Mein Freund Otto
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52 Magazine 23
os semanas después del 9 de no iemb e
de 1989, iajaba a Be lín en un en
noc u no desde Colonia, el des ino
que me había ocado en sue e como
es udian e E asmus en el, c eo, p ime
o segundo año del p og ama.
La composición del agón po
nacionalidades y sexos me pa ecía
un egalo del cielo: un g upo de
cinco o seis ame icanas (simpá icas
además), un i aliano baji o que solo
sabía deci i
ch bin Paolo
y son eí
de un modo espeluznan e a las, di ía
yo, a e o izadas ame icanas, dos amigas españolas, mi
amigo Ra a y yo. Hacía un ío que pelaba, pues no había
cale acción: e a uno de esos enes que pusie on sob e las
ías ex p o eso pa a lle a nos cual ganado a p esencia uno
de los g andes espec áculos his ó icos del siglo XX.
Sin emba go, ni la His o ia alemana con mayúsculas ni los
in en os in uc uosos de educi dis ancias ísicas en aquel
agón de mala mue e (¡ni con el ío!) son cues iones que
aquí nos ocupen.
Mi his o ia a a de O o, nues o an i ión en Be lín, de su
sen ido de la hospi alidad y de sus capacidades culina ias.
Según c eo, O o había llegado en sep iemb e a Be lín desde
ie as anconas pa a es udia alguna
Wissenscha
de
nomb e igno o. E a algo así como amigo de una conocida
de un amigo de Ra a y, a a és de una cadena an, según
se dice,
südländisch
, nos o eció su casa en Be lín pa a
pe noc a cuan as noches quisié amos. Desde luego se
cumplía, pensábamos malignos Ra a y yo, una p emisa
casi undamen al pa a que se hubie a p oducido aquella
in i ación: en Be lín, en aquellos momen os, O o es aba
más solo que la una, no conocía a nadie y sus clases no
habían empezado (o él no había empezado a i , eso no lo sé).
Nos ecibió con una g an son isa en uno de esos pisos de
alquile en un iejo y oscu o edi icio si o en algún luga
de Be lín. Medía casi dos me os y e a ue e como un
o o. A modo de saludo, nos dio sendos golpeci os en los
omopla os (que aún sien o en los días húmedos, Ra a c eo
que ambién), nos dio unas lla es, hizo un ges o así gi ando
la mano de echa y haciendo como el que in oducía una
lla e en la ce adu a que había y nos dijo en un alemán
muy cla i o que enía que i se y que ya nos eíamos. No
in en ó explica nos nada en español (no sabía, pe o ya se
sabe que eso no suele se un óbice pa a los alemanes). Y
de ese modo, según se dice, an
südländisch
, Ra a y yo nos
ins alamos
bei
O o.
Lo que nos quedó cla o a Ra a y a mí en los días siguien es
e a que O o es aba encan ado de ene compañía en
esos p ime os días suyos be lineses, pe o que es aba aún
más con en o de o ece su casa a dos ex anje os que
iban a Be lín. Desde en onces, o as eces he do mido en
Alemania en casa de gen e desconocida, incluso sin que
es u ie an en ella ni me hubie an conocido p e iamen e.
Y a algunos no los he llegado a conoce nunca. No iene
sen ido ag adecé selo desde es as líneas po que sé que no
an a lee las, pe o g acias a odos ellos me quedó cla o que
sob e los ópicos de la hospi alidad hay mucho que discu i .
Pe o no es oy aquí pa a esc ibi eo ías.
Vol iendo a O o y a esos días en que cayó el Mu o, Ra a
y yo imos nie e, cue os, á boles pelados, mucha gen e
con cinceles y ma illos in en ando lle a se pa e de aquel
oci o de his o ia, cómo no bebimos ce eza, es u imos
en la pa e es e con nues o isado de 24 ho as, llegamos
de uel a ein e minu os a de al pues o on e izo, no pasó
nada pe o aya sus o mo oco udo, ya nos eíamos en el
pa edón en e a un g upo de policías ge mano-o ien ales-
D
Juan xo La e a
Mein F eund O o
O i e sos
La e a, Juan xo, “Mein F eund O o”, Magazin 23, in ie no 2015, pp 52-53.
Magazine 23 53
so ié icos-polacos de os o impene able y co azón de
hielo, O o nos acompañó un pa de días, nos eímos en no
se sabe qué idioma y e cé e a, e cé e a, e cé e a. El día an es
de i nos, nues o an i ión nos pa ecía un ío an magní ico
que decidimos in i a le po so p esa a una buena cena
española. O o se ue po la mañana a a egla algo de su
ma ícula y, ya que nos íbamos al día siguien e, quedamos
en e nos en casa po la a de pa a oma una ce eza. A las
sie e. Ra a y yo uimos a hace una comp a y p epa amos un
menú con odas las de la ley: con sus api as pa a empeza ,
salmo ejo con unos oma es sospechosos que se lle a on
nues os úl imos cén imos del iaje, o illa de pa a as y
has a un a oz con múl iples y a iados ing edien es que
espe ábamos nos salie a ap oximadamen e como una
paella. Pa a bebe no solo ce eza, ambien in o. Vamos,
un es ín.
Como e minamos de hace la comp a con iempo de
sob a pa a cocina ,
dejamos las bolsas en
la casa, sob e la mesa
de la cocina, y nos
uimos a da un úl imo
ga beo po la an igua y
u u a capi al alemana.
Y como é amos
españoles (ay, ópicos)
y jó enes (ay, iempos
imbe bes), llegamos
con el iempo jus o
pa a cocina . Y como
O o e a alemán y
oda ía no es aba
muy ambien ado en la
ciudad, había llegado
con iempo de sob a...
ambién dispues o a cocina .
Al en a en el apa amen o, pe cibimos ápidamen e un
olo ex año, ine able y cie amen e pene an e. Nues o
an i ión nos saludó con su más que desa ollado lenguaje
de ges os y su habi ual son isa, nos o eció una ce eza y,
de nue o en un alemán muy cla i o, nos explicó qué es aba
haciendo. Ra a, de modo con ulso, me decía aduce, coño,
aduce, pues no daba c édi o a lo que c eía es a en endiendo,
pe o en ealidad sí en endía, y además no hacía al a: an e
nues os ojos, mezclados en in e nal
o um e olu um
den o de una olla descomunal, he ían plácidamen e odos
nues os ing edien es, odo nues o amo al mundo de la
cocina, odo nues o place medi e áneo y epicú eo, odos
nues os ecue dos gus a i os y ol a i os de iejas abuelas y
mad es aman ísimas, y odo bajo la ba u a c uel, impá ida,
glacial, me is o élica, ingenua y ajena a odo sabe culina io
de aquel gigan e eu ón.
Había añadido un poco más de a oz que le sob aba pa a no
queda se co o. Y nos daba las g acias de odo co azón po habe
comp ado odo aquello. Espe aba que nos gus a a su
Ein op
.
No lo ma amos. Es más, nos eímos. Le dijimos que
eníamos an a hamb e que ya nos habíamos omado unas
salchichas po la calle. Dimos cuen a de un queso que se
había sal ado de la quema egado con in o mien as él
aciaba la olla con una cucha a digna de su po e. Después,
nos pasamos a la ce eza.
Al día siguien e, en el en que nos conducía de uel a a
nues a casa colonesa, con una esaca mediana (
Wein au
Bie , das a e ich Di , Bie au Wein
...), Ra a y yo llegamos
a dos conclusiones de aquel encuen o que, hoy, pod íamos
llama in e cul u al: la p ime a, hay un ipo de alemán
especialmen e hospi ala io y, segu amen e, especialmen e
hospi ala io con los
ex anje os. Has a un
pun o so p enden e.
En esos días de Be lín
y en o os an e io es y
pos e io es de Colonia
lo ap endimos. Sob e el
po qué p e ie o calla ,
no lo sé en ealidad y
solo pod ía pe geña
algunas elucub aciones
e á icas sob e polí ica
e his o ia que solo
se i ían pa a abu i al
lec o que haya llegado
has a aquí.
La segunda conclusión
se e ie e a la cul u a
culina ia. No la ep oduzco
al comple o po dos mo i os: uno, hoy no pienso
exac amen e igual y, dos, no quisie a que se me en adase
ningún buen amigo o amiga de esas ías ie as que los
omanos no log a on conquis a . De odos modos, la idea
que nos hicimos, más o menos, es que a los alemanes, en
compa ación con los españoles (¡ odo es ela i o!), eso de la
mesa bien pensada, la eunión al ededo de un buen pla o,
los p epa a i os, oma se su iempo en esos menés e es,
e c., quién sabe po qué o bien les impo a una higa o bien
les pa ece una pé dida de iempo. También puede se que
no se den mucha maña en los ogones po que es én odo
el día pensando en Hegel o en Bee ho en. En cualquie
caso, hay algo en lo que c eo i memen e: es mejo sabe se
hospi ala io que sabe cocina .
[ ]
La e a, Juan xo, “Mein F eund O o”, Magazin 23, in ie no 2015, pp 52-53.