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Juicio de Doña Isabel de Borbón

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Juicio de Doña Isabel de Borbon. No preteiid3iuos insultar ádoña Isabel de Bortcjn. último indiríduo de la casa de los Barbones, nomo Carlos II el Hechizado lué el último rey de la casad: Austria. Verdal ¿s .que por ELLA nos consumimos ea eid 'Siijrro; es verdal que por ELLA vemos caído y afeado el noble pueblo en que nacimos, yen que están enterradas las cenizas de nuestros mayores: es verdad que por ELL.L hemos oido el disparo alevoso qu 3mataba ánuestros hermanos: es Tardad qu3 por ELLA hemos oido clamar álas victimas, ycrugir huesos, yhumear sangre, ynublarse el sol: porque la sangre humana empaña la luz: es verdad que por ELLA hemos oido el grito horrible de una muger que cayó siu sentido ea el suelo, al escuchar una voz que le decía. TU HIJO H.\ SIDO FUSILADO; todo esto es verdad, y sin embargo, procuraremos contener nuestro enojo, para qu3 no se diga que faltamos al miramiento que tolo hombre bien nacido debe áuna señora. Es verdad, también, que podría decirse qu-j cuando una SEÑOR.L no se acuerda de lo que la SEÑOR.! se de dete ásí misma; cuitado una SEÑORA mancilla la honra de una nación; cuando una SEÑORA pierde áun pueblo, ese pueblo tiene el debar imprescindible de aproximarse áelia ydecirla: «¿muger, qué haces?» Yápesar de todo, hemos resu3lto no ser sañudos con la que fué reina de España, por lo mismo que es tan criminal. El juez equitativo no debe ensañarse con el reo. Basta hacerle presente en. la^^rca, liberale^s eshacer la prueba de mer ahorcado pañoles, eres tu. que es cierro lo qQo “-umos? Enciérrate sola en un aposento do f-t Palacio; recógete en íi misma, si r3 lo tus placeres ytus bajos aduladores, P“dedo sobre las úlceras de tu almo-j J,como te estremeces. Yen efecto, deMs estremecerte. Si, tiearrodillarse ante un fraile estúpido; eo v.z de tanta abominable ymentecata trapa<>eria ¿porqué no faistes una reina humana, una madre pra lente; una esposa fiel yuna española amante de su pueblo? Acércate. Isabel de Borbon. aunque vengas trémula ybalbuciente, responde: ¿con qué pensamiento querías que tu camisa fu ^se santa? Para esa guardas la santines razou para teinb ar. j^^belde Borbon; des- Idad; ¿Para tu camisa? Muger obsecada. ¿Qué pues de los íusilaniiea §en masa de Junio ha de hacer un pueblo afrentado yperdido te fuiste áZarauz, como si te gozáras en inípor íi con la santidad de tu camisa? ¿Camisa sultar la sombra de aquellos pobres asesinasanta, ynó santificas tu conciencia? ¿Camisa dos. Baila, rio ycorazón de piedra; pe- :santa, ynó te acabas de saciar contra (os rosaba que hasta el nulo de tus pisadas está ihijos lelos que te pusieron en el trono? ?Caresonando en los nichos dt¡ los cementerios, lmisa santa, reina gentil, yvendes yfusilas Di, cuan^ bailabas ¿ffi Sentiste ninguna raa- 'álos descendientes de tus defensores ymártirabade los cabellos? Pero !tires.? Tú sueles decir «salvaré el alma ya que hé PERDIDO EL CUERPO.» Nosotros decimos: «Salva el cuerpo, yaque perdiste el alma. Isabel de Borbon, no busques reliquias ni escapularios. Para el que mata ásangre fría, riendo y mano ocu^.a que t aun na| hemos tocado el punto principal d este ^terrogatorio. Rabel de Borbom acércate yha llegado la hora de oú‘, que es como i^meipia la hora de espiar^ Acércate ánosot.g^sin temor de que nu-^ras miradas se conK«¡j¿aaíTcOurariiQs^,tjae no hemos de mirarte ála caraT'ísabel de Borbon; contestá, ¿no eres tú la que mandas tus propias camisas áun convento, para que una monja su delito, yleerle el fallo; sobre todo LEERLE EL FALLO. Isabel de Borbon, varaos ácuentas; pero para ajustar estas cuantas, que son una gran déuda do tu pasado, de tu presente yde tu porvenir, no has de presentarte ataviada con tus galas lascivas. ¡B:asta de festines! ¡Basta da d.3!ir¡os! ¡Basta de fiebre! En e^sta juicio has de comparecer vestida de negro. Vestidos de negro c:)nparec3n hoy, ante la historia, Luis XVI, Carlos X, Fernando de Xápoles, Fernando Vil tu paire, yCarlos el faccioso tu tio. Isab ’l de Borbon, EX LOS IVLLLOS REYES XO E:S TODO REIXáR. Isabel de Bprbon, los españoles pueden pasar sin tí; pu3- den pasar también sin tu raza. ¿Qué eres tú qué es tu raza sin los españoles? Isabel de Borbon, ¿has compren li lo que diez yseis millones de criaturas han visto la luz para que tú las asesines ylas deshonres.? Isabel de Borbon, ¿has comprendido que ese Dios que te niega la ciencia yla virtud; yuna virtud que es virtud yciencia, óuna ciencia que es ciencia yvirtud, yque el cristiano llama caridad. ¿Has comprendido que ese Dios quo te niega la caridad (y no pue- S8 las ponga ylas santifique? ¿Xo eres tú la que besas estampas, yalumbras imágenes y te comes los santos?Yfóeres tú la que lloras yte arrodillas ante na fraile supersticioso, para que te perdone secretos obscenos, como si un pobre fraile tuviera poderes del cielo para lavarlas manchas indelebles Je ia impureza? Isabel de Borbon, ¿an qué fin nos dás el espectáculo burlesco éestas mogigangas? Lo haces con el fin de lamar áXarvaez, después de las MATii.NZA?DEL 10 DE ABRIL, y gritarle furiosa; ¿PAPÉ cu.xoído guard.!S L.! .úRTILLERÍA? Isaiel de Borbon, oye: no satisfecha con los asesi satos cometidos hasta en criaturas de nueve años, muertas por la espalda, ¿no te acuerdas yá? por la espalda; ¡parece imposible que seas madre! Xo satisfecha con saber que uná jóvea esposa se habla vuelto loca de dolor, querías barrer álos estudiantes con la na^ralla de los cañones. Isabel de Borbon, íén ana vez memoria; sise pudiera reunir toda fa^üSígre liberal que por tí se ha vertido en España. España sa convertiría en an io^nenso rio de sangre, reina ingrata, di ¿v~> te bastaba ese rio de sangre que por íi vetió el pjj^io liberal, contra D. par seas hoiÑei primer car- \ bailando BORBÓXICAMEXTE: para el quí ta como tú matas, no hay Provi lencia. La crueldad yla alevosía no tienen Dios. Yacaso no es tuya la culpa: eres el aborto de uu sueño de Fernando: aquel Fernando que no soñaba sino en ahorcar álos que vendía; aquel Fernando que no se sonreía sino cuando pensaba en cometer una traición, ysonreía muchas veces, porque decía muy bien un historiador que «los Borbolles se sonríen del mismo modo que silban las culebras;» eres hija de aquel Fernando doble. insensible, helado, sardónico, CON M.\S MALICIA QUE NARICES: eres hija de aquel Fernando, cuyo talento estaba reducido álo siguiente: TRAICIONAR YHACER BURLA, yno debe estrenarse que tú seas la enemiga jurada de un pueblo tan sufrido yconfiado. Tu óJio hácia el pueblo es natural, como es natural que el veneno mate; pero lo dicho te esplicara lo que ha de snce ier muy pronto. Sí, muy pronto. Se acerca el instante en que la historia diga: »¿Qué S3 hizo del trono de los Borbones?» Yuu pueblo leal, levantando la frente abatida yajada, contestará ála historia; «AQUEL TRONO ERA INMUNDO YSE AHOGÓ EN S.!N- GRE YEN INMUNDICIA,» Yresponderá Francia ¡es verdad! Yresponderá Nápoles: ¡esverdad! Yresponderá el mundo: ¡es verdad! Huye de España, Isabel de Borbon; aun es tiempo de huir, yevita un proceso en que tendrán que aparecer crueldades yvicios, eue acabarán de deshonrarnos álos ojos de Europa yel mundo. Harto lo estamos va. de negarse mas áuna muger que es madre) :hónica no tiene manera fie adorar, ni de creer. tú lo sabes. Huye, vete ádonde están los hihgrata, di; ¿ao era bastante á. saciar Ijos ¿el faccioso D. Carlos, ya que tu eres sangre el espectro horrible da ^níos jmas facciosa que todos ellos. ¿Ta llama ej , ''•tendidos ysspriñeados impíamente ,país en que has nacido? Tú eres sstrans-era ien toda época, porque ^rece que la raza bor- |en tu propia nación: España ha podido darse ai señorío absoluto de diez y seis millones de criaturas? Isabel de Borbon acude vestida de negro yatiende; Tú has creído sin duda que los liberales fueron a.sesinados yque tú has quedado sana ysalva. ¡.!h, no Isabel de Borbon, ¡la tierra está mas cerc:’. del cielo, óel cielo está mas cerca de la tierra? Isabel de Bor- ¡ bon, la ley humana liega mas abajo ymas j arriba. Isabel de Borbon, tú qne firmaste la ^ sentencia del hijo de la madre española, fir- i inaste tn sentencia yla da los hijos tuyos. : Isabel da Borbon, la que no perdona al hijo de otra madre, no tiene el derecho de j pedir perdón para sn nl’:>. TI;; a:ul oonio í por medio de estos aroanos aloraLi's. eroa- i cion misLíriosa vsnol;:;!* ene tú n:i •;' 0:;;- ¡ prendes yque está inflniiammia mas alta 1 que los tronos, se cumple ea el mundo la verdad divina, de que el priiner ahorcado no es el ahorcado, sino elqut ahoi'ca, El primer ahorca-do es el ver ni de servir áDios na^us esíerminando los liberales, reina inrrata, di: ¿no ves aquel espectro? ¿No oyes mmhos gemidos? Pero no, tu no oyes, ni sientes, ni vés- Madre que no escucha áotra madre’ üo tiYne oido en sus oídos, ni cjos en sus Esa madre de hierro es una entraña qug entrañas. Pero tedo se paga Isabel de Barbón! No se sabe en dónd. no es la patria Idel que asesina. ¿Te llama el reinar? Tú no eres ya reina de los españoles. Ysi no abandonas un trono que manchas, si nó abandotñas áun pueblo áquien pierdes, no te llama- ,remos muger pérfida, ni reina aleve, ni esposa adúltera: pero aunque se abran nuestras carnes, tendremos que llamarte madre insensata, madre cruel. Isabel de Borbon, no confies en cuarteles, ni en torres blindadas, que al na yal cabo no son otra cosa qne inútiles -9 cómo ni cuando, pero se paga. Acércate, aimjue sea con la cabeestreñios de nn despotismo desesperado. No za b^a ylos ojos clavadgj sn el suelo; acércate confies en esos últimos esiertor.es detn tiranía. Jresponde; ea lugar «i,-; ^landar camisas áun huye. Ysi algún dia estás pesarosa de los macón vento, en donde fealdades que escanles que van ácaer sobre tí, inclínala frente y ualizaa álos convento esclama: «Yo lo he buscado; yo lo he querido.» -J-ii us; :.a-3 '3 decir: ajaeiaiiour u-;pti:s. «--pjr muena que yo sufra. siá Pencap:,fc ma conven: en Jjñde roinan lo lo P:‘Za d3S-o ' sab-"'). ei' -io eaitiist ora. (un I ¡iia de España, le. inicios, hasta ':i tor- u?*-'ac¡o vive quien lo iiecao orno 1j run pUi^íjíO 3l desaraciado n:-oÍ5yvir- pueblo Esser nue le ñas. yd-o -.gar ue en vjai camisas áuna monja 'l'Je hor eg ^ícubridora. pün¡ue na disoluta; enCgar do besar ostam- u.mbrar iniájíe^os. -t- ¡¡orar, yde mas üe tuoso. - pañol..» ¡Abtijo los Borbones! pivíi la soberanía de la nación! (De «E¡ Universal» de Cádiz yla «Revolución» de Joréz. <5 O* í' “