el desarrollismo tuvo efectos variados a lo largo del tiempo, a la vez que acentuó algunas de las divergencias existentes entre las distintas ramas de actividad. En efecto, aunque los resultados aquí presentados tienen carácter preliminar, la tesis tradicional que presenta el proceso posterior al Plan de Estabilización como la culminación de la industrialización y definitiva modernización de la estructura económica española queda más que matizada al considerar sus efectos en las dinámicas de formación de capital, en la estructura de la mano de obra y en la productividad de los distintos sectores económicos. 33 Prados de la Escosura, “Inequality, poverty and the Kuznets curve”. 34 Sara Torregrosa, The Spanish Fiscal Transition. Tax Reform and Inequality in the Late Twentieth Century, Londres, 2021, pp. 215-221.
22 Así, la flexibilización en el acceso a financiación y tecnología extranjera desembocó en un proceso de formación de capital que subrayó las diferencias entre distintas ramas de actividad: por una parte, industrias punteras en los ámbitos energético, metalmecánico y químico, intensivas en tecnología y capaces de adaptar las mejoras organizativas fordistas y de generar economías de escala, que contribuyeron al crecimiento mediante un incremento general de la productividad de los factores; por otra, industrias de bienes de consumo, rezagadas en el proceso de formación de capital, resistentes a la incorporación de nueva tecnología y con una capacidad reducida para incrementar sus productividades medias. Esta asimetría se manifestó igualmente en los cambios en el empleo de mano de obra y en su tipología en unos y otros sectores. En efecto, si bien la capacidad de generación de empleo de la industria española fue tímida en comparación con otros indicadores, los sectores más intensivos en capital mantuvieron niveles de creación de puestos de trabajo industriales muy por encima de las industrias de bienes de consumo. En efecto, el capital incorporado en estas últimas habría tenido un efecto sustitución sobre mano de obra, aunque el efecto modernizador fue, igualmente, cuestionable: si la estructura de la mano de obra de las industrias pesadas se transformó, reduciéndose de forma considerable los empleados no cualificados y de baja cualificación en favor de los de cualificación media, las industrias de bienes de consumo persistieron en el empleo de mano de obra de baja cualificación o sin cualificación, lo que habría contribuido a contener las posibles de productividad. El carácter relativo de los efectos del proceso industrializador en la estructura de la mano de obra parece encontrar un relato paralelo en los niveles de desigualdad salarial experimentados en los sectores analizados. En efecto, los resultados preliminares indican que, frente a lo considerado por la literatura previa, el proceso de industrialización del desarrollismo no condujo a una reducción notable de la desigualdad en lo que respecta a las rentas salariales industriales: si bien los niveles de dispersión salarial se redujeron en todos los sectores de actividad examinados, los indicadores de desigualdad sugieren una evolución estática durante todo el período: aquellos sectores con mayor desigualdad a comienzo del periodo se mantenían en situación similar durante la llegada de la crisis del petróleo, mientras que aquellos “menos desiguales” seguían siéndolo en 1974. En este sentido, la capacidad de transformación social y económica de este ciclo de crecimiento quedaría cuestionada: aunque en términos macroeconómicos amplió notablemente el peso de la industria en la economía en su conjunto y trajo consigo un alza considerable de los salarios industriales, este periodo no surtió un cambio radical en la estructura de la mano de obra industrial ni condujo a un modelo de desarrollo menos
23 desigual y más cercano a las democracias europeas. La coincidencia de la culminación de la industrialización con la explosión del turismo y la terciarización, unida a la disponibilidad de tecnología que en poco tiempo (esto es, a partir de la crisis del petróleo de 1973) quedaría desfasada, todos estos elementos habrían contribuido a debilitar el potencial transformador de la industria en el mercado de trabajo español. Bibliografía Amsden, J., Collective Bargaining and Class Conflict in Spain, Londres, 1972. Babiano, J., “¿Un aparato fundamental para el control de la mano de obra? (Reconsideraciones sobre el sindicato vertical franquista)”, Historia Social, 30 (1998), pp. 23-38. —, Emigrantes, cronómetros y huelgas. Un estudio sobre el trabajo y los trabajadores durante el franquismo (Madrid, 1951-1977), Madrid, 1995. Baiges, J., Molinas, C. y Sebastián, M., La economía española, 1964-1985. Datos, fuentes y análisis, Madrid, 1987. Barciela, C., López, I., Melgarejo, J. y Miranda, J. A., La España de Franco (1939-1975): Economía, Madrid, 2001. Bentolila, S., Cahuc, P., Dolado, J. J., y Le Barbanchon, T., “Two‐Tier Labour Markets in the Great Recession: France Versus Spain”, The Economic Journal, 122 (2012), pp. 155- 187. Carreras, J. y Tafunell, X., Entre el imperio y la globalización. Historia económica de la España contemporánea, Madrid, 2018. Catalán, J., “Del ‘milagro’ a la crisis: la herencia económica del primer franquismo”, in Etxezarreta, M., ed., La reestructuración del capitalismo en España, 1970-1990 (Barcelona, 1991), pp. 95-132. Cavalieri, E., España y el FMI: la integración de la economía española en el sistema monetario internacional (1943-1959), Madrid, 2014. De la Fuente, A. y Doménech, R., “El nivel eductativo de la población en España y sus regiones: 1960-2011”, Investigaciones regionales: Journal of Regional Research, 34 (2016) pp. 73- 94. Fuentes Quintana, E. y Alcaide Inchausti, J., De peores hemos salido: una aproximación a nuestra historia económica más reciente, Madrid, 1993. Fundación BBVA and IVIE, “El stock y los servicios del capital en España y su distribución territorial y sectorial”, base de datos disponible en
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