La paulatina integración de Carmo en la Romanidad
Abstract
Partiendo de la capacidad informativa de las fuentes disponibles, en este trabajo introductorio tratamos algunos argumentos significativos de la dinámica histórica experimentada por Carmona en época romana. La historia de ésta estuvo condicionada por su ubicación central en la Baja Andalucía, por las condiciones de visibilidad y fácil defensa de la meseta sobre la que se asentó la ciudad y por la idónea complementariedad económica y funcional de los diversos ambientes que componían el vasto territorio de Carmona. Junto a la dinámica histórica estudiamos los procesos de aculturación, las transformaciones en la vida ciudadana y su reflejo urbanístico, así como las relaciones campo-ciudad.
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CARMONA 2012 Excmo. Ayuntamiento de Carmona Antonio Caballos Rufino Editor CARMONA ROMANA 2ª Edición Volumen I
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ÍNDICE VOLUMEN I Prólogo .......................................................................................................................................................................... XIII Antonio Caballos Rufino Introducción .......................................................................................................................................................... 1 Antonio Caballos Rufino La paulatina integración de Carmo en la Romanidad ..................................................... 3 I. Poblamiento e imagen ............................................................................................................................. 27 José Luis Escacena Carrasco Podando a Carmo. Perfiles del sustrato turdetano ................................................................ 29 Manuel Bendala Galán La Carmona bárquida ................................................................................................................................ 51 Jorge Maier Allende Imagen historiográfica de la Carmo romana ............................................................................. 73 Fernando Fernández Gómez y María Isabel Baceiredo Rodríguez El pintor Rodríguez Jaldón y la necrópolis de Carmona ................................................... 99 II. Los Testimonios Documentales ................................................................................................ 115 Antonio Ramírez de Verger Las fuentes literarias para el conocimiento de la Carmona romana ........................ 117 Armin U. Stylow Una aproximación a la Carmo romana a través de su epigrafía. Nuevas aportaciones y revisión crítica .............................................................................................. 133
III. La Arqueología de Carmo .............................................................................................................. 149 María Belén Deamos y Ricardo Lineros Romero 15 años de Arqueología en Carmona ............................................................................................... 151 José Beltrán Fortes Arqueología de la Carmona romana: el esquema urbano ................................................. 185 Reyes Ojeda Calvo Nuevos datos sobre la “Puerta de Córdoba” en época romana ....................................... 219 José Manuel Rodríguez Hidalgo La tumba de Servilia. Nuevas aportaciones y revisión crítica ......................................... 259 Elisabet Conlin Hayes El abastecimiento de agua en la Carmona romana .............................................................. 277 Rocío Anglada Curado, María Belén Deamos, Elisabet Conlin Hayes y Alejandro Jiménez Hernández El uso del agua en Carmona. Las termas de la calle Pozo Nuevo .............................. 299 Juan Manuel Román Rodríguez El almacenamiento de grano en Carmona: el horreum de San Blas ...................... 319 Carlos Márquez Moreno La ornamentación arquitectónica de la Carmona romana ............................................ 343 Pilar León Alonso Retratos romanos de Carmona .............................................................................................................. 361 Juan Cartaya Baños Mosaicos romanos de Carmona ............................................................................................................ 401 Isabel Rodríguez Rodríguez Las áreas artesanales: los alfares ............................................................................................................ 425 Juan José Ventura Martínez Cerámicas de barniz negro en Carmona ....................................................................................... 439 Francisca Chaves Tristán La ceca de Carmo ............................................................................................................................................ 463 B.M. Gómez-Tubío Análisis cuantitativo de monedas de Carmo mediante XRF ..............................499
VOLUMEN II IV. La dinámica histórica de la carmona romana. Ciudad y territorio ................................................................................................................................ 505 Adolfo Raúl Menéndez Argüín Los grandes acontecimientos bélicos en torno a Carmo (ss. III-I a.C.) .................... 507 Géza Alföldy La sociedad del municipio de Carmo ............................................................................................... 519 Simon J. Keay, David Wheatley y Sara Poppy The territory of Carmona during the Turdetanian and Roman periods: some preliminary notes about visibility and urban location ........................................... 543 Fernando Amores Carredano, Mª. Carmen Rodríguez-Bobada y Gil y Pedro Sáez Fernández La organización y explotación del territorio de Carmo ..................................................... 565 Fernando Amores Carredano Entre campo y ciudad. La periferia urbana en Carmo ...................................................... 613 Genaro Chic García Religión, territorio y economía en la Carmo romana ........................................................... 639 Jaime Alvar Ezquerra El panteón de Carmona: destellos de la vida religiosa en una ciudad hispanorromana ........................................................................................................... 657 Luis A. García Moreno Carmona en tiempos visigodos (ss. V-VIII) .................................................................................... 675 V. Carmona y la conservación patrimonial ...................................................................... 699 José Castiñeira Sánchez El patrimonio de la Carmona romana. Normativa, conservación y explotación ......................................................................................................................... 701 Ricardo Lineros Romero Arqueología urbana en Carmona: teoría y práctica .............................................................. 713 María Soledad Gil De Los Reyes y María Trinidad Gómez Saucedo El Conjunto Arqueológico de la Necrópolis Romana de Carmona ........................... 729
Epílogo Provincial ........................................................................................................................................ 749 Werner Eck Der Blick nach Rom. Die Affäre um den Tod des Germanicus und ihr Reflex in der Baetica .................................................................................................................. 751 La mirada a Roma. Asuntos en torno a la muerte de Germánico y su repercusión en la Bética ..................................................................................................................... 755
3 La paulatina integración de Carmo en la Romanidad Antonio Caballos Rufino Dpto. de Historia Antigua Universidad de Sevilla RESUMEN Partiendo de la capacidad informativa de las fuentes disponibles, en este trabajo introductorio tratamos algunos argumentos significativos de la dinámica histórica experimentada por Carmona en época romana. La historia de ésta estuvo condicionada por su ubicación central en la Baja Andalucía, por las condiciones de visibilidad y fácil defensa de la meseta sobre la que se asentó la ciudad y por la idónea complementariedad económica y funcional de los diversos ambientes que componían el vasto territorio de Carmona. Junto a la dinámica histórica estudiamos los procesos de aculturación, las transformaciones en la vida ciudadana y su reflejo urbanístico, así como las relaciones campo-ciudad. ABSTRACT With the help of the information provided by the available sources we study in this introductory article some of the factors that conditioned the historical evolution of Carmona in Roman times. The most important of those factors were Carmona’s central location within lower Andalusia, on a plateau offering both a wide range of visibility and was easy to defend, and the great variety of landscapes to be found in her vast territory which complement each other economically and functionally. Apart from the historical evolution we investigate the processes of acculturation, the transformation in the life of the city and its reflection in Carmona’s urbanism as well the relations between city and country. En este trabajo introductorio no me toca describir la riqueza patrimonial de Carmona, pero sí enunciar algunos argumentos que creo de significación en los procesos históricos vividos por esta ciudad en época romana. Naturalmente que la significación histórica de Carmona en esta época no es una evidencia reciente, tampoco el papel que
Antonio Caballos Rufino 4 en ésta le cupo a una ubicación que se mostró muy beneficiosa1. La historia de Carmona estuvo, ya desde los comienzos de su andadura histórica2, especialmente marcada por su emplazamiento sobre esa peculiarísima formación terciaria que constituyen Los Alcores. Tres son los argumentos básicos que ahora conviene destacar. La centralidad regional, por su ubicación en una encrucijada clave de los caminos de la Baja Andalucía, la orografía que convierte a Carmona en una plaza prácticamente inexpugnable3 y en un otero4, desde el que se divisan todas las unidades fisiográficas del Valle del Guadalquivir, la Sierra Morena al norte, las Cordilleras Béticas al sur y el Aljarafe al poniente5; y, por último, la complementariedad económica y funcional de los ambientes que componen el vasto territorio de Carmona, los Alcores en que la ciudad se ubica, la fertilísima Vega que aquélla domina y las terrazas que le llevan suavemente al Guadalquivir. Estos argumentos marcaron el destino histórico de Carmona, con lo que su fuerte se manifestaría en su potencial agrícola y en su papel estratégico como llave del Bajo Valle del Guadalquivir. En consonancia, su significación histórica corrió pareja con la valoración de estos argumentos, y se debilitó en proporción a la disminución del papel 1 La constatación de esta importancia es la que justifica, e.g., la atención que ya le prestara en el Renacimiento el utrerano Rodrigo Caro en sus Antigüedades y Principado de la Ilustríssima Ciudad de Sevilla y Chorographia de su convento iuridico, o antigua chancillería, Sevilla 1634 (reimpr. Sevilla 1982), dedicando sus capítulos XLI al XLVII a Carmona (fols. 154vº a 166vº). 2 Las excavaciones llevadas a cabo en la calle Costanilla Torre del Oro han permitido establecer una secuencia que remonta a un silo calcolítico del II milenio, al que sigue un hiato que sólo se salva con estructuras tipo Cogotas I, que deben datarse hacia los siglos XIV-XII a.C., luego otro vacío hasta el Hierro I, entre fines del VIII y comienzos del VI. Un asentamiento humano definitivo con carácter doméstico no se produce hasta época turdetana, a partir del siglo V a.C., manteniéndose éste sin solución de continuidad durante toda la Antigüedad (R. Cardenete, M.T. Gómez, A. Jiménez, R. Lineros e I. Rodríguez, “Excavaciones arqueológicas de urgencia en el solar de la calle Costanilla Torre del Oro s/n. Carmona (Sevilla)”, AAA, Exc. Urgencia, 1989, pp.563-574). 3 El argumento defensivo es el que explica la primera ocupación humana, remontando al siglo VIII a.C., con prelación a un uso doméstico, tal como se ha podido documentar en la zona de la Barbacana Alta (Mª. S. Gil, R. Lineros, R. Cardenete, T. Gómez e I. Rodríguez, “Informe de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Barbacana Alta (Carmona, Sevilla)”, AAA, Exc. Urgencia, 1986, pp.355-360) y de la calle José Arpa 3 (Mª. S. Gil, R. Lineros, R. Cardenete, T. Gómez e I. Rodríguez, “Informe de las excavaciones arqueológicas en el solar de José Arpa núm.3 (Carmona, Sevilla)”, AAA, Exc. Urgencia, 1986, pp.361-365). En estos ámbitos la primera ocupación humana remonta al siglo V a.C., no existiendo un hábitat definitivo hasta la centuria siguiente. También el primer recrecido artificial del afloramiento rocoso para aprovecharlo como fortificación en lo que luego sería la Puerta de Sevilla debe remontarse al siglo VIII a.C. (R. Cardenete y R. Lineros, “Excavaciones arqueológicas de urgencia practicadas en el solar nº2 C/ Barbacana Alta. Carmona, Sevilla”, AAA, Exc. Urgencia, 1988, pp.264-270). 4 Si no destacan sus alturas absolutas, de poco más de 250 m. sobre el nivel del mar, sí que lo hace su altura relativa con relación a la llanura circundante y el desnivel del escarpe entre la Meseta y la Vega (cfr. A. Jiménez Martín, La Puerta de Sevilla en Carmona, Málaga 1989, p.19). Son muy ilustrativos los topónimos como “El mirador”, o el del “Cortinal del Telégrafo”, por el repetidor de la línea de telégrafo óptico situado en El Picacho y que estuvo en funcionamiento desde 1800 a 1808, sustituido en época moderna por un repetidor telefónico (A. Jiménez, La Puerta de Sevilla..., cit., p. 29, nota 63, y p. 88). 5 Una descripción de las condiciones defensivas del emplazamiento en A. Jiménez Martín, Ibid., pp. 18 ss.
La paulatina integración de carmo en la romanidad 5 de aquéllos y a la revalorización de otros argumentos, cuando la explotación agraria y la defensa transfirieron su protagonismo económico a las actividades de intercambio suprarregional a gran escala. Fue entonces cuando Hispalis, ya de forma irreversible, sustituyó a Carmo en el protagonismo en la región. Simplificadamente, para comenzar a entendernos y con el riesgo de una excesiva trivialización de los fenómenos, en situaciones de inestabilidad bélica Carmona puede rentabilizar al máximo una situación estratégica envidiable y unas condiciones de defensa inmejorables, siempre que se taponase su débil flanco occidental, como pudo hacerse con el bastión de la Puerta de Sevilla ya desde época cartaginesa6. Si bien el territorio de Carmo es propenso a una explotación agrícola extensiva, en tiempos de estabilidad sostenida y cuando, como consecuencia, se lograron estadios superiores de organización provincial y de vertebración imperial, Hispalis manifestó por el abrazo del Guadalquivir, cauce de horizontes mediterráneos, su más fiable y duradero potencial de capitalidad regional. Carmona mostró su indiscutible fuerza y supremacía en la región hasta que la pax Romana, por los argumentos anteriores, añadidos a otros de carácter ideológico-político que enunciaremos más adelante, exteriorizó su flanco débil, frente a Hispalis, que no en vano presumiblemente habría de ser la sede del procurador imperial7, capaz de capitalizar un comercio ultramarino a gran escala. Nuestra posibilidad de conocimiento sobre la historia de la Carmona romana y los límites de éste dependen, — primero, de la reflexión imaginativa, que no es sino fruto de la formación y de una entrenada sensibilidad en apreciar y suscitar interrogantes que nos permitan una idónea interpretación de los fenómenos y las dinámicas históricas, — segundo, del volumen y calidad de las fuentes de información a nuestra disposición, — tercero, de la utilización de una idónea metodología de análisis, — así como, por último, –no olvidemos que la Historia es Literatura– de nuestra capacidad de construcción argumentativa y de exposición literaria. Historia no es, no tiene capacidad de ser, recuperación, sino, si se quiere y en su sentido etimológico, reconstrucción, y aquí es donde el papel del historiador, desde sus inquietudes personales y colectivas, muestra su significación más profunda, en su intento de comprensión dialéctica. Son tres, desde mi punto de vista, las características de la información literaria disponible para el conocimiento de la Carmona romana, que en esencia comparten las fuentes disponibles para multitud de ámbitos de conocimiento de la Antigüedad: 6 Según A. Jiménez, Ibid., p.175. 7 Rudolf Haensch, Capita provinciarum. Statthaltersitze und Provincialverwaltung in der römischen Kaiserzeit, Maguncia 1997, pp.184 s.
Antonio Caballos Rufino 12 la más adecuada, la de la identificación de la Bardo turdetana con la actual Paradas, en la provincia de Sevilla, a 23 km. al SSE de Carmona, a través de una derivación fonética del topónimo pasando por el árabe Bardis25. Según al-Razi e Ibn Galib, a la cora de Carmona pertenece el lugar de Bardis, a la que se identifica como madîna, adjudicándole, por lo tanto categoría urbana26. La Paradas moderna políticamente se remonta a la carta de población que en 1460 otorgó al lugar D. Juan Ponce de León, II conde de Arcos, casado con Leonor de Guzmán27 y miembro de un linaje de tanta vinculación con Carmona28. Paradas tomaría así el nombre del antiguo asentamiento, aún no identificado documentalmente, pues la epigrafía no nos ayuda en este caso29. Varios son los candidatos entre los despoblados de los alrededores. Podemos citar, a título de ejemplo, la antigua Ermita de San Albino, el punto más alto, desde el que se divisan no sólo Carmona, sino los otros hitos de la región: El Viso, Mairena y corrupción de Baelo que avanza Hübner (RE 2.2759) parece poco verosímil, dado la distancia que media entre Bolonia (Cádiz) y Carmona. 25 A. Jiménez Martín, La Puerta de Sevilla en Carmona, Málaga 1989, p.35. M. Belén, por su parte, suma a ésta, como hipótesis alternativa, la posibilidad de pensar en el yacimiento de “El Gandul”, en el extremo más occidental de los Alcores. Pero para ello deberían desecharse otras identificaciones toponímicas de este emplazamiento, especialmente con Lucurgentum a partir de CIL II 1264 (cfr. al respecto J. González, “M. Accenna M.f. Gal. Helvius Agrippa”, en Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gascó, Sevilla 1995, tomo I, pp.367 s.). 26 Yaqut, Mu’yam al-buldan, tomado de J. Vallvé, La división territorial de la España musulmana, Madrid 1986, p.323 s. y nota 397. Asimismo Mohammad Ibn Galib, “Farhat al-Anfus fi Tarij al-Andalus”, Revista del Instituto de Manuscritos árabes, vol. I, fasc. II, El Cairo 1955, p.292. Cfr. R. Valencia, “La Cora de Carmona (712-1247): medio físico y humano”, Actas del I Congreso de Historia de Carmona. Edad Media, Sevilla 1998, p.35; así como Ahmed Tahiri, “El esplendor de la Carmona islámica. Épocas del Califato y taifas”, Actas del I Congreso..., cit., p.54. El único otro topónimo medieval que hemos encontrado que tal vez pudiera tener alguna vinculación con el primitivo de Bardo es “Çafrapardal”, de ubicación ignota, y mencionado entre las localidades entregadas mediante capitulación a Fernando III en 1240 (Primera Crónica General de España, Edición de R. Menéndez Pidal, II Tomo, Madrid 1955, 740 a b; cfr. M. González Jiménez, “Marchena en el contexto del siglo XIII andaluz”, Actas de las II Jornadas sobre Historia de Marchena (Historia de Marchena Vol. II). Marchena bajo los Ponce de León: Formación y consolidación del señorío (siglos XIII-XVI), Sevilla 1997, p.2). 27 A. Collantes de Terán Sánchez, “Nuevas poblaciones del siglo XV en el reino de Sevilla”, Cuadernos de Historia 7, 1997, pp. 283-336; cfr. F. Devís Márquez, Mayorazgo y cambio político. Estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos al final de la Edad Media, Cádiz 1999, especialmente 3. Propiedad y derechos reales: el ejemplo de Paradas, pp.29-31. Sobre el personaje véase R. Sánchez Saus, Linajes sevillanos medievales, Sevilla 1991, vol. I, p.234, nº29 y vol. II, Árbol genealógico LXIII, pp.402 s., nº29; cfr. M.A. Ladero Quesada, “Andalucía en el siglo XV”, Estudios de historia política, Madrid 1973, pp. 20 s. 28 Sobre las relaciones entre Marchena, en la que primitivamente estaba integrado el posterior término de Paradas, y Carmona, mantenidas también tras la Reconquista, aunque con unas relaciones conflictivas, especialmente tras la creación del señorío de Mairena, desgajado de Carmona, y concedido al II Señor de Marchena en 1342, véase A. Franco Silva, “Carmona y los señoríos de su término”, Actas del I Congreso de Historia de Carmona. Edad Media, Sevilla 1998, cfr. pp.456-462 y R. Sánchez Saus, “Caballeros y oligarcas en la Carmona medieval: formación, desarrollo y límites de un grupo social”, Actas del I Congreso..., cit., pp. 479-497. 29 Sólo dos inscripciones, ambas funerarias cristianas, son asignadas a Paradas en J. González, ed., Corpus de Inscripciones Latinas de Andalucía, Vol. II: Sevilla, Tomo III: La Campiña, Sevilla 1996, nº833 y 844.
La paulatina integración de carmo en la romanidad 13 El Gandul al NO, Marchena al E, El Arahal al O, y Morón al SO. También, ¡cómo no!, el yacimiento de Montemolín a 14 km. al Este de Paradas, en una elevación junto al Corbones30. Pero no son éstas las únicas posibilidades. Los trabajos de la dinámica de poblamiento en la región llevados a cabo por Mercedes Oria Segura, Enrique García Vargas y Eduardo Ferrer Albelda permiten aportar otros candidatos, yacimientos arqueológicos de significación en la región31. La segunda fase de la conquista romana. Carmona en el ambiente de las Guerras Lusitanas Carmo vuelve a ser citada en las fuentes como refugio del pretor Servius Galba tras su derrota del 151 a.C. frente a los lusitanos32. Se manifiesta así cómo la ciudad seguía conservando su función campamental, mantenida desde antiguo y monumentalmente expresada en el bastión construido por Cartago, según se ha publicado, como primer germen de la actual Puerta de Sevilla33. Complementariamente para estos fines toda la 30 La ubicación allí de la misteriosa Cilpe, ciudad conocida sólo por dos monedas de procedencia incierta (Vives 106-1 y 2, L. Villaronga, Corpus nummum Hispaniae ante Augusti aetatem, Madrid 1994, p.420), es sólo una aventurada hipótesis con nulo fundamento adelantada por A. Delgado (A. Delgado, Nuevo Método de clasificación de las medallas autónomas de España, T. I, Sevilla 1871, pp.116-120). Éste sólo conocía un único ejemplar de moneda, procedente de Sevilla, que formó parte de la colección de Caballero Infante. En la región contamos con el Artigi quod Iulienses de Plinio N.h. 3,10. J. González propone la posibilidad de identificar esta Artigi precisamente con Montemolín (CILA vol. II, tomo III, p.193, ad nº816). Más concretamente, en este caso, habría que pensar en el Cortijo de La Torre (a 3 km. al norte de Montemolín), si atendemos a la restitución propuesta para AE 1984, 512 (= CILA II, 816). 31 Junto a Montemolín, al que antes nos referimos, hay que citar la zona de Porcún/Las Motillas, al norte de Paradas en dirección a Carmona, o la “La Loma de la Lombriz”, al sureste de Carmona, en el actual término de Marchena. 32 Apiano, Iber. 58: “Le sucedió (a L. Mummio) en el mando Marco Atilio, quien realizó una incursión contra los lusitanos, dio muerte a setecientos de ellos y se apoderó de Oxtraca, su ciudad más importante. Después de sembrar el pánico entre los pueblos vecinos, firmó tratados con todos. Entre éstos había algunos vettones, limítrofes con los lusitanos. Sin embargo, cuando Atilio se retiraba para pasar el invierno, todos cambiaron de parecer de repente y asediaron a algunos pueblos vasallos de Roma. Servio Galba, el sucesor de Atilio, les apremió a que levantaran el cerco. Tras recorrer en un día y una noche una distancia de quinientos estadios, se presentó ante los lusitanos y entabló combate de inmediato con el ejército cansado. Por fortuna logró romper las filas enemigas, pero se puso a perseguir al enemigo con poca experiencia en la guerra. Razón por la cual, al hacerlo de forma débil y desordenada debido a la fatiga, los bárbaros, al verlos diseminados y que se detenían a descansar por turnos, se reagruparon y atacándolos dieron muerte a unos siete mil. Y Galba, con los jinetes que estaban a su lado, huyó a la ciudad de Carmona. Aquí recuperó a los fugitivos y, después de reunir aliados hasta un número de veinte mil, marchó hacia el territorio de los cuneos y pasó el invierno en Conistorgis” (Traducción de A. Sancho Royo para la Biblioteca Clásica Gredos, Madrid 1980). 33 Tras la elevación de un torreón troncocónico que A. Jiménez remontó al siglo IX a.C. (A. Jiménez, La puerta de Sevilla..., cit., p.175). Por su parte M. Pellicer Catalán, en comunicación oral que agradezco, no encuentra argumentos arqueológicos para remontar nada de lo que se ha conservado de la Puerta de Sevilla a época cartaginesa.
Antonio Caballos Rufino 14 mitad sudeste de la meseta sobre la que se asienta Carmona contaba por entonces aún con amplios espacios sin urbanizar. La subordinación política, un hecho desde la derrota de Luxinius y sus coaligados, tiene su contrapunto en los procesos de aculturación, dinamizados por la masiva presencia de soldados romanos y la amplia cohorte de civiles que, a la búsqueda de una fácil ganancia, siempre rodeaban y parasitaban a éstos. El proceso de romanización La historia de Roma, a partir del inicio de su expansión militar, es la historia de muchas comunidades humanas, unidas bajo la sola autoridad del Estado romano, que fueron uniformándose en un proceso de aculturación, lento y desigual, que conocemos genéricamente con el nombre de “romanización”. Como resultado de ésta, los diferentes pueblos conquistados por Roma fueron en mayor o menor medida, y con un ritmo muy desigual, aclimatando sus propias culturas y sus lenguas, para adoptar los modelos romanos y, al menos en las provincias occidentales, el latín como fundamental vehículo de transmisión cultural. En Hispania se observan de forma muy especial los impactos culturales y organizativos, pudiendo entenderse la romanización peninsular como el proceso de integración de Hispania en el Estado Mediterráneo que define el Imperio. En términos históricos la romanización de la Península Ibérica debe considerarse como una de las transformaciones de más trascendencia y de más fructíferos y durables resultados experimentada por nuestra patria. La presión romana sirvió a estos efectos de catalizador, generando un mayor dinamismo histórico, en una manifestación más de la traducción cultural del teorema de Fischer de que, a mayor diversidad, mayor es la velocidad de los cambios operados34. Con todo, la unificación no fue total, sino que se vio limitada fundamentalmente por las condiciones del medio físico o por el sustrato cultural, con lo que así cada ámbito concreto mantuvo algo, o mucho, de su personalidad anterior, lo que proporcionó al Imperio Romano diversidad y riqueza. Se trató de un proceso de integración gradual, que, en el caso de Hispania, no supuso la total extinción de las formas previas de organización. Así, las fuentes nos dan cuenta de pervivencias indígenas, habiéndose conservado antiguas instituciones integradas y camufladas en un marco organizativo aparentemente romano. Estas pervivencias dependen esencialmente del mayor o menor contacto con Roma, resultando éste menor en las zonas de más difícil acceso o de menores recursos económicos. 34 Cfr. F.J. Ayala, La Teoría de la Evolución. De Darwin a los últimos avances de la Genética, Madrid 1994, p.67.
La paulatina integración de carmo en la romanidad 15 El resultado fue la diferente graduación de la romanización en función de las coordenadas espacial y temporal. Esta heterogeneidad de situaciones en las diferentes áreas de la Península Ibérica, y a lo largo de toda la etapa de dominio romano, fue consecuencia de un doble proceso, complejo y nunca lineal en su desarrollo. Un proceso externo, de conquista del territorio, y otro interno, de organización política y administrativa y romanización cultural. Resulta pertinente mencionar aquí entre los factores que, a modo de elementos de presión, propiciaron una gradual aculturación, afectando específicamente a Carmona, los siguientes: — El establecimiento de tropas romanas y las emigraciones de contingentes de población civil, tanto romanos como itálicos. A partir del siglo II a.C., como resultado de los conflictos civiles, habría que sumar la llegada de inmigrantes de extracción social superior, con unas mayores necesidades y mayor capacidad de irradiación cultural. — El proceso recíproco de reclutamiento de mercenarios indígenas para formar parte de las tropas auxiliares romanas. — Las necesidades de los órganos de administración romanos. — Las actividades comerciales de diverso calibre, que alcanzarían todos los ámbitos peninsulares, y finalmente la plena integración de la Península Ibérica en el sistema económico romano; factores que favorecieron de forma muy especial la difusión de la escritura romana, medio de comunicación universal y lingua franca en todas las transacciones. La asimilación de formas culturales nuevas fue muy compleja y afectó a todos los órdenes de la vida, dando lugar a modificaciones o sustituciones graduales de las situaciones organizativas de partida. En el mediodía peninsular los resultados fueron palpables, y para muchos ámbitos y momentos cronológicos se puede hablar de una plena asimilación y una auténtica integración. Nada más que habría que aducir para ello el elevado número de senadores de extracción bética –eso sí, ninguno documentado en Carmona–, entre quienes se cuentan incluso dos de los emperadores, Trajano y Adriano, de más notoria actividad y fama a lo largo del Imperio. Una de las más evidentes consecuencias de la romanización, y a la par uno de sus síntomas más claros, es la difusión de la latinización, y, a partir de ésta, de la utilización del sistema gráfico romano como algo usual y generalizado. De tal manera la romanización se puede medir por la difusión de la escritura romana, ya que la generalización de ésta es conditio sine qua non de la plena romanización. Pero, al igual que acabamos de decir al hablar de la romanización, el uso de la escritura también se fue difundiendo de forma muy progresiva y afectando de diversa manera a las diversas áreas de la Península, y dentro de cada uno de éstas en forma muy desigual a los diferentes estratos de la sociedad. La escritura romana fue en unos momentos iniciales de uso exclusivo entre los romanos asentados en Hispania. Luego pasó a ser el vehículo usual de comunicación entre romanos e indígenas y la lengua de la diplomacia, para llegar paulatinamente a
Antonio Caballos Rufino 16 ser de aceptación prácticamente general y obligada tras la plena integración política y administrativa, y como resultado de la generalización del sistema educativo romano, cuyo primer nivel estaba compuesto por el aprendizaje de la lectura y la escritura. Con ello la sociedad hispanorromana puede considerarse como una sociedad plenamente alfabetizada, que usaba habitualmente y de forma muy versátil el sistema gráfico romano. Éste de la Romanización es un tema que se presta como pocos a una interpretación ideologizada. Aquí la pretendida “verdad” histórica deja paso a una realidad plena de matices en un proceso de lentas transformaciones, donde los puntos de referencia, Roma e Hispania, se doblan en los argumentos de la aceptación o rechazo; la hagiografía de la romanización, manifestada en la serie de las Laudes Hispaniae, frente a la reivindicación extemporánea. A pesar de las dificultades, o precisamente por esto, sigue siendo necesaria una más profunda identificación, para otros desenmascaramiento, del proceso de romanización, al que tanto debemos por lo que hoy somos, pero al que hay que conocer mucho más profundamente, sin dejarnos llevar excesivamente por la grandilocuencia formal y estética, que es ropaje, expresión del poder y la ideología romana. En este ámbito de la interpretación de los procesos culturales, en muchos casos las posturas pueden manifestarse como irreconciliables. Pongamos un ejemplo, el de la Cabeza de Marte, hallada en 1978 al realizar un acondicionamiento del acerado de la C./ San Pedro de Carmona, delante del teatro Cerezo, junto con otra femenina, a la que se ha querido identificar, como parergo de la anterior, con Juno35. La calidad de la escultura es soberbia y excepcional. De absoluto primer nivel. El 35 Cfr. F. Amores Carredano, Carta arqueológica de Los Alcores (Sevilla), Sevilla 1982, pp. 133 s.; y HansGeorg Niemeyer en W. Trillmich, Th. Hauschild, M. Blech y otros, Hispania Antiqua. Denkmäler der Römerzeit, Maguncia 1993, pp.382 s. y Lám. 177. Lámina 1. Cabeza del dios Martes hallada en Carmona. (Museo Arqueológico de Sevilla)
La paulatina integración de carmo en la romanidad 17 original está depositado en el Museo Arqueológico de Sevilla, en el lugar de honor que le corresponde: en la sala oval, y junto a otras esculturas tan importantes como la estatua de Trajano o los bustos de Adriano y Augusto de Itálica. Sigue sin haber sido estudiada en profundidad, salvo algún pequeño avance. Se trata de una cabeza de mármol barbada y con casco, una pieza de encastrar, tal vez en una estatua con coraza. Representa a un personaje noble de edad madura, con abundante cabello, barba poblada, de rostro idealizado. Sus rasgos los aproximan al de la estatua de culto encontrada en el Templo de Mars Ultor de Augusto, datada en época de Domiciano. El tipo sigue el modelo clásico de la Atenea Parthenos de Fidias con casco corintio levantado sobre la nuca. Para Niemeyer sería una obra de calidad de un taller local de fines del siglo I d.C.36 ¿De quién se trata? Iconográficamente lo debemos identificar a no dudar con Marte, el dios de la guerra, hijo de las dos principales divinidades romanas, Júpiter y Juno37. Padre a su vez de Rómulo, el legendario fundador de Roma. ¿Pero seguro que nada más que el Marte romano? Y es que las cosas no son tan claras como aparentan, o como Roma hizo que aparentasen. Mucho, muchísimo antes de que Roma llegara aquí ya era Carmona una ciudad de pasado glorioso y floreciente, en un riquísimo entorno agrícola, y con una tradición cultural que la vinculaba, primero a los viejos fenicios, luego a sus directos epígonos, los cartagineses. No en vano sin duda podemos presumir que vería pasear por sus calles al mismísimo Aníbal, el terror de Roma. De tal manera que, ya por entonces, su pasado pesaba y le aportaba una clara personalidad, que no habría de ser fácilmente asimilable a la romana. Y aquí, con la conquista romana, tuvo lugar uno de los procesos de cambio más significativos en la trayectoria histórica de Carmona. Con la romanización Carmona se vería afectada en mucho mayor medida que otras ciudades en la región, precisamente en proporción a su peso y protagonismo histórico. Y es que, si Itálica puede servir de paradigma y modelo de Roma en la región, y por lo tanto de excepción en su entorno, Carmona puede ser aducida como paradigma de las viejas ciudades turdetanas La aculturación resultante de la integración de Carmona en la Romanidad se mostró, andando el tiempo, sumamente fructífera. Pero, antes, el proceso puso a prueba la capacidad de adaptación, de resistencia, de resignación y de esperanza de una comunidad. Los comienzos no pudieron ser más difíciles. Las monedas de Carmo de la primera mitad del siglo II a. C., nos muestran la que ha sido asépticamente descrita 36 H.-G. Niemeyer en W. Trillmich, Th. Hauschild, M. Blech y otros, Hispania Antiqua. Denkmäler der Römerzeit, Maguncia 1993, pp.382 s. y lám. 177. 37 Un repertorio de las manifestaciones epigráficas del dios Marte en la Bética en J. Rodríguez Cortés, Sociedad y Religión Clásica en la Bética Romana, Salamanca 1991, pp.76-81.
Antonio Caballos Rufino 18 como una “cabeza viril con casco”, o, más pedantemente, “galeada”38. Una imagen aparentemente ingenua de un personaje simpático. Para algunos el contrapunto amable de lo que sugiere el militarismo de una figura como la de Marte. Falsa apreciación. Los tiempos, donde la guerra era medio de vida, experiencia cotidiana, no podían permitir otra apariencia. Los modelos formales los encontramos en monedas de Sexi y Abdera, ciudades cartaginesas por antonomasia, hoy Almuñécar y Adra, en Almería, la primera de las cuales, recordemos, también se había revuelto contra Roma en el levantamiento del 197. Por lo tanto, muy posiblemente, el personaje de la moneda no sería en origen otro que el dios de la guerra fenicio-cartaginés39. Roma lo identificará más adelante como Marte, el de la estatua. No es extraño este culto en época romana en Carmona. No en vano Roma, como luego hará una expresión tan rotunda de la Romanidad como es el cristianismo, se aprovechó de las posibilidades del sincretismo: adaptar la religión indígena a unos nuevos planteamientos ideológicos romanos. Ya a mediados del siglo II a.C., la región pacificada, o, si se prefiere, al menos apaciguada, pudo haber ocasión, humor y argumentos para entronizar a Mercurio en las monedas, de la misma y significativa manera que también aparecerá Roma, representada a la manera habitual como un personaje femenino con el clásico casco alado. Mercurio era el dios de la actividad productiva, del comercio. Símbolo de la paz, y de uno de los frutos que abre, el comercio. La Carmona de la prosperidad, cuando ninguna ciudad en la comarca habría podido competir con ella. El caduceo, como emblema de la divinidad, no es otra cosa que el símbolo del progreso económico. Si es que a fines del II a.C. Carmo en verdad quiso expresar formalmente su vinculación a un glorioso pasado fenicio-púnico, representando al viejo Melkart fenicio en sus monedas, éste, para llegar a ser aceptable, tenía que transformarse formalmente entonces en el más asumible Hércules romano. Más adelante, con el Imperio, la paz y el 38 L. Villaronga, Corpus nummum Hispaniae ante Augusti aetatem, Madrid 1994, p.382. 39 Cfr. F. Chaves Tristán y Mª.C. Marín Ceballos, “Numismática y religión romana en Hispania”, en La Religión Romana en Hispania, Madrid 1981, pp.32-34. Lámina 2. As de Carmo. Anverso
La paulatina integración de carmo en la romanidad 19 bienestar dejarían poco espacio a lo que no fuese sintonía anímica con Roma, o al menos la apariencia de ésta. En estas condiciones poco margen le quedó a Carmona, grande y rica, pero con un pasado, digamos “sospechoso” para Roma. El panem et circenses de los emperadores, estabilidad y bonanza económica a cambio de la aceptación de la maiestas populi Romani. Carmona en el conflicto civil entre cesarianos y pompeyanos Habrá que esperar casi un siglo en el desarrollo de la presencia romana en Hispania tras el asunto de Galba para que Carmo volviera a ser mencionada expresamente en los textos literarios, concretamente en la época de la crisis de la República y en el ámbito del conflicto civil entre cesarianos y pompeyanos. Primero, tras el final de la campaña del Segre con la victoria de César, cuando, como otras muchas comunidades de la Ulterior, también Carmona cerró las puertas a Varrón40. Es en aquella ocasión cuando nada menos que el mismo César describió personalmente a Carmona como «la que era, con mucho, la ciudad más fuerte de toda la provincia», descripción que ha acabado acuñándose como el más claro manifiesto del protagonismo histórico y la significación de Carmona. Si por la generalización de esta expresión de apoyo a César, no podemos con propiedad y por esta mera circunstancia, calificar a la ciudad como pro-cesariana, la actitud demostrada por Carmo tras el retorno de César a Roma, y antes de la campaña de éste contra los hijos de Pompeyo en la Ulterior, aparece más nítidamente, al decantarse a favor de Q. Casio Longino, gobernador de la provincia designado por César41. 40 Caesar, Bell. Civ. 2.19.1 a 19.4: 2.19.1 Itaque duabus legionibus missis in ulteriorem Hispaniam cum Q. Cassio, tribuno plebis, ipse cum DC equitibus magnis itineribus praegreditur edictumque praemittit, ad quam diem magistratus principesque omnium civitatum sibi esse praesto Cordubae vellet. 2.19.2 quo edicto tota provincia pervulgato nulla fuit civitas, quin ad id tempus partem senatus Cordubam mitteret, non civis Romanus paulo notior, quin ad diem conveniret. 2.19.3 simul ipse Cordubae conventus per se portas Varroni clausit, custodias vigiliasque in turribus muroque disposuit, cohortis duas, quae colonicae appellabantur, cum eo casu venissent, tuendi oppidi causa apud se retinuit. 2.19.4 isdem diebus Carmonenses, quae est longe firmissima totius provinciae civitas, deductis tribus in arcem oppidi cohortibus a Varrone praesidio, per se cohortes eiecit portasque praeclusit. 41 Bell. Alex 57.1 a 57.4: 57.1 Interim L. Titius qui eo tempore tribunus militum in legione vernacula fuerat, nuntiat eam a legione XXX quam Q. Cassius legatus simul ducebat, cum ad oppidum Ilipam castra haberet, seditione facta centurionibus aliquot occisis qui signa tolli non patiebantur, discessisse et ad secundam legionem contendisse quae ad fretum alio itinere ducebatur. 57.2 cognita re noctu cum V cohortibus unetvicensimanorum egreditur, mane pervenit Naevam. ibi eum diem, ut quid ageretur perspiceret, moratus Carmonem contendit. 57.3 hic cum legio XXX et XXI et cohortes IIII ex V legione totusque convenisset equitatus, audit IIII cohortes a vernaculis oppressas ad Obuculam cum iis ad secundam pervenisse legionem omnesque ibi se coniunxisse et T. Torium Italicensem ducem delegisse. 57.4 celeriter habito consilio <M.> Marcellum quaestorem Cordubam ut eam in potestate retineret, Q. Cassium legatum Hispalim mittit.
Antonio Caballos Rufino 20 Si se pudiese demostrar esta actitud de Carmona a favor de César, permítasenos la licencia, en un abuso de una tarea como historiadores, de acudir, mutatis mutandis, a las circunstancias que hicieron de Carmona un baluarte de Pedro I contra los Trastámara. ¿Se trata de una mera coincidencia argumental, o de tozudez en la manifestación de unos mismos argumentos históricos? Carmo en el marco del Imperio En época imperial, fruto de un gran dinamismo histórico y de una fuerte personalidad cultural que remontaban a épocas precedentes, Carmona siguió brillando con luz propia, con una significación y unas dimensiones por encima de la mayoría de los núcleos urbanos de la región. Con aproximadamente unas 50 Has., en superficie ocupable era la sexta ciudad en toda la Bética. Más extensas eran Cástulo, Osuna, Cádiz, Córdoba e Itálica. En el Conventus Hispalensis parece que únicamente la superaba en extensión, y por muy poco, Itálica. Incluso la propia Hispalis presumiblemente quedaba por detrás42. La significación de una comunidad a partir de este criterio de dimensión no resulta sin embargo todo lo significativo que pudiera aparentar a simple vista, sobre todo si se toman en consideración, bien las dimensiones del marco natural, definido por criterios físicos, bien el mero perímetro amurallado, y se asume mecánicamente toda la superficie interior como homogénea y permanentemente ocupada, cuando: a) el territorio intramuros o el definido por argumentos físicos no tiene por qué estar necesariamente urbanizado; y b) la densidad de ocupación puede variar sustancialmente, de unos momentos a otros, de unas ciudades a otras, e incluso de unos ámbitos a otros dentro de una ciudad. Creo más operativas, aunque puedan aparentar ser menos “científicas” y más sometidas al criterio de la subjetividad, apreciaciones como las que nos recoge Estrabón. Éste cita a Carmona como una de las ciudades más importantes de la Bética43, aunque ya sin la grandilocuencia de tiempos muy anteriores. Bell. Alex. 64.1 a 64.3: 64.1 Cum iter Cassio patefactum esset, castra Marcellus cum Lepido coniungit. Lepidus eodem tempore Marcellusque Cordubam cum suis, Cassius proficiscitur Carmonem. 64.2 sub idem tempus Trebonius proconsul ad provinciam obtinendam venit. de cuius adventu ut cognovit Cassius, legiones quas secum habuerat equitatumque in hiberna distribuit, ipse omnibus suis rebus celeriter correptis Malacam contendit ibique adverso tempore navigandi navem conscendit, ut ipse praedicabat ne se Lepido et Trebonio et Marcello committeret, ut amici eius dictitabant, ne per eam provinciam minore cum dignitate iter faceret cuius magna pars ab eo defecerat, ut ceteri existimabant, ne pecunia illa ex infinitis rapinis confecta in potestatem cuiusquam veniret. 64.3 progressus secunda ut hiberna tempestate cum in Hiberum flumen noctis vitandae causa se contulisset, inde paulo vehementiore tempestate, nihilo periculosius se navigaturum credens, profectus adversis fluctibus occurrentibus ostio fluminis, in ipsis faucibus cum neque flectere navem propter vim fluminis neque in derectum tantis fluctibus tenere posset, demersa nave periit. 42 S.J. Keay, “The development of towns in Early Roman Baetica, en S.J. Keay (ed.), The Archaeology of Early Roman Baetica, Portsmouth, Rhode Island, 1998, pp.55-86, especialmente Appendix I (A & B). 43 Estrabón 3,2,1: “... Hay muchas ciudades en Turdetania, siendo el número de ellas, según dicen, unas 200. Las más célebres son las que están junto a los ríos y en los estuarios y en el litoral, por ser ésta la posición más favorable. Las ciudades más grandes por su fama y poder son Corduba, fundación de Marcelo,
La paulatina integración de carmo en la romanidad 21 Así, por comparación, Itálica puede ser considerada como la imagen de Roma en la región y su antigüedad y prestigio permitieron que surgiesen, por el procedimiento de la promoción, las figuras de Trajano y Adriano, hecho que a no tardar iba a repercutir significativamente en su propia patria, mientras que Hispalis asumió el papel de capital económica en la región, doblado por la significación político-administrativa que iría alcanzando como colonia cesariana y sede de uno de los cuatro conventus iuridici de la provincia. Carmona conservaba su posición estratégica, de valor ahora no militar, sino como hito en la via Augusta44, pleno su potencial agrario, pero la incorporación total de la Bética en las estrategias imperiales, y el papel que ésta asume, conducen a una nueva redefinición y reequilibrio de los centros urbanos en la región. Ello le llevó a Carmona a perder protagonismo, sin que por ello debamos caer en el extremo contrario de negarle una significación de la que seguirá gozando con posterioridad. En este punto, y que me disculpen aquéllos a los que pueda parecer iconoclasta, a partir del estado actual de la cuestión, creo que no debería desorbitarse una tan rotunda significación como la atribuida en otros tiempos a un presunto y empecinado mantenimiento a ultranza de tradiciones puramente púnicas, que, como contrapunto a Roma, se habrían exteriorizado en unas estructuras y usos funerarios que según este parecer se evidenciarían en la necrópolis45. Por el contrario, en mi opinión, todo y Gades; ésta por su navegación y por su alianza con Roma, Corduba por la riqueza y extensión de su territorio, contribuyendo a esto mucho también el Betis. Corduba, ya desde su principio estaba habitada por gente escogida, romanos e indígenas. Y ésta fue la primera colonia que los romanos enviaron allí. Después de ésta y Gades, es importante Hispalis, que también es colonia romana. Y aquella ciudad comercial (Gades) aún hoy florece, pero es más importante que ella Corduba por su distinción y por haber recibido hace poco soldados de César, a pesar de que no está muy bien poblada”. Estrabón 3,2,2: “Después de estas ciudades Itálica e Ilipa, situadas en el Betis y, distantes de él, Astigi, Carmo y Obulco y también las ciudades en las que fueron vencidos los hijos de Pompeyo: Munda, Ategua, Urso, Ucubi, Ulia y Aspavia...” (Traducción de A. Schulten para las F.H.A., fasc. VI, Barcelona 1952). 44 Como recogen los itinerarios (Itin. Ant. 414,2; An. Rav. 315,5 y Vicarello I, II, III y IV) y evidencian los miliarios que algunas referencias historiográficas han conservado, aunque Hübner los asume falsos (E. Hübner, “Trigueros und Franco, zwei spanische Inschriftensammler”, Rheinisches Museum für Philologie 17, 1862, pp.228-268). 45 Lo que llevó a Bendala a calificarla de “neopúnica” (M. Bendala Galán, “La perduración púnica en los tiempos romanos. El caso de Carmo”, Huelva Arqueológica 6, 1982, pp.193-203). Debe relativizarse el valor de algún testimonio, al que en su momento se le asignó gran significación como indicio y justificación de posturas contrapuestas en el debate. Me refiero concretamente a la urna funeraria CILA II 873. Una interpretación ingeniosa de su texto fue la de G. Susini (Epigraphica 37, 1975, pp.265 s.), desarrollando Vrbani v(ixit) a(nnis) L. J. González lee VRBANI·VALE, aunque no apreciamos ningún resto de la E, para la que no hay espacio material en la urna. G. Alföldy recientemente ha leído VRBANI·VAL, interpretando Vrbani · Val(eriorum). En todo caso, e incluso si se siguiese aceptando que la lectura fuese Vrbanival, como asumiera primitivamente Bonsor, y que con aquélla hubiera que entender un nombre púnico, ¿qué extrapolación cultural se puede asignar sin más al, por otra parte usual, mantenimiento de