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[Reseña de] Romero de Solís, Pedro (Ed.) (2005): La Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla (1830-1834) , Sevilla, Universidad de Sevilla y Fundación de Estudios Taurinos, 465 págs

Macarro Vera, José Manuel

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 22, Se illa, 2006, págs. 275-281 Fig. n.º 35.- Rome o de Solís, Ped o (Ed.) (2005): La Real Escuela de Tau omaquia de Se illa (1830-1834), Se illa, Fundación Real Maes anza de Caballe ía de Se illa, Uni e sidad de Se illa y Fundación de Es udios Tau inos, po José Manuel Maca o, 465 págs. El lib o que eseñamos cons a del es udio in oduc o io que ealiza su edi o , el p o eso Ped o Rome o de Solís, a la eedición del P oyec o sob e el es ablecimien o de una Escuela de Tau omaquia de Se illa, a inicia i a del Conde de la Es ella, acompañada po dos ob as sob e la misma: la de Pascual Millán, La Escuela de Tau omaquia de Se illa y el o eo mode no, de 1888, y la de Na alio Ri as, La Escuela de Tau omaquia de Se illa y o as cu iosidades, de 1939. Po si no bas a a con an jugosas eediciones, és as se acompañan con o a del a ículo de José Luis Aye be “Co espondencia inédi a de Ped o Rome o sob e la Escuela de Tau omaquia”. Rome o de Solís, con su habi ual inu a analí ica, encua- d a con un inicial golpe ce e o el P oyec o: és e ue ealizado po la Adminis ación del Es ado, que así se in eg aba en el mo imien o social de la época a a o de la o mación educa i- a. Nada ex año en su momen o, pues, po ejemplo, ya exis ían en Se illa escuelas de baile y danza. Ta ea o ma i a en la que pa icipaban los g emios, de modo que la he encia de és os quedó plasmada en las au omaquias de Pepe Hillo y Paqui o, has a el pun o de que han sido conside adas ambas como e da- de os es a u os g emiales. La necesidad del P oyec o ni e a baladí ni u o de un cap icho. E a una necesidad si que ían sal a se las co idas de o os, sumidas en ance de agonía po las con inuas p ohibicio- nes pa a que se ealiza an. P ohibiciones que si no llega on a se o ales, al menos sí ue on ecu en es. Hispánico modo és e el de a a una cues ión, en el que una o den enía que se a i ica- da con o as pa a ins a su cumplimien o. Rome o de Solís ecue da las echas de la cadena p ohibi i a: 1785, 1790, 1805 y 1808-1815. La conclusión del au o es me idiana: du an e el iempo i al de una gene ación no se pudie on co e o os en España. To os pa ece que no se co ie on muchos, pe o lo que son españoles empeza on a co e se en demasía. Las coincidencias de echas de las ci adas p ohibiciones con los acon ecimien os polí icos de España a alan, como licencia li e a ia, el osado pa alelismo. Si en 1789 se o denó la p ime a p ohibición ci ada, en 1789 se eunie on las Co es, que no lo hacían desde iempos de Felipe V. Tan lejano es aba el p eceden e, que nadie sabía muy bien cómo había que euni las y pa a qué podían se i . Al menos ue on ú iles pa a e oca la Ley Sálica, pe mi iendo de nue o que las muje es pudie an eina . U ilidad que de ino en inu ilidad pe e sa, ya que al no se a i icada po el Rey quedó en nada, al menos po el momen o, po que años más a de, cuan- José Manuel Maca o 276 do la he ede a de Fe nando VII esul ó se una niña, Ca los Ma ía Isid o, he mano del Rey, eclamó su de echo al ono basándose en la igencia de aquella ley. Pe o no nos des iemos de los o os, ya que en 1790 se negó o a ez que se co ie an. Malos años los de es a década, an o que en e 1791 y 1793 hubo mo ines po las malas cosechas y po la pes e sob e enida; po si ue a poco, en 1793 Luis XVI ue guillo inado. Los españoles se encendie on de i a con a los egicidas sin Dios y no duda on en suma se a los ejé ci os eu opeos con a la Con ención an- cesa. El soplo e oluciona io del o o lado de los Pi ineos hizo enmudece de espan o a los e o mado es españoles. Cuando en la gue a pin a on bas os pa a nues as opas, se ac ecen ó el males a con a Godoy. Si odo comenzaba a ambalea se, las co idas de o os se habían adelan ado a los acon ecimien os como p emonición de uinas: en 1799 se había e i ado Ped o Rome o; en 1800 lo hizo Cos illa es; en 1801 mu ió Pepe Hillo. A pa i de 1805, los sucesos de El Esco ial, el pos e io Mo ín de A anjuez, la salida de la amilia eal hacia Bayona en busca de las bendiciones de Napoleón pa a sus peleas amilia es y el inal le an amien o del 2 de mayo de 1808 ab ie on la pue a a la mayo ca ás o e de nues a his o ia con empo ánea, a la Gue a de la Independencia, dejando a los o os en el os acismo, como no podía se de o a mane a. Finalizada la gue a y en onizado Fe nando VII, és e no dudó en 1815 en le an a la p ohibición de que se co ie an o os. La medida apenas su ió e ec os, po que se necesi aba algo más pa a eanima a un mo ibundo, máxime cuando en 1824 se e i ó Je ónimo José Cándido. Rome o de Solís ahonda en la penumb a de la ies a, al mos a nos que los endidos de las plazas, en ez de se luga de solaz, se con i ie on en pales as polí icas en las que se en en aban ealis as y libe ales. La ida co idiana de dispu as a iscas es aba in adiendo has a el espacio Recensiones de lib os 277 de la ies a, ese que los homb es hemos des inado p ecisamen e a ol ida , bien que momen áneamen e, las cui as que nos sepa- an. Po si no ue a demasía al ag iamien o, o a la he encia au- ina po an o in e dic o en un país descoyun ado, los pocos que o eaban desconocían las eglas pa a hace lo. De aquí que el conde de la Es ella ie a la necesidad de c ea una Escuela de Tau omaquia pa a sal a al a e de o ea de su desapa ición. Ped o Rome o de Solís coloca un pun o y apa e pa a en ende el p oyec o del conde de la Es ella: no hay que uni la pe secución de los libe ales y el cie e de la Uni e sidad con la c eación de es a Escuela. La mi ología libe al en es e caso u o éxi o, al compa a ealidades incompa ables –la Uni e sidad y los o os– pa a pode a aca a un Rey absolu is a y aimado, acu- sándolo de a uina a la p ime a en bene icio de la segunda. En es e lib o Ped o Rome o nos habla de la segunda, de o os, a a- és de la Escuela de Tau omaquia de Se illa. En su alcance y esul ados acaba po comp ende se la alacia de la an e io com- pa ación. La escuela no p e endía se una al e na i a a nada. Sólo un emedio, bien modes o, a la desapa ición del a e de o ea . Tan modes o, que sólo ue pensada pa a una ciudad, Se illa, y no más de una docena de alumnos. Su di ec o ue o o Ped o Rome o, el de Ronda, que no el de Solís –más a ezado el p ime o con mule a y espada; más luci- do el segundo con el in elec o y la pluma–. Más que alludi o e a el o e o, pues enía 76 años. Él eclamó su de echo a di igi la en de imen o de su cuñado y an iguo discípulo Cándido, ein e años más jo en, ampoco un chiquillo, pues isaba los 56 años. No sólo e a un de echo el que mo ía al ondeño, sino la escasez, pues, como esc ibió al Rey, necesi aba el sueldo de di ec o pa a i i dignamen e. Pa a auna el de echo con al necesidad, a gu- yó p osapia polí ica: él nunca o eó an e José Bonapa e, cosa que no podían deci o os. El puyazo a Cándido, que ue en odo lo al o, lle ó a que se a bi a a una solución de comp omiso: José Manuel Maca o 278 Rome o se ía el maes o con un sueldo de doce mil eales y Cándido el ayudan e con ocho mil, pe o, pa a que no se moles- ase, la Hacienda Real le paga ía o os cua o mil. Así queda on odos con en os, pues los eales con an es y sonan es sua izan los celos p o esionales y, desde luego, amansan las di e encias polí icas. Tal magnanimidad hubo de se posible po que la Hacienda es aba mejo ando. Las e o mas de López Balles e os, aun den- o de la es uc u a iscal del An iguo Régimen, es aban dando sus u os. En 1828 se c eó la Di ección Gene al de Ren as y el T ibunal Mayo de Cuen as. Apa i del mismo año y has a 1833 se elabo a on los p ime os P esupues os del Es ado, se inició la elabo ación del Código de Come cio, del Código Ci il y del Penal, se c eó la Ley de Bolsa y el Minis e io de Fomen o. La b u al de lación se había de enido en 1828... Pese a es o, la he encia cul u al en la cabeza de la gen e seguía i a. La Ilus ación española había sido de unciona ios, has a el pun o de que se con i ió en cos umb e que, en e a la dep esión, la Adminis ación c ease empleos no po la necesidad del desa ollo económico, sino pa a o ece segu idad económi- ca a quienes se coloca an en ella. Cos umb e que he eda on los p og esis as de la época, los libe ales, e oluciona ios incons- an es en busca de un empleo. Cos umb e ac ualmen e a á ica a poco que se epase el núme o de con a ados en nues as di e sas adminis aciones. Pe o los iempos es aban cambiando. Fló ez Es ada opi- naba en 1828 que « odo monopolio indus ial, oda disposición que conceda sólo a de e minados indi iduos dedica se a cie os amos de indus ia, es una iolación de la p opiedad de los demás», pues e a un a aque a la lib e concu encia. Es o comen- zaba a se cie o. Tan o, que los alumnos de la Escuela se sal a- ban la disciplina de ella, ompiendo con el mundo g emial que és a p e endía, y apos aban po el lib e me cado, po que en cuan- Recensiones de lib os 279 o podían se iban a o ea a cualquie plaza de Dios que los con- a a a. Po si ue a poco, al iempo que los alumnos desa iaban el co sé del g emio, el o denancismo del Es ado e a pues o en sol a po las demás plazas de España, que, como si ya es u ie- an en el Es ado de las Au onomías, se nega on a paga el canon que les impuso la Hacienda po cada es ejo que celeb a an pa a su aga la Escuela de Se illa. Acuciada po la escasez del p e- supues o, la Escuela comenzó a anuncia las p ác icas de sus alumnos y a cob a po asis i a ellas. La Real Maes anza de Caballe ía de Se illa lle aba azón al denuncia al p ác ica, pues la Escuela es aba pasando a se una emp esa, queb ando su ocación inicial de enseñanza. El lib e me cado pa ecía impo- ne se po odos los cos ados de la ies a en los inales de la España e nandina, aunque sus p o agonis as al ez no se die an cuen a. Sea como ue e, en las enseñanzas de la Escuela se o ma- on nada menos que Yus , Despe dicio, Paqui o y Cúcha es, en e o os. Ellos ue on es imonios i os del éxi o de la inicia i a, de la esu ección de una ies a en agonía. En sep iemb e de 1833 mu ió Fe nando VII y con él la Escuela. El p ime gobie no de la Regencia de Ma ía C is ina ue p esidido po un he ede o del pasado, del e o mismo ilus- ado, Cea Be múdez. Las nue as au o idades, una ez des i ui- das las e nandinas, abandona on la ayuda a la Escuela, po lo que és a desapa eció. Final muy aco de ambién con el hispáni- co modo, en el que la ideología escoge símbolos po c ee que al anula los es á cambiando la ealidad, cuando lo único que muda son sus elucub aciones sob e ella. La Escuela desapa eció, pe o no sólo dejó i a la enue he encia ecibida en ance de apaga se, sino que insu ló un soplo de g andeza a los alumnos que de ella salie on, y que an es ci é. I onías de la his o ia. La inicia i a de un ey an ilibe al ino a da u os, mue o él y mue a aquélla, donde menos se podía José Manuel Maca o 280 imagina : en la España libe al, anudando la his o ia po debajo de los quehace es del homb e. Po que si es b e e el soplo de ida que nos ha sido concedido, las consecuencias de nues as ob as, al ez las más impensadas, nos pe pe úan. Así ue pa a la ies a de los o os la e íme a ida de la Real Escuela de Tau omaquia de Se illa, esca ada en es e lib o g acias al magis- e io del p o eso Ped o Rome o de Solís y de las ins i uciones que han hecho posible su edición. José Manuel Maca o. Ca ed á ico de His o ia Con empo ánea de la Uni e sidad de Se illa. Recensiones de lib os 281