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La libertad en la filosofía de la cuadratura de Heidegger

Rojas Jiménez, Alejandro

Abstract

Exposición del corazón filosófico de la cuadratura que la presenta como una reflexión en torno a la tarea del pensar y la libertad.

Full text

Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 525 LA LIBERTAD EN LA FILOSOFÍA DE LA CUADRATURA DE HEIDEGGER1 Alejandro Rojas Jiménez. Universidad de Málaga Resumen: Exposición del corazón filosófico de la Cuadratura que la presenta como una reflexión en torno a la tarea del pensar y la libertad. Abstract: This paper is an exposition of the philosophical core of the Quadrature. It presents the Quadrature as a reflection around the task of thinking and liberty. 1. LA RECEPCIÓN DE LA CUADRATURA POR PARTE DE LA ACADEMIA Ante todo, considero oportuno situar la Cuadratura, y para ello considero interesante establecer cuatro momentos bien diferenciados en lo que respecta a la recepción de la Cuadratura por parte de la academia: a) La etapa de los seminarios: Los inicios de la Cuadratura son sus mejores tiempos. Los seminarios de un Heidegger incluido en la lista negra al que acudían un grupo selecto de oyentes que, aunque pocos, eran fieles (incluso el espía de la Gestapo se descubre ante su maestro). Estos seminarios se convierten en un mensaje cifrado (simbólico) que recuerda a las doctrinas no escritas de la escuela platónica. b) Después de 1945: el colapso tras quedarse sin oyentes: Lejos de crear escuela, lo que ocurre después de 1945, es que Heidegger se queda sin oyentes. Hace tiempo que ya no hablaba para los nacionalsocialistas, y después de la guerra los aliados castigarán a Heidegger quitándole la venia docendi: se queda sin alumnos. Al darse cuenta se desmaya. Tuvo que ser auxiliado por un viejo amigo psiquiatra, pero sólo se recuperó al volver a tener oyentes, esto es, cuando tres semanas después Beaufret y Towarnicki lo reconocieron como profesor y fueron a escucharlo. Sólo entonces Heidegger se recuperó y volvió de su retiro, para en 1949 alcanzar la formulación madura de la Cuadratura. Si bien, a pesar de recuperar oyentes, no acaba de hacerse entender, y quizás por eso Heidegger se preocupará mucho por la edición de su obra a la espera de oyentes futuros (como los de Nietzsche). Curiosamente serán los nietzscheanos de la mano del 1 La exposición que se ha llevado a cabo en este trabajo responde a una investigación doctoral que se defenderá en noviembre de este mismo año y que lleva por título La Cuadratura. La última palabra del pensamiento ontológico de Heidegger. 526 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 pensamiento débil quienes lo recuperarán después de que decayese el éxito del Heidegger existencialista que había entusiasmado a los franceses antes de la Guerra c) Estadio de denuncias y disculpas: La filosofía del segundo Heidegger fue olvidada bajo la sombra de denuncias y redenciones en torno a la vinculación de Heidegger al nacionalsocialismo. Sin nadie que quisiera profundizar en el asunto del pensar, la Cuadratura permanecía oscura y extraña, y fue rechazada como la obra decadente de un filósofo venido a poetastro. El mundo académico se había convertido en el comisario político o en el juez redentor del individuo Heidegger y se había olvidado del asunto del pensar filosófico. d) La superación del impacto de la figura Heidegger: En los últimos tiempos la filosofía de Heidegger se ha convertido en una senda que viene (como reza el simposio de Madrid de 2006), en un camino que nos asalta. El mundo académico se enfrenta a la Cuadratura como tema filosófico. Podríamos destacar por ejemplo las 17 páginas del Heidegger de Leyte dedicadas a la Cuadratura. La investigación que he estado llevando a cabo se encuentra en esta etapa, como continuación del intento de hacerse con la cosa del pensar. Si bien intenta aportar una novedad en el mundo académico: considero que mi investigación abandera el compromiso teórico de proponer la primera selección de lugares dentro de la obra de Heidegger a partir de los cuales sugerir una propuesta filosófica de lo que podríamos denominar el sentido profundo o el corazón filosófico de la Cuadratura. Una labor que tampoco se ha llevado a cabo fuera de España. Mattéi ha sido el único que ha escrito un libro dedicado expresamente a la Cuadratura, y aunque otros como Stummpe, Wenzel o Holter Helting también han escrito sobre ella, entiendo que es Mattéi quien debe pasar a ser el Trásilo de Mendes de la obra Heidegger. 2. LA LIBERTAD EN LA FILOSOFÍA DE LA CUADRATURA DE HEIDEGGER Llegados a este punto, una vez situada tanto la Cuadratura como mi investigación, considero, todavía necesaria una breve introducción al tema que afrontaré hablando de la muerte como fin de la existencia, tal y como la presenta Heidegger. Ser hacia la muerte, Sein zum Tode. Hacia ella nos dirigimos; es el fin de la existencia. Es cierto que podríamos pensar fines mucho más vitales, como tener una familia o ganar mucho dinero, tener un trabajo estable o llegar a saberlo todo (aunque esto último es más bien tarea de un espíritu universal). Pero la muerte no es fin en este sentido, no es un proyecto al que dedicar la existencia, sino la anticipación de un futuro presente por venir. Y es precisamente ante la angustiosa presencia de nuestra muerte cuando comprendemos que los proyectos no son futuros presentes por venir, sino presentes proyectados (y ningún presente agota este proyectar, salvo la muerte). Así, hacemos tesis doctorales o nos enamoramos; y todo ello siempre proyectando el presente: ser filósofo o formar una familia. Un presente sin proyectos es un presente incomprensible, donde incomprensible no designa que no tenga explicación, ya que la explicación está Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 527 clara: una existencia anónima que vive sumergida en el río impersonal de la cotidianidad dejándose arrastrar por lo que todo el mundo hace. Pero a esta explicación le falta comprensión. La comprensión se produce cuando nos hacemos cargo de nuestro presente, y lo proyectamos hacia el futuro. Lo cual no significa dominarlo, imponerle al curso de los acontecimientos nuestra voluntad; no se trata de vivir esperanzados en la posibilidad de hacer venir un «futuro presente» acorde con nuestros sueños y expectativas. Es cierto que hay toda una tradición que intenta comprender el presente estudiando el pasado. Y es cierto que también el pasado debe ser tenido en cuenta, pero desde el punto de vista de que para el existente el pasado no pasa, sino que se mantiene afectando a la existencia, de modo que todo posible proyectar el presente está ya afectivamente dispuesto. Dicho lo cual, y frente al intento de comprender el presente estudiando el pasado, afirmaré que la comprensión del presente no se juega en el pasado, sino en el instante de la decisión y de la elección, en el instante en el que nos preguntamos ¿y qué hago ahora? Ahora que la investigación doctoral ha llegado a su fin, ahora que estamos casados, ahora que la perra ya no corre por el campo… ¿y ahora qué? Esta es la pregunta mediante la cual agarramos nuestro presente con las dos manos y al tomar la resuelta decisión de abrirnos hacia nuevos proyectos siempre afectados por el pasado, se nos hace auténticamente comprensible nuestro inmediato presente. Si nos detenemos aquí tendremos la impresión de que los franceses tenían razón y Heidegger es sólo un filósofo existencialista. Pero este no es el punto de llegada, sino el comienzo de la cuestión de fondo: en ese instante de la decisión en el que ponemos nuestra existencia frente a frente, y comprendemos nuestro presente, Heidegger destaca la pertenencia del Dasein a su mundo: in der Welt sein. Y mientras que un pensador clásico hubiera dicho sencillamente que el acto de presenciar es la acción luciente de la razón, Heidegger dirá por su parte que la inteligencia sólo puede comprender lo que ya ha sido dado para su comprensión. Nos propone así, una inteligencia receptiva, como la de Kant, donde la presencia nos pasa, la padecemos, nos asalta como el rayo en medio del bosque; y si lo que se comprende es lo que se encuentra iluminado para su comprensión, entonces, pues hemos dicho que comprender es proyectar el presente, resulta que nuestros proyectos son aquellos que nuestro mundo hace posible. Las cosas remiten unas a otras, y lo que hace el hombre es comprender dichas remitencias y, de este modo, se proyecta hacia el futuro. Quiero decir, lo que se comprende es la condición respectiva. Así, comprendo lo que es un martillo cuando comprendo su relación con el cuadro, la pared y el clavo. Cuando comprendo la relación respectiva puedo proyectarme hacia el futuro y comprender la posibilidad de colgar cuadros en la pared del salón. Pero esta relación no la inventamos, sino que la comprendemos: se trata de una posibilidad que nos abre la comprensión de la respectividad; de modo que toda comprensión está sujeta a dicha relación que nos descubre el sentido de los entes del mundo (reducidos a útiles). Claro está, no sólo comprendemos una función, y precisamente en la posibilidad de comprender otros usos se haya la clave para apropiarnos de la existencia y hacerla nuestra. El Dasein no inventa relaciones, sólo las comprende (tampoco la existencia auténtica inventa relaciones). Y siendo así, la comprensión de nuestro presente, nuestros proyectos, están sometidos a esta red remisional que nos instala en un mundo previamente abierto. 528 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 Será en la profundización de este darse la posibilidad de su comprensión, cuando Heidegger descubrirá que no se trata sólo de que nuestros proyectos se encuentren situados en un mundo que nos abre lo que puede ser comprendido, sino que además ni siquiera los proyectos los dirigimos nosotros, sino que nuestros proyectos son respuestas a la tarea que se nos impone como demanda de nuestro propio tiempo. Es decir, no es sólo que se puede pensar la locomotora porque se comprende la relación respectiva entre el carbón, el vapor, la rueda y los rieles, sino porque pensar cómo transportar la mercancía desde la fundición hasta el canal demandaba al pensar a una tarea que, por supuesto, no se agota en el descubrimiento de una locomotora de vapor, y por eso hay toda una historia del tren que pasa por los trenes eléctricos y llega hasta el ICE alemán o el AVE. Sí es cierto, que la respuesta es propia y personal de Richard, pero no la demanda de la tarea. Por supuesto, los proyectos no son «futuros presentes», y por eso su realidad no consiste en realizar la tarea. La tarea se mantiene como demanda en vistas a la cual proyectamos nuestro presente, pero la tarea misma no se identifica con ninguna proyección concreta generándose una historia. El ejemplo de los trenes puede ser claro, pero en cualquier caso hay una tarea mucho más importante y que ocupa a la filosofía desde sus inicios: la verdad. Desde sus inicios, desde que el hombre griego tuvo respuestas acerca del fundamento y el destino que les permitían orientar la acción práctica, la filosofía aceptó la tarea de evaluar la verdad de las propuestas. Su tarea, su tarea era así, la verdad. No pudo ser una tarea antes, ya que la verdad sólo se impone como tarea cuando el hombre ha respondido ya y se orienta a su modo en el mundo. Una tarea ésta que ha dejado tras de sí toda una historia del pensar que conocemos como historia de la filosofía. Pues bien, que la verdad es el proyecto que se le impone al filósofo como tarea es el asunto de la Cuadratura. El primer Heidegger no había entendido aún lo que significaba una “tarea”, sabía que el futuro consistía en proyectar el presente, pero después de la visión de los nuevos funcionarios de Karlsruhe (1933), comprenderá que proyectar nuestro presente responde a un tarea que no tiene por finalidad hacerse presente, sino poner en marcha la actividad del pensar (este sentido de la demanda tiene su origen en el idealismo alemán). Por eso Heidegger deja de ser el Führer del Führer que había pretendido ser, y se retira del escenario político para enseñar que la tarea es el futuro como demanda. La filosofía de la Cuadratura consiste en mostrar en qué sentido la tarea se distingue de los proyectos como la pregunta de la respuesta; esto es la Cuadratura. No es la respuesta a una pregunta, sino la formulación simbólica de la siguiente pregunta: ¿en qué sentido la verdad es una tarea que se distingue de cualquier respuesta como la llamada que mueve eróticamente hacia ella? O también de este otro modo: ¿cómo somos proyectados hacia la verdad? Llegamos así al punto central de la investigación, la Cuadratura, que paso a exponer brevemente. No sin antes dejar constancia de que en la filosofía de la Cuadratura Heidegger ha desatendido la importancia de los otros. El hecho de que además de mí hay otros es un elemento imprescindible para entender porqué las cosas no salen como proyectamos. Tanto había desatendido Heidegger al otro que no se para a pensar (y debía haberlo hecho) en su responsabilidad con tales otros. Y no podemos decir que no fuera consciente de su responsabi- Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 529 lidad, ya que, si no lo era, Jasper se encargó de hacérsela ver. Pero sea como sea, su despreocupación por los otros le impide ver que si en 1933 lo visto no era lo esperado, es porque había otros con otros proyectos. Es aquí donde se encuentra a mi entender la clave del giro ético que propone Levinas frente a Heidegger. Empezaré por exponer el sentido simbólico de los Mortales como los que son capaces de la muerte como muerte. El sentido fundamental de esta definición es que sólo él vive ante la presencia de la muerte, precisamente porque es capaz de proyectar su presente hacia el futuro. A lo que hay que añadir que para que ocurra este proyectar el hombre tiene que ser afectado: es la injusticia que nos afecta la que nos mueve a proyectar nuestro presente hacia un futuro más justo, y es la pasión amorosa que nos afecta la que nos mueve a proyectar nuestro presente hacia un futuro en el que estemos juntos. Pero esta pasión que nos abre los ojos a un mundo eminentemente nuevo, también nos oculta otros mundos posibles: dicha pasión nos ciega, en el sentido en el que decimos que alguien ha sido cegado por la ira o cegado de amor: cegados proyectamos nuestro presente, dejando de ver otras posibilidades. Por eso los mortales, en la formulación de la Cuadratura no nombran el desocultar, sino el ocultar de las cuatro dimensiones de la desocultación; porque ellos expresan la siguiente dimensión de la verdad: que entender las cosas de un modo es dejar de entenderlos de otros (el enamorado sólo se ve casado). Entre los más cegados de todos se encuentran aquellos que padecen la demanda de la verdad. Así, Galileo se enfrentó sin ser capaz de demostrar sus tesis a la ciencia de su tiempo, y Tomás de Aquino se puso a estudiar a Aristóteles aunque estuviera prohibido. Los cegaba su amor por la verdad, y no estaban dispuestos a ver las cosas de otro modo; como Ockham, que no estaba dispuesto a rectificar pese al ordenamiento de la Iglesia. Los mortales expresan una dimensión de la verdad misma: que la verdad no es sólo manifestación, sino al mismo tiempo ocultación. Debe aclararse que no se trata de una limitación de la capacidad humana, sino de un rasgo esencial de la verdad: si el fenómeno comparece en un presente que le confiere sentido, dicho presente, al mismo tiempo que permite que el fenómeno comparezca, oculta otras comparecencias posibles. Dicha limitación de la verdad es, en un sentido de cuatro, la fundamentación de la posibilidad de la transformación histórica de la verdad. El problema es que hoy en día, la perfección de nuestros útiles y medios nos ha instalado en la consideración cotidiana de que vivimos en el mejor de los mundos pensables, y hemos perdido la fuerza vital para proyectar nuestro presente hacia nuevos presentes posibles. Es el mal del imperio de la tecnología: nada nos afecta lo suficiente como para proyectar nuestro presente. Y nada más humano parece ser que huir de este mundo y sorprender saliendo por la tangente: ¡me voy al bosque! Es lo que hizo Heidegger (¡al campo!, diríamos en España). Allí quizás haya cierta salvación, porque allí todavía miran al cielo para ver la señal que indique la lluvia… y si allí puede quedar un lugar para la salvación, es porque de lo que se trata es de ver señales. Del mismo modo que la sonrisa de la mujer bella me señala una posibilidad que antes permanecía oculta y que me mueve enamorándome a proyectar el presente hacia un futuro junto a ella, Heidegger espera la señal que nos despierte del letargo filosófico y nos mueva apasionadamente hacia nuevos horizontes que permanec- 530 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 ían ocultos bajo el imperio de la técnica. El filósofo debe asumir su tarea, pero, y es aquí donde cobran suma importancia las señales, un nuevo presente (un nuevo modo de presenciar) debe ofrecerse como posibilidad para nos mueva afectivamente. Este ofrecerse es lo que nombran los Divinos. Y por esto mismo, si los Mortales nombraban un ocultar, los Divinos designan el desocultar: porque ver las cosas bajo una nueva luz no ocurre, según Heidegger, porque nos pongamos a pensar de nuevos modos, sino porque somos llevados mediante señales hacia nuevos modos de presenciar. Ahora bien, hay que aclarar que las señales no deben confundirse con el desocultamiento. El desocultar de los divinos consiste en mostrar la posibilidad de nuevos modos de ver las cosas bajo una nueva luz, pero no ver las cosas de nuevos modos. Lo que hacen es ponernos en camino hacia esa nueva luz, y, por eso, Mortales y Divinos nombran sólo dos sentidos de la cuádruple dimensión de la verdad. Hay que añadir que si es posible esta acción de ocultar y desocultar es porque se da la posibilidad, esto es, porque hay posibilidades ocultas que pueden manifestarse como ausentes. Lo oculto, nombrado por la Tierra, soporta y erige la posibilidad de nuevos modos de desocultar. Designa el límite de la presencia por la que ésta no puede ser totalizada y sobre la que se funda la sustitución de una presencia por otra (de una delimitación por otra). Claro que lo oculto en el desocultamiento sólo erige la posibilidad de nuevos modos de ver bajo la luz al mostrarse éstos como ausentes. Es decir, cuando la ausencia se vuelve inausencia. Dicha inausencia es hacia la que señalan los Divinos, pero la inausencia misma no la nombran los Divinos, sino el Cielo, que es la cuarta dimensión de la verdad. No debe confundirse la inausencia con el desocultamiento de algo presente, sino con la presencia misma que el desocultamiento asume como su horizonte. Sobre este sentido cuádruple de la verdad se funda su mudanza histórica, y por eso Mortales y Divinos, Tierra y Cielo son también voces del destino. En resumen la Cuadratura expresa lo siguiente: que toda presencia acontecida esta soportada sobre la ausencia de otras presencias, y al ser afectados por la señal que nos lleva hacia su inausencia, la verdad se convierte en la tarea del filósofo a la que responde proyectando su presente. Y como quiera que todo proyectar esta cegado, que al responder ocultamos otros modos de presenciar que se mantienen ocultos soportando otras presencias posibles, se establece el ciclo infinito de la transformación histórica de la verdad como tarea que al ser respondida da lugar a la historia de la filosofía. Mi trabajo de investigación intenta mostrar cómo la Cuadratura expuesta de este modo es una interpretación que respeta la trayectoria especulativa de Heidegger. Y además se completa con la exposición de ciertas reticencias a la misma basadas fundamentalmente en la consideración de que en la filosofía de la Cuadratura la libertad del pensador está en peligro. No comparto la consideración heideggeriana de que el pensar está subordinado a la potencia de la inteligencia. Defender que el acto de pensar es anterior a lo que puede ser pensado, y que sobre esta prioridad se funda la libertad del pensador, está siendo la última fase de mi investigación. Heidegger cree que es la tarea lo que mueve al pensar y lo pone en marcha interpelándole, pero tengo para mí que como decía Aristóteles la actividad del pensar es lo primero. Sería precisamente en virtud de la primacía de dicha actividad por lo que brotan Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 531 las tareas, y no la tarea la que genera la actividad (como sostuvo también el idealismo alemán). El pensar puede desatender las tareas; y al hacerlo, volver sobre su propia actividad, y al entender su propia operación, buscar, en lugar de encontrar, otras operaciones: pensar de distinta manera (lo cual no significa hacer de la filosofía un orden deliberado). Pero esto sólo es posible si el pensar es capaz de desobedecer a su tiempo, y a su vez esto sólo es posible si la actividad del pensar es anterior a la potencia de la inteligencia. Seguramente además sólo el filósofo sea capaz de desobedecer su tiempo y buscar, en lugar de encontrar, y por esto mismo quizá la filosofía primera es un saber que existe continuamente en crisis. Alejandro Rojas Jiménez [email protected]