Entre historias fingidas y verdaderas: (el) 'Tormento', de Galdos
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En e his o ias ingidas y e dade as: (el) To men o de Galdós.
Me cedes Comellas Agui ezábal
Uni e sidad de Se illa
“El es ilo es la men i a. La e dad mi a y calla”. To men o XII
La me a icción es conside ada p ime a ca ac e ís ica de la p ác ica no elesca ac ual
y su más decidido sín oma posmode no. La c í ica ha que ido elaciona la condición
au o e lexi a de la no ela con empo ánea, su asgo de ca ac e ización más
signi ica i o, con las nue as condiciones de la posmode nidad y la pues a en cues ión
del es a u o on ológico de la ealidad1.
Sin emba go, la condición e lexi a ha acompañado al géne o no elesco desde sus
o ígenes. A di e encia de los demás géne os, la no ela nació en la e a de la ex ualidad,
asociada a las posibilidades de in e p e ación y e lexión que impuso esa nue a o ma
de di usión en e a la uni ocidad de la li e a u a o al que al pasa po la oz y el ges o
iende a esqui a su p opia explicación2. Como ha esc i o S ephen Gilman,
la epopeya o al depende del mi o [...] de lo que se dice. La palab a es la cosa (como en las
e imologías popula es), y po an o, p onuncia es c ea . Los illanos -Ganelón, los In an es
1 J.M. Pozuelo Y ancos, “La eo ía li e a ia eencuen a la icción”, Ínsula 552, dic 1992,
11-13.
2 Paul Zum ho , La le a y la oz. La «li e a u a» medie al, Mad id, Cá ed a, 1987, 347-8.
Con el desa ollo de la ex ualidad, las ob as esc i as se podían consul a y compa a , lo que
hizo isibles las con adicciones y di e sidad de adiciones, debili ando así la con ianza en las
an iguas eo ías. Ya en los p ime os años de la imp en a algunos homb es in eligen es p e ie on
es e p oblema: la supe abundancia de lib os lle a ía a la p omulgación de opiniones
incómodamen e di e gen es. Véase James J. O’Donnell, «La p agmá ica de lo nue o: T i emio,
McLuhan, Casiodo o», en Geo ey Nunbe g (comp.): El u u o del lib o: ¿es o ma a á eso?,
Ba celona, Paidós, 1998, 49.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
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de Ca ión, Mo d ed, Pa ís- son quienes mien en. En la no ela, po o a pa e, las palab as
imp esas ya no cuen an con ce idumb e o al. De allí se explica que los no elis as se
in e esen, p imo dialmen e, en el pe spec i ismo, la ilusión, el engaño, la hipoc esía, el
umo y el equí oco3.
Al habla de los o ígenes de la no ela, Ka l Vossle había a i mado que es el géne o
más in o e ido y conscien e de sí mismo; p ecisamen e po que en esa au oconciencia
econoce sus o ígenes his o iog á icos, u o la “necesidad de manipula su p e endida
exac i ud his ó ica con g andes dosis de i onía”4. Es deci , desde el p incipio la no ela
e lexionó en el seno de la p opia icción sob e su na u aleza e dade a, sus ambiguas
elaciones con la ealidad y sob e su unción. De ás de odas es as in ospec i as
especulaciones la ía la p egun a de po qué somos c eado es de icciones y po qué las
i imos an in ensamen e como la exis encia eal, has a el pun o de que a eces llegan a
ocupa el luga de la ida. Y es que es a e lexión me ano elesca ha implicado siemp e
no solo el análisis del discu so de icción y su elación con la ealidad, sino ambién el
papel del lec o y su ínculo con la ob a: el pac o de la icción y las condiciones que
impone pa a cumpli se con éxi o.
Lo cie o es que las in e ogaciones de la no ela sob e sí misma acompañan la
his o ia mode na de las dudas epis emológicas sob e la ealidad y de sus p omiscuas
elaciones con la icción, e in en an encon a a esa conni encia un sen ido na a i o o
abuloso. Po ello la his o ia de la no ela se debe ía acompaña de una his o ia pa alela
de cómo la poé ica del géne o se ue cons uyendo sob e es as e lexiones. El p ólogo
del Quijo e, el p e acio de Rousseau a La nue a Eloísa, las conside aciones de Fielding
en Tom Jones que con inúan en el p e acio de Wieland a Aga hon, las ca as de Goe he
a Schille sob e el Wilhelm Meis e o las e lexiones de Schlegel sob e Lucinde o man
una se ie undamen al en el desa ollo his ó ico de la no ela y son e lejo del p oceso
i o de su o mación, de sus in en os po oma conciencia de su condición y de ini se
en una poé ica siemp e ines able. Lo más signi ica i o de ese in en o de de inición es
que iene asociado siemp e a la c í ica de asnochados p incipios de li e a u ización, lo
que pe mi e a i ma que la no ela se cons uye, oma conciencia de sí y gana espacio
po oposición a los demás géne os o en ensión con la poé ica consolidada de o os
3 S ephen Gilman, La no ela según Ce an es, México, FCE, 1993, 38, n. 43.
4 Ka l Vossle , “La no ela en los pueblos ománicos”, Fo mas li e a ias en los pueblos
ománicos, Mad id, Espasa-Calpe, 91-106.
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géne os, na a i os o no. Así ocu e ambién en el caso de Ce an es, cima canónica del
géne o y que es ambién el g an maes o de la icción e lexi a.
La lec u a idealis a del Quijo e
Ce an es esc ibe su ob a en el con ex o de una p o unda c isis epis emológica po
la que, según Foucaul , el iejo comp omiso de los signos se ha o o, las semejanzas
engañan, lle an a la isión y al deli io y don Quijo e aga a la en u a en un mundo en
el que la esc i u a se ha desligado de las cosas5. Milan Kunde a si úa en ese momen o el
o igen de la no ela mode na ecogiendo un luga común:
Cuando Dios abandonaba len amen e el luga desde donde había di igido el uni e so y su
o den de alo es, sepa ado el bien del mal y dado un sen ido a cada cosa, don Quijo e
salió de su casa y ya no es u o en condiciones de econoce el mundo. Es e, en ausencia
del Juez sup emo, apa eció de p on o en una dudosa ambigüedad; la única Ve dad di ina
se descompuso en cien os de e dades ela i as que los homb es se epa ie on. De es e
modo nació el mundo de la Edad Mode na y con él la no ela, su imagen y modelo.”6
No es sepa able la condición epis emológica y aún me a ísica de es a c isis de la que de
o ma simul ánea –y co espondien e- se i ió en la poé ica no elesca, espacio al que
Ce an es encon ó o ma magis al de aslada la a a és de la i onía. Con ella ab ió
las pue as a una mul iplicidad de pe spec i as que complicaba adicalmen e la isión de
las cosas y anulaba la e dad única. Pe o además la i onía enía la acul ad de con e i
la na ación en c í ica de sí misma, has a el pun o de que podía ans o ma , como
ocu ió en el Quijo e, al lib o en comen a io inin e umpido sob e su p opia icción7.
Las posibilidades de es e descub imien o ce an ino no ue on comp endidas en su
dimensión más amplia has a que el Roman icismo eleyó el Quijo e, puso su apellido a
la i onía – omán ica- y io en aquellos juegos en e la ealidad y la icción la posibilidad
5 Michel Foucaul , Las palab as y las cosas. Ba celona, Plane a, 1985, 54-55.
6 M Kunde a: “La desp es igiada he encia de Ce an es”, El a e de la no ela, Ba celona,
Tusque s, 1994.
7 Edwa d Riley, Teo ía de la no ela de Ce an es, Mad id, Tau us 1981, 60.
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de que la li e a u a espondie a a los más hondos con lic os en e el idealismo y el
ealismo, p opiciando una ein e p e ación de la ob a ce an ina de la que somos
deudo es. Con ella, la poé ica omán ica con i ió el géne o de la no ela -po se el más
ajeno a la poé ica clásica, el más incómodo y el más ambiguo- en el cen o del canon, a
Ce an es en modelo de es udio y la i onía y la me a icción en mecanismos
undamen ales de una nue a na a i a que hab ía de da sus mejo es u os pasados
algunos años.
En la elec u a omán ica de Ce an es no se puede ol ida el ac i o papel del
k ausismo, que lo analizó con eno me in e és y siguiendo la in e p e ación que el
oman icismo alemán y el idealismo hegeliano habían hecho del Quijo e. Gine ,
econociendo aquella deuda, busca en la his o ia del caballe o manchego, más allá de la
habi ual lec u a pa ódica, la exp esión del en en amien o en e el ideal y la ealidad,
asun o cen al de su sis ema pedagógico, que p e ende concilia ambos supe ando esa
dico omía p esen e en la no ela ce an ina8. En los Dos olle os sob e el Quijo e de
1862 (incluidos después en sus Es udios de li e a u a y a e de 1876), el k ausismo da
po buena la in e p e ación eso é ica de la ob a y en la línea hegeliana busca en el ex o
ce an ino ideas y signi icados p o undos más allá de oda ci cuns ancia his ó ica.
La co espondencia en e Gine y Galdós demues a que el no elis a ecibió aquella
alo ación del Quijo e con lo que ello implica de lección omán ica. La huella
ce an ina en la ob a galdosiana ue mo i o de es udio desde muy emp ano: a ella hizo
e e encia, an es que O ega o Mon esinos, el p opio Menéndez Pelayo en la ecepción
de Galdós en la Real Academia. T as él odos los especialis as han enido coincidiendo
en que Ce an es p opo ciona a Galdós su modelo no elesco, -deuda que el cana io
ag adeció cons an emen e en innume ables homenajes-, has a el pun o, a i ma Rubén
Bení ez, de que “[n]o hay o o caso igual en la no ela eu opea de acep ación conscien e
y con inuada de un esc i o en o o esc i o ”9. Quizá en el es udio de la elación en e
ambos au o es ha al ado calib a cuán o de aquella alo ación omán ica quedaba en
Galdós, algo que pod ía a oja cie a luz en algunas de las cues iones que p e endemos
abo da .
8 Rubén Bení ez, Ce an es en Galdós, Uni e sidad de Mu cia, 1990, 26 y 52: “En g an
pa e, ue Hegel, y la alo ación que hace del Quijo e como exp esión de la sociedad española
de su iempo, lo que de e mina el in e és del siglo XIX po la ob a ce an ina.”
9 Bení ez, ci . 14; éase ambién p. 34.
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Bení ez ha es udiado la in ensa ac i idad c í ica que se desa olló en o no a
Ce an es en los años del Realismo. Los au o es asociados al k ausismo y
egene acionismo p e endie on indaga a a és de la ob a ce an ina en las conduc as
nacionales llegando a a gumen os muy simila es a los galdosianos10. Pa ecía posible
descub i en el Quijo e un plan pa a la sal ación de España que iden i icaba al caballe o
con el c i e io libe al, a Sancho con el pueblo y a Dulcinea con España11, p oponiendo
una in e p e ación eso é ica acep ada po Menéndez Pelayo y que culmina en la
unamuniana Vida de don Quijo e y Sancho (1905). Galdós se suma a es as e lexiones
con eno me en usiasmo y esón, aplicándolas a la doble inalidad que se p opuso en su
p opia ob a y que desde Casaldue o suele ci ase en el alumb amien o de la conciencia
his ó ica de los españoles espondiendo a la p egun a “¿como es España?” y en la
e o ma de la na a i a española educando es é icamen e al lec o . Su empeño en que el
público supe ase la lec u a “en cla e omán ica” en a en con adicción con la lec u a
que él mismo hace del Quijo e, pues la idea del dualismo humano que en en a a lo eal
y lo ideal, undamen al en Galdós a lo la go de oda su ayec o ia y desde la que -con
Gine - in e p e ó la ob a ce an ina12, es p o undamen e omán ica. Siemp e hab ía de
segui iendo a España, según esc ibe en ca a de 1905, como un “caballe o inmo al, de
a es os he oicos y pu a conciencia, soñado de ideales gene osos” e impe meable a la
10 Po ejemplo Lucas Mallada, au o de Los males de la pa ia y la u u a Re olución
española (Mad id, 1890, 31), explica en su lib o que lo que impide el p og eso español es el
dominio de la an asía sob e la azón: “La pa ia de don Quijo e es un país de soñado es; po lo
misma que aquí se sueña an o hay necesidad de do mi mucho, y sin emb iaga nos con opio,
como los chinos, es amos iendo isiones y en ilusión pe pe ua, sin despe a de nues a
modo a”. Tan o la ob a de Mallada como las de Baldome o Villegas o ma on pa e de la
biblio eca galdosiana, según ha es udiado Bení ez, ci ., 28-33.
11 Baldome o Villegas iene una colección de í ulos de los que bas an algunos ejemplos
como mues a: desde el Es udio opológico sob e el D. Quijo e de la Mancha, del sin pa
Ce an es, Bu gos (1897) has a el Ca ecismo de la doc ina Ce an iana: homenaje al genio.
(1912), pasando po La cues ión social en el Quijo e: e o, en es ca as abie as á D.
Ma celino Menéndez y Pelayo (1904), La e olución Española. Es udio en que se descub e cuál
y como ué el e dade o ingenio del Don Quijo e y el pensamien o del simpa (sic) Ce an es
(1903) y Ce an es, luz del mundo: enseñanzas ce an inas c í ico-apologé ico-me a ísicas
(1915).
12 Bení ez, ci ., 40.
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ealidad, al lado del “escude o in e esado y soca ón, soñado a su ez de p o echos
inmedia os”13. Todos sus pe sonajes, especialmen e en las No elas españolas
con empo áneas, son –según Menéndez Pelayo en el discu so de ecepción de Galdós
en la RAE-, exp esiones de la psicología social española y mues an esas endencias
con adic o ias del espí i u y el ca ác e hispánico: el idealismo y el ex emo ealismo14.
La isión del Quijo e que si ió a Galdós como base de oda su poé ica no elesca, en
esos é minos de pola idad, se si úa –y no solo empo almen e- en e la
omán ico-hegeliana y la mode nis a-unamuniana.
Ce an es, Galdós y el ealismo
La he encia de es os p esupues os idealis as y omán icos en Galdós no suele ene se
en conside ación a causa de la endencia a compa imen a pe iodológicamen e la
his o ia li e a ia y, en es e caso, asocia el Realismo a una poé ica de la no ela que se
sus en a en la con ianza en la ealidad, adicalmen e dis in a a la omán ica y
mode nis a. A i ma John K onik que “solo hay que ecu i a las opiniones de Galdós y
Cla ín en sus esc i os c í icos pa a comp oba su e iden e con icción de que la misión
del esc i o es la de enida obse ación y ec eación de la ealidad y que la medida de su
éxi o es la equi alencia que consigue en e ida y a e”15. Recue da en e o as
demos aciones la eseña del p opio Cla ín a Lo p ohibido (publicada en La Ilus ación
Ibé ica de 1885), en la que de iende que la no ela ha de “ e leja la ida oda, sin
abs acción, no le an ando un plano de la ealidad, sino pin ando su imagen como la
pin a la supe icie de un lago anquilo”, y ambién ae en su apoyo las palab as de
Galdós en su discu so de 1897 “La sociedad p esen e como ma e ia no elable”, donde
esume el a e de compone no elas en el e bo « ep oduci », en endiendo, cla o, que se
a a de ep oduci la ealidad. Esa con ianza en el mundo de los obje os y en la
expe iencia de los sen idos que es as decla aciones implican, es á asociada con la que
Ge mán Gullón decla a segu idad ilimi ada en que la palab a es la exac a medida de las
13 Ma ilde L. Boo, “Suplemen o de Las ca as desconocidas de Galdós en La P ensa de
Buenos Ai es”, Anales Galdosianos XVII (1982), 125-7.
14 Bení ez, ci ., 40, 64, 91-92.
15 John W. K onik, “La e ó ica del ealismo: Galdós y Cla ín”. En Y an Lisso gues (ed.),
Realismo y Na u alismo en España en la segunda mi ad del siglo XIX. Ba celona, An h opos,
1988, pp. 47-57, 48.
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cosas, y que impuso desde mediados del XIX la poé ica ealis a: “Las e ó icas al uso
explicaban los medios de mejo duplica la ealidad [...] y de acoge los con sus
ca ac e es y ca ac e ís icas en e las cubie as de un lib o”16. Lo eal, bien común,
ma e ial y obje i o, podía se asladado a las palab as y enma cado en la no ela.
Sin emba go, pa ece poco azonable pensa que de es a e ó ica lleguemos
di ec amen e a la c isis del concep o de lo eal que ca ac e izó el in de siglo, y que no
i umpió ab up amen e con la llegada del Mode nismo, ni pudo su gi de la nada. El
Realismo ajo en sus en añas un in enso deba e sob e la ealidad y sus lími es que i ía
p epa ando la de ini i a c isis. Si es a se iende a e asa en la his o iog a ía habi ual es
po que los mode nis as, en su in en o de hace se con el p o agonismo de la up u a,
apa en a on que la no edad enía con ellos, pe o es di ícil de c ee que a mediados de la
década de los 80, en una ob a como la galdosiana, que se cons uye como una
medi ación en o no a la ealidad y la icción, no se mani es a an de mane a e iden e los
sín omas p e ios. Como le había ocu ido a Ce an es, ambién Galdós desa olló su
ob a en un con ex o de c isis epis emológica que aca eaba, asociada de o ma
indisoluble, una c isis li e a ia. En sendos casos asis ie on comp ome idamen e y
oma on pa e en la ba alla po el canon que se lib aba en elación con aquellos g a es
cambios de o den me a ísico.
De un lado, en la época de Ce an es se oma conciencia del pode de pe suasión de
la li e a u a y de su in luencia social. Las p eocupaciones po la mo alidad de la icción
no c ecen pa icula men e después de T en o (las exigencias habían sido mucho
mayo es con Pla ón, pa a los pad es de la Iglesia, con la ejempla idad de la Edad Media
o en e los humanis as), pe o aho a se econocen con g an in e és los pode osos
ínculos que a an au o , ob a y lec o es17 y con ello el pode ejempli icado que la
li e a u a posee y su p oyección en la sociedad (sob e odo en lo que espec a a la
no ela, como bien supo ad e i Ce an es). No es an lejana la si uación en el caso de
16 Ge mán Gullón, La no ela mode na en España (1885-1902). Mad id, Tau us, 1992, 32-3.
17 Vid. Weinbe g, “F om A is o le o Pseudo-A is o le”, “Robo ello on he Poe ics” y
“Cas el e o’s Theo y o Poe ics”, en C i ics and C i icism, Ancien and Mode n, Uni e si y o
Chicago P ess, 1952.
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Galdós: en los años del Realismo el c ecimien o ex ao dina io del público lec o y la
demanda de no elas con las que la bu guesía, en palab as de Hugo F ied ich, o aleció su
olun ad de conocimien o y según Joan Oleza, se aden ó en la explo ación de lo eal-
con empo áneo18, hicie on econoce las emendas posibilidades del géne o pa a c ea
un e ec o social. P ecisamen e las “Conside aciones sob e el desa ollo de la li e a u a
mode na” (1862) de Gine plan eaban la idoneidad del momen o pa a emp ende la
e o ma de la li e a u a y con ella saca a España de la si uación de ma asmo.
Vol iendo al con ex o his ó ico ce an ino, dicha e o ma se p opone en una
coyun u a en la que las je a quías no es án aún cla as y la li e a u a de consumo dispu a
su papel en e a la li e a u a hoy conside ada canónica y de la que en onces no le
sepa aban on e as an e iden es como las que desde la dis ancia nos pa ecen. Desde
las Sa u nales de Mac obio y aco des con la dis inción a is o élica19, se conside aban
es o mas de la na ación según la elación que man u ie an con lo eal (na a io o
e dad, a gumen um o posibilidad y abula o alsedad) que asociaba la His o ia con la
e dad, la poesía con la posibilidad ( e osimili ud a is o élica) y la no ela con la
alsedad. La no ela había in en ado cambia su posición ampa ándose en el campo
p óximo de la His o ia y asociándose a la e osimili ud, pues como a gumen a E asmo
en sus Colloquia amilia ia, es el c i e io que dis ingue la buena de la mala li e a u a.
Los eó icos an o i alianos (Cas el e o, Filippo Sasse i, Vincenzo Bo ghini, O azio
A ios o, Alessand o Piccolomini) como nues o Pinciano, dis inguían pe ec amen e
his o ias abulosas o poé icas (que pueden se absolu amen e idealizan es o ejempla es,
e osímiles, o ans o madas po la ca ica u a) de na aciones his o iog á icas o
c ónicas, en las que el au o es á mucho más cons eñido y no iene an o ma gen en la
p esen ación. En la época de Ce an es se lib aba en es e e eno un ené gico deba e
sob e la alidez de de e minadas o mas na a i as ecién es enadas y la supe io idad
de unas ó mulas en e a o as. Los a gumen os de los mode nos, seguido es de A ios o
y el omanzo, de endían la acción múl iple, a iedad de es ilo, imaginación an ás ica de
18 Hugo F ied ich, T es clásicos de la no ela, Buenos Ai es, 1972; Joan Oleza, “La génesis
del Realismo y la no ela de esis”, His o ia de la li e a u a española siglo XIX (II), Mad id,
Espasa, 1998, 410-436.
19 A is ó eles, Poé ica (60b9-10): “Pues o que el poe a es imi ado , [...], necesa iamen e
imi a á siemp e de una de las es mane as posibles; pues o bien ep esen a á las cosas como
e an o son, o bien como se dice o se c ee que son, o bien como deben se .” T aducción de V.
Ga cía Yeb a. Mad id, G edos, 1992.
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lo ma a illoso, y jus i icaban la ob a po el place que causa. Los an iguos exigían
es ic a e osimili ud y p o echo mo al: la libe ad imagina i a debía some e se a los
lími es de la mimesis. A cambio de aquella enuncia, sus ínculos con la e dad le
con e ían una ca ego ía supe io a los géne os que no p e enden some e se a la ealidad.
Así pues, pa a ei indica un espacio en la li e a u a espe able, lo más u gen e ue
gana e osimili ud, y la no ela de caballe ías, he ede a de aquella Edad Media poco
esc upulosa en ma e ias an ás icas, u o que ecu i a un supues o pa en esco con la
his o ia y con el mi o pa a lib a los úl imos emba es de una ba alla legi imado a po
o as azones ya pe dida. Mien as, la no ela pica esca usaba de la p ime a pe sona pa a
da e de lo na ado o Lope ecu ía en La A cadia y El pe eg ino en su pa ia a la
sob eabundancia de ci as clásicas pa a jus i ica la no edad de su c eación (esas
cua ocien as cincuen a no as de La A cadia y su índice de au o idades se án mo i o de
la mo a de Ce an es en el p ólogo al Quijo e de 1605).
Pe o esa e a ambién la p eocupación de la no elís ica en la época de Galdós. El
Realismo, buscando el pa ocinio de la adición canónica, de endía la e osimili ud e
incluso la e dad como el e eno no elesco. Ba allando con a el olle ín y las o mas
de la li e a u a popula , la no ela ealis a p e ende se , no solo pa ece , e dade a.
Únicamen e desde esa condición puede asumi la unción social y didác ica que Galdós
–y en gene al la he encia omán ica del Realismo- ei indica. En oc ub e de 1864 los
Goncou i man el p e acio de Ge minie Lace eux a i mando:
Al público le gus an las no elas in en adas: es a no ela es una no ela e dade a.
Le gus an los lib os que pa ecen lle a nos al g an mundo: es e lib o iene de la calle.
Le gus an las ob i as pica onas [...]; lo que a a lee es se e o y pu o. [...]
Hoy, cuando la no ela amplía sus ho izon es y c ece, cuando empieza a se la o ma g ande,
se ia, apasionada y i ien e del es udio li e a io y de la in es igación social, cuando se
con ie e, me ced al análisis y a la in es igación psicológica, en la his o ia mo al
con empo ánea; hoy que la no ela asume los debe es y el igo de la ciencia, ambién puede
ei indica sus libe ades y anquicias.20
20 Edmund y Jules Goncou , Ge minie Lace eux; ed de M. D. Fe nández, Mad id, Cá ed a,
1990, 55-6. Compá ese la oposición en e la e dad y el pa ece con la pe ición de La a en
aquellas amosas palab as de 1836 cuando exige: “Una li e a u a nue a, exp esión de la
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quijo esca, lec o a de olle ines, que ha imaginado su ida a la medida de aquellas
con enciones li e a ias; en To men o el pe sonaje que quie e co esponde a aquellos
mismos pa ones de la li e a u a es a ancado del medio li e a io y en en ado a las
ci cuns ancias de la ealidad social pa a p oba su condición au én ica. El amigo Manso
comienza con un capí ulo sin el que pa ece imposible Niebla y en Naza ín los
pe sonajes de la segunda pa e conocen la p ime a pa e de la no ela; en Mise ico dia el
also don Romualdo in en ado po Benigna iene una co espondencia en un don
Romualdo e dade o, y al inal de La incógni a se concluye que “La ealidad no
necesi a que nadie la componga; se compone ella sola”.
To men o
Todas las cues iones ela i as a las e dades de la icción que has a aho a han ido
su giendo se aglu inan en la p egun a sob e qué g ado de e dad iene el amo o has a
qué pun o es un sen imien o li e a io. Se lo plan eó Ce an es en el Quijo e al con e i
a Dulcinea en el eje sob e el que gi a la e acidad y c edibilidad de lo caballe esco. Se
lo p egun a ambién Galdós en To men o.
Po o a pa e el amo es asun o que pe mi e hace en e a muchas de las
inquie udes ce an inas y galdosianas an es conside adas: el amo es in e esan e pa a
los lec o es, el amo pe mi e in oduci lo ma a illoso a a és de la an asía amo osa; el
amo o ma pa e de la exis encia común pe o ambién implica aslada a la ida las
medidas de la li e a u a, que se enca na en las emociones de los aman es, po que, como
decía Pepe Ca alho, hemos ap endido a ama en los lib os34. Habi ualmen e las
lecciones e ó icas que se podían saca de ellos espondían a cie as con enciones
codi icadas en la adición que nada enían que e con las condiciones eales y i ales
del ma imonio y sus ci cuns ancias. Una cosa e a la pasión en la li e a u a y o a muy
dis in a los casamien os con los que las sociedades o ganizaban las pasiones y ponían
o den en los sen imien os. Y Ce an es, econociéndolo así en uno de los momen os
más lúcidos de su don Quijo e, pa ece acep a ambién, en ese mismo capí ulo XXV de
la P ime a Pa e, que sin emba go es el mo i o amo oso el más pe meable en la on e a
en e ida y li e a u a y po ello el más adecuado pa a aslada la ma e ia de los lib os a
34 M. Vázquez Mon albán, Los ma es del Su , Ba celona, Plane a, 1988, 190.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
147
la ida. Así Dulcinea se i á pa a demos a la compleja elación en e los mundos
li e a ios y los de la expe iencia i al.
Pe o la lección ce an ina no ue asumida ácilmen e ni aquel su enma añado
pa en esco en e ida y li e a u a comp endido en cues ión de un día, sino a lo la go de
un p oceso len o y acciden ado que encuen a en Galdós un discípulo a la medida del
maes o.
En e los muchos ejemplos galdosianos que pudie an se i nos pa a demos a lo,
uno de los más adecuados pa ece To men o, una de las No elas españolas
con empo áneas que cuen a una his o ia de amo . T es años después de La
deshe edada, Galdós uel e a p opone nos asis i al juego dialéc ico en e ealidad y
li e a u a en o a no ela que iene po p o agonis a p incipal a una muje jo en y
casade a y po asun o emas amo osos y ma imoniales inculados a la iden idad eal de
los pe sonajes. Más allá del in e és que posee po sus p opios mé i os, To men o lo
iene, como esc ibió Eamonn Rodge s35, po se en e las no elas de su au o la que
mejo a oja luz sob e su idea del ealismo. Si la luz es o no cla a, es cosa de la que
habla emos después. Desde luego, has a el momen o la c í ica no ha sido unánime en
cuan o a su juicio sob e la ob a: si pa a unos es amos an e una pa odia de la no ela de
olle ín, pa a o os es un econocimien o de los ecu sos de aquel géne o popula . Se
esc ibe en un con ex o de deba e en o no a la no ela, a la misión del Realismo y el
Na u alismo, el alo del a e, el concep o de mimesis y su di e encia con la o og a ía,
y puede a i ma se -como hace Eamonn Rodge s- que su asun o undamen al es el
con as e en e apa iencia y ealidad.
El magis e io ce an ino en es a e lexión no elesca galdosiana se hace en nues a
opinión ob io si obse amos la analogía del eje de la icción en el Quijo e, es o es, la
dualidad Dulcinea / Aldonza, con el é ice en la ob a galdosiana: Ampa o / To men o.
Si en el p ime caso el asun o amo oso se ía pa a plan ea odos los p oblemas de
35 Eamonn Rodge s, “The appea ance- eali y con as in Galdós’ To men o”, Fo um o
Modem Language S udies, 6 (1970), 382-398.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
148
c edibilidad en e don Quijo e y Sancho36, en el segundo demues a la di icul ad de
hace compa ibles la li e a u a y el mundo de la ealidad y de aslada , como p e endía
el Realismo, és e a las páginas de aquella. En ambas no elas el amo se p esen a como
un sen imien o o jado en la li e a u a y al mismo iempo hondamen e eal y e dade o
mo o de las acciones.
Algunos de los más impo an es pe sonajes de la no ela hubie on de esul a
conocidos a los lec o es de Galdós, pues an o la bella Ampa o Sánchez Empe ado ,
como su he mana Re ugio (aho a ya hué anas en lamen able si uación económica), el
sace do e Ped o Polo y su an iguo colabo ado en la enseñanza, José Ido del Sag a io, y
el iejo discípulo de ambos Felipe Cen eno, habían sido en dis in a medida ambién
p o agonis as de la his o ia en El doc o Cen eno, apa ecida solo un año an es, en 1883.
En ella cabía ya in ui algo sob e la sac ílega elación amo osa en e Ampa o y Polo
-aunque nunca se mos ó, ni siquie a se insinuó; se dejaba a la escab osa mi ada de los
lec o es la posibilidad de concebi sospechas-. Aho a la muchacha, en si uación de
e ible penu ia, se e obligada a depende de la cica e a ayuda de sus amilia es los
B ingas, some ida a un égimen de despó ico se ilismo po doña Rosalía, has a que un
indiano ico, pa ien e lejano de és a, le p opone ma imonio: Agus ín Caballe o uel e a
Mad id con in ención de asen a se en el o denado dominio bu gués y deja a ás las
sal ajes y e oces ie as de conquis a. Ampa o e en su o e a solución a odos sus
p oblemas, pe o un sec e o en su pasado, aquella elación con Polo que oda ía sigue
obsesionadamen e enamo ado de su “To men o”, obs aculiza la eliz consecución de la
boda. Si po un lado la jo en Ampa o/To men o sabe que debe con esa el pecado, po
o o in en a ocul a lo con odas sus ue zas. Pe o no solo al p e endien e y a los demás
pe sonajes, sino ambién al lec o . Po que lo singula en la no ela es que nunca, ni en El
doc o Cen eno ni en es a con inuación –y has a cie o pun o nue a e sión- de la
his o ia de Polo y Ampa o, se nos in o ma cla amen e de las elaciones que
man u ie on los sac ílegos aman es37.
36 Me cedes Comellas, “Quijo e I, XXV o de la dimensión eal de las palab as”, Philologia
Hispalensis XVIII/2 (2004) 117-136.
37 Se in uye que ella se dejó a as a y que ue su debilidad, más que su enamo amien o, la
que le lle ó has a los b azos de Polo. Po o o lado la epugnancia que sien e Ampa o al
eco da aquellas elaciones hace imagina en el sace do e cie a b u alidad que casa bien con su
ca ác e . Ribbans (Geo ey Ribbans, "'Ampa ando/Desampa ando a Ampa o:' Some
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
149
Una posible lec u a eso é ico-k ausis a
Es as ci cuns ancias olle inescas y pe sonajes asimilables a los de la li e a u a
popula (la he mosa hué ana, dócil y some ida la seño a c uel y dominan e, el p íncipe
que iene a esca a a la p ime a y el illano oscu o que p e ende a eba a la y
pe de la)38 son suscep ibles de in e p e a se en cla e, a la mane a que los k ausis as
en endie on el ex o quijo esco. Sin emba go, la c í ica no se ha de enido en la posible
in e p e ación eso é ica que pe mi en a en u a an o la a ición del k ausismo como la
ce canía de Galdós a dichas pa á asis del Quijo e, abundan es, según imos, en su
biblio eca. Teniendo en cuen a su pa icipación en ese plan eamien o in e p e a i o del
idealismo de Gine que busca las Ideas alojadas en las no elas, ambién es lógico que
sus p opias ob as se ajus en a esa misma ó mula: si como piensa Bení ez, “Galdós nos
impone la du a a ea de descub i en sus no elas ideas que se niega a exp esa de modo
más di ec o”39, no pa ece descabellado aplica la co espondencia en e pe sonajes e
ideas, habi ual del ce an ismo k ausis a, a los pe sonajes de To men o.
El dualismo Ampa o / To men o es ácilmen e inculable al de Dulcinea / Aldonza,
y ambién con aquella idea undamen al en Gine y en Galdós: la de la necesa ia
conciliación y supe ación de la dico omía en e lo eal-his ó ico (To men o, lo que
sucedió) y la aspi ación a lo ideal (Ampa o, la doncella i uosa de los olle ines).
Re lec ions on El doc o Cen eno and To men o". Re is a Canadiense de Es udios Hispánicos,
17 (1993) 3, 495-523; 502) supone que Polo, descon en o con su condición célibe, impe uoso y
dominan e, y mucho mayo que la muchacha, la seduce. Sin emba go, Rod íguez (Rodney T.
Rod íguez, "The Reade 's Role in To men o: A Recons uc ion o he Ampa o-Ped o Polo
A ai " Anales Galdosianos 24 (1989), 69-78) piensa que ue ella la seduc o a.
38 Véanse al espec o los abajos de Alicia And eu, "El olle ín como in e ex o en
To men o". Anales Galdosianos, (17), 1982, 55-61; Galdós y la li e a u a popula , Mad id,
Sociedad Gene al española de Lib e ía, 1982 y "To men o: Un discu so de aman es" Hispania:
A Jou nal De o ed o he Teaching o Spanish and Po uguese 72 (1989) 2, 226-32.
39 Bení ez, ci ., 41.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
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Pa iendo de la asociación que hicie on aquellas lec u as eso é icas y que ligaban a
Dulcinea con la idea de España, ambién en Ampa o puede e se un símbolo pa io40. La
he mosa y pob e muchacha, some ida a las a bi a iedades mezquinas y las absu das
p e ensiones a is oc á icas de aquella Rosalía empe ada en sos ene su mundo de
apa iencias, huye de un pasado de oscu as pasiones en el que ue seducida y dominada
po el cle o y c ee e la luz en las posibilidades de u u o y p og eso a que le in i a el
indiano uel o, homb e hones o y p óspe o que se niega a pa icipa en la masca ada
social y acaba po sali hacia Eu opa, no casado con Ampa o / España, sino lle ándosela
como aman e.
El iángulo amo oso en en a a los dos p e endien es de España: de un lado las
posiciones conse ado as del ce il Polo, sus pasiones ciegas, las másca as en las que se
sabe embu ido y que él mismo iden i ica con el opaje eclesiás ico cons iñendo como
una cásca a o zosa a su olun ad ousseauniana, ahogando ese lado suyo sal aje,
ené gico y algo b u al, pe o ambién has a cie o pun o melancólico y caballe esco,
quijo esco. La asociación con el g an pe sonaje ce an ino se hace mani ies a en sus
ensoñaciones li e a ias, cuando hundido en su soledad y a ebujado en el sillón aído,
pasa las ho as en egado a imagina se a sí mismo cumpliendo g andes ges as he oicas
-aquellos sueños impe ialis as y épicos de la España conse ado a- con muy di e en e
es imen a que la de su pob e so ana:
Sepul ado en el sillón, las manos c uzadas en la en e, o mando como una ise a sob e
los ojos, es os ce ados, se dejaba i , se dejaba i ... de la idea a la ilusión, de la ilusión a la
alucinación... Ya no e a aquel desdichado seño , en e mo y is e, sino o o de muy
di e en e aspec o, aunque en sus ancia el mismo. Iba a caballo, enía ba bas en el os o,
en la mano espada; e a, en suma, un alien e y a o unado caudillo. ¿De quién y de qué?
Es o sí que no se me ía a a e igua lo; pe o enía sospechas de es a conquis ando un
g andísimo impe io. Todo le e a ácil; ganaba con un puñado de homb es ba allas
o midables y ¡qué ba allas! A He nán Co és y a Napoleón les pod ía a a de ú.
Después se eía es ejado, aplaudido, aclamado y pues o en el cue no de la luna. Sus ojos
ie os in undían espan o al enemigo, espe o y en usiasmo a las muchedumb es, o o
sen imien o más dulce a las damas. E a, en in, el homb e más conside able de su época.
A deci e dad, no sabía si el aje que lle aba e a é ea a madu a o el uni o me mode no
con bo ones de cob e. Sob e pun o an impo an e o ecía la imagen, en el p opio
pensamien o, in encible con usión. Lo que sí sabía de cie o e a que no es aba o ado su
cue po con aquella ho ible unda neg a, más odiosa pa a él que la hopa del ajus iciado.
40 Así lo hace ambién Casaldue o en Vida y ob a de Galdós (1843-1920), Mad id, G edos,
1974, p. 81.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
151
La ieja Celedonia, su c iada, eje ce de ama quijo esca y le dice:
¿En qué piensa, pob e seño ? ¿No e que se es á secando los sesos? ¿Po qué no pasea, si
es á bueno y sano, y no iene sino mal de ca ilaciones?... [...] ¿es aba du miendo? ¿No e
que si due me de día es a á en ela po las noches? Échese a la calle, y áyase a cualquie
pa e, homb e de Dios; dis áigase, aunque sea mon ando en el io i o, comiendo
ca acoles, bailando con las c iadas o jugando a la ayuela. (107-109)41
Las delibe adas co espondencias ce an inas, an o en el mo i o como en el lenguaje,
son ob ias. Polo, sin sabe cómo encauza sus pasiones ni hace les en e desde la
azón, se deja a umba en la suciedad, la pob eza, la is eza y el abandono, ensoñando
imposibles.
De o o lado p e ende a Ampa o el homb e p og esis a, enido de ul ama ,
o denado y p osaico, incapaz de acep a la me á o a y la li e a u a. Busca sosiego y
hones idad, pe o se deja engaña po la apa iencia de Ampa o y po la iden i icación que
hace de ella con la Cenicien a popula . En e ambos p e endien es España, que huye de
uno y engaña al o o, di idida en e su se e dade o, su pasado his ó ico, y su que e
se un ideal inmaculado, el de las he oínas de los olle ines.
Si en las “Obse aciones sob e la no ela española con empo ánea” de 1870, Galdós
se quejaba de que los españoles “somos en odo unos soñado es que no sabemos
descende de las egiones del más sublime ex a ío, y [...] nos amos po esas nubes
mon ados en nues os hipog i os”42, en la e apa de las No elas con empo áneas
iden i ica los males de España con la a ición a las ensoñaciones y an asías li e a ias a
las que el quijo esco ca ác e hispánico se abandona sin emedio. Como ya ha sido
la gamen e in es igado sob e odo pa a el caso de La deshe edada, usa en sus
pe sonajes el modelo del hidalgo ce an ino pa a mos a que los españoles no sabemos
comp ende la ealidad, sino que emos gigan es en molinos, como Agus ín e en
Ampa o a Cenicien a, Ampa o se pie de con la ínsula y Polo se en ega en su bu acón a
ensoñaciones caballe escas.
41 Todas las e e encias a To men o co esponden a la edición publicada en Mad id,
Alianza, 1968.
42 B. Pé ez Galdós, “Obse aciones sob e la no ela española con empo ánea”, en Ensayos
de c í ica li e a ia, ed. de Lau eano Bone , Ba celona, Península, 1990, 106.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
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Adop ando la posición con a ia, Unamuno alo ó posi i amen e esa misma
condición soñado a de los españoles en la Vida de don Quijo e y Sancho de 1905; su
imagen de don Quijo e le ha de se i p ecisamen e como o gullosa espues a al
Realismo eu opeo y a su p agma ismo, a los que en en a ese pe sonaje capaz de i más
allá de la ealidad del sen ido común y sus con enciones. Galdós y Unamuno leen de
o ma dis in a el Quijo e, pe o ambos pa en de esa in e p e ación k ausis a, idealis a y
omán ica de la no ela.
Las ampas li e a ias del amo . Ampa o y Dulcinea
Emilia Pa do, en una eseña a T is ana, p o es a con a la idea de que “no ienen
miga los asun os amo osos, o al menos no ienen an a como los sociales, polí icos,
ilosó icos, eligiosos, cien í icos, económicos, e c. Si ahondamos (y ahonda es ley) los
asun os amo osos, di ía yo que ienen más miga que ningunos. En el modo de a a los,
es deci , en la habilidad, ingenio y elicidad del au o , es á el oque. Po o a pa e, en la
cues ión del asun o ambién hay que dis ingui cuidadosamen e en e el asun o in e no y
ex e no, en e lo que acon ece y lo que pe manece, en e lo que se e y lo que se
esconde, pe o pueden adi ina los iniciados”43. Lo mismo pod ía deci se de To men o:
el busilis es á en la di e encia “en e lo que se e y lo que se esconde”, en e la imagen
social, ex e io , y la conciencia y el sec e o in e io , en e lo isible na ado y lo
in isible mudo. Cuando la no ela ealis a se plan ea las posibilidades de aslada los
asun os de la pasión p i ada a los en esijos de la ida ma i al (i.e., social), el amo
econoce las con adicciones en e su apa iencia social y su labe in o ín imo, y el
adul e io se con ie e en asun o cen al, demos ando que los ímpe us amo osos a as
eces se ajus an a los modelos es uc u ales de la sociedad.
Las muje es suelen se las g andes p o agonis as de es a ensión po su agilidad
emo i a y social, pe o sob e odo po que son casi siemp e ellas las que es ablecen las
expec a i as, cons uyen los deseos más imposibles ayéndolos de los lib os y i en
a o men adas po las pasiones que les ascina on en e so. El ejemplo más conocido lo
enemos en Madame Bo a y, que muchas eces se ha in e p e ado como e sión
43 Emilia Pa do Bazán, eseña a “T is ana” publicada en Nue o Tea o C í ico nº 17, mayo
de 1892. Ci . po Ob as comple as III, ed. de Ha y L. Ki by, Mad id, Aguila , 1973, 1119-
1123, p. 1120.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
153
emenina de don Quijo e en cuan o imaginó el amo a la medida de las no elas
omán icas. Empa en ada con ella es á Isido a Ru e e, La deshe edada de Galdós, que
cons uye su iden idad siguiendo el pa ón de los olle ines44 -y si e, como don Quijo e,
pa a la pa odia li e a ia del géne o más popula de su iempo. O os pe sonajes
emeninos (Eloísa en Lo p ohibido, Abela da en Miau, Augus a en Realidad) si ie on
como ejemplos de la endencia a alsi ica la ealidad que, como imos, es asun o
ecu en e de las No elas españolas con empo áneas. A a és de ellas, Galdós mues a
cómo una sociedad educada en la mala icción iende a e la ida adul e ada. Aquellas
he oínas del Realismo i ie on en las expec a i as que les había o jado la li e a u a; su
locu a, como la quijo esca, ue habe les dado c édi o, habe c eído en la posibilidad de
que la ida y el amo se pa ezcan a las icciones. Galdós, como Ce an es, en en a
li e a u a y ci cuns ancia eal: las muje es i uosas, iun ado as de los olle ines, no
son las que han de en en a los p oblemas eales de la sociedad de su iempo, pues ese
pa adigma li e a io no coincide con la ealidad de la clase media y sus ci cuns ancias,
sino que esponde a un código mo al an icuado, ajeno a la expe iencia eal de la
bu guesía45, en la que las condiciones sociales y económicas ienen mucho que e :
La hon adez -pensó Ampa o con inna a iloso ía-, depende de los medios de pode la
conse a . Ha bas ado que yo le diga a es a loca ' end emos qué come ', pa a que empiece
a co egi se. (163)
Conscien e de ello es Re ugio, que enuncia al juego de la apa iencia y sin cae en la
dualidad de su he mana discu e uno de los ópicos de la li e a u a olle inesca: la mo al
de la pob eza, según la cual és a no es nunca mo i o pa a peca , pues el sen imien o del
bien es á po encima del hamb e. Así lo a i maba Ido del Sag a io en el esumen que
hace a Cen eno de la ama su olle ín:
44 Alicia G. And eu ha es udiado a Isido a como íc ima de la li e a u a popula de
consumo: se pie de po habe adop ado los alo es de una cie a li e a u a como los únicos
medios posibles de adqui i un es ado digno en la sociedad.
45 And eu, Galdós y la li e a u a popula , ci ., 101.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
154
Mis he oínas ienen los dedos pelados de an o cose , y mien as más les ap ie a el
hamb e, más se encas illan ellas en su i ud. [...] Yo me inspi o en la ealidad. ¿Dónde
es á la hon adez? En el pob e, en el ob e o, en el mendigo (I, 12)46.
Pe o la “ ealidad” que inspi a a Ido es e u ada po el p opio pe sonaje que in en a:
Re ugio, más ealis a de lo que su “au o ” quisie a, pone en cues ión los alo es de la
li e a u a de consumo con palab as que, aunque di igidas a su he mana Ampa o, ienen
la unción i ónica de esponde di ec amen e a aquellas de Ido:
No p ediques, que eso no conduce a nada. ¿Po qué es mala una muje ? Po la pob eza...
Tú has dicho: «si abajas...». ¿Pues no he abajado bas an e? ¿De qué son mis dedos? Se
han uel o de palo de an o cose . ¿Y qué he ganado? Mise ia y más mise ia... Asegú ame
la comida, la opa, y nada end ás que deci de mí. ¿Qué ha de hace una muje sola,
hué ana, sin soco o ninguno, sin pa ien es y que se ha c iado con cie a delicadeza? [...]
¿Qué muchacho decen e se ace ca a noso as iéndonos pob es?... ¿Hay debajo de las
ejas quien dé dine o po da lo, po hace a o , po ca idad pu a?... No, hija; a mí no me
engas con hipoc esías... (XII, 81)
Las he manas in en a on i i ese ideal de ida hon ada a pesa de sus di icul ades;
pusie on a p ueba la li e a u a y la in en a on lle a a la ida, sin éxi o. Inmune al
acaso, Ampa o se some e a los alo es li e a ios de la muje i uosa e in en a con
ellos enmasca a la dis ancia en e su e dad “ o men osa” y la del olle ín. C ea una
dualidad en e su imagen li e a ia y su his o ia e dade a que si e pa a compa a el
olle ín sen imen al y sus i ginales hue ani as con un g a e p oblema eal: el de las
muje es de clase media sin sus en o económico que debían elegi en e la p os i ución o
la ida eligiosa sin espe a el milag o de un p e endien e ico. La lección pod ía pa ece
ácil -aunque ya e emos que no lo es an o-: la li e a u a es icción y la ealidad iene
pa áme os dis in os que son los que nos a ec an en nues a con ingencia his ó ica.
Luego no hay que con ia en las no elas ni aslada sus pa áme os a nues as idas. Es
la lección más supe icial que empa en a al Galdós didác ico (el mismo que muchos
años después a i mó: “c eo que la li e a u a debe se enseñanza, ejemplo”47) con la
adición que a isa con a los pelig os de los lib os, como Ce an es usa el ejemplo de
46 And eu, Galdós y la li e a u a popula , ci ., 81 y 139-141: “En oposición a la li e a u a
sen imen al demues a Galdós que la pob eza es p ecisamen e el eso e que impulsa a la muje
a adop a una ida de imno alidad [...]. Pa a Galdós, las di icul ades aca eadas po la pob eza
de ambas muje es p oducen e ec os comple amen e an i olle inescos”.
47 En 1912 a Galdós le p egun a on si e a pa ida io del a e po el a e y espondió que no,
“C eo que la li e a u a debe se enseñanza, ejemplo. Yo esc ibí siemp e, [...] con el p opósi o de
ma ca huella”, en And eu, Galdós y la li e a u a popula , ci ., 100.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
155
Do o ea pa a p e eni con a los casamien os sec e os que jugaban a imi a aquellos de
los olúmenes de caballe ía. Como an os o os au o es, Galdós p e iene a sus lec o as –
como o os an es, en iende que el público emenino es más sensible a los engaños de la
no ela- cuando hace cae a sus he oínas en las ampas de la li e a u a men i osa, con a
la que sus his o ias han de se i como ejemplo.
Si en el caso ce an ino las alsedades que habían de comba i se –sin enuncia
pa adójicamen e en odo a ellas- e an las caballe escas, en és e ienen del olle ín, que
Galdós elaciona con el Roman icismo. Cie amen e en España e a di ícil lo con a io,
pues o que apenas se desa olló bajo esa denominación una li e a u a de alcance eó ico
a la al u a de la eu opea y el é mino ue asociado po muchos a los excesos
sen imen ales en los dis in os géne os li e a ios. Po eso se explica que en uno de los
a ículos que publicó en La Nación en 1868 se e ie a a la no ela como “géne o
omán ico insopo able”48. Lo que esul a menos comp ensible es que los es udiosos
ac uales acep en esa iden idad en e Roman icismo y olle ín con an a imp udencia49.
La i onía de Galdós a eme e con a el sen imen alismo y los epígonos co ompidos de
cie as ó mulas omán icas, y no con a el Roman icismo mismo, al que Galdós
esquema iza sin se conscien e de cuán o he eda de él. Según Bení ez “El amo es
siemp e, pa a Galdós, un sueño ju enil y omán ico, una pasión de ánimo que a ec a el
ce eb o, incendia las ideas e impulsa la olun ad hacia dispa a as acciones. Con el
Roman icismo, se ea i a con in ensidad la caballe ía”50.
La oposición Ampa o / To men o le si e po an o pa a compa a : (1) el olle ín
sen imen al y sus pe sonajes imposibles con una ci cuns ancia eal, his ó ica y social en
la que es os no enían cabida51; (2) a Dulcinea con Aldonza, o la ilusión del
48 W. H. Shoemake , Los a ículos de Galdós en «La Nación», Mad id, Ínsula, 1972, 436.
49 Como hace po ejemplo Be ina Lippenhol z (“Fo una a y Jacin a de Beni o Pé ez
Galdós, una no ela omán ica o un olle ín ealis a?”, Filología 28 (1995), nº1-2, 203-8) y has a
cie o pun o E. Rodge s (ci ., 383 y 384) al a i ma que To men o es una sá i a de la ó mula
omán ica de la icción na a i a.
50 Bení ez, ci ., 106.
51 Según Rodge s lo hace pa a demos a la supe io idad de su poé ica ealis a sob e la del
olle ín. Douglas M. Roge s, "Ampa o, o la me amo osis de la he oína galdosiana", en Luis T.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
162
«Seño Caballe o, yo no me puedo casa con us ed... po es o, po es o y po es o». [...] El
único medio de a anca la al página e a llega se a Caballe o y deci le: «No me puedo
casa con us ed... po es o, po es o y po es o» (XXIII, 143-4); ¿Con qué ca a le di ía
aho a: «no, yo no soy así, yo engo una mancha ho enda, yo hice es o, es o y es o...»?
(XXVII, 168); Aho a mismo oy a mi casa; le esc ibo una ca a, una ca a muy medi ada,
diciéndole: «no me puedo casa con us ed po es o, po es o y po es o» (XXIX, 187)
Ido del Sag a io y Cen eno hablan de ello en susu os que el lec o no “escucha”, la
p opia To men o enuncia a explica se en el emo de que su lenguaje se pa ezca al de
Ido, conscien e de la ine icacia de los é minos olle inescos (“Todo cuan o se le ocu ía
esul aba pálido, insulso y a ec ado, como si habla a po ella un pe sonaje de las no elas
de D. José Ido. Nada, nada de papeles esc i os. El es ilo es la men i a. La e dad mi a y
calla”, XII, 79)59. En To men o apenas se nos habla de emociones amo osas, de las
ogosidades emeninas; no se nos cuen a si Ampa o quiso a Polo o cómo lo quiso. Los
mo i os de la pasión no se nos de allan, no in e esan; se echaza su discu so una y o a
ez, apenas sabemos nada de ellos. Pe o ampoco ienen palab as las emociones
amo osas de Caballe o, quien piensa cosas que, pues as en diálogo, se ían ípicas del
olle ín. Po eso sabe que no puede deci las.
Quise deci le lo que sen ía, y no u e ocasión ni luga adecuados a mi obje o. [...]. Pensé
esc ibi una la ga ca a, pe o es o me pa ecía idículo. No, no; e a p eciso hace un
es ue zo y enca a me con ella y plan ea la cues ión en es os é minos an ené gicos como
b e es: Yo me quie o casa con us ed. Dígame us ed p on o sí o no. [...] Casi, casi no
necesi a é añadi una sola palab a, ni p onuncia las ases sac amen ales y cu sis "yo la
amo a us ed" que no se usan más que en las no elas. (IX, 59-60)
En su ebelión con a las o mas de la li e a u a, To men o i e la misma di icul ad.
Cuando supe ando el muy con encional papel de Ampa o sale de ese medio li e a io
pa a en en a se a las ci cuns ancias de la ealidad social, se da cuen a de que no ale la
li e a u a pa a esol e nada, ni alen las palab as pa a explica lo odo. Pa ece que no
si e la li e a u a pa a la ida. Po eso ecela de ella y si no encuen a el lenguaje pa a
habla –y ompe de ini i amen e- con Polo (XIII, 90; XVI, 104-5), su con esión
ampoco concluye nunca en la p oyec ada ca a po emo a cae en la más con encional
aseología li e a ia:
59 Sob e es e aspec o ha abajado Wi edo de Rà ols, "El me alenguaje en To men o y
Fo una a y Jacin a", Hispanic Re iew 58 (1990) 4, 469-86. Galdós “lucha con a los lími es de
la palab a y de la no ela, y a cada paso in en a supe a la a i icialidad con la insinuación, la
i onía, la elusión” (484).
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
163
Segu amen e cuando hicie a su con esión se le habían de sal a las lág imas. Di ía, po
ejemplo: «Mi e us ed, Caballe o, an es de pasa adelan e, es p eciso que yo, le e ele a
us ed un sec e o... Yo no algo lo que us ed c ee, yo soy una muje in ame, yo he
come ido...». No, no, es o no, es o e a un dispa a e. Mejo e a: «yo he sido íc ima...».
Es o le pa ecía cu si. Se aco dó de las no elas de D. José Ido. Di ía: «Yo he enido la
desg acia... Esas cosas que no se sabe cómo pasan, esas alucinaciones, esos ex a íos,
esas cosas inexplicables...» (XXIII, 146)
El in en o eno ado del Realismo de de oca el modo de exp esión amo oso
omán ico, asociado al amo idealizado y a cie as imágenes es e eo ipadas, es
mani es ación de la di icul ad ya no e bal, sino exis encial, de adap a la pasión
amo osa a los usos sociales. Los silencios, las elusiones y los pa én esis demues an que
ninguna de las iejas ó mulas li e a ias es á en condiciones de explica las nue as
ci cuns ancias. Incluso es inú il la adición con esional, aquella que se gua daba en la
a que a del olle ín de Ido del Sag a io (“Figu o que ebuscando en unas uinas me
encuen o una a que a. Áb ola con cuidado, y ¿qué c ee ás que hallo? Un manusc i o.
Leo y ¿qué es?, una his o ia ie nísima, un lib o de memo ias, un dia io” I, 11)
con e ida en ecu so ya in e osímil, pasado de moda y an g o esco como aquella “caja
de plomo” que cie a la P ime a Pa e del Quijo e y con la que esul a ine i able
incula la. El na ado ce an ino, en un i ónico juego me a ic icio, nos decía que en
aquélla
se habían hallado unos pe gaminos esc i os con le as gó icas, pe o en e sos cas ellanos,
que con enían muchas de sus hazañas y daban no icia de la he mosu a de Dulcinea del
Toboso, de la igu a de Rocinan e, de la idelidad de Sancho Panza y de la sepul u a del
mesmo don Quijo e [...] Y los que se pudie on lee y saca en limpio ue on los que aquí
pone el idedigno au o des a nue a y jamás is a his o ia. El cual au o no pide a los que
la leye en, en p emio del inmenso abajo que le cos ó inque i y busca odos los
a chi os manchegos, po saca la a luz, sino que le den el mesmo c édi o que suelen da
los disc e os a los lib os de caballe ías, que an alidos andan en el mundo; que con es o
se end á po bien pagado y sa is echo (Quijo e I, 52, 59160).
Si en iempos de don Quijo e ese ecu so de la e osimili ud que asociaba la his o ia
na ada a las uen es his ó icas y académicas había quedado obsole o y podía se i a la
60 Ci o siemp e po ed. del Ins i u o Ce an es di igida po F. Rico, Ba celona, C í ica, 1998,
I, 591.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
164
pa odia ce an ina, en iempos de Galdós el ecu so de las Pamelas y los Richa dson y
oda la ca e a de no elas sen imen ales que desde La P incesse de Clè es (¡en 1687!)
se ampa aban en ca as, memo ias ín imas y dia ios, ambién esul aba cómico, o a
Galdós se lo pa ecía. La no ela, huyendo de su condición ingida y men i osa, había
pasado de jus i ica su “ e dad” con los documen os “his ó icos” de la “caja de plomo”
al ecu so que el nue o alo de la since idad había ido p epa ando en el
sen imen alismo del XVIII: la p i acidad de las con esiones. Ambos son iden i icados
po Galdós como a gucias pa a c ea e osimili ud en dis in as e apas de la na a i a
que mues an cómo cada época in en a su mane a de “en ol e las men i as” pa a
hace las c eíbles (mane as que enseñan mucho no solo sob e la icción, sino ambién
sob e cómo se concibe “la e dad” en cada época). Galdós es conscien e de que las
ambiciones de una “li e a u a de e dad” han ido gas ando poco a poco sus mecanismos,
que en el ondo son los de la e osimili ud. En su iempo se habían desgas ado hacía ya
mucho las ingenuas ác icas del Siglo de O o, como ambién las sen imen ales del XVIII
y del Roman icismo. Todas ellas e elaban la men i a li e a ia, e an me os juegos de
ep esen ación del a i icio. Lo que queda an e él po explo a son los espacios del
silencio, lo que aún no se ha dicho nunca y no enía palab as –y no puede ol ida se aquí
el comba e con a la ine abilidad p opio del XIX, lo que Paul de Man llama la
pe secución on ológica del obje o po las palab as-. En esa misión, una de las a eas más
di íciles e a encon a p ime o un nue o lenguaje ama o io con eno adas y e dade as
palab as pa a la pasión amo osa que la de ol ie a a la ealidad ( éase odo el capí ulo
IX de To men o) y, segundo, una nue a alo ación del concep o de amo en la ida
social, emp esas ambas ín imamen e ligadas.
Ped o Polo y Agus ín Caballe o
En To men o el modelo de amo apasionado, posesi o y loco es á ep esen ado po
Ped o Polo, un sace do e oído po el enesí de su enamo amien o, íc ima de un deseo
del que no puede ni quie e desp ende se, que unciona en el iángulo como e ce o en
disco dia. Muchas de sus ca ac e ís icas lo inculan a la pasión omán ica, en endida
desde una pe spec i a g o esca. Polo ama desa o adamen e, a en ando con a Dios y
con a el mundo, como el Man ique de Ga cía Gu ié ez. En la peni encia que le impone
su con eso , el pad e Nones, i e una expe iencia adánica, o más bien la e sión ealis a
e i ónica de lo que los omán icos esc ibie on como uel a a la na u aleza. En ez de las
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
165
ensoñaciones del pasean e soli a io ousseauniano, Polo es en iado al campo pa a que
en las du as a eas ag ícolas se le pasen los a eba os sexuales y sac ílegos. En esa
sencillez descub e la supe io idad de la na u aleza y se igu a se Adán, solo en medio
del Pa aíso (XXV). No consigue sin emba go lib a se del padecimien o que le incula a
esa concepción del Roman icismo como en e medad, según ieja de inición de Goe he.
Polo desp ecia a los homb es y sus pompas, desp ecia la sociedad que le ha impues o un
co sé que no sopo a, desp ecia las medidas humanas y se sien e es alla . Es el bá ba o,
como an as eces le llama el na ado , el sal aje, el mons uo y le oímos da “b amidos,
como de bes ia he ida que se e ugia en su cue a” (XXX). Las quejas de su omán ico
descomedimien o ecue dan al Schille que se dolía de sus cadenas (“De Mensch is
ei gescha en, is ei, / und wü d'e in Ke en gebo en“61):
-Dios, Dios, ¿po qué me dis e las ue zas de un gigan e y me negas e la o aleza de un
homb e? Soy un muñeco indigno o ado en la muscula u a de un Hé cules. (XXIX)
En su pasión incon olada po To men o encuen a la única posibilidad pa a ompe con
odo aquello que odia y aspi a a o a ida, una ida omán ica y sin eglas que end á a
co ona su ansg esión. En un luga de ine i ables esonancias becque ianas, el
na ado iden i ica a Polo con el Fe nando de Los ojos e des, cuando en su deseo de
aspasa odos los lími es que le ienen impues os y sume gi se en el amo , “D. Ped o
se a ojó o a ez en el lago e doso y c is alino en cuyo ondo se eían cosas an
bellas” (XVII, 110).
Las an asiosas expec a i as de Polo en ese e de lago son las del Roman icismo: el
amo lib e, la ida sin ampas sociales y la e olución. En sus ensueños se imagina
leyendo un pe iódico que le da la g an no icia: «G an e olución en España; caída de la
Mona quía; abolición del es ado eclesiás ico o icial; libe ad de cul os...»; y en el
e dade o que le ae Celedonia “se encan aba con la idea de un ca aclismo que ol ie a
las cosas del e és. Si él pudiese a ima el homb o a ob a an g ande, ¡con qué gus o lo
ha ía!” (XVII, 111). Sus sueños épicos, que él in e p e a como la e dad más ín ima de
su yo, ezuman un anidoso y a uo indi idualismo que a en con a del papel social
61 F. Schille , “Die Wo e des Glaubens” (1797).
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
166
que ha de juga , iden i icado con una másca a ic icia. Polo quie e se uno y e dade o,
sin isu as ni ambigüedades, como el hé oe de la epopeya. Su condición huye de la del
mode no hé oe no elesco escindido, cambian e y pe spec i is a, some ido a dudas
con inuas e in eg ado en el en amado social.
Re oluciona io, apasionado, loco, bá ba o y adánico, Polo es de ini i amen e la
enca nación del pe sonaje omán ico y al iempo la pa odia de los excesos de un
oman icismo en el que ya no puede c ee nadie: sus ilusiones son an absu das que no
pueden oma se en se io; su g o esca e ocidad de animal enjaulado p o oca lás ima y
compasión (XVI, 104), su acaso es absolu o: dominado po un des ino al que se
en en a i ánicamen e, se sien e incapaz de i i socialmen e. Hosco, descomedido y
b u al, ompe de ini i amen e con la sociedad cuando pa e umbo a ie as exó icas y
ex añas, escapando de su condición y pu gando su culpa. Su amo –como el omán ico-
con ie e a la muje en su “ o men o” y solo conduce a la des ucción.
Polo c ea una nue a iden idad pa a To men o al pone le nomb e a Ampa o, igual
que don Quijo e c ea a Dulcinea a pa i de Aldonza. Si don Quijo e c eó una c ia u a a
la medida de sus lib os caballe escos al busca le un nomb e y la poseyó con él, Ped o
Polo, con ese nomb e omán ico a más no pode , c ea una c ia u a como en sus an asías
apasionadas e in en a posee la62. Ambos “ oman izan” –en el sen ido de No alis y
Schlegel- a sus amadas, las li e a u izan. Así en an ellos ambién, echazado el mundo
de la no malidad, de la sociedad y de la u ina, a a és de su pasión, en los lib os.
Resul a simbólico que Polo sea el pasado de Ampa o, con e ida po él en To men o
y oman izada po ese nomb e. De hecho, al como ella ecue da en uno de los b e es
pasajes que hacen alusión a aquella pasión
lo de ma as [ e i iéndose a su elación con Polo] ue pu a alucinación, des a ío, algo de
inconscien e, i esponsable y es úpido, como lo que se hace en es ado de sonambulismo o
bajo la acción de un na có ico... (XXVII)
62 La pasión sac ílega de los clé igos es ema ípicamen e omán ico; ecojo algunos
ejemplos signi ica i os en "No ias de Dios y cau i as del claus o: el con en o como espacio
del amo humano en la li e a u a omán ica española". El Sexo en la Li e a u a, ed. de Luis
Gómez Canseco e al., Se icio de Publicaciones de la Uni e sidad de Huel a, 1997, 169-188.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
167
Con aquel nomb e Polo ce i ica –y Galdós a i ica al i ula así la no ela- la elación de
dependencia y se idumb e de la muchacha pa a con él63; de la misma mane a ella, al
abandona le, empieza a supe a el oman icismo enunciando a ese apodo:
«Ya no me llamo To men o, ya ecob o mi nomb e» -decía pa a sí, andando muy a p isa-
(XVI).
Ampa o p e ie e a ese modelo del pasado (y de su pasado), a quien llega a abo ece y
del que huye, el u u o que le o ece una e sión “ ealis a”: Agus ín Caballe o iene de
uel a p ecisamen e de esas ie as habiendo supe ado el es adio sal aje pa a in eg a se
en la sociedad en la que desea ins ala se con una muje que no sea su o men o sino su
compañe a amable. Y que ae además dine o, un asun o desp eciado en el
Roman icismo y que pa a el mismo Polo no e a mo i o de nada. La niña deja el pasado
omán ico pa a hace se ealis a.
F en e a Polo, Agus ín Caballe o demues a un a ec o o jado en las a inidades
elec i as, la paz domés ica y la se enidad sen imen al; al ez po ello, a di e encia de la
e bosidad del cu a, sus sen imien os apenas encuen an é minos con los que
exp esa se. Tampoco lee, descon ía de las palab as an o como su p ome ida y los lib os
que se en en su casa “hac[e]n juego con la exhibición de igu illas” (XXI, 133). Po ello
p ecisamen e esul a más signi ica i o que ambién él es é ma cado po las expec a i as
de las his o ias olle inescas, lo que explica que cuando conozca a Ampa o se la igu e
di ec amen e como una pulc a e impecable Cenicien a. Así lo hace sabe a su amigo en
una ca a:
«Me he enamo ado de una pob e. [...] Su he mosu a, que es mucha, no es lo que
p incipalmen e me lechó, sino sus i udes y su inocencia... [...] La conocí abajando día
63 Da un nomb e es una mane a de exp esa au o ía o au o idad sob e una pe sona, hace la
nues a c ia u a. “F eud ha des acado la impo ancia que iene la p e oga i a masculina de da a
los hijos el nomb e como medio pa a asegu a , psicológica y socialmen e, la pa e nidad sob e
ellos, lo cual equi ale al de echo de domina la ida y las acciones de esos ás agos. De o o
lado, nomb a , impone un nomb e, suele se el p ime ges o ejecu ado en la c eación de
cualquie pe sonaje o el símbolo más pe ec o de ese ac o de c eación. El au o es el que
nomb a.” And és Zamo a, “La maldición epis ola en To men o. Re lexiones sob e la p opiedad
de una ca a de muje ”, en Sexualidad y esc i u a, ci ., 68.
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y noche, con la cabeza baja sin deci es a boca es mía... La he conocido con las bo as
o as, ¡ella, an he mosísima, que con mi a a cualquie homb e hab ía enido millones a
sus pies!... Pe o es una inocen e» (XXI, 133-4)
Espe a una muje como las de los lib os (pob e, he mosa, i uosa y pu a) y esa an asía
le hace cae en la idola ía amo osa y abandona el mundo de las ealidades pa a deja se
lle a po las ó mulas del amo :
no se desmen ía jamás en él su condición de enamo ado, es deci , que ni un ins an e
dejaba de pensa en su ídolo, con emplándolo en el espejo de su men e y aca iciándolo de
una y o a mane a. A eces an cla a la eía, como si i a la u ie a en en e de sí. O as
se en u biaba de un modo ex año su imaginación, y enía que hace un es ue zo pa a
sabe cómo e a y econs ui aquellas lindas acciones. ¡Fenómeno singula es e
des anecimien o de la imagen en el mismo ce eb o que la agasaja! (XXI, 135)
Aunque su idilio con Ampa o esul e excusable na a i amen e po soso, como ya
imos, en el momen o más is e de sus dudas llega a oza lo li e a io y es capaz de
habla con aquel lenguaje amo oso que había echazado siemp e; así con iesa a la
Pipaón de la Ba ca: “Esa muje se me ha cla ado en el co azón, y no me la puedo
a anca ”, a lo que Rosalía, en guiño i ónico de Galdós, le esponde:
- Po Dios, no e pongas así. Pa eces un pe sonaje de no ela. (XXXV, 228-9)
Vuel e sin emba go a usa Agus ín aquel mismo luga poé ico de o a Rosalía, la de
Cas o, cuando epi e: “La engo cla ada en mi co azón y no me la puedo a anca .
¡Maldi a espina, cómo aca icias hundida, y a ancada cuán o dueles!” (XXXVIII, 243),
en palab as que no pueden sino eco da aquel “Unha ez i en un c a o / c a ado no
co azón” de las Follas No as (1880).
Lo más signi ica i o de Agus ín Caballe o es que jun o a las expec a i as del olle ín
que le alimen an es capaz de o ganiza la ealidad con el alen o de un buen homb e de
negocios. Su doble condición se mani ies a en un luga de ob ias esonancias
ce an inas y que no desme ece de aquel lib illo de memo ias en el que don Quijo e, al
lado de la que Ped o Salinas conside ó la más bella ca a de amo de la li e a u a
española64, di igida a su me a ó ica Dulcinea y que concluye “Tuyo has a la mue e, El
Caballe o de la T is e Figu a”, esc ibió la lib anza pollinesca po la que pedía a su
sob ina en ega a a su escude o es bu os, “los cuales es pollinos se los mando lib a
64 Ped o Salinas, “La mejo ca a de amo es de la li e a u a española”, Asoman e, 8 (1952)
7-19.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
169
y paga po o os an os aquí ecibidos de con ado, que con es a y con su ca a de pago
se án bien dados” (Quijo e I, XXV, 286-7). En la no ela de Galdós, Caballe o esc ibe
en la misma ca a di igida a su amigo Claudio los sín omas de su enamo amien o y
concluye con ecados y negocios de o a índole muy dis in a:
Somos el uno pa a el o o, y mejo pa eja no c eo que pueda exis i . En in, Claudio, es oy
con en ísimo, y paso a deci e que la pa ida de cue os la gua des has a que pase el e ano
y sean más escasos los a ibos de Buenos Ai es. He enido a iso de la emesa de pesos a
Bu deos y de o a más pequeña a San ande . Ambas e las dejo abonadas en cuen a (XXI,
134)
Como Ampa o, ampoco él llega a se del odo conscien e de que e i i en los lib os
que an o abo ece, pe o aunque menos que ella, ambién es á en ado po la li e a u a.
Sus expec a i as al ol e de en e los bá ba os pa a einco po a se a la ci ilización son
más li e a ias que eales, po que no acep a la sociedad au én ica a la que desp ecia (las
bu guesas no males le esul an a ec adas, inú iles, cu sis), sino que se enamo a de la
icción li e a ia que Ampa o ep esen a. Es ambién íc ima de la ea alidad
ans o mada en ida social. F en e a la ba ba ie, sueña con el modelo bu gués de
bienes a calmo y quie e juga , según Galdós “el aus e o papel de pe sona
in achablemen e legal, ueda pe ec a, limpia y co ien e en el iple mecanismo del
Es ado, la Religión y la Familia” (XXIII, 149; la cu si a es mía). Pe o no sale ai oso de
su ac uación ni consigue adap a se a la sociedad mad ileña. Abandona con enco el
escena io de sus us aciones espe ando que la e olución ompa aquella maquina ia,
en un deseo que queda inquie an emen e ce ca de aquellas e ocidades sediciosas de
Ped o Polo (“yo digo a la Sociedad que oda ella y sus a umacos me impo an cua o
pi os, y me plan a é en medio de la calle, si es p eciso, g i ando: «¡Vi a la inmo alidad,
i a la ana quía, i an los dispa a es!»” XXXVIII, 244). También él se iden i ica en
cie a mane a con el bá ba o, con el sal aje inci ilizado -como Rosalía, ep esen an e de
lo social, insis e en demos a le65-. Es e pa en esco con el adánico Polo cob a sen ido
pa a ambos pe sonajes den o del deba e na u alis a con a los ideales ousseaunianos
65 Juan P. Gil-Osle, “Alabanza de na u aleza y menosp ecio de sociedad en To men o de
Galdós”, Alba de Amé ica: Re is a Li e a ia 21, 39-40 (2002), 231-35.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
170
( ecué dese Lo p ohibido)66. La conclusión del homb e de p o echo, del p og esis a
labo ioso y hones o, es absolu amen e desalen ado a: la sociedad es una icción g o esca
y a bi a ia, un juego de men i as. El único pe sonaje que no engañaba, Agus ín, en su
solución inal i e una sue e de mue e espi i ual po la que acaba ompiendo con la
mo al67:
Te c ias e en la ana quía, y a ella, po sino a al, ienes que ol e . Se acabó el a i icio.
¿Qué e impo a a i el o den de las sociedades, la Religión, ni nada de eso? Quisis e se el
más o denado de los ciudadanos, y ue odo men i a. Quisis e se o odoxo; men i a
ambién, po que no ienes e. Quisis e ene po esposa a la misma i ud; men i a,
men i a, men i a. Sal aho a po el ancho camino de u ins in o, y encomiénda e al Dios
lib e y g ande de las ci cuns ancias. No e íes de la majes ad con encional de los
p incipios y a odílla e delan e del esplandecien e al a de los hechos... Si es o es
desa ino, que lo sea». (XXXIX, 249)
Los es pe sonajes p incipales es án mo idos po las expec a i as en los lib os. Van en
busca de su p opia misión li e a ia y cumplen un papel de icción al dic ado de las
másca as con que is en su iden idad y los engaños con los que in en an ep esen a se
socialmen e. Másca as y engaños di icul an esa in es igación sob e la ealidad que
p e ende la ob a. No en balde el p ime capí ulo se inicia con el muy li e a io encuen o
de los embozados en la oscu idad y el úl imo e mina con la men i a de B ingas a
Rosalía68. En e ambos ingimien os, el g an ea o del mundo en el que Dios juzgaba
nues o papel sob e la ie a ha sido sus i uido po el ea o pequeño bu gués de inales
del XIX en el que “el juicio eológico es eemplazado po la oz social”. La no ela
galdosiana si e de a alaya pa a obse a c í icamen e las exis encias amane adas, las
impos u as y la i ealidad de aquellas idas bu guesas que “lle an el melod ama desde
el ablado a la casa p opia y acaban po ansg edi las ba e as en e la ida e dade a y
66 Bení ez (ci ., 69-70) ecue da al espec o cómo po esas echas Emili Du kheim e alo iza
en La So bona el pensamien o del gineb ino en elación con la an opología ilosó ica.
67 Es amos an e lo que Rodge llama “ he spi i ual mu de o he only cha ac e in he no el
who eally unde s ood his own na u e and made a se ious a emp o be ue o himsel ”. E.
Rodge , ci ., 398.
68 Sob e es e asun o, éase Chad W igh ("'La cla e del en edo': Sel -C ea ion and he
W i en Wo d in To men o", Romance Qua e ly 36, 1 (1989), 71-78): la idea de la c eación es
muy impo an e en la no ela: odos los pe sonajes in en an “c ea se” o c ea y modela o ec ea
a o os: po ejemplo Rosalía, empeñada en desb oza a Caballe o o és e en moldea a Ampa o.
También lo ano a R. Rod íguez, "Las másca as del engaño en To men o" en Ac as del VIII
Cong eso de la Asociación In e nacional de Hispanis as, II. Mad id, Is mo, 1986, 517-524;
517.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
171
su me o simulac o a ís ico”69. Pe o aquellos mismos que juegan al engaño pueden
conside a se engañados po las expec a i as con las que los ha seducido la li e a u a.
Es a condición soñado a de los pe sonajes y su agilidad an e las expec a i as que
la icción les c ea, a aumen ando p og esi amen e en las No elas españolas
con empo áneas: las c ia u as de sus lib os se mues an cada ez más enajenadas po el
mundo de la an asía, más incapaces de hace en e a la ealidad. En es a su “segunda
mane a” no elesca (exp esión que usa en conocida ca a a Gine ), Galdós adquie e
conciencia de los pusilánimes de o e os bu gueses y mues a su desilusión con espec o
a la “clase media” que en las “Obse aciones” eía con mi ada épica. Caude incula
es a e olución con la que lle a desde aquel ex o p og amá ico has a la dis in a
pe spec i a que demues a el discu so de ing eso en la Real Academia: “La sociedad
p esen e como ma e ia no elable” (1897). Si el p ime o se dispone a hace un es udio de
la ida social, en el segundo solo pa ece posible como ma e ia no elesca la ida
indi idual, po la p og esi a “disg egación y enajenación de los indi iduos que hab ía
de aboca a dis in as o mas de up u a social”. Las ue zas de cohesión social ya no
uncionan y el a e empieza a “da a los se es imagina ios ida más humana que
social”70: ese ecu i a lo humano –es o es, a lo indi idual- signi icaba econoce que el
p oyec o colec i o no enía posibilidades71. Ya años an es de es e desencan ado ex o,
69 Hazel Gold, “To men o: Vi i un d amón, d ama iza una no ela”, Anales Galdosianos
20 (1985), 1, 35-46; 40.
70 B. Pé ez Galdós, “La sociedad p esen e como ma e ia no elable”, Ensayos de eo ía
li e a ia, ed. de Lau eano Bone , Ba celona, Península, 1972, 175.
71 F ancisco Caude (“La alacia mimé ica: la cues ión del Realismo en Galdós”, Filología
XXVIII (1995) 1-2, 5-27; 9) opina que Galdós no se sien e segu o en el espacio que an
cons uyendo las nue as ensiones sociales; las mu aciones del in de siglo, las al e aciones de
clases y los g a es cambios en las o mas de ida lle a on a la deso ien ación al au o pa a el
que esa misma ealidad social e a ma e ia p ima ia de su ob a. Los miedos que se e lejan en su
discu so “La sociedad p esen e como ma e ia no elable” y en la úl ima e apa de su no elís ica
co esponden a los que Cla ín i ió en sus úl imos años como exp esión de los cambios
sociales. Las nue as ci cuns ancias y la insegu idad que aca eaban le lle a on a plan ea se una
e o ma in e io del homb e po la que quiso ma ca di e encias con espec o a Zola, admi iendo
que el ancés se había ce ado en un sis ema que negaba equi ocadamen e la libe ad humana
al echaza el mis e io y la ascendencia. Sob e odo ello . Y an Lisso gues y Se ge Salaün:
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
178
algo de lo que la peni en e decía; pe o hablaba an quedi o, que ni una palab a llegó a las
anhelan es o ejas de la seño a de Ido” (XXXIX, 248). Nicano a ep esen a aquí la
cu iosidad de odos los lec o es de la no ela. A lo la go de oda la ob a, Galdós ha
ap o echado esa cu iosidad en bene icio p opio, siguiendo la écnica p opia del olle ín.
Pe o una ez que le ha p opo cionado los bene icios espe ados, en el úl imo momen o
bu la de ini i amen e las expec a i as an as eces pos e gadas con es a enuncia a la
exhibición del pa e ismo: una pue a ce ada nos impide escucha lo que queda á pa a
siemp e en sec e o. El olle ín queda i onizado.
La posibilidad de esol e el suspense susci ado desde las sospechas plausibles en El
Doc o Cen eno se nos uel e a us a una y o a ez. Los lec o es de To men o
habían enido que ellena el “espacio acío” en e ambas no elas, con e ido en el g an
mis e io que supues amen e es a segunda iene a des ela , pe o cuya a e iguación se
sigue demo ando una y o a ez con silencios que uncionan como “enigmas” -en
e minología de Roland Ba hes- o “gaps” -de Wol gang Ise - y ue zan a un ipo de
lec u a que a e aluando y ee aluando la na ación a a és de esas ausencias84. Galdós
se mues a un maes o en la écnica del suspense, pe o con la adical di e encia con
espec o a los olle inis as de que en su caso nunca llega a des ela se el sec e o ni po lo
an o es posible encon a esa “ e dad” de ini i a. C ea expec a i as lec o as con
écnicas de olle ín, como Ce an es empleó las de los lib os de caballe ías con la
misma unción de man ene el suspense al inal de su capí ulo VIII de la P ime a Pa e.
Al us a las demues a al en egado lec o que la espues a solo es á en los lib os, no
en la ida. Las expec a i as en las que se mue en sus pe sonajes son li e a ias y ienen
su espacio sólo en el ma co de la li e a u a; las expec a i as de los lec o es no se
cumplen nunca, nunca llega la ansiada y cómoda espues a, pues odo concluye en más
p egun as.
A Galdós le in e esa, como a Ce an es, obse a cómo nos a ec a la li e a u a. Es lo
que Ido iene en cuen a al empeza la no ela: qué espe a el público. Galdós ambién
ab e la ob a despe ando la cu iosidad de sus lec o es, ansiosos po sabe el sec e o que
nos ocul a. Juega con los eso es del olle ín pa a c ea a idez lec o a y some e a odos
84 Ribbans (ci ., 503). Sob e las expec a i as lec o as en es a no ela es muy in e esan e el
abajo de Diane F. U ey, que usa las eo ías de Ise , la semió ica, a Ba hes y a De ida:
"Repe i ion, Discon inui y and Silence in Galdós' To men o". Anales Galdosianos, (20:1), 1985,
47-63.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
179
sus pe sonajes a la misma ansiedad de expec a i as, c eadas po es e eo ipos li e a ios.
Quizá Galdós sabe que la li e a u a ha c eado nues o deseo -esas muje es más
in lamables que la yesca de las que hablaba Ido- y que azuzándolo puede seduci nos. El
eso e pa a ello es la cla e de la icción: el pac o con el lec o , sob e el que Galdós, hijo
del oman icismo, e lexiona con p o unda conciencia.
Según hemos is o, una de las p egun as más incómodas de To men o iene que e
con su ealismo. Según Ido, la ealidad c eíble li e a iamen e es la que un ipo de
na ación ha hecho con encional. El público no solo no espe a o a cosa, sino que es á
dispues o a acep a la como e dade a únicamen e en ese o ma o y condiciones. La
ealidad puede se más ex aña que la li e a u a y o ja his o ias imposibles, absu das,
al as de poesía (según dice, “[l]a ealidad, si bien imi a alguna ez a los que sabemos
más que ella, in en a ambién cosas que no nos a e emos ni a soña los que enemos
es cabezas en una” I, 14). Pa a Ido una cosa es el ealismo y la e dad li e a ia (la
poesía, lo con encional), y o a la ealidad ex ali e a ia, que no cuen a ni se cuen a85.
Pa a don Quijo e ambién es la li e a u a la que impone la medida de lo e dade o, y no
a la in e sa: según él las cosas han de se como en los lib os. Galdós pa ece que e
eba i le el a gumen o a ambos al decidi se a da cuen a de la ea p osa que Ido no
quiso con a en su poé ico olle ín. Pe o sob e odo demos ando a a és de sus
silencios, de lo que no na a, que la medida de la ealidad no la pone la li e a u a, sino
que p ecisamen e es á allí donde la li e a u a no alcanza, en lo que no iene palab as ni
puede con a se, como su no ela ampoco cuen a y al inal escamo ea, Galdós pa ece
acep a que la medida de la e dad se aloja en sen imien os que no se exp esan con
e bos, en hechos que el lec o no conoce, como el na ado insis e una y o a ez en
eco da le, y que los mismos pe sonajes, en sus o pes monólogos, econocen con undi .
Pod ía deci se que pa a Galdós la e dad úl ima y sec e a co esponde ía al Dasein
kan iano, a la e dad nouménica e in aducible a la expe iencia. Lo único que sí es
suscep ible de con a se demues a en esa capacidad de aslada se al lenguaje su
85 He a ado de la poé ica de Ido del Sag a io como pa adoja galdosiana en un abajo que
se publica á p óximamen e. Allí explico que ambas e siones no elescas con i en en To men o
pa a demos a la oposición en e los concep os de e osimili ud y ealismo.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
180
in ínseca condición enoménica, pues sólo puede aduci se a e bo lo que an es ha sido
ma e ial de la conciencia, a su ez o jada de an asías y palab as. Y eso es lo que
leemos en To men o: las an asías, las ensoñaciones, las in e p e aciones y las o pes
palab as de unos pe sonajes que se exp esan a a és de la conciencia y cuya ealidad es
siemp e pa cial y muchas eces alsa, li e a ia. Po eso, como demues a el Quijo e, la
i ealidad o ma pa e de la ealidad a a és de los indi iduos que juegan siemp e a se
pe sonajes en la ida. El mismo Galdós esc ibió en o a de sus no elas:
No hay exis encia que no enga mucho de lo que hemos con enido en llama no ela (no
sé po qué), ni lib o de es e géne o, po insus ancial que sea, que no o ezca en sus
páginas algún acen o de ida eal y palpi an e.86
La conclusión a la que pa ecen di igi nos es as e lexiones –y con la que ce a emos
es e esumen inal- es que la e dad es á en la conciencia, e i o io hacia el que
Ce an es había abie o el camino de la no ela. Así lo supie on e los omán icos, que
hicie on el iaje has a el ondo del abismo y econocie on las p o undidades de aquel
mundo in e io . Galdós es conscien e de que su hace es á emplazado en ese dominio.
P obablemen e, la lección ce an ina ue con i mada po aquellos a ances en psicología
ya mencionados, que habían ido ace cándose cada ez más a la enomenología: la
ealidad es una cons ucción psicológica que la conciencia indi idual o ja en elación
con su imagen (li e a ia) del mundo. El análisis galdosiano de las expec a i as –las de
los pe sonajes y las de los lec o es-, es conscien e de que la li e a u a unciona en
elación con lo que espe amos y po an o que emos imagina que ha de se e dade o.
Y así, el concep o de e osimili ud galdosiano –es o es, de lo que acep amos po
e dade o- iene más elación con las expec a i as que o jan las con enciones que con
una ealidad que es impe seguible, que queda muda y sin con a . Pa ece ía que don José
Ido u iese azón.
La poé ica del olle inis a busca una e dad li e a ia –la de sus pe sonajes- que no
coincide con la ex ali e a ia:
-(Con p o undo mis e io.) La ealidad, si bien imi a alguna ez a los que sabemos más
que ella, in en a ambién cosas que no nos a e emos ni a soña los que enemos es
cabezas en una. [...]
-Pues ponga us ed en sus no elas esas cosas.
86 B. Pé ez Galdós, La co e de Ca los IV. Ob as comple as. Episodios nacionales, Mad id,
Aguila , 1945, 172b.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
181
-No, po que no ienen poesía. (F unciendo el ceño.) Tú no en iendes de a e. Cosas
pasan es upendas que no pueden asoma se a las en anas de un lib o, po que la gen e se
escandaliza ía... ¡p osas ho ibles, hijo, p osas ne andas que es a án siemp e p osc i as de
es a hon ada epública de las le as! Vamos, que si yo e con a a... [...] (I, 13-4)
Galdós acep a la p opues a que Ido echaza aquí, la de con e i en poesía la “ il p osa”
de la e dade a his o ia de Ampa o. Cuando Cen eno se lo p opone, esponde “([c]on
ené gica denegación) Tú no en iendes de a e. (In en ando ho ada se la en e con la
pun a del dedo índice). La poesía la saco yo de es a mina.” La poesía iene un mundo
p opio, el de la an asía, al que co esponden sus pa icula es eglas. El eje cicio
li e a io consis e en –usando la conocida exp esión de Fe nán Caballe o- poe iza la
e dad, seleccionando la que digni ica y ele a el ideal, como explica ambién don
Quijo e epi iendo aquel luga común del capí ulo IX de la Poé ica de A is ó eles: que
no se pin aba a Eneas como ue, sino como había de se (XXV de la P ime a Pa e y III
de la Segunda)87. Una la ga adición apoyaba aquella poe ización de lo eal que exigía
Ido como co o li e a io.
Pe o con la c isis omán ica del concep o de mímesis, la idea de e osimili ud en ó
en con lic o con el c i e io de e dad. La e osimili ud o la p obabilidad, en cuan o
dependen del ecep o , son alo es que concluyen en el ela i ismo po que, desde su
o igen a is o élico, se e ie en a las apa iencias lógicas88 (o, en el caso de la poé ica de
87 La imi ación aconseja al poe a compo a se como el his o iado y a ia la e dad, en su
caso hacia el ideal, pa a cumpli su gus osa unción. Así lo deduce el Pinciano en la Philosophía
An igua Poé ica (ed. de Al edo Ca ballo Picazo, Mad id, C.S.I.C., 1973, I, 248-9), de cuya
in luencia sob e Ce an es la c í ica ha a ado con ecuencia –y no siemp e con el mismo
c i e io: “Yo soy de pa ece que pocas eces los poe as pin an a los homb es iguales como ellos
ue on; y es o po mayo imi ación... Si los homb es po icio na u al que ienen, y aun los
his ó icos, po la causa misma, jamás dicen o esc iben alguna cosa igual a lo que ella ue, sino
que siemp e añaden alguna cosa o de malo o de bueno, ¿po qué los poe as, que son imi ado es
de es os ales, como en las demás cosas, no los imi a án en és as? Añado que, si el poe a pin ase
iguales como los homb es son, ca ece ían del mo e o admi ación, la cual es una pa e
impo an ísima pa a uno de los ines de la poé ica, digo, pa a el delei e.”
88 En la Re ó ica a is o élica odo el concep o de lo e osímil es á basado en la opinión
común (1355a, 1356b). En Ce an es la e osimili ud, igual que en A is ó eles y Ho acio, iene
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
182
Ido, a las expec a i as de los lec o es). El Roman icismo y el Realismo p oponen como
nue o alo de la li e a u a la Ve dad, que no iene que e , a di e encia de la
e osimili ud, con la cohe encia in e na, ni con las p opo ciones, ni con el pa ece de los
ecep o es, sino que se es ablece en unción de los ínculos de lo li e a io con lo
ex ali e a io. Pa a A is ó eles una cosa es la e dad poé ica y o a la de ue a de la
poesía. Pa a don Quijo e las dos se con unden -po eso es á loco-. Pa a Galdós la no ela
iene que cumpli las e dades i ales y asumi una misión on ológica.
Abandonada la idea de poe iza la e dad y acep ado con Galdós - en e a Ido- que
el e i o io no elesco incluye aquella ealidad que no se había dicho has a aho a, la
li e a u a opaba en cie o sen ido con sus lími es: el silencio, los asun os sec e os e
ine ables, la oscu idad de la conciencia, la con usión sin palab as, la imposibilidad de
aslada la ida a la li e a u a y la u opía de alcanza la ealidad.
CENTENO.- Us ed c ee que las cosas han de pasa según us ed se las imagina... No sea
memo... Todo sucede al e és de lo que se piensa...
IDO.- (Vanidosamen e) Lo que es a mí, chico, la ealidad me da siemp e la
azón...(XXXVIII, 246)
Ni uno puede conoce lo que sucede, po que siemp e ocu e al e és de lo espe able (las
ca ego ías de la lógica, que e an las de la e osimili ud en A is ó eles y Ho acio, no
uncionan), ni el o o imagina más que deli ios. Cualquie e sión de ini i a es
imposible.
La única mane a de aspasa aquellos lími es la encon ó Galdós saliendo y
en ando de la icción a a és de la i onía y la e lexi idad: el juego au o ial, an
ce cano al quijo esco, po el que se en en aban las dos ob as en To men o le si ió
mucho más que cualquie a de los ecu sos asnochados de Ido a su in ención de c ea
un e ec o de ealidad. La nue a e osimili ud se log a con la me a icción po la que se
nos iene a deci que las elaciones en e ida y li e a u a son mucho más complejas de
lo que la mala li e a u a p e ende hace nos c ee . Galdós e ela con sus i onías
que e no sólo con el con enido y si és e se asemeja o no a las ca ego ías del mundo
ex ali e a io, sino ambién con la es uc u a y o ganización del ex o, y con la elocución.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
183
me a ic icias el a i icio li e a io, exhibe los mecanismos de la icción, y al mos a los
ei indica que la e dad li e a ia es solo un pa ece , como la e dad social y bu guesa.
Final
Una ob a de la ambigüedad de To men o no podía con o ma se con un inal único.
Ido desbo da su no elesca an asía y al hilo de los “desa o ados sucesos” –no pie de
ocasión Galdós de iden i ica lo con don Quijo e en su lenguaje-, imagina a ias
posibilidades:
Pues pienso que a la seño i a Ampa o no le queda más que una solución pa a
egene a se... ¿Cuál es? Te la comunica é... con la mayo ese a. G ande ha sido la
al a... pues la expiación, chico, la expiación... [...] En in, que no le queda más ecu so
que hace se he mana de la Ca idad... Es o, sob e se poé ico, es un medio de
egene ación... No e digo nada... cu a en e mos y he idos en hospi ales y
campamen os... Figú a e si es a á guapa con aquellas ocas blancas... (XXXVIII, 245)
A esa posibilidad, a la que piensa da o ma omancesca, se le ocu e i ula la Del
lupana al claus o, y se á segunda pa e del p oyec o no elesco que nos ha ido
na ando al hilo de los acon ecimien os. Dicho inal se dispu a el desenlace con o a
e sión, más ágica, en la que cuando Agus ín en e a e a la pecado a, “la encuen e
mue a”:
Se ía pa a ella un in poé ico, y si al e le en a , le quedase un es o de ida pa a
conoce le y pode le deci dos palab illas ie nas de a epen imien o, de amo , un Ay
Jesús, un e amo o cosa semejan e, c eo que se mo i ía con en a... (XXXVIII, 246)
Sin emba go, la no ela de Galdós no e mina de ninguna de aquellas mane as, sino con
una signi ica i a zumba a la mo al de la pob eza del olle ín de Ido y un edoble i ónico
a las p e ensiones de Ampa o de juga el papel li e a io de i uosa he oína, pues as
an o discu i con su he mana, humilla se con Rosalía y es o za se po pa ece digna,
acaba peo que Re ugio: no se me e a monja, como exigía el único inal decen e que le
pe mi ía segui i a, sino que acep a “los bille es”. O o diálogo, el de Rosalía y
B ingas, nos in o ma de ello un capí ulo más a de (“¡Con que no la puede hace su
muje po que es una... y la hace su que ida...!”), imaginando ambién su au o , de
c ea i idad an é il como la de Ido, una posible segunda pa e que pone en el magín de
don F ancisco B ingas; él ambién a en u a o a posible conclusión a la his o ia:
MERCEDES COMELLAS AGUIRREZÁBAL
184
THIERS.- El mejo día les enemos aquí an campan es... y i i án como casados,
insul ando a la hon adez, a la i ud... Hemos de e cada ba ba idad... Bien cla o lo
decían Joaquín y Paqui o la o a a de: la pique a demoledo a y la ea incendia ia es án
p epa adas. ¡La demagogia...! (XLI)
Rougemon y la adición amo osa de la pasión no ienen nada que hace aquí: E os se
ende po bienes a y Tana os es encido po un c iado lis illo que cambió el eneno
po in u a de guayaco. Amo y mue e acaban encidos po una si uación muy poco
poé ica, un comp omiso que no soluciona nada ni puede se acep able socialmen e.
F en e al amo omán ico que concluye en suicidio y agedia, Ampa o al inal i e: sin
hon a, o as las ilusiones, con e ida en una manzana pod ida de la que Caballe o, según
leemos, piensa ap o echa el ozo aún sab oso.
Si La deshe edada es negación del melod ama, en To men o no quedan las cosas an
cla as. Galdós pone a compe i melod ama y ealismo y e lexiona sob e ello pa a
conclui con eno me i onía, ya que “la no ela ealis a negando el melod ama
pa adójicamen e le da la azón”89. La solución inal no es ni con encional ni
olle inesca90, sino ambigua, i ónica y abie a, pues o que la his o ia no se cie a del odo
ni se esuel e el enigma. Hay algo que se nos sigue escamo eando: la his o ia que no se
nos ha con ado. Si pa a Roland Ba hes cuando el enigma se esuel e la his o ia se
acaba, aquí ni se esuel e la una ni se cie a la o a. Es amos a mucha dis ancia de La
Regen a, Madame Bo a y o Ana Ka enina.
Aunque muchos abajos han es udiado la i onía en To men o, apenas se la ha
inculado con el uso ce an ino ni con la i onía omán ica, undamen o de la
me a icción con empo ánea91. Sin emba go es e pun o de is a, cuyas posibilidades
hemos in en ado p oba en las páginas an e io es, pe mi i ía comp ende la
ex ao dina ia ac ualidad de Galdós en la ayec o ia de la e lexión no elesca. Pues no
se a a solo de es udia la me a icción de Galdós, sino cómo és a, asumiendo la lección
de Ce an es pasado po los omán icos, si e de enlace con el Mode nismo. Obse a lo
como pa e de ese eco ido ayuda a explica que la me ano ela es exp esión di ec a de
la e lexión sob e la ealidad y co esponde a la condición epis emológica del géne o,
89 Escoba , ci ., 370.
90 Ribbans, ci ., 495.
91 Con ecuencia, como es el caso de Lau o Za ala, ("La no ela ealis a como géne o
au opa ódico". La Palab a y el Homb e: Re is a de la Uni e sidad Ve ac uzana, 84, 1992, 198-
202), po que no se aplica bien el concep o de i onía omán ica.
ENTRE HISTORIAS FINGIDAS Y VERDADERAS
185
isible sob e odo en las c isis que desde el nacimien o de la mode nidad han ido
semb ando de dudas el eco ido de la me a ísica.
A Galdós le dis inguen de sus con empo áneos ealis as esas mismas dudas. F en e a
la a monía pe ec a a la que aspi a el no elis a del Realismo y en la que se con unden
signi icado y signi ican e -según el p opio Galdós explica en el p ólogo de 1882 a El
sabo de la ie uca, de Pe eda-, él “es plenamen e conscien e de la con usión que
impone la esc i u a”92; sus no elas p egun an, más que esponden:
Pe eda no duda, yo sí. Él es un espí i u se eno; yo un espí i u u bado, inquie o. Él sabe
adonde a, pa e de una base ija. Los que dudamos mien as él a i ma, buscamos la
e dad y co emos hacia donde c eemos e la he mosa y ugi i a. Él pe manece quie o y
con iado, iéndonos pasa , y se ec ea en su eso o de ideas, mien as noso os siemp e
descon en os de las que poseemos y ambicionándolas mejo es, co emos as o a, y o as,
que una ez alcanzadas ampoco nos sa is acen93.
Sus dudas inaugu an pa a la no ela un ela i ismo on ológico adelan ado a su iempo.
El Mode nismo y su idea de la conciencia (el p opio se e a el único asun o de cuya
exis encia el poe a no enía dudas, según Ma í94) es á ya a isado en su discu so de
ing eso en la Academia, donde ecoge in uiciones p obadas en sus no elas an e io es,
como hemos is o en el caso de To men o. A a és de las e lexiones que ue
hil anando en ellas ha comp endido que un discu so es ealis a cuando esponde a
nues as expec a i as, a nues a imagen de la ealidad, y que és as son a iables: en e
o as cosas po que es án con o madas po la li e a u a, has a el pun o de que es di ícil,
den o de la conciencia, di e encia los e e en es men ales que nos cons uimos sob e el
mundo y los mundos posibles e e en es de las icciones. La icción se mues a alsa y
al iempo se jus i ica como e dade a.
92 Ignacio Ja ie López, “Galdós y el a e de la p osa: imagen y conciencia en las «no elas
españolas con empo áneas»”, Galdós y el a e de la p osa, Ba celona, PPU, 1993, 96-8.
93 Respues a al discu so de Pe eda en su ing eso a la RAE. Menéndez Pelayo, Pe eda, Pé ez
Galdós, Discu sos leídos an e la Real Academia Española, Mad id, 1897, 154. Recogido en
"José Ma ía Pe eda, esc i o ", Bone , Ensayos..., ci .
94 José Ma í, “P ólogo al poema «Al Niága a», El Mode nismo is o po los mode nis as,
ed. de R. Gullón, Mad id, Guada ama, 1986, 35.