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Uso y función de la pausa prosódica en documentación americanista de los siglos XVI, XVII y XVIII

Valiente Roldán, Enique

Abstract

El proyecto de investigación realizado propone una aproximación al estudio de la puntuación en la escritura de testimonios manuscritos de los siglos XVI, XVII y XVIII procedentes del Archivo General de Indias de Sevilla. A partir de este objeto de estudio, nos hemos propuesto dar sentido a una realidad tradicionalmente ignorada por la tradición investigadora española: el estudio de la puntuación desde su uso. Para la consecución de estos objetivos ha sido necesaria la elaboración de un corpus documental que pueda recoger las diferentes realidades que pudieran interferir en la composición textual de la época. Han sido seleccionados, por tanto 108 documentos pertenecientes a los siglos que comprende este estudio (36 de cada uno) entre los cuales se encontrarán documentos escritos por diferentes manos: religiosos (de alta y baja jerarquía eclesiástica), ciudadanos seglares y cargos administrativos (en estos dos últimos casos se ha diferenciado entre documentos autógrafos y heterógrafos). Un corpus de semejantes características aporta un objeto de estudio profundamente heterogéneo, lo que implica el planteamiento de una metodología de análisis multimodal que proponga diferentes perspectivas y formas de aproximarnos a las características de cada documento y poder desentrañar su significad y la intención que motiva su puntuación. A partir de la unión de estudios cuantitativos y cualitativos, el estudio se ha propuesto conocer las variaciones de norma o frecuencia de uso que puedan presentar los escritos de amanuenses de distinto estrato o formación. Partiendo del hecho de que existe una intencionalidad por puntuar el texto, la extracción y descripción de datos estadísticos sumada a metodologías más novedosas como el análisis del valor que el signo adquiere desde una perspectiva discursiva nos ha permitido elaborar un esbozo de las diferentes causas que motivan esta necesidad de aplicar el signo de puntuación a un texto escrito. Sumado a los criterios establecidos para la elaboración del corpus, a lo largo del proceso de análisis, se ha procedido a otros métodos de clasificación que faciliten la aplicación de diferentes métodos de análisis apropiados a las realidades concretas de cada texto. Así pues, el primer criterio de clasificación de textos planteado para la creación de grupos de análisis ha sido la frecuencia de uso del signo. En otras palabras, el número de palabras por signo, lo que daría pie a los siguientes grupos: 0 – 6 palabras por signo: Puntuación abusiva 7 – 18 palabras por signo: Puntuación moderada 18 - palabras por signo: Puntuación escasa A partir de estos grupos se ha podido acotar el objeto de estudio de modo que ha sido posible establecer relaciones existentes entre los distintos sistemas de puntuación de textos con características semejantes. Una vez establecida esta separación, el siguiente paso ha consistido en la cuantificación de los principales contextos en los que ha sido hallado el signo de puntuación en el documento, así como del porcentaje de casos en los que un determinado contexto es puntuado en cada documento. Finalmente, el segundo proceso de análisis ha consistido en el paso del estudio de la presencia del signo a la variedad de signos empleada. La extracción y comparaciónn de los principales contextos en los que hemos encontrado cada signo en los diferentes textos del corpus nos ha permitido elaborar un esbozo de la historia del uso de cada signo a lo largo de los tres siglos estudiados desde la caótica y asistemática situación de la puntuación encontrada en los textos del XVI a los diversos problemas de fijación, reajuste y homogeneización de la época académica.

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1 USO Y FUNCIONES DE LA PAUSA PROSÓDICA EN DOCUMENTACIÓN AMERICANISTA DE LOS SIGLOS XVI, XVII Y XVIII TESIS DOCTORAL Doctorando: Enrique Valiente Roldán Directora: Yolanda Congosto Martín Sevilla, diciembre de 2023 2 3 ÍNDICE I. INTRODUCCIÓN ................................................................................................... 7 II. CONCEPTUALIZACIÓN. PRINCIPALES CORRIENTES DE ESTUDIO DEL SIGNO DE PUNTUACIÓN .......................................................................................................... 9 1. La praelectio retórica. Possiturae y Distinctione ......................................... 9 2. Primeras propuestas medievales ................................................................. 17 3. Puntuación en el Humanismo y primeros siglos de la Imprenta. ............... 24 4. La norma en el siglo XVIII ........................................................................... 32 5. Concepción de la ortografía para la RAE ................................................... 38 5.1. Valor dado a la puntuación .................................................................. 40 6. La puntuación en la tradición italiana. Principales diferencias. ................. 44 III. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA DEL ANÁLISIS DEL CORPUS DOCUMENTAL ......... 53 1. Objetivos ..................................................................................................... 53 2. Selección y elaboración del corpus documental ......................................... 58 3. Proceso y criterios de transcripción ............................................................ 63 4. Metodología de Análisis ............................................................................. 67 5. El modelo de Basilea. La puntuación con valor lógico-semántico. ............ 72 5.1. El Modelo de Basilea ........................................................................... 73 5.2. El Modelo de Basilea aplicado a la teoría de la puntuación. ............... 76 IV. PROCESO DE ANÁLISIS ................................................................................... 80 1. Usos y funciones en testimonios con puntuación abusiva .......................... 80 1.1. Documentos con puntuación abusiva en el siglo XVI .......................... 81 1.2. Documentos con puntuación abusiva en los siglos XVII y XVIII .......... 85 2. Usos y funciones en testimonios con puntuación escasa ............................ 90 2.1. Testimonios con puntuación escasa en los siglos XVI ......................... 91 2.2. Testimonios con puntuación escasa en los siglos XVII y XVIII ............. 98 3. Usos y funciones en testimonios con puntuación moderada .................... 100 4 3.1. Irregularidad y variación de criterios. ................................................ 101 3.2. Tendencia a la sistematización ortográfica: ....................................... 104 3.3. Convivencia de sistemas de puntuación paralelos: ............................ 108 V. ANÁLISIS DE LA VARIEDAD DE SIGNOS DE PUNTUACIÓN ................................ 113 1. El punto ..................................................................................................... 113 1.1. El empleo de punto en los documentos del siglo XVI. ....................... 115 1.2. El empleo de punto en los documentos de los siglos XVII y XVIII ..... 118 2. La coma .................................................................................................... 120 2.1. Usos del signo de coma en el siglo XVI. ............................................ 120 2.2. Usos del signo de coma en los siglos XVII y XVIII ............................. 122 3. La barra diagonal y los signos compuestos ............................................. 125 4. El semicolon .............................................................................................. 128 4.1. Homogeneización de sus funciones. .................................................. 131 4.2. Sensibilidad hacia estructuras adversativas, causales, finales y concesivas. ................................................................................................. 132 4.3. Asignación de matices de naturaleza textual. .................................... 133 5. Los dos puntos .......................................................................................... 134 5.1. Empleo de criterios de puntuación por imitación .............................. 138 5.2. Empleo de dos puntos con valor discursivo. ..................................... 140 5.3. Separación de unidades macrotextuales. ........................................... 141 VI. CONCLUSIONES ............................................................................................ 143 1. Representación de la pausa oral ................................................................ 144 2. Búsqueda de prestigio ............................................................................... 145 3. Finalidad textual y diacrítica. ................................................................... 146 4. Influencia de la concepción académica de la puntuación en la actividad investigadora. ............................................................................................... 147 VII. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .................................................................. 153 1. Fuentes primarias ...................................................................................... 153 5 2. Fuentes secundarias .................................................................................. 155 3. Otras fuentes bibliográficas ...................................................................... 160 VIII. CORPUS DOCUMENTAL. ............................................................................. 162 1. Testimonios del siglo XVI ......................................................................... 169 1.1. Documentos autógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. ........ 169 1.2. Documentos heterógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular ...... 183 1.3. Documentos cuyo autor pertenece a la baja jerarquía eclesiástica .... 204 1.4. Documentos cuyo autor pertenece a la alta jerarquía eclesiástica ..... 215 1.5. Documentos autógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo.231 1.6. Documentos heterógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo. ................................................................................................................... 246 2. Testimonios del siglo XVII ........................................................................ 261 2.1. Documentos autógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. ........ 261 2.2. Documentos heterógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. ..... 271 2.3. Documentos cuyo autor pertenece a la baja jerarquía eclesiástica .... 283 2.4. Documentos cuyo autor pertenece a la alta jerarquía eclesiástica ..... 294 2.5. Documentos autógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo 308 2.6. Documentos heterógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo ................................................................................................................... 320 3. Testimonios del siglo XVII ........................................................................ 333 3.1. Documentos autógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. ........ 333 3.2. Documentos heterógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. ..... 344 3.3. Documentos cuyo autor pertenece a la baja jerarquía eclesiástica .... 352 3.4. Documentos cuyo autor pertenece a la alta jerarquía eclesiástica ..... 364 3.5. Documentos autógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo 375 3.6. Documentos heterógrafos cuyo emisor posee un cargo administrativo ................................................................................................................... 394 6 7 I. INTRODUCCIÓN Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que la lengua española ha suscitado a lo largo de los siglos, y lo sigue haciendo, un gran interés en el ámbito investigador. En este sentido, el español puede hacer gala de una importante tradición gramatical instaurada por la obra de Nebrija, difundida a través de la colonización de América e impulsada, siglos después, por la Real Academia Española. Lo que nos permite, hoy en día, disfrutar de una lengua meticulosamente descrita y estudiada en prácticamente todos sus ámbitos. Sin embargo, los objetivos que motivan este trabajo serán precisamente los de aproximarnos al que posiblemente sea uno de los objetos de estudio más marginales de la lengua española, especialmente desde su perspectiva diacrónica: la puntuación. Y es que, si bien es cierto que disponemos de una ingente bibliografía destinada al estudio ortográfico de épocas pretéritas, una gran parte de esta excluye este fenómeno de sus objetos de estudio 1 . A lo largo del presente trabajo nos proponemos comprender cuáles son las causas de este desinterés histórico por la puntuación, ya manifestado en algunos de los primeros tratados ortográficos, así como las limitaciones que ello puede llevar para la comprensión de realidades de la historia de nuestra lengua que han quedado marginadas y desatendidas. Así pues, el presente estudio se propone dar un paso más allá de la tradicional perspectiva historiográfica con la que se aborda el estudio de la puntuación en la tradición hispánica, para proponer un acercamiento a esta cuestión desde su empleo por parte de amanuenses, funcionarios o simplemente ciudadanos alfabetizados. La metodología tradicional presente en los estudios de puntuación en nuestra lengua está principalmente destinada a la extracción de datos de las principales ortografías y gramáticas para su posterior descripción y comparación, así como la determinación de las principales características de un único modelo de puntuación presente en un determinado texto. A diferencia de ello, en este trabajo lo que nos proponemos es analizar y extraer datos estadísticos de un amplio corpus documental y obtener así una visión más general y certera que nos permita establecer una visión de cómo se manifiesta este fenómeno en los textos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Ante ello, somos conscientes de la complejidad de la tarea, de la escasez de estudios que puedan respaldar estos objetivos, así como de otras limitaciones que 1 Véase Esteve Serrano, 1982. 8 pudieran surgir a lo largo de la elaboración esta tesis. Especialmente, si establecemos una comparación entre el español y otras lenguas con mayor tradición de estudios en este campo es posible apreciar cómo uno de los principales inconvenientes radica en la limitación terminológica que la lengua española tiene para referirse al campo de la puntuación y a algunos procesos vinculados a ella. Es por ello por lo que, para evitar un exceso en la repetición de palabras, facilitar la fluidez y agilidad en la redacción y emplear términos con significados concretos que permitan una expresión lo más específica posible, se ha procedido a la adaptación de terminología de origen italiano referente a la puntuación. En primer lugar, se empleará el verbo puntuar 2 con el significado de «emplear el signo de puntuación». Si bien se trata de una acepción registrada en el DLE, puede resultar extraña para el interlocutor por su escasa aparición en ese contexto. En segundo lugar, se empleará el adjetivo relacional interpuntivo 3 de procedencia italiana. En este caso no se tratará de una voz registrada por la lexicografía española. Con él se pretenderá hacer referencia a todo aquel elemento relativo a la práctica de la puntuación. Con un significado semejante, se empleará también el adjetivo de origen italiano puntuario. Finalmente, y debido a la necesidad de establecer y definir bien las realidades del plano escrito de la lengua, con el que se trabajará en este estudio, se empleará el término escribiente, no como sinónimo de amanuense o escribano sino como «emisor de un texto escrito» de modo que se establezca un paralelismo con la forma hablante. 2 1. tr. Poner en un texto los signos ortográficos necesarios para facilitar su comprensión y señalar las relaciones sintácticas y lógicas entre sus constituyentes o el carácter especial de algunos fragmentos (RAE: 2014) 3 Interpuntivo se define en la lengua italiana como «relativo all’interpunzione: sistema i.; criterî interpuntivi» (Vocabolario On Line Treccani, 2022, definición 1). 9 II. CONCEPTUALIZACIÓN. PRINCIPALES CORRIENTES DE ESTUDIO DEL SIGNO DE PUNTUACIÓN 1. La praelectio retórica. Possiturae y Distinctione Como punto de partida de este capítulo, destinado a la caracterización de la puntuación a partir de sus principales corrientes de estudio, nos centraremos en aquellas orientadas a la datación y comprensión de la génesis del fenómeno en la antigüedad clásica. Dentro de los interrogantes que podrían surgir a raíz de este tema, comenzaremos por aquel cuya respuesta, quizás por su evidencia, alcanza un mayor grado de consenso entre los diferentes estudios en fuentes clásicas: ¿por qué? ¿qué lleva a la introducción en el sistema de escritura de marcas gráficas que representen fenómenos que exceden de lo puramente segmental? Es indudable ante esta primera cuestión el estrecho vínculo entre oralidad y escritura de la tradición grecorromana. Las particularidades sociopolíticas de ambas civilizaciones conllevarían una concepción del texto escrito como un mero soporte de contenido lingüístico que sería recitado o declamado con una finalidad literaria, didáctica o política y en el que, por lo tanto, primaría un estilo fuertemente influido por aspectos estéticos como el equilibrio, el ritmo o la métrica. Si ya el abandono de la scriptio continua supuso la ruptura con un modelo de escritura prioritariamente segmental para dar lugar a mayores niveles de reflexión lingüística, en este caso con el aislamiento entre espacios de las unidades léxicas, ahora los retóricos se propondrán la regulación de todos aquellos factores estilísticos que influyen en la estética del discurso. Se perseguirá un sistema destinado a la fijación del ordo y la dispositio de los constituyentes del texto bajo diversos criterios como longitud, tonalidad o relación lógico-semántica. Así pues, en una escritura con finalidad declamativa, asistiremos a la aparición de una serie de signos gráficos que regulen aquellos aspectos de carácter suprasegmental del discurso oral ligados, no solo a la segmentación de los constituyentes del texto, sino también a la regulación y distribución de la pausa fisiológica. Esta, con las inflexiones tonales que conlleva en sus confines, adquiriría una resignificación lingüística cuya caracterización y fijación será el principal quebradero de cabeza para los posteriores tratadistas y los actuales estudiosos. Será a partir de este último punto donde surgirá el segundo interrogante respecto al origen de la puntuación en la tradición europea y cuya respuesta dará lugar a arduas tareas de estudio, análisis y especulación por parte de los estudiosos desde la Edad 16 necesidad antes aludida de «nutrir el espíritu con una breve respiración» sino como un elemento enfático y clarificador en la concatenación de unidades de mayor o menor nivel llegando a proponer, todavía débilmente, uno de los primeros recursos intencionalmente diseñados para la resolución de ambigüedades e interpretaciones erróneas en el discurso escrito. A partir de aquí, la propuesta y fijación de un catálogo de notae o possiturae que representen gráficamente los fenómenos orales de segmentación del discurso será una lenta tarea que comenzará a fraguarse en los siglos sucesivos. Si bien es cierto que el modelo trimembre de origen heleno que propone en su origen Dionisio de Tracia será la que goce de más fortuna en la forja de las normas medievales, sería un error pasar por alto la Περὶ καθόλου στιγμῆς (Sobre la puntuación general) del autor alejandrino Nicanor, apodado por su profundo estudio acerca del signo de puntuación como Stigmatías (del griego Στιγματίας, puntuado). Esta obra del siglo II de nuestra era justificaría el apelativo asignado a su autor al componerse, no solo ya de una detallada descripción de ocho signos de puntuación y sus correspondientes fenómenos suprasegmentales, sintácticos y/o discursivos 12 , sino también de la aplicación justificada de estos nuevos criterios de puntuación a la obra homérica. Se trata de una obra de escasa repercusión, de la cual solo han persistido algunos fragmentos, así como alusiones a su obra y su profundo análisis de la obra homérica en autores latinos de los siglos sucesivos, al tiempo que la conservación de diversos manuscritos griegos en los que se aplica alguno de los signos propuestos en su obra 13 . Con ella, Nicanor se suma a la breve lista de autores interesados por los distintos 12 Geymonat (2008: 45-46), presenta el siguiente elenco de signos que conformaría el sistema de puntuación de Nicanor extraídos de diferentes manuscritos procedentes de la Scholia A del Codex Marcianus Graecus 454 así como de algunas anotaciones a la gramática de Dionisio de Tracia: - Tricolon < ⁝ >, aplicado al final de un capítulo o de un escolio. - Dicolon < : >, aplicado al inicio de párrafo o para indicar un cambio de interlocutor en un diálogo - Apóstrofe < ‘ > y diástole < , >, aplicados para indicar relaciones de naturaleza microsintáctica como la unión entre sujeto y verbo o verbo con objeto directo o predicados nominales. - Signos de vocal larga < ¯ > y vocal breve < ˘ >. Paralelamente a estos signos presentes en gran parte de las copias conservadas de los comentarios de Nicanor, se han encontrado otros dos signos cuyo registro estará limitado a un único testimonio: - Un signo con forma de clavo trazado oblicuamente con valor de pausa expresiva o suspensiva en textos desinados a ser leídos en voz alta. - < ₵ >, un signo con forma de c atravesada por un trazo vertical para la introducción de lemas que serán cerrados con < :- >. Esta pareja de signos con una función tan precisa se encuentra en un comentario de Galeno al De oficina medici de Hipócrates en el Codex Graecus 1849 de París. Recuperada de: [https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b10721651b/f401.item]. 13 Geymonat (200: 28) destaca entre los principales testimonios de la aplicación del modelo de puntuación de Nicanor el Códice Vaticano Greco, 225, un manuscrito de obras platónicas datado del siglo XII en el que es posible encontrar el empleo de estos signos. 17 fenómenos significativos en la lengua oral, y autores de las primeras propuestas destinadas a ampliar, regular y delimitar el repertorio de signos gráficos de la escritura. A pesar de ello, la consulta de los escasos testimonios coetáneos conservados permite apreciar la ausencia de estas preocupaciones en el modelo de escritura del ciudadano letrado medio. La minuciosa clasificación de tipos de pausa de Nicanor o la definición desde la lógica de las unidades rítmicas por parte de Diomedes quedarán reducidas a lo meramente teórico. Frente a ello, el escribiente contemporáneo mantendrá durante todo el período imperial una scriptio continua y comenzará a ver en el punto, con sus diferentes alturas, un recurso de separación de unidades léxicas equiparable al espacio y que rara vez será hallado como una marca de carácter prosódico para la declamación del texto. Frente a la regulación teórica y la búsqueda de fijar significados concretos, el escribiente se inclinaba por un modelo de «texto más “neutro” al lector desde el punto de vista de la interpretación, posibilitándole marcar las divisiones y pausas por propia iniciativa en relación a las dificultades del escrito y su comprensión textual» (Wallace, 2012: 12). Con todo ello, asistimos al origen de una irónica constante en la historia de la puntuación: la reiterada propuesta de modelos, repertorios, usos y funciones de la puntuación que resultarán del todo infecundos e ignorados por escribanos (y escribientes) coetáneos y sucesores. Tras la caída del Imperio romano y la configuración del nuevo mapa de reinos europeos, la pluma del amanuense será custodiada prácticamente en exclusiva por los copistas de los scriptoria monásticos. A partir de ellos y muy especialmente desde la época carolingia, la tradición escrituraria experimentará un proceso de homogeneización gráfica que afectará profundamente a los signos de puntuación. Asistimos a unas pautas de empleo de la distinctio cada vez más reconocibles, justificadas y regulares que hallarán su razón de ser, no solo en la teoría elaborada a partir de los tratadistas clásicos, sino también en otra de los principales fenómenos sucedidos en la época: el fomento del hábito de lectura en silencio. 2. Primeras propuestas medievales Tras el declive de la sociedad y la cultura romanas y la aparición de nuevos reinos vinculados a una misma fe, encontraremos en Europa un modelo de creación y difusión textual que, si bien todavía se mantenía estrechamente ligado a la lectura en voz alta, añadirá entre sus finalidades y principales motivaciones la actividad religiosa. 18 El texto escrito, independientemente de su temática, seguirá presentándose como un soporte sustituyente de la memoria que permita su lectura colectiva y, por tanto, requerirá todavía de ciertos recursos destinados no solo al ordo, sino también a la delectio. Sin embargo, la cada vez más acentuada tendencia teocrática imperante en la Europa altomedieval impregnará de contenido religioso y litúrgico gran parte de las creaciones textuales. Estas requerirán de nuevas herramientas gráficas y expresivas que faciliten la consecución de propósitos didácticos, así como la regulación de actos rituales y oraciones grupales. Previamente al desarrollo y difusión de diversos modelos de indicación de pausa, la necesidad de establecer marcas que faciliten y orienten el nuevo proceso de lectura en silencio será motivo de interés para los primeros autores religiosos del periodo medieval. Un ejemplo de la dificultad que en la época supone la supresión de la dimensión oral en la lengua escrita, lo encontramos en la admiración que Agustín de Hipona manifiesta en sus Confesiones al ser testigo de la lectura en silencio de san Ambrosio de Milán. Muchas veces me hallaba yo presente a su lección, pues a ninguno se le prohibía entrar, ni había costumbre en su casa de entrarle recado para avisarle de quién venía; y siempre le vi leer silenciosamente, y como decimos, para sí, nunca de otro modo. En tales casos, después de haberme estado sentado y en silencio por un gran rato (porque ¿quién se había de atrever a interrumpir con molestia a un hombre que estaba tan embebido en lo que leía?) me retiraba de allí, conjeturando que él no quería que le ocupasen en otra cosa aquel corto tiempo que tomaba para recrear su espíritu, ya que por entonces estaba libre del ruido de los negocios y dependencias ajenas. También juzgaba yo que el leer de aquel modo sería acaso para no verse en la precisión de detenerse a explicar a los que estaban presentes, y le oirían atentos y suspensos de sus palabras, los pasajes que hubiese más oscuros y dificultosos en lo que iba leyendo, o por no distraerse en disputar de otras cuestiones más intrincadas, y gastando el tiempo en esto repetidas veces, privarse de leer todos los libros que él quería. Sin embargo, el conservar la voz, que con mucha facilidad se le enronquecía, podía también ser causa muy suficiente para que leyese callando y sólo para sí; en fin, cualquiera que fuese la intención con que aquel gran varón lo ejecutara, sería verdaderamente intención buena (Agustín de Hipona, 398/2002: 110). Sumado a esta nueva realidad, está el carácter sagrado de gran parte de los textos transcritos y difundidos y el consiguiente temor a una interpretación errónea de su contenido. Así pues, una de las primeras muestras de la preocupación por la segmentación del discurso en unidades sintácticas, lo hallaremos en la scriptio per colla et commata empleada en la elaboración de la Vulgata. Este método de delimitación del contenido enunciativo se caracterizará por que 19 en lugar de componerla per capitula, es decir, en líneas seguidas hasta completar cada capitulum, se trataba de hacerlo per cola et commata –miembros e incisos–, de modo que cada línea coincidiera con una unidad sintáctica» (Sebastián Mediavilla, 2012: 942). En su proceso de traducción, san Jerónimo manifiesta conocer la obra de tratadistas como Tulio o Demóstenes y comparte con ellos la necesidad de plasmar en sus escritos aquellos fenómenos de segmentación del enunciado que intuitivamente se producen en la oralidad a partir de diversos recursos fónicos. Conocedor de las nociones de comma, colon y periodos, rechaza el empleo de στιγμάι o notae propuestos por los tratadistas previos para sustituirlos por un modelo de distribución gráfica a partir del cual cada miembro estaría limitado a una línea, lo que simplificaría en gran manera la correcta interpretación por parte del lector (Sebastián Mediavilla, 2001: 19). Ello quedaría ilustrado en el siguiente ejemplo del libro de Nahúm 14 : 1, 1Onus Nineve liber visionis Naum Helcesei 1, 2Deus aemulator et ulciscens Dominus ulciscens Dominus et habens furorem ulciscens Dominus in hostes suos et irascens ipse inimicis suis 1, 3Dominus patiens et magnus fortitudine et mundans non faciet innocentem Dominus in tempestate et turbine viae eius et nebulae pulvis pedum eius 15 . Así pues, al respeto por el carácter sacro de la obra y del traductor, se suma la cada vez más acentuada necesidad por parte del escribiente de plasmar en sus escritos la pausa oral y todos los matices que implica. Cabe recordar en este punto que, durante los primeros siglos del periodo medieval, las escasas teorías que proponen signos o modelos de marcación suprasegmental del texto escrito permanecen limitadas a lo meramente teórico. En las escasas fuentes documentales conservadas de la época 14 El libro de Nahúm pertenece a los libros de los profetas menores del Antiguo Testamento. El profeta lo introduce con un salmo acerca de la cólera divina para posteriormente pasar a la narración de la ruina de la ciudad de Nínibe, «anunciada y descrita con un poder de evocación que hace de Nahúm uno de los grandes poetas de Israel» (Biblia de Jerusalén, 2009: 1090). 15 Biblia Sacra Iuxta Vulgatam versionem. Robert Weber y Roger Gybson (Eds.) Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart. 2007. 20 observamos todavía la presencia de scriptio continua 16 , aunque también se atisban pequeños recursos de variada ejecución con los que indicar diferentes rasgos orales estrechamente ligados a la pausa o la inflexión tonal. El escribiente monástico de este primer periodo, lego todavía en el arte de puntuar, pero necesitado de recursos para su lectura, retoma elementos antiguos que se adaptan a la tradición con una nueva resignificación. Entre las principales propuestas de la época hallamos el desarrollo de diversos métodos destinados a facilitar la correcta separación a simple vista de las unidades informativas y/o sintácticas que componen el texto y que estarían estrechamente ligados con diversos fenómenos suprasegmentales en la oralidad. Así pues, junto a originales propuestas como la alternancia cromática de la tinta de escritura en cada enunciado o párrafo (Gaymonat, 2008: 33), destacan otros métodos que gozarán de gran aceptación en los siglos sucesivos como las letras capitales, utilizadas para resaltar títulos, inicios de párrafos, frases o nombres propios. Del mismo modo, en la escritura monástica comenzarán a imitarse algunos de los esquemas interpuntivos clásicos a los que se pretenderá dar un enfoque más próximo a la comprensión del texto escrito que a su declamación en voz alta. En los siglos sucesivos a la época carolingia, el modo de separación de enunciados planteado en la Vulgata servirá de inspiración a numerosos escribientes que hallarán en este modelo de segmentación una valiosa herramienta con la que evitar la ambigüedad y la consiguiente interpretación errónea del contenido escrito. A pesar de ello, este será considerado un modelo ligado, prácticamente en exclusiva, al texto religioso y quedará desplazado por el desarrollo de los repertorios interpuntivos. Sin embargo, sumado al modelo propuesto por Jerónimo de Estridón, es imprescindible aludir al papel que ejercerán algunos de los prólogos de la Vulgata en cuanto a la difusión de estos conceptos teóricos desarrollados por autores previos, la necesidad de introducir diferentes marcas de separación del contenido en el escrito y la importancia que estas tienen para una correcta interpretación y comprensión del texto. Un claro ejemplo de ello lo hallamos en los siguientes fragmentos extraídos de los prólogos de los libros de Isaías y Ezequiel respectivamente: Nemo cum prophetas versibus viderit esse descriptos, metro eos aestimet apud Hebraeos ligari, et aliquid simile habere de Psalmis vel operibus Salomonis; sed quod in 16 Gaymonat (2008: 35) indica que será a partir de los siglos VII y VIII en torno a la corte carolingia cuando comience a desarrollarse una clara ruptura de la scriptio continua que no será una realidad asentada hasta el siglo xi. 21 Demosthene et Tullio solet fieri, ut per cola scribantur et commata, qui utique prosa et non versibus conscripserunt, nos quoque, utilitati legentium providentes, interpretationem novam scribendi genere distinximus. Legite igitur et hunc iuxta translationem nostram, quoniam per cola scriptus et commata manifestiorem legentibus sensum tribuit 17 . Si bien es cierto que este peculiar modelo de segmentación del contenido discursivo no gozará de gran difusión en los hábitos escriturarios medievales, más allá de aquellas ediciones del texto bíblico que respeten la distribución original del santo, sus aportaciones teóricas respecto a la importancia y necesidad de establecer los límites sintácticos dentro del discurso trascenderá a los escritorios constituyéndose como otro argumento de autoridad en el que se sustente la búsqueda de la marcación suprasegmental en el texto. Así pues, pese a presentar un modelo de segmentación constituido por signos de puntuación, la General Estoria nos muestra también en su traducción del prólogo del Libro de Isaías la importancia atribuida a la organización interna del texto (Sánchez Prieto, 2017: 9) a partir de las anotaciones y las bases clásicas introducidas por san Jerónimo en su prólogo a dicho libro. El que los libros de los profetas leyere e los viere escritos, por las maneras de las leyendas que los clérigos llaman viessos non los asme [...], mas que son escritos por aquellos departimientos e maneras de las posadas que suelen fazer en las leyendas. E son estas posadas unas a que llaman en latín cola e comata, como en los libros de Demosten e de Tulio, que son fechos en la leyenda suelta, e es esta leyenda a la que llaman prosa, e non por aquella manera a que dizen viessos 18 . Del mismo modo, como apunta Fernández López (2015: 4), las alusiones a la organización estructural del texto en la Vulgata serán introducidas como base teórica en el tratado sobre la puntuación de las Instroductiones in latinam grammaticem de Nebrija. Dicho tratado, pese a abogar por un modelo interpuntivo, defiende únicamente aquellas possiturae cuyo valor delimitativo coincida con los de comma y cola introducidos por los clásicos y defendidos en el ya citado prólogo del Libro de Isaías. El valor que la consideración sagrada del texto bíblico y su traductor aportan a la tradición escrituraria quedará de manifiesto en el rechazo a otros límites enunciativos y sintácticos como el período, la vírgula o el paréntesis, de gran difusión, sin embargo, en 17 Bibbia Vulgata Clementina (1598) with Glossa Ordinaria Migne edition (1880), Apud. Swete, 1900: 346. Biblia sacra iuxta vulgatam versionem ad codicum fidem cura et studio monachorum Sancti Benedicti comissionis pontificae a Pio X institutae sodalium preside Aidano Gusquet S.R.E. Cardinale, Vol. XIII, “Liber Isaiae”, Roma, 1969 18 Sánchez-Prieto, 2009, t. 2, 61, Prólogo a Isaías. 22 la época de Nebrija, su empleo será considerado por dicho gramático como «contrario Sacrae Scripturae» (apud Santiago, 1998: 274). Paralelamente al modelo teórico bimembre de cola y comma difundido en las sagradas escrituras, surgirán a lo largo de los siglos medievales diversos modelos de puntuación, propiamente dichos, que se establecerán como herederos directos de los gramáticos grecolatinos y delimitarán, de una manera más concreta, las nociones de comma, colon y periodos. En esta búsqueda de regulación y sistematicidad en el empleo de las notae o distinctione en el proceso de escritura, es imprescindible aludir a la síntesis que Isidoro de Sevilla lleva a cabo a partir de las teorías interpuntivas desarrolladas previamente: La oración se compone de palabras y se estructura en comma, colon y periodo. Comma es una parte pequeña de la oración; colon es un miembro de esta. Periodo es la frase completa y terminada. El comma se forma por la trabazón de palabras; el colon por la unión de commata y el periodo por el enlace de cola. Un comma es el límite de un enlace de palabras; por ejemplo (Cic. Mil. 1): Etsi vereor, iudices: esto es un comma y después sigue otro comma: ne turpe sit pro fortissimo viro dicere, lo cual forma ya un colon, es decir un miembro, puesto que es una parte de frase que ya aporta un sentido; pero aún permanece incompleta la oración, hasta que, después de varios miembros, llegamos al periodo, es decir, a la cláusula última de la oración: ita veterem iudiciorum morem requirunt. El periodo no debe ser más largo de lo que permite una sola expiración (SAN ISIDORO: libro II, De Rethorica et Dialectica, cap. XVIII, «De colo, commate et periodis», 1-2, apud Sebastián Mediavilla, 2012, 947). Una vez propuesto este primer esquema, los procesos de marcación prosódica comienzan su simplificación y fijación a partir de tradiciones como la carolingia, en la cual se introduce el uso de mayúsculas tras la disntinctione, desaparece la subdistinctio por considerarse una pausa débil y casi inapreciable en la oralidad, se pretende cambiar el repertorio de signos para evitar confusiones y malas interpretaciones entre los puntos bajo y medio y se introduce el punctus interrogativus < ? > para indicar la curvatura tonal interrogativa. Posteriormente, con el desarrollo de la escritura a partir de códices y tratados más elaborados, en el siglo XIII hallamos un repertorio y sistema de puntuación común para la mayoría de los testimonios, reconocible por el lector y amanuense que supone la depuración de los modelos anteriores hasta la creación de un sistema simple y eficiente para el predominante carácter didáctico e institucional que poseían los documentos escritos en la época. La plasmación prosódica en los códices y primeros años de imprenta se limitaba al punctus < . > como unidad de separación de oraciones, la vírgula suspensiva < / > como signo de separación de unidades intraoracionales, el calderón < ⸿ > como separador de unidades textuales extensas (no siendo tampoco 23 descartable su aparición como separador oracional) y el paragraphus < § >, de presencia menos frecuente utilizado en la separación de subapartados. A pesar de la difusión y uso generalizado de este pequeño repertorio de signos, los autores pertenecientes a las corrientes humanistas que comienzan a fraguarse en Europa a partir de los siglos XIV y XV consideran insuficiente un sistema de signos con un valor meramente estructurador del texto cuya única finalidad no es ya la plasmación de una realidad oral de la lengua sino la eliminación de ambigüedades e interpretaciones erróneas del texto. Se trata de mecanismos diseñados para la dimensión escrita de la lengua, por cuya heterogeneidad, vaguedad y escasez, desaparecen numerosos matices y fenómenos propios de la lengua hablada. Así pues, asistimos en estos siglos a una renovación del repertorio semiológico de la prosodia, esta vez de carácter personal, por la que cada autor escogía o diseñaba sus propios marcadores prosódicos orientados a aquellas finalidades, temas o estéticas propuestos para su objetivo de aproximarse a una lengua, latina o romance, depurada y concisa propia de la Eloquentia clásica. De este modo encontramos dos modelos distintos de plasmación de estos fenómenos suprasegmentales en época humanística, por un lado, el, todavía carente de normas estrictamente fijadas, sistema de signos de códices, incunables y postincunables limitado al punto, vírgula, paragraphus, calderón e interrogativo, y, por otro lado, el sistema que hallamos en manuscritos de naturaleza más privada o personal y de carácter lírico, filosófico, oratorio o epistolar. Estos últimos podrían estar regidos por signos y normas de puntuación ideadas por sus autores o bien recogidas de las obras de autores considerados canónicos como Petrarca y Boccaccio. Ambos combinaron elementos de diferentes repertorios: mientras Petrarca empleaba cuatro signos, Boccaccio utilizaba cinco para indicar las pausas dentro del periodo, para señalar los commata y los cola, y para indicar la naturaleza de las relaciones entre estas unidades de la frase en cuyas obras encontramos cuatro y cinco signos distintos respectivamente con los que plasmar, no solo las separaciones de commata y periodos, sino también otras relaciones entre enunciados y partes del discurso (Sebastián Mediavilla, 2012: 948). Ante esta pronunciada heterogeneidad en los sistemas de escritura, será en el siglo XVI cuando las principales imprentas italianas comiencen la labor de ampliación del repertorio de signos suprasegmentales y su fijación en los sistemas de escritura mediante la elaboración de tratados de ortografía orientados a la implantación de una norma de puntuación común a todas las imprentas europeas. En época temprana encontramos tratados en los que comienza a manifestarse la necesidad de instaurar un 24 sistema de puntuación estable y fiel a la naturaleza oral de la lengua, uno de los principales ejemplos lo hallamos en De ratione punctandi de Iacopo Alpoleio da Urbisaglia, tratadista de Bolonia del siglo XIV inventor de ocho signos de puntuación que reflejasen en la escritura los aspectos de naturaleza suprasegmental de la lengua entre los que destaca el punctus exclamativus < ! >: «Ego vero, videns quod exclamativa vel admirativa clausula aliter soleat quam continuus vel interrogativus sermo enunciari, consuevi tales clausulas in fine per punctum planum et coma eidem puncto lateraliter superpositum» (apud Sebastián Mediavilla, 2012: 949). 3. Puntuación en el Humanismo y primeros siglos de la Imprenta. Siguiendo con la constante dicotomía entre norma y uso a lo largo de toda la historia del fenómeno gráfico de la puntuación, el periodo comprendido entre los siglos XV, XVI y XVII supondrá otra importante muestra de la disonancia existente entre la ingente bibliografía ortográfica que la época ha aportado al estudio de esta cuestión y el empleo que impresores y escribientes hacían realmente de estos signos. Así pues, la diversa labor científica y reguladora de los numerosos tratadistas que se aventuran a teorizar desde los más variados parámetros el empleo de la puntuación en la escritura se verá eclipsada en su uso por los manuales de impresores destinados, por el contrario, al desarrollo de esquemas sencillos para la aplicación de estos signos, que más allá de facilitar la labor del tipógrafo aporta un criterio homogéneo a todas las obras impresas. A caballo entre la tradición medieval y la obra de los tratadistas de los siglos XVI y XVII encontramos las ya citadas normas de puntuación que Nebrija presenta en sus Introductiones latinae. El hecho de que este fenómeno de la escritura fuera excluido de la gramática en lengua romance y únicamente lo encontremos aplicado a las normas de escritura en latín supone un claro ejemplo de la concepción que para muchos autores coetáneos suscitaba la cuestión de la puntuación. No dejará de resultar curioso cuanto menos, que, ante la insistencia del autor hispalense en su defensa de la ortografía como la ciencia de escribir correctamente de modo que se escriba como se habla (Abellán Giral, 1994: 134-135), se considere innecesaria la codificación y regulación en lengua castellana de este rasgo tan estrechamente ligado con la oralidad. La diferencia en el trato dado a la puntuación en cada lengua quedaría quizás dado a la concepción que el autor posee de cada una de ellas. En sus Introductiones se muestra un firme conocedor 25 de las teorías clásicas de la distinctio así como de la caracterización y funciones de los segmentos resultantes. Defiende el valor delimitador de la pausa en la conformación de las unidades de cláusula, oración y sentencia 19 así como la vinculación entre la «diversidad de sentido y la variedad entonacional» (Esparza, 1995: 233). Sin embargo, no hallamos alusión alguna a la naturaleza suprasegmental de estas unidades y su variación de significado en la Gramática Castellana, en la que, pese a dar cabida a capítulos dedicados al ritmo o la métrica, ni siquiera en los capítulos ortográficos dedicarán espacio a la propuesta de signos de indicación de pausa. Ante esta realidad, Susana Ridao afirma que [Nebrija] consideraba la puntuación como una cuestión baladí, habida cuenta de que continúa los preceptos establecidos en latín, en sintonía con otras lenguas; este pensamiento también puede extrapolarse a bastantes autores de los siglos XVI y XVII porque tampoco incluyen este asunto en sus ortografías (Ridao, 2022: 69). Quizás esta negativa al estudio de la puntuación imitada por otros tantos autores se deba a la justificación aportada por el Anónimo de Lovaina en la que rechazaba dedicar parte de su obra a un asunto «obvio, idéntico en todas las lenguas y tratado ya suficientemente por otros» (Santiago, 1998: 273). Al mantenimiento de la puntuación en los postulados normativos propuestos para la lengua latina por Nebrija, consideramos necesario resaltar el tratamiento que en las Introducctiones así como en otras gramáticas del siguiente siglo se hará de los ejemplos aportados. Pues una revisión de las principales gramáticas y ortografías publicadas no permiten apreciar que los ejemplos aportados para acompañar las descripciones del funcionamiento de los signos de puntuación se hallarán especialmente distanciadas de un proceso de redacción improvisado o espontáneo. Lo común será, por el contrario, la adición de breves ejemplos en lengua española dotados de una profunda artificiosidad, o directamente escritos en lengua latina, como será el caso de Felipe de Mey, pese a encontrarse su obra redactada en español. Ello nos dará testimonio de que todavía el estudio de la puntuación arrastrará consigo la pesada carga de la retórica clásica. No debemos olvidar que toda la bibliografía de que disponen los tratadistas humanistas acerca del proceso de distictione responde a dos claras finalidades: la elaboración de discursos para su lectura 19 «Sentencia se refiere a la unidad de sentido, que resulta de la adecuada distribución de las palabras en la cláusula y de las cláusulas en la oración, y que se trata de la unidad mayor de descripción lingüística, que englobaría palabras, cláusulas y oraciones. […] La sentencia, con todo, podría entenderse desde la perspectiva del resultado de la comunicación, como la perfecta comprensión del enunciado y el cumplimiento de la adecuación hablante-oyente» (Esparza, 1995: 234). 32 automática. Por tanto, a pesar de la confluencia de manos que pudiera implicar la aplicación de signos de diversos orígenes y de la peculiar forma de disponer las páginas para su impresión en las que el fragmento de texto inserto en ellas no estaría conectado con la sucesiva y la anterior, sí que encontraríamos una clara intencionalidad en el empleo de una puntuación justificada, moderna y homogénea. Partiendo de estos parámetros y características de puntuación, será más reducido el número de particularidades que encontremos en las obras de cada imprenta a nivel interpuntivo pudiendo afirmar que la puntuación impresa gozará de una mayor homogeneidad y regularidad que permitirá la detección de patrones comunes de puntuación por parte del lector, y la consecuente difusión de la norma a través del uso. 4. La norma en el siglo XVIII A pesar de las notables diferencias que estas presentaban, tanto en los usos atribuidos a cada signo como en aspectos terminológicos, podemos dividir, a grandes rasgos, las normas propuestas en este siglo entre sistemas con una profunda inspiración didáctica herederos de los criterios enunciativos de la tradición clásica y medieval, y modelos fuertemente orientados a la búsqueda de pautas y normas rígidas que eviten una puntuación subjetiva o intuitiva. En primer lugar, podemos ver cómo a pesar de haber ampliado el inventario de puntuación del que se dispone, y haber matizado con una mayor concreción los valores atribuidos a cada signo, estos seguirán, en numerosas ocasiones, manteniendo el nombre de la unidad lingüística que delimitan. Así pues, salvo el punto, que mantendrá su nombre ya consagrado en la tradición medieval, encontraremos cómo la vírgula será rebautizada como “coma”, así como la multiplicidad de matices que se añadirán al concepto de colon para la designación de los signos de dos puntos y punto y coma. El mantenimiento de esta terminología supondrá, no solo un vínculo con la tradición desde el punto de vista terminológico, sino también desde el punto de vista funcional puesto que quedaría demostrado que estos signos no tendrían valor por sí mismos, sino que el valor recaería en las unidades delimitadas. Por tanto, salvo normas auxiliares que encontramos en algunos autores orientadas a finalidades desambiguadoras, el signo de puntuación será empleado todavía como delimitador de las unidades canónicas de división del enunciado, eso sí, incluyendo como novedad el establecimiento de 33 diferentes matices respecto al vínculo informativo entre los segmentos separados por el colon. Respecto a la búsqueda de homogeneidad y regularidad, esta vinculación con el plano informativo se reflejará en algunas propuestas normativas en la búsqueda de sistematicidad en el empleo del signo ante determinados contextos. Por tanto, no nos extraña encontrar autores, como Felipe de Mey, que abogan por la aplicación de uno u otro signo ante conjunciones copulativas, relativos, conjunciones subordinantes y adversativas, o tras un verbo dicendi que introduce una secuencia en estilo indirecto. Sea como fuere, como impresión general estos primeros tratadistas españoles nos dejarían un conjunto de normas publicadas en brevísimos capítulos en los que se intenta dar solución y regularidad a un fenómeno cada vez más presente en la escritura, pero difícil de caracterizar en su totalidad. Por tanto, seguiremos encontrando numerosas ocasiones en las que el tratadista, consciente del valor subjetivo que suscita la puntuación para gran parte de escribientes, apelará al buen juicio y criterio del autor a la hora de puntuar su escrito. Si bien esta podría haber sido la tónica general de los sistemas de puntuación teóricos propuestos en época preacadémica, el siglo XVIII experimentó una racionalización de todas las ramas del saber que afectará también a los estudios lingüísticos y entre ellos a la ortografía. Por otro lado, otras corrientes didácticas de desarrollo de contenido metalingüístico aportarán diferentes y novedosos enfoques a la cuestión ortográfica en general y a la puntuación en particular. Las obras ortográficas que encontramos en esta época manifestarán un importante cambio en cuanto a la concepción que se tiene del fenómeno gráfico de la puntuación. Esta dejará de ser un mero accidente, de presencia anecdótica y difícil regulación para convertirse en una disciplina con peso y autonomía propios dentro de las normas ortográficas. Así pues, dentro de los cambios paradigmáticos respecto al tratamiento de esta cuestión y la tratadística del XVIII, serán destacables las obras de Francisco Sánchez Montero (1713) y en especial el didactismo presente en la obra de Benito Feliú San Pedro (1769). La propuesta ortográfica de Francisco Sánchez Montero 21 se muestra como una de las primeras obras que dentro de la lengua castellana reivindica el lugar que merece la puntuación dentro del sistema gráfico. Ante la necesidad de establecer unas normas 21 Cfr. Escuela de prima ciencia, primera grada, sobre la qual se funda la escala para subir a la cumbre de la sabiduría adquirida. Reglas, y preceptos generales, para saber leer, y escrivir con perfección el lenguage castellano (1713). 34 ortográficas que regulen de manera lógica y justificada el empleo de una u otra grafía, el autor va más allá de esta tendencia meramente “letrista” de las corrientes normalizadoras coetáneas y, en una obra de fuerte inspiración religiosa establece una correlación del el vínculo existente entre las grafías y los signos de puntuación con la unión entre el cuerpo y el alma. Es cosa muy notoria, que el hombre es compuesto de cuerpo, y alma: y en tanto es hombre, en quanto permanece la vnion de estas dos cosas, pues es así, que en desenlazando la vnion, queda el cuerpo tronco, por la ausencia de quien le comunicava la vida. Dela misma suerte se debe entender la Escritura, la qual se compone de cuerpo (que son los caractères) y de alma (que es la Puntuación, Colocación de letras propias, cada vna en su puesto, y abreviaturas claras) y en tanto serà buena Escritura, en quanto fuere bien ceñida con la apuntacion, como queda dicho (Sánchez Montero, 108-109). Este punto de vista, si bien implicará un nuevo paradigma respecto a la importancia que tendrá la puntuación dentro del proceso de escritura, no presentará un cambio sustancial en cuanto a las funciones que le son atribuidas. Para Sánchez Montero, la puntuación seguirá funcionando como una herramienta de división y jerarquización del contenido informativo, eso sí, aplicado a ejemplos más asequibles que los propuestos en los tratados anteriores. Por tanto, la sencillez de los ejemplos aportados reforzará esta concepción de la puntuación como una disciplina totalmente integrada dentro del sistema ortográfico, hasta el punto de que puede ser aplicable en contextos lingüísticos cotidianos y no únicamente en escritos cultos de meticulosa elaboración. Si procedemos a la lectura de los siguientes ejemplos, es posible advertir cómo Sánchez Montero rompe con la tradicional forma de exposición normativa propia de los tratados de los siglos anteriores, como la basada en la descripción de las funciones del signo o la aportación de pequeños enunciados en latín o en español carentes de contexto. A lo largo de la tradición ortográfica de los siglos XVI y XVII no es frecuente encontrar una gran profundidad en los ejemplos de puntuación aportados por los tratadistas. Ello refuerza el valor abstracto y difícilmente accesible que todavía presentará este fenómeno gráfico. Si atendemos a tratados como los de Mateo Alemán (1609) y Juan de Ycíar (1548) es posible observar una disposición teórica únicamente basada en la descripción de los modos de empleo de cada signo. Algo semejante presentan los capítulos dedicados a esta cuestión por Gonzalo Correas (1630) y Jiménez Patón (1614) quienes únicamente aportarán ejemplos para el punto exclamativo y el interrogativo. Respecto a los autores que sí incluirán ejemplos, tanto en latín, como será el caso de Felipe de Mey (1609), como en español, en las obras Torquemada (1552) y 35 Villalón (1558), los ejemplos aportados constarán de breves enunciados que difícilmente podrán reflejar en su totalidad la complejidad del concepto descrito. Únicamente, encontraremos en la obra de Juan de Villar (1651) o Alonso Víctor de Paredes (1680) un empleo, respecto a algunos signos concretos, de ejemplos más amplios y de carácter menos docto a partir de los cuales se pueda reflejar un empleo real de los usos y funciones descritos. En contra de ello, el docente cordobés presenta pequeños fragmentos de texto en los que la división de las unidades del texto estará inserta dentro de un contexto, lo que permitirá apreciar realmente la función que esta aporta al conjunto discursivo. En las conjunciones copulativas, o conjuntivas, precediendo siempre à la y como si dixessemos: Entramos en vna Escuela, y vimos à el Maestro bien ocupado en su Magisterio, y todos sus Discipulos trabajavan à su imitación, y de quando en quando se oia vna voz, que dezia: Señores, vamos todos à vn fin, y aprovechemos el tiempo, que es joya de grande aprecio: la aplicacion, y el trabajo hazen el hombre dichoso (Sánchez Montero, 1713: 110). Los dos puntos, ô colòn perfecto tienen su empleo quando media la claùsula ô periodo de que se va hablando v.g. No dexes passar la noche sin trabajar algo, que puedas juntar al dia: porque para el virtuoso, no ay muralla de por medio (Sánchez Montero, 1713: 115). Es interesante destacar respecto a los anteriores fragmentos cómo, a pesar de esta mayor sencillez o naturalidad en la expresión de los ejemplos propuestos por Sánchez Montero, a lo largo de toda la obra ortográfica será posible advertir una doble intencionalidad, por un lado, en el desarrollo de una teoría ortográfica, y por otro en un interés catequizador, puesto que el autor aprovechará todos los ejemplos de su ortografía para incluir comentarios y enseñanza de carácter religioso y moralizante. Si continuamos con el análisis de las obras coetáneas a la fundación y primeras publicaciones ortográficas de la Academia, encontramos que, a pesar de una nueva corriente didáctica que comienza a germinar en este siglo, muchas de las características de los periodos anteriores seguirán presentes en una considerable parte de las publicaciones ortográficas dieciochescas. Durante este siglo serán muchas las propuestas normativas cuyos planteamientos acerca de la puntuación todavía conservan algunos de los vicios de los que adolecían las obras previas, como serán la invención de nuevos signos y funciones, la alteración terminológica y, respecto a este último punto, la vinculación de la identidad del signo con la de la unidad delimitada. Así pues, mientras las ortografías académicas, y muchos otros autores contemporáneos comenzaban a emplear una nueva terminología para la denominación 36 de los signos de puntuación, especialmente a los procedentes del colon los cuales pasarán a ser identificados a partir de su descripción gráfica (dos puntos y punto y coma), otros autores mantendrán nomenclaturas arcaicas que en algunos casos no llegaron a gozar de gran difusión. Como ejemplo de ello, Antonio Bordázar propondrá en su Ortografía española fijamente ajustada a la naturaleza variable de cada una de las letras (1728) una amplia oferta terminológica a partir de la cual cada signo podrá ser identificado, tanto con su nombre actual como mediante las terminologías clásicas o propuestas por otros autores. Así pues, para el impresor valenciano, los signos que compondrán el sistema de puntuación serán los siguientes: «coma, distinción, enciso, cortadura o diástole; punto y coma, punto y medio, colon imperfecto o upocolon; dos puntos o colon perfecto; punto final o estigme; interrogación, admiración, paréntesis o entreposicion; y división, ufen o sounion» (Alejo, 2021a: 107). Del mismo modo, será interesante destacar, con respecto a la renovación del inventario de signos y sus funciones, las propuestas de reformulación de los puntos suspensivos llevadas a cabo por Bordázar y por el también impresor valenciano, Carlos Ros. En el caso del primero, nos presenta el signo compuesto < :- > con valor de suspensión o interrupción del discurso, el cual podría ser sustituido por una sucesión de puntos cuya longitud no estaría limitada (Carrera Díaz, 2008: 319). Semejante en su carácter subjetivo será el signo compuesto mediante el empleo de cuatro < :: > o seis < ::: > puntos con el mismo valor, así como la posibilidad de una sucesión indeterminada de puntos. Ello nos mostrará una puntuación constreñida a la intuición y a la pura intencionalidad comunicativa del autor, puesto que, según las normas propuestas, la longitud del signo dependerá de la propia intensidad que el amanuense pretenda manifestar. Pese a planteamientos como los anteriores, no podemos terminar el recorrido historiográfico por las normas de puntuación del siglo XVIII sin aludir al Arte del romance castellano del escolapio Benito de San Pedro 22 . Este manifestará una clara intencionalidad de que la correcta aplicación de la puntuación impregne los escritos, independientemente del estrato social o nivel formativo del autor, o del contexto comunicativo que motive el mensaje. Quien ai que no se vea en la precision de escrivir una carta? De presentar un discurso, un razonamiento ajustado? Toda persona bien nacida de uno i otro sexo, que desea ser util, i 22 Cfr. Lliteras, 1992 y García Folgado, 2002; 2003. 37 tener alguna buena reputacion de buena crianza, debe saber el Arte de su lengua (San Pedro, 1769: XVIII-XIX). En general, la obra gramática y ortográfica de Benito de San Pedro propone un cambio conceptual con respecto a la finalidad qué este tipo de tratados deben tener. Su condición de escolapio, lo lleva a la elaboración de una obra con una fuerte intencionalidad didáctica «que deje paso a un tipo de enseñanza más práctica que no deba desembocar, necesariamente, en la universidad» (García Folgado, 2002: 1194). Esta obra se mostrará como la primera de la tradición hispánica que escapará de los clásicos postulados del modelo nebrisense (Lliteras, 1992: 505) para pasar a la propuesta de una norma más justificada y aplicable a un proceso de alfabetización de clases populares cada vez mayor. Para ello, el autor propone una fuerte racionalización de la cuestión lingüística firmemente influida por la obra del Brocense y las corrientes gramaticales de Port Royal que, en el plano de la puntuación, se manifestarán a partir de la ruptura de todos aquellos hábitos de aplicación automática del signo de la puntuación con o sin justificación prosódica sintáctica o textual. La regla que dan los Gramáticos de poner coma antes de la conjuncion i negacion ni, o particula que tiene tantas excepciones, que no puede ser de uso alguno (San Pedro, 1769: 208). Tomando este ejemplo como punto de partida, el modelo ortográfico de San Pedro, en lo referente en la ortografía, propone precisamente romper este automatismo qué reduce la puntuación a colocaciones en situaciones habituales y los sustituye por otros parámetros funcionales que regulen la aplicación del signo de puntuación conforme a una intencionalidad textual. Plantea por tanto un uso de la puntuación mucho más subjetivo e intuitivo, pero, a su vez, regido por unos criterios estables. Se puede decir en general que usamos de la Coma en todos aquellos lugares del Periodo, en que se puede hacer alguna pausa, aunque no esté todavía perfecto el sentido de la oración, i que falte algo para acabar el pensamiento. Por tanto por ella distinguimos las partes del Periodo, clausula o sentencia. Es inútil explicar por menudo en que lugares del Periodo se puede hacer pausa; pues se conoce fácilmente atendiendo al sentido de lo que se dice o escribe (San Pedro, 1769: 208). Nos servimos del punto i coma ordinariamente, para separar las principales partes de un periodo, cuando estos son largos, i contienen otras partes separadas por comas: I también para distinguir las phrases, cuando la una depende de su precedente como de su principio. Los dos puntos denotan mayor pausa que el punto i coma; i sirven para distinguir aquellas clausulas, cuyo sentido no depende uno de otro, de manera que está terminado 38 el sentido de lo que precede a los dos puntos, i lo que se sigue es para mas estenderlo o declararlo (San Pedro, 1769: 209). A continuación, y como muestra del, ya mencionado, didactismo que motiva esta obra, el autor añade un fragmento de una traducción del libro de Job. El ejemplo aportado permitirá apreciar el empleo de estos signos dentro de un texto, y no insertos en breves enunciados, faltos de contexto y diseñados ad hoc como se presentaba el uso de los signos descritos en las ortografías de los siglos previos. Veo que Dios los passos me ha tomado: Cortadome la senda; i con escura Tiniebla mis caminos a cerrado. Quitò de mi cabeza la hermosura Del rico refplandor, con que iva al Cielo: Desnudo me dejó con mano dura. Cortóme, en derredor, i vine al suelo Cual árbol derrocado: mi esperanza El viento la llevo con présto buelo. Mostró de su furor la gran pujanza Airado i triste, yo como si fuera Contrario, assi me aparta i lanza. Corrió como en tropel su Esquadra fiera, I vino, i puso cerco a mi morada, I abrió por medio della gran carrera (San Pedro, 1769: 210). Finalmente, a pesar de las grandes novedades que esta obra aportará a la didáctica de la lengua y a la manera de entender la ortografía y, en particular, la puntuación, será necesario destacar que su fecha de publicación será posterior a la publicación de las primeras obras de contenido ortográfico de la Real Academia Española. Por tanto, si bien nos encontramos ante un imprescindible exponente de una corriente de estudio lingüístico que comenzaba a fraguarse a lo largo de este siglo, este didactismo, y en especial la concepción del signo de puntuación como una herramienta funcional de la lengua escrita, no supondrá una gran influencia para el desarrollo de los postulados normativos de la Academia. 5. Concepción de la ortografía para la RAE A pesar de las novedades que caracterizan a gran parte de los tratados de ortografía y gramática en cuanto al tratamiento de la puntuación, la visión que de esta presentará una recién fundada Real Academia Española distará en gran medida de los postulados anteriormente descritos. Paradójicamente, nos encontramos con una institución que, si bien nacerá como el órgano lingüístico de la monarquía española del 39 cual emanarán las normas que regulan la lengua del Imperio (Carrera Díaz, 2008: 320), mostrará desde un principio un tratamiento desigual entre la puntuación y el resto de los aspectos de naturaleza ortográfica. Si atendemos a las definiciones aportadas en los primeros capítulos de la Ortographía de 1741, a pesar de retomarse el concepto nebrisense de ortografía como «ciencia que enseña las determinadas letras, con que se debe escribir cada dicción» (RAE, 1741:1), esta definición no se limitará únicamente a la clásica correspondencia entre sonido y “letra”, sino que esta se verá ampliada abarcando a todos los diferentes fenómenos gráficos: La Ortografía es la facultad, que enseña à escribir recta, y científicamente, assi en la propiedad de las letras, con que se debe expresar la voz, como en la division y puntuacion de las claúsulas [sic], acentuacion de las voces, notas, que indiquen el sentido, y todas las demás circunstancias, que pide la buena explicacion de los conceptos y su clara expresion para la inteligencia de los que leen (RAE, 1741: 1-2). Si bien es cierto que la primera publicación de carácter ortográfico con autoría de la Academia la encontramos en el discurso proemial del Diccionario de Autoridades de 1726, esta se mantendrá como un breve apéndice ortográfico en el que queden especificados los criterios que se han seguido a la hora de determinar la correcta forma de las voces recogidas en la obra lexicográfica. Este discurso manifiesta una firme defensa de la disciplina ortográfica, así como de las distintas ramas que la componen, entre ellas la puntuación. A pesar de que todavía será pronto para que la Academia muestre unos criterios definidos a partir de los cuales justificar sus decisiones gráficas, el contenido de este discurso se presentará como una clara declaración de intenciones acerca de los objetivos reguladores que presenta la Academia, así como del fuerte carácter normativo con el que se propondrá establecer de la forma más precisa posible el correcto empleo de la lengua en cada uno de sus aspectos. Esta intencionalidad se manifestará de una manera claramente justificada a partir de la publicación en 1741 de la ya citada Ortographía española, cuyo grueso estará dedicado al correcto empleo de las grafías. En los capítulos dedicados a la regulación del empleo de las letras, la Academia muestra desde un principio su contundente rechazo a cualquier decisión de naturaleza arbitraria o carente de justificación y propone una solución al incesante debate de los ortógrafos de los siglos previos acerca de qué criterio -uso, pronunciación u origen etimológicodebía predominar en la fijación normativa. Así pues, plantea la siguiente conjugación de los tres criterios, a partir de la 40 cual, si bien cada uno de ellos tendrá su peso específico, será aquel que vincule la palabra con su forma original el que predomine frente al resto 23 . La pronunciación se debe atender siempre que por ella sola se puede conocer con qué letra sea describir la voz: porque donde ella impera, y plenamente rige, no tiene lugar ni el orígen, ni el uso, pues entonces sería abuso. En todas las voces, en que la pronunciación no puede gobernar enteramente la pluma, y tiene orígen conocido, se debe atender á el, no habiendo constante uso contrario. Quando es constante el uso de omitir la letra châracteristica del orígen, como en caricia la h despues de la c, ha de prevalecer el uso; pero siendo este vario, y el origen cierto, ha de parecer el orígen. En las voces de orígen dudoso, ó incierto, y que pueden escribirse con letras diversas, pero de una misma pronunciacion, como con b, o con v, con g, con j, o con x, se ha de consultar el uso, y no habiéndole constante, se debe escribir con la letra que sea más natural, y propia del idioma […] (RAE, 1741: 112-113) Con el establecimiento no solo de unas normas ortográficas, sino de los fundamentos que las regulan y las justifican, la Academia pretende elaborar un sistema que permita –con la evidente disponibilidad de medios– la consulta en caso de duda. Quedaría, por tanto, confeccionada una norma objetiva, fácilmente asimilable, justificable conforme a parámetros lógicos y, en síntesis, estable y difícilmente cuestionable. Sin embargo, como veremos a continuación, este interés abarcador de todos los aspectos gráficos presentes en la escritura no dedicará la misma atención -y extensión- a cada uno de estos fenómenos. Las obras ortográficas académicas mostraron una clara intencionalidad “letrista” a partir de la cual «las grandes polémicas han girado alrededor del problema de la falta de correspondencia entre las letras y los sonidos. La puntuación, en cambio, no ha generado nunca encendidas discusiones» (Alejo, 2021b: 19). A este respecto, bastaría solo con observar que, en el índice de la Ortographía de 1741, de las 358 páginas que componen esta primera ortografía, únicamente diez estarán dedicadas a la «division de las voces y cláusulas» (RAE, 1741: 260). 5.1. Valor dado a la puntuación Más allá de las evidentes diferencias en cuanto al espacio dedicado a las diversas cuestiones ortográficas, la justificación que se aporta a las diferentes decisiones 23 A este respecto, Martínez Alcalde (2010: 29) indica que «el principio etimologista fue defendido por el académico Vincencio Squarzafigo en la sesión de la institución del 26 de mayo de 1728, en su “Disertación académica en que se pretende probar que, para el más perfecto conocimiento de las voces, es conveniente arreglar la ortografía de ellas a sus orígenes”». 41 normativas tampoco será equiparable entre los diferentes fenómenos tratados. La intencionalidad a la hora de establecer unas normas justificadas por una serie de parámetros lógicos y accesibles para el usuario desaparecerá en los capítulos dedicados al empleo de las denominadas notas de puntuación, las cuales serán presentadas como un rasgo auxiliar carente todavía de la evidente intención reguladora del resto de aspectos ortográficos. Si atendemos a la presentación que se da al epígrafe dedicado a la puntuación en el discurso proemial del Diccionario de Autoridades de 1726, podríamos deducir que desde la Academia se sigue con la corriente de inclusión de las prácticas puntuarias como un elemento imprescindible de la ortografía, «lo que no es óbice para que, acto seguido, se reconozca que, respecto a ella, poco hay que añadir a lo que está escrito en discursos y epítomes ya publicados» (Alejo, 2021b: 19). Son tan forzosas è indispensables estas dos cualidades, que la una sin la otra no es capáz de constituir por sí sola verdadera y cabál Orthographía: y la razón es, porque esta pide que lo que se escribe y trasláda al papél, corresponda à lo que se habla, y se pretende dár à entender: y mal se puede conseguir este fin, si por una parte las Palabras no están bien y fielmente escritas, y por otra las Cláusulas no están divididas y puntuadas con la rectitúd competente, para que el concepto se entienda, y el discurso no se confunda, haciendo sentído equívoco, ù contrário: como se experimenta en los escritos que no están perfectamente executados con las debidas reglas. […] En orden a la recta puntuación no hai que añadir a lo que está tratado, notado y prevenido en vários Discursos y Epítomes orthográphicos a fin de saber quando se debe usar de coma, de punto, de coma y punto, de dos puntos, y assi de otras señales, para la mejor inteligencia y divisiones de las palabras y cláusulas, de los periodos y oraciones: solo se debe advertir que assi como por la falta de la coma, punto, ù otra división queda imperfecto lo escrito, y sin claridad en el sentido de lo que se desea explicar, también lo queda por el excesso, y demasiadas comas, y otras divisiones con que algunos suelen cortar las cláusulas, juzgando que con esso hacen mas perceptibles y claros los significados, sucediendo tan al contrario, que los dexan sujetos à equivocaciones, y à veces dán motívo à otras confusiones y absurdos (RAE, 1726: XVI-LXII). A partir de este fragmento, podemos apreciar una clara intención por defender el valor que el signo de puntuación posee en la lengua escrita, así como la necesidad de establecer unas normas rígidas que regulen su correcto empleo. Será interesante también la alusión que la academia hace a dos prácticas frecuentes en los siglos anteriores y estudiadas en profundidad en el presente trabajo como serán el exceso y la ausencia de puntuación en los textos, dos prácticas que por sus propias características resultarán del todo inútiles y ambiguas a la hora de establecer divisiones claras entre los constituyentes del discurso. Sin embargo, pese a encontrarnos ante una concepción del signo de puntuación que bien podría recordarnos al símil con el cuerpo y el alma planteado por Sánchez 48 Tras la confrontación de los fragmentos anteriores, queda patente una clara diferenciación respecto al plano de la lengua al que pertenecería el fenómeno de la puntuación para cada academia. La propuesta italiana nos presenta un fenómeno clarificador del discurso, con un valor concreto que podría encontrar su equivalente en un determinado fenómeno prosódico, por contraparte, la forma española de presentar la norma constará en una breve descripción de su intensidad fónica acompañada de un elenco de normas de uso que irán definiendo su valor a partir de aquellos contextos que deben (o no) ser marcados por el signo. Vemos, en síntesis, una norma basada en el «qué» frente al «cómo», es decir, un signo definido por su valor lógico y funcional frente a la codificación de sus normas de uso. Esta forma de definir el uso de los signos traería como consecuencia la asimilación por parte de cada tipo de escribiente de dos normas de naturaleza muy variada. Por un lado, la norma italiana se muestra propicia a la flexibilidad, interpretación o libertad en el uso, frente a una norma española que aboga por la rigidez y la búsqueda de una homogeneidad en el uso de cada signo por parte del hablante. Es decir, el empleo de un signo italiano puede entrar a debate, ser cuestionado y, por tanto, ser analizado desde el análisis discursivo, frente al valor prefijado y, en cierto modo, incuestionable de la puntuación en español. Si continuamos con el análisis contrastivo de ambos fragmentos, más allá del modo en que se establecen y disponen las normas de uso, resulta interesante resaltar la necesidad que presenta la Crusca en su artículo de puntuación de reforzar sus postulados a través de la inclusión de citas de autores de prestigio que fundamenten las ideas aportadas, frente a la autosuficiencia con la que la academia española desarrolla su elenco normativo. Ello nos aporta una clara imagen respecto al concepto de “autoridad” que cada una de ellas posee desde el punto de vista lingüístico. Cabe recordar, en este sentido, que la Academia de la Crusca, si bien goza de un destacado prestigio entre los hablantes italianos, no excede de las funciones de organismo investigador y, por tanto, su valor, respecto al hablante medio, reside en lo meramente consultivo. Por el contrario, el reconocimiento que tanto la Real Academia Española como la Asociación de Academias de la Lengua Española poseen en los distintos países de la hispanofonía excede en numerosos casos de la labor consultiva instaurándose las normas publicadas seguirá manteniendo la rigidez ortográfica que ha caracterizado a la tradición académica desde su fundación. 49 por la Academia como oficiales para la escritura de la lengua en el estado. Un claro ejemplo de esta autoridad histórica asignada a la Academia en el mundo hispánico lo encontramos en la publicación en 1861 del Prontuario de ortografía de la lengua castellana, dispuesto de real órden para el uso de las escuelas públicas, por la Real Academia Española, con arreglo al sistema adoptado en la novena edición de su Diccionario o en el decreto 3876 del 6 de agosto de 1927 del Ministerio de Instrucción Pública de Chile 29 a través del cual se deroga el empleo de la, hasta entonces oficial, ortografía de Andrés Bello instaurando el regreso a la norma ortográfica académica. 1.º Adóptase como ortografía oficial, la de la Real Academia Española para todos los documentos de la administración pública de Chile. Esta empezará a regir, para todos los servicios públicos, el 12 de Octubre próximo, en homenaje al Día de la Raza. 2.º Adóptase, igualmente, como obligatoria dicha ortografía para todos los establecimientos de la instrucción pública. Desde esta perspectiva, queda patente el papel que cada una de las instituciones desempeña para los hablantes de cada lengua y cómo estos mismos interactúan con las normas que proponen. Si bien las diferencias apenas señaladas no implicarían un gran cambio respecto a la aceptación normativa en cuestiones de ortografía en hablantes de ambas lenguas, la forma en la que se dispone la puntuación permite apreciar con una mayor contundencia, tanto el grado de influencia que cada institución tiene como la concepción que cada una presenta de este fenómeno. Pues volviendo a los fragmentos aportados, finalizaremos la comparación entre las dos propuestas normativas atendiendo a la clasificación que estas realizan de la puntuación dentro de los estudios lingüísticos. Por un lado, la tradición española ha catalogado históricamente la puntuación como un fenómeno de carácter ortográfico e incluido como un apéndice o epígrafe tras el desarrollo de las normas de escritura aplicadas a las grafías. Desde esta perspectiva, a lo largo de los siglos la puntuación española ha sido presentada como un fenómeno cada vez más constreñido al plano gráfico y, por consiguiente, más alejado de su manifestación en la oralidad. Así pues, por influencia por las tendencias normalizadoras y reguladoras especialmente aplicadas al resto de fenómenos gráficos, las reglas de puntuación se vieron influidas por una fuerte tendencia ortográfica destinada a indicar exhaustivamente los contextos y combinaciones en los que cada signo debía ser colocado, desposeyéndolos en su descripción de cualquier matiz lógico-semántico que 29 Recuperado de [https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=261662]. 50 pudiera condicionar o alterar un empleo homogéneo de cada signo por parte del escribiente instruido. Si ampliamos la visión de la puntuación dentro del espectro cronológico, apreciaremos cómo esta racionalización ortográfica propia del siglo XVIII se prolongará durante los siglos sucesivos. La tradición hispánica mantendrá el signo de puntuación como un reflejo de la estructura sintáctica de la oración y, como tal, la aparición de uno u otro signo será consecuencia de la disposición de los constituyentes oracionales. De este modo, quedaría anulado cualquier rasgo de intencionalidad y significación en la aplicación de estos signos. Un rasgo destacable respecto a la limitación de la puntuación al plano de los elementos gráficos de la escritura, lo encontraremos, como destaca en su análisis comparativo la investigadora italiana Letizia Lala (2015: 63), en el hecho de que pese a existir un fundamento de naturaleza sintáctica para dicha cuestión, esta se encontrará ausente de las gramáticas, siendo las obras de naturaleza ortográficas las únicas encargadas de su descripción y regulación. Así pues, desde las comparativas realizadas por autores conocedores de ambos sistemas normativos, ha sido posible determinar que, más allá de la proliferación de distintos postulados interpuntivos que ha propiciado la falta de una autoridad lingüística estable en el mundo italófono, la puntuación normativa de las lenguas española e italiana ha recorrido caminos esencialmente contrarios. Hasta la publicación de la Ortografía de la lengua española de 2010 30 , la puntuación normativa hispánica se ha caracterizado por ocupar un discreto espacio en los tratados ortográficos, los cuales pese a reforzar desde un punto de vista teórico la importancia de su empleo, desde el punto de vista práctico se limitaban a la vaga descripción (Lala, 2015: 67) de una serie de normas propensas a la aplicación automática y con una vinculación a la estructura sintáctica de la oración justificable a partir de su correspondencia con las pausas y los otros fenómenos de la oralidad. A partir de ellas, la puntuación, a la que se le habrían arrebatado sus funciones originales, quedaría reducida a un elemento testimonial de la 30 La última edición de la Ortografía de la lengua española publicada en 2010 propone una ampliación de la tradicional visión sintáctica que regula el empleo de la puntuación aludiendo a las implicaturas que este fenómeno aporta en cuanto a la interacción del emisor con las unidades informativas del texto. «Así, las diferencias en la puntuación [...] reflejan un cambio de las relaciones entre las unidades lingüísticas que, más que implicaciones semánticas, tiene consecuencias comunicativas: no cambia, pues, el significado literal, pero sí el énfasis que el hablante desea imprimir a algunos fragmentos de su mensaje» (RAE, 2010: 286). 51 escritura cuyo mantenimiento, conforme a las ya descritas funciones que se le atribuyen, la aproximará, en ocasiones, a lo meramente ornamental. Paralelamente, en cuanto a la lengua italiana, esta también experimentaría la aparición de corrientes propensas a la racionalización ortográfica procedentes del academicismo francés. Estas, que afectarían también a la tradicional puntuación discursiva italiana, plantearían en ella una regulación desde parámetros sintácticos semejante a la española. Pese a que gran parte de estas normas prevalecieron en el sistema interpuntivo italiano, presentando usos comunes a gran parte del resto de lenguas europeas, la tradición de un empleo de la puntuación con valor discursivo prevalecerá en los tratados prescriptivos. Así pues, si bien podríamos encontrar a la puntuación italiana adscrita a los fenómenos ortográficos, esta presentará también otros empleos que escaparán de la rigidez normativa, mostrando unas posibilidades de uso más flexibles y subjetivas que se enriquecerán desde el punto de vista teórico hasta la actualidad. «[...] nella tradizione grammaticale il sistema interpuntivo fa parte effettivamente del dominio dell'ortografia, dominio che si occupa dei segni grafici di una lingua. Se però ciò poteva avere una sua logica in tempi in cui la punteggiatura non aveva ancora ricevuto una trattazione rigorosa dal punto di vista teorico, tempi in cui i segni interpuntivi venivano ancora considerati scrupolosamente uno strumento per rendere nello scritto fenomeni legati al codice orale della lingua ma colpisce in un'epoca in cui alla punteggiatura viene ormai riconosciuto un ruolo nella strutturazione del testo» (Lala, 2015: 63). Esta desigualdad en el plano conceptual de la naturaleza del fenómeno gráfico de la puntuación traerá como consecuencia la, diferencia del concepto de puntuación en cuanto a objeto de estudio. Así pues, frente a la estática puntuación española y su pausa de valor sintáctico, la lengua italiana nos presentará un signo versátil, dotado de diversos matices y funciones y ligado a la que Mortara Garavelli denominó en su Prontuario d’Interpunzione como «pausa ideale». Este amplio margen de libertad en su empleo propiciará que, más allá de la descripción normativa, el signo de puntuación pueda ser estudiado como un rasgo vivo, e intencional de la lengua dotado de valores discursivos, pragmáticos, estilísticos y expresivos. Por otro lado, junto a una descripción más funcional y propensa a una mayor libertad en la elección y empleo del signo por parte de la norma italiana, esta presentará una visión de la puntuación estrechamente vinculada a la gramática. Será esta diferencia conceptual respecto a la rama de la lingüística a la que se adscribe la puntuación, la que nos pueda indicar, quizás, las causas de la escasez investigadora en cuestiones de 52 puntuación sincrónica en la tradición hispánica frente a la fecundidad de la investigación en lengua italiana. La escasa variación que este fenómeno presentará en un sistema de escritura que establece con exactitud en qué contextos debe ser empleado cada signo ofrecerá un reducido campo de investigación en la lengua española. Este se limitará en su mayor medida, o bien a los ya citados estudios historiográficos y análisis de obras de prestigio, o al diseño de métodos didácticos de enseñanza de los sistemas de puntuación a escolares. Por el contrario, el valor discursivo que desde algunos de los primeros tratadistas italianos 31 hasta la actualidad ha poseído la puntuación en la lengua de Dante y Petrarca nos abre las puertas a un amplísimo campo de estudio para el que la puntuación pasará de ser considerada un rasgo ortográfico a un constituyente más de la estructura textual al mismo nivel que un conector discursivo. 31 Véase el caso del ya citado L’arte di puntar gli testi de Orazio Lombardelli (1585). 53 III. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA DEL ANÁLISIS DEL CORPUS DOCUMENTAL 1. Objetivos La presente investigación persigue como principal objetivo la apertura de los estudios diacrónicos de puntuación a su dimensión de uso y empleo por parte del hablante instruido en la escritura. Es decir, la metodología de análisis pretende desposeer a la puntuación de su condición de fenómeno ortográfico (o únicamente ortográfico) de modo que pueda ser equiparable a otros fenómenos lingüísticos que, al mismo tiempo, son analizados y ubicados cronológicamente a partir del estudio contrastivo, estadístico y descriptivo de fuentes documentales. Obviamente, antes de aventurarnos en tan ambiciosa empresa, no dejamos de ser conscientes de que el objeto de estudio que se presenta ante nosotros está caracterizado de una notable irregularidad y asistematicidad en cuanto a su ejecución por una u otra mano. Así mismo, si bien en su esencia lo hallamos ligado a fenómenos fónicos de naturaleza prosódica, estos valores se habrán diluido en numerosos casos atendiendo a criterios de la más variada naturaleza. Nos encontramos, por tanto, ante una marca gráfica dotada de diversas funciones y valores que serán entendidos en numerosos casos como rasgos estilísticos propios de un determinado escribiente y, por tanto, no replicables en otros documentos. A pesar de ello, y en contra de una metodología que presente la puntuación diacrónica como un rasgo individualizado de un determinado autor u obra, como tradicionalmente se ha estudiado el análisis de puntuación en textos 32 , el presente estudio se encaminará al estudio contrastivo de muestras documentales a partir de las cuales extraer características comunes capaces de describir o establecer las principales corrientes de uso del signo de puntuación en diferentes épocas, estratos sociales o procesos de escritura. Para ello, partiremos de los siguientes supuestos respecto al empleo de la puntuación desde el siglo XVI en adelante: a) En un primer periodo nos encontramos ante un modelo que, a grandes rasgos, se presenta limitado a los repertorios medievales utilizados tanto en códices como en incunables y post-incunables, estos últimos imitando todavía en sus tipos móviles la escritura y caracteres de los amanuenses medievales (Mediavilla, 2000: 27). Como se ha mencionado en el epígrafe dedicado a la historiografía, el signo de 32 Cfr. Fernández López, 2015; Sebastián Mediavilla, 2008, 2010 y Sánchez Prieto, 2017. 54 puntuación todavía se encontrará, tanto desde una perspectiva funcional como gráfica, estrechamente ligado a un nivel especialmente elaborado de la creación textual escrita. De esta tradición medieval se conservan en la escritura los signos básicos de punto < . >, vírgula < , > o < / >, interrogante < ? > y calderón < ⸿ >, los cuales experimentarán diferente suerte como será la paulatina consolidación de valores prefijados de los primeros, la resignificación de la barra, la ambigüedad en el escaso empleo dado al interrogante y la práctica desaparición del calderón, sustituido en ocasiones por marcas personales al inicio del párrafo. Aun así, la presencia de estos signos en los escritos notariales, administrativos y jurídicos de las primeras décadas del Humanismo en el Mundo Hispánico será realmente escasa frente al predominio de la denominada “escritura procesal”. Esta principal corriente paleográfica de la época se caracteriza entre otros rasgos, no solo por el rechazo a la inclusión de signos de puntuación, sino también por la tendencia, en numerosas ocasiones, a la unión de unidades léxicas aproximándose, así, a la antigua scriptio continua. b) La formación del escribiente será un factor clave en la adopción de un sistema de puntuación y su empleo más o menos justificado. Como ya se ha explicado, somos conscientes de la posibilidad de hallar en esta época fuentes documentales de carácter lírico, filosófico, científico o didáctico con interesantes modelos de puntuación. Y ello nos permitirá apreciar a partir de la segunda mitad del siglo un incremento de los testimonios manuscritos puntuados con punto, coma y barra y, en muy menor medida, con los nuevos signos importados de las imprentas italianas. Así pues, el nivel de formación y la capacidad de imitación y comprensión de modelos presentes en otros autores será un factor decisivo a la hora de explicar la acusada disparidad de modelos de puntuar hallados en el siglo XVI y, en menor medida, en los siglos XVII y XVII. Así pues, coetáneos a la presencia cuasi arbitraria del signo y su empleo sistemático ante determinadas preposiciones y conjunciones, algunos testimonios nos presentan sistemas de puntuación maduros, profundamente meditados y vinculados con la realidad suprasegmental del habla cuyo uso «está más relacionado con la pragmática que con la sintaxis tradicional, pues en muchos casos sirve para separar actos de habla diferentes y partes distintas dentro de la estructura de cada texto» (Fernández Alcaide, 2009: 75). Del mismo modo, será destacable también el acceso que el escribiente tenga a obras extranjeras, especialmente italianas, impresas y, por tanto, la posibilidad de introducir en sus repertorios de puntuación nuevos signos y valores codificados todavía desconocidos o escasamente difundidos en la escritura en lengua española. 55 c) Como síntesis de los dos puntos anteriores, a la difícil asimilación y comprensión de los contextos de uso de los clásicos punto < . > y coma < , > por parte del escribiente medio, se sumará paulatinamente la adopción de otros signos como el paréntesis, el punto y coma 33 o los dos puntos, así como de otros sistemas gráficos de puntuación como la creación de signos compuestos a partir de barras diagonales y guiones. Ello dará lugar no solo a que cada escribiente presente un repertorio determinado de signos de puntuación en sus escritos, compuesto de más o menos miembros, sino a que el valor asignado a cada uno de estos variará de una mano a otra. Ello implicará un doble modelo de análisis: por un lado, la búsqueda de qué contextos lingüísticos son más susceptibles de ser marcados por un signo y, por otro, qué valores y funciones son asignadas de manera predominante a cada signo. d) La época de estudio corresponde a un momento histórico caracterizado, entre otros rasgos, por las notables limitaciones existentes en cuanto al acceso a la educación básica. Por lo tanto, pese al notable incremento de la población letrada respecto a los siglos anteriores y al surgimiento de nuevas necesidades escriturarias, vinculadas especialmente al contacto y administración del Nuevo Mundo, la población alfabetizada sigue constituyendo una minoría, lo que afecta en gran medida a los procesos de creación textual. Por un lado, es apreciable una considerable tendencia a la oralidad en la escritura. En los primeros siglos que analizaremos, seremos testigos de cómo el rápido proceso de escritura estructurada mediante conexiones paratácticas nos deja, en ocasiones, un texto semejante a una transcripción conversacional en el que el fluir de ideas superpuestas nos dará como resultado un texto de gran ambigüedad y difícil comprensión. Esta presencia de la estructura paratáctica en los escritos de esta época implica un proceso de elaboración textual claramente adscrito «al ámbito de la interacción inmediata (conversación) a través del medio oral» (Cano, 2015: 92). A este modelo de estructura sintáctica se sumará la carencia de un modelo puntuación eficiente que pueda estructurar el contenido del mismo modo que lo harían los recursos prosódicos en el habla. Por otro lado, a partir de un análisis paleográfico de los documentos, es posible advertir que en la inmensa mayoría de documentos notariales, 33 Lo denomino así al hacer alusión únicamente a su aspecto gráfico equiparable al actual. Sin embargo, sus valores, sus normas de uso, han variado profundamente. Desde su diseño por parte de Aldo Manuzio, quien lo denominó «semicolon» ha recibido otras nomenclatura, por ejemplo, encontramos la de «colon imperfecto» de Felipe de Mey o la forma «hipocolon» de Gonzalo Correas. 56 administrativos y jurídicos nos encontramos ante documentos heterógrafos, es decir, documentos en los que la mano que escribe no coincide con la mano que firma o, dicho de otra manera, documentos que no están escritos físicamente por el emisor del mensaje. Así pues, esta situación nos presenta la incógnita de cómo ha sido llevado a cabo el proceso de escritura del texto, quién ha sido el autor real de las palabras escritas y, en caso de no ser el amanuense, cómo se ha transmitido este mensaje. Esta será otra posible causa de inclusión de rasgos de oralidad en el discurso escrito. Sin embargo, en esta circunstancia no afectará únicamente a la estructura sintáctica y discursiva del texto, sino que podrá dejar su huella también en la alteración del empleo lógico de la puntuación por una posible influencia del proceso de dictado. e) Finalmente, cabría tener en cuenta que nos hallamos en una situación previa a la asimilación de una norma general en España. Como ya se ha indicado en el primer capítulo, la creación de un sistema escrito que plasme de manera fiel los matices prosódicos del habla y su influencia en aspectos sintácticos y discursivos ha comenzado a suscitar interés en la Italia del XVI, sin embargo, todavía será necesario un siglo de especulaciones, propuestas normativas dispares y teorías nunca aplicadas (ni aplicables) para que se cuestione seriamente por los gramáticos españoles. Estos, progresivamente comenzarán a enfrenten a ella desde una perspectiva analítica y práctica cada vez más próxima al establecimiento de criterios homogéneos y asimilables por el usuario, que al cambio radical de paradigma interpuntivo. Si nos ceñimos a esta breve panorámica del estado en el que se encuentra el empleo de la puntuación por parte de escribanos, burócratas y particulares a principios del siglo XVI, es posible llegar a algunas conclusiones nada reconfortantes para nuestra investigación. Tal y como se ha descrito, el empleo del signo de puntuación se nos muestra como un rasgo extremadamente heterogéneo, casi propio de cada escribiente, hecho que implica que nos hallemos ante un sistema que, si bien se puede aplicar con una intencionalidad práctica, clarificadora o justificada desde el plano fónico, sintáctico, textual o pragmático, resultará de poca eficacia si este sistema no es compartido por el receptor del mensaje. Ello nos podría llevar a concebir que, ante la falta de un modelo imitable, de una corriente general o de un estándar de codificación del significado prosódico capaz de ser interpretado por el interlocutor, nos hallamos ante un fenómeno que, si bien se desarrolla progresivamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, carece de un valor comunicativo real, en primer lugar porque desconocemos los criterios empleados por el emisor y, en segundo lugar, porque intuimos que esos criterios no 57 siempre serán compartidos por el receptor. Hechos como este serán los que inciden en que, salvo en estudios destinados específicamente a esta materia, la puntuación en la edición de fuentes históricas pasa inadvertida, siendo su anulación y reinterpretación la solución aportada por la gran mayoría de los criterios de edición. Ejemplo de ello lo encontramos en los siguientes fragmentos extraídos de los Criterios de edición de documentos hispánicos de la Red Charta (2013), así como de las Normas españolas para la transcripción y edición de colecciones diplomáticas propuestas por José Miguel López Villalba en 1998: 5.7. Puntuación Se ha de reflejar mediante el sistema actual de puntuación la sintaxis del documento, no la moderna. Hay que prestar atención a las estructuras formularias de los documentos para ofrecer una puntuación coherente y sistemática. (Paredes García; Díaz moreno; Vicente Miguel, 2013). Se ha podido apreciar una absoluta coincidencia en el planteamiento y utilización de los signos de puntuación, ante los cuales, todas las normativas defienden un uso actualizado, aunque con moderación (López Villalba, 1998). Ante los ya establecidos inconvenientes que presenta este objeto de estudio, esta tesis se encaminará a proponer un cambio en el paradigma de análisis de la puntuación histórica alejándola del prisma de lo normativo y lo ortográfico, así como del estudio individualizado. El objetivo de este trabajo será, por tanto, el de diseñar una propuesta metodológica que se aproxime a esta realidad desde un enfoque multimodal en el que se tengan en cuenta todos los posibles justificantes de la presencia del signo, ya sean aspectos prosódicos, sintácticos, discursivos, pragmáticos u ortográficos. Solo contemplando todos los planos lingüísticos susceptibles de estar vinculados con el signo de puntuación podríamos llegar a comprender si existe una intencionalidad clara por parte del emisor o qué factores (estrato social del emisor, momento cronológico o proceso de redacción) influyen en la presencia de uno u otro modelo. A partir de una primera extracción de datos, el siguiente objetivo planteado será la puesta en común de estos resultados a partir de la cual poder advertir si tienen lugar comportamientos comunes, tendencias homogéneas y en síntesis subsistemas que permitan confirmar si nos hallamos ante un uso personal del emisor, o ante un recurso comunicativo compartido y por tanto susceptible de ser interpretado por otro interlocutor. Ante la comprobación de la coexistencia en un mismo periodo de diferentes sistemas o tendencias interpuntivas, sería determinante comprobar si existe o no algún 64 transcripción paleográfica del corpus se contemplen todos aquellos aspectos gráficos susceptibles de estar vinculados con un rasgo de naturaleza prosódica o cualquier otro fenómeno jerarquizador. De este modo, en las normas propuestas para el proceso de transcripción se tendrán en cuenta fenómenos tales como: el cambio de línea, la unión o separación de palabras, la alternancia cromática de la tinta, el exceso de espacio comprendido entre dos unidades léxicas, la adición de signos ajenos a los que componen los repertorios convencionales o a las combinaciones de estos y el empleo tanto de grafías mayúsculas o minúsculas de mayor tamaño en posición inicial de palabra. Imagen 2. Ejemplo de empleo en posición inicial de grafía minúscula de tamaño mayor (Ni mas). La diferencia respecto al resto de grafías la encontramos en la comparación de las grafías 'n' mayúscula y minúscula en las dos apariciones palabra N/nauio. Efectivamente somos conscientes de que las corrientes y tendencias paleográficas de las épocas estudiadas son diversas y, especialmente en la documentación del s. XVI, dotadas de rasgos y normas particulares casi propios de cada mano. Es por ello, por lo que la insistencia en reflejar en la transcripción todos los fenómenos gráficos hallados en el documento no incluye la idea de que tales fenómenos deban implicar por su mera presencia un determinado valor o significado semejante al de un punto. A este respecto, cabe recordar la gran volubilidad que durante estos siglos ha poseído el valor asignado a las grafías mayúsculas. Más allá de aparecer frecuentemente al inicio de párrafo y, en menor medida, al inicio de enunciado, las letras capitales se regirán en gran número de ocasiones por criterios de naturaleza 65 léxica 36 , discursiva e incluso fonológica como será el caso del empleo de la mayúscula ‘R’ como indicador del sonido vibrante múltiple en posición tanto inicial como interior de palabra. Por ello, estos rasgos no serán contabilizados como signos de puntuación, salvo en el caso de aquellos signos o marcas que imiten el uso y función de los signos convencionales. Sin embargo, pese a no incluirse dentro de los datos estadísticos que se extraigan de cada testimonio, su registro será tenido en cuenta en el proceso de análisis de cada documento. De esta manera se puede determinar si la aparición de este determinado rasgo gráfico coincide con los patrones y finalidades seguidos en la puntuación del documento, si realiza alguna de las funciones tradicionalmente asignadas o si, por el contrario, se trata de un fenómeno causado por cualquier otro motivo ajeno a los propios de nuestro campo de estudio. Por lo tanto, los criterios de transcripción seguidos en la elaboración de este corpus serán los siguientes: a) Aspectos grafémicos: ▪ Mantenimiento de los valores originales u y v sin reasignación de valores vocálicos y consonánticos. ▪ Simplificación en i de sus alógrafos: i latina, i larga (j) e i baja con valor vocálico. La grafía y con valor vocálico se mantendrá. En el caso del valor consonántico se hará distinción entre las grafías ‘i’ y ‘j’. ▪ El resto de las grafías serán representadas sin ninguna alteración o reajuste. ▪ Mantenimiento de todos los usos de mayúscula registrados tanto en posición inicial como interna de palabra. ▪ Registro como grafía mayúscula de las grafías que, manteniendo su forma de minúscula, ocasionalmente presentan un aumento de tamaño en posición inicial de palabra, así como los casos de grafía mayúscula con tamaño reducido en el mismo contexto. ▪ Las palabras que presenten abreviaturas o signos de apócope y síncopa serán desglosadas y la parte reconstruida será indicada entre corchetes angulares 37 . 36 Téngase en cuenta que incluso en la Ortographía (127-129) académica de 1741, junto con la tras un punto al inicio oracional y su empleo al inicio de los nombres propios, se sigue manteniendo un criterio léxico que, si bien era mucho más restringido que los usos comunes coetáneos (Cfr. Congosto & Valiente, 2021: 80-82), mantenía la mayúscula inicial en los sustantivos comunes referentes a cargos y dignidades o dotados de significado colectivo. 37 Este criterio coincide con los propuestos por la Red Charta (2013: 13) para representar las abreviaturas reconstruidas. 66 ▪ Se respetará la acentuación original del documento. ▪ Serán indicadas mediante corchetes las anotaciones críticas tales como la intuición de segmentos ilegibles ocultos por manchas, quemaduras o por deterioro del papel, así como aquellos datos relevantes relacionados con el contenido gráfico del documento (espacio excesivo, alternancia de color, cambio de mano, tachado, etc.). b) Signos de puntuación y colocación de contenidos gráficos. ▪ Serán indicadas la colocación y tipología de los signos de puntuación presentes en cada documento. ▪ Se representará la variedad de signos indicados, así como las diferencias entre los tipos de punto alto, medio y bajo (< ˙ >, < · > y < . >), los tipos de coma o vírgula (< , > y < / >) o las combinaciones entre diferentes signos. ▪ Se indicarán los cambios de línea y página conforme proponen los criterios de la Red Charta (2013: 10-11), mediante el empleo de llaves. En el caso de la paginación, junto con el número de hoja, se indicarán el recto (r) y vuelto (v). ▪ Se transcribirán unidas aquellas palabras que así se presenten en el testimonio original siempre que esta unión se muestre como intencional y no por efecto del trazo largo del escribano. Si bien es cierto que en determinadas ocasiones es frecuente la aparición de palabras unidas de manera circunstancial, en otros casos estas uniones se manifiestan constantes en determinados contextos como la unión de dos unidades átonas o una átona que precede a otra tónica. ▪ Se omitirá el signo de guion < - > como indicador de la división de una palabra al final de una línea 38 . ▪ De un modo semejante se omitirá todo aquel signo de carácter alógrafo cuyo valor sea meramente gráfico o estético pese a coincidir en su forma con otros signos de puntuación. Ejemplo de ello será la aplicación en algunos textos del signo de barra < / > ante la vocal o en posición inicial de palabra. 38 Se ha tomado esta decisión al considerarse que el valor que tiene este signo, más allá de marcar la división silábica de la palabra separada por el cambio de línea, es nulo. Por otro lado, su coincidencia gráfica con otros signos del texto que sí pueden tener un determinado valor podría alterar los datos estadísticos obtenidos ocasionando, por tanto, la adquisición de información errónea. 67 Finalmente, sería necesario establecer una solución ante uno de los principales inconvenientes de nuestro estudio: los puntos de abreviatura. Para enfrentarnos a esta cuestión con el mínimo riesgo de contaminar los datos cuantitativos y cualitativos extraídos, se ha tomado la decisión de que estos puntos, si bien serán transcritos conforme a los criterios anteriormente especificados, sin embargo, serán excluidos del cómputo de signos de puntuación al considerarse indicativos de un acortamiento gráfico y, por tanto, carentes de cualquier valor prosódico, sintáctico o discursivo. Sin embargo, se tendrán como excepciones aquellos casos en los que el punto de la abreviatura se halle en un contexto que sí ha sido marcado con punto de manera generalizada en otras ocasiones por parte de un mismo escribiente. Por tanto, un punto de abreviatura podría ser contabilizado como signo de puntuación en ubicaciones como el final de un párrafo o ante una conjunción copulativa siempre y cuando el empleo de punto constante en estos contextos a lo largo de todo el texto. 4. Metodología de Análisis Una vez obtenido el corpus documental, el diseño metodológico acorde a la consecución de los objetivos que nos proponemos en el presente trabajo, supondrá una ampliación de la propuesta de método de análisis de la puntuación en fuentes archivísticas planteada en trabajos anteriores 39 . Del mismo modo, entronca con modelos de análisis aplicados a estudios de carácter sincrónico y, especialmente de corte pedagógico 40 , compartiendo con ellos la concepción de que las perspectivas cuantitativa y cualitativa no deber ser entendidas como independientes, «sino que propician el análisis conjunto» (Rodríguez & Ridao, 2013: 156). Así pues, previo al análisis individualizado de las características interpuntivas de cada documento, sería conveniente comenzar haciendo una primera extracción de datos cuantitativos a partir de los cuales proceder a la clasificación de cada documento conforme a criterios comunes referentes al empleo que en ellos se hace de la puntuación. Como es evidente, la diferente frecuencia con la que el marcador prosódico es empleado es un rasgo a priori, indicativo de dos cuestiones de relevancia en nuestro análisis: 39 Cfr. Valiente, 2019. 40 Estudios como los publicados por Fayol, 1981; Ferreiro & Zucchermaglio, 1996 o Wallace, 2012 aplican un modelo metodológico de cuantitativo y cualitativo próximo al planteado en este capítulo al estudio en escolares de la adquisición y uso de la puntuación. 68 En primer lugar, la “frecuencia” de puntuación en un texto incide directamente en la extensión de los elementos separados y, por tanto, en el plano de análisis lingüístico a partir del cual debe ser enfocado dicho análisis. Así pues, en caso de hallarnos ante un testimonio con una frecuencia de puntuación elevada, salvo que haya una alternancia en los tipos de signos a partir de la cual poder establecer una jerarquía en el empleo, podemos deducir que el proceso gráfico de segmentación correspondería a un criterio sintáctico, morfológico, o, incluso fónico. El caso extremadamente opuesto sería el de aquellos documentos con una frecuencia de signo cada veinte, treinta o cuarenta palabras. En este caso entenderíamos que, si se está empleando el signo con una función limitadora, las unidades resultantes de dicha segmentación pertenecerían por su extensión al plano textual o pragmático. Esta primera idea quedaría completada con una segunda conjetura: la disparidad en la frecuencia de uso de un signo por parte del escribiente nos sugiere que este le asignará diferentes usos que le resultarán de mayor o menor utilidad, lo que determina una mayor o menor necesidad en su empleo. Podemos intuir que en un texto en el que el punto está añadido con una frecuencia de cuatro palabras por signo, el escribiente podría perseguir en su escrito la codificación de rasgos de naturaleza suprasegmental tales como la inflexión tonal, o la separación de las que considera que son las unidades sintácticas de su enunciado. La motivación de estos modelos de segmentación sería extremadamente compleja de determinar y no distaría mucho de una relación con aspectos propios de la oralidad. De este modo, en los signos de puntuación ubicados en la separación de dos enunciados o ante un posible caso de ambigüedad, encontraríamos una concepción del signo como herramienta gráfica para facilitar la correcta interpretación del texto. El signo estará orientado a una serie de funciones determinadas y sus valores se mostrarán definidos, con mayor o menor precisión, a través del uso que se hace de él. Por el contrario, aquellos documentos que presentan una menor incidencia respecto al empleo en ellos de la puntuación generalmente indican un menor requerimiento de ella. Es decir, podemos intuir que, en este tipo de documentos, la presencia de un signo aislado en un contexto determinado no perseguiría ninguna norma regular ni aplicable al resto partes del texto. Partiendo de las notables diferencias apenas señaladas, hallamos en la frecuencia de uso el principal criterio capaz de clasificar internamente los usos interpuntivos hallados en el corpus. De este modo se obtendrían tres categorías: a) Puntuación abusiva: Entre 2 y 6 palabras por signo. 69 b) Puntuación moderada: Entre 6 y 18 palabras por signo. c) Puntuación escasa: A partir de 18 palabras por signo. Imagen 3. Ejemplo de puntuación clasificada como abusiva en el documento GUATEMALA,52,N.4. Pese a sus notables diferencias, mediante esta división se ha conseguido agrupar las transcripciones en torno a un factor común de suficiente peso como para condicionar el grado de intencionalidad y funcionalidad hallado en la puntuación de cada documento, así como establecer a partir de qué planos lingüísticos deberá llevarse a cabo el estudio de cada grupo. Finalmente, mediante esta clasificación de las fuentes documentales, será posible diseñar un método de análisis adaptado a las necesidades y características de cada uno de estos grupos. El resultado de este proceso de clasificación es el siguiente: Tabla 3. Número de documentos de cada época adscritos a cada categoría de análisis. S. XVI S. XVII S. XVIII Puntuación abusiva 7 6 3 Puntuación moderada 10 21 25 Puntuación escasa 19 9 8 Como se puede ver en la tabla, es destacable cómo, con el avance de los siglos, asistimos al abandono de los sistemas de puntuación abusivo y escaso, siendo los usos denominados como “moderados” los únicos que persisten. Otro de los beneficios que presenta esta separación de documentos por su frecuencia de puntuación lo encontramos en la posibilidad de analizar estos documentos del grupo intermedio de una manera aislada. Ese grupo, más allá de suponer el grueso del corpus e imponerse progresivamente, representa al menos en sus datos cuantitativos, una mayor proximidad con la frecuencia de uso de las marcas prosódicas propuestas desde la antigüedad hasta 70 nuestros días. Desde punto de vista de la extensión de los segmentados limitados por la puntuación en este grupo, a excepción de aquellos documentos del XVI que todavía presentan un único signo de puntuación, el establecimiento de la jerarquía entre los valores de los diferentes signos empleados dará lugar a la extracción de interesantes conclusiones vinculadas especialmente a usos sintácticos y ortográficos, pero también a otros fenómenos de carácter pragmático-textual. El hecho de que el escribiente no sienta la necesidad de añadir un signo cada tres o cuatro palabras, o de que no lo emplee únicamente para indicar la frontera entre un segmento narrativo y una petición, nos propone un modelo que se presupone como un sistema regulado por el propio criterio y la intuición de la mano que lo emplea. Se trataría, por tanto, de un tipo de puntuación que, si bien presentará numerosas variedades internas, estará caracterizado por una mayor, intencionalidad, así como por la imitación de otros modelos conocidos o el intento de reproducción de fenómenos prosódicos concretos. A partir de este primer proceso de clasificación, se procedería a una segunda extracción de datos cuantitativos, esta vez de carácter estadístico, es decir, se identificarán todos aquellos contextos en los que ha sido colocado el signo de puntuación en cada documento para posteriormente extraer los porcentajes de la utilidad asignada a cada signo. En esta fase, si bien el vínculo semántico o informativo existente entre dos unidades marcadas por un signo puede ser relevante para la ausencia o presencia de este, los criterios a los que se ceñirá esta primera extracción de datos porcentuales presentarán una orientación especialmente sintáctica. Aun así, sumado a la búsqueda de un empleo de la puntuación vinculado a las jerarquías sintácticas o a las pausas que en ocasiones las pueden determinar, será necesario incluir algunos valores de naturaleza textual, especialmente en el tratamiento de textos con escasa puntuación. Del mismo modo, y con el fin de hallar comportamientos más próximos a la ortografía, se tendrá una especial atención por todos aquellos usos que se presenten con una recurrencia sistemática en contextos determinados como será la aplicación de punto en posición previa a una conjunción copulativa o una conjunción que. A partir de los resultados obtenidos realizaremos un análisis cualitativo en el que, todavía, quedarán excluidas las diferencias entre la variedad de signos de puntuación, y simplemente se procederá al análisis comparativo de estos datos, la búsqueda de corrientes de uso comunes y el análisis de todos aquellos comportamientos que hayan resultado anómalos, o fuera de los comportamientos que se muestren predominantes. Si bien esta primera fase no será realmente ilustrativa para comprender en su totalidad los diversos 71 matices presentes en el grupo de puntuación moderada, consideramos que, por el contrario, sí podrán aportarse grandes conclusiones acerca del funcionamiento y motivaciones de los grupos calificados como de escasa y abusiva puntuación. Finalmente, como segunda parte del proceso de análisis, se procedería al estudio del uso del signo de puntuación desde su variedad de formas. En este proceso, se omitirán todos aquellos testimonios que presenten únicamente un solo tipo de signo para todos los contextos, generalmente se tratará de documentos procedentes del s. XVI, y nos enfocaremos en el estudio de los valores asignados a cada marca. Del mismo modo, tampoco formarán parte de esta selección de documentos aquellos testimonios en los que, pese a presentarse un único signo de puntuación predominante a lo largo de todo el contenido, el amanuense ha incluido otros signos en casos muy concretos como final e inicio de párrafo. Estos documentos serán catalogados como testimonios de un único signo ya que no atenderían a una verdadera variedad en el repertorio de marcas prosódicas utilizadas en el texto, sino supondrían casos concretos de carácter estructurador y fácil segmentación a nivel visual del contenido escrito. Respecto a la selección de documentos de análisis, se perseguirá la definición de los usos predominantes que cada signo adquiere en cada documento, categoría del corpus y época. Para ello, se plantea la extracción de datos cuantitativos y cualitativos acerca de los contextos de empleo de cada marca de esta variedad de modo que se puedan elaborar tablas y gráficos que indiquen los valores predominantes que se han asignado a cada marca de manera que sea posible confirmar o descartar la existencia de procesos de regulación y homogeneización de los valores asignados a cada signo. Así mismo, mediante una extracción exhaustiva de datos, sería posible acceder a un modelo de análisis desde diferentes planos lingüísticos. Por lo dicho, proponemos como punto de partida la descripción del contexto sintáctico, a partir del cual sería posible establecer una primera delimitación que, más allá de aproximarse a las normas de puntuación actuales y a las propuestas en la época, permitiría recoger aquellas marcas de puntuación vinculadas con fenómenos suprasegmentales de motivación sintáctica como será la pausa entre elementos coordinados de una enumeración o la existente entre complementos oracionales en posición preverbal. Desde esta primera perspectiva, y con el fin de dar solución a todos aquellos casos en los que sean encontradas irregularidades o usos aparentemente carentes de justificación sintáctica, el método de análisis se desplazaría hacia la búsqueda de un significado pragmático-textual u ortográfico. A partir de esta comparación será posible 72 obtener conclusiones acerca la naturaleza de los motivos que llevan al escribiente a emplear diferentes signos de puntuación, su compromiso con el proceso de interpretación por parte del interlocutor, la existencia de una correlación con fenómenos fónicos del habla, la consolidación de los signos de adopción reciente (< ; > y < : >) frente al reajuste de los valores de los tradicionales y la coincidencia de los criterios de puntuación seguidos por un determinado escribiente con las normas propuestas por los tratadistas coetáneos. Finalmente, y como síntesis de las conclusiones obtenidas, será posible establecer una caracterización cronológica de la evolución en el uso de la puntuación, así como establecer las diferencias que, a un nivel social, definen a cada grupo de escribientes del corpus. 5. El modelo de Basilea. La puntuación con valor lógico-semántico. Una vez establecidos los objetivos y los principales procesos de análisis que se llevarán a cabo en este estudio, sería necesario dedicar un epígrafe en este capítulo a los modelos de estudio de la puntuación propuestos por el modelo de Basilea. La introducción de esta perspectiva posibilitará la incorporación del plano discursivo a nuestro proceso de análisis. Así pues, ante la, anteriormente descrita, tradición de estudios de puntuación en la lengua italiana, consideramos que sería una tarea inabarcable incluir en el presente capítulo la bibliografía que a este respecto se ha publicado en las últimas décadas. Será por ello, por lo que nos centraremos en el estudio de aquellas teorías y propuestas metodológicas que más han podido ser de utilidad para la presente investigación, como serán las propuestas por Angela Ferrari, y que derivan directamente de su Modelo textual de Basilea. Esta perspectiva de análisis supone uno de los principales referentes en cuanto al estudio del fenómeno de la puntuación al presentarla como un elemento que interacciona directamente con el contenido discursivo. Por tanto, ello nos aporta una visión de la puntuación libre, cuyo empleo en determinadas ocasiones será voluntario por parte de un escribiente, quien lo empleará, en ocasiones de manera intuitiva, como una herramienta capaz de alterar o matizar el sentido del enunciado: dos rasgos estrechamente ligados a muchos de los modelos interpuntivos hallados en las fuentes archivísticas consultadas en esta tesis. 73 5.1. El Modelo de Basilea Debido a que el objetivo que persigue esta tesis no radica en el análisis discursivo ni el estudio de marcadores textuales, no profundizaré excesivamente en los pormenores de este modelo textual y me ceñiré únicamente a una descripción de los principales constituyentes textuales que este modelo plantea desde sus diferentes planos, así como a todo aquel elemento o postulado estrechamente ligado con el objeto de estudio de la puntuación. Si partimos de los esquemas definidos en Le ragioni del testo (Ferrari: 2003), el modelo plantea un análisis de la estructura lógico-argumentativa y temática de un texto a través de diversos niveles presentes en el contenido, cada uno de los cuales presentará sus propias unidades de análisis. El modelo, aplicado al texto escrito, plantea una jerarquía encabezada por Unidades Comunicativas 41 , seguidas de Unidades Informativas y Proposiciones Semánticas. Partiendo de las primeras, en caso de hallarse lingüísticamente expresas se representan por el Enunciado el cual podríamos caracterizar como «manifestación lingüística de un acto de composición textual, marcado ilocutivamente» (Guil Povedano, 2014: 185). La propia naturaleza comunicativa del Enunciado implica en su composición una organización del material informativo que podrá ser analizada desde diferentes niveles como serán el Cognitivo, el Nivel Tópico-Comentario y el Jerárquico- Informativo. En lo referente al primero de ellos, el Nivel Cognitivo plantea el estudio del tratamiento de la información aportada por el texto desde el propio proceso de cognición y aprehensión de nuevos referentes textuales por parte del lector. Así pues, el modelo plantea para este nivel de análisis el concepto de Memoria textual, entendida como «aquella parte de la memoria en la que se produce la gestión del texto» (Borreguero & Ferrari, 2015: 97) y a partir del cual el receptor podrá interpretar qué información de la que está recibiendo en el texto será nueva o, por el contrario, remitirá a un referente textual presentado de antemano. El proceso de análisis en este nivel se apoyará en los conceptos de referente textual activo, semiactivo e inactivo. Si bien desde un plano cognitivo, el empleo de la puntuación podría adquirir cierta relevancia o implicación respecto a la condición del referente textual próximo, 41 Tal y como propone el modelo, el empleo de mayúscula inicial en la terminología específica indica que se está haciendo referencia a dicho concepto desde su significado y caracterización dentro del Modelo de Basilea. 80 IV. PROCESO DE ANÁLISIS 1. Usos y funciones en testimonios con puntuación abusiva Tras la extracción de datos cuantitativos referentes a la frecuencia con la que es empleado el signo de puntuación, los testimonios calificados como de puntuación abusiva por presentar un signo con una incidencia menor a cinco palabras son los siguientes: Tabla 4. Testimonios con puntuación abusiva. Tipo de emisor S.XVI S.XVII S.XVIII Ciudadano. Autógrafo CHILE,31,N.49 2,88 SANTO_DOMINGO,414 (1681) 3,923 GUADALAJARA,38,N.8,F.2 5,21 MEXICO,271 5,70 Ciudadano. Heterógrafo GUATEMALA,52,N.49 3,53 MEXICO,559(1606) 4,60 Bajo Clero GUATEMALA,178 (1666) 5,79 ESTADO,11B,N.41 5,85 Alto Clero GUATEMALA,178 (1647) 5,67 Cargo administrativo medio/alto. Autógrafo CHILE,31,101 (1593) 3,47 GUADALAJARA,116,N.1 3,53 CHILE,31 (1585) 3,41 GUATEMALA, 52,N.4 2,75 Cargo administrativo medio/alto. Heterógrafo QUITO,18,N.7 4,22 CONTRATACION, 5679,N.4 5,85 CONTRATACION,236, N.1,R.3 (1590) 3.59 Como se puede observar, al igual que sucederá con los testimonios con escaso empleo de la puntuación, se trata de un hábito cuya incidencia irá decayendo paulatinamente. No solo se aprecia cómo progresivamente son menores los testimonios que presentan este rasgo, sino que los empleos abusivos hallados en el siglo XVI, aquellos con la presencia del signo con una frecuencia de entre 2,5 y 3,5 palabras, tampoco se mantendrán en exceso. Vemos cómo, de media, en los siglos XVII y XVIII, las frecuencias de uso serán próximas a los límites impuestos para esta categoría. Si procedemos al análisis de las características que presentan este tipo de sistemas interpuntivos, la propia comparación de los resultados obtenidos nos llevaría a la división de esta selección de documentos en dos grupos delimitados cronológicamente. En primer lugar, se encontrarían los testimonios procedentes del siglo XVI, caracterizados por una mayor frecuencia en el empleo de la puntuación, así como por el predominio de un único signo empleado. En segundo lugar, se encontrarían 81 los documentos procedentes de los siglos XVII y XVIII, los cuales presentan una mayor variedad de signos utilizados y en los que la característica de abuso de la puntuación, algo más moderado que en los documentos anteriores, no recaería de manera equitativa sobre el empleo de todos los signos, sino sobre uno en especial (generalmente punto o coma). Así pues, procederemos al siguiente análisis específico. 1.1. Documentos con puntuación abusiva en el siglo XVI Los principales contextos en los que ha sido empleado el signo de puntuación en los documentos de esta selección serán los siguientes: Tabla 5. Principales usos del signo de puntuación en documentos con puntuación abusiva del s. XVI. Interior de Sintagma Nominal Ante copulativo Ante nexo subordinante Interrupción de grupo fónico Constit. oracionales sin pausa Constit. oracionales con pausa CHILE,31,N.49 11,34% 14,29% 87,18% 11,76% 21,85% 24,79% 4,20% GUATEMALA,52,N.49 13,78% 12,00% 49,09% 10,22% 19,56% 10,67% 2,22% CHILE,31,101 (1593) 2,70% 12,84% 61,29% 15,20% 2,70% 24,32% 9,46% CHILE,31 (1585) 9,98% 11,90% 58,49% 16,12% 12,48% 26,87% 18,43% GUATEMALA, 52,N.4 19,92% 13,67% 72,92% 6,25% 18,36% 21,88% 15,63% QUITO,18,N.7 18,73% 15,74% 53,97% 0,17% 1,75% 21,83% 26,20% CONTRATACION, 236,N.1,R.3 (1590) 39.80% 12.94% 55.56% 0,126% 6.76% 27,45% 14,78% Así pues, podemos constatar que nos encontramos ante una categoría realmente heterogénea en cuanto a sus criterios de puntuación. Por la ya aludida extensión reducida de los periodos delimitados sería posible deducir que la razón de ser de estos modelos radica en la delimitación de unidades mínimas con valor sintáctico. Este hecho podría quedar constatado si atendemos a la similitud de cifras registradas respecto al empleo de puntuación entre constituyentes oracionales con pausa prosódica (alteraciones de orden lógico, aposiciones, incisos explicativos, etc.) y sin pausa prosódica (unión de sujeto breve y verbo, sucesión de complementos oracionales, etc.). La búsqueda en ocasiones de marcar aún más estas unidades nos llevaría a las cifras de la “segmentación de sintagma nominal” en las que, salvo una excepción, el escribiente ha manifestado un interés de establecer divisiones en unidades carentes, por lo normal, de una considerable extensión. Este tipo de rupturas o interrupciones de estructuras nominales carentes de correlato en la oralidad se constituyen, 82 principalmente, de casos de puntuación en posición previa a un adjetivo con función adyacente o a una preposición, siendo especialmente propensa la preposición de a ser puntuada. Será especialmente en los documentos que manifiesten este tipo de fenómenos en los que se pueda atisbar, quizás, un intento de representación de los límites suprasegmentales más elementales: los grupos fónicos, los cuales podríamos definir como, «la porción de discurso comprendida entre dos pausas o cesuras sucesivas de la articulación» (Navarro Tomás, 1918: 30). Esto situaría la concepción de la puntuación en estas manos a un nivel inferior al de la subdistinctio clásica a partir del cual «quede manifestada en la escritura la pausa articulatoria con la que se separan dos segmentos con un núcleo tonal propio» (Valiente, 2019: 188). Respecto al vínculo entre lo sintagmático y lo fónico, afirmaría Cantero Serena que Ciertamente, el grupo fónico suele coincidir con un sistema gramatical, aun-que su naturaleza acentual y fónica nos obliga a distinguir entre ambas unidades: el grupo fónico es el recipiente en el cual se amolda el sintagma gramatical, pero no puede ser definido en función de la solidaridad gramatical que puede establecerse entre las palabras que lo componen, porque pertenece a otro nivel (2002: 77). A pesar de esta hipótesis cabe destacar que nos hallamos todavía en un periodo en el que la subjetividad impera en la selección de criterios interpuntivos, lo que, sumado a las diversas circunstancias en las que se ha podido llevar a cabo el proceso de escritura, dará lugar a una flagrante falta de fidelidad a la realidad suprasegmental de la lengua. Ello queda ejemplificado en dos de los fenómenos registrados en la anterior tabla. En primer lugar, cabe destacar el alto porcentaje con el que se ha registrado la interrupción de grupos fónicos. En esta categoría han sido contabilizados aquellos casos en los que el signo se ha interpuesto entre un elemento átono y su núcleo tonal, es decir, tras artículos, conjunciones o preposiciones, así como en posición intermedia entre formas verbales perifrásticas. {h 1v} {29} otrosi digo que los dichos mis partes. ansido muy agrabiados del {30} d<ic>ho v<uest>ro. presidente. y oydores. asi en abellas. quitado sus escla{31}bos y su rrectamente. sin oylles. ni guardar. sus ter. minoss. {32} como en aber sido mal tratados. del. d<ic>ho v<uest>ro presidente trata{33}do mal. asus personas con palabras ynjuriosas que tiene por {h 1v} {1} costunbre de dezir a vnos. y a. otros. llamando. alos. conquistadores. {2} Robadores. y otras palabras. semejantes. a estas. y a haziendoles. {3} otros malos tratam<iento>s todo lo q<ua>l. an sufrido y susfren los d<ic>hos mis {4} partes. q<ue>. v<uestra>. al<teza> sabida la v<er>dad. lo Remediara por. q<ue> pido y suplico {5} a. v<uestra>. al<teza> mande prober. y probea. con toda brebedad. v juez de {6} rresidençia que baya. ala. d<ic>ha probinçia de guatimala. y oyan {7} alos. agrabiados y los. des. agrabien. y no permita. .v<uestra>. al<teza>. {8} 83 q<ue> v<uest>ros. suditos. estan tan oprimidos. y afrentados. v<uest>ros. {9} suditos de vn. juez. tan Riguroso y tan. açelerado. como {10} es. el dicho v<uest>ro presidente. (GUATEMALA,52,49) Este desconcertante y frecuente uso resultaría realmente difícil de justificar. Si bien podríamos entenderlos como una “alteración” externa de la estructura fónica de la frase derivada de un proceso de dictado, cabe recordar que, únicamente tres documentos catalogados como heterógrafos pertenecen a esta categoría, de los cuales uno, GUATEMALA,52,N.49, no presenta un gran índice de aparición de este fenómeno. Del mismo modo que a partir del estudio del empleo del signo es deducible una intención delimitadora de determinadas unidades. Si atendemos ahora a la ausencia de estos signos en determinados contextos, en ocasiones podemos ser testigos del debilitamiento de muchas de estas hipótesis. En este caso, la visión del signo de puntuación como “límite sintagmático”, si bien quedaría reforzada en algunas cifras de la anterior tabla, se nos presenta como incapaz de responder a las causas que justifican la alternancia en la presencia del signo ante conjunciones copulativas. Respecto al estrecho vínculo entre puntuación y conjunciones coordinantes, a pesar de que en CHILE,31,N.49 es posible apreciar un claro criterio “ortografista” y relativamente homogéneo de aplicación de pausa en posición previa a la conjunción y, el resto de los testimonios se muestran reticentes a esta sistematización que, por otro lado, gozaba de gran aceptación tanto por escribientes como por muchos tratadistas de la época 44 . Resulta, por tanto, realmente arriesgado afirmar con rotundidad que este empleo excesivo de la puntuación se oriente a la finalidad de limitar los constituyentes básicos a nivel sintáctico o fónico. Esta visión sería contradictoria, especialmente, si observamos que el escribiente rechaza el empleo de esta marca delimitadora ante un elemento con valor coordinante, que más allá de establecer los límites entre un periodo y otro, presenta una correspondiente reacción prosódica en la oralidad. La oposición sistemática al empleo de punto en este contexto podría vincular la visión del escribiente con la que paralelamente a la redacción de estos manuscritos ya defendían autores. Sería el caso de los ejemplos del empleo de la coma propuestos por Cristóbal Villalón (1558: F2V), a partir de los cuales, en una enumeración, el signo de puntuación se entiende como una sustitución de la conjunción, y, por tanto, no debe aparecer en posición previa 44 Cfr. Felipe de Mey (1607: 177) afirma que «con el Inciso, o Coma, dividimos la clausula, o periodo en sus partes mas menudas. Acostumbrase poner antes de los relativos, y de la conjunción &». 84 a esta: la combinación de signo y conjunción copulativa resultaría redundante por el propio valor de delimitación que esta posee per se. Sin embargo, la alternancia entre su presencia y ausencia sin que se haya visto un motivo -sintáctico o informativopredilecto para cada decisión, nos llevaría rechazar la idea de un sistema premeditado y justificado a partir de la reflexión y una intencionalidad simplificadora de la interpretación del texto. Ante estos comportamientos analizados, únicamente podríamos admitir que el escribiente es consciente de un vínculo entre la puntuación y diversos aspectos de naturaleza fónica, y que puede ser empleado como herramienta para una correcta comprensión del texto escrito, como podría demostrar el aislamiento en ocasiones de los constituyentes oracionales. Sin embargo, la escasa formación de algunos de estos amanuenses, sumada a la complejidad de las normas de puntuación publicadas hasta la época, todavía ligadas al latín, los llevarán al intento de recreación de modelos de puntuación improvisados, intuitivos y condicionados por infinidad de criterios de carácter subjetivo que implicarían desde la recreación prosódica a la focalización de un concepto reseñable. En síntesis, nos encontraríamos todavía ante procesos de escritura caracterizados por una elaboración rápida e improvisada en la que la sucesión de ideas coordinadas dificultará, todavía, el establecimiento de límites más complejos propuestos por los clásicos. Finalmente, cabe destacar que, si bien estos vínculos apenas definidos han sido plasmados mediante el empleo del punto en todos estos documentos, algunos de ellos presentan también el empleo de “marcas secundarias” con valor estructurador del contenido del texto. Con una jerarquía en el sistema de puntuación equiparable a la de muchos usos asignados al calderón en época medieval, estas marcas serán las predominantes en la limitación de unidades que podríamos asimilar a los actuales párrafos. Pues, si bien es cierto que la estructuración gráfica del párrafo es conocida y recreada en la inmensa mayoría de los documentos estudiados, en numerosas ocasiones esta estructura corresponderá, únicamente, a la separación de las partes prototípicas del documento: identificación del emisor, mensaje y despedida. Será posible también la separación mediante un párrafo de la petición o súplica que motiva el mensaje, motivada, quizás por la diferencia desde una perspectiva pragmática de esta con el resto de las unidades del documento. Por lo tanto, será labor de estos nuevos signos, no solo la delimitación de estas partes del discurso, sino la estructuración del contenido interno del párrafo en el que se encuentre el cuerpo del mensaje, es decir, la narratio. Así pues, 85 será posible encontrar este tipo de marcas delimitando unidades que, pese a hallarse unidas gráficamente, individualmente serían asimilables al actual concepto de párrafo entendido como el «conjunto de enunciados que se caracterizan por tener una unidad tópica y por expresar un subtópico del tema general del texto, ya que este se desarrolla de forma secuencial» (Fuentes 1996:55). Estos signos, cuyo uso no estará todavía del todo sistematizado en los contextos anteriormente citados, serán, en su mayoría guiones, barras diagonales, compuestos a partir de < / > y < - > mediante su combinación y la adición de puntos y, a partir del siglo XVII, será el signo de igual el que predomine en este tipo de divisiones informativas. Imagen 4. Ejemplos de empleo de barra diagonal, con y sin punto, para la separación de unidades informativas en GUATEMALA,52,N.15. 1.2. Documentos con puntuación abusiva en los siglos XVII y XVIII Tras definir las posibles causas y motivaciones que entraña este particular sistema de puntuación definido como abusivo o excesivo en el siglo XVI y su inclusión, todavía discreta, de marcas de puntuación secundarias destinadas a la delimitación del contenido informativo y pragmático del texto, procederemos al análisis de los documentos con esta misma frecuencia de puntuación en los siglos sucesivos, los cuales pese a mantener gran parte de las características anteriormente definidas, se mostrarán como un perfeccionamiento funcional de estos “signos secundarios” con valor informativo. Ello implicará la convivencia en estos documentos de dos sistemas de puntuación regidos por criterios diferentes y destinados, por tanto, a explicitar en el escrito fenómenos pertenecientes a diferentes planos lingüísticos. Una primera aproximación a la tabla de datos nos permite apreciar que, si bien continuamos manteniendo una frecuencia de uso mayor a la común, o, al menos, a la propia de los modelos de puntuación tradicionales, es destacable cómo la media de 86 palabras de cada segmento delimitado por signos ha aumentado en torno a un punto y medio 45 . Este cambio en la longitud de los periodos marcados nos aproxima a una más evidente separación de unidades sintácticas. Si bien es cierto que la falta de pericia a la hora de emplear los signos de puntuación se mantiene en gran parte de estos escribientes, muchos fenómenos a partir de los cuales se ha defendido la asistematicidad de los modelos anteriores, han quedado profundamente reducidos o abandonados. En primer lugar, si atendemos a la ruptura de grupos fónicos, es apreciable cómo un rasgo tan acentuado y característico del conjunto de documentos del XVI ha remitido en este segundo grupo. En la presente selección no ha sido registrado ningún rasgo de aislamiento de un elemento átono por medio de un signo de puntuación, así como de división de unidades presumiblemente indivisibles desde el plano morfológico como locuciones o formas verbales perifrásticas. por q<ue> pido y sup<lico>. a .v<uestra. al<teza>. q<ue> despues de {27} sentençiada la d<ic>ha. Residençia del. d<ic>ho Rogel. que esta {28} aqui p<ar>a. saber. le mande. bolv<er> a dar. otra Residençia {29} alas. dichas yndias ala probinçia de guatimala donde/ q<ue>{30}daron los. agrabiados y no permita. v<uestra> al<teza> q<ue> paresca la {31} justiçia de v<uest>ros suditos por no la poder benir a pedir {32} aca. y p<ar>a. q<ue>. la. bolbera a dar. alas d<ic>has yndias le man {33} de .v<uestra>. al<teza>. ate y guarde fianças en cantidad. de çincuenta {34} mill ducados. (GUATEMALA,52,49). Nos hallaríamos, por tanto, ante un modelo de escribiente que, a pesar de carecer de un sistema concreto, asigna unos límites a su labor interpuntiva y rechaza usos carentes de valor prosódico, sintáctico, o discursivo. Por lo tanto, la única presencia de puntuación en este tipo de contextos será registrada en el desempeño de un punto con valor meramente gráfico que tradicionalmente acompaña a las cifras, sea al final o a ambos lados de estas: 45 Frente a la media de 3.41 palabras por signo del grupo de documentos del s. XVI, en los siglos XVI y XVII la cantidad media de palabras ascenderá a los 5.15 y 5.07 respectivamente. 87 Imagen 5. Empleo de puntos con valor ortográfico a ambos lados de las cifras. En esta ocasión, la propia disposición del punto, adosado al elemento sucesivo y no al precedente, refuerza su valor como signo con valor meramente ortográfico, equiparable al de las abreviaturas y, por tanto, no contabilizado como signo de marcación prosódica del texto. Respecto a otra de las diferencias entre los dos grupos establecidos para el estudio de la puntuación abusiva, si establecemos una tabla con el porcentaje de conjunciones copulativas precedidas de un signo de puntuación en los documentos pertenecientes a esta subcategoría, podemos apreciar cómo en una considerable parte de los documentos se ha impuesto una tendencia más propensa a la regulación y al seguimiento de unas pautas: Tabla 6. Porcentaje de conjunciones copulativas marcadas con un signo de puntuación. SANTO_DOMINGO,414 (1681) GUADALAJARA,38,N.8,F.2 MEXICO 271,I 66,67 60,00 46,67 MEXICO,559(1606) GUATEMALA,178 (1666) GUATEMALA,178,1647 82,61 100% 88,57% ESTADO,11B,N.41 GUADALAJARA,116,1 CONTRATACION,5679,N.4 100% 48,64864865 93,10344828 Los datos estadísticos nos demuestran que existe una clara intencionalidad en el seguimiento de un determinado modelo cada vez más claro y reconocible. El escribiente ha naturalizado la puntuación como un rasgo más de la escritura orientad a la delimitación de unidades cada vez más complejas y dotadas de significado, así como al establecimiento de las diferentes relaciones existentes entre ellas. Sin embargo, la 88 dificultad en el empleo de normas, ya sea aprendida o imitada, lo lleva a una toma de decisiones en la que, junto con su intuición, el establecimiento de contextos de uso obligatorio de la puntuación jugará un papel decisivo en los futuros procesos de homogeneización y regulación de la puntuación. Dentro de los textos en los que este vínculo entre conjunción copulativa y puntuación no se halla sistematizado, nos encontramos en primer lugar con tres documentos escritos d0e manera autógrafa por un ciudadano del siglo XVII. En este caso encontraremos una primera diferenciación de carácter social, la cual se acentúa si, cotejándolos con el resto de los textos coetáneos del grupo, descubrimos una notable diferencia en la composición y criterios de sendos modelos interpuntivos. Los autógrafos de ciudadanos laicos presentarán sistemas próximos a los observados en el siglo precedente: modelos de puntuación en los que, si bien es apreciable un mayor grado de reflexión lingüística y seguridad en la colocación de los signos, las diferencias entre los diferentes tipos de estos serán todavía una asignatura pendiente en la escritura. Nos hallamos ante tres sistemas desprovistos de jerarquía en los que el punto llevará a cabo todas las funciones de aislamiento de los constituyentes oracionales. Este signo será el único empleado en el documento de MEXICO,172 y se verá ligeramente acompañado de cinco y tres comas en los documentos de GUADALAJARA,38,N.8,F.2 y SANTO DOMINGO,414 (1681) respectivamente. En ambos casos, la coma carecerá de significado definido y se limitará a desempeñar funciones que, en otros contextos semejantes del texto, ocupa el punto: {h 1r} {6} y en la de la fuerça Vieja. de Veyntey dos años aesta par{7}te. de soldado se hallo. y Mosquetero. con mucho Valor {8} y toda puntualidad. en todo lo que sea ofreçido, en este {9} T<iem>po. y se ha hallado. en muchas ocass<iones> de Armadillas. (SANTO_DOMINGO, 414 (1681)) Por el contrario, si estudiamos los sistemas de puntuación empleados en los tres testimonios restantes del XVII nos encontramos sistemas con un menor grado de arbitrariedad en cuanto al uso y valores asignados a algunos de los signos empleados. Si bien se mantiene una considerable propensión a la división sintagmática más allá de las delimitaciones prosódicas de la oralidad y de las necesidades interpuntivas del interlocutor, estas delimitaciones no serán tan acusadas como en los casos anteriores. En este caso, nos encontramos ante sistemas fundamentados en la alternancia, con valores más o menos estables, entre punto y coma. Sumada a esta jerarquización del contenido delimitado a partir de la cual poder explicitar el grado de interrelación de los elementos marcados, comenzamos a asistir a la adición de otros signos de reciente implantación en 89 los sistemas de puntuación. Ello se manifestará claramente en los valores asignados a < : > y < ; > en el documento de GUATEMALA,178 (1647) en el que, pese al carácter sintagmático de la delimitación realizada mediante el empleo de la coma, se introducen en el texto otra serie de matizaciones destinadas a la correcta vinculación desde el punto de vista semántico y/o discursivo de los contenidos expuesto. {h 1r} {22} E auiendo obedecido la d<ic>ha R<eal> Cedula, con el acatamiento debido, y {23} poniendo en execusion, lo que V<uestra> M<a>g<estad>. me manda, vi de todos los {24} autos, que ay en esta razon, y consta por ellos: Que el Pres<idente>. desta {25} R<eal> Audiencia Marques de Lorenzana, Juntamente con el R<everendo> Ob<is>po {26} D<on>. Augustin de Vgarte saravia mi antecessor; erigieron, y funda{27}ron en esta d<ic>ha Ciudad de Guatemala, en la Iglesia Parochial, la {28} Hermita de n<uest>ra s<eñora>. de los Remedios, en 18 de Abril del año passado {29} de 1641, (GUATEMALA,178 (1647)) Nos encontramos ante el empleo de dos signos que, pese a formar parte de todos los repertorios propuestos por gramáticas, ortografías y manuales de estilo para imprentas, carecen todavía de una gran difusión en la tradición escrituraria. No será de extrañar que, frente a los testimonios escritos directamente por ciudadanos laicos, sea precisamente en los documentos autógrafos de dos clérigos en los que encontramos un empleo de este tipo de signos con una cierta estabilidad en cuanto a los valores asignados a lo largo del texto. Con fragmentos como el anterior asistimos a la confluencia de dos concepciones diferentes de la puntuación en una misma mano y escrito. Por un lado, encontramos un uso todavía arcaico y difícil de regular y sistematizar compuesto de los tradicionales < . > y < , >. Se tratará de dos signos cuya caracterización y ubicación adecuada habría variado en cada texto que el escribiente haya consultado a lo largo de su proceso formativo, lo que daría lugar a usos intuitivos, vacilación en la colocación y búsqueda de patrones de regularidad como los ya señalados. Por otro lado, encontramos dos marcas de implantación relativamente simultánea cuya presencia y valores han podido constatarse en un menor número de ocasiones lo que podría favorecer la asignación de significados o colocaciones predeterminadas. Bien es cierto que, a este respecto, el valor asignado al semicolon es todavía un verdadero enigma para el lector y amanuense medio. En este fragmento, al igual que en las seis apariciones restantes a lo largo del documento, se muestra como una marca que pretende interactuar con el contenido textual. El punto y coma se presenta con un intento de signo de focalización mediante el cual resaltar la relevancia de la información que se enuncia a continuación e indicando un cambio en el argumento principal del discurso. Por su parte, el valor asignado a los dos puntos es más 96 Como muestra la imagen anterior, nos encontramos ante un texto en cuya redacción el autor ha incluido únicamente seis puntos siguiendo unos criterios difícilmente justificables y con una ligera vinculación con la separación de elementos de naturaleza sintagmática. Sin embargo, la participación en el texto de una segunda mano añade al manuscrito unos sobredimensionados signos de barra que, desprovistos de su original valor de vírgula, proceden a seleccionar los contenidos informativos del texto, facilitando así una correcta delimitación e identificación de los diferentes argumentos y actos ilocutivos presentes en él por parte de un potencial interlocutor. La presencia de algunos documentos de puntuación escasa de este siglo en los que este tipo de signos verticales predominan frente a los tradicionales, como serán los casos de GUATEMALA,52,N.81, podría indicarnos una nueva relación del escribiente con la puntuación que, hasta la fecha, podría haber pasado inadvertida. Son escasos los estudios que plantean el vínculo entre escribiente y puntuación en los siglos de difusión y aceptación de la puntuación en los sistemas de escritura. Ante esto, correríamos el riesgo de caer en la generalización de entender la puntuación como un elemento de la escritura que, aunque anárquico, siempre ha estado presente en la tradición. Desde una hegemónica perspectiva historiográfica y normativa, hallamos en ella un fenómeno en constante evolución y adaptación desde los postulados retóricos clásicos. Esta se adquiriría junto con el resto de la formación ortográfica y, ante la ausencia o desconocimiento de norma, será la propia intuición o estilo del escribiente los que decidirán la ubicación de unos signos previamente jerarquizados. Bien es cierto que esta afirmación entraña cierta verdad y nuestro amanuense podría interesarse en la adopción e imitación de modelos de escritura que doten a sus escritos de cierto prestigio, así como representar aspectos de la naturaleza oral de la lengua que quedarían inadvertidos en el mensaje escrito. Sin embargo, documentos como este nos dan testimonio de una nueva vía de acceso a la puntuación por parte de escribiente. Nos encontramos con un vínculo profundamente funcional, estrechamente ligado a lo visual y diseñado exclusivamente para el proceso de lectura y rápida identificación de las partes que componen el texto. En síntesis, se trataría de un modelo de amanuense que, ante el frecuente hábito en escribanías de la época de no incluir signos de puntuación, experimenta la necesidad de aplicarlos, eso sí, conforme a un repertorio y finalidades absolutamente ajenos tanto a las normas difundidas y aceptadas, como al plano suprasegmental de la lengua. 97 Finalmente, y centrándonos esta vez en la diferencia entre los tipos de procesos de escritura, es interesante comprobar cómo se ubican los fenómenos descritos en este plano. Si regresamos a la tabla inicial de este epígrafe podemos apreciar determinadas correlaciones entre unos determinados sistemas de puntuación y las categorías de documento autógrafo y heterógrafo. Si entendemos este criterio como el establecimiento de un mayor o menor grado de implicación del autor en el proceso de escritura del texto, no sería de extrañar que el citado documento de QUITO,18,N.51 pertenezca a la categoría de documentos autógrafos. Ello implicaría que, en su proceso de elaboración, al autor material el texto no se le habría impuesto su contenido de este, ni, mucho menos, se le habría dictado. Nos habría dejado, por tanto, un modelo de puntuación que pese a recoger ciertas incongruencias, muestra una clara implicación e intencionalidad por parte del autor. Estos rasgos, por otra parte, difícilmente podrían ser confirmados ante la irregularidad que impregna los sistemas de puntuación de los tres textos heterógrafos de esta selección. Otro fenómeno llamativo respecto a la caracterización de los diferentes tipos de escribiente, lo ubicamos en el hecho de que, pese a hallarnos ante modelos de puntuación alejados de los usos canónicos y presumiblemente propios de amanuenses no demasiado experimentados en el empleo de estos signos, será posible apreciar la introducción en los sistemas empleados de algunos de los signos innovadores que estarían en plena difusión en el siglo XVI. Especialmente los encontraremos en aquellos documentos con un autor procedente del ámbito religioso. No sería de extrañar que sean precisamente este tipo de manos las que presenten un uso de estos signos con una mayor fluidez y sistematicidad. Si bien es cierto que todavía es pronto para una fijación homogénea de los valores de < : > y < ; >, la aparición de esos signos con un claro valor de distribución y jerarquización de los contenidos informativos del texto nos dará una muestra de la constante innovación y fijación de los valores interpuntivos en muchos de los documentos que conforman el corpus y, especialmente, en aquellos realizados por escribientes de origen eclesiástico. Sin embargo, una comparación con otros empleos que se da a estos signos en esta selección, y especialmente centrándonos en el uso asignado a los < : > por parte de escribientes laicos, nos llevará a plantear la hipótesis de que, quizás, el carácter vertical y compuesto que presentan estos signos en su composición gráfica podría inducir a determinados autores a emplearlos como meros separadores de contenido o indicadores de párrafo de un modo semejante a la barra diagonal los signos compuestos o el guion. 98 2.2. Testimonios con puntuación escasa en los siglos XVII y XVIII Continuando con la caracterización de los denominados empleos deficitarios o escasos de la puntuación en los documentos del corpus, la visión de las signaturas restantes nos daría un claro testimonio de la pérdida de popularidad de este tipo de hábitos de puntuación, los cuales sucumbirían a los cada vez más acentuados procesos de homogeneización y regularización de la puntuación que esta experimentará especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XVII. Tabla 9. Testimonios con puntuación escasa en los siglos XVII y XVIII. S. XVI S. XVII S. XVIII Ciudadano. Autógrafo Chile, 31,N.11(1580) 28,65 PANAMÁ,147(1705) 19,91 CHILE,31,48 (1582) 38,40 GUATEMALA,52,15 30,35 GUATEMALA,52,81 38,17 QUITO,18,51 22,60 Ciudadano. Heterógrafo CHILE,31 (1580) 33,17 MEXICO,271 38,00 PANAMÁ,147(1701) 19,82 GUATEMALA,52,N.12 23,94 CHILE,31 (1579.VI.10) 34,69 QUITO,123,N.25 33,60 CHILE, 31 (1579.IV.25) 41,29 Bajo Clero GUATEMALA,52,25 72,50 GUATEMALA, 178,1654 21,33 CUZCO,16,N.12,54 25 LIMA, 314,5 (1572), II 103,50 SANTO_DOMINGO, 414 (1680) 22,25 LIMA, 314, 5 (1577) 34,42 Alto Clero SANTA_FE,226,7 38,29 SANTA_FE,226,N.150 29,17 SANTA_FE,226,N16 43,60 SANTA_FE,226,N20 33,17 Cargo administrativo medio/alto. Autógrafo GUATEMALA,52,43 26,13 CONTADURIA, 1289,N.3 30,50 PANAMA,87,54 19,48 SANTA_FE, 226, N.146ª 36,69 Cargo administrativo medio/alto. Heterógrafo CHILE, 31 (1594) 22,76 PANAMA,87,25 25,13 CONTADURIA, 1289,N.4 20,06 GUATEMALA,52,39 56,63 GUADALAJARA, 38,32,38 23,04 CONTRATACION, 5610,N.5 42 GUATEMALA,52,23 22,43 PANAMA, 174(1708) 19,23 Como síntesis de lo mostrado en la tabla, con el siglo XVII comenzará el declive de los arcaicos sistemas de puntuación mediante los denominados signos verticales. Estos serán sustituidos por otros elementos propios del repertorio tradicional de signos, los cuales pese a seguir funcionando en ocasiones como recursos visuales para la separación de unidades textuales, se trasladarán progresivamente hacia valores más 99 discretos y homogéneos de corte especialmente ortográfico y sintáctico. La consolidación del signo de paréntesis como introductor de incisos será otro rasgo reseñable de los expuestos en la tabla, el cual podríamos entender que será el signo con el valor más estable que apreciaremos a lo largo de este estudio. Respecto a la variedad de los signos empleados, cabría destacar un reajuste interesante qué presentan algunos de estos textos escritos en el siglo XVII y XVIII, como será la anulación del signo de punto. Si bien a lo largo del XVI encontramos tres textos de escasísima puntuación cuyo sistema se estructura básicamente en la alternancia del punto y la coma, en el resto de los documentos de este siglo y gran parte del siglo posterior asistiremos a la adopción de nuevos signos cuyos valores, en ocasiones, no quedarán del todo definidos. Paralelamente, y ante la importante variedad de signos a disposición del escribano, asistiremos, en el caso de algunos autores, al reajuste de los valores tradicionales de puntuación con el fin de evitar ambigüedad en situaciones en las que un mismo signo pueda implicar dos interpretaciones diferentes. Una de las principales consecuencias de este proceso de reajuste de los valores en los repertorios de puntuación será, como indica la tabla, la anulación del valor de pausa del punto. Este continuará siendo empleado en la escritura, sin embargo, su función se limitará al acompañamiento de abreviaturas y cifras, como ilustra el siguiente fragmento del documento PANAMA,147 (1705): {h 1r} {1} D<on> Gabriel Caluo de Bustillo Guardia de {2}Corps de V<uestra>. M<a>g<estad>. en la Compañia del {3}Conde de Aguilar, puesto alos R<eales>. Pies {4} de V<uestra>. M<a>g<estad>.= Dize paso a españa desde la {5}Ciu<dad> de Panama enlos Reynos del Perû de {6} donde es natural, â emplearse enel R<eal>. ser{7}ui<cio>. de V<uestra>. M<a>g<estad>. […] (PANAMA,147 (1705)). Como se puede ver, si bien encontramos una importante cantidad de puntos, en el fragmento, ninguno de estos se encuentra desvinculado de una abreviatura. El verdadero peso como marca prosódica o delimitadora de unidades sintácticas o enunciados recae en este caso sobre la coma y el signo de igual. Pese a quedar considerablemente reducidos aquellos usos difícilmente justificables que se han descrito en los documentos heterógrafos del siglo XVI, todavía los documentos pertenecientes a esta categoría presentarán un claro carácter práctico más dirigido a la vista que a la oralidad. Este último rasgo quedará patente en la importante difusión que experimentará el signo de igual en los documentos de estos siglos, el cual pese a ser hallado en ocasiones como recurso para resaltar o rotular, como 100 en CONTADURIA,1283,1.6, en el resto de sus apariciones adquirirá un valor semejante al que un siglo atrás tendrían la barra diagonal, el guion y los signos compuestos a partir de estos. En síntesis, podríamos concluir este epígrafe afirmando que serán diferentes los motivos que lleven al mantenimiento de este tipo de sistemas de puntuación hasta el siglo XVIII, lo que se advierte a partir de su presencia en todas las categorías sociales en las que se divide el corpus. Respecto al empleo de unos modelos de puntuación cada vez más estandarizados, cabe destacar que muchos de estos textos presentan una densidad de palabras por signo que, aunque todavía pueda considerarse excesiva, se encuentra muy próxima a los límites que hemos establecido para la denominada puntuación moderada. Este rasgo podría ser indicio de una tendencia a la combinación en un mismo sistema de unos hábitos escriturarios propensos a la clara demarcación de los constituyentes textuales, con aquellos que plantea la puntuación tradicional en cuanto a la delimitación y estructuración de enunciados. A partir de esta hipótesis podríamos hallar justificación para esta ampliación masiva de los repertorios interpuntivos, especialmente en documentos en los que, paradójicamente, el signo de puntuación presenta un escaso empleo 47 . Como se especificará más adelante, la confluencia en un mismo texto y amanuense de diferentes signos de puntuación no implicará su compatibilidad o interacción dentro del sistema de puntuación. Es decir, ante el deseo de mantener rasgos prácticos en la escritura como la marcación de las unidades constituyentes del texto, así como de representar gráficamente otro tipo de aspectos de naturaleza prosódica, sintáctica u ortográfica, el escribiente procede a una ampliación del repertorio de signos de puntuación, con su correspondiente reajuste de valores, de modo que cada signo quede limitado a un determinado plano lingüístico. 3. Usos y funciones en testimonios con puntuación moderada Finalmente, nos quedaría atender a aquellos documentos que, conforme a la clasificación establecida, suponen el grupo más numeroso del corpus. Como quedó establecido en la tabla de los documentos que componen cada una de las categorías de frecuencia de puntuación, la denominada como moderada supondrá el modelo de 47 Véanse los casos de PANAMA,87,54 y CONTADURIA,1289,N.4, con 19.48 y 20.06 palabras por signo respectivamente, en los que se ha registrado el empleo de repertorios de puntuación de seis signos. 101 puntuación que se impondrá con el paso de los años. Independientemente de los criterios presentes en cada manuscrito, desde una perspectiva cuantitativa podemos entender que la extensión promedio de los periodos delimitados por estos sistemas correspondería con la de un modelo vinculado al plano sintáctico. Desde una perspectiva historiográfica del estudio de la norma, esta característica también aproximaría notablemente a estos modelos de puntuación a los sistemas propuestos por los tratadistas coetáneos. Pues bien, desde los comienzos del periodo de aceptación de la puntuación como un elemento gráfico más de la escritura, los criterios difundidos por imprentas o desarrollados por los gramáticos no contemplarán ninguna de las dos realidades descritas en los dos epígrafes anteriores. Por el contrario, presentarán modelos en los que la unidad de cláusula, (periodo, oración o enunciado, dependiendo del autor) así como sus constituyentes internos supondrían el eje vertebrador de los sistemas de puntuación. Así pues, frente a la utilidad y el carácter práctico que fenómenos como los anteriormente descritos implican para el oficio de la escribanía, el dominio de los diferentes signos, así como el conocimiento de sus usos y colocaciones adquirirá progresivamente una marca de prestigio. Esta nueva concepción del empleo de la puntuación se traducirá, en ocasiones, como agresivas tendencias ortográficas que por criterios basados en la mera colocación y combinación de elementos desposeerán a muchos signos de su vínculo con la realidad suprasegmentales de la lengua o de capacidad de interactuar con segmentos que delimita. Ante la magnitud y heterogeneidad de las características que presentan estos modelos de puntuación incluso dentro de una misma época, el estudio de los manuscritos de esta categoría se realizará a través de la caracterización de las principales corrientes de empleo de la puntuación y asimilación de la norma que han sido halladas en esta sección del corpus. Así pues, tras una primera extracción y comparación de datos, ha sido posible delimitar las siguientes corrientes dentro puntuación moderada, algunas de las cuales pueden confluir en un mismo autor: 3.1. Irregularidad y variación de criterios. A partir de los criterios interpuntivos anteriormente descritos en los documentos de abuso y escasez de puntuación, se ha podido constatar que, pese a la presencia de patrones de regularidad y funcionalidad regidos por diferentes pautas, el hallazgo de sistemas desconcertantes cuyos usos parecen carecer de patrón o finalidad concreta 102 sigue siendo una posibilidad especialmente recurrente en el siglo XVI. Por ello, pese a dedicarnos ahora al estudio de modelos de puntuación cuyos datos estadísticos los ubicarían próximos a la norma y usos de prestigio, seguirá siendo más que posible que muchos de estos usos registrados se adscriban a esta categoría. Si bien es cierto que con este trabajo se pretende defender el empleo de los signos de puntuación en manuscritos como un fenómeno intencional y dotado de significado, somos conscientes de que en las épocas estudiadas serán muchos de documentos hallados cuyas función y motivación serán difíciles o imposibles de determinar. Si recuperamos algunas de las hipótesis planteadas a lo largo de los epígrafes anteriores, no será de extrañar que una cuantiosa parte de los documentos que presentan esta serie de desajustes compartan la característica de ser testimonios heterógrafos, lo que implicaría la posibilidad de una alteración en sus procesos de escritura. El proceso de escritura de estos textos podría haber tenido lugar a partir de un dictado o de la copia de un original: dos procesos en los que el escribiente no interactúa de manera directa con la creación textual, la distribución de sus unidades, o la composición de sus enunciados. En estos casos el amanuense actuaría como un mero transmisor, realizando la transcripción de un mensaje del que él mismo puede estar abstraído. De este modo, las marcas prosódicas presentes en el escrito podrían mostrarse influidas por diferentes fenómenos de naturaleza extralingüística relacionados con este proceso de transcripción, como sería una pausa en el proceso de dictado o en la memorización de conjuntos de palabras de un documento original. Nos encontramos, por lo tanto, ante unos testimonios cuya lectura en voz alta podría considerarse como una hipotética recreación del proceso de escritura y no como una delimitación y distribución de los enunciados que lo conforman. Para ejemplificar este hecho, presente con características similares en las tres categorías en las que se ha divido el corpus, podríamos proceder a una lectura en voz alta del siguiente fragmento del documento GUADALAJARA,38,N.10,F.2. {h 1r} {2} […] çertificmos que por los libros. Reales delos d<ic>hos ofiçios paresçe que el cap<itan> {3} Pedro Rojel de agramonte persona conosçida. se pressento. a seruir en estas galeras. en diez de {4} febrero. de mil quinientos. y nouentayocho con una çedula de su mag<estad> dada en toledo- {5} en tres. de julio de mil quinientos. y nouentayseis. en quelehizo m<e>r<çe>d de ocho escudos {6} de uentaxa al mes. de mas de su plaça hordinaria desoldado por lo que asta entonzes. {7} hauia seruido asu mag<estad> en diferentes partes. Jornadas y ocassiones. hasta el puesto. de Alferez- (GUADALAJARA,38,N.10,F.2. (1631)) Como se ha podido comprobar, la colocación de estos marcadores de pausa, concretamente de puntos, entendidos de forma generalizada como un signo de mayor 103 jerarquía delimitadora, no responde desde ningún criterio, a la separación concreta de unidades funcionales, a la combinación ortográfica, o a la recreación de un determinado fenómeno prosódico. Encontramos una estructura entrecortada que difícilmente podríamos vincular con las premeditadas distinctione que dieron origen al estudio de la puntuación y todavía servían de principal sustento teórico para las normas propuestas. La hipótesis apenas planteada no pretende establecer una verdad universal sobre todas aquellas irregularidades que se puedan encontrar en los sistemas de puntuación de textos heterógrafos. Del mismo modo, tampoco niega la presencia en documentos como el anterior, de signos que sí pudieran respondan a un criterio o finalidad propios del amanuense frente a otros de características más arbitrarias. Encontrar, por tanto, textos en los que la puntuación, pese a mantener comportamientos irregulares respecto a su colocación y ausencia presenta pequeños rasgos de criterio o premeditación en otras manifestaciones, nos plantea un modelo de puntuación diasistemático 48 en el que, aparte de las alteraciones producidas en el proceso de redacción, se conjuguen y manifiesten en la escritura los rasgos procedentes de los sistemas de autor y de escribano (Castillo Lluch, 2006: 498). A este respecto, cabe recordar que serán numerosos también, los manuscritos de escritura autógrafa hallados que presenten rasgos semejantes. A pesar de que estas irregularidades se muestren de un modo menos agresivo en los documentos autógrafos, seguirán dando constancia de que más allá del carácter determinante que tendrán las circunstancias del proceso de escritura, las cuales podría verse también alteradas en la redacción de un documento autógrafo, existirían otros factores que influirían en la regularidad y funcionalidad de la norma de puntuación planteada. El estudio contrastivo entre contextos sintácticos de naturaleza semejante, pero puntuados de manera irregular por un mismo escribiente, concluye en que la frecuencia de puntuación en los textos calificados con moderados y, especialmente, abusivos, conlleva una cantidad de signos de puntuación en el texto qué impediría la asignación de valores diacríticos destinados a 48 Partiendo de un concepto aplicado originalmente a la dialectología, Cesare Segre (1976: 286) plantea eue el concepto de diasistema también puede ser aplicable, desde su propia perspectiva y contexto, a las particularidades de la tradición escrituraria de los copistas medievales: «Dans le cas le plus simple, le diasystème sera le résultat du compromis entre le système du texte (S1) et le système du copiste (S2): D = S1 + S2. Mais cette même copie sera à son tour recopiée par un autre copiste, avec son système (S3); il en résulte: D = (S1 + S2) + S3, et ainsi de suite». Conscientes de que nuestro campo de estudios es cronológicamente posterior, se han encontrado ciertas similitudes entre las teorías aplicables a los procesos de copia en los scriptora medievales y muchos textos heterógrafos de naturaleza procesal analizados en el corpus. 104 la disolución de posibles ambigüedades como sí hemos podido observar en textos aparentemente asistemáticos de la categoría de textos con puntuación escasa. Por el contrario, en un texto con una mayor tasa de aparición de signos, salvo en casos puntuales de alternancia de signos, no ha sido posible la detección eficaz de una posible intencionalidad o valores asignados a los documentos que presentan estas características. Ante ello, quedaría únicamente plantearnos si, junto con el condicionamiento en el proceso de escritura, podríamos identificar otros factores que determinen este tipo de modelos de puntuación como las propias experiencia y formación del escribiente o, en menor medida, la irrupción de otros criterios corte subjetivo a partir de los cuales el amanuense, desvinculándose del plano oral y la realidad suprasegmental, pudiera interactuar de manera valorativa y focalizadora con el contenido léxico y semántico de su escrito a través de la puntuación. 3.2. Tendencia a la sistematización ortográfica: De manera paralela a la aparición de modelos como los apenas descritos, la falta de pericia en las habilidades interpuntivas por parte del escribiente y su capacidad, por tanto, para usar y colocar los signos adecuadamente no siempre implicará el empleo de sistemas de puntuación irregulares o carentes de sentido. Cabe recordar, Que la aplicación de signos de puntuación en textos escritos e impresos es una innegable realidad, a partir de la segunda mitad del siglo XVI podemos concluir que son cada vez más numerosos los documentos a los que se ha añadido esta característica gráfica presente ya en casi la totalidad de los documentos consultados a partir del siglo XVII. A este respecto, El escribiente se halla ante la necesidad de incluir en su escrito una serie de marcas y trazos cuya aplicación no presenta la misma transparencia respecto a la lengua oral que otros aspectos gráficos. Esta circunstancia, ligada a interpretaciones o procesos de adquisición de la puntuación especialmente vinculados a la ortografía, llevará a numerosas manos consultadas en este corpus a desposeer a la puntuación de su vínculo con el plano suprasegmental de la lengua y reduciéndola a normas de colocación. Este fenómeno quedaría, por tanto, regulado por normas sencillas de memorizar y aplicar semejantes a las que regularían la combinación y empleo de las grafías. Como ya se ha mencionado en epígrafes anteriores, la puntuación sistemática de la conjunción copulativa será uno de los rasgos más determinantes de esta corriente que denominaremos ortografista. Como ya se ha mencionado, esta práctica tendrá sus 105 defensores y detractores en el plano teórico, sin embargo, en la práctica supondrá un rasgo más que frecuente en numerosos escribientes y especialmente en algunos tipos concretos. Si bien Felipe de Mey plantea la necesidad de que toda conjunción copulativa debe ser introducida por una coma, la propia experiencia del hablante nos muestra que la marcación prosódica que acompaña a la conjunción no presenta la misma intensidad en todos sus contextos. Por ello, mantener de manera rígida su presencia ante una estructura concreta, independientemente de su extensión y sus elementos constituyentes, implicaría obviar el carácter diacrítico y desambiguador que muchas veces se presupone a la puntuación para convertirla en un fenómeno gráfico de fácil y homogénea aplicación por parte de todos los escribientes. Partiendo de situaciones como el de la conjunción copulativa, a lo largo del corpus se han observado numerosos casos de estas tendencias ortográficas a partir de las cuales la presencia de determinadas conjunciones o conjuntos de estas supondrá el factor determinante para el empleo de uno u otro signo. De igual modo que constatamos una fuerte corriente de vinculación del signo de puntuación con la conjunción copulativa, serán numerosos también los casos en los que de manera sistemática el signo preceda aún que independientemente de que este sea una conjunción o un pronombre relativo. Respecto a las tendencias ortográficas en el tratamiento de los nexos subordinantes, será imprescindible aludir al tratamiento dado en los textos consultados procedentes de los siglos XVI y XVII a unos recién llegados dos puntos y semicolon. Si bien es cierto que a lo largo de los tres siglos que abarca este estudio han sido realmente variados los usos y las funciones asignadas a estos dos signos, su caracterización como marcas regidas por estrictas combinaciones ortográficas será un comportamiento especialmente recurrente en diversos amanuenses, aunque especialmente se esta tendencia gozará de mayor aceptación en aquellos de origen eclesiástico. Para asistir a este fenómeno deberíamos situarnos cronológicamente en las primeras apariciones de ambos signos en el corpus, concretamente en documentos procedentes de las categorías de Bajo y Alto Clero y fechados en la segunda mitad del siglo XVI. La aparición de estos signos será recibida de diferente manera por cada escribiente, de modo que, desde un principio, cada uno será susceptible de desempeñar los más diversos valores aplicables a un signo de puntuación. Dentro de esta versatilidad, si nos ceñimos a la búsqueda de regularidad detectada en los documentos escritos por religiosos, conviene tener en cuenta que, en estos casos la mano que escribe es consciente de que el sistema tradicional de puntuación consta de varios miembros estructurados jerárquicamente en 112 subordinante nos abriría la puerta a otro valor intencional esta vez de carácter discursivo. Textos como los anteriores podrían brindarnos la hipótesis de que, ante una estructura paratáctica en la que los límites de las unidades informativas quedan notablemente camuflados, el empleo de conjunciones copulativas seguidas de otros marcadores, o nexos subordinantes podría ser entendido para algunos autores como el límite entre una unidad enunciativa y otra diferente. Así pues, ante contextos semejantes hallados en tradiciones escriturarias previas, Bustos Tovar plantea que Existen contextos en los que su repetición, aun debiéndose una tradición discursiva diestra en organizar el discurso en forma de secuencia lineal, adquiere una función enunciativa que responde a la necesidad de ligar lo predicado aún enunciador expreso o sobreentendido («e yo digo que…») (Bustos Tobar, 2002: 67-68). 113 V. ANÁLISIS DE LA VARIEDAD DE SIGNOS DE PUNTUACIÓN 1. El punto Presente en la inmensa mayoría de los textos analizados, reconocido por los primeros amanuenses que se aventuraron a emplear la puntuación, heredero de toda la tradición clásica e indómito en cuanto a su regulación: así se nos ha presentado el punto a lo largo de este trabajo. A esta descripción poco más se puede añadir, en este primer epígrafe del tercer capítulo nos proponemos la compleja tarea de buscar unas pautas de uso generales para el integrante más versátil del inventario de puntuación. Para ello, considero conveniente comenzar estableciendo cuáles son los límites y funciones actuales del punto de modo que puedan ser comparables con todas las propuestas normativas de su empleo publicadas en los siglos de los que proceden los documentos del corpus. Según la Ortografía de la lengua española (2010), y ciñéndonos únicamente a sus valores vinculados con la pausa prosódica, aportamos la siguiente definición de punto. Como signo de puntuación, la función principal del punto consiste en señalar el final de un enunciado —que no sea interrogativo o exclamativo—, de un párrafo o de un texto. Lo complementa en esta función delimitadora la mayúscula, que marca siempre el inicio de estas unidades (v. cap. IV, § 4.1.1). El correlato del punto en la cadena oral es una pausa de extensión variable, pero en todo caso muy marcada (RAE, 2010). Es decir, nos encontramos ante el que posiblemente sea el signo que menor dificultad en su empleo y aplicación implica en el proceso de escritura. Sus límites y fundamentos profundamente sintácticos le darán un carácter estable incluso en sistemas de puntuación más propensos a la libre elección como será el italiano. Si nos proponemos contextualizar el estado de este signo en los primeros años del periodo estudiado, es necesario tener en cuenta que en los sistemas de puntuación a los que un escribiente podría tener acceso ya se plantea la posibilidad de alternar este signo con otros con los que mantiene cierta relación de jerarquía. Sin embargo, como se ha mencionado en los capítulos previos, el carácter retórico, extremadamente elaborado y ligado a la lengua latina de estos signos implicará una serie de dificultades en la asimilación de las pautas que lo regulan. Si nos ceñimos a los documentos más antiguos de los consultados en el corpus, en textos como GUATEMALA,52,N.42, el punto será 114 el signo único de un sistema de puntuación rudimentario subjetivo y todavía carente de normas que lo regulen. Únicamente podríamos afirmar que el escribiente es conocedor de la vinculación entre ese punto y el fenómeno fónico de la pausa de una manera equiparable a la relación entre una grafía y un fonema. Desde un plano diametralmente opuesto a estos primeros puntos que discretamente asomaban por los escritorios, encontraremos las descripciones teóricas aportadas por gramáticos y tratadistas. Ello supondrá otro ejemplo de la necesidad de estudios que se aproximen a la puntuación desde la perspectiva de quienes la utilizan y no únicamente de quienes la estudian. Pues ante la ya mencionada variedad de funciones encontrada en los textos, paradójicamente el punto supondrá el signo de mayor univocidad por parte de los tratadistas a la hora de establecer sus usos y valores. Desde un plano teórico, será compartida por prácticamente todos los gramáticos estudiados el concepto de punto como la unidad de mayor jerarquía en los sistemas interpuntivos. El punto era heredero del signo delimitador del περίοδον propuesto por Quintiliano y de su adaptación a la lengua latina como distinctio, quedando el resto de los signos subordinados desde el punto de vista rítmico, sintáctico y/o enunciativo a esta unidad principal. Tras estos planteamientos teóricos, será la tradición medieval la que se encargue de modificar el signo de un punto alto a un punto bajo y consolidar su valor de pausa fuerte, confirmado por todos los capítulos dedicados a la puntuación en lengua española desde Nebrija hasta la actualidad. Por tanto, si atendemos a las propuestas tan dispares como las del propio Nebrija, Villalón, Correas, Felipe de Mey o la propia Ortographía académica de 1741, todas coincidirán en asignarle el cierre de cláusulas, enunciados u oraciones, así como resaltar su vínculo natural con la pausa. Esto nos podría dar pie a pensar que a diferencia de todos aquellos signos cuyas propuestas normativas podrían derivar de la observación empírica del uso que se hace de ellos, como podría ser el caso de punto y coma y dos puntos, en este caso nos encontramos ante una descripción qué parte de la pura teoría clásica. Independientemente de la profunda versatilidad que este signo presentará en la tradición escrituraria, tratadistas e impresores lo definirán conforme a los cánones clásicos con los cuales todavía se halla profundamente emparentado. Volviendo a la aparición de este en nuestro corpus documental, resulta francamente complejo establecer un criterio concreto con el que presentar las características encontradas. Estas en ocasiones han presentado tal grado de originalidad subjetividad y versatilidad que nos obligarían a analizar cada texto como un sistema 115 individual. Un largo y tedioso proceso tras el cual difícilmente podríamos obtener conclusiones relevantes. Por nuestra parte, y partiendo de la historia del punto en la tradición escrituraria de estos tres siglos como un continuo y largo proceso de regularización, propondremos abordar desde un plano cronológico la definición y descripción de los rasgos y comportamientos más comunes que han sido detectados. 1.1. El empleo de punto en los documentos del siglo XVI. Nos encontramos ante la que quizás sea la labor más compleja de cuantas a implicado este trabajo: caracterizar el uso del punto en el siglo XVI. Si comparamos los datos extraídos acerca de los empleos de punto durante este siglo, hallaríamos tal grado de heterogeneidad y ausencia de patrones claros que, a priori, la constatación de unos rasgos generales que definen al punto en esta época se vería en seria dificultad. Sumado a ello, es necesario destacar que estamos en un estado previo al desarrollo de sistemas de puntuación en los que convivan y se complementen diferentes signos jerarquizados. Los datos estadísticos extraídos nos permiten apreciar un sistema en el que salvo excepciones, el punto desarrolla gran parte de la función de la marcación prosódica, si lo hubiera. En estos textos, muchos de ellos pertenecientes a las categorías de abuso y moderación, la ausencia de signos auxiliares con un nivel mayor o menor de jerarquía nos imposibilitan de gran manera la determinación exacta del segmento que se pretende delimitar. Así pues, en fragmentos como el siguiente se ha utilizado un punto cada cuatro palabras delimitando constituyentes sintácticos mínimos 51 : {h 1r} {1} x<pisto>bal lobo dela çivdad. de santiago por mi y en nombre. de los v<e>z<ino>s y conquista {2} dores. en estos poderes. nonbrados. que son. hasta. treynta. enlos d<ic>hos non {3} bres. digo que los d<ic>hos mis partes. son v<ie>j<o>s y conquistadores. y antiguoss. pobladores casados. dela. dicha. çivdad. de santiago y gobernaçion {4} de guatimala. todos los quales. son las personas. que manda su mag<estad> {5} que sean probidos primero. que. otros ningunos. delos que nueba {6} mente fueren. y an ydo en aquellas. partes. y que. alos. susos. d<ic>hos. se {7} les. de. lo que bacare y asi mismo en los. aprobechami<ento>s dela tierra. y v<uest>ro {8} presidente el lic<enciado> çarrato y los. demas. oydores . el lic<enciado> rrogel. y el {9} lic<enciado> rramirez. lo an hecho. al contrario. delo contenido en v<uest>ras nue {10} bas leyes. que lo que. a bacado. lo an. probido asus hiernoss. y her<mano>. {11} del dicho. v<uest>ro. Presidente (GUATEMALA,52,N.49) 51 El subrayado es nuestro. 116 Pese a encontrar un punto ubicado justamente en posición final de un enunciado, difícilmente podríamos constatar la intencionalidad de delimitar esta unidad, pues si la hubiera, este límite habría quedado camuflado entre todos los puntos colocados a lo largo del enunciado precedente y sucesivo. A pesar de ello, y atendiendo a otros fenómenos cuya constatación implica más fiabilidad, como la pausa oral, el vínculo con las conjunciones coordinantes y subordinantes, el respeto a los grupos fónicos y la delimitación de enunciados u oraciones siempre que pueda ser constatable, se ha procedido a la elaboración del siguiente gráfico en el que quedan representados los valores que más frecuentemente se han asignado al punto en estos documentos. Imagen 9. Porcentaje de uso del signo de punto en los documentos del siglo XVI. En este gráfico en el que han sido sintetizados todos los datos cuantitativos respecto al uso de punto extraído de los documentos del corpus del siglo XVI, podemos dar constancia de que no hallamos un valor predominante frente al resto. Dentro de las principales tendencias registradas, destacará la ya aludida sensibilidad del amanuense a ciertas conjunciones, así como los casos en los que se ha encontrado este signo en ubicaciones más próximas a los valores atribuidos a la coma, como será la delimitación sintagmática. Por otro lado, queda una clara constancia de que, pese a tratarse en teoría del signo de mayor jerarquía del sistema de puntuación, será empleado en numerosas ocasiones de un modo totalmente desvinculado con cualquier tipo de inflexión tonal o pausa prosódica. Entre estas colocaciones que aparecen con cierta asiduidad, será todavía frecuente la situación de ruptura de grupos fónicos, con el que queda evidenciado, en síntesis, un empleo arbitrario difícilmente catalogable y presente en las 117 tres categorías en las que se ha dividido el corpus. A pesar de ello, una vez más, será necesario recordar que el alto grado de heterogeneidad de los hábitos interpuntivos registrados en estos documentos implica la difícil adquisición de datos objetivos. Al respecto de este gráfico, por ejemplo, sería evidente que los usos registrados en aquellos documentos con puntuación abusiva, debido a su mayor peso cuantitativo, eclipsarán a las cifras de uso registrada en los documentos de escasa y moderada puntuación. A pesar de ello la tendencia es generalizada y en todos los textos ha sido la del empleo del punto como un signo ambivalente y susceptible de ser colocado en cualquier ubicación sintáctica. La principal conclusión que podríamos extraer al respecto sería que quizás, de un modo semejante al que sucederá con la coma, el proceso de adquisición de este signo por parte del escribiente haya tenido lugar de manera diversa al resto de signos que presentan valores algo más estables. Y con esta teoría quizá podamos dar solución al retraso qué sufrirá el punto en su proceso de adquisición de valores estables a lo largo de los siglos sucesivos respecto a una cada vez más clara pauta de empleo de signos como el paréntesis o los dos puntos. Durante gran parte del siglo al que nos referimos, los canónicos modelos de puntuación de Manuzzio comienzan a aparecer en la península y, ligeramente, en la escritura de América. La puntuación difundida al inicio de este periodo, consta todavía de un sistema bimembre vinculado a la lengua latina y rara vez visto por el escribano público o el ciudadano letrado medio, especialmente antes de su difusión en libros impresos. Será por ello por lo que, intuimos, que muchos escribientes decidan incluir el signo de punto en sus escritos: más por adscribirse a una tendencia, o a un hábito propio de escritura más intelectual que por una verdadera necesidad de plasmar en sus escritos la correcta estructura y límites de cada enunciado. Si a ello le sumamos, el carácter polisémico que, desde su perspectiva ortográfica, presenta el punto, el cual indica pausa, pero también abreviatura, el escribano encuentra otro gran impedimento ante la presencia de un fenómeno ajeno a la marcación prosódica, que sin embargo implica la presencia, esta vez justificada, del signo de punto en cualquier contexto sintáctico posible. Ante ello, a una mano interesada en aplicar un sistema que desconoce, le albergarán las dudas acerca de si un punto pudiera ser una pausa o una abreviatura, sí hay abreviaturas que se deben acompañar de punto y otras para las que es opcional o si un mismo punto puede cumplir sus dos funciones ortográficas simultáneamente. Sin duda, nos encontraríamos ante un grandísimo impedimento al que se añadiría la difícil adquisición de estas competencias por parte de los primeros amanuenses del XVI, y a la escasa funcionalidad que tendría un sistema de 118 puntuación formado únicamente por este signo. Todos estos factores influirían en la difusión de unos modelos de empleo del punto difícilmente replicables, inservibles para el aprendizaje por imitación y que, en consecuencia, lastrarán profundamente la normalización de este signo en su uso a lo largo de los siglos próximos, a pesar de su consensuada descripción teórica. 1.2. El empleo de punto en los documentos de los siglos XVII y XVIII Dada la situación previa, y cómo se ha explicado en el capítulo precedente, a lo largo de estos siglos el empleo de punto mantendrá muchas de sus irregularidades, pero presentará características mucho más aislables a la hora de ser estudiadas desde un punto de vista cualitativo. En cuanto a los datos extraídos de los hábitos puntuarios registrados en el siglo XVII, será, sin duda, la notable ampliación de los inventarios de signos de puntuación empleados por una misma mano, el más reseñable de todos. A partir de las últimas décadas del siglo XVI, comenzaremos a encontrar sistemas cada vez más complejos en el que hasta seis signos pueden conjugarse con una finalidad y funciones concretas cada vez más evidentes. Sin embargo, será todavía pronto para que el escribano de cámara o el ciudadano alfabetizado muestren la habilidad de establecer una jerarquía entre los constituyentes y su sistema de puntuación. Por otro lado, y como consecuencia a varios motivos posibles como el mantenimiento de usos propios de la tradición, su presencia en obras impresas, o por la búsqueda en él de una función concreta, la presencia del punto será constante durante las primeras décadas del siglo XVII. Sin embargo, será a partir de la segunda mitad cuando observaremos que respecto a su empleo surgirán dos corrientes diferentes. Si observamos los datos cuantitativos del empleo de puntos respecto a otros signos de puntuación en un mismo documento, es posible comprobar un cambio sustancial respecto a esta proporción en el siglo anterior. En gran parte de los documentos consultados el punto ha perdido su hegemonía como signo mayoritario respecto al empleo de coma, quedando así establecida, al menos a nivel cuantitativo, la jerarquía tradicional entre ambos signos. Ante ello, sería posible conjeturar que una mayor presencia de coma respecto a punto implicaría que ambos signos quedarían adscritos a los valores sintáctico y oracional que teóricamente le son asignados. Sin embargo, la comprobación de los contextos en los que ambos signos han sido colocados, da testimonio de que esta proximidad con los postulados teóricos que 119 definen a cada signo, en muchas ocasiones no exceden del plano numérico. Centrándonos por ahora en el signo de punto, su empleo con una menor incidencia no implicará el abandono de muchos de los rasgos que lo caracterizaban en el siglo anterior. Si bien es cierto que aquellos rasgos difícilmente justificables desde una perspectiva prosódica remitirán notablemente hasta desaparecer, su carácter improvisado subjetivo y ambivalente perdurará, de modo que, en un mismo texto, frente a signos empleados con evidente intención ligada el plano enunciativo o a la delimitación sintáctica, seguiremos siendo testigos de un punto al que se han asignado valores de difícil justificación. Posteriormente a este primer período del siglo XVII, la suerte que correrá el signo de punto se dividirá en tres comportamientos registrados en el corpus: su mantenimiento con valores irregulares, su supresión y su regulación. Respecto al primero, poco más se podría añadir: la prolongación de usos como estos a lo largo del tiempo nos da una vez más testimonio del lento y complejo proceso de regulación que la puntuación ha experimentado a lo largo de su historia. Serán los dos procesos restantes aquellos que susciten más interés para ese estudio. En primer lugar, la supresión del signo de puntuación será un fenómeno que podremos comprobar ya en tres documentos del siglo XVII y adquirirá una mayor frecuencia a partir del XVIII. Las causas de ello serán evidentes: en contra de lo que pudiera parecer, una corriente de puntuación que propone la eliminación del que podría considerarse el arquetipo de signo de puntuación, ha resultado, en la práctica, establecerse como un modelo realmente innovador. Así pues, esta familia de modelos de puntuación que rechazan el empleo de punto se mostrará en muchos de sus textos como una de las tendencias más reguladoras y homogéneas atestiguadas a lo largo del estudio del corpus. Así pues, frente a la ya señalada doble función ortográfica del punto, los modelos descritos optan por la eliminación de los valores prosódicos del punto y limitarían su presencia la indicación gráfica de abreviaturas. Por tanto, desde una perspectiva gráfica sí encontraríamos el signo de punto en estos documentos, sin embargo, estaría desprovisto de su valor tradicional y de su capacidad de interacción el contenido de texto, los cuales serían reasignados al resto de signos. El criterio de supresión del punto, por tanto, no correspondería a la ausencia de competencias por parte del escribiente para su correcta colocación, sino a la búsqueda de criterios ortográficos estables y funcionales que permitan la correcta interpretación del discurso. 120 Será a partir de estos modelos cuando podríamos confirmar que nos hallamos ante sistemas de puntuación cuyo carácter compacto jerárquico e integrador lo aproxima a los modelos actuales. Esta hipótesis de la expulsión del signo de punto del inventario de puntuación para evitar posibles errores o confusiones con el punto de las abreviaturas quedaría reforzada no solo por la presencia del punto únicamente con este valor, sino por el mantenimiento en ocasiones de este signo en colocación de punto final: el único valor de cuántos le son propios que no correría el riesgo de ser malinterpretado. 2. La coma Junto con el punto, el signo de coma supondrá un vestigio en la escritura heredado de los sistemas medievales. Nos encontramos, por tanto, un signo que nace de la estructuración interna del período clásico, posteriormente enunciado o cláusula, y que de un modo semejante al del punto, gozará de cierto consenso respecto a su caracterización en el plano teórico. Así pues, las subistinctio medieval será rebautizada con el término de vírgula para posteriormente recuperar su nombre griego original, κομμα. Durante las primeras publicaciones del humanismo, ambos términos se irán alternando de un autor a otro hasta finalmente imponerse la nomenclatura actual. Del mismo modo, su representación gráfica también variará en numerosas publicaciones del siglo XVI. De este modo, en muchas de las gramáticas y ortografías escritas en los periodos previos y contemporáneos a los primeros documentos de nuestro corpus la unidad de puntuación débil sería presentada no solo con diferentes nombres, sino también bajo las composiciones gráficas de < : >, < / >, <-, >, o incluso la combinación de las tres con diferentes matices asignados tal como propone Antonio de Torquemada 52 en su manual de escribientes. 2.1. Usos del signo de coma en el siglo XVI. En cuanto al estudio del valor de la coma en los documentos que conforman el corpus documental, encontramos que, la pertenencia de esta a lo que podríamos denominar como signos canónicos o tradicionales, le hará correr una suerte, al menos en el primer siglo de este estudio, muy semejante a la del punto. Pues bien, si ya hemos 52 Las referencias acerca de nomenclatura y repertorios de signos de los tratados de puntuación humanísticos han sido extraídos de Millares: 2002:37-38. 121 descrito los sistemas de puntuación hallados en el siglo XVI como modelos a los que el punto tendrá un valor hegemónico, el siguiente signo con mayor presencia será precisamente el de la coma, llegando incluso a encontrarla en documentos carentes de punto como MEXICO,2555, así como superando en número al punto en CHILE, 31 (1579.IV.25) (45 comas y 14 puntos) o LIMA,314,N.5 (19 comas y 4 puntos). Sin embargo, el comportamiento general que presentará ese signo no implicará ningún rasgo distintivo respecto a las funciones desempeñadas por el punto. Si atendemos a aquellos documentos con mayor presencia de coma que de punto, si bien podríamos entender que hay una función jerarquizada a partir de la cuál las unidades delimitadas por la coma se incluirían dentro de las delimitadas por el punto, una vez más, la lectura de los datos contradice la de los números. {13} y que los trayan de ordin<ario> aesta çiudad y aldea la {14} serena por mar y tierra, esto sienten mucho y acaeçe de mas de sacallos desus tierras {15} dexar sus deudos hijos y mugeres y esto ha sido muchas vezes con liçen<cia> de Algunos Gouer {16} nadores y ansi aora wntre las otras cosas se pide no los traygan aca aunque sean de los {17} alçados sino que los moten porque sera mas castigo y des engañarse han que no se hade hazer {18} mas, Acudio asta guerra y acudido el mariscal Martin Ruiz de Gamboa yerno del gou<ernador> {19} y hase aviso floxam<ente> enella porque haze ansi la guerra, y con los hespañoles esaspero y rre {20} zio, de pocos y<ndio>s q<ue> començaron el alçamiento ha venido que son muchos y conyeua q<ue> {21} no la solia hauer en este Reyno han muerto muchos hespañoles y n<a>turales y hase enta {22} blado vna guerra q<ue> temen q<ue> durara mas que la de Arauco y los soldados hayende ella {23} y quieren m<andar> mas <en>la de antes (CHILE, 31 (1579.VI.10)). En este fragmento, encontramos el curioso caso de un documento en el que se ha reducido notablemente la presencia del punto el cual, sin embargo, no se dedicará a la delimitación de enunciados, sino que mantendrá los rasgos arbitrarios con los que ha sido descrito en el epígrafe anterior. Por su parte, la coma sí desarrollará una interesante labor funcional. Como se puede apreciar, en las diferentes ocasiones en las que es empleada en este fragmento le ha sido asignado un valor de delimitación de unidades informativas, un hecho bastante contradictorio si tenemos en cuenta que nos referimos al signo de la subdistinctio. El signo de coma habría experimentado una resignificación por parte del amanuense el cual, sirviéndose de los signos disponibles, los incluye en su escrito y los adapta a sus necesidades concretas. Comportamientos como el anterior serán habituales a lo largo de este primer siglo de nuestro corpus, aunque no con el grado de funcionalidad y regularidad que, pese a serle impropio, manifiesta el signo de la coma en este texto. 128 Por otro lado, este posible valor enfático que añadirían los elementos agregados a la barra, podría también adquirir un valor jerarquizador del signo respecto a su nivel lingüístico de aplicación. Así pues, ante la ambigüedad del valor asignado a la barra, la cual todavía es frecuente en contextos propios de signos como < , > o < . >, el escribiente podría recurrir a la creación de signos compuestos a partir de la barra con los cuales afianzar y reforzar su valor delimitador el cual en este caso ya no actuaría entre unidades propias del plano microestructural, sino que se emplearía como indicador de límites semejantes a los impuestos por un párrafo. 4. El semicolon Posiblemente uno de los puntos más recurrentes a lo largo de todo el presente estudio ha sido el valor asignado a los denominados signos innovadores de punto y coma y dos puntos. De igual manera que el resto de los miembros del sistema de puntuación, salvo el paréntesis, el punto y coma ha experimentado numerosos cambios y reajustes de significado y usos a lo largo de los tres siglos que abarca nuestro corpus. Sin embargo, su propia historia de signo creado en una imprenta y difundido a partir de esta, dotado de significados difícilmente asimilables, y diseñado para contextos que rara vez aparecen lo convertirán en un atractivo enigma que todo escribano que se precie querría dominar. Podríamos establecer que uno de los principales inconvenientes que presentará la estandarización de los usos del punto y coma lo encontraremos décadas antes de la publicación del Epitome Ortographiae del impresor veneciano Aldo Manuzio el joven. Esta será una obra destinada a la implantación de un sistema de puntuación homogéneo para todas las imprentas europeas, y en la que se incluía la breve descripción de los valores asignados al por entonces denominado semicolon que debería emplearse cuando «si semicirculum apponas parum sit; si gemina puncta nimium» (Manuzio, 1561:188; apud. Sebastián Mediavilla, 2002: 18). Sin embargo, la publicación de las normas de uso no implicará la primera publicación de un texto en el que se incluya este signo, el cual diseñado por Aldo Manuzio padre, comenzó su difusión en su edición de De Aetna, de Pietro Bembo en 1496 (Barater, 2020: 360), es decir, sesenta y cinco años antes de la publicación de las normas de imprenta. Así pues, sí para el estudio de la norma, el semicolon nacería en 1561 con unas muy concretas reglas de uso, en el plano de la escritura, el empleo de este signo ya comienza a registrarse en la península décadas antes, especialmente en 129 autores que han accedido a él mediante obras impresas, y lo han empleado a partir de los valores que se le asignaron inicialmente. Así pues, en el periodo previo a la publicación del tratado de 1561, el semicolon sería susceptible de aparecer en los siguientes contextos que recoge Barater (2020: 361). a. introducir un discurso directo b. Delimitar un inciso c. Introducir una subordinada relativa d. Separar los elementos de una enumeración e. Representar una pausa en la oralidad f. Separar unidades coordinadas y yuxtapuestas g. Introducir una subordinada De estos usos recogidos, únicamente los dos últimos serán defendidos por la norma de 1561, pudiendo, incluso encontrarlos en algunas normas actuales. Si continuamos analizando este signo desde el plano normativo, asistimos a un interesante desacuerdo entre el concepto que los tratadistas mantienen de este signo como un miembro tan complejo como inútil del sistema de puntuación, y el gran interés que muchos de los escribientes analizados en este trabajo manifiestan por el empleo de esta marca. Si observamos la nómina de signos empleados en cada uno de los documentos del corpus, podemos apreciar un amplísimo incremento de su empleo a partir del siglo XVII, siendo un signo presente en casi la totalidad de documentos registrados del siglo XVIII. Haciendo una pequeña perspectiva cronológica de su evolución a lo largo de nuestro corpus, su presencia en los documentos procedentes del siglo XVI se limita a siete discretas apariciones a lo largo de los treinta y seis documentos consultados: cuatro en SANTA_FE,226,N.17, y tres en CHILE, 31 (1579.VI.10). Sus autores serán un miembro de la alta jerarquía eclesiástica, y el autor de un documento heterógrafo, posiblemente escribano público. {h 1r} {5} En cumplimiento de lo queal é nombrado por mi accesor {6} Al oydor cortes de Mesa; y assy mesmo al oydor Juan Ro{7}driguez de Mora, que subira a este Reyno; y Para maior {8} justificaçion desto é nombrado por mi consultor Al li<çençiado. {9} Al<onso> de la Torre fiscl de .V<uestra>. M<agestad>. y Para la guerra expe {10} diçion de todo é nombrado por secretario, y alguasil maior {11}de los negoçios que aqui tractare de ynquisiçion. a Diego {12} Brauo hidalgo secretario que fue desta Real Audiençia […] (SANTA_FE,226,N.17 (1577)) 130 {h 1v} {2} […] Attento lo quel supplicamos a V<uestra>. M<agestad>. los d<ich>os escriptos, {3} de lyçençia para que el dicho Alguasil maior traygan {4} vara de ynquisiçion sin casquillo; por que en esto la {5} seruira el suso dicho, y otros hombres de ymportançia {6} y prinçipales, que dara<n> lustre al off<içi>o. y declare que inter {7} uiniendo los dichos oydores, y fiscal en el hazer los {8} dichos preçesos de ynquisiçion, no vayan por via {9} de fuerça, ni Auxilio Ála Audiençia; Porque de lo {10} contrario podria Resultar, como otras vezes por esta {11} causa ha Resultado, publiçidad destos negoçios, (SANTA_FE,226,N.17 (1577)) {h 1r} {6} […] V<uestra>. ex<celencia> ha tenido del bien deste Reyno auisando y prebeniendo a los daños presen {7} tes y hecho otras m<erçe>des; yo me hallo con tantas prendas y obligaçion {8} como .V<uestra>. ex<celencia> podra saber siendo seruido que por todos estos Respetos y cristiandad {9} me pareçio no hazia lo que deuia sino hazia esto; -A que entre en esta tierra {10} diez y ocho años los quales he gastado en seruir asu mag<estad> y guerra della sin fal{11}tar vno y en ellos he visto grandes descuidos en los que mandan […] (CHILE, 31 (1579.VI.10)). {h 2v} {34} […] los y<ndio>s de guerra perseueran con mas uol<unta>d en su alçam<iento> y los departienen {35} por Ruin suerte la suya con biene darles orden y moderarles el trabajo y rrecoger {36} los a sus tierras repart<imiento> siendo de paz asi para ella como para las conçiençias y con {37} seruaçion del Reyno; El gou<ernador> esta muy viejo e muy lleno de <en>fermedades y malo, {38} este Reyno a menester por gou<ernador> un caballeromoço de capa y espada y mucha pru {39} dençia p<ara> Reparo de tanta Ruina de guerra y paz y que sea de fuera del Reyno […] (CHILE, 31 (1579.VI.10)). Los ejemplos anteriores nos muestran dos empleos del signo de punto y coma que guardan cierta similitud. En ambos queda patente que nos encontramos ante un uso de naturaleza lógico textual del signo de puntuación a partir de los cuales, el autor establece los límites entre las unidades informativas que componen su texto. Sin embargo, los criterios que rigen el empleo del signo en estos determinados contextos no parecen tan homologables. En las apariciones del semicolon del primer documento, vemos un uso que será especialmente replicable por este signo a lo largo de todo el corpus: el acompañamiento de las ya mencionadas conjunciones copulativas seguidas de nexos adversativos, estas actuarán como elementos digestores a partir de los cuales se establecerá una nueva unidad tópica. Sin embargo, del mismo modo que este criterio ha resultado acertado en las primeras aplicaciones, la tercera aplicación dada en el documento de Chile no correspondería con esta finalidad, lo que nos daría una vez más ciertos indicios de una norma adquirida desde la imitación y memorización de contextos recurrentes en el discurso en los que se suela emplear un determinado signo. Por el contrario, el documento de Santa Fe presenta un uso de ese signo algo más maduro, hecho reseñable tratándose del siglo XVIII. En él, el escribiente empleará este semicolon como un divisor de unidades informativas con una mayor independencia que las delimitadas en el documento anterior. Por otro lado, dichas unidades carecerán de 131 aquellas marcas de unión de conjunciones que implicarían el cambio de tópico en la tradición paratáctica. En este caso podríamos decir que el autor conoce el contenido de su discurso, reflexiona acerca de su orden y distribución lógicas y emplea los recursos gráficos de la puntuación conforme a una finalidad concreta y premeditada. Finalmente, será necesario recordar que este tipo de funciones en el siglo XVI eran plasmadas mediante los ya descritos signos verticales y signos compuestos. Ello nos plantearía la idea de una posible readaptación temprana de los sistemas de puntuación a partir de los cuales estos dos autores hayan sustituido un recurso gráfico especialmente productivo y fácilmente interpretable, por otro que, careciendo de dichas ventajas, está avalado por el propio prestigio de los medios en los que se difunde y las manos que lo emplean. Ese concepto de signo de prestigio será especialmente determinante para la caracterización del punto y coma En el siglo XVII. Como ya he señalado, en un principio serán los textos procedentes de manos eclesiásticas aquellos que presenten un empleo de este más justificado y acorde a criterios concretos. A partir de los datos de uso registrados y analizados, las principales pautas de empleo y funciones asignadas al semicolon en estos documentos serán las siguientes. 4.1. Homogeneización de sus funciones. Esta será una característica imprescindible en el estudio del signo de punto y coma. En cuanto a que será el único signo del repertorio de los denominados signos del primer régimen, que presente muestras de empleo recurrentes conforme a las funciones que desde un punto de vista normativo le son propias. Del mismo modo que hemos definido el largo proceso de regulación parte del usuario de los signos de coma y punto, en el caso del punto y coma, su empleo como un diacrítico capaz de establecer vínculos entre unidades lejanas cuando la presencia de la coma sería insuficiente, se hallará presente desde los primeros documentos del corpus en los que ha sido hallado. Algunos ejemplos de esta tendencia los encontramos en GUATEMALA, 178, IV (1654) 54 : {1} Fray Joseph de arce, Vicario del conuento de mi p<adre>· s<anto>· Domingo de hacapulco {2} orden de Predicadores, en el Obispado y Gouierno de Guattemala, y Al{3}caldia mayor de las Vera paz, de las Indias occidentales; Y los demas reli{4}giosos de d<ic>ho conu<ento>- 54 La negrita es nuestra. 132 {h 1v} {4} Con que al paso que {5} anda el desinteres, lo anda tambien la Justicia. Deshaciendo agrauios, redimien{6}do vexaciones, y socorriendo en sus necesidades a estos pobres indios natu{7}rales, dirigiendolos, ê instruendolos en usos loables, y yá caidos por su {8} natural flogedad; y estableciendo entre ellos las leyes, y ordenes, que {9} p<ara>· su buen gouierno ân dispuesto las Reales cedulas de V<uestra>· M<agestad>· En ambos ejemplos la complejidad sintáctica de algunos períodos mantiene una posible lectura ambigua incluso con la adición de coma. En estos casos, el autor ha decidido emplear un signo de < ; > o semicolon el cual, carente de cualquier particularidad prosódica o discursiva en este sistema, se muestra cómo una com a de mayor radio de acción o jerarquía de actuación, con la cual indicar que el núcleo antecedente con el que se está estableciendo una determinada relación de subordinación o coordinación se haya en una posición anterior a la que indicaría la coma. Nos hallamos, por tanto, ante un signo de puntuación carente de valor oral propio y diseñado ex profeso para la interpretación del texto escrito como una suerte de coma de jerarquía superior. Este signo se presenta en este documento como una “coma marcada” con la cual guiar la estratificación sintáctica del texto y nivelar aquellos “vacíos” que los valores atribuidos a < , > dejarían en la unión de unidades sintácticas de considerable extensión y/o complejidad. A partir de cierto momento del periodo considerado (lo hemos fijado en la mitad del siglo XVI aproximadamente) se observan en la puntuación del español manifestaciones de tendencias estandarizadas, como lo revela el que desaparece en gran parte la situación de polivalencia consistente en emplear varios signos para la misma función […] y cuya solución va a consistir en especializarlos para funciones propias y distintas, aunque conservando la polivalencia en algunos de ellos (Martínez Marín, 1994: 449). 4.2. Sensibilidad hacia estructuras adversativas, causales, finales y concesivas. Si bien queda poco que añadir al respecto, sí podríamos establecer que, pese a presentarse este rasgo en ocasiones como una tendencia sistematizada asimilable a una norma de ortografía, la lectura de algunos fragmentos como el siguiente podrían desvelarnos que, ante la predilección de este signo ante este tipo de conjunciones, podría encontrarse motivada por una clara intencionalidad. Así pues, fragmentos como el siguiente nos permiten apreciar que, estructuras introducidas anteriormente en el texto mediante el empleo de coma, aparecen, sin embargo, marcadas con < ; > en aquellas ocasiones en las que esta estructura modal especialmente acompañada de una 133 conjunción copulativa implica la apertura de un nuevo tópico discursivo, esta, funcionando como una suerte de coma marcada ejercerá su función diacrítica indicando que la secuencia posterior estaría marcada desde un punto de vista textual. {h 1r} {16} se sirue V<uestra>. M<a>g<estad>. mandarme, le informe {17} Con mi parecer, quando se exigio en esta d<ic>ha Ciudad la d<ic>ha Parochia {18} Conque lisencia, la necessidad, que ay della, que inconvenientes, ô con {19} veniencias, se han seguido de su fundaçion, y si fue cierta la relaçion {20} que hizo el d<ic>ho fr<ay> thomas de Coto; para que visto todo en el d<ic>ho R<eal> {21} Consejo, se prouea, y mande lo que fuere mas comueniente. (GUATEMALA,178 (1647)). {h 1r} {29} […] en virtud de dos R<eales> Cedulas de V<uestra>. M<a>g<estad>. despachadas al {30} Pres<idente>, que entonces era, desta R<eal> Audiencia, y al Ob<is>po desta Ciudad {31} el año de 1594, para que siendo necessaria, erigiessen, y fundassen {32} la d<ic>ha Parochia, y le aplicassen algunos Indios, que estan juntos {33} ala di<cha> Hermita, y los administran los Religiosos de s<ant> francisco. (GUATEMALA,178 (1647)). El anterior fragmento extraído de GUATEMALA,178 (1647), establece una división de carácter intencional entre el empleo de; y el empleo de coma en un contexto sintáctico semejante. La diferencia que podríamos establecer entre ambos casos podría hallarse en una justificación de naturaleza pragmática, puesto que el segmento introducido por la conjunción final para que suceda al signo de punto y coma introduce un enunciado que bien podría entenderse como una petición. Este carácter ilocutivo ausente en la proposición introducida por coma, podría justificar el empleo en el contexto anterior del semicolon con un valor distintivo. En síntesis, respecto a las tendencias ortográficas, si bien es cierto que podemos encontrar usos sistemáticos de punto y coma y en menor medida de dos puntos en situación previa con textos semejantes, o en situación de alternancia sin ninguna justificación de naturaleza lógicotextual, tiene que tenerse en cuenta, que en ocasiones un análisis en profundidad como este podría hallar orden en la irregularidad, y encontrar diversas justificaciones a comportamiento que a priori se muestran o bien anárquicos o bien rígidamente sistematizados. 4.3. Asignación de matices de naturaleza textual. La ya descrita predisposición que presenta el signo de punto y coma para su empleo en los determinados contextos que le son propensos, dará lugar también, al igual que sucederá con el resto de los signos, a sucumbir a los criterios subjetivos y dominados por la intuición que caracterizan la práctica puntuaria de esta época. Ante los 134 contextos de uso descritos anteriormente, no será necesario especificar que los discretos actos de innovación o alteración de funciones básicas que experimentará el semicolon disputarán en gran medida de la profunda irregularidad que envuelve al empleo del punto y la coma en los documentos de este corpus. Así pues, a los dos usos más comunes anteriormente descritos podríamos sumarle la adición de diferentes significados de naturaleza discursiva por parte del autor. Mediante estas prácticas aparte de la función del signo como guía de la correcta interpretación ante posibles casos de ambigüedad y como delimitador de determinados enunciados, será posible encontrar algunos textos en los que este signo actúe como un jerarquizador de la información textual. {h 1r} {13} fray {14}Ju<an>· de mesquita […] le suspendimos del oficio {17} y remitimos el processo y sentencia a n<uest>ro p<predicador>· general, para {18} que le conste de n<uest>ra· resolucion en materia tan graue {19} y que tan lexos tenemos el remedio y recursso para atajar {20} daños presentes, y obrar los futuros, y que podria ceder en {21} daño de estos uecinos de V<uestra>· mag<estad>·, por ser el dicho padre {22} prouincial portugues de nasion y tan affecto a los suios {23} que en el tiempo de su gobierno, solos aquellos que lo eran {24} o tenian parte de portuguezes, eran preferidos alos demas {25} y ser voz (que nos hacia rezelar) el juntar muchos dineros {26} Para pasarsse a portugal donde le honrraria con un obis{27}pado el de vergansa; y aora quiere dicho padre acredi{28}tarse de que por auerse en su tiempo asentado la sujecion {h 1v} {1} alos obispos por mandado de V<uestra>· mag<estad>· es Vasallo leal con des{2}credito nuestro (GUATEMALA,178, I (1649)). En este caso concreto, el autor emplea el semicolon para separar dos unidades con claras finalidades discursivas: la contextualización y situación previa a los hechos que se desean comunicar en la carta y el propio cuerpo informativo de esta. Esta información tendrá función argumentativa en el cuerpo de la carta, pues está orientada a la emisión de una súplica. A este respecto, quizás el semicolon no esté funcionando únicamente como un articulador o separación de unidades informativas del texto, sino que se presente también como un focalizador que divida aquella información contextual o que posiblemente pueda ser conocida por el interlocutor de aquella que sí es nueva y de mayor relevancia para el receptor. 5. Los dos puntos Finalmente, el último de los signos de primer régimen que conformarán los repertorios de puntuación encontrados en este trabajo será el signo de dos puntos. Encuadrado junto al anterior como signos con valor enunciativo, ambos procederán del concepto retórico de κωλον, que en la tradición medieval denominaremos como media 135 distinctio. Como se expone en el capítulo dedicado a los orígenes del signo de puntuación en el mundo clásico, el concepto de media distinctio responde a la necesidad clásica de establecer los sistemas que rigen la lengua en tríadas. Si bien desde un origen 55 las unidades que se intuyen en el proceso de segmentación lingüística serían dos, el período y la comma, la necesidad de insertar una tercera unidad intermedia dificultará en gran medida la caracterización de estos sistemas. De este modo, el colon nacería como una pausa a caballo entre lo enunciativo y los sintagmático y defendida cómo la pausa fisiológica para la toma de aire durante el discurso. A este punto será más que evidente que una unidad que ya presenta dificultades en su caracterización desde su origen, difícilmente podría adquirir una serie de regularidad en periodos tan complejos como el de nuestro corpus documental. A diferencia del semicolon, el signo de los dos puntos era, al menos en su disposición gráfica, un signo ya introducido en el registro culto la lengua española. Desde el plano teórico, podemos corroborar que, a través de las diferentes propuestas que han abordado su inclusión dentro de sistemas de puntuación, ha mantenido intacta su composición gráfica, pero ha sucumbido profundamente a lo que Martínez Marín denominará dentro del seno de la historiografía de la puntuación como «inflación terminológica», la cual caracteriza las propuestas normativas en cuestión interpuntiva del humanismo y los siglos de oro. En el plano funcional, podemos constatar que, pese al nivel de abstracción y reflexión lingüística que implicaría el correcto uso de esta marca, será durante el siglo XVI cuando encontramos un mayor número de documentos que lo contengan. Sin embargo, una vez más el dato cuantitativo no será más que la pista que nos indique dónde tenemos que empezar a buscar. Pues si hacemos una panorámica general de la puntuación del siglo XVI en nuestro corpus, hasta donde hemos podido observar encontramos documentos con usos razonables del punto y coma, el diseño de signos reconocibles fácilmente y un sinfín de irregulares empleos de coma y punto entre los que sorpresivamente pueden hallarse ciertos comportamientos funcionales. Así pues, dentro de las principales funciones asignadas al signo de dos puntos en este primer siglo de análisis podríamos destacar las dos apariciones de este en MÉXICO,1585,N.555: 55 Pese a la existencia de marcas cuya composición gráfica ha sido semejante a la del actual signo de dos puntos, entenderemos aquí como orígenes la asignación a dicha forma gráfica de un valor de colon, lo que comenzará a suceder a partir del siglo XV. «En manuscritos del siglo XV se habla de los dos puntos y de la mayúscula después de punto, también de la coma, el guión y el paréntesis» (Cuadra, 2018: 187). 136 {h 1r} {12} y de los de {13} mas que vienen en el nauio s<an> Joan de macan, meynformare del estado {14} de aquella çiudad, y cosas de los chinos, y Japones, que como son Tan {15} vezinos los comunican: deque auisare a V<uest>ra mag<estad> enla flota, (MÉXICO, 1585, 2555 (1585)). {h 1v} {7} en las yslas {8} que llaman los lequios, Por que Teniendo notiçia de los puertos, {9} y disposiçion que ay enellas para reforçarse (quando nose {10} sacase otra cosa) no arriuarian los nauios que salen de manila {11} como lo an hecho algunos: desconfiados que hasta el puerto {12} de acapulco no tienen reparo, (MÉXICO, 1585, 2555 (1585)). Respecto a los usos encontrados en este documento, será muy interesante plantear cómo una misma mano puede emplear este signo con dos criterios tan sumamente diferentes. En el primer caso, el autor estaría recreando en su escrito un contexto especialmente popular de uso frecuente de dos puntos: la introducción de una completiva tras un verbo dicendi. Esta decisión nos daría testimonio de cierta capacidad de reflexión lingüística, de conocimiento y seguimiento de una norma o, simplemente, retención de patrones de comportamiento. Cabe entender que este empleo de los dos puntos puede resultar extraño desde el punto de vista normativo actual, sin embargo, a partir de la abstracción de los significados planteados teóricamente, se podría llegar a la conclusión de que, desde un plano semántico, la puntuación de este determinado contexto sería apropiada si entendemos que se trata de un signo de puntuación que indica la subordinación desde el punto de vista informativo del enunciado siguiente respecto al precedente. Usos como este se convertirán en uno de los principales contextos de aparición de este signo a lo largo de todo el corpus, siendo algunos comportamientos encontrados en el siglo XVIII los que más regularidad presenten al respecto. Sin embargo, pese a esta temprana muestra de aplicación normativa en el corpus, la siguiente aparición de este signo implica una colocación que resultaría extraña para prácticamente cualquier signo de puntuación. En esta colocación, por consiguiente, no se apreciaría ningún vínculo con fenómenos de pausa o inflexión tonal, posibles casos de ambigüedad, relaciones sintácticas de coordinación y subordinación ni se aprecia ningún vínculo especial de carácter textual. Únicamente podríamos hipotizar que se trataría de un fenómeno de focalización ante la emisión de un comentario despectivo o un dato que se considere relevante. A pesar de ello la vinculación de este signo con cualquier conector aquí es totalmente nula, lo que nos generaría el gran desconcierto de las causas de una colocación tan acertada y otra tan desafortunada en el mismo texto y por la misma mano. 137 Concluiremos este siglo con el particular empleo de dos puntos Detectado en el documento SANTA_FE,226N.7: {h 1r} y lo q<ue> mas siento es q<ue> no hallo nin{20}gun remedio para poder remediar esto: sino es encomendallo adios y {21} supplicarle alumbre a .V<uestra>. m<agestad>. e tenido por remedio despues q<ue> entendi las {22} cosas de aqui de callar y dar auiso a .V<uestra>. m<agestad>. como lo e hecho y a v<uest>ro real {23} consejo y presidente: Aunq<ue> hasta agora o mis cartas no han llegado, a {24} las reales manos de .V<uestra>. m<agestad>. y de su consejo: o yo no merezco respuesta {25} dellas porq<ue> de ninguna cosa q<ue> e auisado a .V<uestra>. m<agestad>. en ninguna cosa e visto {26} proueydo ni respondido./. pues en lo q<ue> toca ala doctrina y conuersion des{27}tos pobres naturales tampoco la tienen agora como el primero dia q<ue> entra{28}ron aqui hespañoles todo es por falta de quien lo gouierna: porq<ue> en tantos {29} años justo fuera o uiera algun aprouechamiento enellos ./. (SANTA_FE,226,N.7 (1575)). Se trata de un curioso caso del que no tendremos una réplica semejante en todo el corpus hasta el siglo XVIII, en este documento se plantea un sistema de puntuación que dará prioridad como signo elemental para la separación de los enunciados o cláusulas al signo de < : >, quedando el signo de punto relegado a seis únicas apariciones carentes de un patrón de comportamiento común. Pese al escaso nivel de reflexión lingüística respecto al uso de los signos de puntuación que plantean por lo general los primeros documentos del corpus, resulta sorprendente, por comparación, el criterio empleado por parte de este amanuense a la hora de establecer los límites del enunciado. Del mismo modo resultará más que reseñable el planteamiento en una ocasión temprana de nuestro corpus de un sistema especialmente jerarquizado en el que los signos compuestos atenderán a separaciones de carácter macrotextual mientras que los dos puntos lo harán a nivel microtextual. De cara a textos como este solo nos quedaría plantearnos las causas del empleo de signos como dos puntos y en otras ocasiones punto y coma como elementos de segmentación discursiva. En el caso del segundo, podríamos comprender determinados usos debido a que el componente enunciativo, la capacidad de indicar yuxtaposición y la posibilidad de introducir proposiciones adverbiales y adversativas, son rasgos que se encuentran vinculados a este signo desde sus orígenes. Sin embargo, el caso de dos puntos será diferente puesto que, si bien a nivel genealógico partiría del mismo punto que semicolon, este mantendría una naturaleza subordinante, lo que implicaría que su rango de actuación se limitaría al interior del enunciado no pudiendo por su propia configuración establecer relaciones de coordinación, adición, o cópula entre dos elementos. Por otro lado, su valor de colon lo ha llevado a aparecer propuesto en numerosas ocasiones, como será en 144 interpuntivos analizados, permitirá la convivencia en un mismo sistema de signos motivados por intenciones de diferente naturaleza. 1. Representación de la pausa oral Dentro de la ya descrita subjetividad que caracteriza la puntuación manuscrita de estos tres siglos, la búsqueda de reflejar fenómenos de naturaleza prosódica a partir de estos signos supondrá el rasgo que más dificultades ha presentado en cuanto a su descripción de cuantos se han estudiado en el corpus. No nos referiremos aquí a la consabida pausa delimitadora de enunciados o desambiguadora sintáctica que, de manera inconsciente, el hablante emplea en su discurso oral; sino al intento de plasmar por escrito cualquier alteración de naturaleza fónica que el escribiente considera que tendría lugar en la oralidad. Se trataría, por tanto, de un sistema de puntuación muy primitivo, propios de escribientes con escasa formación, sin una sólida tradición escrituraria que los respalde y cuyo único contacto con el signo de puntuación será la vaga noción del vínculo entre punto y pausa. Si a esta limitación conceptual le sumamos la escasa y heterogénea publicación normativa existente en el siglo XVI respecto a la puntuación, obtendremos como resultado la actuación de una mano que, queriendo incluir en su escrito todos los fenómenos gráficos que observa en otros textos, se dispone, como si de una partitura se tratara, a reflejar mediante puntos todas las posibles alteraciones e inflexiones intuidas en la cadena fónica de su discurso. Estas prácticas, comunes en el primer siglo de nuestro estudio y fruto de una total desvinculación del autor con las normas que regulan el fenómeno que quiere emplear, será detectada en las tres categorías de frecuencia que se han establecido en este estudio. Sin embargo, esta característica supondrá la principal justificación de los documentos con una puntuación calificada como abusiva. Podríamos decir a este respecto, que las diferencias entre documentos de puntuación moderada, y documentos de puntuación abusiva cuyos signos respondan a la representación fónica se justificará únicamente por la sensibilidad que el autor presente a la hora de identificar fenómenos fónicos con mayor o menor significación. Así pues, si podemos entender que la aplicación del signo en un documento de puntuación abusiva correspondería a una delimitación de unidades mínimas de naturaleza sintagmática, en documentos con menor frecuencia de puntuación encontraríamos otros rasgos que podríamos vincular con fenómenos prosódicos de motivación pragmática o 145 discursiva como podría ser una pausa valorativa o con intención focalizadora. Finalmente, gracias a clasificación de los documentos pertenecientes al corpus como autógrafos y heterógrafos, se ha podido determinar que esta visión del punto como reflejo gráfico de la realidad prosódica puede suscitar casos de puntuación difícilmente comprensibles que podrían reflejar la alteración de la cadena fónica producida por un proceso de dictado. 2. Búsqueda de prestigio Podríamos entender que parte de los documentos descritos en el epígrafe anterior persiguen precisamente el empleo, aunque sea de manera errónea, de marcas presentes en textos que consideran cultos. Sin embargo, dedicaremos este epígrafe a otro conjunto de escribientes que, si bien aplicarán una serie de signos que reconocen de tratados y textos impresos -y cuya norma no dominanmanifestarán un claro intento de sistematización y regularización en su uso con el fin de aparentar una posible justificación de su empleo. Nos referiremos, efectivamente, a todos aquellos textos en los que, pese a mantener usos de los signos tradicionales (< . > y < , >), o bien próximos a la norma clásica, o bien orientados a la representación prosódica como los anteriormente descritos, se emplearán, de manera paralela aquellas marcas de reciente aparición (< ; > y < : >). Sin embargo, serán empleadas de una manera poco rigurosa respecto a las prescripciones normativas, y en numerosas ocasiones, vinculándolas a determinadas conjunciones o situaciones sintácticas. De este modo, si bien no se está aportando ningún significado específico con el empleo del signo, este aparentará cierta regularidad. Casos extremos de ello, los encontraremos en documentos con uso abusivo del signo de < : > en contextos propios del empleo de la coma, o del signo de < ; > como separador de todas las unidades enunciativas del texto. De este modo, se estaría procediendo, a la sustitución de un signo clásico y uno de creación popular (la barra diagonal y los signos compuestos) respectivamente por dos marcas de naturaleza culta que han sido resignificadas para desempeñar papeles más recurrentes y sencillos de reconocer. Este fenómeno de puntuación no podría ser entendida como un sistema en sí mismo, sino cómo el uso que el escribiente hará de dos de los signos que componen su propio sistema interpuntivo, los cuales perderán parte de su valor funcional o su vínculo con la oralidad para adquirir una función más próxima al empleo ornamental. Esta 146 finalidad de añadir marcas que puedan dar testimonio de un determinado estatus cultural se mostrará estrechamente ligada a la búsqueda de normas rígidas que aproximen la puntuación a sistematicidad ortográfica. Por tanto, en muchos de estos textos, el colon y el semicolon sacrificarán sus funciones diacríticas y discursivas, a cambio de una norma poco funcional que, eso sí, permita su aplicación de manera automática. 3. Finalidad textual y diacrítica. Nos referiremos ahora a aquellos textos cuya puntuación presentará la intención de clarificar y guiar una correcta interpretación del sentido textual. Esta será la función canónica de la puntuación y por ello, más allá de encontrarla en textos en los que claramente el autor presenta una clara habilidad para el empleo de este, ahora sí, recurso gráfico, en una mayor o menor medida, este empleo con fines discursivos podrá intuirse, incluso, en algunos signos presentes en documentos cuya puntuación se aproxima más a las tendencias anteriormente descritas. El planteamiento de un modelo interpuntivo qué efectúe de mediador entre el contenido informativo del texto y un posible receptor presentará un altísimo nivel de heterogeneidad, subjetividad, asistematicidad y presencia de tendencias prosódicas y ortográficas en los diferentes documentos del corpus. Así pues, ha sido un hecho recurrente a lo largo del estudio de los documentos del corpus, el descubrir comportamientos a los que podríamos asignar una clara intencionalidad de naturaleza textual a sistemas de puntuación, especialmente de textos del siglo XVI, que desde un principio habían sido catalogados como sistemas carentes de lógica y con posible influencia prosódica. ello, nos permitirá apreciar una maduración respecto a las ideas iniciales que limitaban la puntuación a la prosodia. El escribiente se propone en un inicio aplicar el signo a sus escritos consciente de la vinculación de este con la pausa, sin embargo, todavía no es nítida la determinación de qué valores tendría dicha pausa en la oralidad y que funciones debería tener este signo en su escrito. Así pues, pese a la carencia en muchos casos de una base teórica, la intuición lleva a la mano a una práctica interpuntiva qué, si bien presenta una mayor flexibilidad en cuanto a las normas autoimpuestas, perseguiría la misma finalidad de estructuración analítica del texto y/o el enunciado que presentaban los hábitos puntuarios medievales. Paralelamente a estos usos de difícil determinación que encontramos en el siglo XVI, apreciaremos otros rasgos de implementación paralela como la aparición de los denominados signos verticales, con una clara intencionalidades 147 delimitación de párrafos, la consolidación en el empleo del paréntesis con valor de inciso, o la aplicación de determinados signos con valor discursivo en textos en los que predomine el empleo de otros signos con apariciones asistemáticas vinculadas a la prosodia. En los siglos sucesivos, el hábito, el desarrollo teórico, el aumento de la alfabetización y la difusión de estas prácticas por medio de la imprenta consolidarán estos usos discursivos, no ya como pequeñas marcas diacríticas o de delimitación enunciativa aplicadas al texto, en muchas ocasiones a posteriori, sino como la columna vertebral que estructure los contenidos informativos del texto. Nos encontraríamos por tanto ante una evolución del signo de puntuación cuyo valor será cada vez más homogéneo y su finalidad y utilidad para el escribiente quedarán totalmente demostradas. Ante ello, si bien podemos decir que la puntuación discursiva presentará en sus orígenes unas normas que no siempre le permitirán alcanzar sus objetivos, dará testimonio en numerosas ocasiones de un vínculo entre autor y mensaje que va más allá de la mera plasmación gráfica. La puntuación aplicada por estos amanuenses supondrá un vestigio de su proceso creador, de la interacción de estos con el contenido de su discurso, de la disposición de sus ideas, de su visión respecto a la independencia o importancia que una unidad informativa tendría respecto al resto y de cómo a partir de la ausencia de una norma estable que constriña el uso del signo de puntuación a una serie de aplicaciones incuestionables, la intuición del autor lo llevará a crear su propia norma y sus propios significados para cada signo aplicables a las necesidades expresivas de su texto. 4. Influencia de la concepción académica de la puntuación en la actividad investigadora. Finalmente, a lo largo de los capítulos anteriores han sido descritas las principales características y tendencias de puntuación halladas en una muestra de documentación administrativa procedente de los virreinatos de América. A partir del análisis de ella se han podido detectar diferentes corrientes en el empleo de la puntuación que todavía se encontrarán latentes en la época de la publicación de la Ortographía académica de 1741. A priori no podríamos adscribir cada corriente o conjunto de rasgos a un determinado grupo social o modelo de creación textual del mismo modo que tampoco nos sería posible establecer un límite cronológico a estos 148 usos. Cabe recordar a este respecto que algunos documentos que plantean usos insólitos como el rechazo del valor prosódico del punto datan de la última década del XVIII. A grandes rasgos, podemos afirmar que nos encontramos ante una tradición escrituraria que, a diferencia de lo sucedido en siglos anteriores, ve en la puntuación un elemento más de la escritura. Ello ha sido fácil de constatar debido, entre otros factores a la ausencia notable de testimonios no puntuados fechados en este siglo que se ha advertido en el proceso de selección documental. En lo que respecta al empleo dado a estos signos, es apreciable que paralelamente al incremento en la presencia de este fenómeno, también encontramos un aumento en la regularidad con la que este se manifestará, una regularidad que entenderemos a nivel interno del documento y no externo. Es decir, si bien la puntuación de cada texto manifestará unos determinados patrones de uso, estos no siempre serán coincidentes en su totalidad entre diferentes documentos de la misma época y origen social y geográfico. Sin embargo, si encontraremos una cierta homogeneidad y consistencia respecto a la asignación de una determinada función a cada signo de modo que un signo desarrolle las mismas funciones a lo largo de todas sus apariciones en el texto. Por ello, podemos confirmar que el escribiente medio es consciente de las funciones prosódicas, sintácticas y/o textuales atribuidas al fenómeno de la puntuación y comienza a encontrar en ella, no solo una marca de prestigio propia de la imprenta y de autores cultivados, sino también una herramienta capaz de interactuar con el contenido del texto desde diversos planos lingüísticos. Esta visión, estará también presente en los tratados ortográficos coetáneos para los cuales la puntuación deja de ser un rasgo oscuro, caprichoso o de difícil aplicación para convertirse en una práctica clave para la correcta interpretación del texto 56 . Assi como la coma govierna la escritura puesta en su sitio, en estando fuera de él, la descompone de forma, que totalmente pierde el verdadero sentido, y en tanto grado, que de vna proposición Catholica, la vuelve heretica, v. g. El Divino Verbo engendrado, no hecho. Es poposicion Católica, y quien le dà el verdadero sentido, es la coma, que está después del Engendrado; mas si se pone después del no, es proposición heretica, que dize: El Divino Verbo engendrado no, hecho: como si mas claro dixera: El Divino Verbo, no es engendrado, que es hecho. Es heregia. Tanto Và de apuntar à tiempo, ô fuera del (Sánchez Montero, 112-113). 56 Esta aceptación del valor funcional de la puntuación en la escritura será más generalizada en el siglo XVIII, sin embargo previamente si bien desde la Edad Media se ha propuesto incluir y regular estas prácticas en los tratados ortográficos, serán un reducido número de autores como Cristóbal de Villalón los que discretamente manifiesten un verdadero interés en la necesidad de dominar el empleo de estos signos y la asignación de un lugar propio en la ortografía para esta disciplina (Cuadra 2010: 205). 149 Nos encontramos por tanto ante un modelo escriturario que ha abandonado las frecuentes prácticas de exceso y déficit de puntuación, para plantear sistemas de puntuación moderada encaminada a funciones concretas y con una clara finalidad de guía y decodificación del discurso para un posible interlocutor. A pesar de esta, ya mencionada, funcionalidad a nivel interno, seguimos apreciando cómo más allá de la cada vez más ingente publicación de obras de carácter normativo y descriptivo, así como de la difusión de modelos homogéneos de puntuación a través de la imprenta, el escribiente persiste en su mantenimiento de modelos que, si bien pueden responder a criterios útiles y justificados, carecen de correlato en dichas publicaciones. Pues si bien, fruto de la herencia clásica, la perspectiva interpuntiva a nivel normativo mantenía una concepción de la puntuación como herramienta divisora del enunciado y sus partes, esta concepción pragmático-textual de la puntuación se conjugaba todavía en la actividad escrituraria con otras cuestiones de naturaleza lingüística como la prosodia, el orden sintáctico o la mera combinación de elementos gráficos. La puntuación, desde la perspectiva de uso se convierte, por tanto, en una suerte de diasistema en el que confluyen diferentes necesidades comunicativas del escribiente todavía regidas por la experiencia y la intuición. En estos casos, persistirá la clásica concepción del punto como el reflejo de la pausa en la escritura, a pesar de una, cada vez más evidente, visión del signo como delimitador y jerarquizador de unidades de sentido. A ello, sería necesario sumarle la estrecha relación que mantienen estos sistemas de puntuación hallados en la escritura administrativa, con las estructuras sintácticas tradicionales que vertebran este tipo de textos. Así pues, frente a la complejidad sintáctica imperante en los textos impresos y en los precisos ejemplos de los tratadistas, el escribano perfilará el valor de los signos de puntuación confeccionando un sistema capaz de desentrañar las posibles ambigüedades generadas por una disposición del contenido textual basada en la sucesión de estructuras coordinadas. Los modelos de puntuación desarrollados por cada escribiente responderán, por tanto, a la necesidad de aislar los enunciados del discurso, así como estructurar las relaciones que las diferentes unidades informativas mantienen entre sí. Esta función del signo en un sistema de escritura con rasgos oralizantes y cuya interpretación se haya sustancialmente vinculada al contexto, propiciará el surgimiento de nuevas normas de uso frecuente que, si bien no suelen estar recogidas en los tratados ortográficos, suponen un “lugar común” para los usos interpuntivos en los amanuenses de la época. 150 Entre otras tendencias que pueden caracterizar los hábitos interpuntivos de los documentos analizados en esta época, estaría, por tanto, la “sensibilidad” por parte del escribiente hacia ciertas combinaciones sintácticas que tradicionalmente puedan ser indicativos de cambio argumental y que, para un escribiente poco iniciado en estas prácticas, pueden pasar a ser entendidas como contextos susceptibles de ser puntuados en cualquiera de sus apariciones. Así pues, será especialmente frecuente la aplicación de signo de puntuación ante nexos adversativos, así como ante una conjunción copulativa seguida de una conjunción con valor causativo, final o concesivo. Sin embargo, la aplicación del signo ante estos contextos se manifestaría de tres modos diferentes: a) Aplicación sistemática de signo de puntuación con intensidad media o larga 57 ante cada aparición de uno de los contextos anteriormente descritos. b) Aplicación de signo de puntuación de intensidad media o larga únicamente en aquellos contextos en los que exista un cambio de enunciado. c) Jerarquización de signos de puntuación por la cual se aplica el signo ante la unión de conjunciones con una diferenciación en la intensidad del signo dependiendo si se está introduciendo un nuevo argumento (signo de intensidad mayor, media) o se introduce una unidad interna al enunciado (signo de intensidad baja o media). Otro de los principales rasgos que destacan en la puntuación analizada será el de la consolidación del inventario de signos de puntuación. La gran mayoría de los textos analizados procedentes de este siglo presentará un sistema de puntuación compuesto de varios signos diferentes a los que se ha dotado con un valor concreto. Así pues, podemos apreciar que, a diferencia de lo que sucedía en el siglo XVI y parte del XVII, el escribiente es consciente de la compleja jerarquía y matices que alberga la variedad de signos de puntuación disponibles, y los emplea conforme a sus necesidades. Si bien es cierto que es posible apreciar una considerable evolución en cuanto a la concepción que 57 Si bien podríamos entender a los denominados “signos de intensidad media” como aquellos procedentes del colon clásico y por tanto de la media distinctio, así como a aquellos de “intensidad alta” como herederos del periodo o distinctio; no podríamos limitarlos en este caso al empleo de unos signos concretos. A pesar de la ser común a la norma y a un gran número de escribientes la media distinctio no siempre se limitará en los textos al empleo de los signos de < : > y < ; >, frente a < . > indicando la intensidad alta. Será posible encontrar sistemas de puntuación en el s. XVIII en los que el punto haya sido expulsado del inventario de signos de puntuación y los signos de dos puntos o punto y coma hayan ocupado su lugar, dejando a la coma, en ocasiones, indicando relaciones entre constituyentes que exceden de su natural plano microsintáctico. 151 el escribiente muestra respecto a la puntuación y sus posibles interacciones con el contenido textual, como se ha especificado con anterioridad, los valores que presenta cada signo varían en los diferentes documentos analizados. A este respecto, encontraremos algunos casos en los que se han suprimido signos de considerable arraigo como el punto, provocando ello un reajuste en las funciones de cada signo del sistema de puntuación. Como consecuencia de estos reajustes de valores de los signos restantes, se han detectado casos en los que se ha invertido la jerarquía tradicional de los valores asignados a cada marca. Por tanto, nos hallamos ante un escribiente que, si bien presenta un cierto conocimiento empírico que le lleva, no sólo a conocer la variedad de signos disponibles en el sistema de puntuación, sino a intuir su función, y por tanto su colocación, correctas, carece todavía de las competencias necesarias para comprender en profundidad el funcionamiento, valor y usos de los signos que emplea. A través de los capítulos dedicados a la comparativa entre la concepción de la puntuación italiana y la española desde el plano de los estudios que suscita, hasta su concepción normativa, se ha podido comprobar qué pese a la coincidencia en los signos gráficos empleados, así como en determinados contextos sintácticos, la puntuación italiana, y gran parte del resto de sistemas interpuntivos europeos entre los que se encuentra el español, supondrán realidades lingüísticas realmente lejanas. La flexibilidad y la creatividad caracterizan a la puntuación pragmático textual de los siglos XVII y XVIII, tanto en su uso, ya descrito, como en su descripción Teórica publicada en tratados con normas dotadas de cierta ambigüedad como los de Correas o Villalón o que intencionalmente darán un amplio margen de libertad como el de Benito de San Pedro. Esta, heredera de la puntuación clásica, de carácter funcional y próxima a los hábitos propios de la lengua de Dante sucumbirá al cambio del paradigma normativo impuesto por la RAE desde 1726 y reforzado a nivel legal en 1844. La reducción de una herramienta tradicionalmente regulada por la intuición y el «buen criterio 58 » de quien la emplea a un corolario de aplicaciones automáticas impuestas por la estructura sintáctica implicará la pérdida de la que hasta entonces sería la esencia de la práctica interpuntiva: la intuición del autor. La práctica de la puntuación se convertirá por tanto en una característica de la buena ortografía, de modo que la aplicación de coma antes 58 Uno de los hechos que refuerzan la concepción de la puntuación como un fenómeno subjetivo e intuitivo en la época previa a la norma académica será la constante alusión por parte de numerosos autores al «buen criterio del autor» a la hora de emplear los signos de puntuación. Quizás el caso más extremo lo encontremos en la ya citada gramática anónima de Lovaina (1559/1966) en la que este criterio personal del escribiente bastaría para que no sea necesario el establecimiento de normas de puntuación. 152 conjunción estará regida por los mismos criterios lógicos que la aplicación de la h al verbo haber, o el mantenimiento del grupo ph con valor de /f/. Por tanto, la ausencia, presencia o variación de un signo en un determinado contexto supondrá el seguimiento o infracción de la norma y no el planteamiento de una u otra finalidad. El signo de puntuación pasará de una naturaleza lógico-semántica a un plano lógico-gramatical, quedando, por tanto, su carácter subjetivo e intencional que tradicionalmente lo había caracterizado suprimido y denostado. La puntuación española, quedará desde entonces entendida como una herramienta que establece los límites de la oración y algunas de sus relaciones internas, así como estrechamente vinculada a una pausa, en la que encontrará su principal justificación. Esta definición limitará una vez más la puntuación a un mero adorno gráfico cuya aplicación responderá en la mayoría de los casos aún «dónde» y no aún «para qué». Así pues, y vinculando la puntuación académica con el objeto de estudio de este trabajo, únicamente desde una perspectiva ortográfica de la puntuación que la una a una teórica pausa en ocasiones inexistente se podría entender el tradicional desinterés que los estudios filológicos hispánicos han manifestado respecto al estudio de este fenómeno más allá de la descripción normativa. Si comparamos nuestra tradición con normas propensas a la libertad de uso, a la asignación de valores semánticos al signo, a su empleo intencional y a su objetivo como divisor de enunciados o jerarquizador de la información inserta dentro de estos, podemos apreciar cómo mientras una lengua busca los matices discursivos de un signo de puntuación equiparable al marcador textual, desde otra se estudia el porcentaje de seguimiento o desvío de la norma en un determinado corpus y se proponen métodos para su enseñanza. En síntesis, partiendo únicamente de los postulados académicos para el empleo del signo de puntuación, habría sido realmente complicado determinar las realidades encontradas en los textos, catalogar y describir las diferentes intencionalidades que sus autores manifiestan en su empleo y, ante todo, desarrollar el interés necesario para abordar este tema hasta ahora ignorado. 153 VII. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 1. Fuentes primarias AGUSTÍN DE HIPONA (2002). Introducciones. 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Instructión para bien escribir en lengua latina y española. En B. Bravo 256 dicha rrazon {24} y nos tovimos lo por bien [mano 2]/ [mano 1] por la qual vos mandamos que por todas las çiudades {25} villas y lugares de las provinçias de guatemala y nicaragua higueras y cabo de {26} honduras por donde vos fueredes y pasaredes personalmente thomeys quenta {27} de todas las penas y condenaçiones que quales quier n<uest>ras Justiçias delas d<ic>has {28} çiudades villasy lugares mayores y menores españoles o yndios ovieren hecho. {29} a quales quier personas para n<uest>ra camara y para gastos de justiçia y tomada la {30} dicha quenta a los quales mandamos que luego la den ante vos buena leal y verdade {31} ra sin fraude ni encubierta alguna las Justiçias que agora son o los que ovieren {32} sido y los escrivanos de conçejo o otras personas que fueren obligados a darla {33} y dada cobreys lo pertenesçiente a n<uest>ra camara y fisco y lo traigays juntamente {34} con vn traslado dela dicha quenta ala dicha n<uest>ra audiençia ante el dicho n<uest>ro. {35} presidente y governador para que se entregue ala p<er>sona que en n<uest>ro real nombre {36} lo oviere de aver y las dichas n<uest>ras justiçias avisaran al dicho n<uest>ro gov<er>nador {37} delo que os entregare oara que en todo aya claridad y exsecutareys todas las {38} executorias n<uest>ras y provisiones Reales libradas y despachadas en la d<ic>ha {39} n<uest>ra audiençia que os seran entregadas enlas p<er>sonas y bienes en ellas declara {40} das y cobrareys las penas y condenaçiones que porellas an sido hechas alas {41} dichas p<er>sonas las quales traereys ansimismo ala dicha n<uest>ra audiençia para. {h 1v} {1} que se den y entreguen al Resçeptor della [mano 2]/ [mano 1] y Ansi mismo cocbrareys todos los fructos {2} y tributos del pueblo de tibonbo que al presente esta vaco y es en los terminos {3} y jurisdiçion dela çiudad de san pedro dela sicha provinçia de honduras y solia {4} poseer françisco de merlo vezino de la dicha çiudad al qual se le quitopor carta ex {5} secutoria n<uest>ra y sentençias de vista y Revista dadas contra el enel pleyto crimi {6} nal que se tracto en la dicha Real audiençia sobre los malos tractamientos {7} que hizo a los naturales del dicho pueblo [mano 2]/ [mano 1] los quales dichos fructos y tributos {8} cobrareys conforme a su tasaçion desde el dia dela dacta dela dicha sentençia de {9} Revista que fue a[mano 2] cinco [mano 1] dias del mes de abril del año proximo pasado {10} del año de mill y quinientos y sesenta años y cobrado la traed segund los de mas [mano 2]/ [mano 1] que para todo los que dicho es y para cada vna cosa y parte dello por esta n<uest>ra carta {11} vos damos poder cumplido con todas sus ynçidençias y dependençias anexidades {12} y 257 conexidades y mandamos que en lo suso dicho seays obedesçido y nadie os {13} ponga ynpedimento enla exsecuçion y cumplimiento dello so pena de la n<uest>ra// {14} mio y de cada quinientos pesos se oro para la n<uest>ra camara al que lo contrario hi {15} ziere [mano 2]/ [mano 1] y por quanto para tomar la dicha quenta delo aplicadoen n<uest>Ra camara {16} se dio comision a pedro hernandez alguazil dela dicha n<uest>ra audiençia para algu {17} nas çiudades y villas de las dichas provinçias entiendese que vos aveys de tomar {18} la dicha quenta en las partes y lugares donde el no la oviere tomado [mano 2]/ [mano 1] dada {19} en la çiudad de santiago de guatemala a primero dias del mes de abril {20} de mill y quinientos y sesenta y vn años [firma y rúbrica: el liçenciado| landecho] [firma y rúbrica: Rodrigo de rrobledo... ] 258 Siglo Categoría Signatura XVI Cargo administrativo. Heterógrafo. AGI: SANTO_DOMINGO,868,L.3.F,122R (1585) [encabezado: Señor] {1} Presidente e oydores de la mi Audi<ençia> Real que re{2}side enla çiudad de santo Domingo dela ysla Spañola {3} yo tengo Relaçion que aunque haveys tenido {4} y teneys todo cuydado de castigar amis subditos que {5} en esa ysla y las otras comarcanas tratan y contra{6}tan con françeses e yngleses no ha sido, ni es vastante remedio porque sin embargo luego que acava el juez {7} su comision, se buelven a los dichos tratos y que siendo {8} como se entiende que son todos a los mas delos los dichos {9} françeses e yngleses luderanos podrian hacer {10} mucho daño en sembrar, ay su mala seta y que se {11} podria, evitar todo, con proveer. que enesa isla {12} oviese ynquisiçion, y aunque por agora no fue{13}se tan formada en el numero. de Ynquisisdores {14} y ministros, podria haver un Ynquisidor y fiscal {15} notario del secreto. y alguaçil. y tener por distrito {16} esa ysla, y la de s<an> Juan Cuva Jamaica, y La Margarita {17} y las otras de Barlovento, con lo qual los espa{18}ñoles no se atreverian a reçeptar los los d<ic>hos françe{19}ses e ingleses luderanos que van a esas yslas por {20} ser el castigo deste delito pertenesçiente al san{21}to offiçio de la Inquisiçión y tan punible an{22}tes procurarian q<ue> los q<ue> pudiesen ser havidos fuesen presos y castigados y haviendose {23} tratado todo en mi g<ovierno>. delas Indias y consultado {24} con mi Real persona porque quiero se Ynformado {25} si conviene que enesa Ysla aya el V<uest>ro tribunal {26} dela Inquisiçion y deque personas y de donde {27} se podria proveer la casta della que no fuese {28} demi hazienda luego como vieredes esta mi {29} çedula, os ynformareys de lo sobredicho. y me ym{30}biareys Relaçion dello, dirigida al los d<ic>ho gobiernos. [firma [mano 2]: El Rey] 259 Siglo Categoría Signatura XVI Cargo administrativo. Heterógrafo. AGI: CONTRATACION,236,N.1,R.3 (1590) {h 1r} {1} En la muy noble. E muy. leal çiudad. {2} de leon. de guanua en tres dias. {3} delmes de diziembre. Demyll {4} e qui<nientos> y sesenta y çinco años el {5} muy magnifico señor gil rramirez. Davalos {6} corregidor. y Justizia. mayor. deesta çiudad de leon de {7} guanua. digo que por quanto. alonso de vargas natural {8} delaçiudad. desevilla. d<e>los. rreynos. despaña {9} que fallesçio. En esta çiudad. Enel testamento. Socuya {10} disposision. murio. de Claro dever dela çiudad. de mexico {11} enlanuevaespaña. a un juan perez. montañes trezientos {12} E veinte p<esos> de plata en ssayada. derresto. de una obligación {13} de mayor quantia. e que avia tenido. notiçia. quel d<ic>ho {14} juan perez. hera muerto y que dexo. una hija mestiza. Y {15} mando. que desus bienes. selleben. los dichos pesos {16} ala dicha çiudad. de mexico. a quien pertenesçe según {17} dixo del. los quales dichos pesos tomo en sy alonso arcas {18} difunto albaçea. y Acredor que fue delos. bienes {19} del dicho alonso de vargas. y teniendolos ensu {20} poder. pormandado dela rreal Jus<ti>zia. desta ciudad {21} se depositaron. en. martin. deguzman. vezino della {22} trezientos y noventa y tres p<e>sos de plata corriente {23} que valieron los. d<ic>hos. trezientos. y veinte y tres {24} p<es>os Enssayados. El qual. los tiene en supoder {25} quel dicho deposito. sin que se enbiasen ala d<ic>ha {26} çiudad de mexico nilos albaçeas. del d<ic>ho Al<onso> {27} de bargas. hiziesen diligençia. para los e<n>biar {28} por la firma. quel testador. mando. hasta que {29} los devedores de bienes de difuntos desta ciudad {30} del año passado. de myll e qui<niento>s y sesenta y tres {31} años proçedieron contra el dicho martin de guzman {32} sobre. que diese los d<ic>hos p<es>os que tenia depositados {33} para los enbiar. ala. d<ic>ha çiudad. de mexico el {34} qual d<ich>o. martin de guzman. se defendio P<ar>a {h 1v} {1} no los. pagar. diziendo. que porla just<iz>ia. eclesias{2}tica. desta çiudad. se le avian pedido. y conocido {3} dela caussa. primero. y que. el dicho juez. eclesias{4}tico los avia pagado y mostro deello. recaudo. y pre{5}sento. testimonio. y con. otras defensas. que para {6} nolos. pagar. pusso. sobrelo qual se fulmino proceso {7} El pl<eyto>. el queal. se siguio. hasta entanto. que se tomo {8} conel. medio Ental manera que hizo llanamente {9} una escriptura de deposito enque confesso tener {10} en su poder trezientos y ochenta. y siete pesos 260 de {11} plata. corriente. delos. trezientos. y veynte. p<eso>s. {12} proçedentes del dicho. alonso de bargas di{13}funto. conrrelaçion. del cosso y se obligo. delos dar {14} por bienes. del suso dicho. alos tenedores de difuntos {15} desta. çiudad. para. el d<ic>ho. efecto. y vello. Hizo {16} la dicha escriptura. de deposito. en firma. y la rresta {17} a cumplimiento. alos dichos. trezientos y noventa y tres {18} pesos. del primer deposito. dio antes fechas {19} antela justizia. eclesiastica. la qual dicha escrip<tur>a {20} de deposito. semetio. enla caxa. debienes. De {21} difu<nto>s desta çiudad. y al tiempo. quesumerced {22} la dicha. para cobrar los. bienes de difuntos {23} que desta d della. mando. dar mandamyento. Contra {24} el dicho martin deguzman. porlos dichos trezi<entos> {25} y ochenta. y siete. pesos. de plata. corriente. por bien {26} del dicho alonso de bargas. pertenesçients al {27} dicho juan perez. montanes. q<ue>destas. del qual {28} dicho mandamyento. y demas autos. quesobre {29} ello se hizieron. el d<ic>ho martin de guzman. dio {30} y pago los dichos trezientos y ochenta. y siete {31} p<es>os losquales enbio. martin. de carquican {32} gamboa. alguazil mayor. desta çiudad según {33} que todo lo suso dicho. mas largo. consta y paresçe {h 2r} {1} Por el. proceso. y actos. dela. D<ic>ha causa. que están {2} en poder del presente. escribano. portanto. dixo. Que {3} mandava. e mando. quese saque un testimonyo {4} dela clausula. del testamento. del d<ic>ho. alonso. De {5} vargas. y el deposito. hecho. porel dicho. martin deguz{6}man. Prim<e>ro y la caveça. del proçeso que contra {7} el se hizo. porlos d<ic>hos. tenedores. de bienes de dif<unt>os {8} con el. ultimo. deposito por donde se an cobrado los {9} d<ic>hos p<es>os. y el mandamyento. que para ello se dio {10} y conlos. D<ic>hos trezyentos. y ochenta. y siete p<eso>s. del con{11}tado las costas. que para la cobrança. dello. se ubieren {12} fecho. selleve todos a la çiudad. delos rreyes. y se en{13}tregue a los tenedores. de bienes de. difuntos. della {14} para que dealli selleve a la çiudad. de mexico {15} a la persona o heredero. a quien el d<ic>ho testa{16}dor. mando y para el dicho. efecto. entrega la dicha {17} plata. y testimonyo. a martin de carguicano. Algua<çi>l {18} mayor desta çiudad. como lo tiene mandado. y asy lo {19} proveyo y firmo. gil rramyrez. davalos. ante my gra{20}viel martinez escribano decabildo e publico- 261 2. Testimonios del siglo XVII 2.1. Documentos autógrafos cuyo emisor es un ciudadano secular. Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Autógrafo AGI: MEXICO,271 (1609) {h.1r}[ encabezado: muy p<oderoso>. señor] {1} Los capp<itanes>. Ant<onio>. de añaya. y diego de arroyo Arguello A quien .v<uestra>. A<lteza>. a hecho {2} m<erçe>d de mandar lebantar dos conp<añias>. de ynfantes. para con ellas seruir {3} A v<uestra>. Alteza>. deçimos. que V<uestrA>. A<lteza>. a hecho m<erçe>d. Alos demas {4} cap<itanes>. que desta corte An salido. A lebantar gente para el d<ic>ho ejer<cito> {5} de señalarles quarenta escudos de sueldo al mes. hasta llegar {6} A nueba españa y que estos le corran. desde el dia que salen {7} desta corte. A lebantar la dicha gente. y que llegados A nueba {8} españa sele señalava el sueldo que ayan de auer. y porq<ue> {9} los gastos del uiage por ser tan larga nauegaçion son muchos {10} y los cap<itanes>. q<ue> bamos de Aca tenemos neçesidad de muchos mas gastos {11} que los que Alla Asisten. por tener ellos alla Rentas haçiendas {12} y esclauos. de que seruirse. no obstante q<ue> la carta de don p<edro> de acuña {13} estreche el sueldo. esto sea de entender. con los capp<itanes>. q<ue> alla se {14} nombran. y se aprobechan de su haçienda y esclauos. no con los que {15} bamos de la corte. por lo que. {16} A v<uestra>. A<lteza>. supp<licamos>. nos haga m<erçe>d. de mandar. señalar dichos quarenta {17} escudos. desde aqui a nueba españa. y estos corran desde el dia {18} que salimos deaqui A nueba españa. y estos corran desde el dia {19} que salimos deaqui A leuantar conjuntam<ente>. yen nueba espa{20}ña sesenta. y enterreanse. lo que v<uestra>. A<lteza>. se siruiere q<ue> {21} Recebiremos m<erçe>d. [firma con rúbrica: Antonio de añaya] [firma con rúbrica [Mano 2]: diego de arroyo arguello] 262 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Autógrafo AGI: MEXICO,271(1606) {h.1r}[ encabezado: Señor.] {1} don nicolas de gamez. U<e>x<ino> dela çiudad de antequera de {2} la nueba españa digo. que yo soy. casado con doña ysauel de {3} quiñones. hijja del cap<itan>. juan de canseco y nieta de Rodrigo {4} de xerez. que fue uno. de los primeros. y mas prinçipales. con{5}quistadores. dela nueua españa en conpañia del marques del ua*{6}de. enseruiçio de. U<uestra>. mag<estad>. y questado el d<ic>ho marques Retira{7}do. en el puerto de acapulco el d<ic>ho Rodrigo de Xerez. le socorrio {8} con dos nauios. de gente y mantenimientos. y con supersona {9} lo qual solo fue parte. para que la conquista de la d<ic>ha pro{10}uinçia. se hiçiese como seyço y porello. no seaecho gratifica{11}çion ninguna. ala d<ic>ha mi mujer. nia su madre ni a que lo. co{12}mo todo consta por mil papeles. que sean uisto. porel consejo {13} de camara deindiauan . i estan en poder. del secretario juan {14} Ruiz de contreras. Remitidos. al memorial de los oficios {15} quatro años a. y soy ijo del cap<itan>. don fran<cisco> de gamez uno {16} de los capitanes. que ayudaron. a ganar. el Reyno de {17} granada. J<usti>zia< y Regidor. de ciudad Real y sobrin<o> del {18} Cap<itan>. juan. de gamez. Viezma. cauallero del aui{19}to de santiago. que siruio. asu mag<estad>. del Rey don fe{20}lipe. n<uest>ro señor. questa enel çielo de teniente de su cap<itan> {21} de la guar.dia española. y al presente. le esta sir.{22}uiendo de su alcayde. del castillo y fortaleza de {23} jaen. atento alo queal ya que por estar pobre no e {h.1v} {1} podido. asistir en la corte. el tiempo que a que uine de las {2} indias y que mi mujer. y ijos. estan con necesidad. y {3} pretendo boluer me. en la flota que saldra por sa<n> {4} juan. del año que uiene. de 6007. ./ pido y suplico {5} a b<uestra>. mag<estad>. me aga m<erçe>d. de lalcaldia mayor. de capotitlan. {6} o la <de> chiapa. en la prouincia de guatemala. o de otro {7} ofiçio qual U<est>ra. mag<estad>. fuere seruido en que sirua a {8} U<uestra>. mag<estad>. que enesto Reçiuire m<erçe>d. [firma con rúbrica: Don nicolas de gamez] 263 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Autógrafo AGI: MEXICO,559 (1659) {h.1r}[destinatario: s<eñor>. secretario Gregorio de legia] {1} Auiendo llegado a este puerto don felipe de la matta {2} linares. Uedor, y cont<ador>. del buçeo del Galeon de n<uest>ra {3} señora de las Marauillas, admiranta qie se perdio {4} en el placel del mimbre; concurriendo en varias {5} ocasiones, diome grandes noticias, del estado y forma, {6} en que quedó, el casco de d<ic>ha Admiranta, y de la {7} mucha cantidad de platta, que queda enterrada {8} de bajo del lastre y arena en el plan= he discurido y {9} considerado atentam<ente>. que modo. y forma, mas eficaz {10} se pudiere disponer, para venzer vna difficultad tan {11} grande. y al parezer impusible; sin embargo he {12} hallado en mi corta capazidad, y especulatiua varios {13} instrum<entos>. que tengo trasado, muy apropositos para el {14} effecto. y estos. fundados en arte; que no dexaran {15} infaliblem<ente>. con el fauor de Dios, de obrar, en orden a {16} sacar todo el lastre, la arena Artilleria, y la Platta, que {17} es lo que se pretende= ademas por tener de mi parte {18} y en mi fauor, saber el arte de nadar, y colar, abajo {19} para ver, y reconozer, el estado en que oy está d<ic>ho {20} latre; que con la cayda del d<ic>ho Galeon, ha rodado {21} desta otra banda. del plan, que precisam<ente>. debia de {22} de [sic.] tapar, y coxer de bajo. grande cantidad de platta, {23} como se dexe bien considerar, para conforme a esta {24} vista de ojos, disponer, y plantar, los instrum<entos>. cada {25} vno en su lugar aperteneciente; para dar buen principio {26} y lograr, vna materia, tan desauciada, y oluidada {27} y tenida por impusible en el animo de algunos hombres {28} entendidos. Yo puedo asegurar a V<uestra>. m<erçe>d con toda {29} verdad, mediante Dios n<uest>ro señor, de venzer todas estas {30} montañas de difficultades; en cuya Conformid<ad>.. me {h.1v} {1} parecio representarselo assi, satisfecho de mi {2} inteligen<cia>. se sirue V<uestra> m<erçe>d de ponerle en considera<cion> {3} y si se resoluiere la materia para executarla para {4} la prima vera del año de 660= iré con mucho {5} gusto auenturar la vida en cumplim<iento>. de la execu<çion>. {6} deste seru<icio>. con las calidades siguientes- {7} Lo primero offrezco a su Mag<estad>. hazer este seru<içio>. a {8} mi costa, con declara<cion>. que Su Mag<estad>. se ha de seruir {9} de librar vna orden 264 g<e>n<er>al para los gouer<nadores>. de los puertos {10} de las yndias, para que me den las asisten<çias>. necess<arias>. {11} y embargar dos fregartas, de las deste comercio {12} apropositos para el intento- {13} dos buços negros. que estan en campeche ó la {14} hauana, llamados el vno ant<onio>. cuchichi, y el otro {15} cap<itan>. de los negros, que vinieron de la margarita {16} de quenta de su Mag<estad>. por ser ladinos, y hauer {17} experimentado el buçeo, para armar, de bajo del {18} agua algunosinstrum<entos>. para sacar lo referido= {19}assi mismo sirue de mandar Su Mag<estad>. que de los {20} yndios de los cayos de matacombé se me entriegan {21} asta siez [sic.] buços, que son bastantes para obrar lo que {22} tengo dispuesto= y si despuez de hauer {23} sacado la platta del d<ic>ho casco del Admiranta {24} aportaré con d<ic>has fragatas, al puerto mas cercano, {25} se aduierte, que de ninguna manera aya de enter{26}uenir, en ella, ni en cosa, que toca este buçeo {27} ninguno de los Gouer<nantes>. de los d<ic>hos puertos, officiales {28} Reales. ni otro ministro alguno; sino dexarlo todo {29} a mi verdad, y fidelidad, como tan leal vazallo de {30} su Mag<estad>.= puez ninguno sabra dar mas satisfacion {31} que yo de la platta que se sacare, y de lo que todo {32} emportare, será de su Mag<estad>. la legitima mitad. {33} y la otra mitad se ha de seruir su Mag<estad>. de tener {34} a bien sea mia, en considera<çion>. del trabajo, de suelo, {35} y riezgo de la vida, y suplim<iento>. de los gastos- {36} tan considerables, que se han de causar de todas {37} las dispusiciones, y assi mismo, como lo pide y {38} mereze. la inteligen<cia>. de mi inuentiua= y la {39} que tocara a su Mag<estad>. la entregaré en la forma que {40} tengo d<ic>ho, a los officiales R<ea>l<es>. a donde llegare {41} con ella; sin mas declara<cion>. que la que yo hiziere {42} como fiel y verdadero vazallo de su Mag<estad>. y desta {43} manera offrezco ir en prosecu<cion> deste seruicio {h. 2r} {1} despachando auiso para ello: Y en todo dispondra {2} su Mag<estad>. lo que mas fuera de su agradable {3} seru<icio>. y U<uestra> m<erce>d como ministro tan grande {4} ayudara a la execu<cion>. desta empresa como {5} acostumbre con sus desuelos, Y fiar demi voluntad {6} le sacaré a V<uestra> m<erce>d. de todos los empeños que hiziere {7} para vn fintan grande como este, y que despuez {8} deste sucesso me prometto por mano de V<uestra> m<erce>d su {9} Mag<estad>. me honre, cuyos ascensos los pondré a {10} los piez de V<uestra> m<erce>d, sin faltar a nada como hechura {11} 265 suya, cuya vida gu<arde>. el cielo muchos años como {12} los criados de V<uestra> m<erce>d deseamos, y yo. he menester {13} de la nueba vera cruz a 12 de Julio de 1659= {14} años- [despedida: DE V<uestra> m<erce>d Mayor Criado. q<ue> s. M. B.] [firma con rúbrica: Don Marcos Luçio] 272 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Heterógrafo AGI: MEXICO,271, II {h.1r}[encabezado: Es<celentisimo>. Señor.] {1} don bernabe solis de carcamo digo que, yo soy {2} hijo mayor legitimo de fran<cisco> de solis en com{3}mendero de los pueblos de zacualpa y temoar {4} en la nueua españa. y. V<uestra>. m<a>g<estad>. fue serui{5}do de darme licentia para que pudiesse {6} estar en españa el año passado sin per{7}juicio del derecho que tengo a la sucessio*n* {8} dela encommienda del dicho fran<cisco> de solis {9} mi padre. y es ansi que eneste nauio que {10} proximamente vino de la nueua españa {11} el dicho mi padre me escribio algunas car{12}tas por las quales me ordeno y encomendo tra{13}tasse de ciertos negotios muy importantes ala {14} conseruation de su casa y familia por lo {15} qual me fue necessario quedarme en espa{16}ña y no sera razon que si lo que dios no qui{17}era el dicho mi padre faltasse me hi{18}ziesse daño la obedientia paterna que yo {19} le tengo en la sucession de la encomienda {20} que me pertenece attento a lo qual= a {21} .v<uestra>. m<a>g<estad>. pido y suplico me de lecentia para {22} estar en españa trs años que sera tiem{h.1v} {1}po conueniente para comodar los dichos ne{2} gotios en que rescibire bien y .m<erçe>d. que co{3}mo bassallo de .V<uestra>. m<a>g<estad>. pido. [firma con rúbrica [mano 2]: don ber<nabe> desolis y carcamo] 273 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Heterógrafo AGI: MEXICO,559 (1653) {h.1r}[destinatario: s<eñor>. secretario Gregorio delegia] {1} Señor mio he estimado como deuo su carta de V<uestra>, M<erçed>. {2} Por inferir della· gossa V<uestra> m<erçed> de mui buena salud· Como por {3} la m<erçed> q<ue> V<uestra> m<erçed>, me hasse· que deçeo yo mucho· meresersela {4} a V<uestra> m<erçe>d. seruiendo y obedeçiendo a V<uestra> m<erçed>· en quanto me man{5}de y yo alcansse. {6} S<eñor> don juan. de toledo y mercader· auisso para. q<uel> assista {7} y solissite· por mis despachos. que es a quien embio poder {8} para lo que seme ofresca enesse Real Consejo aunque {9} Crei no fuera menester. por lo que. al señor Don Bar{10}tolome· morquecho· dexe pedido y suplicado· y aun por {11} Medio y mano. del ex<celentisimo> señor duque· de medina y alcala {12} su amigo y demás armas. en seuilla· al. liz<enciado> Din Ju<an> {13} de sondoual· en cuio poder quedo Resto· sin embargo {14} delo que· se· satifasse· y dio y sea justo· en cadix por presidentes. y minstros dela cassa que menos que dessa {15} suerte· no me biniera· y Creiendo berdaderam<ente> {16} que en la contrataçion de Seuilla· estauan· mis despa{17}chos. es perando. solo. el ajuste. de su preçidente en {18} cadix como con migo otras besses y con diferentes· {19} Perssonas sea estilado· en esta fee· sobre tanto mandatos. {h.1v}{1} y hordenes· y notificaciones que se me hiçieron para que {2} biniesse· Crei assia fineza pues obedeçia dexaua pagado y me {3} benia en duda· que suplico yo a V<uestra> m<erçed>· Con todo encaresimiento {4} diga Refiera y asegure· al. Consej. porque· es lo que· me passo {5} xp<is>tianamente. {6}Señor mio -aunqur el señor Virrey no solam<ente>- me ha hecho la on{7}rra y m<erçed>, de ponerme en el· ofiçio pero dadome· lo que le he suplicado {8} de lo que nesesitaua esta fuerça y dos. pagas mas de los primeros {9} ocho messes. para la guarniçion y aun destos ocho Corientes- {10} Si ha dadome· otros quatro· Con todo essoes fuerça ocurrir por V<uestra> m<erçed> {11} y con la m<erçe>d que me hasse_ a esse· Real· Consejo· para que su {12} Mag<estad>. dios leguarde se sirua demandar. dar· sedula particu{13}lar· expressa y executiua para q<ue> los señores Virreies manden {14} alos Juesses ofiçiales R<eales>_ desta Real caxa de la çiudad de la {15} Nueua Veracruz y la Real· audiençia si gouernare que 274 desta {16} Real caxa· cada quatro meses seamos· pagados. pues tiene {17} esta caxa Real· caudal· bastante para nuestros tres paga{18}mientos cada año· que· aqui es estilo· sea cada quatro {19} meses· y aun· Virrey y audiençia por· acuerdo. tienen dada {20} sedula y mandam<iento>. para ello· pero esta asituaçion en la Real {21} Caxa de Mexico porque· de antiguo. no auia esta Veracruz {22} de Rendir tanto· conque· se· aorrare el Riesgo delos embios {23} y que· si susediese faltar· enesta Real_ caxa· entonsses se su{24}pla deotra parte· {h 2r} {1} y este· mandato· y sedula de su mag<estad> q<ue> Dios guarde traiga declaraçion {2} que cada terçio se haga suplica y auisso alos Virreies y Remitiendo {3} seles· La lista jurada· y firmada dela muestra· que se Vuiere paçado {4} mande luego que se pague y alos juesses y ofiçiales Reales· que son {5} aqui los que nos bienen· a pasar muestra que cada mes lo hagan {6} para que· Con esto· puedan· claram<ente> saber· los muertos. los Vidos {7} y a quienes se dan· liçençia y puedan paçar sin escrupulo· y dallo de la {8} Real haçienda por las baxas que yo embiare y vieren mis ofiçiales {9} sin neçesidad· dela papelera· que aqui se gasta· de testamentos. {10} y poderes. que. asi enesto· como en no pagarnos cada quatro meses {11} son los castellanos muy perdidossos y mas yo que no tengo que {12} Comer· y si el· señor- General D<on>. luis fernandes de cordoua mi primo {13} no me trugera de graçia y Valdes y aca los amigos no me {14} socorrieran· peresiera como ay queda borrado y confusso pues pasan de {15} ocho messes· que no nos socorren· y sobre lo Referido suplico a V<uestra> m<erçed> {16} Por otra sedula· para que· no se intente que· el panadero y tauer{17}nero. porcuia mano. se socorre· de pan y Vino ala gente dela guar{18}niçion desta plaça pues yo suplo -por lo menos. los quatro messes {19} y a Vn agora paçande ocho· [] Paguen· deste Vino y harinas {20} derechoninguno {21} La guarniçion deste castillo· es de siento y sinquenta ynfantes. y {22} treinta artilleros. que no pueden· cubrir el. castillo· que es lar{23}go· que el· pedaço dela ysla que tienen· los quarteles. es ynpusible {24} ni los artilleros seruir la artelleria porque es mas {h. 2v} {1} si Viene· Como se a publicado· el· s<eñor> duque· de arburquerque· asu {2} ax<çelençia> Ya se uee· se le podra· fiar la dispoçiçion y proporçion desta {3} plassa y fuerça· para lo ordinario de alguna embiaçion intempesti{4}ba· Como todo lo demas. que se jusgare· Combenientes para la seguri{5}dad. de todas estas yndias pues no tienen otra defença {6} tambien 275 nesesitamos de carneçeria aparte que estamos pecha{7}docomo negros y mulatos. y peorsiendo soldadados y nobles. {8} que· los ministros desta caxa· pues lo son desta plaça y el {9} maior domo que· aqui paga el Rey nuestro s<eñor> della· podran {10} Cuidar desto- {11} No tiene est plaça mas q<ue> Vn. auitante y esse· sin sueldo {12} sea· de alferes· que· es lo preçisso o sea de sargentosuplico a V<uestra> m<erçed> {13} Por sedula· para q<ue>l Virrey o audiençia puedan. señalarselo y que io pueda nombrar· denas deste· ayudante· aotros {14} dos o tresporque· Concurren· Ordinariam<ente> asidentes y {15} cassos para que. son Menester. y Vn. sargento m<ayor> y Vn {16} alferes y Vn sargento q<ue> ai nomas· no pueden· faltar· ameter {17} y sacar sus guardias y quando se sierra el castillo_ a las diez {18} o onse de la noche que mas tarde ya no puede ser. aunque {19} mas se teman· los asidentes y efetos. de los montes y enunda {20}çiones somos pocos paradiuidirnos. Que son· los enemigos ordinarios q<ue> otro no ay {21} Señor mio Vn Yngeniero es aqui muy nesesario y Vn fun{22}didor y noalbañil ni carpintero ni armeroque destos. tres {23} ofiçios Vltimos ay en la çiudad grandes m<aest>ros y muchos. y {24} se aorra el Rey n<uest>ro s<eñor> dos mill. pessos q<ue> se lleuan estos tres {25} sin maiores daños. ala Real haçienda por sus inteligençias {h. 3r} {1} Por Vltima destas Verdades· y Verdad. Combeniente al seruiçio {2} del Rey n<uest>ro señor, deste puesto· benga soldado· no marinero {3} y soldadode flandes que sepa de la gerra defençiua de Vna {4} plaça, aun que· esta· no es sino Vna galereria sobre la mar {5} y puntas al ayre; y si el rey n<uest>ro señor dios le guarde· y su {6} Real. Consejo de las yndias· quieren Viuir [en [tachado]] sin el menor {7} escrupulo en lo que toca a esta plaça bueluanle· su nombra{8}m<iento> a los Virreis y Real. audiençia, porque ofiçio tan {9} encontrado· no le tiene· la· monarquia= lo que no susediera {10} dandole Veedor· aparte· pero que· asistiesse· en la Real caxa {11} para tener· mano· y sauiduria dela Real Haçienda {12} para los pagam<entos> y haçiendo al castellano· ynmedeato {13} aesse Real Consejo- Como- estala florida y otros ynfini{14} tos. puestos y ochosientos ducados· que se lleua el maiordo{15}moeran mejor para este· Veedor: y sugetoshallar a esse- {16} Real consejoque· consultar· asu Rey para· estas dispuçiçio{17}nes y sircunstançiasymportara- al mucho estrauio que aqui {18} passapero- que nose benefiçie el ofiçio de Veedor. que mucho<s> {19} Veedores y castellanos estoy conociendo yo· 276 xp<is>tianos y selosos {20} del seruiçio del Rey y desu haçienda y con esto tendra {21} el Rey n<uest>ro s<eñor>- yndias y para Rendir a lisboa· y tener {22} Vasallos quietos como ha dominado- a Barcelona de q<ue> {23} doi mill enora buenas· a V<uestra> m<erçed>- a q<uien>- dios g<uarde> como deçeo san j<uan> de {24} Villa· 21 de março de 1653 años [firma [mano 2]: D<on>. lor<en>z<o> de cord<oba> y zuñiga] 277 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Heterógrafo AGI: MEXICO,559 (1606) {h.1r}{1} Alonso Marquez Capitan de Infanteria española porel Rey n<uest>ro señor. y Cauo delas treze compañias {2} que vienen en barcadas en las galeras dela esquadra de Napoles: Hago fee. que conozco. a diego {3} fernandez corbera. seruir Asu Mag<estad>.desoldado. Cauo desquadra. y sargento de Mi comp<añia>. de tres. {4} años Aesta parte. Acudiendo siempre. conmucho cuydado. y dilijençia atodo lo que le hordene, ensu Real {5}seruiçio. Hallandose en todas las ocasiones. que en este tiempo. sean ofrezido. como fue el año pasado de. {6} 605. quando el Marques de sancta cruz. fue en leuante. y en la toma de la Natolia. el sarg<ento>. mayor {7} le hordeno. fuesse A Retirar la jente. questaua dentro en la tierra. por Venir cargando. la caballeria {8} de los turcos. lo qual hiço con mucha diligençia. y la Retiro antes quel enemigo llegasse. y en {9} este pressente. de 606. enel Viaje que el d<ic>ho. marq<ue>s. de sancta cruz hiço acorrer las yslas. y despues. {10} quando se fue A tomar la çiudad de duraço yua haçiendo ofiçio de ayudante de sarg<ento> mayor el d<ic>ho {11} sarg<ento>. diego. fernandez. corbera. hauiendo le yo nombrado para ello. por la horden que tengo del {12} s<eñor>. Conde de Venau<ente>. por ser hombre pratico. y concurrir en el las partes nezesarias para el d<ic>ho ofiçio {13} y alentrar en la d<ic>ha ciudad de durazo. Le Hordene fuese con cinq<uenta>. soldados. A cortar el puente. para {14} q<ue> los turcos. no pudiesen entrar. y auiendolo hecho. Torno a hazer se enbarcase el Artilleria q<ue> se {15} gano. en la d<ic>ha tierra. y acercandose los turcos Ala muralla. le Hordene lleuase Mosqueteria {16} y arcabuzeria Al casrillo. lo qual hiço con mucha presteza. y en Guarnezer las Murallas. y. {17} con horden del d<ic>ho Marques. de Sancta cruz. fue aclauar el Artilleria q<ue> no se pudo en barcas. {18} y Retirar. los cuerpos. de Guardia. y bolar las Muniçiones del Castillo. todo lo qual hizo {19} Muy A satisfacion del d<ic>ho marq<ue>s. y mia= y en la Thoma de la galeota en el cauo de colunas. {20} anduuo. como honrado. y particular soldado. es hombre mucho seruiçio. y que mereze {21} que su M<agestad>. le honrre. y Haga m<e>r<çe>d. Porque se estara en el bien empleada. la que fuere {22} seruido. de hazerle: y Para q<ue> dello. conste. y asu pedimiento. le di la presente. firmada {23} de Minombre. y sellada con el sello. de mis Armas. fecho en mizina. a 15. de septiembre {24} de 1606. 278 [sello de lacre] [firma [mano 2]: Al<onso> marquez] 279 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Heterógrafo AGI: PANAMA,147 (1653) {h.1r}[encabezado: Señor] {1} Desando cumplir con las obligaciones de mi sangre y puesto con{2} que v<uestra>. M<agestad>. me a onrrado y que se entienda. acudo siempre ala {3} conseuaçion paz Y quietud. deste Reyno doy quenta a V<uestra> M<a>g<estad> {4} de como. estando. dispuesto y mandado. quel Gouierno delo {5} militar deste Reyno este a cargo de soldado en Vacante de Cap<itan> {6} General y no de letrado inhiuiendo del aesta Audiencia, y {7} hordenando al Birrey del Peru Tenga hecho nombramiento {8} alternatiuamente. en tres personas. gui ay Pliego Cerrado. {9} enel Acuerdo della. Como lo tubo. y se rreconoce por el testim<onio> de {10} su carta q<ue> ua con esta)_ De mas que auiendo el cap<itan> Gen<eral>. Bajado. {11} a Portouelo al despacho de los galeones donde fallecio auian pues {12} dado· a mi cargo las Armas por su ausencia_ como otras Veces. Y {13} estando las· gouernando luego q<ue> se supo su muerte en esta Ciud<ad> {14} Los. Oydores dijeron. queno auia pliego del Birrey por aduo{15}carse en si esta jurisdiçion aun que es çierto lo auia yyo [sic] enel {16} y aunque se juntaron en su Acuerdo y me llamaron. a el un don Gabriel {17} Martinez de sala su secret<ario> fue cautelosamentepues auiendo ydo. lo {18} halle cerrado) y por autos que depues se me notificaron pareçe que {19} auian resuelto quel Oydor mas antigui tratase de que yo estubiese {20} asu Orden, a que hize protestas, Diziendo, que como Sarjento {21} Mayor deste Reyno estaua Gouernando las Armas del ligitima{22}mente. que se guardan la firma y V<uestra> M<agestad>. tenia dada. Viendose el Pliego del {23} Birrey questan en el Archiuo desu Acuerdo·, Y auiendose enten{24}dido. D<o>n. Luis de losada. Oydor mas antiguo mando llamar. {h.1v}{1} aun Cap<itan> P leua y a sus ofiçiales questauan leuantando para tres {2} castillos de Portouello y Chagre y al Alferez y sarjento dela compañia del {3} Cap<itan D<on>. Mig<uel> dela redonda una deste presidio. a quienes preguntaua {4} a quien. obedecian, si ala R<eal>. Audi<encia>. O sial sarjento Mayor., Yg{5}norando. tan perjudicial pregunta respondieron a su Paladar.;= {6}Daños que entendia. Prouisiones en Vez<inos> a personas sin seruiçios ni {7} experiençia militar. mandandoles que no obedeçiesen mis ordenes {8} a los. ofiçiales del sueldo que no despachasen ni pagasen sin orden ni decreto {9} suyo, imbiandolas tambien al cuerpo de guardia. y alos de mas puestos {10} intitulandose 280 Cap<itan> General Proueiendo Plaças. Y offi<çios>, y youiendo {11} la grauedad y tomulto tan Vezino, Cediendo demi derecho. me tolere {12} p<r>euiniendo el desseruiçio quese haria a V<uestra> M<agestad>) Que ami en{13}tender asido. el mayor seruiçio que e hecho a V<uestra> M<agestad>) en quarenta Años {14} que á. que siruo,= Esta causa pide remedio y espero dela benignidad de V<uesta>. M<agestad>. {15} sera como contra personas. faltas de experiençia militar y que tendran los {16} Sarjentos Mayores horden delo quean de obseruar en semejantes ocasiones, supuso {17} que la R<eal> audi<ençia>. falta en las que tiene funcion= Tambien se ofreçe {18} que se dan zitados de sarjentos; mayores ocupando otras de ay se{19}dantes· Con dos placas eneste Presidio. acada uno Y enel de Porto{20}belo. Y con otras quese sacan para diferentes partes queda indefensa esta {21} çiudad y los sarjentos Mayores. Dagnificada en la m<erçed> q<ue> {22} V<uestra> M<agestad>. les haze Y sin premio los Alferez. quese reforman Con las prouisiones que e Referido.| Y como eneste Presidio no tienen {23} Reformaçiones. Se uan_ Y uienen Preçiso leuantar Jente para {24} guarneçellos y no solo deue estar en defensa para los enemigos q<ue> in{25}tentasen. infestar estas plaças por la mar del Sur. y la del Norte {26} quanto de los esclauos familiares. y otros fuxitiuos q<ue> se tiene {27} por çierto pasa de Diez mill el numero dellos./ Asimesmo tengo {28} en mi casa el quartel demi compañia por auerse dado alos Cap<itanes> {29} dela Artilleria pasa su alojamiento y almajalenes de pel{h.2r}{1}trechos y muniçiones. el que tenia Y an el gasto. de mas de {2} quatroçientos pessos quetengo. para poder tener las Armas listas {3} y la Ynfanteria. me hallo imposibilitado. para mi sustento {4} p<ara> los gastos exesiuos. en los preçios de los Mantenimientos {5} siendo asiq<ue> en los demas presidios tiene V<uestra>. M<agestad>. mandado {6} se les de casa a los sarjentos Mayores. en cuya consi{7}deraçion.) Supp<lico> NO Me Mande {8} se haga Conmigo lo que con el Sarjento may<or> {9} de Cartajena) G<uar>de Dios. La Sesarea, {10} Catholica. R<eal> P<ersona> V<uestra> M<agestad>. Como la {11} Cristiandad a menester., Panama y Hen<ero> 16. de 1653 [Criado de V<uestra> mag<estad>] [firma con rúbrica [mano 2]: don juan de Vargas Machuca] 281 Siglo Categoría Signatura XVII Ciudadano. Heterógrafo AGI: SANTO_DOMINGO,414, I (1680) {h. 1r} {1} El. Capp<itan> Don Diego de Pedroso. en la caussa que sigo {2} Contra D<oña> Ysauel Lusia Caluo Y chacon Viuda muger que {3} fue del Liz<enciado> D<on> Ana<stasio> ortiz de Matienso Cau<allero> dela orden de {4} santiago then<iente> y auditor y que fue desta çiu<dad>, de Demanda {5} contra sus bienes por los daños y Perjuisios que causso{6} en mis haciendas de Campo, Y lo demas, respondiendo al {7} traslado que se me dio de vn escripto de la d<ic>ha D<oña> Ysauel {8} Lusia, por si y como tutora y Curadora de sus hijos menores {9} Enque concluye que sea de declarar no hauer lugar de {10} admitirse los Capitulos que dice he puesto contra el d<ic>ho su {11} marido ni estar obligada a responder a ellos, por no redu{12} sirse a cohechos ni baraterias, Y que en caso que aya lugar {13} afianze la Calumnia, Como mas en particular se contiene {14} en d<ic>ho escripto que es por repetido; y ael satisfasiendo {15} de Justisia v<uastra> m<arce>d. â y deue mandar responda, a d<ic>ho mi es{16} cripto derechamente sin estar yo obligado â afianzar este {17} Juicio por lo que delos autos resulta en mi fauor y en el sig<uiente>- {18} Lo otro; porque segun el hecho dedusido y propuesto en mi pri{19} mer escripto. es vna demanda a sus bienes, por las caussas {20} y rassones en el expressadas. por el daño perdida y per{21} juicio. que me hiso siendo actualmente theniente Gen<eral>. {22} desta Ciudad Y con la mano de tal, Y Poderoso, me hisso {23} las bejaciones y estaciones que tengo representadas en d<icho> {24} escripto, y en justificasion dellas pressente la Ymform<acion> {25} que consta delos autos Y estos no son Capitulos que miran {26} directa mente, ala Perssona, sino alos bienes que son {h. 1v} {1} Los que an de ser condenados como lo tengo pedido {2} y assi no me obsta la R<eal> de contrario trayda porque {3} en los Juisios de residençia las demandas siempre {4} se visten de querella y palabras Criminosas para {5} explicar la ynjuria o agrauio padesido del que pre{6} tende ressarsirlo, por medio de d<ic>ho juisio, que es para {7} lo que se ponen los edictos, Y assi la fianza que se pide {8} es sin fundamento. Porque no trato de Calumniar al {9} d<ic>ho Don Antt<onio> ortiz de Matienzo difunto, sino que {10} sus herederos estan obligados a pagarme los Daños {11} queme Causso su Padre porque Contra ellos passa la acion {12} por ser pecuniaria mi demanda, Y no Criminal ni ca{13} lumniosa, aunque se diga algunas 288 Siglo Categoría Signatura XVII Bajo Clero AGI: GUATEMALA,178 (1666) {h 1r} [encabezado: Señor] {1} La de V<uestra> M<a>g<esta>d de 18 de octubre. en que {2} meda auiso, dela muerte demi Rey {3} y S<eñor>. que en gloria este, aunque causo en {4} mi, el dolor que pedia. la perdida de {5} tan gran monarca, me consolo bolber {6} los ojos, alos grandes veneficios que hiso {7} a dios, y a su sanctiss<ima> M<adre>. en su vida {8} y a los disposiciones sanctos que tubo {9} en su muerte, para creer. que gosara {10} de los descansos eternos: con el amor {11} de fiel basallo. dispuse los sufra {12} gios. que con toda pompa funeral {13} y demostrasiones de sentimiento {14} selebraron todos los conu<entos> de mi {15} prouy<ncia>. y acabada esta funsion: en {16} cada conu<ento> hise selebrar un dia {17} de fiesta. en hasiemiento de gras<ias> {18} por la salud de mi Rey. el S<eñor>. don {19} carlos. y de V<uest>ra Mag<esta>d. por auer nos {20} la dado dios por n<uest>ra Reyna. cu {21} io sancto selo, Reluse en las notisias {22} que an llegado aestas partes, desus {23} asiertos: sea engloria de dios, y {24} amparo dela monarquia. no solo {h 1v} {1} Señora. puse con todo Rendimiento. {2} estos preseptos. en la execucion de {3} mi obediensia, sino que con afecto {4} entrañable. quedo juntando. un dona {5} tibo. conque serbir a v<uest>ra Mag<esta>d. para {6} auida adefender n<uest>ra s<anc>ta fe. y ojala {6} pudiera io medir mis obras. con mi {7} deseo. que ningun basallo. me aben {8} tajara en la ocasion: guarde dios {9} V<uest>ra Mag<esta>d mil años. guatemala {10} y julio 8 de 1666 [despedida: De V<uestra Mag<estad> basallo y capellan {12} que sus Reales pies besa] [firma con rúbrica: fray fran<cisco> de tores | prouiy<ncial> de la mer<ce>d] 289 Siglo Categoría Signatura XVII Bajo Clero AGI: GUATEMALA,178 (1654) {h 1r} [encabezado: M<uy>. P<obderoso>. S<eñor>. y sancta Mag<estad>.] {1} fray Iyaçintho de Carcamo Predicador general y Prior Prouin {2} cial actual desta Prouincia de San Vicente de Chiapa y Guate {3} mala conosciendo el desseo y cuidado que V<uestra>. R<eal>. Mag<estad>. tiene en {4} premiar los Vassallos benemeritos contra atension al seruicio de {5} los dos Magestades atendiendo ala obligacion de mi offiçio {6} como Pastor y Ministro destas Prouincias, mirando por los incre {7} mentos de las Almas, y educasion de los naturales destas par {8} tes Vassallos de V<uestra>. Mag<estad>. passando como lo aconstumbro ala Vis {9} sita deste Conuento de mi P<adre> S<ancto> Domingo de coban con par {10} ticular atencion y cuidado que tube; halle grande fruto en las cossas espi {11} rituales, quietud y vniformidad, entre los indios de toda esta jurisdi {12} cion y Alcaldia mayor de la Verapaz que la gobierna (sin {13} haçer agrauio alos mas interessados enel seruisio de V<uestra>. Mag<estad>.) {14} Vno de los caualleros mas afable christiano, y entendido que {15} sirbe a V<uestra>. Mag<estad>. en estas partes llamado el capp<ietan>. D<on>. Bartolo<me> {16} Hory persona que guarda los apices de las ordenanças y cedulas {17} Reales sin quebrantar en nada el juramento que hacen los {18} Ministros de V<uestra>. Mag<estad>. en el R<eal> Consejo. lo mucho que fauoreçe a los {19} yndios, y defiende, y socorre es realce muy notorio en estas partes {20} por lo qual, y por informes demi Prior de este conuento y de los {21} subditos de el que administran en los ydiomas naturales que aqui {22} firman= Poresto informo a V<uestra>. Mag<estad>. como es digno dicho capp<itan>. {23} D<on>. Bart<o>l<ome>. Hory Alcalde Mayor de esta Prouinçia y thenien {24} te de capp<itan>. g<eneral>. por V<uestra>. Mag<estad>. enella; de qualquier merçed y pre {25} mio que V<uestra>. Mag<estad>. se haga, y benemerito para qualquier ascenso {26} y que descargara su conciencia V<uestra>. Mag<estad>. Con promober a Vassallos {27} desta calidad a cosas mayores para seruisio de la R<eal> Corona {28} que prospere N<uestro> S<eñor>. eternidades en lazos de Paz con la {29} Reyna N<uestra>. S<eñora>. que Dios g<uarde>. ba de S<anto> Domingo de Coban {30} en 20 de maio de 1654 Años= 290 {h 1v} [firma con rúbrica [mano 2]: Fr<ay> Iyacintho de car | camo. P<rior>. P<rouincial>] [firma con rúbrica [mano 3]: fr<ay> Andres de la touilla | p<rior> y Predicador g<ene>r<a>l] [firma con rúbrica [mano 4]: fr<ay> gaspar de Armas] [firma con rúbrica [mano 5]: fr<ay> Bas<ilio> Mu<ñoz> de riuero | pre<dicador>] [firma con rúbrica [mano 6]: f<ray>. Manuel de Miranda | notario y compañero-] [firma con rúbrica [mano 7]: f<ray> juan de ochoa | de ozanor] [firma con rúbrica [mano 1]: fr<ay>. Phelippe | Salguero] [firma con rúbrica [mano 2]: fr<ay> Matheo | Martinez] [firma con rúbrica [mano 2]: fr<ay>. Joan de praur *] 291 Siglo Categoría Signatura XVII Bajo Clero AGI: GUATEMALA,178 (1648) {h 1r} [papel timbrado: [Escudo] Un real | Sello tercero, vn real, años | de mil y seiscientos y qva | renta y qvatro, qvarenta | y cinco, y qvarenta y seis.] [encabezado: Mui poderoso señor.] {1} Gabriel del castillo V<uest>ro Benefficiado en {2} los pueblos de Axuterique y Teramani y {3} otros enesta prouincia de Honduras de {4} V<uest>r<a> R<eal>. corona informando a V<uestra>. Mag<estad>. cerca {5} dela pretensionintentada en v<uest>ro. Real {6} consejo de las yndias por el abildo eclesias {7} tico desta ciudad de comaiagua pidien {8} do seles debueluan quatro pueblos delos {9} que asi soi benefficiado canonicamente {10} para lo qual an alegado los tuuieron {11} muchos años en tal administracion {12} con titulos de curas porq<ue> por la poca {13} congrua que tenian, seles auian aiu {14} dicado para ayuda aella: Y que V<uest>ro. {15} presidente les a hecho un Benefficio; con {16} que no se pueden sustentar; ni los preben {17} dados que V<uestra>. M<agestad>. presenta aesta iglesia, {18} quieren venir; y Lo mas que alegaron: {19} Aque V<uestra>. Mag<estad>. fue seruido de mandar {20} librar su Real cedula para que le infor {21} men su presidente y oidores, lo que enesto {22} ay. Y yo como Benefficiado que soi {23} en tales pueblos acudiendo ala obliga {24} cion que tengo, por lo que toca a la Ma {25} gestad diuina y al descargo de V<uest>ra. {26} Real conciençia, digo q<ue> lo informado {27} por dicho cabildo es con pretexto de {28} que se les debuelvan los dichos pueblos {29} solo atendiendo a sus comodidades y {30} seruirse de los yndios en sus haziendas {31} con mano poderosa; como lo hazian quan {32} do eran tales curas y prebendados= lo {33} primero por v<uest>ros. Reales estatutos esta {34} prohibido que lo puedan ser, y mientras {35} lo fueron {h 1v} {1} los tales prebendados no acudieron con {2} puntualidad ala obligaçion que como tales {3} tienen de coro y horas canonicas; y yo {4} como hombre asistente muchos años {5} enesta iglesia la ui muchas ueçes sin {6} prebendado q<ue> a ella asistiese el tiempo {7} que administraban dichos pueblos= {8} y para la verificacion de que se seruian {9} de dichos yndios con la tal mano; el {10} Dean desta iglesia don Pedro [sello: 1647 | 1648] {11} uarela fundo una quan {12} tiosa hazienda de azucar {13} un quarto de legua del pueblo {14} que administraua con el trabajo de 292 {15} los yndios del= Las quales haziendas {16} por el incessante que en ellas se conoce, {17} deque a resultado mucho menos cabo en {18} los yndios de nueua españa y esta {19} prouincia; ay prematica sobre que en {20} ellas no puedan trabajar los tales yn {21} dios, y para su obseruacion son uisita {22} dos de u<uest>ras . justicias a menudo; y {23} esta no lo puede ser por ser persona {24} esempta el dicho Dean= La congrua {25} señor que tienen los prebendados {26} desta iglesia; es suficiente pues con {27} ella acaudalan gruesa de Hazienda {28} que fuera delos docientos pesos q<ue> {29} tienen de U<est>ra caxa tiene cada uno {30} dellos quinientos pessos de capella {31} nias q<ue> ai dedicadas para que las {32} siruan como lo hazen y esta tierra tan barata {33} de todo q<ue> con solos los doçien {34} tos pessos tienen sufficiente= Pues {35} en otras mas costosas como son el {36} obispado de Guadalaxara en nue {37} ua españa y Leon de Nicaragua en {38} esta prouincia; no tienen armas delos {39} docientos pessos de U<uest>ra . caxa: Y es {40} bien uisto q<ue> si se asentase exemplar {41} de q<ue> los prebendados deeste obispado {42} tuuiesen pueblos en administra {43} cion y curato; pretendieran los de {44} dichos dos obispados y otros; te {45} nerlos, cosa tan incompatible y {46} de U<uest>ro. deseruicio= Pues por v<uest>ras. {47} Reales ordenanças atendiendo ala {48} conseruacion de los yndios esta man {49} dado que en un Beneffiçio aya quatro {50} çientos yndios para que entretodos {h 2r}{1} sustenten y de el seruiçio necessario {2} al cura: y porque en algunas partes se {3} paradas, no ay la tal cantidad y los {4} yndios no deben estar sin ministro, {5} esta por U<uest>ra. Mag<estad>. mandado que don {6} de no ay mas de doçientos poco mas {7} o menos, no den mas q<ue> la mitad de lo {8} neçessario a tal cura; que es lo que pasa {9} enete Benefficio. porque todos los {10} quatro pueblos q<ue> administraban {11} dichos prebendados y otro mas q<ue> {12} a ellos se agre [sello: 1647 | 1648] gó, no tienen {13} docientos yndios; como {14} podrian sustentar qua {15} tro curas aunque fuera a media {16} racion? pues para dar media todos {17} quantos segun u<est>ra. Real ordenança {18} no son suficientes? demas de que dos {19} delos dichos pueblos estan distantes {20} dela ciudad tres leguas y un Riao de {21} por medio que en iuierno es mui cau {22} daloso y Rapido; y mal podria un {23} prebendado acudir alos sacramentos {24} y administracion detales pueblos {25} menos que faltando en el todo ala obli {26} gacion y asistencia de horas canonicas {27} y culto diuino en su catedral en que {28} U<uestra>. Ma<gestad>. tiene puesto 293 tan grande suelo {29} q<ue> la disimulacion que haria en que {30} los tales prebendados huuiesen {31} administrado dichos pueblos fue {32} por que no estaua asentado v<uest>ro. Pa {33} tronazgo, Y despues que lo estuuo, {34} no ubo la noticia de inconuenientes {35} q<ue> aqui refiero: y teniendola; U<uest>ro {36} presidente y oidores ainstançia y {37} pedimiento de V<uest>ro . fiscal açer {38} dieron al reparo con hazerlo Benefficio: {39} con q<ue> los prebendados en su ministerio {40} y Yo como Beneffiçiado en mi officio, sera {41} n<uest>ro s<eñor> mui seruido y la conciencia de {42} U<uestra>. Ma<gestad>. descargada q<ue> en este caso man {43} dara lo que mas fuere desu Real seruiçio. {44} a quien guarde Dios largos años con aug {45} mento de mayores Reynos y señorios. [firma y rúbrica: Gabriel del castillo] 294 2.4. Documentos cuyo autor pertenece a la alta jerarquía eclesiástica Siglo Categoría Signatura XVII Alto Clero AGI: GUATEMALA,178 (1647) {h 1r} [encabezado: Señor] {1} Alos 20 de Mayo de 647., me presento el procurador Gen<era>l {2} de la orden de s<an> francisco, desta Ciudad, y Prou<incia>. de Guat<emala>., vna Cedula {3} de V<uestra>. M<a>g<estad>. de 16 de Abril del año pasado de 1645., Con relacion de q<ue> {4} f<ray> thomas de Coto, de la d<ic>ha orden, y Procurador que fue della, hauia {5} informado a V<uestra>. M<a>g<estad>. en su R<eal> Consejo de las Indias, de que no hauia ay {6}necessidad, en esta d<ic>ha Ciudad, de Guat<emala>. de la Parrochia de n<uest>ra señora {7} de los Remedios, ni el Cura della tenia con que sustentarse, y que {8} quitaua al conv<ento>. de s<ant> francisco, las limosnas, y Missas, y de que se les {9} seguia grande perjuicio, y a la Capilla, y Varrio de los Indios, que {10} administran los Religiosos del d<ic>ho conv<ento>.; Porque el d<ic>ho Cura ad {11} ministra los s<anctos>. sacramentos, a los que no eran ses feligreses {12} lleuandoles los derechos, que no le eran debidos, de que se seguian pleito, {13} y discordias, occurriendo con ellos al ordinario, y a la R<eal> Audiencia {14} y que la d<ic>ha Iglesia, no tenia la decencia debida, para el culto diuino. {15} Supliando a V<uestra>. M<a>g<estad>. mandase suspende la d<ic>ha Parochia, y quitar {16} el Cura della, en cuia Raçon se sirue V<uestra>. M<a>g<estad>. mandarme, le informe {17} Con mi parecer, quando se exigio en esta d<ic>ha Ciudad la d<ic>ha Parochia {18} Conque lisencia, la necessidad, que ay della, que inconvenientes, ô con {19} veniencias, se han seguido de su fundaçion, y si fue cierta la relaçion {20} que hizo el d<ic>ho fr<ay> thomas de Coto; para que visto todo en el d<ic>ho R<eal> {21} Consejo, se prouea, y mande lo que fuere mas comueniente. {22} E auiendo obedecido la d<ic>ha R<eal> Cedula, con el acatamiento debido, y {23} poniendo en execusion, lo que V<uestra>. M<a>g<estad>.me manda, vi de todos los {24} autos, que ay en esta razon, y consta por ellos: Que el Pres<idente>. desta {25} R<eal> Audiencia Marques de Lorenzana, Juntamente con el R<everendo> Ob<is>po {26} D<on>. Augustin de Vgarte saravia mi antecessor; 295 erigieron, y funda {27} ron en esta d<ic>ha Ciudad de Guatemala, en la Iglesia Parochial, la {28} Hermita de n<uest>ra s<eñora>. de los Remedios, en 18 de Abril del año passado {29} de 1641, en virtud de dos R<eales> Cedulas de V<uestra>. M<a>g<estad>.despachadas al {30} Pres<idente>, que entonces era, desta R<eal> Audiencia, y al Ob<is>po desta Ciudad {31} el año de 1594, para que siendo necessaria, erigiessen, y fundassen {32} la d<ic>ha Parochia, y le aplicassen algunos Indios, que estan juntos {33} ala di<cha> Hermita, y los administran los Religiosos de s<ant> francisco. {34} y hauiendolo communicado el d<ic>ho Ob<is>po con el Presidente, con su acu {35} erdo y parecer, mando ver todos los Varrios cercanos a la d<ic>ha hermita {36} y lo que se le podria señalar de Territorio, haciendo la Parochia, y para {37} ello, nombro por comissarios, aun canonigo, y aun Cura desta Iglesia {38} de Guatemala, dandoles, Comision vastante para todo, en virtud {39} de la qual, hiçieron las diligencias necessarias, y señalaron {h 1v}{1} linderos, para la d<ic>ha Parochia, y juntamente dixeron, que se le po {2} dian dar, por feligreses, los españoles, Mestizos, Mulatos, negros {3} e Indios nauorios, que uiuen en la Ciudad vieja de Almolonga {4} que dista vna legua poco mas, o menos, de la nueua de Guat<emala>, y es {5} doctrina, y administracion de los d<ic>hos Religiosos de s<ant> francisco {6} dejando de señalarles, por feligreses, los Yndios cercanos a la d<ic>ha her {7} mita, como V<uestra>. M<a>g<estad>. lo mandaua, en las d<ic>has R<eales> Cedulas. {8} Y vistas las d<ic>has diligencias, y pareçer, de los dos Comisarios, el d<ic>ho Ob<is>po mi anteçessor, mando, se erigiesse, y fundase la d<ic>ha Parochia de n<uest>ra {9} señora de los Remedios, sin embargo de la contradiccion que hizo, otro {10} Cura del sagrario de la Cathedral, y que los autos se lleuassen al d<ic>ho {11} Pres<idente>. para que los viesse, y sise conformase con el, se hiziesse la d<ic>ha {12} erecçion, y se pusiessen edictos en la forma acostumbrada, para {13} proveher Cura Rector en la d<ic>ha Parochia, conforme al R<eal>. Patronaz {14} go= y hauiendolos visto el d<ic>ho Ob<is>po, y que pusiesse edictos, para la pro {15} vission del d<ic>ho curato, en cuia conformidad, erigio con effecto {16} la d<ic>ha Parochia de n<uest>ra señora de los Remedios, y puso edicto, para {17} proueherla de Cura Rector, y en el termino señalado en el se opuso {18} el P<adre>. Francisco de Perea Presbyt<ero>., que antes tenia a cargo la d<ic>ha {19} hermita, que siendo examinado, y aprobado, le nombro en la {20} nomina al d<ic>ho 296 Pres<idente>, el qual le eligio, y presento en nombre {21} de V<uestra>. M<a>g<estad>, para Cura Rector de la d<ic>ha Iglesia Parochial de {22} n<uest>ra S<eñora> de los Remedios, dandole el nombram<iento>. y despacho en {23} la forma acostumbrada, en virtud del qual el d<ic>ho Ob<is>po, le hizo {24} Colaçion, y canonica institucion del d<ic>ho Curato, mandandole dar {25} titulo en forma del, y la posess<ion>. conforme a derecho, la qual tomo {26} quieta, y pacifica mente, sin contradicion alguna, en seis dias del {27} mes de Mayo del d<ic>ho año de 1641 como constara a V<uestra>. M<a>g<estad>. {28} por el testimonio, que con esta remito del d<ic>ho titulo, en que {29} estan incertas las d<ic>has Parochias, señalandole las Calles, en cuia virtud, se erigio, y {30} fundo la d<ic>ha Parochia, señalandole las calles, y linderos, que los {31} d<ic>hos Comissarios hauian referido en su pareçer, y por feligreses {32} los vezinos, estantes, y hauitantes en ellos, sin hazer mencion en {33} el d<ic>ho titulo, ni declarar, si se comprehendian en ellos los españoles, Mestizos, Mulatos, Negros, e Indios Nauorios de la d<ic>ha {34} Ciudad vieja de Almalonga-. {35} Y despues de algun tiempo el d<ic>ho Cura Francisco de Perea, Pretendio q<ue> {36} le pertenecian en virtud del d<ic>ho sutitulo; porque siempre hauian {37} pertenecido a los Curas del sagrario de la Cathedral, cuio dere {38} cho le estaua subrrogado, sobre q<ue> huuo pleyto contencioso, ante {39} el Prou<incial>. desta Ciudad, en sede vacante, entre el d<ic>ho Cura, y los {40} d<ic>hos Religiossos de s<ant>. francisco. Por hauer mandado, el d<ic>ho Prou<incial>. {41} Consensuras, a ciertos vezinos, españoles de la Ciudad vieja, que {42} no se casasen, ni velassen, sino fuesse por mano del d<ic>ho Cura de los [margen inferior: Remedios] {h 2r} {1} Remedios, como su propio Parocho, de que los d<ic>hos Religiosos {2} se agrauiaron, y appellaron, protestando el R<eal> Auxilio de la {3} fuerza, y hecha Relacion de los autos en la Audiencia, declara {4} ron, que la hacia el Prou<incial>. el queal les otrogo la apellaçion para {5} el Metropolitano de Mex<ico>, señalandolos termino para sacar los {6} autos, y seguir la d<ic>ha apelacion; pero, no los sacaron, ni la sigui {7} eron, y en este estado se quedo el d<ic>ho pleito; sin que por ninguna {8} delas partes se haya proseguido, como consta de los autos del, {9} que he visto con cuidado-. {10} La erecçion de la d<ic>ha Parochia es sin duda, q<ue> fue y es muy {11} necessaria, en esta Ciudad, como informaron a V<uestra>. M<a>g<estad> los 297 {12} R<euerendos. Ob<is>pos mis Antecessores, por la gran distancia, que ay {13} de la Cathedral, a los barrios donde se fundo, Y si se huuiera {14} guardado la forma de las d<ic>has R<eales> Cedulas, agregandole los {15} Yndios circunuecinvecinos a la d<ic>ha Hermita, quedara bien for {16} mada, y se huuieran escusado pleytos; pero segun he enten {17} dido de personas granes y de toda satisfaçion, no quisieron {18} disgustar a los Religiosos, quitandoles, algunos pueblos {19} e los de muy poca importancia, que estan en circunferencia {20} de la d<ic>ha hermita, y no les hazen falta, teniendo tantos, {21} y tan grandes, que administran en todo este Ob<is>p<a>do- {22} Y lo que siento en Dios, y en mi conciencia, como quien tiene la {23} cossa pendiente es, que el d<ic>ho Cura de los Remedios (aunq<ue> {24} tan diligente, y cuidadoso) no puede administrar a los feligre {25} sesde la d<ic>ha Ciudad vieja, con la puntualidad, que conuiene, {26} por la longitud, y descommodidades del camino, y en espe {27} cial en tiempo de aguas, y estos tienen alli los Religiosos {28} que los administren, y en lo Jurisdicional, acudiran ami {29} Audiencia Ob<is>pal. Pero sera muy conveniente, que el d<ic>ho {30} Cura administre los Indios, circonuecinos a la d<ic>ha Parochia {31} incorporandolos en ella, y su Jurisdicion, que son los siguientes. [margen izquierdo: Visitas de Yndios, circunvez<inos>. | a la Parochia de los Remedios] {32} Los de Varrio, y Milpas de s<ancta>. Cruz, que estan dentro de la d<ic>ha {33} Parochia-. {34} El pueblo, y Milpa de s<ancta> Anna, que la diuide de la d<ic>ha Parochia {35} sola vna Calle que esta de por medio-. {36} La Milpa de s<ant>. Gaspar Bibar, que dista seis quadras- {37} La Milpa de s<ancta>. Cathalina Bobadilla, que dista ocho quadras, y {38} estos quatro Pueblesuelos, administra el Conv<ento>. de s<ancto>. Domingo {39} de Guatemala-. {40} El Conv<ento> de s<ant> francisco de la d<ic>ha ciudad administra los siguien>tes> {41} El Varrio del d<ic>ho Conv<ento>., que esta dentro de la d<ic>ha Parochia, {42} y es el que mas conuiene q<ue> se le agregue-. {43} la Milpa de s<ancta> Ysabel, que dista dos quadras-. 304 Siglo Categoría Signatura XVII Alto Clero AGI: SANTA_FE,226,N.81 (1602) {h 1r} [encabezado: Señor] {1} Luego que llegue aeste Arçobispado escrebi a V<uestra>. Mag<estad>. {2} en Razon de algunas cossas ymportantes al descargo desu Real {3} consciençia, y vna dellas fue avisar a V<uestra>. Mag<estad>. La neçessidad q<ue> {4} este Reyno tenia, que enel sepusiesse el tribunal dela Inqui {5} si<çion>. que como Prelado que procure por la obligacion demi officio, sa {6} ber los delictos y eçessos en que se offendia Dios, balle tantos y {7} tanta deprauaçion en la Voluntad de muchas gentes deste {8} Reyno queme obligo aduertir del Remedio para que çessasen {9} y Dios fuesse seruido y no offendido *y n*o supe deotro mas que {10} elque Represente, y ahora q<ue> teniendo la cossa pres<ente>. Y ex {11} periençia de tres annos mas, quea Vine aqui, Veo quanto con {12} uiene q<ue> V<uestra>. Mag<estad>. se sirua de tomar tan xp<ist>iana y preçissa {13} Resoluçion, que segun los peccados en todo genero de viçios {14} y abominaçiones cresçen cada dia, y el habito de cometerlo sse {15} continua, temo gran Ruina y error enel entendimiento de {16} los que los cometen, con que se perfiçionan las heregias, demas {17} deque como Ynquis<idor>. que fue en Mexico adonde castigue {18} gran summa de Portugueses. por la obseruançia y Guarda de {19} la ley muerta de Moyssen, puedo affirmar por lo queen {20} tonçes entendi, no estar esta tierra adonde ay muchos Portu {21} gueses libre desta enfermedad, que por ser tan contagiosa Y en {22} daño de n<uest>ra sancta fee catholica y Religion xp<ist>iana con {23} uendria curarla con el cauterio riguroso de la Inquis<içion>. porque {24} no cunda como el cançer y aunque este Reyno y las Prouinçias {h 1v} {1} a el annexas caen enel districto dela Inquis<içion>. del Piru {2} como es tanta ña distançia, que son por Vna parte mas de {3} quinientas leguas, y por otra mas de seteçientas las que distan {4} del Piru, no se puede satisfazer alos negoçios que se offresçen {5} que todos los mas, nose deduzen en juizio, porque los delatores {6} considerando el poco secreto, y Recato delos ministros quela {7} dicha Ynquis<icion> tiene enestas partes como tan lexos desus {8} superiores (porel mal que dello seles puede seguir) no quieren {9} denunçiar, y tambien porque veen, que primero que dela Inq<isicion>. {10} se provee el Remedio, quando van aella las denunçiaçiones, Ya {11} los Reos sean huido, y absentado, Y no [Document text truncated for crawler view.]