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¿Son los asentamientos humanos actuales sostenibles? La huella ecológica: indicador sintético de sostenibilidad. Una aproximación al caso del Área Metropolitana de Sevilla.

Cano Orellana, Antonio

Abstract

La creciente preocupación por la sostenibilidad de las prácticas humanas actuales y sus efectos sociales, económicos y ambientales ha situado en el centro del debate, a este respecto, la principal manifestación de la manera en la que los seres humanos hemos decidido asentarnos sobre el territorio: las grandes aglomeraciones urbanas. La creciente concentración de la población en una reducida porción del territorio ha provocado la ruptura entre las localizaciones geográficas y las localizaciones ecológicas, acentuado, en consecuencia, la dependencia de entornos cada vez más distantes para satisfacer los requerimientos de recursos y depositar los residuos generados. Esta dependencia de los asentamientos humanos actuales está, además, asociada a dos fenómenos que la hace especialmente significativa desde el punto de vista ambiental: de una parte, el tránsito de un modelo basado en el metabolismo circular (que cerraba los ciclos de materiales) a otro de carácter lineal (que deja los ciclos abiertos) que ha dado origen al problema de los recursos y a la existencia y extensión de desechos no reconocidos por el medio y, por tanto, acumulables. De otra, el desarrollo y generalización de un modo de vida y unas pautas de producción y consumo enormemente consuntivas, generadoras de desajustes sociales y extraordinariamente depredador del entorno físico. En esta comunicación, pretendemos avanzar en la cuantificación de estos fenómenos, de algunos de sus aspectos más relevantes. Esto es, aproximarnos a una estimación de cuál es el impacto ambiental de las prácticas humanas dimanadas por las exigencias fisiológicas de las grandes aglomeraciones urbanas. En concreto, presentamos los resultados del análisis de la huella ecológica para los municipios de Andalucía, donde van a ser las grandes aglomeraciones metropolitanas y las zonas del litoral las principales responsables del déficit ecológico global andaluz. Especialmente nos centraremos en la más importante aglomeración urbana de Andalucía: el Área Metropolitana de Sevilla.

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IX Jornadas de Economía Crítica ¿ ¿S So on n l lo os s a as se en nt ta am mi ie en nt to os s h hu um ma an no os s a ac ct tu ua al le es s s so os st te en ni ib bl le es s? ? L La a h hu ue el ll la a e ec co ol ló óg gi ic ca a: : i in nd di ic ca ad do or r s si in nt té ét ti ic co o d de e s so os st te en ni ib bi il li id da ad d. . U Un na a a ap pr ro ox xi im ma ac ci ió ón n a al l c ca as so o d de el l Á Ár re ea a M Me et tr ro op po ol li it ta an na a d de e S Se ev vi il ll la a. . Antonio Cano Orellana Departamento de Economía Aplicada II Facultad de Económicas Universidad de Sevilla Grupo de Investigación AREA 15 de febrero de 2004 Resumen: La creciente preocupación por la sostenibilidad de las prácticas humanas actuales y sus efectos sociales, económicos y ambientales ha situado en el centro del debate, a este respecto, la principal manifestación de la manera en la que los seres humanos hemos decidido asentarnos sobre el territorio: las grandes aglomeraciones urbanas. La creciente concentración de la población en una reducida porción del territorio ha provocado la ruptura entre las localizaciones geográficas y las localizaciones ecológicas, acentuado, en consecuencia, la dependencia de entornos cada vez más distantes para satisfacer los requerimientos de recursos y depositar los residuos generados. Esta dependencia de los asentamientos humanos actuales está, además, asociada a dos fenómenos que la hace especialmente significativa desde el punto de vista ambiental: de una parte, el tránsito de un modelo basado en el metabolismo circular (que cerraba los ciclos de materiales) a otro de carácter lineal (que deja los ciclos abiertos) que ha dado origen al problema de los recursos y a la existencia y extensión de desechos no reconocidos por el medio y, por tanto, acumulables. De otra, el desarrollo y generalización de un modo de vida y unas pautas de producción y consumo enormemente consuntivas, generadoras de desajustes sociales y extraordinariamente depredador del entorno físico. En esta comunicación, pretendemos avanzar en la cuantificación de estos fenómenos, de algunos de sus aspectos más relevantes. Esto es, aproximarnos a una estimación de cuál es el impacto ambiental de las prácticas humanas dimanadas por las exigencias fisiológicas de las grandes aglomeraciones urbanas. En concreto, presentamos los resultados del análisis de la huella ecológica para los municipios de Andalucía, donde van a ser las grandes aglomeraciones metropolitanas y las zonas del litoral las principales responsables del déficit ecológico global andaluz. Especialmente nos centraremos en la más importante aglomeración urbana de Andalucía: el Área Metropolitana de Sevilla. Palabras claves: Sostenibilidad; huella ecológica; consumo; asentamientos humanos; metropolización. Las realidades metropolitanas y los fenómenos a ella asociados han alcanzado un extraordinario protagonismo en los últimos tiempos. La creciente importancia de las grandes aglomeraciones urbanas, en este contexto, puede explicarse atendiendo a causas de origen diverso. De una parte, las dinámicas derivadas de los procesos de globalización económica en curso así como los cambios operados en las funciones asumidas por los Estados han favorecido que lo local haya ido adquiriendo una presencia cada vez mayor en la gestión de los procesos territoriales actuales. Por otro lado, este mayor protagonismo de lo local ha ido asociado a una tendencia creciente a la concentración de la población y de la actividad en núcleos urbanos acompañada de la progresiva despoblación de extensas áreas rurales. Obsérvese, en este sentido, —según el censo de población— que en el período comprendido entre 1960 y 1980 el ochenta por ciento del territorio andaluz pierde población y entre los años 1981 y 2001 la mitad del territorio sigue perdiendo población (Delgado Cabeza, M., 1999). Un proceso similar puede apreciarse en la 1 provincia de Sevilla con importantes migraciones internas de población en detrimento de vastas áreas rurales y en beneficio de la Aglomeración Urbana de Sevilla1. Junto a lo anterior, tiene lugar, principalmente en la última década, una preocupación creciente por los efectos no deseados de las actividades humanas sobre el entorno físico. En este contexto, la sostenibilidad de los asentamientos humanos actuales adquiere una notable trascendencia. En estos términos lo formuló Maurice Strong, Secretario General de la Cumbre de Río de 1992, cuando afirmó que la batalla por la sostenibilidad se ganaría o perdería en las ciudades. De ahí, que la «problemática urbana» se erija, en la actualidad, en el principal foco de atención tanto del diagnóstico cuanto de la planificación y gestión territorial desde la perspectiva de la sostenibilidad. Es por ello, que cualquier aproximación a las aglomeraciones urbanas actuales requiera, cada vez más, el uso de herramientas que ayuden a entender la dimensión metropolitana desde el punto de vista de la sostenibilidad. En este sentido se han expresado, a lo largo de la última década, tanto organismos internacionales como la propia Comisión Europea a través de diferentes informes que han promovido el desarrollo y la divulgación de actuaciones concretas orientadas hacia aspectos asociados a la sostenibilidad, incorporando criterios ambientales y sociales, juntos a los estrictamente económicos, en la definición de algunas políticas sectoriales. Llegados a este punto tal vez sea conveniente precisar qué se entiende aquí por sostenibilidad, dado que la extensión del uso de este concepto (que empezara a divulgarse oficialmente tras la publicación del informe de Naciones Unidas Nuestro Futuro Común, coordinado por la doctora Gro Harlem Brundtland) y su propia ambigüedad se ha traducido en la necesidad de delimitar su significado y tratamiento. 1 Por Aglomeración Urbana de Sevilla o Área Metropolitana de Sevilla (términos que utilizamos indistintamente para referirnos a la misma realidad territorial) entendemos la demarcación de municipios que el Plan General define como «primera corona metropolitana» (22 municipios), idéntica a la establecida en el Acuerdo de 31 de mayo de 1994, del Consejo de Gobierno (Junta de Andalucía), por el que se formula el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla; similar también a la adoptada por la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía tanto en el Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía, como en el Plan de Infraestructuras de Andalucía 1997-2007 (1998) y de acuerdo a los criterios seguidos en la elaboración de las Tablas Input-Output de la provincia de Sevilla así como por la Consejería de Obras Públicas y Transportes en El sistema urbano andaluz. Aglomeraciones urbanas, áreas de centralidad y ámbitos desarticulados (1992). No obstante, es conveniente indicar que dada la expansión que está sufriendo la Aglomeración Urbana, fenómeno no exclusivo del caso sevillano, nuevos municipios puedan integrarse en ella. De hecho, el documento correspondiente a la mesa 5 del Plan General de Sevilla titulado La emergencia del territorio metropolitano de Sevilla considera hasta 41 municipios y la ciudad central como la delimitación del área metropolitana actual (algo más del 77 por ciento de la población de la provincia de Sevilla). 2 El interés por superar las limitaciones del razonamiento exclusivamente monetario ha llevado a que la sostenibilidad se preocupe y ocupe, de manera complementaria a lo estrictamente monetario, de la salud de los ecosistemas que son el sustento y soporte de la vida en la tierra. Las dinámicas económicas y urbanas han de concebirse como sistemas abiertos que, para su desarrollo y funcionamiento, requieren de relaciones de intercambio y dependencia con el resto de los ecosistemas terrestres. De hecho, el Informe final del Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la Unión Europea, titulado Ciudades Europeas Sostenibles (1995) señala que «el desafío de la sostenibilidad urbana apunta a resolver tanto los problemas experimentados en el seno de las ciudades, como los problemas causados por las ciudades». Así pues, las dinámicas de desarrollo local han de considerar, si se desear transitar en el sentido de la sostenibilidad, no sólo los aspectos estrictamente monetarios sino también aquellos relacionados con los desarreglos ambientales y sociales que las prácticas económicas pueden ocasionar. Tienen que contemplar las limitaciones biofísicas que imponen los ecosistemas y han de dotarse de los medios adecuados para un certero diagnóstico. A esta perspectiva de la sostenibilidad se ha denominado sostenibilidad fuerte o muy fuerte (Naredo, J.M., Norton, B.G., Turner, K., Wuppertal Institute…) Si queremos que la sostenibilidad sea algo más que ―como expresara el Nobel en Economía Robert Merton Solow― un mero compromiso sentimental, las prácticas humanas han de ser observadas bajo el prisma no sólo de las rentabilidades monetarias inmediatas sino, y esto es ignorado frecuentemente, de los perjuicios que éstas ocasionan a la salud de los ecosistemas y a las propias sociedades. En otras palabras, hemos de considerar el uso de recursos escasos, la generación y acumulación de desechos no asimilados por el medio y la huella ecológica2 en que incurren los territorios afectados. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que los actuales asentamientos humanos han dado lugar al desarrollo de prácticas cuantitativa y cualitativamente muy alejadas de las que tenían lugar en los asentamientos tradicionales. Para cubrir sus necesidades y verter los desechos generados en la satisfacción de éstas tienden a disponer de un espacio superior al que ocupan directamente. Esto es, las localizaciones geográficas tienden a superar las propias 2 El indicador Huella Ecológica estima el área de suelo/agua necesaria para producir, de forma duradera, los recursos o suministrar los servicios ecológicos requeridos por una población concreta y absorber los desechos generados por ésta. Esto es, mide el impacto humano en el medio físico o cuanta superficie bioproductiva utilizan los seres humanos para satisfacer sus exigencias de consumo, en términos de hectáreas por habitante, con la tecnología disponible en el momento del análisis. 3 localizaciones ecológicas y a distanciarse de ellas. Además, el propio funcionamiento interno de las realidades urbanas actuales ha alterado la relación previamente existente con el entorno físico. El «metabolismo circular» característico de las poblaciones tradicionales favorecía el cierre de los ciclos de materiales y establecían, en consecuencia, unas relaciones más armoniosas con el medio. Sin embargo, el desarrollo de la sociedad urbano-industrial apoyado en un «metabolismo lineal» deja abierto los ciclos de materiales y da origen al problema de la escasez de recursos y al fenómeno de la acumulación de desechos. Todo ello ha dado lugar a un proceso, resultado de un modelo de urbanización «universal» (Naredo, J.M., 2003) extraordinariamente exigente en suelo y recursos y altamente disipativo-entrópico y generador de desechos, en virtud del cual el territorio ha quedado fragmentado estableciéndose una dicotomía entre aquellas áreas destinadas a la apropiación y aquellas otras destinadas a la extracción y vertido. A nuestro criterio, si se quiere ser coherente con los planteamientos dimanados de los diferentes eventos e informes relativos a la sostenibilidad urbana reflejados, entre otros, en el Libro Verde sobre Medio Ambiente Urbano (1990) de la Unión Europea, las Agendas Locales 21 surgidas de la Conferencia de Río (1992), o la Carta de Aalborg sobre ciudades sostenibles (1994), ha de avanzarse en una mayor comprensión del fenómeno metropolitano de manera integrada huyendo de los análisis parcelarios y planeamientos, por tanto, poco coordinados. Así como disponer del material estadístico adecuado para la realización de diagnósticos más ajustados a las realidades metropolitanas actuales. Es conveniente insistir en que desde el punto de vista de la sostenibilidad no hemos de ocuparnos exclusivamente de las condiciones de vida en las ciudades sino también, como indica el Libro Verde al que se ha hecho alusión, de la incidencia de éstas en el territorio. En este sentido, el Informe final del Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la UE, titulado Ciudades Europeas Sostenibles (1995) señala que «el desafío de la sostenibilidad urbana apunta a resolver tanto los problemas experimentados en el seno de las ciudades, como los problemas causados por las ciudades». Esto guarda relación con un aspecto importante, desde el punto de vista del planeamiento, y éste no es otro que la coordinación de las estrategias encaminadas a la planificación y gestión de la sostenibilidad de las grandes aglomeraciones urbanas. 4 Sin embargo, y a pesar de haber transcurrido ya más de una década desde la Cumbre de la Tierra y algo más de treinta años desde la primera cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano (Estocolmo, 1972), los estudios destinados a una mayor comprensión del fenómeno metropolitano y su incidencia en el entorno físico son aún muy reducidos. En relación con el caso que nos ocupa, la Aglomeración Urbana de Sevilla3, se observa una carencia muy notable a este respecto. Hay que remontarse a mediados de los años ochenta del pasado siglo para encontrar una estimación, en términos físicos, de las necesidades de recursos de la Aglomeración. Mapa 1 4.005,0 Mt 2.717,6 Mt 4.816,0 Mt 2.988,7 Mt 536,0 Mt 1.067,5 Mt Fuente: Elaboración propia, a partir de las Tablas Ínput-Output de la provincia de Sevilla (1986) En efecto, las Tablas Input-Output de la provincia de Sevilla (1986) ofrecían una aproximación a los requerimientos de recursos para satisfacer las necesidades de 3 El Área Metropolitana de Sevilla constituye la aglomeración urbana más compleja y de mayor volumen de población de cuantas existen en Andalucía. Concentra, además, el mayor volumen de actividad productiva. Cuenta con una población de 1.116.867 habitantes (Censo de 2001), que representa el 64,6 por ciento del total provincial, localizado en el 9,9 por ciento de la superficie provincial (IEA). 5 funcionamiento del Área Metropolitana de Sevilla. De los resultados alcanzados se desprende que para alimentar el funcionamiento de la Aglomeración eran necesarios 11,6 millones toneladas de materiales y energía, de las cuales tan sólo la quinta parte procedía de la propia Aglomeración; esto es, de cada 5 toneladas requeridas tan sólo una procedía del interior del área metropolitana. Además, siguiendo este mismo estudio, mientras las importaciones (necesidades de recursos y energía procedente del exterior) ascendían a 9,3 millones de toneladas las salidas alcanzaba tan sólo una cifra de 4,5 millones de toneladas, evidenciando una naturaleza absolutamente dependiente del resto del territorio. Cuadro 1: Flujos de agua, materiales y energía en la Comunidad de Madrid (millones de toneladas) Entradas Salidas 1 19 98 88 8 2 20 00 02 2 1 19 98 88 8 2 20 00 02 2 Energía solar Energía solar Ferrocarril (m) Ferrocarril (m) 1.184 1.184 1,5 0,4 Lluvia Lluvia Carretera (m) Carretera (m) 4.730 4.730 4,1 20,9 Electricidad Electricidad Aguas Residuales Aguas Residuales 1 2,0 (6,0) 432 432 Ferrocarril (m) Ferrocarril (m) RSU RSU 2,3 1,8 4,4 8,7 Carretera (m) Carretera (m) 17 30,4 Extracción y cosecha Extracción y cosecha 9,2 28,2 Agua Agua 695 695 Oleoducto Oleoducto + gas 2,9 3,6 + 1,7 = 5,3 Contaminación Contaminación 4 7,3 Biomasa humana Biomasa humana 0,24 0,26 Fuente: Elaboración propia, a partir de Naredo, J.M. y Frías, J. (1988) y Naredo, J.M. (2002). Tampoco en el resto del territorio español los estudios han sido abundantes. A finales de los ochenta Naredo y Frias (1988) realizaron un análisis de flujos físicos (materiales, energía, agua, residuos) para la conurbación de Madrid, que ha sido actualizado con datos de 2000, en el 6 que se da cuenta no sólo de la enorme dependencia del exterior de la conurbación para satisfacer las necesidades de funcionamiento propia sino también de la creciente exigencia de suelo. Como puede apreciarse en el cuadro anterior, por ejemplo, el consumo de electricidad se duplicaron en tan sólo una década, las extracciones se multiplicaron por tres, el transporte, por carretera se ha incrementado de manera notable, los requerimientos energéticos y la contaminación atmosférica casi se duplicaron, al tiempo que la deposición de los residuos generados se doblaron precisando, en la actualidad, casi una cuarta parte del territorio construido para su depósito. A nuestro criterio, resulta imprescindible análisis de esta naturaleza si se desea avanzar en la planificación y gestión sostenible de los territorios. Resulta obvio que para gestionar es previo poseer un diagnóstico adecuado de aquello que queremos gestionar y esto exige un conocimiento profundo de las realidades sujetas a planificación y gestión en toda su totalidad y complejidad. Pues bien, el análisis de los flujos físicos es, en este sentido, un complemento imprescindible a las valoraciones monetarias y a los análisis circunscritos exclusivamente en el universo de los valores monetarios. El criterio de rentabilidad económica es necesario considerarlo, pero adolece de limitaciones que pueden subsanarse acudiendo a estudios complementarios que den cuenta de lo que los economistas hemos denominado «externalidades negativas» que guardan estrecha relación con los desarreglos ambientales y sociales a los que se quiere hacer frente desde las políticas de sostenibilidad, generalmente aceptadas. El objetivo legítimo de algunas localidades en cuanto a atracción de población, actividades y recursos monetarios, de la extensión de los asentamientos humanos y su creciente ocupación de suelo, no puede descuidar las dinámicas que estas iniciativas generan, el metabolismo a que dan lugar y los efectos sobre el territorio propio y sobre el que se extiende más allá de su demarcación geográfica. En esta línea, el uso de indicadores físicos y análisis expresados en unidades físicas puede ayudar a un mejor conocimiento de las realidades metropolitanas y, en consecuencia, a una mejor planificación y gestión del territorio bajo su ámbito. La carencia de datos estadísticos para el estudio de base económica en ámbitos locales, inferiores a la escala estatal o regional, como el municipal, ha llevado a algunos analistas a la necesidad de utilizar la información disponible para ámbitos espaciales superiores y a partir de ahí trasladar los datos a las realidades municipales considerando la población como si se comportara de manera homogénea y, en consecuencia, como base para la estimación. 7 En nuestro caso, consideramos que el criterio de la población resulta muy insatisfactorio. El principal motivo de discrepancia estriba en considerar a las poblaciones homogéneas en su comportamiento. Este razonamiento, a nuestro criterio, desvirtuaría la naturaleza de estudios como el que nos ocupa, ya que es justamente el diferente comportamiento de las poblaciones, especialmente la localizada en las grandes aglomeraciones urbanas, expresado a través de sus pautas de producción y de consumo, así como en la generación y tratamiento de los desechos, el responsable de los problemas de insostenibilidad urbana en la actualidad. Es por esta razón, que proponemos una metodología diferente, aun siendo conscientes que no resuelve el problema de la falta de información disponible para ámbitos inferiores y que, por tanto, no dejar de ser una aproximación. Esta mejora en el tratamiento de datos consiste en diseñar un índice que muestre la Intensidad de Consumo por Unidad de Superficie (ICUS). A partir de él obtenemos un coeficiente (factor), basado en el Análisis de Componentes Principales, en virtud del cual trasladamos los resultados alcanzados para Andalucía a los distintos municipios que constituyen la Comunidad Autónoma y particularmente a los municipios del Área Metropolitana de Sevilla. En otras palabras, lo que proponemos es sustituir, para la estimación a escala municipal de la huella ecológica, la densidad (hab/km2), la habitualmente utilizada, por la intensidad de consumo (consumo en términos físicos/ km2)4. De acuerdo con las estimaciones alcanzadas de huella ecológica para los 769 municipios andaluces5 puede concluirse: i) como promedio la población andaluza consume por encima de sus posibilidades; en concreto para satisfacer los requerimientos de las población andaluza, en términos de huella ecológica, sería necesaria una extensión casi dos veces superior a la existente; ii) las cifras más altas (verde más intenso en el mapa) se corresponden con las principales aglomeraciones urbanas (Sevilla, Málaga, Cádiz y Granada), el resto de las capitales de provincia y extensas áreas del litoral andaluz; iii) el déficit ecológico en el que se incurre es satisfecho por los recursos procedentes de otros territorios y por el capital o stock natural, generalmente no restituido, del que se hace uso de manera creciente e indiscriminada, agotando de forma acelerada el patrimonio que se ha ido acumulando a lo largo de millones de años; iv) las bases que sostienen el actual modelo de desarrollo urbano-industrial, especialmente materializado en las grandes aglomeraciones urbanas, es ecológica y socialmente insostenible. 4 En mi Tesis Doctoral se procede a una justificación de esta propuesta. 5 Esta información está obtenida y ampliamente desarrollada en la Tesis Doctoral inédita del autor de este documento que lleva por título Economía y sostenibilidad en las grandes aglomeraciones urbanas. Una aproximación al caso del Área Metropolitana de Sevilla. 8 destina una cantidad de suelo prácticamente igual al que actualmente asigna, para ese mismo uso, el planeamiento vigente en Sevilla capital. En este mismo sentido, del conjunto de suelos clasificados como urbanos o urbanizables en la zona norte del Aljarafe sevillano un 65 por ciento va destinado a viviendas, duplicándose la capacidad residencial de la misma. No obstante, este fenómeno alcanza mayor intensidad en el sector del Aljarafe central. Esto se ha traducido en una ocupación de la práctica totalidad del suelo existente, dando lugar a un continuo urbano que se extiende por toda la cornisa del Aljarafe, desde Castilleja de Guzmán a Coria del Río, y hacia el interior (Castilleja de la Cuesta, Gines, Tomares, Bormujos, San Juan de Aznalfarache, Mairena del Aljarafe…), que se verá probablemente acentuado con la implantación de la SE-40. Para ilustrar lo anterior sólo basta observar cómo Castilleja de la Cuesta, Gines y Tomares tienen clasificados como suelo urbano o urbanizable el 97,2, el 80,5 y el 72,8 por ciento respectivamente de su superficie total. Junto a lo anterior, la expansión de la Aglomeración Urbana de Sevilla ha propiciado un aumento creciente de la movilidad. Este hecho se debe tanto a que la propagación metropolitana ha estado asociada, como hemos comentado anteriormente, a la segregación de algunas de las funciones de la ciudad central cuanto a la propia zonificación que ha tenido lugar en el propio desarrollo de la ciudad de Sevilla. De este modo, lo que se ha producido es una dinámica suburbial en la que los habitantes de las localidades limítrofes se trasladan diariamente a la ciudad central que concentra una parte muy importante de los lugares de trabajo y servicios, como diferencia del desarrollo experimentado por realidades metropolitanas que han tenido lugar en otros lugares y que aparentemente han servido de modelo. Así, frente a las edge cities (ciudades periféricas), en las que sus habitantes no sólo viven sino que trabajan y satisfacen sus necesidades de consumo en ellas, se ha producido una extensión descontrolada de la ciudad central (urban sprawl) que ha favorecido el extraordinario crecimiento de la movilidad a la que antes hacíamos alusión. Así pues, la manera en la que se ha ido conformando el espacio metropolitano, apoyado en un modelo monofuncional de crecimiento urbano disperso, se ha traducido en elevados niveles de movilidad motorizada unida a una fuerte dependencia del vehículo privado. En efecto, en la ordenación futura de la Aglomeración se siguen considerando como elementos estructurales fundamentales los trazados viarios: ronda de circunvalación SE-40 (anillo que circunscribe al actual SE-30, ya colapsado); variante Oeste-Aljarafe; nuevo acceso Norte de 15 Sevilla; variante Sur, con el desdoble de la carretera Sevilla-Utrera; variante de la N-630 y su desdoble; etcétera. Estos trazados están concebidos para mejorar las relaciones viarias en la aglomeración pero, a su vez, son el acicate de nuevos emplazamientos residenciales, fomentando migraciones continuadas en el interior del Área hacia aquellos lugares donde la oferta de suelo es amplia y más barata y, en consecuencia, aumentando los desplazamientos y reduciendo progresivamente la capacidad de los nuevos trazados impulsando la necesidad de otros nuevos en un proceso de continuidad sin fin. Como consecuencia de lo anterior la relación entre el transporte público y el vehículo privado descendió, en el conjunto de la Aglomeración, de un 40 a un 32 por ciento en la primera parte de la década de los noventa, justo cuando se registran los movimientos migratorios más importantes de pequeña escala (en el interior del Área). Además, el transporte público sólo opera de forma dominante en la ciudad central siendo en el resto de la Aglomeración el vehículo privado la modalidad principal de transporte. Esto corrobora el hecho observado en otras realidades urbanas de la fuerte correlación existente entre la mayor densidad y diversidad de funciones y equipamientos urbanos y el menor uso del vehículo privado para los desplazamientos, frente al uso creciente de éste en los asentamientos de población dispersos. Cuadro 4: La movilidad en grandes aglomeraciones urbanas: cuadro comparativo Ciudad Barcelona Bilbao Madrid Málaga Sevilla Ámbito Área Metropolitana Provincia de Vizcaya Área Metropolitana Área Metropolitana Área Metropolitana Habitantes 3.700.000 1.140.000 4.577.000 732.000 1.022.000 Fecha 1996 1997 1996 1993 1995 Viajes a pié 34% 44% 37% 49% 41% Tte. Colectivo 31% 19% 34% 13% 17% Automóvil 35% 31% 29% 34% 37% Otros ― 6% ― 4% 5% Fuentes: Estudios de Movilidad en Bizkaia (1998); Encuesta de Movilidad Origen-Destino de Málaga (MOPTMA, 1993); Plan Intermodal de Transportes del Área Metropolitana de Sevilla (1995); Jornadas Técnicas sobre la Encuesta Domiciliaria de Movilidad, Madrid (1998); La mobilitat quotidiana a la Regió Metropolitana de Barcelona (1997), tomadas de A pié, número 0, octubre de 1999 (http://personal.telefonica.terra.es/web/apiemadrid/Numero0-web.pdf ) A pesar de ello, la creciente movilidad que tiene lugar en la Aglomeración repercute de forma importante en la propia ciudad central, traduciéndose en un aumento progresivo de la densidad de tráfico en ella. Según las cifras que maneja el Centro de Control de Tráfico del Ayuntamiento de la capital hispalense, la movilidad de la población de la Aglomeración se 16 concreta en la realización de 1,2 millones de viajes diarios en medios mecanizados. De éstos, dos tercios se realizan en vehículo privado y el tercio restante en transportes colectivos. De los viajes realizados en coche, 610 mil tienen lugar en la ciudad central y más de 160 mil entre ésta y el resto de la Aglomeración. En relación con los transportes colectivos más del 86 por ciento tienen por usuarios a residentes en la ciudad central y algo menos de un 14 por ciento a los residentes del resto de los municipios del Área. El Centro de Control de Tráfico considera, además, que la tendencia es a que los aumentos de movilidad que tendrán lugar en los próximos años sean absorbidos por el vehículo privado. Esto es, la carga de vehículos que tendría que soportar la ciudad de Sevilla en un futuro inmediato se vería incrementada en un 15 o un 20 por ciento aproximadamente. Cuadro 5: Estudio de movilidad, cuadro comparativo Madrid Sevilla 1980 1988 1996 1990 1995 Automóvil 13,6% 22,0% 29,0% 26,0% 36,4% Tte. Público 28,9% 28,8% 34,0% 17,5% 16,8% A pié 57,5% 49,0% 37,0% 49,1% 41,4% Otros ― ― ― 7,4% 5,4% Fuentes: Madrid Región Metropolitana (CAM, 1990); Estrategia de Transportes en la Región Metropolitana de Madrid (CAM, 1998); Jornadas Técnicas sobre Encuesta Domiciliaria de Movilidad en la Comunidad de Madrid (1996); Consorcio Regional de Transportes (1997 y 1998); Plan Intermodal de Transportes del Área Metropolitana de Sevilla (1995), tomadas de A pié, número 0, octubre de 1999 (http://personal.telefonica.terra.es/web/apiemadrid/Numero0-web.pdf). Todo ello origina una demanda creciente de suelo y un despilfarro energético prohibitivo para unas economías, como la de la propia Aglomeración, muy dependiente de fuentes energéticas procedentes del exterior y basadas casi en su totalidad en la combustión fósil, dando lugar a un problema adicional como es la contaminación ambiental. Este tipo de elementos generalmente son insuficientemente considerados en los análisis urbanos y, sin embargo, son imprescindibles para una planificación y gestión sostenibles. El desarrollo de las actividades productivas y las dinámicas poblacionales no son ajenas a estos procesos, es más son quienes los alimentan y generan su necesidad. El propio modelo territorial, urbanístico y constructivo diseña una determinada ordenación del territorio dando lugar a una polarización entre áreas de apropiación y otras de extracción y vertido; promueve un modelo urbanístico disperso que separa las distintas funciones 17 de la ciudad y, por último, impulsa un modelo constructivo, denominado «internacional» o «universal», que dota a los edificios de una estructura muy ineficiente desde el punto de vista energético y poco adaptados a las condiciones bioclimáticas. Es por ello que llegue a afirmarse que un modelo de estas características se sitúa entre los principales responsables de los problemas de insostenibilidad de las realidades urbanas actuales. Anteriormente dábamos cuenta, a través de la información recogida de las Tablas Input- Output para la provincia de Sevilla, de los importantes requerimientos de materiales y energía demandados por la Aglomeración Urbana de Sevilla. Pues bien, la importante presión que el desarrollo metropolitano ejerce sobre el entorno físico puede verse reflejado a través de la Intensidad de Consumo por Unidad de Superficie (indicador desarrollado en la Tesis Doctoral del autor de este texto, a la que ya se ha hecho referencia). Cuadro 6: Aglomeración Metropolitana de Sevilla: Intensidad de Consumo por Unidad de Superficie (ICUS). Municipios RSU V H-R VH EE E t/Km2 Viv/Km2 Plaz/Km2 Vh/Km2 MWh/Km2 Est/Km2 Alcalá de Guadaira 9.104 183 369 87 249.243 1243 Algaba (La) 31.380 534 1.210 201 69.449 2998 Almensilla 4.752 645 0 55 20.653 730 Bormujos 17.017 3.463 3.533 175 84.248 2560 Camas 83.296 1.574 5.797 846 474.925 10258 Castilleja de Guzmán 8.738 3.196 0 130 59.284 1117 Castilleja de la Cuesta 360.538 3.430 60.653 2.869 1.156.334 31794 Coria del Río 1.374 312 0 135 49.763 1853 Dos Hermanas 25.642 814 238 225 160.133 2768 Espartinas 541 407 2.128 75 42.124 734 Gelves 16.601 2.264 0 232 121.372 2359 Gines 102.966 4.276 25.460 1.182 458.595 16293 Mairena del Aljarafe 60.859 2.073 2.984 753 278.449 9556 Palomares del Río 7.492 331 48 119 51.544 1058 Puebla del Río (La) 1.638 17 17 12 7.269 183 Rinconada (La) 4.306 228 482 67 54.100 1127 Salteras 1.542 68 951 19 28.444 245 San Juan de Aznalfarache 202.701 2.003 33.014 2.152 1.479.653 24367 Santiponce 31.730 957 11.790 275 150.656 3484 Sevilla 207.116 2.597 38.264 2.223 1.243.981 25701 Tomares 105.822 2.988 10.776 1.487 492.795 16470 Valencina de la Cpción. 7.315 310 2.380 103 77.934 1683 RSU = Residuos Sólidos Urbanos; E.E. = Consumo de energía eléctrica; VH = Parque de vehículos; V = Parque de viviendas; E = Número de establecimientos; H-R = Plazas de hostelería y restauración. Fuentes: IEA. Lipasam. Mancomunicad Alcores. Elaboración propia. 18 De acuerdo con la información obtenida se ha producido un aumento creciente de las necesidades de recursos y de los desechos generados, con incrementos porcentuales superiores a los registrados por la población. Por ejemplo, entre 1987 y 2000 el consumo de energía eléctrica en el Área Metropolitana de Sevilla se incrementó en más de un 184 por ciento, mientras que la población aumentó tan sólo un 9,3 por ciento. De acuerdo con estudios realizados una hectárea de distrito metropolitano, en la actualidad, consume 1.000 veces más energía que un área equivalente de tipo rural. En este sentido, es conveniente observar, no obstante, que las áreas urbanas no tienen una ecología separada del campo que la circunda. Una gestión de las áreas urbanas en el sentido de la sostenibilidad quedaría en pura teoría si no se rompe la dicotomía urbano/rural. Insistimos que el modelo que dimana de la sociedad urbano-industrial establece una división entre áreas de apropiación (urbanas) y de extracción y vertido (rurales), extendiendo su lógica de funcionamiento y ordenación al conjunto del territorio. Para ilustrar lo anterior cabe señalar que de los residuos sólidos urbanos generados en la provincia de Sevilla, el 64,8 por ciento corresponde a la Aglomeración; así mismo el Área Metropolitana de Sevilla concentra el 67,8 por ciento del parque de vehículos de toda la provincia y el 70,8 por ciento del total de la energía eléctrica consumida. Es conveniente indicar, de otro lado, que la población del Área (casi los dos tercios de la población provincial) se localiza en tan sólo el 10 por ciento de la superficie provincial total. La extraordinaria expansión de las aglomeraciones urbanas actuales, tanto cuantitativa como cualitativamente, y la dinámica de funcionamiento por ellas generadas han acentuado la importancia del fenómeno urbano desde la perspectiva de la sostenibilidad. Es por esta razón que estas realidades supramunicipales, mucho más complejas que las tradicionales ciudades, requieran de aproximaciones que sean verdaderamente útiles desde el punto de vista de su planificación y gestión. La acción coordinada que rehuya los enfoques parcelarios y el uso de valoraciones en términos físicos que cumplimenten las estrictamente monetarias resultan imprescindibles a este respecto. En estas líneas hemos querido ofrecer alguna información y reflexiones en este sentido que esperamos resulten de utilidad. La gestión del fenómeno metropolitano es cada vez más complejo y justamente esto obliga a transitar por caminos tal vez menos convencionales pero absolutamente necesarios para un mayor y mejor conocimiento de los aspectos a él asociados. 19 BIBLIOGRAFÍA AYUNTAMIENTO DE SEVILLA. Informe Socioeconómico y Anuario Estadístico de la ciudad de Sevilla. Varios años. BAIGORRI, A. (1995): “De lo rural a lo urbano. Hipótesis sobre las dificultades de mantener la separación epistemológica entre Sociología Rural y Sociología Urbana en el marco del actual proceso de urbanización global” en V Congreso Español de Sociología. Granada. CANO ORELLANA, A. (2003): Economía y sostenibilidad en las grandes aglomeraciones urbanas. Una aproximación al caso del Área Metropolitana de Sevilla. En prensa. CELIS D’AMICO, F. (2000): “Arquitectura bioclimática, conceptos básicos y panorama actual” en El Boletín de la Biblioteca, 14 (http://habitat.aq.upm.es/boletin/14/afcel.html). 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