Pachacuti y la institución de la Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato
Abstract
Según las crónicas de los siglos XVI y XVII Pachacuti Inca Yupanqui fue quien ordenó que los funerales de los Sapay Inca se realizaran en dos partes. La primera se llevaba a cabo tras la muerte del gobernante y, la segunda, un año más tarde. En este artículo analizaremos todo el ritual para, posteriormente, reflexionar acerca de las motivaciones políticas que pudieron conducir a Pachacuti a planificar esta peculiar ceremonia.
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54 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. PACHACUTI Y LA INSTITUCIÓN DE LA PURUCAYA: CEREMONIA POLÍTICOFUNERARIA EN EL INCANATO PACHACUTI Y LA INSTITUCIÓN DE LA PURUCAYA: CEREMONIA POLÍTICOFUNERARIA EN EL INCANATO Ariadna Baulenas i Pubill Institut de Cultures Americanes Antigues Resumen Según las crónicas de los siglos XVI y XVII Pachacuti Inca Yupanqui fue quien ordenó que los funerales de los Sapay Inca se realizaran en dos partes. La primera se llevaba a cabo tras la muerte del gobernante y, la segunda, un año más tarde. En este artículo analizaremos todo el ritual para, posteriormente, reflexionar acerca de las motivaciones políticas que pudieron conducir a Pachacuti a planificar esta peculiar ceremonia. Palabras clave: funerales, incas, Purucaya Abstract According to the chronicles of the 16th and 17th centuries, it was Pachacuti Inca Yupanqui who ordered the funerals of Sapay Inca to be hold in two steps. The first one had to be conducted just after the ruler’s death and the second one, a year later. In this article, the whole ritual will be analysed in order to, afterwards, think over the political reasons that could lead Pachacuti plan the development of the ceremony in that particular way. Key words: funerals, inkas, Purucaya
55 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. “Desde que floreçía como la flor del guerto hasta aquí he dado horden y razón en esta vida y mundo, hasta que mis fuerças bastaron y ya soy tornado a tierra”. 1 Tras estas poéticas palabras exhaló Pachacuti su último suspiro. Murió justo en el momento en que acababa de disponer cada uno de los pasos que debían seguirse tras su muerte y la de sus sucesores en el gobierno, estableciendo las reglas que debían pautar los funerales de estado en el imperio inca. En este artículo analizaré las ceremonias funerarias instituidas por Pachacuti, que conocemos con gran detalle gracias al testimonio de Juan de Betanzos. Sin embargo, parto de la premisa de que toda celebración pública organizada por el estado tiene un trasfondo sociopolítico que resulta interesante analizar. Es por este motivo que tras el estudio del ritual propondré algunas hipótesis acerca de las motivaciones políticas que, en mi parecer, llevaron a Pachacuti a definir un modelo de funeral que difiere notablemente de los celebrados por otras sociedades imperiales antiguas con el objetivo de que mis propuestas conduzcan no tanto a la conclusión sino a la reflexión para futuras investigaciones. Las fuentes Son varios los cronistas que tratan acerca de las ceremonias que tenían lugar tras la muerte de un gobernante inca. Garcilaso de la Vega 2 explica que se realizaba un mes de duelo con grandes lloros diarios en los que la gente salía al campo recitando las hazañas logradas por el traspasado mientras cargaban sus objetos personales (insignias, banderas, vestidos, etc.). Tras este mes se le lloraba cada 15 días hasta que al cabo de un año se hacía una ceremonia que superaba en magnitud a la anterior. También explica que se elaboraba una momia del cuerpo (dejando las entrañas enterradas en un lugar llamado Tampu) y que se solicitaba a los próximos al fallecido si querían acompañarle, destacando que jamás se sacrificó a ninguna persona que no deseara morir porque “fuera gran inhumanidad, tiranía y escándalo”. 3 Guaman Poma, a su vez, cuenta que tras la muerte de un inca se hacían grandes lloros y llantos durante un mes, tiempo en el que ayunaban sal y hacían cantos, bailes y danzas. 4 Pedro 1 Francisco Hernández Astete y Rodolfo Cerrón-Palomono (eds.), Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyu. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2015, p. 267. 2 Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales de los incas. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2005[1609], p. 337-339. 3 Íbidem, p. 338. 4 Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva Corónica y Buen Gobierno. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2008[1615], p. 216.
56 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. Sarmiento es un poco más explícito y escribe que Pachacuti dictó las órdenes de cómo debía celebrarse un funeral de estado, con la preparación del cuerpo del fallecido, grandes sacrificios y la fiesta de la Purucaya. 5 Sin embargo, disponemos de una fuente verdaderamente excepcional: la Suma y Narración de los Incas del cronista Juan de Betanzos. En ella, el cronista dedica tres capítulos enteros (XXX, XXXI y XXXII) 6 a describir las ordenanzas de Pachacuti sobre el modo en que había de celebrarse su funeral, siendo, sin lugar a dudas, la mejor fuente para analizar los rituales funerarios de los Sapay Inca, no sólo por su extensión sino también por la minuciosidad de su narración. En el resto de la obra, Betanzos cita en varias ocasiones la celebración del funeral, pero en casi todos los casos indica que se realizaba la fiesta según la costumbre, es decir, remite a esta primera explicación. 7 El cronista, quien estuvo casado con Cuxirimay Ocllo (viuda de Atahulapa), relata que cuando el Sapay Inca se sintió próximo a la muerte mandó reunir “a todos los señores del Cuzco y a todos sus hijos” 8 y les fue enumerando cada uno de los rituales que debían llevar a cabo tras el fallecimiento de un gobernante. Poéticamente, el relato acaba cuando, tras dictar su última disposición, Pachacuti fallece pronunciando las palabras citadas al inicio de este artículo. 9 Uno de los aspectos más llamativos del funeral es el hecho de que existen dos grandes celebraciones con un lapsus temporal en medio de un año completo, el cual las convierte en festividades autónomas sin solución de continuidad entre ellas. Para facilitar su análisis las presentaré de forma separada y me referiré a ellas como “el funeral”, en el primer caso, y “la purucaya”, en el segundo. 5 Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los incas. Madrid: Miraguano Ediciones, Ediciones Polifemo, 2007[1572], p. 126. 6 Betanzos, op. cit., pp. 259-266.Sirva esta referencia bibliográfica para todo el trabajo. En adelante sólo se indicará la referencia exacta para el caso de citas concretas. 7 Si bien no podemos abordarlo aquí, resulta llamativo el hecho de que también cita la celebración de estos rituales para casos en los que el fallecido no era Sapay Inca, como son el caso de Yamque Yupanqui o el de Mama Ocllo. Ariadna Baulenas i Pubill, “Murió el Inca, murió la coya: una aproximación a las diferencias de género en el Tahuantinsuyu”, S. Olivero y J.L. Caño (eds.), Temas Americanistas. Historia y diversidad cultural, Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla y Diputación de Sevilla, 2015, pp. 695-704. 8 Betanzos, op. cit., p. 255. 9 Íbidem, p. 267.
57 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. El funeral Betanzos no explicita cuánto tiempo duraba esta primera celebración, si bien tanto Garcilaso de la Vega 10 como Guaman Poma 11 indican que se alargaba por un mes, lo cual no es extraño porque muchas de las fiestas incaicas tenían esta duración. Los tres primeros días eran dedicados al luto dentro de la élite cusqueña, la cual debía despojarse de sus ricas vestimentas y atavíos (orejeras los hombres, tupus las mujeres) para expresar su lamento y hacer ayuno de sal y ají. Lo que resulta llamativo en esta parte de la celebración es que no se indica que se realizara ninguna acción dedicada al muerto, sino que Pachacuti ordenó que en este tiempo se reunieran las élites discretamente para ratificar su elección del nuevo Sapay Inca. Así se mantenía en secreto la muerte del Sapay Inca hasta que se había instituido al nuevo señor. Este era el encargado de presentarse en público en la plaza del Cuzco para anunciar su elección y, posteriormente, la muerte del anterior. A continuación se enviaban emisarios por todo el imperio con el fin de requerir la presencia de los curacas provinciales en el Cuzco para rendir acatamiento (mocha) al nuevo señor. Las élites abandonaban el duelo con un baño en una fuente ritual, tras el cual se vestían de nuevo con sus atavíos personales y se untaban la cara con una hierba verde molida. Lamentablemente Betanzos no cita cual es esa fuente ritual. En el listado de adoratorios del sistema de ceques reportado por Polo de Ondegardo 12 y por Bernabé Cobo 13 aparecen varias fuentes directamente asociadas a Pachacuti, pero para ninguna de ellas tenemos una referencia directa a este ritual de purificación. 14 Tampoco conocemos el significado del color verde con el que se untaban el rostro. Embadurnarse la cara con betún es una práctica que se repite en distintos momentos de las ceremonias, como iremos viendo, pero no se repite ninguna otra referencia al color verde. El 10 Garcilaso de la Vega, op. cit., p. 338. 11 Guaman Poma, op. cit., p. 216. 12 Juan Polo de Ondegardo, “Relación de los adoratorios de los indios en los cuatro caminos que salían del Cuzco”, Informaciones acerca de la religión y gobierno de los incas (1571). Errores y supersticiones. Lima: M.H.A.O., 1916. 13 Bernabé Cobo, “Historia del Nuevo Mundo”, P. Francisco Mateos (ed.), Biblioteca de autores españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días. Obras del P. Bernabé Cobo de la Compañía de Jesús. Madrid: Atlas, Vol. II, pp. 169-186. 14 Pilcopuquio (Ch. 1.3), Viroypacha (Ch.2.4), Quinoapuquio (Ch.3.10), Aspadquiri (Ch. 8.11), etc.
58 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. hecho de que estuviera hecho con plantas molidas, sin embargo, podría ser una alusión a la vegetación como sinónimo de vida y renacimiento. 15 Lavado el luto se practicaban sacrificios humanos. Según Betanzos y Garcilaso de la Vega 16 se preguntaba a los allegados al inca muerto si le querían acompañar en su tránsito a la otra vida y, en caso afirmativo, eran emborrachados para posteriormente ahogarles y enterrarlos con un ajuar. Esta práctica fue cuestionada por Carlos Araníbar en 1969, 17 proponiendo que no existía en el incanato sino solo en el norte por influencia de las culturas septentrionales. Los nuevos datos aparecidos desde entonces parecen contradecir esta hipótesis. 18 Mientras se sacrificaba a las personas allegadas al inca, se realizaba la curación del cuerpo, es decir, se preparaba la momia para elaborar un bulto que en palabras de Betanzos era puesto “con los bultos de los señores pasados que allí estaban”. 19 Debemos imaginar, por tanto, que el cuerpo recién momificado de Pachacuti se encontraba en la plaza en el momento en que las élites empezaban con sus llantos públicos, gritando las hazañas que el gobernante había llevado a cabo en vida. En todas las ceremonias funerarias se recuerda al personaje fallecido y se alaban sus cualidades y éxitos en la vida, pero esta tradición es especialmente importante en sociedades ágrafas como la inca, pues la tradición oral es la que ejerce de perennizador de la memoria. De manera que, a través de estos lloros, se establecía la biografía oficial del Sapay Inca del imperio que había de convertirse en parte de la memoria (léase, historia) colectiva del imperio. Cuando años más tarde los conquistadores españoles dieron muerte a Atahualpa, se produjo un episodio que despertó la curiosidad de Pedro Pizarro, quien en su crónica explica: 15 En el sitio formativo temprano de Pampa de Moxeke se encuentran dos relieves que representan el primero un rostro con lo ojos cerrados y la piel de color rojo representado la muerte, y en oposición a este, el segundo es un rostro representando la vida y muestra los ojos abiertos y la cara pintada precisamente de color verde. Peter Kaulicke, “Memoria y temporalidad en el Período Formativo centroandino”, Senri Ethnological Studies, 89 (Oasaka, 2014), p. 21. 16 Garcilaso de la Vega, op. cit., p. 338. 17 Carlos Araníbar, “Notas sobre la necropompa entre los incas”, Revista del Museo Nacional, Tomo XXXVI (Lima, 1969-1970), p. 108-142. 1818 Por ejemplo, Araníbar escribe que el “fidedigno Betanzos” no cita el tema. Sin embargo, como se puede observar en este mismo artículo, con la versión sacada a la luz por Carmen Martín Rubio en 1987, la afirmación de Araníbar ya no es cierta. 19 Betanzos, op. cit., P. 260.
59 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. Pues muerto Ataualpa, como tengo dicho auia hecho entender a sus hermanas y mugeres que, si no lo quemauan, bolueria a este mundo. Pues auiendose ahorcado alguna xente y una hermana suya con algunas yndias, diziendo que yuan al otro mundo a seruir a Ataualpa, quedaron dos hermanas que andauan haziendo grande llanto con atambores y cantando, contando las hazanas de su marido. Pues aguardaron a que el Marques saliese fuera de su aposento, y uinieron donde Ataualpa solia estar, y rrogaronme las dexasse entrar dentro, y entradas que fueron, / enpezaron a llamar a Ataualpa buscandole por los rrincones, muy pasito. Pues visto que no les rrespondia, haziendo un grande llanto se salieron. Yo les pregunte que que buscauan. Dixeronme lo que tengo dicho. Yo les desengane, y dixe que no boluian los muertos hasta el da del xuizio. 20 Se trata claramente de los mismos rituales que acabamos de explicar (sacrificio de los allegados y lloro público), si bien condicionados en este caso por las circunstancias en las que murió de Atahualpa. Esto demuestra que la ceremonia planificada por Pachacuti fue interiorizada por los habitantes del imperio o, al menos, por las élites que acompañaban a los Sapay Inca en su vida y tras su muerte. A continuación se iniciaba una capacocha, es decir el sacrificio de, según Betanzos, mil muchachos y muchachas de cinco o seis años que eran enterrados por parejas en distintas partes del imperio (incluso en el mar) por donde había estado el inca. La dimensión política de la capacocha ha sido analizada por varios autores, 21 entendiendo que su finalidad era la de estrechar lazos entre el Cuzco y las provincias ya que los sacrificados podían ser hijos de las élites provinciales. En el caso del funeral del Inca no hay duda de esta dimensión puesto que según Betanzos, Pachacuti ordenó específicamente que los sacrificados “fuesen algunos dellos hijos de caçiques”. 22 Para estos curacas la entrega de un hijo era un privilegio en tanto que, como ya notó Annette Schroedl: “en el contexto de la Capacocha ellos tenían la ocasión de 20 Pedro Pizarro, Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú. Buenos Aires: Ediciones Futuro, 1944[1571]. 21 Entre los que cabe destacar: Margarita Gentile: “Dimensión sociopolítica y religiosa de la Capacocha del Cerro Aconcagua”, Bulletin de l'Institut Français d'Études Andines, vol. 25, nº 1, 1996, pp.43-90. 22 Betanzos, op. cit., p.260.
60 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. distinguirse y de adquirir oportunidades de ascenso en las estructuras del poder bajo el dominio incaico”. 23 Tras el llanto en la plaza y la capacocha, los señores de provincias que habían llegado al Cuzco para rendir homenaje al nuevo gobernante 24 regresaban a sus lugares de origen acompañados por un miembro de la élite incaica. Éste debía encargarse de que se cumpliera con la última parte del funeral, que consistía en hacer un duelo general por el fallecido durante 10 días. Se realizaba en todo el imperio e incluía a las élites y al pueblo común, incluso a los niños. Como señores del Cuzco durante los tres primeros días después del traspaso del gobernante, los que participaban de este duelo debían vestirse con sus ropas más pobres y untarse la cara con betún (desconocemos su color) como muestra de luto. La importancia de este duelo general era notable, porque se combinaba con la amortización de bienes de los almacenes provinciales. Se repartía todo el maíz y la ropa, se entregaba una “obeja” 25 cada cuatro personas (niños incluidos) y se distribuían grandes cantidades de chicha. Los banquetes ofrecidos por el estado a las provincias eran habituales en el imperio incaico como forma de fortalecer lazos con la capital y como redistribución de la riqueza 26 pero en ninguna otra ocasión eran de tal dimensión. Con esta amortización general de bienes se daba por concluido el funeral del inca. ¿Qué pasaba con el bulto elaborado durante la ceremonia? Si bien Betanzos no incluye ninguna información al respecto entre las disposiciones de Pachacuti, unas páginas más adelante el cronista indica que su cuerpo fue enterrado en Patallacta, 27 donde él mismo había mandado construir unas casas para que en ellas fuera sepultado su cuerpo. Se le enterró “debajo de tierra en una tinaja grande de barro nueva y él bien vestido. Y ençima del sepulcro mandó 23 Annette Schroedl, “La Capacocha como ritual político. Negociaciones en torno al poder entre Cuzco y los curacas”, Bulletin de l'Institut Français d'Études Andines, vol. 37, nº 1, 2008, pp.25. Betanzos, op. cit., p.260. 24 Betanzos no informa sobre cuál era el momento en que estos curacas se incorporaban a la fiesta, aunque seguro que su llegada se producía después de los tres días de duelo por parte de las élites. 25 Betanzos, op. cit., p. 261. 26 Tom D. Dillehay, “El colonialismo inka, el consumo de chicha y los festines desde una perspectiva de banquetes políticos”, Boletín de Arqueología de la PUCP, nº 7, 2003, pp. 355-363. 27 Patallakta es una hacienda al norte de la ciudad el Cuzco que incluye entre otros restos arqueológicos, los que hoy conocemos como Qenko grande y Qenko chico. Según Bauer o el uno o el otro podrían corresponder al lugar de entierro de Pachacuti. Brian S. Bauer, El espacio sagrado de los incas. El sistema de ceques del Cuzco. Cuzco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas (CBC), 2016, p. 69.
61 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. Yamque Yupangue que fuese puesto un bulto de oro hecho a su semejança”. 28 El bulto de oro fue a parar a manos de Francisco Pizarro por aviso de Angelina Yupanqui de manera que cuando Betanzos escribe en 1551 puede afirmar que: “solo su cuerpo está el día de oy en Patallacta, el cual por sus mienbros pareçe que hera en su vida hombre de buen altor y gran estatura”. 29 Sarmiento también cita este lugar como el que Pachacuti eligió para ser enterrado. 30 La relación entre Patallacta y la muerte de Pachacuti la encontramos también en el listado de adoratorios del sistema de ceques del Cuzco de Polo de Ondegardo: La segunda Guaca deste Ceque [el primero en el camino de Chinchaysuyu] se decía Patallacta, era una casa que diputó Inca-Yupanqui para sus sacrificios y murió en ella; y los Incas que después le sucedieron hicieron hicieron aquí sacrificio ordinario. Ofreciánsele generalmente todas las cosas que consumían en sacrificio por la salud y prosperidad el Inca 31 Sin embargo, cabe notar que no cita explícitamente que allí estuviera enterrado, sino que allí murió y se le rendía culto. De hecho, existe otro espacio referenciado en el listado en el que sí se indica la presencia de la momia: La tercera Guaca [del segundo ceque en el camino de Chinchaysuyu] era un ídolo de oro macizo, llamado Intiillapa, que quiere decir trueno del Sol; el cual estaba puesto en unas ricas andas de oro. Hizolo Inca Yupanqui, y tómolo por Guauque ó hermano. Tenia casa en el barrio de Totocache, y hacíanle gran veneración; y en la misma casa ó templo estaba el cuerpo del dicho Inca-Yupanqui. Hacían á este ídolo muy ordinario sacrificio de niños y de todo lo demás, rogándole se conservasen las fuerzas del Inca y no se disminuyese su imperio. 32 Polo de Ondegardo fue quien reunió los cuerpos de los incas en 1559, así que resulta poco probable que la diferencia de opiniones respecto a las informaciones de Betanzos y Sarmiento sea una equivocación. El padre José de Acosta nos aporta la información que 28 Betanzos, op. cit., p. 267. 29 Íbidem, p. 268. 30 Sarmiento, op. cit., p. 126. 31 Polo de Ondegardo, op. cit., p. 4. 32 Íbidem, p. 5.
62 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. esclarece este asunto pues afirma que Polo de Ondegardo, halló el cuerpo de este inca: “trasladado de Patallacta a Totocache donde se fundó la parroquia de San Blas”. 33 De este modo, el bulto de Pachacuti fue enterrado en Patallacta tras su funeral pero en algún momento entre 1551 (cuando Betanzos escribe su crónica por encargo del Virrey Mendoza) y 1559 (cuando halla los cuerpos de los incas difuntos el licenciado Polo de Ondegardo) se trasladó al barrio de Totocachi. Desconocemos el motivo del traslado, 34 aunque el hecho de que se llevara de las afueras al centro de la ciudad en época colonial nos permite hipotetizar sobre el interés de los incas en resguardar la momia. 35 Regresando a los funerales, cabe suponer que tras el duelo general las momias elaboradas durante la ceremonia eran enterradas en espacios previamente construidos para este fin. Conocemos algunos de estos lugares gracias a crónicas y al listado de adoratorios de las huacas del sistema de ceques, pero lamentablemente desconocemos el paradero final de las momias en sí, pues a pesar que sabemos que algunas llegaron a Lima (concretamente la hospital de San Andrés) hoy están perdidas, sino destruidas. La purucaya La segunda parte de las celebraciones llevadas a cabo tras la muerte de un inca se realizaba un año después de su muerte. Betanzos, no informa de lo que ocurría durante estos once meses si bien al informar sobre la quema de los elementos usados para el duelo en el final de la fiesta indica que éstos eran aquellos usados a lo largo de todo el año. Garcilaso de la Vega, en cambio, anota que pasado el primer mes, cada 15 días –“a cada llena y conjunción de la luna”- 36 se hacían los lloros en torno a la ciudad del Cuzco. La fiesta del “cabo de año” era más importante aún que funeral, como constata Garcilaso al afirmar que era de “mayor solemnidad”. 37 Al igual que la anterior, duraba un mes, 33 Joseph de Acosta, Historia natural y moral de las Indias. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2006[1590], p. 344. 34 De hecho en los primeros años de la colonia, las momias fueron trasladadas en varias ocasiones, como documenta Edmundo Guillén en su artículo. Edmundo Guillén Guillén, “El enigma de las momias incas”, Boletín de Lima, año 5, nº 28 (Lima, 1983), pp. 29-82. 35 Lo que no resulta sorprendente es que se trasladara a Totocachi. En esta huaca se encontraba una estatua de oro de Illapa que era el ídolo huauqui de Pachacuti y se le adoraba como un alter ego del Sapay Inca. ¿Qué mejor lugar para proteger el cuerpo de Pachacuti que junto a su hermano simbólico? 36 Garcilaso de la Vega, op. cit., p. 338. 37 Íbidem.
69 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. Reflexiones finales Una vez descritas las celebraciones surgen dos preguntas sobre las que considero interesante reflexionar: ¿Por qué se realizaban dos rituales diferentes? Y ¿Por qué los separaba un lapso de tiempo de un año? No resulta extraño que se realicen ceremonias en memoria de los difuntos en los aniversarios de su fallecimiento. Los mexicas por ejemplo, dedicaban sacrificios a los tlatoanis muertos a los 20, 40 y 80 días de su muerte y las exequias se repetían cada 4 años. 55 Sin embargo, estas eran celebraciones secundarias, mientras que en el caso de los incas la tardía era la principal. Las fuentes no dan respuesta a estas preguntas, de manera que debemos intentar establecer algún tipo de hipótesis. A partir del análisis de las dos ceremonias (funeral y Purucaya) constatamos que, a pesar de tener un estrecho vínculo (pues responden a un mismo acontecimiento), son dos celebraciones independientes sin solución de continuidad entre ellas. Si las comparamos, observamos que mientras que en la primera los actos se celebraban o en la plaza del Cuzco o en las provincias, la segunda se realizaba solo en el Cuzco pero tanto en la plaza como en los alrededores de la ciudad. Por otra parte, en el funeral participaban las élites cusqueñas primero, las élites provinciales a continuación y al final todos los habitantes del imperio. En el caso de la Purucaya, sin embargo, era una celebración dedicada única y exclusivamente a las élites cusqueñas. Al comparar estos dos tipos de celebraciones con las otras festividades realizadas cíclicamente dentro del calendario incaico encontramos estructuras similares a estas. Si tomamos como referencia la obra de Cristóbal de Molina y analizamos la fiesta de la Situa vemos que existe una estructura similar a la del funeral. Según Molina la fiesta de la Situa se celebraba en agosto y se realizaba para pedir a los dioses que ahuyentaran las enfermedades que solían acompañar el inicio de la temporada de lluvias. Los tres primeros días se limitaba la participación a la gente del Cuzco y se realizaban diversos rituales acompañados de cantos y sacrificios. Al cuarto podían entrar los representantes de las provincias, quienes traían a sus ídolos para que se quedaran en el Cuzco. Estos representantes hacían mocha al Inca y a los dioses y regresaban a sus lugares de origen 55 Doris Heyden, “La muerte del Tlatoani, costumbres funerarias en el México antiguo”, Estudios de cultura Náhuatl, nº 27 (Ciudad de México, 1997), p. 90.
70 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. aunque “en recompensa del trabajo que habían tenido en venir de tan lejanas partes, les daban oro y plata, y ropas y mujeres y criados; y a los señores principales licencia para que anduvieran en andas”. 56 Las semejanzas con el funeral del inca, salvando las distancias lógicas por la excepcionalidad de la muerte de un gobernante en comparación con una fiesta anual, son llamativas. Para la fiesta de la Purucaya, existe un paralelo significativo en la fiesta del Huarachicuy, que Molina sitúa en el mes de noviembre. En ella se “armaban caballeros” 57 los miembros de la élite incaica, siendo el ritual de paso a la edad adulta. El ritual consistía en que los jóvenes realizaban diferentes pruebas en los alrededores del Cuzco (como por ejemplo en Huanacauri) y pasadas dos semanas se realizaban diversos rituales en la plaza del Cuzco. Curiosamente, se incluía también una batalla ritual entre los jóvenes pertenecientes a Hanan Cuzco y Hurin Cuzco. 58 Estos paralelismos nos permiten afirmar, de un lado, que las ceremonias seguían las pautas generales de las festividades cíclicas incaicas 59 y del otro que se trata de dos ceremonias independientes dirigidas a dos públicos diferentes y, en consecuencia, con objetivos distintos. Si analizamos detalladamente el funeral y tenemos en cuenta que su esquema organizativo coincide con otras fiestas incas en las que su objetivo era que las élites provinciales visitaran la capital para reafirmar sus lazos de sumisión y pagar el tributo (véase el caso de la Situa, pero también del Capac Raymi) parece clara la intención de Pachacuti de instituir una fiesta que reiterara esa fidelidad en un momento de clara crisis política. A lo largo de la historia del Tahuantinsuyu fue recurrente la aparición de conflictos políticos tras la muerte de un Sapay Inca. El hecho de que la sucesión no estuviera marcada por una regla estricta, tal como la primogenitura, sino que naciera de la elección por parte del antecesor y su ratificación de la mano de las élites incaicas, generó complots, insurrecciones y estratagemas varias en casi cada una de las sucesiones en el trono. 56 Cristóbal de Molina, Relación de las fábulas y ritos de los incas. Lima: Universidad San Martín de Porres Fondo Editorial, 2008[15929-1585]. p. 81. 57 Íbidem, p. 85. 58 Íbidem, p. 104. 59 De hecho, no podemos olvidar que según las crónicas el calendario festivo del Cuzco también fue instituido por Pachacuti.
71 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. Pachacuti, consciente de la debilidad que eso le podía suponer al nuevo orden imperial, quiso pautar el programa de los funerales de estado para establecer no sólo la parte ritual sino también una estrategia que permitiera evitar levantamientos en el imperio aprovechando la debilidad del imperio. Esto explica porque en los tres primeros días de duelo ni hay ninguna actividad dedicada al muerto ni su fallecimiento se hace público. La orden es que debe mantenerse en secreto mientras se reúnen los señores y eligen al nuevo Sapay Inca, el cual será el encargado de hacer público su nuevo cargo antes de anunciar la muerte de su antecesor. Esto ocurría en palabras escritas por Betanzos “porque la gente sabido que ubiese que avia [sic] nuebo señor no se alborotase a querer hazer algún levantamiento sabida su muerte”. 60 Esta práctica también la cita Sarmiento en su explicación de la muerte de Huayna Capac: “fueron los orejones que con él se hallaron en tiempo de su fallecimiento, al Cuzco, para hacer la ceremonia acostumbrada, que era alzar el inca su sucesor antes que se supiese la muerte del inca, por la orden que hizo […] Pachacuti”. 61 Teniendo en cuenta estas precauciones, no es extraño que el funeral se concibiera con el mismo esquema que el resto de festividades en las que los señores de provincias debían visitar el Cuzco. De hecho, resulta llamativo que según el testimonio de Betanzos, el requerimiento a los curacas para que viajaran hasta el Cuzco no respondía a la necesidad de participar en los funerales sino de a la de brindar acatamiento al nuevo señor. Así pues, el motivo del viaje era la coronación de un nuevo Sapay Inca. Cómo debemos entender entonces los sacrificios realizados en la plaza frente a los curacas de provincias: ¿funeral o entronización? Probablemente el interés de Pachacuti era que ambos actos quedaran mezclados para establecer una solución de continuidad entre uno y otro y así mostrar una estabilidad en las estructuras de poder que impidiera que las provincias aprovecharan un momento de debilidad para rebelarse. En esta línea debemos entender también la decisión de amortizar los depósitos estatales en beneficio de toda la población del imperio. En mi opinión esta redistribución de riquezas que favorecía no solo a los curacas que visitaban el Cuzco (como en el caso de las otras fiestas) sino 60 Betanzos, op. cit., p. 259. 61 Sarmiento, op. cit., p. 138. Cabe decir que, a pesar de ello, en este caso hubo un complot porque Curi Ocllo advirtió a sus parientes y estos se organizaron para nombrar a otro heredero.
72 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. a toda la población venía ser una suerte de panem et circenses que permitía contentar a los habitantes del imperio y evitar así un posible alzamiento aprovechando que el nuevo señor aún no había podido asentar su poder. De hecho, la elaboración de los bultos y la consecuencia práctica de lo que Conrad y Demarest llamaron herencia partida, 62 implicaba que el nuevo señor iniciaba su mandato sin recursos suficientes para hacer frente a una rebelión. Por este motivo era importante que el funeral del Sapay Inca se planteara como una continuidad del sistema y que se intentaran prevenir los levantamientos en las provincias. Sin embargo, esta estrategia condenaba el funeral a una fiesta que no estaba a la altura de la muerte de un gran gobernante y, en mi opinión, esto explica que se instituyera una segunda ceremonia en la cual –esta vez síse recordara al fallecido con gran magnificencia, pero en el seno de la capital y solo incluyendo a las élites que eran las encargadas de guardar memoria de la historia tahuantinsuyana. Ahora bien, ¿por qué había que esperar un año para realizarla? Como se ha comentado anteriormente, Betanzos dedica tres capítulos a narrar las disposiciones de Pachacuti sobre la forma en la que celebrar los funerales de los Sapay Inca. En el capítulo siguiente, el XXXII, justo antes de morir, añade una orden más. Escribe el cronista: …mandó que luego que él muriese se hiziesen las tales variedades y sacrificios, que ansimismo luego que esto fuese hecho enviasen a toda la tierra y que todas las provinçias y pueblos tornasen a traer de nuevo todo lo nesçesario para el servicio del nuevo señor, ansí de oro como de plata, como de ganados y ropa y de los demás mensteres fuesen tornados a henchir y reparar todos los depósitos que por su fin y muerte avían sido vasiados para los sacrifiçios y cosas que ansí mandava que se hiziese y que fuesen tan abundantes porque vía y la paresçía que yva aumentando y engrandeciendo más el Estado del que ansí Ynga era. 63 La Purucaya era una fiesta que llevaba a cabo el nuevo Sapay Inca instituido, pero éste había alcanzado el poder en medio de un funeral que acababa con la amortización de los 62 Geoffrey W Conrad, Arthur A. Demarest, Religión e imperio. Dinámica del expansionismo azteca e inca. Madrid: Alianza editorial, 1988. 63 Be4tanzos, op. cit., p. 267.
73 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. depósitos provinciales. Si a esto, le sumamos que por la herencia partida tampoco recibía los bienes de su antecesor, nos encontramos con un nuevo gobernante que, tras haber superado las conjuras de la élite y hacerse con la borla real, se encontraba sin recursos ni personales ni estatales. Si quería mantener su poder debía garantizar la estabilidad del imperio llenando de nuevo los depósitos provinciales, cuyos recursos servían para alimentar, por ejemplo, a funcionarios y soldados. Siendo así, no es extraño que la fiesta no tuviera lugar a continuación del funeral, pues la necesidad de mantener el imperio bajo control en un momento vulnerable requería de toda la atención por parte del gobierno. Tras un año de mandato, el Sapay Inca habría tomado el control absoluto, habría rellenado los depósitos y habría acumulado suficiente riqueza como para llevar a cabo la fiesta que debía recordar a su antecesor. Es probable, por otra parte, que la majestuosidad de la fiesta respondiera al interés del nuevo gobernante en demostrar su poder frente al resto de las élites y así afianzarlo. En este sentido la fiesta se convertía en un recuerdo a la memoria del antecesor pero también en la demostración de la fortaleza de la nueva familia que ostentaba el poder, especialmente en un contexto de conflicto entre las panacas del Cuzco. De hecho, es significativo que las tres fiestas que nos detalla Betanzos son todas de carácter guerrero y tienen un discurso legitimador basado en la fuerza militar. Puede sorprender esta belicosidad en una fiesta que estaba dirigida únicamente los incas de alto estatus pero se comprende si recordamos que Pachacuti era el representante de la facción militar de la élite cusqueña, es decir, Hanan Cuzco. Ésta se había impuesto por encima de Hurin Cuzco, la facción religiosa asociada al clero solar, y el noveno Sapay Inca quería que este hecho se guardara en la memoria colectiva. Partiendo de esta premisa toma verdadero significado la segunda performance relatada por Betanzos que incluía dos escuadrones representando a Hanan y Hurin Cuzco batallando. Como hemos visto anteriormente este tipo de luchas también tenían lugar durante la fiesta del huarachicuy, pero para la Purucaya existe una diferencia notable: la facción que emulaba a Hanan debía ser siempre la vencedora. Así, no se trata de una batalla simbólica ni de un
74 Número 41, diciembre 2018, pp.54-74 Ariadna Baulenas i Pubill Pachacuti y la institución del Purucaya: ceremonia político-funeraria en el Incanato Dossier La Muerte: pasado y presente. entrenamiento de jóvenes guerreros, se trata de una clara escenificación del orden sociopolítico impuesto por la facción militar dentro de la élite incaica. Si la Purucaya era entonces una ceremonia funeraria pero que tenía un trasfondo político tan evidente como el de escenificar la fuerza de una facción sobre otra, resulta coherente que Pachacuti diera un margen de tiempo razonable al nuevo gobernante para que este pudiera afianzar su poder y así plasmar con más magnificencia este recuerdo del Sapay Inca fallecido y con él la de un imperio gobernado con la fuerza militar. En síntesis, si partimos de estas hipótesis podemos afirmar que Pachacuti ordenó como debían celebrarse los funerales de los gobernantes incas para garantizar la vida más allá de la muerte, no en sentido figurado sino en sentido literal: el noveno Sapay Inca quiso asegurarse que de que su “horden y razón en esta vida y mundo” 64 permanecieran en el Tahuantinsuyu más allá de su muerte. 64 Betanzos, op. cit., p. 267.