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Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público

Navarro, David

Abstract

Una de las vías por la cuales el pensamiento neoliberal cobra cada vez más fuerza es la de la educación. Las nuevas pedagogías se han convertido en poderosas propagadoras de un sistema educativo que favorece el individualismo y acentúa la injusticia social. Este modelo no se ha conformado con conquistar el ámbito de la educación privada, sino que está consiguiendo dar el salto al sistema público. Para analizar el alcance de este fenómeno nos serviremos de las ideas que sobre la educación nos ha legado Rafael Sánchez Ferlosio y ofreceremos a la vez una visión crítica del momento presente de la mano de Ani Pérez Rueda.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público The new pedagogies and the siege of the public David Navarro1 Universidad Industrial de Santander (Colombia) ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5016-7333 Recibido: 06-09-2022 Aceptado: 01-10-2022 Resumen Una de las vías por la cuales el pensamiento neoliberal cobra cada vez más fuerza es la de la educación. Las nuevas pedagogías se han convertido en poderosas propagadoras de un sistema educativo que favorece el individualismo y acentúa la injusticia social. Este modelo no se ha conformado con conquistar el ámbito de la educación privada, sino que está consiguiendo dar el salto al sistema público. Para analizar el alcance de este fenómeno nos serviremos de las ideas que sobre la educación nos ha legado Rafael Sánchez Ferlosio y ofreceremos a la vez una visión crítica del momento presente de la mano de Ani Pérez Rueda. Palabras-clave: pedagogía, neoliberalismo, conocimiento, competencias, sociedad. Abstract One of the ways in which neoliberal thinking is gaining more and more strength is through education. The new pedagogies have become powerful propagators of an educational system that favors individualism and accentuates social injustice. This model has not been satisfied with conquering the field of 1 ([email protected]). Doctor en Filosofía por la Universidad de Valencia, profesor de la Universidad Industrial de Santander y de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Colombia). Autor del artículo “Consideraciones acerca de la ciencia como cultura”, publicado en la revista CEIR en diciembre de 2021. 532 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 private education but is making the leap to the public system. To analyze the scope of this phenomenon, we will use the ideas about education that Rafael Sánchez Ferlosio has bequeathed us and, at the same time, we will offer a critical vision of the present moment from the hand of Ani Pérez Rueda. Keywords: pedagogy, neoliberalism, knowledge, skills, society. Introducción Sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que una de las cosas a las que una persona liberal no estaría dispuesta a renunciar por ningún motivo es a la posibilidad de elegir el tipo de educación que le quiere ofrecer a sus hijos. Además de un centro con instalaciones y recursos adecuados, seguramente le importará mucho que la orientación sociopolítica y religiosa –o laicade sus profesores sea acorde con la suya propia y que sus niños compartan aula con gente de su misma altura social y cultural. Pero un liberal a su vez defiende la pluralidad y el derecho a que coexistan múltiples opciones educativas, tantas como aquellas que los distintos padres puedan desear y, condición sine qua non para su existencia en una sociedad liberal, costear. Al fin de cuentas, al menos en el papel, una sociedad liberal es una sociedad plural. Lo cierto es que hoy en día habría que añadir que a ese anhelado derecho a la elección del centro donde ha de ser educado el niño o la niña se suma un cierta expectativa de que la educación sea también algo personalizado, es decir, que sea diseñada a la medida de cada uno de los estudiantes según su carácter, sus aptitudes y sus cualidades más particulares que, al diferenciarle de la masa estudiantil, merecen una atención y una potenciación ad hoc de cara al óptimo desenvolvimiento de su personalidad y al logro futuro de unos estándares de felicidad que la educación tradicional no permite alcanzar. Estamos asistiendo por lo tanto al momento en que aparentemente la exaltación de la diversidad y de la diferencia alcanzan su punto más álgido patrocinados por una nueva ola pedagógica que ha tenido una eufórica acogida desde su nacimiento en los centros educativos privados y que ha venido contagiando la totalidad del sistema educativo español y mundial. Las banderas flameantes con que han conquistado el terreno de la educación son las del aprendizaje por competencias y la enseñanza no directiva, que básicamente se oponen a la clásica transmisión de contenidos por parte del maestro: una forma de educación, esta última, considerada contraproducente y obsoleta. Frente a este panorama, el propósito de nuestro trabajo es realizar, de la mano del pensamiento sobre la educación de Rafael Sánchez Ferlosio, una defensa de la educación pública por supuesto, pero también de lo público como espacio de construcción de la sociedad y de existencia del conocimiento, e igualmente de la importancia de la educación dirigida y de la transmisión 533 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 de contenidos, porque, y aunque esta postura pueda a primera vista parecer en exceso conservadora ante la “revolución pedagógica” que vivimos, consideramos por razones muy serias y que expondremos a continuación que solamente en la educación pública es posible un verdadero pluralismo y únicamente a través de ella y de una educación orientada es posible transformar la sociedad con un sentido de justicia social. Aprovecharemos también la muy reciente salida a la luz del libro de Ani Pérez Rueda que lleva por título Las falsas alternativas (2022) para acompañar nuestra lectura de Sánchez Ferlosio y acercarla al presente más estricto con las valiosas aportaciones de la escritora madrileña en la crítica de la insana deriva que han tomado las pedagogías en la actualidad, aunque en algún momento, cosa que saben y perversamente aprovechan, pudieran haber tenido vínculos con las ideologías libertarias. Para el camino que vamos a recorrer nos serviremos principalmente de la guía de la colección de ensayos de Sánchez Ferlosio denominada QWERTYUIOP (2017) la cual en las secciones Entre Escila y Caribdis en primer lugar y también la muy interesante Hacia una nueva estética nos obsequia con varios escritos muy elocuentes y estimulantes para reflexionar sobre nuestro asunto: la pedagogía de nuestros tiempos. Centraremos nuestra mirada en tres de sus artículos que serán el motivo para abrir y desarrollar la crítica en cada sección de este trabajo: Borriquitos con chándal, Educar e instruir y Nadie puede con la bicha. Nuestro argumento se desplegará a través de tres momentos clave: empezaremos por apreciar cómo en la actualidad la educación pública es objeto de un acorralamiento por parte de los defensores de la sociedad liberal que quieren reducir lo público y el Estado a su mínima expresión y que se encarnan tanto en la insidiosa intromisión de las familias pudientes en la educación de sus hijos en sus colegios y por encima de sus maestros, como en la ola pedagógica que contemporáneamente acompaña dicha intrusión y quiere extenderla a las instituciones públicas. Seguidamente abordaremos la propuesta de las nuevas pedagogías de implementar un modelo educativo en el que los profesores reduzcan su influencia sobre los estudiantes tanto como sea posible en aras de una supuesta educación más libre y democrática. Señalaremos la ingenuidad y contradicción de dicho planteamiento que no resulta ser más que un guiño al elitismo. En la tercera y última sección veremos cómo, con la intención de marginar al maestro de la educación, también se pretende hacer a un lado los contenidos disciplinares por considerar que caducan permanentemente. Al parecer, las exigencias del siglo XXI requieren una educación mucho más adaptativa y unos sujetos mucho más flexibles cognitivamente y la ciencia, según esta perspectiva pedagógica cómplice del neoliberalismo, parece ir en contravía de la creatividad del individuo y de su moldeado para las exigencias del vigente sistema socioeconómico. 534 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 1. El asedio de lo público De acuerdo con Hirtt (2001) el proceso de mercantilización de la educación se puede apreciar como cumpliendo con tres directrices cruciales: en primer lugar la de posibilitar la formación de unos trabajadores acordes con las exigencias del mercado actual que, más que unos empelados obedientes, necesita de un personal emprendedor y creativo, con inteligencia emocional, capaz de liderar y de trabajar en grupo. Estos mismos trabajadores no han de estar especializados en ninguna tarea en concreto, lo mejor es que sean polivalentes, flexibles y resilientes, o lo podemos decir así: que no sepan mucho de nada y estén dispuestos a pasar de un puesto precario y poco cualificado a otro. En segundo lugar, es imprescindible educar a los jóvenes para ser consumidores, una parte fundamental de nuestro sistema económico capitalista. Y finalmente, en tercer lugar, el sistema escolar público debe ser abierto al mercado. En suma, de la mano de las nuevas pedagogías se trabaja en el diseño y la creación del nuevo sujeto del capitalismo. Pues bien, para comenzar recordemos junto a Rafael Sánchez Ferlosio algo que nos puede sonar bastante cercano: la idea de que “el que paga manda”. Borriquitos con chándal fue publicado originalmente en el diario ABC en el año 2000. En sus primeras palabras Sánchez Ferlosio nos recuerda que al hablar de educación privada estamos hablando sobre todo de educación de pago, es decir, que el que elige es porque puede pagar su elección. Nos relata también que en sus tiempos los colegios de pago eran casi todos religiosos y sin ánimo de lucro, motivo por el cual las matrículas no eran tan costosas y estaban al alcance de una parte mayor de la población de la que hoy en día se la puede permitir cuando la educación privada es laica en gran proporción y movida por los intereses de maximización de la ganancia que impone el mercado de la educación como cualquier otro mercado. Estas primeras consideraciones nos llevan al problema que salta a la vista: el del clasismo que genera la educación privada, es decir, que es una educación que engendra y promueve los privilegios y la jerarquía social. Si volvemos por un instante la mirada atrás como nos lo propone nuestro autor, encontraremos el ejercicio de alguna forma de caridad al interior de los colegios religiosos: la inclusión de algunos alumnos pobres con el patrocinio de los más favorecidos económicamente, en el mejor de los casos a manera de becarios, en el más cuestionable de ellos recibiendo una formación más “acorde a su clase” (un oficio, por ejemplo, que le podría generar más rápidamente una forma de ganarse la vida) o destinadas al servicio de las estudiantes de la élite (y digo “las” porque el caso se daba en colegios femeninos). En nuestros tiempos, continúa Sánchez Ferlosio, tal tipo de caridad es despreciada como una rémora desde las perspectivas liberales que afirman que nadie debería cargar con el peso de la educación de los hijos de otros; sea de forma directa o 535 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 a través de impuestos aquello es una aberración de la cual la sociedad debería liberarse. Pero lo cierto es que dado el excesivo encarecimiento de la educación privada, esta se hace cada vez más un lujo que está al alcance tan solo de unas pocas familias privilegiadas que en sus instituciones educativas reproducen sus valores y reafirman su jerarquía. La pluralidad de la que habla el liberalismo no es posible, ni en los tiempos de la caridad que nos retrata Sánchez Ferlosio ni nunca, sin justicia económica y la justicia económica no llegará sino como un reclamo social de los que tienen menos. Por lo tanto, nada de esto podría darse sin una regulación, por ejemplo de carácter estatal, que permita el acceso a la educación a las familias de todas las clases sociales: porque sin educación no hay conciencia social. Solo la educación pública es verdaderamente plural. Solo la educación pública puede generar en el conjunto de la población, pero sobre todo en los menos favorecidos, una conciencia de la injusticia de la desigualdad que sufren. Una primera clave de nuestro argumento que vale la pena subrayar porque hemos de volver a ella es: la justicia social se construye sobre la base de una justicia económica y para ello es necesario tener una población que tenga una clara conciencia de la importancia de luchar por ese objetivo. Entonces es necesario preguntarnos ¿qué tipo de educación favorece el desarrollo de una conciencia social? En todo caso, antes de avanzar, apuntemos con Sánchez Ferlosio que los apologetas del liberalismo de una regulación estatal como la que mencionábamos arriba quieren saber bien poco, quieren que sea la mínima posible y hasta han teorizado eso del “Estado mínimo” en pro de un capitalismo voraz. Sánchez Ferlosio señala que hay un hecho en la educación privada que resulta llamativo por ser paradójico: en la supuesta liberación del individuo del carácter opresor o “dirigista” del Estado, por ejemplo a través de sus instituciones educativas, se ejerce una influencia todavía más opresiva y destructora de su libertad como producto de la invasión de lo público por lo privado (Sánchez Ferlosio, 2000). Esto lo podemos ver claramente en la forma en que los padres y madres de familia se entrometen en los centros privados para influir a su antojo en la forma en que se educa a sus hijos, volviéndose los coprotagonistas de su educación en un ámbito en el que deberían estar ausentes para que ellos se desenvolviesen por sí mismos fuera de su estrecho ámbito de familiaridad, de su pequeño mundo privado, y dieran el salto a la esfera de lo público, de lo social. En palabras del autor: Bajo el pretexto casi siempre creído con total buena fe, de reivindicar o defender “la libertad de enseñanza”, que las doctrinas oficiosas les hacen confundir con el derecho de los papás y las mamás, o papaes y mamaes o papases y mamases –como “maravedís”, “maravedíes” y “maravedises”, que de las tres maneras se decía-, de elegir para sus pequeñuelos el colegio que les parezca conveniente, lo que en verdad se manifiesta no es sino la presión de una economía privatizante 536 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 por disolver –en un circuito de retroalimentación positiva, efecto y causa de sus propias consecuenciaslos últimos residuos de socialidad y vida pública. Halagando aquel triste –o al menos hoy en día entristecidofetiche de la Ilustración, “la autonomía del individuo”, con el espejuelo del derecho de cada cual como contribuyente y como consumidor, en lo que se termina es en desalojar la plaza pública y enclaustrar a los individuos en la estrechez psicológica y mental de su privacidad. (Sánchez Ferlosio, 2000, pp. 143). Vale la pena añadir un fragmento más: El muchacho que empieza a ir al colegio tendría que compenetrarse plenamente con la idea de que ir desde su casa hasta el colegio es verdaderamente una salida al exterior, un camino que apareja cruzar una frontera, para pasar a un territorio, no ciertamente enemigo, pero en el que tiene que saber sentirse a solas en lo que se refiere a la vida familiar, lo que a la vez implica comprender cabalmente que este nuevo conjunto de personas al que se incorpora no es, de ningún modo, propio y personal, sino indistintamente común y colectivo. (Sánchez Ferlosio, 2000, pp. 144). Que las familias que llevan a sus hijos a centros de educación privada intenten entrometerse en el proceso educativo no es nada nuevo. Es pertinente adoptar la crítica de Sánchez Ferlosio para revisar nuestra situación más actual, pues no solo parece extenderse esta tendencia, sino haber cobrado una renovada vitalidad: el aparato que ha adquirido unas impresionantes dimensiones no deja de estar vitalmente sostenido por el afán de penetración del capitalismo y su proyecto de coaptar más y más familias que le sacrifiquen sus vástagos en el futuro. Como hemos de evidenciar, se trata de una intrusión de tipo pedagógico al servicio de los intereses del neoliberalismo y de una estrategia que ha conseguido infiltrar poco a poco hasta las mentalidades de aquellos padres de familia y profesores que han defendido la educación pública hasta hace no mucho. Las nuevas pedagogías, que han colonizado el ámbito educativo y se han instalado incluso en la legislación, procuran que sean las competencias como la creatividad, el trabajo colaborativo, el aprender a aprender, la inteligencia emocional y el pensamiento crítico las que vengan a sustituir a los anticuados contenidos de las disciplinas y, además, unas competencias que han de ser desarrolladas mediante un trabajo no directivo por parte del profesor, mismo que se ha de transformar en una especie de silencioso acompañante del estudiante. De esta manera se espera que los estudiantes desarrollen capacidades individuales más coherentes con la realidad que les espera en un mundo dinámico de problemas cambiantes (pero, sobre todo, se espera la creación de un sujeto sumiso frente al capital y muy activo en el consumo, como hemos apuntado un poco más arriba). Para seguir nuestra línea argumental hablaremos en 537 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 primer lugar acera de cómo esta propuesta pedagógica ha dado el salto de la educación privada a la pública. Uno de los principales terrenos de avance ha sido el de los medios de comunicación masivos que participan generando una imagen positiva y progresista de la innovación educativa: nos dicen que ¡hay que innovar! (Pérez, 2022). Evidentemente toda esta exaltación de la innovación lleva aparejada toda una maquinaria mercantilista, pues existe una amplia gama de productos que la acompañan: libros, talleres, tecnologías, expertos, adaptación de espacios, etc. El primer objetivo de los medios es la escuela pública, desacreditándola como anticuada y caduca al igual que sus profesores, que también resultan ser unos vagos. Ensalza por contraste las virtudes y adaptabilidad de la privada que es la primera en acoger las pedagogías novedosas. Como resultado, la escuela pública se verá forzada a competir lo quiera o no. Pero como mencionaba Sánchez Ferlosio, el neoliberalismo no desearía tan solo hacer competir a la pública con los desafíos que le impone la educación privada, sino que desea arrinconar lo público al extremo. En cuanto a la educación pública esto significa desmontarla y apropiarse de todas sus muy rentables potencialidades en y para el mercado (la educación como objeto de consumo y la educación como fábrica de consumidores y productores adiestrados). En efecto, las grandes corporaciones son plenamente conscientes de la gran oportunidad de negocio que subyace a la educación pública y por ello han creado una serie de fundaciones de fachada humanitaria y altruista dedicadas a señalar los problemas del sistema educativo para ofrecerse al mismo tiempo como sus salvadoras: se presentan a sí mismas como benefactoras con sus innovadores proyectos y recursos económicos o tecnológicos para conseguir infiltrarse en las instituciones públicas y dictar, bajo los mismos criterios de optimización y rendimiento que les han llevado al éxito financiero, las nuevas políticas en este sector vital de la sociedad. Este sistema por el cual estas fundaciones vasallas de las grandes corporaciones capitalistas allanan el terreno a las nuevas pedagogías ha sido denominado como “filantrocapitalismo” (Bishop & Green, 2008), o lo que es decir, una nueva modalidad de aquel “el que paga manda” que quiere dominar, a la manera de una fingida colaboración entre fundaciones filantrópicas y el sector público, las directrices en lo concerniente a temas cruciales para la humanidad como por ejemplo el cambio climático, el desarrollo económico, los conflictos bélicos y, no menos, en la educación (Pérez, 2022). Se está privatizando el futuro de la especie y del planeta. Y es más que necesario subrayar que el capital que estas fundaciones emplean para sus donaciones a la educación (y otras) provienen del producto de la explotación laboral y la destrucción ambiental que llevan a cabo mediante sus actividades económicas las empresas a las representan, que en no pocas 538 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 ocasiones significan el sufrimiento y la muerte. Habría que recordarle esto una vez más a los profesores y a todos los miembros de la educación pública y privada que se han dejado seducir por sus engaños. Para ofrecer un par de buenos ejemplos de esto que estamos diciendo podemos mencionar en primer lugar las cerca de 230 escuelas que el programa de inteligencia emocional denominado Educación Responsable ha puesto en marcha. Dicho programa ha sido implementado por el Banco Santander a través de la Fundación Botín. Y es que, efectivamente, el Banco Santander es líder mundial en filantrocapitalismo educativo, al mismo tiempo que ocupa el segundo lugar entre los bancos que financian la industria armamentística y responsable de miles de desahucios -un 80% de ellos eran de familias con menores de edaddesde la pasada crisis económica. Tal vez esta entidad tan humanitaria intenta compensar la balanza: por un lado echa a la gente de sus casas, pero por el otro les ayuda a gestionar el pánico a ser arrojados a la calle. Es destacable también el caso de la Fundación Telefónica, de la empresa del mismo nombre y tercera en el escalafón del filantrocapitalismo, cuya función principal es la de difundir las metodologías y modelos de aprendizaje de las nuevas pedagogías mediante grandes eventos propagandísticos que involucran figuras relevantes de la sociedad y la cultura y especialmente en asociación con otras empresas o asociaciones como Ashoka, que no da recursos ni manipula directamente los proyectos educativos de los centros con los que se vincula, pero que en su falso altruismo utiliza escuelas que gozan de cierto reconocimiento o de una imagen que pueda interesarle a la fundación para hacerse su propia publicidad e incrementar su credibilidad con el objetivo primordial de penetrar en los movimientos sociales de resistencia y tratar de moldearlos (Pérez, 2022). Es decir, que Ashoka y sus aliados utilizan la táctica del “entrismo”, esto significa que procura coaptar figuras destacadas de los movimientos sociales para incorporarlos a su red de emprendedores sociales o changemakers en todos los ámbitos en los que se mueve a nivel global y poder luego influirlos desde su propio interior (por ejemplo, con su red de Escuelas Changemaker pero también en salud, medio ambiente, educación ciudadana, etc.). Para comprender mejor lo preocupante de la labor influenciadora de Ashoka tan solo hay que seguir la invitación de Ani Pérez a dar un vistazo a la lista de sus aliados más estables: Banca Cívica, Banco Goldman Sachs, Banco Interamericano de Desarrollo, BBVA, Boehringer Ingelheim, Caixa Catalunya, Citibank, Danone, Deutsche Bank, DKV, eBay, Exxon Mobil, etc. El trabajo mancomunado de los medios de comunicación y las fundaciones filantrocapitalsitas ha conseguido dar un gran impulso a las nuevas pedagogías que han logrado colonizar sin ninguna resistencia la educación privada con la promesa de ofrecer a sus jóvenes receptores un futuro libre y feliz, liderado por un poderoso espíritu emprendedor. Una promesa que inicialmente aparecía 539 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 como dirigida a una clase exclusiva que podía permitirse el lujo de una educación económicamente al alcance de muy pocos hoy se lanza a la conquista del mundo educativo en su totalidad. Y es que al mismo tiempo ha conseguido arrinconar a la educación pública, por una parte desacreditándola como institución por no haber sido capaz de amoldarse a las exigencias del nuevo siglo y exigiendo a sus profesores que se transformen al igual que lo han hecho sus homólogos del sector privado en adalides de la innovación pedagógica; y por otra, sometiéndola a las mismas condiciones de la competencia de mercado capitalista, y no solo por tener que competir con las promesas de las pedagogías adoptadas masivamente en el sector privado sino también contra las mismas escuelas públicas que dada la presión han comenzado a incorporarlas incluso con el beneplácito de algunos sectores de los padres de familia de ideología de izquierda. La consecuencia es un fenómeno llamativo e inquietante: el de una segregación dentro de la misma escuela pública en la cual algunas son elegidas por ciertas familias por su deriva innovacionista, creando así una cierta élite en pugna dentro del sector público que como explicaremos en las siguientes secciones no hace más que favorecer la reproducción de la ignorancia y las diferencias sociales existentes. 2. La no directividad El artículo Educar e instruir fue publicado por Rafael Sánchez Ferlosio en el diario El País el día 29 de julio de 2007. En este escrito hay una excelente pregunta: ¿qué es lo que educa? El autor nos reta a plantearnos en serio la cuestión pues parece que ante la evidente respuesta queremos desviar la mirada. Lo sabemos bien, nos dice, como bien lo sabía Elena Salgado cuando era ministra de salud y aunque preocupada más por los asuntos de su Ministerio que por la propia educación, había dado en el clavo: el alcohol es un poderoso pedagogo cultural. Y es que la educación es sobre todo gregaria. El alcohol reúne y el grupo es el que educa, esta es la primera parte de la respuesta, pero aún nos falta algo más: ¿educa con arreglo a qué? Sánchez Ferlosio nos dice que la fuerza educativa del grupo procede del “imponente poder determinante del mercado”, que es el mercado, a través de su fuerza más irresistible, la de la publicidad, el supremo educador de nuestra juventud. El mercado, en tanto que educador, tiene un poder muy difícil de contrarrestar, quedándonos así dos caminos a elegir: o bien decir “¿qué hay de malo en ello?”, o bien seguir a Freud apuntando que “si uno está destinado a la muerte preferirá estar sometido a una ley natural ineluctable, la sublime ananké, y no a una contingencia que tal vez habría podido evitarse” (Sánchez, 2007, pp. 161). El mercado pues, se nos presenta ya como una naturaleza de un 546 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 la cultura científica y por tanto de un valor insoslayable para la humanidad. Se trata por ello de oponerse a la privatización, personalización y, con todo ello, a la devaluación y marginación de uno de los bienes públicos más admirables y poderosos que tenemos: el saber. Pues bien, Sánchez Ferlosio en Borriquitos con chándal nos habla acerca de una única e incontestable circunstancia interna del conocimiento que atañe a la condición del contenido: según esta, la enseñanza es por necesidad “pública”, simplemente lo es por definición. Para explicar esta condición, citamos al propio autor: La dimensión en que tiene sentido la expresión “enseñanza privada” es la que se define por la misma circunstancia externa que nos permite hablar de “profesor particular”; en la dimensión que se define por la circunstancia interna de la condición de los contenidos de la enseñanza, hablar de “enseñanza privada” o de “profesor particular” comportaría un sinsentido equivalente al de expresiones como “trigonometría femenina”, “cristalografía conyugal” o “herpetología episcopal”. Los contenidos de la enseñanza son conocimientos, y el adjetivo “público” es perfectamente apropiado para designar una nota diferencial definitoria, un atributo analítico del concepto mismo de “conocimiento”. El que haya un profesor particular que la traiga a un muchacho atrasado los estudios, y cuyos padres puedan económicamente permitírselo, la enseñanza a domicilio no debe, en modo alguno, confundirse con la posibilidad de que los contenidos de la enseñanza en cuanto tales, los conocimientos en sí mismos, se presten a venir o ser llevados o tan siquiera acercados al alumno, sino que, por su propia condición, exigen que sea él el que salga a buscarlos fuera, en la pura intemperie impersonal, mostrenca, en la tierra de nadie en la que, por definición surgen y están. (Sánchez Ferlosio, 2000, pp. 146-147). De esta extensa cita vale la pena destacar dos elementos fundamentales: la enseñanza es enseñanza de contenidos o, lo que es lo mismo, de conocimientos, y estos son intrínsecamente públicos. Por ello una consecuencia directa es que una educación “personalizada” sea no menos que una aberración que debe prescindir de los contenidos, porque los contenidos de la enseñanza no pueden ser adaptados a cada cual según su idiosincrasia o condiciones personales, sino que, todo lo contrario, deben ser los estudiantes los que hayan de enfrentarse a la naturaleza impersonal propia de todo conocimiento. Todo esto que bien nos puede parecer una simple obviedad, cobra hoy sin embargo importancia cuando la educación es tratada como una mercancía que se puede adecuar a las características distintivas de cada estudiante. Pensado para alimentar la vanidad de sus progenitores, y aprovechándose seguramente de sus posibilidades económicas si es el caso, se ofrece un programa educativo que tenga en cuenta que existe ya no un cuerpo de conocimientos a ser enseñado, sino una diversidad de sujetos cognoscentes cuya diferencia ha de ser tratada como un valor en sí mismo que la educación 547 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 debe respetar y potenciar: por ejemplo, mediante un detallado (y generalmente costoso) análisis psicológico o psicopedagógico de las peculiaridades de cada estudiante (Sánchez Ferlosio, 2000). Adoptar una visión escéptica con respecto de la novedosa propuesta pedagógica que privilegia en la enseñanza la adquisición de unas competencias generales (skills) por encima del aprendizaje – señalado ahora como tradicional o como “conservador”- de los contenidos de las disciplinas requiere en primer lugar una revisión del concepto mismo de disciplina y del tipo de conocimiento que les es propio. Así pues, por disciplina se ha de entender un saber que se construye críticamente, es decir, en una sociedad abierta y en el seno de una comunidad científica que se dedica al estudio de un determinado objeto del mundo (su objeto material) con una determinada perspectiva (su objeto formal). De esta manera, por ejemplo, una planta puede ser objeto de estudio de la botánica, de la medicina o incluso, por su significación social si la tuviese, de la antropología o la sociología (Luri, 2020). En cualquier caso, una disciplina solo puede serlo en razón de su aplicación al uso de la metodología de la ciencia. Incluso para aquellos que se inclinen a favor de las tesis que relacionan el conocimiento con el ejercicio del poder más que con el de la verdad, lo cierto es que es innegable que la ciencia puede sin parangón alguno. En términos de Gregorio Luri (2020), estamos hablando de un conocimiento poderoso sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Ahora bien, toda disciplina necesita la ayuda de otras disciplinas para incrementar su conocimiento y por ello recurre a ellas como ciencias auxiliares de las que toma sus verdades y hallazgos como apoyos para resolver los problemas propios. Esto quiere decir que cada ciencia adopta muchas certezas “ajenas” para atender problemas de su propio ámbito. Esta es la forma en que se trabaja interdisciplinariamente: una colaboración jerarquizada donde distintos especialistas de diferentes disciplinas participan en un proyecto común. Dadas las peculiaridades de cada disciplina es comprensible que la transmisión de conocimientos de unas a otras no sea cosa sencilla en muchas ocasiones, especialmente para los aprendices. Sin embargo, la ciencia se ocupa de crear un lenguaje universalmente accesible y de hacer tan fluida como sea posible esta comunicación, las barreras en definitiva son franqueables. Pero hay algo que debemos subrayar para nuestro objetivo: no es la interdisciplinariedad la que conduce a un saber riguroso, sino es el saber de las disciplinas, en su desarrollo, en su ámbito específico, lo que permite la existencia de la interdisciplinariedad y no al contrario. Digámoslo de otra manera: la existencia de un consolidado saber experto sobre un objeto delimitado o disciplina es lógicamente previo a la existencia de la interdisciplinariedad. Las competencias se desarrollan en este orden de las cosas. De esto surge la pregunta que es necesario formular: ¿a quién se le ocurrió pensar que esto era al revés? Pues bien, es a la nueva pedagogía a 548 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 quien se le ha ocurrido que a partir del trabajo colaborativo y en grupo de los estudiantes, sin la previa instrucción imprescindible y dirigida por el profesor en el ámbito de cada disciplina particular, es decir, en los conocimientos que son inherentemente un tesoro público, podrán adquirir milagrosamente un conocimiento interdisciplinar. La nueva ola pedagógica sin embargo continúa desplazando más y más la instrucción básica en los contenidos disciplinares para abrir campo al desarrollo de las competencias generales: el producto es un nuevo sujeto capaz de resolver cualquier tipo de problema sin tener ningunos conocimientos específicos (recordemos que el conocimiento consolidado es un lastre para las nuevas pedagogías, una carga detestable porque limita la flexibilidad del pensamiento y agota creatividad). Finalizamos señalando que allí donde lo público debería tener mayor relevancia, la innovación pedagógica propone un giro hacia lo privado, hacia nuestras emociones. En el hogar de las nuevas pedagogías se abre la puerta a las emociones mientras se arroja el conocimiento por la ventana: una de las competencias básicas a desarrollar por los estudiantes es la de la educación emocional que cumple con la función de coadyuvar en el cuestionable propósito de educar de espaldas a la realidad social. En efecto, la inteligencia emocional podría ser la apuesta más decididamente reaccionaria de las nuevas pedagogías: está centrada en la mirada que el estudiante dirige hacia sí mismo y hacia el mundo con el propósito de educarla de tal manera que se pueda garantizar que el sujeto adquiera la capacidad de gobernarse adecuadamente en cualquier situación estresante o de apremio en la que se pueda encontrar. Para poder lograr este objetivo hemos de comprender que lo que importa no es por qué la realidad nos somete a presión o nos impone una vida deshumanizada bajo el yugo de la empresa y del consumo porque al fin de cuentas todo esto puede ser neutralizado, e incluso asumido como algo favorable, si somos capaces de gestionar nuestras emociones al respecto. La efusión sentimental desvanece las conciencias y al negarse la lucha de clases se entiende que los conflictos tienen que ver únicamente con nuestras emociones y con algunos desarreglos ocasionales en nuestras relaciones interpersonales (Pérez, 2022). Lo que hay que cambiar no está ahí afuera sino en nosotros mismos. Igualmente, las condiciones económicas o laborales, por ejemplo, no deberían ser objeto de luchas sociales cuando lo que podemos hacer es cambiar la forma en que miramos el mundo: siempre es posible mejorar nuestra actitud, domesticar nuestros sentimientos, ver las cosas de manera optimista porque esto es algo que depende y se espera de nosotros. En definitiva, esta corriente pedagógica resultaría un ataque inaceptable a los más valioso del ser humano: su libertad. Las “escuelas libres” no comprenden como bien lo hizo Rafael Sánchez Ferlosio que “la libertad 549 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 humana o lo es de la relación, del tráfico social, del ámbito colectivo, de la plaza pública, de la actuación civil, del intercambio, o no es más que vanidad y música celestial” (Sánchez Ferlosio, 1993, pp. 194). 4. Conclusiones De la mano de los trabajos de Rafael Sánchez Ferlosio y de Ani Pérez Rueda hemos podido apreciar como la familia es un elemento decisivo en el fenómeno del asedio de lo público. En efecto, se ha conseguido difundir la idea de que cada hijo debe ser educado a partir de aquellas características, no que le hacen humano y parte de una comunidad que lucha por tener, por ejemplo, unas mejores y más equitativas instituciones sociales, sino que se constituyen en marcas distintivas que le hacen singular y merecedor de un tratamiento altamente personalizado para motivarle en el presente y proyectar adecuadamente su felicidad individual en el futuro. A partir de aquí la familia se constituye en la policía de los educadores, los centros educativos en empresas que compiten en su capacidad para formar esa nueva especie de idiotas-felices y la educación misma en un producto que ha de amoldarse a las exigencias del consumidor. La influencia de la visión que las familias adquieren de la educación transforma por completo el medio educativo y ha logrado trasladar al sector público la competitividad y las marginaciones que hasta ahora estaban presentes fundamentalmente en el privado. Nos hemos encontrado también con una ridícula sobrevaloración de la capacidad innata y espontánea de un niño de generar conocimiento, de tal manera que se considera mucho mejor que el profesor se haga a un lado en la enseñanza y se lleva con él los contenidos de las disciplinas que tanto tiempo y esfuerzo han costado a la comunidad científica, todo para dejar libre la creatividad del nobel estudiante que a través de su propia curiosidad y experiencia, incluso mientras juega plácidamente en el jardín de la escuela o el de casa, aprende física y botánica mucho mejor que en cualquier clase magistral. Las nuevas pedagogías se empecinan en desconocer que el progreso en la ciencia depende de la confianza en el saber logrado por la comunidad de científicos que a lo largo de muchos años ha ofrecido su conocimiento al mundo para trabajar a partir de él, pudiendo eso sí, ponerlo siempre a prueba en el momento en que se desee, pero jamás la ciencia hubiese podido avanzar si no creyese en un acervo de conocimientos suficientemente sólidos como para seguir investigando sobre la plausibilidad de su verdad. La creatividad científica, los grandes avances en la historia de la ciencia, los han podido realizar hombres que contaban ya con una buena cantidad de conocimientos forjados en otros tiempos y por otros científicos y que les han servido para 550 David Navarro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 construir sobre ellos o para criticarlos y desarrollar nuevas teorías. Lo que se debe afirmar es que el conocimiento de la propia ciencia, de naturaleza intrínsecamente pública, es el terreno más fértil para la innovación y no un obstáculo para la creatividad. La propuesta innovadora de la ola pedagógica que actualmente cobra cada vez más fuerza en nuestro ámbito educativo no se ha conformado con el éxito conseguido en el sector privado sino que consigue cada vez con más celeridad instalarse también en la escuela pública tras haber conquistado la mentalidad tanto de las familias como de los mismos docentes con un poderoso marketing en el que la necesidad de la adaptación de la enseñanza a unos tiempos que son ofrecidos al imaginario social como la viva escenificación de lo fluido, no solo en cuanto a las relaciones sociales sino también en lo que atañe al conocimiento, es vendida como una absoluta prioridad para quien desee un porvenir exitoso y feliz para sus hijos. Por ello, un modelo educativo que inicialmente se nos ha podido presentar como inalcanzable para las clases más modestas, aspira a poder llegar finalmente a todos los públicos pues el mercado educativo va mucho más allá de la élite económica, pero eso sí, no nos confundamos: no por ello este modelo se convierte en una herramienta igualitarista sino que a todo nivel no hace más que reproducir y profundizar las diferencias sociales existentes, llegando incluso a extender las reglas de la competencia del mercado privado de la educación al sector público. Pero también al interior de las aulas, donde se promueve la auto-organización “democrática” sin la intervención de la regulación del maestro que sería imprescindible para reorientar las tendencias de las que los estudiantes ya son portadores por la estructuración mercantilista de una personalidad gestada fuera de las aulas, no se hace otra cosa que calcar las jerarquías sociales imperantes como si fuese algo “espontáneo”. El resultado de la expansión de un modelo educativo centrado en la gestión adecuada de los sentimientos individuales y de la felicidad de cada sujeto según su particularidad pero olvidándose completamente de los problemas sociales que son la causa del sufrimiento de la mayor parte de la población global, no es otro que el de la formación de una clase de sujetos mezquinos y acríticos incapaces de preocuparse por la forma de lograr una sociedad más justa. Por ello, ahora más que nunca la izquierda debe levantar su voz y debe hacerlo directamente en las aulas para agitar las conciencias de unos jóvenes que son las víctimas de una educación que se ha abandonado a la dictadura del mercado, en aras de una perversa neutralidad apolítica del sistema educativo, y a las iniciativas de un ejército de pedagogos secuaces del neoliberalismo. Por lo tanto, nuestra conclusión es que frente a la tendencia que marcan las nuevas pedagogías deberíamos apostar por una educación con una fuerte base sociopolítica que compense de manera clara y programada el sesgo 551 Las nuevas pedagogías y el asedio de lo público Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 51. Tercer cuatrimestre de 2022. Pp. 531-551. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i51.25 ideológico con el que los jóvenes son moldeados gregaria e inevitablemente bajo la influencia principal de los medios y desde ellos instrumentalizados a través también de su familia y de su grupo social más cercano. Nuestras escuelas deberían ofrecer al estudiante la posibilidad de acercarse a otras visiones posibles de la humanidad (de la economía, la política, su organización social, etc.) que ha sido pensadas desde la izquierda y que desde el inicio de su educación deben estar presentes nivelando la balanza de la influencia ideológica de un sistema que extraescolarmente es muy poderoso a la hora de educar a nuestra juventud. Entonces, a las respuestas que nos ofrecía Sánchez Ferlosio ante esa creciente fuerza educativa del mercado y de la publicidad, que eran o bien un acrítico desinterés o bien un fatal conformismo, nosotros apostamos por una tercera alternativa: dar la batalla por la ideología abiertamente a través de la educación como principal fuente de esperanza y lugar de cultivo para los intelectuales de los movimientos emancipatorios del mañana. Bibliografía: Bishop, M. & Green, M. (2008): Philantrocapitalism. How to Rich Can Save the World. Bloosmsbury Press, Nueva York. Hirtt, N. 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