Sobre el supuesto centro de culto cristiano del anfiteatro de Córdoba
Abstract
Analizamos la propuesta de identificación de un centro de culto cristiano sobre las ruinas del anfiteatro de Córdoba. El estudio lo abordamos tomando como criterio la presencia o ausencia de los indicadores que mejor permiten definir los testimonios arqueológicos del culto martirial tardoantiguo: "tumulatio ad sanctos", arquitectura indudablemente cristiana, ajuar litúrgico y, por último, epigrafía o fuentes literarias indicativas de tal cuestión. La ausencia de evidencias mínimamente satisfactorias en ninguna de las variables sometidas a estudio, permite concluir que no existen argumentos para sostener un hipotético centro de culto cristiano en el anfiteatro cordobés.
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249 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Rafael Hidalgo Prieto Universidad Pablo de Olavide de Sevilla [email protected] ABOUT THE SUPPOSED CHRISTIAN COMPLEX OF THE AMPHITHEATRE OF CORDOBA RESUMEN: Analizamos la propuesta de identificación de un centro de culto cristiano sobre las ruinas del anfiteatro de Córdoba. El estudio lo abordamos tomando como criterio la presencia o ausencia de los indicadores que mejor permiten definir los testimonios arqueológicos del culto martirial tardoantiguo: tumulatio ad sanctos, arquitectura indudablemente cristiana, ajuar litúrgico y, por último, epigrafía o fuentes literarias indicativas de tal cuestión. La ausencia de evidencias mínimamente satisfactorias en ninguna de las variables sometidas a estudio, permite concluir que no existen argumentos para sostener un hipotético centro de culto cristiano en el anfiteatro cordobés. PALABRAS CLAVE: Córdoba, anfiteatro, culto martirial, tumulatio ad sanctos, San Acisclo. ABSTRACT: We analyse the proposal of an identification on a Christian complex over the rests of the anphitheater in Cordoba. We carry out this study from the basis of the presence or absence of the signs that better allow to define the archaeological testimonies of Late Antique martyrial cult: tumulatio ad sanctos, undoubtly Christian architecture, Christian architectural sculpture and finally, the epigraphy or literary sources indicating this fact. The abscence of the minimum satisfactory evidencies in any of these analysed variables, allows us to conclude that there are no arguments to support a hypothetic Christian complex in the amphitheater of Cordoba. KEYWORDS: Cordoba, amphitheater, martyrial cult, tumulatio ad sanctos, Saint Acisclus. RECibiDO: 04.05.2012. aCEPTaDO: 30.07.2012
250 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 La arqueología de la antigüedad Tardía está de moda. son muchos los estudios que en los últimos veinte años se han llevado a cabo en torno a esta disciplina y, gracias a ellos, hoy en día contamos con una imagen cada vez más nítida de las ciudades de la Península ibérica en ese periodo. Junto a ello, la arqueología cristiana también está de moda, de manera que se multiplican las propuestas de hallazgos de nuevos edificios de culto en distintos puntos de la geografía peninsular. sin embargo, lo cierto es que esas nuevas propuestas no siempre se realizan con la rigurosidad necesaria. No pocas veces, de la mano habitualmente de investigadores que no conocen con la debida precisión la realidad arqueológica de la antigüedad Tardía y al socaire de las numerosas novedades que sobre todo la arqueología urbana ha ofrecido en los últimos tiempos, se están formulando propuestas de identificación de espacios y edificios cultuales en los que la realidad arqueológica, tratada con la necesaria rigurosidad, no permite ni siquiera plantearlo. Este ha sido el caso, hace no muchos años y entre otros que se podrían mencionar, de la supuesta iglesia de la Plaza de la Encarnación en sevilla, donde el hallazgo de un ábside en una zona perimetral de la ciudad, densamente ocupada en un momento tardío, llevó a plantear su identificación con parte de una iglesia1. Ahora bien, como más tarde la propia evidencia arqueológica ha llegado a confirmar, no existían indicios suficientes para defender la identificación de tal edificio con una iglesia2. Recientemente nos encontramos con un nuevo caso en el que, a partir de unas evidencias más que insuficientes, se plantea, una vez más, la identificación de un centro de culto cristiano. Este nuevo caso, que nos disponemos a analizar con rigurosidad, es el concerniente al anfiteatro de Córdoba3, en el que el hallazgo de tres ábsides adosados a uno de los muros del propio anfiteatro, han llevado a sos- 1 inicialmente propuesta por amores y González acuña 2006: 204. 2 Al respecto véase Hidalgo 2008b: 324-325 y el estudio en profundidad de I. Sánchez (2009: 261-268). La continuación de la excavación permitió también a los propios excavadores reinterpretar el edificio, que en publicaciones posteriores se identifica como “salón del sigma” (uid. González Acuña 2011: fig. CD.VII, 163, donde se recoge la bibliografía anterior), aunque falta aún un estudio en profundidad de la casa en cuestión. Un caso similar, en esta ocasión con los ábsides literalmente inventados, es el concerniente al edificio que se quiso interpretar como iglesia de Santa Catalina en Córdoba (Marfil 1996), rechazado entre otros por Utrero (2009: 143) e identificado como una domus. 3 Nuestro análisis crítico de lo excavado en el anfiteatro de Córdoba, parte del reconocimiento del valor que en su conjunto ofrece la monografía en la que se han presentado los resultados de las excavaciones hasta ahora allí efectuadas (Vaquerizo y Murillo 2010 eds.). Tal monografía se inscribe en la tradición iniciada hace ya más de veinte años, al albur del proyecto de investigación que sobre la arqueología cordobesa puso en marcha el Seminario de Arqueología de la Universidad de Córdoba, bajo la dirección de P. León. Ello ha propiciado la publicación, continuada desde entonces, de un gran número de trabajos; muchos de ellos, como es el caso, monografías exhaustivas de excavaciones, que han hecho posible que el conocimiento de la ciudad antigua haya avanzado considerablemente en esos veinte años. Partiendo de ese reconocimiento, este trabajo quiere llamar la atención sobre la necesidad de tratar con mayor rigor determinados aspectos, en beneficio de los propios resultados de la investigación y contribuyendo con ello a un mejor conocimiento de la antigua Corduba. En la misma
251 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 tener tal propuesta4, llegándose incluso a afirmar que el comitente de la supuesta obra habría sido el obispo Osio5. Pero antes de abordar su estudio, es de todo punto fundamental clarificar cuáles son los elementos que permiten, de manera rigurosa, sustentar la identificación de un centro de culto cristiano. Entre ellos, los más determinantes a esos efectos son: - Tumulatio ad sanctos. Este sin duda es el criterio más importante con respecto a lo que aquí nos interesa. Es bien conocido que el inicio del culto cristiano extramuros está claramente relacionado con el culto martirial y, con ello, con la tumulatio ad sanctos. El deseo de los fieles de enterrarse en el punto más próximo posible al martyrium, a la memoria o las reliquias del mártir depositadas en la iglesia, como consecuencia de la creencia de que esa proximidad ayudaría a que el mártir intercediera ante Dios en favor del propio difunto, es una de las evidencias arqueológicas más notables. Su reflejo en el registro arqueológico no es otro que la constatación de una evidente concentración de enterramientos -proporcional a la importancia del propio centro de culto y del enclave en el que se inscribe-, con una clara tendencia a aglutinarse en torno al espacio martirial en cuestión, ya sea un martyrium, una memoria o una iglesia. La ausencia de esta evidencia supone, ya de partida, un gran obstáculo para proponer un centro de culto cristiano extramuros, máxime si no existe algún otro argumento que sea determinante en ese sentido. - arquitectura indudablemente cristiana. No menos importante que el primer criterio es el de la arquitectura. En especial en lo concerniente a las iglesias, una planta sin duda identificable con un edificio cristiano o la localización de alguno de los más preclaros testimonios de la arquitectura cristiana, es un argumento relevante a tener en cuenta. Evidencias importantes ofrece la arquitectura por sí misma en algunos edificios, como es el caso de Torre de Palma, Parc Central de Tarragona, el Germo o Tolmo de línea, sería aconsejable la continuación de la excavación de tan importante yacimiento, para contar así con la información suficiente que permita interpretar con mayor seguridad buena parte de lo hallado. 4 Recogido ya en declaraciones a la prensa de los excavadores (abC 03/09/2008, El País 21/11/2009) y propuesto en Vaquerizo 2008: 193; Vaquerizo 2010a: 136; Vaquerizo y Murillo 2010: 504-505 y con posterioridad en la monografía sobre las excavaciones efectuadas en el anfiteatro (Vaquerizo y Murillo: 2010 eds., distribuido en 2011), en varios de los trabajos recogidos en la obra (vid. infra). Dudas a la propuesta ya apuntadas en Hidalgo 2008a: 231 y sánchez 2010a: 271. aunque a tenor de lo excavado hasta ahora del anfiteatro los resultados se deberían tomar como provisionales, lo cierto es que en algunas de las conclusiones, entre las que se encuentra el supuesto centro de culto, no se plantean como hipótesis de trabajo sino como interpretaciones muy plausibles. 5 Murillo et alii 2010b: 524: “la vinculación del mismo Osio, único comitente en nuestra opinión capaz a su vez de desarrollar un programa constructivo como el documentado tras el desmantelamiento del anfiteatro, dotado de una probable connotación martirial”.
252 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Minateda, por citar algunos ejemplos hispanos. Del mismo modo, la identificación de espacios y/o construcciones significativos, como puede ser el caso, entre otros, de los baptisterios, aporta una información relevante, a analizar en su contexto, sobre todo cuando la planta no es del todo determinante. En la misma dirección apunta la orientación del edificio, que coadyuva, en combinación con el resto de las evidencias arquitectónicas, a aquilatar la interpretación de un edificio de culto. ahora bien, no se debe olvidar el claro carácter polisémico del lenguaje arquitectónico de la época, según el cual idénticas formas arquitectónicas pueden aplicarse con funciones y significados bien distintos. Este es el caso especialmente claro de la arquitectura absidada. Un ábside extramuros no permite defender la presencia de una iglesia. Un ábside puede corresponder a una iglesia, martyrium o memoria, pero, como ya ha quedado claro en el antedicho caso de la Encarnación, puede corresponder a otros edificios, en especial al espacio arquitectónico destinado a albergar un stibadium, a un ninfeo o a un monumento funerario. Uno o varios ábsides no son por sí mismos indicio suficiente para defender la identificación de un centro de culto cristiano. - ajuar litúrgico. En combinación con la arquitectura, los elementos que conforman el ajuar litúrgico (mesas de altar, pilas bautismales, canceles…) constituyen evidencias materiales habituales cuando se excava un edificio cristiano. Su hallazgo in loco, por otra parte el más habitual, plantea siempre la duda de la procedencia y su posible adscripción a material de acarreo. su adscripción a conjuntos o a contextos arqueológicos significativos puede arrojar luz al respecto. - Epigrafía y fuentes literarias. En combinación con los criterios anteriores la epigrafía y las fuentes literarias pueden ser clarificadoras. La epigrafía, habida cuenta que lo más normal es que aparezca también in loco, precisa igualmente de contextos arqueológicos bien definidos, en especial en lo concerniente a los espacios arquitectónicos, para poder llevar a cabo su adscripción a un edificio concreto. En el caso de las fuentes históricas es necesario siempre actuar con suma cautela, pues se debe analizar muy a fondo el documento y así evaluar con rigurosidad su cronología, posibles contaminaciones, fiabilidad, etc. No se debe olvidar, en ese sentido, la importante difusión que alcanzaron estos textos, en especial en lo que a las passiones se refiere, de manera que en muchos casos lo que a nosotros ha llegado son copias tardías muy modificadas y desvirtuadas e incluso invenciones, que poco o nada pueden aportar a una lectura arqueológica rigurosa. Una vez clarificado qué debemos buscar, pasemos a examinar las evidencias con que contamos en relación con el anfiteatro de Córdoba.
253 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 En lo concerniente al primero de los aspectos mencionados, la tumulatio ad sanctos, aún analizándolo incluso desde una perspectiva más amplia, esto es, teniendo en cuenta no sólo los enterramientos documentados en la zona sino también los de su entorno, lo cierto es que son escasísimos los testimonios existentes. En lo que se refiere en concreto al anfiteatro, disponemos de las evidencias -prác- ticamente negativas en este casoaportadas por las excavaciones efectuadas en los últimos años en la zona. Si bien las excavaciones en el anfiteatro comenzaron en 2002, lo cierto es que hasta el pasado 2010 no hemos contado con una publicación detallada de la excavación6. En una superficie considerable de excavación7, la realidad es que sólo se ha localizado un único enterramiento aislado (Corte 7)8. además, se trata de un enterramiento infantil, según los excavadores de “un niño de escasos días” del que, aunque reconocen que “su asignación cronológica no está muy clara”, deciden incluirlo en la fase que fechan “posiblemente en el tránsito del s. III al IV” (Murillo et alii, 2010a: 130)9. Así pues, en relación con el ambiente funerario el problema evidente que se detecta es que tan sólo se ha documentado un único enterramiento en toda la zona excavada, que, por su extensión -más que suficiente a esos efectos-, tendría que haber proporcionado indicios mucho mayores. Por otro lado, si se presume el culto martirial en la zona, en especial en relación con los espacios absidados a partir de 6 Sobre lo publicado de las excavaciones en el anfiteatro véase Murillo, 2003; Murillo et alii, 2009 y lo recogido en n. 4. 7 Aunque la excavación se ha desarrollado sólo en un par de sectores del anfiteatro y su entorno, lo cierto es que la superficie hasta ahora exhumada es más que suficiente a los efectos de lo que aquí nos interesa. 8 Murillo et alii 2009: 224 y 2010a: 130 y 284, fig. 115 y 285. A ello se puede añadir, cuando más, la noticia de la aparición de una tumba al construirse la facultad de Veterinaria y frente al cuartel de la Victoria (Santos 1927: 525-526), aunque la imprecisión de la noticia, que se limita a transmitir que se trata de un “sepulcro de mampostería” que apareció a cinco metros de profundidad, no permite saber si, como es posible, este otro enterramiento se encontraba también fuera del anfiteatro, como el antes mencionado, localizado del mismo modo bajo la facultad de Veterinaria. A pesar de que sólo disponemos de la vaga noticia transmitida por santos Gener sobre su hallazgo, este otro enterramiento ha sido fechado por los excavadores del anfiteatro en el s. IV (Murillo et alii 2010a: 516). sin embargo, lo cierto es que a partir de la información existente es imposible ajustar su datación, que podría sin duda ser anterior o muy posterior a la propuesta. En ese sentido se debe tener también en cuenta que de tal enterramiento procede la lápida sepulcral de Publicia Martia, fechada en el s. II o principios del s. III (CIL ii2/7, 522), que, de corresponder al difunto, obligaría a fechar la tumba en un momento anterior. Por su parte, Vaquerizo (2010b: 23), sobre esa tumba afirma: “Hablamos de una tumba monumental de mampostería y dimensiones superiores a los cinco metros de la que no tenemos más información”, aunque en ningún momento santos Gener apunta que se trata de una tumba monumental; por su parte, la supuesta anchura de cinco metros es una confusión con la profundidad del hallazgo. 9 Esta datación entra en parte en contradicción con la afirmación de que el anfiteatro estaría en uso hasta principios del s. IV, en tanto que no coincidiría correctamente con la supuesta reutilización cultual del mismo. Además, el enterramiento se localizó fuera del espacio que según los excavadores ocuparía el anfiteatro, de manera que a efectos cronológicos tampoco puede ponerse en relación con el proceso de transformación del edificio.
254 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 los cuales se formula tal propuesta (vid. infra), es evidente que en el entorno de ellos -ya fuera al exterior, al interior o en ambos espacios-, habría sido ineludible la aparición de enterramientos. a ello se suma también la distancia que separa el único enterramiento documentado de los supuestos espacios de culto, de manera que precisamente el Corte 7 se encuentra en la zona más alejada de los ábsides para los que se ha presumido su adscripción al culto martirial, lo que abunda aún más en la idea de que uno y otros no guardan relación alguna. Junto a ello, el hecho de que tampoco hayan aparecido elementos funerarios, ya sea epigrafía o sobre todo restos óseos humanos descontextualizados, tan presentes en ambientes funerarios -como ocurre en la inmediata necrópolis de Cercadilla-, incide también en la idea de la ausencia de tumulatio ad sanctos en la zona. El hecho de que el único enterramiento documentado corresponda al de un recién nacido aislado tampoco es baladí, en tanto que no es de ninguna manera anómalo encontrar tales enterramientos en situaciones aisladas, sin formar parte de necrópolis, como por otra parte está constatado en la propia Corduba (Hidalgo 1993: 97). Con cierta ambigüedad se alude a la presencia de enterramientos en el entorno, de los que sólo se precisa el hallazgo de sarcófagos de plomo, para los que se presume que formarían parte de esa misma necrópolis10, mientras que, en la misma monografía sobre el anfiteatro, León y Jurado (2010: 554) ponen en posible relación con la reutilización del anfiteatro los enterramientos excavados en Avda. de Medina Azahara 43 (Aparicio, 2001) y, junto a ello, el edificio absidado y los enterramientos identificados por Santos Gener (1955: 11, fig. I, pl. I y fig. 44) en la confluencia de las calles Siete de Mayo y Diego Serrano (fig. 1). ahora bien, esas tumbas no se pueden vincular al supuesto centro de culto cristiano del anfiteatro por varias razones. En relación con los sarcófagos de plomo sólo contamos con la “noticia” -muy probablemente oral-, transmitida por A. 10 Por ejemplo, Murillo et alii 2009: 224 y 2010a: 51: “sí contamos con dos tumbas seguras bajo el edificio de la antigua Facultad de Veterinaria, posteriores al abandono y desmantelamiento del anfiteatro, así como con referencias al hallazgo de sepulturas en las inmediaciones, asociadas a elementos de clara adscripción cultual”, aunque no se alude a la información existente sobre tales enterramientos ni a los criterios supuestamente existentes para identificar la “clara adscripción cultual”, que por otra parte no se especifica. También, Murillo et alii 2010a: 285, n. 123: “Contamos con otras referencias al hallazgo de sepulturas, e incluso sarcófagos de plomo, en las proximidades del anfiteatro, aunque todos ellos corresponden a obras realizadas en el tercer cuarto del siglo pasado sin ningún tipo de control arqueológico”; si bien en el mismo trabajo (p. 295) se duda de que los sarcófagos estén en relación con el supuesto centro de culto cristiano del anfiteatro: “Más parca es la noticia relativa a la aparición de varios enterramientos en sarcófagos de plomo en la avenida de Medina azahara, que fueron expoliados y cuya fisonomía desconocemos ( Martín 2002b: 312) . No obstante, es más que probable que se localizasen a lo largo de la vía Corduba-Hispalis de un modo similar a los enterramientos con cubierta de tegulae localizados junto a la Puerta de Gallegos, sin que necesariamente hubiesen de guardar relación con la posibilidad de que existiese un centro de culto cristiano en las inmediaciones de la Facultad de Veterinaria”.
255 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Ibáñez (1983: 379), referente a la aparición de tales sarcófagos al abrirse la avenida de Medina azahara11. Con independencia de la fiabilidad del testimonio, la considerable longitud de la mencionada avenida y su coincidencia con la antigua vía romana, no permiten descartar que tales enterramientos, de ser veraces, puedan proceder de zonas alejadas del anfiteatro y, además, situarse en realidad en función de la vía. Algo similar ocurre con los casos mencionados del edificio absidado y los enterramientos del nº 43 de la misma avenida. ambos se encuentran alejados del supuesto centro de culto -a unos 400 m-, lo que hace inviable su vinculación a él y su utilización como argumentación para defenderlo, aunque sí se disponen en las inmediaciones de la antigua vía romana. a ello se debe añadir que, en el mencionado solar de avda. de Medina azahara nº 43, en un espacio excavado de 80 m2 se han localizado hasta siete enterramientos, de manera que si estuvieran relacionados con la distribución de enterramientos en torno al supuesto centro de culto cristiano del anfiteatro, en sus inmediaciones la concentración de enterramientos debería ser mayor, y no inexistente12. 11 Véase también Martín 2002: 67. 12 Tampoco se pueden poner en relación con el anfiteatro los hallazgos de la zona conocida como “Camino Viejo de Almodóvar”, por la excesiva distancia que la separa de esta otra y por constituir un área funeraria diferenciada de la zona que aquí nos ocupa (uid. sánchez 2006: 20 y T.ii 20, 35-37). Fig. 1. Croquis del edificio absidado situado al oeste del anfiteatro (de: Santos Gener 1955: fig. I, pl I). 1.- Edificio absidado. 2.- Ubicación del lugar de hallazgo de los ábsides sobre el anfiteatro. La distancia entre ambos puntos es de c. 400 m.
256 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Así pues, como afirma también en la misma obra A. Ruiz Osuna, en realidad los enterramientos del entorno del anfiteatro no son más que la continuidad del uso de una necrópolis prexistente, sin que además se pueda afirmar que se trate de enterramientos cristianos13. En ese sentido no se debe olvidar que el anfiteatro se encuentra junto a dos vías, de las que una sabemos que es una de las salidas más importantes de la ciudad, en la que está con claridad atestiguada por la evidencia arqueológica la presencia de una importante necrópolis, que concentraba enterramientos en su entorno14, sin relación alguna con la tumulatio ad sanctos. Con ello, los enterramientos antedichos se deben asociar al patrón propio de las necrópolis paganas y no al nuevo fenómeno que constituye la tumulatio ad sanctos, que incorpora un nuevo esquema para la distribución de los enterramientos muy diferente al aquí atestiguado, concentrado en torno a la vía. Por otro lado, no contamos con indicios que permitan fechar estos enterramientos durante la Antigüedad Tardía, sino que perfectamente su cronología puede ser muy amplia e incluso, según los casos, precedente. a todo ello se debe añadir la antedicha distancia de estos enterramientos al anfiteatro y, con ello, la ausencia de enterramientos en zonas intermedias que pudieran apuntar a la posible existencia de una gran zona de necrópolis en torno al anfiteatro, para la que, por el contrario, no existe evidencia alguna. Junto a ello, las tres únicas inscripciones funerarias localizadas en el entorno inmediato del anfiteatro se fechan entre el s. I y el primer tercio del s. III15, lo que abunda aún más en la idea de que este espacio se utilizó como área funeraria tradicional en torno a la vía y, con ello, en la ausencia de tumulatio ad sanctos. Para concluir con los enterramientos, se debe tener en cuenta que la planta que proporcionan los excavadores con la “Localización de las principales transformaciones operadas en la topografía urbana de Córdoba entre los ss. III-IV” induce a error (Murillo et alii 2010a: 282, fig. 114; similar problema en 294, fig. 127), en tanto que sobre el anfiteatro se dispone una trama que ocupa casi la mitad del edificio cuya didascalia reza: “Enterramientos (anfiteatro)”, cuando en realidad la única evidencia veraz de la que disponemos es la presencia de un único enterra- 13 Ruiz Osuna 2010b: 383: “Este espacio funerario continuó en funcionamiento durante los siglos III y V d.C., etapa a la que debemos vincular un grupo de enterramientos de inhumación, aunque de filiación religiosa imposible de concretar”. También en las plantas con la dispersión de enterramientos proporcionadas por la autora (383, fig. 167 y 401, fig. 181) se observa la ausencia de enterramientos en la zona del anfiteatro y su entorno. 14 Véase Ruiz Osuna 2007: 133 y 2010a: 44-45 y 242, donde se defiende la existencia en torno a la vía que viene a coincidir con la actual avda. de Medina azahara de una necrópolis -con una evidente distribución lineal en torno a la vía-, que tendría su origen en época julioclaudia temprana y que se mantendría en uso hasta la antigüedad Tardía. 15 CIL ii2/7, 498, 539 y 522. En cuanto al lugar de procedencia, véanse los planos con la distribución de epígrafes en Ruiz Osuna 2007.
257 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 miento, que además se localiza fuera del espacio ocupado por el anfiteatro, y la ambigua noticia de otro, cuya cronología y ubicación precisa se desconocen. Una vez descartada la tumulatio ad sanctos16, la ausencia de este indicativo en verdad primordial en la identificación del inicial culto cristiano, más aún cuando, como es el caso, se apunta su carácter martirial, obliga a que el resto de los criterios cuenten con importantes argumentos a su favor para poder plantear si quiera la posibilidad cultual. Respecto a la necesaria constatación de una arquitectura indudablemente cristiana, los elementos arquitectónicos que se aducen como prueba del culto martirial están conformados por tres ábsides (Murillo et alii, 2010a: 287-290). Los ábsides en cuestión alcanzan el mismo diámetro de c. 8’3 m. y están constituidos por muros efectuados con lo que los excavadores han identificado como opus uittatum (fig. 2) (Murillo et alii 2010a: 287), de 1 m de espesor. En los tres casos se adosan a un mismo muro del anfiteatro, con una separación muy similar de uno a otro17 y en una posición análoga también en los tres casos. La altura máxima documentada de las estructuras es de 2 m. 16 Por exclusión, en contra también de la presencia de tumulatio ad sanctos en el anfiteatro León y Muñoz 2010: 553, n. 386: “El único caso documentado hasta el momento en el que aparecen los enterramientos asociados a un edificio de culto se encuentra en Cercadilla”. 17 El oriental y el central se encuentran a 6,34 m. el uno del otro, mientras que la separación del central y el occidental es de 7,58 m. Fig. 2. Detalle del primero de los ábsides localizados en la excavación (situado al noreste) (foto del autor).
264 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 datación -si no se parte de la premisa de que tales rellenos son posteriores al arrasamiento tanto del anfiteatro como incluso de los ábsides-29. En lo que se refiere al segundo, a partir de la descripción y sobre todo de las fotografías en las que se observan estos rellenos, se aprecia que conforman un trabajo muy cuidado de alternancia de capas de mampuestos y capas de arcillas y gravas que llegan a alcanzar en torno a 2 m. de potencia y que se extienden incluso al exterior del ábside. No parece presumible que un trabajo así de cuidado corresponda a una fase de reutilización de la estructura, en la que presuntamente el propio ábside estaría destruido y oculto por las propias capas de relleno. En ese mismo sentido, llama la atención el hecho de que los tres ábsides cuenten con una “interfacies de arrasamiento” muy homogénea y a una altura similar. Ante tales evidencias, a efectos constructivos es plausible pensar que los ábsides no hayan sido arrasados, sino que conserven su cota de coronación original y que los rellenos de nivelación, que con claridad conforman un relleno de compactación, pudieran estar relacionados con el mismo proceso constructivo de los ábsides y, con ello, estos a su vez con el anfiteatro30. A esos efectos es importante llamar la atención sobre la presencia de ábsides similares en otros anfiteatros igualmente macizos, como parte de la propia infraestructura constructiva de los edificios (Hidalgo 2008a: 231). Ese es el caso de los anfiteatros de Augusta Treuerorum, Caesarodunum Turonum, Augusta Raurica, Forum Cornelii y en especial Eporedia -realizado además como el de Caesarodunum Turonum en uittatum- (fig. 5 y 6)31, apareciendo también incluso en los anfiteatros mixtos de tipo galorromano, como es el caso de los de Aregenua o Lutetia (Golvin 1988: pl. XLVIII.2 y 7)32. ante tales evidencias, lo cierto es que en el estado actual del conocimiento no se puede descartar, como hipótesis de trabajo, que los ábsides estén estructuralmente vinculados con el propio anfiteatro. Tanto la organicidad y armonía de su distribución con respecto a la estructura del anfiteatro como el hecho, nada 28 Nótese también que en la matriz estratigráfica correspondiente (Murillo et alii 2010a: 209 y 215), la mencionada U.E. 693 no presenta relaciones estratigráficas de anterioridad con ninguna otra unidad. 29 se debe insistir en el hecho de que los muros que constituirían la supuesta sala basilical –en verdad constatados sólo en el caso del ábside central y supuestos en los laterales-, en realidad se disponen de forma radial con respecto a la estructura del anfiteatro, según el mismo esquema que los muros del propio anfiteatro que delimitan los caserones de cimentación. Ello, unido a la circunstancia antedicha de que no podrían conformar un espacio basilical en sentido estricto, abunda aún más en la idea de que tanto ábsides como muros radiales podrían estar relacionados con la propia estructura del anfiteatro. 30 Golvin 1988: 89, 92 y 96; Magi 1987: 47-51 y Tosi 2003: 569-570. 31 al igual que en el caso de Córdoba, en Eporedia y Forum Cornelii los ábsides se distribuyen formando una serie continua y adosados a uno de los muros radiales. La incorporación de tales ábsides -tanto en esta como en otras disposiciones constatadas en otros anfiteatroscoadyuva a resolver los problemas de empujes, que constituyen uno de los principales problemas estructurales de este tipo de edificios.
265 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 desdeñable, de que constituyen un recurso arquitectónico documentado en otros anfiteatros o incluso la circunstancia de que en el estado actual de la excavación no se cuenten con argumentos sólidos para su datación, aconsejan actuar con cautela y no descartar, entre otras, esta opción. La diferencia de la técnica constructiva de los ábsides con respecto a la del resto de la infraestructura del anfiteatro, podría apuntar más bien en la dirección de que se pudiera tratar de una refectio -muy probablemente en un momento avanzado a tenor sobre todo de la propia técnica constructiva con la que se materializan los ábsides- y no de la obra original, funcionando como elementos de contención y reforzando, en la zona más baja, los Fig. 5.- Ejemplos de algunos de los anfiteatros con ábsides utilizados como elementos de contención en las cimentaciones: a.- Forum Cornelii (imola) (de: Golvin, 1988, pl. iX); y B.- Eporedia (Ivrea) (de: Magi 1987: tav. XXVII, fig. 50). Fig. 6.- Detalle de los contrafuertes absidados de vittatum del anfiteatro de Eporedia (foto de A. Giardini, tomada de: Magi 1987: tav. XXX, fig. 56).
266 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 empujes de la zona más alta del graderío33. No se olvide, en ese sentido, que para la ciudad de Córdoba se ha defendido que sufrió un terremoto en el s. III, que habría ocasionado la destrucción del otro edificio de espectáculos comparable de la ciudad, esto es, el teatro (Ventura et alii 2002: 141-154). Sea como fuere, al menos sí es seguro que nada permite adscribir los ábsides aparecidos en el anfiteatro de Córdoba a una construcción cultual cristiana, de manera que será necesario esperar a que se desarrollen nuevas excavaciones para contar con nueva información y dilucidar cuál pudo en verdad ser su verdadera función. Por su parte, de ajuar litúrgico en el solar del anfiteatro, ya sea por las excavaciones recientes o por hallazgos antiguos, no contamos con vestigio alguno. además, llama la atención el hecho de que, por mucho que se haya saqueado el supuesto edificio, no quede un conjunto mínimamente representativo de decoración arquitectónica tardoantigua -aun cuando para ella no se pudiera asegurar su asignación a ámbitos cultuales-34, cómo, por el contrario, sí ocurre en yacimientos donde sí tenemos constancia arqueológica del uso cultual, como, en lo concerniente a Córdoba, es el caso sobre todo de Cercadilla (Hidalgo 2002 y bermúdez 2011). La situación se complica aún más en lo que se refiere a la epigrafía y fuentes literarias, en tanto que del primero de estos aspectos no existe ninguna evidencia, mientras que en el segundo se cometen importantes errores, que adquieren aún más trascendencia en tanto que se utilizan como argumento para fechar el abandono del anfiteatro y, más todavía, para plantear sobre tal argumentación errónea una insustancial interpretación del palacio de Cercadilla, sobre la que volveremos en otra ocasión. Los excavadores y su equipo afirman con insistencia que el anfiteatro de Córdoba fue el lugar donde se martirizó a S. Acisclo. Tal afirmación no sólo implica la atribución de un supuesto carácter martirial al anfiteatro, sino que, yendo aún más allá, lo toman como argumento incuestionable para fechar el momento a partir del que se abandona y expolia el edificio e incluso, como ya se ha dicho, para proponer una nueva datación para la construcción del palacio de Cercadilla35, 32 a partir de las dudas que hemos planteado en relación con la ubicación del podium, se debe pensar que estos ábsides se encontrarían ocultos bajo la ima cauea. si pensamos en una refectio vinculada a la contención de empujes en un momento posterior a la construcción del edificio, es lógico que dicha intervención se desarrollara en la ima cauea, donde la superestructura es más reducida. 33 Los ladrillos decorados localizados de antiguo en la fundición la Cordobesa (Carrillo et alii 1999: 61) no se pueden tomar en consideración, ya que, como los propios excavadores reconocen (Murillo et alii 2010a: 295), aparecieron a unos doscientos metros del anfiteatro y, además, nada sabemos del contexto del hallazgo. 34 Parten en su argumentación de la premisa de que el abandono del anfiteatro se produce “en los primeros años del s. IV, con posterioridad a la ejecución en el mismo de Acisclo en 303- 304” (Vaquerizo y Murillo 2010: 492), pues dan por cosa segura que indudablemente San Acisclo fue martirizado en el anfiteatro. También, Murillo et alii 2010b: 510: abandono del anfiteatro “en las primeras décadas del s. IV, con posterioridad a la ejecución en el mismo de Acisclo, en 303-304”;
267 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 sobre la que además sustentan una nueva interpretación del propio edificio. No obstante, en la inmensa mayoría de los casos en los que hacen mención al martirio de Acisclo en el anfiteatro, no aluden a fuente alguna sobre la que sustentar tal aseveración36. Cuando más, se cita como fundamento histórico el testimonio de T. Ramírez de arellano37 o, en una única ocasión, se menciona que el origen de tan importante dato histórico para su interpretación procede de la passio de acis- Murillo et alii 2010b: 511: “en un momento posterior a la fecha que proporciona la ejecución en su arena del mártir Acisclo durante la persecución de 303-304”; y en una publicación posterior se insiste de nuevo en el mismo argumento, Murillo 2011: 239: “primeros años del s. IV, cuando se produce su abandono (con una fecha post quem marcada por la ejecución en él del mártir Acisclo, en 303-304)”. Con respecto a Cercadilla cito en especial Murillo y Vaquerizo 2010: 497-498: “De acuerdo con las evidencias que hemos conseguido reunir hasta el momento [¿?], el complejo monumental de Cercadilla habría sido construido con posterioridad a 303-304, fecha en la que es ejecutado en el anfiteatro San Acisclo, uno de los cinco mártires cordobeses”. 35 Por ejemplo, Vaquerizo y Murillo 2010: 505: “transformación de nuestro anfiteatro en centro de culto cristiano, seguramente de carácter martirial si atendemos a la probable muerte en su arena de Acisclo”; Vaquerizo 2010b: 23: “En su arena habían perdido la vida algunos mártires locales (al menos, según las fuentes: Fausto, Genaro y Marcial, “Los Tres Coronas”, y, según bastantes indicios, también San Acisclo” (sin que, de nuevo, se haga ninguna mención a las supuestas “fuentes” a las que se alude; en esta ocasión además, se da por dato seguro atestiguado por las “fuentes” el martirio en el anfiteatro de Fausto, Genaro, Marcial, para los que sin embargo tales “fuentes” son totalmente inexistentes y se aducen “bastantes indicios” para el caso de San Acisclo, aunque no se alude a cuáles son esos supuestos “indicios”); Murillo et alii 2010b: 514: “por el seguro martirio en su arena, en 303-304, de San Acisclo y, probablemente también, de los santos mártires Zoilo, Fausto, Genaro y Marcial”. Y en una obra posterior, Murillo 2011: 23: “estructuras posiblemente relacionadas con el culto martirial, que documentan un proceso de cristianización del edificio similar al constatado en otros monumentos del mismo tipo” y León 2011: 14: “Así, sobre la arena del anfiteatro, donde murió San Acisclo (y probablemente también los santos Fausto, Genaro y Marcial), se erigió un complejo de culto (aún en estudio) compuesto por al menos tres estructuras semicirculares de cuidada técnica constructiva adosadas al pódium del anfiteatro”, quien tampoco fundamenta la supuesta asociación del martirio al anfiteatro. También sin fundamentación alguna las menciones recogidas en la nota precedente. 36 Uno de los autores, en un trabajo anterior (Murillo et alii 2003: 55), hace ya mención a la vinculación del anfiteatro de Córdoba con el martirio de Acisclo. Tal afirmación la apoya en los Paseos por Córdoba de Teodomiro Ramírez de arellano (ed. or. 1873), una obra de carácter local que, como su propio título permite intuir, no es otra cosa que una recopilación de leyendas y tradiciones de la ciudad, a las que, evidentemente, no se puede conceder rigurosidad histórica ni mucho menos valor científico. Por la fecha de su redacción, esa obra pertenece a un momento en el que todavía no se había avanzado aún lo más mínimo en el estudio de la verosimilitud de la passio de Acisclo y Victoria. Tampoco esa obra se puede entender transmisora de ningún tipo de tradición local, habida cuenta que al menos hasta pasado el siglo X la ciudad era por completo desconocedora de la passio Aciscli et Victoriae. Curiosamente en la monografía sobre el anfiteatro los autores citan el pasaje de la obra de Ramírez de arellano en la que se hace mención a san acisclo en la recopilación de noticias sobre la ubicación del anfiteatro de Córdoba. En esta ocasión (Murillo et alii 2010a: 101), se reproduce incluso el texto de Ramírez de Arellano: “...el Anfiteatro romano, donde recibieron la palma del Martirio San Acisclo, Santa Eugenia (sic) y otros valientes defensores de la Religión de Jesucrist o ...” y a continuación: “... En este punto se supone estaría la entrada de las fieras, y al final de la iglesia de san Pablo, las cárceles, como tradicionalmente se cree, erigiéndose una capilla á los santos Mártires Acisclo y Victoria en el lugar de su prisión, donde existía un subterráneo ó comunicación, que con el derribo del convento ha desaparecido ó ha quedado sepultado...” (Ramírez de Arellano 1973: 155-156). La mera lectura del texto no merece más comentario.
268 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 clo38, dando como fuente de esa noticia el Pasionario Hispánico, el Martirologio de Adón de Vienne, el Oracional de Verona, el Martyrologium Hieronymianum y el testimonio de Prudencio. En lo concerniente a s. acisclo39, las fuentes fiables, que además se reducen en especial a Prudencio y, más tarde, al Martyrologium Hieronymianum, se limitan sin más a adscribirlo a Córdoba40. Por su parte, el Martirologio de Adon de Vienne recoge simplemente lo poco dicho en el Martirologio de Lyon41, y ambos se ciñen a la mínima mención de la fecha de la celebración de su fiesta, al igual que el Oracional42. Así pues, ninguna de estas fuentes alude en realidad al martirio de Acisclo, ni a la supuesta circunstancia de que éste se produjo en el anfiteatro. En verdad el único documento en el que se incorpora tal circunstancia es su passio, que en realidad es la passio Aciscli et Victoriae. No obstante, como ya quedó demostrado hace más de medio siglo, sobre todo a partir de los trabajos de Fábrega (1953: 58- 156), Vives (1955) y Gaiffier (1966 y 1967: 135-139), y desde entonces es aceptado de manera unánime por la investigación especializada, la passio de acisclo no tiene ningún fundamento histórico43. Ya para comenzar nos encontramos con que 38 Murillo et alii 2010a: 280-281 y n. 120: “Esta datación, proporcionada por los contextos cerámicos asociados a la secuencia estratigráfica, podría ser aquilatada si aceptamos la muerte ad gladius del mártir local acisclo en el anfiteatro, como sostiene su passio , sentenciado por el praeses Dion durante la persecución de Diocleciano en 303-304”. 39 En relación con los numerosísimos estudios que tratan el tema, véase especialmente buena parte de lo recogido en las notas 40-43 y sánchez 2006: 265-266 y 2010b: 6. 40 Peri 4.19-20: “Corduba Acisclum dabit, et Zoellum/tresque coronas” y Martyr. Hier. (ed. Delehaye, p. 605): “XIV KAL. DEC. B. Et in Spaniis Cordoba ciuitate Aciscli martyris, hac die rosae ibidem colleguntur”. 41 Del mismo modo que el de Floro (Quentin 1908: 483) y los tres, a su vez, contaminados ya con la presencia de Victoria (uid. infra). 42 Martirologio de Adon y Lyon: Noviembre, 17, SS. Acisclo y Victoria (Quentin 1908: 139 y 483: véase también García Rodríguez 1966: 224); Floro: “XV Kl. Acisclus et Victoria” (Quentin 1908: 447); Oracional: “In primis in die sancti Aciscli, quod est quintodecimo kalendas decembres, ad matutinum” (Vives 1946: 14-15), este encabezamiento continúa con cuatro oraciones en las que se denota que el autor no sabía nada de s. acisclo, pues no apuntan ningún indicio que tenga que ver con su supuesta vida y martirio (Fábrega 1953: 59). 43 Pérez 1956: cc. 840-842; Sotomayor 1964: 96: “la Passio escrita en el s. X, y que cualquier experto en hagiografía no dudará en clasificar entre las llamadas fabulosas”; García Rodríguez 1966: 220-225, en especial 220: “Todos los detalles sobre su martirio proceden de una “Passio” tardía y en modo alguno digna de fe”; Lacarra 1967: 628; Jiménez Pedradas 1977: 22-32; Sotomayor 1979: 74-76; Rodríguez Fernández 1985: 274; Ferrer 1995: 120; Riesco 1995: 5: “Esta pasión fue redactada entrado el siglo X con total desconocimiento de los hechos”; Castillo Maldonado 1999: 419 y 62: “lo que se puede afirmar es el desconocimiento total que del martirio de Acisclo tenía el autor de la passio”; Hidalgo 2002: 358 y n. 43; Nieto 2003: 25: “La Pasión de los santos Acisclo y Victoria fue redactada en época muy tardía y con total ignorancia de los hechos”; Castillo Maldonado 2004: 46: “la Passio ss. Aciscli et Victoriae, una narración unánimemente calificada de fantasiosa o fabulosa”; andrés et alii 2010: 341: “el hagiógrafo que redactó la Passio Aciscli et Victoriae [...] recreó una pasión prácticamente ex nihilo mediante la yuxtaposición de tópicos hagiográficos y fabulaciones sin mesura” y Marfil 2010-2011: 242: “con respecto al martirio de San Acisclo (...) no existe ninguna
269 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 la passio, como indica su propio título, no narra sólo el suplicio de acisclo, sino que se dedica a Acisclo y Victoria. Es bien sabido que la supuesta Victoria no aparece en la tradición literaria que menciona a acisclo, ni en sus primeros momentos (Hidalgo 2002: 358). Tampoco era conocida en la ciudad de Córdoba, en la que contamos con abundante información en relación con el culto a Acisclo, incluso hasta en los siglos iX y X, a partir de lo transmitido por el Memoriale Sanctorum de Eulogio y por el Calendario de Recemundo, en los que tampoco aparece mención alguna a Victoria. Su aparición -y con ello, la creación de su martirio como supuesta compañera y hermana de acisclo, con quien comparte suplicios-, con toda probabilidad no es más que una mala interpretación de la mención a la victoria del mártir, tomada del martirologio de Lyon (Fábrega 1953: 61). Junto a ello, es bien sabido también que la passio Aciscli et Victoriae fue compuesta ya en el s. X y, a tenor igualmente de su cronología, fantaseada e ignorando los hechos históricos44. La distancia tanto geográfica como temporal de la composición de la passio con respecto al martirio obligó a buscar alguna fuente de inspiración, lo que provocó que se convirtiera en un plagio de otra bien conocida, la passio de santa Cristina (Gaiffier 1966 y 1967: 135-139). Lo dicho es más que suficiente para concluir que la Passio Aciscli et Victoriae no ofrece ninguna verosimilitud histórica. La alusión a la decapitación de Acisclo en el anfiteatro no se debe entender de otra manera -como ocurre en otros muchos de los suplicios sufridos por los dos mártires según la passio-, que como uno de los lugares comunes a los que de manera habitual recurren los hagiógrafos cuando redactan ex nouo las nuevas passiones45. El hecho además de que se haya demostrado sobradamente, ya hace mucho tiempo, que la passio es un plagio de la de la mártir italiana Cristina, redunda aún más en esas mismas conclusiones. Queda con ello claro que la adscripción del martirio de Acisclo al anfiteatro hallado en Córdoba es de todo punto errónea. fuente que haga referencia a su lugar de martirio, y mucho menos que fuese ajusticiado en un edificio administrativo o representativo”. 44 En esa dirección apunta también la circunstancia de que, según la passio, Acisclo fue finalmente decapitado en el anfiteatro después de haber sido arrojado al río con una piedra colgada al cuello, azotado, abrasado en un horno y atado a una rueda que se hizo girar sobre un fuego, prendiendo su cuerpo con aceite. La referencia al anfiteatro no es otra cosa que una más de las penalidades comunes que, de manera recurrente y copiadas de unas a otras, las passiones hacen padecer con frecuencia a los mártires. La crudeza de tales actuaciones –junto a las aplicadas a la inventada Victoria- y el lenguaje utilizado por los mártires en sus respuestas, son también, según Fábrega (1953: 63 y 271), un argumento más para determinar que nos encontramos ante unas Actas completamente fabulosas y, con ello, alejadas de la realidad histórica. 45 El topos que constituye la adscripción del anfiteatro al lugar del martirio, puede llegar incluso, como ocurre en el caso de Asterio de Ostia (Bowes 2006: 252), a identificar el anfiteatro como lugar de martirio en una ciudad en la que no hay evidencias de que contara jamás con tal edificio.
270 RAFAEL HIDALgO PRIETO Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 así pues, ante todo lo hasta ahora visto se puede concluir que la propuesta de identificación de un centro de culto cristiano, con connotaciones martiriales además, sobre el anfiteatro de Córdoba es acientífica e insustancial y carece de la rigurosidad imprescindible para la construcción de una hipótesis rigurosa46. Yendo aún más allá, para ese pretendido centro de culto se ha propuesto incluso su creación por el obispo Osio y su inclusión en un amplio fenómeno cultual que afectaría a todo el suburbium occidental de la ciudad47 -de nuevo sin evidencias arqueológicas al respecto-, que sorprendentemente se ha querido equiparar con el bien conocido conjunto del Francolí en Tarragona (Murillo et alii 2010a: 295, n. 135 y Murillo et alii 2010b: 524). La información con que contamos en la actualidad no permite descartar otras posibilidades, de las que aquí he apuntado algunas, aunque sí permite afirmar la ausencia de evidencias para defender, ni siquiera como hipótesis, la presencia de un posible centro de culto cristiano. Hay que dejar a las evidencias arqueológicas que hablen por sí mismas. Bi B l i o g r a f í a Amores y González 2006: F. Amores, D. González Acuña, “V fase de intervención arqueológica en el mercado de la Encarnación (sevilla). Contextos tardoantiguos”, AAA’03-III, Actividades de Urgencia, vol. 2 (sevilla 2006) 197-206. andrés et alii 2010: M. a. andrés et alii, La Hispania visigótica y mozárabe. Dos épocas en su literatura (salamanca 2010). Aparicio 2001: L. Aparicio, “Intervención arqueológica de urgencia en la Avda. de Medina azahara nº 43 de Córdoba. Localización de una necrópolis de cronología tardoantigua”, AAA’98-III (sevilla 2001) 164-173. barragán 2010: M. C. barragán, La necrópolis tardoantigua de Carretera de Carmona (Hispalis), Sevilla (sevilla 2010). beltrán, García y Rodríguez 2007: J. beltrán, M. a. García, P. Rodríguez, Los sarcófagos romanos de Andalucía (Murcia 2007). Bermúdez 2011: J. M. Bermúdez, “Mobiliario litúrgico del complejo cultual cristiano de Cercadilla, Córdoba: (columnitas, estípites y mensa)”, Romula 10 (2011) 277-306. 46 Lo mismo se puede decir de la propuesta de reinterpretación de Cercadilla, para la que Vaquerizo y Murillo (2010: 493-510) parten como premisa que vincula toda la argumentación del supuesto funcionamiento del anfiteatro a principios de s. IV, a partir del supuesto martirio allí de acisclo. Otros errores de esa propuesta de interpretación serán tratados en otra ocasión. 47 Murillo et alii 2010b: 524: “Desde este momento, el suburbium occidental se convertirá en un espacio eminentemente mar tirial y funerario , estrechamente vinculado a su mártir por antonomasia, san Acisclo”.
271 SOBRE EL SUPUESTO CENTRO DE CULTO CRISTIANO DEL ANFITEATRO DE CÓRDOBA Habis 43 (2012) 249-274 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Bowes 2006: K. Bowes, “The Dürres amphitheater: Archaeology and memory”, New Directions in Albanian Archaeology (Tirana 2006) 242-256. bowes y Hoti 2003: K. Bowes, A. Hoti, “An amphitheatre and its afterlives: Survey and excavation in the Durres amphitheatre”, Journal of Roman Archaeology 16 (2003) 380-394. bowes y Mitchell 2009: K. Bowes, J. Mitchell, “The main chapel of the Durres amphitheatre. Decoration and chronology”, MEFRA 121.2 (2009) 571-597. Bryer 1994: A. Bryer, “Sant Asterios and the amphitheatre chapel in Dyrrhachion”, Θυμίαμα στημνήμη της Λασκαρίνας Μπούρα (athens 1994) 41-45. Carrillo 1999: J. R. Carrillo et alii, “Córdoba. De los orígenes a la Antigüedad Tardía”, Córdoba en la Historia. La construcción de la Urbe (Córdoba 1999) 37-47. Castillo Maldonado 1999: P. Castillo Maldonado, Los mártires hispanorromanos y su culto en la Hispania de la Antigüedad Tardía (Granada 1999). Castillo Maldonado 2004: P. Castillo Maldonado, “Inventiones reliqviarum en la Hispania tardoantigua: análisis de sus autores”, Polis 16 (2004) 33-60. Dozy y Pellat 1961: R. Dozy, Ch. Pellat, Le calendrier de Cordove (Leiden 1961). Fábrega 1953: A. Fábrega, Pasionario hispánico (siglos VII-XI) (Madrid-barce- lona 1953). Ferrer 1995: J.-M. Ferrer, Los santos del nuevo misal hispano-mozárabe (Toledo 1995). Gaiffier 1966: B. Gaiffier, “La source littéraire de la passion des SS. Aciscle et Victoria”, Analecta Sacra Tarraconensia 38 (1966) 205-209. Gaiffier 1967: B. Gaiffier, Études critiques d’hagiographie et d’iconologie (brussels 1967). García Rodríguez 1966: C. García Rodríguez, El culto de los santos en la España romana y visigoda (Madrid 1966). Godoy 1995: C. Godoy, Arqueología y liturgia. Iglesias hispánicas (siglos IV al VIII) (barcelona 1995). Golvin 1988: J.-C. Golvin, L’amphitheatre romain (Paris 1988). González acuña 2001: D. González acuña, Forma Vrbis Hispalensis. El urbanismo de la ciudad romana de Hispalis a través de los testimonios arqueológicos (sevilla 2011). Hernández y Vargas 2010: L. Hernández, S. Vargas, “Los complejos cerámicos del anfiteatro de Colonia Patricia Corduba”, El anfiteatro romano de Córdoba y su entorno urbano. Análisis Arqueológico (ss. I-XII d.C.) (Córdoba 2010) 311-328. Hidalgo 1993: R. Hidalgo, “Nuevos datos sobre el urbanismo de Colonia Patricia Corduba: excavación arqueológica en la calle Ramírez de las Casas-Deza, 13”, AAC 4 (1993) 91-134.
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