Pensar por imágenes. La imaginación creadora en Francisco Umbral
Full text
FRANCISCO UMBRAL
Y LA FILOSOFÍA
Edición de Ca los X. A da ín T abanco y
Esme alda Balague Ga cía
______________________________
NEXOFÍA
LA TORRE DEL VIRREY
INSTITUTO DE ESTUDIOS CULTURALES AVANZADOS
FRANCISCO UMBRAL
Y LA FILOSOFÍA
Edición de
Ca los X. A da ín T abanco y
Esme alda Balague Ga cía
Nexo ía
Edi a:
Ins i u o de Es udios Cul u ales A anzados
La To e del Vi ey
Nexo ía, Lib os Elec ónicos de la To e del Vi ey,
colección di igida po Esme alda Balague Ga cía
Apa ado de Co eos 255
46183 l’Eliana (Valencia), España
<h p://www.la o edel i ey.es>
Edición y Maque ación:
Esme alda Balague Ga cía
Diseño de cubie a:
Te esa Lizand a Ma os
isbn 978-84-09-57886-3
4
5 | P esen ación
15 | F ancisco Umb al: mues a ilosó ica
Ca los X. A da ín T abanco
33 | Lo ilosó ico como ing edien e ondo- o mal
en F ancisco Umb al
Diego Vadillo López
45 | F ancisco Umb al, pensado de pe iódico
Jean-Pie e Cas ellani
58 | La iloso ía como di e imen o
en el columnismo de Umb al
Ra ael Ruiz Pleguezuelos
74 | Umb al y la anspa encia, Mo al y osa
Ma ía Isabel Fe ei o La edán
99 | Li e a u a y pensamien o. Dos eje cicios sob e
Los helechos a bo escen es
F ancisco José Ma ín
130 | Po los caminos ilosó icos de Un se de lejanías
Ana Godoy Cossío
153 | Tempo alidad y lenguaje en Un se de lejanías
Gonzalo Na ajas
178 | Teo ía y p ác ica de la me á o a
en F ancisco Umb al (‘esa lanza que ma a’)
Eloy E. Me ino
220 | Pensa po imágenes.
La imaginación c eado a en F ancisco Umb al
Ca los Peinado Ellio
220
Pensa po imágenes.
La imaginación c eado a en
F ancisco Umb al
Ca los Peinado Ellio
“Los que en España i imos de pensa , siemp e es amos
pendien es de lo que piense un gene al”.
(Los ángeles cus odios, p. 75)
“po que sólo ui imaginación, c eación de imágenes”.
(Un se de lejanías, p. 194)
En la década que a de 1968 ( echa de publicación de
Lo ca, poe a maldi o y de Valle-Inclán) a 1978 (Ramón
y las angua dias) se obse a un ahondamien o en
la e lexión umb aliana sob e la imaginación, que
epe cu i á en su no elís ica pos e io . Se a a de un
221
pe íodo de ans o mación especialmen e ele an e
en el pano ama de la li e a u a española: el in de la
la ga hegemonía ealis a, sus i uida po co ien es
expe imen ales,
neo angua dis as o simbolis as,
que
ienen su epí ome en el mo imien o poé ico de los
No ísimos. La ans o mación del pensamien o
umb aliano sob e la c eación poé ica, que se desa olla
al hilo de sus monog a ías sob e esc i o es como Lo ca
o Ramón Gómez de la Se na, o ma pa e del de eni
poé ico de es os años, siendo lógicamen e in luido po
alguno de sus p incipales ep esen an es. Apun a es a
e lexión a un cen o: la conside ación de la li e a u a
como una o ma de pensamien o, que cons uye un
obje o au ónomo (el ex o o poema-cosa) a a és de
imágenes.
La lógica de la imaginación: Lo ca, poe a
maldi o. En Lo ca, poe a maldi o, encon amos ya
uno de los pila es de la e lexión umb aliana: “ odo el
a e es una g an me á o a en el sen ido de que es una
g an suplan ación de la ealidad”.1 En su dis inción
en e una poesía obje i a y o a subje i a, se obse a
cómo apues a decididamen e po es a úl ima (que es
“más a go ” —como la p opia ob a de Umb al ende á a
se —), pues “ oda la poesía no es sino un a go sublime
en que las cosas son nomb adas con encionalmen e,
co azonalmen e, a bi a iamen e”.2 Se dis ancia po
an o de cualquie es é ica de ca ác e ealis a, basándose
en una concepción de la palab a poé ica independien e
del obje o, au ónoma. Su consecuencia lógica se á la
au onomía de la ob a. En su aíz, la c eación poé ica no
copia la ealidad, sino que la c ea: “Pe o ya decía Eugenio
d’O s que cuando el poe a habla de ‘una osa de sang e’
no es á sólo es ableciendo una equi alencia, sino que ha
1 F ancisco Umb al, Lo ca, poe a maldi o, Plane a, Ba celona,
2016, p. 101.
2 Ibid.
222
c eado un obje o nue o, un obje o poé ico, una ealidad
dis in a de la ealidad: una osa de sang e. Es deci , lo
imposible; es deci , lo poé ico”.3
Eugenio D’O s pa e de la iloso ía del lenguaje de
Humbold , pa a cali ica a es e como “ene gueia”, es
deci , “no un esul ado, algo que se gua da en la ine cia
del eposo, sino una ene gía, una c eación con inuada, un
mo imien o p oduc o de ealidad”,4 que D’O s conec a
con el P ólogo del E angelio de Juan. El lenguaje c ea
ealidad, po que “ odo en las palab as es ealidad”, las
palab as son ealidades.5 Es a idea de la palab a-cosa
acompaña á siemp e a Umb al, como puede obse a se
en Los bo ines blancos de piqué:
Y la cosa de las cosas, la cosa po an onomasia,
es la palab a; cosa que habla, cosa que suena, cosa
que dice, cosa que ecue da. Toda la es é ica de
Valle-Inclán es á en a a la palab a como cosa.
Pe o como cosa i a, cosa que se dice a sí misma.6
Es a base o siana (el lenguaje como p oduc o de
ealidad y la palab a como cosa), de i a (según se
obse a en la ci a an e io ) en una concepción de la
au onomía de la ob a (sepa ación en e obje o y poema),
de p o undo sabo “c eacionis a”. De es a mane a, a a
conec a ácilmen e con un í ulo sob e la imaginación
ci ado ecuen emen e po Umb al: Lo imagina io, de
Jean-Paul Sa e. Pa a Sa e, la conciencia imaginan e
3 Ibid., p. 105.
4 Eugenio D’O s, El sec e o de la iloso ía, Edi o ial Ibe ia,
Ba celona, 1947, p. 59.
5 Ibid., p. 59.
6 F ancisco Umb al, Valle-Inclán. Los bo ines blancos de piqué,
Plane a, Ba celona, 1997, p. 78.
223
supone la aniquilación de la conciencia pe cep i a,7
pues c ea “una clase especial de obje os de la conciencia:
los obje os imagina ios”;8 no es “la eapa ición
au omá ica de un con enido sensible”, sino que la imagen
o jada es “independien e del ipo pe cep i o”, eniendo
un ipo de exis encia sui gene is.9 La imaginación es
un ac o de libe ad, median e el cual el homb e se libe a
de lo eal, lo anonada o supe a pa a cob a dis ancia, a
a és de la imagen o jada.10 En e ec o, pa a Sa e, la
imagen o jada no gua da elación con la pe cepción.
Es a unción de libe ad que cumple la imaginación se á
esencial en la na a i a umb aliana a pa i de mi ad de
los se en a, como e emos más adelan e.
Es ablecida esa independencia de la imagen con
espec o de la ealidad, el echazo de una poesía
en endida como ab icación de me á o as (ese “silogismo
es é ico pa alelo al silogismo concep ual”)11 iene como
consecuencia. Aunque apa en emen e pod ía pensa
el lec o que es e echazo p ocede de la impugnación
de la lógica, la e lexión pos e io nos hace conclui
que no es es e el mo i o, sino, en p ime luga , la
ligazón (o a adu a) que sigue man eniendo la me á o a
con el obje o eal, pues iene su base en la sensación
(“conca enación lógica, aunque más o menos su il y
lejana, de imágenes plás icas o de sensaciones”).12 En
segundo luga , el echazo de una “lógica acional” (del
pensamien o hacia los sen idos) en luga de una “lógica
7 Jean-Paul Sa e, Lo imagina io. Psicología enomenológica de
la imaginación, Losada, Buenos Ai es, 1964, p. 158.
8 Ibid., p. 126.
9 Idem.
10 Ibid., pp. 235-236.
11 F ancisco Umb al, Lo ca, poe a maldi o, op. ci ., p. 142.
12 Idem.
224
na u al” (de los sen idos hacia el pensamien o). Desde
el pun o de is a c ea i o esul a ele an e, pues supone
deja de lado el con ol pe manen e de la conciencia
(o icio, manipulación, abajo), pa a que es a ocupe un
espacio segundo, pun o de llegada o acompañan e (pe o
no ec o ni con olado ) del ac o c eado . Pe o (es o es
c ucial) en ambos casos hay una lógica:
[…] el su ealismo es el ilogicismo de los sueños
pues o en libe ad, libe ado de la lógica conscien e
po F eud y And é B e on, ilogicismo que sin duda
iene una lógica sec e a, escondida, mis e iosa,
pe e sa po desconocida. Pe o una lógica, al in
y al cabo, pues que el se humano sólo iene dos
di ecciones: ac ua con el pensamien o sob e los
sen idos o deja que los sen idos ac úen sob e el
pensamien o. En el p ime caso es á eje ciendo
la lógica acional; en el segundo, la lógica na u al,
lógica ambién, po que los sen idos obedecen a unas
leyes ísicas, mecánicas, en las que queda in eg ado
incluso el cap icho isiológico. Es a p esión na u al
en ía al ce eb o es ímulos que le son ex años en
cuan o inconscien es y que nos lle an a habla de
la ana quía del subconscien e, ana quía que po
supues o exis e, como en odo el se y en la c eación
oda, pe o no po ausencia de unas leyes, sino
po la g a uidad de que esas leyes han nacido. No
sabemos, pues, en qué oscu o pun o el su ealismo
deja de se alógico pa a obedece a una lógica, no
di é más p o unda, pe o sí más ciega: la lógica de la
na u aleza. Es o, apa e de que la lógica conscien e,
acional, nunca puede se abolida del odo po una
men e en uncionamien o (o en dejación).13
La libe ación (nunca o al) de la lógica conscien e
conduce a una nue a lógica (la de la na u aleza). Hay,
pues, un logos en la imaginación; hay una lógica en la
imagen, un pensamien o no concep ual en la poesía, que
13 Idem.
231
jus ísima, po cuan o nues o amigo, cuyo lenguaje,
no obs an e, es á cuajado de elemen os igu a i os y
plás icos, se ha acos umb ado a e y a comp ende
al mundo de al mane a, que pa a él esos elemen os
nunca ep esen an símbolos ni exp esiones di ec as,
sino que, po el con a io, son siemp e exp esión
di ec a y isión pu a, no eemplazables po
equi alen es.32
Si, pa a Ramón Gómez de la Se na, según la
in e p e ación umb aliana, sólo se puede accede a lo
abs ac o a a és de lo conc e o, es a misma sín esis es
la pe seguida po el pensamien o de D’O s. Lógicamen e,
Umb al, como se deduce de la ci a, oma es e impulso
y es os concep os o sianos pa a lle a los más allá, al
iden i ica es e pensamien o con lo i acional, aunque
—debemos aco a — es a i acionalidad ha de se
en endida en el sen ido de la “o a lógica” que apa eció
en la monog a ía sob e Lo ca. Se a a de ei indica
un pensamien o po imágenes, que eclosiona en las
angua dias como o ma de up u a con el pensamien o
sis emá ico, incapaz (és e úl imo) de ace ca se a una
comp ensión del mundo.33 En 1978 es a línea había sido
es ablecida po los au o es de la gene ación del 69, que
habían a ado de es i ui el espí i u de la angua dia
li e a ia, ompiendo adicalmen e con la e apa an e io
de la posgue a. Es a nue a gene ación (a la que
acompaña on en su e olución algunos de los maes os
de p omociones an e io es) en endía el ealismo de
la posgue a como la pé dida de la adición mode na
que p ocedía del Roman icismo.34 Umb al comp ende
32 J. L. A angu en, La iloso ía de Eugenio D’O s, op. ci ., p. 42.
33 F ancisco Umb al, Ramón y las angua dias, op. ci ., p. 108.
34 J. G acia y D. Ródenas de Moya, His o ia de la li e a u a
española. 7. De o a y es i ución de la mode nidad, 1939-2010,
C í ica, Mad id, 2022, p. 221.
232
las angua dias como “una uel a a He ácli o y los
p esoc á icos, al pensamien o igu a i o y lib e, aunque,
ine i ablemen e, las angua dias se academizan”.35 No
en ano opone imaginación a ealismo (es e no “quie e
e más allá de lo que hay, cuando, ealmen e, lo que hay
es á siemp e más allá”36), sumándose al comba e con a
el ealismo que había dominado la escena li e a ia has a
inal de los sesen a (y que, a es as al u as, se encon aba
ya de o ado). Po es a concepción de la imaginación
como pensamien o, podemos deci que no hay iloso ía en
Umb al po que ci e a ilóso os, sino po que en iende su
ob a den o de es e pensamien o “p imi i o”, igu a i o,
supe io al abs ac o.
En el lib o sob e Gómez de la Se na encon amos
cla amen e expues a la de ensa de la li e a u a como
pensamien o en imágenes. No es algo pu amen e eó ico,
sino conc e o y p ác ico, que ma ca la ida eal, como se
mani ies a en la anécdo a que hace comp ende a Gómez
de la Se na que debe abandona España y pone umbo
al exilio. El encuen o con el “ iejo bohemio” demues a
que solo puede comp ende la ealidad, ace ca se a ella,
a a és de una imagen conc e a:
En 1936, es ando sen ado en un ca é de la
mad ileña calle de Alcalá, e pasa a un iejo
bohemio li e a io y us ado, que se ha c uzado de
ca uche as y escope as, y en onces comp ende que
hay que i se y uel e a Amé ica.
Ramón, ca en e del ins in o polí ico has a
ex emos ala man es, sólo isualiza la inminencia
de la gue a cuando e al iejo bohemio a mado y
amenazado . Necesi a una imagen, como siemp e,
pa a hace se una idea de las ideas, y la imagen se la
35 F ancisco Umb al, Ramón y las angua dias, op. ci ., p 112.
36 Ibid., p. 61.
233
da aquel ene gúmeno37.
“Pensa en imágenes” no es una exp esión no edosa
en es os años, como podemos obse a en uno de los
p incipales poe as y c í icos, Pe e Gim e e , au én ica
a anzadilla de la nue a gene ación. Ya en un emp ano
a ículo sob e Gim e e , Joaquín Ma co si úa la
imagen “en el cen o del in e és poé ico” de es e au o ,
obse ando cómo su camino es “independiza has a el
máximo la imagen, has a que adqui ie a un cie o alo
po ella misma”.38 Gim e e con ie e desde emp ano
la máxima goe hiana en mo o de su poé ica, como se
puede ap ecia ya en su es udio sob e An oni Tàpies:
Goe he a i maba que el poe a es un homb e
que piensa en imágenes. En e ec o, las imágenes
poé icas genuinas no son algo ex e no, un epe o io
de moldes acíos que el poe a aplica a de e minada
combinación de clisés es ilís icos; incluso cuando
ecu e a los elemen os que le p ocu a la adición
li e a ia inmedia a, su elección de imágenes iene
el ca ác e de un hecho necesa io. El poe a no
puede exp esa su pensamien o sino en es a o ma
conc e a; no es que la p ecise pa a ansmi i lo a sus
lec o es, sino incluso pa a o mulá selo él mismo.
P ecisamen e puede deci se que es poe a po que la
exp esión poé ica le es indispensable pa a adqui i
plena conciencia obje i ada de su mundo in e io .39
La imagen es el ehículo de conocimien o pa a el
poe a, que conoce solo en la imagen, a a és de ella (de
mane a que no es en modo alguno simple ins umen o).
37 Ibid., p. 208.
38 J. Ma co, ‘Poesía es imagen o la poé ica de Ped o Gim e e ’,
Eje cicios li e a ios, Tábe , Ba celona, 1969, p. 429.
39 P. Gim e e , An oni Tàpies y el espí i u ca alán, Ediciones
Políg a a, Ba celona, 1974, p. 69.
234
Gim e e ahonda á en sus ex os y di ulga á en
en e is as es a misma idea en los años siguien es. Así se
obse a en la siguien e espues a a Munné, que ecue da
la máxima o siana (“aquello que no se puede dibuja , no
lo en iendo”):
[Las cons an es imaginís icas en mi ob a] [s]
u gen de un consejo undamen al pa a mí que me
dio el poe a b asileño Joâo Cab al de Melo. Me
ecomendó que me ija a en las o mas p imi i as,
me ci ó a Villon y a Be ceo pe o igual hubie a
podido ci a me la Chanson de Roland o Ramon
Llull. Me ecomendó que, como los p imi i os,
u iliza a cosas que pudie an isualiza se, no cosas
abs ac as ni imágenes no isualizables po el lec o .
Y es o, con muy pocas excepciones, lo he p ac icado
igu osamen e. Po an o, si es algo que el lec o
puede imagina isualmen e, es algo que unciona.
No sólo unciona, sino que e exime de deci de
modo explíci o lo que ya de po sí dice la imagen.40
La ci a an e io conec a es e pensamien o po
imágenes con las “ o mas p imi i as” y “los p imi i os”,
al igual que Umb al cali ica á a Ramón Gómez de la
Se na como “un p imi i o”. En una en e is a pos e io
en El País (1983) epe i á es e consejo de Cab al de Melo
p ác icamen e con idén icas palab as ( elacionándolo
con “los poe as p imi i os”, Be ceo, Villon), pe o en
es e caso conec a es a idea con la amosa sen encia de
Goe he: “La ope ación poé ica consis e en explici a en
imágenes una cosa que no exis i ía en ningún o o caso.
Es lo mismo que la eo ía del “co ela o obje i o” de
Elio . Po eso Goe he decía que el poe a es un homb e
que piensa en imágenes. Oc a io Paz es o o ejemplo de
40 A. Munné, ‘Función de la poesía, unción de la c í ica. (En e is a
con Pe e Gim e e )’, El iejo opo, 26 (1978), p. 43.
235
que la poesía es imagen”.41
Ya G acia A mendá iz si uó la máxima goe hiana
den o del “decálogo de la esc i u a de F ancisco
Umb al”, inculándola con la écnica de mon aje o
conca enación de imágenes, que ejempli ica con un
ex o de Gim e e sob e las Sona as de Valle-Inclán.42
Es a acumulación de imágenes, que iene en Gim e e
una in luencia cinema og á ica, adquie e en Umb al en
ocasiones la ex u a del encadenamien o su ealis a, en
o as, un mo imien o en espi al que conduce a la o ja de
un obje o-poema:
Recons ui la cosa con el lenguaje. Hay que
sus i ui una bo ella, o sea, hay que hace una bo ella
con palab as, una bo ella de palab as. F ancis Ponge
hace escul u as léxicas, sus i uye el obje o ma e ial
po el obje o léxico. […] Apasionan e, sí, y obliga
a lle a el lenguaje a sus úl imas consecuencias.
Y desde luego no hay que con undi es o con el
ealismo. Es odo lo con a io. […] Las cosas ienen
que es a c eadas en el lib o.43
Se unen po an o en la máxima goe hiana dos
p incipios (insepa ables en es a poé ica) que ya han
sido enunciados: po una pa e, solo se conoce en la
imagen y a a és de ella (no hay un pensamien o que
pos e io men e se lle e a la imagen); po o a, es e
conocimien o se p oduce en la esc i u a, en el poema-
obje o o poema-cosa que se c ea (au onomía del ex o
41 Ci . de J. Ba ella, ‘In oducción’, P. Gim e e , Poemas (1962-
1969), Viso Lib os, Mad id, 2010, p. 49.
42 J. G acia A mendá iz, El a ículo dia io de F ancisco Umb al
(1957-1988), Tesis doc o al, Uni e sidad Complu ense de Mad id,
1995, pp. 130, 135.
43 Á.-A- He e a, F ancisco Umb al, F ancisco Umb al, G upo
Lib o, Mad id, 1991, p. 105.
236
poé ico). El ex o supone la c eación de una ealidad
p opia (no me a copia ni aslación de lo llamado eal).
Es os pos ulados lle an a una up u a con la es é ica
ealis a.
Aunque Gim e e es quizá el máximo eo izado y
di ulgado de es a concepción, se a a de un p incipio
común a la nue a gene ación que ha conquis ado el
mundo li e a io español en la década de los 70. Así pudo
obse a Bousoño en Ca ne o cómo “el poema os en [a]
un con enido i educ ible y p opio”, de modo que “el
poema in en a su e e en e”.44 Gim e e expone es a
concepción de la palab a c eado a en una con e encia
sob e Umb al, p onunciada en el cu so de e ano de la
Uni e sidad Complu ense ‘Li e a u a y pe iodismo en
F ancisco Umb al’, ansc i a po G acia A mendá iz:
El lenguaje li e a io no consis e en enuncia
cosas, pa a eso es á el lenguaje de los lib os de
biología, pongo po caso, o de los lib os de economía,
no es enuncia cosas, sino hace que exis an cosas
median e las palab as. […]
Es aquella ase ípica de Malla mé cuando
alguien, nunca ha sabido si Debussy o Delac oix,
le decía que que ía esc ibi un poema, pe o que le
al aban ideas, y Malla mé le dice que los poemas no
se hacen con ideas, sino que se hacen con palab as.45
Como emos, es a concepción de la li e a u a no
puede sepa a se de una idea c eado a del lenguaje ni
de la au onomía de la ob a poé ica y ambas se en aízan
en una isión cognosci i a según la cual la e dad no
consis e en la adecuación, sino en la in ención. Pues al
44 C. Bousoño, ‘La poesía de Guille mo Ca ne o’, en G. Ca ne o,
Ensayo de una eo ía de la isión (Poesía 1966-1977), Hipe ión,
Mad id, p. 26.
45 Ci . de J. G acia A mendá iz, El a ículo dia io de F ancisco
Umb al (1957-1988), p. 124.
237
mi a in en amos, así como al eco da ; de es e modo, la
ob a es c eación de una e dad:
En nues os ecue dos no es á nues o pasado,
sino o o p esen e nues o que no conocemos.
Igualmen e, en nues a memo ia/ ec eación del
p esen e ci cundan e, eso que en pin u a se ía, como
he dicho, dibuja del na u al, las cosas no son an
sencillas como pa ecen y nunca sabemos si es amos
iendo o in en ando, in en ando lo que emos o
iendo lo que acabamos de in en a .
Machado: “ ambién la e dad se in en a”
Eso es. Ahí es á odo el sec e o de eco da lo
p esen e o lo e iden e. Machado había leído mucho
a Be gson, como P ous […] y se no a la uen e
ilosó ica común. También la e dad se in en a.
Hoy llegamos más lejos que odos ellos: no hay o a
e dad que la in en ada.
El que sólo e con los ojos es ciego. ¿La is a es
la que abaja? Qué a, homb e. La imaginación es la
g an abajado a, desde la iloso ía sis emá ica a la
no ela desc ipcionis a, pasando po la poesía lí ica.
La e dad se in en a […].46
A aíz del ex o an e io , pod íamos no a cie as
a inidades en e el esquema dinámico be gsoniano y el
uncionamien o de la imaginación en Umb al, en cuan o
a la libe ad y g a uidad de la que p ocede su mo imien o
inicial, no exen a de leyes de a iculación. Igualmen e se
ap ecia la idea be gsoniana del homb e como in en o
y c eado de ealidad. Desde la posición posmode na,
Umb al ex ema el a gumen o, como se ap ecia en la ci a
an e io . El poe a es in en o y c eado de la e dad. En
el siguien e epíg a e ol e emos sob e ello.
El espacio o o de la imaginación. Como espacio
au ónomo de lo eal, la c eación (ob a, imaginación)
46 F ancisco Umb al, Los ángeles cus odios, Des ino, Ba celona,
1981, p. 161.
238
que o ja un obje o-o o, supone, según se a i ma ya en
Ramón y las angua dias, una huida “de la so didez de
unos hoga es in ansi ables”: un espacio de p o ección
o ab igo (“lo cu si ab iga”) que acaba con i iéndose
en una ía de “libe ación po la imaginación, que es
la única posible”.47 En Mo al y osa, as eco da la
mue e de su mad e, aplica la máxima machadiana
comen ada en el epíg a e an e io a es a unción de
p o ección en e a una ealidad ad e sa y amenazado a
(“una ida que no deseo eco da ”48): “Casi siemp e
iene uno malos sueños, pe o oda ía nos queda la
imaginación imp escindible pa a in en a la ealidad
machadianamen e”49. La imaginación cons uye o o
espacio, habi able, dominable, cognoscible, en e al
abismo ex e io . An e el “ho o al espacio abie o” (que
in uye Umb al en Ramón), el esc i o hace una “ce ca de
palab as”, “uni e so ce ado, poblado y complicado de
los ba ocos”.50
Lógicamen e, es Mo al y osa el lib o en el que de
mane a di ec a se ecogen e lexiones enjundiosas sob e
la unción de la imaginación como a enuan e del dolo ,
o jando una capa p o ec o a, una ce ca (po emplea el
é mino amoniano) que, sin emba go, el dolo deshace
con acilidad: “Llegamos a gene a una subs ancia de
consis encia a iable, más bien medioc e, que es la
imaginación, la li e a u a, la es é ica, el li ismo, el bien,
la e en el homb e, la His o ia, la libe ad, la jus icia.
Pe o bas a esa go a de sang e, ese quejido mudo de
mi cue po, ese go eo ojo de la ida, pa a que odo se
47 F ancisco Umb al, Ramón y las angua dias, op. ci ., p. 188.
48 F ancisco Umb al, Mo al y osa, Cá ed a, Mad id, 2007, op.
ci ., p. 54.
49 Ibid., p. 55.
50 F ancisco Umb al, Ramón y las angua dias, op. ci ., p. 50.
239
bo e y yo me eduzca a mi dolo ”.51 Y, sin emba go, la
imaginación puede e ol e se con a el dolo a a és de
la me á o a, puede o ja un obje o de dicha expe iencia,
c eando belleza del su imien o, a a és de la dis ancia
que aho a in e pone la palab a, ac uando como ce ca. La
expe iencia se cons uye como un obje o (ese aciado de
palab as sob epues o como molde a lo expe imen ado)
que se dis ancia de quien lo ha padecido, lo con empla
y lo conoce, pe o en un desdoblamien o que e i e
la expe iencia a a és de una emoción es é ica. Es a
asciende ya la pu a inmanencia, el pu o as de ie a
del dolo :
Pe o en el emolino del ho o , cuando sólo
e es pied a de dolo y miedo, mine al de espan o,
nace, como una lo en la oca, la imaginación, la
me á o a me a o izando sob e la en e medad, la
isión dis anciada de uno mismo. Y la dis ancia
es es é ica. La es é ica es dis ancia. ¿El espan o
puede da li ios? Ya lo c eo. ¿Qué soy, en onces,
quién soy? Tan a isiología ha o iginado lo ine able.
Tan o u o de mue e ha dado una lo de sueño: la
imaginación, la belleza sinies a del mundo mi ado
po mí. El pensamien o no es sino una con inuación
de las necesidades de la sel a. Pe o la emoción lí ica
se sale de odas las necesidades. Ahí es á el homb e:
en la emoción lí ica, en el sen imien o lí ico.52
Obse amos la ansmu ación alquímica que ope a la
imaginación. Es a ansmu ación hace nace la lo en la
oca del espan o, conduciendo de la ma e ia a lo ine able,
de la isiología al sueño, escapando del mecanicismo y
la pu a necesidad. Es el espacio g a ui o de la libe ad
absolu a que cumple la imaginación, como ha obse ado
Sa e, quien la de ine como “ oda la conciencia en an o
51 F ancisco Umb al, Mo al y osa, op. ci ., pp. 125-126.
52 Ibid., pp. 126-127.
240
que ealiza su libe ad”.53 La imaginación man iene
lo eal a dis ancia, e incluso lo niega.54 Sin ella no
se puede ascende , odo se ía me a conca enación
isiológica, de e minismo. Pe o el desdoblamien o que
pe mi e la conciencia-imaginación (“¿Qué soy en onces,
quién soy?”) ab e paso no solo a la in e ogación y el
conocimien o, sino que es la posibilidad de una nue a
c eación. Es necesa io sub aya la aíz p o undamen e
omán ica de odo el pasaje (“mine al de espan o”, “ lo
de sueño”), que nos hace e la adición en la que se
en aíza Umb al, que culmina en el Su ealismo, como se
obse a en el ono ue emen e oximo ónico de la ci a.
Es a ansmu ación no sucede solo en un ex o
me a ó ico, a a és de un abajo del lenguaje que
ans o ma el pasaje en escul u a léxica, es deci , no
iene luga solo a ni el mic o- ex ual, sino que la no ela
mode na, pa a Umb al, es una “no ela/me á o a”55
(que iende, además, a disol e se en me á o a, a se
solo me á o a). Es a no ela, como el ex o, es un
desdoblamien o de la ealidad, es deci , o a ealidad.
Al desdobla se imagina iamen e en una ob a, el au o
c ea ambién “o o yo” (imagen de au o ), que puede
comple a lo en un p oceso de conocimien o (a a és de
él se lee a sí mismo), en cie a mane a alquímico (pues la
unión, la in eg ación con el doble o igina ía su e dade o
yo56) o con el que puede iden i ica se (siendo i ido po
53 J. P. Sa e, op. ci ., p. 239.
54 Ibid., p. 235.
55 F ancisco Umb al, ‘Mane as de edac a ’, Cuade nos
Hispanoame icanos, 385 (1982), p. 60.
56 F ancisco Umb al, ‘In ancia y no ela’, Los males sag ados,
Des ino, Ba celona, 1976: “De modo que lo que le sale a uno al con a
su ida no es su ida enmasca ada, sino o a ida. De no se así,
end íamos un es amen o ológ a o, pe o no una cosa li e a ia. Lo que
me in e esa sabe es en qué se ha con e ido mi ida —mi in ancia—
cuando la paso po la alquimia de mi o icio de esc i o , po que no sólo
247
en la ein e p e ación de la igu a ma e na y pa e na,
como pe enecien es a un linaje ilus ado- epublicano,
del que la izquie da democ á ica se ía he ede a.
Como ha obse ado Ca los X. A da ín, se p oduce una
manipulación de la his o ia (a a és de “anac onismos
y al e aciones c onológicas”70), pues “en las no elas
his ó icas de Umb al la imaginación con amina el ex o
de la his o ia”,71 como ambién sus memo ias son
“imagina i as”.72
Umb al ealiza una “mi i icación” de su pasado
(“au omi i icación solapada”, como la denomina
Albe ca73), que iene luga a a és de un p oceso de
in ención des acado, a a és del escamo eo de da os,
de la ambigüedad o el juego an asioso, den o de un
modelo de au o icción an ás ica: con ie e en a que ipos
a pe sonajes como su mad e, ein en ando su o igen,
ela a episodios ma a illosos e imposibles o juega con la
igu a del pad e.
Se a a de una in ención poé ica (“la e dad se
in en a”) del pasado desde el p esen e: no solo el pasado
biog á ico, sino ambién el his ó ico. Es a ac uación del
pasado en el p esen e (como obse aba Be gson) gene a
ue zas y acciones c eado as hacia el u u o,74 an o
70 Ca los X. A da ín, ‘Poé ica de la memo ia: no ela, his o ia
y polí ica en F ancisco Umb al’, Re is a Hispánica Mode na, 53
(2000/1), pp. 157-158.
71 Ibid., p. 157.
72 Ibid., p. 155.
73 M. Albe ca, ‘El mi o pe sonal de F ancisco Pé ez Ma ínez’,
Ca los X. A da ín (ed.), Valo ación de F ancisco Umb al. Ensayos
c í icos en o no a su ob a, Llib os del Pexe, Gijón, 2003, p. 51.
74 Así lo hemos analizado en ‘La i upción de un iempo
o o: ca na alización, mi o y ealidad en Pío XII, la escol a mo a y
un gene al sin un ojo’, B. de Bu on-B un (ed.), F ancisco Umb al.
Memo ia(s): en e men i as y e dades, Renacimien o, Se illa, 2014,
pp. 91-117.
248
pe sonal como social. Es el ac o c í ico y comp ome ido
que puede ene la imaginación, como sub e sión de
los alo es sociales dominan es a a és de un p oyec o
di e en e que, simbólicamen e, compa ece an e el lec o
de mane a dialéc ica: “Que edo, con el solo p eceden e
de Dan e, en su cul u a pe sonal, imagina y esc ibe
cons an emen e la ealidad o a que pone en cues ión
la ealidad mos enca, es ablecida y es a al. A eso, po
simpli ica , ya se le puede llama su ealismo, igual en el
siglo XVII que en el XX”.75
Es a ec eación o in ención del iempo pasado en la
ob a, como espacio au ónomo, lle a a un mundo ue a
del iempo. El obje i o de es e ipo de no ela es escapa
del de eni que lle a a la mue e: “Len i icación del
iempo, pa alización de la no ela. ¿A qué esponde es e
mi a enlagunado de ambos esc i o es? Na u almen e, a
una eliminación li e a ia del iempo, que es lo que nos
de e io a”.76 Los “pa aísos quie os en el pasado”77 de
P ous ienen su equi alen e en las escenas de p o incias
de las no elas umb alianas; los mundos aislados de
Gómez de la Se na en el p esen e encuen an su pa alelo
en la esc i u a dia ís ica de Umb al: la di e encia que el
p opio au o es ablece á en e la “memo ia lí ica (saga
in ancia/p o incia)” y la “memo ia simul ánea”.78 Pe o
an o un modelo como o o pe siguen es a abolición
empo al y encuen an (especialmen e el p ime o) en
la igu ación plás ica (el cuad o de las ánimas, el C is o
yacen e, el cuad o de la sac is ía) un medio pa a ello.
De ondo, como hemos epe ido, la angus ia y el
ho o an e la mue e se descub en en cuan o cede la
amoya cons uida:
75 F ancisco Umb al, Los ángeles cus odios, op. ci ., p. 147.
76 F ancisco Umb al, Los ángeles cus odios, op. ci ., p. 185.
77 Ibid.
78 F ancisco Umb al, ‘Mane as de edac a ’, op. ci ., p. 58.
249
Y lo que he sen ido, y lo que he sabido —de
p on o, Rimbaud, amo , qué ho o , qué miedo, qué
e dad— es que yo mismo soy odo ese mon ón de
iejas desnudas, que yo engo en el pecho el sola ium
pu e ac o de los sexos, la ca oña del cielo, y que mi
deseo no se di e encia (o no consigo di e encia lo,
qué angus ia, sí, qué ahogo) de ese e uel o deseo
colec i o, imp eciso y dañino, ay.79
La base del pensamien o de Umb al es el
exis encialismo y aquí esuena con ue za la náusea
sa eana. T as la uga de palab as del neoba oco
umb aliano, se esconde el ho o acui, el ho o al acío
inal de la mue e. Pa a conju a la, se busca la de ención
del iempo median e la imagen plás ica (el obje o
cons uido a a és de la palab a, “la escul u a léxica”80).
Pe o ambién conju a el iempo a a és de la epe ición:
al igual que la ima, que hace ol e una y o a ez
ci cula men e, de mane a i ual y cíclica, lle ando ue a
del iempo lineal, la no elís ica umb aliana (la no ela
de p o incias) na a una y o a ez hechos ecu en es
(mue e de la mad e, igu a del pad e, mue e del abuelo,
el “gineceo” en el que i e con las ías, iniciación sexual,
iniciación li e a ia), has a log a un iempo de enido,
no solo po la supe posición de épocas di e en es con
in ención alegó ica (como sucede en Los helechos
a bo escen es), sino po la cons i ución de una his o ia
mí ica (que iene incluso di e sas e siones, al igual que
sucede en los mi os). Como el i o ac ualiza la his o ia
sag ada median e la epe ición, cada ob a de Umb al,
en su ol e al iempo pasado (y epe i con a iaciones
igu as y escenas), uel e a ac ualiza ese iempo pe dido
de la in ancia y adolescencia. También, como e emos a
79 F ancisco Umb al, La bes ia osa, op. ci ., p. 178.
80 Á.-Á. He e a, F ancisco Umb al, op. ci ., p. 107.
250
con inuación, uel e a e ela lo en an o que lo ocul a
(como no puede se de o o modo cuando del eg eso al
o igen —y no an o de una in ancia obje i a, sino o jada
según las leyes de la imaginación— se a a).
Más aún, el p esen e se liga a la adolescencia y
la in ancia, po que asis imos al desen ol imien o
de unas his o ias, unas cons an es, que se epi en; y
con emplamos unos pe sonajes a que ípicos que se
enca nan en los pe sonajes conc e os de la his o ia.
Pod íamos ejempli ica es e pun o con el pe sonaje del
ánima del pu ga o io, que eapa ece en La bes ia osa,
pa a enlaza el p esen e de la na ación dia ís ica (el
Umb al econocible po el lec o ) con el adolescen e de
las no elas de p o incias (Las ánimas del pu ga o io).
Encon amos como pun o de pa ida la “imaginación
plás ica”: el adolescen e iaja “ odas las noches al
Pu ga o io”,81 pasando “al o o lado del cuad o, a
su in e io , o la seño i a ánima, Ma ía Eugenia (que
na u almen e no debía llama se así), descendía a mi
cua o”.82 En la ob a epi e el p oceso de ca na alización
(c í ica) p opio de las ob as umb alianas: pa e de un
cuad o que e leja la cosmo isión c is iana y la a mós e a
op esi a de la p ime a posgue a, pa a sub e i lo a
a és del sexo (el ánima se con ie e en su iniciado a
sexual), c eando un espacio di e en e y un mi o nue o.
No solo hay una epe ición en e ob as, sino que den o
de la misma no ela se epi e la his o ia de mane a
sin é ica:
Recue do, eco da é, no quie o eco da que el
ánima del Pu ga o io se me p esen ó po p ime a
ez en la in ancia, saliendo de un cuad o eligioso
eneb is a que e a cabece a de mis sueños in an iles,
escapada al acica e del uego y a la edención de la
Vi gen del Ca men, isi ado a de los mié coles, pa a
81 F ancisco Umb al La bes ia osa, op. ci ., p. 42.
82 Ibid.
251
descub i me que yo enía unos ó ganos sexuales
a doba ocos […].83
Es a epe ición se enlaza con la p opia i e ación
de la igu a, que se mues a como un a que ipo que
a enca nándose en dis in os pe sonajes na ados
en la no ela umb aliana (“como ieja aman e, como
cua en ona de ca e e ía”84), lo que la hace es a
“ agamen e p esen ísima en [su] ida bajo sucesi as
asmig aciones”.85 Es e a que ipo, que se eenca na
a ias eces en la ob a umb aliana (la aman e mayo ,
igu a del deseo edípico de la ía-mad e, eg eso a las
aguas de la indis inción) con i e con el de la “niña/
e e no e o no” (deseo de ju en ud, ansia de de ene
el iempo que lle a a la mue e). Ambas coinciden en
el impulso imagina io de escapa a la mue e. En el
caso de la “niña/e e no e o no” a a ene múl iples
ma e ializaciones en la ob a umb aliana. En La bes ia
osa, en un ex o pa ódico (cons uido sob e las íadas
agus inianas), sin e iza es as muje es jó enes en es,
que acaban undiéndose, como enca naciones de un
único a que ipo:
(Po que nues o ideal e ó ico es bene icia nos a
nues o ángel de la gua da.) Quizá buscando po la
línea de la niña/e e no e o no: Te esi a limpiaba
el esmegma de mi pene ba oco […]. Ma ía José lo
lle aba en su ca e a de uni e si a ia […]. Pa a mí
han sido siemp e la misma niña bu guesi a, ebelde
y cap ichosa, en iciada con mi obje o sexual […].
Luego es á Rimbaud. Rimbaud es como el e e no
e o no de Te esi a, median e el ámi e Ma ía José,
lo que quie e deci que, cuando me bene iciaba
83 Ibid., p. 91.
84 Ibid.
85 Ibid.
252
a la p ime a, en la década de las nie es, es aba
ensa ando ya a las es, en un inchamien o de lo
exis en e y lo inexis en e, como la lanza del gue e o
ensa a al mismo iempo el cue po, el alma y el
espí i u de la íc ima […].86
Se a a de una ley ex apolable a la na a i a
umb aliana (“casi oda pe sona ha apa ecido es eces
en mi ida”87) que pone de mani ies o una esc i u a
que eesc ibe siemp e la misma no ela, la misma ob a.
En es e eno me esco o cuad o, al igual que sucede
en Los helechos a bo escen es, los iempos se unden,
al uni se dis in os pe sonajes (que desempeñan una
misma unción o pe enecen a un mismo a que ipo)
en la imagen única del cuad o. La imaginación plás ica
umb aliana de iene imaginación alegó ica, en un doble
p oceso de despliegue y epliegue, de sabo al amen e
neoba oco: “pe sis encia y ecu encia de una imagen
emenina en mi ida o insis encia de mi imaginación en
i sacando a una niña de o a, juego de muñecas chinas
que se supe ponen, no en el espacio, sino en el iempo”.88
La epe ición acaba aislando, o jando el mi o como
“ igu a de apiz”89: nue amen e es la unción poé ica,
la au onomía del obje o a ís ico, que coincide con es a
c eación de la imagen.
No se ía descabellado incula es a isión con la
iloso ía de Eugenio D’O s, que busca con inuamen e
cons an es his ó icas (como sucede en su concepción
del Ba oco), y e en los Númenes y los Mi os nomb es
p opios que asumen “un g an conjun o eal en un
86 Ibid., p. 45.
87 Idem.
88 Ibid., p. 46.
89 Ibid., p. 62.
253
símbolo i o”.90 Mien as que en el Numen in e iene
solo un pe sonaje, “el mi o compo a un d ama en que
los pe sonajes pueden se di e sos”.91 Es as cons an es
his ó icas (con pe sonajes que se epi en en di e en es
pe iodos y luchas pe manen es en e g upos) se án uno
de los undamen os de la na a i a umb aliana.
En ella asis imos no solo al mo imien o de
despliegue, sino ambién al de epliegue: cómo, a pa i
de la mul iplicidad, se cons uye un único pe sonaje.
De hecho, aglu inados en o no a una única pulsión o
mo imien o, se con igu a un pe sonaje alegó ico, en el
sen ido desa ollado po Fle che : un agen e daimónico,
es deci , “obsesionado con una sola idea, que iene una
ijación men al absolu a o que su ida se ige según
pa ones de compo amien o absolu amen e ígidos que
nunca se pe mi e a ia ”.92 Así sucede con los homb es
que acuden a casa de la Fo mali a en Los helechos
a bo escen es, is os alegó icamen e como un solo
homb e mo ido po un único deseo:
Tan os homb es, an os iempos, an a iqueza
de uni o mes, acen os, colo es, edades, y sin
emba go pa ecían enidos en un único y mismo
deseo: o nica . E a como el deseo de un solo
homb e epa ido en legiones.
E an legiones de homb es animadas po la
concupiscencia de uno solo. A las chicas se les undían
odos en una sola imagen, en un solo momen o de
pene ación sal aje o acaso o pe y cansado, y a mí
mismo se me con undían y uni icaban. Al inal del
día e a como si un solo homb e hubiese pasado po
la casa, pe o muy albo o ado , bo acho, o nicado ,
loco, he oico, can a ín y pendencie o. El paso plu al
90 Eugenio D’O s, El sec e o de la iloso ía, op. ci ., p. 188.
91 Ibid., p. 189.
92 A. Fle che , Alego ía. Teo ía de un modo simbólico, Akal,
Mad id, 2002, pp. 46-47.
254
de una legión deja el ecue do de un indi iduo. Así
de iguales a sí mismos son los homb es.93
A pa i de la imagen conc e a, el esc i o puede
ele a se a lo abs ac o, manejando cons an es his ó icas
como igu as alegó icas que comba en den o de un
mismo apiz.
La imaginación umb aliana, de es i pe ba oca,
unciona p incipalmen e de mane a cen í uga,94
desplegando pe sonajes, his o ias, espacios que se
engend an unos a o os, a pa i de unos pequeños
núcleos de ue za, como una “niña/e e no e o no” salía
de o a de mane a pa ecida al juego de las muñecas
chinas. Es e es el impulso c eado , mul iplicado ,
“copula i o” (po emplea la e minología o siana) de la
imaginación. Es e despliegue ba oco a pa i de a ios
cen os, no solo cub e (en an o que “ho o acui”)
la angus ia an e la mue e, sino que ocul a (en an o
pliegue) el “ e dade o” pasado umb aliano, su sec e o.
Re ela una e dad mí ica, median e el dis az y siguiendo
las leyes de la imaginación, pe o encub iendo el pasado
que insinúa na a : “El pad e es aba en la ausencia, en el
acío, en el silencio, en la somb a del a a dece en e ella
y yo”.95 Albe ca ha es udiado es e “doble mo imien o
c ea i o: p oli e ación y elipsis” que gi an sob e la igu a
de la mad e ausen e.96 Cada nue a e sión, como pliegue
que cae sob e el pasado, desdibuja aún más la his o ia
o igina ia. Pe o no se a a de imposibilidad de na a ,
93 F ancisco Umb al, Los helechos a bo escen es, op. ci .,p. 217.
94 F ancisco Umb al, La bes ia osa, op. ci ., p. 27.
95 F ancisco Umb al, Los helechos a bo escen es, p. 74. Sob e la
mi i icación de la ausencia del pad e, c . las decla aciones del au o en
Á.-A. He e a, F ancisco Umb al, p. 40.
96 M. Albe ca, ‘El mi o pe sonal de F ancisco Pé ez Ma ínez’, op.
ci ., p. 57.
255
sino (como hemos is o) de búsqueda de sal ación an e
la mue e, po un lado, y de in ención de la e dad: si
pa a Umb al la e dad se in en a, la palab a es la o ma
c eado a de o ja un o igen, sepa a se de la ine cia y la
escla i ud del pasado, pa a así c ea nue as posibilidades
de u u o. En la obje i idad de la ob a, elabo ada según
las leyes de la imaginación, se o ja o o yo en el que
alquímicamen e se ans igu a el au o .
Es e doble mo imien o de e elación-ocul ación, de
despliegue y epliegue, p opio de la imaginación, hunde
sus aíces (el sabo heidegge iano es ine i able) en el
p opio Se , en la Fysis. Po ello no es a o encon a es a
misma sucesión de me á o as en la desc ipción del sexo
de Rimbaud:
El sexo de la niña, po el con a io, es
enlabe in ado, sus g andes labios acumulan
pliegues, y sus pequeños labios equi alen a los
g andes de o a, de o as. El sexo de Rimbaud, como
lo cuen o, es un labe in o, es C e a en ca ne i a, y el
mino au o de su sexualidad, o lo ojo del clí o is, se
me esconden en ella, cuando u is a po semejan es
lejos. Espi al de la ca ne, osa econcen ada, llaga
que se cie a sob e sí misma, lo de la guísimos
pé alos, oda esa ca ne y piel […] son muy sensibles,
de modo que el me o eco ido de la espi al, con su
juego de pliegues y epliegues, es ya una a en u a, el
o gasmo i ido como iaje.97
Tenemos aquí un ejemplo de la me á o a como
“imaginación cen í uga que expande el signi icado de una
cosa pa a imp egna o as muchas”98: la iden i icación
“sexo-labe in o” gene a las imágenes de pliegue, espi al,
osa, llaga, lo , como en el juego de muñecas chinas. Es e
juego encuen a uno de sus símbolos p incipales en el
97 F ancisco Umb al, La bes ia osa, op. ci ., p. 96.
98 Ibid., p. 27.
256
sexo, uen e y po encia genesíaca po an onomasia, pues
el p opio lenguaje, como a i maba D’O s siguiendo la
eo ía humbold iana, es una ene gía c eado a, pues c ea
“cosas” median e la cópula. Es as “cosas” c eadas son la
imagen-obje o, el poema o ex o. Es a ene gía copula i a,
eliz en su mul iplicación incesan e (el poe a-c eado que
o ja mundos au ónomos), explica la incesan e esc i u a
umb aliana, como él mismo ha a i mado al analiza la
ob a de Ramón Gómez de la Se na: “Sólo esc ibe an o
el que esc ibe ácil. Facilidad y ecundidad hacen de
su esc i u a una o nicación gozosa y cons an e con el
uni e so. Copula con las cosas y és as le dan o as cosas
y le dan, sob e odo, el u o lúcido de las cosas, que es la
imagen (y no el símbolo, como se ha p e endido du an e
siglos)”.99
La imaginación, como ue za c eado a unida a la
na u aleza, unciona a imagen de la Fysis. Es un de oche
con inuo: “La na u aleza dilapida, pe o cada se en
pa icula , a eso a”.100 De es e modo, imaginación y
na u aleza se unden, igual que imaginación y muje . Lo
imos en el sexo labe ín ico, uen e de una me a o ización
con inua, de Rimbaud. Pe o es e mo i o (la muje -
imaginación) se despliega, como no podía se menos, en
di e sas imágenes. En La bes ia osa encuen a “la muje
de sexualidad expe imen al”,101 “ma e ia moldeable” que
pe mi e la imp o isación du an e el sexo y lle a a conclui
que “la imaginación del homb e […] no es o a cosa que
la muje ”.102 Pe o al mismo iempo, la muje es la ía
imagina i a pa a cub i el hueco, el ho o a la mue e y
al paso del iempo (como hemos is o): po una pa e, el
deseo de la mad e (c eada y ec eada una y o a ez en las
99 F ancisco Umb al, Ramón y las angua dias, op. ci ., p. 216.
100 F ancisco Umb al, Las ánimas del pu ga o io, op. ci ., p. 139.
101 F ancisco Umb al, La bes ia osa, op. ci ., p. 155.
102 Idem.