La razón diligente
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“Pues bien, ahora es día de salvación” (“idú nin iméra sotirías”) (2, Corintios, 6,2) Escrutar los signos de los tiempos es tarea ambiciosa; sin embargo quiero intentar comprender nuestro tiempo, buscar un hilo conductor de los acontecimientos de nuestra actualidad, para no sentirse perdido -sin brújulaante los hechos. Es un reto que no se puede eludir. Muchas ciencias tratan de abordarlo: la historia, el derecho, la sociología… y desde luego la filosofía. Hoy, en mi opinión, su realización desde la filosofía se encuentra en lo que denominaré “razón diligente”. Es un afán inmenso y difícil que espero llevar a cabo de modo bienhadado y pensante -naturalmente dentro de mis capacidades-. Sus límites los marca la ciencia filosófica dejando, pues, otras orientaciones que están fuera de mi competencia. Pido indulgencia para mi propuesta sobre la cultura occidental y el papel de la Filosofía en su comprensión; pero creo firmemente que un filósofo debe enfrentarse a los tiempos que le ha tocado vivir, e intentar, ya que no dirigirlos (eso se hace desde la praxis y el bien), al menos comprenderlos desde el pensamien- to y la verdad. LA RAZÓN DILIGENTE Por JOSÉ VILLALOBOS
TERMINOLOGÍA Y DELIMITACIÓN DEL CONCEP- TO DE “RAZON DILIGENTE” (STATUS QUAESTIONIS) Hace años me encontré, estudiando los “Ensayos de Teodicea” de Leibniz, un análisis apasionante del sofisma clásico de la “razón perezosa” (ignava ratio, árgos lógos, faule Vernunft). Es la razón que piensa que, puesto que todo se ha descubierto o se descubrirá, ¿para qué seguir buscando? En el Prefacio de esa obra se describe el sofisma así: si el porvenir es necesario, lo que debe suceder, sucederá, se haga lo que se haga. Lo muestra con el ejemplo de la enfermedad: no hay que cuidar del cuerpo, ni seguir un régimen para conservar la salud, pues es inevitable que llegue la enfermedad que haya de llegar. Leibniz llamó a la razón perezosa “fatum mahometanum”1, porque en el siglo XVIII se decía que los turcos dejaban todo en manos de Dios, pues, haga lo que haga el hombre, el porvenir ya está establecido y así sucederá ineludiblemente. El “fatum mahometanum” señala la necesidad de los sucesos futuros desligada de su causa, así los turcos -siguiendo este argumentono se apartaban de los lugares donde la peste hacía estragos. Pero si el efecto tiene lugar, será por una causa proporcionada; la pereza hará que sobrevengan los males, que obrando con cuidado se hubieran evitado. Aplicando esta tesis a la filosofía, ¿cómo llamar a la razón que se esfuerza con trabajo en pensar, busca amorosamente2 realizarse y quiere expresar lo verdadero con denuedo? No cabe más que la expresión “razón diligente”, término y concepto que empecé a utilizar ampliamente en mis clases y publicaciones; y, en primer lugar al propio pensamiento leibniciano, en mi opinión modelo de pensamiento diligente. Con esta expresión ocurrió como a veces sucede con algún personaje secundario con presencia recurrente en diversas novelas, que después se convierte en protagonista en una novela posterior. Eso es lo que me ha ocurrido ahora con “razón diligente”. Quiero decir que la razón 1. Leibniz. Ensayos de Teodicea, parágrafo 55 2. “Diligens” es participio presente del verbo “diligo”, que significa amar; lo que añade semánticamente razón de amor a razón diligente, situándola en la dirección de la etimología griega de “filo-sofía” JOSÉ VILLALOBOS86
diligente es retomada como cuestión central y tema fundamental de reflexión filosófica. Cuando uso las expresiones “razón perezosa” y “razón diligente”, no me refiero a la pereza y a su antónimo diligencia como mera actitud psicológica, ínsita en la significación de esos términos, sino que quiero indicar un concepto filosófico, un concepto ontológico. Es fácil contraponer la actitud de emperezarse a la actitud de diligencia: es un conocimiento espontáneo derivado de su semántica, al alcance de cualquier hablante. Sin embargo construir el concepto filosófico de razón diligente es costoso; a saber, es la tarea del filósofo que le confiere un contenido epistémico y lo aplica en sus aspectos teóricos en su interpretación de lo real. Podría haber coincidencia con otros autores en usar esta expresión, pero lo importante es el concepto filosófico. En efecto, es un concepto filosófico creado para comprender “more radicali” la esencia de la filosofía: la filosofía de la razón diligente frente a los pantólogos -o infilósofos con término unamuniano3-. Y ahora, en esta disertación, se aplica este concepto de razón diligente a la comprensión “more radicali” del hoy, de la actualidad, de nuestro tiempo, constatando su realidad y previendo sus posibilidades. He aquí la secuencia temporal de esta elaboración: 1997. En el libro “Elogio de la radicalidad” reivindiqué el sistema para la filosofía frente al fragmentarismo inconexo. El cansancio postmoderno de la búsqueda de la verdad es una consecuencia de la razón perezosa ejercitada por los pantólogos: exista o no el sistema en filosofía, no se puede hacer nada por encontrarlo, pensemos entonces verdades fragmentarias. La razón perezosa acaba tratando los temas que están de moda y son admitidos comúnmente. Por el contrario, la razón diligente usa la filosofía “more radicali” que busca la comprensión -verstehen- intersubjetiva de la verdad de la cosa misma. 2000. En el articulo “Vico, ensayador” me detuve en otro aspecto o cualidad de la razón diligente. La actitud de la razón diligente es tentativa y, por ello, se arriesga con libertad a equi- 3. Unamuno M. de. Por tierras de Portugal y de España. Madrid: Espasa-Calpe, 1964; en la pág.22 usa el adjetivo “infilosófico”. LA RAZÓN DILIGENTE 87
vocarse en la búsqueda amorosa de la verdad; la actitud de la razón perezosa, por el contrario, cree definitiva y cerrada su adquisición de la verdad. En consecuencia, la razón diligente ejerce la humildad, sabiendo que sus logros no depende sólo del sujeto, sino de la riqueza de lo real. La razón perezosa actúa con la suficiencia del mero subjetivismo que, adoptando su opinión a su propia conveniencia, cae en el relativismo según el momento. 2004. En el libro “De la belleza de la filosofía” avancé en la descripción de la razón diligente. La razón diligente muestra su perfil de actitud creadora, poiética, es decir, intenta conocer epistémicamente la riqueza de la realidad objetiva. La razón perezosa se presenta como paráfrasis o comentarios de textos anteriores, ya que es incapaz de enfrentarse directamente a las cosas, acciones o problemas. En resumen, la actitud creadora es la actitud epistémica de cualquier ciencia; la filosofía creadora tiene la convicción de poder describir y ampliar el conocimiento. En cambio la actitud pantológica o parafrástica es propia del que se apoya en meras opiniones de modo rutinero y cansino. Por tanto, la distinción razón perezosa/razón diligente atiende a la búsqueda meramente o instrumental de la verdad por un lado, y por otro a la búsqueda amorosa y libre de la verdad, y por ello a la “comprensión” de los objetos (cosas) o hechos (acciones). Las características de la razón diligente son, como se deriva de mis estudios antes citados: La razón diligente enarbola la defensa del todo (integralidad) -en remisión a sus fundamentos últimosfrente al fragmento. La razón diligente es tentativa y humilde frente el relativismo intolerante y la suficiencia impositiva. La razón diligente es creadora, poiética, frente a la paráfrasis yerma. La contienda filosófica, pues, se libra entre autenticidad o impostura, entre filósofos o pantólogos. La autenticidad de prevenir y dirigir el curso de nuestra existencia, intentando vivir y mejorar la realidad; la impostura de no pensar ni actuar, porque lo que ha de suceder sucederá, y moverse en la apariencia filosófica, social, política, etc. Tres cuestiones a tratar: JOSÉ VILLALOBOS88
1. Consideración de los acontecimientos de nuestro tiempo 2. Constitución histórica de la razón diligente 3. Propuesta sobre el futuro de Europa 1. acontecimientoS de nueStRo tiemPo a. hechos que aparecen en la actualidad Hoy en el mundo occidental, en Europa, en España, los acontecimientos se suceden vertiginosamente, dejándonos siempre una inquietud, porque esos hechos nos sobrepasan y no alcanzamos a hallar el hilo conductor que los enhebra. Leer la prensa digital o escrita, oír la radio o ver la televisión, una simple charla de amigos es un ejercicio de desasosiego; pues no alcanzamos a ver la conexión entre los hechos graves, que se derivan de conocer la verdad y, de este modo, enfrentarnos a ellos con cierta posibilidad de éxito. Tenemos la impresión de que esta multitud convulsa de acontecimientos nunca en el pasado existió; pero en cada momento histórico -si leemos crónicas o memoriastambién se ha tenido esa misma impresión de ser arrebatado por los acontecimientos. No en vano el Qohelet (Eclesiastés 7, 11) advierte: “no preguntes: ¿por qué los tiempos pasados eran mejores que los de ahora? Eso no lo pregunta un sabio”. Haremos caso. No podemos enumerar esos hechos, pues tal repertorio quedaría anticuado en horas, si no en minutos. Nuestra dejadez en la participación en la “res publica” -en los asuntos de todosse produce por nuestra razón perezosa; ya que abandonamos lo que correspondería a nuestra acción al albur de lo que decida el Estado, que proporciona una cierta seguridad y confianza. En la sociedad occidental -a la que me refiero en esta disertación- el hombre ha cedido su responsabilidad personal a una actitud genérica que le tranquiliza. Ha dejado a un lado el “pensar por si mismo”, pensar por cuenta propia, que fue el lema ilustrado, que siempre ha de ser recordado y, desde luego, pues- to en practica. El hombre occidental ha de parar mientes en las cuestiones fundamentales: la existencia, el amor, la educación, la guerra, la justicia etc., asuntos que día a día llaman nuestra LA RAZÓN DILIGENTE 89
atención, y a los que hemos de responder con vigor y sin complejos. Alentaba Husserl en 19354 a: “pensar por uno mismo, ser un filósofo autónomo con voluntad de liberarse de todo prejuicio”. Muchas veces los filósofos habrían de mostrar convicción en la ideas con la fuerza de la disidencia ante la imposición de los prejuicios. Existe una persecución del disidente de lo admitido como correcto por las opiniones hegemónicas. Y puede decirse que es una persecución en toda regla, si de lo que se trata es de vigilar, y punir en su caso, al que se aparta del prejuicio y piensa por sí mismo. b. hechos que se han de interpretar desde la razón diligente La pereza ante las actitudes y acciones se manifiesta en el hombre occidental como relativismo5: es el fruto más granado de la razón perezosa. ¿Para qué pensar y construir la realidad?, que cada uno piense lo que le de la gana. Se pone un límite, eso sí, que es el de no molestar a los demás; pero ¿quién lo fija? En el peor de los casos es el Estado: no fumar, no conducir demasiado velozmente, no comer comida rápida… por poner ejemplos banales. El Estado se erige en juez supremo de nuestras vidas y de nuestros deberes y derechos; pero no es un juez garante, sino un juez que impone sus decretos detentando una autoridad que no tiene. El mundo occidental se mueve más en lo que se ha llamado lúcidamente el “suicidio de la modernidad” (en 1984, por Aquilino Duque), que en lo que se ha llamado desvaídamente, años después, “utopía y desencanto” (en 1999, por Claudio Magris). Por ello, debemos enfrentarnos al reto que plantea el modelo postmoderno, o pensamiento débil en filosofía, y el recurso es la razón diligente: que, firme y decidida, haga frente a los desafíos de la hora presente. Esta razón diligente no es un acon- 4. Husserl, E. La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. Barcelona, Crítica, 1991, parágrafo 15 5. Husserl, en sus “Prolegómenos a la Lógica pura” (en “Investigaciones lógicas”. Madrid, Alianza Editorial, 1982) ya resalta el relativismo gnoseológico como el peligro que se origina desde la filosofía. Hoy día se ha añadido el relativismo práxico o ético JOSÉ VILLALOBOS90
tecimiento nuevo en la Historia de Europa, pues se ha ejercido en otros momentos históricos importantes para el desarrollo de lo que es y significa Europa, la cultura occidental. Así, Platón6 en la Antigüedad griega o San Agustín 7en la Antigüedad cristiana. Actualmente debemos reconocer la dificultad que entraña ir contracorriente, contra las tendencias y orientaciones generalmente admitidas, ante el temor de ser excluido de la sociedad. No podemos actuar como si no pasara nada -razón perezosa-, sino luchar activamente por nuestras convicciones -razón diligente-. No ser conformistas y aburguesados, sino libres y autónomos. Hago un alegato para construir nuestra vida personal y social que es, a la vez, una alerta ante la deslealtad a los ideales de la razón diligente por parte de los dirigentes sociales y, entre ellos, los filósofos, ya que aquellos ideales estaban presentes en la filosofía desde el amanecer del pensamiento griego filosófico, político, artístico y literario. 2. CONSTITUCIÓN HISTÓRICA DE LA RAZÓN DILI- Gente a. la razon diligente en la historia de la filosofía La Filosofía ha debido crear un concepto con el que interpretar el mundo en que vivimos: los griegos desde el siglo VI a.C. y nosotros, hoy, en el siglo XXI. Como dice Hegel8: “lo fundamental, en la filosofía, es siempre esto: que, aunque el que establece sea el yo, el contenido establecido de lo pensado debe ser el objeto en sí y para sí.” Siempre, en toda circunstancia el hombre toma la posición del sujeto, pero el contenido de lo pensado tiene que ser el mundo objetivo (cósmico, político, cultural, religioso, etc.), que es dentro de lo que nos movemos, existimos y somos. 6. Vid. la obra de Jan Patocka. Platón y Europa. Barcelona: Ed. Península, 1991 7. San Agustín se atreve a interpretar la cultura romana movido por el acontecimiento histórico de la invasión de los bárbaros. De civitate Dei comienza su redacción, con cincuenta y nueve años, en 413, acabándolo en 426, trece años después. Ya en 410 dio su sermón De urbis excidio (Sobre la destrucción de la Ciudad), poniendo a Roma como símbolo de la civilización, impresionado ante la caída de Roma a manos de los bárbaros, comandados por Alarico (San Agustín, Obras completas, BAC [Biblioteca de Autores Cristianos] vol.40, págs. 509-529). 8. Hegel. Lecciones de Historia de la Filosofía. México: FCE, 1977; volumen II, pág. 8 LA RAZÓN DILIGENTE 91
Así lo griegos se esfuerzan por explicar y comprender su mundo vital (Lebenswelt). Los sofistas tratan de todos los asuntos humanos, vulgarizando el pensamiento (lógos). Protágoras -descrito en el diálogo platónico de su mismo nombredefiende que cualquiera por medio de la enseñanza puede adquirir el conocimiento de los asuntos públicos. Por eso Hegel9 afirma que “los sofistas, por su cultura formal se mueven dentro del campo de la filosofía; en cambio, por su reflexión se hallan, en realidad, al margen de ella”. En cambio, para Sócrates y Platón la filosofía exige el rigor de las ideas que es un procedimiento difícil -como expresa Platón en la Carta VII-, fundamentando el mundo sensible en las ideas puede ser explicado y comprendido ese mundo histórico, cultural, político, religioso, etc. Platón con la metáfora de los dos mundos, el esthético y el noético, quiere significar dos modos de comprender el mundo, no la existencia de dos mundos diferentes. En este sentido, creo errónea la apreciación de Ortega10 sobre la ocupación teórica de Sócrates cuando escribe: “el tema del tiempo de Sócrates consistía pues, en el intento de desalojar la vida espontánea para suplantarla con la pura razón”. A Ortega le interesa contraponer vida y razón para destacar su descubrimien- to de la razón vital; pero no es cierto históricamente que Sócrates no se ocupara de la vida (mundo esthético), y mucho menos que la sustituyera por la razón (mundo noético). En Sócrates, y por tanto en Platón, encontramos por primera vez un señalamiento de la razón diligente, que no escatima esfuerzo en la explicación y comprensión de la realidad cósmica, personal y objetivada. Los sofistas hablan de todos los asuntos sean o no sean competentes -son los primeros pantólogos-, siempre que estén en consonancia con la opinión dominante y se pliegan a los gustos de los que ejercen el poder. Muestran sumisión ante los que ostentan el poder y, si éstos cambian de intereses, ellos reconvierten sus razonamientos para defender la nueva situación. No son ni siquiera relativistas, pues no tienen convicciones que puedan cambiar, ya que siguen las directrices de sus dueños, que les pagan y les dan la fama. 9. Ibidem, volumen II, pág. 27 10. Ortega y Gasset, J. El tema de nuestro tiempo. Madrid: Revista de Occidente, 1963; pág. 65 JOSÉ VILLALOBOS92
He de resaltar aquí que los pantólogos actuales -tan conocidos por salir continuamente en la prensa y en la televisiónestán subordinados al que les promociona, con ese aire de superioridad sobre aquéllos que no piensan como ellos; porque, a su vez, aquéllos vocean los intereses de su amo y alancean a los que se les oponen. En eso consiste la fama y la valía de los pantólogos: en ser esclavos que siguen las órdenes, recubiertas de mieles vanidosas, de sus dueños. Los sofistas y los pantólogos actuales tienen una especial habilidad para estar de acuerdo siempre con los que ejercen el poder en cada momento o época; y naturalmente tratan los asuntos que al poder les interesa, están de moda o coinciden con la opinión hegemónica. Aquí deberíamos insertar, además el esfuerzo teórico de los grandes filósofos antiguos y medievales, las aportaciones de Leibniz11 o Hegel12 cuando intentan, de modo grandioso, interpretar la modernidad. Sin embargo lo dejaremos simplemente mencionado por la extensión y profundidad de la razón diligente desarrollada. Hoy día, después de la Medievalidad y de la Modernidad, se ha hablado de la Postmodernidad. La Postmodernidad interpreta borrosamente la Modernidad, creando un imaginario maniqueo sobre el que se sustenta el relativismo inherente a su pensamiento débil. Más tarde se ha puesto de moda llamar, metafóricamente, al mundo del siglo XXI como “modernidad líqui- 11. Leibniz en su obra “Ensayos de Teodicea aplica la razón diligente en discusión con algunas afirmaciones de Pierre Bayle en su “Diccionario histórico y crítico”. Leibniz le acusa de “querer imponer silencio a la razón” en el problema de la relación entre fe y razón. Ya en el título completo de esta obra (“Ensayos de Teodicea. Sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal”) se recogen las tres objetividades metafísicas delimitadas así: Dios desde su bondad, el hombre desde su libertad, y el mundo desde el mal que en él aparece. En efecto, en los “Ensayos de Teodicea” Leibniz aplica la razón diligente del siguiente modo: -remite en sus argumentaciones a su sistema metafísico, para integrarlo en el “todo” armoniosamente; no es una aportación fragmentaria surgida al hilo de la discusión con Bayle -hace propuestas humildes y tentativas, que necesitan la apertura a otras y exigen la libertad de equivocarse. -crea conceptos metafísicos nuevos para interpretar el bien y el mal existente en el mundo, conceptos que han servido, posteriormente, de guía en la Historia de la Filosofía. 12. Hegel. Lecciones de Filosofía de la Historia Universal. Madrid, Revista de Occidente, 1974 LA RAZÓN DILIGENTE 93
ros” de Cavafis alude a la caída del Imperio Romano, pero simbólicamente se refiere a la de cualquier sociedad. Comienza así: “¿Qué esperamos congregados en el foro? Es a los bárbaros que hoy llegan. ¿Por qué esa inacción en el Senado? ¿Por qué están ahí sentados sin legislar los senadores? Porque hoy llegan los bárbaros.” El verbo griego para “esperar” es “periméno”-compuesto de “méno”, permanecerque significa “aguardar”; no usa “elpíso” que significa tener esperanza-. Por eso los ciudadanos están aguardando con miedo la llegada de los bárbaros que parecen una amenaza, y los senadores no hacen nada (“apraxía”, la nopraxis, la no-acción es la palabra usada) dando la impresión de que todo está perdido.Los bárbaros no llegan y termina el poema: “¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.” Para “qué va ser” se usa el futuro del verbo “yínome”, que significa suceder, ocurrir, pasar; por lo que sería tal vez mejor usar como traducción “qué nos pasará”(mejor expresada su significación en el alemán “werden” o el italiano “diventare”).Y termina con el sarcasmo de que esos bárbaros, frente a la dejación de los dirigentes, eran una cierta solución (usa la palabra griega “lísis”) a la situación de decadencia del Imperio. La novela de Julien Gracq “Le rivage des Syrtes” -traducida al español por “El mar de las Sirtes”- narra la decadencia de un estado y el miedo a otro situado brumosamente en la otra orilla del mar que les separa, sensación de agobio ante la amenaza de invasión de un enemigo difuso; pero en que sus habitantes perciben la guerra como el único modo para salir de la postración. Más grave es el peligro que se cierne sobre Europa desde su interior. Ningún peligro exterior provoca tantos estragos como el interno, pues tiene como consecuencia la traición a los valores europeos -entre ellos el cristianismo-, y, por ello una Europa decidida a causarse su propia muerte. JOSÉ VILLALOBOS100
Así en España soportamos la imposición de “nuevos” valores, incompatibles con los valores europeos mantenidos durantes siglos, bajo la cobertura de la “ampliación”-así llamadade derechos personales y sociales: - sobre la familia (creando artificiosamente nuevos tipos de familia) - sobre la vida (favoreciendo el aborto provocado o la muerte de los ancianos) - sobre la libertad (legislando prohibiciones empíricas en la vida personal) Los hombres de vocación teórica o práctica deben defender la cultura europea, que ellos mismos representan, pero que les trasciende. Algunos de los creadores que buscan la verdad, realizar del bien o manifestar la belleza -los intelectuales de hoy díason infieles, al modo de la razón perezosa, a la tarea que les exigiría su pertenencia a la cultura occidental. Pongamos como ejemplo los prejuicios etnocéntricos que dan igual valor literario a un texto de Cervantes que al de un anuncio por palabras; y lo mismo podríamos decir de las artes plásticas, la música o la filosofía. La idea de que todas la culturas son iguales es una ocurrencia más o menos burda, pero ampliamente extendida. c. propuesta sobre el futuro de europa El futuro de la humanidad europea del siglo XXI está al borde de su destrucción. Es un diagnóstico desolador; pero todavía se pueden hacer propuestas de solución. Debemos recuperar no sólo el pensamiento ilustrado de la Modernidad, sino el de la Antigüedad y el de la Medievalidad. De esa forma podría desarrollarse y progresar nuestra cultura hacia lo mejor (en terminología kantiana). Hay que huir de la pereza, que produce parálisis en el discurrir del pensamiento y la acción, y diligentemente recorrer el camino de la recuperación de los valores europeos. En esta dirección el cristianismo ha contribuido, de manera fundamental, a la construcción de Europa. El cristianismo está presente en las creaciones (póiesis) de la ciencia, el derecho, la LA RAZÓN DILIGENTE 101
filosofía y la teología; y desde luego, en las creaciones (póiesis) de la literatura, las artes plásticas y la música. Con ello no se niega el papel de tradiciones diferentes de pensamiento (el laicismo, por ejemplo), pues hay aportaciones muy variadas. El cristianismo está presente en Europa fundamentalmente, pero si alguien no lo creyera, que pare mientes en que el lema de la vida política “libertad-igualdad-fraternidad” (ideal de la humanidad ilustrada) es fruto secularizado y gnóstico de la idea cristiana de que somos hijos de Dios, y por ello libres, iguales y hermanos24. No cometamos con Europa el error de Narciso, enamorado de su propia imagen, reflejada en el río como en un espejo, y no ver su propia realidad. Louis Lavelle en su libro “El error de Narciso” (escrito en 1939, inicio de la segunda guerra mundial) utiliza el mito griego de Narciso para resaltar la importancia que tiene en el destino de la persona no seguir la apariencia, sino realizarlo por medio de lo que uno es realmente. La condición de hombre se basa en la libertad para el conocimiento de si mismo y en la honestidad con lo que uno es. Se puede aplicar estas reflexiones de Lavelle en el plano universal de lo que es Europa. Europa no debe enamorarse de su propia imagen, sino abrazarse a su realidad, a los valores conseguidos tan esforzadamente a través de los siglos. El error de Narciso significaría preferir una imagen a su realidad; y sin embargo hay que enfrentarse a lo que somos, aunque tal vez queramos solamente ver los que nos imaginamos que somos. De ahí procede la desolación en que los europeos nos encontramos en la situación actual de la civilización occidental. Europa se ha convertido en su caricatura, tenemos una imagen distorsionada de nosotros, porque estamos en el filo de la espada, prestos a derrumbarnos. Necesitamos romper el hechizo de Narciso y reencontrar y mantener rigurosamente -esto es, con razón diligentelas cualidades de la cultura occidental, o si se quiere, los valores de Europa-en terminología más filosófica-. Resumidamente, que sean trasparentes esos valores europeos, no que sean solamente traslúcidos; a saber, la concepción occidental: 24. Eric VOEGELIN diría que son frutos del gnosticismo moderno. Vid su obra La nueva ciencia de la política. Buenos Aires: Katz, 2006 JOSÉ VILLALOBOS102
del trabajo que transforma la realidad del conocimiento que busca la verdad de la praxis que realiza el bien de la literatura, las artes y la música que manifiestan la belleza de la libertad que nos hace ser nosotros mismos 4. “EX DESOLATIONE, SALUS” a. tiempos de desolación. españa: otro 98 Éstos son tiempos de desolación, debido a la degradación política y ética, económica y social, científica y filosófica, y religiosa. Las noticias de la actualidad son abundantes no sólo en número sino en la calidad de envilecimiento. Otras denominaciones serían: tiempos de crisis tiempos de indigencia tiempos de incertidumbre tiempos de peligro tiempos de sacrificio tiempos de turbación En suma, lugares y paisajes de soledumbre en los que habita el hombre occidental de nuestro tiempo. El hombre del siglo XXI permanece afincado en el abandono y el aislamiento, sin arma activa de defensa frente a los ataques internos y externos. En filosofía, parece engallarse el pensamiento débil, el pensamiento líquido, el pensamiento postmoderno. Al analizarlo se me presenta la imagen de los “relojes blandos” de Dalí con su viscosa sinuosidad, expandiéndose como elemento líquido; solamente falta, siguiendo con la metáfora, que más tarde se conviertan en líquidos, y se hagan gaseosos para evaporarse en su nada. Pensar hoy en la situación de España es doloroso; basta leer u oír los comentarios de tantos dirigentes y de tantas personas corrientes. Se puede, y tal vez se deba, trazar un paralelismo histórico con la crisis y acontecimientos de 1898, que dieron lugar a la Generación del 98. Hoy estamos en un nuevo 98 y está LA RAZÓN DILIGENTE 103
surgiendo “otra generación del 98”. No se puede ser arúspice sobre asuntos del porvenir; sin embargo aparecen indicios que presagian esa dirección de los nuevos acontecimientos. Ahora no es pérdida geográfica o política, sino espiritual y social, de la que se parte para una nueva regeneración de España. Ahí dejo este intento de prospección histórica, que no dudo que tendrá quienes se dediquen a él entre los historiadores, literatos, juristas, filósofos, etc. Es una anticipación de un futuro que ya es presente y que no tiene otro modo de existencia. b. la salvación: la razón diligente ¿Hay salvación, hay salud para Europa? Difícil cuestión.25 No podemos responder con la cínica y escéptica conclusión de Cavafis: después de la espera miedosa de la invasión de los bárbaros, tener la esperanza que tal vez ellos hubiesen acabado con el caos que asolaba su imperio. Más bien, debemos acudir a la razón diligente que busca la cosa misma more radicali, la raíz de la situación. La razón diligente nos sirve de “ayutorio”26, de ayuda dialéctica para encontrar la salud, aunque no sea la salida misma de salvación. El término “ayutorio” es usado en Hispanoamérica para designar un trabajo agrario que se realiza entre personas de un grupo que se ayudan mutuamente; en consecuencia la razón diligente no es un trabajo individual e insolidario, sino trabajo de grupos que buscan recíprocamente la salvación. La expresión latina “ex desolatione, salus” (en griego “apó tin érimo, sotiría”) -que traducimos “de la desolación nace o se origina la salvación”- no es meramente logomáquica, mera discusión de palabras, sino que va al fondo del asunto apuntando la solución: se origina la salvación a causa de la autoconciencia del mal, de la crisis. En la dificultad los hombres y los pueblos se crecen, se fortalecen y encuentra la superación del problema. 25. San Jerónimo, en su Epístola 123 (Patrología Latina, vol.22), sobrecogido por la caída de Roma en manos de loa bárbaros en 410, se preguntaba con frase lapidaria:”Quid salvum ,si Roma perit?”(¿Quién esta a salvo, si Roma perece?) 26. Termino usado en la Glosas Emilianenses (siglo X) para traducir el termino latino “adiutorium”. Sin embargo existe en portugués el término “adjutório” con el significado de auxilio o ayuda. JOSÉ VILLALOBOS104
Existen demasiados ejemplos personales e históricos de lo que decimos. Es mi propuesta teórica y práctica; tengo la esperanza de que sea realista, cabe una “scientiam salutis”, un conocimien- to de la salvación. Lo expresado hasta aquí es personal, subjetual: no meramente subjetivo, sino objetivo -es decir, interpersonal-. Siempre quedará la duda, a ustedes y a mí, de si es meramente subjetivo (es decir, se mueve en el ámbito del relativismo subjetivista, como le llamó Husserl) o, aún siendo siempre subjetual, es objetivo. Sin embargo alguno de nosotros se acercará más a la verdad, estará más acertado. Ése es el papel de la razón diligente; no resignarse a afirmar que “cada uno puede decir lo que quiera”, expresión de puro relativismo, sino luchar por conseguir la verdad, acercarse a ella inter-subjetivamente con trabajo, ahínco y denuedo. Para los tiempos que corren, pido perdón -o hacerme perdonar- por estas palabras en que he intentado: Hacer, confiado y confiante, un pensamiento fuerte y meditado (ni liviano ni ocurrente). Fundamentar, esperanzado y expectante, la filosofía en los clásicos (Platón, San Agustín, Leibniz, Husserl). Buscar, diligenciado y diligente, la verdad, sin ápice de rencor a ella en el caso de hallarla. LA RAZÓN DILIGENTE 105