El primer Jaime Sabines: una poética manierista
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EL PRIMER JAIME SABINES: UNA POETICA MANIERISTA Beatiiz Burrem Pumdla Este articulo se propone rastrear algunos aprendizajes realizados por el poet: Jaime Sabines en 10s primeros afios de formacidn de su voz lirica. Sin preten. der ser un guidn de 10s maestros que pudieron intervenir en ella, ni una ins. peccidn exhaustiva de las obras inspiradoras, trataria de aproximarse al modc en que las influencias actuaron. Para ello se permitir5 presentar algunos trazo! de una tpoca anterior a esta y tambien evocar en unos pocos versos a Juan Ramdn JimCnez, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico Garcia Lorca y Pablc Neruda. Consta nuestro trabajo, pues, de dos partes: una sucinta arqueologia de lecturas de juventud de Jaime Sabines y un contraste de algunos poema! con sus modelos. 1 I. DE C~MO JAIME SAUlNES LEY6 A ALGUNOS DE SUS hlAE.STKOS I’OK I’KIhlE1W VEZ La presencia en las letras mexicanas de la generaci6n espafiola del 27 part€ de 10s esfuerzos de un grupo de poetas que con el tiempo seria reconocido como 10s Contemporbneos. La antologia de Lawel (1941), prornovida por ellos y a cargo de Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Emilio Prados y Juan Gil Albert, culmind una extensa labor de divulgaci6n de 10s poetas espafioles a 10s que nos vamos a seguir refiriendo. Se suele sefialar una simetria entre 10s Contemporbneos y 10s poetas del 27‘, la que podria ser la causa de que 10s mexicanos simpaticen en seguida con 10s espafioles y Sean 10s primeros en publicarlos en su pais e iniciar un acercamiento. Jaime Torres Bodet 10s habia conocido en un viaje a Espafia en 1928; en 1930, dos afios despues de publicarse el Romancer0 Gitano, Genaro Estrada, entonces ministro de Relaciones Exteriores, presionado por varios escritores, invitar5 a Federico Garcia Lorca a visitar Mexico, per0 el poeta no acude; en 1933, Salvador Novo lo buscar5 en Buenos Aires, dejando su testimonio del encuentro en Continente vacio. Los exilios derivados de la Guerra Civil Espafiola (entre 10s que destacamos 10s de Juan Ram6n Jimenez y Pedro Salinas a Puerto Rico; Rafael Alberti a Argentina; Luis Cernuda, Jose Bergamin y Emilio Prados a Mexico) aceleran el proceso de aproximacidn entre poetas de Espafia y America y rednen en suelo mexicano a un importante ndmero de intelectuales a partir del afio 1936. Los que van llegando participan considerablemente en el desarrollo de las ciencias y las artes, y las sensibilidades se encuentran. ’ Andrew P. Debicki lo explica como resultado de clos clesarrollos hist6ricos comparables. El mismo concept0 lo propone Carlos Monsiviis. Kecorclariamos sobre todo dos valores comunes: 10s homenajes a figuras del Barroco (Luis de GGngora, Sor Juana In& de la Cruz) y el cultivo de formas tradicionalmente populares (poesia de romancer0 y primeras bilsquedas en lo indigena). CE Andrew I? Debicki: Anlologia de lo ,boesia iiiemconn inoderna, Londres, Eimesis Books, 1977, pkg. IS; Carlos Monsiv&s, “Garcia Lorca y Mexico”, Cudenios Hkflanoamericanos No 433-434, Madrid, julio-agosto, 19S6, p8gs. 249-255. 75
MAI’OC H 0 Este 1936 en que empiezan a Ilepr exiliados a Mexico, es tambien el afio en que muere Federico Garcia Lorca. Su asesinato propicia una difusi6n aiin mayor de su obra, lo que genera inmediatamente un caudal de imitaciones, casi siempre lamentables. La publicaci6n en Mexico de Poeta en Nz~ez~a Yorh en junio de 1940 (a la que s610 precede la primera edici6n de Nueva York de mayo de 1940) no tendr5 el exito que habia conocido el Romancero Gitano, per0 si dejari huella en 10s literatos que empiezan a ejercitarse en la escritura por entonces y que son, precisamente, 10s de la generaci6n de Jaime Sabines. Que ciertos poetas espalioles de esa Cpoca (Le6n Felipe y Pedro Garfias concretamente) residieran en Mexico y Sabines tuviera contact0 con ellosg en momentos posteriores no ser5, por lo tanto, una mera anecdota, sino mis bien un dato que nos recuerda la proximidad de ambos mundos, su continuidad. El chiapaneco acababa de cumplir sus quince afios en junio de 1940; era pronto para una lectura de Poeta en Nzieuu Yorlt; demoraria aiin un lustro en volver a la Ciudad de Mexico para ir a la Universidad y sumergirse, ahora ya si, en la lectura de poetas espalioles. Sabines diri: “el poeta se hizo en esos afios, que fueron de soledad y sufrimiento, yen 10s que eljoven provinciano resentia toda la hostilidad de la gran urbe. Leia a 10s clisicos espafioles, y tres poetas que me marcaron por semestres: Neruda, Garcia Lorca y Juan Ramdn Jimenez. Si, creo que Neruda fue el poeta que mis me influy6”:’. Probablemente el estudiante de medicina que era en 1945, conoci6 la muy habitual Poesia Esjmiola- Antologz‘a 1915-1931 de Gerardo Diego (que circulaba en Mexico desde 1932 y en nueva edici6n ampliada desde 1934), leyendo asi a 10s poetas del 27. Y tambien probableniente en ese period0 escogi6 para su intimidad a tres de ellos: Pedro Salinas, que toca el tono exacto del amor contemporineo; Rafael Alberti, de quien debid admirarlo la luminosidad con que revienta 10s poemas en favor de la fluiclez, su fuerza conversacional; y sobre todo, Federico Garcia Lorca, que lo seduce con hallazgos hondos y primordiales, marcando profundamente una sintaxis y sus im5genes mas populares y humildes. Su acercamiento a Pablo Neruda merece quiz& m.5s detenimiento. Sabines relata en alguna ocasi6n c6mo se ilusion6 en conocerlo a finales de 10s 40, durante su estancia en la capital, con motivo de una entrevista que un amigo periodista le haria al poeta“. Sabines sali6 decepcionado del encuentro, no con el personaje digno que esperaba, sino con un hombre degradado que 10s recibia sentado groseramente en su cura de almorranasj. - IvrLlcrruD‘llruaUcDpLICD lllC L1111‘1 LCUII rcIIpC‘l pIupuDI11l UCI pucrrl‘ln 1111 p~lLl~c.lrll/lccyunumt. ex/~/ico, Jaime, e.$ por pP ?riel;.rlt esos so?ielos. Yo le contestC: I’orque n’rr ntcm~io [...I” (Marco Antonio Campos: De 7fi7~ VOL (I3//rm;.$fn.s con escril0rt.s). I’lahuapan, Puebla, I’remii Etlitora, La red de Jonis, 19SG. pig. 34); “Tn~-ccarbn no les gust6 a niis amigos. Ni a Kosario ni a Fernando Salnierbn. Sblo Pedro Garfias, que habia llegatlo a Chiapas y liabia iclo a buscarme a mi casa lo valorb: E.$ elprimer pmz ponrrn que hce u.ded, me tlljo” (pig. 35). En el libro citado de Marco Antonio Campos, pigs. 33-38. Carla Zarebska,Jniac Sahint.r. Alp sobre .w da, Mexico, Trbnix, 1994, pig. 55. i. De alii viene aquel verso absurclo “le cur0 las almorranas a Neruda” en el Din?% smianmioy poems en prom. 76
H UMANIDADES Esta escena quedaria en figura de anecdotario si no nos sirviera para medir una evoluci6n en la sensibilidad de Sabines y en su concept0 de c6mo deben ser la poesia y el poeta. En el moinento de la desilusi6n del joven Sabines, Csta vino propiciada por una actitud indigna por parte del maestro, que no respondia a la imagen que de tal poeta se esperaba el alumno tras haberse entusiasmado con 10s Einte poeiizas dr! aiizo~. No s610 Neruda no cumplia la expectativa del dominador de un universo en expansibn, sin0 que aparecia desnudo, en posici6n intima y enfermiza, y adem;is pedia fondos para editar su pr6ximo libro. La groseria estaba en un padecimiento anal pliblico tanto como en el dinero mencionado y mendigado abiertamente. El Sabines de aquel tiempo todavia no habia hecho de su poesia impura una Ctica y su admiracibn por Neruda incluia esa magnificencia que en el fondo no concordaba con sus propios intereses, magnificencia traicionada por el hombre detr;is el poema. Habia ademgs un datio atiadido: la incongruencia; a Sabines le pareci6 que el poeta no concordaba, no era coherente con sus poemas. Con 10s alios, Sabines y” maduro dice que en aquella circunstancia Neruda tenia raz6n y el habia estado equivocado. Con esta declaraci6n revocaba la indignidad de una presencia escatol6gica y desnuda, pero no aquel otro perjuicio que era la incoherencia entre el poeta y sus palabras. Hemos leido entre 1;s lineas de esta historia que Sabines fue aprendiendo en un proceso a identificar poeta (hombre) y poesia (obra) como un mismo proyecto, esto es, que fue haciendo de su poetica una Ctica para la vida. El punto de encuentro entre la poCtica de Neruda y la de Sabines lo reflejamos en un p5rrafo extraido de “Sobre una poesia sin pureza”, el manifiesto publicado en 1935 por el chileno: Ai sea la poesia que buscamos [...] Una poesia inipura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrich, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, suetios, vigilia, profecia, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias politicas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos“. Concluye esta declaraci6n con una frase definitiva: “quien huye del mal gusto cae en el hielo”. La enumeracih propuesta por Neruda engloba, por una parte, objetos domesticos y cotidianos: traje, arrugas, suetios, declaraciones de amor y odio, idilio y por otra, un universo corporal (cuerpo, nutrici6n, verguenza). Un tercer campo se acerca a 10s temas de la antipoesia (observaciones, sacudidas, creencias politicas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos). Trasladado a1 lenguaje del mexicano: Uno nacid desnudo, sucio, en la huiiiedad directa, Pablo Neruda, “Sobre una poesia sin pureza”, Crrl~nllo vrrrk pnrn Iri porsiri, 1935, reprod. En Jorge Schwarz, I~ls vnnpnrdins ln/inon?1ie17’cnnr, Testos program5ticos y criticos, Madrid, Citetlra, 1991, p5g. 485-486. 77
y LVJ UIIIUIUJUJ ... . I aic~c yuc C)L~UIIICJ ~iuuic~n ~LICIIUU iicgai c~nz, pn~duina a1 ser entrevistado tres afios m5s tarde, en 1986, por el autor de ese articulo cuando le dice: “Horal, el libro al que le tengo m5s carisio (es como el primer hijo), fue escrito en 1949 y publicado en 1950. Hubo tambien una gran autocritica: habia en un principio sesenta y cuatro poemas, que en una segunda selecci6n quedaron en treinta y dos, y al salir el libro s610 habia dieciocho. Ahora, incluso, quitaria dos o tres. Los poemas que me gustan m5s de ese libro son 10s que repite m5s la gente: “Lento, amargo animal...”, “Yo no lo se de cierto”, “Los amorosos”. No creo que haya influencia de Neruda; ni en el espiritu ni en el tema. Yo hablaria mejor de similitudes y paralelismos’’9. Per0 para salir de dudas seguiremos las indicaciones de Marco Antonio Campos, apoyadas con menor exactitud por multitud de observadores (Neruda es la influencia m5s sesialada por 10s criticos, aunque, como en el cas0 de Federico Garcia Lorca o Rafael Alberti, casi nadie se detiene a revisar 10s versos); nos acercaremos a1 Neruda de 10s Veinte poenm.. . ’ Marco Antonio Campos, 01. d., pAg. 35. * Campos, I$. cit.. pig. 352. Campos, Iiiid. pig. 34. 78
HUMANIDADES EN LOS TEXTOS PODEMOS KASTKFAK ElEKCIClOS EVOLUCIONAN HACIA CONTESTACIONES Y DIALOCOS e Jaime Sabines son de su vida, y s610 desde una necesiaaa personal enwoncan con la historia de la literatura; el affin por expresar una singularidad cotidiana concuerda especialmente con las bdsquedas de 10s Contemliorcineos y 10s espafioles del 27. A ellos se responde antes que a otros. Por eso 10s poemas de amor del primer Sabines recuerdan a Vicente Aleixandre a veces, per0 m5s a Pedro Salinas. Reconocemos el volumen de la voz, ese trato familiar a la amada, entrando siempre en conversaci6n con la imagen cercana per0 inasible de la mujer, en presencia de 10s objetos. Horal(l950) es un libro sobre la condici6n del hombre, y serfi necesario rernitirse a 10s Poenlas sueltos (195 1-196 l), para identificar la problemfitica amorosa de manera especifica en composiciones de la misma epoca. Poemas como “Tu cuerDo est5 a mi lado” (“Te dig0 a media voz / cosas que le veras triste y solo / y te beso como si fueras iras / y te aprietas a mi y haces tu llanto / sin Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas I se mos”), como “Me tienes en tus manos”, “Vales lo que busco ...”, o “He aqui que td est& mozco, 1 y giras y eres y miras incansable / y x-az6n como mi sangre. / Te dig0 que estoy )s, amor, y nos morimos 1 y nada haremos ya esto sabemos. 1 Hoy y maiiana, asi, y cuando lles y cansados, I me faltarfis, amor, nos faltaremos.’) contienen una satxauria del placer, la intimidad y el problema de la comunicaci6n muy pr6xima a la del Pedro Salinas que trabajaba el espejo como traici6n a la vida y escribia “Toda el alma para. ti, 1 murmuras, per0 en el pecho 1 siento un vacio que s610 I me lo llenarfi ese alma I que no me das. I El alma que se recata / con disfraz de claridades I en tu forma del espejo”, o “No lo dire: entre tus labios me tienes, 1 beso te doy, per0 no claridades”, “Y te pregunto, si, / y te pregunto de que eres, de quien; I y abres 10s brazos I y me ensefias 1 la alta imagen de ti / y me dices que es mia. / Y te pregunto, siempre”; el Salinas mfis exigente. Hay un recuerdo evidente a Rafael Alberti en “Miss X”, donde se recupera esta figura femenina desde el poema “A Miss X, enterrada en el viento del Oeste”, incluido en la Antolop’a de Gerard0 Diego a la que nos referiamos antes y de cuya edici6n hemos extraido las secuencias que nos parecen m5s significativas para un contraste con el poema de Sabines, considerando que su versi6n omite las zonas futuristas. Escuchemos a Rafael Alberti: iAh, Miss X, Miss X: veinte alios! Blzrsas en las ventanas, 10s peluqueros 79
MAPOCHO lloran sin tu. nlelenu. -fuego ruOio cortgdo-. iAh, Miss X, Miss X sin sombrero, alba sin colorete, sola, tan libre, tli, en el viento! No llevahus pendientes. Lus niodistas, de blunco, en 10s bulcones, perdidus />or el cielo. -iA ver! -iAl fin! -2 Que'? iNo! Sdlo era un p[ijaro, no tzi, Miss X nifia. [...I I: niientrus, tzi, en el viento -ite upietan 10s z@atos?-, Miss X, de 10s nimes Ai, ite lustinia el aire?-. iAh, Miss X, Miu X, que' fustidio! Rostezo. Adih.. . -Good bye ... (Ya nadie piensa en ti. [.-I Ya nadie piensa en ti, Miss X niria.)"' Jaime Sabines secuestra el titulo de Miss X para su amada, que como la protagonista de Rafael Alberti es anifiada, &rea, anhima en el recuerdo y tremendamente cotidiana. Sabines ahora rehace a1 personaje y lo corrige, lo arregla a su medida, lo ajusta como un traje, dejrindolo irreconocible, d5ndole cuerpo y suelo, dhdole la mano y el beso: I" La veciondu respeta el original. 80
HUMANIDADES Miss X, la ?nenuda Miss Equis, llegd, por fin, a mi esperunza: alrededor de S~LS ojos, Iweue, infinitu, sin saber nada. Es cigd y linilia coni0 el viento tiemo de la nladmgada, alegre y suave y honda coni0 la yerba bajo el ap. Se pone triste a veces con esa tristezu niurul que en su cara hace idolos rdjiidos y dibuju preocupados fantasnias. Yo creo que es coni0 una nifia prepmtdndole cosas a una anciana, como un burrito atolondrado entrando a una ciudad, lleno de paja. Tiene tanibie'n una mujer dura que le asusta de pronto la mirada y se le mueue dentro y le dediace a niordidas de llanto lay entrafias. Miss X, si, la que me rie y no quiere decir cdmo se llama, me ha diclio ahora, de pie sobre su sonibra, que me anu pero que no me anla. Yo la dejo que mueva la cabeza diciendo no y no, que asi se cunsa, y mi beso en su mano le gerniina bajo la pie1 en paz seniilla de alas. Ayer la luz estuvo todo el dia mojada, y Miss X salid con una capa sobre sus hombros, leve, enaniorada. Nunca ha sido tan nifia, nunca amante en el tiemlo tan anlada. El pel0 le cayd sobre .?a frente, sobre sus ojos, mi alma. La tonie' de la mano y anduvinios toda la tarde de apm. iAh, Miss X, Miss X, escondidu $or del alba! Usted no la amard, sefio?; no sabe. Yo la verC maiiana. 81
MAI’OCHO La relaci6n queda advertida, per0 sefialaremos a1 rnenos la coincidencia de dos elementos que construyen en ambos textos una irnagen cotidiana del cuer- PO fernenino: el cabello y la ropa. Alberti cita la melena ausente de Miss X: “-fuego rubio cortado-”, y Sabines la retrata con el pelo cayendole sobre la frente. Alberti le quita el sombrero, el colorete, 10s pendientes, aligerdndola para que sea aGn rnds liviana. Sabines le pone una capa sobre 10s hombros (que tambien puede ser un artefact0 que resalte el vuelo). El anonirnato de la mujer exige una caracterizaci6n arquetipica, que la hace a la vez ser conocida y desconocida. Desconocida sobre todo, ya en Alberti (“ya nadie piensa en ti”), ya en Sabines (“Usted no la amard, sefior, no sabe”), incidiendo en lo personal de la referencia, que es sobre todo intima, per0 sin negarle su carhcter universal. Harernos adn un pequefio subrayado sobre el verso de Alberti en que se pregunta a Miss X que va volando por el aire: “2te aprietan 10s zapatos?”. En Poeta en Nzuva York, de Garcia Lorca, “Luna y Panorama de 10s insectos” cornienza asi: “Mi coraz6n tendria la forma de un zapato”. La figura del calzado anudado, apretado, opresor, queda molestando a Sabines: yo me rio de ilstedes qzie piensan qiu soy triste coin0 si la soledad o mi mpato me apretaran el aha (“El llanto fracasado”, Horal). La irnpronta del lenguaje lorquiano la vemos sobre todo en sus primerisimos poernas, reunidos en 1949, publicados en Horal al afio siguiente. La seguiremos viendo en Ad& y Eva, escrito en diciernbre de 1950 y enero del 5 1. Y tras la poesia del espafiol ir8 descubriendo Jaime Sabines las obras drambticas, cuya lectura prolongard este vinculo literario a lo largo de 10s afios. Ahora que estarnos avisados de la circunstancia, al acercarnos a 10s primeros libros de Sabines, nos percatarnos de la redundancia lexica de lunas, peces, amarguras y otras penas negras, agonias, presagios ... y de una continua asonancia de rornancero. Estos rasgos superficiales, extendidos por toda la poesia rnexicana de la Cpoca, forrnaban parte de una atrn6sfera bastante general, ya que el Ronlancero Gitano habia tenido un exit0 clarnoroso. Titulos corno “Introducci6n a la rnuerte” o “Casida de la tentadora” rerniten directamente a Garcia Lorca. No es entonces esta manifestaci6n de la influencia, por epidermica y palpable, la que precisaria una investigacibn; no estbn aqui las claves de un manierismo capaz de producir un discurso personal y transgresor corno va a ser el de Jaime Sabines. Mbs bien habria que pensar en mapas anat6micos, en categorias orgbnicas e inorgdnicas, en laboratorios alquirnicos y niagia natural. En un joven provinciano sumergido en la gran urbe, en procesos elernentales, leyes fisicas y ciclos vitales. Y una voz atemporal para hablar del tiernpo. Dejarnos sefialado el lugar mapa donde habria que empezar a excavar: Poetu en Nueva York (“Ciudad sin suefio (Nocturno del Brooklyn Bridge)”, “Poema doble del lago Eden”) y Horal (“Uno es el hombre”, “Lento, amargo ani- 82
HUMANIDADES imitacidn, desarrollo de un tema, interl respuesta. Asi como 10s poetas del Siglc -lZ..:--^ I_^^^ I...:--” -. 2- -..” -..-...-- ;inero, el que estuvo en el i apuntes, del que imit6 las mal”) e invitamos a1 lector a nuestro articulo “Garcia Lorca y Sabines””. Sabemos que la leccidn aprendida de Garcia Lorca podria haberla estudiado en otros poetas ... per0 este fue el primer maestro imal lugar preciso en el momento justo, del que tom6 SU~ recetas, el aprendiz de brujo. El primer Sabines, lo estamos viendo, es muy amante de participar en aquello que lee. Escoge para sus retratos personajes discretos: “escondida flor” es Miss X; tambiCn serd humilde la cojita embarazada de un poema de La sefial, a la que volveremos en breve por ser una reencarnacidn de otra cojita literaria anterior. Estas mujeres y algunas mds, igualmente infantiles, inocentes y observadas con ternura, son motivo de unos versos. Sus antecedentes proporcionan a Sabines un Dunto de Dartida desde el que se proyecta la ivzitatio, mis que xetacidn personal y sobre todo dislogo: de Oro espafiol retomaban topoi de 10s CI~L~ICU~ VI CCUMLIIIUS v UT US CullLtllllooriineos v 10s rehacian, aportando un ’ ~IUULILI~ IC in CIIIUCIUII u in cxpci ICIICI~ auii~icii~c pia ~U~CILLLI uii puciiia. A~UII- tenios tambien que estas nifias de Clara ascendencia modernista (y por ende romsntica), encarnaciones de 5ngeles dafiados o escondidos, revelados por la mirada del poeta, proceden tanto para Sabines como para algunos de sus maestros de una imagen reconocible en la poesia de corte provinciano, interior, intimista, de principios del siglo sx“. Se inscribe en poeta sigue hilando en un tapiz ya empezado, lo coi Insistiremos todavia en un contraste de textos h: ejercicio de reescritura no es un procedimiento aisk prsctica imprescindible para la formacidn de su vun llllCa yuL Ila CLUILlluu spuesta. :s va aportando (las influencias idn JimCnez), y cumpliendo con Iv ailLc3 pIuIIIcLIuu, iLLupciaiiiua Ulla Lw,,Lu,Jancia de un poema de La sefial, “La cojita est5 embarazada”, con “La cojita” de Juan Ramdn. Sabines ley6 con toda seguridad este poema, recogido en el Declamador sin Un fragmento: Publicatlo en Mexico el 28/03/1999 en un n6mero homenaje a Jaime Sabines de In Jornnda Sntmnal y disponible en Internet en la direcci6n: http://serpiente.dgsca.unani.mx/jornada/l999/ n~ar9~/99032Y/sein-beatriz.html. Pensemos en Kam6n Ldpez Velarde. pero tanhien en ese librito que Jaime Sabines cuenta en numerosas entrevistas que niernoriz6 completo: el Derln?tmdorshi m~s[ro, ejemplo de un tipo de publicaci6n de enorme kit0 popular donde conviven poemas de distintas kpocas y muy variable calidatl bajo el linico criterio de la sonoritlad. Nos extendimos en la importancia del Dechtndor para Sabines en un articulo titulado *‘Jaime Sabines, una poetica del interior”, publicado en Czcllu- )u, suplemento del diario Ovncion~s, en Mexico, el I’ El Dechndor, ya lo hemos dicho, es una antc memoria desde la infancia, fue su primer repertoric 83
Lid CIILIC id ~e~~~iuii~uau uei riernpo y la aei espacio, que se cooruinan en el poeta y su poema haciendo posible por ejemplo identificar el sol con la hora y el vientre con el period0 de gestaci6n: Per0 naci tambih (porqw naci) a1 sexto sol del dia, en el tiltinlo vientre de mi madre. (“La Tovarich”) Una realidad mensurable a la que podemos dar la vuelta: la aceptaci6n sin consecuencias de 10s limites fisicos y humanos. 90
irte del joven Sabines de poemas ajenos escogiaos como punto de partida hacia su propia escritura del mundo, ocurre sobre todo, ya est5 dicho, en 10s primeros libros. Hemos distinguido entre un primer momento de imitatio de temas y motivos (las relaciones intertextuales con Juan Ram6n Jimenez y el grupo espaiiol del 27) y un segundo momento m5s versado hacia el diglogo abierto (las conversaciones con Neruda). Segdn se van afirmando su voz y su mirada, se va alejando de 10s modelos culturales y estos procedimientos manieristas se abandonan en favor de una niimesb de la realidad. Esta forma de iniciaci6n resulta natural si se piensa en las lecturas del poeta en esos primeros afiosi6. La originalidad absoluta que exige toda juventud no deia de ser un conceDto imm-acticable: es necesaria siemnre una referencia. 31. C1 ClC>CUUI lllllCllLU UC Id IICCC>lUdU UC I C~~UllUCl U dUllCllI >C d Ulld L1dUlCIUII, el modo de enriquecerla nutriendose de ella, humildemente. En la matriz de la cultura hisphica se form6 Jaime Sabines, desde una tecnica desvergonzada para algunos, legitima para nosotros. No por ello desmerece su obra ni peligra la autenticidad de sus grandes poemas. Also sobre la muerte del Mayor Salines no podria haberse escrito sin un sujeto lirico como el que habian forjado afios de escuela poCtica itinerante; no surge una elegia como esa sin una sabiduria lin-