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Mujeres de quita y pon: el examen de putas en «El rufián viudo» de Cervantes

Sáez, Adrián J.

Abstract

Este trabajo examina el lance de la elección de mujeres en el entremés El rufián viudo de Cervantes, para proponer que la parodia de las ideas sobre el perfecto matrimonio se realiza mediante el paradigma de examen de rameras, que se recomendaba en la realidad como medida de control de la prostitución.

Full text

Es e abajo examina el lance de la elección de muje es en el en emés El u ián iudo de Ce an es, pa a p opone que la pa odia de las ideas sob e el pe ec o ma imonio se ealiza median e el pa adigma de examen de ame as, que se ecomendaba en la ealidad como medida de con ol de la p os i ución. Palab as cla e: El u ián iudo, pa odia, examen, p os i ución. This wo k examines he scene o he elec ion o women in he en emés El u ián iudo by Ce an es, in o de o sugges ha he pa ody o he ideas abou he ideal ma iage a e exempli ied by he pa adigm o he examina ion o p os i u es, which was ecommended in he eali y as a way o con ol o p os i u ion. Keywo ds: El u ián iudo, pa ody, examina ion, p os i u ion. 72 73 os en emeses de Ce an es hacen jus icia al o igen de su nomb e, pues en ellos se encuen a bocado pa a odos los gus os: sab osos ecos de la época, emas de la más abiosa ac ualidad, e lexiones me apoé icas, una amplia panoplia de chasca illos, a iladas c í icas, e c. Más oda ía si el ca álogo se amplía eniendo en cuen a o os ex os y o as azas en emesiles que es án diseminadas aquí y allá desde los dos Quijo es y algunas no eli as ejempla es has a las comedias y agedias*. De los ocho en emeses an nue os como nunca ep esen ados que Ce an es saca a la luz, El u ián iudo es un caso especialmen e in e esan e po a ias azones: den o de la colección, hace pa eja con La elección de los alcaldes de Daganzo como los dos únicos ex os en e so del conjun o y se p esen a como una sue e de pa én esis u bano y pica esco en e dos en emeses ús icos; asimismo, el empo e oluciona de la melancólica calma inicial al pos e io alleg o desen enado p o agonizado po una gale ía de pe sonajes apica ados elacionados de alguna mane a con El u ián dichoso y o os ex os ce an inos; sin duda alguna, El u ián iudo ambién posee un b illo especial po que, a más del egis o de ge manía, hace gala de una in ensa poli onía lib esca que aga illa una g an cosecha de guiños poé icos (a Ga cilaso y o os más) en e los que des aca la llegada inal del jaque Esca amán que ale de homenaje a Que edo 1 . Pe o ambién el en emés saca a escena una nue a ca a del mundo de la p os i ución, que hace juego con o os pe iles pu escos que p esen a en el p ime Quijo e (dos mozas «del pa ido» de la en a, I, 2; Ma i o nes, I, 16-17; una p os i u a campes e, II, 45), las No elas ejempla es (la Gananciosa, la Escalan a y la Ca iha a de Rincone e y Co adillo, las mesone as de La ilus e egona, la co esana de El casamien o engañoso y alguna igu a del Coloquio de los pe os, más la coda celes inesca de La ía ingida), la p ime a jo nada de El u ián dichoso (con la nin a An onia y Ca ascosa, pad e de la mancebía), el en emés El izcaíno ingido (con o as dos co esanas) y Los abajos de Pe siles y Sigismunda (Hipóli a IV, 7) 2 : de la más al a a la más baja y del ámbi o u bano al u al, la gama de * Es e abajo se enma ca en el p oyec o Ce an es, comedias y agedias: edición c í ica, es udio e his o ia [FFI2012-32383] del Minis e io de Economía y Compe i i idad (Gobie no de España) coo dinado po Luis Gómez Canseco (Uni e sidad de Huel a). 1 Eugenio , «En emeses», en Suma ce an ina, eds. J. B. A alle-A ce y E. C. Riley, London, Tamesis, 1973, p. 34. 2 Sob e la p os i ución ce an ina, e Ca men Y. , Cou esans in he Li e a u e o Spanish Golden Age, Kassel, Reichenbe ge , 2002, pp. 207-233, que aza un pano ama gene al (Los abajos de Pe siles y Sigismunda, IV, 13) pa a cen a se en La ía ingida, a la que Ad ienne L. «Ma i o nes y la L 74 pu as ce an inas es muy a iada, y en es a gale ía se ocan cues iones como el engaño, lo que a del amo ca nal al e dade o, la iolencia, e c. F en e a es a a iada gale ía de muje es in ames, El u ián iudo se ace ca jocosamen e a o o aspec o del uni e so de las ame as, según se e á. El en emés se ab e con el plan o de T ampagos po la mue e de su coima (la Pe icona) y los in en os de consuelo de Vademécum, que dan paso a dos isi as de pésame: p ime o, la en ada en escena de Chiquiznaque espolea los ecue dos «amo osos» del u ián y, después, la llegada de Juan Cla os anima a T ampagos a deja la is eza pa a elegi una nue a muje en e es p os i u as (la Repulida, la Pizpi a y la Mos enca) que an a su lado, pa a que inalmen e domine la aleg ía y se acabe con un baile que sucede a la apa ición an asmagó ica de Esca amán 3 . Jun o al juego en e la icción y la ealidad con que se cie a el en emés, el lance de la elección de una nue a muje cons i uye el cen o de El u ián iudo, ya que ma ca el i aje es i o desde los idículos lamen os iniciales (una «pa odia [d]el ono de la agedia i alianizan e y senequis a» 4 ), hacia la eanudación de la acción, que puede en ende se como la con inuación del ciclo de la ida po el ápido paso del lu o al egocijo, del elo io a las celeb aciones p e ias a un nue o casamien o 5 : según el consejo de Juan p os i ución u al», en El «Quijo e» desde Amé ica, eds. G. Illanes y J. I land, México, El Colegio de México, 2006, pp. 219-233; An E o ic Philology o Golden Age Spain, Nash ille, Vande bil Uni e si y P ess, 2008; y «P os i ución e his o ia social en los en emeses del hampa emenina», en USA Ce an es. 39 ce an is as en Es ados Unidos, eds. G. Dopico Black y F. Layna Ranz, Mad id, Poli emo-CSIC, 2009, pp. 865-894) añade los casos de p os i u as u ales y los dos en emeses del hampa emenina. Ve ambién Ad ián J. («“Pa a es la a iesa”: la co esana Es e anía, el engaño mu uo y la sí ilis en El casamien o engañoso», Anales Ce an inos, 43, 2011, pp. 163-180; y «De soldados, pu as y sí ilis: modelos y géne os li e a ios en o no al al é ez Campuzano en El casamien o engañoso», Ce an es: Bulle in o he Ce an es Socie y o Ame ica, 34:1, 2014, pp. 41-57) pa a el caso del al é ez Campuzano y la co esana Es e anía. Sob e las me e ices en la no ela pica esca, e Anne J. («Sexual Enclosu e, Tex ual Escape: The Píca a as P os i ue in he Spanish Female Pica esque No el», en Seeking he Woman in he La e Medie al and Renaissance W i ing Essays in Feminis Con ex ual C i icism, Knox ille, Uni e si y o Tennessee, 1989, pp. 135-159; Ma ía Soledad («Píca as: muje es de mal i i en la na a i a del Siglo de O o», Dicenda: Cuade nos de Filología Hispánica, 11, 1993, pp. 11-33); y especialmen e Héc o («El bené ico “mal ancés” de Gaspa Lucas Hidalgo», en El sexo en la li e a u a, coo ds. L. Gómez Canseco, P. Zamb ano y L. P. Alonso Gallo, Huel a, Uni e sidad de Huel a, 1997, pp. 123-132). O o cauce de di usión de la en e medad e a la poesía bu lesca (Jesús , «De bu las y en e medades ba ocas: la sí ilis en la ob a poé ica de Anas asio Pan aleón de Ribe a y Miguel Colod e o de Villalobos», C i icón, 100, 2007, pp. 115-142; y Félix , «De las nin as del Olimpo a las nin as de las asque as: una isión de la p os i ución en la España del Siglo de O o», eHumanis a, 15, 2010, pp. 154-175). 3 Sob e la disposición en cuad os ( es o cua o) y o as cues iones es uc u ales en dispu a, e Jo ge «El u ián iudo de Ce an es: es uc u a, imágenes, pa odia, ca na alización», Mode n Language No es, 101:2, 1986, pp. 247-269. 4 Eugenio , op. ci ., p. 179. 5 Jo ge , a . ci ., pp. 253-257. 75 Cla os, «[…] es bien que el i o aya a la hogaza, / como el mue o se a a la sepul u a» ( . 176-177) 6 . Un enlace que es, po supues o, me a ó ico y pa ódico, y que se ab e a conside aciones de in e és. Amén de la ec eación g o esca del juicio de Pa is 7 y de una nue a cala en los con lic os y ai enes del ema del ma imonio que an o p eocupaba a Ce an es en bu las y e as, es e baile de pa ejas de El u ián iudo se concibe como un pa adigma composi i o y como un guiño con ex ual, según dos eo ías que p e endo ma iza : Pé ez de León 8 en iende que se a a de un minien emés de examen que epi e el esquema de des ile de igu as de o os compañe os de colección (El juez de los di o cios, La elección de los alcaldes de Daganzo) y pa odia los manuales sob e la muje pe ec a (con las Ins i u iones eminae ch is ianae de Vi es y La pe ec a casada de ay Luis de León al en e) a la ez que se ponen en sol a los alo es más a is oc á icos de la sociedad, po que es e segundo ma imonio se undamen a en ideas (con el in e és a la cabeza) adicalmen e con a ias a las que debe ían egi lo 9 ; a su ez, Ba as Escolá 10 se es ue za po aza oda una ed de equi alencias ci adas en e algunos hechos coe áneos y el en emés, que end ía a dispa a un a ilado da do con a la ida ma imonial del duque de Le ma, que puede escoge a su segunda muje en e a ias candida as (quedan ue a las en a i as con Juana Man ique de La a, condesa de Valencia de don Juan, y doña Magdalena de Guzmán, ma quesa del Valle) después de la mue e de su p ime a esposa (doña Ca alina de la Ce da). 6 Se ci an los ex os po las ediciones consignadas en la bibliog a ía, modi icando en ocasiones la pun uación. 7 Joaquín , Sen ido y o ma del ea o de Ce an es, Mad id, G edos, 1966, pp. 192-193. 8 Vicen e , «Pa odia del uso del pode y elección de esposas en El u ián iudo», en Selec ed P oceedings o he Pennsyl ania Fo eign Language Con e ence, Pi sbu gh, G elin P ess, 2003, pp. 131-147; y Tablas des empladas: los en emeses de Ce an es a examen, Alcalá de Hena es, Cen o de Es udios Ce an inos, 2005, pp. 158-173. 9 En e dad, Vicen e («Pa odia del uso del pode y elección de esposas en El u ián iudo», en Selec ed P oceedings o he Pennsyl ania Fo eign Language Con e ence, Pi sbu gh, G elin P ess, 2003, p. 137; y Tablas des empladas: los en emeses de Ce an es a examen, Alcalá de Hena es, Cen o de Es udios Ce an inos, 2005, p. 166) saca a eluci el consejo de Hua e de San Juan sob e la co espondencia de calidades en e los no ios, de acue do con su ace camien o a los en emeses ce an inos desde las ideas médicas de la época: «Allí había de habe casamen e os que con a e supiesen conoce las calidades de las pe sonajes que se habían de casa , pa a da a cada homb e la muje que le esponde en p opo ción, y a cada muje su homb e de e minado; con la cual diligencia nunca se us a ía el in p incipal del ma imonio» (Examen de ingenios, 588). Sin emba go, c eo que en es e caso el chis e a más bien con a las ecomendaciones sob e las ca ac e ís icas que debía de ene una buena muje . 10 Al edo , «El u ián iudo, ¿sá i a polí ica?», Ce an es: Bulle in o he Ce an es Socie y o Ame ica, 29:2, 2009, pp. 33-62. 76 No es luga de de alla las azones en con a de es a lec u a con ex ual ( up u a del deco o, negación de las con enciones del géne o en emesil y del ho izon e de expec a i as del público, iesgos anejos pa a el ingenio en cues ión, e c.), que se enma ca en una co ien e c í ica de exégesis polí ica de ex os d amá icos, que de paso iende a con empla sub specie agoediae modelos esencialmen e cómicos 11 . En compensación, se puede p opone o o pa adigma de examen con un cie o componen e con ex ual, que acaso si a pa a explica an o la o ma de la pa odia como el sen ido del episodio. T as un diálogo en el que se e elan algunos a dides y i udes pu escas de la Pe icona (encub imien o de la edad median e a ei es, idelidad y i meza al o icio y a su u ián), con la i upción del compad e Juan Cla os y es p os i u as se añade algún asgo más (la e iciencia, las gene osas ganancias), y se ma ca el in de las lág imas con la p opues a de elegi a o a ibu a ia como emedio. Al momen o, las es candida as hacen gala de sus encan os —o más bien de sus dine os— pa a con ence a T ampagos, que no se p onuncia has a el inal de las b e es y espec i as p esen aciones. La condición pa ódica del episodio es cla a y puede elaciona se con un modelo de examen bien conocido en la época: el con ol de la p os i ución. Si bien pa ece que enía más de eo ía que de p ác ica, la apa ición y p og esi a expansión de la sí ilis (po o o nomb e «mal ancés») desde inales del siglo x causa una p eocupación c ecien e que se e leja en di e sos p oyec os de egulación de la p os i ución 12 . En e o as medidas (especialmen e la concen ación de las me e ices en mancebías), p on o gana ue za la necesidad de un examen médico pa a las p os i u as, que comp uebe la higiene y la salud pa a e i a con agios y o os pelig os. Como bo ón de mues a ale el pa ece del doc o And és de León, que ad ie e de la necesidad de e isiones médicas pa a la p os i ución: 11 Respec i amen e, e el epaso de F ede ick A. («Cla es polí icas en las comedias de Calde ón: el caso de El mayo encan o, amo », Anua io Calde oniano, 4, 2011, pp. 117-144), y las ad e encias de Ignacio («Me odología y ecepción: lec u as ágicas de comedias cómicas del Siglo de O o», C i icón, 50, 1990, pp. 7-21). 12 And és y F ancisco , «Pode y p os i ución en España (siglos XVI-XVII): el caso de Se illa», C i icón, 69, 1997, pp. 33-49; e His o ia de la p os i ución en Andalucía, Se illa, Fundación José Manuel La a, 2004. Ma ía Te esa , La p os i ución en el Reino de G anada a inales de la Edad Media, Málaga, Dipu ación de Málaga, 2003. Aunque es os es udios se cen an en el caso se illano, si e de mues a signi ica i a del pano ama gene al. 77 […] se ad ie a que los daños de las epúblicas suceden po el mucho descuido y deso den en los ocamien os, y las jus icias ienen g an culpa en no ene ci ujano y médico asala iado que isi e las muje es públicas y las que se supiese que ganan aunque más en onadas uesen, pues son es as las que causan mayo es daños que pes e, pa a que con es e cuidado no sucedan an os desas es como cada día emos en las mayo es epúblicas 13 . Pa a ello, se que ían ap o echa las ges iones o iciales que se ealizaban pa a con i ma el ing eso de las ame as en las mancebías y casas públicas, y o os eglamen os abogan po e isiones sani a ias pe iódicas 14 . También en el ejé ci o, que solía i acompañado de un co ejo de me e ices pa a calma los ánimos de la soldadesca, se in en aba egula an o el abas ecimien o como la salud de las p os i u as, pa a e i a en la medida de lo posible un más que posible con agio 15 . De hecho, la sí ilis es undamen al en la dinámica de bu las de El casamien o engañoso 16 y apa ece en más de una ocasión en el en emés que engo comen ando. Aunque se indica cla amen e que la Pe icona mue e debido a que enía «malos los hipocond ios y los hígados» ( . 89), Chiquiznaque c ee que la causa de la mue e e a la sí ilis: «[e]l ye o es u o / en no hace la suda » ( . 94-95), dice. T ampagos niega la mayo , po que se había ecupe ado en casi odas las ocasiones (has a once) en las que ue some ida a una de las cu as habi uales pa a es a en e medad (los sudo es): «siemp e quedaba como un jinjo e de, / sana como un pe ué ano o manzana» ( . 97-98). Tampoco al an azones pa a la sospecha, pues el éxi o de la cu a no debía de se an es upendo, si se ap ecia que la se ie de de ec os que enía la Pe icona (llagas supu an es 13 And és de , P ác ico de mo bo gallico, Valladolid, Luis Sánchez, 1605, cap. 21, . 30 - . Ya an es se encuen an es a p opues a de mane a simila en el T ac a us cum consiliis con a pudendag am seu mo bum gallicum (Roma, Pie o della To e, 1497) de Gaspa To illa y en el T a ado con a el mal se pen ino (Se illa, Domenico de Robe is, 1539) de Rod igo de Isla (And és y F ancisco , a . ci , p. 42). 14 Aunque se conocen in en os p e ios a la expansión de la sí ilis, el econocimien o médico obliga o io solo se es ablece con las o denanzas de 1538 dec e adas po Ca los V (Ángel y Ma ía Te esa , «El “s a us” eó ico de las p os i u as del eino de G anada en la p ime a mi ad del siglo XVI (Las o denanzas de 1538)», en Las muje es en las ciudades medie ales: Ac as de las III Jo nadas de in es igación in e disciplina ia, ed. C. Segu a G aiño, Mad id, Uni e sidad Au ónoma de Mad id, 1984, p. 166). 15 Geo ey , El ejé ci o de Flandes y el camino español, 1567-1659: la logís ica de la ic o ia y de o a de España en las gue as de los Países Bajos, ad. M. Rod íguez Velasco, Mad id, Alianza, 1985, pp. 217-218. 16 Ad ián J. , a . ci ., 2011. 78 como «un A anjuez», alien o dañado y pé dida de dien es, . 100-116) son secuela di ec a del mal si ilí ico. Signi ica i amen e ninguna de las es muje es que se o ecen a T ampagos p esume de ninguna cualidad ísica sino de « ela» ( . 186), es o es, de la hacienda que poseen y, en consecuencia, de la capacidad de gana dine o en el eje cicio de su p o esión que an o se elogiaba de la Pe icona. Además, dos de ellas (la Pizpi a y la Repulida) cuen an con el a al de dos de los u ianes (Juan Cla os y Chiquiznaque), que pa ecen da ga an ías sob e las cualidades de las candida as. Únicamen e se encuen a un des ello en es e sen ido: Vademécum añade a a o de la Mos enca que es «limpia […] po odo es emo» ( . 163) pa a a ianza su p e ensión, en lo que quizá se pueda e una alusión a la buena salud más allá de la bella apa iencia, además de una nue a mención al maquillaje que emplean las muje es (el insul o « on o almidonado», . 191, ecue da que el almidón e a uno de los p oduc os con que se blanqueaba la piel) 17 . En pe ec a lógica con es a p esen ación in e esada y con las p e e encias que ya ha demos ado p e iamen e, el u ián escoge —sin abu i se— a la Repulida, que le o ece más caudales que las o as ( e . 180-182). Así las cosas, la p esen ación de es ame as pa a el juicio de T ampagos después de un pa lamen o que a isa de los pelig os de la sí ilis puede emeda en alguna medida el examen médico con el que en la época se ecomendaba con ola la p os i ución. A in de cuen as, el u ián iene que elegi una nue a p os i u a pa a su se icio (de ahí la señal de escla i ud de . 231-232), pe o nunca una esposa s ic o sensu, po mucho que es a sue e de elación se quie a encub i con nomb e de pa en esco y se de ina es e lance como «las bodas de T ampagos» ( . 337 y luego en . 396). De es a mane a, la bu la de Ce an es gana oda ía más ue za al jugue ea con un esquema o icial sob e la p os i ución en elación con la idea de ma imonio. Ya Ma ín juzga que en los en emeses de pu ane (es e y El izcaíno ingido) Ce an es p esen a una mi ada bu lona e i ónica del abanico de medidas o iciales des inadas a domina y encauza el o icio pu esco 18 . En es e sen ido, iene al pelo 17 En El izcaíno ingido, B ígida descub e —con no poca mala baba— la ealidad que encub e su colega C is ina (« iene las e as como dos al o jas acías, y […] no le huele muy bien el alien o, po que se a ei a mucho», 78), pe o luego a la ca a p egona que es «muy limpia, muy linda y muy ag aciada» (79, sob e lo que insis e después: « odo lo me ece u desen ado, u limpieza y u magní ico é mino», 82). 18 Ad ienne L. , op. ci ., 2009, p. 890. En o os dos en emeses asoma b e emen e la p os i ución: doña Guioma ba aja lanza se al o icio pu esco en El juez de los di o cios pa a emedia la 79 eco da un asomo i ónico cla ísimo con el in en o de Be ganza de expone al co egido de Se illa un emedio con a la p os i ución («cie os ad e imien os que había oído deci a un iejo en e mo des e hospi al, ace ca de cómo se podía emedi la pe dición an no o ia de las mozas agamundas, que po no se i dan en malas y an malas que pueblan los e anos odos los hospi ales de los pe didos que las siguen», 621), que acaba con el can apaleado, mas no con en o 19 . De es a mane a, la uel a jocosa de las condiciones de la muje pe ec a en El u ián iudo se ealiza a a és de un esquema bien conocido, que se suma al ca álogo de di e sas p uebas que Ce an es ecomendaba pa a comp oba el e dade o es ado de unas con lic i as elaciones ma imoniales (El juez de los di o cios), el ingenio de los candida os a un ca go o icial (La elección de los alcaldes de Daganzo) y la calidad an o de las comedias (Don Quijo e, I, 48) como de los ac o es (Ped o de U demalas, . 2083-2090). Ce an es, además, p obablemen e con aba con algún conocimien o médico de o igen amilia (su pad e Rod igo e a «médico ci ujano») y en más de una ocasión ap o echa conscien emen e el po encial de uno de los g andes pelig os con que amenazaba la p os i ución, pa a lo que segu amen e enía en cuen a el magis e io de la Celes ina, La Lozana andaluza y o os ex os, amén de la ealidad que lo odeaba. Cla o es á que la e isión médica solo a ec aba a la p os i ución pública de los bu deles, mien as que los pe sonajes de El u ián iudo pe enecen a la ca ego ía de la p os i ución más bien p i ada, que se eje cía un poco po odas pa es con la p o ección de una celes ina o un u ián —so capa de una elación amilia — y, desde luego, alejada de oda no ma de con ol o icial. En e e una denuncia con a es e esquicio legal se an oja demasiado pa a un en emés y al a oda p ueba ex ual, po lo que es e deslinde puede pasa como una pequeña licencia. En suma, si el en emés ab aza un acimo gene oso de pis as in e ex uales, la ealidad apo a un posible pa ón pa a la disposición es uc u al de un in e esan e ueque pob eza de su ma imonio («como yo eo que mi ma ido es pa a an poco, y que padece necesidad, mué ome po emedialle. Pe o no puedo, po que, en esolución, soy muje de bien y no engo de hace ileza», 10) y el Ganapán se casa, bo acho, «con una muje que saqué de pecado» (12); en La elección de los alcaldes de Daganzo, Humillos desca a sabe lee po que ese ipo de conocimien os son «[…] quime as / que lle an a los homb es al b ase o / y a las muje es a la casa llana» (39). 19 En La Numancia se encuen a una disposición del gene al Cipión con a la p os i ución soldadesca: «De nues o campo quie o, en odo caso, / que salgan las in ames me e ices; / que de se educidos a es e paso / ellas solas han sido las aíces. / Pa a bebe no quede más de un aso, / y los lechos, un iempo ya elices / llenos de concubinas, se deshagan / y de ajina y en el suelo se hagan» ( . 129-136).