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Epidemiología y mantenimiento de la violencia de género en León (Nicaragua)

Rivas Rivero, Esther; Bonilla Algovia, Enrique; Martín Galván, Rosa; Moreno López, Raquel

Abstract

La violencia de género (VG) es un problema que afecta a la mayoría de las sociedades y aumenta su prevalencia cuando se trata de culturas que se apoyan en el patriarcado. El estudio muestra datos de León (Nicaragua), un país con bajo nivel de desarrollo en el que la VG se transmite desde el ámbito familiar, favoreciendo su tolerancia y normalización. Los resultados reportados por la Comisaría de la Mujer y la Niñez (CMN) describen a las víctimas y las circunstancias relacionadas con el maltrato padecido, sin embargo, el cese de esta institución ha aumentado la vulnerabilidad y la impunidad hacia la VG. Se hace necesario difundir la problemática de un país sobre el que no abunda la literatura científica y reconocer la importante labor llevada a cabo por las profesionales que trabajan por la erradicación de la VG y la protección de las mujeres.

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EPIDEMIOLOGÍA Y MANTENIMIENTO DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LEÓN (NICARAGUA) Rivas, Rivero, Esther Bonilla, Algovia, Enrique Martín, Galván, Rosa Moreno, López, Raquel**** RESUMEN La violencia de género (VG) es un problema que afecta a la mayoría de las sociedades y aumenta su prevalencia cuando se trata de culturas que se apoyan en el patriarcado. El estudio muestra datos de León (Nicaragua), un país con bajo nivel de desarrollo en el que la VG se transmite desde el ámbito familiar, favoreciendo su tolerancia y normalización. Los resultados reportados por la Comisaría de la Mujer y la Niñez (CMN) describen a las víctimas y las circunstancias relacionadas con el maltrato padecido, sin embargo, el cese de esta institución ha aumentado la vulnerabilidad y la impunidad hacia la VG. Se hace necesario difundir la problemática de un país sobre el que no abunda la literatura científica y reconocer la importante labor llevada a cabo por las profesionales que trabajan por la erradicación de la VG y la protección de las mujeres. PALABRAS CLAVE Violencia de género, patriarcado, desigualdad, pobreza, Nicaragua. ABSTRACT Gender violence (GV) is a problem that affects most societies and increases its prevalence when it comes to cultures that rely on patriarchy. The study shows data from León (Nicaragua), a country with a low level of development in which gender violence is transmitted from the family, favoring tolerance and normalization. The results reported by the Commissariat for Women and Children describe the victims and the circumstances related to the mistreatment suffered, however, the cessation of this institution has increased vulnerability and impunity towards gender violence. It is necessary to disseminate the problems of a country about which scientific literature is not abundant and to recognize the important work carried out by the professionals who worked for the eradication of gender violence and the protection of women. KEYWORDS Gender violence, patriarchy, inequality, poverty, Nicaragua. INTRODUCCIÓN La violencia de género (VG) es analizada en la mayor parte de la literatura científica desde la perspectiva del patriarcado (Alberdi y Matas, 2002). Esta estructura meta-estable determina el conjunto de prácticas cotidianas que niegan los derechos de las mujeres por el hecho de serlo, con el fin de generar un desequilibrio y una inequidad entre ambos sexos (Medrano, 2014). A lo largo de la historia ha prevalecido el modelo patriarcal donde las mujeres dependen de los varones (Bucardo y García, 2013). Por ello, la VG es la consecuencia directa y un fenómeno  Alcalá de Henares, esther.riva[email protected]  Alcalá de Henares, enrique.b[email protected]  Alcalá de Henares, rosam.m[email protected] **** Alcalá de Henares, raquel.m[email protected] 661 multicausal determinada por estructuras de poder y dominación en las que las personas están inmersas (Gálvez, 2011). Esto implicaría ejercer la violencia hacia las mujeres en nombre del honor en culturas donde existe patriarcado, justificando la violencia ejercida hacia estas por un incumplimiento de su rol de género (Ferrer y Bosch, 2000). Nicaragua está sujeta a un contexto de desigualdad e inequidad de género, donde las mujeres asumen la mayor carga de pobreza y están sometidas a diferentes formas de violencia y discriminación como consecuencia de una sociedad patriarcal (Medrano, 2014). El Código Civil de 1904 es el mejor ejemplo para describir el modelo de familia que se ha mantenido en Nicaragua y que refleja el patriarcado existente. Esta ley establecía las características del modelo de familia construido sobre la base de un matrimonio legal, con clara subordinación jurídica de la mujer y sometimiento de todos los miembros del grupo familiar a la autoridad del padre (La Gaceta, 1904/2148). En Nicaragua, los valores tradicionales fueron apoyados durante más de cuarenta años por la dictadura de Somoza (1934-1979), quien se opuso al derecho del voto femenino (Montenegro, 2012) y limitó la participación de la mujer en la esfera pública (Murguialday, 1990). Según Maier (1980), el papel de las mujeres, dentro del matrimonio de la clase trabajadora en la Nicaragua de este periodo, implicaba asumir el cuidado de los hijos y las tareas del hogar, siendo humilladas por los maridos, que limitaban las decisiones de su vida hasta en el ámbito de la sexualidad. No obstante, la lucha contra el autoritarismo de Somoza dio fruto a la formación de organizaciones de mujeres respaldadas por el Partido Socialista Nicaragüense y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) (Murguialday, 1990), que hicieron que un gran número de mujeres abriesen paso a la participación femenina en la vida pública (Mantero, 2010). Algunas de estas mujeres se enfrentaron a las limitaciones relacionadas con sus roles tradicionales en las labores domésticas y el cuidado de los hijos, sin embargo, sus parejas y familiares consideraban que los movimientos sociales eran exclusivos de los hombres, estereotipando de forma negativa la participación de las mujeres (Suárez Soza y Rodríguez Rivera, 2015). En síntesis, la sociedad nicaragüense se asienta sobre un patrón patriarcal que genera desigualdades entre las mujeres y los hombres (Alatorre, 2001), de modo que se encuentran oportunidades limitadas para estas en cuanto a su desarrollo en el ámbito productivo. Según Alatorre (2001), las mujeres se encuentran con ausencia de autonomía y un limitado ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos que se manifiesta tanto en los embarazos en adolescentes como en la tendencia a la feminización del VIH. La persistencia de la estructura cultural patriarcal ha dado espacio a la influencia de sectores religiosos tradicionales en las estructuras de poder que han abolido el aborto terapéutico y que se cristaliza en una sanción penal conforme a la legislación. Además, la inequidad en las relaciones de poder entre mujeres y hombres en el ámbito público y privado ha derivado en la normalización de la VG, que mantiene condiciones de vulnerabilidad de las mujeres y les impide exigir el cumplimiento de sus derechos. Finalmente, el predominio de una cultura social centrada en el poder masculino da lugar a diversas manifestaciones de discriminación y exclusión de menores y mujeres (Alatorre, 2001). La lucha de la mujer en pro de la igualdad y la no discriminación ha generado cambios sociales, económicos y políticos. No obstante, la mujer en la sociedad nicaragüense combina su papel de trabajadora, madre, esposa, ama de casa y, con ello, una mayor presión social sobre el uso del tiempo y una sobrecarga de trabajo. La Ley 779/2012 (Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres), aprobada el 22 de febrero de 2012, supuso la creación de una legislación que envía un mensaje social donde las mujeres tienen protección ante la violencia que padecen (Medrano, 2014). Pese a esta Ley, las mujeres nicaragüenses han seguido experimentando múltiples 662 expresiones de violencia como resultado del sistema patriarcal (Medrano, 2014), de modo que las políticas públicas quedan reducidas a ejercicios discursivos (Álvarez Oliveros, 2013). NICARAGUA Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO En Nicaragua, país en el puesto 124 según el Índice de Desarrollo Humano (PNUD, 2016), una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual en su vida (DÁngelo y Molina, 2010). Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2016), los datos registrados indican que el 15% de las mujeres nicaragüenses había sufrido algún tipo de VG, siendo la pareja en el 13% de los casos quien había perpetrado dicho maltrato. En cuanto a la frecuencia, el 29,3% ha sufrido violencia física o sexual alguna vez en su vida y el 47,8% había padecido abuso emocional. Según el INIDE (2015), en el año 2011 en Nicaragua hubo un total de 34.409 víctimas de violencia, de las cuales, 30.746 fueron mujeres. En la Tabla 1 se muestra el número de mujeres víctimas de violencia por rango de edad: Tabla 1. Víctimas de violencia por rango de edad en el año 2011 en Nicaragua. n Rango de edad Menores de 13 años 2.756 Entre 13 y 14 años 1.400 Entre 15 a 17 años 2.493 Entre 18 a 25 años 7.919 Entre 26 a 45 años 11.715 Mayores de 45 años 4.463 Fuente: INIDE (2015). http://www.inide.gob.ni/ Según el INIDE (2015), la mayoría de las mujeres que fueron agredidas tenían un nivel de escolaridad de Educación Primaria (45,3%), seguido del grupo que tenía Educación Secundaria (34,1%). El 7,4% de las mujeres eran analfabetas, el 6,3% poseía título universitario y el 7,2% tenía titulación técnica u otras titulaciones. Del total de casos de violencia sexual, menos de la mitad (45,7%) acudieron al peritaje médico-legal según informaron las delegaciones forenses que hay por departamentos. La impunidad mantiene la aceptación social de la VG y el sentimiento y sensación de inseguridad conduce a las mujeres a la desconfianza hacia el sistema y la justicia. Finalmente, la VG conlleva importantes costos sociales y económicos. En Nicaragua, de aquellas mujeres que sufrieron algún tipo de violencia en los últimos 12 meses, el 20% faltaron varios días al trabajo y dejaron de tener ingresos. Específicamente en Managua, las víctimas de VG percibieron en su sueldo un 46% menos que aquellas que no lo habían sufrido como consecuencia del absentismo laboral y el impacto que dicha violencia tuvo en su productividad (Morrison y Orlando, 1999). COMISARÍAS DE LA MUJER Y LA NIÑEZ EN NICARAGUA La creación de las Comisarías de la Mujer y la Niñez (CMN) fue una de las primeras políticas públicas específicas en materia de VG que se introdujeron en varios países, incluso antes de la creación de leyes sobre VG. Pero es Nicaragua el único país de Centroamérica con una larga experiencia en comisarías especializadas en la intervención con víctimas de VG. Anteriormente a la creación de estas, las comisarías y las delegaciones policiales comunes no reconocían los derechos de las mujeres, guiándose por estereotipos que reproducían la desigualdad de género (Jubb et al., 2008). Las CMN han constituido uno de los principales recursos para acceder a la justicia y a otros servicios en general, y han sido las instancias de las que más conocimiento han tenido las víctimas de VG (Jubb et al., 2010). Las CMN establecen coordinación con la Red de Apoyo. Esta red está formada por centros alternativos y asociaciones, así como con otros 663 organismos como el Ministerio de la Familia, el Ministerio Público, el Instituto de Medicina Legal, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación. Han constituido una especialidad de la Policía Nacional de Nicaragua y, en su crecimiento, adquirieron protagonismo dentro de la Red de Mujeres contra la Violencia (RMCV) (D´Ángelo y Molina, 2010). Además, las CMN transformaron los derechos “de papel” de las mujeres en derechos reales (Waylen, 2007), siendo la única vía para garantizar el acceso a la justicia (Jubb et al. 2010). Sin embargo, a pesar de ser el único recurso reconocido legalmente en la eliminación de la VG, en el año 2016 cerraron sus puertas como consecuencia de los recortes del gobierno y la falta del reconocimiento social de que la VG constituye un problema de salud grave en el país. La CMN de Nicaragua, de enero a agosto de 2012, atendió a 130.873 mujeres y adolescentes, pero únicamente 23.509 denuncias fueron registradas oficialmente. La RMCV sostuvo que la VG iba en ascenso y se experimentaba un retroceso en el cumplimiento de los Derechos Humanos. En muchos de los casos en los que las mujeres pusieron denuncias en reiteradas ocasiones, las autoridades no tomaron medidas preventivas, tal y como ocurrió con 13 mujeres de las 55 víctimas asesinadas de enero a septiembre de 2012 en Nicaragua. Por otra parte, la RMCV ha denunciado la actuación de jueces que menosprecian la vida de las mujeres y se vuelven cómplices de los agresores, dejándoles impunes por la VG que se ejerce en este país. LEÓN (NICARAGUA): CONTEXTO ESPECÍFICO La ciudad de León, departamento del que se reportan los datos de este trabajo, está ubicada a 90 km al occidente de la capital de Nicaragua. Tiene una población de 185.000 habitantes, siendo uno de los departamentos más densamente poblados. En el municipio de León, el Centro de Investigación en Demografía y Salud en 1995 realizó una investigación con el propósito de estudiar la problemática de la VG, donde se plantearon medir la prevalencia de mujeres que alguna vez en su vida habían experimentado actos de violencia física o sexual (Bolaños et al., 2008). Los resultados de dicho estudio demostraron que de las 488 mujeres entrevistadas, el 60% reconoció haber sido víctima de algún tipo de violencia física, sexual o psicológica en su vida. Cabe destacar que dicho estudio dio a conocer el grado de maltrato que viven las mujeres en el municipio y se concluyó que aproximadamente 8.000 mujeres son maltratadas cada año en León. Según datos reportados por las profesionales de la RMCV que colaboran con la CMN, una de cada dos mujeres en algún momento de su vida ha sido víctima del maltrato físico por parte de su compañero. De cada diez mujeres maltratadas, sólo dos han interpuesto denuncias. DATOS SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO REGISTRADOS POR LA COMISARÍA DE LA MUJER Y LA NIÑEZ DE LEÓN (NICARAGUA) Los datos que se muestran a continuación fueron proporcionados por las trabajadoras de la CMN, dentro de la cual se encontraban diversos perfiles, como policías, asesoras legales, trabajadoras sociales y psicólogas, quienes colaboraron activamente en la visibilización de la VG en León (Nicaragua) a través del un proyecto de cooperación con la Universidad de Alcalá (España). Se contactó con las profesionales de mayor rango en el organigrama de la CMN y, posteriormente, se realizó un análisis detallado de todos los registros, informes y expedientes desde el 2012 a junio de 2014. Muchas de las cifras no estaban procesadas informáticamente debido a la precariedad de la institución, y la mayoría de los datos se registraban aún con máquinas de escribir, lo que denota el bajo presupuesto administrado a la institución para ayudar a eliminar la VG, así como los obstáculos a los que se enfrentan las profesionales para un ejercicio de su labor en unas condiciones dignas. Como se muestra en la Tabla 2, en el año 2012 desciende en el tercer trimestre el número de denuncias (año en el que comienza a aplicarse la Ley 779/2012 de 22 de febrero); no obstante, vuelve a producirse un ascenso a lo largo del 2013. Si se comparan los dos años completos de 664 los que se tienen datos registrados, el número de denuncias en el 2013 fue muy superior a las que se produjeron en el año 2012 (2.443 vs. 1.983, respectivamente). Tabla 2. Total de denuncias interpuestas en la CMN de León (Nicaragua) entre el 2012 y primer semestre de 2014. Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre Cuarto trimestre Total 2012 643 577 322 441 1.983 2013 538 601 666 638 2.443 2014 625 636 - - - Fuente: elaboración propia. En cuanto a los delitos registrados, en la Tabla 3 se reportan los que fueron clasificados por la CMN de León en el 2012 y 2013, facilitados por el personal de dicha institución. Tabla 3. Delitos registrados por la CMN de León (Nicaragua) en 2012 y 2013. 2012 2013 Tipos de delitos Delitos contra la vida y la integridad física 601 884 Delitos graves de violencia sexual 203 232 Delitos menos graves de violencia sexual 398 652 Faltas contra las personas 989 1.151 Delitos contra el patrimonio 4 4 Delitos menos graves contra el patrimonio 13 2 Violencia económica 7 35 Delitos contra la libertad de actuar 193 317 Fuente: elaboración propia. En el año 2013 se produjeron más delitos y faltas que en el año 2012, con la excepción de los delitos menos graves contra el patrimonio, que fueron inferiores en el 2013. En la comparativa entre el año 2012 y el año 2013, es significativo que aumenten más de una cuarta parte los delitos contra la vida e integridad física, más de una tercera parte los delitos menos graves de violencia sexual y violencia económica, y se incrementen los delitos contra la libertad de actuar. La relación de parentesco existente entre la víctima y el agresor de 2012 hasta junio de 2014 se recoge en la Tabla 4. En la Tabla 4 se observa que se produjeron más agresiones perpetradas por el cónyuge, ex cónyuge y padre de la víctima. En el caso del cónyuge, se aprecia un porcentaje más bajo en el 2013 respecto al 2012, y aunque del año 2014 sólo se tiene registro hasta el mes de junio, ya se habían producido agresiones perpetradas por el cónyuge en el 26% de las denuncias. En la categoría “otros” se incluyeron a agresores conocidos del entorno de las víctimas sin que hubiese una relación cercana o directa con estas, donde se encuentran porcentajes en torno al 13%. Tabla 4. Relación de parentesco con las víctimas registradas por la CMN de León (Nicaragua). 2012 2013 2014 Total Parentesco n % n % n % n % Cónyuge 703 33,1 663 27,7 325 25,8 1.691 29,4 Ex cónyuge 418 19,7 492 21 245 19,3 1.155 20 Padre 187 8,8 364 15,1 249 19,7 800 13,9 Hijo 97 4,6 124 5,2 70 5,6 291 5 Abuelo 23 1,1 11 0,5 0 0 34 0,7 665 2012 2013 2014 Total Tío 36 1,7 71 3 29 2,3 136 2,5 Hermano 149 7 128 5,3 58 4,6 335 5,8 Cuñado 39 1,8 45 1,8 16 1,3 100 1,8 Novio 38 1,8 53 2,2 24 1,9 115 2 Amigo 11 0,5 17 0,7 15 1,2 43 0,8 Vecino 86 4 83 3,5 58 4,6 227 3,9 Desconocido 14 0,7 14 0,6 1 0,1 29 0,6 Padrastro 30 1,4 40 1,6 22 1,8 92 1,7 Otros 293 13,8 284 11,9 149 11,8 726 12,9 Fuente: elaboración propia. En la Tabla 5 se reportan los factores de riesgo asociados a la perpetración de violencia en las tres fechas, donde se desmitifica que la VG se produzca principalmente por el consumo de sustancias por parte del agresor. Tabla 5. Factores de riesgo vinculados a las agresiones registradas en la CMN de León (Nicaragua). 2012 2013 2014 Factores de riesgo n % n % n % Alcohol 196 9,2 465 19,5 226 17,9 Drogas 3 0,1 7 0,3 0 0 Uso de la fuerza 314 14,8 29 1,2 0 0 Otros 1.283 60,4 609 25,5 1 0,1 Ningún factor de riesgo 328 15,5 1.279 53,5 1.034 82 Fuente: elaboración propia. Según la CMN, los factores de riesgo asociados al maltrato (Tabla 5) eran el consumo de sustancias, el uso de la fuerza, otros y/o ningún factor de riesgo. Las profesionales de la CMN consideraron que la categoría “otros factores de riesgo” son aquellos vinculados a condiciones de pobreza, existencia de menores dependientes, ausencia de apoyo familiar en las mujeres, carencia de redes sociales y falta de trabajo en la mujer (32,8% del total). En el 2013 y en el 2014 se observa que la mayoría de las agresiones no se producían bajo situaciones de riesgo (53,5% y 82%, respectivamente). CARACTERÍSTICAS DE LAS VÍCTIMAS DE LEÓN (NICARAGUA) El rango de edades de las mujeres víctimas se encuentra reflejado en la Tabla 6, en la que se muestra que el mayor porcentaje se encuentra entre los rangos de edad de 26 a 45 años, seguido de 18 a 25 años en las tres fechas. Aunque son los dos grupos de edad más predominantes, en el año 2012, el grupo comprendido entre los 26 y los 45 años fue del 40,4%, descendiendo el porcentaje en el 2013 y 2014 (37,3% y 26,2%, respectivamente). Tabla 6. Rango de edad de las víctimas de VG registradas en la CMN de León (Nicaragua). 2012 2013 2014 Rangos de edades n % n % n % Menos de 13 años 197 10,7 287 12,8 180 15,3 De 13 a 14 años 130 7,1 78 3,4 64 5,5 De 15 a 17 años 180 9,8 165 7,4 95 8,1 De 18 a 25 años 386 21 534 23,9 321 27,3 De 26 a 45 años 741 40,4 835 37,3 308 26,2 Mayores de 46 años 201 11 338 15,1 206 17,5 Fuente: elaboración propia. 666 Por otra parte, en los seis primeros meses del año 2014 había, prácticamente, el mismo número de víctimas de VG menores de 13 años del 2012 (197 víctimas) y supera la mitad de las registradas a lo largo del 2013. No obstante, el 26,2% del total de las mujeres víctimas de VG tenían menos de 18 años (1.376). Específicamente en el 2012, se produjeron 507 agresiones a menores de 18 años (31%). En el año 2013, las tasas más altas de agresión se registraron en mujeres mayores de 18 años. Los primeros seis meses del año 2014 reflejan la misma tendencia que se aprecia en el año 2013, sin embargo, se observa una mayor proporción entre las víctimas de 18 a 25 años y una menor proporción en las mujeres de 26 a 45 años. Resulta significativo que el número de víctimas mayores de 45 años de los seis primeros meses del 2014 supere el total de víctimas del año 2012 de esa franja de edad (17,5% vs 11%, respectivamente). En la Tabla 7 se recoge el nivel de escolaridad de las víctimas de VG registradas por la CMN. Tabla 7. Nivel de escolaridad de las víctimas de VG registradas en la CMN de León (Nicaragua). 2012 2013 2014 Nivel de escolaridad n % n % n % Sin estudios 124 6,8 111 5 11 0,9 Estudios básicos 1.167 63,6 984 44 498 42,4 Educación media 380 20,7 756 33,9 416 35,4 Educación superior 101 5,5 185 8,2 79 6,7 Profesional técnico 33 1,8 48 2,1 8 0,7 Otros 30 1,6 151 6,8 163 13,9 Fuente: elaboración propia. La mayoría de las mujeres víctimas de VG que fueron agredidas tenían un nivel de escolaridad equivalente a Educación Primaria, aunque en el año 2012 este grupo alcanza un porcentaje del 63,6%. En ese año se aprecia que el porcentaje de mujeres sin estudios (6,8%) es superior que en los años siguientes (5% en el 2013 y 0,9% en el 2014), de lo que se desprende que más del 70% de las mujeres víctimas de VG tenían un nivel de escolaridad bajo. En el año 2013 y 2014 se observan altas tasas de mujeres víctimas de VG que tenían un nivel de escolaridad de Educación Primaria (44% y 42,4%), aunque por debajo del porcentaje que alcanzó ese grupo en el 2012. El grupo de víctimas de VG con un nivel de estudios de profesional técnico es el que tiene las menores frecuencias. Más de una tercera parte de las mujeres víctimas de VG tenían un nivel de escolaridad de Educación Secundaria en el 2013 y 2014, siendo poco más de una quinta parte el grupo de mujeres que tenía ese nivel de estudios en el 2012. Tampoco se aprecian porcentajes altos en el grupo que tenía estudios universitarios, siendo una de cada veinte las mujeres víctimas de VG que en el año 2012 tenían estudios superiores. La tipología “otros” hace referencia a estudios no concluidos. Finalmente, la Tabla 8 reporta la ocupación de las víctimas de VG registradas por la CMN. Tabla 8. Ocupación de las víctimas de VG registradas por la CMN de León (Nicaragua). 2012 2013 2014 Ocupación n % n % n % Estudiante 327 17,8 438 19,6 241 20,5 Ama de casa 996 54,3 954 42,6 502 42,8 Administración y servicios 9 0,5 84 3,8 38 3,2 Sector industrial 2 0,1 2 0,1 1 0,1 Empleada del hogar 49 2,7 262 11,7 162 13,8 Sin empleo 39 2,1 40 1,8 56 4,8 Otros 413 22,5 457 20,4 174 14,8 Fuente: elaboración propia. 667 La Tabla 8 muestra que el mayor porcentaje de ocupación de las víctimas de VG de León corresponde al trabajo no remunerado (amas de casa), observándose proporciones similares en las cifras del 2013 y 2014. Más del 50% de las víctimas registradas por la CMN en el 2012 eran amas de casa. El segundo grupo mayoritario en las tres fechas se encuentra en la categoría “otros”, en la que se incluyen obreras o trabajadoras no especificadas en alguna profesión o que tiene trabajo, pero con intermitencia en la contratación y vinculados a la economía sumergida, principalmente en el año 2012 (22,5%). Menos de tres mujeres de cada cien eran empleadas domésticas en el año 2012, aumentando los porcentajes de este grupo en el 2013 y el 2014 (11,7% y 13,8%, respectivamente). Se registraron pocas mujeres trabajadoras en el sector de la industria. También se encontraron altos porcentajes de mujeres que estaban estudiando (19,2% del total), que coincide en gran medida con aquellas víctimas menores de 18 años en periodo de escolarización (26,2% del total). También se aprecia que una de cada veinte mujeres víctimas de VG se encontraba en situación de desempleo en el 2014, siendo el porcentaje menor en las fechas anteriores. MÉTODO A partir del contexto descrito y la prevalencia de la VG de la ciudad de León (Nicaragua), se realizó un estudio en el que participaron 136 mujeres en situación de pobreza víctimas de VG. La información se obtuvo mediante una entrevista heteroaplicada en la que se recogió información sociodemográfica, sucesos vitales estresantes padecidos por las víctimas, historial de violencia, percepciones y atribuciones causales de la VG y el apoyo social percibido ante tales circunstancias. Dicha entrevista se inició explicando los objetivos de la investigación y se solicitó el consentimiento informado de las participantes. El 51,6% de las mujeres fueron entrevistadas en sus hogares, el 38,9% en las dependencias de la CMN de León y el 9,5% en la sede de diversas asociaciones. La base de datos fue desarrollada y procesada con el SPSS (versión 22.0 para Windows, IBM, Arnobk, NY). Se utilizó Chi cuadrado (X2) con la probabilidad de cometer un error tipo I de p ≤ 0,05. Se aplicaron análisis Odds ratio (OR) con intervalos de confianza del 95% (IC). El muestreo fue no probabilístico e incidental, pero de difícil acceso. El tamaño muestral requerido se calculó empleando el software G*Power (versión 3.0 para Windows). Aspirando a un tamaño del efecto 0,5 (grande), una significación de 0,005 y una potencia de 95%, el tamaño de la muestra superó el tamaño necesario (n = 80). Como parte de la investigación se contó con la colaboración de las profesionales de la RMCV, quienes dieron su percepción de la situación en la región y completaron la misma parte del cuestionario que las víctimas, referido a las percepciones y atribuciones causales de la VG. La tasa de participación por parte de dichas profesionales fue del 88,4% (del total de 43 profesionales que integraban la RMCV incluyendo a las profesionales de la CMN). RESULTADOS Las entrevistadas, con una media de edad de 31,67 años (DS = 8,92), tenían 2,23 hijos de media (DS = 1,65). Más de la mitad (56%) estaban casadas o en unión de hecho estable. El nivel educativo de las víctimas de VG era educación básica (68,4%). La principal persona aportadora de ingresos en el hogar era el cónyuge o pareja en el 43% de los casos. El 36% de las participantes carecía de ingresos propios. En cuanto a la situación de maltrato, las entrevistadas comenzaron a vivir con el agresor a los 19,91 años de media (DS = 4,92), llevaban conviviendo – o habían convividocon él una media de 9,16 años (DS = 6,78) y la situación de maltrato duró 6,25 años de media (DS = 5,48). El 62,5% no se separó por miedo a la reacción del agresor. Todas las entrevistadas fueron víctimas de violencia psicológica y física, y el 67% padeció violencia sexual. Los malos tratos por parte de la pareja ocurrían con una frecuencia diaria en uno de cada cuatro casos y se producía maltrato varias veces a la semana en el 45% de la muestra de participantes. Únicamente el 39,7% recibía apoyo psicológico por la violencia padecida. 668 En la Tabla 9 se muestran las diferentes percepciones sobre las atribuciones causales de la VG entre las víctimas de maltrato y las profesionales de la RMCV. Tabla 9. Diferencias en la percepción sobre las causas de la VG de las víctimas de VG respecto a las profesionales de la RMCV. Víctimas (n=136) Profesionales (n=38) X2 p Percepción sobre las causas de la VG El consumo de alcohol 77,8% 89,5% 2,569 ,109 El consumo de drogas 32,3% 84,2% 31,614 ,000 La falta de trabajo/dinero 54,9% 65,8% 1,436 ,231 Carácter de él 93,3% 78,9% 6,926 ,008 La educación machista que ha recibido 87,8% 92,1% ,551 ,458 Porque la mujer sale mucho 27,1% 34,2% ,738 ,390 Porque la mujer no se comporta como debería 70,1% 52,6% 4,065 ,044 Porque la mujer no le hace el caso que debería 64,9% 42,1% 6,418 ,011 Por infidelidad 6,8% 52,6% 43,770 ,000 Porque ven que sus padres pegan a sus madres 35,6% 84,2% 26,352 ,000 Porque les han pegado a ellos siendo niños 42,9% 81,6% 16,512 ,000 Porque se dejan maltratar 45,7% 44,7% ,012 ,913 Fuente: elaboración propia. Como se observa en la Tabla 9, se observan diferencias estadísticamente significativas entre las víctimas y las profesionales respecto a las atribuciones causales de la VG, principalmente respecto a que la VG se produzca por infidelidad, por el aprendizaje social de la violencia en la familia de origen del agresor y por la exposición a la violencia en la infancia del agresor, donde se aprecian mayores porcentajes en el grupo de profesionales. Los porcentajes también reflejan que las víctimas están en mayor medida de acuerdo con causas vinculadas a la conducta de la víctima (la mujer no se comporta como debería y no le hace el caso que debería), mientras que las profesionales muestran porcentajes más elevados respecto a causas externas (consumo de sustancias, falta de trabajo/dinero y el aprendizaje social que realiza el agresor en la infancia). En la Tabla 10 se reportan las atribuciones causales en las que se hallaron diferencias estadísticamente significativas respecto al temor entre las víctimas a separarse del agresor, así como el riesgo que pueden tener estas atribuciones causales para no abandonar la relación. Tabla 10. Relación entre la separación del agresor por miedo y las atribuciones causales de la violencia. ¿Influyó el miedo para separarse del agresor? No (n=51) Sí (n=84) X2 p OR IC 95% Causas de la VG El consumo de alcohol 66,7% 84,5% 5,855 ,016 2,731 1,191-6,261 El consumo de drogas 19% 39,2% 5,119 ,024 2,745 1,124-6,703 La falta de trabajo/dinero 36,7% 65,5% 10,325 ,001 3,266 1,567-6,809 Porque la mujer no se comporta como debería 56% 78,6% 7,626 ,006 2,881 1,342-6,184 Porque la mujer no le hace el caso que debería 48% 75% 10,034 ,002 3,250 1,546-6,831 Porque se dejan maltratar 32,7% 53,8% 5,45 ,020 2,395 1,142-5,031 Fuente: elaboración propia. Como se muestra en la Tabla 10, un mayor número de víctimas de VG temieron al agresor y fue motivo para no separarse de él (62,2%). Además, se observan diferencias entre ambos grupos, 669