scieee Open visual document viewer

La obra de Arte como Lugar de un umbral: Tarkovski y Cranach

Ciria, Alberto

Abstract

1. El Espejo Y Su Otro Lado: Reconocimiento Y Revelación. 1.1. ¿Se Puedeinterpretar A Tarkovski? Asimilar Y Ver. 1.2. Ventana Abierta Al Océano: Sobresolaris. 1.3. Los Visitantes Como "Formas" Del Océano. 1.4. La Ciencia Comoespejo Y El Océano Como Aporía De La Ciencia. 2. Puerta Abierta Al Cielo: Sobre"Lamentación Bajo La Cruz". 3. Final.

Full text

THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 37, 2006. LA OBRA DE ARTE COMO LUGAR DE UN UMBRAL: TARKOVSKI Y CRANACH Albe o Ci ia. Munich Resumen: 1. El espejo y su o o lado: econocimien o y e elación. 1.1. ¿Se puede in e p e a a Ta ko ski? Asimila y e . 1.2. Ven ana abie a al océano: sob e Sola is. 1.3. Los isi an es como « o mas» del océano. 1.4. La ciencia como espejo y el océano como apo ía de la ciencia. 2. Pue a abie a al cielo: sob e «Lamen ación bajo la c uz». 3. Final Abs ac : 1. Mi o and i s o he side: aknowlegmen and e ela ion. 1.1. Can be Ta ko ski in ep e a- ed? Asimila ing and wa ching. 1.2. The open window upon ocean: on Sola is. 1.3. The isi ings as ocean’s o ms.1.4. Science as mi o and ocean as science’apo ia 2. The open doo o hea en: on “lamen a ion unde C oos”.3. Final. An es de p esen a mi a ículo, me pe mi o hace una e e encia au obiog á ica: mis hijos nacie on y c ecen en Alemania po que, segu amen e la única ez que Go ka p onunció en su ida la palab a «Fich e», yo es aba delan e. Si ue buena sue e o mala sue e, como dicen los chinos, quién sabe, y de odos modos, los po qués del des ino es mejo deja los en la igno ancia. En la p ima e a de 1990, yo le había dicho que me gus a ía hace una esis doc o al con él sob e el ema de «El yo y la iden idad pe so- nal», un asun o que en mi pos -adolescencia me in e esaba y que aho a no me p eocu- pa lo más mínimo («ocupa se de sí mismo es pe de el iempo», leí después en alguna pa e en Polo), y pa a mayo so p esa mía, me dijo sin i ubeos que ese ema yo enía que in es iga lo en Fich e, cuyo pensamien o me pa ecía y me sigue pa eciendo que es odo lo con a io del ipo de iloso ía que Go ka hizo siemp e. Finalmen e, en pa e po la «necesidad biog á ica» (es a exp esión ambién e a suya) de deja a ás los cinco peo es años de mi ida, y en pa e po que las ci cuns ancias lo p opicia on, la esis sob e Fich e la hice en la Uni e sidad de Za agoza con Daniel Inne a i y. Pe o una ez que la palab a «Fich e» hubo sido p onunciada, el camino es aba azado: el maes o e a Lau h, y la ciudad Múnich. Después, más que oma la decisión de queda me, no omé la decisión de eg esa . Pe o oma o no una decisión, y ene ganas o no ene las, son dos cosas dis in as. En la ida de mi amilia he acabado expe imen ando la di e encia en e ac o de olun ad, acción olun a ia, ene ganas, y da me la gana. Ésa ue una de las p ime as enseñanzas que ecibí de Go ka –así de eal y así de c uel puede llega a se la iloso ía–, a quien oda ía ecue do, en medio de la hila idad de los alumnos, esc ibiendo «me da la gana» en la piza a. 184 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui De Za agoza a Múnich, oda ía hice escala en Viena. Había alquilado un piso en el edi icio de la Schwa zspanie s aße donde cien o sesen a y an os años an es mu ió Bee ho en, y desde ahí le esc ibí una ca a que acompañé de una pos al de la casa de Wi gens ein, que el p opio ilóso o había diseñado en un es ilo acionalis a, pa ecido al de Loos –que luego apa ece á en el a ículo–. «El desconchón de la achada es magní ico», me con es ó con soca one ía. La e dad es que lo más c uel que puede sucede le a una ob a acionalis a, ya sea a qui ec ónica o concep ual, es que el me o paso del iempo bas e pa a de e io a la. En cualquie caso, aquél ue nues o úl imo in e cambio epis ola . No ol í a ene con ac o con él en diez años. En mayo de 2005, en una isi a a la Uni e sidad de Málaga, hablé con él po elé ono, pe o no hubo ocasión de isi a le: pa ía de inmedia o pa a Salamanca. Su oz e a la misma, incluso conse aba aquella cons an e mule illa, «esci », una o ma apocopada de «es deci » que luego ha he edado alguno de sus discípulos (como algún discípulo de Polo ha he edado el: «¿eh?... ¿eh?... ¿eh?»). Ese día nació mi amis ad con Juanjo Padial. Quizá ue a mejo así. Cuando dos pe sonas se eencuen an po un momen o al cabo de una sepa ación de muchos años, ese encuen o casi siemp e se con ie e en una ep esen ación ic icia, bien de lo que esas pe sonas e an an es de la sepa ación, bien de lo que han llegado a se desde en onces, y, según cual sea el caso, uno puede pe cibi con complacencia o i i ación su p opia a sa, sin pese a odo se capaz de sob epone se a ella. Desde luego, esa a sa se supe a con el es ablecimien o del a o p oseguido, pe o, en las b e es ho as que yo pasé en Málaga, de un e en ual encuen o pe sonal segu amen e sólo hab ía esul ado una si uación un an o cómica que yo aho a eco da ía con is eza. Cuando, aquel agos o, Juanjo Padial hizo una es ancia de in es igación en Mú- nich, le hice un único enca go: «cuando le eas, dile a Go ka que mis hijos nacie on en Alemania po que hace quince años, la única ez que Fich e pasó po su cabeza, yo es aba delan e, y de es o él no se acue da, y dime cuál es su eacción». Con cie a malicia a iesa, yo que ía susci a en él el é igo que p oduce cons a a los g a es e ec os que con el iempo acaban madu ando nues os ac os más i iales. Así ilus a Polo el caos: «una o men a puede ma a muchas ma iposas, pe o una ma iposa puede p oduci una o men a.» Pe o quien mejo lo dice es Pessoa, o o de los hallazgos de Go ka: «¡Si aquel día hubie a uel o la cabeza hacia la de echa, en luga de hace lo hacia la izquie da!» Mi idea no e a que odo en la ida es aza oso, pe o ampoco que el p incipio de la ciencia mo al es la e e encia debida al des ino, sino que cons ui la ida p opia es i asumiendo esponsabilidades en un piélago de con ingencias, es con e i lo acciden al en p opio, lo más inconsis en e y p eca io en lo más ap eciado, como p incipio mo al, es é ico o eligioso. Es o es á más ce ca de Tolouse-Lau ec: «en oda mani es ación de lo eo, siemp e es posible encon a belleza», que de Bee ho en: «¡quie o aga a al des ino po el cuello!». Tan o más enojoso esul a luego cons a a las equi ocaciones, que, al deci de Xa i Esc ibano, poseen la peculia idad enomeno- lógica de que sólo se e idencian como ales después de come idas. Agua dé con mucha impaciencia la espues a de Juanjo. Cuando és a llegó, quien quedó pe plejo ui yo: 185 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 «Aye es u e con él cumpliendo uno de us enca gos. Cuando le dije a Jo ge que u ida depende de sus palab as, me so p endió su espues a. En p ime luga , eco - daba pe ec amen e la con e sación en que le pedis e la di ección doc o al. En segun- do luga , no e a una p eocupación pun ual la suya po el Yo en Fich e. Sigue con en- cido de que es una de las in es igaciones po lle a a cabo. Echa muy en menos esa laguna en lo que se sabe hoy. En e ce luga , es aba abso o en lo eó ico, en la idea de la ele ancia de Fich e, y aunque ad i ió que uno no es conscien e del peso de unas palab as, no es aba ahí, sino en Fich e, y lo sigue es ando, o más bien en su igno ancia sob e Fich e. Es Jo ge. De cue po en e o e a ado en esa ac i ud.» Nunca sab é qué pudo encon a Go ka en Fich e, pe o, a deci e dad, aunque hubie a enido ocasión, ampoco se lo hab ía p egun ado. Tal ez po que esas cosas ambién es mejo deja las en la igno ancia; o al ez, simplemen e, po que hace iempo que eso ya no me impo a. El doce de diciemb e, Jacin o Choza me daba no icia del es ado e minal de Go ka. El día diecinue e, dos ho as después de p oduci se el allecimien o, Juanjo Padial me lo no i icó. Cuando, hace unos días, i la o o de Go ka en la esquela que Jacin o Choza había pues o en in e ne , no le econocí. Mi homenaje a Go ka no es el a ículo que p esen o, que, pa a se since o, enía desde hace iempo po ahí sin sabe qué hace con él. Todo homenaje a un mue o o zosamen e se queda muy co o, po que cualquie ememo ación que podamos hace , no alcanza ni con mucho el luga donde él es á. Mi homenaje a Go ka son dos a isbos de la anscendencia que yo menciono en mi a ículo. El p ime o, la ci a de Los demonios, unas palab as que Ki illo p onuncia ho as an es de pega se un i o (aun- que lo que exp esan esas palab as no es la causa del suicidio, sino que lo que esas palab as exp esan y la causa del suicidio son los dos polos en e los que pende el alma de Ki illo ): no sólo po que Go ka hablaba mucho de Dos oie ski, sino po que el suicidio e a ambién uno de sus emas. («Se ap ende an a an opología leyendo C imen y cas igo como es udiando el manual de Choza», nos decía a los es udian es de p ime o como un encomio de la no ela, aunque, ein e años después, aho a me pa ece que eso e a más bien un encomio de Choza.) El segundo, el cuad o de C anach: no sólo po que es una e lexión pic ó ica sob e la mue e como ánsi o, ep esen ado igu a i amen e como umb al, sino po que, con sus palab as, p o idenciales o a ídi- cas, Go ka condujo mi ida a la ecindad de es e cuad o. Du an e una e ulia uni e si a ia, le escuché deci , ci ando a no sé quién, que «ni es e mundo es an es e, ni el o o mundo es an o o». Va ios años más a de, leí en algún luga que, según una an igua c eencia japonesa, los mue os es án pe didos pa a noso os en lo oscu o, y noso os no podemos llega has a ellos –el mue o es «in oca- ble, pálido, oscu o»–, pe o podemos hace les llega no icias nues as a a és del sonido del shakuhachi, la lau a japonesa, cuando és a es in e p e ada con al e. Noso os no llegamos a ellos con nues a oz, pe o el sonido de la lau a sí que les llega, ansmi iéndoles no icias nues as. ¿Y en qué c eo yo? Yo c eo en la anscen- dencia comple a del o o lado de la mue e, que a noso os los i os nos es edado pisa , pe o que, en ocasiones, al ez nos es dado a isba la. Sob e es o jus amen e a a 186 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui el a ículo que sigue. Yo c eo en el «más allá de la bó eda de las es ellas», si po un momen o admi imos la me á o a espacial. No somos noso os quienes nos llegamos has a ellos, ni con nues a oz, ni con nues a música, po que, además, ¿qué íbamos a deci les? Sino que son ellos, los mue os, quienes, en cambio, sí en an in isiblemen- e en nues a e enalidad, y lo hacen g acias a una ue za p opia de ellos, que es una mise ico dia plenamen e iden e. Aunque con nues a conciencia no engamos no icia de ello, los mue os mise ico diosos nos p es an su compañía. ¿No ue on és as las úl imas palab as de Jesús después de mue o: «yo es a é con oso os odos los días»? Pe o no a la mane a de una con igüidad espacial, como si es u ié amos odeados de an asmas, sino que, sin abandona su anscendencia comple a, con su ue za de mise ico dia, se hacen ca go de nues a mise ia, y g acias a ese compadece se de noso os, nos dan una compañía más eal e inmedia a de la que apo a la me a con i- güidad espacial. Quién sabe cuán as eces nos han asis ido, y cuán as eces nos han sal ado de pe de nos. Dos oie ski lo epi e en a ios momen os de su úl ima no ela. También lo dice Ge a do Diego – ue de nue o una suge encia de Go ka la que me hizo asoma a los poe as del 27– en el úl imo e so de un poema, he mosísimo has a el dolo (quien ha conocido una ez la belleza, sabe que puede esul a dolo o- sa), que esc ibió a una allecida he mana so domuda: los mue os nos «apun an», nos dicen lo que enemos que deci cuando no sabemos cómo segui , y así nos hablan inaudiblemen e y nos alien an. Tendemos a pensa que el cielo es un luga o un es ado donde se goza de bea i ud, y que el in ie no es un luga o un es ado donde se su e. En su «Sob e el in ie no y sob e su uego. Una e lexión mís ica», Dos oie ski de ine el in ie no como «el su i- mien o de no pode ol e a ama jamás». Pe o eso equi ale a deci que es el su i- mien o de no pode su i po los demás, es deci , el su imien o que p o oca la conciencia de al incapacidad. Un poco más adelan e, Dos oie ski dice que, sin emba go, el su imien o que p o oca al conciencia, ep esen a pa a el condenado un cie o consuelo, po que su i po sí mismo po ene conciencia de no pode su i po los demás, es como un e lejo del e dade o amo ac i o: el o men o que p o oca da se cuen a de no es a a la al u a del amo ac i o, en lo que iene de ac o de humil- dad, b inda un ali io al condenado. Pe o en onces, el g ado más i e e sible del in ie no, donde al condenado no le es p es ado ni siquie a ese úl imo consuelo, consis i á, jus amen e, en no ene conciencia ni pe cepción de la incapacidad p opia de su i po los demás, en se incapaz de ama y no sabe lo, o bien en pe cibi es o pe o no como causa de o men o, es deci , consis i á en i i como una bea i ud la incapacidad de ama y su i po los demás. El g ado más i e e sible del in ie no consis e en no sabe que se es á en él, en habe sido condenado y «no en e a se», como dice Polo (aho a ecue do la de inición de la «escla i ud pe ec a» que en cie a ocasión le escuché a Go ka, aquella en la cual el escla o no sabe que lo es); o bien –así e mina la e lexión de Dos oie ski– en no expe imen a lo como algo indeseable, sino en ab aza lo como una dicha. Con es a isión del in ie no, se co esponde la de inición que en o a ob a, y poniéndola en boca de un bo acho, Dos oie ski da del cielo como «el luga donde su en po los homb es y llo an po ellos». El cielo no es (o no lo es 187 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 pa a odos) un luga de bea i ud ni de con emplación: es un luga donde su en y llo an po noso os, a lo mejo po que ealmen e somos desg aciados, o a lo mejo po que i imos como una bea i ud nues a incapacidad de ama y su i po los demás. Pe o el su imien o de esos mue os, al se po o os, no se nu e de sí mismo, y en onces ampoco consume, sino que, en su peculia anscendencia in e ida, lle a consigo su p opia g acia. Así es como aho a pienso en Go ka. * * * PS. «No exis e la e dad: exis en e dades», nos dijo Go ka no sé si en aquella misma e ulia. Jacin o Choza habla de la « ep i a ización del más allá», lo que equi ale a deci que en el cielo, como en nues o mundo, ige la di isión del abajo. (En cuan o al in ie no, ya el diablo en pe sona le había dicho a I án Ka amázo : «Todo lo que hay en ues o mundo, lo hay ambién en el nues o.») No exis e el cielo: exis en los cielos. Unos i án al cielo a conoce a Dios, que es, según Polo, pa a lo que ue c eado el homb e. O os, los más, i án al cielo a ecoge su bea i ud y su biena en- u anza como una co ona y a complace se en ella. Pe o los que an al cielo a conmise- a se de noso os, ésos son los que, desde ahí, se ponen a nues o lado e inaudiblemen- e nos hablan y alien an. La esquela de Go ka que yo encon é en in e ne , Jacin o Choza la había pues o en una página donde esc ibe gen e que, po unas ci cuns ancias de e minadas, lo ha pasado mal o lo es á pasando mal, y jun ándose en ese si io, se econ o a. (La aleg ía hace a los homb es he manos, nos dejó dicho Schille , pe o yo digo que la is eza ambién he mana.) Jacin o Choza decía que Go ka no había mandado ningún mensaje a esa página, pe o que la leía egula men e. La imagen de Go ka haciendo p opio, desde la dis ancia anónima de in e ne , la pesadumb e de los demás, pe o sin hace se no a , se co esponde exac amen e con la imagen de quien, desde la anscendencia comple a, in isiblemen e se hace ca go de nues as desg acias. Nues a sal ación no adica en si ememo amos a los mue os, sino en si ellos, desde ahí, uel en a noso os sus ojos mise ico diosos y, po causa nues a, llo osos. De aquí esul a una pie as que no consis e en conse a in encionalmen e la p esencia de los mue os en e noso os: po que, ealmen e, ellos ya no es án aquí; sino en suplica les que ellos nos engan p esen es a noso os. Hoy que es la e emé ides del nacimien o de Moza , pienso que en es o se pe enecen mu uamen e el «Requiem ae e nam» y el «Ky ie eleison» de la «Misa de Requiem». * * * «Po eso, si os dicen: ,Mi ad, allí es á, en el desie o, no ayáis; y si os dicen: ,Mi ad, aquí es á, escondi- do en casa‘, no lo c eáis. Po que como el elámpago que b illa de o ien e a occiden e, así se á la enida del Hijo del homb e. ¡Donde es á el cadá e , allí se jun a án los bui es!» (M ., XXIV, 26-28) 188 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui Todo au o , y lo mismo odo a is a, ha enido la expe iencia de que abajos pa icula es, a un p ime is azo he e ogéneos e independien es en e sí, a eces nacidos de las ci cuns ancias más pe eg inas y ex e nas, que ha ido haciendo a lo la go de años y que en su momen o conside ó ob as e minadas y ce adas, de p on o, en el momen o más inespe ado, son iluminados po una luz nue a que hace e súbi amen- e unos hilos, has a en onces in isibles, que ocul a y calladamen e los han ido enlazan- do en e sí, y que con e gen en un pun o nuclea desde donde odos esos abajos se ap ecian aho a como aspec os pa ciales de una ob a global y uni a ia. Po eso, cuando se conside a en su conjun o la ob a comple a de algunos a is as, se iene la imp esión de que oda la c eación es aba apun ando desde un inicio a lo que luego esul ó se la ob a pos ema. Toda la ilmog a ía de Ta ko ski es á como iman ada hacia Sac i icio, como la ob a de Wagne lo es á a Pa si al o la de Dos oie ski a Los he manos Ka ama- zo . Aquí nada ienen que e «la medioc idad y la genialidad», sino que es e ipo de comp ensión súbi a y uni a ia de un abajo p opio en un p ime momen o dispe so, simplemen e o ma pa e de la mane a humana de c ea en odos sus ámbi os y ni eles. Y po eso, aunque es e ipo de comp ensión siemp e le p opo ciona una dicha al au o , no es sin emba go ningún indica i o pa a el alo y la calidad de lo p oduci- do. El a ículo que sigue ha nacido de a ias ci cuns ancias. En p ime luga , con una sepa ación de un pa de años, apun é en unos b e es apun es cie as ideas sob e la película Sola is y sob e el cuad o de C anach «Lamen ación bajo la c uz», que aho a cons i uyen las dos ob as eje del a ículo. A p opósi o de los apun es sob e C anach, A u o Ley e me en ió la con e encia que había p onunciado en Pamplona en el ma co de un cong eso de iloso ía sob e «El a e de la e dad». Hace algunos meses, Ra ael Llano me pidió que esc ibie a una eseña sob e la publicación de Ma ius Schma loch, And ej Ta kowskijs Filme in philosophische Be ach ung, Edi o ial Ga - dez!, Sank Augus in 2003. Finalmen e, en el iempo en que esc ibía dicha ecensión, es u e escuchando el Adagio de la décima sin onía de Mahle , que en ealidad es, jun o con el b e e mo imien o llamado «Pu ga o io», la única pa e e minada que nos ha quedado de es a ob a, y ue p ecisamen e escuchando el pun o culminan e de es e agmen o, en un momen o en que la o ques a, ab iéndose como una sima, anspo a al oyen e a una línea, ma cada po una no a enida de ompe a, desde donde aquél se asoma a la inmensidad de unos espacios anssónicos, cuando i la unidad de odos los abajos an e io es. 1. El es pejo y su o o lado: econocimien o y e elación «Esa ne anda ba a ija de la anidad humana: el espejo.» (D ácula) 1.1. ¿Se puede in e p e a a Ta k o s ki? Asimila y e El í ulo del lib o de Schma loch mencionado dice: Las películas de And ei Ta ko s- ki en una conside ación ilosó ica, y, en e ec o, con a eglo a la p e ensión de conside a 189 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 ilosó icamen e la ob a ílmica del uso es á es uc u ado el lib o. A pesa de es e í ulo, la in es igación de Schma loch oma como ma co de e e encia la ob a ensayís ica de Ta ko ski ecopilada bajo el í ulo «El iempo sellado» (edic. española: Esculpi en el iempo). El lib o pe sigue cua o ines, sos enidos po cua o p esupues os: - A icula sis emá icamen e los pensamien os nuclea es de El iempo sellado («Esculpi en el iempo»), con el in de expone el a mazón eó ico («ideológico», dice Schma loch) en el que se apoya la p oducción a ís ica del uso. El p esupues o de es e obje i o es que a la ob a es ic amen e a ís ica del uso le subyace una eo ía del a e, deposi ada, si bien de modo agmen a io y en ocasiones con adic o io, como el p opio Schma loch ad ie e, en El iempo sellado. - Ilumina las líneas de enlace en e Ta ko ski y la iloso ía an igua. Es e obje i o es ele an e, p ime o, po que la iloso ía an igua ep esen a, a juicio de Schma loch, un ondo de «mi os, a que ipos y modelos in e p e a i os del que el pensamien o occiden al bebe, conscien e o inconscien emen e»; y segundo, po que el simbolismo uso, que es la co ien e a ís ica a la que El iempo sellado –dice Schma loch– se emi e exp esamen e, es á ue emen e in luenciado po el pla onismo y el neopla o- nismo. - Mos a los pa alelismos en e la ob a de Ta ko ski y el simbolismo uso. Es os dos úl imos obje i os ienen como base un supues o ca ác e simbólico de la ob a ílmica del uso. - Po úl imo, el obje i o p incipal del lib o es mos a los medios y es a egias con los que Ta ko ski anspone a su ob a ílmica los p incipios eó icos expues os en El iempo sellado, y con on a ambas uen es, la ílmica y la ensayís ica, pa a busca , en un sen ido in e so a la ansposición an es mencionada, los pun os en los que las películas comple an con sus medios es é icos a los p incipios eó icos, o incluso los con adicen. El p esupues o de es e cua o obje i o, que el p opio Schma loch deno- mina el p incipal, es que la ob a eó ica de Ta ko ski da la base pa a accede a la comp ensión de su ob a ílmica, y sólo desde es e mo imien o p ime o de la eo ía al a e se puede lle a a cabo el segundo mo imien o in e so de mi a la p ime a desde el segundo, un mo imien o que, además, es á o ien ado a aquélla. * * * Hay dos modos de conside a la ob a de Ta ko ski, y pa a cada uno de esos dos modos, el p opio uso da una base en su ob a esc i a o ílmica. La ob a de Ta ko ski se puede conside a como abie a, en el sen ido de suscep i- ble de una mul iplicidad de in e p e aciones, incluso como con adic o ia. En es e sen ido, se a a de una ob a cuyo signi icado queda encomendado a la alo ación del ecep o , y que po consiguien e es dependien e de él. Ta ko ski da una base explíci a pa a es e modo de conside a en di e sas decla aciones con enidas en El iempo sellado, una ecopilación de ex os en la que, en e ec o, a lo la go del iempo se an 190 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui deposi ando o mulaciones que, en ocasiones, omándolas de modo exclusi amen e o mal, se con adicen. Pe o la ob a de Ta ko ski ambién se puede conside a como ce ada, como consumada, como e minada de al modo que nada queda pendien e de esolución; po deci lo con una palab a: como una ob a es é ica. Cada película de Ta ko ski es una es e a. En a o de es a imp esión habla la p opia con undencia, la p opia lumino- sidad y e idencia de las películas. ¿Qué cabe añadi o es a a películas como Sola is o Sac i icio? Se puede conside a que la ob a ílmica de Ta ko ski se basa en una eo ía deposi- ada en El iempo sellado, y como es e esc i o encie a con adicciones, las películas ambién p esen an oscilaciones. O se puede conside a que El iempo sellado no es á a la al u a de la ob a ílmica, y lo que no es á a la al u a de la es e a, es queb ado. En unción de la conside ación inal del lib o de Schma loch, es ob io que és e oma pa ido inequí oco po el p ime modo de conside ación: «Como esul ado de la in es igación puede es ablece se que las películas de Ta ko ski, en los ámbi os de la me a ísica, la epis emología, la é ica, la an opolo- gía y la es é ica, oscilan en e polos ex emos, que c ean las máximas ambi alen- cias posibles, que o ecen un amplio campo he menéu ico. Vacilan en e la e en un se anscenden e y el supues o de que oda la ealidad pod ía se me amen e un sueño solipsis a i eden o; en e el sabe ace ca de conexiones mís icas y un no- sabe que duda; en e un ac ua social y un au is a no-pode -ac ua ; en e la decons ucción de la exis encia humana y la econs ucción me a ísica del suje o; en e una concepción del a e sin inalidad y una concepción del a e o ien ada a un in; en e es e as ence ados en sí mismos y sace do es del a e eú gicos, socialmen e ac i os; en e la independencia y la dependencia del a e espec o de los ecep o es. Las películas se mue en en un ámbi o on e izo en e des ela- mien os isiona ios y elamien os deli an es, en e una «des-seman ización» y simul áneamen e una «hipe seman ización», y median e el mo imien o pendula en e los pa es de opues os gene an una ensión in e io g acias a la cual se pod ía explica su ascinación. La polisemia de los signos puede obse a se sob e odo en un símbolo cen al: la casa. En an o que el hoga pa e no de la in ancia, ella emi e al o igen anscenden e, a la pa ia p imigenia me a ísica de la unidad mís ica, y simul áneamen e a una p isión in aanímica y labe ín ica, que le si e al suje o como una sala de cine solipsis a de p oyecciones desp o is as de subs an- cia, como una ca e na pla ónica de las alucinaciones.» (p. 359) Pa ece que es e p ime modo pa e más bien de la ob a ensayís ica de Ta ko ski, y que el segundo pa e más de su ob a ílmica. En e ec o, Schma loch insis e en que su abajo iene po base El iempo sellado, y las películas sólo son abo dadas en cuan o a su elación con él. 191 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 Pe o la p egun a que aquí ha de ocupa nos es és a: ¿Po qué es posible que p ecisamen e una ilmog a ía como la de Ta ko ski legi ime –apa en emen e– pa a ambos modos de conside a la? ¿Cuál es el ca ác e que iene su ob a que posibili a es a doble isión, y cuál es, pese a odo, la isión co ec a? En un pasaje de El iempo sellado, Ta ko ski compa a a a is as como And ei Ruble , Leona do y Bach, con un ex a e es e que inie a a la ie a y con empla a odo po ez p ime a, sin ninguna mediación dada de an emano, ni concep os p e ios, ni e es imien os: un se que con empla a las cosas, po así deci lo, desnudas. És a es ambién la isión de las cosas que nos dan las películas de Ta ko ski. Quienes no enemos es a mi ada del ex a e es e, es deci , los e es es, que á- moslo o no, nacemos en una cul u a que ya es á hecha, y es amos acos umb ados a habi a un mundo ya in e p e ado, es amos habi uados a un mundo ya habi ado, un mundo que se nos da ya como elabo ado. Como es e mundo ya es aba hecho, elabo a- do y habi ado an es de que nues a mi ada se ab ie a po ez p ime a, sin una in e - ención –in e na o ex e na–, no podemos ene conciencia de una mediación que es p e ia a noso os. Una in e ención al puede se una agedia, po ejemplo la mue e de un se p óximo. Puede se un acon ecimien o na u al inusi ado. Puede se una desg acia que nos sob e iene. Puede se una biena en u anza que nos a eba a, como el enamo a- mien o o el nacimien o de un hijo. Y una in e ención al puede ambién llega a se lo la ob a de a e. Es as in e enciones epe cu en en nues a exis encia como una campanada, que de alguna mane a nos despie a a ancándonos de un mundo de apa iencias y ponién- donos en medio de una ealidad de la que, de p on o, sabemos que es nues o luga más p opio, pe o que, sin emba go, nos esul a insopo able. Cuando algo así acon ece, las cosas y los quehace es de nues o mundo son sacudidos de al modo que los signi icados que de o dina io les adhe imos se desp en- den de ellos, y de p on o aquéllos esul an se asigni ica i os. Asigni ica i o iene dos sen idos: sin ele ancia, o sin signi icado. Las cosas y los quehace es habi uales, sacudidos po una in e ención, de p on o nos esul an i ele an es, o de p on o se nos uel en ex años, y ya no los en endemos. Es más, ya no los conocemos. A lo mejo en onces omamos conciencia de que las in e p e aciones habi uadas en las que an es nos mo íamos e an a i iciosas y ex ínsecas. O a lo mejo , esas in e p e aciones an e io men e usuales, sin más las ol idamos. Qué signi ica que nues o mundo habi ado sea in e enido de es a mane a, lo exp esa es a ase del a qui ec o Adol Loos: «Nada ag ada más al homb e que la comodidad, y nada le desag ada más que se a ancado de ella. Po eso el homb e ama la casa, y po eso odia el a e.» Cuando, a a és de los ojos de un a is a, las cosas nos son p esen adas desnudas de oda in e p e ación hecha, an habi uados es amos al mundo in e p e ado, que, desp o is as de oda explicación, las cosas nos esul an c íp icas, en el sen ido de menes e osas de una acla ación, que de inmedia o nos ponemos a busca . 198 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui que lo hacen compa ece , pe o no po que lo uel an isible, sino po que él ope a en ellas. La imagen oní ica y la imagen del ecue do son o mas humanas y además son o mas del homb e, pe o son o mas i eales. Los isi an es son o mas humanas eales, pe o no son o mas del homb e, sino del océano. El océano se pa icipa a los homb es a a és de unas o mas humanas suyas que a él no lo ep esen an pe o en las que él es á ope ando. 1.4. La ciencia como espejo y el océan o como apo ía de la cien cia La ciencia es conocimien o, y con o me a su p opia esencia, iene que mo e se según las ca ego ías de cognoscible e incognoscible. «La na u aleza ha hecho al homb e pa a que la conozca»: en es a ase de Giba ián, que en la película es el pe sonaje que ep esen a el pun o de is a cien í ico, es á p onunciada la máxima undamen al de la ciencia. Pe o lo anscognosci i o, la ciencia ni siquie a puede alcanza a e lo en cuan o al. En la película se dice que la sola ís ica es á es ancada: pa a la ciencia, el océano no es sólo un lími e, en el sen ido de que, ins alado en él, se puede e el o o lado; sino que es una apo ía: un obs áculo que, en aquello que es, no cabe maneja lo de ninguna mane a, sino que sólo cabe des ui lo, pe o sólo desde ue a de él: bien ísicamen e, aniquilándolo ma e ialmen e, bien gnoseológicamen e, educiéndolo a sí mismo según las ca ego ías p opias. En es e sen ido, po que la ciencia no puede sal a más allá de sus p opias media- ciones, ella sólo se conoce a sí misma, o como dice Snau en su pa lamen o en la biblio eca en el que expone la esencia de la ciencia una ez que és a ha acasado, ella siemp e se mi a en un espejo: «En ealidad, el cosmos no que emos conoce lo, sino que que emos amplia la ie a has a sus con ines. No necesi amos o os mundos: que emos un espejo.» Sal a po encima de las mediaciones p opias pa a alcanza a e lo anscognosci- ble, signi ica, siguiendo con la me á o a de Snau , mi a «al o o lado del espejo», que es p ecisamen e el í ulo de un poema io del pad e del cineas a. Pe o el espejo, jus a- men e, es una me á o a de la isión. «Al o o lado del espejo» llega la mi ada del homb e, pe o no és e. Es o mismo: que el homb e, aunque puede asoma se y e el océano o el o o lado del espejo, no pe enece a és e, sino que como mucho alcanza sólo la ape u a desde donde e lo pe o sin anspasa la, es lo que se exp esa en la ase inal de es e pa la- men o: «El se humano necesi a o o se humano.» Po eso, al inal de la película, el océano p epa a a Kel in en una isla una econs ucción de su casa. La ciencia, cuyo pun o de is a ep esen a Giba ián, es á ence ada en sí misma. Todo lo que se encuen a más allá de ese ámbi o ce ado, desde és e es o zosamen e apo é ico. Eso alcanzan a comp ende lo an o Snau como Kel in. Snau lo comp en- de a pa i del acaso de la ciencia, y po eso sus comen a ios a es e espec o son siemp e en é minos de «in eligencia»: «En es a si uación son impo en es la medioc i- 199 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 dad y la genialidad.» Mien as que Kel in lo o mula en é minos de «amo » y de « ida», po que el océano se lo ha dado a sabe a a és de la elación amo osa con su «muje »: «Yo e amo, y eso es más impo an e pa a mí que odas las e dades cien í i- cas.» «P egun a es siemp e que e conoce , pe o pa a conse a las simples e dades humanas se necesi an los mis e ios.» 2. Pue a abie a al cielo: sob e «Lamen ación bajo la c uz» «Nadie a al Pad e sino po mí.» (Jn. XIV, 6) En una sala de la Al e Pinako hek de Múnich cuelgan cua o cuad os emblemá i- cos del a e alemán en el ánsi o del medioe o al enacimien o: «Au o e a o con pelliza» y «Los cua o e angelis as» de Du e o, «La ba alla de Alejand o» de Al do e , y «Lamen ación bajo la c uz» de C anach. Es e úl imo cuad o es inno ado po dos aspec os: en p ime luga , ma e ialmen e, po el ca ác e signi ica i o que adquie e el paisaje; en segundo luga , o malmen e, po el empleo de la pe spec i a. En o no a comienzos del siglo XVI, en la pin u a eu opea el paisaje comienza a adqui i p o agonismo en la ob a en an o que no sólo pa icipa de su con enido signi ica i o e lejándolo, sino que pasa a con igu a lo conjun amen e. En es e sen ido, el cuad o de C anach se puede con empla según la dis ibución en ie a y cielo, que a su ez se di ide en inieblas y en luz. Los elemen os que, naciendo de la ie a, llegan al cielo, son las c uces, así como el á bol, que ampa a a las igu as de Ma ía y de Juan y que puede in e p e a se como un símbolo de la e, al igual que en La ado ación de Leona do, la T inidad de Ruble o Sac i icio de Ta ko ski. Los oncos de las c uces son del mismo colo que la ie a. Las amas del á bol que apa ecen sob e el ans on- do de las inieblas, no ienen hojas. Sólo ienen hojas las amas que apa ecen sob e el ans ondo del cielo iluminado. Pe o el cuad o es inno ado po o o mo i o: po ez p ime a en la his o ia de la pin u a, la c uz no ha sido pin ada cen al, on al y simé icamen e, sino desplazada y en pe spec i a. De es e modo, el ex emo izquie do del a esaño, que apa ece en p ime plano, coincide con la esquina supe io de echa del cuad o. Es o pe mi e mi a la c uz, según es de inida po el a esaño, como la hoja de una pue a abie a. El eje sob e el cual ha gi ado es a pue a al ab i se, es el onco de la c uz, que en es e sen ido aza un umb al. El a esaño de la c uz de ine una pue a abie a, cuyo umb al es el onco. El umb al ma ca el lími e en e dos ámbi os. Más allá del umb al, adonde la pue a se ha abie o, es á el cielo, iluminado po un oco de luz que queda ocul o as el á bol. Hacia es e oco es a aída en su uelo la sábana que is e a C is o. También más allá del umb al se encuen a el á bol, y la c uz del buen lad ón: «Hoy es a ás conmigo en el Pa aíso.» (Lc. XXIII, 43) Más acá de la c uz de C is o se encuen a la c uz del mal lad ón, que no ha a a esado el umb al. 200 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui La c uz de C is o p oyec a una somb a sob e el suelo, y sob e esa somb a es án Ma ía y Juan: ni a un lado ni a o o de la pue a, sino en el umb al. Sus b azos en ela- zados se c ispan en unos dedos su ien es, pe o la mi ada de ella, ija en C is o, exp esa piedad, mien as que la de él, cuya cabeza es pa alela a la de C is o, e idencia una comp ensión: el habe comp endido algo mi ando a C is o le pe mi e aho a apa a la is a de la c uz y ol e se solíci o hacia Ma ía, pe o su mi ada no es á ija, sino pe dida en el in ini o, abso a. Pe o Juan no sólo ha comp endido a C is o o ha comp endido algo mi ándolo, sino que se ha asimilado a él: «Muje , he ahí a u hijo. [...] He ahí a u mad e.» (Jn. XIX, 26-27). Juan no ha asimilado, sino que se ha asimilado. Como una asimilación se pueden in e p e a los colo es de su es ido (los mismos que los de la sábana y la sang e de C is o) y su pie descalzo, y, en gene al, su disposición pa alela -Juan y C is o son las dos únicas igu as pa alelas den o del cuad o-. La hoja de la pue a, en la misma medida en que se ab e gi ando sob e el umb al, se cie a a lo que queda as ella: aquí, las inieblas. La pue a es á ce ando las inieblas pa a ab i el paso hacia la luz. Y es o es lo que ha comp endido Juan mi ando la c uz: que C is o, con su mue e, ha abie o la pue a del cielo, que desde aho a es accesible, pe o no como lo es algo ya dado «a la mano» –lo que hay más acá del umb al: el mundo–, sino sólo pa a aquel que se a e e a c uza el umb al. Mi ando a C is o, Juan ha comp endido que «nadie a al Pad e sino po mí». Aquí el «po » iene ambién el sen ido de un a a esa : la c uz, es un c uce. Y habiéndolo comp endido, se ha asimilado a C is o, poniéndose bajo la p oyec- ción de és e. Tan o en el al abe o ci ílico como en el g iego, la le a inicial del nomb e y del monog ama de «C is o» se esc ibe como C, que es el dibujo de un c uce. En el icono de la T inidad de And ei Ruble , algunos eólogos iden i ican como C is o a la igu a de la de echa po que la in e sección del báculo con el pliegue de la es idu a a la al u a del pecho de ine una X. (Ludol Mülle , Die D ei al igkei sikone des And éi Rubljów, E ich Wewel Ve lag, Múnich 1990, p. 72.) Apa e de es o, la iden i icación de las es igu as como las es Pe sonas puede hace se ambién en unción de los colo es. (C . Albe o Ci ia, El as eado . Ex añeza y pe enencia en la poesía ílmica de Ta ko ski. Akademische Ve lag München, Múnich 1995, pp. 71-76.) El a esaño de la c uz de ine una pue a, y el onco un umb al. La pue a se ab e, el umb al es abie o. No hay al e na i a pa a el umb al: la pue a puede ab i se o no, pe o el umb al sólo es como ape u a. El dolo y la mue e, simbolizados po el onco, son una ape u a que hay que a a esa . Y el a esaño, en an o que ab e, simboliza un sac i icio. La pue a se ab e al cielo, que espec o de ella, es lo abie o. El cielo queda abie o. Po eso se ep esen a no como luz en el sen ido de oco, lux, que es pun ual, sino como espacio iluminado, lumen. La pue a, ab iéndose, ab e. Ab e lo que, desde aho a, queda abie o: lo que hay más allá de ella. Po que hay un más allá de ella, la pue a es un umb al. Si no lo hubie a, se ía una b echa. El sac i icio ha consis ido en hace que el dolo y la mue e 201 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 sean umb al, y no sólo b echa. La b echa se ab e, pe o no ab e. Po eso la b echa sólo cabe ce a la. El umb al se ab e al o o lado y ab e el o o lado, y po eso cabe c uza lo. Pe o si uno no se a e e a pasa lo, en onces cie a el lado de acá, con i iéndose en un obs áculo. Una ape u a cie a cuando uno no se a e e a c uza la –como sucede en S alke al cien í ico que ha sido conducido a la habi ación de la zona–. Pe o no cie a el lado de allá, que, pese a odo, ha quedado abie o, sino el de acá. ¿Pe o adónde lo cie a? No ya al o o lado, sino que, sob e odo, lo cie a a sí mismo. Y ce a se a sí mismo es pe de se. El dolo es una b echa cuando no ab e nada. Cuando ab e, es un umb al, que, cuando se c uza, ab e el lado de allá, pe o que, si no se c uza, cie a el lado de acá. (En Pa si al, la «Música de la ans o mación» es á cons uida a pa i del « ema de la he ida». En oda ans o mación hay un umb al, ep esen ado escénicamen e aquí median e el ánsi o del bosque a la Sala del G ial. La he ida es ma e ialmen e una ape u a en la ca ne. Esa ape u a, pa a Am o as es b echa, y pa a Pa si al umb al.) Pe o no sólo el dolo , sino la p opia mue e, en an o que el C is o en la c uz que de ine el umb al no es un C is o su ien e, sino un C is o mue o. C uza un umb al iene, en e ec o, el componen e de un a e e se. «El que ama su ida, la pe de á; pe o el que desp ecia su ida en es e mundo, la conse a á pa a la ida e e na.» (Jn. XII, 25) Si lo que queda de inido po el umb al es la mue e, en on- ces ambos lados pueden de ini se como ida, aunque de modo espec i amen e dis in o: «su ida» y «la ida e e na». Que e asegu a la ida, es no a iesga se a c uza el umb al que se ab e al cielo, a la ida e e na, y eso es ce a en onces la p opia ida al cielo abie o. Pe o ce a se a la ida e e na es mo i «pa a siemp e». Y que e asegu a la ida no c uzando el umb al no sólo la cie a al o o lado, sino que, sob e odo, la cie a a sí misma, y po eso se pie de. A di e encia de la mue e como umb al, la mue e «pa a siemp e» es simbolizada en el cuad o po es elemen os que apa ecen en p ime plano, más acá de la c uz de C is o: unos huesos que yacen en el suelo; un á bol co ado de aíz, que es el con asímbolo del á bol de la e y del que pende el ozo de ela con el año que da a el cuad o; y la c uz del mal lad ón, que a di e encia de las o as dos, queda en inieblas. La c uz de C is o no ocupa el cen o del cuad o po que el onco como umb al es el lími e de lo que ha quedado abie o. En cie o sen ido, el cen o del cuad o lo ocupa el oco de luz, que, p ecisamen e, queda ocul o as la igu a de Juan. Pe o Juan, jun o con Ma ía, no es á ni a un lado ni a o o, como – espec i amen e– los lad ones, sino que es á en el p opio umb al. Es deci , el oco de luz queda ocul o desde más acá de la pue a, pe o se ía isible desde el o o lado. Desde más acá de la pue a, noso os sólo pe cibimos la p esencia del oco a a és de C is o iluminado, que es jus amen e lo que ha mi ado Juan y lo que es á mi ando Ma ía, y, an es que ellos, el buen lad ón. Po eso es as es igu as son a opadas po el á bol, que simboliza la e, que nos da no icia del oco en an o que p ocede de y pe enece al más allá del umb al, pe o que al mismo iempo lo ocul a p oyec ando su luz hacia C is o. En e ec o, en es e cuad o se puede e ambién una ep esen ación de la T inidad. El Pad e es el oco ocul o. El Espí i u San o es la iluminación engend ada po ese 202 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui oco. Den o de esa iluminación, es engend ado el Hijo. Y ambién den o de esa iluminación b o an las hojas del á bol de la e. De hecho, el cuad o de C anach iene en común con el icono de la T inidad de Ruble la asignación a las Pe sonas de elemen os paisajís icos: el á bol al Pad e, po que es onco; la mon aña al Hijo, po que es Gólgo a; y la edi icación al Espí i u San o, po que es Iglesia. 3. Final La ob a de a e es un luga den o del cual puede ab i se un umb al, como den o de la zona se ab e el umb al de la habi ación, como den o de la base espacial se ab e la en ana al océano, como den o del cuad o de C anach se ab e la pue a al cielo. A a és de la ob a, el espec ado no ansi a al o o lado, sino que den o de la ob a, el espec ado se asoma al o o lado, como el S alke se asoma a la habi ación desde el umb al, como Kel in se asoma al océano desde la en ana, como Juan y Ma ía es án sob e la somb a de la c uz. En es e asoma se, al espec ado le es pa icipada una isión de la anscendencia, pe o es a isión no es un con ac o eal, po que en la pue a abie a, ni el espec ado ansi a al o o lado, ni el más allá pasa aden o de la pue a: el S alke no pasa aden o de la habi ación, Kel in no se en ega al océano, ni Juan y Ma ía anspasan la p oyección de la c uz. No es la ob a de a e quien ha dicho: «Nadie a al Pad e sino po mí.» La ob a de a e puede se ob a de a e pa a odos. Pe o es e umb al, que pe mi e es a isión, no se ab e pa a odo espec ado , sino sólo pa a aquel que consien e en deja apa e el mundo habi uado que ae consigo y en abandona se sumisamen e a una he e onomía cediéndole el impe io, dejándose pe enece po ella y, al mismo iempo, g acias a la enuncia a odo lo acos umb ado, poniéndose a la al u a de su ex añeza. En es e sen ido, el a e es apocalíp ico. Pa a quien no cumpla es e g an ac o de magnanimidad y au o enuncia, la ob a segui á siendo siemp e un obje o, y el umb al enseñado en ella, un símbolo, suscep ible y necesi ado de se in e p e ado. Y oda in e p e ación iende po na u aleza a la locuaci- dad: «¡Donde es á el cadá e , allí se jun a án los bui es!». Las igu as apocalíp icas no son símbolos: son isiones. Mien as que quien escucha, se uel e, obedece y e (Ap. I, 10-13), nada ag ega á ni es a á, po que se le ha dicho que «si alguien añade algo al mensaje, a él se le añadi án las calamidades desc i as [...], y si alguien qui a algo del mensaje [...] se le qui a á su pa e del á bol de la ida.» (Ap. XXII, 18-19) * * * Albe o Ci ia The esiens . 93 D - 80333 Múnich Alemania