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Manolo Vázquez interpretado por la prensa de su época

Gil González, Juan Carlos

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 22, Se illa, 2006, págs. 37-57 MANOLO VÁZQUEZ INTERPRETADO POR LA PRENSA DE SU ÉPOCA Juan Ca los Gil González* I.- INTRODUCCIÓN: EL CRONISTA DE TOROS, UNA TRÍADA DE SABERES l g an abajo de la p ensa en un sen ido amplio es p o undiza en las ans o maciones que los hechos p o ocan en el homb e, conside ado como indi iduo o como colec i idad. (Da a a, 1991: 1.106) La in e - p e ación que o ecen los pe iódicos pe mi e desci a y com- p ende , po medio del lenguaje, la ealidad de las cosas que nos ci cundan y a ec an di ec a o indi ec amen e. En es e sen ido, la a ea de la c í ica, ese sac amen o de an di ícil adminis ación, como sen enció O ega y Gasse , eside en incula los ma ices singula es de la ob a en sí con las ca ac e ís icas gene ales de un mo imien o a ís ico, en juzga azonadamen e dicho p oceso y en ponde a con sob ada in eligencia en o no a las i udes y desacie os de ese p oceso dialéc ico y comunica i o que oda labo humana lle a consigo. Desde un ámbi o más pa icula , el pe iodismo au ino, po esencia, se basa en el enjuiciamien o de una composición de ma i- ces en mo imien os que no se e de o ma du ade a, po lo que exige p edisposición de la men e pa a que pueda imp egna se en E *P o eso de la asigna u a cu icula “To os, Sociedad y Pe iodismo” en la Facul ad de Comunicación de la Uni e sidad de Se illa. Juan Ca los Gil González 38 la memo ia del que la p esencia. Inexo ablemen e, lo ocu ido en el uedo no uel e a epe i se, pasa ugaz y sin a isbos de posible de ención. La e ónica excelsa, mecida desde el inicio de la embes ida y inalizada has a el lími e que imponen los b azos y la cin u a, subsis e apenas unos segundos. El mule azo más len o es un e e y no e e, pe ecede o po esencia y caduco po necesi- dad. El momen o culminan e de la en ega humana que acude e - iginosa a queb a los ins in os de la a ilada mue e anscu e en apenas décimas de segundos. En esos milimé icos ins an es se dilucida g an pa e de los sec e os de la Tau omaquia. Con es os mimb es an dispa es y a la ez incon undibles, el c onis a de o os debe ansc ibi las elucub aciones y sensa- ciones que p o oca la con emplación de la ob a en mensaje explica i o y comp ensible pa a los que no han asis ido a la plaza de o os. En és e deben descolla los concep os que mejo exhiban el undamen o de las aenas, los pasajes que ayuden a pe cibi el e dade o sen ido de lo sucedido en la a ena más pública y democ á ica de los espec áculos ac uales. En una c ó- nica debe es a la esencia de la aena y las su ilezas de los ado - nos, la acome i idad de la b a u a y el alen o del o e o, la colocación de los bande ille os y la mon a campe a de los hom- b es del cas o eño. Es a poli acé ica ac i idad, asen ada en elaciona la ona- lidad más inad e ida con el conjun o de la ob a en gene al, no es á al alcance de dile an es supe iciales, sino de p o undos conocedo es de los a canos del labe ín ico mundo del a e de o ea . Sin un amplio bagaje de conocimien os au inos es impo- sible pe ca a se de la mul i ud de a ibu os que odean y p o a- gonizan la labo de un o e o. Más aún, sin las nociones elemen ales sob e el encas e de los o os y sus di e en es c uces, di ícilmen e se pod á sopesa con equidad la b a u a de las eses, su con o mación mo ológica, las cons an es modi ica- ciones de su compo amien o a lo la go de la lidia... Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 39 De ahí que podamos a i ma , con ca ác e gene al, que los c onis as au inos eje cen su p o esión con la unción del de o o más con encido. Aho a bien, no sólo es imp escindible dicho en usiasmo sino que ambién se p ecisa, como esc ibió Laín En algo, posee un sabe his ó ico, un sabe écnico y un sabe eo é ico, (Laín En algo: 1999,10).además de al as dosis de sen- sibilidad pa a sen i en lo más p o undo de las en añas el pellizco que p o oca es e juego en u oso en e la ida y la mue e. Un c onis a de o os debe conoce al dedillo la his o ia del o eo pa a sabe con ex ualiza e incluso compa a la ob a que p esencia y pone la en elación con o as que la han p ecedido. Debe posee un al o conocimien o écnico de la ma e ia que enjuicia (pases de capa y mule a, ipos de o os, sus pelos, su sang e, los e enos de la plaza, su acomodo al compo amien o del o o...), es deci , no se puede se un buen c onis a au ino si se igno an los pila es undamen ales sob e los que descansa la ies a de los o os. Finalmen e debe es a e es ido con los opa- jes de cie a au o idad mo al pa a obse a la elación de la ob a po él c i icada y el es o de las ac i idades del se humano, o lo que es lo mismo, cómo in luyen las ci cuns ancias sociopolí i- cas en la ca alogación del o eo. Ypa a que el mensaje alcance la pe ección y e icacia que se le exige a un géne o pe iodís ico an peculia como la c óni- ca au ina es condi io sine qua non que el es ilo sea co ec o, suges i o, a ayen e... Debe ene un sello es é ico-li e a io que la di e encie de los o os discu sos pe iodís icos, y en el que se combinen en pe ec a simbiosis la mejo p osa con la je ga p o- pia de la Tau omaquia. Su obje i o úl imo debe es a encamina- do a consegui , como sos u o Lausbe g, «los a ec os sua es y enden es a la cap ación de la simpa ía y del delec a e ap opia- dos pa a gana se la a ición del público de mane a du ade a, a ec os que ambién apa ecen como disposición pe manen e del alma»(Lausbe g, 1996: .1, 257). Juan Ca los Gil González 40 A es os al os eque imien os se debe un c onis a de o os que se p ecie de se independien e y a en o al juego de in e eses que se lib a en la ba alla au ina cada empo ada. Sólo con los adi amen os enunciados, su abajo pod á sopo a el paso del iempo y con e i se en uen e his ó ica ap opiada pa a se con- sul ada, lib e de p ejuicios ideológicos, y ap a pa a ela a el pasado más inmedia o. Con odas las cau elas imp escindibles, la his o ia del o eo puede ap ende se po las c ónicas de o os, y és as siemp e exigen una i ma, una oz au o izada que les dé c édi o y ascendencia pa a la pos e idad. Pe o además, el sen ido de las c ónicas, en endido según la concepción webe iana, como lo p opio de una acción subje i- amen e di igida de modo acional con medios conside ados idóneos pa a los ines, se á el que aquila e e insc iba las inno a- ciones impe ecede as que en su día al e a on los pa adigmas impe an es en cada época del o eo. No an o la in o mación en sí (los da os se ol idan ápidamen e), sino lo que ealmen e se desp ende cuando el ex o es leído y ap ehendido po la audien- cia es lo que deja poso en la memo ia colec i a y lo que nos pe - mi e, aho a, i aguando la imagen p o o ípica de los sucesos de la in ahis o ia. Es as a gumen aciones jus i ican po sí mismas la a ea de acudi a los pe iódicos pa a comp ende la c ucial labo a ís ica que Manolo Vázquez ue cincelando en los uedos du an e sus ein a dos años de ma ado de o os. II. MANOLO VÁZQUEZ BAJO EL CRISOL DE LAS CRÓNICAS TAURINAS Analiza cualquie aspec o de la Tau omaquia de Manolo Vázquez en aña una di icul ad mayo de la que suele se habi- ual si como único sus en o con amos con las c ónicas au inas que exp esa on lo e íme o de su p oducción a ís ica. Sin emba - go, nos p oponemos al p opósi o pa a no en a en colisión ni Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 41 con las elogiosas biog a ías de que disponemos ni con la mul i- ud de a ículos hagiog á icos que ie on la luz cuando la mue - e le ases ó la úl ima co nada al B ujo de San Be na do. Nos en en amos, pues, a la a ea de calib a el o eo de un pequeño mi o, y pa a no cae en la nos algia debemos es o za nos po escapa de un g a e incon enien e: la exal ación apasionada ( odo lo que en los uedos y ue a de ellos hizo Manolo Vázquez ha gozado de un esplando , a eces jus i icado, o as exage ado) que es casi inhe en e a cualquie ex o que p e enda ema ca los pe iles de algún pe sonaje público. Una de las desc ipciones más e elado as que se hayan dado del ideal poé ico de belleza la encon amos en un pasaje del dia io ín imo de Baudelai e (Baudelai e, 1997), en el que al expo- ne los asgos que iden i ican el os o de una muje e en ellos su belleza «a dien e y is e» adje i ada, a su ez, de « olup uosidad y ama gu a». Ese con as e ealza su p eciosidad. Y p ecisamen e esa con aposición de ma ices esul a subyugan e po que ab e una sue e de pasadizo donde se desen uel e con oda na u alidad la g acia, esa sue e de don di ino que ado na el empaque de cie os o e os. Esa doble composición de lo bello es lo que en el o eo siemp e ha esul ado exci an e, sob e odo, en los o e os de pe - sonalidad an acusada como la de Manolo Vázquez. To e o i egula , de muchos egis os, incomple o, co o, pe o o iginal, di e en e y a a os sublime. Su o ma de in e p e a el a e de Cúcha es impele po se capaz de suge i la exis encia de un o den ideal, a mónico, sup a e enal..., pe o siemp e ame- nazado –a modo de pecado o iginal– de una b izna de incohe en- cia, de una go a de eneno que an a onea con des ui el sis ema. Des aca de su o eo la p esencia indispensable de un ele- men o sempi e no e inmu able como el empaque, con o o ci - cuns ancial y pasaje o, como el o eo en on ilado con la embes ida de la es. La mezcla, en incesan e me amo osis, de es os dos componen es es lo que ha hecho que su Tau omaquia Juan Ca los Gil González 42 1Véase ABC (Mad id); 25 de ab il de 1959, pág. 75. pueda se ca alogada como clásica, o lo que es lo mismo, esis- en e a la acción demoledo a de la His o ia. Su o eo ha compen- diado la habilidad y lo p imo oso, lo pesado y lo g ácil, la ex u a a enosa y la delicadeza de la seda... Yes os dos polos an agónicos, que ib an como dos ue zas i as, son los que p opician que odo pueda desencadena se pa a lo excelso y pa a lo ne as o. El emb ujo de Manolo Vázquez –como pe ec amen e lo de inió el poe a se illano Joaquín Ca o Rome o- eside en que las bellezas de sus aenas, al no exis i sino en unción de lo que se des uye y egene a, se p esen an con un o den de ocado po el enesí de una po en e empes ad. Su ida au ina ha es ado ma cada po dos mi ades, como su o eo. Recién omada la al e na i a (1951), se inicia la p ime a en la que an a des aca sus iun os en la ca ed al en eña. Apenas si hubo iun os en el coso maes an e. A eces, no acompañaba la sue e en los so eos, o as, él no sen ía en sus alama es los oque- cillos de los duendes del o eo. Más bien se compo aba como un buen p o esional que cumple obs inadamen e con su obligación. «T es o icinis as impe ec os ue on Julio Apa icio, Manuel Vázquez y G ego io Sánchez. No hicie on nada más que anda de acá pa a allá pa a que pasa a el iempo, no el o o, que po culpa de sus pocas ganas, unidas a las escasas de los o os, no pasa on una sola ez como ienen que pasa los o os cuando los o ea un o e o y no un o icinis a. (...). Consecuencia: un abu imien o espan oso. Los o icinis as nos ce aban los ojos. ¡Qué is eza desp ende un o icinis a es ido de o e o!»1 Uno de los ac os más emocionan es del o e o du an e el des- a ollo de la lidia se encuen a en los mule azos iniciales en los que el a is a some e y se apode a de la b a u a del bu el pa a luego, con su ín ima colabo ación, encauza su embes ida po los de o e- Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 43 os dic aminados po su in eligencia. El o o, que no consigue om- pe la agilidad de la ca ne, se queb an a en la ela que lo bu la. Ya desde esos momen os iniciales pueden islumb a se los esul ados de la aena. Si en esas cinco a ancadas p imigenias no hay comu- nión de concep os en e o o y o e o, muy posiblemen e no hab á ob a, sob e odo si el p o agonis a iene un sello especial. Los a is as no son pegapases cualesquie a, ni unos jo nale- os del o eo. No son pe sonas es o zadas ni ecu en a mil iqui- ñuelas pa a da pases a embes idas u i as y nada ap as pa a la elabo ación de lo o iginal. Como se en egan po en e o cada a de en una especie de holocaus o po la ob a, nunca son capaces de es a a la de ensi a. Cuando es án incómodos se les no a, cuando no les sale el o o adecuado pa a embebe lo su ilmen e con los epliegues de su mule a suelen i a po la calle de en medio y pone pun o y inal. La ma ingala, el ecu so e ec is a, las mi adas indulgen es al endido, el pase acá y acullá no es á en su epe o io. Manolo Vázquez no se enca gó de ompe con esa isión de acend ada adición en el plane a de los o os. O e a él mismo o no e a nada. La me a ó ica men e de un esc i o cos umb is a como la del c onis a mad ileño An onio Díaz-Cañaba e, cu ida en mil ba a- llas li e a ias, lo ca alogó como o icinis a en a ias a des. La me á- o a iene mucha miga, pues lo compa a con ese su ido abajado que nunca hace lo que le ape ece y que en luga de con a con un empleo se le obsequia dia iamen e con un cas igo. No ace ó plena- men e Díaz-Cañaba e, mas con la expe iencia que dan los años y con la ecuanimidad que da la equidis ancia de los hechos, esc ibió: «El cua o embis ió poco. Manuel Vázquez no in en ó que embis- ie a más. Supongo que es a á con en o. Ya le han dado en la o i- cina unas acaciones. Que has a su p óxima co ida las dis u e con cabal salud. De un pinchazo y una es ocada e minó su abso- lu amen e bo oso abajo en la Fe ia de su pueblo».2 2Véase ABC (Mad id); 26 de ab il de 1959, pág. 103. Juan Ca los Gil González 44 Aho a bien, es e excepcional esc i o de o os ambién se sin ió cau i ado po el a e que desgajaba su o eo. Supo e la llama de uego au én ico y no de a i icio de una mule a imp eg- nada de i eza y empaque. Ese uego ab asado que calcina el alma, aunque sea po b e es ins an es. «El a e lo des apó Manolo Vázquez en el p ime o. Jus o es go as. Las es go as de es na u ales. Ya sabemos que el a e, como odo lo exquisi o, no se puede p odiga . La aena, en con- jun o, ue eposada, co a, ai osa. La e minó una es ocada».3 Como puede ap ecia se en es os ex os seleccionados, esas ue on las cimas y las simas que su ca on la p ime a e apa como ma ado de o os de Manolo Vázquez. De un lado, la sobe ana plas icidad, la belleza inmaculada e inmo al, la in achable senci- llez de sus es na u ales, ese pe ume incon undible y diminu o que pene a en el endido y empapa el ambien e de cualquie plaza de o os con sólo una go a. De o o, lo esco ado, lo u ina io, la pesadez, la con aindicación. En es a p ime a e apa, su o eo con- densa la dialéc ica de es e espec áculo: un iolen o juego de con- as es, a dien e con on ación de con a ios. Sin emba go, en la segunda e apa se mul iplica on los iun- os. Hubo una e olución de sus i ución y pe maneció en la men e de odos los a icionados lo inma chi able de su e dad au ina. Su deci au ómaco adqui ió p es ancia, su discu so ganó en sole a y su dicción ue la de los mejo es jugla es. Un epílogo de apenas es años, que al menos le si ie on al ma ado pa a salda la deuda que enía con aída con su ciudad. Se illa, siemp e an ba oca, an dada a los mi os, no se lo puso ácil. Fue se e a, igu- osa y, además, es aba en egada a los encan os chinescos y abu- lado es de las muñecas de su he mano Pepe Luis, «ese colegial ímido de esplando igue eño» como lo de inió Ge a do Diego. 3Véase ABC (Mad id); 24 de ab il de 1964, pág. 59. Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 45 Al inal, la ciudad del Guadalqui i , en su eapa ición en el año 1981 y muy especialmen e en su magní ica despedida del 12 de oc ub e de 1983, ab ió su emplo pa a que en él o icia a como sumo pon í ice uno de los a is as mejo do ados pa a es e ágico i ual de ida y mue e. La delicada y ce e a p osa de Joaquín Ca o Rome o cap ó el impac o de su encan amien o, pues, no Fig. n.º 7.- Na u al. Apud And és Amo ós A. (2005): El o eo de en e. Manolo Vázquez, Mad id, Biblio eca Nue a, .31. en ano, él lo había ebau izado con el sob enomb e de El B ujo de San Be na do (« ui yo el p ime o en llama le así en ABC an es de su eapa ición») po la magia de su capo e, po el hechizo de sus medias e ónicas e e nas, po el so ilegio de sus peculia es qui es po chicuelinas... Juan Ca los Gil González 52 nas aenas, amenizadas po la música. Pe o el ace o le jugó una mala pasada, p i ándole de un segu o co e de o eja. Has a la quin a ag esión no ace ó con su p ime o, b indado a la a ición. Al cua o lo despenó, as un in en o in uc uoso, de media y es golpes de e duguillo. Pe o allí quedó esc i o su abeceda- io de buen o ea , su magis e io pe sonalísimo de alquimis a y b ujo. La sencillez, la na u alidad, la g acia, la p o undidad. El a e y pun o y apa e. En manos de Cu o, po ob a y sal de su capo e, lució nues a seño a la e ónica. Cua o y media epica on en sus muñecas al ecibi al e ce o de la a de. Tesón y aguan e de ochó el de Camas con la mule a en su p ime oponen e. El bu el le oponía su esis encia a embes i . En o os iempos Cu o hubie a op ado o la ía ápida, pe o es e Cu o de hoy se empeña en demos a nos su buena olun ad, que él no iene la culpa cuando un o o no embis e. Po eso insis e, a eces más de la cuen a, como el domin- go. Sin espe anza, con con encimien o. Sin emba go, en el quin- o –el peo de la co ida. No se con ió inclinándose cue damen e po una le e esca amuza mule e il, que enc espó los ánimos. El mo laco pa ecía cosido al es ibo, donde lo umbó de ini i amen- e de una en e a en odo lo al o. El ganado no dio el buen juego ape ecido. Sob e odo en el úl imo e cio. Acep able de p esen ación, en gene al. Segundo, cua o y quin o en a on es eces al caballo. Los o os, en dos ocasiones. Luis A enas des acó en la b ega y con los palos. Con el e o no de Manolo Vázquez a los uedos –el domingo se puso de mani ies o– pa ece que la ies a e oma ai es de b uje ía. B uje ía que nos in oduce en el ealismo an ás ico, que es como se sub i ula un lib o que causó g an sensación en el me cado: «El e o no de los b ujos». Paso a los b ujos, po que de los b ujos ha sido siemp e el eino del o eo. Joaquín Ca o Rome o (21 de ab il de 1981) Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 53 Manolo Vázquez salió o a ez po la Pue a del P íncipe. Donde lo dejó Belmon e Hace más de ein a años, cuando Manolo Vázquez e a no ille o, se decía del B ujo –en onces nadie le decía El b ujo de San Be na do, po que ui yo el p ime o en llama le así en ABC an es de su eapa ición– que había cogido el o eo donde lo dejó Fig. n.º 9.- En su eapa ición Apud And és Amo ós A. (2005): El o eo de en e. Manolo Vázquez, Mad id, Biblio eca Nue a, .13. Belmon e. Es o lo cuen a el p ime belmon is a de la pos e idad y, po consiguien e, el p ime azquis a, que es Luis Bollaín, en un lib o ya inencon able que publicó en 1959. y el iempo le dio la azón al o e o, al c í ico y a una mino ía de a icionados de aque- llos iempos eencon ados en el p esen e. Un p esen e que, cuan- do se publiquen es as líneas, se á ya un pasado. La co ida de aye en Se illa, en la a de his ó ica de la despe- dida de Manolo Vázquez, supe ó con c eces odos los p onós i- cos ace ca de su esul ado. Al B ujo no le pudie on oda mejo las cosas en su adiós de ini i o. Deci adiós a una glo iosa p o- esión saliendo a homb os po la Pue a del P íncipe es un caso sin p eceden es. Lás ima que yo enga que esc ibi an acele a- damen e sob e el o eo que enseño eó aye Manolo en la Maes anza. El o ea an despacio, con an a cadencia y egus o y emplada sobe anía. El público que aba o aba la plaza, dedicó al g an maes o una eno me o ación an es que sol a an a su p ime o o, en el que ya empezó a deja se sen i con el pe cal. Qué dos e ónicas, una po el pi ón izquie do y o a po el de echo a pies jun os. Qué di ícil es na a lo que se o ecía a los ojos como un milag o, que c ece y se epi e en las es chicuelinas y media de clamo del qui e as el p ime puyazo. El animal sale suel o las es eces del caballo. Manolo Vázquez ealiza su aena a a o de que encia en e enos de la solane a. La aena jus a y medida, la cons uye sob e la mano de echa. Todo un p imo de enjundia o e a. Mule azos la - gos y emplados con ligazón y sin enmiendas. Manolo pa ece que es á eapa eciendo, no despidiéndose. Es u o po encima del o o, al que ulmina de una en e a. Con su segundo Manolo hizo una aena de ensueño sob e ambas manos, con el ape i i o mule e il de cua o ayudados, el de pecho y pase cambiado que semb a on el deli io. La música, como el en el o o que ab ió plaza, ol ió a acompaña la inaugu ación y el le an amien o de la es a ua de la ma a illa. Dos se ies con la de echa y una con la izquie da pusie on el coso a e ien acalde- as. Luego, media docena de pases con la dies a, con las plan as como a o nilladas en el albe o, ligando y mandando en ance de inspi ación, en la on e a de la i ealidades sublimes, que el o eo, como la ida, es sueño. Y éx asis. Ti ándose a ma a muy de e dad, pincha an es de cob a una en e a que bas a. Juan Ca los Gil González 54 Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 55 El penúl imo de la jo nada iun al, b indado a la plaza, p esen a di icul ades. Manolo cie a su lancea con una excelen e media e ónica. En el cen o del edondel dic a el maes o su lección. Con el engaño en la de echa y ci ando de en e ob iene mule a- zos de an ología. El en usiasmo y la emoción que se espi a son indesc ip ibles. Manolo ob iene más pases de los que iene su oponen e. Pinchazo y una co a. Manolo ecoge la mon e a. Vie e en ella un puñado de albe o. Lo besa. La gen e le obliga a sali es eces a saluda . El maes o llo a. Finalmen e a as ado el úl imo o o, el hijo del B ujo, Manuel, le desp ende el añadido a su pad e, que a con inuación es alzado en homb os y paseado po el edondel de sus amo es, saliendo de es a guisa po la Pue a del P íncipe. E an las sie e y cua o de la a de, mejo dicho, de la noche, pues ya había anochecido. ¿Cuándo amanece á o a ez en el o eo? An oñe e es u o hecho un maes o, desde que se ab ió de capa pa a bo da un qui e al juamped o lidiado en p ime luga . Dos e ónicas y media de g an clase. La ac uación de An onio Chenel, con el peo lo e, u o sello de al a cá ed a. No llegó a cuaja aena en ningún o o, pe o dejó cons ancia de su pe sonalidad y empa- que, en des ellos cons an es de o e ía. En su p ime o dejó pa a el ecue do algún que o o inche azo y un monumen al pase de pecho. En su segundo, una media de g an plas icidad. En el úl i- mo, un pa de pases de cas igo y algún que o o na u al la go y pa simonioso. An oñe e hizo las cosas con delec ación a eces. A la ho a de ma a a sus espec i os i ales lo hizo siemp e a la segunda ag esión y con dignidad. Fue muy o acionado al aban- dona la plaza. El ganado (se lidia on o os de cua o hie os) es u o disc e a- men e p esen ado, en líneas gene ales, y p edominó la nobleza. Muy bueno pa a la mule a el del hie o de Manolo González, aun- que se empleó poco las cua o eces que ue al caballo y salió suel o. Los dos peo es ue on los lidiados en cua o y quin o luga- Juan Ca los Gil González 56 es (de Núñez Mo eno de Gue a). Los dos juamped os y el González Sánchez-Dalp, cumplie on. El segundo de An oñe e ue manso y descas ado y el e ce o de Vázquez, muy al o de apío, demasiado chico. Ta de inena able, donde Manolo Vázquez se despidió y nos des- pidió del o eo que había cogido hace más de ein a años donde lo dejó Belmon e. Joaquín Ca o Rome o. (13 de oc ub e de 1983) Manolo Vázquez in e p e ado po la p ensa de su época 57 BIBLIOGRAFÍA Baudelai e, Ch (1997): Las lo es del mal. Mad id, Cá ed a. Da a a, J. (1991): “P o esionales de la comunicación” en Dicciona io de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Mad id, Paulinas. Gomis, L. (1991): Teo ía del pe iodismo. Cómo se o ma el p e- sen e. Ba celona, Paidós. Laín En algo, P. (1999): “P ólogo” en Co ochano, G. Tau omaquia. Mad id, Espasa. Lausbe g, H. (1996): Manual de e ó ica li e a ia. Fundamen os de una ciencia de la li e a u a. Mad id, G edos, Dos omos.