La reciente mirada paleolítica: los primeros pintores de toros de la historia de la humanidad [Reseña]
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Fig. n.º 36.- Chip Walter: “Los primeros artistas” en National Geographic. España, enero de 2015. Revista de Estudios Taurinos N.º 36, Sevilla, 2015, págs. 235-239 En estos últimos meses han coincidido en los escaparates dos grandes revistas –National Geographic yTierras Taurinas– que han dedicado el grueso de sus propuestas a mostrar imágenes de toros con decenas de miles años de antigüedad, lo que permite afirmar con total seguridad que la imagen del toro acompaña al hombre desde el origen de los tiempos, es más, que se instala con fuerza en el origen mismo del arte. Los interesantes artículos que ambas publicaciones ofrecen son, LA RECIENTE MIRADA PALEOLÍTICA: LOS PRIMEROS PINTORES DE TOROS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD Fig. n.º 37.- André Viard: “El modelo simbólico francés” en Terres Taurines/Tierras Taurinas, julio-agosto de 2014.
Pedro Romero de Solis 236 en National Geographic, “Los primeros artistas” de Chip Walter, donde el autor señala que «la mayor innovación en la historia de la humanidad no fueron ni las herramientas de piedra ni las espadas de hierro, sino la invención de la expresión simbólica” (2015: 1, 3), y en Terres Taurines1,el que escribe André Viard, “Villars, Roc de Sers y Lascaux. Tauromaquias parietales”, donde anuncia que, a partir del último descubrimiento realizado en la Cueva de Villars de un hombre citando a un toro, pintado hace más 30.000 años, se está ante la composición figurativa más antigua hasta ahora conocida de una escena de Tauromaquia, pues en ella un hombre cita a un toro/uro con la intención de requerir su atención. André Viard prosigue su interesante artículo descubriéndonos que este mismo uro/toro/bisonte que se contempla en Villars será hábilmente burlado gracias a una riesgosa finta. representada en la pared de la Cueva de Roc de Sers, donde el artista aprovechó las anfractuosidades de la roca para dotar a la escultura de mayor aliento. A continuación el autor señala que en el fondo de un profundo pozo de la Cueva de Lascaux el artista representó la escena sacrificial definitiva, esto es, la correspondiente al tercer tercio –el tercio de muerte– de una presunta Tauromaquia paleolítica. Esta escena sacrificial forma un conjunto pictórico inquietante donde el artista reunió al uro/bisonte2 gravemente herido con señales evidentes de haber sido eviscerado, con el cazador/torero derribado –¿muerto?– rodeado de azagayas y propulsores tirados por el suelo3. 1Esta espléndida revista se publica simultáneamente en francés y en castellano y está dirigida por André Viard, matador de toros y director del. Observatoire national des cultures taurines con sede en Nîmes (Francia). 2Obsérvese que la encornadura del bóvido representado corresponde más a la de un uro que a la de un bisonte. Aceptado este criterio habría que revisar alguno de los numerosos bisontes de la Cueva deAltamira (Cantabria), que podrían ser uros. 3En este punto quiero expresar mis dudas sobre la interpretación de los paleontólogos. Parece más razonable interpretar el pájaro que está posado a la
Recensiones de libros 237 derecha del cazador caído como un ave zancuda que, por presentarse junto a un toro, identificamos con un espurgabuey o garcilla bueyera que, en España, por ejemplo, aparece siempre acompañando a los bóvidos en el campo. Para el pensamiento primitivo los pájaros gozan de la facultad de comunicación con el “más allá”, por lo que está muy bien traído por el artista a formar parte del grupo parietal. Darwin, en su Viaje en el Beagle, asiste al enfrentamiento entre un nativo y un oficial de la Marina inglesa por haber disparado éste sobre unos pájaros que posados flotaban sobre las aguas. Fig. n.º 38.- Tauromaquia paleolítica. Esta secuencia de arte paleolítico descubierto en el Sureste de Francia y realizado por artistas paleolíticos a lo largo de 6.000 años, es la que André Viard considera constitutiva de la Tauromaquia paleolítica. Fig. n.º 39.- La Venus de Chauvet, 31.000 a. C. Imagen descubierta en 1994. Fig. n.º 40.- Picasso: Dora y el Minotauro (fragmento), Dibujo realizado en 1936. París, Museo Picasso. a) Villars, c. 23.000 b) Roc de Sers, c. 20.000 c) c. 17.000 a. de n. Era.
Así, las escenas de Villars, Roc de Sers y Lascaux forman una secuencia donde están representadas las tres suertes que constituyen la secuencia sacrificial definida por la Antropología –la cita, la burla y la muerte–: de ahí que, al conjunto, el autor lo llame “Tauromaquia paleolítica”. Estas tres escenas, separadas por miles de años, conservadas en la mayor oscuridad, hablan de un mito recurrente a lo largo de esos miles de años del que nació, en el Sureste de Francia, el ritual de los juegos con el toro. Esta secuencia de imágenes, que representan la lucha milenaria entre el toro y el hombre, si hubieran representado a un Cro-Magnon tocando una flauta, como indica Viard con ironía, «se habrían convertido en el símbolo universal de la Humanidad» (2014: 8). El texto de “Tauromaquias parietales” amplía su búsqueda simbólica a los recientes hallazgos de la Cueva de Chauvet y se detiene en la Venus, que hasta hace poco tiempo parcialmente oculta por veladuras pétreas no había desvelado su secreto. Se trata de un toro que aparece asociado al sexo de la Diosa componiendo una de las escenas simbólicas más extraordinarias; más aún, este toro ostenta un brazo humano, lo que permite imaginar que puede tratarse de la primera imagen conocida de un Minotauro. Pero si este hallazgo fortuito nos sitúa, ya de por sí, en un ambiente de misteriosa iniciación, no digamos cuando recordamos que Picasso realizó el dibujo Dora y el Minotauro, una mujer desnuda que ofrece su sexo a un Minotauro (que aquí he reproducido) y constatamos, que lo realizó nada menos que ¡¡cincuenta años antes del descubrimiento de la Cueva!! ¿Cómo fue posible? El texto que sirve de pórtico al reportaje “Los primeros artistas” del n.º de enero de 2015 de la revista National Geographic, sirve para subrayar ese principio fundamental de la Evolución que hace de los símbolos la base de la invención y la transmisión del conocimiento. Y aunque los símbolos fueran, quizá, ya usados por los austrolopitécidos en su vía hacia la Pedro Romero de Solis 238
Recensiones de libros 239 humanización, no me cabe la menor duda que las imágenes que encuentro entre las primeras escenas de Tauromaquia fueron esos símbolos originarios que precisamente contribuyeron al desarrollo de nuestro pensamiento, que incluye por supuesto el del arte y el de la poesía. En la Cueva del Castillo de Cantabria, en una pared que enmarca el lecho fósil de un río que caudaloso corría en la oscuridad hace 20.000 años, está pintada a media altura una yegua herida con azagayas que inclina su belfo ansioso hacia el agua inexistente. Sin embargo, hoy día a veces, a consecuencia de grandes lluvias, el torrente vuelve a correr y el milagro a suceder de nuevo: sube la superficie del agua, vuelven las olas turbulentas que rozan de nuevo los labios sedientos de la yegua que vuelve a beber otro “último sorbo”. Ante esta escena no sólo asistimos asombrados al sentido poético y estético del primer artista, sino que admiramos la mente abstracta y simbólica que fue capaz de observar la realidad y representarla «con una imagen que fuera comprendida, interpretada y compartida por sus congéneres», pero también –y es lo más asombroso– “miles de años después”, por nosotros mismos (Walter, 2015: I, 1). Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos