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— 51 — CAPÍTULO III SABERES PARA EL BUEN VIVIR EN LA CULTURA DIGITAL DESDE EL SUR GLOBAL Adira Amaya Urquijo Andrés Fonseca Díaz Resumen El presente trabajo busca dar visibilidad al lugar de enunciación de las personas mayores en la cultura digital desde el Sur Global. Tiene como base un estudio investigativo de corte biográfico que se interroga por el lugar de las tecnologías de comunicación e información en el desarrollo de posibilidades de creación de sí y de las luchas por el buen vivir de hombres y mujeres mayores, que en contextos precarizados y de creciente desigualdad como el colombiano, configuran rutas y trayectorias de encuentro con las TICs. A lo largo del texto se reconocen posicionamientos que se imponen a los guiones de la vejez del orden global, outsiders del sistema moderno capitalista, colonial y patriarcal, dibujando un ecosistema integrado de saberes y experiencias cultivados en lo cotidiano que ofrecen una matriz civilizatoria alternativa, articulada en temporalidades, espacialidades, prácticas de cuidado, autonomía, formas de estar juntos, que invitan a repensar la cultura digital más allá de jerarquías epistémicas. Palabras Claves Epistemología, buen vivir, cultura digital, conocimientos tradicionales
— 52 — Introducción En esta investigación buscamos indagar y comprender los saberes de las personas mayores12, ya que en ellos se expresan además de formas de ser y hacer y de relación con los otros y el mundo, oportunidades para suscitar algunas reflexiones acerca el significado del saber, las tecnologías y el buen vivir. Para hablar de los saberes, hemos acudido a una serie de metáforas encarnadas en formas de ser, pensar, hacer y convivir, personificadas por voces marginales, outsiders del sistema, que quizá aún no han sido lo suficientemente escuchadas, sentidas y comprendidas. A pesar de estar expuestas a múltiples exclusiones en los contextos latinoamericanos, entre las personas mayores coexisten a manera de susurros, de rumores silenciosos, un tejido de experiencias donde se reflejan fractales de la sabiduría humana que muy bien podrían nutrir nuestras formas de vivir o resistir desde el Sur Global diverso a la forma de conocimiento que se asume como universal13. Este estudio intenta entonces comprender “lugares de enunciación” fronterizos (Mignolo, 2003) configurados por las personas mayores desde historias locales de las periferias, con el objetivo de identificar saberes y formas de hacer que la sociedad (industrial y post-industrial) subestimó - en su afán por el progreso, la velocidad, la novedad, la hiperespecialización y las lógicas de obsolescencia programada. La articulación que permitió estructurar la relación entre la cultura digital y las personas mayores, fueron aquellos saberes y narrativas que como lo mencionamos anteriormente, visibilizan unas formas de ser y estar en el mundo y que contribuyen a sintonizar con las necesidades y experiencias que dan sentido y vitalidad a su existencia y al bienestar colectivo en el horizonte de los principios del Buen 12 El grupo poblacional con el que se trabajó, fueron hombres y mujeres mayores de 60 años participantes del programa de alfabetización crítica digital en la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá, Biblored. Comprendemos la condición adulta mayor como experiencia generacional socio-histórica definida por contextos de socialización que van más allá de la edad o la biología. 13 Asumimos el Sur Global como una zona geográfica de América del Sur y Colombia en particular, pero también como una forma de pensamiento inspirado por la teoría critica de Boaventura de Sousa Santos que apuesta por el reconocimiento de múltiples epistemes y por una descolonización de las ciencias sociales de su sesgo eurocentrista, como “único lugar de enunciación”. Y el concepto de “lugar de enunciación” se erige como una forma de conocimiento que se asume como universal o verdadero sin conciencia geopolítica (Mignolo, 2003), por tanto también es un concepto crítico a la universalización que no se marca en el territorio o en la tierra sino en el lugar de las tradiciones.
— 53 — Vivir (Sumak Kawsay) recreado por grupos tradicionalmente marginados andino-amazónicos y orientales14. A través de una serie de entrevistas a profundidad y empleando los métodos de la investigación cualitativa - en especial la investigación narrativa, Bolívar (1998); Clandinin y Connelly (2000) y la investigación basada en artes, McNiff (1998); Huss y Cwikel (2005); Leggo, Grauer, Irwin y Gouzouasis (2004-2006) - en este trabajo se abordaron preguntas correspondientes a las historia de vida de las personas mayores, su subjetividad, los mundos relacionales, las visiones de mundo y la relación con las tecnologías. Nos adscribimos al método de investigación basado en artes y en ciencias humanas que brindan apertura y legitimidad a que el proceso de investigación esté integrado por narrativas que exponen geografías de la experiencia humana que suelen quedar ocultas bajo el rigor, la distancia, lo mensurable y lo objetivo (Hernández, 2008). Igualmente este trabajo está acompañado por las metáforas que surgen del encuentro entre la voz y la experiencia del investigador con la de los participantes (personas mayores). Al iniciar la lectura y comprensión de las entrevistas por categorías y al reconocer la singularidad de los saberes generados por las personas mayores, empezó a surgir una imagen global que denominamos paisajes del buen vivir. Con estos nos referimos al conjunto de saberes que están orientados al rediseño de hábitos y prácticas cotidianas en donde el ser humano encuentra una posibilidad de actualización de sus potenciales y permite interpelar a diferentes actores para experimentar vidas más integrales y placenteras para sí y para sus mundos relacionales. Así como las tecnologías transformaron profundamente la comprensión y el sentido de lo que implica saber y conocer (Innerarity, 2011); (Martín- Barbero, 2012); (Morin, 2016); (Lafuente, 2013), hoy en día, el desafío supone interrogarnos por razón dominante que reproducen, pero también por la dignidad de los saberes y a partir de ellos efectuar una “justicia cognitiva” que permita buscar, reconocer, valorizar, validar y establecer nuevas alianzas con ecologías de saberes desde epistemologías del sur (De Sousa, 2010) que alienten la conformación de prácticas de transformación del ser humano y de la vida en comunidad. Este trabajo no está supeditado a una búsqueda exclusivamente intelectual, sino que apuesta a que las narrativas que han sido tejidas en diálogo con las voces de las personas mayores, promuevan nuevas visiones a propósito de 14 Principios que parten de la idea de que se debe cuidar y respetar al conjunto de seres vivientes que coexisten en el ecosistema, conservar y fomentar la tierra, proteger los productos de consumo humano para mejorar el nivel de vida de la familia y de la comunidad […] (Tibán, 2000)
— 54 — la vejez, acerca de la humanidad compartida, los bienes comunes, el lugar de las tecnologías y saberes que enriquecen la vida cotidiana. El conjunto de relatos que más adelante se exponen, ofrecen posibilidades de re-exis- tencia ante las transiciones que estamos viviendo, de sociedades insertas en lógicas de la dominación, la exclusión, el egocentrismo, el sedentarismo y el individualismo, a otras orientadas por las poéticas de la cooperación, el cuidado mutuo, la solidaridad, la compasión y la vida plena. Necesitamos nuevas narrativas que nos den un cuadro más completo y fiel de quiénes somos y quiénes podemos ser - historias que muestren que nuestras enormes capacidades para la conciencia, creatividad y solidaridad son parte integral en la evolución humana, que estas capacidades son las que nos distinguen como seres humanos (Eisler, 2015). Se trata entonces de ver las cosas, saberes y fenómenos de la realidad social de maneras interconectadas; aspiramos entonces a tejer un paisaje común de saberes que conectan con campos de experiencia, que al tiempo que nos interpelan nuestros hábitos y hábitat, nos conducen a nuevas comprensiones del ser humano. Optamos, en efecto, por categorías como formas de pensamiento expresadas en metáforas que como ejes transversales en diálogo con la experiencia de participantes del estudio nos permiten ver en las partes y fragmentos de las entrevistas, totalidades o mundos sociales que dan cuenta de lo humano en profundidad con el contexto y a través de las formas de escritura, un entretejido prestando atención a saberes y prácticas que se afinan y fortalecen con el paso del tiempo como saber vital que se ha construido y del que se dispone para la vida social del grupo y de la humanidad misma. De este modo, elegimos las narrativas que además de contener espacio para interrogar nuestro presente, evocan lenguajes y expresiones donde se afirma la vida y lo por-venir. Hacia un marco integral para comprender las tecnologías Las tecnologías han jugado un papel significativo en la historia de la humanidad como catalizadores de procesos sociales -y especialmente las de última generación, las TIC e internet - han modificado las formas de comprender y de percibir el mundo, condicionado nuevos hábitos, maneras de relacionarnos con el saber, el trabajo, la vida y los territorios. Otra característica de crucial importancia que ha estado presente en la discusión de activistas y teóricos de la cultura digital, hace alusión a la emergencia de prácticas autodidactas que permiten a las personas prácticas más comprometidas y conscientes frente a sus propios quehaceres, aprendizajes y elecciones en la vida cotidiana.
— 55 — Las tecnologías hacen parte de la cultura y cada cultura y momento histórico genera también sus tecnologías. No es posible seguir pensando la subjetividad, la cultura, la naturaleza, la sociedad y las tecnologías como entidades separadas, ni desde marcos disciplinarios excluyentes, en los que sus enunciados abstractos y dicotómicos parecen perpetuar posiciones de superioridad en el saber, y muchas veces despreciando y negando diversas formas de sentir-pensar el mundo. Esta necesidad de repensar el lugar de lo humano en el mundo y la presencia de las personas mayores en contextos de apropiación de los repertorios tecnológicos, nos ha llevado no solo hablar de las tecnologías y competencias digitales, sino también concebir las tecnologías sociales expresadas en saberes y prácticas que sostienen la vida, y que facilitan la actualización de los potenciales y las capacidades humanas (Heller 1986, Senn y Nussbaum,1995, Eisler, 2015). Creemos pues necesario para comprender las culturas digitales, interrogar por el lugar que allí ocupa la configuración de lo humano y sobre los entornos que pueden potencializar la necesidad de saber, transformar y auto crearse; esta perspectiva, pone el énfasis en las posibilidades de ampliación del mundo relacional y no únicamente en los aparatos y dispositivos tecnológicos. Las tecnologías desde la visión que aquí se expone, son comprendidas como la imaginación, los saberes y la creatividad que actualizamos en la vida cotidiana, incluyendo las relaciones con nosotros mismos, los otros y el mundo. Las tecnologías no son solamente objetos dispuestos a ser usados, sino que hacen transparente lo que siente, piensa, vive y experimenta una persona o una comunidad al momento de transformar su realidad. Encontramos afinidad con la perspectiva de Riane Eisler (2015), quien señala dos formas de comprender las tecnologías: las primeras relacionadas con el sostenimiento de la vida y otras que promueven la actualización de los potenciales humanos. Según Riane Eisler (2015), las tecnologías para el sostén de la vida: “…están diseñadas para mantener la vida y salud de nuestros cuerpos y nuestro medioambiente. Ellas incluyen la agricultura, los tejidos, la construcción y otras formas de satisfacer nuestras necesidades básicas de sobrevivencia”…”además, ellas incluyen un conjunto amplio de tecnologías de comunicación y transporte, desde nuestra lengua y nuestras piernas hasta los aviones, las radios, los teléfonos y correos electrónicos. Las tecnologías de sostén de la vida incluyen también los métodos que facilitan los alumbramientos sanos y permiten a los padres espaciar el nacimiento de sus niños como para poder sostenerlos adecuadamente. Ellas incluyen tecnologías para prevenir y curar las enfermedades, y tecnologías que previenen el agotamiento y la contaminación de nuestro ambiente natural”.
— 56 — El segundo tipo de tecnología que nos habla esta autora y que denomina de actualización, hace referencia a tecnologías diseñadas para ayudar a realizar nuestros potenciales más complejos: nuestras capacidades de conciencia, razonamiento, empatía, creatividad y amor: “Estas tecnologías nos ayudan a satisfacer nuestro profundo anhelo humano de vínculos solidarios, sentido, justicia y libertad. Las tecnologías de actualización también incluyen procesos materiales e inmateriales. Los ejemplos antiguos de tecnologías de actualización son la música, las artes, la meditación y otras técnicas de crecimiento espiritual. Muchas tecnologías de actualización son tecnologías relacionales, como ser mejores métodos de cuidado infantil y educación. Son también tecnologías sociales, como ser la educación pública, la política democrática”. Así entonces las tecnologías como “nuestros activos económicos más importantes no son financieros: la verdadera riqueza de las naciones la conforman los aportes de las personas y nuestro ambiente natural”. Podríamos entonces enfocar “la mirada a la riqueza que producen las personas con sus manos, con su tiempo y con sus cuerpos, y la riqueza de la propia naturaleza que, justamente por ser parte de este círculo virtuoso de dones, no es ni debería ser objeto de mercantilización” (Eisler, 2015). Hemos aprendido del pensamiento sistémico (Bertalanffy, 1940, Bateson, 1985), de las visiones integrales (Wilber, 2009), como de las sabidurías andino-amazónicas (Estermann, 1998), el principio de relacionalidad y correspondencia, que se ejemplifica que detrás de cada fenómeno o experiencia existe un perspectiva subjetiva, material, cultural y social y todas son interdependientes e interactúan mutuamente. Una visión holística de la cultura digital y de las tecnologías de la información y la comunicación, supone comprender que los artefactos técnicos no son meros objetos, sino que en ellos están codificados saberes, imaginarios, valores, motivaciones y están inscritos en infraestructuras físicas y simbólicas. Resumiendo entonces, podremos advertir por lo menos cuatro perspectivas, que utilizando el modelo AQAL expuesto por Ken Wilber (2009) nos permite abordar y comprender de una manera integral el fenómeno de las tecnologías: a) las personas y su mundo subjetivo (sueños, saberes, emociones, pensamientos); b) los valores culturales que movilizan las personas y comunidades a través de tecnologías; c) las tecnologías y dispositivos que usamos en la vida cotidiana y d) las prácticas sociales que a partir de las tecnologías personas y colectividades movilizan. Posibilidades y críticas a las tecnologías A las tecnologías digitales se les han reconocido muchas potencialidades; aquí una lista de las principales virtudes que suelen plantearse: coordinación de acciones en tiempo real y la aparición de multitudes inteligentes
— 57 — (Rheignold, 2009); acceso a diferentes fuentes de conocimientos; cooperación asíncrona a través de redes para la resolución de problemas; participación de las personas en redes locales y globales (Rueda & Fonseca, 2013); oportunidades de visibilización de contenidos, de actores sociales y de ciencia ciudadana (Lafuente, Alonso, Rodríguez, 2013); el diálogo con otras culturas y visiones de mundo; la descentralización del proceso de aprendizaje y el crecimiento de ambientes de aprendizaje autodidacta y amateur (Lafuente, 2013); la facilidad de comunicación a distancia y el abaratamiento de los costes de la innovación (Ito, 2016); la financiación de proyectos sociales vía crowdfunding y las presencia cada vez más extendida de redes donde se despliegan acciones colectivas por la soberanía y el autogobierno (Castells, 2012). Pero sería injusto solo mencionar lo positivo de esta transformación tecnocultural; estas potencialidades tecnológicas también tienen que ver con un conjunto de nuevos problemas. Somos testigos de la captura de la atención y el aislamiento que generan las redes sociales; la adicción electrónica, la colonización de la experiencia y la falta de tiempo fruto del incremento de la velocidad y la aceleración que introducen las tecnologías en nuestra vida cotidiana; una idea distorsionada de comunidad y de supuesta participación política que ofrece internet; la virtualización de las relaciones, donde la presencia, el tocar al otro, la escucha recíproca y los modos de construir comunidad se vuelven evanescentes. A pesar que las tecnologías han abierto las puertas al conocimiento, sigue existiendo en amplios sectores de la población, además de desigualdades en el acceso, un desconocimiento de los saberes y estados que nos conducen a una mejor convivencia y buen vivir; otras problemáticas en el ámbito tecnológico, conciernen al excesivo entusiasmo y fe ciega depositada en el mundo tecno científico; el exceso y saturación de información; la circulación de noticias falsas; la vanidad e ideas prefabricadas de identidad; la fragilidad de los espacios públicos y el sedentarismo; la disminución de las habilidades manuales y táctiles; formas de teletrabajo que perpetúan la inequidad y la esclavitud y desempleos masivos por medio de la automatización creciente de las actividades humanas.
— 58 — Después de esbozado el anterior panorama acerca de las tecnologías, los saberes y las personas mayores, podemos concluir en clave del “buen vivir”15, que debe ser función de toda tecnología, amplificar y potencializar lo humano y dar dignidad y espacio a que múltiples actores rediseñen su presente, cuiden la vida y actualicen todas sus potencialidades. Es función de las tecnologías promover espacios de encuentro entre las personas, tejer diálogos de saberes, incubar comunidades de aprendizaje y enriquecer la participación social y el ejercicio ciudadano. Es necesario que la tecnología nos ayude a convivir mejor y que facilite la resolución de nuestros problemas cotidianos, permitiendo el crecimiento de las personas, el bienestar común, la sostenibilidad de la vida y el enriquecimiento de las sabidurías que conllevan al buen vivir. Personas mayores y cultura digital Históricamente la cuestión de las personas mayores ha estado centrada en miradas que parecen moverse entre tensiones que las reconocen como consumidoras y cargas para la sociedad, o como productoras activas, saludables, positivas y recursos valiosos para la misma. Sin embargo hablar de la subjetividad supone también algo posicional, relacional, abierto. Vale la pena abrir horizontes de configuración de saberes y experiencias desde los propios actores para identificar posicionamientos culturales y horizontes de diálogo con la cultura digital. En este marco el estudio se propuso recuperar lugares de enunciación en su complejo universo de saberes, poderes y potencias de las personas mayores anudada a su ubicación geo-cultural, sexual, etc. (Zemelman, 2007, 2011). Es decir, se ha buscado abordar la constitución de la subjetividad de las personas mayores desde interrogantes en torno a los significados de sus producciones cultural desde sus trayectorias vitales para encontrar los lugares, voces y cuerpos que se permiten emerger en los conocimientos y experiencias que se van reconstruyendo, para generar horizontes de diálogo con la cultura digital. El carácter relacional cualitativo de la investigación permitió posicionar a las personas mayores como protagonistas observadoras y reflexivas de sí mismas en la interpretación y la reconstrucción que realizaron sobre sus realidades biográficas. Estas construcciones sociales fueron la base para 15 Para Acosta el concepto de “buen vivir” empezó a cobrar notoriedad a partir de los debates en América del Sur, y en especial por sus formulaciones constitucionales en Ecuador y Bolivia. Se plantea como una oportunidad para construir otra sociedad desde la visión de los marginados por la historia, desde los pueblos y nacionalidades indígenas, sustentada en la convivencia del ser humano en diversidad y armonía con la naturaleza, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en cada país y en el mundo. Acosta, A. (2008)
— 59 — comprender el sentido que ellos y ellas atribuyeron a sus experiencias, relaciones, identidades y al significado de los saberes desde lo intuitivo, relacional. El proyecto se desarrolló con 14 personas mayores quienes participan en los programas de Alfabetización en el manejo de información de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad. Los criterios de selección de la población tuvieron en cuenta que fueran personas mayores de 60 años, participantes del programa de alfabetización, con disponibilidad de tiempo de 2 horas semanales para los encuentros conversacionales. De acuerdo con las personas mayores entrevistadas, las expectativas que han generado ante el encuentro con los repertorios tecnológicos digitales oscilan desde aquellas instrumentales, como perder el miedo en el manejo del computador; utilizar internet para pagar facturas y solicitar citas médicas; hacer un mejor uso de los móviles, componer cartas, chatear, realizar cuentas y presentaciones; comunicarse con familiares, ayudar hacer tareas a los nietos, conseguir novio, hacer amigos y ampliar las redes de conversación; hasta elecciones orientadas por un mejor uso del tiempo libre, acceder a contenidos de la cultura y temas de interés personal; por último, unas motivaciones aun cuando son más escasas, se refieren a la creación de páginas web y blogs para difundir conocimientos, participar en redes sociales y visibilizar emprendimientos sociales y empresariales. Es habitual que las personas mayores conciban que el aprendizaje de las tecnologías de la información y la comunicación, les permitirá estar más actualizados, sostener e impulsar el deseo de seguir conociendo y aprendiendo y estar más conectados con sus seres queridos. Subyace a todas estas ideas el no quedar relegados ante los cambios sociales proporcionados en los últimos tiempos por el ingreso de las nuevas tecnologías. Esta investigación nos ha permitido reconocer algunas prácticas de las personas mayores que encarnan ciertos aspectos ético/políticos de la vida común de carácter dialogal generados históricamente de los vínculos que han cultivado en lo cotidiano, que configuran un arte y una poética que instaura una ética de la hospitalidad para estar-con-otros en el mundo (Derrida y Duformantelle, 2000), y del cuidado para mantener, continuar y reparar nuestro mundo de tal modo que podamos vivir en este del mejor modo posible (Tronto, 1987). “Tesoros humanos vivientes” que con sus saberes como parte de un paisaje o ecosistema de saberes, formas de hacer y de artesanía (Sennett, 2008), resaltan valores, virtudes, saberes y oficios como reparar, tejer, construir, sembrar, caminar, cocinar, al igual que saberes relacionados a una mejor selectividad emocional (Carstensen, 1998), a los vínculos relacionales y las habilidades prosociales (Ricard, 2016).
— 66 — bienestar en el siglo XXI, y las categorías que surgen dentro en edades maduras representan posibilidades de repensar la vejez y el envejecimiento; algunas de estas son las prácticas del acompañar y el cuidar16 (Gilligan, 2011): la vivencia de un tiempo lento (Zavalloni, 2008); orientarse por el bien común (Mattei, 2013) y el escuchar17, el hacer bien las cosas (Sennett, 2009) y prácticas orientadas al crecimiento del ser y el servicio (Ricard, 2016), la hospitalidad y la espiritualidad (Wilber, 2008). Lo que los relatos de las personas mayores nos muestran desde el supuesto analfabetismo tecnológico se ve altamente compensado por una experticia en asuntos relacionales y humanos que aportan claves al buen vivir. La cultura digital, centrada en la mediación de la experiencia y virtualización de las relaciones, el encuentro con las personas mayores nos lleva a atisbar un paisaje de experiencia complementaria que puede otorgan un compromiso más intenso con la cotidianidad y con el presente. En la vida de cada ser humano se construyen virtudes, potencialidades, semillas, que el encuentro, la escucha y el cuidado, pueden hacer fructificar. Para descubrir este campo, se requiere por parte de las personas, autoconocimiento y del uso de medios de comunicación y tecnológicos que motiven la búsqueda y el placer de seguir creciendo y aprendiendo. Las virtudes recreadas en la vida de las personas mayores, se traducen en generosidad, compasión, servicio, interdependencia, paciencia, solidaridad, responsabilidad, sinceridad, presencia, metáforas claves que pueden llegar a iluminar territorios relacionales donde la experiencia humana puede encontrar escenarios de crecimiento y generación de nuevas posibilidades y temas claves para el despliegue de habilidades relacionales para construir lo común que puede extenderse a otros mundos sociales. Asumiendo las descripciones anteriores, se hace preciso repensar diálogos entre horizontes epistemológicos para ampliar las voces y saberes del Sur global entablando encuentros fértiles entre la cultura local de participantes y la cultura digital, que vincule metafóricamente hablando lo viejo con lo nuevo, lo lento con lo rápido, lo inútil con lo útil, vínculos fuertes-vínculos frágiles, lo eterno-lo obsoleto, lo manual y lo industrial, entre otros potenciales que sustentan lógicas y éticas para la vida que siguen presentes en la vida de las personas mayores. 16 Las actividades propias del cuidado —escuchar, prestar atención, responder con integridad y respeto— son actividades relacionales. La memoria y la relación son las que quedan destruidas por el trauma. La traición a lo que está bien puede llevar a la ira violenta y al aislamiento social, pero también puede acallar la voz honesta, la voz de la integridad (Gilligan, 2011; p.30) 17 La recuperación comienza, pues, con la escucha, por lo que, continúa Shay, «antes de analizar, antes de clasificar, antes de pensar, antes de intentar hacer nada, deberíamos escuchar» (Gilligan, 2011)
— 67 — Lo que advierten toda esta serie de trayectorias narrativas y biográficas es que las personas mayores además de experimentar vidas muy complejas y precarias, llenas de exclusiones y dificultades, poseen en el encuentro y la conversación, cuando se les escucha con atención, un sinnúmero de virtudes humanas que podrían ayudarnos a repensar no solo la educación en el siglo XXI, que se empieza a orientarse al buen vivir, sino también problematizar la cultura digital actual que hoy muchos investigadores entran a revisar de cara a los grandes temas de nuestro tiempo. Estas virtudes o potencialidades siguen siendo bienes comunes de la humanidad de los que aún hay mucho por aprender.
— 68 — Referencias bibliográficas Bateson, G. (1985). Pasos hacia una ecología de la mente. Buenos Aires: Carlos Lohlé. Bhabba H. (1994). The Location of culture London. New York Routledge Bolívar, Antonio; Domingo, Jesús & Fernández, Manuel (1998). La investigación biográfico-narrativa en educación. Guía para indagar en el campo. Granada: Force/Grupo Editorial Universitario Carstensen, L.L. (1998). A life-span approach to social motivation. In- Heckhausen, J., Dweck, C. (Eds.), Motivation and self-regulation across the life span (pp. 341–364). New York: Cambridge University Press Castells, M (2012). Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en Internet. España: Alianza Editorial. Clandinin, D. Jean & Connelly, F. M. (2000). Narrative inquiry: experience and story in qualitative research. San Francisco: Jossey-Bass. Eisler, R. (2014). La verdadera riqueza de las naciones. La Paz: Fundación Solón. Gilligan, C. (2011) Joining the resistance. Cambridge, UK Malden, Massachusetts: Polity Press. De Sousa Santos, B. (2010). Epistemologías del sur. Siglo XXI: México. _______(2010). Para descolonizar a occidente. Más allá del pensamiento abismal. Buenos Aires: Prometeo Libros. Derrida, J. y Dufourmantelle, A. (2000). Of Hospitality, trans. Rachel Bowlby. Stanford, CA: Stanford University Press. Eisler, R. (2015). Human Possibilities: The Interaction of Biology and Culture. Interdisciplinary Journal of Partnership Studies. University of Minnesota. Estermann, J. (2006). Filosofía Andina. Sabiduría indígena para un mundo nuevo. La Paz: Iseat. Foucault M. (1989) ¿Qué es un autor? Revista Conjetura/1 (agosto 1989) 87-111 Hernández, F. (2008). La investigación basada en las artes. Propuestas para repensar la investigación en educación. En: Educatio Siglo XXI, nº 26 · 2008, pp. 85-118. Innerarity, D (2011). La democracia del conocimiento. Por una sociedad inteligente. Barcelona: Paidós.
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