Locura y Creación. Un ejercicio de exorcización en la obra literaria de Unica Zürn
Abstract
La locura es uno de los aspectos más destacados en la obra de la artista alemana Unica Zürn (1916- 1970). Artista polifacética que dominó el arte del dibujo automático y de la escritura de anagramas, reflejando en su obra literaria –claramente autobiográfica– la locura que sufrió debido a sus constantes crisis de esquizofrenia, que le llevaron a ser internada en varios centros psiquiátricos y posteriormente al suicidio en 1970.
Full text
i
LOCURA Y CREACIÓN. UN EJERCICIO DE EXORCIZACIÓN EN LA OBRA
LITERARIA DE UNICA ZÜRN.
Mon esinos Muñoz, Ampa o
RESUMEN
La locu a es uno de los aspec os más des acados en la ob a de la a is a alemana Unica Zü n
(1916- 1970). A is a poli acé ica que dominó el a e del dibujo au omá ico y de la esc i u a de
anag amas, e lejando en su ob a li e a ia –cla amen e au obiog á ica– la locu a que su ió
debido a sus cons an es c isis de esquizo enia, que le lle a on a se in e nada en a ios cen os
psiquiá icos y pos e io men e al suicidio en 1970.
PALABRAS CLAVE
Unica Zü n, esquizo enia, ob a au obiog á ica.
ABSTRACT
Madness is one o he highligh s in he wo k o he Ge man a is Unica Zü n (1916-1970). A
mul i ace ed a is who domina ed he a o au oma ic d awing and he w i ing o anag ams,
e lec ing in his li e a y wo k - clea ly au obiog aphical - he madness he su e ed due o his
cons an schizoph enia c isis, which u ned ou o be hospi alized in se e al psychia ic cen e s
and la e o suicide in 1970.
KEYWORDS
Unica Zü n, schizoph enia, au obiog aphical wo k.
EL HOMBRE JAZMÍN: IMPRESIONES DE UNA ENFERMA MENTAL
El obje i o p incipal de es a in es igación es la a is a alemana Unica Zü n (1916-1970), con la
in ención de esca a su igu a, pone en alo su ob a y aleja nos de la supedi ación a un
compañe o a ón. Pa imos del in e és de o o ga a las muje es a is as el luga que les
co esponde en la his o ia, la his o ia del a e y la li e a u a. Du an e décadas sus ob as han sido
minus alo adas y silenciadas, po an o la p e ensión es aleja nos del binomio musa- aman e y
econoce la g andiosidad de las ob as de las muje es a is as. Pa a ello nos cen amos en el
análisis de la ob a au obiog á ica El homb e jazmín: imp esiones de una en e ma men al
1
de
Unica Zü n.
La p esen e in es igación ha sido ealizada median e el mé odo de e isión bibliog á ica y
análisis in e p e a i o, a pa i de la ob a li e a ia de Unica Zü n se es ablece el hilo conduc o de
la a gumen ación y se e lexiona ace ca de los concep os cla e y las expe iencias na adas po
la a is a, que nos ayuda án al en endimien o de su ob a.
La ob a de Unica Zü n es á plagada de esa dualidad que la ca ac e izó, su p oducción a ís ica y
li e a ia an es echamen e ligadas con el a gumen o de su ida, ida y ob a se complemen an,
no se en iende la una sin la o a, pues o que su ob a es e lejo de su ida. Po ello, es
signi ica i o conoce unos da os cla es de su biog a ía como el amo que p o esaba a su pad e,
1
El homb e jazmín: imp esiones de una en e ma men al, ue publicado as la mue e de Unica Zü n en 1971.
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la mala elación con la mad e y el he mano, la es echa amis ad que man u o con el ambién
a is a Hans Bellme y la en e medad que le acompañó has a su mue e, la esquizo enia.
Siemp e es u o p esen e la en e medad pe o quizá, comenzó a se conscien e de ello as e se
en la po ada de la e is a Su éalisme même en 1958. En la o og a ía, Man ene en luga esco
(1957), ealizada po su compañe o Hans Bellme , Unica apa ece o almen e desnuda, a ada
como un paque e dispues o a se en iado, su cue po se des igu a po comple o, pe diendo su
iden idad. El e su cue po en la po ada de es a e is a a ec a eno memen e su débil es ado
men al:
Es la ansg esión de los lími es na u ales la que le lle a a a a el cue po de su
compañe a, Unica Zü n, pa a que el co dón pe mi a eme ge o os senos, nalgas y
pliegues. A pa i de ese juego de mul iplicación de miemb os al que da pie la muñeca,
empeza á a ep esen a la imagen de una muje como ce alópodo, un onco sin cabeza
y poblado de pie nas que se en ec uzan, aumen ando la posibilidad de los sexos y,
ambién, c eando un mons uo inquie an e cuyas pie nas pa ecen e o ce se (San ana,
2015: 247).
Figu a 1. Hans Bellme , Man ene en luga esco, 1957.
Fuen e: monsieu cocosse.blogspo .com.es
Los p ime os sín omas de c isis comienzan a cob a p o agonismo as dicha po ada, y es
du an e la década de los sesen a cuando esc ibe El homb e jazmín, quizá su ob a más
e elado a, esc i a al dic ado de su locu a en amos en su mundo in e io , en su pe u bada
men e y caminamos jun o a ella a lo la go de sus di e en es in e namien os, i iendo como si
es u ié amos allí cada uno de sus ela os, la lec u a de es a singula ob a: «se pa ece a
mu ila se y palpa la sang e en el espacio acío de la he ida» (López, 2011: 1). La ob a es á
esc i a en e ce a pe sona, como si de o a pe sona se a a a, Unica se desliga del ela o, nos
hace c ee que ella no es la p o agonis a, de nue o juega con la ealidad, la modi ica a su an ojo
con la in ención de mos a nos que su ida nunca le pe eneció: «Si alguien le hubie a dicho que
había que ol e se loca pa a ene es as alucinaciones, en especial la úl ima, no hab ía enido
incon enien e en enloquece » (Zü n, 1971: 32). Unica Zü n oma sus p opias expe iencias en los
dis in os sana o ios men ales pa a na a las en El homb e jazmín, su paso po Wi enau, La
Rochelle o Le Blanche y las i encias que allí compa e con las demás in e nas son con adas
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ocul as bajo una e ce a pe sona. En la no ela Unica ealiza un eje cicio de exo cización, su ida
se con ie e en obje o a ís ico.
En sus p ime as páginas ec ea un sueño que u o a la edad de seis años, como Alicia
2
, Unica
ambién a a esó un espejo que la lle a a una casa acía en la que an sólo hay una a je a,
cuando se dispone a lee su con enido se despie a y es cuando po p ime a ez apa ece la
isión del homb e jazmín: «¡Es pa alí ico! ¡Qué sue e! Él nunca abandona el sillón de su ja dín
donde lo ece el jazmín incluso en in ie no» (Zü n, 1971: 18). Se enamo a locamen e de él,
con aen ma imonio y lo gua da en sec e o du an e años, pe o a inales de la década de los
cincuen a en Pa ís, se encuen a con él: «Es an ue e la imp esión que le p oduce el encuen o
que no puede supe a la. Poco a poco, a pa i de aquel día, ella empieza pe de la azón» (1971:
19).
Los sueños se con e i án en libe ación pa a ella, juega con la esquizo enia pa a abo da esa
ealidad pa alela donde ella se sen ía lib e y dueña de ida: «Ap ende á a hace del sueño un
luga esis en e, habi able pa a sus deseos» (Gu ié ez, 2006: 10). En El homb e jazmín Unica
camina po los bo des de la locu a, se en ega a ella, nos mues a a a és de sus ela os el
incansable deseo que sien e po se dueña de su ealidad, pe o ¿de cuál ealidad nos habla?:
El homb e jazmín es el dia io de una poe a a apada en e dos mundos, el de la igilia y
el sueño, un espacio en el que odo es posible: lo ma a illoso y lo e ible, lo oscu o y lo
luminoso, la ida c eado a y la mue e (Gu ié ez, 2006: 9-10).
La locu a es un es ado que le pe mi ió ene an as idas como ella deseaba y habi a an os
cue pos di e en es como quisie a, quizá con e i se en obje o a ís ico de Hans Bellme supuso
pa a ella el de eni de su locu a. Su cue po se con e ía en múl iple, pe día su iden idad y sus
ex emidades se dis o sionaban:
Pa a sí misma, como pa a su compañe o Hans Bellme , Unica Zü n es únicamen e
ana omía, ca ne diseccionada, una muñeca o a, mu ilada, ampu ada casi siemp e de
b azos y a eces de pie nas, y donde la ep esen ación simbólica de la cas ación b illa
po su ausencia (Rey, 2010: 442).
Es e a ada en innume ables ocasiones, desnuda, ama ada con un co del, posa an e la cáma a
de Bellme : «una elación pe u bado a y, inalmen e un c epúsculo len o, ma cado po sus c isis
de esquizo enia ecu en es» (Kalász, 2005: 1). Como si de o a pe sona se a a a, abandona
su cue po y se in oduce en el de esa muñeca, esa poupée an ine e como llena de ida, a ada
con co deles que p esionan ue emen e su piel, que modelan su cue po c eando ex u as,
imágenes, pos u as… o almen e nue as: «El e o ismo es el exceso que obliga al suje o a
abandona se, a busca se en la pé dida de lo p opio; es la ape u a de los lími es de la iden idad,
pa a acoge al o o, en donde inalmen e se diluye el se » (To nos, 2014: 271). Sensaciones que
a o ecen su ines abilidad men al, elación de dominio, sadomasoquis a, juegos que ecue dan a
aquellos de su in ancia ela ados en P ima e a somb ía, donde ella es p isione a y a ada
ue emen e, sin iendo dolo y place al mismo ins an e.
En Pa ís inicia el camino que eco e á has a su mue e, aquel camino na ado en El homb e
jazmín, jun o a él: «ella empieza a pe de la azón» (Zü n, 1971: 19). Du an e es e camino de
F ancia a Alemania y de nue o de Alemania a F ancia que la a is a na a en la ob a nos damos
cuen a de aquello que e dade amen e le impo a a la a is a, lo desconocido, ese mundo nue o
2
Encon amos cie as simili udes en e Unica y Alicia, pe sonaje c eado po Lewis Ca oll en 1865, ambas
a a iesan un espejo y mien as Alicia desciende po la mad igue a en busca del conejo blanco, Unica lo hace a
a és de sus sueños has a encon a se con el homb e jazmín, el homb e blanco.
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que le agua da y encuen a en sueños y en las alucinaciones que le p oduce la esquizo enia,
siemp e c eyendo que alguien la espe a al o o lado, algo nue o le a a sucede y lo cambia á
odo:
¿Apa ece á po an omán ico acceso alguien pa a ap a la una noche y lle a la a un
luga en el que, po in, después de an la ga espe a, empiece la ida que le es á
ese ada? Po que no se esigna a la idea de que lo que ha i ido has a aho a sea odo.
Se ía muy is e. (Zü n, 1971: 37).
Bajo esa e ce a pe sona, cuya iden idad no des ela, Unica con iesa su miedo a pe de se algo
en la ida, su necesidad de asg edi , de i i lo desconocido y se deja lle a . Con iesa que es la
nos algia que sien e, sob e odo al eco da su in ancia en G unewald, el mo o pa a decidi se a
esc ibi , po ello El homb e jazmín es á plagado de ecue dos de su in ancia, esa «p ima e a
somb ía» que ue on los años que i ió de niña en Be lín, esas expe iencias ma ca on el de eni
de una muje a apada po sus p opias ba e as, po ello es de ele ancia eco da que es amos
an e una ob a au obiog á ica, que exis e una línea muy ina en e ida y ob a y que ambas
caminan de la mano po los pasajes de luz y oscu idad que supuso la ida pa a Unica. Du an e
la no ela – ambién a lo la go de su ida – juega a deja se encon a , na a una se ie de
a en u as alen adas po el es ado men al en el que se encuen a que la lle an, as un al e cado,
a la policía y es du an e un juicio donde ella es conscien e del es ado que habi a:
Si eso es es a loca, en onces es amos odos locos. –Es que yo es oy loca –dice ella,
muy se ia, a los homb es que es án en el despacho. Y ag ega-: Me pa ece que soy
esquizo énica. C eo que debe ían lle a me a Wi enau. (Zü n, 1971: 53).
Aquí comienza un pe iplo po dis in os sana o ios men ales donde Unica Zü n expe imen a á
di e en es sensaciones como la nos algia, megalomanía, abandono, ilusión, is eza, debilidad,
eu o ia, desencan ada… es ados que la lle a án a compa i expe iencias en soledad y con las
demás in e nas donde as una subida de éx asis llega una bajada es epi osa. Es a en Wi enau
supone pa a ella un g an desasosiego, es á ago ada después de odas las sensaciones
expe imen adas y de las hazañas i idas días pasados: «En seguida le lle an el p ime
medicamen o con a la locu a […] Segu amen e, es e medicamen o si e pa a sup imi el
i e enable des ile de los locos pensamien os, pe o no es an ácil» (Zü n, 1971: 54).
Ella se de ine en la ob a como una pe sona apocada, pe o econoce que la locu a cambia su
pe sonalidad. El homb e jazmín, y como bien indica el sub í ulo, imp esiones de una en e ma
men al, es el ela o de las imp esiones que sien e la p o agonis a an e una se ie de hechos que
le lle an a es a in e na en dis in os sana o ios men ales, es un an icipo de su de eni más
p óximo, el suicidio, guiado po las cons an es c isis de esquizo enia: «en su la ga ida, ya ha
is o lo su icien e, que ya lo sabe odo y que no necesi a e más» (Zü n, 1971: 49), la mue e
supone pa a ella un empeza de nue o, su ida acaba pe o da comienzo una nue a, se lib a de
las a adu as que la ama an a una ealidad en la que ella no se iden i ica: «Cae de las nubes
donde an a gus o se sen ía, de un modo b u al y de ini i o» (Zü n, 1971: 55).
Sus nue as compañe as de u a p on o llaman la a ención de Unica, obse a sus ac i udes y
acciones se con ie e en un pasa iempo pa a ella, a a és de sus compañe as puede loga
en ende que le ha ocu ido pa a encon a se en aquel luga y cómo puede hace pa a sali ,
po que pese a que en apa iencia es a en Wi enau supone pa a ella una libe ación de su locu a,
p on o comenza á a sen i de nue o esa necesidad de libe ad:
Un llo a po que p on o se á el caso más céleb e que haya is o el mundo. La o a ha
emp endido una ma cha in e minable y se di ie e con cosas que nadie puede adi ina .
536
La e ce a se encuen a en el bosque de sus cabellos y al ez es é paseando po él. Y
ella piensa en los p ime os locos que io cuando e a niña. Y no e an pocos. No los ha
ol idado. En su ie na imaginación in an il causa on una imp esión imbo able. (Zü n,
1971: 57).
Compa e con idencias con una chica jo en que in en ó co a se las enas y lle a sus muñecas
endadas. Es a in e na, an e el co e de la sang e y la posibilidad de la mue e, llamó a los
bombe os: «Siemp e quise sabe qué aspec o enían los suicidas» (Zü n, 1971: 63), igno ando
que ella se con e i ía muy p on o en uno de ellos. O a compañe a se une a la e ulia, una
suicida que se a ojó con su hijo po la en ana po que había sido abandonada po su aman e: «
(¡Ah, qué gus o da ma a se y, de inmedia o, encon a se i a!)» (Zü n, 1971: 63), la cha la
p osigue, las es compa en sus miedos y expe iencias: « íen como locas» (Zü n, 1971: 65).
Es as ideas suicidas p on o se hacen ecu en es en los pensamien os de Unica has a que un
día decide in en a lo:
No iene ni la más emo a idea de dónde hay que co a , y los ozos de id io no son lo
bas an e a ilados. P ueba y p ueba, y ealmen e sien e co e la sang e. La habi ación
es á a oscu as, y le pa ece que las he idas son lo bas an e p o undas; es á casi
con encida de que, si se due me, an es de que se haga de día se hab á desang ado. Se
imagina que la encon a án mue a en su cama cuando ean sali la sang e po debajo
de la pue a. Con es as placen e as imágenes se queda do mida y al día siguien e
despie a en una cama llena de sang e. «Si llego a ene una hoja de a ei a …» (Zü n,
1971: 77).
Días an es de ob ene un pe miso lo in en a de nue o: «Cuando sube a la silla pa a me e la
cabeza po el lazo, e los ojos g andes y he mosos de dos ga os que la mi an ijamen e. Ella se
a e güenza an e la mi ada de los animales. Vuel e a la cama» (Zü n, 1971: 88). Jamás pudo
supe a el es ado men al que la pe u bó du an e décadas, ese desasosiego jun o a una nue a
«dep esión neg a» le lle ó a isi a a un psiquia a: « -Me sien o como en una cá cel- dice a un
psiquia a. Y él le esponde: Us ed es su p opia cá cel» (Unica, 1971: 125). Cie amen e lo ue.
Oc ub e, 1970, as un pe miso de cinco días, Unica se eúne con Hans Bellme en su casa en
Pa ís, incapaz de supe a su en e medad, se a oja po la en ana de la habi ación, a la edad de
54 años, an e los ojos de un Bellme
3
pos ado en una silla de uedas como consecuencia de
una hemiplejía, sin pode impedi lo, cumpliendo así su sueño de la in ancia: «Al pone in a su
ida Unica Zü n se uel e a encon a con la niña de P ima e a somb ía, abandonada po su
pad e, igno ada po su mad e y iolada po su he mano, se uel e la muñeca c eada po
Bellme » (Ma ínez, 2007: 212).
La ob a El homb e jazmín a del suicidio soñado al suicidio eal. Múl iples pe sonajes han
p o agonizado es a magní ica ob a au obiog á ica, ella, la p o agonis a, se ha acompañado
du an e su es ancia en F ancia, Alemania y en los sana o ios men ales de amigos, del homb e
jazmín, Hen i Michaux, Hans Bellme , de c ia u as excén icas y an ás icas, de sueños
inalcanzables, de compañe as in e nas –locas como ella– y de ella misma, Unica Zü n. La
elocidad de los hechos na ados acon ecen de o ma e iginosa a pesa de que hablamos de
un pe íodo de iempo ela i amen e co o, a ios años, desde el diagnos ico de la locu a y
pos e io in e namien o has a la libe ación, el suicidio. His o ia con ada po Unica Zü n a a és
de ese pe sonaje c eado pa a desliga se del ca iz au obiog á ico del ela o.
3
Hans Bellme allece cua o años más a de, pide se en e ado jun o a Unica. En la lápida se lee: «mi amo e
segui á en la e e nidad».
537
Unica Zü n ealiza en El homb e jazmín un e dade o eje cicio de exo cización y en sus dibujos
na a sus sueños, miedos y quime as, se abandona a la locu a, camina po sus bo des:
«Rep esen a un pode oso an ído o con a la idola ía í ola de la locu a p o esada po algunos
su ealis as» (Kalász, 2005: 1). En los años ochen a, in es igado as alemanas esca an su igu a
y ob a del ol ido, edi ando sus ela os y o ganizado g andes e ospec i as de su ob a plás ica
en Be lín, Bochum y B emen. Unica es conocida y eco dada como una a is a singula que
esc ibió p osas desga ado as, pin ó sus pesadillas y mons uos, amó desespe adamen e y se
hundió en la locu a. El homb e jazmín se alza como una ob a de con esiones,
CONCLUSIONES
Con la p e ensión de ealiza un eco ido po la ida y ob a de la a is a alemana Unica Zü n,
hemos podido obse a como es a elación se p esen a del odo insepa able debido al con enido
au obiog á ico de sus ob as, a pesa de que la au o a ocul e su iden idad bajo una e ce a
pe sona. Unica Zü n habi a en e el mundo eal y el imagina io, su men e y su incansable
imaginación le lle an a goza de cie o es ado de libe ad, esa que ella pe sigue a lo la go de su
ida y que ob iene con la mue e. Camina sin umbo po los bo des de la locu a, aquella que
busca en nume ables ocasiones. La in ancia es un pe íodo que ma ca á su ida, pues hemos
is o como ecu e a ella en sus ob as, sin duda ecue da es a época como «somb ía» pe o
quizá, su madu ez lo es oda ía más y inalmen e se e ugia en la mue e.
Unica Zü n ompe con los es igmas de muje - musa y aman e, se ab e camino en la his o ia
como a is a y no como compañe a, pese a sus colabo aciones con Hans Bellme o Hen i
Michaux. Unica es una de las a is as más desconocidas del siglo XX, po ello, el obje i o de es e
es udio es ayuda al conocimien o y di usión de su ob a, así como ambién a no maliza la
en e medad men al, ace cándonos a a és de la ob a de Unica a una expe iencia eal, iendo
como la a is a lucha con a el es igma de su en e medad, haciendo de ella su uen e de
inspi ación y c eación, aquella que le lle a a c ea una ob a esc i a al dic ado de su locu a: El
homb e jazmín, imp esiones de una en e ma men al. En ella habla sin pudo de la locu a, y u iliza
la palab a «loca» con o al libe ad pa a di igi se a ella misma y a sus compañe as, no se ocul a,
no huye de su es ado men al, como hemos dicho ecu e a él en innume ables ocasiones,
g acias a su imaginación abismal i e unas expe iencias únicas, an única como le hubie a
gus ado que ue a su ida, que sin duda hoy en día podemos a i ma que lo ue. Hemos is o la
ep esen ación del inconscien e, pues es e ela o «desnuda» su men e, sus deli ios di igen sus
acciones y pensamien os, siendo la esc i u a y el dibujo au omá ico los medios median e los
cuales Zü n exo ciza la locu a.
P ime o no quiso y después no pudo escapa del deseo de aden a se en los sueños, no pudo
enuncia a i i en el o o lado del espejo y eso ue, sin duda, lo que le lle o al suicidio en 1970.
El suicidio se con i ió en su úl imo juego, se dejó encon a po la mue e.
Se p e ende con es a comunicación con ibui a los es udios de muje es, ei indica su posición
en la his o ia y da a conoce ob as an magní icas como El homb e jazmín, quien se aden a en
el ela o no escapa a él, e a apa desde las p ime as líneas, como la p opia ida de Unica es
una mon aña usa, as una in ensa subida se p ecipi a una caída al acío a oda elocidad. Es
una ob a de ex emos, de con adicciones y de búsqueda del in ini o, sólo encon ado inalmen e
con la mue e. Unica Zü n, la p o agonis a encubie a de la ob a, es una muje independien e,
siemp e lo ue, desde su in ancia es dueña de su cue po y de odo aquello que de iene en su
538
ida, es una muje lib e, pese a su condena, y demos ó que las muje es se pueden gana la ida
median e la esc i u a, ella lo hizo esc ibiendo cuen os y ela os que ue on publicados en
dis in os pe iódicos alemanes y suizos, un cen ena de his o ias que hacen que la a is a se
man enga económicamen e, pos e io men e ecopilados en la ob a El apecio del des ino y o os
cuen os (2004) po la edi o ial Si uela
4
y, as su mue e con la publicación de la ob a que
analizamos en es a comunicación. Su ob a se con ie e, sin duda alguna, en un legado b illan e
que odas y odos debemos conoce y alo a .
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