Abenamar, periodista taurino (I)
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Revista de Estudios Taurinos N.º 10, Sevilla, 1999, págs. 91-120 “ABENAMAR”, PERIODISTA TAURINO I1 María Celia Forneas Fernández Universidad Complutense de Madrid abe advertir al lector que esta investigación busca esclarecer la biografía de Santos López Pelegrín, por un lado, y analizar la personalidad taurina del periodista Abenamar por otro. Abenamar realiza su trabajo en una etapa histórica igualmente fascinante en lo político, en lo literario y en lo taurino, pero más aún en lo periodístico. Santos López Pelegrín y Zabala nace en la villa de Cobeta (Guadalajara), el l de noviembre de 1800 (villa que entonces pertenecía al señorío de Molina, en el reyno de Aragón, y a la diócesis de Sigüenza). Esta es la verdadera fecha de su nacimiento, según consta en certificados de nacimiento y bautismo (copias) que aparecen en su expediente personal conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (Leg. 4. 1A este artículo le seguirá una segunda parte que completará el análisis de “Abenamar Periodista taurino I”. M.ª Celia Forneas, es profesora titular de Periodismo, I-Análisis del Mensaje en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. En 1998 publicó en la colección “La Piel del Toro” de la Editorial Biblioteca Nueva dirigida por el prof. A. Amorós, de la Fundación de Estudios Taurinos, el estudio titulado La Crónica taurina actual. Un texto informativo, literario y de opinión. Ver recesión en Revista de Estudios Taurinos, n.º 8, 1998, págs. 265-279.
nombre de la familia López Pelegrín y la noticia de que se presentó por primera vez en Madrid en aquel año. Según José Vázquez y Rodríguez, esta presentación tuvo lugar el 17 de octubre de 1814, y según el Diario de Madrid, fue el 10 de octubre de 1814, de acuerdo con el siguiente texto: «El Rey nuestro Señor (que Dios guarde) se ha servido señalar el lunes 10 del presente mes (si el tiempo lo permitiere) para la 6.º corrida de toros, de las 8 que nuevamente se ha dignado conceder, con el piadoso objeto de que sus productos se inviertan en la asistencia y curación de los pobres enfermos de los reales hospitales General y de la Pasión de esta corte. Mandará y presidirá la plaza el Excmo. Sr. conde de Motezuma, corregidor de esta heroíca villa. Los 14 toros serán: 3 de la acreditada vacada de don Xavier Guendulain, vecino de la ciudad de Tudela de Navarra, con divisa encarnada; 4 de la de don Juan Núñez, de Benavente, con morada y blanca, 2 de la viuda de Braojos, con azul; uno de la de don Manuel Bañuelos Rodríguez, de Colmenar Viejo, con verde; y 4 de la de don José López Pelegrín del señorío de Molina, nuevo en esta plaza, con divisa naranjada. Por la mañana picarán los 6 toros Francisco de Paula Rodríguez y Joaquín Zapata. Por la tarde lo executarán a los 8 Antonio Herrera Cano, Julián Díaz y Ramón Fernández. Los 14 toros de todo el día serán lidiados por las quadrillas de a pie, al cuidado de Manuel Alonso (el Castellano) y Francisco Hernández (el Bolero), que los estoquearán». Santos López Pelegrín y Zabala obtuvo el grado de Bachiller en Leyes en la Facultad de Alcalá de Henares, en 1822. Pedro María Cano certifica que le ha asistido como pasante desde 1822 y lo firma el 19 de febrero de 1827, año en el que López Pelegrín se recibe como abogado de los Reales Consejos, con título de 23-05-1827. “Abenamar”, periodista taurino I 93 12.088-46). Otro dato real y verdadero es que López Pelegrín falleció en Madrid el 21 de febrero de 1845, de «una calentura aguda», según consta en su partida de defunción, expedida por don Vicente Díaz, como representante de la iglesia de San Sebastián de Madrid, donde fue enterrado, en compañía de otros muchos españoles ilustres entre los que es preciso mencionar, al menos, el nombre de Félix Lope de Vega y Carpio, también conocido como Fénix de los Ingenios. En esa fecha, Santos López Pelegrín vivía en la calle Atocha, 43, 2.º, en compañía de su esposa doña Tomasa Velasco y Panadero, con la que tuvo seis hijos. Fue hijo de don José Manuel López Pelegrín y doña Manuela Polonia Zabala. Los López Pelegrín fueron una ilustre familia de liberales molineses, cuyos más notables componentes nacieron en la capital del señorío (de Molina) o en Cobeta a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Sus nombres y sus gestas han sido recogidos por José Sanz y Díaz en La Verdadera Historia del Señorío de Molina, en la Enciclopedia de Guadalajara, en el texto de Antonio Herrera Casado titulado “El señorío de Molina” y también por José Serrano Belinchón, en el Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Guadalajara. La biografía reseñable de Santos López Pelegrín y Zabala comienza en la década de los veinte del siglo XIX, pero hay un dato familiar anterior que es preciso resaltar, ya que nos habla de una cierta tradición taurina. Este dato procede de una primera fuente (por orden de búsqueda y hallazgo) que es el libro de José Vázquez y Rodríguez Un siglo taurino 1787 á 1886, con prólogo de José Sánchez de Neira. (1886). Fue confirmado posteriormente con el Diario de Madrid del sábado 8 de octubre de l8l4, y es la prueba de la existencia de una ganadería brava a María Celia Forneas 92
nombre de la familia López Pelegrín y la noticia de que se presentó por primera vez en Madrid en aquel año. Según José Vázquez y Rodríguez, esta presentación tuvo lugar el 17 de octubre de 1814, y según el Diario de Madrid, fue el 10 de octubre de 1814, de acuerdo con el siguiente texto: «El Rey nuestro Señor (que Dios guarde) se ha servido señalar el lunes 10 del presente mes (si el tiempo lo permitiere) para la 6.º corrida de toros, de las 8 que nuevamente se ha dignado conceder, con el piadoso objeto de que sus productos se inviertan en la asistencia y curación de los pobres enfermos de los reales hospitales General y de la Pasión de esta corte. Mandará y presidirá la plaza el Excmo. Sr. conde de Motezuma, corregidor de esta heroíca villa. Los 14 toros serán: 3 de la acreditada vacada de don Xavier Guendulain, vecino de la ciudad de Tudela de Navarra, con divisa encarnada; 4 de la de don Juan Núñez, de Benavente, con morada y blanca, 2 de la viuda de Braojos, con azul; uno de la de don Manuel Bañuelos Rodríguez, de Colmenar Viejo, con verde; y 4 de la de don José López Pelegrín del señorío de Molina, nuevo en esta plaza, con divisa naranjada. Por la mañana picarán los 6 toros Francisco de Paula Rodríguez y Joaquín Zapata. Por la tarde lo executarán a los 8 Antonio Herrera Cano, Julián Díaz y Ramón Fernández. Los 14 toros de todo el día serán lidiados por las quadrillas de a pie, al cuidado de Manuel Alonso (el Castellano) y Francisco Hernández (el Bolero), que los estoquearán». Santos López Pelegrín y Zabala obtuvo el grado de Bachiller en Leyes en la Facultad de Alcalá de Henares, en 1822. Pedro María Cano certifica que le ha asistido como pasante desde 1822 y lo firma el 19 de febrero de 1827, año en el que López Pelegrín se recibe como abogado de los Reales Consejos, con título de 23-05-1827. “Abenamar”, periodista taurino I 93 12.088-46). Otro dato real y verdadero es que López Pelegrín falleció en Madrid el 21 de febrero de 1845, de «una calentura aguda», según consta en su partida de defunción, expedida por don Vicente Díaz, como representante de la iglesia de San Sebastián de Madrid, donde fue enterrado, en compañía de otros muchos españoles ilustres entre los que es preciso mencionar, al menos, el nombre de Félix Lope de Vega y Carpio, también conocido como Fénix de los Ingenios. En esa fecha, Santos López Pelegrín vivía en la calle Atocha, 43, 2.º, en compañía de su esposa doña Tomasa Velasco y Panadero, con la que tuvo seis hijos. Fue hijo de don José Manuel López Pelegrín y doña Manuela Polonia Zabala. Los López Pelegrín fueron una ilustre familia de liberales molineses, cuyos más notables componentes nacieron en la capital del señorío (de Molina) o en Cobeta a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Sus nombres y sus gestas han sido recogidos por José Sanz y Díaz en La Verdadera Historia del Señorío de Molina, en la Enciclopedia de Guadalajara, en el texto de Antonio Herrera Casado titulado “El señorío de Molina” y también por José Serrano Belinchón, en el Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Guadalajara. La biografía reseñable de Santos López Pelegrín y Zabala comienza en la década de los veinte del siglo XIX, pero hay un dato familiar anterior que es preciso resaltar, ya que nos habla de una cierta tradición taurina. Este dato procede de una primera fuente (por orden de búsqueda y hallazgo) que es el libro de José Vázquez y Rodríguez Un siglo taurino 1787 á 1886, con prólogo de José Sánchez de Neira. (1886). Fue confirmado posteriormente con el Diario de Madrid del sábado 8 de octubre de l8l4, y es la prueba de la existencia de una ganadería brava a María Celia Forneas 92
al cargo el 13 de marzo de 1837. Poco después, se inicia como diputado por la provincia de Guadalajara en la Legislatura que va del 19 de noviembre de 1837 al 17 de julio de 1838, y seguirá en el cargo durante las legislaturas siguientes hasta 1840, según consta en las Actas correspondientes a aquellos años, que se conservan en el archivo del Congreso de los Diputados. “Abenamar”, periodista taurino I 95 Fig. n.º 22.– Cabecera de un periódico típico de la época (apud, Cossío, Los toros, II, 1986, págs. 546). El 6 de junio de 1828 fue nombrado por Fernando VII, a consulta de la Cámara de Indias, Asesor General del Gobierno de las Islas Filipinas. Jura su nombramiento el 29 de abril de 1829, ante el Supremo Consejo de Indias, y se embarca para Filipinas, donde permanecerá tres años. Pero López Pelegrín no tiene suerte en este destino, ya que, según consta en diversos documentos de su expediente, (Leg. 751/12006), la Asesoría General del Gobierno y Capitanía General de aquellas Islas, que como tal comprendía la de Guerra y la Superintendencia de la Real Hacienda, se ve modificada, y cuando López Pelegrín llega a Filipinas se encuentra con la sorpresa de que su sueldo ha pasado de 5.000 a 1.000 pesos, al haber separado de su responsabilidad la Superintendencia de Hacienda. El 10 de diciembre de 1830, mediante escrito personal, solicita un aumento de sueldo, dada su precaria situación, pero no se le debió de conceder, ya que, como se desprende de otro escrito personal suyo, fechado el 24 de diciembre de 1833, en esa fecha lleva un año en España, pues afirma que «tuvo que trasladarse por su cuenta a la península, con la competente licencia, donde se halla hace un año sin sueldo alguno». El 9 de febrero de 1834, fue nombrado teniente corregidor de Madrid. Y el 23 de marzo siguiente, le nombran ministro de la Audiencia, cuyo destino desempeñó dos años; sin embargo, en octubre de 1834, le suspenden como teniente corregidor por un incidente de carácter administrativo. En 21 de noviembre de 1835 le nombran magistrado de la Audiencia de Cáceres, de cuya plaza tomó posesión el 26 de Enero de 1836 (A.G.A. Leg. 8.030), pero su incorporación fue dilatada mediante la solicitud de sucesivas licencias, y se desprende claramente de los textos analizados que renunció María Celia Forneas 94
al cargo el 13 de marzo de 1837. Poco después, se inicia como diputado por la provincia de Guadalajara en la Legislatura que va del 19 de noviembre de 1837 al 17 de julio de 1838, y seguirá en el cargo durante las legislaturas siguientes hasta 1840, según consta en las Actas correspondientes a aquellos años, que se conservan en el archivo del Congreso de los Diputados. “Abenamar”, periodista taurino I 95 Fig. n.º 22.– Cabecera de un periódico típico de la época (apud, Cossío, Los toros, II, 1986, págs. 546). El 6 de junio de 1828 fue nombrado por Fernando VII, a consulta de la Cámara de Indias, Asesor General del Gobierno de las Islas Filipinas. Jura su nombramiento el 29 de abril de 1829, ante el Supremo Consejo de Indias, y se embarca para Filipinas, donde permanecerá tres años. Pero López Pelegrín no tiene suerte en este destino, ya que, según consta en diversos documentos de su expediente, (Leg. 751/12006), la Asesoría General del Gobierno y Capitanía General de aquellas Islas, que como tal comprendía la de Guerra y la Superintendencia de la Real Hacienda, se ve modificada, y cuando López Pelegrín llega a Filipinas se encuentra con la sorpresa de que su sueldo ha pasado de 5.000 a 1.000 pesos, al haber separado de su responsabilidad la Superintendencia de Hacienda. El 10 de diciembre de 1830, mediante escrito personal, solicita un aumento de sueldo, dada su precaria situación, pero no se le debió de conceder, ya que, como se desprende de otro escrito personal suyo, fechado el 24 de diciembre de 1833, en esa fecha lleva un año en España, pues afirma que «tuvo que trasladarse por su cuenta a la península, con la competente licencia, donde se halla hace un año sin sueldo alguno». El 9 de febrero de 1834, fue nombrado teniente corregidor de Madrid. Y el 23 de marzo siguiente, le nombran ministro de la Audiencia, cuyo destino desempeñó dos años; sin embargo, en octubre de 1834, le suspenden como teniente corregidor por un incidente de carácter administrativo. En 21 de noviembre de 1835 le nombran magistrado de la Audiencia de Cáceres, de cuya plaza tomó posesión el 26 de Enero de 1836 (A.G.A. Leg. 8.030), pero su incorporación fue dilatada mediante la solicitud de sucesivas licencias, y se desprende claramente de los textos analizados que renunció María Celia Forneas 94
empeño en la defensa de las libertades humanas y del sufragio universal hicieron posible su incorporación como redactor en El Correo Nacional, de tendencia monárquica constitucionalista que propició la reconciliación de los partidos frente a las estridencias demagógicas (...) Su fama como escritor satírico y de costumbres hizo posible que Mesonero le propusiera como colaborador de la primera colección costumbrista en España, Los españoles pintados por sí mismos, colección que reunió a los más afamados escritores de la época. Abenamar conjuga hábilmente la descripción de sus modelos con su peculiar talante ideológico, salpicando la descripción con graciosas comparaciones entre los seres racionales e irracionales». Hay que añadir que su prolífica labor como periodista hizo posible que su nombre figurara en los periódicos liberales más significativos del momento y no faltan sus colaboraciones de carácter sumamente festivo y jocoso. Asimismo, figuró en múltiples ocasiones al lado de Antonio María de Segovia, El Estudiante. Su franca amistad y el tono desenfadado de ambos facilitó la fundación de un periódico satírico de sumo interés Abenamar y el Estudiante. Capricho Periodístico (1838-1839). Sus obras más relevantes son: La Religión (1825); A cazar me vuelvo (l841); Poesías (1842); Panléxico vocabulario de la fábula (1845). A pesar de todo, lo que identifica a Santos López Pelegrín, Abenamar, como periodista taurino es su supuesta autoría de la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro, que aparece publicada en 1836, con el siguiente título Tauromaquia Completa o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo. Se dice también que fue escrita por el célebre lidiador “Abenamar”, periodista taurino I 97 Independientemente de lo anterior y en su faceta de periodista, López Pelegrín se incorpora a la plantilla de El Español de Andrés Borrego, cuyo Prospecto vio la luz en mayo de 1835. Cuenta Concepción de Castro que «su cuadro de redactores incluía a Peña Aguayo, Calderón Collantes, López Pelegrín, Aribau, Alva, Soler e Izaga; y entre sus colaboradores estaban, además de Larra, Ríos, Donoso Cortés, Canga Argüelles, Espronceda, Sartorius y González Bravo» (1975: 87). Santos López Pelegrín es conocido en el mundo de la prensa periódica por el seudónimo de Abenamar, que él mismo identifica en su artículo titulado “Un jovellanista”, publicado en El Correo Nacional (sucesor de El Español), el 16 de marzo de 1839, cuando dice que «Santos López Pelegrín y Abenamar son dos hombres distintos y una sola persona verdadera, que soy yo para servir a Vds.». Su nombre ha sido mencionado repetidas veces en los trabajos de los diversos investigadores que se ocuparon de aquella época. Tomamos como referencia una parte de la semblanza que le dedica la Historia de la Literatura Española del siglo XIX (I), de Víctor García de la Concha. (1997: 207-208): «Su veta satírica se dejó sentir en la prensa madrileña de la mitad del siglo XIX. Así por ejemplo funda y dirige el periódico El Mundo, publicación de tendencia progresista que levantó numerosas y acaloradas polémicas de la época (...) Gracias a la tendencia política de dicho periódico, Abenamar pudo contar con la colaboración del célebre Fígaro, cuya ideología era afín a la de su director. No menos interesante fue la fundación del periódico Nosotros, uno de los primeros diarios del llamado periodismo ilustrado, pues en dicha publicación se armonizaban tanto los aspectos puramente literarios como los políticos. Su veta satírica y su María Celia Forneas 96
empeño en la defensa de las libertades humanas y del sufragio universal hicieron posible su incorporación como redactor en El Correo Nacional, de tendencia monárquica constitucionalista que propició la reconciliación de los partidos frente a las estridencias demagógicas (...) Su fama como escritor satírico y de costumbres hizo posible que Mesonero le propusiera como colaborador de la primera colección costumbrista en España, Los españoles pintados por sí mismos, colección que reunió a los más afamados escritores de la época. Abenamar conjuga hábilmente la descripción de sus modelos con su peculiar talante ideológico, salpicando la descripción con graciosas comparaciones entre los seres racionales e irracionales». Hay que añadir que su prolífica labor como periodista hizo posible que su nombre figurara en los periódicos liberales más significativos del momento y no faltan sus colaboraciones de carácter sumamente festivo y jocoso. Asimismo, figuró en múltiples ocasiones al lado de Antonio María de Segovia, El Estudiante. Su franca amistad y el tono desenfadado de ambos facilitó la fundación de un periódico satírico de sumo interés Abenamar y el Estudiante. Capricho Periodístico (1838-1839). Sus obras más relevantes son: La Religión (1825); A cazar me vuelvo (l841); Poesías (1842); Panléxico vocabulario de la fábula (1845). A pesar de todo, lo que identifica a Santos López Pelegrín, Abenamar, como periodista taurino es su supuesta autoría de la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro, que aparece publicada en 1836, con el siguiente título Tauromaquia Completa o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo. Se dice también que fue escrita por el célebre lidiador “Abenamar”, periodista taurino I 97 Independientemente de lo anterior y en su faceta de periodista, López Pelegrín se incorpora a la plantilla de El Español de Andrés Borrego, cuyo Prospecto vio la luz en mayo de 1835. Cuenta Concepción de Castro que «su cuadro de redactores incluía a Peña Aguayo, Calderón Collantes, López Pelegrín, Aribau, Alva, Soler e Izaga; y entre sus colaboradores estaban, además de Larra, Ríos, Donoso Cortés, Canga Argüelles, Espronceda, Sartorius y González Bravo» (1975: 87). Santos López Pelegrín es conocido en el mundo de la prensa periódica por el seudónimo de Abenamar, que él mismo identifica en su artículo titulado “Un jovellanista”, publicado en El Correo Nacional (sucesor de El Español), el 16 de marzo de 1839, cuando dice que «Santos López Pelegrín y Abenamar son dos hombres distintos y una sola persona verdadera, que soy yo para servir a Vds.». Su nombre ha sido mencionado repetidas veces en los trabajos de los diversos investigadores que se ocuparon de aquella época. Tomamos como referencia una parte de la semblanza que le dedica la Historia de la Literatura Española del siglo XIX (I), de Víctor García de la Concha. (1997: 207-208): «Su veta satírica se dejó sentir en la prensa madrileña de la mitad del siglo XIX. Así por ejemplo funda y dirige el periódico El Mundo, publicación de tendencia progresista que levantó numerosas y acaloradas polémicas de la época (...) Gracias a la tendencia política de dicho periódico, Abenamar pudo contar con la colaboración del célebre Fígaro, cuya ideología era afín a la de su director. No menos interesante fue la fundación del periódico Nosotros, uno de los primeros diarios del llamado periodismo ilustrado, pues en dicha publicación se armonizaban tanto los aspectos puramente literarios como los políticos. Su veta satírica y su María Celia Forneas 96
El corpus de análisis que utilizamos está compuesto por un total de l8 artículos, todos ellos firmados por Abenamar, que cubren las funciones que se dieron, salvo excepciones tales como que el día 25-06-1839 relata una corrida extraordinaria «última de las de la empresa que en paz descanse» y desde esa fecha se produce un silencio debido a que sale a «espigar electores» (no hay que olvidar que durante esa época ejerce también como diputado). Retorna el 24-07-1839 para relatar una corrida de seis toros de Veragua y desaparece otra vez hasta el 28-08-1839, dándose la circunstancia de que el primer párrafo de este artículo es una copia exacta del último párrafo del artículo del 24-07-1839, que Abenamar cita textualmente, con las correspondientes comillas que acompañan a toda cita directa: «Al mes de agosto está reservado abrir la puerta a una nueva época de cornadas y estocadas a volapié. Entonces tendremos ya uvas, habrá “sazonado” el fuerte de Amurrio, los ministros se irán secando, los diputados nuevos vendrán a cargas como los melones de Añover, Montes hará de las suyas, y tendrá campo fecundo para escribir de toros Abenamar». Así concluí yo mi último artículo de toros, hace hoy un mes y cuatro días cabales, y la conclusión de aquel artículo quiero que me sirva de comienzo de éste (24-07-1839 y 28-08-1839). (No se incluyen en el análisis otros artículos de toros que Abenamar publica también en El Correo Nacional, por tratarse de funciones de novillos, pero sí aparecen reflejados en la bibliografía final). Abenamar adopta en lo taurino un talante entre docto y profético, y manifiesta su autoridad “profesoral” en distintas ocasiones, como por ejemplo: «Preciso será para que mis lectores vayan entrando en la civilización tauromáquica, les explique yo el significado de ciertas palabras técnicas. Trapío “Abenamar”, periodista taurino I 99 Francisco Montes, Paquiro, y dispuesta y corregida escrupulosamente por el editor. Asimismo se informa que va acompañada de un Discurso histórico apologético sobre las fiestas de toros y de una tercera parte en que se proponen las mejoras que debería sufrir el espectáculo. En otras palabras, es Francisco Montes, Paquiro, quien firma esta Tauromaquia, pero su redacción se ha venido atribuyendo a Santos López Pelegrín, Abenamar, por las coincidencias existentes con su Filosofía de los Toros, que publica a su nombre en l842. I.– ANÁLISIS DE LA TEMPORADA TAURINA MADRILEÑA DE 1839 Para la búsqueda de la personalidad taurina de Abenamar, nos valemos de un primer análisis sobre la temporada taurina madrileña de 1839, según queda reflejada en los artículos que publicó en El Correo Nacional, fundado también por Andrés Borrego, que en el año 1838 se lanza de nuevo a la lucha política en el campo del periodismo (de 1838 a 1841 Andrés Borrego va a recorrer un ciclo semejante al que había vivido en 1835-1836 con El Español). Abenamar firma en El Correo Nacional una serie de artículos, tanto taurinos como políticos, desde noviembre de 1838 hasta enero de 1840, pero su último artículo de toros se titula “Toros y novillos”, está dedicado a una actuación de la célebre mujer torera Martina García y aparece el 31-12-1839. Cuando desaparece la firma de Abenamar se produce un vacío que viene a llenar un tal Merlín. El 14-05-1841, el tal Merlín se lamenta de no ser Abenamar y de no tener su facilidad para enjaretar artículos de toros. María Celia Forneas 98
El corpus de análisis que utilizamos está compuesto por un total de l8 artículos, todos ellos firmados por Abenamar, que cubren las funciones que se dieron, salvo excepciones tales como que el día 25-06-1839 relata una corrida extraordinaria «última de las de la empresa que en paz descanse» y desde esa fecha se produce un silencio debido a que sale a «espigar electores» (no hay que olvidar que durante esa época ejerce también como diputado). Retorna el 24-07-1839 para relatar una corrida de seis toros de Veragua y desaparece otra vez hasta el 28-08-1839, dándose la circunstancia de que el primer párrafo de este artículo es una copia exacta del último párrafo del artículo del 24-07-1839, que Abenamar cita textualmente, con las correspondientes comillas que acompañan a toda cita directa: «Al mes de agosto está reservado abrir la puerta a una nueva época de cornadas y estocadas a volapié. Entonces tendremos ya uvas, habrá “sazonado” el fuerte de Amurrio, los ministros se irán secando, los diputados nuevos vendrán a cargas como los melones de Añover, Montes hará de las suyas, y tendrá campo fecundo para escribir de toros Abenamar». Así concluí yo mi último artículo de toros, hace hoy un mes y cuatro días cabales, y la conclusión de aquel artículo quiero que me sirva de comienzo de éste (24-07-1839 y 28-08-1839). (No se incluyen en el análisis otros artículos de toros que Abenamar publica también en El Correo Nacional, por tratarse de funciones de novillos, pero sí aparecen reflejados en la bibliografía final). Abenamar adopta en lo taurino un talante entre docto y profético, y manifiesta su autoridad “profesoral” en distintas ocasiones, como por ejemplo: «Preciso será para que mis lectores vayan entrando en la civilización tauromáquica, les explique yo el significado de ciertas palabras técnicas. Trapío “Abenamar”, periodista taurino I 99 Francisco Montes, Paquiro, y dispuesta y corregida escrupulosamente por el editor. Asimismo se informa que va acompañada de un Discurso histórico apologético sobre las fiestas de toros y de una tercera parte en que se proponen las mejoras que debería sufrir el espectáculo. En otras palabras, es Francisco Montes, Paquiro, quien firma esta Tauromaquia, pero su redacción se ha venido atribuyendo a Santos López Pelegrín, Abenamar, por las coincidencias existentes con su Filosofía de los Toros, que publica a su nombre en l842. I.– ANÁLISIS DE LA TEMPORADA TAURINA MADRILEÑA DE 1839 Para la búsqueda de la personalidad taurina de Abenamar, nos valemos de un primer análisis sobre la temporada taurina madrileña de 1839, según queda reflejada en los artículos que publicó en El Correo Nacional, fundado también por Andrés Borrego, que en el año 1838 se lanza de nuevo a la lucha política en el campo del periodismo (de 1838 a 1841 Andrés Borrego va a recorrer un ciclo semejante al que había vivido en 1835-1836 con El Español). Abenamar firma en El Correo Nacional una serie de artículos, tanto taurinos como políticos, desde noviembre de 1838 hasta enero de 1840, pero su último artículo de toros se titula “Toros y novillos”, está dedicado a una actuación de la célebre mujer torera Martina García y aparece el 31-12-1839. Cuando desaparece la firma de Abenamar se produce un vacío que viene a llenar un tal Merlín. El 14-05-1841, el tal Merlín se lamenta de no ser Abenamar y de no tener su facilidad para enjaretar artículos de toros. María Celia Forneas 98
dad fue obedecida y la noche tendió su velo negro sobre la plaza avergonzada de lo que los hombres habían hecho en ella de día» (23-10-1839). Algo mejor parada sale la ganadería del Duque de Veragua y merece reseñarse la descripción de la faena que Juan León le hizo al toro Platerito, tercero de una corrida de seis toros de Veragua: «Llamábase Platerito, y el animal era una miniatura, no en lo pequeño sino en lo compuesto y atildado. Este era el que por la presunta debía saltar mucho,y por lo mismo le dio la ocurrencia de estarse quedo. Era dócil y boyante, tomó 16 varas, mató tres caballos, le pusieron dos pares de banderillas y le mató León de dos cortas, un volapié en hueso y otro bueno, tirándole el trapo al morro porque no humillaba; esta suerte fue de maestro y aplaudida por los inteligentes» (24-07-1839). Pero también hay críticas en torno a la pureza de ganadería de Veragua. Se trata de una corrida compuesta por tres toros de Veragua y tres de Elías Gómez (Colmenar Viejo) para Pastor 4, para Isidro Santiago 1, y otro para Antonio del Río, un joven que «se presenta con mucha frescura a la cabeza del toro» y que «Montes sacaría de él un gran torero». Abenamar empieza por criticar al tercero (de Veragua) y dice que «tenía todo el trapío de los toros de Gaviria» para recurrir al conocido y tradicional tópico taurino de que «no le hubiera reconocido ni la madre que lo parió» y a aquello de «Quién sabe si ésta habrá tenido algún descuido por esas encrucijadas». Luego, ya en el quinto (de Veragua también) afirma tajante: «Por fuerza que la madre del bicho se descuidó por esos andurriales como la otra. No será malo que el duque instituya una bien montada policía de vacas, con sus celadores correspondientes si no quiere que cunda la corrup- “Abenamar”, periodista taurino I 107 Tiempo después tenemos un caso de perros para Gaviria que podría considerarse un dato histórico: «No me acuerdo de haber visto nunca en la plaza de Madrid, que el primer toro de una corrida muriese aperreado. Consiste esto en que siempre se procura que el primero sea de buen trapío para que haga función. Pero el primero del lunes ni tenía buen trapío, ni hizo función. Era toro de transacción, manso y pacífico, y naturalmente dispuesto a echar un velo sobre lo pasado y a perdonar al prójimo. (28-08-1839). Pero hay más. La ganadería de Gaviria contó esta temporada con otro caso de mala suerte taurina y que se materializó en la salida de la media luna (o desjarrete). Esta suerte se encuentra en decadencia durante el siglo XIX y tampoco goza del beneplácito de Francisco Montes Paquiro, ni de Santos López Pelegrín Abenamar cuya descripción del ejemplo que recreamos a continuación prueba su disgusto. (Sólo aparece otro caso de media luna en la temporada de 1839 con un toro de Elías Gómez que fue corrido el 11-04-1839): «Era buen mozo y de sentido, tomó nueve varas, mató tres caballos, le pusieron dos pares de banderillas, y habiendo salido a matarle Juan Jiménez, le dio un pinchazo, otro a toro corrido y una buena recibiéndole, que tuvo tanto más mérito cuanto que el toro necesitaba ser más estudiado que la concesión de los fueros, pero a pesar de que estaba haciendo la cama para echarse, mandó la autoridad que saliese la media luna, y la media luna salió a punto que la luna entera, que ya había salido, se asomó por el tejado de la plaza a ver lo que los habitantes de la tierra vemos todos los días, una autoridad que mandaba mal, y un público que se lo echaba en cara con muchísima razón, pero que se quedaba sin ella. La autori- María Celia Forneas 106
dad fue obedecida y la noche tendió su velo negro sobre la plaza avergonzada de lo que los hombres habían hecho en ella de día» (23-10-1839). Algo mejor parada sale la ganadería del Duque de Veragua y merece reseñarse la descripción de la faena que Juan León le hizo al toro Platerito, tercero de una corrida de seis toros de Veragua: «Llamábase Platerito, y el animal era una miniatura, no en lo pequeño sino en lo compuesto y atildado. Este era el que por la presunta debía saltar mucho,y por lo mismo le dio la ocurrencia de estarse quedo. Era dócil y boyante, tomó 16 varas, mató tres caballos, le pusieron dos pares de banderillas y le mató León de dos cortas, un volapié en hueso y otro bueno, tirándole el trapo al morro porque no humillaba; esta suerte fue de maestro y aplaudida por los inteligentes» (24-07-1839). Pero también hay críticas en torno a la pureza de ganadería de Veragua. Se trata de una corrida compuesta por tres toros de Veragua y tres de Elías Gómez (Colmenar Viejo) para Pastor 4, para Isidro Santiago 1, y otro para Antonio del Río, un joven que «se presenta con mucha frescura a la cabeza del toro» y que «Montes sacaría de él un gran torero». Abenamar empieza por criticar al tercero (de Veragua) y dice que «tenía todo el trapío de los toros de Gaviria» para recurrir al conocido y tradicional tópico taurino de que «no le hubiera reconocido ni la madre que lo parió» y a aquello de «Quién sabe si ésta habrá tenido algún descuido por esas encrucijadas». Luego, ya en el quinto (de Veragua también) afirma tajante: «Por fuerza que la madre del bicho se descuidó por esos andurriales como la otra. No será malo que el duque instituya una bien montada policía de vacas, con sus celadores correspondientes si no quiere que cunda la corrup- “Abenamar”, periodista taurino I 107 Tiempo después tenemos un caso de perros para Gaviria que podría considerarse un dato histórico: «No me acuerdo de haber visto nunca en la plaza de Madrid, que el primer toro de una corrida muriese aperreado. Consiste esto en que siempre se procura que el primero sea de buen trapío para que haga función. Pero el primero del lunes ni tenía buen trapío, ni hizo función. Era toro de transacción, manso y pacífico, y naturalmente dispuesto a echar un velo sobre lo pasado y a perdonar al prójimo. (28-08-1839). Pero hay más. La ganadería de Gaviria contó esta temporada con otro caso de mala suerte taurina y que se materializó en la salida de la media luna (o desjarrete). Esta suerte se encuentra en decadencia durante el siglo XIX y tampoco goza del beneplácito de Francisco Montes Paquiro, ni de Santos López Pelegrín Abenamar cuya descripción del ejemplo que recreamos a continuación prueba su disgusto. (Sólo aparece otro caso de media luna en la temporada de 1839 con un toro de Elías Gómez que fue corrido el 11-04-1839): «Era buen mozo y de sentido, tomó nueve varas, mató tres caballos, le pusieron dos pares de banderillas, y habiendo salido a matarle Juan Jiménez, le dio un pinchazo, otro a toro corrido y una buena recibiéndole, que tuvo tanto más mérito cuanto que el toro necesitaba ser más estudiado que la concesión de los fueros, pero a pesar de que estaba haciendo la cama para echarse, mandó la autoridad que saliese la media luna, y la media luna salió a punto que la luna entera, que ya había salido, se asomó por el tejado de la plaza a ver lo que los habitantes de la tierra vemos todos los días, una autoridad que mandaba mal, y un público que se lo echaba en cara con muchísima razón, pero que se quedaba sin ella. La autori- María Celia Forneas 106
boración de Francisco Santos, aspirante a matador que recibirá una dura advertencia de Abenamar, en su actuación con el séptimo toro de Gaviria (en una corrida compuesta por cuatro toros de Gaviria y cuatro de Aleas). Por matar con «sobrada precipitación y atolondramiento», le dice: «Los aspirantes a matadores no deben perder de vista que no colocándose con frescura y gallardía en el terreno del toro, y no teniendo serenidad para verlo venir y humillar, jamás sabrán matar toros, y están siempre expuestos a una cogida. Todo el arte de matar toros consiste en los “quiebros”, y los quiebros no pueden hacerse sino sobre la cabeza del toro y cuando éste humilla». (13-06-1839). En esta misma corrida, en relación con el 4.º toro (de Gaviria) dice que «éste fue el toro mejor trabajado de la corrida. Sevilla, Hormigo y Carrera le picaron en los medios de la plaza y le picaron bien». Juan León y Juan Pastor vuelven a torear juntos el 28- 08-1839 y también el 7-09-1839, aunque en esta última ocasión se auxilian de Francisco Casos para el séptimo (de Veragua), el cual era «claro y flojo; tomo nueve varas, mató un caballo, le pusieron tres pares de banderillas, y salió a matarle Francisco Casos, nuevo en esta plaza y nuevo en el arte de matar toros». Y añade: «Este es el mismo buen banderillero a quien yo, en la corrida anterior, tomé por el picador Briones, porque así me pareció y porque así me lo aseguraron otros que como yo se equivocaron; que eso de equivocarse es aquí el pan de cada día y todos comemos de él. Casos mató el toro de casualidad, y no hizo poco». No menos interesante es el relato que hace Abenamar con respecto a lo ocurrido en el octavo toro de esa misma corrida, párrafo que copiamos a continuación: «Del octavo no puedo hablar, por- “Abenamar”, periodista taurino I 109 ción de las costumbres en su ganadería, y a lo mejor le den gato por liebre». (9-05-1839) III.– LOS TOREROS Abenamar presenta formalmente a los toreros que iniciarán la temporada en Madrid. Juan León (Leoncillo) y Juan Pastor (El Barbero) son los que más corridas torean, aunque tengan que ser sustituidos en alguna ocasión, como en la corrida del 1 de mayo, por la cogida de Juan León: «Juan Pastor, natural de Sevilla y nuevo en esta plaza como matador, debía estoquear en compañía de Juan León, conocido ya del público no sólo como buen torero, sino como maestro. Juan León pertenece a la buena escuela antigua, llevada a la perfección por Pedro Romero, hombre que tuvo el mérito de divertir por espacio de medio siglo a una generación y más digno de aprecio y renombre que los que, a la sombra de una gloria mentida, sólo tienen el privilegio de afligir a la humanidad. Juan Pastor no es de esta escuela, sino de la de Montes, que no pertenece a ninguna más que a la suya, a la que él se ha creado como hombre de genio y de un mérito singular en su profesión». (11-04-1839) En esta corrida, los toros eran de don Elías Gómez (Colmenar Viejo) y el primero es descrito como «buen mozo; pero cobarde, receloso y con sus puntos de bravucón, llevó banderillas de fuego, puestas con maestría». Este toro se lo cede Juan León, para la muerte, a Juan Pastor, «a fuer de nuevo en la plaza y según la caballeresca usanza de estas funciones.». Las corridas de los lunes 11-04-; 17-04-; 25-04-; 1-05; y 13-06-1839 las matan Juan León y Juan Pastor con la cola- María Celia Forneas 108
boración de Francisco Santos, aspirante a matador que recibirá una dura advertencia de Abenamar, en su actuación con el séptimo toro de Gaviria (en una corrida compuesta por cuatro toros de Gaviria y cuatro de Aleas). Por matar con «sobrada precipitación y atolondramiento», le dice: «Los aspirantes a matadores no deben perder de vista que no colocándose con frescura y gallardía en el terreno del toro, y no teniendo serenidad para verlo venir y humillar, jamás sabrán matar toros, y están siempre expuestos a una cogida. Todo el arte de matar toros consiste en los “quiebros”, y los quiebros no pueden hacerse sino sobre la cabeza del toro y cuando éste humilla». (13-06-1839). En esta misma corrida, en relación con el 4.º toro (de Gaviria) dice que «éste fue el toro mejor trabajado de la corrida. Sevilla, Hormigo y Carrera le picaron en los medios de la plaza y le picaron bien». Juan León y Juan Pastor vuelven a torear juntos el 28- 08-1839 y también el 7-09-1839, aunque en esta última ocasión se auxilian de Francisco Casos para el séptimo (de Veragua), el cual era «claro y flojo; tomo nueve varas, mató un caballo, le pusieron tres pares de banderillas, y salió a matarle Francisco Casos, nuevo en esta plaza y nuevo en el arte de matar toros». Y añade: «Este es el mismo buen banderillero a quien yo, en la corrida anterior, tomé por el picador Briones, porque así me pareció y porque así me lo aseguraron otros que como yo se equivocaron; que eso de equivocarse es aquí el pan de cada día y todos comemos de él. Casos mató el toro de casualidad, y no hizo poco». No menos interesante es el relato que hace Abenamar con respecto a lo ocurrido en el octavo toro de esa misma corrida, párrafo que copiamos a continuación: «Del octavo no puedo hablar, por- “Abenamar”, periodista taurino I 109 ción de las costumbres en su ganadería, y a lo mejor le den gato por liebre». (9-05-1839) III.– LOS TOREROS Abenamar presenta formalmente a los toreros que iniciarán la temporada en Madrid. Juan León (Leoncillo) y Juan Pastor (El Barbero) son los que más corridas torean, aunque tengan que ser sustituidos en alguna ocasión, como en la corrida del 1 de mayo, por la cogida de Juan León: «Juan Pastor, natural de Sevilla y nuevo en esta plaza como matador, debía estoquear en compañía de Juan León, conocido ya del público no sólo como buen torero, sino como maestro. Juan León pertenece a la buena escuela antigua, llevada a la perfección por Pedro Romero, hombre que tuvo el mérito de divertir por espacio de medio siglo a una generación y más digno de aprecio y renombre que los que, a la sombra de una gloria mentida, sólo tienen el privilegio de afligir a la humanidad. Juan Pastor no es de esta escuela, sino de la de Montes, que no pertenece a ninguna más que a la suya, a la que él se ha creado como hombre de genio y de un mérito singular en su profesión». (11-04-1839) En esta corrida, los toros eran de don Elías Gómez (Colmenar Viejo) y el primero es descrito como «buen mozo; pero cobarde, receloso y con sus puntos de bravucón, llevó banderillas de fuego, puestas con maestría». Este toro se lo cede Juan León, para la muerte, a Juan Pastor, «a fuer de nuevo en la plaza y según la caballeresca usanza de estas funciones.». Las corridas de los lunes 11-04-; 17-04-; 25-04-; 1-05; y 13-06-1839 las matan Juan León y Juan Pastor con la cola- María Celia Forneas 108
José de los Santos, torero de mérito, y que ha tres años que no sale a la plaza, debía matar como primera espada, circunstancias bastantes para que la entrada fuese completa, como lo fue, y como hace muchos años no había sido ninguna. ¡Pero qué corrida!... difícilmente se podrían escoger doce toros peores ni aun en Galicia, cuyos toros no tienen el instinto de dañar a nadie. No merecían el honor de la historia, pero como son más entre nuestros lectores, los aficionados que no vieron la corrida, que los que la vimos ahí va ese conciso parte de batalla». Los toros de esa funesta corrida fueron: 1.º de Bañuelos (Colmenar); 2.º de María de la Paz Silva; 3.º de Silva también; 4.º de Bañuelos; 5.º de Bañuelos; 6.º y 7.º de Silva; 8.º de Bañuelos; 9.º de Bañuelos y el «único toro decente de la corrida»; 10.º de Silva; 11.º de Silva; 12.º de Bañuelos. El artículo que relata la reaparición de José de los Santos en Madrid, ese 29-05-1839, concluye con un párrafo dedicado a informarnos de que este torero quedó imposibilitado de la mano derecha en el primer toro y para elogiar su deseo de cumplir con el público, ya que, en opinión de Abenamar, «no debió volver a tomar el estoque», pero mató los toros 1.º, 3.º, 5.º y 7.º, y ya en el 9.º tuvo que ceder el estoque a Pastor, después de darle al toro una primera estocada. Todo esto da pie para que Abenamar concluya diciendo: «Esta es la causa de que no se luciese todo lo que era de esperar, uno de los pocos toreros que tenemos en primera línea. Santos es un maestro en su oficio, y quizá por serlo no faltó quien con tanta sinrazón como animosidad tratase de deslucirle. En los toros debe de haber libertad de aplaudir y censurar; pero no la libertad de los salvajes, sino la libertad hija del raciocinio y de la buena fe». “Abenamar”, periodista taurino I 111 que me echó de la plaza, como a otros muchos, el olorcillo aromático que exalaban los estercoleros inmediatos, removidos por quien por cargar un carro de basura, ejercía el soberano derecho de molestar al público en las barbas de la autoridad» (7-09-1839). El 25-09-1839 relata Abenamar que imposibilitados León y Pastor, aquél por un puntazo en la muñeca, que recibió en Burgos, y éste de una caída que dio en Madrid, hubo necesidad de “arbitrar” espadas y Juan Jiménez y Roque Miranda (Rigores) se presentaron en la arena. El 7.º y el 8.º de esa misma corrida los mató Párraga, «de una corta y otra buena» y «como se mata comunmente al último toro de la corrida». No es ésta la primera vez que Párraga mata un toro; por ejemplo, lo hizo ya con un sexto de Veragua «de una “no sé cómo”, tomándo el olivo» (19-06-1839) y con un toro de Pinto López (en una corrida de división de plaza) «de una corta y otra baja» (28-11-1839). Juan León y Juan Pastor son anunciados juntos por última vez en la temporada de 1839, de acuerdo con los artículos de Abenamar que analizamos, para la corrida del lunes 22 de julio, día de Santa María Magdalena, patrona de Poyatos, (la décima media corrida y última de la primera temporada): «Anunciaba también el cartel que en unión de Juan León y José de los Santos estoquearía Pastor, si llegaba a tiempo, y esto bastó para que no llegara» (24-07- 1839). Este José de los Santos, hermano del aspirante Francisco de los Santos, ya mencionado, se había presentado en Madrid, después de tres años de ausencia, en la corrida relatada el 29-05-1839, al que Abenamar dedicó entonces el siguiente párrafo: «Además de la novedad de correrse doce toros en una tarde y en plaza entera, había la de que María Celia Forneas 110
José de los Santos, torero de mérito, y que ha tres años que no sale a la plaza, debía matar como primera espada, circunstancias bastantes para que la entrada fuese completa, como lo fue, y como hace muchos años no había sido ninguna. ¡Pero qué corrida!... difícilmente se podrían escoger doce toros peores ni aun en Galicia, cuyos toros no tienen el instinto de dañar a nadie. No merecían el honor de la historia, pero como son más entre nuestros lectores, los aficionados que no vieron la corrida, que los que la vimos ahí va ese conciso parte de batalla». Los toros de esa funesta corrida fueron: 1.º de Bañuelos (Colmenar); 2.º de María de la Paz Silva; 3.º de Silva también; 4.º de Bañuelos; 5.º de Bañuelos; 6.º y 7.º de Silva; 8.º de Bañuelos; 9.º de Bañuelos y el «único toro decente de la corrida»; 10.º de Silva; 11.º de Silva; 12.º de Bañuelos. El artículo que relata la reaparición de José de los Santos en Madrid, ese 29-05-1839, concluye con un párrafo dedicado a informarnos de que este torero quedó imposibilitado de la mano derecha en el primer toro y para elogiar su deseo de cumplir con el público, ya que, en opinión de Abenamar, «no debió volver a tomar el estoque», pero mató los toros 1.º, 3.º, 5.º y 7.º, y ya en el 9.º tuvo que ceder el estoque a Pastor, después de darle al toro una primera estocada. Todo esto da pie para que Abenamar concluya diciendo: «Esta es la causa de que no se luciese todo lo que era de esperar, uno de los pocos toreros que tenemos en primera línea. Santos es un maestro en su oficio, y quizá por serlo no faltó quien con tanta sinrazón como animosidad tratase de deslucirle. En los toros debe de haber libertad de aplaudir y censurar; pero no la libertad de los salvajes, sino la libertad hija del raciocinio y de la buena fe». “Abenamar”, periodista taurino I 111 que me echó de la plaza, como a otros muchos, el olorcillo aromático que exalaban los estercoleros inmediatos, removidos por quien por cargar un carro de basura, ejercía el soberano derecho de molestar al público en las barbas de la autoridad» (7-09-1839). El 25-09-1839 relata Abenamar que imposibilitados León y Pastor, aquél por un puntazo en la muñeca, que recibió en Burgos, y éste de una caída que dio en Madrid, hubo necesidad de “arbitrar” espadas y Juan Jiménez y Roque Miranda (Rigores) se presentaron en la arena. El 7.º y el 8.º de esa misma corrida los mató Párraga, «de una corta y otra buena» y «como se mata comunmente al último toro de la corrida». No es ésta la primera vez que Párraga mata un toro; por ejemplo, lo hizo ya con un sexto de Veragua «de una “no sé cómo”, tomándo el olivo» (19-06-1839) y con un toro de Pinto López (en una corrida de división de plaza) «de una corta y otra baja» (28-11-1839). Juan León y Juan Pastor son anunciados juntos por última vez en la temporada de 1839, de acuerdo con los artículos de Abenamar que analizamos, para la corrida del lunes 22 de julio, día de Santa María Magdalena, patrona de Poyatos, (la décima media corrida y última de la primera temporada): «Anunciaba también el cartel que en unión de Juan León y José de los Santos estoquearía Pastor, si llegaba a tiempo, y esto bastó para que no llegara» (24-07- 1839). Este José de los Santos, hermano del aspirante Francisco de los Santos, ya mencionado, se había presentado en Madrid, después de tres años de ausencia, en la corrida relatada el 29-05-1839, al que Abenamar dedicó entonces el siguiente párrafo: «Además de la novedad de correrse doce toros en una tarde y en plaza entera, había la de que María Celia Forneas 110
Siguiendo con el salto de la garrocha, en el 2.º de Veragua, de la corrida relatada el 23-10-1839, «el banderillero Casos quiso hacer la gallardía, dándole el salto de la garrocha, que comenzó bien y concluyó mal, no por no hacerlo en regla, sino porque saltó poco, y tropezó con los cuernos del toro, viniendo al suelo mal parado, de donde el toro le recogió y le ayudó a levantar con una caridad evangélica». Hasta aquí la descripción del lance e inmediatamente después, la reprimenda: «Le aconsejo al ciudadano Casos -habla Abenamarque se deje de dar saltos de garrocha para los que no están cortadas sus posaderas, y sí las del banderillero Meliz, que dio el salto al trascuerno con gracia y limpieza» Otros nombres de toreros, no mencionados hasta ahora, que aparecen en los artículos de Abenamar, son los picadores Hormigo y Zapata y los banderilleros Jordán y Capita, pero hay uno que planea durante toda la temporada. Abenamar echa de menos a Montes (que no torea ese año en Madrid, aunque sí lo hizo el 29-11-1838 para cumplimentar a la reina Isabel II) y al hablar de él, de Montes, Abenamar se expresa lo mismo en prosa que en verso: «Los toros fueron malos, los toreros buenos; pero faltaba Montes en la plaza de Madrid... ¿Cuándo viene Montes?... Deja del Betis la frondosa orilla donde se mece el aura deliciosa, donde fecundo el sol radiante brilla do nunca muere la fragante rosa. Ven presuroso, ven; ven a Castilla; la voz del toro resonó sañosa en las riberas del veloz Jarama... “Abenamar”, periodista taurino I 113 En su siguiente actuación del 24-07-1839, que se quedó en un “mano a mano” con Juan León, debido a la ausencia de Pastor, José de los Santos mata el 2.º, Guineo, de «una regular, recibiéndole», el 4.º Laberinto muere «entre un laberinto de perros», y el 6.º Sotana «con maestría, pero “al tiento” que es como nosotros acometemos a los facciosos», todo esto en palabras de Abenamar. También torea Santos el 12 de octubre, en una corrida que el Ayuntamiento dio de balde para conmemorar el Convenio de Vergara, (acuerdo con que el general isabelino Baldomero Espartero y el carlista Rafael Maroto pusieron virtualmente fin a la primera guerra carlista, llamada de los Siete Años), llevando por delante en el cartel a Juan Jiménez y Roque Miranda.En la siguiente corrida del 16- 10-1839 se indispuso Juan Jiménez y le sustituyó José de los Santos «en lo que ganamos todos, menos Juan Jiménez», dice Abenamar. En ambas corridas destaca el banderillero Blas Meliz (el Valenciano), en la primera, por saltar al trascuerno el 5.º toro de Gaviria «con gracia y limpieza»; en la segunda, al 3.º de Gutiérrez le dio el salto de la garrocha y Abenamar apostilla que «nunca debe ejecutarse con los toros revoltosos» y que «es muy peligroso con los cobardes y flojos como era éste». Y añade: «Es regla precisa de esta suerte que el diestro se coloque en medio de la plaza, pues de este modo lleva más salida cuando llega a jurisdicción, y más impulso el torero para dar el salto. Meliz le citó en los medios, y a pesar de esta falta dio el salto con felicidad, sino con la limpieza que acostumbra. Tomó el toro seis varas, le pusieron cuatro pares de banderillas, y le mató Miranda de una corta, recibiéndole» (16-10-1839). María Celia Forneas 112
Siguiendo con el salto de la garrocha, en el 2.º de Veragua, de la corrida relatada el 23-10-1839, «el banderillero Casos quiso hacer la gallardía, dándole el salto de la garrocha, que comenzó bien y concluyó mal, no por no hacerlo en regla, sino porque saltó poco, y tropezó con los cuernos del toro, viniendo al suelo mal parado, de donde el toro le recogió y le ayudó a levantar con una caridad evangélica». Hasta aquí la descripción del lance e inmediatamente después, la reprimenda: «Le aconsejo al ciudadano Casos -habla Abenamarque se deje de dar saltos de garrocha para los que no están cortadas sus posaderas, y sí las del banderillero Meliz, que dio el salto al trascuerno con gracia y limpieza» Otros nombres de toreros, no mencionados hasta ahora, que aparecen en los artículos de Abenamar, son los picadores Hormigo y Zapata y los banderilleros Jordán y Capita, pero hay uno que planea durante toda la temporada. Abenamar echa de menos a Montes (que no torea ese año en Madrid, aunque sí lo hizo el 29-11-1838 para cumplimentar a la reina Isabel II) y al hablar de él, de Montes, Abenamar se expresa lo mismo en prosa que en verso: «Los toros fueron malos, los toreros buenos; pero faltaba Montes en la plaza de Madrid... ¿Cuándo viene Montes?... Deja del Betis la frondosa orilla donde se mece el aura deliciosa, donde fecundo el sol radiante brilla do nunca muere la fragante rosa. Ven presuroso, ven; ven a Castilla; la voz del toro resonó sañosa en las riberas del veloz Jarama... “Abenamar”, periodista taurino I 113 En su siguiente actuación del 24-07-1839, que se quedó en un “mano a mano” con Juan León, debido a la ausencia de Pastor, José de los Santos mata el 2.º, Guineo, de «una regular, recibiéndole», el 4.º Laberinto muere «entre un laberinto de perros», y el 6.º Sotana «con maestría, pero “al tiento” que es como nosotros acometemos a los facciosos», todo esto en palabras de Abenamar. También torea Santos el 12 de octubre, en una corrida que el Ayuntamiento dio de balde para conmemorar el Convenio de Vergara, (acuerdo con que el general isabelino Baldomero Espartero y el carlista Rafael Maroto pusieron virtualmente fin a la primera guerra carlista, llamada de los Siete Años), llevando por delante en el cartel a Juan Jiménez y Roque Miranda.En la siguiente corrida del 16- 10-1839 se indispuso Juan Jiménez y le sustituyó José de los Santos «en lo que ganamos todos, menos Juan Jiménez», dice Abenamar. En ambas corridas destaca el banderillero Blas Meliz (el Valenciano), en la primera, por saltar al trascuerno el 5.º toro de Gaviria «con gracia y limpieza»; en la segunda, al 3.º de Gutiérrez le dio el salto de la garrocha y Abenamar apostilla que «nunca debe ejecutarse con los toros revoltosos» y que «es muy peligroso con los cobardes y flojos como era éste». Y añade: «Es regla precisa de esta suerte que el diestro se coloque en medio de la plaza, pues de este modo lleva más salida cuando llega a jurisdicción, y más impulso el torero para dar el salto. Meliz le citó en los medios, y a pesar de esta falta dio el salto con felicidad, sino con la limpieza que acostumbra. Tomó el toro seis varas, le pusieron cuatro pares de banderillas, y le mató Miranda de una corta, recibiéndole» (16-10-1839). María Celia Forneas 112
van y vienen, y aunque pobre y rota, alegre y con esperanzas» (25-09-1839). Está también “la autoridad”, aquella que pone orden en el ruedo durante la corrida y que merece algunas críticas de Abenamar, cuando dice: «No se me ha de pasar por alto la autoridad que hubo el lunes (que aquí cada lunes y cada martes hay una nueva autoridad) que no dio lugar en ningún toro de la corrida a la suerte de banderillas, suerte difícil y bonita, y deslucida y aun peligrosa muchas veces por no dar lugar el que preside a que se haga con la calma y oportunidad con que debe hacerse» (24-07-1839) Claro que, en otras ocasiones, Abenamar está de acuerdo con las decisiones de la autoridad, como en su artículo del 25-06-1839. Se trataba del 6.º toro de la ganadería de Pinto López (Colmenar) que era boyante y tomó siete varas, mató dos caballos y le pusieron tres pares de banderillas. A este toro, Pastor «le saltó “al trascuerno”, y brindando por ciertos ciudadanos que había en un palco, le mató de una atravesada y otra buena recibiéndole». Resulta que la autoridad hizo subir a su palco a Pastor y Abenamar deduce que fue «sin duda para advertirle que esos brindis están prohibidos en la plaza de Madrid, y con muchísima razón». Y no puede faltar el auténtico público, ese público que siempre tuvo libertad de expresión en una plaza de toros, como lo demuestra Abenamar en su relato de la faena correspondiente al 4.º toro de Elías Gómez, en la corrida inaugural de la temporada: «La opinión pública se declaró contra él y pidió perros, como órganos de su oposición». (11-04-1839). En cuanto al público en sí, cabría hacer una división, no ya la típica entre aficionados y público en general, sino “Abenamar”, periodista taurino I 115 ven, Montes, ven que Abenamar te llama. (11-04-1839 y primera de la temporada)». Hay otras menciones, aunque menos expresivas, en los artículos del 1-05-; 9-05-; 24-07-; 11-09-; 25-09- y, por último, el 28-ll-1839 (última corrida de temporada), cuyo relato concluye así: «Uno solo, Juan Jiménez, hizo el gasto en los cuatro primeros toros, en la que la junta de hospitales no anduvo sobradamente acertada. Así es que la entrada fue escasa, a pesar del buen día y de ser la última corrida y con división de plaza. Esta ha quedado disuelta, fijando las elecciones tauromáquicas para Pascua de Resurección. Si la junta de hospitales quiere vencer en las elecciones, es menester que proteja la candidatura de Montes y Abenamar». IV.– EL PÚBLICO El público de la temporada de 1839 y, por extensión, el público que asistía a los toros en Madrid, en aquella época, queda reflejado de formas diversas en los artículos de Abenamar. En este análisis, será oportuno partir de una situación de fondo como es la de la plaza de toros. Se trata de la Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá (1749-1874), construida por Fernando VI y reformada por Fernando VII, con un aforo de 9.669 plazas (El Enano 15-05-1855). Pero hablar de la plaza de toros es hablar de aquellos que la gobiernan, de aquellos que mandaban en los asuntos de la Fiesta y dice Abenamar que «la plaza de toros de Madrid está como las provincias Vascongadas: sin gobierno conocido, llena de lidiadores que María Celia Forneas 114
van y vienen, y aunque pobre y rota, alegre y con esperanzas» (25-09-1839). Está también “la autoridad”, aquella que pone orden en el ruedo durante la corrida y que merece algunas críticas de Abenamar, cuando dice: «No se me ha de pasar por alto la autoridad que hubo el lunes (que aquí cada lunes y cada martes hay una nueva autoridad) que no dio lugar en ningún toro de la corrida a la suerte de banderillas, suerte difícil y bonita, y deslucida y aun peligrosa muchas veces por no dar lugar el que preside a que se haga con la calma y oportunidad con que debe hacerse» (24-07-1839) Claro que, en otras ocasiones, Abenamar está de acuerdo con las decisiones de la autoridad, como en su artículo del 25-06-1839. Se trataba del 6.º toro de la ganadería de Pinto López (Colmenar) que era boyante y tomó siete varas, mató dos caballos y le pusieron tres pares de banderillas. A este toro, Pastor «le saltó “al trascuerno”, y brindando por ciertos ciudadanos que había en un palco, le mató de una atravesada y otra buena recibiéndole». Resulta que la autoridad hizo subir a su palco a Pastor y Abenamar deduce que fue «sin duda para advertirle que esos brindis están prohibidos en la plaza de Madrid, y con muchísima razón». Y no puede faltar el auténtico público, ese público que siempre tuvo libertad de expresión en una plaza de toros, como lo demuestra Abenamar en su relato de la faena correspondiente al 4.º toro de Elías Gómez, en la corrida inaugural de la temporada: «La opinión pública se declaró contra él y pidió perros, como órganos de su oposición». (11-04-1839). En cuanto al público en sí, cabría hacer una división, no ya la típica entre aficionados y público en general, sino “Abenamar”, periodista taurino I 115 ven, Montes, ven que Abenamar te llama. (11-04-1839 y primera de la temporada)». Hay otras menciones, aunque menos expresivas, en los artículos del 1-05-; 9-05-; 24-07-; 11-09-; 25-09- y, por último, el 28-ll-1839 (última corrida de temporada), cuyo relato concluye así: «Uno solo, Juan Jiménez, hizo el gasto en los cuatro primeros toros, en la que la junta de hospitales no anduvo sobradamente acertada. Así es que la entrada fue escasa, a pesar del buen día y de ser la última corrida y con división de plaza. Esta ha quedado disuelta, fijando las elecciones tauromáquicas para Pascua de Resurección. Si la junta de hospitales quiere vencer en las elecciones, es menester que proteja la candidatura de Montes y Abenamar». IV.– EL PÚBLICO El público de la temporada de 1839 y, por extensión, el público que asistía a los toros en Madrid, en aquella época, queda reflejado de formas diversas en los artículos de Abenamar. En este análisis, será oportuno partir de una situación de fondo como es la de la plaza de toros. Se trata de la Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá (1749-1874), construida por Fernando VI y reformada por Fernando VII, con un aforo de 9.669 plazas (El Enano 15-05-1855). Pero hablar de la plaza de toros es hablar de aquellos que la gobiernan, de aquellos que mandaban en los asuntos de la Fiesta y dice Abenamar que «la plaza de toros de Madrid está como las provincias Vascongadas: sin gobierno conocido, llena de lidiadores que María Celia Forneas 114