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Las relaciones hispano-israelíes

Portero Rodríguez, Florentino

Abstract

La política de España hacia Israel ha estado condicionada desde los años cincuenta del pasado siglo por dos circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que la relación no es para ninguna de las partes de carácter estratégico, no hay ningún interés vi

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L Araucaria. Año 10, Nº 19 Primer semestre de 2008 Las relaciones hispano-israelíes Florentino Portero | Grupo de Estudios Estratégicos (España) Resumen: La política de España hacia Israel ha estado condicionada desde los años cincuenta del pasado siglo por dos circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que la relación no es para ninguna de las partes de carácter estratégico, no hay ningún interés vital en juego y ni la mejora ni el empeoramiento afectarían de forma relevante al conjunto de las respectivas acciones exteriores. En segundo lugar, por su carácter dependiente. Nunca han sido unas relaciones bilaterales, sino trilaterales. La política española, en su origen y en su desarrollo, depende de las relaciones de España con el Mundo Árabe. Este artículo analiza estos factores desde la época de Franco hasta el presente. Palabras clave: Israel, España, Relaciones bilaterales, el Mundo Árabe Abstract: Since the 1950s Spains policy toward Israel has been conditioned by two factors. The first one is that for neither of the parties does the state of the bilateral relations represent a vital strategic interest and the improvement nor deterioration of the relations has any decisive effect on their foreign policies. The second factor is the dependent character of the relations. It was never a bilateral relationship but a trilateral one. The Spanish policy since its origins and through its development depended on the relations with the Arab world. This article analyzes these factors from the Franco period up to the present. Key Words: Spain, Israel, Arab world, bilateral relations Introducción a política de España hacia Israel ha estado condicionada desde los años cincuenta del pasado siglo por dos circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que la relación no es para ninguna de las partes de carácter estratégico, no hay ningún interés vital en juego y ni la mejora ni el empeoramiento afectarían de forma relevante al conjunto de las respectivas acciones exteriores. En segundo lugar, por su carácter dependiente. Nunca han sido unas relaciones bilaterales, sino trilaterales. La política española, en su origen y en su desarrollo, depende de las relaciones de España con el Mundo Árabe. El legado de Franco España perdió la II Guerra Mundial. El papel jugado por las potencias del Eje durante la Guerra Civil, apoyando la consolidación y triunfo del bando nacional, y la colaboración prestada a Alemania e Italia durante el conflicto mundial, con el consiguiente abandono del estatuto de neutralidad, situaron al régimen de Franco en una difícil posición internacional. El 12 de diciembre de 1946 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución por la que se reiteraba la exclusión de España de esta organización, se solicitaba a los estados miembros la retirada de sus embajadores y se amenazaba con sanciones económicas. España quedaba en situación de relativo aislamiento diplomático, lo que tendría indudables efectos sobre la inversión extranjera. La frustración era evidente tanto en los dirigentes del régimen, que se veían deslegitimados por el nuevo orden internacional, como en la población, cansada de años de guerra y penuria [1] . La diplomacia española tuvo que enfrentarse a un reto de dimensiones desconocidas para ella. Tras décadas de "retraimiento" y después de las purgas políticas realizadas durante y después de la Guerra Civil [2] , nuestro servicio exterior carecía de los medios y de la experiencia para tamaña campaña. El núcleo de la argumentación se basó en la denuncia de la violación del principio de "no injerencia en los asuntos internos de un estado soberano", violado, en su opinión, en la citada resolución. Las características del régimen político español no era cosa que debiera importar a la Organización, por ser ámbito exclusivo de los españoles. A este argumento de orden jurídico se añadía otro marcadamente ideológico. El carácter anticomunista del régimen, la victoria sobre esas fuerzas en la Guerra Civil, estaban detrás de la persecución. Aquellos comprometidos con la civilización cristiana y contrarios a la expansión del comunismo debían ayudar a España [3] . La diplomacia española encontró eco a su posición en dos regiones donde su presencia era grande, aunque de manera muy desigual: América Latina y el Mundo Árabe. En el primero de los casos resultaba evidente la extrema sensibilidad, entonces y ahora, al efecto de la influencia norteamericana. En el segundo, el proceso de descolonización estaba todavía en marcha, el rechazo al ejercicio del colonialismo era grande y, sobre todo, la llaga por la creación del estado de Israel estaba aún recién abierta. Poco a poco fue tomando forma un bloque pro-español en Naciones Unidas, que sería determinante para el fin del aislamiento y el ingreso de España en la Organización. El futuro de las relaciones de España con el Mundo Árabe quedó seriamente afectado por la intervención del embajador de Israel en Naciones Unidas, Mr. Abba Eban, condenando al régimen por su papel durante la II Guerra Mundial [4] . Una crítica considerada injusta por las autoridades españolas, al no valorar la ayuda concedida a las comunidades sefarditas y a grupos ashkenazis para poder huir de la persecución nazi. El establecimiento de un acuerdo diplomático entre España y el bloque árabe se fundamentaba en el mutuo interés. España les ofrecía una oportunidad para reivindicar conjuntamente, y con estados de otras regiones del planeta, el principio de no injerencia, clave jurídica de su rechazo a futuras intervenciones exteriores en sus propios asuntos; la defensa de la causa palestina y el compromiso a no establecer relaciones diplomáticas con Israel; y, por último, el actuar como embajador ante otras naciones amigas, en concreto América Latina, para influir en su comportamiento en beneficio de los intereses árabes. España, por su parte, esperaba lograr con su apoyo el fin del aislamiento internacional; recuperar el Peñón de Gibraltar, uno de los temas recurrentes de la diplomacia española de la época además de instrumento para fomentar el espíritu nacionalista y cohesionar a la sociedad en torno a Franco y en contra de un exponente de la Europa democrática; y, por último, disponer de un margen de negociación internacional que permitiera a España poder jugar un papel más sobresaliente en un mundo naciente que le había recibido mal [5] . El Régimen sintió la necesidad de transformar en valor social aquel acuerdo de mutuo interés y así nació el mito de la "tradicional amistad hispano-árabe". Resulta evidente que si había algo tradicional era la enemistad y persecución, desde la Conquista y Reconquista hasta las hazañas del propio Franco en Marruecos, pero casi todo valía para demostrar a los españoles que España no se encontraba sola. Sin embargo, esos mismos ciudadanos pudieron comprobar que la amistad en cuestión tenía sus aristas. Un acuerdo de interés para objetivos concretos al generalizarse y travestirse de "amistad", que entre estados tiene la connotación de "alianza", adopta un perfil esperpéntico. El Régimen había apoyado a los independentistas marroquíes contra Francia, en prueba de su amistad y en la confianza de que no se levantarían contra España. Sin embargo, en cuanto Francia consideró que había llegado el momento de devolver el poder a las autoridades marroquíes tradicionales, Franco se vio sorprendido y sin más alternativa que la cesión. Poco después llegaría también la cesión de Ifni, territorio demandado por Marruecos, que organizó un ejército irregular dotado en parte con las armas que los servicios de inteligencia españoles estaban enviando a la resistencia argelina. El ejército español combatió, pero el Régimen cedió. Ya en el final de su vida política, Franco se encontró ante la demanda marroquí del Sáhara Occidental, cuya administración se cedió de forma irregular a Marruecos mientras el propio Franco agonizaba. En los tres casos, de naturaleza muy distinta, el Régimen de Franco reconoció su debilidad y cedió. Resultaba más importante mantener el vínculo con Marruecos y con el Mundo Árabe que tratar infructuosamente de resistir. La "tradicional amistad" durante la Transición a la Democracia D. Juan Carlos capitalizó y potenció el legado de Franco aprovechando su condición de monarca, que le permitía una cómoda aproximación a sus iguales árabes, y la mayor legitimidad y prestigio del nuevo régimen político. En los difíciles años setenta, en plena crisis del petróleo, consiguió de la monarquía saudita la garantía de aprovisionamiento de crudo [6] . A medida que el proceso político avanzaba la Corona fue cediendo competencias a las instituciones creadas por la nueva Constitución y pasando a ocupar una posición política más acorde con el modelo de monarquía democrática. La nueva clase política asumió el "legado de Franco" en lo referente a las relaciones con el Mundo Árabe, considerándolo un activo de la política exterior española. Sin embargo, resultaba complicado mantener esa política con la carga retórica e histórica del Franquismo. Según la terminología de la época, la aproximación al Mundo Árabe había sido una "política de sustitución". Se estaba con ellos porque no se podía mantener una relación normal con Francia, Alemania o Inglaterra. Se hablaba de "tradicional amistad" para disimular un encuentro de interés coyuntural, porque a todas luces el ámbito "tradicional" estaba en Europa, de donde los españoles se sentían parte y a donde querían incorporarse lo antes posible. Para poder seguir manteniendo esa relación era necesario someterla a un "lifting", a un cambio de imagen. Así una política determinada por el aislamiento impuesto a España y asentada en el carácter reaccionario del Régimen de Franco se transformó, de la noche a la mañana, en una causa progresista. Para una clase política escasamente liberal, donde el centro-derecha tenía todavía un fuerte componente franquista y un fuerte complejo de falta de legitimidad democrática, y donde la izquierda todavía andaba bajando del monte del radicalismo, la Liga Árabe emergía como una institución renovadora, con sus denuncias del neocolonialismo y sus flirteos con la Unión Soviética. La defensa de la causa árabe encontró en el cuerpo diplomático español a su principal valedor. No había en ello una mayoritaria atracción por la historia o la cultura árabe, de hecho son muy pocos los diplomáticos españoles que conocen la lengua árabe o se sienten sinceramente atraídos por su cultura; ni una actitud antisemita o antisionista. Si nuestros diplomáticos asumieron el papel de lobby pro-árabe fue por puro interés. Valoraban el margen de maniobra que esta relación preferencial les proporcionaba en su trabajo cotidiano y no deseaban perderla. Pero no todo eran activos. La aceptación del "legado" tenía también un componente de inseguridad. La democracia, como antes el Régimen de Franco, se sentía incapaz de hacer frente a los retos que le planteaba el Mundo Árabe y trataba de sortearlos mediante políticas de pacificación. En aquellas fechas cuatro eran los problemas fundamentales: 1. La economía española necesitaba una reestructuración en profundidad para adaptarse al nuevo escenario económico y, sobre todo, al deseado ingreso en la Comunidad Europea. La emergencia de un sindicalismo libre y la aparición de potentes fuerzas de izquierda dificultaban la aplicación de políticas de reestructuración. El alza de los precios energéticos, unido a la escasez en el aprovisionamiento, suponía un nuevo obstáculo para la modernización de nuestras estructuras económicas y el enraizamiento de la democracia. Si España, como era normal, reconocía diplomáticamente al estado de Israel cabía la aplicación de sanciones en forma de cortes en el suministro. Si, por el contrario, se mantenía firme en la defensa de los intereses árabes en el mundo, podía esperar compensaciones, como de hecho ocurrió, en forma de garantías de suministro y precios ventajosos. 2. El Reino de Marruecos no ha cejado en su reivindicación de Ceuta y Melilla. De hecho, el anterior monarca alauita vinculó su recuperación al proceso de negociación sobre Gibraltar. Marruecos contó con el apoyo de las monarquías conservadoras árabes, los estados más próximos a España, durante la crisis del Sáhara, y no había dudas de que volvería a ocurrir lo mismo si Hassan II planteaba en firme la crisis de las dos ciudades. Un acercamiento a Israel podría tener consecuencias inmediatas sobre este delicado asunto. 3. En el marco de la crisis del Sáhara, la Organización para la Unidad Africana aceptó en 1977 incluir en el orden del día la reivindicación de la descolonización de las Islas Canarias. Libia y Argelia apoyaban al MPAIAC y el tratamiento del tema. La diplomacia española maniobró y buscó el apoyo de los regímenes árabes moderados para bloquear la demanda, un apoyo que se perdería en caso de reconocimiento del estado de Israel. 4. El gobierno español valoró en todo momento la posibilidad de que el terrorismo palestino se instalara en España, como ya lo había hecho en otras capitales europeas, incrementando el nivel de inseguridad creado por ETA. Visto en perspectiva, resulta evidente que, salvo en el caso del petróleo, la utilidad de la "tradicional amistad" ha sido limitada. Una política de firmeza podía haber tenido resultados más eficaces, además de liberarnos de un permanente chantaje que resulta inaceptable para un estado como España. Paralelamente a esta valoración diplomática se desarrolló una corriente de interés hacia la historia de la comunidad sefardí. La España democrática trataba de redefinir su identidad. Los mitos franquistas no habían podido superar el paso del tiempo. No sólo eran anacrónicos, sobre todo eran ridículos. Los españoles rebuscaban en su historia para superar el pasado inmediato. La cuestión sefardí, la dispersión a lo largo y ancho del Mediterráneo y más allá llamaba la atención a una sociedad que inexplicablemente había vivido de espaldas a este hecho tan íntimo. Era otra España trasterrada. Aunque el enfoque era más nacional que propiamente judío -se trataba de recuperar la historia y cultura de "nuestros" judíostuvo su relativo impacto sobre las relaciones con Israel, cuya inexistancia resultaba más absurda. El destino de los sefarditas durante la II Guerra Mundial y el papel de la diplomacia española en la salvación de muchos de ellos fue objeto de varios libros de relativo éxito, que avivaron el debate sobre la necesidad de normalizar una relación anómala [7] . En cualquier caso resultaba evidente para todos que la llegada de la democracia tendría como consecuencia la normalización de las relaciones con Israel. Su ausencia era algo excepcional ¿Cómo se podía seguir justificando aquella situación siendo Israel una democracia? El problema era la gestión del proceso ante los estados árabes sin perjudicar ese "activo" diplomático tan valorado entonces. Como muy tarde habría que hacerlo en el momento del ingreso de España en la Comunidad Europea, puesto que esta organización sí tenía una relación formal con el estado judío. Adolfo Suárez, desde su vocación neutralista, se plegó a las presiones árabes o proárabes y nada hizo para establecer relaciones. Calvo Sotelo trató de resolver una cuestión que percibía como anómala. La tragedia de Sabra y Chatila en agosto de 1982 y el adelanto de las elecciones en España, decidido el mismo mes, frustran la operación. Por un lado el gobierno teme la reacción la reacción de los países árabes y por el otro "se queda sin aliento" para tomar decisiones importantes, como me confesaría más adelante un exministro de Asuntos Exteriores de España [8] . Los gobiernos de Felipe González fueron los responsables de esta operación diplomática, que se alargó mucho más de lo necesario [9] hasta la proclamación formal del establecimiento de relaciones, realizada en La Haya el 17 de enero de 1986. Partidos y mentalidades La España de la Transición era una sociedad muy inmadura en cuanto a su visión de la política internacional. Había posiciones muy distintas, pero que no coincidían con los grandes partidos políticos [10] . Había una corriente que, en un sentido vago, podríamos denominar "liberal". Se caracterizaba por una defensa de la democracia liberal, por su deseo de una pronta incorporación de España a las instituciones occidentales de las que había sido excluida y su apoyo a la apertura de la economía. Una segunda corriente, que denomino sin ánimo crítico "tercermundista", recogía a los que, desde la derecha o desde la izquierda, Adolfo Suárez o Fernando Morán, rechazaban el modelo liberal. Suárez especulaba con la posibilidad de que España entrara a formar parte del Movimiento de los No Alineados, mientras que Fernando Morán teorizaba sobre ello. En un caso desde la tradición nacionalista en otro desde la socialista, buscaban la superación de la democracia liberal y no veían con buenos ojos un modelo económico abierto. Todos ellos trataron de transformar en "progresista" el discurso Franquista de la "amistad tradicional" con el "Mundo Árabe" y de la "Hispanidad" con las repúblicas latinoamericanas. Estas corrientes estaban presentes en ambos partidos, aunque evolucionaron de muy distinta forma en cada uno de ellos, como veremos más adelante. En líneas generales las simpatías proisraelíes estaban más presentes en la corriente "liberal", y las proárabes se encontraban en la "tercermundista". En el ámbito liberal-conservador las dos corrientes chocaron durante los años de la Transición, para dar paso a una hegemonía liberal. El debate sobre el ingreso de España en la OTAN fue determinante. La fortísima campaña socialista en su contra, los ambiguos compromisos adquiridos por González y el planteamiento del referéndum afirmaron en la derecha parlamentaria una clara identidad atlantista, reforzada por la rectificación socialista y la plena incorporación a la Alianza Atlántica. En el plano económico, las experiencias británicas y norteamericana habían convencido a los dirigentes de la derecha española de la necesidad de una mayor liberalización de la economía nacional y de la propia Unión Europea. El éxito de las reformas económicas de los gobiernos Aznar y el protagonismo español en la elaboración de la "Agenda de Lisboa" asentó la fe en el liberalismo. Los liberal-conservadores tenían principios claros en política exterior, pero no mucho más. Aparentemente no sentían necesidad de una doctrina internacional, que pusiera orden en el conjunto de su acción exterior. Los distintos partidos que se han sucedido en este espacio político se han caracterizado por disponer en sus filas de un elevado número de altos funcionarios, que tendían, y tienden, a delegar en el Ministerio de Asuntos Exteriores el diseño y la ejecución de la política exterior. Apenas si tenían especialistas en plantilla. Se limitaban a echar mano de diplomáticos que actuaban siguiendo el guión del propio Ministerio. Tanto Alianza Popular como el Partido Popular asumieron, como algo natural, la política pro-árabe fuertemente arraigada en el Ministerio sin mayor crítica. Continuaron favoreciendo relaciones privilegiadas con regímenes detestables o con formaciones como al-Fatah, a pesar del uso corrupto de la ayuda internacional, incluida la española; de su apoyo al grupo terrorista vasco ETA o del ejercicio cotidiano del terrorismo. Fue precisamente la experiencia de la lucha contra ETA la que llevaría al mundo liberal-conservador a una revalorización tanto del discurso sobre las libertades como de la estrategia de combate contra el terrorismo. ETA ayudó a la derecha política a abandonar una actitud pragmática para ahondar en los fundamentos de la filosofía liberal. Un proceso que corrió paralelo a una mejora importante de las relaciones con Estados Unidos, tanto durante la Administración Clinton como, más tarde, en los años Bush. Mejora que no se puede explicar sólo desde una valoración de intereses o de un intento español por ganar influencia sobre la "Hiperpotencia". Era además la prueba de una mayor sintonía ideológica en clave liberal. Todo ello acabó afectando, ya en las postrimerías del gobierno Aznar, a las relaciones hispano-israelíes. La España liberal-conservadora se hizo mucho más crítica con los dirigentes palestinos, denunciando su corrupción, actitud antidemocrática y responsabilidad en el ejercicio del terrorismo; y más comprensiva con la reacción israelí. En ningún caso este cambio de posición llevó a la aceptación de los "asentamientos" [11] . Ya fuera del gobierno y libre de responsabilidades partidistas, Aznar ha avanzado mucho en su defensa de las posiciones Israelíes al mismo tiempo que ha endurecido sus críticas a las políticas árabes. En qué medida las posiciones personales de Aznar o los textos publicados por FAES, la fundación presidida por el anterior dirigente popular, son representativas de la clase dirigente y de los votantes liberal-conservadores es algo que sólo conoceremos con el paso del tiempo. En el ámbito socialista las dos corrientes convivieron durante los gobiernos González. La "liberal" se hizo fuerte en el Gobierno, mientras que la "tercermundista" ganó la batalla en el Partido y en los medios de comunicación afines. A diferencia de lo que ocurría entre los liberal-conservadores, los socialistas sentían necesidad de establecer tanto una doctrina de política internacional como un programa de acción. Y ello por dos razones fundamentales. En primer lugar, querían cambiar tanto la política exterior de España como, en conjunción con otras fuerzas, el orden internacional y sentían la necesidad de tener una visión clara de la situación y un guión de los pasos a dar. En segundo lugar, y también a diferencia de los liberal-conservadores, porque entendían que la política es un ejercicio de comunicación con los ciudadanos, donde la clave del éxito partidista reside en imponer su cultura política, su marco de referencia de principios y valores, sus análisis sobre la naturaleza de los problemas y las vías de resolución. La convivencia de dos corrientes implicaba el ejercicio de una diplomacia de compensación. Si en clave liberal se desarrollaba la reconversión industrial o se lograba un buen entendimiento con Estados Unidos, era necesario, en beneficio de los restantes, hacer gestos de simpatía hacia la dictadura castrista, el sandinismo o la Organización para la Liberación de Palestina. El Partido Socialista mantuvo vivo el mito revolucionario y defendió su legitimidad en los ya citados casos cubano y nicaragüense así como en el de los movimientos nacionalistas árabes, a pesar de la violación de los derechos humanos, de la corrupción y del terrorismo. Mientras tanto, González mantenía una consciente distancia de los dirigentes socialistas de la II República, trataba de recuperar para la izquierda la tradición radical representada por Manuel Azaña y asaltaba impunemente el patrimonio del institucionismo gineriano, siempre distante del mundo partidista y muy contrario al antiindividualismo socialista. Para los "liberales" socialistas Israel tenía un atractivo especial, algo que no ocurría en el ámbito liberal-conservador. Era un modelo socialista ejemplar, una muestra de la tradición socialista europea y una experiencia marcada por el hecho capital del Holocausto. Todo ello les llevaba a conocer, comprender y simpatizar con Israel, pero sin perjuicio de los intereses nacionales recogidos en el legado franquista. Por el contrario, para los "tercermundistas" Israel era una anomalía y una fuente de problemas. El mundo palestino representaba los valores que el socialismo español debía apoyar: 1. Principio revolucionario: rechazo al orden internacional heredado. 2. Antiliberalismo: rechazo a la hegemonía norteamericana y al proceso de globalización. 3. Equidistancia entre los dos grandes bloques, lo que implicaba un mayor acercamiento a la Unión Soviética y un distanciamiento de Estados Unidos. 4. Pacifismo a la carta: crítica al uso de la fuerza por parte de los estados y reconocimiento de la legitimidad de su utilización por parte de grupos revolucionarios. Tras el 11-S La percepción de Israel se ha visto afectada por la emergencia de un nuevo entorno estratégico y por un conjunto de circunstancias que han modificado la imagen de las autoridades y formaciones políticas palestinas entre los españoles. El hecho más Consejo de Seguridad aprobó la formación de una fuerza de interposición FINUL- que controlara el territorio situado entre el río Litani y la frontera con Israel. España se comprometió a participar y liderar una de las dos zonas, la más próxima a Siria. El destacamento español estableció unas buenas relaciones con los mandos israelíes. A la vista de los informes de inteligencia que fueron recibiendo localizaron y destruyeron arsenales de Hezbollah. Una actividad que debía considerarse como ordinaria despertó la preocupación del centro Nacional de Inteligencia, que temía que actos como esos llevaría a las milicias chiítas a atentar contra nuestros soldados [21] . Pocos días después Hezbollah colocó bombas-trampa en el acceso a uno de sus arsenales localizados, con la intención de hacer volar a la unidad legionaria allí destinada. El intento pudo ser frustado [22] . Sin embargo, el 24 de junio de 2007 el temido atentado se hizo realidad, segando la vida de cinco soldados [23] . A partir de ese momento el comportamiento del contingente español dio un giro radical, en línea con lo que estaba ya ocurriendo en Afganistán. El Gobierno dio instrucciones para no adoptar una actitud tan diligente y decidida contra Hezbollah y para evitar situaciones de riesgo. Lo fundamental era evitar bajas, lo secundario cumplir la misión. Mientras las Fuerzas Armadas israelíes veían cómo España abandonaba sus obligaciones, la diplomacia española trataba de lograr garantías de seguridad. Inmediatamente fue enviada una delegación militar para negociar directamente con Hezbollah, una maniobra secreta que aparentemente filtró el gobierno isarelí [24] . Poco después era el propio Moratinos quien se entrevistaba con Naim Qassem, uno de sus máximos dirigentes con el mismo fin [25] . España no sólo había quemado sus naves con Israel, sino que también había puesto en evidencia la inutilidad de la presencia del contingente español en Líbano. España actuó fuera del marco establecido por la Unión Europea pero en perfecta coherencia con los principios de la Alianza de Civilizaciones, una iniciativa iraní continuada por Rodríguez Zapatero. Conclusiones Tras algo más de tres decenios de democracia en España, la política hacia el Mundo Árabe comienza a sufrir cambios importantes, derivados de un conjunto de circunstancias. El legado de la "amistad tradicional" estaba basado en el puro interés. Sin embargo, pasado el tiempo ya no resulta tan evidente que en la balanza de lo que se da y de lo que se recibe España salga beneficiada. A este hecho hay que sumar el debate ideológico desarrollado a partir del 11-S y la proclamación de la Guerra contra el Terror. Las posiciones sobre cuáles deben ser los fundamentos de la política exterior española son hoy más distantes que nunca desde la muerte del general Franco, lo que afecta a la política en Oriente Medio. En las relaciones entre España e Israel se mantiene la dependencia respecto de la política hacia el Mundo Árabe, pero la naturaleza de esta relación ha cambiado. Si en el origen lo que se primaba era el margen de acción diplomática y los beneficios económicos, ahora nos encontramos ante una opción regional, no ya meramente española, en la que los europeos o la comunidad atlántica debe definir una estrategia general ante la amenaza islamista y en la que unos apuestan por la firmeza y otros por la pacificación. Cada una de las opciones tiene unos efectos inmediatos sobre Israel, que van desde la solidaridad hasta el abandono a su suerte. Una de las novedades más significativas de los últimos años es el efecto de problemas propios del ámbito interior sobre la política exterior. La emigración, muy particularmente la ilegal, las dificultades de integración de parte de la población musulmana y el terrorismo islamista están propiciando el crecimiento de un sentimiento de arabofobia, al que vienen haciendo referencia nuestros sociólogos. La reflexión nacional está influida por las experiencias de otros estados europeos, lo que tiende a agravar más que a moderar estos sentimientos. La apuesta socialista por facilitar la regularización de estos emigrantes, por atraer su voto y por establecer una sociedad multicultural puede exacerbar estos sentimientos racistas y provocar una crisis en el socialismo español. Lo sucedido en Francia en las anteriores elecciones presidenciales, en las que el Partido Socialista no llegó a la segunda vuelta ante el auge de Le Pen con antiguos votos socialistas, es un ejemplo a tener presente. Mientras tanto, la nueva política ensayada por Rodríguez Zapatero y Moratinos sólo ha logrado que España perdiera parte del patrimonio acumulado en la región. Sin el respaldo de Estados Unidos e Israel y sin gozar de la confianza de los propios europeos sólo cabe espacio para realizar maniobras extemporáneas abocadas al fracaso, pero con un importante rédito en política interior. Para la nueva izquierda española Israel es un problema en sí mismo, un obstáculo para estabilizar la región, una fuente de crispación, un inaceptable ejemplo de una política basada en el uso de la fuerza y un nefasto aliado de Estados Unidos. La influencia internacional de España bien puede sacrificarse en beneficio de unos votos. [1] He desarrollado este tema con más detalle en Portero, Florentino Franco aislado. La cuestión española (1945-1950) Ed. Aguilar. Madrid, 1989. [2] Para un detallado estudio de las purgas realizadas por el régimen de Franco en la carrera diplomática consultar Casanova, Marina La Diplomacia Española durante la Guerra Civil Ministerio de Asuntos Exteriores, 1996. 331 págs. [3] Portero, Op. Cit. Pags. 282 y ss. [4] Para conocer la política israelí hacia el régimen de Franco en los primeros años de la postguerra mundial consultar Rein, Raanan, "La negativa israelí: las relaciones entre España e Israel" (1948-1949). Hispania, 172 (1989) págs. 659 a 688. [5] Para un análisis de la política árabe de España ver Algora, María Dolores Las relaciones hispano-árabes durante el aislamiento internacional del Régimen de Franco (1946-1950) Madrid. Ministerio de Asuntos Exteriores, 1996. [6] Lisbona, José Antonio España-Israel. Historia de unas relaciones secretas. Temas de hoy. Madrid, 2002 Págs. 175 a 177 y 188 a 191. [7] Marquina Barrio, Antonio & Ospina, Gloria Inés España y los judíos en el siglo XX. Espasa-Calpe. Madrid, 1987; Lisbona Martín, José Antonio Retorno a Sefarad. La política de España hacia sus judíos en el siglo XX. Riopiedras. Barcelona, 1993; Avni, Haim España, Franco y los judíos Altalena. Madrid, 1982. [8] Hadas, Samuel "España-Israel: la cuarta dimensión" en España-israel. Una relación de veinte años. Federación de Comunidades Judías de España. Madrid, 2006. Pág.16. Samuel Hadas fue "embajador oficioso" de Israel en España durante el proceso negociador para establecer relaciones diplomáticas. [9] Este tema ha sido estudiado con detalle por distintos historiadores. Veáse por ejemplo España-Israel: un encuentro en falso Ibn Battuta ediciones. Madrid, 1987. González García, Isidro Relaciones España-Israel y el conflicto de Oriente Medio. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid, 2001. Lisbona, José Antonio España-Israel. Historia de unas relaciones secretas. Temas de hoy. Madrid, 2002. [10] Este tema lo he desarrollado con mayor detalle en "Política de seguridad española, 1975-1988" en Tusell, Javier, Avilés, Juan y Pardo, Rosa eds., La política exterior de España en el siglo XX Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2000. Págs. 473 a 510. [11] Este proceso de cambio es fácil de observar siguiendo tanto la línea editorial como las columnas de opinión de los dos medios de prensa escrita más significados de la derecha española: ABC y La Razón. [12] Como es el caso de las formaciones nacionalistas vascas y catalanas, que ven en Israel el ejemplo de una nación que no perdió su identidad a pesar de siglos de dispersión y que, gracias a su esfuerzo e inteligencia, logró recuperar parte de su territorio original. [13] La celebración del I Foro de las Civilizaciones en Madrid puso de manifiesto la falta de apoyo occidental y la debilidad diplomática del gobierno español, al no estar presentes dirigentes de primer nivel franceses, británicos, italianos, alemanes o norteamericanos. Ver Luis Ayllón "La Alianza, entre el choque y el cheque" ABC 16.01.2008. [14] The Alliance of Civilizations Istambul, 13.11.2006. 39 pags. [15] Erdogan, Recep Tayyip & Rodríguez Zapatero, José Luis "A call for respect and calm" International Herald Tribune 6 February 2006. [16] Sánchez-Gijón, Antonio "Se aceleran las relaciones hispano-israelíes" en libertaddigital.com 28.12.2005. [17] López Alba, Gonzalo "Blanco acuerda "pasar página" con el embajador de Israel, pero sin desdecirse de sus acusaciones" ABC.es 26.07.2006. [18] Un resumen de lo acontecido en "Estados Unidos califica de "grotesca"la gestión del gobierno español para convertir a Siria en un "agente de paz"" libertaddigital.com 7.8.2006. [19] "Israel rechaza la iniciativa formulada por España para resolver el conflicto de Oriente Medio" abc.es 17.11.2006. [20] Comentario citado en el diario israelí Maariv y reproducido en "Olmert dice que Moratinos"entiende mucho menos de lo que él cree" de Oriente Medio" abc.es 23.11.2006. [21] González, Miguel "EL CNI advirtió del riesgo de represalias de Hezbolá por la confiscación de un arsenal" elpaís.es 23.11.2006. [22] González, Miguel "Hezbolá pone bombas trampa para impedir que la Legión acceda a un depósito de armas" elpais.es 8.12.2006. [23] "Alonso confirma el atentado "premeditado" contra tropas españolas en El Líbano" libertaddigital.com 24.6.2007. [24] Medina, Hugo "El Gobierno negocia con los terrorista de Hizbolá para que protejan a las tropas españolas" elpais.es 2.7.2007 [25] "Moratinos, primer ministro de la UE que se entrevista con el "ideólogo" de Hezbolá" libertaddigital.com 31.7.2007.