Memoria de los trabajos realizados por este centro durante el curso de 1913 a 1914
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Wrm_ ATENEO de SEVILLA ESTE CENTRO DURANTE EL CURSO DE 1913 A 1914, ES¬ CRITA POR EL SECRETARIO DEL MISMO, DON JESUS BRAVO FERRER SEVILLA. Imprenta de J. L. AREVALO Calle de SAN ELOY, nüm. 16
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Persuadido de que una vez más me otorgaréis vuestra benevolencia, renuncio a solicitarla; a cambio de ella, os prometo que sólo voy a hacer una especie de extracto, de índice de memoria, tan sincero y tan breve co- EÑORES: mo me sea posible, ya que la abundancia del trabajo realizado me obliga a resumir, librán¬ dome de la penosa tarea de rebuscar materiales sin encontrarlos, a que han tenido que dedi¬ carse algunos de mis dignos antecesores. Nuestra labor puede dividirse en dos partes: una puramente administrativa, de orga¬ nización, de defensa de los intereses de la Sociedad, y otra de cultura y de arte. Respecto de la primera, puedo decir con satisfacción que, como ahora nos enterare¬ mos por lo que diga el señor Tesorero, nuestra situación, dentro de la modestia de los re¬ cursos con que contamos, es verdaderamente próspera; durante el año académico que hoy concluye, se han liquidado algunas deudas de varios años de fecha, como la de la Compañía Catalana de Gas y la de don Tomás Sanz, y se ha acabado de satisfacer el importe de la pianola; creo que desde este punto de vista tenemos motivos para estar contentos. Otros asuntos importantes, especialmente el del local donde hemos de instalarnos al terminar el contrato que tenemos celebrado con la propiedad de la casa que ocupamos, hemos creído oportuno dejarlos íntegramente a la Junta que hoy toma posesión, para que día resuelva. Ha sido un verdadero éxito la fundación de la revista Bética, nacida en el Ateneo y órgano del Ateneo, aunque no sea nuestra, creada por iniciativa de nuestro expresidente, el
Excelentísimo Señor Don Miguel Sánchezdalp y Calonge, admirablemente secundada por Don Félix Sánchez-Blanco; a ambos, así como a sus colaboradores, me es muy grato ren¬ dir público tributo de admiración, ya que el periódico no necesita elogios, pues todos lo conocemos sobradamente. Comenzó el curso con la ceremonia de costumbre, ocupando la mesa presidencial los Señores Cañal, Presidente Honorario del Ateneo; Conde de Aguiar, Presidente de la Real Acade¬ mia de Bellas Artes; Lupiáñez, Presi¬ dente de la Real Acade¬ mia de Medi¬ cina, y Sán¬ chez - Dal p (Don Miguel), Presidente del Ateireo', este último señor dió lectura a un precioso y aplaudidísimo discurso, so¬ bre el tema «El Ateneo como fuente de las ideas en el actual renacimien to sevillano»,del que copio los siguientes pár ratos: Excmo. Sr. D. Miguel Sánchezdtlp Ex-Presidente del Ateneo «La ciudad de las flores y de los na¬ ranjos, que perfuman las galas en que se recrea un sol de oro; la ciudad de los viejos monu¬ mentos, vesti¬ gios seculares de su gloria; la que encierra en su Museo las joyas de Murillo;la que como heraldo de su fama tie¬ ne la más be¬ lla torre del mundo,cuyas campanas musicales po¬ nen junto ' al cielo la can¬ ción de nues¬ tros fervores religiosos; la que en la casa del Ayuntamiento tiene la más hermosa obra ar¬ quitectónica del renacimiento; la de los palacios mudejares y las leyendas doradas, cuyo re¬ cuerdo evocan cada calle, cada rincón, cada patio; la que es cuna y escuela de la clásica fies¬ ta de toros, hermosa porque es fiesta de luz, de vigor y de arte; la que es patria del Príncipe de los pintores y de incontables genios, que trazaron su impecable y eterna ejecutoria artística; la que constantemente ponderó en la historia nacional; la que si se le orienta bien puede lle¬ gar a ser en breve plazo el cerebro de Andalucía; la más importante ciudad comercial deí Sur y uno de los mejores puertos de Europa; la que se prepara para celebrar la Exposición Hispano-Americana, fiesta del arte, glorificación del trabajo y manifestación grandiosa deí genio y del esfuerzo humanos... de esta Sevilla que contiene todos los elementos para al- 4
canzar las mayores prosperidades, he de hablaros yo también, relacionando el Ateneo con el porv¿nir déla ciudad, pues a mi modo de ver, de este Centro, convertido en escuela de iniciativas, es de donde deben salir los campeones de su renacimiento. Aquí, en esta casa, donde se congrega lo más florido de la intelectualidad, donde bu¬ llen las juventudes artística y literaria y se respira un puro ambiente de optimismo, que aún no se contaminó con el frío glacial-de la indiferencia callejera, aquí , debe constituirse el cen¬ tro de las ideas y la fuente madre de todo pensamiento en bien de Sevilla. De aquí deben salir los directores de la sociedad y con sus vastos conocimientos mo¬ delar en el alma del pueblo el alma de su grandeza futura; ellos serán los regeneradores de esta hermosa tierra que, por sus maravillosas condiciones naturales puede ser llevada con un supremo esfuerzo al mayor grado de vida y de potencia productiva; los que, sustrayén¬ dose a los efectos de la losa de plomo que cohíbe los movimientos y obliga a persistir en una vida vegetativa, han de convertirse al espíritu práctico que reclaman las orientaciones modernas, para acudir a todo, indicando las necesidades regionales con la base de un plan que en derechura lleve al apogeo, sin que haya desmayos ni interrupciones; exigiendo a los grandes hombres la inversión del tiempo en provecho general; yendo a estudiar de otros pueblos lo útil y de aplicación inmediata al nuestro; concluyendo con la actual labor infecun¬ da de las Diputaciones y los Municipios, donde se pudren las energías como las aguas en los pantanos; formando la base agrícola y pecuaria de esta región, y guiando a la Patria y a la Monarquía por los derroteros del bien común, con una actuación directa en todo lo que representa actividad. Seréis vosotros los que reglamentaréis la prensa; los que influiréis para la termina¬ ción del puerto y el plan de riegos, y para crear grandes centrales generatrices de fuerza eléctrica económica para explotar las masas carboníferas de esta regjon; los que proclama¬ réis la necesidad de montar grandes cámaras frigoríficas para la conservación de las carnes, pudiéndose así sacrificar el ganado en la mejor época del año, con las ventajas, superiores a todas, de expender el producto a precios más económicos y tenerlo en disposición de ve¬ rificar su transporte a los mercados nacionales; los que crearéis un Museo en Triana, que sea el renacimiento de sus artes cerámicas. Corresponde a vosotros estudiar el problema de las Aduanas, si son convenientes © no, y en este caso, el medio de substituirlas; si el fomento del turismo ha de ser obligación del Estado, de las Diputaciones o de los Ayuntamientos; los medios más prácticos para la conservación de los caminos, arreglo de los actuales y construcción de los que hacen falta; popularizar el fomento de la arquitectura, la música y la literatura con caracteres propios; inculcar la necesidad de las prácticas gimnásticas y de natación, que son la salud del cuerpo y de su vigor; discernir la conveniencia o desventaja de llevar los asilos y hospicios a las orillas del mar, donde son salutíferos los aires y la alimentación más económica, y asi¬ mismo la casa de maternidad acercarla a los montes, donde las leches alimenticias y los aires son más puros; el alejamiento de las cárceles y hospitales del núcleo de las poblacio¬ nes, como se hizo con los cementerios; el de la conversión de las Universidades y los Institu¬ tos en colonias docentes situadas en pleno campo, cuyo sosiego no presenta al estudio la hostilidad que la inquietud de las grandes urbes opone a las inteligencias.» Continuó el señor Sánchezdalp preconizando la necesidad de procurarse en el orden artístico retrospectivo que las catedrales, palacios y alcázares sean museos enriquecidos con 5
los objetos próximos a perderse; la creación de escuelas al aire libre, e impulsar el estudio de la agricultura. En el orden de las ideas, enseñar al pueblo que nada implica variar la forma de Go¬ bierno, siempre que las renovaciones no se hagan mirando al bien de la Patria. «Para ello sólo se necesita en el orden espiritual lo que a vosotros os sobra: cora¬ zón y entendimiento. En el material, acaso que la propia Ciudad por la que habréis de desviviros, subven¬ cione al Ateneo y os ayude a crear sindicatos de iniciativa. Urge un llamamiento previo a los directores de Sevilla para que acoplen su marcha a la vuestra, dejando de dormir y dedicando su tiempo a engrandecer la ciudad. Y antes que nada, un llamamiento a nuestros propios corazones para que se aceleren en la fiebre anhelosa de conquistar la consideración a que tenemos derecho como trabaja¬ dores y promotores de un esfuerzo que colocará a nuestra Sevilla amada más allá de lo que podamos soñar. Miremos al pasado, que puede darnos elementos para preparar la grandeza futura, y hagamos obligatorio el culto a nuestro ideal en un trabajo creador que centuplique las fuer¬ zas.y satisfaga ampliamente las necesidades del pueblo, como esperanza de encarnar en la realidad la concepción gigante de nuestros afanes.» T a sección de Música inauguró sus tareas con un concierto de piano por la bella señorita Margarita Moreno, la cual interpretó magistralmente la Sonata patética, dos Arabes ; eos, de Debussy; la Serenata Andaluza, de M. Falla, y Nocturno e Improntu, de Chopín- en todos estos números y en algunos más fuera de programa, la señorita Moreno nos de¬ mostró que es tan excelente artista como simpática mujer. Corroboró este juicio en otra conferencia musical acerca de Schumann, en la que co¬ laboraron dicha señorita y Don Rogelio Buendía Manzano, el cual dijo entre otras cosas: «Roberto Schumann es un músico tan poeta como músico. Nació en Zwickau el 8 de Junio de 1810. Su padre, librero de dicha ciudad, no pretendía hacer de su hijo un gran mú¬ sico sino un mediano aficionado. La vida de Schumann es una vida como todas las vidas, con sus alegrías y sus tris¬ tezas, alegrías y tristezas que se retratan en sus composiciones como en un remanso la fronda de la orilla y las nubes del cielo. La obra de Schumann es el retrato de Shumann, dice Schneider. Pocos de los músicos han sido tan completamente subjetivos ni han desgranado sus alegrías ni han confesado sus angustias con tan genial ingenuidad como Roberto Schumann. Fue nuestro músico iniciado en su arte por Kunts, organista de la iglesia de Zwickau. A los siete años compuso varios trocitos que tituló «Alegrías de las jornadas de un 6
Srta. Margarita Moreno ■ escolar». ¡Lástima que no se conserven esos fragmentos infantiles que tanta gracia e inge¬ nuidad atesorarían! Leyó a Byron, a Richfer; se extasió con Schulze y con los poemas en¬ fáticos e imaginativos de Sonnemberg. La literatura jamás se separó de Schumann que, sugestionado por Heine, se revela en su iniciación co¬ mo un poeta, para luego encajar su poesía intensa en las notas admirables de su música-poesía. A los diecisiete años se siente enamorado de dos bellas jóvenes que tienen el encanto de ser los extre¬ mos artísticos y éticos. Estudió Derecho en Leipzig, ado,nde, a la muerte de su padre, fue enviado por su tutor. En Leipzig conoció a su maestro Federico Wieck, padre de la que después había de ser su esposa. Schumann era refractario a su carrera de aboga¬ do, y en 1828 escribía a su madre que si aquí en el mundo había de hacer él alguna cosa buena, sería en la música. Entonces fué cuando, ya decidido en sus aficio¬ nes, trabaja grandemente por ser un buen pianista. Amarra el dedo anular para dar fuerza al meñique y, como efecto, se le paraliza el dedo anular, que en mucho tiempo no recobró su sensibilidad perdida. En 1831, Shumann funda una revista con el título de Nueva Crónica musical , adon¬ de se prodiga como un gran crítico bajo los seudónimos de «Florestán» y «Eusebios», arremetiendo valientemente contra el fariseísmo reinante en aquella época en que la escue¬ la italiana decadente hacía sus estragos artísticos por todo el mundo. En 1836, Shumann, después de su desengaño con Ernesta Fricken. pide la mano de Clara Wieck a su maestro Federico Wieck. El padre rehúsa rotundamente la proposición, y entonces Schumann entra en la más desolada deses¬ peración. Sus cartas a la amada son de una tristeza rayana en el desequilibrio y, cuando su espíritu veía un resquicio de esperanza, cincela para Clara sus «conciertos», sus «sonatas», sus «Noveletas», sus «Kreisleriana»... Por fin Wieck, en 1840, cede a los repetidos rue¬ gos de los amantes, y desde entonces Schumann deja escapar su inspiración de compositor musical y poéti¬ co en un raudal de «lieder», de pequeñas y grandes composiciones que tienen sol de tarde, tranquilidad de Srta Agueda Téllez hogar, arrullos de niños, poesía suave de felicidad terrena. Clara Wieck, la compañera de arfe del maestro, era su mejor intérprete y hasta su mejor colaboradora. - 7 —
período histológico y anatómic o, y luego Gastón Bonnier, que representa el fisiológico. Describe a grandes rasgos la notable personali¬ dad de este último sabio, y da lectura al extracto de su hoja de méritos y servicios, de donde re¬ sultan más de cuarenta años de estudios cientí¬ ficos, y treinta y siete de trabajos botánicos. No podemos seguir en todos sus detalles esta parte de la conferencia; pero sí transcribire¬ mos la siguiente nota, que a manera de progra¬ ma de esta parte fundamental de su trabajo leyó el conferenciante: Divide los trabajos en dos grandes grupos: A) Fisiología y Anatomía experimental, que se subdivide: Primero.—Estudios acerca de las relaciones entre las flores y los insectos: nectarios. Segundo.—Parasitismo. Simbiosis. Tercero.—Anatomía experimental. Cuarto.—Influencia de la presión en los ve¬ getales. Quinto.—Vida lenta. Calor desprendido. Retablo de Nuestra Señora desconsolación Cambios gaseosos. Sexto.—Anatomía. 5)__Geografía ¡botánica y. botánica des¬ criptiva, que¡se subdivide: Primero.—Distribución de las plantas en las montañas. Segundo.—Observaciones sobre las plan¬ tas de Escandinavia. Tercero.—Flora de Francia. Trató también en esta parte de la confe¬ rencia de la invención* del aparato Bonnier Mangin, para análisis de los gases contenidos en los tejidos vegetales, haciendo su descrip¬ ción e insistiendo sobre su utilidad, como ba¬ se fundamental para los estudios de fisiología vegetal. Ultimamente hizo la historia de los labo¬ ratorios de botánica de la Sorbona, y se detu¬ vo, especialmente, en lo referente al de Avon, dependiente de ella, e instalado en el bosque de Fointainebleau, y que es el primero creado de esta clase dedicado a la botánica y del que han salido ya notables trabajos de inves¬ tigación verificados por alumnos de todas na- Un detalle del altar mayor de la parroquia de Santa María — 14 —
cionalidades. Dedica un recuerdo a Mr. Dufour, adjunto del Laboratorio de Avon. Terminó con un párrafo haciendo constar su gratitud al profesor Bonnier, y ensalzando la importan¬ cia y necesidad constante de las relaciones científicas e intercambio de ideas y conocimien" tos entre todos los países, y en especial entre los fronterizos, para el progreso científico. Por último, el entonces Gobernador Civil de la provincia, don José de Igual, diser¬ tó acerca del tema «Aprovechamiento de las fuerzas naturales». Tras un breve exordio, comenzó diciendo que en la Naturaleza existe la materia y la energía que existe en todos los cuerpos que pueden desarrollar fuerza, movimiento; no se concibe la una sin la otra, aunque sean completamente distintas, y esta energía puede aprovecharse transformándola por medio de motores y otros aparatos. El hombre primitivo sólo aprovechó la energía vital, admirándonos las pirámides de Egipto y otras obras realizadas con el esfuer¬ zo personal o, cuando más, de los anima¬ les. El hombre, además, trató de aprove¬ char las ener¬ gías natura¬ les, y la pri¬ mera de ellas fue el viento, primero pa¬ ra el arras¬ tre de los bar¬ cos, después para mover las aspas de Iglesia parroquial de Santa María los molinos; luego las co¬ rrientes de las aguas; con estas dos energías mu¬ chos siglos transcurren, hasta llegar al Renacimiento que es utilita¬ rio , en con¬ traposición de la civilización griega , que fué puramen¬ te artística. Descubierta la pólvora, a fines de la Edad Media, se trató de buscar una fuerza, una energía que fuese más aprovechable; se conocían telares, barcos, etcétera; pero todo se movía a brazo, necesitándose descubrir un motor para librar al hom" bre de estos trabajos; en el siglo XVII inventóse el primer motor de pólvora, aprovechando la fuerza expansiva de aquélla; pero no pasó de la teoría. Años después, Papin, viendo cocer un puchero, cuya tapa se levantaba, pensó uti¬ lizar el vapor en lugar de la pólvora, llegando a construir su primera máquina de vapor, que puso en una pequeña lancha, que fué destruida por los pescadores, sin ensayarla; va¬ rios físicos continuaron estos trabajos, hasta llegar a Watt, verdadero inventor de la máqui¬ na de vapor en el siglo XV111. Es tal la importancia de esta máquina, que las regalaban, a condición de que en¬ tregasen el 50 por 100 de la economía de vapor. Viene después el invento de la locomotora y el de la navegación a vapor, llegando a implantarse en 1829 el primer ferrocarril, des- 15
pues de vencer grandes dificultades; Fulton inventa la navegación a vapor, explotada en los Estados Unidos. Un material de energía es el carbón de piedra; Lebón había descubierto también los motores de gas, sin llegar a resolver el problema, el cual fue resuelto por Otto, a fines del siglo XIX; hay que citar también el motor de gas pobre. La rueda movida por el agua fué insuficiente, y por eso se inventó la turbina, con la que se aprovechan saltos de agua de miles de metros que pueden ser transportados a muchos kilómetros; esta energía procede del agua y del sol. No está aún resuelto el aprovechamiento del aire, por la irregularidad de sus mo¬ vimientos; pero a más de estas energías hay otras, como la del petróleo y sus derivados; la gasolina, que se utiliza como el gas; hay otras energías que todavía no sabemos utilizar, como las mareas, que se aprovecharán con el tiempo; la energía solar, que representa gran número de calorías, que hoy tampoco se aprovecha; el calor del centro de la tierra y otros. A pesar de todos los adelantos, queda mucho por hacer, tanto que del carbón sólo se aprovecha el cinco por ciento de energía: sin embargo, con esto se ha suprimido la es¬ clavitud y se ha librado al hombre de muchos trabajos, habiendo resuelto estos problemas no los políticos ni los sociólogos, sino los hombres de ciencia. Después de esto, dijo que se sentía gobernador, y que así como se había dominado a las fuerzas naturales que se utili¬ zaban en nuestro provecho, debíamos disciplinar nuestra voluntad y nuestras fuerzas inte¬ lectuales, ya que somos un pueblo impulsivo. Por último, se despidió con un sentido párrafo, en el que dió las gracias a todos los concurrentes. Coro de la iglesia de Santa María 16
El numeroso público que llenaba el salón de sesiones aplaudió y felicitó al distin¬ guido conferenciante. Es para mí muy grato hacer constar en esta Memoria el hecho de que la primera autoridad civil ocupe la cátedra de un centro de cultura, aunque sea tan modesto como el nuestro. omenzaron los trabajos de la Sección de Medicina con unas breves y elocuentes frases de su presidente, don Mauricio Domínguez Adame, ofreciendo su buena voluntad para el mejor éxito de los mismos, y anunciando que de las tres clases de trabajos que pueden realizarse en estas academias, doctrinales, conferencias y notas personales, debe darse la preferencia a estos últimos. Seguidamente el secretario, doctor Salvador y Gallardo, leyó una Memoria acerca de la Gonococia, desde el punto de vista social. Comienza diciendo que esta clase de enfer¬ medades deben dejar de ser secretas y vulgarizarse su conocimiento, para destruir prejuicios que muchos tienen. Hizo un paralelo entre la lucha contra el cáncer y la tuberculosis y la lu¬ cha contra la sífilis y la blenorragia, deduciendo que estas enfermedades son más comunes que las otras por germinar su causa en todos los terrenos. Trata de la historia de la gonococia, diciendo que es tan antigua como la Humani¬ dad, y describe a continuación el gonococo y después la uretra. Seguidamente trata de la profilaxis, tanto individual como social, declarándose par¬ tidario de los reconocimientos frecuentes, tanto clínico como microscópico; canta las exce¬ lencias de la castidad, y termina invitando a los compañeros a que den su opinión sobre el trabajo leído. Esta Memoria fué discutida por varios ateneístas, así como algunas notas clínicas, presentadas por el mencionado doctor Adame. El doctor Suárez Torres, médico militar, leyó en esta Sección otra Memoria, titula¬ da «Plan razonado de una campaña antituberculosa en Sevilla». Dicha Memoria, que fué pre. miada en los Juegos Florales de 1911, está dividida en dos partes: una que trata de la etio¬ logía de la tuberculosis, y otra, del plan de una campaña antituberculosa. La primera parte se subdivide en dos: semilla y terreno, y al ocuparse de éste tra¬ ía de la sífilis, del alcoholismo, de la insuficiencia de la alimentación y de las viviendas insalubres. La segunda parte consta de cuatro capítulos, dedicados a la oportunidad del diag¬ nóstico: el polvo como vehículo tisiógeno, la declaración de casos tuberculosos y la vivien¬ da insalubre y la casa higiénica. Es de esperar que esta Sección continúe durante el curso próximo venidero ei ca¬ mino que le marca su presidente, con más empeño aún que durante el que hoy termina. 17
I a Sección de Ciencias Morales y Políticas inauguró sus trabajes haciendo uso de la pa~ labra su presidente, don Mariano de la Sota y Lastra. Dijo el "señor La Sota que la sección que preside es la que más campo abarca de todas las del Ateneo. Anunció que en breve empezaría la discusión de la Memoria de don Blas Infante sobre «El Ideal Andaluz», en cuya controversia tomarían parte, además del vicepresidente de la sección, señor García y Rodríguez de Aumente, los señores que lo deseen, abogando por que al final elevaran a los poderes públicos las conclusiones a que se llegue. Habló del problema social, haciendo referencia a ese deseo noble de cierta parte de la sociedad, que pretende llegar a un mejoramiento que nunca alcanzará, y dice que si la clase aristocrática va al precipicio, también el pueblo, si no se le detiene en el camino de la revolución, nos llevará a la tiranía. Señala como único remedio para evitar este mal la educación del obrero en el res¬ peto a Dios. Se extiende en consideraciones acerca del sufragio universal - , afirmando que está falseado por la política, mostrándose partidario del voto cualificado. El señor La Sota, al terminar su discurso, recibió muchos aplausos y felicitaciones. Don Manuel Rabadán disertó acerca de «Las Mancomunidades» con gran profun¬ didad y conocimiento de la materia, siendo muy felicitado por los concurrentes. Don Blas Infante, después de un breve discurso de don Salvador García y Rodrí¬ guez de Aumente, dió lectura a su Memoria «El Ideal Andaluz». Los comentarios que exije esta Memoria no cuajan en ésta por el poco espacio de que se dispone; por eso me limito a transcribir unos párrafos y a hacer constar mi deseo y casi mi seguridad de que durante el curso próximo venidero se dará a la discusión de este trabajo el valor que merece, por la importancia del asunto, por la maestría con que está tra¬ tado y por la oportunidad con que se plantean los problemas que más justamente preocupan en España y en Andalucía: «Cuestión sobre la existencia de la personalidad de Andalucía . — Parece paradógico que se hable de ideales*con relación a existencias problemáticas; pero tal es, en ge¬ neral, el estado actual de las conciencias. En el matiz de éstas, donde concluye la afirma¬ ción de los imperativos individuales, y van a dibujarse los colectivos, alienta una vaga as¬ piración: «Andalucía debe cumplir un ideal como realidad distinta y completa; como unidad espiritual, viva, consciente, libre». Y la sombra de una duda esfuma también su vaguedad en ese matiz. «¿Andalucía existe?» He oído muchas veces expresar esa aspiración y esa du¬ da... Mas, desde luego, se observa que sobre la duda domina la afirmación. Es una aspiración, es un ideal, para los andaluces, la Andalucía de alma robusta, fuer¬ te y prepotente, la Andalucía culta, industriosa, feliz, que ha de imponer el encanto de su genio en la realización del ideal español; pero la Andalucía debilitada, la del alma postrada y expandida, saturada de tristezas, mustia, sin sangre ni calor, la Andalucía a la cual ape¬ nas se le encuentra el pulso, esa Andalucía existe, su realidad es indudable. El genio de un pueblo descenderá con él hasta los abismos de la más espantosa decadencia; pero sólo con la vida de ese pueblo puede llegar a perecer; y recíprocamente, sólo se puede decir de un pueblo que ha muerto cuando su genio se ha perdido. Pues bien: la vida original, cuya continuidad perpetúa el genio de su antigua ascendencia, es alentada todavía por el pueblo andaluz. 18
Vista general del salón de la Exposición de Pinturas El pueblo andaluz: su existencia histórica . — E l espíritu de un mismo pueblo ha flotado siempre, flota aún, sobre esta tierra hermosa y desventurada que hoy se llama An¬ dalucía. Su sangre ha podido enriquecerse con las frecuentes infusiones de sangre extraña; pero sus primitivas energías vitales se han erguido siempre dominadoras: no han sido ab¬ sorbidas como simples elementos nutritivos por las energías vitales de una sangre extranjera. Tartesia pudo ser sometida, pero no muerta por cartagineses y romanos; cuando éstos se apoderan de España entera, su personalidad es, en Bética, reconocida. Ella se de¬ fine con trazos vigorosos sobre toda la complicación regional existente en el resto de Ibe¬ ria... También la Bética es reconocida por los godos. Los árabes hacen de ella el centro de dominación de España; y se da el caso elocuentísimo de que no obstante el fraccionamiento de los Jaifas, y a pesar de reconquistar los cristianos a pedazos, y con intervalos grandes de tiempo, el territorio de Andalucía, ven y respetan en ella a la antigua Bética, reconocien¬ do tácitamente su unidad. Y así ha llegado hasta nosotros, a pesar de haber sido combati¬ da por algunos ensayos de organización artificiosa. ¿Qué significa el hecho de esta constante demarcación? ¿Es sólo una consecuen¬ cia de la obra natural que diseñó con cordones de montañas y cavó con la fuerza de los ríos el recinto inconmovible de las legiones? No: porque aunque este elemento sea una ba¬ se frecuente de formación de los pueblos, ni ella es bastante para determinar por sí sola la unidad de éstos, ni resiste a las expansiones o recogimiento de los mismos, que‘muchas veces la desconocen. ...Hay por tanto que admitir, puesto que se ha demostrado con nuestra misma His¬ toria, que pudiéramos llamar geográfica, que para determinar el recinto de las regiones no 19
bastan los límites geográficos, sino que éstos se subordinan al predominio de los matices étnicos y psicológicos; que ese constante reconocimiento tácito o expreso, pero siempre elocuente de Andalucía, no es debido a la existencia de una comarca natural, sino a la exis¬ tencia de un pueblo, representante de un genio particular, cuya continuidad ha sido respeta¬ da por los azares de la vida. El genio andaluz: sus revelaciones positivas y sus estigmas . — El fondo del ge¬ nio andaluz está constituido por el optimismo griego, resultante de una más o menos defi¬ nida concepción del ideal humano, que eleva la conciencia de la propia dignidad y satura el espíritu con la esencia bendita de la santa e intensa alegría de vivir. Una exagerada aunque vaga noción, casi un sentimiento de aquella dignidad y un apasionado sentimiento de esa alegría, constituyen el primer fondo característico del genio andaluz; inmmediato efecto de la exaltación imaginativa, producida por el choque libre y recíproco de una psicología optimista y del atractivo o belleza de un medio risueño. A través de esa exaltación de la dignidad, el alma se traduce en una fastuosidad paradógica, por su carácter sencillo, resultado del conocimiento y atribución de la misma dignidad a los demás hombres. Esta fastuosidad es típica, exclusiva. Se revela en el denominado «rumbo» anda¬ luz; en la exageración de las determinaciones generosas, producidas con. encantadora sen¬ cillez, de las cuales ofrece la historia de Andalucía, ejemplos únicos de una increíble originalidad. Del apasionado sentimiento de la alegría de vivir proviene su festivo humorismo. Por no penetrar este carácter ha sido este humorismo tachado de manifestación superficial. Alfonso Cañaveral.—Buñoleras 20
Pero sin esa base no puede comprenderse la verdad, que es ésta: En Andalucía una sonrisa es el mejor símbolo de la fe. Consecuencia de los dos extremos que hemo3 expuesto son: del genio alegre, el amor, y de la exaltada dignidad, el respeto a la vida y personalidad ajenas. Y si el primero Gonzalo Bilbao.-Retrato de su hermana doña Flora Bilbao de Rebolledo 21
produce el humanitarismo, el sentimiento de solidaridad ante la desgracia, el segundo es el fundamento de la democracia, madre de la libertad. Producto de la exaltación imaginativa es, además, la vehemencia, que cualifica to¬ das las citadas determinaciones; y el repentismo, alma del ingenio andaluz. Tal es la psicología andaluza, tal*como la encontramos hoy, despojada de sus principales estigmas, que corresponden a la accidentalidad del momento histórico. Y esta psicología es de siempre, revelándose en los hechos donde coinciden las grandes condensaciones históricas. La existencia de esta personalidad está, además, demostrada por el universal reconocirriíento. Todo el mundo distingue un espíritu gallego, catalán, aragonés, castellano, y, precisamente, al distinguir el espíritu andaluz es éste de los que más se hacen resaltar. Para ser una región, Andalucía no necesita de «lengua» propia. ¿La tiene Aragón? Si hay naciones que no tienen lengua propia, ¿no han de existir regiones con ese requisito? Ni necesita haber creado un «derecho». Andalucía entra en las actuales condicio¬ nes político-jurídicas, como las demás regiones españolas. Pero entra por conquista, no por voluntaria agregación. Aquéllas pudieron conservar.el derecho coi respondiente a su aislado desenvolvimiento. Pero tanto la una como las otras, después de su sometimiento, ¿han po¬ dido crear uno nuevo? Pero el genio andaluz se revela en el arte... Hay pintura andaluza, música anda¬ luza, teatro andaluz... Andalucía existe. No es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado. O ección de literatura. — Don Miguel Romero Martínez leyó varios fragmentos de la obra ^ de don Pedro Raída «Ensueño y Realidad» y unas cuartillas presentando a este señor, de quien hizo grandes elogios. «...Es Pedro Raída — d ijo el señor Romero — u n extranjero, austríaco de nación, que por su larga residencia en España, y más particularmente en Sevilla, «la ciudad de los amores», tierra donde aprendió a querer y formó su hogar y fijó para siempre su vida, por sus profundos conocimientos con nuestras letras clásicas y por los fervores que le inspira todo cuanto a Sevilla y a España se refiere, puede hoy considerarse tan español y tan sevi¬ llano como nosotros. Raida, modelo de hispanizantes y aun de españoles, ha aprendido el castellano por parecerle la lengua más noble y hermosa para la expré§ión del pensamiento*, y su ma-. yor mérito es el de ser un autodidáctico; como escritor se nós brinda con un ingenuo y pu¬ ro corazón de poeta, todo lirismo, sinceridad y erudición; el libro «Ensueño y Realidad», dietario de sentimental,y de artista,.¡ ncfe lt fb mu-éS'fra eh ¿ü aspecto más personal y sin¬ tomático.» 22
Los fragmentos a que dió lectura el señor Romero son los titulados «Los libros», «Los poetas», «Las campanas», «La lluvia», «El otro», «Civilizar», «Mi biblioteca», «El mejor amigo», «El castillo feudal» y «Esperanza eterna». Inseríamos a continuación los siguientes fragmentos: «EL OTRO Dexadme llorar orillas del mar. Góngora. La madre— ¡Qué dolor verle tan triste, hija mía! La niña .—Por quien no lo merece, madre. La madre .—jY aún lo lloras...! ¿Por qué no te asomas a esa ventana, donde por ti suspira un hombre que es todo bondad y es todo galanura? La niña. — Dejadme, madre..., dejadme... por Dios... La madre .—¿No te asomarás siquiera una vez? ¿No halagarás siquiera con una sonrisa al que por lu cariño ronda la calle noche y cía? ¿O es que siempre la sombra del otro...? La niña .—¿Y sabéis, por ventura, madre, quién es en mi corazón el otro? La madre .—Bien se me alcanza; pero ese ya se fué para no volver... Gustavo Bacarisas—Dos gitanas 23
cumplió durante muchos años. A los filipinos se les entorpecían sus deseos de cultura, hasta el extremo de que para venir a Europa a estudiar, muchos tenían que valerse de disfraces. Tal -estado de cosas motivó la formación del famoso Katipunán, sociedad secreta, al principio, pero que ^después se fazo pública y con carácter benéfico. Una de las cosas que por entonces alarmó más a la opinión fué la divulgación de una ceremonia para el ingreso en dicha Asociación. La transfusión de la sangre, costumbre muy arraigada en aquellas islas desde los tiempos de la conquista, en que Malcio, cacique máximo, agradecido por los favores recibidos de Legazpi, quiso hacerse español, sellando el pacto con la transfusión de la sangre del tagalo y el español, por pequeñas heridas en el antebrazo derecho de ambos. Dió lectura a trabajos en prosa y verso de literatos filipinos, encomiando a la ma" dre patria y al idioma castellano, del que dice que no está ni estuvo lo extendido que debie¬ ra a causa de los esfuerzos de las órdenes religiosas, que así conservaban más vigorosa su influencia sobre los tagalos, al punto que siendo ministro de Ultramar don Mannel Becerra declaró en las escuelas oficiales la enseñanza del español y no se cumplió. Hoy, a pesar de los esfuerzos de los dominadores por imponer su idioma, el inglés, apenas si lo consiguen, publicándose los periódicos en dos idiomas, en español y en tagalo. Por algunos oficiales filipinos del ejército español se formó una Sociedad para el fomento del habla castellana en aquellas islas, de la que el conferenciante fué presidente, sin resultados prácticos por la falta de apoyo oficial. Terminó diciendo que puesto que se conserva en aquellas lejanas tierras el afecto a España y a su idioma, es labor patriótica contribuir a que no se pierda, sino que se esti¬ mule, entrando en relación con aquellas regiones, para que el día no lejano en que se cele¬ bre la fiesta de Cervantes y acudan representantes de aquellos países, que vean no somos indiferentes al cariño y deferencias que nos conservan. Al final, el conferenciante fué muy aplaudido y felicitado. El novel poeta don Antonio Rodríguez de León dió a conocer las primicias de un libro de poesías. Previamente, el señor Muñoz San Román hizo la presentación, enalteciendo su labor y su modestia. Ambos fueron muy aplaudidos. A continuación publicamos un soneto del señor Rodríguez de León: «A una mujer maestra en el arfe de fingir Creyendo que me amaras algún día combatí con afán tu escepticismo, y he visto que guardabas con cinismo un corazón que ríe en su agonía. Tú vives con la vil hipocresía y guardas, con tu frágil heroísmo, un alma que sustentas con el mismo dolor que ha de matarte, la falsía. Sigue luchando por amar fingiendo, que poco a poco acabarás teniendo un corazón, que a su dolor inerte, aún luchará como si fuera fuerte para salir, en su poder, venciendo al imperioso influjo de la muerte.* 30
El doctor don José M. de Puelles disertó acerca de «Impresiones de un viaje a Londres», auxiliándose del aparato de proyecciones y exhibiendo numerosas diapositivas obtenidas por el conferenciante. Retráto de la Srta. E. V., por Santiago Martínez 31
A continuación insertamos unos párrafos de dicha conferencia: «El día 13 de Agosto era el señalado para las excursiones a Cambridge, a Oxford y a la tierra de Shakespeare. Los billetes los facilitaba la Agencia Cook, por módico precio, en el que iban in¬ cluidos todos los gastos, siendo limitado el número de excursionistas. Completos los de Oxford y Shakespeare ’S Country, nos incribimos, con ocho días de anticipación, entre los excursionistas a Cambridge, y si no pudimos evocar la figura del gran poeta, visitando su ciudad natal, ni la célebre Universidad del condado de Oxford, fundada en el siglo xiii, dis¬ frutamos, en cambio, de una agradable excursión a la no menos célebre Universidad de Cambridge (Colegio Real), al Trinité College y al Caius, de cuyo profesorado había parti¬ do la invitación. A las once y cincuenta y cinco, en punto, salimos de Liverpool Street Station, en un tren compuesto de cinco vagones-restaurants, una cocina, tres coches de viajeros de ter¬ cera, pero jqué tercera!, uno para equipajes y otro con lavabos, ciento treinta congresistas, llegando a Cambridge a la una y diez, hora convenida de antemano. En la hora y media que aproximadamente duró el viaje, disfrutamos de encantador panorama. Los alrededores de Londres corresponden a la belleza de la población y están sembrados de jardines, huertas donde se cultiva con una pulcritud desconocida en las nues¬ tras, y bellas casas de recreo. Extensos prados donde pastan rollizos animales y largos ca¬ nales que fertilizan la tierra. De todo esto disfrutamos sentados en los coches-resíauranís, donde nos sirvieron un abundante y exquisito almuerzo, «lunch» o como se¿quiera llamar, y nos obsequiaron con unas elegantes carpetas con calendario, lápiz, postales, papel de escribir y secante. En Cambridge nos esperaban profesores de los Colegios y tres ómnibus automóviles. Nos clasificaron por idiomas, y empezamos la visita de la población. De nuestro grupo formaban parte la hermosa polaca que tanto nos entretuvo con sus amabilidades en Windsor, y su paciente marido. La insinuante polaca llevaba ya su in¬ dispensable admirador, formando todos un «menage á trois» divertidísimo. Visitamos la capilla del Santo Sepulcro, cuya construcción data de la fundación del condado de Cambridge, y por su estilo corresponde al gótico primitivo. Spvera, sombría, poco elevadas sus bóvedas, nos hablaba de una religión de tor¬ turas y sufrimientos, de martirios y crueldades, espejo de una época en que la religión cató¬ lica era la compañera del dolor y del martirio. Respiramos fuerte al salir a la calle, y nos dirigimos con nuestro grupo a la Uni¬ versidad o Colegio Real. Recorrimos el salón de actos y la Biblioteca. En ésta vimos la Biblia de Cromwel, el célebre lord protector de la República in¬ glesa, el jefe de la revolución que hizo saltar de sus hombros la cabeza ensangrentada de Carlos I; trágico episodio que entenebrece la historia del país de Gales, salpicando de san¬ gre real las páginas del siglo xvn. Numerosos incunables guárdanse como reliquias en las artísticas vitrinas, y en los estantes, que ostentan en sus lados pequeños marcos con el catálogo de su contenido, obras de mérito positivo por su antigüedad y objeto. Curioseamos un Códice de la Orden de la Coronación: la primera Biblia anglica- 52
na, el «Ipermanni Medicina», de 1655; Biblia de los siglos XII y XIII, un breviario de la Igle¬ sia Sarisbuiiensis, un «Salterio et Cántica cum Calendarium» y otro salterio y cántico del año 1000, representando la Crucifixión. Pasamos al Museo Arqueológico y su Biblioteca. En el Museo vimos la reproducción del Puente de César sobre el Rhin; iconos de Egipto, armas de la Edad de hierro, la estatua de Childe Harold, por Thorvaldsen, y el te¬ lescopio de Newton. Conde de Aguiar.—Estudio al óleo 33
Hay figurasen la humana historia que cualquier objeto, fecha o circunstancia que nos las recuerden, adquiere ante nuestros ojos proporciones y valor desmesurado. Tal nos ocurrió con el telescopio del sabio cuyo nombre llena de gloria los ^siglos . XVII y XVIII, por sus innumerables descubrimientos astronómicos, por haber enriquecido a la Física con las más fundamentales leyes de la óptica y por descubrir la gravitación uni¬ versal, piedra angular, cimiento y base de la Ciencia del universo. Ante nuestras curiosas miradas estaba aquel armatoste de madera, con su pequeño ; ocular, sobre el que tantas veces escudriñaran los interrogadores ojos del sabio las profun¬ didades insondables del espacio, la inmensidad del infinito. Bien vale nuestro viaje, con todas sus molestias, a cambio de momentos como el descrito.» . Fue muy aplaudido y felicitado el doctor Puelles. Éste, en unión del doctor Beillon, dió otra interesante conferencia acerca de «Lps Pirineos y las aguas termales», que fue muy aplaudida, y en la que mostraron al numeroso auditorio bastantes diapositivas en color de aquellos pintorescos lugares. /^omo de costumbre, se han establecido cátedras de fi anees, inglés y alemán. Esta última merced a la desinteresada y entusiasta colaboración del prestigioso médico militar don José Gamero. en años anteriotodas las iniciatimiento una Ex¬ posición, de ciiya importancia dará idea las fo¬ tografías que in¬ tercalamos en la presente Memo¬ ria y la siguien¬ te lista de las obras presenta¬ das: I a Sección de Bellas Artes ha trabajado con el mismo entusiasmo que 1 ' res, sosteniendo su enseñanza de dibujo del natural y colaborando a vas que exigían el concurso de los insignes ar¬ tistas que allí se congregan, llevadas durante este curso a un extremo de tra¬ ba jo realmente prodigioso. Y todavía ha organizado, con¬ tando con la cooperación del Excmo. Ayunta- 54
Adelardo Covarsi.— Los zagales
Número 1.— A orillas del lago», por Manuel González Santos. Núm. 2.—‘Flores», por Manuel de la Rosa. Núm. 5.-- «Patio de las Muñecas del Alcázar de Sevilla», por Manuel Arpe. Núm. 4. «Una parada de coches en Málaga», por José' Tova Villalva. Núm. 5.- «Casa del tío Lagarto, de Alcalá de Guadaira», por Miguel Gutiérrez Cabrera. Núm. 6.—«Vendedor de pescado malagueño», por José Tova Villalva. Núms. 7 y 8.—«Rincones del Alcázar de Sevi¬ lla»', por Antonio Esquina y Jódar. Núm. 9.—«Otoño sevillano», por Manuel Gar¬ cía Rodríguez. Núm. 10. Panneau con cuatro tablas (rincones andaluces), por Manuel García Rodríguez. Núm. 11.— Patio de los naranjos», por Manuel García Rodríguez. Núm. 12. —«El Guadaira en las-afueras de Se¬ villa», por Manuel García y Rodríguez. Núm. 15.—'Playas del Atlántico», por Manuel García Rodríguez. Núm. 14. - «En la antigua Feria , por Alfonso Cañaveral. Núm. 15.— Jardín», por Eloy Zaragoza. N^m. 16.- «Recreo a orillas del mar», por Ma¬ nuel García Rodríguez. Núm. 17.—«Colegio de San Miguel», por Ma¬ nuel García Rodríguez. Núm. 18.—-Marina», por Guillermo Gómez Gil. Núm. 19.— i Cabeza de gitana», por Juan Laflta. Núm. 20.— «Jardín del Alcázar», por Manuel González Santos. Núm. 21.- «Una consulta», por Manuel Gonzᬠlez Santos. Núm. 22.- «Cosiendo las redes», por Manuel González Santos. Núm. 25. «Vistas del barrio de Santa Cruz», por don Luis Maroto. Núm. 24. «Retrato de niña», por Concepción Rojas. Núm. 25 — «Retrato», por Concepción Rojas. Núm. 26.-«Echándose Flores», por Manuel González Santos. Núm. 27. «Viaje de novios», por Manuel Gon¬ zález Santos. Núm. 28.—«Pihuelo de playa», por Mannel González Santos. Núm. 29.—Portada de un libro titulado «Vidas ajenas». Relieve en escayola, por Lorenzo Coullant Valera. Núm. 50.—Un medallón Cabeza de mujer», por Pedro Casas Abarca. Núm. 51.—Un tallero, reflejo cobre, por Manuel Vigil Escalera. Núm. 52.—Estudio al óleo, por el Conde de Aguiar. Núm. 55.—Estudio al pastel, por Gustavo Bacarisas. Núm. 54.—Estudio al pastel, por Gustavo Bacarisas. Núm. 55. - «Gitanas», cuadro al óleo, por Gus¬ tavo Bacarisas. Núm. 56.- Estudio al pastel, por Guetavo Ba¬ carisas. Núm. 57.- Estudio al pastel, por Gustavo Ba¬ carisas. Núm. 58.—Estudio al pastel, por Gustavo Ba¬ carisas. Núm. 59.- Estudio al pastel, por Gustavo Ba¬ carisas. Núm. 40.- Un relieve en barro, reflejo oro, por Miguel Sánchezdalp y Calonge. Núm. 41.—«Mujer pensativa», escultura, por Lorenzo Coullant Valera. Núm. 42.- «Los rapaces’ , por Adelardo Covarsi. Núm. 45.— «Cabeza de niña», por Antonio Díaz Fernández. Núm. 44.—«Buñolería», por Alfonso Caña¬ veral. Núm 45. Estudio al óleo, por el Conde de Aguiar. Núm. 46 - Estudio al óleo, por el Conde de Aguiar. Núm. 47.- Estudio al óleo, por el Conde de Aguiar. Núm. 48.--Estudio al óleo, por el Conde de Aguiar. Núm. 49.—«Cigarreras en la Fábrica», por Gonzalo Bilbao, Núm. 50.—«Estudio de la Fábrica de Tabacos», por Gonzalo Bilbao. Núm. 51.—«Cabeza de estudio», por Francisco Palomino Gutiérrez. Núm. 52.— «Retrato de don J. B. , al óleo, por Gustavo Gallardo. Núm. 55.— «Cabeza de estudio», por Francisco Palomino Gutiérrez. Núm. 54.—«Retrato de don M. A.», al óleo, por Gustavo Gallardo. Núm. 55.—«Chispero , por Alfonso Cañaveral. Núm. 56.—«Sevillana», por Santiago Mar¬ tínez. M , V¿!V S ' ■ ;,> 56
Niño.-Cuadro del Conde de Aguiar M. Angel del Pino. - R etrato del doctor Salvador Paisaje.—Felipe Gil Gallangp 37
Núm. 57.—«Alcázar de Sevilla», por Santiago Martínez. Núm. 58.—«Santuario de Setefilla», por Santia- o Martínez. Núm. 59.-«Pastora gitana», por Santiago Mar¬ tínez. Juan Lafita.—Cabeza de gitana Núm. 60.— Paisaie de Lora del Río», por San¬ tiago Martínez. Nú«i. 61.- «Paisaje de Lora del Río», por San¬ tiago Martínez. Núm. 62. —«Andalucía», paisaje, por Santiago Martínez. Núm. 63.—«Paisaje de Lora del Río», por San¬ tiago Martínez. Núm. 64.—«Paisaje de Suiza», por A. Díaz Fer¬ nández. Núm. 65.—«Paisaje de Suiza», por A. Díaz Fer¬ nández. Núm. 66.—«En Misa», por José Rico Cejudo. Núm 67.—«Nota de Andalucía», por Adelardo Covarsi. Núm. 68.—«Nota de Galicia», por Adelardo Co¬ varsi. Núm. 69.—«La canastillera», por José Rico Ce¬ judo. Núm. 70.— Paisaje de Alcalá de Guadaira-, por Felipe Gil Gallango. Núm. 71.—«Un jardín», por Juan H. Linares. Núm. 72.— «Flamenca- ’ por Vicente Barreira. Nam. 7 j. -Paisaje de Redondela», por Felipe Gil Gallango«. Núm. 74.—«Paisaje de Redondela», por Felipe Gil Gallango. Núm. 75.—«Lugar de ensueño», boceto, Bécquer, por Luis Cáceres. Núm. 76.—«Autorretrato», por Alfonso Grosso. Núm. 77.—«Los primeros celos», grupo en es¬ cayola, por Antonio Castillo. Núm. 78.— «Plegaria egipcia», por Carlos Lecomte. Núm. 79.—Panneau con veintiséis dibujos, «ca¬ ricaturas de la fiesta nacional», por Juan Lafita. Núm. 80 - «Retrato de niño», por A. Díaz Fer¬ nández. Núm. 81.—«Buñolería», por Alfonso Cañaveral. Número 82. - -Muchachos campesinos», por Federico Godoy. Número 83. - «Patio del Convento de la Mer¬ ced», por Alfonso Grosso. Núm. 84.— «Jardín de la Casa de Pilatos», por Alfonso Grosso. Núm. 85. —«Apunte», por Alfonso Grosso. Núm. 86.- «Apunte», por Alfonso Grosso. Núm. 87.—«Jardín del Alcázar», por Alfonso Grosso. Núm. 88.--«Apunte», por Alfonso Grosso. Núm. 89. «Jardín de la Casa de Pilatos», por ( Alforso Crosso. t Antonio Díaz Fernández Cabeza de niña Núm. 90. -«Paisaje , por José Pinelo. Núm. 91.—«Muchacha sevillana», por Alfonso Grosso. Núm. 92. —«Estudio», por Miguel A. del Pino y Sardá. 38
Núm. 95.—«Retrato de mi madre», por Alfonso Grosso. Núm. 94.—«Retrato del Dr. Salvador», por Mi¬ guel A. del Pino Sarda. Núm. 95.—«Retrato de señora», por G. Bilbao. Núm. 96.—«Estudio de la Fábrica de Tabacos , por Gonzalo Bilbao. Núm. 97.—«Estudio de la Fábrica de Tabacos», por Gonzalo Bilbao. Núm. 98.—«Estudio de la Fábrica de Tabacos», por Gonzalo Bilbao. Núm. 99.-«Estudio de la Fábrica de Tabacos , por Gonzalo Bilbao. Núm. 100. - «Busto retrato», en escayola, por Antonio Bidón. Núm. 101. — Apunte 'al óleo», por A. Grosso. Núm. 102.—«Busto retrato», en escayola, por Antonio Bidón. Núm. 105.— Patio de Alcalá de Guadaira», por Guillermo Baca. Núm. 104.— «Cartel-anuncio», por]uan Lafita. Núm. 105.— Vega Molino», paisaje, por Felipe Gil Gallango. Núm. 106.—«Marinas», por Manuel Villalobos Díaz. Núm. 107. «Paisaje», por Felipe Gil Gallango. Núm. 108.—«Apunte del Alcázar», por Roberto Ramogé. Núm. 109.—«Apunte del barrio de Santa Cruz, por Roberto Ramoge'. Núm. 110.—«Figura de mujer», por Guillermo Baca. Núm. 111.—«ApuntedelAlcázar»,porR. Ramogé Núm. 112.—«Una maja a caballo», por Carlos Lecomte. Núm. 115—«Amanecer», por Federico Godoy. Núm. 114.—«Campo de la Jara», por F. Godoy Núm. 115.—«La buena ventura», por F. Godoy. Núm. 116.—«Geráneos», por Federico Godoy. Núm. 117.—«Paisaje», por Lhardy. Núm. 118.—«Estudio del natural», por Grego¬ rio Pérez Escalante. Núm. 119.—«Estudio del natural», por Grego¬ rio Pérez Escalante. Núm. 120.—«Estudiodel natural», por José Ma¬ tías. Núm. 121.—«Estudio del natural», por J. Matías. Núm. 122.— «Paisaje de Alcalá de Guadaira», por Antonio Martín Bermudo. Núm. 125.— Estudio al óleo», por Mrs. Robert C. Brown. Núm. 124.—«Fondo de jardín», por Manuel Vi¬ llalobos Díaz. Núm. 125.—«Estudio al óleo», por Mrs. Robert C. Brown. Núm. 126.— «Recreo», por Antonio Ferrater. Núm. 127. — «Giralda, alegoría de Sevilla», acuarela, por Ramón Alorda. Núm. 128. — «Paisaje de Camprodón^, por Agapito Casas Abarca. Núm. 129. - «Interior de iglesia-', por Llopis de Casades. Núm. 150.—«Retrato de Señora , por F. G. Escarré. Núm. 151. — «Cementerio abandonado», por Luis Cáceres. Núm. 152. —«Apunte de la cosía , por Antonio Ferrater. Núm. 155. «Jardín», por Llopis de Casades. Núm. 154. —«Paisaje», por Ros y Güell. Núm. 155.— «Castillo de Sanlúcar de Barrameda -, por Ramón Alorda. Núm 156 —«Puerta del Sol (eucalipíus)», por Federico Godoy. Núm. 157.— «Torero», por Mis Lee 0‘NeiI. Núm. 158—«Vista del puerto de Sevilla*, por Manuel Muñoz Díaz. Núm. 159.—Cartel-anuncio «Bélica», por San¬ tiago Martínez. Núm. 140.- «Relieves en barro esmaltado», por Agustín Sánchez-Cid. Núm. 141. — «Busto retrato de señora , en esca¬ yola, por Antonio Castillo Lastrucci. Cerámica artística. Muebles estilo árabe. Mue¬ bles antiguos españoles. José Rico Cejudo.—En Misa 59
apacibles, más bellas o más majestuosas. He visto siempre en nuestra sierra el límite de esta región, orgullo de mi nacimiento, alegría de mi vida, refugio de mi tristeza; pero jamás en sus piedras coronadas de plantas, en sus arroyos bordeados de flores, he podido imaginar siquiera otra limitación más seca, más exclusivista que la íntima y espiritual de ser, como la cerca, los bor¬ des de nuestro jardín sentimental,’ poético, de ilusiones soñadoras. Es que el regionalismo político requiere, so¬ bre todos los elementos que constituyen el senti¬ mental, la añoranza, que lleva a la restauración visionaria, o a la defensa tenaz, de una antigua independencia, gozada o perdida, la cual grabó las tradiciones y el carácter con el sello de un poder autónomo. Y eso nos falta a nosotros, y no puede suplirse ni inventarse por mucho que remontemos el pasado. Dentro de la Reconquis¬ ta, de la civilización aria, cristiana, europea, nuestras Cortes, nuestros Reyes, nuestra Histo¬ ria, son las Cortes, los Reyes y la Historia de Castilla, y por eso la tradición, alma de todos los regionalismos, es en nosotros la unión asimilista. Fué, sin duda, un bien inmenso para Andalucía y para España toda, que no sur¬ giera aquí, que no pueda surgir aquí, donde habría sido de gravedad incomparable el regio¬ nalismo político. Pensad que fórmanos la región más grande de España, la más rica y la más fuerte; que Andalucía es, en la expresión sintética de las fuerzas nacionales, la quinta parte casi; que estamos separados del resto de la patria por una delimitación que es lindero preciso y frontera de defensa fácil; que la extensión y la riqueza de nuestro suelo permite la tentación y soporta el peso de la soberanía; que lejos de rodearnos pueblos extranjeros, cu¬ yo poder amenazante nos llamara a la realidad en el desvarío, vivimos en un paraje del mundo donde la rivalidad celosa de las naciones podría mediatizar nuestro poder, pero sos¬ tendría nuestra existencia; recordad que somos una raza de sobriedad y sufrimiento inago¬ tables, pero apasionada en su ideal e irreflexiva en su desesperación extrema; juntad a todo eso que nos bordean y nos llaman los dos mares en que se ha desenvuelto la civilización y el tráfico; imaginad ahora que aquí se hubiera desarrollado con virulencia un exclusivismo político, exaltando amores y agravios... ...Vale más no pensarlo, porque estaríamos, no ante un problema, sino ante una desdicha irremediable, no ante una inquietud, sino frente a un desastre. Es indudable, sin embargo, que con la conciencia clara de nuestra personalidad re¬ gional propia, debemos tener aspiraciones y actitudes, que solemos descuidar, para que siendo los más y no reconociendo (sin agravio, pero sin flaqueza) que seamos los peores, se atiendan nuestras necesidades y se sirvan nuestros intereses con solicitud muy distante de la desdeñosa desigualdad, del desamparo sistemático en que solemos estar. En la lucha latente, más aun manifiesta, entre la fuerza centrífuga y la fuerza de 46
cohesión que se disputan la dirección, el por¬ venir, los rumbos de nuestra vida, ¿de qué lado debemos inclinarnos? Sin desconocer yo que las dos tendencias llevan rectitud de propósito, sin discutir ahora el acierto genérico de cada co¬ rriente, digo, sí, que Andalucía tiene que repre¬ sen tar por su tradición, por su deber, por su ca¬ rácter, una fuerza de cohesión. Esta patria española, que es Alcázar porque en él se alberga nuestra soberanía; que es hogar porque en él han vivido las generacio¬ nes, se formó sobre el cimiento de las regiones pirenáicas, cercando el noble y viejo solar caste¬ llano; se afianzó en la férrea trabazón aragone¬ sa; extendió sus alas por la huerta de Levante y por la campiña extremeña, hacia el sol que sur¬ ge y el sol que se oculta; avanzó en los dos ma¬ res de la civilización como dos bellísimos pabe¬ llones, las provincias insulares, y cuando hubo que rematar la obra, orientándose hacia el Sur, presintiendo las expansiones y los destinos de la raza, hizo de Andalucía la cúpula, el remate, la clave del edificio patrio, aquel coronamiento que todo lo cierra y lo une, el sitio donde se alza la bandera y desde donde se contempla el cielo. Por eso como somos el esfuerzo, la obra de todas las regiones, el broche de la unidad definitiva de España, hemos de tener la sensibilidad y el recuerdo de nuestro origen y de nuestra misión. No puedo olvidar que la fuerza cenírífuga tiene representación sobrada, defensa valiosa, en regiones que son por su riqueza, por el esplendor de su cultura, por su práctica de ciudadanía, bastante poderosas, sin necesidad de que caiga de su lado, para hacer el triunfo aplastante, arrollador, nuestro peso decisivo. En cambio, la fuerza de cohesión, cu¬ yos excesos son, en lo mecánico, la rigidez que paraliza, y en lo orgánico, la congestión que mata, pero cuya ausencia o anulación es el caos que destruye, es la descomposición que disuelve, ha tenido por principal sostén a esa región, que suele llamarse, por la posi¬ ción central que ocupa, desdeñosamente la meseta, y que yo le llamo con gratitud y con respeto el corazón. Esa Castilla, donde con frecuencia la aridez del paisaje y la dilatación del horizon¬ te, excitan el ánimo a la expansión soñadora e igualitaria, ha irradiado tanto color de asi¬ milación, que hoy se siente quizás fría, desalentada, con atenuaciones en el relieve de su personalidad propia, con desgaste en su fuerza, con desaliento tal vez en su ideal constan¬ te. Suplantarla en su abnegada y providencial misión, fuera agravio, pero sostenerla, darle auxilio, ayudarle a que en definitiva si hay transacciones expansivas, exista un inconmovi¬ ble sostén de equilibrio, es nuestro ineludible, nuestro evidente deber. Es también nuestro carácter, del que no podemos renegar, porque al fin, en lo bueno y en lo malo, en lo noble y en lo bajo, en lo alegre y en lo triste, en lo bullicioso y en lo melancólico, en lo verdadero y en lo artificioso, desde el retrato a la caricatura, Andalucía es ante el mundo rasgo incon- 47
fundible, gesto típico, trazo vigoroso del alma nacional. Así es que cuando yo pienso en es¬ ta región de mis amores, tan hondos.y tan intensos como puedan serlo los más apasiona¬ dos; cuando me la imagino conservando todas sus virtudes y redimida de todos sus defec¬ tos; cuando sueño con una Andalucía en que sean la Ciencia motor de la fantasía; la cultura arsenal del ingenio; la alegría solaz del trabajo; la educación social desarrollo de nuestra ingénita llaneza; la justicia cabal fórmula viva de nuestro espíritu enamorado de la equidad; la riqueza, sin enervar la sobriedad de la raza, sostén de nuestro gusto artístico y espléndi¬ do; la intensidad del cultivo tributo a la fertilidad generosa de la tierra; cuando pienso, sue¬ ño y gozo con todas las venturas y todas las perfecciones para la región que me enorgulle¬ ce y que idolatro, pienso también qué en la gloria de Andalucía lo más hermoso es y será siempre, ser la más grande de las regiones que integran la sagrada patria española; ofrecer toda su magnificencia, su alma entera, a esa unidad suprema que se llama España.» La lectura de la poesía premiada con la flor natural, obra de don Antonio Teixeira, estuvo a cargo del cultísimo escritor don José María Izquierdo, quien llevó a efecto su co¬ metido con el arte y la maestría a que nos tiene acostumbrados. He aquí el inspirado poema, genial por su concepción y de gran delicadeza y mo¬ dernidad de factura: «EL TRIUNFO DEL DOLOR «Dolor colectivo; un intenso y extenso dolor que nos sal¬ ve de nuestro optimismo de enfermos que no sienten e¡ mal que les mata.» Como resto de un pasado de grandezas y de brillo, yo heredé de mis mayores un romántico castillo que conserva todavía altivez y majestad; y que guarda tras la reja herrumbosa del rastrillo, entre escudos nobiliarios y trofeos de caudillo, de mi vida sin objeto la doliente soledad... Bajo el rico artesonado de sus tétricos salones, cuyos muros tienen losas con latinas inscripciones, y que huelen a sepulcro y a carcoma y a vejez, han danzado las princesas, han reído^los bufones, y entonaron los juglares sus poéticas canciones con el torpe balbuceo de una loca embriaguez... Como el alma del castillo es hermana de la mía y las dos están solas, se hacen tanta compañía, que ninguna fuerza humana las podría separar; abrazándose, formaron una beíla alegoría; son dos notas arrancadas a la misma sintonía; son dos olas que se juntan en la infinitud del mar... Yo no quiero abandonarle como le han abandonado otros hombres y otras gentes desdeñosas del pasado, incapaces de sentirle en su hermosa excelsitud; yo no sé si soy un triste, o soy un enamorado; yo no sé si mi aislamiento es demencia o es pecado, yo no sé si mi cíe usura es delito o es virtud... Al votarme caballero, demandaron a mi espada los terribles infortunios de una tierra desdichada, el empeño generoso de saberla redimir; 48
formé huestes con sus hijos, peleando en la avanzada, y antes que llegase el triunfo, esa hueste fatigada ni sirvió para la lucha, ni me quiso ya seguir... Infelices desertores del combate de la vida, abatieron sus pendones declarándola vencida, prisioneros de sí mismos en el fondo del hogar; y en el trágico abandono de su mísera caída, tienen el renunciamiento doloroso del suicida; no comprenden el esfuerzo; no se saben revelar... Y yo que he tenido siempre para todas las quimeras la amplitud majestuosa de un dominio sin fronteras, porque vi todas las glorias prosternarse ante mi pie, no comprendo lo mezquino de sus vidas pordioseras, que se sienten miserables, si sonríen placenteras, y que llevan en el alma la fatalidad por fe... El dolor las salvaría, un dolor intenso y fuerte; un dolor que, despiadado, flagelase su alma inerte y aunque fuese ensangrentada, la sintieran resurgir; que el peligro es más terrible cuanto menos nos advierte; que el reposo y lo insensible es la nada y es la muerte; que la enseña de la vida es soñar y combatir... El dolor es lo fecundo, y su ley eterna y dura, la que todo lo ennoblece, la que todo lo depura, la que cuaja con nosotros en el vientre maternal; la que haciendo llorar salva, la que haciendo sufrir cura, la que al mismo Dios pidióle para redimir, tortura... ¡¡El dolor es el aliento de la vida universal!! Cuando yo vea que sienten la vergüenza de su estado, y que anhelan la conquista del futuro, rescatado a la infamia del presente, que me vengan a buscar; que yo tengo a todas horas mi corcel enjaezado, preparadas mis mejores armaduras de cruzado, y el espíritu vibrante y anheloso de luchar... Mientres tanto, que me dejen olvidar antiguas penas encerrado en el castillo y sujeto a mis cadenas; que ya todo me parece despreciable y baladí, junto al goceque disfruto cuando subo a las almenas y contemplo en las alturas luminosas y serenas, a las águilas raudales que se ciernen sobre mí. Desde arriba, todo esplende, como joyas de un tesoro, lo vulgar se poetiza, arde en luces lo incoloro, los pantanos son espejos; su neblina, rosicler; en las peñas desoladas, cuelga el sol sus gasas de oro, en la calma del espacio, todo es límpido y sonoro; en el alma hay un deseo infinito de absolver... Desde arriba las cabañas tienen paz de santuario; cuando al morir el día, el distante campanario lo despide, tristemente, agitando su esquilón, de las chozas sube el humo como nube de incensario, y hay en el recogimiento del paisaje solitario misticismos de poeta y perfume de oración... 49
AJma que lo .quieres-todo. ..y -no síabes^Jo que quieres, que abandonas' por¡lajqqtva lafluklqd.y los-plaqeres, y en la lucha sientes ansias de reposo y. de quietud; si esperando ,pn todo,, sufres,, yvsiq alcanzarlo mueres, en tus propias ilusiones te acaricias y te hieres; . de tus propias ilusiones eres cuna y ataúd ;,>: ■ ) - : Abandona las almenas...; esa altura que convida ; a vestir de luz y encanto las negruras dé la vida, es la placentera cumbre del poeta soñador; pero el bálsamo no cura separado de la herida; es preciso dar la mano a la Víctima caída; sin llorar con los que lloran, nadie fue su redentor... Baja al fondo de ese valle, no esperes a que lo imploren los que tal vez-aparezcan- resignados porque ignoren que todas las amarguras tienen su Jerusalén; haz que sientan-y se agiten, haz que sufran y que lloren; haz que estalle todo el llanto que sus almas atesoren para dar vida al milagro' de que el mal se torne bien... , Y cuando el milagro surja, tu recoges la bandera con el llanto que secara, con la sangre que embebiera en la furia del combate sobre que se alzó triunfal, y podrás gustar el goce de la dicha verdadera, al mirarla tremolando desgarrada y altanera, en lo alto de la torre del castillo-señorial...» Y por último—es conveniente dejar para lo último lo mejor—por la belleza de la Reina, señorita Amparo Osborne, y de la corte de amor, señoritas de Sánchez-Blanco, Sáinz de Rozas, García y Bravo Ferrer, Castillo, Clavijo, Lúea de Tena, Cajigas, González del Co¬ rral, Enrile y Folache, cuya sola enumeración exime al cronista de llenar una página de di¬ tirambos, que en este caso particular estarían perfectamente justificados. T Tna misteriosa asociación de ideas me lleva a dedicar un recuerdo a nuestros consocios don Manuel Héctor y Abreu, don Jacobo Sánchez Bocanegra, don Eulogio Camacho y don Matías Sopeña y Campelo, muertos durante el curso que hoy termina; para todos pi¬ do una oración. 50
ps para mí, y creo que para iodos, muy sensible que don Miguel Sánchezdalp haya presentado ia dimisión de su cargo, en el que trabajó con fe y con entusiasmo por el Ate¬ neo, al que, entre otros donativos de importancia, ha hecho el de varios en metálico de bas¬ tante cuantía; él ha impreso una severa y elegante no¬ ta de arte a todas las manifestaciones de este Centro y ha tenido iniciativas tan felices como la fundación de la revista Bética, indicada anteriormente, y la de transformar la abandonada plaza de San Fernando en otra Rambla de las Flores; si esta iniciativa no ha tenido éxito, no ha sido culpa nuestra; bien lo com¬ prendéis todos vosotros y así lo declarasteis al con¬ cederle recientemente un voto de gracias, que segura¬ mente ratificaréis en este momento. Toma posesión de su cargo el nuevo presidente, don José Monge y Bernal, de quien no hago el menor elogio porque me lo impide la antigua e íntima amis¬ tad que nos une, y sobre todo porque está presente; me limito a saludarlo, así como a la Junta entrante y a los candidatos derrotados y pido a todos que, aban¬ donando pequeñas diferencias de criterio que haya¬ mos podido tener, nos unamos como siempre hemos estado y procuremos, fundiendo nuestros entusiasmos y nuestras voluntades, que esta casa siga subiendo co¬ mo ahora, pero sustituyendo el motor de sangre que hoy usamos por un 40 H. P. D. José Mongre Bernal, nuevo Presi¬ dente del Ateneo Nuevamente os pido que, si tratáis de castigarme por lo que acabo de hacer, no me enviéis a Pandora con su cajiía; mejor será que me dirijáis una pequeña amonestación y será suficiente para que yo, deseoso de borrar todas las huellas de mi delito, me trague esta Memoria, como Saturno se tragaba sus hijos. He terminado.
ESTADISTICA DE LAS OBRAS INGRESADAS EN LA BIBLIOTECA DURANTE EL CURSO DE 1913-1914 RESUMEN DEL INVENTARIO Ingresaron: por compra, 204; por donación, 122. Total, 326 INDICE DEL CATALOGO POR MATERIAS Obras generales: Bibliografía. . . 12 Ciencias. . . 13 Filosofía. . 26 Ciencias aplicadas .... . . 15 Religión. . 8 Bellas Artes. . . 24 Ciencias y cuestiones sociales . . 30 Literatura y Lingüística . . . . 155 Jurisprudencia y Legislación . . . 10 Historia: Biografía .... . . 20 Pedagogía. . 8 Geografía: Viajes .... . . 5 LISTA DE LOS SEÑORES DONANTES Dr. Ferdinant Ackenheil * . .. 2 Don Mario Méndez Bejarano . . . 1 Dor i Juan Aguilar. 2 » José Monge Bernal. 1 » Joaquín Alcaide de Zafra. . . 1 » Pedro P. Raída. 1 » Antonio Ariza. . 3 » Pedro Rodríguez de la Borbolla. 1 » Angel M. a Camacho . . . . 1 » Adolfo Rodríguez Jurado. . . 1 » Francisco de P. Cambó . . . 1 » José M. a Romero Martínez . . 1 » Juan Carretero. . 1 » Miguel Romero Martínez. . . 1 » Francisco de Casso . . . . 1 » Miguel Sánchez-Dalp .... 22 » Guillermo Fernández . . . 1 » Antonio Torrents Torres. . . 1 » Manuel Héctor. . 1 » Juan M. a Vázquez. 1 » José M. a Izquierdo .... . 42 » Carlos Voisins. 9 » Rafael M. a de Labra . . . . 8 . » Antonio Zamora. 2 » José M. a Lozano. . 1 Varios. 8 El Bibliotecario, ^Tornero 7777ar¿¿nez
-aaaaaaaaa’a°| ***AA~^.A~A i n | o LO < m immn o m o inimn io cn r<- (— CNOOMTlCNOOCN^rHO'O o o inoofNimnt^O'CO'-HrHCN o f- o ’ —l co I A A 1 k O co o O ! ÜJ AAAAAA -AAAAAO o i z 3 n. LO LO S o 5 ü z (Ü > o 5 * * cü ‘g o o 3 ra *aa*aaaa*aaO o CO c p p >> •nt -nt 1 (0 A A O i .> LO LO 1 ro X A A A "A * A ' A A A A A !>. c W LO LO O Q X o X B O 8 H aaaaaa'aaaaa 0 iruínniDOiLnoinimnooi (NCONintNOOOJ'l-OCN^ lOOOCNlTuDNO'COO'^O oimo _ > mst» o CN cA tü cA (Ü s - P W E O o c § ^ ^ 2 Í S = o .— OOr\C->*— W R L l ^ 5 .= o .y c ^ J2 x J5 = = <^ 0 2 q o j[l^<^ OOOOOOufDOOO lOOlOiOiOOCMiOOO 0<IlOCMCMOJt>.-^OliOiO cA O. CO -E 6 ) Q .2 Ñ •- CJ C «A o O c •O c 2 •a ^ 5 < | ' o 2 " ftl — ~ ic "5 : w -• : co bfc-O § i c «= o 3 T 3 co ' "O •4gJ . E * o . £— "3 Ü- "° na P O . »E tQ <L> O co O C^tL O c T 3 o 5-0 J ^ 2 «j '^) r w <pE 3 cq .E ■ oT» na 'J o o c o « C aaü^ü u u <y jo w « ÜU JS 3 -o * ■ = (O ro : be = <y o Jü '(O — ■ (y O (y -O O ,¡0 [L fo co O o u° £ a> w -o o <y.E <y 2 J 2 *
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