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UNIV E RSIDAD DE SEVILLA
Facultad d e Bel las Artes – Departa mento de Pi ntura
PROGR AMA DE DOCTORADO “ ARTE Y PATRIMONIO ”
Línea d e invest igación 3: Investigación exper imental de los diversos métodos y técnicas de anál isis,
diagnósti co e intervenc ión en la conservación y restaur ación y sus tecnol ogías apli cadas
TESIS DOCTORAL
EL RE TABL O MAYOR DEL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA
DEL CARMEN DE OSUNA: AP LICAC IÓN Y E VALUACIÓN DE
LO S RPAS COMO NUEVA TECNO LO GÍA I NCORPO RADA A
MÉTODOS DE ESTUDIOS NO INVAS IVO S PARA SU
CO NOCIMIENTO CONSERVATIV O.
Doctorando:
JESÚS GALLARDO GORDILLO
Dirigida y tu torizada:
MARÍA JOSÉ GONZÁLE Z L ÓPEZ
Sevilla, 2020
Elaborado en el seno del grupo de i nvestigación HUM - 956: Conserva ción del
Patrim onio. Métodos y Téc nicas , de la Universidad de Sevill a.
Financi ado parcialmente el estu dio media nte R PAS del ret ablo mayor del convent o de
Nuest ra Seño ra del Carmen de Osuna gra cias a la ay uda concedida en la 2ª conv ocatori a de
Acciones Especiales (IV.7) del V Pl an Propio de I nv es tigación de la US (04/12/2015).
VOLUMEN I
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AGRADECIMIENT OS
Sean las primeras l íneas de esta tesis doctoral mi más sincera muest ra de gratitud y
recono cimient o a aq uellas p erson as qu e de una forma esp ecial han brin dado su apo yo p ara
recorrer este camino:
A la D ra. Dª María Jo sé Go nzález López , directora y t ut ora de est e trabajo, p or haber
puesto luz en l a senda cuando ésta se o scu recía y p or no haber dejado de creer en mí.
Gracias, tam bién , por ser un referente por t u disciplina, profesionalidad y pasión.
A D. R anier o Baglioni, res ponsable de la Unidad de Conservación Preventiva del In sti tu to
Andaluz de Patrimonio Histórico, p or su i nestimable ayuda e in teresant es conversaci on es
qu e tanto me ha servido p ara crecer profesional y p ers on almente.
A D. Diego Caballos Neira, D. Salvador V alpuesta Truj illo y D. Jaime Edu ardo Calderón
Banderas, p ilotos pro fesionales de RPAS, por su interés, dedicación y ayuda prestada para
poder hacer realidad esta no vedosa in iciativa que p ropo nemos, con result ados más qu e
satisf actorio s.
Al Rvdo. P. Francisco Daza Valve rde, prio r p rovin c ial de los Carmelit as de la Bética y a la
Comunidad de Padres Carmelitas de Osuna, po r acoger con tant a ilusión este p royec t o y
haber ofrecido todas las facilidades de las qu e h e dispuesto p ara su realiza ción.
Especialmente, al P. Rafael Leiva Sánchez con qu ien h e podi d o compart ir las i nquietu des e
ilusión de este t rabajo – a buen segu ro él ya habrá desci frado l os misterios en torno al
reta blo desde el cie lo - y al P. Manuel Jurado Perea, po r ser todo bondad en cua nto mi
person a ha necesit ado.
Y por supuesto, a mi famili a, por todo lo que ha supues to su apo yo inco ndicional, que hace
qu e en gran medida este trabajo y cualq uier logro que a lcance, también sea frut o suyo.
Gracias .
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RESU MEN
Esta tesis doctoral recoge un trabajo de investigación teórico -práct ico en el que se abo rda
el cono c imiento conservat ivo del retablo mayor del convento de Nuest ra Señ ora del
Carmen de Osuna (Sevilla) fundam entado en la princip al particularidad de los retablos
ubicados en lugares de culto, como es su a nálisis y estu dio del binomio obra -con texto . Es
decir, considerando e l retablo co mo parte integra nte e in disoluble de un complej o ent orno
– físico, geográfico, ambiental, funcion al e institu cional - en el que h ay que afrontar el reto
de su p reservación, al ser e l cont exto especí fico al que la obra se encuentra vin culada plena
de valor y signi ficado.
Dicha in vestigación se en foca como estudio p revio que , desde una estr ategia n o invasiva ,
persigue su cono cimient o global, articulá ndose de un lado a tra vés del estudio y análisis de
la o bra y de o tro, de aqu ellos factores del contexto c on los que está estrecham ente
relacionada. Tien e como ob jetivo la imp lem entación de la información resultante p ara
alcanzar una vis ión integral de la realidad conservativa en la que se i nscrib e el bien, sobre la
qu e sus tenta r su p reservación en función a su s valores, histori a, p robl emát ica y n ecesida des
específicas.
Para ello, resulta imp resc indible e l estudio y análisis del entorno de la o bra, teniend o en
cuenta diversos factores como sus prop ietarios, el t erritorio en el qu e se ubica, el in mueble
qu e lo acoge y el contexto ambie ntal que le suministra, así como la funcionalidad que como
bien cultura l eclesi ástico le ca racteriz a. Aspectos que n os conducen a identif icar t anto
aqu ellas si tuaciones que pueden supon e r un riesgo o actú an como agente de altera ció n del
reta blo , como las que han fa vorecido su preservación.
De l a misma forma, es n ecesario el estudio de la obra en sí mi sma par a extraer toda aquella
información concerniente a sus aspectos t écnicos, con struct ivos, de h istoria material y
patologías – fundamenta les para conocer la obra, valorar el esta do en el que se encuentra y,
en relación al con texto, determinar los factor es que inci den en su co nservación -. Esta
cuest ión se ha resuelto implementando a la metodologí a tradicional de estu dio, las n uevas
tecnologí as no invasivas; en concreto, el empleo de R PAS o drones para ef ectu ar la
insp ección de toda la superficie del retab lo, permitiéndo no s so slayar los obstácu los qu e
frenan la ejecu ción de esta s in vestigaciones y, al mismo t iempo - dadas l as ventajas qu e
ofrece- ser pro puesto como herramienta p a ra ll evar a cabo el seguimient o p reventivo d e su
estado de con servación. Aspecto s todos ellos que, al tratarse de una acción p ion era, son
llevados a cabo en un caso práctico real p or medio del cual se eval úa s u aplicació n a l os
fines propuestos como herramienta incorpora da al estudio y control de los retablos.
Por tanto, a través de este trabajo de invest igación se perfila un método de estu dio previo
no invasivo de reta blo s concebido como una actu ación desli gada de su intervenc ión ,
optimizando los recursos y medios dispo nib les, con el apo yo de las nuevas tecnologías,
para perseguir la conservación de estos bienes, de acu erdo a su comp leja realidad, de una
forma a ccesibl e ta nto para los p rofesion ales como p ara los responsables de su t ut ela.
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II.4.4 . Luz e iluminación [ 285 ]
II.4.4 .1. La luz como agente de deterioro [ 285 ]
II.4 .4.1.1. Luz solar [ 287 ]
II.4.4 .1.2. Luz artificial [ 289 ]
II.4 .4.1.2.1. El valor plástico de la iluminación [ 295 ]
II.4 .4.1.2.2. Ub icación de l as luminarias [29 7]
II.5. Análisis del desarrollo de la vida r eligiosa en relación al r etablo mayor
[ 299 ]
II.5.1 . Actos desarrollados en el entorno del retablo – acciones indirectas
[ 300 ]
II.5 .2. Prácticas relacionadas con elem entos integrantes del retablo -acciones
directas [311]
II.5.2.1. Crucificado del reta blo mayor [311 ]
II.5.2 .2. Virgen del Carmen [312]
II.5.2 .3. Telón [319]
II.5.2 .4. Puertas del retablo [ 321 ]
II.6. Valoración g lobal [ 323 ]
BLOQ UE TERCERO:
III. ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL C ONOCIMIENTO
CONSE RVATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL RETABLO
MAYO R ME DI ANTE INS PECCIÓ N VIS UAL Y RPAS [ 331 ]
III. 1. He rramientas de estudio no invasivas aplicadas al conocimiento
conservativ o de B ienes Cult urales: est udio del retabl o mayor del C arm en
mediante inspección visual y RPAS [ 333 ]
II I.2. Inspección visual del retablo mayo r [ 339 ]
III.2 .1. Metodol ogía [ 339 ]
III.2 .2. Resultados ob tenidos [ 341 ]
II I.3. Inspección mediante RPAS del retablo mayor [ 353 ]
III.3 .1. Lo s RPA S. Una herramienta en auge [ 353 ]
ÍN DICE
13
III.3.1. 1. Elementos básicos e i nstrumenta ción [ 354 ]
III.3.1. 2. Tip olo gía de RPAS [ 356 ]
III.3 .1.3. A prox imación al fu ncio namient o general de un RPAS
[ 358 ]
III.3 .1. 4. Norma tiva y legisl ación en el uso de R PAS profesionales
[ 359 ]
III.3 .2. Aplicació n de lo s RPAS en los Bien es Cultu rales [ 362 ]
III.3 .2. 1. Documentación [ 364 ]
III.3 .2. 2. Inspecció n [ 367 ]
III.3 .2. 3. Divulgación [ 369 ]
III.3 .2. 4. Hacia nuevos hori zontes [ 371 ]
III.3 .3. Apl icación de RPAS en retablos c omo herramienta de estudio n o
invasiva. Una acción pion era [ 373 ]
III.3 .4. Apli cación de R PAS para el estudio del retablo mayor del Carmen
[ 375 ]
III.3.4 .1. Metodo logí a [ 376 ]
III.3 .4.2. Estudio t écnico - conservativo del retablo mayor del
Carmen media nte RPA S [ 378 ]
III.3 .4.2.1. Acon dicion amiento del esp ac io de tra bajo y
preparación de la act ividad [ 378 ]
III.3 .4.2.2. Estudio del retablo mediante RPAS [ 382 ]
III.3 .4.2.3. Resultados obtenido s [ 384 ]
III.3 .4.3 . Seguimiento y con trol del estado de con servación del
reta blo mayor del Carmen mediante RPAS [ 390 ]
III.3 .4.3. 1. Aco ndicio namiento del espac io de trabajo y
preparación de la act ividad [ 390 ]
III.3 .4.3. 2. Es tu dio del reta blo mediante RPAS [ 394 ]
III.3 .4.3. 3. Resultados ob tenidos [ 400 ]
III.3 .5. Valoración de la aplicación de RP AS co mo herramienta de estu dio
técnico-conservativa de retablos a través del caso de estu dio del retabl o de l
Carmen de Osuna [ 402 ]
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III.3 .5. 1. Limitacio nes encontradas [ 403 ]
III.3 .5. 2. Ven taja s del método en rel ación al ca so de estudio [ 406 ]
III. 4. E valuación de la apl icación de RPAS como herr amienta par a el
conocimiento co nservat ivo del reta b lo del Carmen [ 409 ]
III.4 .1. Compar ativa / Evaluación del est udio técnico -co nserva tivo del
reta blo entre la insp ección visual y RPAS [410]
Banco [419]
Primer cuerpo [ 437 ]
Segundo cuerpo [ 455 ]
Tercer cuerpo [ 470 ]
Ático [ 484 ]
III.4 .1.1. Valo ración [ 499 ]
III.4 .2. Evaluación del seguimie n to y contr ol del estado de conservación de l
reta blo mediante RPAS [ 504 ]
Banco [ 507 ]
Primer cuerpo [ 513]
Segundo cuerpo [519]
Tercer cuerpo [ 525 ]
Ático [ 531 ]
III.4 .2.1. Valo ración [ 537 ]
III. 5. Valoración g lobal [ 541 ]
VOLUMEN II
BLOQUE CUAR TO :
IV. RESU LTADO S OBTENIDO S PA RA EL CO NOCIMIENTO
CONSE RVATIVO DEL RE TABLO MAYOR DEL CARME N DE
OSUNA [ 545 ]
Introducción [ 547 ]
IV.1. Historia material [ 549 ]
ÍN DICE
15
Introducción [ 549 ]
IV.1.1. E l cambio de ubicació n [ 550 ]
IV.1.2. L a restauración de 1893 [ 551 ]
IV.1.3. Ca mbios en la mesa de a ltar [56 7]
IV.1.3 .1. 1893 -1965 [ 567 ]
IV.1.3 .2. 1965 -1980 [ 570 ]
IV.1.3 .3. Actualidad [ 573 ]
IV.1.4. Historia mat eri al del camarín [ 575 ]
IV.1.5. Historia ma terial de la Virgen del Carmen [ 577 ]
IV.1.6. Inscripcion es en el reta blo [ 579 ]
IV.1.7. Conclusion es [ 581 ]
IV.2. La r ecuperación de la traza original [ 583 ]
IV .3. Análisis artístico [ 591 ]
IV.3.1. Reta blo mayor [ 591 ]
IV .3.1.1. Co nclusio nes sobre el análisis artístico del retablo [ 604 ]
IV .3.2. Camarín [ 606 ]
IV .3.3. Virgen del Carmen [610]
IV .3.4. El reta blo del Carmen de Osuna en el contexto retablístic o más
cercano [613]
IV .4. Evolución simbólica [619]
IV .4.1. La iconografía e icono logía act ual [6 19]
IV.4.2. L a icono grafía e iconología original [ 628 ]
IV .5. El proceso constructivo del retablo [ 635 ]
IV .5.1. Hast a la obra en blanco [ 635 ]
IV .5.1.1. El m aterial [ 635 ]
IV .5.1.2. P rofesion ales [ 637 ]
IV .5.1.3. Es tructura trasera [638]
IV .5.1.4. Estructura arquitectónica [ 641 ]
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IV .5.1.5. Elementos decorativos [ 652 ]
IV .5.2. La decoración del retablo [ 658 ]
IV .5.2.1. P rofesion ales [ 658 ]
IV .5.2.2. A parejo [ 659 ]
IV .5.2.3. Embo lado [ 660 ]
IV .5.2.4. Dorado y plateado [ 661 ]
IV. 5.2.5. Decoración de la lámina met álica [ 666 ]
IV .5.2.6. Encarnaciones [ 676 ]
IV .5.2.7. Decoraciones de o tras su perficies [ 678 ]
IV .5.2.7.1. P intura mural del camarín [ 678 ]
IV .5.2.7.2. Tel ón [ 679 ]
IV .5.2.8. Película de protección y p atinado [ 680 ]
IV.6. Estado de co nserv ación del reta blo [ 683 ]
IV.6.1. Fact ores de alteración [ 683 ]
IV.6 .1.1. Factores de alt er ación i ntrínsecos o agentes internos [ 687 ]
IV.6 .1.2. Factores de alt er ación ex trínsecos o agentes externos [ 687 ]
IV.6 .1.2.1. Agen te ant rópi co [ 687 ]
IV.6 .1.2.2. Bio deterioro [ 688 ]
IV.6 .1.2.3. Inmuebl e [ 688 ]
IV.6 .1.2.4. Medio ambiente [ 690 ]
IV.6 .1.2.5. Transformación del retablo de 1893 [ 692 ]
IV.6 .1.2.6. Uso y funcionalidad [ 693 ]
IV.6.2. Descripci ón y clasificación de los i ndicadores de alteración p resente s
en el retablo [ 695 ]
IV.6.2.1. Met o dolo gía [ 695 ]
Deformación [ 703 ]
Fractu ración/rotura [ 706 ]
Grieta , fenda y fisura [714]
ÍN DICE
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Nudo [ 743 ]
Pérdida de sopo rte [ 749 ]
Separación de piezas [ 769 ]
Adición de materia [ 784 ]
Elemento ajeno superpuesto [ 788 ]
Mancha de humedad [ 792 ]
Abrasión, desgaste y ara ñazo [ 795 ]
Disgregación [8 10 ]
Grieta s y fisuras de po licro mía [8 12 ]
Leva ntamiento [8 21 ]
Modificación e n lo s estofados c on p érd ida de mat eri a [8 28 ]
Pérdida de pol icr omía [8 35 ]
Acreció n [8 74 ]
Mancha [8 83 ]
Repinte [ 886 ]
Repolicro mía [ 890 ]
Craq uelado de secado [ 894 ]
Irregularidad en el protectivo o patinado [898 ]
Suciedad [ 901 ]
Oxidación [ 903 ]
IV.7. Valoración del estado de conse rvación a través de los indicadores de
alter ación presentes y sus causas de orig en [ 905 ]
V. CONCLU SIONES [ 939 ]
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VOLUMEN I II
LISTADO DE IMÁGE NES [ 951 ]
BIBLIOGRAFÍA Y FU ENTES [ 977 ]
ANEXOS [1011 ]
IN TRODUCCIÓN
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INTRODUCC IÓN
1. JU STIFICACIÓN Y DELIMITA CIÓN
Los reta blos co nforman una tipolo gía artíst ica mu y singular de nuestro patrimon io,
contando con un gran arraigo en n uestra c ultura y que llegan a ser co nsiderados como la
aportación española más gen uina al Arte ( Bruquetas, Carrassón y Gómez, 2003:1 5;
Morales, 2003:5 ; Carrassón, 2009:67 ) y u no de l os elementos definitorios del tem plo
cristiano cat ólico ( Tesauros del Patrimoni o Cu ltural de Es paña , 2017 ). Estos b ienes son unas
complejas creacion e s en las que intervien en un amplio ele nco de pro fesionales par a su
realización , co m o arquit ectos, escul tores, tall istas, pi ntores y doradores, en las que el arte se
pon e al servicio de la función religi osa para la que fueron creados los retablos. De este
prístino valor, en el que se valen de l a bell eza y el esp lendo r para el orn ato del cult o, la
tra nsmisió n del mensaje religioso y mover a la devoció n, estos bienes paulat inamente han
ido adq uiriendo u n comp e ndio de valor es allende a su fin utilitario. Los retablos, y
especialmente aq uellos con siderados como mayores -el ep icentro de la vida religi osa d e los
tem plo s- , no sólo nos habla de unas form as artística s de exp resión del ser h umano, sin o
ademá s cómo é ste se h a rel acionado con la divin idad y c ó mo ha adapta do estos b ienes a las
distintas n ecesidades o formas de e ntender esta relación. Son considerados, p or ta nto,
como bienes patrimoniales de un elevado i nterés cultu ral, lo que se h a tradu cido e n un
progr esivo au mento del interés por su preservación como obras únicas.
Pero frente a esta relevancia e interés que desp iertan, en el p anoram a actual no s
encon trarnos con p ocos ret ablos que se encuentren atendidos con servativa mente en
lugares de cu lto. Las instituciones religi osas encarga das de su tut ela, desde diócesis a
parroquias u órden es reli giosas, suelen contar con un amplio número de ejemplares que
puede llegar a ser inversamente propo rcion al a la capacidad para abordar su cono cimiento y
correcta con servación , y las líneas de ayudas ex ternas tampoco so n capaces de resol ver esta
cuest ión . El elevado c oste eco nó mico que supon e el despliegue de medio s para acercarnos
al retablo para el estudio de la ob ra y de su estado de conservación , mantenido dura nte el
ti emp o que du ren estos trabajos y suponiendo la obstacu lización del desarrollo de la
función del b ien, suele ser considerado como una traba a la hora de enfocar est as
act uacio nes. P or e llo , en el mej or de l os casos s e atiende a los exponentes más
representativos, dejando de lado un elevado número de retablos que carecen tanto de un
mantenimiento sencillo y cotidiano como de lo s estudios má s b ásicos para poder lleva r a
cabo líneas p reve ntivas esp ecífica s; y además estando enmarcadas estas actua cion es cuando
la necesi dad es perentori a, por lo que es difícil encontra rno s con su abo rdaje desligad o del
act o de su intervenció n in mediat a o a corto plazo.
En este mismo sentido, también detect amos que las actua ciones de seguimiento y control
de la evo luci ón c onservati va de los retablos est án vinculados a aqu ello s bienes en los que se
ha efectuado una actuación de con servación -resta uración, encaminándo se a controlar y
mantener estas i ntervencion es de gran env ergadura , faraónicas – por alcance, al tener que
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RPA S p ara cono cer sus a spectos construct i vos, técnico s, deco rat ivos, históricos,
art ísticos, ico nográficos, de historia mat erial y patológico.
- Efectua r un tra bajo de i nvestigaci ón de fuentes do cumenta les y g ráficas para
valorar el grado de cono c imiento del bien del q ue partimos.
- Analiz ar las caract erísticas del territori o geográfico donde se ubica el inmueble y la
identificación e historia en la localidad de la institución propietaria del reta blo .
- Efectua r un completo análisis del in mueble del que forma parte el ret ablo: su
estructura , su entorno ex terior, l a con figuración de su es pacio in terior, l a
descripci ón de las infraest ructura s que p osee y la evalu ación del estado de
conservación de la parte del edificio más pr óx ima al bien.
- Analiz ar la i nfluencia del entorno am biental del ret ablo p ara su conservació n, a
tra vés del es tudio del microclima; el comp ortamiento de la m adera ante los ca mbio s
ambientales y su co ntenido de humedad; l a inci dencia de la luz y la iluminación
art ificial; y el est udio del retablo mediante técnicas termohigrométricas de
vision ado.
- Estu diar el desarrollo de la vida reli g iosa ant e el ret ablo, a efect o de analizar cuá l es
el uso y función que cumple y su incidenc ia en la conservación de l bien, dado que
se trata de un v alor que de fine característicamente a los retablo s y uno de los
prin cipales fa ctores de riesgo para su deterioro.
- Cono cer los RPAS y las p osibilidades que o frecen aplicados a los bienes culturales,
y al mismo tiempo, anali zar las e xp eriencias más cercanas al ob jetivo qu e
propon emos.
- Apl icar l os R PAS p ara efectua r el estu dio técn ico -conservat ivo y el seguimiento de l
estado de conservación del reta blo mayor del Carmen.
- Eva luar la viabil idad de los R PAS como herramienta inco rporada a métodos de
estu dios n o in vasivos de retablos, en fase de estudio y de control resp ectiva mente, e
implementada a los estudios con vencionales .
- Eva luar el estado de conservación del retablo a t ravés de la identif icación de la
inciden c ia de las patologías que p resenta poniéndolas en relación con las causa s que
las origin a.
- Valorar los resultados de l os di stintos estudio s no invasivos efectu ados para el
cono cimient o conservativo del reta blo , como estadio p revio a la definició n de las
act uacio nes más opo rtunas para su conserva ción y mantenimiento.
IN TRODUCCIÓN
29
3. E STADO DE LA CUESTIÓN: EL EST UDIO DE LOS RETABLOS
Los retablos aglutinan valores ta ngib les, de acuerdo a su valor como o bra de arte mater ial, e
intangibl es, po r la significancia del valor religio so de l culto y la liturgia, la religiosidad
pop ular y por su valor cultura l. Por ello, d esde qu e el retablo dej ó de ser consi derado un
obj eto mera mente funcion al y concitó su at ención c omo ob ra de arte, h asta l a va lori zación
act ual como legado cult ural qu e h ay que s alvaguardar, el estudio e i nvestigaci ón de estos
bien es h a caminado e n paralel o a este pro gresivo c om pendio de val ores y la necesida d de
preservarlo en toda su plenitud.
Por el papel tan relevante que juega en el patrimonio de n uestro territorio y su eminente
valor plástico, el estudio de los retablos se ha abordado – y así sigue si e ndo - casi de ma nera
exclusiva desde la perspectiva de l a Historia del Arte. Y no es de ex trañar: son unas gra ndes
máq uinas do nde se desp liega la esencia cre ativa del ser h uma no , ma terializada a tra vé s de
las formas y gustos de cada momento histórico , en co nstante evolución com o l a pro pia
inquietu d humana, en el marco de un o bjeto puesto al servicio del culto a lo trascenden te y
sagrado.
Su lenguaje forma l y estilíst ico -atra ctivo protagonista visual de est as obras- ha c opado
tra dicio nalmente la a tención de los investiga dores qu e se han embarc ado en su est udio ,
siendo re nombradas l as citas a l os tra bajos de Mart ín González (1964) , Palomero Páram o
(19 83) y Belda N avarro ( 1987) q ue se co n sideran las líneas metodoló gica s que abrieron
paso y han servido de guía para el cono cim iento d el retablo español de forma rigur o sa y
sistemát i ca, a tra vés de su valoriz ación com o obra de art e propia, es decir, con importancia
específica y no co m o un elemento contend o r de pin tura s o escultura s de relevancia.
Entre los aspectos que con tem plan los es tu dios se h an realizado desde esta p erspectiva,
generalmente abo rdados con una rigurosa b ase do cumenta l, desta can aquellos relacionados
con su parte estética, como la traza, su análisis formal, los elementos deco rativos que l o
caract eri zan, o la ico no grafía y su valor si mból ico. Asimismo , son recurrentes lo s estudios
centrados en las o bras de una demarcación geográfica en un p eriodo estilístic o en con c reto
(Herrera, 2001), o su desarrollo art ístico de sde las p rimeras manifestaciones a la actualidad
(Halcón, Herrera y Recio , 2009), po r ci ta r algu no s ej emplos cercano s a nuestro ob jet o de
estu dio entre un vasto el enco de publicaci o nes en torno al retablo desde el punto de vista
de la Historia del Arte.
A l a luz de la disciplina en la que se in sert a nuestro tra bajo , la co nsideración del ret ablo
como una obra que h ay que co nocer para c onservar camina de la mano de la introducción
del ejercicio crítico de su tu tela – siempre a la sombra del ejerci cio pionero de la
conservación de obras de arte en museos - que supo ne el cambio de mentalidad de la
consi deración del bien cultura l, el desarrollo de la pro fesión especializada del co nserva dor -
restau rador (Domínguez Gómez, 20014:14) l a impl antación de las teorías b randianas y las
medidas de pro tecci ón de los bienes cult ural es por parte de las admin istracio nes e
instituciones en cargadas de su tut ela; lo q ue ha p erseguido el estudio e in vestigació n de
estas o bras desde una p erspectiva pro pia de la con servación y n o desd e lo s i nterese s de
otras disciplinas.
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El abordaje específico de su estudio en e l campo de la Conserva ci ón - Restau ración h a
presentado uno s rasgos qu e en líneas gen erales lo h an caracterizado y se han venido
repitiendo sistemát icamente. De un lado, la in vestigación del b ien se h a justificado en el
marco de una ac tuación en ella, es decir, se realiza p ara obtener la i nformación necesaria
para afrontar el pro ceso de in tervenci ón en la o bra, generalmente de índole restaura dora
qu e le dev uelva el esp lendo r a su p lástica artística. Por otro lado, el estudio del retablo ha
puesto el acento en la obra en e xclusiva, focalizado en su anverso y sin o torgarle la debida
importancia a l os elementos p resentes en su reverso p or con sidera rse auxiliares, destinando
sus esfuerzos o focalizando sus logros en con ocer el ret ablo desde su valor histórico y
estilístico, la cara c terización e iden tifica ción de los materiales presentes, su tecnolo gía
constructiva – en gran par te gracias a l o s desmo ntajes si stemáticos para susti tuir sus
estructura s- las técnicas empleadas, y la defi nici ón de su estado de conservación en base a la
lectura de l os indi cadores de altera ción qu e presenta. U n gran n úmero de retablos h an sido
estu diados de esta forma, m uy sesgada y parcial, motivando que con el paso del tiem po ,
tomando persp ectiva de las actuaciones r e aliz adas, se haya puesto de manifiesto que son
estu dios in compl etos para sustenta r su c on servación, de ahí que lejo s de servi r para
solucion ar sus problemas, ponga en evidencia q ue son del todo insuficientes y sea neces ario
redefinir dichos estudios o eje cutar nueva m ente una intervención .
Por ello, en los últimos treinta años ha ten ido lugar un creciente in terés po r la definició n
específica de paut as y una metodolo gía p ara el estudio e intervención de estos bi e nes ta n
particula res, co nforme a lo qu e la ex p eriencia de est udios e in tervenciones, en el ejercicio
de l as mismas, h a revelado . Esto ha dado luga r a que el retablo sea el tema principal s obre
el que se h an desarrollado diferentes encuent ros p rofesionales, curso s especiali zados,
act ividades aca démicas, divulga tivas, de formación , y grup os de trabajo qu e h an abor dado
distintos aspectos relacion ados co n su problemática , sus t écnicas, su co nservación , o su
difusión. Entre ellos, podemos citar:
- II Jornadas técnicas: La intervención en retablo. C riterios , métodos y p autas conservativas .
Facult ad de Bellas Artes, Universi dad de Sevilla. Sevilla, 2015.
- Simpo sio internacional: O retá bulo no espaço ibe ro -americano: forma, fu nção e i conografia .
Grupo de investigación Med ieval and Ea rly Modern Art Studies. Lisb oa, 2015.
- I Jornadas sobre R etablos . Aso ciación Cultura l El So lanar de Gea . Gea de A lbarracín,
2014.
- Curso Superior de intervención en bienes muebles. El proy ecto de conservación .
Institu to Andaluz de Patrimonio H istórico (I APH ). Sevilla, 201 3 - 14.
- Jo rnadas de C onservación Preventiv a en lugares de culto . Instituto de Patrimonio Cultural
de España ( IPCE). Madrid, 2009.
- Jornadas fundacion ales del grupo de Trabajo de Retablos del GE - IIC: Estructura s y
sis temas de construcc ión d e re t ablos: es tudio y conser vación . Valencia, 2009.
- Grupo de Trabajo de R eta blo s, del GE-IIC. 2009.
- Curso: R eta blos, características particulares d e su intervención . Instituto An daluz de
Patrimonio H ist órico (IAPH ). Sevil la, 2006.
- VIII Encu entro de Primavera en el Puerto de S anta M aría: La c onse rvación d e Retablos.
Catalog ación, co nservación y difus ión . Ayuntamiento de E l P uert o de Santa María . El
Puerto de Santa María, 2006.
IN TRODUCCIÓN
31
- VII Encuent ro de Primavera en el Puerto de Santa María: L a conservación d e Retablos .
Ayuntam iento de El Puerto de Santa María. El Puert o de Santa María, 2005.
- Congreso : Retablo s: té cnicas, materiales y procedimientos . Grupo Español del
Internat ion al Institu te for Con servat ion – G E IIC. Valencia, 2004.
- Jornadas i nternacionales: Journées D´étude de la SFIIC. Retab les in situ. Conservation
& Restoration. Sección Francesa del Internacion al Institut o f Co nservation (SFIIC) .
Roubaiz , 2004.
- Curso El proyecto de conservación y restauración de retablos sobre sop orte lígneo : estructura y
contenido . Instituto Andaluz de P atrimonio Histórico (IAPH). Sevilla, 200 3.
- Talle r de Retablos . The Getty Con servation Tru st ( GCI) e Instituto Andaluz de
Patrimonio H ist órico (IAPH ). Sevil la, 2002.
- Curso: Los retablos: estudio, proy ecto e in terve nc ión . Institu to de P atrimonio Cult ural d e
España (IPC E) en el centro de la Agen cia Española de Co op eración para el
Desarrollo. Carta gena de Indias, 2002.
- Simpo sio Internacional: L´Europ e d e Retables. Recon tre avec le patrimoine religeux.
Le Mans, 200 0.
- IX Simposio Hispano-Portugués de H ª del Arte: El re tablo . Tipología, iconografía y
res tauración. Ourense, 1999.
- Curso Investigación y t écnicas aplicadas al con ocimiento e intervención en retablos. In stituto
Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). S evil la, 1998 y 1 999.
Esta s accion es , pro movidas fundamenta lmente po r l as instituciones dedicadas al
patrimonio cultu ral y el mundo universitario, “ son el pil ar donde se asien tan los avances
filosófico s, met odológicos y técnicos de la con servación de retablos ” (Domínguez Góm ez,
2014: 95). Pero de i gual forma , son tamb ién las p ublicaciones de l as i ntervencion e s en
reta blo s, p rincipalmente desde institu cion es co mo el Institut o de Patrimonio Cultural de
España ( IPC E) o el In stituto Andaluz de Patrimon io H istórico ( IAPH), un eje fundame ntal
por el que se articula todo este proceso de acep ta ción y adapta ción de me todol ogías para su
estu dio y co nservación . Entre ell as y dentro de un v ariado panorama, es el pro yecto de
intervención e n el retablo mayor de la Capilla Real de Granada, lleva do a cabo p or e l
Institu to A ndaluz de Patrimonio Histórico (I APH ) en el año 1997, un referente punto de
partida po r el que se p one a punto la metod olo gía específica de estudio para la in terven ci ón
de lo s reta blo s. Ésta se articu la a tr avés de una ruta de trabajo i nterd iscip linar con una
visión integra l de la obra en su con texto, se ntando las bases metodológi cas de una f orma de
estu diar y actuar en estos b ienes, qu e si b ien en su momento supusieron todo un h it o , se
encuentra pl enamente vig ente a día de hoy. Asimismo, también es desta cable que dentro de
las accion es relacionada s con el Plan Nacional de Co nservación Preventiva, se abo rda p or
primera vez l a casuística particula r de la conservació n preventiva de los retablos, referente
ta nto al bien co mo a su iluminación ( Conse rvación preventiv a en lugares de culto , 2009) lo que
abre l as puertas a un enfoqu e metodoló gic o, de acuerdo a la corriente actu al en los bienes
cultu rales, que pri ma centrar lo s esfuerzos en una adecuada conservación antes que en una
intervención integra l.
Sin lugar a d udas, en tre las accion es que h an sido citada s anteriormente, deb emos res alta r
los encuentros ce lebrados en Carta gena de Indi as Los retablos: e studio, proyecto e intervención, y
en Sevilla, Tall er de R etablos , ya que de las r eflex ion e s de lo s profesionales p articipante s en
Jesús Ga llardo Gordil lo
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torno a l panorama del momento y ante el sen timiento de la necesidad de defini r un
conj unto de directrices comunes que apoyen el enfoque metodoló g ico que rij a estas
act uacio nes, encaminadas a fomenta r i nterven cion e s fact i ble s y sostenibles, h a derivado en
dos documentos fundament ales para articular sus i ntervencion es como son l a C arta de los
Retab los (Cartagena de Indias, 2002 ) y el D ocumento de R etab los (Sevilla, 2002). Además, en el
caso del workshop sevi llano, resulta de e special in terés la publicación c onj unta entre Getty
Conservation Institu te y el Instituto An daluz de Patrimonio Hi stór ico (2006 ) del
mono gráfico Me todo logía par a l a c onservación de r etablos en made r a policro ma da , donde podemos
apreciar có mo se abordan esto s bien es ta n especí ficos, mediante ejemplo s españ o les,
europeos y latinoamericanos; el Corpus bibliog ráfico d e Retablos y el recurso electrón ico CD -
Retab lo. Terminología b ás ic a ilustrada; todo un material dedicado en exclusiva p ara la
conservación de los retablos, sin precedentes.
En la actualidad, está aceptado que los retabl os requieren de un método de estu dio para su
conservación basado en el cono cimie nto no só lo de la o bra en sí, sino contemplada d esde
una con cepción integral e n la que tienen cabi da tan t o valores mat eriales com o inma teriales
y en l a que, más allá de la mat eri alidad física del bien, forma parte de un c ontexto que, en
muchos casos, c on diciona su conservación y es el qu e nos indica las p aut as a seguir en
función de sus exi ge ncias.
Los retablos se caracterizan p or ser unas obras co mplejas técnicamente por la diversidad de
mat eriales, técnicas, p rocedimientos y si ste mas construct ivos empleados para darle fo rma,
ta nto por su anverso como por el reverso; p or el espacio fís i co qu e o cupa se encue n tra
unido al inmueble, integrándose en él y formando part e indiso luble de l mismo; se
encuentra circunscri ta a un entorn o a mbient al; y es un bien q ue si gue cumpliendo la
funcionalidad para la qu e se creó (cuando e stá n en lugares de culto). Estos aspectos f orj an
sus particu laridades y son unos fa ctores determinantes q ue condicion an su evoluc ión,
determinan, den tro de la casuística p articula r, sus necesi dades conservativas y rigen su
estu dio, co nservación y prevención (González López, 2016).
Desde este punto de vis ta , el retabl o deja de con siderarse, tal y como se venía haciend o, un
obj eto i ndividualizado, e n el que los estu dios atienden a sus aspectos materia les (u bicació n,
ta maño , morfolo gía, materia les, tecno logí a) h istóricos (comitent e, transformacion es,
ava tares,..) o ar tístico ( aut or, escuela, tip ología, i cono grafía) , en muchas ocasio n es,
descuidando el estudio de una parte fundament al del mismo como es su reverso y la
estructura de sostén; y su est udio conservativo, limitado a la iden tifica ción de las
al teraciones que presenta.
El enfoque de lo s n uevos po stulados se p la ntea desde una po stura glo bal e integrada del
reta blo – ubicado en lugar de culto - co n su con texto, al recon ocerse que, tal y como p lantea
la conservación prevent iva, l a co nservación de lo s bienes debe formar p arte de un
panorama más a mplio que no só lo c ontemple el o bjeto e n sí mismo , sino qu e tambi én
analice su entorno.
En el la encontramos tres factores de e ste contexto determinantes para l a con servaci ón de
los retablos, co mo ya se h a esb ozado. De un lado, al enco ntrarse unidos los retablos al
inmueble - ya sea mediante su anclaje al pavim ento, a l os p aram entos, o a ambos - , el estado
IN TRODUCCIÓN
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de conservación del edificio y las pat olo gía s qu e és te p resente pueden tener s u reperc usión
en la obra, afectando ta nto a s u estabilidad estructural, como a su sopo rte y las capas
pol ícroma s. P or otro lado, las condiciones ambientales del microclima del interior de este
espacio, junto a la iluminación del bien, ha n sido tradicionalmente con s ideradas po r lo s
pro fesionales de la conservación como uno de los principales fact o res qu e pueden
condi cionar negativament e el est ado de co nservación de los b ie nes cultu rales. Fi nalmente,
la función y el uso que cumple esta o bra, como p atrimonio viv o y que sigue vigente, nos
enfrenta a la dicotomía en tre u so - conservació n, pues en gran medida es uno de l os mayo res
fact o res de riesgo a l os que se ve somet ido el retablo debido a manipulaciones, anclajes de
estructura s o colo cación de enseres.
Por lo tanto, frente a es tas co nsi de racion es no se p uede co nocer conservativam ente la ob ra
si se efectúa u n análisis sesgado, cen tra d o só lo en el bien en sí, dejando de l ad o la
investigación del contexto, do nde se co ncen tra n la mayor p arte de lo s rie sgo s
exponen ciales de deterior o de l a o bra , como p ueden ser la negl igencia en su gestión tutela r,
su uso, l os problemas del inmueble o unas condi ciones cl imát icas desacon seja bles.
Asimismo, e l estudio de su estado conserv at ivo permite evalua r el proceso que genera su
deterioro, al relaci o nar las p atologí as que se ma nifiestan en el reta blo c on l as causas que las
origi nan, pues so n esta s relaciones con el entorno físico, s ocial y cultu al el motivo d e sus
altera cion es. Po r lo tanto, vemos que esta p o stu ra para el es tudio e in vestigación del retabl o
ti en e una visión mult idisciplinar y se en cuentra directa mente in fluenciada por lo s
fundam entos de la Con servación Preventiva – h acia donde camina la conservación d e lo s
bien es culturales en el presen te sigl o -, en el que el con ocimien to de la obra y el análisi s de
su en torno, determinarán el estado de co nservación de la ob ra y los riesgos a l os que p uede
verse so metida, a la vez qu e p ermite ori ent ar los estudios esp ecíficos necesario s, de limita r
las líneas de actu ación tanto para su in tervención co mo para su se guimien to y o ptimizar los
recursos disponibles.
Esta probl emát ica p articula r hace qu e la con servación de los retablos sea un reto que n o se
deba afrontar de form a arbi traria, sin o debidamente con sensuada a través de una
metodología de estudio e invest igac ión a dapta da a estas singularidades. En base a los
valores que aglutina el retablo y teniendo en cuenta l a co mplejidad de fact ores que
intervienen en su conservación, la intervención en el retablo – ya sea de estudio,
conservación , restau ración o mantenimiento- ,
debe responder a un proceso estructurado en d iferentes momentos, cognosciti vo u
operativo, que permita n dar un a respuesta racional, y factible, a las i ncógnitas por él
formuladas con el rig or ci entífi co y metodológico que hoy dí a d emanda este bien c ultural
( Docu mento Retablos, 2002).
En consecuenci a, la única vía por l a que se p uede abo rdar l a co nservación de la o bra es po r
medio de una rigurosa fase de investiga ción , que proporci onará
a los agentes implicados e n s u gesti ón e intervención los instr umentos necesarios para pr ogramar, de forma
priorizada, las actuaciones q ue r equiere, l o que i mplica evaluar y c onsiderar to dos los factores de riesgo y
extr aer las con clusi on es corr ectas, a partir del a nálisis del objeto -in mu eble -contexto (González López ,
2015:15 1);
Jesús Ga llardo Gordil lo
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la cual estará jus tifica da, ar ticula d a y sopo rtada p or sus valores, su p roblemát ica y
sustent ada por mecanismos de ges tión viables, haciendo competentes a l os age ntes
implicados a tomar la decisión de su actu ación más adecu ada y su articu lación pro ye ctu al
( Documento Reta blos , 2002).
Al margen de aspectos teóricos y metodoló gicos, debemos igualmente analizar la práctica
real del estudio de lo s retablos, para cono cer el cariz de l as i nvestigaciones en torno a e llo s,
el marco en el q ue se circ unscri ben estas a ccion es y l os aspectos que co ntienen el estudio
de los retablos p ara su conservació n.
El interés desp ertado p or lo s reta blo s, como bien cult ural, h a h echo que l os in vestigadores
español es po ngan su punto de mira en el est udi o de los diferentes aspectos que comp on en
estos complej os bi e nes, ampliando el campo de la investigación allende de su valo r plástico.
Así, y para esbozar su horizont e, encon tr amos que en torno a los retablos se aborda n
facetas con cretas como su p roceso y s ist ema con struct i vo (Barrio y Berasain, 2004;
Carrassón, 2006; V ivancos y Pérez Marín, 2006) ; los pro cedimie ntos y técnicas decorat i vas
empleadas (Gómez Gon zález, 1989; Echev erría, 1990; C arrassón, 2005; Gómez Espino sa,
2006; Ferragut, 2006; Rodríguez Lóp ez, 20 09) ; la car acterización de los materia les (G ayo,
2003; Cantos, Báez y Vidal, 2012); así como aspectos abo rdados en meno r medida, p er o de
un eno rme in terés, co mo las est ructuras ( Guerr a, 2 006; Bl anco, 20 11; Paú l, Guerra y
Rodrí guez, 2016); asuntos de su h istoria material como sus c ambios y transformacio nes
(Domínguez Gómez , 2016; G arcía En guíx , 2017); de su conservación preventiva
(Ca rrassón, 2009; R odrí guez Lorite, 200 9; Domínguez Gómez, 2014 y 20 19) ; técni cas y
herramientas aplicadas para su estudio y conservación (Cantos, Lodeiro y Laguna, 2009; De
la Peñ a, García y Sánchez, 2017; Galla rdo y Go nzález López, 2018); o sob r e la
metodología, pro blemática, estudio e intervención e n ret ablos (G onz ále z L ópez , 199 8,
2002, 2006, 2011, 2016 ). Lo que en suma mu estra la realidad tan compleja de estos b ienes y
a que en torno a ello s se ha forjado un sector de pro fesi on ales e investiga dores
especializ ados e n el estudio para la conserva ción de los reta blo s.
En cuanto especí ficament e al est udio para su co nservación, en pri mer lugar debemos
destaca r qu e es tas investigacion es se llevan a cabo co mo acción enmarcada en la fase i nicial
– más o menos in mediata- de una in tervenc ión en l a ob ra. Es decir, si empre van ligados al
act o de su i ntervención , p or l o qu e estos estudio s tienen la finalidad de proporcionar la
sólida base donde sustentar lo s procedi mie ntos qu e definan sus n ecesidades. No es co mún
– no nos hemos encontra do ejemplos que así lo demuest ren, a ex cepción de los trabajos
académ icos co mo tra bajos fin de grado (TF G), trabajos fin de mást er (TFM) y tesis
doctorales- que se ll eve a cabo una investig ación de esta ín dole si no es c o n dicha finalidad
preestablecida, l o que n os con duce a detectar que cuando lo s investigadores se en frentan al
estu dio de u n retablo en conc reto, o es para su i ntervención , o es para focalizar su atención
en alguno de sus múltiples asp ectos, valores y compo nentes, generalmente lo s históric os o
art ísticos. En con secuencia, al co nceb irse co mo un pri mer estadio en el pro ceso de una
intervención , el estu dio de lo s retablos se a bo rda in situ , apro vechando la lo gística n ecesaria
para acceder a la totalidad de la su perficie d e la ob ra.
IN TRODUCCIÓN
35
Más allá de los estudios enfocados a co nocer l a obra en sí misma, desde los as pect os
histórico s y art í sticos, su con ocimiento co nstructivo y técnico, la carac terización de
mat eriales, o la definición de su estado de co nservación, en los est udios de reta blo s
apreciamos que comienza a valorarse, y a fo rma r parte in eludible de el los, su entorno fí sico,
concretado en el análisi s del in mueble y el estudio ambiental. Po r tanto , toma par tido la
identificación del entorno in mediat o donde se custodian las obras como factor de
relevancia que jueg a un decisi vo papel en su co nservación , por lo que n o sólo se recurre a
la descripción del templo o la iglesia para contextu alizar físicamente el retablo -que por otro
lado debemos l amenta r qu e es, en lí neas generales, a lo que se limitan cuando se con templa
el in mueble, salvo co ntadas excepcio nes influ enciadas po r la filosofía de la Con ser vació n
Preventiva- si no sien do conscientes que a tra vés de s u análisis, tanto del en torno físi co
como del ambienta l, se persigue su c onservación al poder relacio nar el o rigen de l as
patologías a fact ores in trínsecos a la obra, o extrínsecos, de su contexto .
Si bien e sto ya es un logro frente a anteriores enfoques, echamos en falt a que el análisis del
entorno físico se extienda a una caracter ización y valoración de riesgos del territorio
geográfico; aspectos relativos a la tu tela del bien como sus p ropieta r ios, la gestión del
patrimonio y su p rotección; el análisis de su vulnerabilidad frente a lo s r iesgos a los que se
ve sometido; la defini ción de un p rogram a específico para su mantenimiento, control,
valorización y difu sión o l a puesta a punt o de i nstrumen t os y medios para sustenta r la
viabilidad de la actu ación definida, en tre otros (González López, 2016).
Pero, de forma llam ativa, se s uele pasar por alto la co nsideración del análisis de uno de los
fact o res que creemos que es p rincip al para la co nservació n del bien: su función (González
López, 2006) . El re tablo, co mo b ien del pat rimon io cultu ral religio so, se con figura como
un el emento vivo al servicio del ministeri o religi oso para el que fue creado y que mantien e
vigente, además de ser un bi e n en el q ue r esiden valores cultura les. Por ello, en el
cumplimiento de su funcion alidad campa uno de sus valores característicos y peculiares,
pero al mismo t iempo, p uede actua r como uno de lo s mayores fact ores de riesgos a los que
se ve sometido p ara su preservación , tanto del bien en general como de algún element o
particula r del mismo. Nos resulta, p or t a n to, del t odo incomprensible que, como por
ejemplo al igual que ocurre en el territori o ibero americano en el que está n otablemente
arraigado el análisi s del valor c u ltural y el sign ificado para la so ciedad del retablo en
cuest ión , o al igual que se a naliza su m antenimien to cotidian o, no se c ontemple u na
investigación e ncaminada a cono cer cuál es el desarroll o de l a función del ret ablo y su
posible incidencia en su deteri oro, para así po der abo rdar la n o t an sencilla t area de
conj ugar la plena vigencia del sent ido origi nal de estos bienes con su conservación, ant es
qu e perseguir sistemát ica mente u na muse alizació n de los retablos y mut ilar uno de su s
valores caract erísticos.
El reto co nsiste, p or l o tanto, en enfocar un estudio e investigación de los retablos de
forma in tegral tal y co mo estos bienes cultura les hoy día demandan, tenien do en cuenta l as
peculiaridades con servativa s de este patrimonio , y l o más importante, atendiendo a esta s
particula ridades in herentes al retablo de forma conjunta e impl ementa d a. Un estudio que
más allá de est ar justificado p or una in tervenci ón en la ob ra, debe ser articu lado dentro de
una estrategia de la que forme p arte como una forma de e nfrentarse su con oci miento, en
Jesús Ga llardo Gordil lo
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numerosas ocasio nes, co mplet amente ign oto, para desde la adop ción de la filosofía de la
Conservación P reve ntiva encauzar su in vestigación, su intervención y su mantenimiento,
según sus necesidades demande.
Partiendo de estas premisas, resulta p oco frecuent e - dentro del pano rama actual descrito - el
enfoque con e l qu e afrontamos y articulam os el estudio para el conocimiento conserv ativo
del reta blo mayor del C armen de Osuna, al no hallar entre la bib lio grafía publicada
referencias a un a bordaje del estudio del ret ablo similar. En primer lugar, po rque n o
respon de a una decisió n prefijada de acometer una intervención en el mismo, sino q ue el
fin es cono cer conservativam ente la ob r a. En segundo lugar, porque focaliz amos las
investigacion es en el retablo y en el con te x to en el que se encuentra y que puede ser un
fact o r p rop icio de ri esgos para su p reserv ación, dej ando at rás el enfoq ue exclusiva mente
científico de la obra material. Y finalmente, p or la apuesta de la incorporación de n u evas
herramientas p ara efect uar l a investigación de l a obra en sí, que nos permite p erfilar una
línea de estu dio que so slaye los o bstáculos que frenan l a ej ecución de estas in vestigaciones,
y qu e en muchas ocasion es so n el motiv o p or el qu e los retablos s on unos auténticos
descono cidos para su conservació n.
De esta forma, desde la h umildad de nuestra aportación, nos enfrentamos a un cambio de
rumbo ante el estudio de los retablos, que no pretende más que adaptarse a sus necesidades
por medio de una estrategia de est udio p ara su con ocimiento qu e con temple al retablo
desde las múlt iples facetas y fact ores q ue intervienen en su preservación.
4. GRADO DE I NNOVACIÓN
La prin cipal aportación d e esta tesis do ctoral radica en que aborda el co no cimiento
conservativo del retablo mayor del co nvent o de Nuestra Seño ra de l Carmen de O suna
desde una estrategia no invasiva, como actuación desli gada del ma rco de una intervención y
apostando po r la i ncorporación de n uevas tecnologí as p ara el estud io y seguimi ento
preventivo de estos bienes. Po r tanto l a n oveda d no reside tanto en el ob jeto de estu di o, el
reta blo del Carmen – au nque n o haya protago nizado con anteriorida d una in vestigació n de
esta índo le -, como en la orient ación que se le h a querido dar a la met odol ogía seguida p ara
este fin y en la apuest a pion era po r l as n uevas tecno logí as para ef ectu ar el estu dio del
reta blo . P or lo que sin encorsetarnos a los resultados apl icados a un caso p articula r, d e su
lectura se desgrana una no vedosa forma d e acercarnos a esta tipo logía de b ienes de n uestro
patrimonio cultura l.
En primer lugar, entre l as aporta cion es de este trabajo de i nvestigación destaca el ma rc o en
el que se ejecuta el estudio del retablo. Más allá de centrarnos únicamente en sus val ores
histórico s o artísticos, bajo la p erspectiva de la Hi storia del Arte, o de ser un frut o derivado
de un proceso de intervenció n efectua do en l a o bra – situaciones que, como hemos visto en
el es tado de la cu estión , son las que han p r otagoniz ado el estu dio de los retablos -, se aborda el
estu dio del retablo para su co no cimiento conservativo con in dependencia de una actuació n
IN TRODUCCIÓN
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de conservaci ón -restaura ción prevista, p oniendo de relieve la necesidad, re l evanci a y
opo rtunidad de la realizació n de un co noci miento ín te gro y glo bal del bien co mo p rim er
paso p ara encauzar su salvaguarda , l a defini ción de estudios o las líneas de c ont rol
pertinentes; por tanto, ejerciendo una t utela act iva.
En este sen tido, el enfoque de es t e est udio de acuerdo a la Co nservación de los Bi enes
Cult urales (disciplin a en la qu e se inserta esta tesis) con templa, en primer luga r, al retablo
como un todo c onformado de anverso y reverso – habitualm ente tan descuidado e n los
estu dios tradicionales de retablos- y otorgándo le la misma impo rtancia tanto a lo s
elementos decorativos co mo los estructu rales, ya presen ten o rnamentación o no. En
segundo lugar, la investigación no queda focalizada a la obra en sí, como ob jeto indivi dual,
sino formando parte de un complej o y polif acét ico con texto al que se en cuentra vinculada,
ya destaca do co mo uno de los rasgos que p articu larizan conservativament e est as ob ras y
qu e juega una especi al relevancia en su conserva ción .
Aspecto innovador es, asimismo, qu e el est udio, análisis y evalua ción del reta blo mayor del
Ca rmen de Os una, bajo la consideración del binomio obra -contexto, se enfoca des de la
premisa de emplear úni cament e mét odos no invasivos para p artir del t otal respeto al bien
cultu ral, po r lo que se dejan al margen otros estudios, como aq uellos científ icos o analí ticos
qu e requieren ex tracción de muestra , o las diferentes técnicas de análisis por imagen, qu e se
propon en p ara una fase más avanz ada de con ocimiento. Trata mos, así, de evi tar aq uell as
acciones que po r su elevado coste o l a n ec esidad de in fraest r uct ur as p uede impedir q ue se
efect úe una pri mera aproxi mación al conocimiento conservat ivo del retablo, y al mi smo
tiempo, se puede ser más preciso en la demanda de los mismos. De la misma forma,
entendemos qu e éste debe ser el punto de partida p ara inici ar e l conocimiento in tegra l del
bien , qu e nos permite valorar h asta qué pun to est os métodos son capaces de p ropo rcionar
una información relevante para configurar el con ocimiento global del bien en cuestión. Un a
forma de iniciar estos estu dios que dista de la r ealidad práctica de los mismos.
La ar ticula ción del estu dio del retablo a tr a vés del conoci mie nto, investigación y análisi s de
la realidad de su contexto, po r un lado, y d e la o bra en sí, por otro, tiene como obj eti vo la
implementación y su estudio de for ma co njunta , algo que n o suele abordarse en el estudio
de lo s retablos, c on el fi n de alcanzar una vis ión global e in tegral del retablo ta l y como
requ iere su conservació n.
El contexto de l a o bra se pretende identificar y analizar a través del es tudio de factores tan
estrechament e ligados a la conservació n del ret ablo co mo son:
- El territorio geográfico d onde se localiza el bien, que nos conduce a una
caract eri zación e identificación de los riesgo s derivados del territorio.
- La in stitu ción que ejerce su tutel a, a f in de con ocer quiénes son, su p resencia
histórica en l a local idad y la gestión del pat rimonio .
- El análisis del inmueble al q ue se en c uentra vinculado el retablo, n o para
contextualizar físicamente l a ob ra mediante la descri pción hist órica y artístic a del
edificio, sin o en un sen tido más am pli o en el que se analicen su es tructura , su
entorno e xterior, la configuración de su esp acio interior, la descripc ión de las
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sobre el b ien, en part icular, y sobre la in sti tu ción p rop ietaria en gen eral. Po r medi o de su
análisis, p odemos detect ar cuáles son las c arencias a las que n os enfrentamos y a las qu e
debemos dar solución para inici ar, co n base sólida, la conservación del bien.
Esta información se en globa, en lín eas ge nera les, en tres puntos:
- En primer lugar, es imp rescindible abordar el análisis de su ma rco legal y la
normativa de referenci a que le a fecta y ri ge cualqu ier actuación con servat iva en
estos bien es.
- El análisis de la b ibliograf ía y la investigación de la docum entación histórica : nos
sitúa ante el grado de co no cimie nto del r etablo mayor y del convento ca rmelita
ursaonense, el cual si ya ha sido abo rdado con anterioridad, constitu ye una fu ente
de información que nos apo rta una b ase fu ndamenta l para su análisis y pro fundizar
en aq uellos aspectos adec uados a nuestro f in; en caso de no haber si do estu diado
con anterioridad, constitu ye el p unto de pa rtida para realizar la investigación de la
documenta ción histórica para abordar su conoci mie nto, p rinci palmente de acuerdo
a sus a spectos h istóricos.
- La recopilación de la documentación previa existente sobre el reta blo y su contexto:
todo aqu el materia l que puede servirn os de apo yo para la realiz ación de l os estudios
específicos que nuestra in vestigación dema nde o pueda demandar, como mat e rial
gráfico para la documentación del retablo y de l a iglesi a, documenta ción técnica
como pl an os del inmueble, informes de estado de conservación del bien, etc.
3. Estudio y anál isis del co ntexto:
De acuerdo al bi nomio retablo - c ontexto qu e define conserv ativament e a estos bienes, el
estu dio de l os fact o res relacionados con el contexto del retablo, es decir, aqu ellos que no
forman p arte de l a ob ra m aterial en sí , n os p ermite afrontar el con ocimien to de la
prob lemática del reta blo en un co mplejo contexto d e relaciones co n e l en torno al que se
encuentra indi solublemente vinculado, así co mo detecta r cuáles so n las claves que h an
favorecido una oportuna conservación de la obra; por l o que gracias a el lo, po drem os
interpretar de forma correcta l a lectura co nser vativa del retabl o. Este análisis parte d esde
los fact ores gen erales a lo s específicos, es deci r, desde aq uellos qu e tienen una in cide ncia
más global a los que inciden directa mente en el retablo:
El territ orio :
El estu di o de las circunsta ncias exteriores relacionadas con el lugar físico donde se ubi ca el
bien , co mo el análisis del entorn o a nivel geomorfoló g ico e h idrológico, para caracterizar el
terreno do nde se asienta el i nmueble que acoge al bien y entender su co mportamien to
frente a posibl es patologí a s que puedan venir derivada s del terreno; medioambie ntal,
analizando la caracterización del cli ma y la meteorolo gía l ocal, en relació n a parámetros
como la tem peratu r a, l a h umedad, el régimen de vientos dominantes o la calidad del aire; y
los riesgos de s eísmos e in undacio nes que presen ta la l ocalidad, p or tratarse de situaci on es
qu e pueden deri var en un riesgo cata strófico para el bien. Se efectú a p rincip alment e a
tra vés de la recopil ación de datos de fuent es especializ adas.
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Los pro piet arios :
Resulta con veniente cono cer qu iénes son sus pro pietarios, ab o rdando su origen e historia
en la localidad, la espiritu alidad que los caracteriza, y la o rganización de la institución y la
tu tela del pat rimoni o e n el la. Todo el lo basado en un profu ndo trabajo de inves tigación y
recopi laci ón documental tant o de la Orden en gen eral, como de la historia del convento
ursaonense.
El inmueble :
Cono cer el edificio donde se encuentra el retablo qu e estudiam os, la iglesia de Nuestra
Seño ra del Carmen, se consi dera fundam enta l p ara esta blecer una correcta valoració n del
estado de conservación de la pieza y e xaminar si éste se encuentra en un estado p r opicio
para favorecer su conservació n. Para el lo realizamos un completo análisis, a través del
tra bajo de campo y de investigaci ón, de su estru ctura, su entorno exterior, la co nfigura ción
de su espacio in terior y l a descripción de las in fraest ruct uras que posee. Asi mismo, da da la
especial relevancia que para la conservaci ón del reta blo juega el espacio inmediat amente
posterio r al muro donde se ancla, el inacab ado crucero de la i glesia, se analiz a el estado de
conservación que presen ta este esp acio p or lo s riesgos que pueden derivar del mismo en la
conservación del ret ablo mayor.
Estu dio ambiental:
El estu di o ambiental p ersigue in v estigar las relacion es ent re el bien y su en tor no ambienta l,
en cuya dinámica en cuentra origen las cau sas q ue p ueden i ncidi r directa mente en la
preservación del ret ablo, y que, al estar ub icada la ob ra en un espacio qu e difícil men te
puede ser controlado de forma p recisa – co mo se puede ll evar a cabo en un museo - po r
tra tarse de un in mueble h istórico y e n el qu e co nfluyen diverso s fact ores que dificultan este
control. Este estu dio se ejecuta a tra vés de un pro ceso de trabajo de campo po r medio de la
recopi lación de datos con in strument al esp ecíf ico y su p osterior elabo raci ón e invest igación
y análisis.
- Estu dio microcl imát ico: el análisis del comportam iento del ambiente que circunda a
los bi e nes cultu rales forma p arte de toda p remisa de partida p ara su con serv ación,
al ser considerado generalmente como uno de los p rinci pales fact ores de deterioro
de lo s bienes cult urales. Por ello, se pro ce de a la adq uisición y elaboración de los
parámet ros del ambiente inmediato al ret ablo mayor objeto de n uestro estudio
durant e un año , con el fin de co nocer los dat os térmicos e h igrotérm icos qu e
caract eri zan este ambiente, y a través de ell os, valorar su in cidenci a en la
conservación del bie n.
- Análisi s del co mport amiento de la madera ante lo s cambios ambientales y su
contenid o de h umeda d: este estudio se j ustif ica en b ase a l a característica
higro scópica del p rincipal material que con stitu ye el sopo rte del retablo, la madera,
y la presen cia de una elevada humedad detectada en el in mueble en las zonas
inmediatas al bien , como so n la cripta que s e lo caliza bajo el presbiterio y el espacio
posterio r al muro do nde se ancla el retablo, el i nacabado crucero de la igl esia. P or
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ello se decide pro fundizar en este asp ecto, dado que la relación en tre el agua y la
madera condi cion a y af ecta a su conservación .
- Estu dio termo -hi drográfico del retablo mayor: se pro pon e la ej ecución de un
estu dio del b ien media nte termografía q u e comp lemente a la c aracterizació n del
ambiente, prin cipalmente en términos de detect ar la p resencia de riesgo de
conden sación s ob re la sup erficie del bi e n po r las con dicio nes hi grotérmicas del
ambiente, p ara complementar el acopio de l a in formación ambiental e investigar l as
relaciones entre el bien y su entorno c limático en cuya din ámica encuentra o rigen
las cau sas que pueden in cidir en e l estado conservativo de la obra.
- Análisi s de la in cidencia de la luz y la i lumin ación : p ara con ocer cómo in fluye en la
conservación del bien la in cidencia de la luz natu ral, a través de la entrada de l a luz
solar po r las ventanas de la igl es ia, y de l a i luminación artificial que posee el retablo.
Para ello se analiz a las caract erí sticas de las distintas fuentes, su p oder de deterioro
y factores que influyen en la co rrecta p ercepció n de las obras a través de la luz
como la temperat ura de colo r y el posiciona miento de las fu entes emisoras.
Uso y funcio nalidad:
El retablo, po r su propia naturaleza de bi e n cultu ral eclesi ástico, es una obra qu e mantiene
vigente la función para la que fue co ncebi do. Por ello, nos encont ramos ante una situ aci ón
qu e dificult a la definició n de estra tegias para su preservación , pues el mantenimiento de su
funcionalidad, es uno de los valores de estos b ienes esp ec íficos que h ay que p reservar, en la
difícil dicotomía entre uso y conservación. Ante esta situación, debemos atender al análisis
de cómo este servici o q ue sigue cumplien do, y su desarrollo, ejerce su in cide n cia en el
estado de conserva ción del b ien, con el fin de va lorar las situa cion es qu e p ueden suponer
un ri esgo o det erioro p ara la o bra. P ara este análisis, se recurre a la recop ilación de d atos
extraídos durante el trabajo de campo desa rrollado e n el tran scurso d e tres año s, para ver el
comportamiento de l a evolución del ciclo de la vida religi osa en torno a él y detectar lo s
act os que ordinariamente forman parte del mismo, como lo s extra ordin arios.
4. Estudio y anál isis del retab lo:
El estudio del retabl o se resuelve mediante mét odos de estudios n o invasivos, ta l y como es
la p remisa que enarbo la este trabajo de in v estigación, t anto p ara alcanzar el c on ocimi en to
técnico-conservativo de la o bra como para efec tu ar el seguimiento de su evol uci ón
conservativa.
En pri mer lugar se abo rda el c ono cim iento de la o bra. Para ello recurrimos, en primera
instancia, a la insp ección visual in situ de las partes a l as que se tiene acceso de la obra sin
necesidad de emplea r infraestru ctura , co mo método de est udio media n te una técnica
conven cional y de probada so lvencia. Se guidament e se efectúa el estudio de toda la
superficie del retablo mediante su visio nado con RPAS o dro n, co mo h erramienta de las
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nuevas tecnolo gías que de forma pi onera in corporamos al estudio de esta tipolo gí a de
bien es patrimoniales.
Con la implement ación de la información derivada del empleo de ambas técnicas se
persigue alcanzar el con ocimiento de la obra de acuerdo a la de finició n y conocimie nto de
sus aspectos con struct ivos, técnicos, decorativos , de cambios y tra nsformaciones y la
identificación de las patologías qu e p resent a para ev aluar su es tado de co nservación . De
especial relevancia resulta el con ocimiento que se ob tiene tanto de la tecnología
constructiva de la obra, mediante el análisis de l anverso y reverso, y el estudio dedicado a la
identificación de l a transformación morfol ógica, decorativa y si mbóli ca efectuada e n el
reta blo .
Al mismo tiempo, enmarcado dentro del e stu dio y análisi s del conocimiento conserva tivo
del reta blo , se realiza una segunda aplicación de RPA S para la inspección de su superf ici e,
con el o bj etivo de valorar en el transcurso de tres años desde el primer registro, cuál h a
sido l a p rogresión c onservativa del b ien. De esta forma p odemos evaluar, mediant e la
comparat iva entre el materia l visual y gráfico que se obtiene por medio de esta herramienta,
si la obra se ha ma ntenido est able dentro de su deterioro conservativo o si éste se ha
manifest ado en el agrava miento de alguna patologí a o la manifestación de un n uevo
indicado r de altera ción , lo que nos cond uce a valo rar, dado el caso, las claves pa ra su
preservación .
5. Diseño de fichas y elaboración de mapas de daños:
En el desarro llo del trabajo resulta fundamenta l y de especi al dedicación el diseño de
herramientas gr áficas p ara la organizació n de la in formación, ta les como las fichas p ara la
evalua ción de los R PAS – tanto p ara su empleo para el cono cimient o técnic o -conserva tivo
como para el seguimiento y con trol del est ado de conservación -, las fichas
correspondien tes a l os i ndicadores de alteración del reta blo y la realización de los ma pas de
dichas altera cion es.
En el primer caso , conlleva efectu ar una búsqueda de l a mejor fórmula compo sitiva para
recoger tant a in formación gráfica y de text o, de un bien de tanta en verga dura . P or ello, se
establece p artir de la división del retabl o por cuerpos para p rotagonizar cada u no una ficha
prop ia, se divid e en cuerpos cada ficha y se o pta p or el formato h orizonta l, con el obje tivo
de favorecer u na lectura clara de la misma.
Las fichas para recoger la lo calización y valoración de l os in dicadores de alteración
presentes en el reta blo, detectados a través de la inspección visual y el visionado medi ante
RPA S, se estruct ura al igual que la anterior, p ersiguiendo una lectura con claridad de la
misma. Q uiere, en primer lug ar, co njugar la in formación textu al que la define y delimita su
alcance y localización, con la in formació n grá fica que no s ayu da a visualizarla. En segun do
lugar, una organiz ación po r familias de da ños se gún el ni ve l en el que se manifieste. Y
asimismo, fa cilitar su identifica ción mediante la banda lateral derecha destacada con el co lor
asignado a dicha altera ción para su represent ación en el mapa de da ños.
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En cua nto al diseño de los mapas de daños , n ecesita una dedicación esp ecial para busc ar l a
fórmula en la que, con la p remisa de refle jar fielmente el tamaño de l a altera ción , pueda
apreciarse fá cilmente. Por ello, tras descartar varias o pci ones, se o pta p or un mapa general,
para reflejar la inci dencia de la altera ción en el conjunto, y se acompaña de otros esp ecíf icos
consi stentes en cada una de las zo nas en las que se divide el retablo para es te fin, para
apreciar su a lcance y lo calización de forma más exacta y p untua l, par a aquellos casos que así
lo requiere. De la mis ma forma, el color em pleado p ara las altera cion es parte de un p ro ceso
consen suado en el qu e se op ta p or los c olores más saturados para las alteraciones cuya
manifest ación es de men or entidad, y colores má s suaves para aquellas más grandes.
6. El aboración de los resultados:
La recopi lación, o rde nación , análisi s e i m plement ación de la in formación obtenida a tr avés
de l os estudios no invasivos p ropuest os, del b ino mio contexto -retablo, h a p ermi tido
solventar las carencias de conocimiento del retablo con las qu e partíam os.
Así, de un lado el estudio del retablo medi ante insp ección vis ual y l a aplicación n ovedosa
de los R PAS nos h a c onducido a poder con figurar lo s aparta dos que tradicion almente
configuran el estu dio de est os bienes, com o son su análi sis artístic o, su historia ma terial, su
proceso constructivo y las técn icas empleada s, o su iconografía. D e la misma f orma el
estu dio de la o bra nos h a permitido ev aluar, en el tra nscurso del des arrollo de este trab ajo
de investigación, cuál ha sido su evolución conse rvativa .
De otro lado, el estudio d el co ntexto nos ha p ermitido caracterizar este entorno físico,
ambiental y ritual q ue en vuelve al re tabl o, discern ir l as situa cion es que p ueden in cidir
negativam ente en la p reservación de l a ob ra y valorar el origen de l as patol ogías
identificadas en el estu dio del retablo.
Todo ello se tradu ce en la p osibilidad de abordar el conocimiento conservativo del ret ablo,
mediante la resolución de las carencia s de estudios de l as que partía mos, co mo b ase para
cono cer la obra, p o nerl a en valor, y de ahí, poder encauzar las l íneas de actu ación más
pertinentes en actua ciones futu ras.
7. Ev aluación de la ap licación RPAS:
En este tra bajo de investigación se apuesta por seguir u na metodo logí a mediante mét o dos
de estu dios no in vasivos en la que se quiere implementar lo s R PAS y verificar su viab ili dad
como h erramienta para el estudio y el seguimiento del retablo. Po r esta razón , al trata rs e de
una aplicación s in precedentes en e stos b ienes patrimoniales, se n ecesita valorar la
experi e nci a, y fundamentalmente, s u adec uación a alcanzar el o bj etivo de pro po rciona rn os
la información n ecesaria p ara el co no cim iento técnico -conservativo del reta blo y de
seguimiento y control de su estado de conse rvación .
En este sentido, se enfoca su eva luación desde do s perspectiva s, conforme a ambos
propósitos de l a aplicación de RPAS p ara el vis ionado de toda la superficie del ret ablo:
como h erramienta para el estudio y p ara s u seguimiento evolutivo. En el p rimer cas o, se
valora si el material visual y gráfic o q ue se ob tiene del registro del retablo mediante dro n
proporciona una in formación útil y eficaz para elaborar su estu dio técnic o -conservat ivo.
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Para este fin se recurre al diseño de fich a destinada a este fin, en l a que se efectúa una
comparat iva entre l a in formación resultant e de la insp ecc ión visual el método tradicion al de
acercam iento a la lectura crítica del retablo - y la obtenida mediante RPA S. En el segu n do
propósito, basándonos en l a fich a de la comparativa anterior, se evalúa si po r medio de los
mat eriales vis uales y gráficos de ambas apl icaciones de drones, separadas en el tiempo, es
posible efectua r el seguimiento de su esta do de con servación.
La impo rtancia de este aparta do, p or lo tanto, radica en q ue m ás allá de valorar est a
aplicación experi mental para adecua rse a l os ob jetivos que perseg uimos p ara alcanz ar el
cono cimient o conservat ivo del retablo mayor del convento del Carmen de Osuna, busca la
finalidad de contribuir al estudio y la conser vación de est a tipo logía de bi enes tan singul ares
po r sus p articu laridades co nservativas, por medio del análi si s de la viabilidad de la
implementación de esta herramienta de las nuevas t ecnolo gías, como son los drones.
4. RESPALDO INSTITUCIONAL, FORMACIÓN Y DIFUSIÓN CIENTÍFICA
En p rimer lugar debemos destacar que l a r ealización de esta tesis do ctoral se ha e fectuado
en el seno del grupo de investigación HUM -956 Co nservación del Patrimonio : Métodos y
Técnicas de la universidad de Sevill a, en el cual fu imos admitidos al in icio del do ctor ado
como miembro investigador. A simismo, la acción pionera que se lleva a cabo en este
tra bajo de in vestigació n, co mo es la apl ica ción de R PAS para el visionado del retabl o del
Carmen de Osuna co n fines de estu dio y control, p or el interés de esta prop uesta fue
financiada por l a Universidad de Sevilla mediante la 2ª convocatoria de Accio n es Especiales (I V.7)
de l V Plan Propio de Inv es tigación de la US , h aciéndolo p osible y ot orgándole un respaldo
institucional a esta inici at iva.
La formació n ha tenido un lugar de imp ortanci a en el marco del desarroll o de este trabajo
de investigación . Así, en tre otra s acciones formativas, hemos sido autoriz ados a realizar una
estancia de investigación en la Un idad de C onservació n Preventiva del Instituto Andaluz de
Patrimonio Hi stóric o (IAPH ), tutorizada p or D. R aniero Baglio ni (900 h oras), en la que se
han po dido adq uirir con ocimientos, ex perien cias y herramientas para abo rdar el
cono cimient o conservativo del reta blo .
Del mismo modo, y co mo corresponde a cualq uier trabajo de investigación, e n su curso se
ha atendido la difusión científica en tre la comunidad esp ecializada de aqu ellos resultados
qu e hemos considerado de in terés, contrib uyendo al conocimiento del retablo del Car men
de Osuna, en particula r, y al estudio de esta tipo logía de biene s, e n general:
- Comunicación titula da C ambios y transfo rmaciones en e l retablo mayor del co nvento de
Nuestra Señor a d el C armen de Osun a , en las II Jorna das té cnicas. La intervención en retablos .
Criterios, métodos y pautas con servativas . Or gan izadas en 2015 po r el grupo de
investigación de l a universidad de Sevilla HU M -956 Conservación de l P at rimon io:
Métodos y Técnicas y fi n anciadas en co laboración del Vi cerrectorado de
Investigación de la U S- VPPUS, e n virtu d a la ayuda p ar a realizar con gresos y
reunion es científ icas con p royecció n in terna cio nal.
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- Pon encia y publicación en las act as del VI Co ngreso del Grupo Españ ol del
Internat ion al In stitu te for Co nservation (GE-IIC) ¿Y d espués ? C ontrol y mantenim iento
de l Patrimonio C ultural. Un a opción sos t e nible , ce leb rado en Vitori a del 20-22 septiembre
de 2018, de la comunicación Aplicac ión de m étodos no inv asivos como e strategia de
se guimiento y control de retablos m edia nte aeronaves n o tripulad as, junto a la Dra. María José
González Ló pez.
5. CONSIDE RA CIONE S AL TEXTO
- En el presente tra bajo de i nvestigación se sigue el sistema de referencias
bib liográfica s y de citas según l a norma U NE-ISO 690 Información y documentación.
Directrice s p ara la redacción de re ferencias biblio grá ficas y de citas de r ecurs os de informació n
(AEN OR, 2013), de a cuerdo a la G uí a de Bellas A rtes: citas y b ibliografía B B.AA
elaborada por la Biblioteca de la Facu ltad de Bellas Artes de la Universidad de
Sevilla, que especifica la s conven cion es p ara su elaboración y orden ación. Las
referencias bi bliográf icas queda rán dividi das en b ibliografía, fuentes de archivo ,
legislación y n ormativa , y recursos web. Todas ellas seguirán un cri teri o de
ordenació n alfabético, salvo las contenidas en el apartado legisl ación y normat iva,
qu e se dividen segú n su r ango (normativa i nternacional, legislación de la U nión
Europea, leyes nacionales, leyes autonómica s) y dentro de cada rango en o rden
crono lógic o de la más antigua a la más mod erna.
- En l a redacción del texto, se emplea el gé nero masculino co mo gé n ero gramat i cal
no marcado, de acu erdo a la Real Academia Españo la (RAE).
- La autoría y propiedad de las fotografías que acompañan este trabajo son del autor
del mismo, salvo caso contrario en el que se e sp ecificará, en el listado de imágenes ,
su autor o fuent e de proc edenci a.
- La metodolo gía de cada estu dio esp ecífico abordado en este trabajo de
investigación, los medio s empleados y su valo ración, se expresan en el
correspondien te aparta do dedicado a dich o estudio, persi guiendo favorecer que de
su lectu ra se extraiga una visió n compl eta del mismo.
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
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I. EL RETABLO MAYOR D E NUESTRA SEÑORA DEL
CARMEN
Introducción
De acuerdo a la metodolo gía de la investiga ción e stablecida, resulta in dispensable que, p ara
inici ar el conocimiento del reta blo mayor del conve nto de Nuestra S eñora del Carm en de
Osuna, el primer paso con sista en con ocer la obra, mediante un análisis min u cioso c on el
obj etivo de familiarizarse co n el bien en el qu e v amos a cen trar nuestra a tención . Por ello ,
en esta sección la in vestigación queda orien ta da, en primer lugar, a la descrip ción formal del
reta blo y la identificación de los distintos elementos que lo co mponen de acu erdo a la
terminologí a qu e será presentada para aclarar y definir los término s a los qu e recurriremos.
En seg undo lugar, se pro cederá a la reunió n y c onsulta de toda aqu ella información q ue se
dispone so bre el retablo, co mo in strumen to básico y f undament al que nos empla za a
cono cer la obra en sí misma en cuanto a la i nformación que pueda extraerse sobre sus
aspectos hi stóricos, art ísticos, técnico s o de historia material, el rumbo y dirección d e los
estu dios en torno a este retablo, c uál es el marco legal y la no rmat iva de referencia c omo
obra p ertenecie nte al p atrimonio re ligioso y cultu ral, y si se dispone de mat erial gráfico y
técnico de apo yo para su estudio, con ocimiento y con servación. De esta forma , podremos
dirigir n uestros esfuerzo s y establecer prio rida des en at ender aqu ellas fa cetas que necesiten
ser abordadas, o revisadas, para comenzar nuestra andadura.
Mientras que para con ocer el retablo se requiere una observació n minuciosa del mismo, a
tra vés de la ob servación in sit u, para con figurar su e stado de la cue stión se requ iere de un
proceso de investigaci ón amplio, que abarq ue tant o la investigación bibliográfica com o l a
históri ca y la legal, ademá s de co nsultar todos lo s papeles y archivo s de la casa en busc a de
la do cumentación técnica no só lo del retabl o en sí, sin o también de la iglesi a y el conve n to,
ta rea qu e hay qu e af rontar siendo precisos y con cretos, p ara sus tentar con sol ide z la
investigación.
I.1. TERMI NOLO GÍA EMPLEADA PARA DESCR IBIR EL RETABL O
La variedad de acepciones y l a riqueza de l a terminolo gía emp leada en re lación al retablo,
plantea la necesi dad de adopta r un criterio sel ectivo de forma j ust ificada para nomb r ar a
cada una de las p artes integrantes y divisori as del retablo que nos ocupa. Esto deriva e n una
fluida comunicación que, en un marco de trabajo i nterdisciplinar como es el d e su
conservación , es básico p ara el entendimient o entre los p rofesionales.
Somos con scient es de la dificult ad que en traña co ncretar el vo cabulario para abordar l as
diferentes den omin aci ones de un mismo térm ino , así como la flexibilidad qu e debe prima r
en estas co mpilacion e s, qu e ni muchos menos, p retenden fijar uno s cá non es
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Hoy dí a, t ras la separación de la mesa de a ltar de lo s retablos emanada del concilio Vaticano
II, el panorama es distinto. Al h ilo de lo anterior y como punto con tra p uest o, act ualmente
puede h aber retablos sin altares, aunque muchos de los qu e se pro yecta n en l a actualidad
los contemplen, a nuestro j uicio, como me ro s elementos composit ivos. Por ta nto, h oy día
el valor litú rgico recae en exclusiva en l a mesa de alta r, consi derándose a los retablos c o mo
un elemento m ás de la ambientación del espacio ritual o en su ca so, como artíst icos
expo sit ores donde se colocan a la ven eración y culto las imágenes devocionales , o el mi smo
Santísimo Sacrament o . Co n ello n o pretendemos infravalorar al retablo desde el punt o de
vista religio so o simbó lico para el culto, sin o recono cer que este valor recae en la mesa de
alta r, un elemento ahora in dependizado de los mismos. No obstante, n o cabe lugar a dudas
qu e aunq ue est as piez as n o sean el epicen tro religio so, su pro ta gon ismo es i ncuestionable y
por su magnificencia contribuyen a encauzar los sentimientos hacia los misterios sagrado s.
I.1. 2 . COMPONEN TES Y DIVI S IONES DEL RETABLO
Para analizar el re tablo, po demos consi der ar p or un l ado sus compo nen tes y por o tro sus
divisiones. El primero h ace referencia a los elementos que constit uyen en sí mismos el bien ,
mientras que el segundo resp on de al nomenclát or de cada una de las p artes en las q ue se
divide o articula el ret ablo.
Un repaso de la bibliografía sobre términos rel acionados con el retablo parece cen trarse en
la clasificación de sus tipolo gías y sus divis io nes y no en lo s elementos que l o con stitu yen,
qu izás debido a la variedad de recursos art ísticos y formulaciones estilísticas que se han
sucedido a l o largo de la hi storia del reta blo h asta l a actualidad , lo que han centrado la
at enció n descrip tiva . En este sentido, Belda Nava rro (1998) recon oce la dificulta d de
abordar un corpus termin oló gico para u na c ompleta descripció n del retab lo dado el em p leo
de un vo cabulario vario pinto, fuertem ente arraigado y caract erí stico de det erminadas zonas
geográficas, para hacer ref erencia a su divisi ón o aspectos tecn oló g icos de su construcción.
Generalmente l as referenci as que hallamos sobre los el ementos c onstitut ivos de los
reta blo s se suelen englob ar en dos: la “ arquit ec tura ” y la “ ima gen ” (Belda, 19 98 ). La
primera de ellas, también iden tificada como mazonerí a, es entendida co mo el cuerpo del
reta blo , que funciona estructura l o arquitectón icamente en la compo sición del anverso de la
obra y que puede estar reves tida de un lenguaje formal p uramente arq uitectónico u
ornamental. La seg unda se refiere a la representa ción de historias o de figuras devociona les,
ya sean ejecutadas en lab or de talla o p i ctórica, que albergan estas pi ezas y la q ue en
muchos casos motiva su ejecución .
El trabaj o Retablo . Terminología bá sica ilu strada ( 2006), haciéndo se eco de l a complej idad
terminológi ca, p retende ofrecer un vocabulario básico consensuado entre profesionales
para el estu dio e in tervención de este tipo de bien es cult urales. En él se identifican tres
elementos en el sistem a constructivo de l os retablos: la estru ctu ra po rtant e, la estru ctu ra
arqu itectónica y los elementos decorativos. A nuestr o juicio creemos qu e es la cl asificación
más op ortuna a la que debemos at en der. Es te hech o se debe a que, en p rimer lugar, p orq ue
contempla un componente fundamenta l de estas p iezas de gran e nvergadura co mo es el
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sistema, más o meno s complejo , por medio de l cual se mantiene su es tabilidad y se ancl a a
la fábrica. Y po rque al mismo tiempo, no se qu eda únicamente en l a clasificación de lo s
compo nent es presentes en la p art e fronta l de l a ob ra – arquitectura e i magen -, sino que se
tiene concien cia del retablo co mo un todo e n el que es igual de importante el anverso co mo
el reverso. Asimismo, esta cl asificación en t res componentes generales permite clasifica r en
ella a l os distintos el ementos qu e po demos enco ntrar en el retablo, independientem ente del
lenguaje artístico del qu e se revistan.
Las definicion es de los diferentes component es del retablo que propon e el citado trabajo
son l as siguie ntes:
La estructur a portante , qu e es:
el entramado vertical y horizontal de elementos de madera ancl ados a la f ábrica d el edificio
y a la caja d e l retablo, que sirven para sostener y dar apoy o a l a arquitectura del retablo
( Reta blo. Terminología básica ilustrada , 2 006).
La estructur a arquitectón ica o ca ja :
está conformada por la a rticulación horizontal y el ali neamiento vertical d e los pl anos
constitutivos d el retablo: paneles de apoyo, marcos o soportes para pi nturas, encasa mentos
para nichos, bases y soportes pa ra columnas, cornisas, etc. Conf orme a l tamaño y la
morfología del retablo, se d efine l a v o lumetría d e la caja, las secc iones de las piezas y los
sistemas d e uni ón; incluyendo los elemento s auxiliares empleados para ello ( Retab lo.
Terminolo g ía básica ilustrada , 2006 ).
Esta estructura ar quit ec tónica se compon e de caja s , nichos o encasam entos , que son lo s
huecos que forman las divisiones verticales y horizontales del cuerpo desti n ados a albergar
las obras pi ctóricas o e scultóric as ( Re tablo . T erminología b ásica ilustrada , 2006 ).
Y por último, los elementos decorativos :
elementos que se adosan , encastran, aplican o tall an, bi en a la c aja o est ructura o bien,
como elementos exentos a la misma ( Retab l o. Terminología bá sica ilustrada , 2006 ).
Esta será la clasificación compo sitiva del r etablo que tomarem os en consideración p a ra la
descripci ón de sus element os. N o obstante, ma tizaremos que aunque el ci tado trab ajo
identifiqu e terminol ógicamente como “ estructura p ortan te ” , en referencia al sis tema
ubicado en el trasdós del retablo , lo co nside raremos más b ien como “ estructu ra traser a ” , ya
qu e en o casiones dicho en tra mado que le c on fiere el apoyo y la unión al inmueble no es en
sí mismo sustent ante del prop io reta blo, sin o que es un en tra mado a uxili ar que
co mplementa a la prop ia estru ctu ración de la piez a.
Debemos señalar, al hilo de esta revisi ón t erminol ógica, que una costumbre gen eralizada es
la de n ombrar la es tructura ar quit ec tónica co mo “ mazonería ” , como por ejemplo así lo
hace Tes auros del Patrim onio Cultu ral d e Es paña e infin idad de trabajos que a bo rdan los
reta blo s desde p untos de vista histórico -artísticos y con servativos. Sin embargo, si
at endemos a su definici ón tant o h istórica como vig ente, co mprob amos que no guarda
relación con el elemento del reta blo al que quie re definir, ya que su definición actua l, que se
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repite desde el Diccionario de la L engua Caste l l ana de la Real Academi a Españo la de 1817, dice
lo si guiente:
1. f. Obra hecha de cal y canto.
2 . f. Obra de relieve.
3. f. d esus. Bordado de oro y plata de re alce.
4. f. d esus. Conjunto de varias piezas de plata u oro que se hacían p ara el servici o de las
igl es ias (RAE, 1817:562 , 3).
Por esta razón , al i dentificar a l a labo r co nst ructiva ejecutada en estos materiales- co mo se
recoge en l a primera acepció n del térm ino- , desechamos su uso en favor del referi d o de
estructura arq ui tect óni ca, ya qu e aunque e l l enguaje formal del retablo no se revista de
elementos arqu itect ón icos, su comportam iento en l a co mposici ón del retablo considera mos
qu e es como tal.
Al margen de est os elementos con stitu tivos, co munes en las di ferentes tipologías de
reta blo s, en o casiones éstos presentan un elemento más en su composi ción, como es el
caso que nos ocupa: el cam arín . Estos esp acios aso ciados a l os reta blo s es recogido p or
primera vez, en relación a l as imágenes sag radas, en el sigl o XVIII, sien do heredero de la
consi deración del
sitio d onde están l as alhajas que dan los devoto s, para adornar las Imágenes, en especial de
Nuestra Seño ra, el cual regularmente suele hacerse d etrás del Altar mismo, dond e están
colocadas (RAE, 1729: 87 , 1).
La definició n vinculada a su finalidad actu al, l a de custodiar o alojar a la imagen devoci onal,
se empiez a a reco ger a p artir de 1837, momento en el que ade más de ser el es pacio
anteriormente descrito, se consi dera ta mbién a
la pieza comúnmente adorna da detrás d el altar en la cual se coloca alguna i magen ( RAE ,
1837: 134,3).
En línea con la definición anterior, la vigent e nos indica que u n camarín es:
en un templo, c apilla pequeña, g eneralmente exenta, d onde se rinde culto a una imagen
muy venerada (RAE, 2019).
Se p uede entender por capilla a la estanci a, po r lo co mún esp aciosa, destinada a tal fin,
diferenciándo se así de las hornacin as, de menor amplit ud y con las que no hay que
confundirlas, ni generalizar su uso en detrim ento de ésta.
Trata dos lo s elementos compo sitivos del retablo, éstos se pueden ca tegoriz ar o dividir p ara
su art iculación compo sitiva y su lect ura tanto en sentido ho rizo ntal como vertical.
Los reta blo s parten de un banco o predela, que es “ el pedest al que sustenta el cuerpo del
reta blo ” , el cual p uede presen tar dos partes di ferenciadas y es nombrada como sotoba nco
a la inferior. En ocasiones y debido a que lo s elem en tos compositivos soto- y sota- hacen
ambos referenci a a debajo de , lo p ode mos en con tra r referido co mo so tabanco ,
decantá ndon os en nuestro caso po r el primer t érmino.
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
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Sob re e l banco se alzan lo s cuerpos , es dec i r, “ las divisiones h orizonta les del retablo ” , y las
call es , que son las “ divisiones verticales y que pueden p resentar otras más estrec has ”
llamada s entrecall es , en número de acuerdo a la traza que se des arroll e . Po r último, la
“ prolongación de la calle centra l qu e sobres ale del últ imo piso ” , recibe e l nombre de ático .
Esta s defini cion es, tomadas de Retab lo. T erm inología bás ica ilustr ada (2006 ) , están p lenamente
acepta das si n v ariaciones semánticas en los diferentes campos de l a retabl ística esp añola, y
están contenidas en la definición de l té rmin o retablo en el Tesauro y diccionario de objetos
as ociados a ritos, cultos y creencias de T esauros del Patrimonio C ult ural de España (Trin idad, 2 010).
Para finalizar, añadiremos que, adem ás de referirn os a la iz quierda y derecha del retablo
según el espect ador lo observa fro ntalmente, se usará como si nó nimos lado de l evangelio y de
la e pí stola , respectivamente.
Con la just ificación del uso de l os referidos términos po r consen s o y por sus definiciones,
se emplearán en el presente tra bajo para nombrar a l os dic ho s comp onentes o divisiones
del retablo.
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I.2. DESCRIPCIÓN FORMAL DE L RETABLO MAYOR DE NUES TRA
SEÑOR A DEL CARMEN
El ret ablo mayor del con vento del Carmen es una obra realizada en madera tallada, do rada
y p olicromada , de estilo renacentista y con un gran prot agonismo escultórico, ejecu ta do
para el templo de l a c omunidad de religiosos carmelita s de Osuna, sus propietarios . Con
unas dimensi ones de 12,8 5 metros de alto y 8,82 me tros de ancho , o cupa la t ot alidad del
test ero frontal del presb iterio, al que se adecua a sus muros laterales y la bó veda de cañ ón
qu e cubre la nave central (figura 1 ) . A dquiere, por lo ta nto, una gran relevancia visual en el
conj unto p anorámico de la iglesia, ce ntraliz ando la at enció n de l espacio ri tua l qu e le otorga
su valor tr ascendental mientra s se desarroll a la li tu rgia, el único de sus valores q ue tan sólo
le es dado po r medi o de la vigenci a del fin pa ra el qu e fue crea do .
Figura 1 . Vist a general del retablo mayor d el con vento d e N uestra S eñora del C armen de Osuna.
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En lín eas gen erales, se trata de una obra de planta recta co n alzado co mpuesta p or tres
cuerpos de tres c alles co n la cen tra l más ancha, c uatro ent recalles que ava nzan con
respecto al p lano del conj unto, ático y un gran camarín (fi gura 2) . Se es tructura p or m edio
de lo s en tablament os que di viden los diferent es cuerpo s y los pares de columnas d e las
entrecalles, generando una retícula destinada a albergar relieves escultóricos e n l as ca lles,
salvo en lo s dos p rimeros cuerpos de la centra l que están ocupados po r el camarín , y
escultu ras de sant os e n las entrecalles.
Siguiendo l a definición de términos que prop onemos p ara este trabajo, el retablo pres enta
una estruct ura trasera, la estruc tu ra ar quitectónica o caja y element os decorativos (figur a 3) .
Para su descrip ción pormeno rizada se anal izarán cada una de est as partes integran tes y el
cama rín, de form a separada dada su entidad, si guiéndose un recorrido de abajo a arriba y de
izquierda a derecha, para los casos que así l o requiera.
Figura 2. Divisiones ver ticales y horizontales d el retablo.
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Figura 3. Elem entos compositivos d el retablo: estructu ra traser a, estructu ra arqu i tectónica o caj a y
ele m entos d ecor ativos.
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I.2.1. E STRUCTURA TRASERA
Los reta blo s, especialmente aqu ellos de gran envergadura, suelen requerir un sistema
auxiliar po sterior, más o menos o rganizado según el diseñ o de su traza, que le
proporcionen estabil idad a es tas grandes máquinas li gnarias. Esta estructura trasera se
art icula según las necesi dades qu e plantee el di seño de su traza, para dar resp uesta al mi smo
según altu ra, anchura y especialmente, su profundidad y el peso de las piezas que soport a.
Por esta p remisa, po demos ver como l a estructu r a trasera del retablo mayor del Ca rmen se
adecua a la morfolo gía de su cara frontal (figura 4) . Se co mpone de o cho pila res empotra dos
en el suelo situa dos por p ares tras las entrecalles del retablo, cuyas altu ras comparten, con
puntales de sujeción al muro trasero de acuerdo a l a división de los distintos cuerpos. Estos
pilares sirven de anclaje de l a estruct ura arquit ectó n ica y recib e el peso de las cajas de lo s
relieves y escult uras. Asimismo , estos el emen tos vertica les se ven complementados co n lo s
entablament os de la estr uctura arqu i tectón ica, en el que la conjunció n de ambos g enera n un
entram ado o si stema reticular q ue dota de esta bili dad al co njunto y p o ne de manifiest o l a
indisoluble y necesaria vinculación de la s soluciones estruct urales de acuerdo c on l a
morfologí a del reta blo . Po r su p arte, l os pu ntales de sujeci ón , situados según l os diferentes
cuerpos, anclados a lo s pilares y empotra dos en el muro tra sero , evita n el vuelc o de la o bra
y refuerzan la carga de las entreca lles adelant ada s con respecto al pl ano del retablo por cada
cuerpo al muro.
Figura 4. Estructura trasera del retablo. S e aprecian los p ilares ve rticale s y la disposición d e los
puntales d e suje ción al muro.
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I.2.2. ESTRUCTURA A RQUITECTÓNICA
La estructu r a arquitectónica so n aqu ellos elementos que dan forma y volumen al retab lo,
art iculando de forma ver tical y h orizontal la ob ra, co nstituida por “ panel es de apo yo,
marcos o so portes para p inturas, encasament os para ni chos, bases y sopo rt es p ara
columnas, corn isas, etc. ” ( Retablo. Termin ología b ásic a ilustrada , 2006). Pero si analizamos el
reta blo que no s o cupa, esta definición l a debemos comp letar c on la inclu sió n de t odo s
aqu ellos elementos que do ta n al re tablo de un entramado ar quit ectón ico , como los
entablament os , las col umnas , l as puertas de acceso a la trasera y todos aquellos p aneles,
tomados de los tra ta distas del Renacimiento , que en este caso no l os c onsi deramos como
meros elementos decorativos, sino que estructura n y dan forma materia l al retablo.
Igua lmente, en este sen tido anunciamos que la ornamentación que presen tan estas piezas
entendemos que está supedi tada al el emento en sí, por tant o , tampoco lo c onsi der amos
como un elemento decorativo individua lizado, sino c omo ornament ación de la misma caja
o estruct ura arquitect ón ica.
La estructura arquitect óni ca se erige como la base co mposi tiva del re tablo y su elem ento
más definitorio de ntro de su organizac ión y planteam iento, que en nuestro caso,
proporciona una esceno grafía b asada en la arqu i tectura cl ásica q ue orden a y facilita la
comprensión de la lectu ra narrat iva que exhib e en sus elementos decorat i vos.
Si seguimos un rec o rrido de sde el n ivel i nferior al c oron amiento, la estruct ura
arqu itectónica arranca con un sotobanco d e madera decorado con imita cion es de mármol
de color verde grisáceo y anaranjado que reproduc e la misma planta del alzado de l as c alles
y entrecalles del retablo. Sobre éste se encuentra el banco , el cuál en las zon as
correspondien tes a las en treca lles sirve de caja a los relieves del apostolado, p or la parte
frontal, mientras que en sus do s laterales se sitúa n sendo s paneles orn amen ta les
escultóricos.
En las calles laterales del banco se encuentran las puert as de acceso a la tr asera del
reta blo , deco radas con casetones y l os bajorrelieves de los cuatro Padres de la Igl esia: san
Agustín de Hip on a, san Grego rio Magno , san Ambro sio de Milán y s an Jerón imo (figura 5) .
Sob re las puerta s hay un ta blero con el escudo de la orden del Carmen pi ntado sobre fon do
dorado y flanqueá ndo las, dos paneles o rnam entales escult órico s.
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Figura 1 3. Escultura del crucific ado d el reta blo mayor .
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Figura 1 4. Esculturas presentes en los distintos c u erpos d el retablo.
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Los reliev es son lo s protagonistas del banco y las calles del retablo y es dign o de resaltar el
sentido narra tivo de sus esce nas. En el ba nco en contra mos el a po stolado, dividido s en
cuat ro reli eves con t res person ajes cada uno, en act i tud dialo gadora y o stenta ndo lo s
at ributos que lo s identifican indi vidualment e: san Judas Tadeo (hacha) , S antiago el M ayor
(libro con bo rdón) y sa n Simón (sierra); sa n Bartolomé (cuchillo), san Andrés (cruz en a spa)
y san Mat eo (libro y pequeña rama acabada en punta
2
); san Feli pe (cruz), san Pedro (llaves y
libro ) y Santiago el Menor (instru mento de batanero
3
); san Matías (cruz), san Juan (cá liz y
libro ) y santo Tomás ( lanza) (figura 15) .
Figura 1 5. Relieves del apostolado del ban co del retablo.
Las calles laterales albergan lo s relieves que represen tan a las virtudes teologales; la
comunión de santa María Magdalena; la misa de san Gregorio -estos tres en la calle del
evangelio - ; la aparici ón de Cristo resucita do a María M agdalena; Cris to en cas a de Láz aro,
Mart a y Mar ía ; y Santia go en la bata lla de C l avijo - c orresp ondie ntes a la calle de la epíst ola -
4
. En la calle central, tras la sede, est á el crucificado, mientras que so bre el camarín de la
Virgen de l Carm en se exhiben los rel ieves de la S agrada Familia y la Asunció n de l a Virgen
(figura 16) .
2
Aunqu e no se trat e d el más usual de su s atributos, qu e es el h ombr e ala do, la rama tie ne relación con la
genealogía de Cr isto , co n la qu e co mienza s u evangelio y a l a que a lude de la misma form a que el h omb re
ala do.
3
Co n fo rma de arco t riangul ar, es una e specie de p eine de cardar qu e era em pleado por los t ejedores p ara
ali sar el fieltro (Úzq uiza, 2012 : 2 0)
4
Hasta la pr esente ejecución de este trabajo , los relieves de Cristo en casa de Lázaro, Marta y María , la comunión de
santa María Magdalena y Sant iag o e n l a batalla de Cl avij o eran den ominados respectiva men te, co mo la Mag dalena
lavan do los pies a Cristo , la co mun ión de s anta Marí a Magdalena de Pazzi y san Pedro Tomás (Morales, Sanz, Serrera y
Valdivi eso, 1981 : 495 ). Las den om inaciones qu e pr oponemos, y qu e a partir de aqu í to mamo s p or referencia,
serán justifi cadas en el a partado correspondiente a la iconografí a actual del r etablo (véase pp. 619- 628) .
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Figura 1 6. Relieves de los dis tint os cuer pos del retablo.
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Las calles l at er ales se rematan co n dos tondos pictóricos (figura 17) , que represen tan l a
tercera modalidad de elementos decorativos presen tes en el retablo. Ejecut ados sob re t abla,
representan a los apóstoles An drés y Pedro, de medio cuerpo so steniendo sus at ributos y
en actit ud dialogante.
Figura 1 7. Tondos pictóricos situa dos so bre las calle s lat erale s.
I.2.4 . CAMAR ÍN
El camarín do nde se ven era l a S antísima Virgen del Carmen es de p lanta semicircu lar
cubierto p or media cúpula y li nterna, con cebido como un espacio arqu itectónico qu e se
abre al retablo po r medio de una gran arcada que o cupa los dos primero s cuerpos de l a
calle central (figura 18 ) .
En el cen tro del e spacio se alza un pedest al de mármol donde asienta u n friso de án geles
con lazadas y flores en madera dorada, pre sen ta ndo en las esquinas car telas con la es p ada
de fuego de Elías, el anagrama de M aría, una fuent e y un b arco guiado por una est rella,
todos ello s símbolos relacionados c on la Virgen del Carmen. Sobre éste, una nube en
madera plateada si rve de escabel a la Santísima Vi rgen, flanquea da po r dos grandes ángeles
con vestidos de ta lla, junto a otros do s de meno res dimensi ones en su parte frontal, que
cubren su desnudez co n un paño ta mbién de talla (figura 19) . Rodeando a la Virgen del
Carmen, asentado en lo s muros la terales, s e dispo ne un arco de nubes con siete ánge les y
seis cabezas de queru bín (figura 20 ) .
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Figura 1 8. Camarín del retablo mayor .
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Figura 1 9. Nube-pedestal sobre la qu e se alza la imagen de la Virge n del Carm en.
Figura 20. Arco d e nubes con án gele s y cabezas de querubines que rodean a la Virgen del Carmen.
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Los paramentos presen tan un z ócalo de mármol, desde don de arrancan nueve p ilastras con
guirnaldas, en madera do rada, que sostie nen un friso corrido deco rado c on mo tivos
vegeta les y el escudo de la Orden . Este es p acio centra l se encuentra tapiz ado y adornado
con seis apliques en madera dorada en su parte inferio r, y en l a superior dos relieves de
nubes con dos cabezas de qu erubín cada uno (figura 21 ) .
Figura 21. Eleme ntos decorativos de los parame ntos del camarín.
La cúpula est á decorada co n u na arquit ec tu ra fingida. R ecrea una divisi ón e n casetones
decrecientes con un motivo vegetal en su int erior, en tonos o cres con un enmarcado en
colo r verdo so y apliq ues decorat ivos circulares en las i ntersecciones de l os recuadros (figura
22 ) . El arco de la embo cadura del camarín tiene pintu ras murales de motivos vegetales,
flores, cabezas de ángeles y aves, tondos co n el tetramorfos y dos c artelas con l os
anagram as de Jes ús y María, en disp osi c ión a cande li eri y di vidido en dos b andas que a su
vez, presenta dos fechas ins critas, MCMXX y MCMXXXV (figura 23 ) .
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Figura 22. Decorac ión d e la cúp ula del camarín.
Figura 23. Decorac ión d el arco de embocadura del camarín.
La estanci a p resenta do s puer tas, una de ac ceso y la otra fingida, en madera tallada dorada.
La puerta de i ngreso al camarín muestra sobre su medio punto, e ntre motivos vegetales, el
escudo de Esp aña y en su par te inferio r la s pinturas de las l e tanías corr esp on dientes a la
Ciu dad de Di os y Torre d e David . La puerta opuesta, decorativa, ostenta respectivamente el
escudo de Osuna y las leta nías Pozo de Sabid uría y C ipré s de Si ón .
El camarín p osee un bocaport e , telón o tapiz pictórico , p ara ocultarlo en oc asio nes c omo
para los cambios de vestimenta de la Virgen o cu ando la imagen abandon a este luga r para el
besamanos y pr ocesión. Co n anteriori dad al Concilio Vaticano II, también era u tiliza do
para l a o culta ción de la Vi rgen durante lo s días de S emana Santa, de acuerdo a lo s cánones
de la liturgia vigente por en tonces. Se co mpon e de una orla decorativa de mo tivos vegetales
y guirn aldas de flores donde se in sertan cart elas co n símbolos de las l etanías, en las franjas
latera les, en la franja inferior dos ángele s sostienen el escudo del Carmen y en l a superior,
una cartela con el anagrama de l a Virgen r odeado po r l a filacteria mater de cor carmeli . E n su
centro, aparece una vis ión cel estial donde la V irgen con el niño le entrega el santo
escapulario a san Simón Stock (figura 24) .
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Figura 24. Tapiz p ictóric o p ara cubrir la emboca du ra del camarí n.
La i magen de la V irgen del Carmen (figura 25) , p ara quien se realiza el cam arín, es una
imagen de ta maño n at ural q ue po rta al niñ o en su b razo izquierdo y en la mano der echa
muest ra el santo escapulario, al i gual que el infante . Tanto la i magen de la Virgen como la
del niño son imágenes de talla anat omizada p ara vestir: el niñ o co n vest idos de diferentes
tejidos y ton alidades de color blanco y la Virgen con el hábit o de la Orden del Carm en, es
decir, h ábito co n escapulario marrón y capa b lanca, en variados tejidos y tonalidades de
estos colo res,con bordados, cubri e ndo su cabez a con mantilla bl anca. La V irgen po rta
coron a, cetro y media luna de o rfebrería, mient ras que el n iño Jesús tres po tenci as o
coron a, seg ún la ocasió n, en su cabeza. I gualment e lo s escapularios q ue llevan ambas
imágenes en sus manos suele ser, de m odo o rdinario, textiles bo rdados en oro, y en
ocasion es releva ntes, de orfebrería.
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act ualmente no recaiga sob re el mismo n ingún nivel específ ico de pro tección l e ga l, el
marco n ormativo q ue rige su tutela y vela po r su correcta preservaci ón es cl aro, y además,
por l a tipología de bien tan singular, cuenta co n h erramienta s específicas como hi lo
conductor p ara abo rdar cualquier interve nció n encami nada a tr ansmitir este bien a las
generacion es fut ura s con toda la integridad de su s valores.
I.3.2. R EC OPILACIÓN B IBLIOGRÁFICA E INVESTIGACIÓ N DE ARC H IVO S
El p rimer acercamiento al co noci miento específico del retablo ursaonen se de lo s carmelita s
se fu ndamenta en el tra bajo de recopilaci ón de información der ivada de otros au tores y en
la investigación personal en los fondos archivísticos pertinentes. Así, desde este dob le
prisma se pretende reunir cuáles son l os datos documentados y l a i nformación que
disponemos para abo rdar e l co n ocimiento del ret ablo, co nducente a conocer aspect os
como su autoría, comitentes, técnicas y ma teriales empleados, t ransformacio nes,
supresion es o in tervenciones acaecidas e n el tra nscurso del tiempo , etc. Es decir, en
palabras de Jaime Cama Villafranca (2002: 1 7) una “ primera historicidad ” , la de su creaci ón ,
con esp ecia l énfasis en l a co munidad p ara quien se construyó en un tiempo concreto; y una
“ segunda hi storicidad ” , la de su bag aje a t r avés del tiempo h asta el dí a de h oy . Todo ello
encaminado a identificar conservativa mente el b ien que hoy día tenemos.
Como deci mos, el estudio lo abo rdamos desde una dob le vertiente, con siderando que l a
primera a la que debí amos recurrir es a las referencias de investigaciones de otros au tores,
fundam entalmente p orque de esta forma a ccedemos a co nocer tanto l as concl usiones que
de el los se derivan co mo l as fuentes con su l tada s, si es el caso en el qu e h ayan accedido a
documenta ción histórica. Pri ncipalmente estos estu dios se encuadran en l a r ama del arte o
la h istoria, p or lo que la p osi ble informació n que se puede extraer de ellos n os conduce a
obtener datos referidos a estos apart ados del retablo.
A su vez, in dependie ntemente de l a ci tación de fuentes de archivos o documentación
histórica que sust ente alguna informació n referida al ret ablo, recurrimos al trabajo de
investigación de archivo para extraer aquel los datos que de forma tanto di recta c omo
indirecta guarden alguna rel ación con la o bra o su entorno , en toda su di versidad de
fuent es, tanto documental como gráfica o incluso audiovisual.
Para ello hemos considera do prioritario rea lizar la investigación en el A rchivo d e l os
Carmelit as de la Provin cia Bética (ACPB), ya que es el que aglutina la documentació n
histórica de las dif erentes casas de religio so s carmelita s adscritos a esta provin cia de l a
Orden del Carmen. En el mismo nuestro trabajo se ha visto facilitado por los di fere n tes
cat álogos qu e dispon e, así como a la inestimable ayuda del P. Rafael L eiv a Sán chez,
archivero de la Provin cia. Al mismo tiemp o, se ha recurrido al Archivo General del
Arzo bispado de Sevilla (AGAS) para i nten tar c ubrir los años en que lo s religiosos fu eron
exclaustra dos y la igl esia estu vo bajo la tutela di ocesana, has ta que fue de vuelta a l os
carmelita s. Otro de lo s fo n dos archivíst icos consulta dos - ahora ci vil - ha si do el A rchivo
Histórico Nacional (AHN), tant o desde su con sulta a través de la web de lo s fondos
digitalizados como del se rvicio de repro gra fía de lo s qu e n o lo estaban; por su p art e, la
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
93
consulta di recta en el A rc hivo de Pro toc olo s N otariales de Osuna no ha si do posible
realizarla en p rofundidad po r los i m pedime ntos encontrados.
Un a vez reunida l a informa ción obtenida p or medio de estas dos vías, somos capac es de
analizar el grado de investigación e in form ación que a día de h oy se di spo ne de este bien,
en qué m edida se ha estudia do y cu áles son l os aspectos en los que se carece de ella.
I.3.2. 1. Información deri vada de estudio s de otros autores
A con tinuación recopilamos, por orden cro no lógic o, diferentes tít ulos de est udios o
art ículos que de una m anera más a mplia o sesgada hacen referencia al retablo mayor del
Carmen de Osuna, a po rtando la información contenida en ellos:
ARIZA Y MONTERO -CORACHO, A . M., 1890. Bosquejo biográfico de Don Juan Téllez Girón
IV co nd e de U reña . Osuna : imprenta de Eu lo gi o Trujillo . Pág. 28:
Es magnífi co y muy apreciable el retablo del altar mayor d e la i glesia d e Ntra. Sra. del
Carm en, que parece ser del siglo XVII .
Crónica Carmelitana, 1907. En El Santo Esca pulario , tomo IV, A ño 1907. Osuna: Carmelit as
de la Provin cia Bética. Pá g. 289:
Ante el rico y artístico retablo, v erdadera obra de arte, lucí a un hermoso arco de ara ñas,
iluminadas por la el ectricidad, lo mismo que e l reta blo y las ar añas que pendían de los arcos
de l a Igl esia la cual presenta ba un aspecto encantador, realza do por el bellísimo camarín en
que se venera l a Sma. Virgen que no parece s i no un ped azo de ci elo traído a la tierra para
servir de pedestal a la purísima Reina de los Ángeles.
MORA LES, A.; SANZ, Mª J.; S ERRERA, J.M. y VALDIVIESO, E., 1981. G uía artística de
Sevilla y s u provincia . Vo l. II. Sevilla: Diput aci ón P rovincial de Sevill a. Pág. 49 5:
En el presbiterio se sitúa un importante retablo , fechable en el últ imo cuarto del siglo XVI.
Atribuible a Juan de Ov iedo el viejo, en los relieves y escul turas se ap recia la intervención
de tres maestros d iferentes, estando el estil o d e uno de el los muy p róximo al d el escul tor
Juan Bautista Vá zquez el viej o.
PALOMERO PÁRA MO, J., 1983. El retablo sevillano del Renacimiento. Análisis y evol ución.
1560 - 1629. Sevilla: Excma. Diputación de Sevil la . Pág. 246- 248 :
…Fray Ferna ndo Suá rez (Prior Provi ncial de lo s Carmelitas de la Béti ca) encargaba en 15 87
a Ovi edo el Viej o el retablo mayor del extinguido convento sevillano del Carm en, cuya
estructura d ebió hacer fortuna en la provi ncia car melitana, ya que, proba blemente, a r aíz d e
este conjunto se le d ebió de encomendar el del convento d e Osuna…
…Sigue en su estructura, ritmo compos itiv o y repertorio i conográfico los plantea mientos
derivados d el retablo rom anista introducidos en la diócesis por Pedro Díaz d e Palacios el
año 1581 al d iseñar los retablos mayor es de R egi na Angelorum y Santa Mar ía de las
Dueñas, de Sevill a (…) Sin e mba rgo l a util ización d el tramo serlio -pall adiano en la calle
central y el empleo de fustes estriados, que ret allan el primer tercio y encintan el superior,
Jesús Ga llardo Gordil lo
94
son el ementos característicos de Oviedo el Vi ejo que debió entallar el dispositi vo
arquitectónico de este conj unto en torno a 1588-1590, inmediatamente d espués d e ej ecutar
el retablo mayor del convento d el Carm en de Sevill a que, con toda certeza, posibil itó su
construcción.
La escul tura es obra d e Diego de Velasco, que se acredita en este conjunto como un
consumado maestro, acudiend o en alg unos relieves a model os iconográficos ya util izados
en Sevilla como el reliev e de l as Vi rtudes Teologales, inspirado en el medallón central q ue
labró Juan Bautista Vá zquez el Vi ejo para la po rtada de la i glesi a del H ospital de l as Cinco
Llagas. Con motivo de l as reform as realizadas en el retablo para i ncorpora r un cam arín en
el núcl eo central se el evó el banco, siendo preciso eli minar el Calvar io, q ue per manece en la
sacristía.
RODRÍGUEZ-BU ZÓN CALLE, M., 198 6. Gu ía Artística de O suna . Osuna: Patronat o de
Arte de Osuna. Pág. 99- 101:
…su magnífico retablo, el mejor de l os que se conservan en Osuna. Es ob ra de excepcional
calidad rea lizada en el úl t imo cuar to del siglo XVI y lamenta blemente reformada en 1728
sigui en do un proyecto de Francisco Leyva, se gún he pod id o documentar personalmente.
(…) atribuida esta magnífica obra a Juan d e Ovied o, el viejo, en l a l abor d e talla
arquitectónica; de l a escultórica, se p iensa que es de Diego Velasco.
SMET, J., 1991. Los Carmelita s. Historia de la O rde n del C armen. Madrid: Bib lioteca de Autores
Cristianos. Pág. 417- 418:
…Su mejor obra es, sin dud a el retablo mayor que, seg ún estudios recientes, ref leja, con
algunas d iferencias, el de la Casa Grande de Sevilla y se debe al mismo autor que aquel ,
Juan de Oviedo.
MORA LES, A.; SANZ, Mª J.; S ERRERA, J.M. y VALDIVIESO, E., 2004. G uía artística de
Sevilla y s u provincia . Vo l. II. Sevilla: Diput aci ón P rovincial de S evilla. Pág. 289:
En el presbiterio se sitúa un importante retablo contratado en 1588 por Juan d e Ovied o el
Viejo y Diego d e Velasco. En el s igl o XVI II fue modifi ca d o, rompiéndose su caja central
para abrir un gran camarín….
(Subraya das las adicio nes de la edición d e 2004, n o p resentes en la de 1981. En es ta
anterior edició n se atribuye a Jua n de Ovi edo en el último cuarto del s. XVI, p ero no se
concreta más. Asimismo, ambas edicion es no poseen notas al pie o referencias de dónde
extraen los datos.)
HALCÓN, F., H ERRERA , F., R ECIO, A ., 2009. El ret ablo s evillano. Desde sus orígenes a la
actualid ad . Sevil la: Real Maestranza de Ca ball erí a de Sevilla. Pág. 125:
Juan de Ov ied o “el Viej o” fue otro de l os muchos artistas castellanos -él en concreto era
abulense- que llegaron en l a segunda mitad del siglo XVI a Sevill a, en la que estableció
estrechas relaciones, t anto l aborales como famili ares, con los más imp ortante s artista s de la
ciud ad. Al contra rio que Ad án, tod o parece indicar que Ov ied o “el Viej o ” se especializ ó en
la realización de las estructuras a rquitectóni cas de l os retablos. No obstante, t ambién en
esta ocasión se ha perd ido l a inmensa mayoría de su obra documentada, de manera que la
principal que se incluye en su catálogo, el reta blo mayor del convento del Carmen de
Osuna, es una atribución d e Palomer o bas ada sólo en que su estructur a a rquitectónica
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
95
cuenta con la combinación serliana de arco y d intel que sabem os usó en ot ras ob ras. De
igual modo, Palomero le atribuye a Diego d e Velasco l a imaginería de tal obra. En cualqui er
caso, se tra ta de un retablo importa nte, de planta recta y alza do articulado por tres cuerpos
de tres call es y cuatro ent recalles y ático. L a alte rnancia de call es y entrecalles nos recuerdan
a las obras de Diego de Velasco, por lo que también es posible que fuese obra suya.
PORR ES BENAVIDES, J., 2014. La técni ca en Juan Bautista Vázquez el viejo . Fernando
Moreno Cuadro, dir. Tesi s Do ctoral. Universidad de Có rdoba. Faculta d de F ilosof í a y
Let ras. Departamento de Hi storia del Arte, Arqueología y Música, Córdoba. P ág. 424:
Iglesia del Carmen de Osuna.
Hacia 1580.
Fechable en e l último cuarto del si glo XVI, y a unque el retablo se sue le atribu ir a Juan de
Ovied o e l viejo, que l o contrató, se aprecia l a intervenci ón d e tres maestros dif erentes,
estando el est i lo de ellos próxim os a Vázquez . Palomer o sitúa la escultura en l a órbita de
Diego de Velasco acudi endo en alg unos de l os relieves a model os iconográficos ya
utili zados en Sevilla como en el relieve d e las Virtudes teol ogales, i nspirado en el medallón
central que labro Váz quez para la port ada del Hospi tal d e las Ci nco L lagas. Habría que
descartar en principio l a col abora ción de Vázquez, pero no su i nfluenci a. Así l a Asunci ón
del último cuerpo recuerda mucho a la que reali zó par a el retablo d e Almonacid.
El retablo se modifi có en el último tercio d el XIX , subiéndol o d e altura y abriendo un
espacio en el centro para alojar un nuevo camarín con l a imagen d e la Virgen d el Carmen.
El calvario se d esmontó al no tener espacio y s e llevó a l a sacr istía d onde se conserva en l a
actualidad salvo el Cristo que ha col ocado reci en temente en el presbiterio. El c rucif icado,
de tama ño algo menor d el na tural, es una obr a que recuerda al Cristo d e Ánimas de
Marchena.
Como po dem os apreciar, l a i nformación que fundamentalmente se emana acerca del
reta blo se refiere a aspectos relacion ado s con la adscripci ón a una posi ble aut oría , su
crono logía y su descripción artíst ica, en cualq uier caso sin aportar referencias a
documenta ción h ist órica que l o sustente, b ien sea p or carecer de el la o por n o ser la
finalidad de estos estu dios el l ocalizarla.
Sob re l as referencias al retablo del Carmen, en con creto sobre su aut o ría y estilo, no es
hasta la décad a de los ochenta del siglo ve in te cuando ven la luz estudios en torno a esta
obra, au nque la acepta ción de su valía artística tiene reflejo s docume nta les desde un si glo
anterior
7
. Entre esta s publicaciones, la guía artís tica de Sevilla y su provincia que ve la luz en su
primera edición de 1981, si túa l a o bra en el último cuarto del si glo XV I y la atribuye a J uan
de Ovi edo el v iejo, con la matización de qu e se di stingue el trabajo de tres autores di stintos
en los relieves y las esculturas, uno de ellos cercano a la órb ita estilística de Jua n Bau tista
Vázquez. En esta mism a l ínea se encuentra el es tu dio de Jesús Palomero en su obra e l
reta blo sevillano del renacimiento: análisis y evolución. 1560 - 1629 (1983), quien consi dera que l a
estructura arquit ectónica del re tablo es o bra del citado Ju an de Oviedo, po r el empl eo de la
se rliana o combin ación de arco -dintel en el ático y las columnas de fust e estria d o e
7
Valgan como ejemplos l as siguientes referencias: en 1890, Antonio María Ariza en su obra Bosquejo
biográfico de Do n Juan Téllez Gir ón IV co nde de Ur eña , cali fica el retablo como ma gnífico y muy aprecia ble, y
qu e parece ser del sig lo X VII ( Ar iza, 1890:28); L a revista carm eli ta El Santo Escapulario , lo til da d e “ rico
y artístico retablo, verdadera obra de arte ” (19 07 :28 9).
Jesús Ga llardo Gordil lo
96
imoscapo orn amenta do; mien tra s que en l a labo r escultórica se m anifiesta la maestría de
Diego de Vel asco
8
, quien recu rre a modelos iconográficos de Vázquez el vi ejo . Este autor
establece una rel ación entre el retablo de los carmelitas de S evilla, cont rat ado en 1587 por
Oviedo, con el ursaonen se, en la medida en qu e el ret ablo qu e es t udiamos es un en cargo
derivado del de la casa grande , de ahí qu e lo si tú e entre 1588 y 1590.
La rep ercusión dentro del ámbito de los retablos renacent istas sevillano s de l a o bra de
Palomero tendrá eco en las referencias a est e ret ablo por otros au tores, co mo Rodrí g uez -
Buzón (1986 ), Sme t (1991) o la edición de 2004 de l a guía artística d e Sevilla y su prov incia ,
qu ienes se ci ñen a los datos de su t rabajo.
Por otro lado, nos encontram os con estudios que incorporan una revisión p untu al de esta
at ribució n, co mo son El retab lo sevillano. Desd e sus orígenes a la actualidad (Halcón , Herrera y
Recio , 2009) y la tesis doctoral La técnica en Juan Bautista Vázquez e l viejo (Porres, 2014 ). En el
primero de ell os, se establece qu e al i gual que Palomero adscribe la estruct ura
arqu itectónica a la autoría de Oviedo, por el empleo del arco - dintel para el coron amiento
del ático, i gualment e ést a po dría ser ob ra de Diego de Velasco p or su con figuración de
calles y entrecalles, empleada por este aut or en otras obras. Además, de ser obra de Ovi edo,
se constituiría su único ret ablo co nservado en la act ualidad ( Halcón, H errera y R ecio , 2009:
125 ). Jesús Porres, por su p art e, no s o frec e la sí ntesis de las disti ntas version es emitida s,
fundiendo l a contrata ción del retablo p or p arte de J uan de Ovi edo, b asada en Palomero,
con la presen cia de tres maestros distin tos trabajando en el re tablo, en la que descar ta la
colabo ración de Juan Bautista Vázq uez p ero no su i nfluencia, co mo detecta en el rel ieve de
la Asunción y el cru cificado (Porres, 2014: 4 24).
Referido a la cro nol ogía de la o bra , las in vestigaciones a día de ho y sitúan el reta blo mayor
del Carmen en tre la pro ducción del últim o cuart o del sigl o X VI, es decir, entre 1575 y
1600, aunque el profesor Palomero lo emplaza en tre los años de 1588 -90 por la
mencion ada supeditación al retablo de la casa provin cial de l os carmelita s de l a Bética. No
obstante, se da la circunstancia de qu e el trabajo más anti guo con sulta do, de 1890, l o dat a
en el siglo XV II. Su aut oría, compar tida e ntre Juan de Oviedo el v iejo y Diego de V elasco,
no descarta la p articipación de otros art istas cercanos a Juan Baut ista Vázquez, po r lo que
ésta será la t ón ica gen eral que se manten ga a día de hoy como datos de referencia acerca de
la ejecución del retablo mayor del Carmen d e Osuna.
La información acerca de la h istoria material se limita a la i nclusión del cama rín en la parte
central del reta blo . Manuel R odrí guez-Bu zón (19 86) afirma q ue se p roduzco esta reforma
en el retablo en 1728 b ajo un proyecto de F rancisco Leyva. A este resp ecto debem os
indicar que au nq ue el a utor afirme q ue l o h a po dido documentar person almente – sin
aportar má s información al resp ecto - creemos que lo qu e verd aderamente ha po did o
constata r es l a i ntervención en 1728 para co ncluir el p royecto de Franci sco Ceib a (no
8
Sobre Diego d e Velasco, Jesús Porres (2015: 3 77) hace la apreciación d e que hay d os artistas con
el mismo nombre t raba jando en fechas coi ncid entes: el padre, falleci do en 1 574 y que se traslada a
la ciud ad del Betis j unto a Váz que z, y el mo z o, d e qui en se d ocumenta su p resenci a en Sevilla d esde
1579 hasta su fall ecimiento en 15 92 (H alcón, Her rera y Reci o, 2 009: 1 22 ). Por tanto, es a Diego de
Velasco el mozo a quien Palomero le asigna el tra bajo, al fecharlo entre 1588 - 90.
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
97
Leyva ) del reta blo p rop io de la Virgen del Carmen en su capilla de la cabecera de la nave
del evangeli o, por tant o, n o del reta blo mayor del con ve nto. Po r su parte, Jesús Porres
(20 14, 424) reseña que el c amarín fue eje cuta do en el últim o cuarto del siglo XIX, si n
aportar n ueva mente más referencias acerca de la extracción de este dat o. En otros estu dios
qu e hacen mención del cama rín, se opta indisti n tam ente p or fijarlo en una centuria u o tra,
según a qu ien se haya tomado de referencia.
La i mportancia dad a a los da tos artísticos, puesto que la in formación sobre el retablo se
localiz a en tra bajos de esta ín dole, hace q ue no di spo ngamos de estudios del reta blo en
profundidad, co ntando con referencias a otros aspectos del retablo tales co mo un es t udio
exhaustivo de su deco ración y o rnamentación, las técnicas y materiales e mpl eados y mucho
menos, de una parte fundamental del retab lo com o lo es su estructura tra sera . Asi mismo
observamos qu e en ni ngún estu dio se aporta do cumentación histórica sobre e l retablo ni
qu e refute las adscripcio nes de aut oría, p or lo que hasta el momento ésta se basa en una
at ribució n que se formula a raíz de l a p ubli cació n de la gu ía artística de S evilla y s u provincia en
1981 y es repetida, con pequeñas vari antes en la i nclusión de otras p art icip aciones, hasta el
día de hoy.
I.3.2. 2. Estudio de la docu mentación his tórica
En primer luga r, siguiendo un orden c rono lógic o de la información h allada en lo s
documentos históricos de lo s archivos a los que h emos tenido acceso , además de con ocer
los detalles sobre la fundación del convento de lo s carmelita s en 1557 (fig ura 26) , se s uma la
información so bre su cambio de em plazamiento en 1606, co mo qu eda manifestado – en el
test imoni o más antiguo que hemos podi do lo calizar de este cambio de ubi cación - po r
medio de un document o de 1752 conserva do en el Archivo Histórico Nacional. P or tanto,
aunq ue no se tenga constancia si se p rodu jo la mud anza del mob iliario de l a iglesi a, algo
qu e con sideramos más que p robable, por l a fecha en que se si tú a l a cro nología de ejecu ción
del reta blo , en tre 1588-90, y la del nuevo e mpl azamiento, 1606, parece esta r implícito que
conl lev ó su traslado. Es p or tant o un dato a tener en cuenta de cara a la pro pia h istoria
mat erial del re t ablo y a l a po sibl e i ncidenci a que esta op eración pudiera tener en su estado
de con servación. Y al mismo tiempo , po ne de manifiesto l a impo rtancia de ejercer una
investigación profunda para cono cer a lo s pro pietarios, pues decisiones como esta – en este
caso el cambio de ubicació n del c on vento, p ero puede ser cualqu ier otra relacion ada con la
vida de l a comunidad- que no son tomadas a colació n del retablo en cuest ión, su p on e
entender la ob ra que hoy día se conserva y po der co mpletar el reco rrido de su hist oria
mat erial.
Jesús Ga llardo Gordil lo
98
Figura 26. Detalle d e la copia de 1835 de la esc ritura d e donación d el convento para los carm elitas,
en 1557 . © Archivo Histórico Nacional.
Sob re el retablo co mo p rotagonista de la información, tan sólo hemos dispuest o de una
somera descri pción, realizada en el inventario que se realiz a cuando la igl esia es recl a mada
por el Arzo bisp ado tras la exclaustra ción de los religiosos, en 1835, q ue dice:
Altar ma yor
Retablo d orado antiguo con varios santos d e bul to - d os atrileras de madera- ocho
candeleros d e id.- un cornialtar- mantel ara y frontal d e tel a de se d a con d os interiores - tres
sill ones en el presbiterio un ba nco - una ca mpanilla-baranda d e hierro- dos cirial es de
madera- un a cruz de m anga y dos atrileras d e hierr o (AGAS, Administración Gener al,
Inventar io, 14569 , Inventario igles ia del Carmen . 1835).
Como vemos, esta simpl e descri pción de la obra n os indica qu e el retablo se con sidera ba
antiguo, es decir, n o era de reciente fact ur a, estaba do rado y alberga ba en él escultura s de
santos. Una vis ión que, au nque muy parca de información, es de u tilidad p ara situarnos y
relacionarlo con el reta blo qu e hoy día se co nserva. Otras p ar ticula ridades del retablo sí las
podemos extra er de un inventa rio de 1798 y de un documento de 1888. En el primero de
ellos, por la in formación qu e apo rta se extra e que p oseía un sagrario -pues de otra fo rma
no po dría hacerse la reserva de las sagradas formas en la ob ra - , y el actual crucificado del
reta blo mayor, por enton ces c oronando el c onj unto, p oseía varas piezas de plata:
Ítem otro (copón grande) del Altar mayor con su casquillo.
Ítem potencia, corona de espi nas, remates d e cruz, una calavera y d os flores de plata en el
crucifij o de l altar mayor (ACPB, Ossuna. Ynven ta rio de la Yglesia . 1798).
Por el segundo docum ento , de casi una centu ria p osterior, se c omplementa l a in form ación
aportada sob re el sagrario en el inventa rio de 1798 :
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
99
Como encargado de la iglesia de Ntra . Sr a. d el Carm en declaro; que una imagen pequeña
del Niño Jesús sobre peana d orada que se enc uentra colocada en el tabernáculo d el altar
mayor de esta igl esia, juntamente con d os cand eleros también pequeños d e metal d orado,
son de l a propiedad d e Dª Dolores Cara bal lo y Osuna viuda d e la Puerta (ACPB, carpeta nº
29, Declaración a favo r de Dª Dolores Caraba ll o . 1 888).
Las referencias al retablo en la in vestigaci ón que hemos efect ua do de la documenta ción
histórica cesan h asta la vuel ta de lo s carm elitas al con vento ursaonense, apareciendo esta
vez un dato revelador en el li bro de cuent as de la comunidad de 1893 :
- se co nstata una restauración del retablo mayor, encomendada a Hip ólito Rossi, de
Sevilla, y cuyo coste ascendió a 2.250 p esetas, que se p agaron entre el 15 de febrero
de 1893, a l ini cio de los trabajos, y el 30 de enero de 1894 (figura 27 ) .
- al mismo tiempo se encarga a Vicen te Ten a, de V alencia, la restauración de la
Virgen de l Carm en y la i ncorporación de la imagen del niño Jesús, por un coste de
110 peseta s.
- y la ej ecución de un marco dorado para el frontal de altar a Ramón Orel lana y
Francisco Bravo, de Jerez de la Frontera.
Figura 27 . Detalle de la información re cogida e n el lib ro d e cuent as de la comunidad sob re la
restauración del retablo mayor en 1893 .
Como exp ondremos en el apart ado correspo ndien te a la historia material del re tablo, e stos
dat os documentan l a data ción y autoría de la transformación del retablo mayor para
inco rporar a la Virgen de l Carmen en un cama rín en su p arte central , aunqu e esta
información reflejada en el l ibro de cuentas de la co munidad no aporta el alcance de dicha
intervención en el reta blo.
Asimismo en el inventario de 1897 aparecerá reflejado que en las dependen cias
conven tu ales se ex hibe n “ 3 bajore lieves y uno de la Magdalena que p ertenecían al re ta blo
del alta r m ayor ” (ACPB, Inventario del Convento de Padres Carmelitas de Osuna . 189 7 ), por lo que
nos con duce a relacio narlo con esta intervención de 1893, encon trándonos por lo tant o
ante unos elementos decorativos del re ta blo que fueron supr imido s del mism o y
reaprovechados como el ementos orn amenta les de l a casa . P iezas que lamentablemente
desaparecen las referencias a ell as en sucesi vos inventarios, por lo que desco no cem os el
paradero qu e pudiero n tener.
En posterio res inven ta rios de la comunidad a esa fecha, no se hace ninguna descripción del
reta blo o se ap orta alguna in formación detallada , tan sólo su mera cita en el altar mayor, al
contrario que sí ocurre con el ajuar litú rgico qu e lo acompaña.
Jesús Ga llardo Gordil lo
100
Sob re el cama rín, e l trabajo mecano grafiado de l P. Fernando Rodríguez ( 1960:15) , indi cará
qu e fue costea do a expensas del test amento del conde d e Puerto Herm o so en 1 901.
Entendemos qu e lo que se su fraga es l a dec o ración o rnamental del mismo, ya que el pr opio
cama rín se levanta en 1893 a la par qu e la intervención en el reta blo para adecuarlo a él , no
identificando al aut or de toda su deco raci ón orn ament al . Asimismo , también apo rtará la
información de que en 1935 se p rocederá a la “ restauración y enriquecimiento ” de l a
ornamentación del camarín de la Virgen , por parte de los re l igiosos Fray Lu is Perea y F ray
Pascua l Ortiz (1960:11). Dicha empresa fue a ini ciativa y ex pensas del entonces padre
provin cia l de la Bética, el P. R afael Rangel Castellano, po r la singular devoción que le
profesaba a esta imagen de la Virgen del Carmen . La fecha de su inauguración y lo s a ctos
qu e con tal motivo se celebraron se ha podido conocer gracias a la hemeroteca del
perió dico ABC de Sevilla, por h aberse hecho eco este medio, pro ducién d ose el 1 de feb rero
de 1936.
También se ha podido document ar una intervención de restaura ción del cam arín a
prin cipios de l año 1983, de la qu e únicamente tenemos las referencias de que fue ejec utada
por el religioso carmelita, de l a co munid ad de Os una, F ray Luis Perea Murillo – quien
asimismo h abía i ntervenido en la anterior restaura ción de 1935 - contando con la
contribución económica de Bernardino Cabello ( El Santo Es capulario , 1983).
Referente a la imagen de l a Virgen del Ca rmen, esta in vestigación rea li zada ha deparado
nuevas aportaciones sobre l a misma -co mo es su res tauración p or Vicente Ten a y la
inco rporación del niño Jesús, en 1893 - , aun qu e al i gual que sucede con el reta blo, tampoco
se ha conseguido averiguar su au toría. En cambio , sí hemos localizado la referencia e n el
Archi vo Gen eral del Arzobispado de Sevilla que su imagen fu e co steada p or el abuelo de
José Fi gueroa Silva, el II con de de Puerto Hermoso, lo que una i nvestigación en el Archivo
Histórico Nacion al nos ha conducido a i dentificarlo con A ntonio Fi gueroa Badajoz Silva
Lasso de la V ega, Brigadier coron el del regimien to de Os una; y p or t anto a d atarla en tre
finales del siglo XV II y p r incipios de l XVII I. Dato q ue se puede constata r con la referen cia
al adorn o del alta r y la procesi ón de la Virg en del Carmen en las Constitucione s y Es tatut os d e
la gloriosí sima V. y Madre d e Di os Nuestra Señora d el Monte C armelo, fechadas en 1 702.
Asimismo, en el Arch ivo Pro vincial de lo s Carmelita s de la Bé tica h emos podi do consult ar
un li bro de cuentas de su hermandad po r medio del cual n os po dem os hacer una i de a de
cómo se adornaba l a imagen, el desarrollo de su s cultos y có mo era sacad a en procesi ón
(f igura 28) .
Figura 28. Detalle sob re la inform ación refer ente al ad or no de la imagen de la Virgen del Carme n .
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
101
Por último, reseñaremo s las descrip ciones recogi das en el catálo go d e Patrim onio Hist órico
Artístico de l a Provincia Bética Carmelitana , de 1979, sob re el retablo mayor, el camarín y la
Virgen del Carmen . U n tra bajo que viene a registrar, a modo de in ventario, el patrimonio
conservado en cada una de las casas que conforman la p rovinc ia, y que desde en tonces se
constituye en el único co mpe ndio exist en te, pese al tiem po transcurrido, ta nto del
patrimonio artístico del convento de Osuna como de la pro vincia.
Retablo mayor: sobre cuat ro basamentos, cont eniend o cada uno un herm oso bajorr eliev e
con tres apóstoles y sepa rados ent re sí por l a sede y dos puert as later ales con cuatro
bellí s imas tall as d e santos cad a una, se elevan cuatro hornacinas sobre los dos centrales y
tres sobre cada uno de los laterales, flanqueadas por col umnas de capitel dórico en e l
primer cuerpo, jóni co en el seg undo y corinti o en el tercero y cuarto. Cada hornacina lleva
una bellísi ma es cultura en madera t allada y poli cromada, pe rteneciend o la mayoría de estas
tallas a santos d e l a Orden. A cad a lado lleva tres grandes bajorr eliev es, entre las
hornacinas, representando escenas bíbli cas y de santos. En l a parte central, se abre la boca
del camar ín y por enci ma d e éste hay d os bajorr el iev es que repr esentan a l a Sagrada Famili a
y la Asunción. Todo el retablo va coronado p or dos óleos ci rculares con san Pedro y san
Pablo en l os latera les y dos estatuil las, sa n Juan Bautista y san Mi guel , en el centro. Sig lo
XVII.
Cama rín: sob re un zócalo de má rmol, se elevan nueva pil astra s sobredoradas, dejando entre
sí param ent os tapizados en damasco rojo con ad ornos y guirnald as de madera sobredorada.
La cúpul a v a pi ntada en cuarterones. Como adorno principa l lleva un arco forma do por
nubes y ángeles de talla que rodean a la Virgen.
Virgen d el Carmen: de candelero. L a cara refl eja una d ulz ura i mpresionante. Según el
parecer d e muchos , es l a Virgen más boni ta de la provi ncia. Sigl o XVI. En un principio no
llev aba niño. El que ti ene es de l XI X y fue hecho en Valencia (ACPB, Catál ogo de Patrimonio
Histórico Artístico de la Provincia Bét ica Carmelitana . 1 979: 57,64 ) .
Al mismo tiempo que se ha desarroll ado la investigación documental, t ambién s e ha
contemplado la gráfica, en cu alquiera de s us técnicas de representación: dibujo , pi nt ura ,
grabado, fotografía. S e ha e fect u ado, ade más de en lo s archi vos anteriormente señ alados
(Archivo de lo s Carmelitas de la Provin c ia Bética, Arch ivo General del Arzobispado de
Sevilla, Arch iv o Hi stór ico Nacion al) en l os siguientes recu rsos digitales:
- Fototeca del laboratorio de Arte de la Univ ersi dad de Sevilla.
- Bibl iot eca Digita l Hisp ánica (Biblioteca Nacio nal de España).
- Fototeca del Pat rimonio Histórico (Ministerio de Edu cació n , Cultu ra y Deporte).
- Archi vo fotográfico Or onoz .
De estos recursos no se h a obtenido material qu e contribuya al co noci miento del retabl o en
alguno de l os diferentes aspectos rel acionados con est e estudio, p ues tan sólo se h a
localiz ado una fotografía gen eral del retab lo en el archivo Oronoz que tan sólo es de
ut ilidad para su documentación.
En cambio , del Archivo de los Carm elitas sí se ha obtenido el conocimiento de una seri e
de fotograf ías qu e aportan una va li osa información para est ablecer una secuencia evolutiva
en una p arte en concreto del reta blo : la co rrespondiente a l a mesa de altar. Se trata de una
Jesús Ga llardo Gordil lo
108
Para pro fundizar en el conocimiento tecn o lógico de la ob ra se h an realizado, adem ás de la
documenta ción fotográfica d el reverso del ret ablo, di verso s croqu is p ara compren d er el
sistema constructivo de las diferentes piezas que intervienen en su co nstrucción,
fundam entalmente de la estructura ar qu itectón ica. Po r medio de ellos hemos podido
cono cer l a lógica construct iva empleada y las diferentes piezas presen tes, de cuyos
resulta dos hemos podido el ab orar el apartado correspondi e nte al sistema co nstructivo del
reta blo (figura 33) .
Figura 33. Croq uis y fotografías ejec ut adas p ar a conoce r y comprender las d ifere ntes solu cion es
constructivas dadas al reta b lo.
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
109
Pero no sólo se ha do cumenta do gráfica mente el bien en sí mismo, sino que en
consonancia con los principios qu e rigen su co noci miento y conservación , se ha tenid o en
cuenta la imbricación del bi en en su co ntexto físi co y ritua l. S u finalidad no es o tra que
fam iliarizarno s con este con texto y reco pilar l a máxima información p ara profundizar en el
estu dio y co no cimie nto de este bien, en ara s de su preservación.
El co nvento: se ha registrado fotográfic amente el perímetro e x terior del edificio , su
entorno urbano, la distribución general de lo s dos n úcleos p rincipales que con forma n el
inmueble y la presencia de vegeta ción , fuentes de agua o el sistema de canalizacion e s. La
imagen aérea del inmueble se ha re alizado gracias al v uelo con RPAS, y ha sido co nforma da
a partir de un mosaico de imágenes del vu elo del dron sobre una plantilla b ase de la vista
aérea del conven to obtenida a través de Google Maps , empl eando co mo h erramienta el
programa editor de fotograf ías antes señalado (figura 34) .
Figura 34. Imagen gener al aérea del convento de Nuestra Señora del Carmen de O suna.
Jesús Ga llardo Gordil lo
110
La igl esia: la documentación fotográfica ha sido realizada con la fin alidad de describir
gráficam ente lo s diferentes esp acios que la co mpon e n, ta les como las diferentes capilla s, la
sacristía, las criptas o el coro . Igua lmente p ara do cumentar todos aquellos as pectos
relacionados con l o s da tos técnicos de su in terior – cubiertas, pavimento, reves timie nto,
ventanas, pu ertas,… - así como de sus instalaciones –eléctrica, fontanería, segu ridad,… - .
Un p unto de especial relevancia h a con sist ido en la ejecución de la re presentación gráf ica
de la p lanta de la iglesia, documento del qu e carece la comunidad, y que en esta ocasió n ha
sido ab ordada de acuerdo a n uestros medi os disponibles y las n ecesida des p articu lares de
este trabajo. Par tiendo de la imagen aérea que h emos r ealizado del i nmueble, de la que
extraemos el p er ímetro general de la iglesia , para p lasmar gráf icamente la distribución del
espacio i nterior h emos medido personalment e la igl esia en general y cada una de sus
capillas en p articu lar, con el medido r láser an tes reseñado. La planta fruto de este trabajo de
campo- h echa a mano a escala 1: 100- y la i magen aérea fu eron aju stadas y combin adas para
mantener en ambas las propo rciones cor rectas. En ell a queda reflejada tanto la iglesi a
act ual, con sus diferentes capillas per o no l as esta ncias anexas, como el espacio destina do a
ser el crucero y l a capilla ma yor del templ o que, aunqu e a día de hoy no se encuentre en
uso, forma parte de la concepción original de la igl esia y es, además, u n lugar de esp ecial
relevancia c ons ervat iva para el ret ablo mayor (figura 35) .
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
111
Figura 35. Planta de la iglesia de Nuestra Señora d el Carmen.
El uso y funci onalidad: al ubica rse el reta blo mayor en el epicentro si mbólic o de l a igl esia,
se ha documenta do la relación del desarrollo de la vida religi osa de la comunidad en to rno a
este bien y el uso o la fu ncio nalidad que ejerce tant o el re tablo en su conjunto como
algunos de sus elementos integrantes. En este sentido se ha p odido documenta r medi ant e
fotografía s y de forma gen eral lo s actos que tienen lugar en el entorno del retablo y su
manifest ación estética, q ue imp lica la co locación de elementos qu e de forma h abitua l no se
encuentran en este esp acio, para de esta for ma valorar la inciden cia qu e en la co nservación
del retablo pudieran ten er (figura 36) . En el caso o puesto nos e n contra mos con que aquellas
operacio nes relacion adas con la imagen qu e preside el retablo, la Virgen del Carmen, h an
podi do ser descritas pero n o registradas fo tográfica mente – p rinci palmente lo s cambios de
vestiment a y las o peracio nes de movimien t o o cambio de ubicaci ón - debido a razones de
decoro con la imagen sagrada.
Jesús Ga llardo Gordil lo
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Figura 36. Mosaico d e imág enes de la documentación fotográfica de los actos d esarrollados en t orno
al retablo mayor o en relación al mismo.
I. EL RETABLO M AYOR DE N UESTRA SE ÑORA DEL CARMEN
113
I.4. VALO RACIÓN GLOBAL
El análisis de la situación de partida en la q ue nos enco ntramos para iniciar el con ocimiento
conservativo del retabl o mayor del Carmen nos enfrenta a una realidad que es necesa ria
cono cer para encauzar nuest ra investigación.
En primer lugar, la identificación y recono cimiento de los distintos elementos co mp osi t ivo s
del retablo, contemplados como estru ctur a tr asera, es t ructura ar quitectónica y elem entos
decorativos, n os hace tener una vis ión del retablo en su conjunto, anverso y reverso, en la
qu e se recono ce la compleji dad de estos b ienes . Esto n os facilita una clasificación de los
distintos el ementos comp ositivos para su estudio y no s h ac e distinguir su función en el
conj unto del retablo: la estructu ra arqu i tectón ica, que es l a que da form a o cuerpo al
reta blo ; l os elementos deco rativos como p iezas integradas en este cuerpo del retablo, con
fines simbó licos y devocionales ; y la estru ctu ra trasera que es la que aporta estabilidad a esta
máq uina lignaria.
Referente al marco legal y la normativa de referencia, a ct ualment e el retablo n o cuenta con
nin guna figura de protección legal específ ica. No ob stant e, como ob ra pertenecient e al
patrimonio cultu ral de la I glesia, queda al amparo de la ley civil de p a trimonio ( LPH E,
1985; LPHA, 2007 ) y cuent a con instrumentos esp ecíficos p ara velar po r su p reservaci ón y
seguir una metodología de estu dio e interv enci ón general ( Carta del Resta uro , 1972; Car ta del
Resta uro , 1987, e tc.) y esp ecífica ( Carta de los Retablos , 2002; D ocumento de R eta blos , 2002;
Coremans , 201 7).
En el pro ceso de recopilación de la docume ntación técnica, hemos detecta do la carencia de
mat erial técnico referido ta nto al inmueble como al bi en que centra nuestra investigación,
ni siquiera de aqu el más básico como pl an o s de l a iglesia, un registro documental gráfico
del retablo mayor, o el co nocimiento de su s dimensi on e s. Po r e ste mo tivo, se ha hecho
necesario abordar esta cuestión at endiendo a nuestr as n ecesidades p articu lares, el abor ando
ta nto el material técnico so bre l a planta del con vento y la iglesia, como el alzado y perfil del
reta blo ; una do cumentación p ormeno rizada fotográfica del re tablo, el inmueble y el
desarrollo de l a fu nción del retablo en el marco de la vida religiosa del templ o.
Según h emos analizado, l os estudios e n los qu e esta obra aparece reflejada están
relacionados con la H istoria del Arte, más con creta mente como o bra artística en la que se
valora sus rasgos o morfolo gía renacentista . Son estudios qu e se fundamentan en s u an álisis
estilístico y en b ase al que establece su aut o ría y cronología por datos d o cumenta dos de
otras obras relacionadas. Carece por tanto , de un estu dio en excl usiva de es te b ien, en
primer lugar, i nvestigando la do cument ación h istórica, y en segundo, contemplando la ob ra
Jesús Ga llardo Gordil lo
114
in situ, examinándola en detalle y abarcando otros aspectos c omo e l técnic o, constru ctivo,
decorativo, o p rincipalmente, el de su historia mat erial, más aún cuando entre lo s mismo
aut o res señalan que el camarín es ob ra post erior.
Por nuestra p arte, al a bo rdar e n nuestro trabajo la in vestigación de la do cumentación
histórica, la in formación qu e h emos podido recabar a través de ella ha resultado muy útil
pero a l a vez in suficiente, en cuant o no h a lo grado alcanzar el objetivo de localizar alguna
referencia al a uto r del retablo, su t raza y con diciones, su empresa construct iva o los
mat eriales empl eados. Del mismo modo, p ara trazar su historia material aunque sí hemos
podi do data r la fecha en que se pro duce la transforma ción del reta blo y bajo la di re ctri z de
qu ien se lleva a cabo, no se ha visto acompañada de datos que delimiten su alcance o no s
encuadre esta intervenció n. Con otros element os del retablo, co mo la imagen de la V irgen
del Carmen y el cam arín, ocurre similar circunstancia: apo rtam os la con tribución de
cono cer, en ambos casos, quienes fueron los financiadores de su ejecuci ón pero n o sus
aut o res, así como que fu eron obj etos de una intervención de la qu e no se descr ibe su
alcance detallado. En cambio, en cuant o a las t ransformaciones del espacio desti n ado a la
mesa de al tar – n o recogido s do cumenta lmen te- sí h emos p odido tener constancia de su
alcance gracias a la do cumentación fotográfica de la épo ca, qu e si bien n o tiene el fin de
registrar est os cambio s, nos apo rta el ma terial con el que visua lizarlo.
En cualq uier caso, la i nvestigación de do cu mentos h ist óricos h a aportado datos qu e ayudan
a trazar la h istoria del convento -con el que está estrechamente vin culado el devenir del
reta blo -, como po r ejemplo p oder establec er el periodo constru ctivo de la iglesia actual de
forma má s precisa y perfilar su trayectoria h istórica .
Dado que la met odo logí a tra dicio nal seguida p ara el estudio de estos bien es – co mo es la
investigación bibliográfica y de la documentación histórica - no ha dado l os fr utos
esperados para el conocimien to de la génesis y evol ución h istórica de la obra , no po r ell o la
investigación ha quedado varada en este pu nto, ya que con sideramos que afortu nad amente
conservamos el mejor de los docum ent os: el retablo en sí m i smo. P or tanto, al
encon trarnos con la co mplejidad de esta r ante u na o bra que sabemos que está
tra nsformada y que cuenta co n parcas refe rencias documenta les en las qu e apo yarnos, no
nos cabe l ugar a du das qu e es una inspecció n minuci o sa del retablo -siempre des de el
anverso y el reverso- la qu e nos puede conducir a extraer in formación acerca de cómo es y
cómo está ejecuta do, y en un agudo ej ercic io , detecta r aq uellos elementos que delat en una
inclusión o desaparici ón p osterior en el conjunto. Asimismo, es ésta la que, al ser abord ada
en pri mer lugar, nos permite diferenciar la ob ra origin al de sus cam bio s y transformaci o nes,
y en base a ello, podremos enton ce s realiza r su análisis artíst ico y estil ístico. Esto nos si tú a
ante la adopció n de una estrategia d e estudi o para el co nocimiento de la ob ra un tanto
diferente a la metodolo gía tradicional, e n la que res ult a clave el análisi s exhaustivo y en
conexión con los dat o s recabados del retablo.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
117
II. ESTUDIOS NO INVASIVO S APLICADOS AL
CO NOCIMIE NTO C ONSERVATIV O DEL RETABLO:
ANÁLISIS DEL CONTEXTO
Introducción
La conservació n de un b ien cultura l es una tarea q ue n o solo requiere de la elabo raci ón de
un estudio pro fundo y minuci oso de la ob ra en cuestión. Atrá s deb ió queda r la ex c lusiva
focalización del interés en la pi eza concreta para ent enderla, ho y día, como parte in tegrante,
y en muchos casos in d isol ub le co mo ocurre en nuestro obj eto de i nvestigación , d e un
complejo e ntorno- ya sea desde un punto de vi sta físico, geo gráfico, ambiental o
institucional- del que depende el l levar a buen puerto su salvag uarda. Po r el lo el prim er
obj etivo de la con servación debe ser la recopilación de toda la información posible del
contexto del bien, ya que cada obra se en cuadra en unas p eculiares y específica s
circunstancias, forma parte de un p rop io microuniverso , que es el que hay que conocer
para p oder acercarnos c on e x actit ud a sus necesidades conservat i vas y a la detección de los
posibles ri esgos a la q ue está sometid a.
Así, recu rriendo a u n si stema de conocimiento de lo gen eral a lo específico, ll a mado
sistema de en voltura s en la gestión de rie sgos ( G uía de ge stión de rie sgos para el patrimonio
museoló gico , 20 17) es p reciso cono cer e l territorio donde se halla el reta b lo, sus característ icas
medioambientales y los potenciales riesgos que del mismo se p uedan deriva r ; iden tific ar la
institución propieta ria; analizar el en torno del edificio y sus i nstalaciones; y de esta f orma
adentra rnos en el nivel más pr óx imo a la obra y l os factores qu e más direct amen te se
relacionan con ella, desde parámetros micr o climáti cos a la f unción que ejerce . To do esto
desde un p unto de vi sta am pli o y abarcando diversas áreas de conocimiento para re cabar
toda una serie de información esp ecífica p ara la obra en cues tión. Pues de la relació n e ntre
ellos y el bien se der ivan las necesidades, riesgos y claves de su conservación .
En este sen tido, los estudios n o in vasivos del con texto del retablo lo s focalizamos en cinco
puntos:
- El análisis territorio geo gráfico, de l a localidad de Osuna, ya que de ac uerdo a la
Conservación P reve ntiva y a la gest ión de riesgos en el pat rimonio cultural, se
señala la impo rtancia de identifica r el conte xto geográfico y fact ores co mo el c lima ,
los vientos, las preci pitaciones, la irradiancia, la calidad del aire, etc. que pueden
condi cionar la p reservación del bien y del que p ueden deri var riesgo s cat astróficos
para su sa lvaguarda, como los deb idos a seísmos o in undaci ones.
- Cono cer la institución p ropietaria del b ien, l a Orden del Carmen, a través de su
historia gen eral, su o rganización y, es pecíficam ente po r el caso qu e nos ocupa, la
gestión del p atrimonio dentro de ella. Asimismo, de forma particu l ar se investiga
sobre l a historia de la presencia de lo s ca rmelitas en Osuna, al desarrollarse en
paralelo y estrecha relación a la del retablo y su devenir.
Jesús Ga llardo Gordil lo
124
Figura 41. C lasificac ión climática de Köpp en-G eiger de la P enínsu la Ibérica e I slas Baleares. Se ha
señalado la u bicación d el mu nicipio de Osu na y su correspondiente clasificación climática en la
ley enda.
Figura 42. P rec ipitación media anu al de la P e n ínsu la Ibérica e Islas B aleare s. Se ha señalado la
ubicación d el munic ipio d e Osu na y su corre spondiente clasificac ión en la leyenda.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
125
II.1 .3.3. I rradiancia
La irradiancia, que es la radiación electrom agnética p rocedente del S o l co mo consecuencia
del movimien to acelerado de las partícula s que lo componen, incidente en un in st ante
determinado sob re una superficie (Agencia A ndaluza de la Energía, 2018) , se c aracteri za
por un acentuado gradien te latitu dinal en l a península ibéri ca de n orte a sur. Es e n el
meridiano pe ninsular, en el que se alcanzan los n i veles de irradiancia global media más
elevados, do nde se ubica e l mu nicipio de Osuna (figura 43) . S u pro medio anua l de valores
diarios de irradiación sol ar global horizontal es de 5 .2 kWh/m 2 da, con una oscilación media
según las estaciones climat ológi cas de 2.3 kWh/m 2 en di ciembre y 7.9 kWh/m 2 en junio
(ADRASE, 2018) ( figur a 44) . Un valor el evado prop io del sur peninsular, co mo hemos
comentado anteriormente.
Figura 43. Irradian cia glob al media [1983-2005 ] (Kwh m2 dia -1 ) SIS (CM -SAF) . Se ha señalado la
ubicación d el munic ipio d e Osu na y su corre spondiente clasificac ión en la leyenda.
Figura 44. Dat os mensuales de radiación solar global en Osuna.
Jesús Ga llardo Gordil lo
126
Junto a estos altos ni veles de i rradi ancia en l a localidad, no s encontramos con q ue el
edificio de l a igl esia del Carmen presen ta una o rientación este -o este, que al co mport ar
ángulos de radiación s olar meno res hace difícil su protección en veran o y acostumbran a
generar prob lemas de so breca lentamiento en fachadas o este . P recisamente, el retabl o
obj eto de nuestro estudio se encuentra en esta ubicación oeste, aunqu e de algún modo l a
inciden c ia de la luz solar desde el ponient e puede verse parapetada po r los muros del
espacio del antiguo crucer o de la igl esia , por lo que las so mbras de éste sobre el mur o del
reta blo de algún modo reduce la directa inci dencia.
II.1 .3.4. Viento
El viento, es definido como
El movi miento de l aire con relación a l a sup erficie terrestre. C aso d e no haber especifica c ión contraria, s e
consid era so lam ente la c omponente horizontal del v ector velocidad. Si endo el viento una m agnitud vect orial,
su predicc ión ha de constar de dirección y velo cidad ( AEMET, 2015).
La di rección del vient o es aquella desde donde sopla, de forma media, en relación a lo s
ocho rumbo s principales, y su veloc idad se estipula como la media en km/h de un peri o do
de 10 minut os.
La veloci dad del vien to y la frecuencia de soplo desde una di rección son factores a tener en
cuenta en la co nserva ción de biene s cultura les, ya que el viento transpo rta p artícu las que
erosionan lo s mat eriales y hace que penetre m ás la lluvia en los lugares de mayor incidencia.
Según los datos correspo ndientes a la localidad de Osuna en el año 2017, f acilitados por la
Agenci a Estata l de Meteoro logí a, po dem os elaborar el siguiente cuadro de referencia
mensual a la direcci ón y frecuencia del vien to predo minante, la velo cidad media que se
alcanza y la direcci ón desde donde so pla el viento a m ayor ve l ocidad, así c omo u na
representación gráfica de est os datos (figura 45) :
Año 2017
Fuente: AEMET
Dirección del
viento
predominante
Frecuencia
aprox imada del
viento
predominante
Velocid ad media
del mes
Dirección del
viento con mayor
velocidad
ENER O
SE
10%
6,8 km/h
SSO
FEBRERO
ESE
11%
11,2 km /h
O y SE
MARZO
O
8%
12,2 km/ h
OSO
ABRI L
SE
15%
16,1 km/ h
SE
MAYO
SE
20%
15 km/h
SE
JUNI O
O
16%
15 km/h
O
JULIO
O
30%
12,9 km/ h
SE
AGOS TO
SE
15%
12 km/h
SE
SEPTIEMBRE
O
14%
10,4 km/ h
O
OCTUBRE
SE
17%
10,8 km/ h
SSE
NOVI MEBRE
ESE
9%
8,2 km/h
SE
DI CIEMBRE
ESE
12%
10,5 km/ h
O
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
127
Jesús Ga llardo Gordil lo
128
Figura 45. Tabla resumen mensual de la d irección del viento predominante y la dirección d e mayor
veloc idad y representación gráfica de su incidenc ia en el edificio.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
129
Figura 46. I magen aére a del convento del Carmen d e O suna en la qu e se han rese ñad o los tres
vientos p redomina ntes, de mayor a menor incide ncia, del ciclo anu al.
En el cuadro anterior p odemos apreci ar, en primer lugar, que duran te el ciclo anual hay tres
vi entos p redominantes: el de mayor incidencia es el SE ( sudeste) dura nte cinco m eses,
seguido del O (oeste), cua tro meses y po r último el ESE (este -sudeste), tres meses (fi gura
46 ) . Se da la ci rcunstancia que el vien to del oeste se h ace p resente, p rinci palm ente, durante
los meses estivales, mien tra s qu e el resto del año el vie nto es generalmente p roveniente del
cuadra nte este-sur. La frecuencia de la p redominancia mensual de estos vien tos aba rca
desde el 30% de juli o al 8% de marz o, lo que i ndica qu e en el p rimer caso el vie n to de esta
dirección sopla con una prep onderancia m anifiesta frente a las otras direccio nes, mientras
qu e en marzo hay mayor variedad de frecuen cia di reccional. Asi mi smo, apreciamos cómo
en lo s meses de abril, mayo, junio, agosto y septie mbre el viento predo mi nante es el mismo
qu e sop la con mayor veloci dad.
II.1 .3.5. Calidad del aire
La p resenci a de agentes químicos en la atm ósfera del interior de l os es p acios donde se
cust odian ob ras de art e, en nuestro caso la igl esia del Carmen, bien e n forma de gases,
aerosoles o sólidos tanto de origen n atu r al (incendios forestales, erupcion es volcánicas,
descompo sición de la materia o rgánica,…) como antrópico (á reas urbanas e industriales,
trá fico…), s upone un factor de ri esgo para la con servación de l a obra. S u incidencia , al
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130
entrar en co ntact o o reaccionar con los ma teriales co nstituyent es del bi en, depen de en gran
medida de la naturaleza del material en cuestió n y su est ado de conservación , adem ás de la
humedad rela tiva y absol ut a del aire y la ven t ilación del recinto.
Jean Treteault (2009) es tablece tres mecani smos por las que un co ntaminante pu ede
hacerse p resente en u n a mbiente y prov ocar deterioro : transportados por el a ire, p or
tra nsferencia entre do s materiales en con tact o y de forma in trínse ca al mat erial.
Relacion ado con el análisis de los factores l ocales que i nciden en la conservación del bien,
abordaremos los c ompuestos conta minantes tra nspo rtados en el a ire, que co mo hemos
visto, está relacionado tanto por ca usas natu rales como antrópica s, es decir, debidas a la
act ividad humana tales como la industria, el tráfico o la act ividad humana.
Según el anterior autor, no se puede precisar con certeza cuántos de l os co mpue stos
tra nsp ortados p or el aire son verdadera mente p erjudiciales para lo s bi ene s, pero h ay
identificados siete de ellos como los cau santes de un ma yor deterioro: el ácido acét ico
(CH 3 COOH), el s ulfuro de hidró geno (H 2 S) , el dióx ido de n itrógeno (NO 2 ), el o zon o (O 3 ) ,
el dióxido de azufre (SO 2 ), las part ícul as finas ( PM 2.5 ) y el vap or de agua ( H 2 O ).
Muchos de estos contaminantes presen tes en el exterior son debidos, esp ecialmente en el
últim o siglo , al trá fico y las emisiones indust ri ales, y aunq ue actualment e se con templen
medidas para la red ucción de esta s emisi ones perjudiciales ta nto p ara l a sal ud y el medio
ambiente como para la con servació n de obras de arte, los niveles de sus c oncen traci o nes
son muy elevados en la atmósfera. Como resulta do, se con stata la relación entre estos
contaminantes y sus efec tos de deterioro en el pat rimon io, por lo que en la actualida d el
análisis y la m edición de la calidad atmo sférica del esp acio que circunda a lo s bienes
cultu rales es esencial p ara con ocer si e xiste un po sible riesgo en su conservación. A sí,
siendo conscie ntes de l a ex po s ición de l a obra a estos contaminantes, estaremos facult ados
para la realiz ación de mediciones del índice de calidad del aire y l os niveles de
contaminantes de la atmósfera in terior del i nmueble al que está vinculado el ret ablo , y de
esta f orma, sustentar el desarro llo de medidas correct oras o mitigadoras.
Aunque para ser riguroso s el análisis de lo s con tam inantes que p otencialmente pueden
penetrar en el interior de la iglesi a del Carmen debía haber si do hech o a p artir de
medicion es y co ntroles in situ, internos y e xternos, debido a las li mita cion es en contr adas
para hacer po sible su abordaje, se h a tomado como referenc ia l os datos externos e xtraídos
de l a estación fija perteneciente a la red de vigilanci a y control de la calidad del aire de la
Junta de An dalucía ubic ada en Campillos (Málaga ), po r trat arse de l a más próx ima a Osuna.
Esta estación de co ntrol de la calidad del aire proporciona datos so bre las partículas en
suspensión (PM 10 y PM 2.5 ), dióx ido de nitrógeno (N O 2 ) y ozo no (O 3 ) (figura 47) . Tra tamos,
a continuación , sobre estos compuestos y s us niveles.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
131
Figura 47. Tabla de datos de los valore s de co ntaminación re gistrados en la estación de Cam pillos
(Málaga).
Partícu las en suspensi ón
Son susta ncias sólidas qu e se encuent ran en el aire en suspensión, q ue p ueden ser de origen
natu ral, pro cedente de la erosió n de la co rteza terrestre, la s al del agu a del mar o p olen ,
esporas y microorganismos fruto de la act ividad b iológica; o de o rigen antrópico, c omo la
qu ema de co mbustibles, la descama ción de la pi e l h uma na o las fibras de l os tejidos. Se
clasifican según su diámetro aerodinámico como partícula fin a (PM 2.5 ) , con un diámet ro
aerodinámico igual o inferior a 2,5 μm , o gruesa (PM 10 ) , con unas dimensi ones en tre 2,5 y
10 μm (fig ura 48).
Figura 48. Diferentes partículas y su diámetro.
Jesús Ga llardo Gordil lo
132
La dep osi ción de partículas sobre los b ienes cult ura les, además de enma scarar su valor
estét ico, se revela esp ecialmente p erjudicial para aquellas obras co n superficies frágiles,
poro sas y altera das, ya que su remo ción se v e notablemente o bstaculizada. Las partículas
finas ensucian o decoloran l as superficie s, y las gruesas pueden contener compu estos
potencialmente react ivos como residuos de co mbustión o microorganismos. Asi mism o, las
partícula s o leosas, h igroscópicas y metálica s pueden p rincipia r o acelerar el deterioro o la
generación de compuestos ácidos. La acumulación de polvo puede proporcionar el hábita t
para l a ac tividad biol ógica, como in sect o s, o la generació n de moh o, especial mente
combin ado con la humedad y la f al ta de mantenimiento de las tareas r utinarias d e su
eliminación. Asi mismo, a mayores ni veles de h umedad relativa el po lvo se adhiere en
mayor pro porción a las di ferentes superfici es co nstitu yentes de l os bien es cultura les y se
compacta en gruesas capas.
Figura 49. Niveles de presencia de p ar tículas en la at mósfera.
De acuerdo a lo s valores ex ternos regi str ados por la estación de Campillo s (figura 49) ,
analizados desde el prisma de l os valores establecido s p or l a Organización Mundi al de l a
Salud (en adelante OMS) el valor di ario de PM 10 alcanzó en 2017 el máximo recomenda do,
mientras que el corresp ondiente a PM 2 ,5 fue de cero . Por su p arte, los val ores medios
anuales están en ambos casos muy p róxim os al máximo fijado p or la OMS . No o bst ante,
debemos tener en cuenta que l a presen cia de partículas en el ambiente, y su deposi ción
sobre la superficie del b ien, ligado a la falt a de rutinas de eliminación de po lvo sob re el
reta blo y a las accion es inadecuada s de man tenimiento del inmu eble -en e l que se remueve
el p olvo en vez de elimi narlo de f orma eficaz - gen era un impacto no deseado e n su
conservación que t rasciende más allá de los dat os registrados.
Dióxi d o de ni tróge no (NO 2 )
Este co mpuesto está presente en l a atm ós fera como con secuencia de procesos n atu rales
como l as tormenta s, la ac tividad de los microo rganismos del suelo o la o xidación del
monó xido de n itrógeno natu ral, así como deb ido a fu entes antrop ogén icas com o las
emision es de la combustión p ara la energí a eléctrica y la industria, o una de l as p rincip a les y
más ex tendidas p or todas las áreas urbanas, el tráf ico rodado. En contact o co n la hume dad,
genera ácido nítrico (HNO 3 ) , q ue es a ltamente tóxico y corro sivo. Sus efectos adversos
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
133
sobre los mat eriales que con forman los b ienes cultura les so n la decol or ació n de pigme ntos,
la degradación del papel y el cuero curtido vegetalment e, la corrosión de l a plata con
elevados índi ces de c obre o afect ando a las piedras carbon at adas.
La cantidad de dió xi do de carbo no p resent e en la atmósfera en 2017 ha si do muy baja de
acuerdo a l os umbrales de la normativa y l a OMS para la zo na qu e estu diamos, p or lo que
se deduce qu e no h a ejercido una presencia nociva significat iva en el ambiente (figura 50 ) .
Figura 50. Nivel de d ióxido de nitróge no en la at mósfera.
Ozo no (O 3 )
En l a formación natura l de o zon o podemos distinguir dos tip os: el ozono estratosférico y
el troposférico . El primero de ellos se produce en la capa superior de la at mósfera, la
estrat o sfera, y actú a como filtro de la radia ción ultra violeta del s ol. Aunqu e éste no se
consi dera como conta minante, sí lo es el o zo no a n ivel de suelo , clasificado como ozono
troposférico y formado a p artir de la acción de la radiación ultra violeta sob re el oxígeno.
Este compuest o, a diferencia de los anterior es, tiene una mayor presen cia en zon as rurales y
aqu ellas situadas en la dirección de lo s vientos do minantes de l os cen tros de emisión de los
precursores. Asimismo , las máximas co ncentraciones vien e a darse en co ndiciones
climatológicas anticiclónicas, por ello los n iveles má s elevados se registran duran te la
primavera y el verano y e n l as ho ras centrales del día, e n las que la cantidad de radia ció n
solar es mayor.
También enco ntramos ozono producido por la act ividad humana en equipos el éctrico s
como fotocopiadores, impre sora s láser, cierta s lámparas, purificadores de aire o mata
insectos, e igualmente por la indust ria y el tráfico de vehículos.
Jesús Ga llardo Gordil lo
140
II.2. 1.1. Origen
La génesi s de la Orden del Ca rmen presen t a una serie de particularidades que la diferencian
del resto de órden es monásticas europeas, lo que sin lugar a dudas ha co ntribu ido a forjar
una i dentidad muy perso nal. Su n acimiento en Tierra Santa, la p osterior emigración a
occiden te y la v i nculación p rofét i ca l a h an e nvuelto en un p articu lar au ra en la que má s allá
de los datos históri cos, ha sido toda u na suerte de relatos, legendarios e i maginarios, lo s que
han qu erido dar exp licación de lo que es el Carmelo. Pero esta s n arr aciones, lejos aún de
desdeñarlas, deb en servir para el lector de hoy día co mo metá fo ras en las qu e comprender
la raíz de su espiritua lidad, más allá de l os datos fidedign os a los que qu iere enaltecer. Por
estos motivos, a la ho ra de pregun ta rno s qu iénes son los carmelita s debemos encontrar en
los datos históricos la narración objetiva de su gén esis, vicisitu des y exp ansión; e n la lege nda ,
entendida en nuestro caso como un apren dizaje catequ ético a través de la lectura de relatos,
la fu erza de la peculiaridad de sus ra sgos de identidad.
Como se h a in dicado, l a Orden del Carmen tiene su orig en en Palestina, en Tierra S anta,
motivado por tres factores de especial relevancia en la Edad Media que no s apuntan
aut o res carmelita s co mo el P. Xi berta o el P. Smet : las cruzadas, las p eregrinaciones a lo s
santos l ugares y el florecimiento de la vida e remít ica (Velasco, 1993b:8) . Fri edman
(19 85:138 en Velasco, 1993b: 8) toma co m o punto de partida en torno al año 1192, tra s la
finalización de l a tercera cruzada, cuand o gracias al trata do entre Saladino y Ric ardo
Corazón de León l os francos dominan la co s ta entre Ti ro y H aifa , permitiendo así a los
cristianos latinos peregrinar a los santos l ugares y establecerse en el mo nte Carmelo, junto a
la fuente de Elías, para vivir como ermita ños. Estos primeros individuos eran laicos
proceden tes de Europa occidental que d esean ll evar una vida so litaria, dedicad a a la
contemplación , i mita ndo el estilo de vida del p rofeta que ardía de c elo por el Señor en el siglo
VIII a. C. Y es qu e el mon te Car melo es un l ugar sacr alizado p or la presen cia del tesbita, al
ser allí donde Elías desafió a los sacerdotes de Baal para recon ducir a Israel al culto de l
único Dio s (I R, 18:16-40), o desde donde vio subir la nubeci lla que anunciaba el fin del
castigo divin o de l a sequía (I R, 18:41 - 46) (figura 57) , en la qu e muy p ron to lo s car melitas
vieron reflejada la prefiguración de la Virgen María qu e nos trae a Cristo, con formando uno
de los textos marianos más iden tificat i vos de la o rden y uniendo así l as figuras que m arcan
su espiritualidad: Ma rí a y Elías.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
141
Figura 57. Repr esentación de la escena de la
nubecill a
en la capa procesional de l a Virgen del C armen.
Estos moradores del mon te santo se estab leci eron in icia lmente de forma in dividualiza da,
sin establecer régimen jurídico en cuanto a la profesión de alguna regla pero comp artiendo
un mismo i deal. La o bra Historia Orientalis del obispo de S an Jua n de Acre Jacobo de Vi try
constituye el primer test imoni o documental de esta presenci a, diciendo así:
(…) imitando el ejemplo d el santo hombr e y solitario profeta Elí as, v ivían como eremitas
en el Monte Carmelo, que se eleva sobr e la ciu dad d e Porfiria y Haifa, cercanos a la fuente
que se d ice d e El ías, no l ejanos d el monasterio de l a Beata Vi rgen Marga rita. Viví an en
soledad, cada uno por su cuenta, en grutas se mejantes a colmenas, d onde, como abejas,
elaboraba n la dul zura de la miel espiritual (Jaco bo de Vitry, 1216 -1228 en Si les, 2002:4).
La cercanía al referido monasterio ortod oxo de santa Margarita y la dedicación de la capilla
qu e erigen en h on or a la Santísima V irgen, h on ránd ola como la Se ñora d el lug ar , h ará
cono cer a estos ermita ños co mo los Herm anos de la Bien aventu rada V irgen Marí a del
Monte Ca rmelo, t ítulo que se o ficializará para la o rden media nte b ula papal de Inocen cio
IV en 1252 y con el que se le conoce hoy dí a.
Estos ermita ño s pronto sintieron necesidad de organizarse y en torno a 1210 solicit an al
patriarca de Jerusalén, A lberto Avogadro , la redacción de un mo delo para di rigir su modo
de vivi r en co munidad, la l lamada formu la vitae . Desde la residen cia p atriarca l, San J uan de
Acre, es remitida una carta dirigi da a quien encabezaba aquel grupo de moradores del
Carmelo, de cuyo n ombre sól o se cono ce la in icial B y que la tradición comp letaría co mo
Brocardo, en la que se contiene la no rma de vida q ue habían de seguir. A la p ostre, esta
cart a será con ocida como la Regla del Carmen o de san Alberto, au nque n o se trat e d e una
regla co mo t al, sin o un modo de vida en o bsequio de Jesucristo, cu yo registro o riginal se
Jesús Ga llardo Gordil lo
142
encuentra en los Archivos Vat icanos y pue de ser co nsiderada co mo una de las regl as más
breves de la Iglesia (Leiva , 2017:159) .
En la fórmula de vida albertina quedan recogidos ecos de las regl as de san Agust ín, san
Basilio y de la tradición eremítica lo cal (Siles, 2002:4). Los ermitaño s debían mantener una
relación de obedien ci a a un superi or, y ést e, de servicio h acia sus h ermanos. Cada uno de
ellos h abitaba en su prop ia celda, sep arada unas de las o tras, medita ndo en la ley del S eñor
y vig ilando en oració n, con la p rescri p ción de la lectura h oraria de los salmos
correspondie ntes a lo que se le sum a l a pobrez a y el tra bajo m anual para ganarse el susten to
como elementos caract erísticos de la vida eremítica. La vida comunitaria giraba en torno al
encuentro diario en l a capilla, dedicada a Nuestra Señora, que se l evantaba en med io d e sus
celdas para la celebración de la misa. Est a form ula vitae fue confirmada po r el p apa Hono rio
III mediante un do cumento dado en Rieti el 30 de enero de 1226 y p or Grego rio IX co n la
bula Ex off icii nostri el 6 de abril de 1229.
No o bstante, mientras q ue lo s p rivilegios papales iban consolida ndo a l a comunidad del
Monte Carmelo, el p anorama en Ti erra S anta comienz a a volverse ho stil, esp ecialmente
ante la cr udeza de l as ba tallas entre cristian os y musulmanes duran te los año s 40 del s iglo
XIII (Velasco, 1993b:12) , lo que o bligan a plantearse el problema de su sup ervivencia y el
volver a sus países de o rigen, aunque la tradi ción apunta rá que fue s an L uis rey de Francia
qu ien los introdujese en E uropa, al acogerl os bajo su p rotección en su reino . Con el l o
comienz a el é x odo de los carmelitas, est ableciéndo se en luga res como Chipre, Si ci lia,
Francia, Italia, Inglaterra o A lemania, a p artir de los añ o s 1235 -1238. Tradicionalmente se
identificará l a invasió n de Haifa en la reco nquista mus ulma na de 1291, con el fin de l a
presenci a de los carmelitas en su lugar de n acimiento, aunqu e en algunos d ocumentos
como en l as co nstituciones de 1294 aú n siga ref lejándose su jurisdicci ón provincial.
El paso a occiden te de lo s carmelitas sup uso todo un reto, p ues aunque co ntasen co n l a
protección del papado, co mo manifiesta la bula Paganorum incursus dada p or Ino cencio IV el
27 de j ulio de 1246, en la qu e se exhorta a acogerlos benévolamente, las vicisi tudes se
manifest arán en su contra y h asta la capa de su hábito se co nve rtirán en motivo de burla de
estos emigrados
2
. En este p roceso de adaptación, Inocenci o IV decretará, mediante la bula
Quae honore m conditoris firm ada el 1 de octubre de 1247, la tra nsformación en orden regu lar
para asimilarla al resto de ó rdenes mendicant es europ eas, con llevando el p aso de la vida
contemplativa , p ropi a del des ierto y la vida eremítica y qu e era la qu e p ract icaban e n el
monte Carm elo, a la activa, acorde a los cen tros urbanos y la vida conven tu al. Pero el gran
prob lema al que se tuvieron que enfrentar f ue dura nte el II Concilio de Lyon, cel e brado en
1274, cuando se confirmó la p roh ibición dada en el IV Con cilio de Letrá n (1215) de que
fuesen fundada s nuev as órden es rel igiosas co n posteridad a esa fecha. Aferrándose a que
Alb erto, patriarca d e Jerusalén que les red acta su formu la vitae o regl a, fallece en 1 21 4, un
año antes del concilio, esta situación dejó a l os carmelita s en un estado de suspen s o de su
aprobació n definit iva, evitando su extinción y tra s la que enco ntrará a s u favor el apoyo de
2
La capa de los carmelitas po seía tres b a ndas gris es y cuatro b lancas alternas, teji das verticalment e. En el
Capítulo General de 128 4 se p r opuso sustitu irla por una de color blanco uniforme, debido a las burlas entre el
pueblo, lo qu e fue decr etado en el Capítul o Gener al de 1287 y co nfirmado por el p apa Honorio IV en 12 95
(Velasco, 1993 b, 16 ; Siles, 2002: 6).
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
143
los p on tífices: Nicolás V, en 1289, confirma su regla y los p rivilegios dados a los carmelitas
por l a Santa Sede; Boni facio VIII en 1298 ap rueba su existencia con anterioridad al con cilio
latera nense, como había sucedido co n fra nciscano s y domin icos; y finalmente, Juan X XII
recono cerá plenamente a la o rden del Carm en l os mi smos p rivileg ios y ex encio nes de las
otras órdenes mendicantes, con la bula Super ca tedram en el año 1326.
Pese a estas vicisitudes, en el ocas o del sigl o XIII la o rde n h abrá e xp erimentado una
notable expansión, contabilizándose po r las co nst ituciones de 1294 cie nto ci ncu enta
conven tos qu e conformaban doce p rovincia s: Tierra Santa, Si cilia, Inglaterra, P rov enza,
Toscana-R omana, Francia, Alemania Inferior, Lombardía, A qu itania, Esp aña, A lemania
Superior y Escoci a-Irlanda (Siles, 2002:7) .
Entre finales del siglo XIII y p r incipios del XIV, establece el P. Boaga (2002) , comienzan a
agregarse a l a Orden del Carmen muj eres y h ombres laicos que desean vivir la
espiri tu alidad, el pro pio carisma y p articipar de los b ienes espiritu ales del Carmelo, dentro
del fenómeno de agregación por afiliación, de laicos a l a vida religi osa qu e acompaña a las
órdenes mendi cantes durante el ci tado p erio do de la Edad Media y que da l ugar al
nacimiento de las famili as espiritu ales. S urgen, de esta forma, la Segunda O rde n p ara las
mujeres q ue desean ser rel igio sas y la Tercera O rden p ara laicos qu e s in abandonar su
condi ción seglar abrazan el carisma de la orden rel igiosa, estructurándose la familia
carmelita p or medio de las concesiones de las b ulas po ntificias Cum nulla (Nicolás V , 7 de
octubre de 1452 ) y Dum attenda (Sixto IV, 28 de noviembre de 1457).
La b ula Cu m nulla organiza jurídica y canón icamente a l as monj as carmelita s de cla usura,
con germen e n el movimient o iniciado p or mujeres que de forma aislada se entregan a vivir
el carisma de la orde n -c onocidas por be atas en España, be guinas en l os Países Bajo s o como
mantelad as en Italia- y cuya puesta en práct ica del documento po ntificio la llevó a cabo el
prio r general, el b eato Jua n Soreth, quien es con siderado como el fu ndador de la vida
religio sa femenina de clausura carmelita. Esta rama fe menin a o bserva la misma regl a de la
orden del Carmen que la masculina, pero c on constituciones propias. La b ula D um att enda
amplía la ant erior al hacer po sib le la organización de laico s e n forma de Orden Tercera, con
regla y constituciones prop ias y permitiendo además diversas agrupaciones laicales den tro
de la misma, com o las Cofradías del Esca pu lario.
Un capítulo de especi al relevancia en l a historia de la orden aca ece dur ante la segunda
mita d del si glo XV I. En un clim a gen eral de reforma de la Iglesi a alentado p or el concilio
de Tren to, la relajación de costumbres en la vida reli giosa o mitigación fue combatida po r
prio res generales como Nicolás Audet o Juan Bautista R ubeo y den tro de la orden surgen
reformas como l a de M antua y la del Mo n te Oliveti en Italia, la de Al bi en Francia o la
llevada a cabo p or santa Teres a de Jesús en España. Ést a úl tima, in iciada para las r eligio sas
con la fundación del co nvento de San José de Ávila en 1562 y secundada p osteriormente
para l os religi osos, será trascenden tal y ob tendrá la separación de la Orden del Carme n en
1592 . Desde entonces la o rden se bifurca en do s rama s i ndepen dientes : de un lado la qu e
nos o cupa, la Orden de l Carmen (O. Carm.) , surgida en el mo nte Carmelo p or ermi ta ño s
qu e desean vivir en ob sequio de Jesucristo, a imitación de María y alent ados po r el esp íritu
del pro feta Elías, y de o tra la Orden de Carm elitas Desc alzos ( O.C.D.) , qu ienes i gualmente
Jesús Ga llardo Gordil lo
144
llamados a vivir en o bsequio de Jes ucristo, su figura in spiradora es la de s ant a Teres a de
Jesús, considerada como su madre y f undado ra.
II.2. 1.2. El C arm e lo masculino en España. La Prov inci a Bética
El P. Balbino Velasc o, uno de los in vestiga dores referent es acerca de la histori a de la o rden ,
recono ce la dificulta d de esta blecer una visi ó n de con junto de lo s i nicios del desarrollo de la
Orden del Carmen en España (1993b: 17 ). Aun así, este a ut or es capaz de trazar una lí nea
general, basada en pro líficos datos do cumenta dos, de cuy a f uente b ebemos de forma
prin cipal, para abordar el florecimiento del Carm elo en nuestro país.
El p unto de par tida puede ser si tuado en el capí tu lo gen eral de 1254 reunido en Londres,
cuando se decreta f undar co nventos en Es paña. Parece ser qu e así tuvo que ser, y a que la
provin cia de Y sp ania aparece reflejada en e l capí tu lo general de 1281 ocupando el déc imo
lugar de las crea das en la o rden (Ruíz, 2000:9) .
Al deseo ma nifestado en Lon dres, o co ntan do con él, l a presen cia de los carmelita s en la
pení nsu la go za del patrocinio di spensado po r Jaime I de Aragó n (12 13 -127 6), quie n les
permitió establecerse en todos sus d ominios en una fecha aún descono cida. Esta po sició n
favora ble, quedará recogi da do cum entalmente en una c arta del mo narca Jaime II expe dida
en V alencia el 19 de en ero de 1292 a petición del padre pro vincial, por medio de la cual
act ualiz a l a p rotección d ispensada a los carmelita s ta l y como lo habí a h ec ho su abuelo. De
esta forma, lo s carmelitas, casi con toda p robabilidad provenient es de Francia, comienza n a
extenderse por la banda orienta l de la pení nsula , alcanzando el si glo XIII con diez
conven tos: Perpiñán ( capital histórica del R osellón, perteneciente a Catalu ña), Sangüesa,
Lérida, Valencia, Huesca, Z ar agoz a, Barcelona, Gerona, Peralada y Palma (de Mallorca).
En Andalucía, Gib raleón fue la pri mera fundación, en torn o a los año s 1306 -1320. P er o en
este caso, n o se trat a de una ubi c ación det ermin ada por la o rden, sino qu e resp onde al
deseo del señor de aqu ellos l ares, el i nfante de la Cerda D. Alfon so, quien edifica a su costa
un mon asterio p ara frailes carmelitas, cuya hipó tesis más afianzada es que pro venían d e l a
provin cia de Aquit ania en Francia (Ruíz, 2000:9). Desde es t e extremo de l sur d e la
pení nsu la se erigirán casas en Sevil la, Escacena del Campo y Écija, con las que se
constituirá en 1499 la provin cia bética por bula de Alejandro VI fechada el 26 de febrero de
1499, como desmembración de la p rovincia de Castilla a la que anteri ormente p ertenecían.
Sus do minios co mprenderán los territorios de Andalucía y Murcia y mantendrá su
jurisdicción hasta la excl austración de 1 835. Tras ell a, co menzará la con ocida c o mo
res tauración d e la Orden , in iciada en Jerez de l a Fron tera en 1880 y que hará resurgir de n uevo
a l a b ética en 1906, b ajo el tít ulo del Santísimo Nombre de María , ya ho y día den tro de lo s
límites de la comunidad andalu za y cuyo trabajo se en cuentra p resent e en las fu ndaciones
de Venez uela y Bu rkina Faso.
Actua lmente, en el te rri torio andalu z lo s carmelita s están presentes en A ntequ er a, Gr anada,
Hin ojosa del Duq ue, Jerez de la Frontera, Osu na y Sevill a.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
145
II.2. 1.3. Espiritua lidad
La espi ritua lidad de los carmelita s está íntimam ente l igada al lugar que erigi eron c omo
morada, y a l igu al que su forma de vida, con el p aso a occidente evoluciona de acu erdo a las
nuevas necesidades espiritu ales que se presen tan, subrayando de n uevo su peculiarida d, su
caráct er dinámico (Boyce, 2005) y será la qu e plante l a simiente de toda una tradició n
legendaria que llega a tomarse como verídica.
Las figuras fundamentales del Carmelo so n el profeta Elías (figura 58) y l a Santísima V irgen
María, y en ello s forjan su i dentidad espiritual desde sus prop ios o rígenes. Así lo at estigua n
la elección del m on te Carmelo, donde se ret iran a vivir a imitación del modo de vida del
profeta Elías, como recogen lo s testimonios más remotos que no s hablan de esta prese n cia;
y la dedi cación de la capilla que eri gen allí, dedicada a Nuestra Seño ra co mo madre, pat ron a
y h ermana, de la qu e deri vará el título de H ermanos de la Bienaventurada Virgen María.
Figura 58. Profeta Elías, represe ntad o en un cua dro d el convento ursao nense.
La particularidad de la ausencia de un fundado r canonizado, como ocurre e n franciscanos y
domini cos en esta misma épo ca medieval, h ace que no s encontrem os con una comunidad
qu e, en palabras del P. Boyce, “po dían go zar de espacios libres para adapt arse a las
peticion es de la Iglesia oficial, y a l a vez c o ntinuar pro fundi zando la certeza de su p r op ia
identidad l itúrgica y espiri tua l” (20 05:12). E s con la exp ansión de la o rden por Eu ropa y las
diferentes vicisitudes de su aceptación cuando el vínculo con el pro feta Elías adqu ie ra la
relevancia de ll egar a erigirlo como fundador de la o rden , forjando la filiación eliana y d ando
comienzo a toda una tradición l egendaria enraiz ada hasta entrado el si glo XX (Velasco,
1993b). Su punto de partida es un document o del capítulo gen eral de Lon dres de 1281, en
el que con el fin de o rient ar a lo s herman os más j óvenes acerca del o rigen de la o rden,
asegura n qu e ésta tuvo prin cipi o en tiempos de los profet as Elías y Eliseo y que d esde
entonces, padres del antiguo y nuevo testamento b uscaron l a so ledad de la montaña para
practicar una vida co ntemplativa (Velasco, 19 93b). Otro documento qu e tr ata este asunto,
Jesús Ga llardo Gordil lo
146
en lo s pri mer o s tiempos de la presen cia eur opea de la o rden, es el Li bro de l a institu ción de
los pri meros monjes, atribuido a Felipe Ribot, hacia 1370, esta bleci endo una descend encia
generacion al veterotest amentaria desde Elías a Juan el Bautista . Es ló gico p ensar como ante
la ausencia de un recon ocido fundador de l a o rden, y dado que el espí ritu eliano i mpregna
cada ri ncón de esta montaña sagra da, frecuentement e no mbrada en el An ti guo
Testam ento
3
, nazca ta l vinc ulaci ón que d eriva en una desce ndenci a espiritua l que es
interpretada co mo generacion al. Numero sas ob ras y trat ados reco gerán este asunto,
reafirmá ndolo intenta ndo ofrecer una base h istórica sólida , co mo son los A nnales de Jua n
Baut ista de Lezana (1645- 165 6 ) y en otros muchos casos, ofreciendo todo un prolífico
repertorio de narraciones con pro tagonist as tales co mo la misma V irgen María y
afirma ciones categóricas sobre la paternidad eli ana de su f undación y la suce sió n
inin terrum pida. Pese a en contrar oposi ciones a esta tesis por parte de l os bo landist as, en el
siglo XVII, la cu estión será f ervientement e defendida y o btendrá la c o nfi rmación d e la
paternidad de la o rden , p or el silencio perp etuo impuesto p or la Sagrada Congregació n de
Ritos de 8 de marzo de 1698 y b ula papal de Inocencio XII el 12 de dici embre del mismo
año (Ca stro, 1792). El ejemplo más notorio de l a co nsideración de fu ndador de los
carmelita s se dará en 1727 , cuando el papa Ben edicto XIII da lice n cia p ara erigir en l a
basílica de S an Pedr o d el Vatica no l a estat ua de Elías entre la de los santos fundadores de
las demá s órdenes religiosas. Su celebració n li tú rgica, como fiesta de la o rden, aparecen sus
primeros in dicios en misales de 1551 y 1574, siendo el documento más antiguo que a el la
nos r emita un suplemento del antifonal carmelita de Floren cia de 1627( Bo yce, 2001: 50 -51).
En cua nto a l a figura de la Santísima V irgen María , en su especial devoción se aglut inan las
connotaciones de las referencias b íbli cas vinculada s co n la Madre de Dios, l as t radici on es
locales de Tierra Santa y el culto m ariano de la Europa medieval que aportan l os cruzados
qu e h abitan como ermitaño s en el Carmelo (Boaga, 2001:23). De esta forma n o resulta
extraño que la devoción a la Virgen surja de manera i nnata, y acomp añado del clima feu dal
qu e sea hon rada como la domina loci , la señora del lugar, haciendo extensivo este patronato a
to da l a o rden. La dedicación del o ratorio en su h ono r y la o ficialización del títu lo de
Hermanos de la Bienaventu rada Virgen María del Mon t e Carmelo en 1252, j unt o a
documentos de diversas épo cas qu e recono cen que la orden h a sido fundada en hono r de la
Glorio sa Virgen María, denotan la marcada dimensi ón mariana de la o rden desde sus
inicios y la i mportancia den tro de ella de su culto. U n cul to que en paralelo a la formación
de una identidad bajo los parámetros o ccid entales, pasa de la ve neración de s anta Marí a, la
domina loci a l a Virgo purissima , tomando como fiesta p rinci pal pro pia la Inmacu lada
Concep ción en 1306. A finales del sigl o XIV c omenzará a surgir, co mo propia e
identificat iva, la con memoración solemne del 16 de julio, en a cción de gracia s por l a
protección de María so bre la o rden y a l a que se le vin culará, por con siderarse uno d e lo s
signo s visibles de su pro tecci ón y p or su ex tr aordinaria difusión , la devoción al sa nto
escapulario, de acu erdo con la visión de s a n Si mó n Stock en 1251 (figura 59) , instaurá ndo se
como fiesta princip al de la Orden del Carmen y toda la f amilia carm elita en 1609.
3
Adem ás de ser escen ario fr ecuente d e los h echos rela cionados con el pro f eta Elías, r ecogido en el libro de
los Reyes, el m on te Carmelo es emp leado p ara alu dir a l a belleza, la fer tilidad y l a p redilección de D ios p or su
pueblo (Cantar de los Cantares: 7,5; Isaías: 35, 2 ; J erem ías: 1, 19; Mi qu eas: 7, 14), y de form a op uesta, como
símbolo del cas tigo de Dios (I saí as: 33, 9; Jerem ías: 4, 26 ).
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
147
Figura 59. Grabado de la aparición d e la Vi rgen a sa n S imón Stock, cont enido en un Misal Propio de
la O rden d e 1740 conservado en el conven to car melita de O suna .
Otro rasgo a contemplar de la espiritu alidad de lo s carmelitas es la particu laridad de que,
por tener origen en el reino latino de Jerusalén, las cel ebracion es l itúrgicas se regían por el
rito j erosol imitano o del Santo Sepulcr o, el co mún de aquella zo na. Es te rito se mant uvo
tra s la emigración a Europa como el oficial de la o rden , creando distancia y diferencia de las
demás órden es religi osas al trat arse de una li tu rgia gene ralment e desconocida fuera del
Reino Lat ino . Los manuscritos litúrgicos medievales señ alan e ste rito como el oficial d e los
carmelita s y con el Ordi nal de Siberto d e Beka, aprob ado po r el ca pít ulo general de
Londres de 1312, “se estableció una absol ut a uniformidad litúrgica para toda la Orden ”
(Boaga, 2 005: 23).
El rito del R ein o La tino de Jer usalén toma su nombre de la iglesia del Santo Sepulcr o, el
lugar do nde se cree que se en cuentra la tumb a desde don de resuci t ó Jesucristo y uno d e los
más importantes santua rios cristianos. Al ser cruzados franceses los que inicialment e se
establecieron en Tierra Santa, este ri to derivó de adapta cion es de ritos franceses co n una
Jesús Ga llardo Gordil lo
148
fuert e i mpron ta de l a Regla de s an Agustín ( Boaga, 2005:17). L os ca rmelitas lo tomaron por
ser h erencia de su lugar de origen , lo enriqu ecieron con su particular devoción a la Virgen
María y como reflejo de la ad aptación a occ iden te y especi almente tras Tren to, in corp ora la
devoción de los nuevos san tos propios (Boyce, 2001). L a adopció n de diversas fiestas
litúrgicas pro pias del rito del Santo Sepulcro será uno de los rasgos qu e h aga diferir a los
carmelita s de otras órdenes. De entre el las, en las que caben cita r la fiest a de l os patriarcas,
el ingres o de Noé en el arca, las tres Marías o la de todos aquellos perso najes que en ma yor
o menor grado de solemnidad tuviesen relación con los Santos Lugares, destaca la
conmemoración de la r esurrección del S e ñor, celebrada además de en p ascua (común a
todos lo s ri tos) el último domin g o del ci clo litú rgico, algo peculiar de este ri to con el efect o
de mant ener p resente el misterio p ascual a ntes del ini cio del adviento.
Dura nte el Co ncil io de Trento (1545-1563), las cel ebracion es li tú rgicas de los calendarios
de l as ó rdenes religiosas fu ero n examinada s y durante este pro ces o de reforma y revi sión ,
aunq ue algunas de las fies tas jeroso limitanas que venían cel ebrando fueron suprimidas
(ca so de la de las tres Marías), en con trapart i da la renovación del rito les permitió cele b rar,
en adelante, aqu ellos miembros de l a o rd en que habí an alcanzado la santidad desde la
emigración a occidente, con stitu yéndol e s co mo reno vados ejemp los para aquellos
carmelita s que quieren vivir su vocación.
La ob servancia del rito p ropio de los c armelita s se mant endrá hasta el Concil io V atica no II
(19 62-1965), adoptando a partir de 1971 el rito romano.
II.2. 1.4. Org anización de la orden del Carmen
Dentro de la Iglesia Católica, la Orden del Carmen es un in stitu to religi oso de der echo
pon tificio, p ertenec iente a las llamadas órden es mendicantes. Expresado en l a forma en que
recoge el Có d igo de Derecho Canónic o vig ente (19 83)(en adelante CIC, 1983 ) es una
sociedad aprob ada por la Santa Sede y depe n diente de ésta ( de derech o p ontificio) en la q ue
lo s miembros, según el derecho propio, abrazan la vida co nsagrada por medio de la
emisión de votos público s perpetu os, o temp orales que han de renovarse al vencer el p lazo,
de acuerdo a lo s tres consejos evangé licos de po breza, cast idad y ob ediencia, reali za n vida
frat ern a en común regido s por una regl a o c onstituciones (instit ut o reli gioso) y co m o orden
mendicante, unen la vida regular al ministerio sacerdotal, apo stólico, misionero o carita tivo
en diversas formas.
La o rganización de la o rde n carmelita se rige por el modelo caract erístico de las órdenes
mendicantes: los di ferentes conventos, estruct urados en pro vi ncias, comisariados genera les,
conven tos sujetos b ajo la in mediata jur isdi cción del prior g eneral, comunidades de
ermita ños agregados y comunidades afiliadas, con forman un cuerpo único dependie nte d e
un superio r g e neral, quien ostenta la autori dad suprema con plenos poderes del insti tu to.
Nos encon tra mos, por tanto, con una jerarquización iniciada en la figura del superior l o cal o
prio r de cada conve nto, el supe rior m ayor o prior provincia l q ue rige ca da agrupación de
comunidades de rel igiosos (segú n criterio s t erritoriales o li ngüístic os) y el supe rior gener al o
prio r gen eral, cabez a universal de la o rde n. Todo esto articulado mediante los capítu los ,
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
149
provin cia les y ge nerales, que trat an de l os asuntos má s relevantes den tro de sus respectivos
ámbitos. En este sen tido es p reciso subrayar un aspecto fundam ental, a veces enfocado de
soslayo si no pasado desap ercibido, de la organi zación de la orden del C armen que nos
ayuda a compren der su fórmula de funci on amiento: al ser una in stitu ción de dere ch o
pon tificio, co mo hemos recogido, está ex ent a de la j urisdicción del ordinario del l uga r
4
, es
decir, de la sede ep iscop al, quien en este caso la tiene únicament e sobre los in stitu to s de
vida co nsagrada diocesan os; y a quien además le corresp on de velar por conserv ar y
defender esa au ton omía (CIC, 1983: Cann . 591, 58 6-2). Est o no e s óbice p ara q ue, en
cualq uier caso, co mo instit uciones religio sas , se encuentren en armo nía pastoral y pueda ser
requ erido el ej ercicio de lo s religios os p ara la iglesia diocesana en la que radiquen, previo
acuerdo fa vorable del superior p rovin cial q uien ostenta la misma c ategoría de superior m ayor
qu e un obispo , así com o establecer si ner gias p ara o tras accion es encam inadas al b ien
común de la Iglesia
5
; pero tan to la orga niz ación de l a vida reli giosa co mo todo lo
concern ient e a la econo mía, p atrimonio y su stento de las diferentes casas, correspo nde a la
prop ia entidad relig iosa, basada en los priores provin c iales y en el prior general.
Partiendo desde la b ase de esta pirámide o rganiz at iva p ropia, cada convento (eri gido
canóni camente por decreto del superior general y su co nsejo, p revia aceptación del obispo
donde vaya a r adicar l a com unidad
6
) está regido por u n pri or ( supe rior loc al ), a demás de
contar con un ecón omo y o tra s figuras t ales como el sacristán o en cargado de igl esia,
elegido s en cap ítulo de comunidad cada t res años. Los diferentes c onventos son agrup ados
por erección canó nica del con sejo g e neral (Con stitu ciones de l a Orden de l a
Bienaventura da Vi rgen María del Mon te C armelo, 1995: 178 ) (en adelante Co nstitucion es,
1995) en pro vinci as, según criterios geográf icos o lingüísticos y den tro de éste ámbito, l os
prio res de cada convento reuni d os e n capít ulo provincial el igen al pri or p r ovin cial ( s uperior
mayor ) y su co nsejo p rovincial, conformado por secretario, ec ónomo y co nsejeros, por
plazo de tres años. Estos priores p rovin cial es de acu erdo a su consej o, son los encarga dos,
a su vez , de elegir al p rior general ( s uperior ge neral ) y el co nsejo g eneral, quien tien e l a
potestad suprema de l a o rden, t ambién llam ado curia generalici a, que resi de nte en Ro m a se
compon e de: prior general, vice prior, consejeros, procurador, ecónomo, delegado d e
monjas, secretario y postulador, para u na duración establecida en seis año s (fig ura 60) .
4
Esta exención qu eda asimismo rec ogida en las co nstituci on es de la Orden del Carm en vig entes (1995 ), en su
artícul o 174 : “ Aten diendo a la utili dad c om ún y a fin de proveer mejor a las necesidades del apostolado, están
exentos de la juris dicción de los Or dinarios de cada lu gar y sujetos únicamen te al Sumo Po nt ífi ce”.
5
En Esp a ña en contram os la Co nferencia Esp añola de Reli gioso s (CON FER), de la qu e fo r ma parte la Orden
del C armen , cuyo art ícu lo 7º B de sus estatuto s (20 10 ) rel acion ado con sus fines expr esa: “ estab lece r y
fomentar la con veniente coo rdinació n y coop eración con la Co nferencia Episcopal y c on cada uno de los
ob ispos, en las cuestion es de in ter és común al mayo r servicio de la Iglesia ” . Ot ro o rganismo m ás es la
Com isi ón de Ob isp os y Super iores Mayores ( COBYSUMA) creada como ám bito de diá logo entre l a
CONFER y la CE E (Confere ncia Episcopal E spa ño la). Del mismo modo, la Sa nta Sede prom ue ve la
er ección, a n ivel local o universal, de las Uniones de Super iores Mayores y Generales p ara fav or ecer estas
relaciones con las dis tintas Co nferencia s Ep iscopales ( Mutua e rela tiones , 19 78 ).
6
Co nstituciones, 199 5: art. 186- 1. Este per miso dado p or el o rdinari o del lugar para que r adique un co nvento
en su diócesis, llev a con sig o la facultad de p oseer igl esia y desemp eñar al lí los ministerios sagrados y las
activi dades pro pias de la Orden (Constituciones, 19 95 : Ar t. 18 6- 2; CIC, 198 3: Can. 611).
Jesús Ga llardo Gordil lo
252
La situación ambiental en la que se encuentra esta cripta de la comunidad de rel igio sos
contrasta , a simp le vista, co n el estado d e la cripta situada a los p ies de la nave de la
epístola, que se en cuentra completa mente seca. Esto es debi d o al simple hech o de q ue sí
posee un vano q ue la co munica con el atrio de la iglesia, por lo que la ventilación del
recinto está garantizada, s ubrayá ndose así l a i mportancia de do tar de este sistema a la cr i pta
antepuest a al retablo mayor.
Figura 144. T abla de umbral d e Hr y aparición d e hongos, en la que señalamos el punto de
refe rencia a la cripta de la iglesia del Carmen.
Figura 145. Ej emplo del ascenso d e la h umedad p or capilaridad en el muro lateral i zquierdo d el
presbiterio.
Tales fact ores in terrelacionados con el est ado higro térmico del interior de la i glesia,
describen el microclima o ambie n te in terno en el que se ubica y c ustodia el retablo mayor.
Pero en este análisis, más que l os valores de los distintos p arám etros ambientales, q ue
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
253
podemos considerar qu e forman parte del clima h istórico al que está sujeto el bi e n ya que
en este lleva co nservándo se cuatrocientos años, son l os valores críticos y l as fluctu aciones
de temperatura y humedad relativa las q ue revelan la po sib le agresión qu e este ambien te
puede esta r ejerciendo en su conservación.
II.4.1 .4.1. VA LORES CRÍTICOS DE TEMPERATURA Y HUMEDAD RELATIV A
En pri mer lugar ha y q ue consi derar el evi tar alcanz ar aquellos valores de los parámetros
ambientales que se puedan considerar crític os para la obra en cuestión. De acuerdo a altos
valores de temperat ura , el estudio nos i ndica que con cretam ente en tre juni o y sep tiemb re la
te mperatura es s uperior a 25ºC, y aunque e ste rango pueda form ar parte del clima h ist órico
al que ha estado somet ido el ret ablo, sob repasar este v alor debe ser evit ado en c u anto
afecta a l a pérdida del contenido de h umeda d del materia l y los procesos mecánic os que
origi na. Esto conl leva que la hu medad relativa del ambi ente n o descien da en tanta
magnitu d, como en este caso de estudio h asta el valor mínimo de 21,3%Hr, y de esta
forma, se contribuye a que los materia les h igro scópicos se mantengan con unos nivel es de
agua en su in terior que eviten l os daños f í sicos y mecánicos por el h ec ho de tener que
alcanzar el equ ilib rio con un ambiente con poca presen c ia de vapor de agua
53
.
II.4.1 .4.2. FLUCTU ACIONES DE TE MP ERA TURA Y HUMEDAD RELATIVA
Las fl uctuaciones de t empera tura y humedad relat iva inciden en los m ateriales
higro scópic os, pues la cantidad de agua abso rbida está directam ente rel acionada con estos
parámet ros. La h eterogeneidad del contenido de agua de estos m ateriales a lo largo d e l os
diferentes ciclo s -ya sean diario s, mensua les, estacionales o anuales - p roduce daño
mecánico en cua nto a q ue lo s objetos camb ian de ta maño seg ún varíe l a humedad rel ativa
ambiental, cuyas tensio nes resultantes de estas fuerzas de tra bajo p ara alcanzar su eq uilib rio
dinámico pro vocan, en nuestro caso, grietas y fracturas en la madera, y p or consi guiente,
en las capas inorgánicas superp uesta s a este mat erial, como dorados y policromías. P or ello
no es de ex trañar q ue actualmente las fluctuacio nes ambientales sean uno de lo s parám et ros
donde se focalice l a at ención en un estudio conservativo de un bien .
La acción qu e ejercen los cambios de temp eratu ra y h umedad rela tiva es continua, y por
ello la degradación de l os mat eriales es un pro ceso acumu lativo que puede verse acele rado
por estas fluctu aciones. El rango de oscil a ci ón, la rapidez y la frecuencia co n qu e ésta se
produzca nos determinará el riesgo al que está sometido el b ien en su sistema , y a sea éste
más o menos controlado, c omo un museo, o carente de medidas de control, com o lo es el
caso qu e nos ocupa, una i glesia. Si bi en en el primer caso l os parámetros ambien tales están
adecua dos al ob jeto que alberga -de acuerdo a su tecnolo gía, su estado de con servación y el
respeto a lo s valores en l os que se ha mantenido - en el caso de una igl e sia si n medidas de
control climá tico los materia les h igrosc óp icos están directam ente sujetos a las variaciones
53
La rel ación entre la humedad relativa ambiental y el contenido de agu a de la made ra lo trataremos en su
cor respondiente apar tado: II.4.2, pp. 263- 273.
Jesús Ga llardo Gordil lo
254
de temperatura y humedad q ue, mo tivado b ien desde la climatología lo cal – donde entr a en
juego la inercia térmica del edificio- como de las posibles actividades q ue se pueda n
desarrollar dentro del mismo, se s uceden en su in terior desde el cambio de es t aci ones
climatológicas com o del p ropio ciclo diurno. P or tant o se encuentra n directam ente
expuestos a una mayor o meno r agresión del ambi ente en su esta do de c onservación, pues
aunq ue l os ma teriales hi groscópicos son fle xib les a estos cambios al equilibrar su EMC con
el ambien te circundante, cíclicas repeticion es y osci laciones acaban mermando esta
capacidad de a daptación a constantes cam bi o s.
Para analizar l a fluctu ación de temperat ura y humedad relativa en nuestro microclima y el
riesgo asociado, recurrimos a la representa ción gráfica de los valores mí nimo y máximo de
cada estación climatológica (comprendidos ent re el 21 y el 20 de los me ses de inicio y fi n de
la esta ción ) junt o al valor promedio o bt enido de la media de los valores registra dos,
consi derado como en el que la ob ra en cuentra su confort. Estos valores los analizamos a la
luz de la variabilidad de l rango de fluct uación que con s iente l a correct a con servación de
una o bra h eterogénea, determinada po r la del material con mayor sen sibi lidad a estos
cambios higrotérmicos, es decir, aquel q ue p uede reaccionar det eriorándose antes o con un
mayor riesgo de que est o suced a, bien p or daño físi co, químico o mecánico. Para ello
recurrimos a lo s diferentes n iveles de riesgo debido a la fluctu ación según Stefan Mi c halski
(20 09), result ando la apreciación de si estas fluc tua ciones so n nocivas para el ma terial –
madera do rad a y pol icromada- en una escala de daño de n inguno -muy pequeño- pequeño-
grande.
El análisi s climático no s refleja q ue durante la primavera la temperatura h a variado 14, 5º C,
en verano 5,1ºC, e n otoño 13,8ºC, y finalment e en i nvierno 4,4º. Tal y como podemos ver
en la figura 146 l a temperatura del i nterior de la iglesia del Carmen se mantiene dentro de
una fluctua ción de ±10ºC sobre el valor medio anual o histórico, 21,5ºC, po r lo qu e el
riesgo de deterioro es entre n inguno y muy p equeño. No ob stante, se de tecta q ue las
estaciones de verano e in vierno so n las que más se acercan a las franjas límites sup er ior e
inferior del rango, reflejando qu e el límite superior se encuentra ya en los 30ºC,
tem peratura a partir de la cual ya Michalski la con sidera como “demasiado alta ” (2009); y a
su vez, son las estaciones que p rese ntan una menor oscilación de los valores, es decir, más
estables.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
255
Figura 1 46 . Flu ctuación estacional de la temper at ura en el interior de la iglesia del Carmen y n ivel de
riesgo de deterioro asociado.
Un panorama diferente n os o frece l a gráfica del rango de oscil aci ón de la humedad relat iva
( figura 147 ) , en el qu e n os en contra mos que en o to ño hay una diferenci a del 46%Hr, vera no
35,4% Hr, pri mavera 34,1%Hr e in vierno 24, 6%Hr. La gr áfica no s muest r a qu e en todas las
estac ion es se supera el rango de oscil aci ón ±10%Hr, llegán dose a sobrepasar ±20%Hr, po r
lo que nos enco ntramos lejos de unas fluctuaciones dentro del rango sin riesgo de deterioro
para adentrarnos en unos niveles de ent re pequeño y grande. Esta magnitu d de lo s valores
en los que fluctúa la humeda d relat iva so n los que p ueden propiciar una mayor ocasión de
daño mecánico del mat erial constituyente y po r ende, de las capas ino rgánicas a él
superpuestas, debidas a los movimientos de contracción y dilatación de la ma dera
54
. Pero
por otro lado, mientras que estos p arámet ro s no se sobre pasen, cualq uier daño que pueda
causa r l a fluctuación de la h umedad rel ativ a no será mayor al que y a p resente el mat erial,
sino que el det erioro será le nto y acum ulativo (Michalski, 1995) .
54
En el apartado I I.4.2. Análisis del c omportamiento de la m adera a nte c ambi o s am bientales , pp . 263 -273 , lo
anali zarem os en mayo r detall e.
Jesús Ga llardo Gordil lo
256
Figura 147. Flu ctuación estacional de hu meda d relativa en el in terior de la iglesia del Carme n y
niveles de riesgo de d eterior o asociados.
Visto el pano rama esta cion al, con un transcurso de tres meses, no po demos pasar por alto
analizar lo que o curre e n un dí a p romedio, ya qu e hay qu e det ectar si en esp aci os cort os de
tiempo se pro duce de forma repetida variacion es pro nuncia das, co n la negat iva rep ercusión
qu e acarrea en el material higroscóp ico.
El análisi s del día p romedio de cada mes n os revela qu e l a meno r oscilación de la
tem peratura es 0,47º C y l a mayor de 0,70ºC, cifras q ue n o implican ri esgo. Ademá s
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
257
observamos que el valor mín im o se alcan za entre las 8,30 -12 horas, y el valor máximo a las
20,30 -21 horas, éste último valor co inci dent e tanto con el ocaso, es decir, después de haber
recibido el inmueble tod o el calentamiento po s ibl e de forma n atu ral, y con el ho rari o de
celebración de la eucarist ía di aria, momento del día en el que se localiza un mayor número
de personas en el interior de la iglesia, fre n te al resto del día que la iglesia está cerrada al
público . La h umeda d rela tiva se mantien e igualmente de forma muy estable en e l día
promedio , con una va riación en tre 0,6 y 3 ,1%Hr.
Con esta información, de la evaluación de las fluctu aciones de la te mperatu ra y h umeda d
relativa podemo s concl uir que los valores d e estos parámet ros ambientales se mantienen de
forma m uy est able en el análisi s diario, siendo en el transcurso de las diferentes es ta ci o nes
meteorológicas cuando se manifiestan la s oscil aci one s, y por lo tanto, en un mayor
intervalo de tiempo. Est as oscilaciones s e mantienen dentro del ra ngo propuest o por
Michalski “sin daño ” (2009 ) en el caso de la temperatu ra, mientras que los valores de
humedad relativa los exceden y supone un f act or de ri es go de daño “en tre muy pequeño” y
“pequeño” (20 09), señ alándono s el factor ambiental que hay q ue intentar corregir, en la
medida de lo posible, para que el microclim a don de se ubi ca el retablo mayor del Carmen
sea el más óptimo para su con servación.
II.4. 1.4.3. VA LORES RELACIONADOS CON LA VIDA IGL ESIA
En el estudio del entorno micro climá tico que rodea al retablo mayor del Carmen, no sól o
debemos po ner el foco de atención en l os va lores rel acionados co n la climatología lo cal y el
edificio, sin o además en có mo éstos se ven alterados de acuerdo con el desarrollo de la vida
cotidiana de la i glesia. La con gregación de asist entes a actos y cel ebraciones vinculada s al
calendario l itúrgico, rit uales o l as diferente s manifestaciones reli giosas de las asociaci on es
qu e tienen su sede en este templo, tienen s u inci dencia e n los valores microclimát icos que
envuelven al bien que estudiam os, especi almente aquellos de co ncurrencia de perso na s más
elevada, como a con tinuación verem os a través de su relació n con la temperatur a, la
humedad absoluta y la h umeda d rela tiva. Est o no hace más que po ner de manifiest o l a
notoria co mplejidad de situa cion es ambientales que un edificio sin control y con vida
act iva, como es el caso, ex peri menta y h ac e repercutir en los mat eriales higrosc ópicos que
alberga en su interior.
Reflejo de l o qu e cl imát icamen te sucede e n el i nterior de la iglesia del Carmen cuan do se
realiza algún act o o cel ebración de elevada asistencia de públ ico lo encontra os el Jueves
Santo y la víspera de la Virgen del Carmen, en l a noche del 15 a l 16 de julio.
El Jueve s Santo es el día de la Semana Santa en que la cofr adía de la Hu mildad y Pacien cia
realiza su desfile procesional (figura 148) , sacando a la calle dos pasos y co ncen tra ndo en el
interior de la iglesia a un gran número de p ersonas, tanto in tegrantes del cortejo –
nazarenos, costaleros,… - co mo p úblico. T odo esto tra s h aber estado la iglesia replet a de
fieles asistiendo a los oficios religiosos de est e dí a de la Cena del Señor, en el triduo pascu al.
Jesús Ga llardo Gordil lo
258
Fruto de esta situa ción, la recogida y el anál i sis de lo s dat os climatológicos revelan qu e este
día se registra el valo r de temperat ura máxima del mes y en cua nto a la humedad absolut a ,
su sigma revela q ue ésta se aparta pronunciadamente de la m edia mensual.
Figura 1 48. Gr áficas en las que se señalan las magnitudes de temperatura y sigma de la humedad
absolu ta en la proce sión d e la hermandad de la Humildad y Pac iencia el Jueves S a nto.
La celebración de l a vísp era y el día de la Virgen del Carmen (figura 149) es otro mo mento
en el que la gran asistencia de personas ti en e su reflejo en los valores climat oló g icos del
interior de la igl esia. En pri mer lugar, la noche del 15 al 16 de julio se celebra en l a igl esia
un acto rel igioso, la imposición de escapul arios, y otro devocional, como es la ofrend a de
flores y besamanos a la Virgen del Carmen como felicita ción en e l inicio de su ono mást ica.
En esta no che o bservamos que se h a re gistrado el valor anual medio más elevad o de
humedad abso luta , 12,9 g/m 3 , deri vado de las a ltas tem peraturas ver aniegas y la gran
concen tración de fiele s dentro de la iglesia. Asimismo, el día siguient e, 16 de julio, en que se
realiza una misa con celebrada y la pro cesión de la Virgen, la sonda termohigrométrica
registró la temperat ur a más elevada de todo el mes de julio, 30,5ºC.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
259
Figura 149. Gráficos en los q ue se señalan las magnitudes de los valores d e h umedad ab soluta y
temperatura qu e se alcanzan en los actos celebrativos de la onomástica de la Vir gen del Carmen.
Con estos ejemplos apreciamos cóm o en lo s dos grandes momentos de la vida de la i glesia
en los que con curre un mayor n úmero de p ersonas en su interior – fieles, sacerdot es,
costaleros, n azarenos… - tiene su rep ercusi ón en los valores del microclima del en volvente
del bien. P ero n o só lo las grandes concentr aciones de personas inciden determ inantemente
en los valores de los parámetros microclimát icos, si no que, como ya hemos referido
anteriormente, también coin cide con la apertu ra al cul to diario de la iglesia. Aunque en este
caso l a asis tencia de person as n o llega a ser tan elevada, y menos aún en las celebracion es
de lunes a viern es salvo coi ncidenci a c on otros even tos de relevancia, en este análisis
microclimático se ha detectado que en e l comportamiento de un día medio tanto l a
tem peratura como la humedad abso luta ascienden en la franja horaria de la apertura pú blica
diaria, en torno a las 19,30 y las 21 ho ras. Así lo podemos apreciar en las figuras 150 y 151
qu e no s sirven de ejemplo para visualizar esta si tuación, a t ravés de las gr áf ica s de
tem peratura y hum ed ad absol ut a media h o raria de cuatro meses del año , uno por cada
estación cli mat ológi ca. Si b ien en estos ca sos los pará met ros am bien ta les no alcanzan
magnitu des que puedan tornar el microcli ma en agresivo para la conservación del ret abl o
mayor, queda subrayada la i mportancia de con ocer la evoluci ón micro c limática de la igl esia
a estos diferentes niveles de público congregado, esp ecialmente para detectar a quellos
momentos que t anto por asistencia como por estación climatológica sí puedan resu ltar
noci vos para la preservación de esta obra.
Jesús Ga llardo Gordil lo
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Figura 1 50 . Gráficas de temperatura media h oraria de los me ses d e febrero, ma yo, ago sto y
noviembre en las que señalamos la franja horari a d e apert ura de la iglesia al culto.
Figura 1 51. Gráficas de humedad absol uta media horaria de los mese s d e febrer o, mayo, agosto y
noviembre en las que señalamos la franja horari a d e apert ura de la iglesia al culto.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
261
II.4. 1.5. Resul tados
Ya se h a ex puesto que la t eoría de la conserva ción p reventiva nos ind ica qu e, más allá de
unos valores e stá ndares de co nserva ción , puesto que cada espacio tienes unas condiciones
climática s p ropi as a las que se h a acondici onado el bien, hay que evitar uno s p arámet ro s
ambientales en n iveles incorrectos de acuerdo al ma terial con el que está co nstituido la
obra, su tecnolo gía, su estado de con servac i ón y el historial de c ondi ciones c l imát icas a las
qu e ha estado sujeta en el curso de su existencia. Pretender modi ficar estos valores
supondrá so meter a l a obra a un estrés traum ático que acarrearía p eores co nsecuencias para
su integridad, ya que esta rí amos ro mpiendo el equilibrio que la ob ra ha alcanzado con el
ambiente en el qu e se ha mantenido unos cuat rocientos años. Por este motivo, el est udio
climático nos proporciona la capa ci dad de comprender el compo rtam i ento
termohigrométrico del in teri or de la iglesia del Carmen y detecta r cuáles so n las situaciones
de ri esgo para l a o bra, y a sean derivadas de las magnitudes qu e se alc anz an, co mo analizar
la modificación qu e p untu almente acontece debido al uso del rec into y el desarrollo de la
vida religi osa. Aquí radica la i mportan cia del análisi s de los dat os obtenidos, al
proporcionar una i nformación clave para, co no ciendo las c on secuencias microclimática s
qu e pued an traer determin ados act os o de terminadas variaciones del cli ma exterior, esta r en
alerta y realizar sencill as accion es co mo la a pert ura o ci erre de vanos. Y en el cas o de
detect ar magnitudes i nadecuada s, pro po ner pequeñas actua cion es que las a mortigüe n en
vez de c ostosas y p o co sosten ibl es inversiones en in fraest ruct uras de con trol cl imá tico,
como el caso de una co rrecta comunicación que permita la circulación del aire tanto en l a
cáma ra superior de l a bó veda como en la cripta, reduciendo las alt as te mperatu ras que se
alcanzan en verano o evitando el ascenso de la humedad por capilaridad, respectivam ente.
Como hemos expuesto, la fluctuación de los va lores de humedad relativa in cide en los
mat eriales hi groscó picos h aciéndoles equilibrarse con tinuament e co n el ambiente,
origi nando p r ocesos mecánicos de deterioro si éstos son bruscos, con el correspondi ente
daño a las capas superp uesta s y a la estabilidad de la s uniones y ensambles de estas
complejas obras. Por este motivo h emos co mprendido que es fundam ental completar el
estu dio micro climático con el análisis de su interrelación con el pri ncipal mat erial
higro scópic o constit uyente del bien y su so po rte, la madera. A nalizar este b ino mi o es
abordar una vía más de conocimient o que muest ra la din ámica de equilibrio y su
repercusión en el compo rtam iento del material y su act uación como factor de de terioro, o
no, según los casos.
En co nclusión, se pone de manifiesto qu e resulta primordial que toda acción empren dida
en aras del cono cimiento para la salvagu ardia respo nsabl e de este legado cultura l no pase de
soslayo por la problemática a mbiental.
Jesús Ga llardo Gordil lo
268
máximos regi strados de humedad rel ativa durante las diferentes est aciones climáticas, se
extrae que en pri mavera, co n una v ariación del 64,3 al 30,2% de h umedad rela tiva, la
madera s ufre una con tracción tangenci al apro ximada de 1,6%; en verano , la fluctuació n es
de 51,7 a 21,3% Hr, lo que se tradu ce en una contracción de 1,6%; en otoño, de 21, 8 se
pasa a un m áximo de 67,8 % Hr, dila tándose la m adera en un 2,2%; y finalmente i nvie rn o,
con unos valores de h umeda d relativa entre 44,8 y 67,8%, l a madera sufre un cambio
dimensional en relación a esta flu c tua ción de 1,1% (figura 158) . N otamos q ue en relación a
qu e el c ambio dimension al que analizamos es en l a secció n que sufre un m ayor cambi o, los
valores de respuesta dimensional son por deb ajo de lo que la teoría establece, es decir,
inferiores al rango de 5-10%. Esto se tra duce en una cierta estabilidad di mensional fre nte a
las fluctuaciones ambientales registradas, y por lo tant o, reduce l as p osi bilidades de estrés
de la madera qu e se manifiestan en alteraciones en el soporte por meca nismo s físicos.
Figura 158. Gráficos en los que se relaciona la Hr de cada estación climatológica con el camb io
dimensional de la madera tan gencial.
II.4. 1.2. Análisis de l contenido de hu me dad de la m adera del retab lo
En base a las cara cteríst icas de las propieda des higro scópicas de la madera que se han
expl icado, se puede determinar, a pri ori, el co ntenido de humedad de la madera en bas e a l a
magnitu d de tempera tura y humedad relativa del momento en cues tión, com o hemos vis to
en la tabla anterior y como se puede visualizar en la figura 159 esp ecífica p ara las conífera s.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
269
Es decir, si p or ejemplo nos e n contramos que se registra una h umeda d rel ativa ambi en ta l
del 55%, el co ntenido de h umeda d de la madera en equilibrio sería de aproximadament e un
10%; au nque si tenemos en cuenta la inerci a h igroscó pica antes descri ta, al tratarse de una
madera centenaria el contenido de agua debe ser inferio r al esta bleci do.
Pero nos encontramos con que este retablo de madera ta llada y poli cr omada no sól o se
relaciona directament e con el ambiente que lo ro dea, sin o que además se encuentra
vinculado al in mueble, por lo que puede retener cualq uier p osib le aportación de humedad
de las superficies donde está anclado: el muro tra sero y el p avimento. Por ello abordamos el
estu dio del con tenido de h umedad de l a m adera con stitu yen te del re tablo, para v alorar en
qu é p arámetros se sitúa en su interrelación con el ambiente y si hay alguna ap ortación al
margen de este binomio .
Figura 1 59 . Valore s d e EMC de madera de coníf eras en relación a la Hr.
Dada las grandes dimensi on es del bien y el li mita do acceso a su parte posterio r para p oder
realizar las mediciones del con ten ido de hum edad, se decidió acotar el espacio a la totalidad
de la part e in ferior del retablo h asta una altu ra de 2 me tros, abarcando t odo lo q u e la
accesibilidad nos permitía. Este espacio se di vidió de forma que, verticalment e, t uviésemo s
un punto de medición a 5 cen tímet r os del s uelo, tres a cada 50 centímetros, y dos a cad a 25
centímet ros, sucesivamente, y hori zontalment e con una se p aración de 50 centímet ros ent re
sí. En tota l se ob tu vieron 89 puntos de medi ción , o cupand o toda la superficie dispo nib le
del retablo po r su parte tra sera (figura 1 60 ) .
Jesús Ga llardo Gordil lo
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Figura 1 60 . Distribución de los puntos de medición en el reverso del retablo.
El in strum ento empl eado es el medidor de humedad TESTO 601 -1 (An exo 2 ) , que p or
medio de la i n troducción de la s do s p unta s de los electrodos, rea liza la lectu ra de la
humedad del material mo strándo la directamente en po rcentaje en peso po r medio de las
curva s características del material almacenado para la ma dera.
Se estableció c omo periodo de obtención d e datos una secuencia de una medició n semanal
durant e tres, y p osteriormente o tra s más al cabo de apr ox imadam ente mes y medio, p ara
analizar el comportamiento en un in terva l o de tiempo a cor to y medio plazo. Asimismo,
otro de los fines que justifican la p lanifica ción temporal fue analizar có m o un eve nt o de
gran asistencia de perso nas en e l interior de la ig lesia puede in fluir e n el conten id o de
humedad del re tablo, como es la procesi ón del Jueves Santo, p or lo qu e l as medici on es
semanales se di stribuyeron de forma que obtuviéramos datos tanto de l a se mana previa
como la po sterior al eve nto.
En b ase a este cron ograma se efec tuaron las medicio nes de co ntenido de h umedad del
reta blo mayor del Carmen, con un p roceso metodoló gico co nsistent e en anotar en primer
lugar lo s valores de temperatura y h umedad re lativa qu e registrase en ese mismo momen to
la sonda termohigro métrica colo cada en el r eta blo , y posteriormente pro ceder a la medición
en los puntos señalados y su corres po ndie n te registro planimétrico. En suma , ob tene mo s
una in formación h idrométrica del reta blo de estos cuatro momentos estudiados, en la que
se puede observar cómo se distribuye el gra dien te de humedad p or l a superficie analizada y
relacionar la mayor o menor p resencia de humedad en la madera a unas determin adas
causa s.
La valo ración de lo s datos ob tenidos y la información graficada (figura 161y 162) nos hace
ver qu e, en primer lugar, la cantidad de agua presente en la ma dera del re ta blo se mantiene
en unas magnitudes de valor casi constantes, con muy p ocas variaciones pese al l apso
tem po ral tra nscurrido en tre unas y o tras. De l a misma forma, es t as magnit udes so n
ligeramente i nferiores a las que teóricam ent e les corresponde en equilibrio con l a h umedad
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
271
relativa , de a c uerdo a lo s gráficos a ntes ex puestos, po r lo que puede ser debid o a la
confluencia de dos fa ctores: de un l ado, l a in ercia higro scópica de esta madera centena ria; y
de o tro, que deb ido a q ue el re t ablo se e n cuentra en un espacio sin una temperatura y
humedad relativa establ es durante el suficiente tiempo c omo p ara que la madera s e
estabilice de acu erdo a estos valores, la madera no termine de equilibrar su con tenido de
agua a la solicitud ambiental debido a las constant es fluctuaciones.
Figura 1 61. Medición del contenido de hu meda d de la madera del retablo en difere ntes period os.
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Figura 1 62 . Represe ntación a color de los valore s medidos en cada un a d e las fe chas p ro puestas.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
273
Por tanto, ante el planteamient o de ver si un evento que con lleva una elev ada presencia de
person as concentra das en el in terior de la iglesia tie n e su ma nifestación en una vari ación del
contenido de agua de la madera del retab lo, apreci amos que no ocurre así, ya que las
medicion es efect uada s no s indican que n o h ay cambios sign ificativos. Contrast a con el
hecho de que, al estar regi da la cantidad de agua de la mader a po r la humedad rel at iva
ambiental p rin cipalm ente, ésta última sí exp erimente unos valores m uy alejados de su
media, como ha demostra do s u sigma, sin q ue por ell o tenga igual incidencia en l a variación
del EMC qu e le corresp onderí a.
Por otro lado la distribución de las magn itudes refleja un general co mportamiento de
aum ento del valor en las z on as inferio res del retablo, es decir, la mader a más próx ima al
suelo está m ás húmeda que la q ue est á a más al tu ra, que est á más seca. Pero sobre to do
llama la atención que h an sido detect adas en este esp acio unas zonas en las que la madera
se encuentra en un punto cercano al de la sa tu r ación de sus fibras. Entendemos por tant o,
qu e en ambos casos l a cantidad de con tenido de agu a de la madera tiene e l aporte no sól o
de la h umedad ambien tal, sin o además de aquella q ue se transmite po r capilaridad des de el
suelo. Debemos recordar que en l a cripta de la igl esia empl azada b ajo el presb iteri o se
mantiene una hum edad relativa con stante del 99,9%, por lo que n o queda lugar a dudas que
el co ntenido de agua del reta blo sea may or en la parte más cercana al suelo que e n las
superiores, así como la in cidencia de la hu medad ret enida po r el terreno en el es pa cio
colin dante al muro donde se ancla el ret ablo. Esta si t uación queda manifiesta en los pi lares
de la estructu r a trasera del retablo que están empotrados en el pavimento, don de se han
registrado unos valores que superan el 20% EMC, es decir, que se en cuentra n cercanos a la
máxima ca pacidad de agua que la madera p uede ret ener de form a natural, sin ser ésta
directam ente s umergida en agua. La sit uación qu e se gen era es que nos enco ntramos ante
un alto ri esgo de bi odeterioro, convirtiend o en vulnerabl e unas piezas qu e forman pa rte
fundam ental de la estabilidad de la obra, al tratarse de lo s pil ares de la estructura poste rior,
sobre l a qu e se afia nza la verticalidad de todo el b ien.
Esta apro ximación a la co mprensión del fenómeno de rel aci ón entre el ma terial
higro scópic o y lo s cambio s ambientales, en esp ecial en rela ción a la humedad tanto del
ambiente como a la in terna en equilibrio con éste, es esencial para conocer la
fenomenología de deteri oro que puede caus ar el p rincipal de los agentes, el ambiente, sobre
un bien que n o podemo s desligar de él. A veces focalizamo s la atención de nuestros
estu dios en la adquisición de datos cl imát icos y si és tos se ajustan a uno s valo res
determinados, sosl ayando una mirada crítica sob re l a respuesta de lo s materiales a estos
fact o res y la verificación de l os p resupuesto s. De esta f orma, el ejercicio práctico y reflex ivo
aplicado a la o bra en cuestión no s condu ce, en p rimer lugar, a conocer las diferent es
situa cion es a las que específicamente el a mbien te somet e a este retablo , y en segundo,
enjuiciar la posible incidencia en el esta d o c onservativo del bi e n.
Jesús Ga llardo Gordil lo
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II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
275
II.4. 3. ESTU DIO TERMO-HI DROGR ÁFICO DEL RETABLO MAY OR
En el marco del análisis del entorno ambiental donde se ubica el re tablo ma yor de la i gl esia
del Carmen de Osuna, en el ob jeto de investigar l as relacion es en tr e ambos en cuya
dinámica encuentra origen las causas que inci den en el estado de conservación de l a obra, al
tiempo de disponer de datos p ara ex traer concl usi ones que nos facu lten a di cta minar el
examen del en torno conservativo am bien ta l de la obra, la ter mografía es una herra mienta
qu e con tribuye a la diagnosi s previa.
Relacion ado con l a investigación , determinación y análisis de l as con dicion es ambien t ales
qu e se suceden en ci clo anual en el in terior de la iglesi a del Carmen, especí ficament e en el
entorno i nmediato al retablo mayor ob jeto de n uestro estudio, se pro pone la ejecución de
un estudio del b ien mediante termograf ía para co mplementar el acopio de la información
ambiental y la caracterización de este mism o ambiente, al tiempo de dispon er de dat os que
nos faculten a ext raer conclusio nes del ento rno conservativo am bien tal de la obra.
La termografía es la cienci a de adquisición y análisis de la in formació n térmica de l os
obj etos examinados obtenida mediante dispositivos de adquisición de imágenes térm i cas a
distancia. Relacio nado con el patrimon io cultura l, es una técnica de in specció n y
diagnóstico no inva siva, co n diversos campos de aplicación en la con servación preventiva ,
cuyo fundamento es el análisis del compo rt amiento térmico de los materiales y su relaci ón
con las caract erísticas m ateria les y estructu r ales, así co mo con lo s proceso s de deterioro de
los b ienes cult ura les.
La teoría de la termografía se b as a en el pri ncip io de que cualquier o bjeto cuya t emperatu r a
sea mayor al cero abs oluto (0 Kel vin= - 273.15 ºC), emite radi ación infrarroja, qu e es
directam ente pro po rcional a su tem peratu ra. La termogra fía infrarroja (TIR) se dedica al
análisis de la radiación el ectromagnética e n el espectro infrarrojo, emitida p or el prop io
obj eto so metido a estudi o, in terviniendo para ell o dos parámet ro s f undamenta le s: la
emisividad del mat erial y la tem pera tura superficial.
La energí a térmica de la superficie de un cu erpo , es decir, la radiación electromagnética que
emite un cuerpo en funci ón a la temperat ura en l a que se en cuentre, consta de una emi sión
desde el objeto de medición, de un lado, y de otro de la refle xión y transmisión desde la
radiación externa (figura 163) , por lo que viene determinada por:
- La ra diación emitida por el o bjeto medido , es decir, su emisividad ( ε ). É s t a se define
como el cociente entre la radiación emitid a po r el cuerpo en cuestió n con la que
emitiría un cuerpo n egro (aqu él que absorbe toda la radiación i ncidente) a su misma
tem peratura, po r lo qu e l a emisividad máxi ma es ε =1. Dich o de otra forma, es la
medida de la capacidad rea l de un materi al de emit ir o p ropagar la radiación
Jesús Ga llardo Gordil lo
276
infrarroja. La cantidad de radiación in frarroja que emite la s uperficie de un cuerpo
está di rectamente relacion ada con su temperatura s uperficial, co mo h emos visto,
pero dependiente de su emisividad y de otros fact ores tales como la lon git ud de
onda, las pr op iedades de su superficie, el mat eri al o su geo metría . Hay qu e desta car
qu e el col or del ma terial no afecta a su emisi vidad, ya que el co lor queda enmarcad o
en el esp ectro vi sibl e, n o del i nfrarrojo. A l margen de esto, algunos colores
absorben más radiación que otros, y por lo ta nto, puede verse i ncrementada s u
tem peratura, l o que se traduce en una mayor irradiación que quedará reflejada en la
termograf ía.
- La re flexió n de la radiación ambiental ( ρ ), es l a capacidad de un ma terial de re flejar
la radiación i nfrarroja. La reflexió n de pende de las pro piedades de la superficie, la
tem peratura y el tipo de mat eri al. P or ello , para mejorar la exactitud de l a medición
de la temperatu r a de un obj eto, debe ser tenida en cuenta la compensación de l a
tem peratura re flejada ( RTC - Re flected Tempe rature C ompensation ), pudiéndo se
determinar mediante el empleo de un term ómetro de i nfrarrojos o con un radiador
Lam bert. En mu chos casos, esta temperatura es similar a l a temperatura del
ambiente, y t iene un efecto menos percep ti ble en los objetos de mayor emisividad.
- La c apacidad de transmisió n ( τ ) a través del objeto en cuestión, de la radiación
infrarroja, dep ende de su grosor y el t ip o de ma terial con stitu tivo. Muchos
mat eriales so n impermeables a la radiación de infrarroja de onda larga, por lo que
en estas lides juega un p apel in apreciable y, por ello , según l a ley de radi ación de
Kirchho ff’s, aunqu e la suma de estos tres fact ores citados es siempre 1(100% ):ε + ρ
+ τ = 1, en la p ráctica l a fórmu la omi te la transmisi ón y queda simplificada a ε + ρ
= 1.
Figura 1 63 . Emisión (ε), refle xión (ρ) y transmisión (τ) de la radiación infrarr oja.
Para generar la ima gen térm ica o termograma, l a cá mara termográf ica de t ecta
electrónicamente la radiación emitida en la banda electromagnética del esp ectr o in frarroj o -
entre 0,75 y 100μm -, a partir de la cua l calcula la tem peratura del objeto a m edi r,
procesándola digi ta lmente para represen tar sus valores diferenciales por medio de escalas
de col or. P ara el lo, l a c ámara mide l a on da larga de la radiación infrarroja recib ida e n el
campo de visión y, teniendo en cuenta la em isividad ( ε ) de la superficie del o bjeto medido y
la compen sación de l a temperat ur a refleja da (RTC), calcula l a temperatu r a superficia l del
obj eto a medir. En la imagen resulta nte, cada píx el ide ntifica, dentro de un espectro de
colo res, un valor concreto de radiació n calo rí fica emitida p or el o bjeto en e se punto exact o,
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
277
de acu erdo a su compo rtam iento y evolución térm ica. P or tant o, genera una i magen d o nde
se hace visi ble una forma de energí a n o v isible por el ojo humano, conformando un mapa
de temperatu r as superfici ales que p roporciona información cualita tiva rel ativa a l as
diferentes temperaturas q ue p uede p resentar l a superficie y cuantitat iv a de la medi ción
exacta de un determinado punto, todo ello relacio nado al momento en que se reali za la
medición , ya que para ell o hay que regi strar l as co ndici ones cli mát icas ambien tales -
tem peratura y humedad relativa del ambiente - durante la inspección .
Este m apa de la di stribución del calo r de la superficie del objeto medido, deb ido al
contraste entre emisio nes de diferentes z on as bien por una diferencia de emisividad o por
una diferencia de temperatura debida a otro fact o r, nos aporta in formación relevante para
la valoració n de la situación de di cho o bjet o en una in finit a cantidad de pro cesos, como la
detección de anomalías, el diagnóstico o el mantenimiento, si e ndo de gran utilidad los
resulta dos de esta técnica tanto en sí mismo como impl eme ntado con otras técnica s de
análisis. A l mismo tiempo, la utilidad de la apl icación de esta técnica se fundamenta en
razones co mo la s si guientes (Cu sidó, Devant y Riba, 1996; Zahonero , 2015) :
- Se t rat a de una técnica no i nvasiva ni destru ctiva , p or lo qu e en ningún momento
necesita en trar en co ntact o co n la materia lidad del b ien p ara la adqu isició n del
cono cimient o en el que estamos i ntere sados. Un a cuestión fundamenta l en el
campo de la conservación de los bienes patrimoniales.
- Prop orciona l a in formació n en tiempo real, permitiendo una gran flexibilidad en la
insp ección in situ .
- Es una técnica totalment e pasiva, que no requiere n i de fuent e de iluminación
externa ni alterar las condiciones ambientale s durante la inspecció n.
- Es mult idisci plin ar, pues las disti ntas lecturas de la información que genera es de
aplicación para di versos fines como la dete cci ón, el diagnóstico y el ma ntenimient o
preventivo, dando cabi da a diversa s disciplinas.
En co nsecuencia, gracias a su versatilidad y utilidad, l a TIR ofrece interesantes ventajas en
su apl icación a los b ienes cult ura les, campo donde es ampliamente utilizada en el ma rc o de
la conservación preventiva, para el estudio de lo s materia les y sus proceso s de deterioro. En
concreto, podemo s hablar de do s tipología s de bi enes patrimoniales d onde principalmente
se constata el bagaje de la ut ilidad de esta técnica no invasiva: el pat rimon io arqueológico y
el arqu itectóni co.
En el primero de ellos, la TIR cobra im portancia como técnica para la planificación e
intervención de las excavacion es arqueológica s, fundamentalmente par a la localiz ación de
yacimientos. En este sen tido, p ara l a inves tigación arqueológi ca resulta de relev ancia que
gracias a la medició n del c ompo rta miento térmico de una zona p uedan ser detecta dos
restos arqu itectóni cos en terrados b aj o el suelo , po r el diferent e compo rtam iento de su
inercia térm ica, con stituyéndose como una herramienta de gran v alor para la pro specció n
arqu eológi ca. De la misma forma, so n llevados a c abo estu dios mediante T IR de p iezas
arqu eológi cas para detecta r p atologías en el soporte no visibles e n su superfic ie, lo que
permite realizar una inspección de su esta do con se rvativo sin ser invasivos.
Jesús Ga llardo Gordil lo
284
Más allá de una mirada con creta a la ex istencia o no del fenómeno de c onden saci ón de
agua so bre la superficie del ret ablo, n o debemos perder la op ortunidad de reco ger dat o s
qu e pueden resulta r igualmente de interés p ara el con oci miento c onservativo de l a o bra. El
análisis de la imagen term ográfica del reta blo ta mbién ha puesto de relieve la i ncidencia del
sistema de il uminación en la obra, manifest ándose con un elevado contra ste térmico en tre
las zonas que se encuentran directa mente i luminadas p or los puntos de luz ubicado s en los
latera les del presbiterio, y las que se encue ntran más alejadas de su h az di recto (figura 168) .
Por medio de la visualización de l a en ergía térmica de la superficie del b ien que p osib ili ta l a
imagen termográfica, apreciamos que en l os dos pri mero s cuerpo s, la su perficie de las
entrecalles de los extremos laterales del retablo y l as calles laterales, presenta n los mayores
valores de temperat ura de todo el conjunto del retablo. Tal y como se puede extraer del
análisis de la imagen, el origen de esta situación radica e n la elevada emisi ón térmica de las
luminarias y su dist ancia al bi en, provoc ando el calentam iento de la su perficie de lo s
elementos donde incide direct ament e, con la con siguient e pérdida de h umeda d. Si tene mos
en cuenta q ue est a ci rcuns ta ncia se p roduce cada vez que el re tablo es iluminado -que s uele
ser aprox imadament e unos 40 min ut os diarios - puede provocar alteraciones en el b ien
debido a la f luctu ación de la temperatura , c onl levand o a daños mecánicos en el soporte y su
consi guie nte m anifesta ción en l os estrat os deco rat ivos so brepuest os al mismo. Po r tant o, la
investigación termo- hidrográfica ha revelado una si tu ación que p uede es t ar provocando un
prob lema conservativo a la obra, gracias a la relevancia vis ual que adquiere dentro del m apa
de la distribución de l a emisi ón térmica de l a superficie del reta blo.
Figura 1 68 . Imagen termogr áfica en la q ue se ap rec ia la incidencia térmica d el sistema de
iluminación d el retablo.
El estudio termo-h idrográfico efect uado no viene más qu e a ser el punto de partida p ara
cono cer el esta do en que se encuentra el bien, en el marco de la relació n que establece con
su entorno climát ico. P or ello, es aconseja ble proseguir con p eriódicas c ompro baciones,
desde esta cion ales a anuales, para mo n itorizar su evolución en una estrat egi a de
seguimiento y con trol preventivo, máxim e cuando se trata de una técnica q ue permit e
obtener de una forma no invasiva, rápida y segura , la información n ecesaria.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
285
II.4. 4. L UZ E IL UMIN ACIÓ N
La relación entre la l uz y los b i e n es culturales la po demos consi derar paradójica:
necesitamos de l a luz p ara co nocerl os, admirarlos y p onerl os en valor, pero de o tro lado
por su prop ia co mposici ón es una en emiga de su con servación. ¿Cómo actú a l a luz c o mo
agente de det erioro ? La lu z por su p ropia natu raleza deteriora los mat eriales - según su
sensibilidad a ella unos son inmu nes y o tros alta mente sensibles - p or lo que se podría
hablar de una des trucción real u ob jetiva; pero de o tro lado, una inco rrecta il umin ación
puede ir en detrimento tanto del co nfort visual de la ob ra como de sus propio s val o res
plásticos, una destrucción perceptiva - que le resta la puesta en valor e in c luso el correct o
cono cimient o del bien . Además en nuestro caso con creto podemos recoger l as p alabr as de
Miguel Án gel Rodríguez Lori te (1999) que reflejan fielmente la situa ción en la que se
encuentran estos bienes:
La ubicación y el rol del retablo ma yor en las i g lesias son los responsables que el g radiente
de l uz se oriente si empre en su di rección, en m uchos casos con m agnitudes nada d eseables
y manifestando un desequil ibrio notable con el resto d el espacio arquitectónico. Si hubiera
que el egir, d e entre las arquitecturas muebles u obj etos que d ecoran estos espacios
históricos, l os que más suf ren los efectos dañinos de l a luz sin d u da alguna estaríamos
hablando de l os r etablos mayores (R odríguez Lorite, 1999:96).
Por ta nto es impo rtante que p reviamente conozcamos alguno s aspectos básico s com o l as
caract erí sticas de la lu z, su poder de det erioro y fa ctores qu e influyen en l a corr ecta
percepci ón de las o bras a través de l a luz como la tem peratu r a de colo r y el
posi cionamiento de las fu entes emisoras.
II.4. 4.1. La luz como agente d e deterioro
La lu z - ta nto na tura l como ar tificial - puede ser descompuesta en relación al daño q ue puede
origi nar en l os bien es cultu rales en luz visible, radiación ultravioleta y radiación i nfrarroja.
Se co nsidera como l uz v isible aquella cuya porció n del esp ectro de radiación
electromagnética abarca entre 400 y 750 n m y es percept ibl e p or el sent id o de la vis t a. En
los ex tremos de esta banda se sitúan determi nadas porcio nes de ra diación ultra violeta ( UV ),
por deb ajo de los 400nm, es decir con una magnitud de o nda menor; y radiación i nfrarroja
(IR) , con una lo ngi tu d de onda superior a los 750nm, radi acio nes qu e n o es capaz el ojo
humano de p ercibirl as, es decir, no so n necesa rias para ver , aunque como hemos in dicado
sí in tervienen e n el deterioro de los materiales.
Cua ndo esta l uz i ncide sobre los b ienes, la radiación asociada a esta iluminación del objeto
ejerce una en ergía capaz de alterar las pro piedades de muchos mat eri ales y, en específico, a
aqu ellos de origen orgánico como textiles o d ocumentos. En concreto, la componente
Jesús Ga llardo Gordil lo
286
ultra violeta es la que tiene una ma yor energía asociada , al ser de menor longitud de onda,
por lo qu e ejerce una mayor agresión a lo s mat eriales, p roduciendo fotodegrada ción ,
desintegración, decoloración , fragilidad y a marilleamiento de superficies. Además su p o der
de degradación es acumu lativo. Po r su parte, la parte del espec tro de la luz visib le inmediata
a la radiación ultravioleta tiene poder de degradación de los pigmentos más sensib les, y en
general, p uede causar diferentes daño s por el t iempo de expo sición de l material al go lp eo
de lo s fotones. Fin almente, aunque l a r adi ación in frarroja “no tiene capacidad en ergética
para ini ciar las reacciones fotoqu ímicas” (Herráez, Enríquez de Salamanca, Pas tor y Gil ,
2014: 25), la emisió n de calor acelera las reaccio nes fotoqu ímicas y qu ímicas, y ade más,
modifica la humedad relativa a mbien tal y g enera fluctuaciones bruscas qu e h ace aume ntar
la tensión interna de los mat eriales.
Por t anto, a la ho ra de a bordar la evaluación de riesgos deriva dos de l a iluminación,
debemos tener en c o nsideración unos fa c tores qu e influyen en la ma gnitud del posible
deterioro de la ob ra, como s on:
- el espectro de radiación: co mo se ha mencionado, hay que con ocer si l as fuentes de luz
emiten en el espectro no vis ible – ultravioleta e infrarrojo - ya qu e co nocemo s que
inciden negativament e en la conservació n de l a obra, y por tanto hay qu e evitarlo.
- el tiempo de ex po sición y la i ntensidad: como el daño pro ducido por la luz es
acum ulativo, hay que con trolar el t iempo que el bien está ex puesto a una iluminación y
sus niveles de in tensidad. El n ivel de lumino sidad de la l uz, medido en lux, debe
ajust arse de acuerdo a l a sen sibi lidad del material. Todo ma terial sensi ble a l a luz está
conden ado a alterarse, po r l o qu e el com pro miso debe pasar po r intenta r mantener
ta nto el n ivel de iluminación co m o el tiempo que est á exp uesto a ella en el míni mo
posible.
- y la sen sib ilidad del material: la v ulnerabilidad de un material al esp ectro lumínico h ace
qu e se pueda clasificar de la siguiente f o rm a:
Mat eriales/ob jetos muy sen sibl es: textiles, acuarelas, manuscritos, dib ujos,
grabados.
Mat eriales/ob jetos moderadament e sensib les: madera, marfil, pin tura al
óleo , tem ples, lacados.
Mat eriales/ob jetos po c o sensibles: metales y alea cion es, cerámica, p iedra,
joyas, vidrio, esmalte.
En rel ación a l os dos últimos apartados, el ICCROM ( 2009 ) est ablece la siguien te rela ción
con los niveles de iluminancia máximos permit idos para no interferir en su con servació n,
según el grado de deterioro que puede ejerc er la luz:
Mat eriales muy sensibles: 50 lux.
Mat eriales moderadamente sensi bles: 150 l ux.
Mat eriales po co sensibles: 300 lux.
A tenor de lo expuesto y con el acento p ue sto en estos fact ores, analizaremos la inciden cia
de la luz, ta nto natu r al como artificial, en el reta blo mayor de la iglesia del Carmen.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
287
Como premisa de partida h ay que re señar que esta obra, por estar ejecut ada en madera
dorada y poli cromada, se en cuadra en tre las mo deradam ente sensi bles a la energía
degradat iva de la l uz. Es to nos marca la paut a de cuál debe ser el nivel de iluminación que
no se deb e so brepasar, tanto par a la l uz a rtificial como para la inci d encia de la luz s olar.
Aho ra la tarea es constata r si estos p arámetros se cumplen y si ésta lleva asoci ada algu na
radiación no civa .
II.4.4 .1.1. LUZ SOLAR
Las po sib les entradas de luz solar en el interior de la iglesi a se reducen a cuat ro ventanales:
dos ubicados en el segundo tramo de l a cab ecera de las naves la terales, uno en los p ies de la
nave de la epístola y otro si tuado a lo s p ies de la n ave cen tral, so bre el co ro (figura 169) .
Todos el los poseen cortinas q ue de forma h abitua l suelen es tar cerradas o a media abert ura,
por lo que el interior de la iglesia se pued e co nsiderar como sombrío. De estos vanos, el
situa do a lo s pies de la n ave central es el qu e tiene una relación di recta co n el retablo
mayor, ya que se s it úa frontalmente al mis mo, emplazamiento que lo con vertiría en el vano
por el que a ccede toda la luz solar que directamente sería posibl e qu e inci diese en el reta blo.
Pero frent e a esta si tuación, la co ncien ciación de los reli giosos p o r l a con servación de l
reta blo mayor les lleva a preo cuparse po r qu e las gr uesas cortinas impidan el paso directo
de l a luz (figura 170) . Por ta nto esta sencilla práctica no s lleva a no tener que lamentar una
situa ción recrudecida, ya q ue el poder de deterioro de la luz solar directa y co ntinua es
elevado, con lleva radiación ultra viol eta – si no hay filtros de ell a en los v anos po r don de
accede al interior, tal y c omo sucede - y u n aumento de la temperatu ra de la su perficie
donde i ncide.
Figura 1 69 . Ubicación de las ventanas d e la iglesia del Carmen.
Jesús Ga llardo Gordil lo
288
Figura 170. V entana situada frontalmente al retablo, a los pies de la nave central. S e suel e t en er la
precaución de tener cerradas sus cortinas para evitar la incidenc ia direc ta de la luz solar en el
retablo.
No obstante, h emos detectado un hecho singular, motiva do por l a o rientación del edificio :
la entrada de un h az de luz durante el equinocci o de otoño, en fecha alrededor al 22 de
septiembre. A unque las cor tinas se encuent ren cerradas, la imposib ilidad de un ci erre total
desde la parte superio r a la inferior h ace qu e en esa fecha la luz p enetre en el interior del
tem plo e inci da en el retablo, describi endo un movimien to ascendente - diagon al ent re el
suelo del p resbiterio y l a parte superio r del segundo cuerpo de l retablo. Este f enómeno
ocurre a l a salida del sol p or encima del caserío de l as casas del entorno , dura
aprox imadam ente quince minu tos y se r ep ite cada dí a dur ante unos diez , ava nzando
secuencialmente de izquierda a derecha de l presb iterio , con una in cidencia de 64 lx , t al y
como hemo s podi d o medir (figura 171 y 1 72 ) .
Figura 1 71. I mágenes tomadas de la incidencia d e la lu z solar en el re tablo alrededor del equinoccio
de otoñ o.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
289
Figura 1 72. Rec orrido de la incide ncia de la luz s olar cada d ía alrededor del equinoccio d e otoño. En
color se destaca el recor rido corre spon diente al día de las fotografías an teriore s.
II.4.4 .1.2. LUZ ARTIFICIAL
En los si stema s de iluminación artif icial del retablo mayor de la iglesia del Carmen
podemos discernir su finalidad fu ncio nal y de o rnato. Funcionalidad en cuanto está n
destinados a cubrir las necesidades il umi n ativa s de l as cel ebracion es re ligiosas que se
celebran ante él, de la imagen que se venera o una puntual ex posi ción cultu ral de la o br a. Y
por otro lado, en las lámparas que p en den de l a b óveda queda la remin iscen cia de la
decoración suntuosa p ara ensalzar las grandes fiesta s y so lemnidades, de cua ndo aún la luz
eléctrica era un bien elitista qu e n o po día permitirse cotidianamente. Es m ás, aún a dí a de
hoy se conserva l a costu mbr e de que estas lámparas que dibujan un arco de luces delante
del retablo sól o sean en cendida s cada sábad o al rezo del Salve Regina , tal y como se hací a en
épocas pasadas.
Tomando todos estos sistemas de iluminació n al unísono, ya que todos están destinad o s a
la iluminación del retablo mayor aunque c o n distinta finalidad, procedemos a analiza r l as
fuent es emisoras que se emplean, el tiempo de exposi c ión y si llevan asociadas a lguna franja
del espectro de radiación especialmente nociva para el bien.
La iluminación artificial del retablo m ayor se emplaza en las p aredes later ales del presb iterio
y desde la b óveda, descri bien do un arco que desde l os flancos laterales y superio r arroja su
Jesús Ga llardo Gordil lo
290
luz al bi en. P or su p arte la i luminación del camarín, y de la prop ia i mage n de la Vi r gen del
Carmen, se efectúa desde dent ro del propio espacio. Los diferentes tipos de lumi n arias
empleadas qu edan recogidas en la siguien te t abla:
ILUMINACIÓN ARTIFICIAL DEL RET ABLO MAYOR
Tipo
Nº
Ubicaci ón
Separación
li neal
al retablo
Calor
Tiempo
apro x.
ence ndid o
Proyector halógeno
incandescente
(2 lámpara s de 1
luminaria cada una)
2
Muros laterales derecho e
izquierdo d el presbiterio,
cada uno bajo las
esculturas de l os
arcá ngeles
5,15 m
Sí
L-D (40
min.)
Proyector halógeno
incandescente
(6 lámpara s de 1
luminaria cada una)
6
Muros laterales derecho e
izquierdo d el presbiterio,
tres a cada lado
3,30 m
Sí
L-D (40
min.)
LED
(2 lámpara s de 5
luminarias)
10
Muros laterales derecho e
izquierdo d el presbiterio-
sostenida por los
arcá ngeles
5,45 m
No
S- D (40
min.)
Bombilla
incandescente
(7 lámpara s de 6
luminarias cada una)
42
Bóveda d e la i glesia
5,15 m
Sí
S (10
min.)
ILUMINACIÓN ARTIFICIAL DEL CAMAR ÍN
Tipo
Nº
Ubicaci ón
Separación
li neal
a la imag en
de la
Virgen
Calor
Tiempo
apro x.
ence ndid o
Bombilla L ED
8
Trasdós laterales derecho
e izquierdo de l a
embocadura del camarín
2 m
No
L-D (1 h.)
Proyector LED
2
Trasdós laterales derecho
e izquierdo de l a
embocadura del camarín
2 m
No
L-D (1 h.)
Bombilla
incandescente
efecto ll ama
6
Candeleros de la
embocadura del camarín
2 m
Sí
L-D (1 h.)
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
291
Apreci amos có mo hay una h eterogeneida d de model os de emisi ón de luz art ifi cial,
abarcando desde las ya obsol eta s bo mbill as incandescentes, a las de bajo c onsumo y más
recientemente, l as de tec no logí a LE D. D eno ta có mo en muchos casos l os sistemas de
mayor antigüedad qued an relegados a l os lu gares menos accesibles, caso de las lámparas de
la b óveda, que ade más so n los que se po nen en funcio namiento de forma más ocasion al y
durant e un corto espaci o de tiempo
55
. En el po lo op uesto, la accesibilidad del camarín y la
importancia dada a resaltar la imagen de l a V irgen de l Carmen hace que sea el único
elemento il uminado ín tegrament e co n t ecno logía led, ya que la iluminación de lo s
candeleros debe considerarse co mo mera mente decorativa ya q ue no p osee capacidad de
iluminar. Asi mismo se h a po d ido comprobar que estas luminarias emiten una alta
tem peratura, salvo las LE D, p or lo que con lleva un p eligro de calentamient o de la
superficie del material don de i nci de y la eleva ción de la temperat ura ambienta l, siendo un
riesgo de deterioro a evita r.
El tiempo que p ermanecen encendida la luz artificial que ilumina el retablo se ciñe
estricta mente a la celeb ración del o ficio religioso, permanec iendo el resto del tie mp o
correspondien te a la aper tura del templo sin recibir luz, salvo aquella q ue de fo rma
secundaria le p uede llegar de los apliques si tu ados en lo s p ilares de la nave cen tra l y del
cama rín de l a V irgen del Carmen, q ue sí está totalmente encendi do cada dí a to do el tie mpo
de apertu ra.
Un a vez descr ita la iluminación artif icial del retablo mayor, es necesario abordar la
realización de mediciones p ara un correcto análisis de nuestro ámbito de estudio, medi ante
comprob aci on es sobre la p re sencia y niv el de inciden cia de radiación ultravioleta y la
cantidad de ilum inación que recibe, para ver si los medios act ua les afectan a la conservació n
de ta n p reciado bien .
Para comp robar la emisión de niveles de radiación ultra violeta, se ha empleado UV
Radiomete r Minolta UM-1 (µ bat/cm²) (Anexo 4 ) q ue captura la radiació n entre los 310y 400 nm
qu e c alcula es tos ni veles en fuentes de l uz tant o arti ficial como natural. Se re aliz aron
diferentes medicion es a ambos lados del reta blo y del p resbiterio, manteniend o todas las
luminarias de este espacio encendidas, y no fueron detecta dos nin gún rastro de radiación
UV (figura 17 3) .
55
Con po sterioridad a la ejecu ción de este est udi o, se ha emprendido la empresa de sustitu ir las lu minarias
po r otras de t ecnología LED, qu e supone un ahorro de energía y no intervienen en el deteri oro del retabl o .
Jesús Ga llardo Gordil lo
292
Fi gura 173. In strumento para la m edición de emisión de radiación ult ravioleta
UV Ra diometer
Minolta UM-1 (µbat/cm²)
y comprobación de que no inc ide en el r etab lo d el Carmen.
El luxó metro Minolta TL-1 (An exo 5 ) (f igura 174) h a sido empleado p ara medi r l a
iluminación que se recibe en un p unto, con una capacidad de alcance de 0,1 a 19900 lx. Se
han adqu irido estos datos desde diferentes p untos del retablo, allí do nde el acceso n os lo ha
permitido, para conocer cuál e s l a cantidad de iluminación que inc ide en la ob ra y si ést a es
homo génea por toda su superficie. Al igual que en el caso ant erior, todas las luminaria s del
presbi terio fueron act ivadas, para ver todo s los posi bles lux que incide n.
Figura 1 74. Luxómetro
Minolta TL-1
empleado p ara la medic ión de la ilumin ación del retablo y a la
derec ha fot ografía de ejemplo de su registro.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
293
En este caso, la información extraída que queda pl asmada en la figura 175 n os in dica qu e el
bien recibe una iluminación, en primer lu gar, de distinta in tensidad tanto en el plano
vertica l como h ori zontal del ret ablo mayor, siendo las magnitudes m ás elevadas la s tomada s
en la boca del cam arín y en el lad o derecho del retablo. Por tanto, las l uminarias situ adas en
el muro lat eral derecho del p resbiterio tienen una mayor p otencia lumínica qu e las
opuestas.
Pero además de est a diferencia de intensidad, en cualqu i er caso los n iveles de lux no son lo s
adecua dos para la conservación de l retablo. Al trat arse de una ob ra ejecutada en un m aterial
moderadam ente sensib le a la luz, las cifras de iluminancia máximas aconsejables son de 150
lx, por lo que la toma de datos no s refleja que se alcanz an unos ni ve les muy superiores,
especialmente y de nuevo, en los p untos m edido s del cama rín y el lado derecho, sie ndo los
únicos puntos de este estudio que no so brepasan el umbral los dos marcados en col or
verde.
Figura 175. Niv eles d e lu x que r ecibe el retablo según difere nt es p unt os de registro. En verd e se
señalan los valores que son aceptables p ara su c onservación de acuerdo a la sen si bilidad del ma terial
a la luz (Michalski, 2009 ).
Jesús Ga llardo Gordil lo
300
Aunque sean unos bienes que h istóricament e h an tenido estrechos vínculos co n la l iturgia,
al estar en ello s in c orpo rados el alta r, la divis ión de ambos elementos tras el concilio
Vaticano II terminó p or h acer l at ente la diferenciació n simbólica de ambos e lementos: el
alta r como cen tro de l a l iturgia, y el retablo como el emento que por sus cualidades estéticas
y art ísticas co ntribuyen a la ambien ta ción del espacio y a expon er en ello s imá gen es
devocion ales que nos acercan al misterio salvífico. Pero n o cabe lugar a dudas que su
presenci a tras el altar co ncita la atención de lo s fieles, por su magnificencia que a tra e lo s
sentidos y por cons iderarse, al estar ubicados los retablos mayores en e l p resbiterio, co mo
una part e indi soluble al epicentro religioso de la vida de las iglesias.
A con secuenc ia del pro tagonismo que adquieren los retabl os mayores, de ser el testigo ante
el que gira l a vida reli giosa de la co munid ad, se en cuentra n expuestos a riesgos para su
conservación deri vados tanto del uso de los mismos o parte de el los, como del ent orno
ritua l.
Es aquí don de entra en escena la sensi bil iz ació n, en primer lugar de los p ropieta rios como
cust odio s de la o bra de tanta valía que poseen, y si esto se consigue, serán ellos mis mos
qu ienes transmitan esta ide a de preservaci ó n a todo aq uel perso nal implicado en la vida
cotidiana de l a iglesia, desde l os e ncargados del mantenimiento o la limpieza, los
respon sables de las asociacion es que allí radican, y a los fieles asistentes en general. Porque
proteger un bien tan p rec iado es asimismo tomar conciencia de las ocasiones de ri esgo
derivadas del uso de este pa trimonio reli gioso, no para tomar par te en una mu se alización
de la obra – que p or tant o perdería su carácter ide n tificativo- , sin o para corregi r – en los
casos po sibles- actua cion es que pueden ser p erfecta mente evitables, derivada de una
inadecuada , superficial o irrelevante interpretación de su funcionalidad.
Como aca bamos de señalar, el ri esgo para su con servación puede acontecer por dos vías:
por la manipulaci ón y us o del reta blo mayor o algun o de sus elementos integrantes, o p or
formar p art e del espacio ritua l en el q ue tienen cabida otras manifestacion es de la
religio sida d. Mi entras que en el primer cas o está re l acionado con el uso de la o bra o parte
de el la, en sí misma, -que po dríamos denominar como acciones di recta s - en el seg un do es
un riesgo deri vado de otras actuaciones qu e se lleven a cabo en el espacio q ue co mparten –
acciones indirecta s-. Dada est a d ualid ad, pro cederemos a analizarlas de forma
indep endiente, p uesto que l os factores y parám etros a tener en c u enta di fieren entre sí,
comenzando por las actu aciones que tienen lugar en el entorno para finalizar en las qu e se
lleva a ca bo sobre el propio bien.
II.5. 1. ACTOS DES ARROLLA DOS E N EL ENTORNO DE L RE TABL O –
ACCIONES INDI R EC TAS
Un factor de riesgo que p uede supon er un a amenaza para la conservación mat e rial de los
reta blo s mayores es la insta lación de mo ntajes, est ructuras o alta res efímeros, con su
aparat o decorativo, deri vados del mencio na do desarroll o de la vida religiosa en la igl esi a. Se
tra ta, generalmente, de l a co locación más o menos suntuosa de alguna imagen p ara ren di rle
culto du rante un determinado perio do de tiem po , de ahí lo de efímero, ya qu e no es el cult o
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
301
ordin ario que se le tributa en el lugar que s uele o cupar en la i glesia, y p uede ser motiv ado
por el propio ciclo litúrgico – instalación de un nacimiento, po r ejemplo - , celebraciones
devocion ales o cultua les dentro del ciclo anual de la vid a de la iglesia – no venas, trid uos o
besamanos de las hermandades allí radica das -, o actos ex traordinarios devo cionales o
cultu ales por la cel ebración de alguna conmem oración que no forma parte del curso anua l.
El lugar elegido para levantar estos monta je s efímeros es el presbiterio, el lugar donde se
focaliza la li tu rgia de las i glesias y donde se erigen los retablos que por este mismo mo tivo,
se denominan ma yores. Sucede ta mbién que h abitua lmente los reta blos mayores se llega n a
consi derar como una p arte integrante de estos altares efímeros p or sus valores plásticos y
estét icos, p or lo que se llegan a a nclar, antep oner o depositar sobre las diferentes piezas del
reta blo elementos tanto estr ucturales co mo decorativos de estos montajes, in duciendo a un
riesgo de deterioro material del retablo tanto potencialmente - operacion es de m ontaje y
desmontaje cada año, dep ósito sobre la superficie del retablo del h ollín p roducido por la
combustión de las velas o el humo de l a quema de in cienso , etc. - como fortuito – fra ctu ra
de elementos como consecuencia del i za do -descenso de est ructura s, velas q ue pu eden
provo car un in cendio , etc.- cuando n o un d eterioro en sí mismo - al ancl ar el ementos aj en os
al retablo en él, tales como elementos decorat ivos fijados co n elementos m etálicos, et c.- .
También la frecuencia con la qu e esto sucede es i mportante t enerlo en cuenta , ya que
puede abarcar desde un montaje al año por cada organizador, como a vario s por cada uno
de ellos, lo que m ultiplica las ocasion es de riesgo para el bie n.
Por ello se c onsidera p rimordial analiz ar cómo se desarrolla y se manifiesta l a vida religiosa
de la i glesia en la que se ubica el retablo a conservar. De esta forma, p ara conocer qué act os
se realiz an y si co nlleva algún riesgo direct o asociado por esta función, para así detecta r si
se realiz a alguna actua ción que en tre en conflict o con la conservación del retablo y poder
establecer pauta s correctoras esp ecíficas para cada caso , se ha procedi do a do cument ar las
ceremonias cultuales o p ráctica s reli giosas que han tenido lugar ante el re tablo mayor del
conven to del Carm en de Osuna durante los años 2016 -2018. En cada una de ellas, se ha
recogido información de los organizadore s, el tiempo de p ermanencia de l a acción, si
conl leva la colocación de elementos sob re el p ropio retablo y la distancia de separación con
éste, parámet ros que no s aportan una idea del ri esgo al que se está so metiendo el bien. En
la medida que ha sido posible, se ha efect uado perso nalmente la p erti nente documenta ción
fotográfica . Toda est a in formación ha sido debidament e clasificada y almacenada para
posterio rmente poder co nfigu rar el calendario y efectu ar el op ortuno anális is, que
exponemos a con tinuació n.
Jesús Ga llardo Gordil lo
302
ACTOS DE CULTO EN EL ENTOR NO DEL RETABLO. AÑO 2016
Fecha
Diciembre-Enero
Descripción
Nacimiento
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Días
20
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Fecha
2º domingo de Cuaresma
Descripción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Humildad y
Paciencia
Días
7
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
1,5 m.
Fecha
Jueves Santo
Descripción
Velación crucificado del
reta blo mayor
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Días
1
Localización
Retablo mayor
Dista ncia al
reta blo
-
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
303
Fecha
Pascua
Descripción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Rocí o
Días
7
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
1,5 m.
Fecha
7-16 julio
Descripción
Novena y solemnidad
de la Virgen del
Carmen
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Hdad. Carm en
Días
10
Localización
Todo el presb iterio
Dista ncia al
reta blo
-
Fecha
15 julio
Descripción
Besamanos a la Virgen
del Carmen
Organizadores
Hdad. Carm en
Días
1
Localización
Todo el presb iterio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Jesús Ga llardo Gordil lo
304
ACTOS DE CULTO EN EL ENTOR NO DEL RETABLO. AÑO 2017
Fecha
Diciembre-Enero
Descripción
Nacimiento
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Días
20
Localización
Lat er al de la epístola
pr esbiterio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Fecha
2º domingo de
Cua resma
Descripción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Humildad y
Paciencia
Días
7
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Fecha
Pascua
Descripción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Rocí o
Días
7
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
1,5 m.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
305
Fecha
7-16 julio
Descripción
Novena y solemnidad
de la Virgen del
Carmen
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Hdad. Carm en
Días
10
Localización
Todo el presb iterio
Dista ncia al
reta blo
-
Fecha
15 julio
Descripción
Besamanos a la Virgen
del Carmen
Organizadores
Hdad. Carm en
Días
1
Localización
Todo el presb iterio
Dista ncia al
reta b lo
2 m.
Fecha
25 -27 julio
Descripción
Triduo extraordinario
Beat o Ti to Bradsma y
Beat o Jo sé Gonz ález.
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Días
3
Localización
Ambos l atera les del
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Jesús Ga llardo Gordil lo
306
ACTOS DE CULTO EN EL ENTORNO DEL RETABLO. AÑO 2018
Fecha
Diciembre-Enero
Descripción
Nacimiento
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Días
20
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
Fecha
2º domingo de Cuaresma
De scrip ción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Humildad y
Paciencia
Días
7
Localización
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
1,5 m.
Fecha
Pascua
Descripción
Altar de t riduo
Organizadores
Hdad. Rocí o
Días
7
Localizació n
Lat er al de la epístola
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
1,5 m.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
307
Fecha
7-16 julio
Descripción
Novena y solemnidad de
la Virgen del Carmen
Organizadores
Comunidad PP.
Carmelit as
Hdad. Carm en
Días
10
Localización
Todo el presb iterio
Distancia al
reta blo
-
Fecha
15 julio
Descripción
Besamanos a la
Virgen del Carmen
Organizadores
Hdad. Carm en
Días
1
Localización
Todo el
presbi terio
Dista ncia al
reta blo
2 m.
En b ase a esta tabla-resumen, en primer lu gar apreciamos que la colocación de mo ntajes o
alta res efímeros en el p resbiterio se concentra n en cuatro momentos del ciclo o rdin ario
anual: n avidad, con la colo cación del nacim iento; cua resma, con el altar del triduo de la
hermandad de la Humildad y Pacienci a; Pa scua con el tridu o de la hermandad del Ro cío; y
la celebració n de la n ovena y besamanos a la Virgen del Carmen e ntre el 7 y 16 de ju lio.
Excepcionalmente en el periodo analizado h a tenido lugar un acto de culto ex traordinario:
un triduo a los beatos Tito Bran dsma y Jos é González.
Los agentes p romotores de estas acciones son cuatro: la comunidad de religioso s
carmelita s, la H ermandad de N uestra Sa ntísima Madre del Carmen, la Herma nda d de
Nuest ro P adre Jesús de la Humildad y P acien cia y l a Hermandad de Nues tra S eñora d el
Rocío. La ocupación del presbiterio suele ocurrir cua ndo se celeb ran los cultos p rinci pa les
de las di stintas hermandades, ademá s de l a s diferentes necesidades del ciclo litúrgico, que
en este caso es competencia de lo s religio s os carmelitas, siendo l os que ejecutan un mayor
número de intervenciones en el espacio ritu al do nde se emplaza el retablo mayor.
En el caso de las h ermandades de la Humilda d y Paciencia y del Rocío , l a preparació n de
estas estruc tu ras e fímeras suele conllevar varios días, mientra s q ue el desmonta je suele
Jesús Ga llardo Gordil lo
308
realizarse en uno. Comien zan co n el armado de la estructura del altar de cul tos y su
revestimiento decorativo, para posterio rmente col ocar en él la im agen o imágenes titulares
de la hermandad a la que l e van a ren di r culto, t r asla dándo las desde sus respe ctivas
ubicaciones en la iglesia. Por últim o, se col oca n velas y flores p ara completa r el exo rno.
El caso de la hermandad del Carmen es dist into. Debido a l a p lanificación de lo s cultos, la
preparación de l acto del be saescapulario de l a V irgen se realiza en el interva lo de l as do s horas
qu e s uele transcurrir en tre la finaliz ación del últ imo día de no vena y la apertura de la iglesi a
para este acto, a las o nce de la noche. Úni c amente desde l a noche anteri or se en cuentr a la
imagen de la Virgen bajada de su camarín y expuesta en un lateral junto al presbi teri o , ya
qu e de otra forma n o h aría p osible que este act o pudiese realizarse en la no che de in ici o de
su solemnidad.
En todos ellos, llama la atención como en ni ngún caso las estru ctu r as montadas se acercan
a l a superficie del ret ablo, al ubicarse co mo máximo en la misma línea espacial qu e l a mesa
de altar, a una di stancia del ret ablo mínima de 1 ,5m (figura 181) . Aunque este h echo esté
motivado po rque la comunidad de religiosos n o permi te que sea o bstaculizada la vis ión de
la V irgen del Carmen, l o que ll eva a op tar p o r emplazarlos en un latera l del p resbiterio, y el
motivo de que se ubiq uen a ci er ta dist ancia del reta blo es para e vitar que lo s altares queden
en un plano muy distanciado d el fiel, esta premisa debe tomarse en co nsi deración c omo
paut a para l a salvaguarda del retabl o de la in cidencia de posibles golpes y de ser empleado
como elemento de anclaje de piezas para la est ructura de los mismos.
Figura 1 81. Detalle de la separación de los altare s efíme ros con respecto al retablo mayor.
Igua lmente tam bién h emos p odido comp r obar qu e n o se permite la co locación de flores
natu rales sobre el retablo, aunque sí ex orn os florales artificiales. S e evita así que el agu a que
puede contener sus recipien tes se derrame sobre el soporte y det eriore las capas de do rado
y poli cr omía, además del aporte de con tenido de humedad que pro duce y que hace
respon der a la madera co n cambios dimensionales. La presen cia de flores na tu rales más
cercana a l a sup erficie del re tablo se p roduce dur ante el periodo de navidad, en que se
suelen colocar plant as de flor de pascua sob re l as creden cias del altar mayor, y lo s cultos a
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
309
la Virgen del Carmen, en los que h ay una m ayor presenci a de flores natu r ales repartidas po r
el presb iteri o.
Otro fact or ligado tradicio nalmente a los altares de culto es el empleo de velas en un
número superio r al habitual del culto o rdinario, que arden delante de este ret ablo mayor
(figura 182) . En l os altares ll evados a cabo e n el periodo an alizado, son los correspondientes
a las hermandades de la Humildad y Pacien cia y del R ocío los que hacen uso de un mayor
número de estos el ementos, hast a las 25 piezas. Debemos tener en cuenta que el h ollín
proceden te de la combustión de las velas se dep os ita sob re la sup erficie ta nto de la im agen
a la qu e se l e está dando culto como del pr o pio reta blo , enmasca rándola y oscureciéndola,
por lo qu e se aconsej a adoptar una medida más estricta en cua nto a su número. A simismo
el inciens o empleado habitualment e e n el cu lto rel igioso, es otro fa ctor que p roduce humo
qu e se depo sita sobre las di stintas s uperficies, especi almente cua ndo se u til iza
abundantem ente en celebraciones de culto sol emnes. Aunque su empleo es p rescr ito c omo
ofrenda en la ceremon ia religio sa, y po r tanto no se deb e dejar de us ar, sí qu e es
recomendable no añadirle aditivos, nat urales o artificiales, que fa vorezcan una generación
más a bundante de humo, así como mantener ventilado el esp acio.
Figura 1 82. Detalle de velas empleadas en cul tos delan te del retablo mayor.
Como se h a analiz ado, podemos co mproba r qu e en el desarrollo de los actos religi osos que
conci ta la iglesia del Carmen se muest ra r espeto po r la conservación del retablo mayor.
Aunque en algunos casos se realiza de forma i ndirecta o movido po r otros fines, hay
medidas qu e redundan en su salvaguarda, c omo lo es la separa ción en tre el bien y l os altares
qu e se l evanta n, o no p ermitiendo la co loc ació n de flore s natu rales o velas sobre el propio
reta blo . A trás quedó la p ráctica, como se h a podido comprobar, de colo car cirio s junt o al
reta blo qu e h an dejado su huella en forma de una nube de gotas de cera deposi tada so bre
los relieves del apo stolado del banco o l a qu emadura de alguna zona de la caja de los
mismos, o la in tegración del p rop i o retablo en los alt ares y mon ta jes efímeros, como queda
test imoni ado en la fotografía de un besaman os de la Virgen del Carmen en torno a los años
Jesús Ga llardo Gordil lo
316
El modo de p roceder para su colo cación es semejante a l de su vestiment a: cua ndo las
imágenes están en el camarín, se accede a ellas po r medio de la instalación de la plataf orma,
mientras que cuando la imagen está en el presbite rio o en e l paso pro ces ion al, se alcanza a
colo carlas gracia s a la am pli tu d de la superfi cie de la peana de la imagen.
Las coro nas van introducidas en un per no que poseen ta nto la V irgen como el niño e n sus
cabezas, asegu rándose con una tuerca de p alometa . Cuando se le colo can las tres p otencias
al in fante, en sustitución de la co rona, éstas van di recta mente in troducidas en sus
respectivos orificios de la cabeza. Por su p a rte, el cetro se c olo ca en la mano derec ha d e l a
imagen mariana enro scándose las dos p iezas que lo componen y descansa directamente
sobre dicha mano (figura 190) , por lo que sería deseable que para evitar roces y pérdida de
pol icromía , se colo case un almohadillado d e p rotección en la zona del cetro que en tra en
contacto con la mano , y tamb ién, que éste descansase s ob re un soporte metálico q ue se
sujeta se a la m uñeca de la imagen. L a media luna, en cambio , va antepuesta a la peana d e la
imagen, por lo que no e stá en contact o directo.
Figura 1 90 . Detalle del cetro descansa ndo sobre la prop ia mano de la Virgen.
Movimientos de traslado/cambio ubicación
Los traslados de l a Vi rgen supon en un momento a la vez q ue deli cado p or su
manipulación, muy íntimo por la cercan ía que sup one de su imagen, tan inaccesibl e durant e
el resto del año, p or lo que se convierten en una ocasión muy especial para las person as qu e
configuran el círcu lo má s próximo a la p riostía, la junta de gobierno y los religi o sos
carmelita s. Son momen tos que pese a su o peratividad, se envuelven en una atmósfera de
misticismo al aco mpañarse de rezo s y pl egarias. Pero no por ello es una acción que deba
realizarse de forma trivial, ya que una i ncorrecta manipulación de la imagen, ya sea po r
sujeta rla po r zonas inadecua das o si mplement e po r no dejar expedito de obstáculos –
aqu ellos que p uedan ser evitables- el recorrido a seguir, se pone en peligro la integrida d de
la obra.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
317
Como hemos po dido comprobar, l a manipulación de la Virgen del Carmen se reduce a l a
indisp ensable para el cumplimiento de su función de culto, po r lo que las o casio nes de
riesgo p ara la o bra se l imitan a las p recisas. La i magen úni cament e abandona e l cama rín, el
lugar que o cupa en el retablo mayor del convento, en tre los días 14 y 17 de julio. Dentr o de
este perio do se suceden cua tro movimien t os de traslado. El prime ro de el los, el día 14, es
bajada la imagen desde el cama rín hasta l a igl esia. Para ell o previamente se le retira a la
imagen l a figura del n iño Jesús, las p reseas y alhajas, el escapulario y la capa, para que de
esta forma sea más fácil y cómoda sujeta r l a imagen p ara su traslado. Esta o peración se
art icula en do s movimient os: en pri mer l ug ar, la V irgen es bajada de la nube y colocada en
el suelo del cama rín; después se procede a l levarla a la i glesia asiéndol a en tre do s person as,
uno que la sujeta por el torso y otro po r la peana, llevando a la ima gen con cierta
inclinación h acia atrá s. El segundo momento en que es cambiada de ubicación la efigie es
para el acto de felici ta ción y besaescap ulario d e la n och e del 15 de julio. Al concluir el último
día de n ov ena, l a V irgen qu e está e mpl azada bajo el p rimer arco de la nave de l a epí stola es
desplazada hasta ocupar el centro de la iglesi a, just o delante de los escalo nes del p resbi t erio .
Este movimiento se realiz a si n tocar la ima gen , ya que ésta – fijad a a l a p ea na - se despla za al
arrast r ar la alfombra don de se asienta , de manera suave y lenta. Concl uida esta cere monia,
se efectúa el tercer tr aslado de la imagen, esta vez a su p aso p rocesio nal, o peración más
laborio sa y compleja ya que en esta o cas ión tan s ólo se le retira el n iño y la co r ona.
Finalmente, el día si guiente de s u procesi ón l a i magen vuelve a ser emplazada en el re t ablo
mayor, realizándose la op eraci ón a la in versa , aunqu e con la imagen s in el niño y ya
aligerada de ropa para fa cilitar las manio bras: se baja de l paso y se sube a l a nub e del
cama rín.
Los mo vimientos de traslado de la imagen son , co mo hemos indi cado, acciones del ic adas
qu e comprometen l a conservación de l a misma. Po r ello, pese a la disponibilidad,
conci encia ción y buena vol unta d de las personas que lo realizan, sería de gran ut ilidad y
preservación de la obra un sistem a de izado -descen so, mecánico o el éctrico, que sería
especialmente in dicado para la colocación de la Virgen so bre el p as o, ya que como s e ha
comentado es una operación co mpleja por que la Virgen ya se encu entra vestida y n o se le
retira la capa de procesió n, po r lo que a la hora de sujet arla p resenta una m ayor dificultad.
Pero en cualqu ier caso, adem ás de este sistema para el paso y dado que en el recorr ido que
se si gue hasta el cama rín hay di ferencia de nivel, ta mbién sería idóneo este si stema p ara
colo car l a i magen sobre la nube del cama rín, ya qu e toda manipulación qu e se pueda evitar
sobre l a imagen redunda en su preservació n.
Bes aescapulario
Los b esamanos son un acto de veneraci ón a las imágenes religiosas qu e tiene su raíz en l a
imitación de este acto de la reale za, en la qu e se b esa l a mano de lo s mon arcas con oca sión
de alguna celebración o acontecimiento. Se tiene por pi onera de este acto a la herman dad
de la Maca ren a en la on omástica de la V irgen de l a Esperanza, en el año 1925, y desde
entonces se ha po pulari zado est e tipo de act os hast a el punto de h aber arraigado e n la
religio sida d pop ular andalu za.
Jesús Ga llardo Gordil lo
318
La celebració n de b esama no s a la V irgen del Carmen del con ve nto u rsaonense h em os
podi do comprobar que puede re trotraerse a los años cincuenta del siglo XX, pero
descono ciendo si era un acto que se real iza ba anua lmente o de forma extraordinaria. A día
de h oy se mantiene esta piadosa costumbre en l a n oche del 15 al 16 de julio , como forma
de felicitar a la Virgen en el inicio de su festividad. Pero a diferencia de la costu mbre
generalizada de besar las manos – o l os p ies- de las imágenes sagradas, en este caso el
elemento qu e se besa es el esc apulario que p orta en su mano la V irgen, de pl at a
sobredo rada (figura 191) . De esta forma, aunque el acto sigue el mismo p rot ocolo, se evita
el desgast e de la policro mía po r e l ro ce de los labio s y del p añuelo que deco r osament e se
suele pasar para su limpiez a.
Figura 1 91. Acto del
besaescapulario
, que suple a b esar la man o de la imagen
.
Procesión
Con motivo de la so lemnidad de la Virgen del Carmen, la co munidad de religiosos
carmelita s y l a h ermandad del Carmen organiz an una pro cesión con l a Vi rgen, a l a
concl usión de la cerem on ia religiosa.
Esta p rocesió n se inicia alrededor de las nueve de l a n oche y suele concluir en torn o a l as
once y media – d oce de la n oche, recorrien do calles cercanas al convento acompañada de
banda de música y n umerosos devotos. L a imagen procesiona sobre un paso de met al
plateado (figura 192 ) , po rtado a h ombros desde su interior, estando la efigie anclada a la
peana por medio de un p erno de co nsiderable gr o sor. En la forma de ll evar a la V irgen, no
se permiten las con ocidas en el argot cofra de como le v antás a l cielo , es deci r, cogien do
impulso y saltando, sino que en aras de l a conservación de la imagen, cuando el pas o es
detenido y tiene que rea nudar la marcha se levanta forma pausada y suave.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
319
Figura 1 92 . La imagen de la Vir gen del Carmen en su paso procesion al.
Asimismo, el paso disp one de un foco situado en la delante como sistema de i luminaci ón,
el cual req uiere de una b atería . Resulta, ade más de p oco estético po r dirigi r sob re la im agen
la l uz de abajo hacia arriba, un f actor de det erioro po r la i nadec uada cantidad de l úmenes o
la posibilidad de emisión en el espectro infra rrojo o ultra violeta, produciendo un daño
acum ulativo sob re la ob ra, p rin cipalm ente en su po licro mía y si va acomp añado de la
emisión de calor, de l soporte.
Dura nte la pro cesión suelen ser arrojados pétalos de flores a la Vi rge n que una vez dentro
de la i glesia so n retirados aquellos que hay an po dido caer sob re la imagen, para evita r tanto
el biodeterioro c omo que éstos, si están hú medos, p rovoquen alguna alteración en la capa
pol ícroma o en las pre ndas textiles, piezas igua lmente de gran valor.
II.5. 2.3 . Telón
Un eleme n to má s del reta blo mayor con el que se realiza una funció n determina es el telón
qu e cubre la embo cadura del camarín. Como p ieza ut ilitaria, es empleada p ara cubr i r el
cama rín de l a V irgen del Carmen cuan do la imagen se está vistiendo o cuand o ha
abandonado su emplazamient o, por lo qu e su uso está relacion ado con las acci ones di r ectas
qu e se llevan a cabo en l a imagen t itular del con vento.
Jesús Ga llardo Gordil lo
320
El telón se compone de una gran p ieza tex til de forma recta ngular que se está fijada a un
gran rulo de m adera, instalado en el trasdó s de la e mbo cadura del cam arín (figura 193) . De
forma ordin aria, el telón se encuentra enro llado en este rulo , si endo fijado reco gido en él
por medio de una gruesa cuerda que se ata a uno de los pi lares de la estructura trasera del
reta blo , hasta donde llega a t ravés de un orificio en el suelo del cam arín (figura 19 4) .
Para hacerlo descender y cumplir con l a misió n descrita, se act i va mediante el desten sado
de la cuerda su giro p ara qu e así oculte es te espacio del reta blo mayor, p rocediendo a l a
inversa para su descu brimien to (figura 195) .
Figura 1 93 . Telón enrollado en su rulo y vista del me canismo por cuerdas para s u funcionamie nto.
Figura 1 94 . Vista de la cuerda d el mec anismo d e fun cionamiento del t elón at a da a uno d e los pil ares
de la estruct ura t rasera del retablo.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
321
Figura 1 95 . Bajada del telón para ocultar el camarín.
Las op eraciones de bajada y subida del teló n se realizan, como h emos coment ado, cua ndo
se cambia de ro pa la Vi rgen y para los acto s del 15 y 16 de julio. P or tant o, en el pr imer
caso es una op eración que se ejecut a en el mismo día, transcurridas unas ho ras; en cam bio ,
en el segundo caso el telón se mantiene expuesto durant e tres días, los mismos que d ura la
ausencia de la Virgen de su emplazamiento.
Hay que tener en cuenta, durante el p roceso de sub ir el telón , que no se gen eren arrugas,
por lo qu e a l a h ora de t irar de la cuerda se deb e realizar con firme del icadeza, p ara que u n
exceso de velocidad no imp ida qu e la p ieza textil quede enrolla sin n ingún pliegue, que a la
larga, det erioraría tanto el so porte como la f ina pel ícula pictórica .
II.5. 2.4 . Puerta s de l retablo
Las puertas la terales del ret ablo, que c omunican con e l t ras dós, son l os e lementos
integrantes del retablo mayor que sufren la más con tinuada manipulación directa. Est a
circunstancia se deb e a un hecho totalmente funcional: a qu e la p arte tra sera del re tablo
sirve de lugar de alma cena miento de maceteros, alfombras y demás elementos accesori os,
por accederse desde ahí a la escalera que con duce al camarín de la Vi rgen, y el prin cipal de
todos como veremos, por situarse en el muro t rasero el cuadro eléctrico de toda la iglesia .
De los dos accesos l at erales del retablo mayor, es l a puerta del lado del evangelio l a que
sufre un mayor trasiego, ya que es la que directamente comunica con el cuadro de luces y el
cama rín. Pero es motiva do po r e l cua dro eléct rico po r lo que más se emplea este acceso, al
Jesús Ga llardo Gordil lo
322
menos en cua tro ocasio nes cada dí a: para encen der el co nmuta dor general de electricidad
de l a igl esia cua ndo se abre al culto, p osteriormente para en cender las l uces del presbiterio
previo a la celebración de la misa, para apagar estas mismas luces a su términ o, y
finalmente, cuando l a iglesia es cerrada al público y se desconecta l a electricidad. Todas
estas entrada s y salidas conllevan la manipulación de la p uert a que, aunque c uenta co n su
correspondien te pomo, es frecuent e qu e se a agarrada po r su b orde interior, lo qu e suma do
al número de veces, provoca que l a grasa de las manos h aya ennegrecido la supe rficie
dorada. (figura 196) .
Figura 1 96 . Detalle del deterioro producido en la puerta lateral izquierda por s u uso.
En cambio , l a puer ta opuesta, l a del lado de la epí stola, recib e u n menor tra siego, ya qu e
comunica directamente con los enseres al macenados, po r lo que no suele usarse con tanta
frecuencia, y en todo caso siempre relaci onada co n alguna ce lebración más solemne que
requ iera de estos enseres que de forma ordi n aria n o están colo cados e n la iglesia.
Como vemos, do s de las tres c ausas que o rigi nan el deterioro de esta s puerta s p ueden ser
perfecta mente solucio nables, porque el acceso al cama rín no p ermite modificación, y en
cualq uier c aso, es algo que se realiz a con me n or frecuencia. La trasera del re tablo no debe
conceb irse como un l ugar de almacenaje de enseres, que favorece la acumulación de p ol vo
y suciedad además del desorden que se su ele gen erar y q ue impide el tránsito po r este
espacio; ni tampoco es el lugar i dó ne o para alb ergar el cua dro eléctrico de la i glesia, ya que
por la antigüeda d de la instalación es susce ptible de cua lquier fallo e léctrico y de l riesgo de
incen dio, q ue encontraría en el reta blo qu e tiene justo por delante el más in mediat o
mat erial combustible. Por lo cua l, el almace naje de enseres deb e tra sladarse a otro lugar del
conven to, y el cua dro eléctrico deb ería emplazarse en la sacristía, lo que además en contraría
su lógi ca ya que no habría n ecesidad de d esp lazarse a o scuras has ta l a trasera del ret ablo
para act ivar la co rriente eléctrica para la lu z. De est a forma evitamos una in necesaria
manipulación de estas zo nas del retablo mayor, a la vez que redunda en o tros b eneficios
conservativos para la obra.
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
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II.6. VALO RACIÓN GLOBAL
Tal y como se ha ex puesto en el es tado de la cuestión , y así es nuestra premisa, el estudio de lo s
reta blo s ho y día no se puede concebir ce ntrado en la obra únicamente, si no qu e debe
extenderse a su con texto más ampli o para analizar todo s l os agentes posibles que p ued en
incidi r en su conservación, a dop ta ndo una visió n integral tal y c omo un bi en cult ural
demanda. Investigar, analiz ar y valorar la comp leja realidad co nservat i va que en vuelve al
reta blo y con la que establece indisolubles relacion es, supone afrontar el reto de su
preservación dentro de este co ntexto específ ico en el que l a o bra se encuentra plena de
valor y sign ificancia.
Por ello , el estudio y valoració n de l os dife rentes estudios relacionados co n este con te x to,
puestos en rel ación e ntre sí, nos descubre la realidad conservativa en l a q ue se inscrib e el
reta blo y de la que form a p arte, prop orcionando una i nformación de suma relevancia para
qu e pueda n ser en cauzada s l as directrices op ortunas para que, sin necesidad de desligar el
bien de este contexto y s in renunciar a sus peculiares va lores, co nocer cuál es su in cidencia
en el deterioro de la obra o cuá les son las cla ves de su preservación.
Partiendo del contexto más ampli o, e l anál isi s del territorio nos ha permitido identifica r y
caract eri zar las circunstancias exteriores del lugar físico y geográf ico donde se lo caliza el
bien . De esta forma, su co nocimiento se puede po ner en relación, principalment e, con l os
dat os ambientales del i nterior de la iglesia, para compro bar su in fluencia , así como ot ros
fact o res que pueden incidir en la conservació n del in mueble como e l viento, l a lluvia, o el
calentam iento de los paramentos po r la in cidencia de la luz solar . Al mismo tiempo, no s
sitúa ante el princi pal riesgo que p uede derivar en una con secuencia catast rófica co mo son
los seísmos, al conocer qu e p or la ub ic ación de la localidad e xiste un riesgo alto, como
ta mbién se ha po dido co mpr ob ar p or la sucesión de temblores de tierra, de diversa
magnitu d, qu e en el transcurso del desarrol lo de esta trabajo de investigación se han
sucedido.
Sob re la o rden del Carmen, l a propietaria del b ien y responsabl e de su tut ela, su est udio
histórico , de identidad y organización nos ha h ec ho comprender l a institución medi ante
aspectos co mo su historia, su espiritu alidad y su sistema o rganizativo interno, y en él, la
gestión de lo s bienes cultu rales. Pero de forma particular, en el caso de la comunida d
carmelita ursa on ense, hemos podi do ha cer un reco rrido hi stórico sob re su devenir,
directam ente influente en el bien .
De este estu dio, po demos valorar que, al igual qu e con ello s está relacionada la gén esis del
reta blo , son los resp onsables de la historia material de esta obra, en concreto el cambi o de
Jesús Ga llardo Gordil lo
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ubicación , pues la mudanza de la comunidad al n uevo emplazamiento conllevó, como
hemos exp licado, el traslado del retabl o; y su tr ansformación , porque es con motivo de su
vuelt a tras la exclaus tración cuando acometen la empresa de transforma r el ret ablo para
darle el sitio de honor y privilegio de l a igl e sia a su imagen titular. En el margen o puesto, se
ha p uesto de manifiesto cómo el cel o de su s prop ietarios directos, la c omunidad actua l de
religio sos carmelitas de Osuna, no p ermi ten determinadas acciones que puedan ir en
detrimento de la co nservación del reta blo . En este sen tido, bajo ningún pretexto autorizan
el montaje de estruct uras p ara altares de cul to in mediata s a la superficie del retablo ni que
obstaculicen la visión de la Virgen del Carmen, lo que deriva en que se realicen en un latera l
del presbiterio y a ci erta distancia del bien , redundando en el alejamient o de la posibilidad
de i nciden c ia de go lpes o que sean ancladas piezas en el retablo; y de igua l forma , el úni co
exorno floral qu e permiten q ue sea colo cado sobre su superficie es aquel que sea artificial.
Por tanto, se aprecia que en estas sen cillas decisi on e s se aloja un espíritu de con c ienciación
de la importancia de conservar el bien que cu stodian.
También hemo s p odido comprobar, en el aparta do del análisis de la tutela del pa trimon io
en la orden , que e l patrimonio cultura l de la I glesi a es t á constit uido por un ingente n ú mero
de b ienes de tant os p ropietarios como personas jurídicas tiene reconocidas l a Igl esia, cada
una co n su propia organiz aci ón y responsabilidad ante los principios comu nes p ar a su
protecció n. En el caso c o ncreto de la o rde n del Carmen apreciamos que la resp onsab ilidad
de l a tutela del p atrimonio recae en l a figu ra del ecón omo – al igual q ue el resto de b ienes
tem po rales qu e administra - por lo que a diferenci a de o tra s instituciones religiosas, caso de
las dió cesis que suelen contar con un dele gado p ara el p atrimon io cultu ral, carec e d e un
referente esp ecializado en est os asuntos, que esté deb idamente form ado . No o bstante,
ta nto la ley religi osa como la civil al respect o es clara y no exime de esta responsabilidad.
Por su parte, el análisis del edif icio que alberga el retablo mayor, la iglesia del Carmen, no s
ha p ermitido i de ntificar este in mueble en cua nto a su proceso c on struct i vo, su estructura,
configuración interna hi stórica y actu al, la descripci ón de las instalaciones y equ ipam i entos
qu e p osee y el estado de conservació n qu e p re senta la p arte vin culada al re tablo mayor .
Todo ello enfocado a tener un exhaust ivo cono cimie nto del mismo en su contexto y para
valorar l a in fluencia que ejerce en l a c onservación del retablo , po r ser un bien qu e se
encuentra u nido al in mueble y forma part e indiso luble del mismo.
En este sen tido se destaca , a todas l uces, el ri esgo que se deriva del precario estado de
conservación estructu ral del crucero, en el que la inciden cia de l a meteoro logí a adve rsa –
fuert es vi entos, lluvia, elevadas temperaturas - junto a inevitables y posibles ri es gos sí sm icos,
nos enfrenta ante un severo pro blema que p uede con llevar una situación catastrófica para
la iglesia, y p articu larmen te p ara el camarín y el reta blo mayor p or su ubicación en el muro
frontero entre ambos esp acios.
También est e esp acio n os revela qu e es un lugar q ue, po r l a inci dencia de la lluvi a, su
retención e n el suelo y l a vegetación p resent e, aporta un eleva do índice de h umeda d al
muro don de se ancla e l retablo mayor, como se ha p odido comprobar por el frente de
humedad que se manifiesta en la cara exterior del muro y la efl orescenci a de sales
hidro s olubles por el l ado c orrespondiente al interior de la iglesia. De igual forma ocurre que
II . ESTUDIOS NO INVASIVOS APLICADOS AL CONOCIMI ENTO
CONSER VATIVO DEL RETABLO: ANÁLISIS DEL CONTEXTO
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al en contrarse l a cripta situada b ajo el presbiterio en un estado de saturación de agua – p or
carecer de ventilación -, ésta asciende por ca pilaridad por l os muros , manifestá ndo se en los
parament os laterales un frente de h umedad de con siderable altura – has ta l os 3 metros - , la
separación de las placas de márm ol que conforman el zó calo y la condensación de agua
sobre esta última superficie . Todo ello rep ercute en el pri ncipal material constituyente del
reta blo ma yor, la madera , revelando el estudio del co ntenido de humedad que en aq uellas
zon as más próx ima al suelo sea mayor – estando la b ase de uno de los pil ares p róxima a l a
satu ració n- , así como en el estu dio termo hidro gráfico su temperatu ra superficial también
refleja esta situaci ón . Po r lo que se concluye q ue uno de los pri ncipales problemas de l
edificio sobre el que hay que ejercer un exh aust ivo control, es la elevada humedad ,
propon ié ndo se su subsanación mediante el resan e del crucero, contemplando una
act uació n en su suelo para evitar la reten ción de agu a de ll uvia y el c recimiento de
vegeta ción ; así como la actu ación en l a cripta sit uada bajo el p resbiterio para su vent ilación.
También ocurre que las características del edificio influyen en los parámet ro s am bien tales
de su interior, como sucede con las altas temperat ura s que se registran den tro de la iglesia
en verano, y q ue vien en a es tar rel acionadas co n un deficiente sistem a de ventilación de la
cáma ra existente entre la techumbre y la bóveda de la nave cent ral.
En o tro sentido, pero i gualment e relacionado co n la p re servación del retablo, se ha
comprob ado que la iglesi a carece de unas mínimas medidas de segurid ad frente a incen dios
y act os vandálicos, p on ié ndo se de relieve la necesidad de adop tar m edidas de seguridad más
eficientes y un sistem a de vigilancia y control frente a agresiones c on tra el p atrimonio que
alberga, de o dio co ntra l a fe, rob os y hurtos; así como la presen cia, al men os de
equ ip am iento para la ex tinción de un posible fuego que se pueda originar debi d o ta nt o al
uso de velas para el cu lto como a un fallo de la instalación eléctrica.
El estudio del inmueble, asimismo, nos ha servido para valorar la obra qu e p rotagoniz a
nuestra in vestigación en su entorno, el d e la iglesia del Carmen, den tro de un edi ficio
histórico destinado al cult o y compartiendo espacio con otros bienes artíst icos. R elaci onado
con las prácticas religiosas p retérita s, el est udio del inmueble en base a la documentación
histórica n os ha facult ado a docu mentar l a p resenci a de criptas de enterramiento, y a
establecer una p osi ble h ipótesi s de ubicació n debido a los datos que se emana de las
informacion es en contra das; y por o tro lado, nuestra investigación in s itu ha hecho posible
localiz ar, en l a cri pta de l a comunidad, dos accesos que a ct ualm ente se encuentran t api ado s
y que po r su emplazamiento, p odrí an comunicar todos estos espacio s funerarios, lo que
nos h ab la de un desco nocido mapa subterráneo de la iglesia qu e es imprescindible conocer
en aras de c ualquier actuación para la prese rvación de la misma. Po r su p arte, el análisis de
la co nfiguración histórica y actu al de las d iferentes capil las y los reta blo s de la igl es ia, pone
de relieve que frente a camb ios de ubicació n de retablos – caso del de s anta Teresa de J esús-
, reemplazo s – como el antiguo de la Virg en del Carmen po r el actua l n e oclásico de san
José-, o supresiones – los retabl os ubicados en lo s pilares de la nave central - , el retabl o qu e
estu diamos se ha mant enido si endo el punt o focal de la vida reli giosa del templo, au nque
eso sí, p odríamos decir que habiendo con d icionado su sup erviven cia a l a versatilidad de sus
formas para ser transformado y acoger en él a la imagen de la Virgen titu lar del conven to.
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