Alma Máter: Un estudio de la maternidad desde la descendecia
Abstract
Alma Máter es un proyecto de gran envergadura que ha sufrido un largo proceso metamórfico de, literalmente, vida, muerte, nacimiento, defunción, sufrimien-to, alegría...: Creación. A lo largo de cada pieza se establece una comunicación directa con lo representado y se muestra así, a modo de término, una gestión unilateral de las mismas relaciones intrafamiliares.
Full text
ALMA MÁTER: Un estudio de la maternidad desde la descendencia Isabel Aguirre Suárez Trabajo de Fin de Grado Facultad de Bellas Artes Universidad de Sevilla
“Las mujeres no sólo están naturalmente subordinadas, sino en general muy satisfechas de su situación, dado que les ofrece protección y la posibilidad de maximizar los placeres maternales, que constituyen para ellas las experiencias más satisfactorias de la vida.” (Ortner, 1972, pág. 5)
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN....................................................................................................................6 HEMBRA: USO DOMÉSTICO..........................................................................................10 ACTITUD PICTÓRICA CONTEMPORÁNEA..............................................................12 LA PINTURA COMO METÁFORA DE LA GESTACIÓN.......................................16 LA AUSENCIA COMO MOTOR CREATIVO.............................................................20 EL RECURSO PREDOMINANTE: LA REPETICIÓN.............................................24 ALMA MÁTER........................................................................................................................28 CONCLUSIONES..................................................................................................................94 BIBLIOGRAFÍA.....................................................................................................................96
6 INTRODUCCIÓN
7 Desde los inicios del tiempo, la reproducción y la perpetuación de la especie han sido la tarea fundamental del ser humano. Con su evolución, teñida de ciertos caracteres como el arte, la economía, las relaciones sociales o la solvencia intelectual que cada individuo posea, podría afirmarse sin duda alguna que la vida se rige por una constante batalla entre naturaleza y cultura. Entendemos, entonces, la naturaleza como esa satisfacción de las funciones primarias que nos impulsan hacia la vida y la cultura como la satisfacción de necesidades secundarias que invitan a un mejor desarrollo de esta. Asumiendo esta diferencia, la capacidad de separarlas es tan compleja como inútil. La controversia aparece cuando se confunden términos y se entiende una cosa como la otra; abrigarse cuando se tiene frío es, sin duda, naturaleza; pero ¿un beso?, ¿El amor? Tanto uno como otro forman parte de un constructo social del todo innecesario para vivir o dar vida. El amor es un compendio de reacciones químicas que generan un cocktail explosivo abogado por la primavera del sexo. Con esta afirmación no se pretende, sin embargo, negar la existencia o la realidad que nace de la cultura, si no la asunción de que esta parte de la naturaleza y de su intrínseco proceso evolutivo. La mujer ha sido identificada con algo [...] que todas las culturas entienden que pertenece a un orden de existencia inferior a la suya. Ahora bien, al parecer sólo hay una cosa que corresponda a esta descripción, y es la «naturaleza» en su sentido más general. Toda cultura o bien la «cultura», genéricamente hablando, está empeñada en el proceso de generar y mantener sistemas de formas significativas (símbolos, artefactos, etc.) mediante los cuales la humanidad trasciende las condiciones de la existencia natural, las doblega a sus propósitos y las controla de acuerdo a sus intereses. (Ortner, 1972, pág. 6) El determinismo biológico sentencia, así como la cultura decapita y rebaja el status de la mujer para conducirla, bajo pena de muerte, a una habitación polvorienta en que amamantar y asumir una doctrina con la llave echada por fuera. En cuanto a que durante el proceso reproductivo se requiere más la participación de la hembra que del macho, se generan roles en los que la mujer dedica su vida a este hecho (dar a luz y luego criar hasta cierta edad) y el hombre se permite un desarrollo más acentuado en cuanto a ciertas aptitudes abstractas de la vida como la fundación misma de una civilización, relevando al sexo femenino a ser un “artefacto” de la naturaleza establecido para ser doblegado por la cultura.
8 Una vez identificada y aceptada la existencia de esta dualidad, se nos permite trascender más allá de la misma y tener así la capacidad para extrapolar este hecho a diferentes ámbitos y manifestaciones de la vida dentro de un núcleo social cercado: ¿es la familia cultura? Todos los seres humanos nacen (de una madre) y finalmente mueren; se supone que todos tienen interés en la supervivencia personal, y la sociedad / cultura tiene un interés (o al menos tiende a tenerlo) por la continuidad y la supervivencia que trasciende las vidas y las muertes de los individuos concretos. (Ortner, 1972, pág. 6) La familia, desde una perspectiva naturalista, vendría a significar algo imprescindible para la supervivencia tanto a nivel humano como animal. Es el primer grupo y contacto social que tienen los nuevos individuos con el mundo exterior, y la producción de lazos sensitivos (tanto afectivos como displicentes) resulta prácticamente ineludible. El vínculo madre-hijo/a se tiene como el más consolidado e imperioso de las conexiones intrafamiliares. Este proyecto pretende el estudio de esta relación, no desde la contingencia de lo reproductivo, es decir, no desde quien da vida, si no desde la circunstancia de quien la recibe. Todas las personas, sin excepción (al menos hasta ahora), nacen de una matriz, de un espacio de gestación que no todo el mundo posee pero que todo el mundo padece. La investigación tiene como objeto alcanzar ese punto de generalidad al que se pertenece de forma inexorable por el simple hecho de ser, pues todos somos descendencia. Asimismo, dar vida es un proceso selectivo, se observa como una posibilidad y no como una obligación pese a que haya una indudable característica biológica que conduce a ello por simple memoria cromosómica de afán prolífico. Y aun así, también se trata de una cuestión de sublevación tal y como lo expresa la autora Yvonne Knibiehler: “Si las madres y la maternidad no salen de las sombras, fue (y sigue siendo) una cuestión de poder. El control de la fecundidad femenina es el lugar por excelencia de la dominación de un sexo sobre el otro.” (Knibiehler, 2001, pág. 7) Esta muestra de expresión pictórica se plasma desde el único símbolo que todos compartimos, el único designio de dependencia hacia el vientre y, al nacer, la primera cicatriz de libertad: el ombligo. De igual forma, atendiendo a conceptos como intimidad o individuo, no será posible llegar a su total interpretación sin antes haber comprendido un todo que los une y a su vez nos une; espectador, obra y artista.
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16 LA PINTURA COMO METÁFORA DE LA GESTACIÓN
17 Al igual que la gestación de un hijo, la pintura y el proceso de intervención de un cuadro comienza por el placer, el culmen de encontrar la idea y de desear que nazca, que se materialice, que se haga real. El momento en que un cuadro se interrumpe, así como el momento del alumbramiento, no implica el final de la relación entre ambos, sino solo un paso más que la estrecha. Alma Mater es un proyecto que nace de un banco de imágenes digitales. El devenir del proceso, desde que los ombligo representados nacen hasta que son retratados, se convierte en una progresión permanente que no se desvanece. ¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará sólo un Aquí. Supera el tiempo, y nos quedará sólo un Ahora. (Bach, 1970, pág. 87) Al ya poseer dicho almacén fotográfico, se plantea la posibilidad de que las obras sean exclusivamente eso, fotografías, de la misma manera en que se cuestiona el uso de la pintura como materia de manifestación. Las fotografías de los ombligos fueron pintadas con el fin de gestar. La artista toma el rol de gestante y a través del paulatino proceso pictórico, ocurre su descendencia. Trabajar de forma progresiva al fruto de una instantánea (una fotografía) conlleva a su vez la asimilación del concepto retratado. La maternidad, al igual que la descendencia, son ideas muy presentes de manera cotidiana, casi tanto que pasan desapercibidas y se traslada la conciencia racional hacia una conciencia instintiva. La pintura indaga continuamente lo que se plasma y permite al artista un espacio seguro para responder las preguntas que pasan de largo. Al tratarse de un tema que puede establecer una analogía directa con el proceso de pintar, llegar a su total comprensión solo puede ser resultado de la experiencia. Treintaiún cuadros forman el proyecto, treintaiún fotos, treintaiún lienzos, treintaiún ombligos e innumerables aplicaciones incesantes del pincel sobre la tela. “La materia pictórcia adquiere una existencia autónoma, exasperada, casi insoportable; el cuadro no representa, es.” (Argan, 1977, pág.161)
18 La imagen primera que se realiza del ombligo real queda huérfana de padre y madre ante su igual analógico. Quien posee el ombligo retratado tiene padre y madre y el cuadro del que de nuevo nace los busca. La identidad del nuevo ombligo se subleva y se despereza, pues ya ninguna otra existencia compite con la suya: es y tiene una nueva familia, se gesta infinidad de veces. La representación que se realiza de la imagen original a la pintura es más que un calco, es traducción. La traducción conduce de la mano de la interpretación y se convierte en una amalgama de una alta carga emocional, simbólica, familiar, sensible..., que desemboca en el retrato intimista de cada portador. Pese a que previamente se haya tratado la conciencia generalista junto al deseo de exponer una creación artística amplia y que todo el mundo pueda entender, cada pieza habla del individuo al que retrata. Lejos del retrato convencional e históricamente comprendido, los matices expuestos en cada obra así como el color de la piel, el vello corporal, las cicatrices o la misma vestimenta, conforman el cuadro con un inquebrantable carácter propio. El ocultismo que se cierne sobre el ombligo, al igual que en cualquier otra zona íntima del cuerpo, hace que su exposición sea del todo sentenciaria en cuanto al discurso a exponer, y más cuando no se trata de uno si no de toda una serie completa de ellos. En cuanto a la gestación y sus posibilidades como metáfora, es infranqueable el designio que abarca toda la teología bíblica en referencia a “los primeros padres”: Adán y Eva. En ese ejercicio intelectual de descender por nuestro árbol genealógico [...] nos habría de sorprender algo anómalo: Adán y Eva no tendrían ombligo. Claro, ni uno ni otro nacieron de mujer ni lo hicieron del modo en que a partir de esa primera pareja será lo natural. Aun quienes nieguen la teoría creacionista para abrazar los postulados del evolucionismo más exacerbado deben admitir que el primer par de mamíferos surgidos evolutivamente de otra especie no vivípara carecería asimismo de esa cicatriz que centra ahora nuestra atención. Pero está tan imbuida en nuestro inconsciente esa señal, que incluso artistas geniales y dotados de una enorme sabiduría [...] como Miguel Ángel Buonarroti no caen en la cuenta de esa particularidad y así, en la representación más universalmente conocida de Adán, la de la Creación de la Capilla Sixtina, aparece nuestro primer padre con un ombligo que en puridad no le correspondería poseer. (El médico Interactivo, 2011)
19 El acontecimiento mencionado de controversia bíblica en la cita anterior sobre la manifestación umbilical de humanos que no provendrían de ninguna matriz puede verse rápidamente contrastado con otro hecho que parece pasar de largo en la investigación: Dios también tenía ombligo. La Capilla Sixtina bien podría ser el ejemplo culmen de la pintura como metáfora de la gestación pues siguiendo todo el marco teológico y situándolo como verdad momentánea y específicamente concreta (como caso aislado), la base más precisa de la representación vendría a significar que los humanos estamos creados desde la apariencia de Dios, bajo su imagen y semejanza. Así pues, no sería Adán el primer padre como tampoco sería Eva la primera madre, si no un Dios Todopoderoso la figura primera gestante. En el fresco de La Creación de Adán se observa cómo este mismo (con su ombligo) casi alcanza a rozar el índice de Dios (también con su repectivo ombligo) en un momento estático en el que nunca llegan a establecer contacto físico. En cambio, Dios, dentro de aquella figura que muchos consideran una representación del cerebro humano, abraza sin ningún escrúpulo y sin ninguna represión la imagen de la mujer. Podría este momento simbólico, icónico, histórico y pictórico conducirnos a la conclusión de que, Miguel Ángel, en su incuestionable maestría abalada por su presencia hasta la actualidad e inmortalidad creadora, no pasó por alto las referencias del Libro Sagrado en que se mencionaba la ausencia del muñon umbilical de Adán y Eva, si no que interpretó la figura de la mujer como una parte inherente a Él y por ende como su igual en cuanto a una función procreadora y de inicio de la vida para fundamentar la idea concluyendo en la presencia del ombligo en las figuras que habitaban la obra.
20 LA AUSENCIA COMO MOTOR CREATIVO
21 En todo el proyecto expositivo prima la repetición del concepto de maternidad y descendencia, pero siempre estableciendo un orden coherente. Metodológicamente hablando, el tamaño de cada cuadro realizado fundamenta su sentido en la edad que tenga el portador del ombligo. Esto significa que existe una razón lógica de proporcionalidad directa que interviene en las formatos elegidos: a mayor edad, mayor dimensión. Por ende, la pieza más grande recae sobre el primer vientre gestante, Estrella Muñoz Benitez, la matriarca. En los inicios de la producción conceptual y de materialización de la idea, teniendo en cuenta el argumento anterior, en cuanto al ocultismo del ombligo, se desconocía un hecho imperioso que, a la vez que aporta valor a la creación, se lo quita por completo: esta primera madre no tiene ombligo. El motivo de esto fue una cirugía abdominal que derivó en una gran cicatriz que abarcaba el tamaño del vientre anulando así las cicatriz primaria del ombligo. “Desde épocas inmemoriales, el ombligo, por su emplazamiento en el cuerpo humano, se ha vuelto símbolo de centro: de cualquier centro, terrestre, celeste o imaginario, en su proyección cosmogónica.” (pág. 5) Como menciona el escritor Gutierre Tibón (2015), la importancia del ombligo es evidente, pero no solo por su presencia, sino también por su ubicación. Es el centro de la vida así como su resultado, y, ante la ausencia, se intentó poner aún más de relieve su magnitud. Es por ello que se contempla, finalmente, la representación de este vientre con su nueva cicatriz y aún sin ombligo,siendo este la pieza artística más grande de todas. Con el carácter intimista que tiene un icono como el ombligo, también se pretende retratar la singularidad que existe, por contraposición, entre lo personal y profundo de la idea y lo invasivo de la pintura de gran formato. Por ejemplo, los lienzos de los nuevos y más jóvenes integrantes de la familia, son expuestos en lienzos de menor medida para poder así profundizar en conceptos que se desarrollan de manera paralela a la infancia tales como la seguridad, la comodidad, la confianza, etc. El objetivo del ombligo ausente de gran formato nace a su vez de una intención “opacadora”, el espectador no se aproxima al cuadro, el cuadro lo invade a él. Vendría entonces a representarse como la manifestación de un abrazo, de un ente común a todos los ombligos que de él se nutren, al igual que de una fuente de la que el agua emana.
22 Estrella Muñoz Benitez falleció el 15 de abril de 2022, a la edad de 92 años con el ombligo, ya inerte y toda una gran familia a la que ella misma gesto durante tanto tiempo a su lado. Es en este momento cuando surge la necesidad de expresión de la maternidad y la descendencia como motor creativo y evasión del dolor. Se condujo el proyecto como una mirada interna hacia los sentimientos de la artista de la misma manera en que abanderaba todo el esfuerzo que en vida realizó la madre primera. Pintar su ombligo fue una forma de establecer un último diálogo con ella y decir adiós de la única forma en que se escapa a lo efímero de la vida humana, la inmortalidad de la presencia artística. De la ausencia en el arte como refuerzo creativo ya hablaba Pedro Salinas (1933) en La voz a ti debida sembrando un viento fresco y de cambio en cuanto al significado del sujeto perdido y del amor permanente: ¡Qué paseo de noche con tu ausencia a mi lado. Me acompaña el sentir que no vienes conmigo. Los espejos, el agua se creen que voy solo; se lo creen los ojos. Con estos versos sentenciaba una presencia completa más allá de una corporalidad física porque quedan los huecos, queda el recuerdo y queda el sentir, que muchas veces es un motor más poderoso de creencia que la propiedad física de la ausencia. Es tener fe en lo marchito y creer en el fin y en la muerte como único camino hacia la perennidad.
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24 LA REPETICIÓN: EL RECURSO PREDOMINANTE
25 Los recursos estilísticos son pequeños adornos que embellecen la vida y la dotan de una estética, una identidad y un ingenio propio. La repetición, entendiéndola desde la definición más popular que vendría a ser volver a hacer una cosa que ya se había hecho o a decir algo que ya se había dicho, encabeza estos recursos con sus múltiples y diversas aplicaciones. Como todo, la repetición puede razonarse desde dos puntos de vista prácticamente análogos: la iconográfica (lo que se ve) y la iconológica (lo que significa). La repetición gráfica puede ser de varios tipos: manual, informatizada, plástica, literaria, gestual… Esta última se relaciona ampliamente con el cuerpo humano. El tartamudeo, por ejemplo, es algo que a priori interrumpe o intercede negativamente en los niveles básicos de la comunicación primaria convirtiendo esta reiteración de palabras en una respuesta involuntaria como medio para llegar a un fin. La contraposición más tangible que observamos es la que existe entre la repetición gráfica manual y la informatizada. A nivel formal se establece una clara diferencia en relación a la inversión del tiempo y la perfección técnica de las copias. En la manual, cada copia es inexorablemente desigual, nunca podrá darse algo idéntico porque su creación se atiene a las imprecisiones de lo manufacturado. Pese a que se pretendiera una copia semi digitalizada a través de una fotocopiadora, la misma tinta y la propia forma de aplicarse sobre el papel tendría minúsculas máculas, que, aunque imperceptibles para el ojo humano, seguirían presentes: + inversión de tiempo + imperfección técnica = + deseo de evasión del paso del tiempo a través de la realización técnica imperfecta. Asumiendo como cierto lo anteriormente expuesto, es importante cuestionarse si la repetición como algo impoluto e inapelable puede llegar a tener lugar. En las copias informatizadas o digitalizadas, es posible la repetición técnica perfecta mas la misma copia ya vendría a significar algo diferente a la imagen original: capa 1 = copia 1 capa 1 = copia 2 capa 1, etc. No existe de nuevo la misma imagen.
32 Sujeto II Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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34 Sujeto III Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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36 Sujeto IV Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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38 Sujeto V Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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40 Sujeto VI Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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48 Sujeto X Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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50 Sujeto XI Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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52 Sujeto XII Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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54 Sujeto XIII Óleo sobre lienzo 92 x 73 cm 2022
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56 Sujeto XIV Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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64 Sujeto XVIII Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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66 Sujeto XIX Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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68 Sujeto XX Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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70 Sujeto XXI Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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72 Sujeto XXII Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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80 Sujeto XXVI Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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82 Sujeto XXVII Óleo sobre lienzo 55 x 46 cm 2022
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84 Sujeto XXVIII Óleo sobre lienzo 30 x 30 cm 2022
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86 Sujeto XXIX Óleo sobre lienzo 41 x 33 cm 2022
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88 Sujeto XXX Óleo sobre lienzo 35 x 27 cm 2022
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96 BIBLIOGRAFÍA
97 Argán, G. C. (1977). El arte moderno. Madrid: Editorial AKAL Bach, R. (1970). Juan Salvador Gaviota. Madrid: Editorial B, S.A. El médico interactivo, (2011). El ombligo, foto de atención en la medicina y en el arte. Recuperado de https://elmedicointeractivo.com/ombligo-en-medicina/ Knibielher, Y. (2001). Historia de las madres y de la maternidad en Occidente. Buenos Aires: Editorial Nueva Visión Masdearte. (s.f.). Gina Pane, Günter Brus y las heridas simbólicas del cuerpo. Másdearte. Recuperado de https://masdearte.com/especiales/gina-pane-gun- ter-brus-y-las-heridas-simbolicas-del-cuerpo/ Ortner, S. B. (1972). ¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con respecto a la cultura? Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales Salinas, P. (1933). La voz a ti debida. Madrid: Editorial Castalia
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