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Impresiones de un escritor ecuatoriano en Andalucía: Juan Montalvo y sus escritos sobre el arte hispano-musulmán

Justo Estebaranz, Ángel

Abstract

Este trabajo analiza los textos de Juan Montalvo, escritor ecuatoriano del siglo XIX, referidos al arte hispano-musulmán. Dichos textos aparecieron en su revista El cosmopolita, editada en Ecuador en los años sesenta de dicho siglo. Centrándose en la Mezquita de Córdoba y en Medina Azahara, ya que Montalvo había visitado dicha ciudad durante su primer viaje a Europa a fines de los años 50, expone las impresiones que le provoca la contemplación del arte islámico, contraponiendo sus cualidades al producido en el mundo cristiano (sobre todo al gótico y al barroco). Asimismo, en estos textos se constata su fascinación por el arte musulmán, que no va pareja con su opinión sobre la religión islámica.

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IMPRESIONES DE UN ESCRITOR ECUATORIANO EN ANDALUCÍA: JUAN MONTALVO Y SUS ESCRITOS SOBRE EL ARTE HISPANO-MUSULMÁN Ángel Justo Estebaranz Universidad de Sevilla Patrimonio e Historia del Arte c/Jardín Atalaya, 1, 5º D, 41900 Camas (Sevilla) Teléfono: 655438853 E-mail: [email protected] 397 Resumen Este trabajo analiza los textos de Juan Montalvo, escritor ecuatoriano del siglo XIX, referidos al arte hispano-musulmán. Dichos textos aparecieron en su revista El cosmopolita, editada en Ecuador en los años sesenta de dicho siglo. Centrándose en la Mezquita de Córdoba y en Medina Azahara, ya que Montalvo había visitado dicha ciudad durante su primer viaje a Europa a fines de los años 50, expone las impresiones que le provoca la contemplación del arte islámico, contraponiendo sus cualidades al producido en el mundo cristiano (sobre todo al gótico y al barroco). Asimismo, en estos textos se constata su fascinación por el arte musulmán, que no va pareja con su opinión sobre la religión islámica. Palabras clave: Juan Montalvo, El cosmopolita, arte islámico, Mezquita de Córdoba, Medina Azahara. Abstract This paper analyses the writings of Juan Montalvo, an Ecuadorian writer of the nineteenth century, about Islamic art in Andalusia. Those texts were published in the magazine El cosmopolita, edited in Ecuador in the sixties of the nineteenth century. Montalvo, who has visited Cordoba during his first journey to Europe in the decade of 1850, writes about the Mezquita de Cordoba and Medina Azahara. He explains his impressions about Islamic art, opposing its characteristics to Christian art, above all Gothic and Baroque. He also affirms his fascination about Islamic art, contrasting with his opinion about Islamic religion. Keywords: Juan Montalvo, El cosmopolita, Islamic art, Mezquita de Córdoba, Medina Azahara. 398 Juan María Montalvo Fiallos, ensayista y novelista ecuatoriano del siglo XIX, fue a la par que gran escritor y defensor de ideas liberales, un viajero destacado en el ámbito de su país 1 . Nació en Ambato en 1832. Tras viajar a Europa por primera vez, casó en Quito en 1868. Al Viejo Continente volvería años más tarde, muriendo en París, ciudad a la que se había trasladado en 1881, en 1889 2 . Como escritor, Montalvo cultivó todos los géneros literarios. Escribió poesías, periódicos, panfletos, novelas, cuentos y dramas para teatro, aunque quizás sus más grandes logros los consiguiese como ensayista por su erudición clásica y belleza en la forma literaria 3 . El gran escritor ecuatoriano realizó dos viajes a Europa. En el primero, un Montalvo veinteañero visitaría varios países del Viejo Continente. Así, tras permanecer en París y luego en Italia, pasó por España, visitando Granada y Córdoba. Fue en febrero de 1857, durante el gobierno de Francisco Robles, cuando a Juan Montalvo se lo nombra como adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma, ostentando el cargo de secretario de dicha legación Francisco Javier Salazar 4 . Sería a mitad del mes de julio cuando el escritor ecuatoriano llegase a Francia, permaneciendo seis meses en París. En la capital francesa conoció a don Pedro Moncayo, diplomático ecuatoriano. Este encuentro sería provechoso para Montalvo, pues Moncayo le ofreció facilidades para su 1 Plutarco Naranjo lo considera como un ideólogo romántico del liberalismo. Véase Naranjo, Plutarco (1989): "El pensamiento social de Montalvo y el feminismo". En Varios Autores. Coloquio Internacional sobre Juan Montalvo. Fundación Friedrich Naumann, Quito, p. 11. 2 Su deseo, como detalló al doctor Agustín L. Yeroví, fue ser enterrado en la capital de Francia. No obstante, en julio de 1889, y tras repatriar su cuerpo, se enterró en Guayaquil. En 1932 sus restos se llevaron a Ambato, donde desde entonces reposan en su mausoleo. Véase Lara, A. Darío (1981): Juan Montalvo en París, Tomo I. Subsecretaría de cultura I. Municipio de Ambato, Quito, p. 60. 3 Pérez Pimentel, Rodolfo: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/m4.htm 4 Parece que este nombramiento se debió a las gestiones del hermano de Montalvo, el doctor Francisco Javier Montalvo. Véase Pérez, Galo (2003): Remembranzas de la vida y obra de Juan Montalvo. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, p. 32. 399 estímulo intelectual. Asimismo, en París conoció a personajes importantes del momento, como Lamartine y Proudhon 5 . En enero de 1858 llegó a Italia, y tras disfrutar de Roma, Florencia, Nápoles, Sorrento, Pompeya y Venecia, acudió a España, donde observó un contraste entre la arquitectura musulmana andaluza, muy de su agrado, y la miseria de La Mancha 6 . Tras volver a París, regresaría a Ecuador. A España regresó en 1883, y después a París, donde murió a causa de una enfermedad en 1889. Pero de estos dos viajes, es el primero el que nos interesa, pues dejará constancia literaria de sus impresiones de Andalucía, y más concretamente de los dos grandes monumentos islámicos que visitó 7 . Fotografía de Juan Montalvo tomada en el estudio de Van Bosch (París) 5 Idem, pp. 39-40. 6 Idem, p. 47. Según comenta Anderson Imbert citando fragmentos de El cosmopolita, Montalvo rondaba por Roma, Florencia, Granada y Luxemburgo, entre otras ciudades, “como un espíritu hermano de los otros, los célebres de la historia”. Véase Anderson Imbert, Enrique (1948): El arte de la prosa de Juan Montalvo. El Colegio de México, México, p. 143. La llegada de Montalvo a España en la segunda mitad del siglo XIX se produce en una época en la que habían aumentado en nuestro país tanto el número de viajeros extranjeros como la variedad de profesiones de los mismos, pues de 1833 se sumarán comerciantes, escritores, pintores y músicos a los diplomáticos y soldados que habían llegado en fechas anteriores. Véase Méndez Rodríguez, Luis (2006): “La imagen del turista en las sociedades visitadas. La iconografía del turista en España”. En La multiculturalidad en las Artes y en la Arquitectura, Tomo II. Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y Anroart Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, p. 114. 7 Anderson Imbert destaca la búsqueda por parte de Montalvo de escenarios de leyenda y poesía en sus viajes, a la que se adecuan a la perfección los monumentos islámicos de los que tratamos en este trabajo. Véase Anderson Imbert, Enrique (1948): El arte de la prosa…, op. cit., p. 142. 400 En este trabajo se analizan sus impresiones sobre Andalucía. Como cabría esperar de un escritor romántico, Montalvo se deja seducir por todo aquello que está relacionado con el pasado islámico andaluz 8 . Por ello visita Granada y Córdoba, y se centra en dos monumentos cordobeses: la Mezquita y Medina Azahara. Sorprende, en cambio, que nombre a Sevilla muy de pasada, pues la Giralda era un hito arquitectónico muy admirado por artistas y viajeros románticos. Por otra parte, los vestigios romanos no suscitan el interés del literato ambateño, siendo ello comprensible por haber visitado Andalucía después de recorrer Italia, cuyos comentarios sobre la Roma antigua dejó en El cosmopolita. Tampoco le interesó el arte gótico hispano, ni el renacentista y barroco (del que en Quito tenía ejemplos magníficos). De hecho, los pocos comentarios que estos estilos le merecen son peyorativos, pensados para contraponerlos a la armonía del arte islámico. Llama la atención su negativa visión del arte gótico, pues cuando escribe los párrafos que vamos a analizar ya había estado en París, en un momento en que el neogótico, propulsado por las teorías y restauraciones del arquitecto francés Viollet-le- Duc, estaba en franco apogeo. Los breves escritos que Montalvo dejó sobre Andalucía están publicados una década después de su visita 9 . Ello quiere decir que en este tiempo, Montalvo pudo reflexionar y meditar sobre sus impresiones. El hecho de que publicase estos escritos en El cosmopolita, la revista que fundó él mismo y que constó de nueve números entre 1866 y 1869, otorga una importancia singular a estas impresiones 10 . Ello se debe a que era una revista de claro enfoque político, periodístico y ensayístico 11 . Así, junto a 8 En este sentido, el literato ecuatoriano no se muestra distinto a los ingleses y franceses que visitaron Andalucía en el siglo XIX, que quedaron cautivados por los monumentos islámicos. La fascinación por lo islámico llevó a otro ilustre viajero, el inglés Richard Ford, que había residido en España entre 1830 y1833, a construirse en Inglaterra una torre morisca como casa de verano. Véase Ford, Brinsley (1963): Richard Ford en Sevilla. CSIC, Madrid, p. 21. 9 Bejamín Carrión señala que cuando publica El cosmopolita, Montalvo ya había recorrido “lo mejor de este mundo”. En opinión del fundador y primer presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de Roma le interesaron las huellas de aquella civilización romana libertaria, que buscó en las ruinas, museos, monumentos antiguos, etc., de la Ciudad Eterna. Véase Carrión, Benjamín (1985): “Prólogo”. En Montalvo, Juan: Las Catilinarias. El Cosmopolita. El Regenerador. Biblioteca Ayacucho, Barcelona, pp. XXIII y XXIV. 10 Esta revista estaba editada en Quito, en 40 páginas con los diversos temas. La publicación se suspendió en el quinto número, y luego se publicaron cuatro números más. Según cuenta Pérez Pimentel, Montalvo sostuvo una acalorada polémica con José Modesto Espinosa, que le salió al paso. Véase Pérez Pimentel, Rodolfo: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/m4.htm 11 Pero no fue El cosmopolita la primera publicación periódica de la que se hizo cargo Montalvo. Su temprana vocación de escritor le llevó a fundar el periódico semanal La Razón en 1848, y un año después El Veterano. Posteriormente escribiría para el periódico La Democracia de su hermano Francisco Javier. En el año 1854 fundó el periódico La Moral Evangélica y un año después El Espectador. A finales del año 1861, Montalvo colaboró en la revista literaria El Iris de Quito. Véase Pérez Pimentel, Rodolfo: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/m4.htm 401 críticas a la política del Presidente García Moreno por abusos de poder y opresión, figuran disquisiciones sobre la libertad de imprenta y otros asuntos 12 . A estos escritos suma el ambateño algún poema, como el que dedica al Mont Blanc, pues será lo que más le impresione de Suiza 13 . No obstante, aunque meditadas, las observaciones del escritor ecuatoriano recogidas en esta revista, o al menos en parte, ya habían sido escritas en Europa. De hecho, entre los meses de enero y agosto de 1858, Juan Montalvo mantuvo correspondencia con su hermano Francisco Javier, a fin de que se publicara en el semanario quiteño que éste dirigía, La democracia. Gran parte del contenido de la revista El Cosmopolita proviene de estos escritos, que según Pérez no fueron bien recibidos en el Ecuador 14 . Por lo que respecta al Libro IV de la revista, en el que se encuadran sus escritos sobre el arte hispano-musulmán, fue terminado de escribir en Ambato (la ciudad natal de Montalvo), conteniendo la primera de sus Lecciones al pueblo y constituyendo lo que él creía que era una “humilde enciclopedia” 15 . En cuanto a las intenciones de El cosmopolita, Pérez Pimentel destacó sobre todo su afán didáctico. Véase Pérez Pimentel, Rodolfo: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/m4.htm 12 A pesar de lo que pueda parecer en principio, según Anderson Imbert una lectura analítica de los escritos de Juan Montalvo revela a un pensador opuesto a las ideas avanzadas de la Europa de su tiempo, que creía en el progreso pero cuya concepción de la vida y de la Historia era más bien estática. Para él, el progreso dependía de Dios. Véase Anderson Imbert, Enrique (1948): El arte de la prosa…, op. cit., 93. 13 Como buen escritor de influencias románticas, se dejará seducir por la belleza de la naturaleza, apreciando la sublimidad de determinados paisajes. Además, el Mont Blanc fue un destino turístico de primer orden durante la primera mitad del siglo XIX, al que acudieron numerosos turistas extranjeros. En cuanto a su obra poética, Montalvo no publicó ningún libro de poemas, aunque a lo largo de su obra se encuentran intercalados varios. No obstante, el literato ambateño no sobresalió especialmente en este campo, considerándose su obra poética como fría, llena de reminiscencias y carente de originalidad temática. Véase Sacoto, Antonio (1973): Juan Montalvo: el Escritor y el Estilista. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, p. 149. 14 Pérez, Galo (2003): Remembranzas de la vida y obra…, op. cit., p. 35. 15 Véase Naranjo, Plutarco (1966): Los escritos de Juan Montalvo. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito p. 92, y Roig, Arturo (1995): El pensamiento social de Juan Montalvo. Corporación Editora Nacional, Quito, p. 21. 402 Monumento a Juan Montalvo en Ambato (Ecuador) Los intereses literarios de Montalvo le llevan a introducir sus escritos sobre los dos grandes monumentos omeyas de Al-Andalus mediante la heroica llegada a nuestras tierras de Abderrahman ben Moabia. Al innegable valor literario de estos párrafos se suma el interés que Montalvo sentía por cuestiones históricas, uniendo ambas disciplinas en un afán de presentar sus impresiones acompañadas de un halo de historicidad. La caída de los Omeyas, la huida de noventa de ellos a Egipto, la cena con que los agasaja el Wali y su posterior decapitación, son narrados como prolegómeno de las aventuras que tendrá que vivir Abderrahman por el norte de África hasta llegar a territorio peninsular. El futuro emir es presentado como un joven de notable fortaleza y astucia, en constante huida de sus perseguidores, hasta que se encuentra con “embajadores de España” prestos a llevarlo a su reino y agasajarlo con zambras y cañas 16 . Las cualidades enumeradas por Montalvo anteriormente, a las que sumaba la habilidad de Abderrahman rompiendo cañas y el amor de las doncellas hacia él, lo convertían a los ojos del literato ecuatoriano en “el más cabal de los reyes muslímicos 16 La historia está narrada por Montalvo en Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo (Estudios y selecciones de Gonzalo Zaldumbide). J. M. Cajica, México, pp. 189-191. 403 de España”, que hizo de Córdoba “una ciudad tan grande y magnífica, que pocas hubo tan magníficas y grandes” 17 . Estas observaciones son ciertas en parte, pues Córdoba llegó a convertirse en una de las mayores ciudades de su tiempo, pero no sólo con el primero de los Abderrahmanes, sino también gracias al crecimiento que experimentó con sus sucesores. De hecho, el máximo apogeo demográfico se dará ya en época posterior, con el califato. Así, hacia el año 1000, Córdoba contaba con una población de 450.000 habitantes. 1. LA MEZQUITA DE CÓRDOBA La Mezquita de Córdoba es presentada por Juan Montalvo como la consumación de los anhelos de Abderrahman de “aventar hacia afuera la magnificencia de su alma”, y de superar en perfección a las mezquitas de Damasco, Bagdad, Ispahán y los demás de Oriente 18 . Para ello, el escritor ecuatoriano proporciona unas cifras que pretenden apabullar al lector ante la grandeza del monumento. Así, enumera 1093 columnas de mármol (aunque realmente son 850, de mármol, jaspe y granito), 57 arcos (aunque en realidad hay centenares), 4000 lámparas de oro “suspendidas en las bóvedas”, 19 puertas 19 , más unos gastos fastuosos en esencias, perfumes y elementos decorativos, que no cuantifica 20 . A estos datos cuantitativos, añade otros de índole cualitativa que engrandecen aún más el edificio. En este sentido, Montalvo se maravilla ante las bolas doradas que coronan las cúpulas (siendo de oro macizo la mayor de todas), los braseros de plata bruñida, las puertas de bronce “de maravilloso laboreo, floreadas de ese oriazul”… Especialmente llamativa es para el ecuatoriano la puerta principal, forrada de láminas de oro y más grandiosa que las demás, y “por ella entra Dios cuando se viste de 17 Idem, p. 191. 18 Idem, p. 191. 19 Debe de referirse a las 19 puertas que comunican las naves interiores con el patio de los Naranjos, pues al exterior tiene otras 11 puertas, de carácter más monumental. Véase Ettinghausen, Richard y Grabar, Oleg (1997): Arte y Arquitectura del Islam. 650-1250 (2ª edición). Ediciones Cátedra, S.A., Madrid, p. 143. En la actualidad se conoce el arte de los Omeyas cordobeses más en profundidad gracias a diversos estudios que se han realizado en los últimos años. Entre ellos destaca la exposición “El esplendor de los Omeyas cordobeses”, celebrada en Medina Azahara en 2001, y cuyo catálogo en dos volúmenes constituyó un excepcional estado de la cuestión sobre la dinastía de los Omeyas. Véase AA. VV. (2001): El esplendor de los Omeyas cordobeses: la civilización musulmana de Europa Occidental, dos volúmenes. Fundación El Legado Andalusí, Granada. 20 La profusión de cifras que apabullan al lector es utilizada en más ocasiones por Montalvo para potenciar su discurso de supremacía del mundo hispanomusulmán. En otra ocasión enumera las doscientas mil casas, seiscientas mezquitas, cincuenta hospicios, ochenta escuelas y doscientos baños públicos de que disponía la Córdoba islámica. Véase Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., p. 197. 404 pontífice” 21 . Eso sí, aunque se maravilla del arte islámico, su condición de cristiano y su afilada pluma le hacen verter críticas contra la religión islámica, pues dice que el templo, a la salida del “Ramazán”, es “digna del Dios que adoramos todos” (o sea, del Dios cristiano en su visión), “y digna de profeta menos impostor que Mahoma, a quien está consagrado” (cosa que no es cierta, pues en la época de Montalvo hacía muchos siglos que el templo era cristiano y estaba dedicado a Santa María). Un elemento esencial que Montalvo valora del arte islámico es la sensación espacial y anímica que genera, pues el ecuatoriano encuentra en el interior de la Mezquita de Córdoba todo un cúmulo de acicates para el júbilo de los sentidos, desde el aspecto interior “risueño” (sic) hasta sonoros y alegres ruidos. Todo ello hace que al entrar en un edificio islámico, el creyente se encuentre con un Dios “jovial y bondadoso” 22 . Estos interiores son, a sus ojos, muy diferentes a los cristianos de las Catedrales de Italia y de la España goda (o sea, gótica), pues éstos generan en el creyente una sensación de “devoción y profunda tristeza”. Sí que hace un comentario acertado el escritor al diferenciar el aspecto de los edificios islámicos entre interior y exterior. Si los exteriores son “hoscos, refunfuñones, amenazantes”, no ocurre lo mismo con los interiores, que como indicaba antes, son “risueños, leves, amables” 23 . Montalvo se revela como un observador agudísimo al ver cómo esta configuración de espacios religiosos se repite en otros civiles (que él cree que son los originarios). El literato ambateño fundamenta esta configuración palaciega en el deseo de los monarcas de infundir pavor al pueblo a través de un monumento tenebroso, mientras se reservan unos interiores agradables. Como ejemplo de ello cita la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla. Pero este razonamiento tiene algo de ingenuo, pues las casas islámicas (no sólo palacios, sino las del pueblo) se construyen de esta manera, concentrando todo afán decorativo y de lujo en el interior, y no dejando al exterior sino los vanos de ventilación y entrada indispensables, y ocultando frecuentemente las puertas mediante ingresos acodados, para ganar de este modo intimidad y frescura 24 . 21 Idem, p. 192. 22 Idem, p. 192. 23 Idem, pp. 192-193. 24 De hecho, Georges Marçais explica en parte la configuración de las fachadas, desnudas y sobrias, con salientes de escaso relieve, gracias a la acción del sol, pues la escultura de modelados delicados se acomodaría mal a una luz en exceso abundante. Véase Marçais, Georges (1991): El arte musulmán (3ª edición). Ediciones Cátedra, S.A., Madrid, p. 13. 405 decorativo unía una historia singular, impregnada de leyenda, que resultaba muy atractiva para cualquier avezado escritor romántico. La más famosa ciudad palatina omeya de los alrededores de Córdoba mereció también el interés literario de Montalvo. Medina Azahara es presentada al lector de El cosmopolita como obra del amor, edificada por genios, pues el hombre no pudo realizar las “columnas aéreas y tumbados azulinos” a que alude el escritor 46 . Lo que resulta extraño de este relato, sobre todo en un escritor del siglo XIX, que alude al harén del rey musulmán, es la omisión de cualquier referencia a Zahra, la favorita de Abderrahman III (o Al-Nasir), quien dio nombre a esta ciudad construida a partir del año 936 d.C. 47 . También resulta extraña la ausencia de comentarios sobre la destrucción de la ciudad menos de un siglo después de ser levantada. Puerta del Primer Ministro en Medina Azahara (Córdoba). En comparación con la Mezquita, son escasas las referencias que el autor proporciona sobre cuestiones arquitectónicas y decorativas de Medina Azahara. Ello es 46 Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., p. 204. 47 Esta ciudad serviría como residencia, sede del gobierno y vivienda para el califa y el numeroso personal que lo rodeaba. Véase Barrucand, Marianne y Bednorz, Achim (1992): Arquitectura islámica en Andalucía. Taschen, Colonia, p. 61. Otros autores no dudan en referir la historia de Azahara en relación a la construcción de la ciudad palatina. Véase Uranis, Kostas (2001): España. Sol y sombra…, op. cit., pp. 142-143. 412 debido a que Montalvo no pudo conocer esta ciudad palatina, pues se empezó a excavar en 1910, comenzándose por el norte y no habiéndose concluido todavía las labores de excavación 48 . Por ello le interesan más los elementos históricos y de naturaleza. El escritor ecuatoriano utiliza elementos descriptivos que emparentan este relato con el de la Mezquita. Así, se encuentran de nuevo descripciones sinestésicas (“pavimentos sonoros y armoniosos”) 49 . Para un ecuatoriano de la sierra, se comprende la satisfacción que encuentra en estos parajes frescos, así como el gusto por las fuentes del interior del palacio, pues el clima serrano ecuatoriano es fresco, y el de Andalucía le resultaría en exceso caluroso durante los meses del estío. Por ello, el descanso en estas salas, frescas gracias a la inclusión en ellas de fuentes de pórfido y otras piedras preciosas, mientras se respira el perfume de las juncieras, se vuelve una evocación digna de incluirse en el relato del literato 50 . Pero más interesante para Montalvo que el propio palacio parecen ser las cercanías del mismo, pues está rodeado de bosques que el ecuatoriano estudia con delectación, observando la diferencia de flora entre unos y otros, y apreciando la diferencia de texturas lumínicas por los distintos árboles 51 . Asimismo, es digna de su agrado la distribución de los diferentes árboles, unas veces simétrica y otras no, pero guardando una armonía que Montalvo aprecia siempre en el arte islámico. En medio de estos bosques está el pabellón de Anasir (Abderrahmán III), como él lo llama. De nuevo, Montalvo vuelve a comparar arte islámico con mitología clásica, al asemejar esta construcción a “la mansión de una nereida enamorada” que un buzo sacó fuera del mar y plantó en el jardín 52 . No quedarán ahí las similitudes, pues al cerrar el relato, Montalvo compara a los reyes islámicos con personajes romanos. En este caso, son Junio Bruto y Tiberio los modelos clásicos de la ejecución de familiares, como sucederá en Córdoba con Abdala. Por otra parte, el pabellón es lugar propicio para que 48 Barrucand, Marianne y Bednorz, Achim (1992): Arquitectura islámica en Andalucía…, op. cit., p. 62. 49 Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., p. 204. 50 De entre todas las fuentes, la más destacable es la de la sala del Califa, realizada en jaspe y coronada por un cisne de oro con una gran perla a modo de airón (esto es, de penacho de plumas). Véase Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., p. 204. Exactamente lo mismo le sucede al inglés Richard Ford en Sevilla, cuyo verano le resulta insoportablemente caluroso, y por ello aprecia la frescura de los interiores, en este caso domésticos. Véanse sus impresiones recogidas en Alberich, José (2000): Del Támesis al Guadalquivir. Antología de viajeros ingleses en la Sevilla del siglo XIX (2ª Edición). Universidad de Sevilla, Sevilla, p. 90. 51 Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., pp. 204-205. También se detiene en la fauna que habita estos bosques, deleitándose con el vuelo de una mariposa que, en unión otra vez con el mundo clásico, podría albergar a Cleopatra, “si es verdad la transmigración de las almas”. 52 Idem, p. 205. 413 Montalvo alabe la belleza de las integrantes del harén del rey, así como su entrega al amor mientras “sus queridas tañen los más blandos y voluptuosos instrumentos”, citando la guitarra como instrumento que más rápido llega al corazón. El relato de las impresiones de Montalvo sobre el arte hispanomusulmán se cierra como comienza: con unos párrafos sobre los hombres que impulsaron la construcción de los monumentos que aborda el ecuatoriano. Además, este relato da pie al escritor ecuatoriano para glosar las desdichas del rey y de las mujeres de su harén. Ellas, por ser esclavas y no tener a quien amar, aunque tengan a su alrededor todas las riquezas posibles. Él, por las disputas entre sus dos hijos, Alhaken y Abdala, que traicionará a su hermano por la herencia del trono y terminará muerto a manos de su padre. Por todo ello, Montalvo acaba su relato de los monumentos islámicos y los reyes que los impulsaron destacando la felicidad del pastor y el campesino pobres y sin ambición por encima de la de los reyes 53 . La Mezquita de Córdoba y Medina Azahara son el centro del interés de Juan Montalvo en el arte islámico español. No obstante, no podía dejar de lado la Alhambra de Granada. En el Prospecto del Libro I de su revista El cosmopolita, Montalvo hace referencia a este monumental conjunto palaciego. Pero no será la belleza arquitectónica el motivo de sus recuerdos, sino la subida hacia la colina “por el bosque en donde el ruiseñor suelta la voz divina”, y donde “resonarán nuestras pisadas en los propios mármoles que oprimieron las plantas del fiero Aben Said y de la bella Saida” 54 . Asimismo, el Darro será digno de mención para el escritor ecuatoriano, pues en él se refrescarán las ninfas, volviendo a unir el mundo islámico con el clásico. De este modo, será muy de su agrado pasar de la Alhambra al Generalife atravesando el Darro “en una mañana de abril, fresca, pura, con un sol resplandeciente y halagador”. Como se ha visto en este trabajo, los escritos de Juan Montalvo sobre el arte hispano-musulmán son unitarios en cuanto a la consideración que este arte le merecía. El análisis de sus escritos revela que la formación en Historia del Arte del escritor ambateño no era muy extensa, si bien le permitía hacer ciertos juicios acertados en torno al arte hispanomusulmán. Las realizaciones artísticas de Al-Andalus son atractivas para 53 Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo…, op. cit., pp. 206-208. 54 Idem, p. 117. 414 el ecuatoriano por representar el summum del refinamiento, y por ser ejemplos extraños a la arquitectura de su país (donde tan sólo hay unos pocos ejemplos de artesonados mudéjares, alejados de la fastuosidad islámica que se encuentra en Córdoba). Es singular su atracción por estos dos monumentos, no cayendo en la más tópica seducción que la Alhambra suscitó entre muchos turistas contemporáneos. Por otra parte, es una constante la singular equiparación de arte y cultura islámicos con arte y cultura clásicos, en contraposición a gótico y barroco como formas más perfectas de expresión. Estas consideraciones, formuladas por un escritor americano, son un testimonio claro de la amplia formación de Montalvo y sirven para conocer mejor la mentalidad de los literatos románticos y su atracción por el exotismo de Andalucía, ejemplificado por el arte islámico conservado en esta Comunidad. 415 BIBLIOGRAFÍA AA. VV. (2001): El esplendor de los Omeyas cordobeses: la civilización musulmana de Europa Occidental, dos volúmenes. Fundación El Legado Andalusí, Granada. Alberich, José (2000): Del Támesis al Guadalquivir. Antología de viajeros ingleses en la Sevilla del siglo XIX (2ª Edición). Universidad de Sevilla, Sevilla. Anderson Imbert, Enrique (1948): El arte de la prosa de Juan Montalvo. El Colegio de México, México. Barrucand, Marianne y Bednorz, Achim (1992): Arquitectura islámica en Andalucía. Taschen, Colonia. Carrión, Benjamín (1985): “Prólogo”. En Montalvo, J: Las Catilinarias. El Cosmopolita. El Regenerador. Biblioteca Ayacucho, Barcelona, pp. IX-XXXVIII. Ettinghausen, Richard y Grabar, Oleg (1997): Arte y Arquitectura del Islam. 650-1250 (2ª edición). Ediciones Cátedra, S.A., Madrid. Ford, Brinsley (1963): Richard Ford en Sevilla. CSIC, Madrid. Lara, A. Darío (1981): Juan Montalvo en París, Tomo I. Subsecretaría de cultura I. Municipio de Ambato, Quito Marçais, Georges (1991): El arte musulmán (3ª edición). Ediciones Cátedra, S.A., Madrid. Méndez Rodríguez, Luis (2006): “La imagen del turista en las sociedades visitadas. La iconografía del turista en España”. En La multiculturalidad en las Artes y en la Arquitectura, Tomo II. Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y Anroart Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, pp. 113-121. Montalvo, Juan (1960): Juan Montalvo (Estudios y selecciones de Gonzalo Zaldumbide). J. M. Cajica, México. Naranjo, Plutarco (1966): Los escritos de Juan Montalvo. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito. Naranjo, Plutarco (1989): "El pensamiento social de Montalvo y el feminismo". En Varios Autores. Coloquio Internacional sobre Juan Montalvo. Fundación Friedrich Naumann, Quito, pp. 11-19. Pérez, Galo (2003): Remembranzas de la vida y obra de Juan Montalvo. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito. Pérez Pimentel, Rodolfo: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/m4.htm Roig, Arturo (1995): El pensamiento social de Juan Montalvo. Corporación Editora Nacional, Quito. Sacoto, Antonio (1973): Juan Montalvo: el Escritor y el Estilista. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito. Uranis, Kostas (2001): España. Sol y sombra. Ediciones Cátedra, Madrid. 416