Reseña de la obra de Rogelio Reyes Cano: Don Quijote en el reino de la fantasía
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ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005 ISSN: 0569-9878 MIGUEL DE CERVANTES, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, edición y notas de Martín de Riquer, Barcelona, Planeta/Fundación Gala- Salvador Dalí, 2003, 2 vols, de 672 y 192 pp. La editorial Planeta de Agostini S.A. en colaboración estrecha con la Fundación Gala-Dalí ideó para conmemorar conjuntamente el primer centenario del nacimiento del pintor de Figueres, en 1904, y el cuarto centenario de la publicación de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de 1605, una edición de lujo que incluye los 38 dibujos realizadas por Salvador Dalí en 1945 en Estados Unidos, alentado por una carta de su padre que le animaba a emprender la ilustración de la obra cervantina. Acompaña al texto, anotado y editado por Martín de Riquer, cuya relación con el Quijote se remonta a la década de los sesenta y al estudio Aproximación al Quijote, en los setenta, que sirve de base al estudio preliminar de esta edición, un volumen titulado Estudios, dos de los cuales corresponden al análisis de la obra y a la relación de Dalí con el Quijote, escritos por el propio Riquer. Los otros dos restantes de los cuatro que componen el tomo profundizan en la estética de Dalí ante la novela y pertenecen a Montserrat Aguer, Directora del Centro de Estudios Dalinianos y comisaria del Año Dalí. Las notas aclaratorias del académico de la lengua son de tipo lingüístico, literario y cultural, así como se acompañan de pautas interpretativas para muchos de los capítulos. El primero de los estudios preliminares, titulado "El Quijote'', consiste en un estudio de la publicación de la novela en su época y posteriores; en un análisis detallado de la repercusión y popularidad de los libros de caballerías, así como de las críticas de los autores graves a este género; en un examen de los personajes principales; y en una revisión de la locura de don Quijote, cifrada en la sublimación del amor a Dulcinea, y de la composición, tipos y estilo de la obra. El (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
338 • RESEÑAS segundo de los estudios, "Dalí y el Quijote", hace un repaso somero por las ediciones ilustradas de la novela cervantina para pasar al análisis personal de algunos de los dibujos, a los que objeta no representar escrupulosamente lo narrado en el dibujo, aunque, finalmente, acepta la libertad del creador para interpretar particularmente el sentido de la obra. La interpretación pictórica y las influencias de cada una de las 38 ilustraciones, a las que se le suman cinco dibujos preparatorios, es el resultado del primer capítulo escrito por Montserrat Aguer "Dalí y la fuerza de la imaginación", que se abre con una introducción sobre la versatilidad artística del pintor, la génesis de los dibujos y su faceta como ilustrador de grandes obras de la literatura universal. En el último epígrafe, Aguer, ante la observación técnica de cada representación pictórica, destaca continuamente las fuentes de inspiración naturales, como el paisaje mediterráneo, y artísticas, como el barroco, el manierismo, Velazquez, Leonardo da Vinci y todos los italianos de la escuela veneciana y florentina, sin olvidar a Pablo Picasso o Vermeer. Asimismo, la comisaria apunta las diferentes técnicas empleadas en cuanto a lo pictórico (el cubismo de las formas geométricas, los pequeños puntos indicativos) y en cuanto a lo interpretativo, a la esencia espiritual de la obra (a través del reiteradamente señalado método paranoico-crítico, basado en las asociaciones sistemáticas y espontáneas propias de la paranoia). Algunos motivos insistentes como la presencia de diversos planos en los que resalta una figura humana de sombra alargada, una esquemática representación de vida (pueblo, horizonte rocoso, bosque), la figura preeminente de don Quijote, con Sancho en segundo plano, o la aparición de formas arquitectónicas de raíces renacentistas italianas, sobre todo de influencia beminiana, son debidamente interpretadas por Montserrat Aguer. La variedad de registros empleados y la combinación de técnicas, desde cuadros elaborados al detalle y con una apariencia clara de estar terminados, hasta simples trazos idealizados, destacan como rasgos inherentes al polifacético artista. En palabras del padre de Salvador Dalí en la carta que le envía animándolo a la realización del proyecto, el Quijote consigue que las facultades dalinianas puedan "sobresalir extraordinariamente", proporcionando a ambos genios la posibilidad de enriquecerse mutuamente. ALEXIA DOTRAS BRAVO Universidad de Vigo JOSÉ MONTERO REGUERA, JOSÉ: El "Quijote" durante cuatro siglos: lecturas y lectores, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2005. En los últimos años se ha producido un notable avance en todo lo relacionado con el estudio de la llamada "tradición áurea" y, más en concreto, en lo atañadero a la recepción en los siglos posteriores de la literatura del renacimiento y del barroco. Se cuenta, pues, con un buen número de trabajos que examinan detenidamente no sólo qué se entiende por "Siglo de Oro", sino que también analizan cómo han sido leídos e interpretados a lo largo del tiempo los escritores, y no sólo los más importantes, de una de las épocas más brillantes de la literatura española. Pues bien, es el caso que el IV Centenario de la publicación de la primera pai"- te del Quijote está contribuyendo, entre ANALES CERVANTINOS, VOL, XXXVII, PP. 337-398. 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 339 Otras cosas, a conocer mucho mejor un hecho del que ya teníamos bastantes datos: la novela cervantina ha tenido a lo largo de los siglos muchos y muy buenos lectores, y en ese número entran buena parte de los más importantes escritores y no pocos de los más inteligentes filólogos y críticos literarios. Conque se eche un simple vistazo a los actos programados en este 2005, a las publicaciones aparecidas o anunciadas, a los congresos ya celebrados o por celebrar, nos daremos cuenta de que en casi todos ellos hay una o más intervenciones que examinan la manera en que se ha leído, analizado e interpretado el Quijote. Lo que demuestra bien a las claras lo que se dijo al principio de esta reseña. Es probable que, como suele ocurrir con la furia de los centenarios, muchas de esas intervenciones anunciadas ni siquiera lleguen a ver la luz impresa, o que algunas de las que se publiquen apenas aporten nada de interés. Frente a esa contingencia, quiero destacar la publicación de una de las más recientes y valiosas contribuciones al universo de la recepción de la novela cervantina. Me refiero al libro de José Montero Reguera titulado El "Quijote" durante cuatro siglos: lecturas y lectores, cuyo contenido responde fielmente -y no siempre ocurre así con otras publicaciones- a lo que anuncia su título: el estudio pormenorizado de la recepción de la novela de Miguel de Cervantes desde su primera aparición en las prensas madrileñas hasta finales del siglo XX. De modo que lo que hace Montero es llevar a cabo un detallado examen de las diversas interpretaciones, lecturas y críticas que los lectores del Quijote han realizado a lo largo de estos últimos cuatrocientos años. Así pues, lo primero que ha de destacarse de este libro es que se configura como una valiosísima aportación, muy digna de tenerse en cuenta para estudios posteriores, porque precisamente nos ofrece un amplio panorama de la manera en la que se ha leído e interpretado la novela de Cervantes, y se hace además con un ánimo a caballo entre la erudición y la divulgación tal y como el propio Montero reconoce en el prólogo: "Me acerco a ellas [las lecturas] desde la perspectiva de un investigador en la materia que pretende exponerlas, hacerlas asequibles a un lector amplio, no necesariamente especializado en los temas cervantinos, para lo cual combino el análisis personal, la contextual i zación histórico-literaria y la reproducción, en ocasiones, de pasajes representativos de la lectura, que puedan, así, ilustrar mejor mi trabajo" (pág. 12). Acaso por ese empeño de dirigirse -creo que muy acertadamente- a un amplio público de lectores es por lo que el investigador vertebra las 174 páginas de su ensayo en un buen número de epígrafes, en concreto 55, lo que le permite, por un lado, reunir en su obra una amplia nómina de "interpretadores" del Quijote y, por otra parte, consigue convertir la lectura de su libro en una tarea gustosa, fluida y nada indigesta. Hasta tal punto es así que se puede decir que estamos ante algo parecido a un conjunto formado por una serie de pequeños artículos con sentido cerrado y completo en sí mismos, con piezas en las que aparecen Avellaneda, Márquez de Torres, Mayans, Clemencín, los románticos europeos. Rodríguez Marín, Ortega y Gasset o E. C. Riley. Ahora bien, en modo alguno ha de pensarse que El "Quijote" durante cuatro siglos es un simple centón en el que su autor ha recogido sin más una serie de citas ajenas sobre la novela de Cervantes a lo largo de estos últimos cuatrocientos ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
340 • RESEÑAS años y con ese material prestado ha confeccionado su obra. No hay tal. Y no lo hay por la sencilla razón de que el libro de Montero es una verdadera historia crítica, sostenida en una amplísima bibliografía muy bien asimilada, de lo que se ha dicho y escrito acerca del Quijote entre 1605 y finales del siglo pasado. Por no hacerme prolijo pondré sólo algunos ejemplos que vienen bien para mostrar lo que acabo de decir. Modélicas me parecen, a este respecto, las páginas que José Montero consagra al momento en el que Don Quijote alcanza la consideración de clásico. Recuérdese que tal circunstancia ocurre en el siglo XVIII, en la época en la que los ilustrados españoles trataban de demostrar al resto de Europa, principalmente a los franceses, que nuestra nación había tenido una época de esplendor artístico tan importante o más que Francia o Italia. De ahí que surjan los primeros Quijotes con "comento", del mismo que unos dos siglos antes Femando de Herrera había anotado y comentado a Garcilaso de la Vega. A través de una acertada contextualización, el autor del ensayo examina los comentarios al Quijote de fray Martín Sarmiento, de John Bowle -que sigue siendo una de las ediciones mejor anotadas hasta la fecha-, de Juan Antonio Pellicer y Sarcofada o de Vicente Ríos. Como no podía ser de otra manera, más de la mitad del libro se centra en las "lecturas" que de la novela cervantina se han hecho durante el siglo XX. Tal vez sea aquí donde encontremos los mejores ejemplos que ilustran bien a las claras ese modo de construir la historia de una recepción. No se olvide que José Montero es autor de un excelente ensayo titulado, precisamente. El "Quijote " y la crítica contemporánea (Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 1997). Ante todo, esas cien páginas dedicadas al siglo XX tienen para quien esto escribe algo así como un valor que va más allá de lo que a primera vista puede observarse. Quiero decir que en el capítulo último del libro de Montero cabe encontrar, o mejor dicho, se puede reconstruir toda una historia de la Filología Española y del Hispanismo de los últimos cien años. Desde luego que no sólo recoge el autor de la obra los escritos de los filólogos, sino que también aparecen filósofos como Ortega y Gasset y creadores como Azorín o Baroja, pero lo cierto y verdad es que buena parte de la nómina de los más importantes estudiosos de la literatura española, tanto nacionales como extranjeros, se ocuparon o se ocupan en algún momento del Quijote y, consecuentemente, son censados y estudiados por Montero. Así las cosas, este capítulo dedicado al siglo XX, y muy especialmente el epígrafe "La crítica del fin de siglo (1975- 2000)", se convierte en una guía admirable para cualquier persona que quiera saber lo que se ha dicho sobre la novela cervantina en las últimas décadas. Es, pues, un excelente "estado de la cuestión" útilísimo, muy bien hecho, y en el que no se dejan de abordar cuestiones tan interesantes como las relativas a la ecdótica, al proceso de elaboración de la novela, al erotismo, a los personajes y otros muchos más. Habida cuenta de todo lo que se ha ido diciendo a lo largo de estas páginas, la conclusión salta a la vista: José Montero ha escrito un libro en el que sabiamente combina erudición y amenidad, rigor y divulgación, utilidad y deleite. Se aprende mucho con su lectura puesto que pone delante de nuestros ojos un arsenal de autores y ensayos que se configuran la ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
342 • RESEÑAS negocios, e que por su buena habilidad tiene amigos". Cervantes, además de su habilidad para entablar amistad -será éste uno de los elementos que se reitera con frecuencia en su obra literaria-, se gana la vida con negocios y escribiendo. De lo segundo tenemos constancia clara: el primer Quijote, las Novelas ejemplares, alguna de las cuales se redactó durante los días vallisoletanos; las novelas cortas compuestas para el entretenimiento del Arzobispo de Sevilla y hoy conocidas gracias al manuscrito Porras de la Cámara, un comienzo de redacción del Persiles en tomo a 1597 ó 1598... Por lo que se refiere a la primera aserción apenas tenemos constancia, aunque la sagacidad de Jean Canavaggio ("Aproximación al Proceso Ezpeleta", Cervantes, XVII, 1997, pp. 25-45) ha proporcionado algunas pistas que vinculan a Cervantes con asentistas genoveses y portugueses y, también, con Hernando (o Femando) Alvarez de Toledo, que fue gentilhombre de cámara de Felipe II y Felipe III, y regidor de Toledo en 1611; pero todos ellos, el recién mencionado, y Simón Méndez y Agustín Raggio -portugués el primero, de origen italiano el segundo-, inmersos en oscuros asuntos que les condujeron ante la justicia en diversas ocasiones. Acaso Cervantes participara en algunos de esos negocios hoy envueltos en la oscuridad por el paso del tiempo y la falta de documentos. Todo ello hacía que, sin grandes lujos ni ostentaciones, pudiera sobrevivir sin grandes dificultades en la ciudad más cara de España en 1605: "Living in a new apartment in what was by far the most expensive city in Spain, his lodgins were not luxurius, but they were not miserably" (Daniel Eisenberg, Cervantes, XII, 1992, pp. 121-122). ¿Qué es lo que sucede, sin embargo, para que, primero, Cervantes decida irse a Madrid, y, segundo, que su situación económica -pasados diez añossea muy distinta? He aquí el segundo documento al que me refería antes: la aprobación que el licenciado Márquez de Torres redacta (con fecha de veintisiete de febrero de 1615) para el segundo Quijote. En ella, tras comentar la admiración del embajador de Francia por el autor de La Galatea y de las Novelas ejemplares, transcribe su respuesta ante las preguntas de la comitiva francesa sobre Miguel de Cervantes. La frase no tiene desperdicio: "Hálleme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre". Uno de los caballeros franceses insiste en las posibilidades económicas del escritor: "Si la necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo". En fin, "escribir", "necesidad", "pobreza", "dineros" son palabras que, en el caso cervantino, se interrelacionan estrechamente. Esas dos fechas -1605-1615- delimitan una apasionante década cervantina en la que éxito, literatura y supervivencia parecen ir de la mano. El ensayo que reseño hoy es, en parte, un intento de explicar esa década a partir de una lectura morosa, detenida de los dos Quijotes. Alejado de las ingenuidades con que la crítica se ha acercado muchas veces a la obra maestra cervantina, Juan Carlos Rodríguez en El escritor que compró su propio libro se sitúa en una corriente de estudio sobre el Quijote que ha ponderado las circunstancias comerciales que rodearon la publicación de nuestra obra maestra. Francisco Rico, acaso el que mejor ha analizado el asunto, ha mostrado cómo con el Guzman de Alfarache, Mateo Alemán inaugura una nueva forma de ficción con la que consigue el éxito, creando un espacio editorial nuevo, hasta ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 343 ese momento reservado a los libros de pastores, las aventuras peregrinas y las historias caballerescas. Es en este contex- to donde hay que situar la publicación del primer Quijote, como libro que quería ofrecer algo distinto del Guzman, pero con algunos elementos que le pudieran relacionar y, sobre todo, que pudiera competir con aquel por ese mercado editorial que se abría como un mundo lleno de posibilidades para autores y editores. Estas circunstancias explican las prisas de Cervantes (o de su editor, Robles) por la publicación de la primera parte del Quijote. Es decir, la literatura, como criticaba Cervantes del teatro lopeveguesco, se ha hecho "mercaduría vendible", vale decir, es un medio con el cual se puede ganar dinero, vivir de ella. Y este es el axioma que vertebra el libro de Rodríguez: Cervantes es considerado ante todo como persona cuya actividad esencial es la de escribir (al menos así se le consideraba en el entorno familiar, p. 37), y esa actividad está guiada fundamentalmente por la necesidad más básica: "[...] el Quijote se escribió sencillamente por hambre, porque Cervantes necesitaba encontrar una salida a una situación insostenible y que lógicamente él tuvo que convertirse en mercancía y vender su obra como mercancía" (p. 41); cfr. la p. 235. Y, en esta dirección, equipara a Lope con Cervantes: la imprenta se ha convertido en un auténtico negocio que podía ofrecer pingües beneficios, de manera que ambos escritores "son [...] 'creadores' de algo nuevo, algo que depende del nuevo mercado, de lo público y del público" (p. 43). Por ello, el Quijote se convierte así en "un texto directamente comercial" (p. 59), "el primer libro laico que expresa directamente y sin tapujos su intención: está escrito para ser leído en masa [...], es decir, en busca de cualquier tipo de público" (p. 9); y su autor en un escritor profesional que "asume su último oficio completamente en serio: si ha decidido escribir, se convertirá en escritor" (p. 60). En función de estos principios se examina la mayor parte de episodios quijotescos, siguiendo un esquema similar en todos los casos: resumen más o menos sintético de la aventura y comentario sobre ella, de mayor o menor calado, según los casos. Me parece muy sugerente, por ejemplo, el que explica el capítulo IX de la primera parte, con la afirmación que da título al libro: "Cervantes se nos presenta definitivamente como el 'autor/escritor' del libro, aunque paradlo introduzca luego una estrategia genial: lo veremos convertirse en el escritor que además compra su propio libro" (p. 145); en esa misma línea caben ser consideradas las reflexiones comparativas entre los dos Quijotes (pp. 244-247). Menos interesantes, en cambio son otras observaciones, en las que el resumen del texto puede con el comentario: "El regreso culmina al cabo de seis días. Llegan al pueblo precisamente al mediodía de un domingo, cuando todo el mundo estaba en la calle y podía presenciar el fracaso de nuestro héroe. El don Quijote hundido es el que el texto nos ofrece ante los ojos de la plaza pública. Aunque lo han desenjaulado, aparece tirado sobre una haz de heno en la carreta de bueyes y ya sólo acompañado de Sancho, Rocinante, el cura y el barbero. Qué diferencia con la otra llegada, cuando su vecino el labrador había aguardado hasta la noche para que no lo viera nadie. Ahora está ahí, hecho un guiñapo, como la imagen misma de la derrota. Sancho se aleja para encontrarse con su mujer (con cuyo nombre Cervantes vuelve a tropezarse: ahora la llama Juana dos veces), mientras que el ama y ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
344 • RESEÑAS la sobrina acuestan al 'flaco y amarillo' Don Quijote, temiendo que se les muriera, al tiempo que el cura advierte que estén alerta, que no se vuelva a 'escapar'. Un verbo definitivo: el 'loco/animal' debe seguir enclaustrado" (p. 221). Lo mismo se puede decir de los comentarios incluidos en las pp. 304-305 y 309-310. Cervantes es, por tanto, un escritor atento al mercado ("verdadero anclaje del nuevo mundo burgués o capitalista", p. 231); y su Quijote se entiende como consecuencia de aquél. Las sugerentes reflexiones de Rodríguez abren asimismo otras incógnitas: ¿qué papel jugo en todo ello el editor, Robles? ¿Por qué Cervantes decidió abandonar una primera redacción del Persiles para escribir una obra muy probablemente pensada como una novela corta, luego convertida en el primer Qiiijotel ¿Por qué espera a 1613 para publicar un tomo de novelas cortas cuando a la altura de 1598, o antes, tenía varias escritas, como atestigua el hoy desaparecido manuscrito Porras de la Cámara? Y, sobre todo, ¿cómo entender sin embargo que este escritor profesional no vuelva a publicar hasta 1613? A esta pregunta sí se enfrenta Rodríguez en un intento de explicar por qué Cervantes "se quedó 'quieto' y ello en un momento en que sí quería ser escritor" (p. 230). La respuesta que se ofrece (pp. 231-243) no es otra sino que Cervantes quería ser considerado como un escritor serio y eso quiere conseguirlo con las Novelas ejemplares: "para Cervantes y para su reducido grupo de amigos literarios, las Novelas ejemplares representan [...] su obra cumbre y por fín su confirmación como escritor 'en serio'" (p. 61; cfr. pp. 230- 236). La solución se me antoja problemática, porque en términos de época el único libro serio que publicó Cervantes realmente fue el Persiles: tanto los dos Quijotes como las novelas cortas pertenecen a géneros sin preceptiva y, además, moralmente muy mal considerados. ¿Se pueden considerar realmente las Novelas ejemplares como literatura seria? Se trata, como decía, de un género sin preceptiva, las reacciones de los moralistas fueron muy duras, y, sin extenderme en pormenores, la postura lopesca al respec- to es suficientemente reveladora pues, si bien en 1621 publica una novela {Las fortunas de Diana) en el volumen misceláneo La Filomena, con otras diversas rimas, prosas y versos de Lope de Vega Carpió, y dice tener preparadas varias más, unos años antes, en 1602 se expresaba en términos muy duros y contrarios: "Ni es bien escribir por términos tan inauditos que a nadie pareciesen inteligibles; pues si acaso las cosas son oscuras, los que no han estudiado maldicen el libro, porque quisieran que todo estuviera lleno de cuentos y novelas, cosa indigna de hombres de letras', pues no es justo que sus libros anden entre mecánicos e ignorantes, que cuando no es para enseñar, no se ha de escribir para los que no pudieron aprender" (Dedicatoria a don Juan de Arguijo en las Rimas [Sevilla, 1602/1604]. Cursiva mía). Con tales antecedentes creo que es difícil explicar así el retraso de Cervantes en publicar otro libro. Acaso habría que buscar por otros caminos, que tengan que ver, quizá, con la vuelta a Madrid, siguiendo los pasos de la Corte y las posibilidades que ésta -como en su momento Valladolidofrecía pai'a una persona que "trata negocios"; y probablemente el fracaso en estas empresas comerciales -cualesquiera que fueranle harían volver a imprimir sus libros y explicarían la frase de Márquez de Torres sobre Cervantes en 1615: "viejo, soldado, hidalgo y pobre". Esto supondría a su vez que Cervantes no las ANALES CERVANTINOS, VOL. xxxvii, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 345 tenía todas consigo en lo que se refiere a la explotación comercial de la literatura, al menos en fechas tan tempranas como la de 1605, esto es, con el primer Quijote. Otra cosa muy distinta es en 1616, cuando prepara para la imprenta el Persiles. Capítulo aparte merece el aparato bibliográfico que sustenta este libro de casi quinientas páginas: me parece muy insuficiente. Bien es cierto -^1 autor tiene toda la razónque "Demasiado furor y demasiado fervor se han acumulado sobre el texto cervantino para intentar siquiera un mínimo desbrozamiento" (p. 18), pero eso no implica que se haya escrito con profundidad sobre el Quijote, especialmente en los últimos treinta años, libros, artículos y ensayos de valía. Un libro que no desdeña alguna nota al pie muy extensa (pp. 152-3, 195-6, 234-5, 352-3, etc.) debería incorporar una apoyatura bibliográfica mayor (véanse las pp. 19-20, 64-65 y 70-71, donde se concentra la bibliografía), sobre todo para no desconcertar al lector, que se encuentra con referencias vagas a un determinado tipo de estudios o autores: véase por ejemplo cuando se refiere a los estudios psicoanalíticos y afirma "Lo he analizado desde mi punto de vista ( y E. C. Riley lo analizó desde el suyo)" (p. 22), sin más indicaciones; o cuando se refiere a la cuestión del robo del rucio (pp. 192-193); o a las relaciones de Cervantes con su editor Robles, p. 444, entre otros ejemplos. Porque además, no se desdeña cierta precisión bibliográfica en otras ocasiones, como cuando se informa al lector que tiene a su disposición dos ediciones del Quijote de Avellaneda (p. 259; hay una tercera que supera sin duda a las anteriores llevada a cabo por Luis Gómez Canseco en 2002 [Madrid: Biblioteca Nueva]), o como cuando se reflexiona sobre la coherencia interna del Quijote a través e una nota que se extiende a lo largo de tres páginas (pp. 412-14). Asimismo, cuando afronta cuestiones de entidad que han preocupado a la crítica durante siglos, pasa por ellas como de puntillas: pp. 195-196, sobre el robo del rucio; p. 272 sobre las interpolaciones; p. 276, sobre la quijotización de Sancho; muchas veces de manera deliberadamente ambigua, sin ofrecer soluciones, ni siquiera mantener una posición: "Una obra abierta, como se ha solido decir? ¿Dejo así Cervantes paso para que otro -u otroscontinuaron la historia? ¿Fue ese el camino que sin problemas tomó Avellaneda, aunque él nos remita a las continuaciones habituales de La Celestina, las Arcadias, etc.? Todo esto es tan posible como que el Avellaneda surgiera en verdad de aquel 'añejo rencor' del que acabamos de ver que nos hablaba el cura, un rencor que se habría ido fermentando y agriando a lo largo del tiempo. De cualquier modo, para Cervantes el Avellaneda fue un golpe bajo que le hizo mucho daño. Para nosotros, sin embargo. El enigma sigue siendo otro, precisamente el que planteábamos al principio: ¿por qué Cervantes tardó diez años en publicar el segundo QuijoteT (p. 226). En este trabajo, Rodríguez se muestra como muy buen conocedor del Quijote, que recorre con enorme soltura y con una capacidad no habitual para relacionar pasajes, capítulos, etc.; está escrito además con un estilo ágil, vivo, ensayístico en el que se incoporan títulos ingeniosos, sugerentes, llenos de reminiscencias culturales: El cartero siempre llama tres veces (El camino del ''Quijote"), p. 9; Un paso adelante, dos pasos atrás, p. 11 ; £"/ escritor que compró su propio libro, p. 151 ; Dos libros en un espejo, p. 229; "To have and have not ": las bodas y otra vez ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
346 • RESEÑAS la magia de Dulcinea, p. 303; Los Duques: la historia interminable, p. 327. El cuidado en la edición de este libro debe ser mencionado, con una agradable presentación y limpio de erratas. En fin Cervantes, tenía razón, "como las obras impresas se miran despacio, fácilmente se ven sus faltas y tanto más cuanto es mayor la fama del que las compuso"; las observaciones que he efectuado no son sino consecuencia del interés que despierta este ensayo de Juan Carlos Rodríguez, cuya lectura recomiendo vivamente, JOSÉ MONTERO REGUERA Universidad de Vigo GARCÍA SANTO-TOMÁS, ENRIQUE (Coord.): ínsula, Madrid, volumen 697-698, Enero-Febrero, 2005, 28 pp. El volumen 697-698 de ínsula está dedicado a los "cervantismos americanos" y ha sido coordinado por Enrique García Santo-Tomás, quien en un ensayo introductorio, "Cervantes, aquí y ahora," aboga porque el año 2005 sirva de impulso a "iniciativas futuras" (p. 2) y no quede reducido a pura ceremonia, pasa revista a numerosos libros dedicados a diversos aspectos del cervantismo desde enfoques teóricos y metodológicos varios y publicados entre el año 2000 y el 2005 y concluye señalando parcelas del cervantismo que aún quedan por explorar o que hace falta cultivar más a fondo. Por último, se refiere el autor a la proyección que el alcalaíno y su Don Quijote han tenido y aún tienen en la comunidad global, alimentada por diversos foros consagrados al cervantismo desde hace tiempo y por otros más recientes, como pueden ser las publicaciones electrónicas y las abundantes páginas que sobre Cervantes brinda la red. En su ensayo, "Cervantes ante el Parnaso: Autorretratos textuales y pintura italiana," Frederick A. De Armas afirma que Cervantes consigue un pues- to en el Parnaso en el siglo XVIII, como lo confirman dos retratos que de él ejecutaron William Kent y John Vanderbank para el frontis de la edición inglesa del Quijote de John Carterer (1738), y que ofrecen imágenes idealizadas de Cervantes, representado como poeta/soldado. Estos grabados contrastan con los autorretratos textuales recogidos en el sexto libro de La Galatea, en el "Prólogo" de la primera parte del Quijote y entre los capítulos tercero y cuarto del Viaje del Parnaso, en que Cervantes se representa ausente, melancólico y triste, respectivamente. De Armas demuestra de manera convincente cómo en los tres autorretratos se puede apreciar alusiones a las armas y a las letras, así como influencias de la pintura italiana, en particular de dos frescos de Rafael y uno de Luca Cambiaso, que revelan "el desasosiego que le causaba la urgencia de la vuelta al origen (Italia)" (p. 7). A continuación, Edward H. Friedman, en "Camón Aznar y la cuarta salida de don Quijote," describe con detalle el contenido de dos obras de José Camón Aznar, un ensayo, ''Don Quijote'' en la teoría de los estilos, en el que se inserta la primera parte de Don Quijote dentro de las coordenadas del estilo "trentino" y una novela del mismo autor. El pastor Quijótiz, que niega la muerte de Alonso Quijano y revive a don Quijote como pastor Quijótiz, embarcado en una cuarta salida que lo acaba conduciendo a una muerte cristiana ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
352 • RESEÑAS patrocina la lectura en la lengua original. Sorprende el rigor con el que desgrana todos los apartados que pretende seguir en su empresa y la claridad con que los expone. Reproduce además el facsímil del mapa que incluye en la carta y alguna de sus páginas. Estamos, pues, ante un compendio de estudios de diferente corte, que toca tanto contenidos de tipo general como el amor o la locura, de amplitudes inagotables en el mundo cervantino, como aspectos de detalle que se trabajan en profundidad, la presencia de Córdoba en Cervantes o el secreto descubierto por Atanasio Rivero. El acercamiento a la obra de John Bowle es uno de los atractivos de este volumen tanto por la novedad de la carta, nunca antes reimpresa, como por la materia de fondo. ALEXIA DOTRAS BRAVO Universidad de Vigo RiQUER, MARTÍN DE: Para leer a Cervantes, Barcelona: Quadems Crema, 2003. Col. El Acantilado, n°. 74, 582 pp. Bajo el título Para leer a Cervantes, Martín de Riquer ofrece al lector una muestra amplia de los trabajos cervantinos -algunos publicados previamente, otros inéditosque ha venido escribiendo desde hace más de cincuenta años, sin duda una de sus dedicaciones filológicas más constante. Martín de Riquer, Premio Príncipe de Asturias, Premio Menéndez Pelayo, Premio Nacional de Literatura, Catedrático Universitario y numerario de varias academias, entre otros muchos honores y distinciones, ocupa dentro de los estudios cervantinos en España un lugar de primer orden, como uno de sus mejores paladines, pues a él se deben importantes trabajos publicados entre 1943 y el año en curso. Cuatro son las líneas fundamentales que han seguido los trabajos cervantinos de Riquer. En primer lugar ha de mencionarse su labor como editor del texto cervantino, a través de dos conocidas ediciones del Quijote (ed. Juventud, 1944, T. éd., en dos tomos; y Planeta, 1962, T. éd.), de las que ha habido diversas reimpresiones y revisiones, hasta la última que tengo a la mano, que es la aparecida en 1994 (Barcelona: Planeta), "revisada y puesta al día". Estas dos ediciones, en especial la publicada por la editorial Planeta, han alcanzado una enorme difusión y han permitido que llegara a un número muy amplio de lectores un texto editado y anotado con pulcritud, modélico, en cierto sentido, durante años, pues se trata de la primera edición que seguía criterios realmente filológicos como método de trabajo. En este año en que se conmemora el cuar- to centenaiio de la publicación de la primera parte de la novela cervantina, las editoriales antes mencionadas han reeditado los Quijotes de Riquer en diversos formatos y dimensiones. Paralelamente a esta labor editorial, Martín de Riquer publicó en los años sesenta del siglo pasado una guía de lectura del Quijote, concebida en un primer momento para alumnos de bachillerato que, periódicamente revisada y actualizada, se ha convertido en útilísimo instrumento de consulta para profesores, alumnos, etc., pues ofrece los datos básicos para comprender el texto, así como prepara al que se sirva de ella para una lectura más especializada del Quijote. En su última versión ocupa en el volumen que ahora reseño la primera parte. Martín de Riquer es autor asimismo de un nutrido grupo de trabajos más ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 353 breves, sobre aspectos puntuales del Quijote o de la biografía del autor, publicados en revistas especializadas y volúmenes de conjunto. Y, finalmente, a él se deben interesantes trabajos sobre el Quijote apócrifo, que se concretan en una edición del texto de Avellaneda (Madrid: Espasa-Calpe, 1972, 3 vols.), y en un trabajo seminal en el que ha reunido sus investigaciones sobre el posible autor del Quijote de 1614; se trata de un libro (publicado en 1988 bajo el título Cervantes, Passamonte y Avellaneda, y aquí incorporado en la tercera parte) que identifica a Avellaneda con un viejo compañero de armas de Cervantes, Gerónimo de Pasamonte. Esta hipótesis ha abierto una importante línea de investigación que otros, como Alfonso Martín Jiménez, o, con menos fortuna, Juan Antonio Frago, han seguido y profundizado. El número y calidad de estos trabajos -aquí sumariamente expuestosjustifican el puesto de privilegio que Martín de Riquer ostenta, por derecho propio, en el mundo del cervantismo. El volumen que ahora reseño consta de cuatro partes fundamentales en las que se integra la mayoría, pero no todos, de los trabajos cervantinos de Martín de Riquer; han quedado excluidos, por ejemplo, los siguientes -en parte, bien es cierto, incorporados a otros trabajos sí incluidos-: ''Echar a galeras y el pasaje más oscuro del Quijote'\ Revista de Filología Española, XXVII (1943), pp. 82-86; "Don Quijote, caballero por escarnio", Clavileño, VII (1956), pp. 47-50; "La technique parodique du roman médiéval dans le Quichotte'', La littérature narrative d'imagination. Des genres littéraires aux techniques d'expression, Paris: Presses Universitaires de France, 1961, pp. 55-69; "Cervantes y la caballeresca", E. C. Riley y Juan Bautista Avalle Arce, eds., Suma cervantina, Londres: Tamesis Books, 1973, pp. 273-292. En un sentido, los trabajos de este volumen no ofrecen novedad: salvo dos no publicados, los demás son bien conocidos; reunidos ahora ofrecen cabal medida de la destacadísima labor de Riquer como estudioso de Cervantes y, especialmente, del Quijote. Por otra parte, entre la fecha de publicación de cada uno de los trabajos y la de este libro ha pasado un número variable de años. Mucho se ha publicado desde entonces; la actualización bibliográfica es mínima; acaso tampoco era necesaria otra más pormenorizada dado el tenor y carácter de la mayoría de los trabajos. La primera parte de este libro ("Aproximación al Quijote", pp. 11- 281) la constituye una guía de lectura del Quijote pensada en su origen para alumnos de bachillerato, pero que se ha convertido en uno de los instrumentos de consulta sobre la novela cervantina más reiteradamente utilizado, a la par que se constituye en una obra pionera, que anticipa lo que en los años ochenta y noventa del siglo XX han ensayado otros críticos, pero con fortuna desigual: Guillermo Barriga Casalini, Los dos mundos del "Quijote": realidad y ficción (Madrid: José Porrúa Turanzas, 1983); Jaime Fernández, Invitación al "Quijote" (Madrid: José Porrúa Turanzas, 1989; y Madrid: Lunwerg, 2005); Peter E. Russell, Cervantes (Oxford: Oxford University Press, 1985), Edward C. Riley Don Quixote (Londres: Alien and Unwin, 1986), con versión castellana que revisa y completa la anterior (Introducción al "Qidjote", traducción de Enrique Torner Montoya, Barcelona: Crítica, 1990). A estos cabe añadir los de Luis Andrés Murillo {A Critical ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
354 • RESEÑAS Introduction to "Don Quixote", Nueva York: Peter Lang, 1988); Stephen Gilman (The Novel According to Cervantes, Berkeley: University of California Press, 1989); Carroll B. Johnson (Don Quixote. The Quest for Modern Fiction, Boston: Twayne Publishers, 1990), y Anthony J. Close (Miguel de Cervantes. Don Quixote, Cambridge: Cambridge University Press, 1990). Más recientemente se ha publicado el manual de Luis Gómez Canseco (El "Quijote", de Miguel de Cervantes, Madrid: Síntesis, 2005). La primera versión data de 1960 (Cervantes y el Quijote, Barcelona: Teide); la que se incorpora ahora, tras sucesivas revisiones y puestas al día, supone la octava: todo un éxito para un libro de estas características. Se compone de cuatro partes, que van de lo general a lo particular; las dos primeras ("Los libros de caballerías" [pp. 21-34], "Cervantes: vida y literatura" [35-98]) enmarcan adecuadamente el contexto literario y personal que permite entender mejor la lectura del Quijote que sigue (pp. 99- 256), tras unas páginas iniciales sobre los datos fundamentales de redacción, estructura y publicación, el mismo orden en que se desarrollan las aventuras de la pareja protagonista. El libro se cierra con un capítulo muy interesante sobre "El cervantismo" (pp. 257-272) que, si bien es el que acusa más el paso del tiempo, por otra parte afronta una posible definición del término -no siempre fácil-, para luego exponer los principales hitos de este "género exegético de las más diversas y curiosas modalidades [...] en el que han entrado toda clase de escritores, eruditos y aficionados, desde las mentes más preclaras de la crítica literaria hasta los chiflados y dementes más insospechados" (p. 258): ss. XVII y XVIII, tradición romántica, y principales nombres y estudios del siglo XX. La segunda parte ("Cervantes en Barcelona", pp. 283-385) combina estudios sobre las posibles vinculaciones biográficas de Cervantes y Barcelona (un posible viaje a la ciudad condal, la hipotética casa en que residiría), con el análisis de episodios del Quijote y de alguna novela ejemplar relacionados con aquella ciudad (el episodio del morisco Ricote, el personaje -Rocagui- narda- en que se inspira el Roque Guinart de la segunda parte de la novela, el año en que se desarrolla la acción de la novela de 1615); todos ellos presididos por el rigor a la hora de presentar los testimonios, y la cautela para establecer conclusiones. La cuarta parte ("Cervantes, Passamonte, Avellaneda", pp. 389-535) tiene su origen en una conferencia dictada en 1969 que, bajo el título "El Quijote y los libros" se publicó en Papeles de Son Armadans (vol. CLX, 1969, pp. 9-24). Ese artículo se convirtió en libro que, con el mismo título con el que se recoge en este volumen, apareció en 1988 (Barcelona: Sirmio). Se trata de un trabajo extenso a caballo entre la pesquisa detectivesca y la historia literaria en el que se defiende la siguiente hipótesis de trabajo: el autor del Quijote de Avellaneda fue un soldado aragonés, Gerónimo de Pasamonte, que luchó con Cervantes en Lepanto, en Navarino y en la conquista de Túnez bajo las órdenes de Miguel de Moneada. Ambos fueron hechos prisioneros por los turcos, aunque en lugares y por tiempo distintos. "El aragonés, ya en libertad [h. 1592], iba escribiendo, por lo menos desde 1593, su autobiografía, intitulada Vida y trabajos de Gerónimo de Passamonte, ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS » 355 narración de la que Cervantes pudo tener noticia gracias a un posible encuentro con su autor [...]. En el capítulo XXII de la primera del Quijote (1605) Cervantes presenta a un malhechor llamado Ginés de Passamonte, que ya había purgado sus delitos remando en las galeras, y ahora era llevado otra vez a ellas en castigo de nuevas maldades. Este galeote manifiesta que está escribiendo su autobiografía, intitulada la Vida de Ginés de Passamonte. Liberta don Quijote a este malhechor, quien se muestra desagradecido" (pp. 531-2). Partiendo de este planteamiento y tras una importante suma de datos y análisis de los mismos, defiende la hipótesis -expresada con todas las cautelasde la autoría del Quijote de 1614 en favor de Gerónimo de Pasamonte. Los documentos aportados no son definitivos, pero la argumentación está bien traída, sutilmente expuesta y, en definitiva, la hipótesis se nos muestra verosímil. Independientemente de la opinión que cada uno pueda tener, lo cierto es que el libro publicado en 1988 reavivó y reorientó los estudios sobre Avellaneda, muy olvidados por entonces salvo alguna honrosa excepción (S. Gilman, A. A. Sicroff, Nicolás Marín), y ha favorecido, sin duda, la publicación de otros posteriores (Carlos Romero, Monique Joly, etc.) que han revisado y analizado más ajustadamente la influencia del Quijote de 1614 en el de 1615, hasta ese momen- to muy minusvalorada, en favor de la influencia del Quijote de 1605 en el de Avellaneda. La hipótesis de Riquer ha tenido además la valía de crear una línea de investigación que otros han seguido, como Alfonso Martín Jiménez, el cual, partiendo de aquellas ideas, identifica expresamente a Pasamonte con Avellaneda a la par que su estudio lleva a conclusiones de relevancia, sobre, por ejemplo, el aprovechamiento que hace Cervantes de la autobiografía de su antiguo compañero de armas (Alfonso Martín Jiménez, El "Quijote" de Cervantes y el ''Quijote" de Pasamonte, una imitación recíproca, Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2001 ; Cervantes y Pasamonte: la réplica cervantina al ''Quijote" de Avellaneda, Madrid: Biblioteca Nueva, 2005). Con menos fortuna Juan Antonio Frago ha intentado seguir este mismo camino en el libro El "Quijote" apócrifo y Pasamonte (Madrid: Credos, 2005). El debate no ha quedado sólo ahí, como bien ha mostrado el quinto congreso internacional de la Asociación de Cervantistas (Lisboa, septiembre de 2003; las actas se publicaron en 2004); los artículos de José Luis Pérez López, quien se inclinó primeramente por la autoría de un escritor muy cercano a Lope de Vega, Baltasar Elisio de Medinilla (José Luis Pérez López, "Lope, Medinilla, Cervantes y Avellaneda", Criticón, 86, 2002, pp. 41- 71), y, más recientemente, por la de Pedro Liñán de Riaza ("Una hipótesis sobre el Don Quijote de Avellaneda: De Liñán de Riaza a Lope de Vega", http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/ Revista9/Perez/JoseLuisPerez.htm); en fin, la hipótesis de José Luis Madrigal a favor de Tirso de Molina, y la muy sugerente revisión de Javier Blasco, quien además sugiere el nombre de Baltasar de Navarrete ("Avellaneda, secular enigma cervantino", ínsula, 700- 701, abril, 2005). Como se puede observar, la importancia del libro de Riquer no reside sólo en lo que argumenta y defiende, sino también en el debate que ha abierto en la comunidad científica. ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
356 • RESEÑAS Dos textos inéditos cierran este grueso volumen: "Parapilla" (pp. 537-550) constituye una erudita nota filológica que ilumina el significado del apelativo dado a Ginés de Passamonte en el capítulo XXII de la primera parte del Quijote, y sirve para reforzar la hipótesis defendida en la parte anterior sobre la atribución de la novela de Avellaneda. Por su parte, "Las armas en el Quijote" (pp. 551-574) es una nota extensa y divulgativa -quizá el elemento más característico de este librosobre las armas que lleva don Quijote. Poco más me queda por decir de este libro, que ha obtenido el Premio Bartolomé March a la Crítica, sino destacar la pulcritud con que ha sido editado en la colección El acantilado, de Quaderns Crema: un bello formato que combina colores rojos, blancos y una gama de grises sobre fondo negro; buen papel, tipografía afortunada... Todo ello contribuye también a hacer agradable a la vista del lector esta recopilación de trabajos cervantinos de Martín de Riquer. JOSÉ MONTERO REGUERA Universidad de Vi g o REY HAZAS, ANTONIO: Poética de la libertad y otras claves cervantinas, Madrid, Ediciones Eneida (Colección "Puntos de vista"), 2005, 357 pp. Antes o después, con una mayor o menor evidencia y a través de una impronta más o menos consciente, el sentimiento de libertad se manifiesta con una intensidad tal que nunca deja indiferente a todo aquel que decide adentrarse en el universo cervantino. Este concepto tomado como ideal, como esencia, como anhelo, bajo el influjo del ser o del estar o, si se quiere, como filosofía vital, se erige en una especie de faro que guía la vida y la obra del genio complutense. Y es que, si la experiencia vital influye inevitablemente en la obra de todo autor, en el caso de Miguel de Cervantes la vida no sólo entra a formar parte de la literatura, sino que, además, el influjo opuesto acaba construyendo una biografía que alcanza una dimensión mítica equiparable a la de su inmortal y siempre actual novela: El Quijote. Un Cervantes al que le tocó en suerte una siempre azarosa y en numerosas ocasiones penosa existencia decidió buscar refugio y sosiego en un territorio que concibió como el único bien verdaderamente inalienable que posee el ser humano. En tomo a él, tal y como defiende Antonio Rey Hazas en este reciente trabajo que nos ocupa, el escritor articula, si no toda, si la mayor parte de su producción (cuando menos, la más relevante), construyendo lo que este estudioso ha llamado una "poética de la libertad". El propósito de Rey Hazas, según él mismo señala, es presentar en su libro toda una serie de claves, de muy diversa índole, que permitan no sólo una mayor y mejor comprensión del conjunto de la obra cervantina, sino también descubrir "[...] secretos ocultos y novedades que permanecían veladas en la oscuridad" (p. 13). Lo ambicioso del planteamiento hubiera adquirido rápidamente un halo de presuntuosidad si no viniera avalado por un especialista de la talla de Antonio Rey Hazas que, a lo largo de su ya dilatada carrera, ha demostrado siempre ser un perfecto conocedor de todo lo relacionado con la literatura áurea española y, muy especialmente, de la obra y la figura de Cervantes. El libro, dividido en cinco apartados principales, comienza adentrándose por los vericuetos de la apasionante y aún en buena medida desconocida vida del escritor alcalaíno. El objetivo de Rey Hazas es ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 357 intentar aportar algo de luz a alguno de los problemas que todavía sigue planteando la biografía del escritor y no llevar a cabo una mera reiteración de los datos ya conocidos. La semblanza nos muestra una existencia marcada en buena medida por las adversidades, en ocasiones concatenadas de tal manera que parecen desafiar las leyes de la simple casualidad. Sería esa recurrente falta de fortuna y el cautiverio que durante cinco años padeció en Argel lo que le harían valorar la libertad como el bien máximo que puede poseer el hombre y crear en tomo a ella una especie de espacio o estado ideal al que propender. Tras un repaso a la casi siempre infructuosa búsqueda de un patronazgo sólido y solvente que el autor llevó a cabo desde sus inicios artísticos, nos adentramos de lleno en los dos acontecimientos que marcaron para siempre su vida y obra: su concurso en la batalla de Lepan- to y su posterior apresamiento y cautiverio. De resultas del primero (y de la impronta que le dejó la posterior derrota de la Armada Invencible), Cervantes llegará a engendrar un profundo desencanto causado por el aquí y el ahora que le tocó vivir y una gran desconfianza hacia unos organismos de poder más interesados por el enriquecimiento propio que por el bienestar de sus ciudadanos. Se mostrará especialmente crítico con una sociedad que vivía, como su don Quijote, en un mundo "imaginario" que muy poco tenía que ver con la realidad socio-económica en la que estaba inmersa. Del segundo acontecimiento aprendió a estimar la libertad del individuo por encima de todo y, tal y como él mismo indica, "a tener paciencia en las adversidades". Inevitablemente ligada a la esclavitud sufrida en Argel aparece la siempre polémica cuestión de su presunta homosexualidad, hipótesis que Rey Hazas rechaza argumentando una falta de pruebas concluyentes que sirvan para sostenerla. En el extenso segundo capítulo se nos refieren las intensas, complejas y siempre apasionantes relaciones que mantuvo el escritor con algunos de sus más destacados compañeros de profesión. Por lo que respecta a la conocida inquina entre Cervantes y Lope de Vega se abunda en el origen teatral de la misma y se destaca la presencia del Fénix tanto en la posible génesis de El Quijote (hipótesis ya esbozada en el clásico estudio que sobre el Entremés de los romances llevó a cabo Juan Mille y Giménez en su obra Sobre la génesis del Quijote), como en la propia novela, donde sería ridiculizado al identificarle con el asno perdido de Sancho Panza. En cuanto a Mateo Alemán, comprobamos cómo Cervantes debió reflexionar sobre el Guzman de Alfarache hasta el punto de que sin éste no se puede explicar la génesis de El Quijote, a pesar de las enormes diferencias que separan a ambas novelas. Para Rey Hazas, la relación Alemán-Cervantes no debe concebirse como de rivalidad literaria, aunque ambos autores contendieron con sus obras magnas casi por las mismas fechas por el favor de los lectores, sino como de diferencias a la hora de ver y entender el mundo, puesto que mientras la novela picaresca representaba la continuidad de un universo arcaico de raíz medieval, la obra de Cervantes suponía una ruptura con el pasado que abría el camino de la narrativa moderna. Sin embargo, es el apartado dedicado a la relación que mantuvo con Luis de Góngora el que más ha llamado nuestra atención, sin lugar a dudas. A través del minuciosísimo análisis que le permite llevar a cabo su vasto conocimiento del Siglo de Oro español, Antonio Rey Hazas ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
358 • RESEÑAS es capaz de tender un buen número de puentes de varia naturaleza (algunos de ellos muy tenues, como la procedencia cordobesa de ambos o su origen converso) entre las enormes diferencias que, a priori, parecen separar a ambos literatos. Un punto central del capítulo será el estudio del conocido Entremés de los romances, nexo de unión no sólo entre Cervantes y Góngora, ya que nos encontramos ante el antecedente más que probable de El Quijote, articulado, fundamentalmente, a base de romances gongorinos bien conocidos, sino también entre ellos dos y Lope, pues, como ya hemos indicado, la ridiculización del Fénix parece que fue el motor argumentai del mismo. La impronta final que el pormenorizado análisis del investigador nos deja es la de dos espíritus libres e iconoclastas que renovaron por completo la poesía y la narrativa de su época y trazaron, a través de la multirreferencialidad, la polivalencia y el perspectivismo, los caminos que dichos géneros habrían de seguir en el futuro. El capítulo tercero del libro se abre con una nueva lección de erudición por parte de Rey Hazas que, para constatar la modernidad de la novela, repasa la impronta que El Quijote ha dejado tan- to dentro como fuera de España en un recorrido que se inicia en el siglo XVIII y llega hasta el año 2004. Después, se desgajan una a una las claves que parecen constituir esa poética cervantina en la que la libertad se ha convertido en una clave estética. Sección a sección se suceden los ejemplos en los que queda patente la subversión cervantina: la libertad política expresada en su rechazo a toda autoridad de carácter coercitivo, a la corte y a los pilares del estado moderno español, la preconización del fin de la opresión sobre la mujer, el rechazo al determinismo, la libertad de oportunidades de acuerdo a las obras y no al linaje, la ruptura de las normas estéticas establecidas, etc. El gran logro de la libertad cervantina podría fijarse, según Rey Hazas, en la posibilidad que el perspectivismo brinda para la creación de la verdad de cada personaje y no de una verdad única y monolítica. Tras el breve capítulo cuarto donde se estudia el papel crucial de la figura del hidalgo en la sociedad española del Siglo de Oro (atrapado entre un estado llano al que no quería descender pero al que muchas veces ya pertenecía de facto y una clase alta a la que le era imposible acceder debido a las normas sociales en vigor) y en la configuración de la novela moderna que empezaba a caminar en aquel momento, llegamos al apartado dedicado al teatro cervantino. En este capítulo final. Rey Hazas ahonda en esa imagen ya aceptada del dramaturgo frustrado que nunca llegaría a reponerse del todo de su poco o nulo éxito sobre las tablas. Aunque nadie cuestiona hoy la trascendencia de sus entremeses, es probable que haya lectores a los que no deje indiferente la imagen que se esboza de un Cervantes experimentador en sus formas dramáticas "elevadas" y comprometido con el teatro de su época que vio cómo el establishment teatral del momento, instituido en torno a la comedia nueva lopesca, se mostraba reticente a apostar por obras que resultaran ajenas al gus- to de un público adocenado y, por consiguiente, pudieran suponer un fracaso de taquilla. Creemos que la cita de Bruce Wardropper que incluye Rey Hazas en este apartado define a la perfección la noción que este último quie- ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS * 359 re transmitirnos sobre el Cervantes dramaturgo: "Cervantes fue en su época tan experimentador como Brecht, Ionesco o Arrabal en la nuestra" (p. 298). Sin lugar a dudas, la conclusión (o, al menos, una de ellas), que podemos extraer del documentadísimo trabajo de Antonio Rey Hazas es que el origen de la modernidad literaria de Miguel de Cervantes hay que buscarlo en su modernidad vital y espiritual. De ahí que el estudioso recurra con tanta frecuencia a la biografía del alcalaíno para explicar su obra, porque vida y obra van estrechamente ligadas en Cervantes hasta el punto de que la primera impregna constantemente a la segunda y ésta, a su vez, imprime un carácter mítico a aquélla, en un juego especular similar al que sucede en El Quijote donde los personajes "[...] son a veces, simultáneamente, protagonistas de sus vidas, espectadores de otras, narradores y lectores" (p. 260). Cervantes consideró la libertad como única vía de escape a la dura realidad de su periplo vital, sin que ello reste un ápice de mérito al coraje necesario que en cualquier época (y, de manera especial, en la que le tocó vivir a él) requiere enfrentarse al miedo que produce el ser libre. La libertad, sustentada en su búsqueda en general, en la liberación de las ataduras retóricas de los personajes y en la libertad de los lectores y del propio escritor a través del distanciamiento con respecto a sus personajes, conforma la poética de un genio que siempre permanecerá tan vigente como los ideales que defendió y que guiaron su propia existencia. FRANCISCO SÁEZ RAPOSO Vanderbilt University BLASCO PASCUAL, JAVIER: Miguel de Cervantes Saavedra. Regocijo de las Musas, Valladolid: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, Universidad de Valladolid, 2005, 226 pp. Javier Blasco pretende en su libro Miguel de Cervantes Saavedra. Regocijo de las musas "reconstruir una interpretación (la mía propia) de las huellas que de la existencia de Cervantes he creído encontrar en los textos literarios y en los documentos que se conservan. [...]. En el Miguel de Cervantes que estas páginas pretenden retratar se ha perseguido sólo al hombre que, para serlo, escribe" (p. 16). Esta es la base, muy bien delimitada por su autor, de esta biografía cervantina: la interpretación de las escasas noticias que han llegado hasta nosotros del escritor áureo, y el repaso a la obra de Cervantes, que jalona todo el texto con aportaciones muy interesantes. Se conservan pocos datos acerca de Miguel de Cervantes, en parte porque no fue un escritor valorado en su época, por lo que nadie se preocupó de conservar sus manuscritos, lo que ha provocado que, probablemente, se hayan perdido alguna de sus obras y se le hayan atribuido otras, careciendo actualmente de un corpus satisfactoriamente fijado. Pero también puede ser que Cervantes fuera un hombre muy discreto, tanto que, como dice Blasco, poseía una "voluntad de silencio" sobre su vida, aunque no pretende esconder nada ni es un falsario, solamente parece que sintió la necesidad de construir un yo diferente al suyo en muchos momentos de su vida. Por otro lado desmiente la idea que sus contemporáneos tenían de Cervantes como escritor ocasional, de talento limitado. Realmente fue un hombre dedicado ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
360 • RESEÑAS a la literatura, pero no un escritor canónico para su época como lo fueron Lope de Vega o Quevedo y quizás por comparación a ellos se le ha cuestionado desde siempre. De hecho Cervantes desarrolló su labor literaria al margen de mecenas y protectores, lo que ha hecho que su literatura sea mucho más libre que la de otros y por ende mucho más moderna. En definitiva Javier Blasco ensaya una lectura de la vida cervantina releyendo los documentos e interpretándolos, dejando claro que no aportará nuevos datos. Quiere redibujar el perfil de un hombre. Y a mi entender lo consigue. A lo largo de veintiocho capítulos encabezados por otros tantos epígrafes salidos de obras cervantinas, va desgranando la vida de Cervantes desde su nacimiento hasta su muerte. Los cuatro primeros están dedicados a su infancia y etapa de formación que transcurrieron entre Alcalá de Henares, lugar de su bautismo, y Valladolid, donde seguramente entró en contacto con el mundo teatral de Lope de Rueda y un hombre de su compañía que será importante en la vida de los Cervantes, Alonso Getino de Guzman. Su padre, Rodrigo, sí vivió en Córdoba y Sevilla pero ningún documento prueba que su familia le acompañase. Lo más probable es que se quedaran en Alcalá. Tampoco hay indicios del origen converso de Cervantes del que tanto se ha hablado. Sí es cierto que su familia desempeñó (él incluido) oficios propios de los judíos en la época y que para Miguel resultó muy difícil acceder a los puestos de la administración. Pero no existen testimonios concluyentes, aunque Javier Blasco señala que judío o no Cervantes siempre se encontró entre los excluidos desde su nacimiento. Finalmente se instalaron en Madrid, siendo esta villa y corte, y allí es donde, con veinte años, comienza su afán por la escritura con un soneto que celebra el nacimiento de la infanta Catalina Micaela y varios poemas a las exequias de la reina Isabel de Valois. Y en este período también se ha hablado mucho de su relación de discípulo con respecto a López de Hoyos, aunque no existe constancia documental. Los tres capítulos siguientes narran el momento en el que la vida de Miguel de Cervantes da un giro y acaba formando parte de la milicia. Cuando parecía que sus pasos irían encaminados al estudio, lo encontramos en Roma a las órdenes del cardenal Acquaviva. Las razones para su ida a Italia son un poco oscuras, quizás tuvo que huir de una orden de busca y captura por haber herido a un tal Antonio Sigura. Lo que sí está claro es la influencia que esta estancia en la Italia del XVI supuso para su espíritu de escritor y artista. Parece que se alistó en 1571 bajo el mando del capitán Diego de Urbina. Después vendría la valerosa batalla en Lepanto contra el turco, que le inutilizó la mano izquierda para el resto de su vida. Las razones de porqué Cervantes se hizo soldado son muchas y Blasco expone la crítica y opiniones al respecto, así como textos del Quijote, el Persiles y El licenciado Vidriera en los que se habla de la milicia, distinguiendo entre el belicismo de don Quijote y el de Cervantes. Destaca el aprendizaje de camaradería y liberalidad que seguramente supusieron para Miguel estos años de soldado. Mención aparte merece el cautiverio en Argel. En los siguientes capítulos el profesor Blasco pinta con maestría el panorama de la vida de cautiverio en los baños de Argel y deduce los sentimientos y aprendizajes de Miguel, siempre basándose en los documentos y los comentarios en sus obras. Probablemente una de ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS 9 361 las enseñanzas que se llevó de esos cinco años fue la tolerancia hacia el otro y su religión. En cuanto al episodio de los posibles favores sexuales que Cervantes habría prestado en la prisión, idea expresada por primera vez por Louis Combet en su libro Cervantes ou l'incertitude du désir. Une approche psycoestructúrale de Cervantes y seguida de cerca por la profesora Rosa Rossi, la opinión de Blasco es que este no era el motivo de que no le infringieran castigos como a los demás, sino su consideración como cautivo importante y su carácter afable y caballeroso. Cuando volvió a Valencia en 1580 se encontró a su familia empobrecida y se topó con la burocracia, con una España diferente en la que prevalece el favor y no el talento o el valor. Este choque le convierte en un hombre desengañado y le conduce al mundo literario madrileño. Deja las armas y se acerca a las letras publicando La Galatea que, para Blasco, encierra "la crónica de la decadencia de un sistema de valores y la conciencia de que el "disfraz" era el traje que exigía la etiqueta de la Corte" (p. 102). También escribe teatro: los Tratos de Argel, que incide en la crítica de una sociedad que ha perdido sus valores de antaño y refleja el desencanto con la política española, y La Numancia, con la que pretende una revalorización del patriotismo español con Felipe II a la cabeza. El teatro es una escuela de aprendizaje como escritor. En los capítulos siguientes se cuentan detalles acerca de su vida más íntima: tuvo una hija en 1584, Isabel, con Ana Franca o Villafranca, mujer casada, y un mes después Miguel se casa con Catalina de Salazar y Vozmediano. Abandona el ambiente literario y se convierte en recaudador de impuestos. En 1597 pasa una temporada en la cárcel en Sevilla por causa de unos cobros. En estos años es cuando cambia el apellido de su madre. Cortinas, por Saavedra, lo cual responde, para Blasco, a la creación de una nueva identidad en consonancia con su cambio ideológico. Desde 1599 a 1604 se le pierde la pista, aunque sí conocemos que vuelve a la literatura que será el cauce de ficción que le ayudará a soportar la realidad, punto de partida del que nace el Quijote, cuyo protagonista tiene mucho en común con su autor. Lo ultima en Valladolid en 1604 donde se encuentra con sus hermanas, su sobrina, su hija y su mujer, y donde pasa dos días en la cárcel acusado de un crimen que no cometió. Al hilo de esto Blasco analiza el Quijote. Y una vez instalado en Madrid, de nuevo sede de la Corte, escribe las Novelas Ejemplares, el Viaje del Parnaso, el Persiles, las Ocho comedias y entremeses, sin duda destinadas a un lector, que el profesor Blasco desgrana en estos últimos apartados, en los que también profundiza en la relación Cervantes-Lope, apoyándose en los textos escritos por ambos. Frente a otros ensayos de tipo biográfico dedicados a la figura de Miguel de Cervantes que se acercan a un mito o que focalizan la atención en aspectos quizás menores de su personalidad, Javier Blasco recupera, siempre según los documentos conservados y lo escri- to por él en sus obras, al hombre que piensa y siente, al creador del hidalgo manchego y al transmisor de tantos sentimientos e ideas. Establece en multitud de ocasiones una similitud entre Cervantes y su universal personaje don Quijote, sobre todo en su muerte, fijando su atención en la humanidad del ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
368 • RESEÑAS realismo fotográfico", preguntándose si "¿De verdad alguien seguirá apostando por el Quijote como un libro realista?" para responderse "No, definitivamente la historia de don Quijote no está hecha: se hace libremente ante nosotros (incluso la hacemos nosotros) para que aceptemos como verdad lo que queramos o no". No menos interesante que las anteriores es la conferencia de José Luis Diez La huella del Quijote en la pintura andaluza del siglo XIX, donde -como anuncia su títulose rastrea la abundante producción que la admiración y el interés del siglo XIX por el Quijote (sobre todo tras la eclosión del Romanticismo) motivaron en la pintura andaluza, según podemos apreciar en algunos cuadros de Eduardo Cano de la Peña (1823-1897), Manuel García "Hispale- to" (1836-1898), José García Ramos (1852-1912) o el ya citado Antonio Muñoz Degrain (1840-1924), entre otros. Jean Canavaggio reconstruye documentalmente en Cervantes en su vivir las principales peripecias de la vida del autor, evitando en todo momento - pese al "laconismo de los documentos"- especular o fantasear sobre la misma para no desvirtuar, adulterar ni falsear la figura del autor, siendo muy consciente de que "reconstruir en sus etapas sucesivas la vida de Miguel de Cervantes, más allá de las estampas consagradas por la posteridad, no deja de plantear múltiples interrogantes" y concluyendo que Cervantes "estará siempre más allá de cualquier esquema reductor y no hay narración que pueda restituir su expansión vital". En su ameno trabajo Mis conceptos sobre la ópera: Don Quijote, Cristóbal Haffter describe de una manera detallada y sumamente interesante el proceso creador de dicha ópera, una magnifica obra que profundiza en los ideales del caballero andante que le llevó más de tres años de trabajo componer en la década de los años noventa del siglo pasado para la reapertura del Teatro Real de Madrid. La bajada de don Quijote a los infiernos: los límites de su aventura caballeresca es el título elegido por Pedro María Pinero para su conferencia, la penúltima del volumen, donde, según sus propias palabras en una nota, sólo busca introducir al lector menos iniciado en el estudio del Quijote. Dicha labor la lleva a cabo a través del análisis de uno de los episodios más conocidos del Quijote, el de la cueva de Montesinos, concluyendo que dicha cueva fue para el Caballero de la Triste Figura "lugar de sueño y de visiones extraordinarias, pero también lugar de desengaño", dibujando el camino que lo llevaría a la muerte. Cierra el libro la conferencia de clausura del ciclo "... Y el habla popular se hizo arte": el milagro de la lengua cervantina, de Víctor García de la Concha, donde se trata de demostrar la búsqueda por parte de Cervantes de un estilo llano como una meta perseguida con el objeto de que establecer entre el autor y su lector "una relación análoga a la que puede existir entre el que cuenta cuentos y su auditorio". En suma, "el milagro de convertir en arte el habla popular". Magníficas son las reflexiones y comentarios de García de la Concha sobre algunas frases de la obra inmortal como el "Yo no puedo más" del capítulo XXIX de la segunda parte o el "se murió" del LXXIV de la misma. No podemos pasar por alto, por último, la alusión a las magníficas ilustraciones que acompañan los textos de ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS ® 369 las conferencias, que corresponden a las pinturas de Muñoz Degrain que integraron la exposición a la que aludíamos al principio. Estamos, en definitiva, ante una valiosa e importante contribución a la inmensa bibliografía cervantina, que no puede ni debe pasar desapercibida entre los numerosos libros publicados con motivo del centenario para los investigadores y para los lectores en general, dado el carácter divulgativo a la vez que científico de los textos. Tan- to el profesor Reyes, a cuyo cuidado ha estado la edición, como los autores de las conferencias, una nutrida y significativa representación del mejor cervantismo del momento, han acertado plenamente en su trabajo, que ve la luz gracias a la Fundación Focus-Abengoa. JOSÉ VALLECILLO LÓPEZ Universidad de Sevilla ARIOSTO, LUDOVICO: Orlando furioso, edición, traducción y notas de José María Mico, Espasa-Calpe (Biblioteca de literatura universal), Madrid, 2005, xxxvn-2084 pp. Decir a estas alturas que Cervantes era un admirador del Orlando furioso resulta de una obviedad insufrible. Más allá de las abundantes alusiones que realiza y de los guiños que le dedica (y no solo en el Quijote, sino en toda su obra, de La Galatea al Per siles), bastará con recordar el encendido elogio que formuló por boca de Pero Pérez, el sacerdote que confiesa ser su amigo, en el escrutinio de la biblioteca de Alonso Quijano: "si aquí le hallo, y que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto ninguno, pero, si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza" (I, 6). En su reiterada afirmación de que casi ninguna traducción conseguiría nunca emular el original, expresaba así su pasión desmesurada por los versos toscanos de Ludovico Ariosto. Desde esta perspectiva, no deja de ser irónico que solo en el cuarto centenario de la publicación del Quijote haya aparecido una traducción que muy posiblemente, como las que realizaran Cristóbal Suárez de Figueroa del Pastor Fido y Juan de Jáuregui del Aminta, mereciera los pai-abienes de Miguel de Cervantes. No, no era nada fácil traducir el Orlando furioso, y buena prueba de ello son los intentos reiteradamente fracasados de Jerónimo de Urrea (1549), Hernando de Alcocer (1550), Diego Vázquez de Contreras (1585), Augusto de Burgos (1846-1847), Manuel Aranda y Sanjuán (1872), Vicente de Medina y Hernández (1878-1879), Francisco J. de Orellana (1883-1885) o Juan de la Pezuela, conde de Cheste (1883), unos en verso y otros en prosa. Fracasados pero extrañamente vivos todavía, pues alguna de ellas se ha reeditado no hace mucho (en 1988 y en 2002), y con todos los honores, en dos de las principales colecciones de textos clásicos. A partir de ahora, sin embargo, contamos no solo con una buena traducción, sino con una sabia recreación, digno émulo del original. A su innegable conocimiento del italiano (plasmado, por ejemplo, en sus traducciones de Móntale o de las Sátiras del propio Ariosto) y de la lírica de la época (he ahí, sin ir más lejos, El "Polifemo" de Luis de Góngora), José María Mico une la cualidad de ser uno de los mejores poetas contemporáneos, por lo que el resultado no podía ser menos que excelente. Acertada muestra de sus desvelos por ofrecer una versión lo más ceñida posible al original es la forma adoptada por la traducción: ANALES CERVANTINOS. VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
370 • RESEÑAS octavas de endecasílabos blancos cerradas por un pareado asonantado. De esta manera, libre de las imposiciones de la rima que conlleva la octava tradicional, pero al mismo tiempo libre de la falacia de la prosa y ceñida a la unidad estructural (y hasta musical) de los ocho versos del original, consigue transmitir una impresión muy próxima a la obra de Ariosto. Los endecasílabos, por su parte, se adecúan a los cambiantes tonos del libro: heroico, lírico, amoroso, zumbón, risueño... ciñéndose perfectamente a los que presenta el texto italiano, y exactamente lo mismo se hace con el léxico empleado en cada pasaje. Los abundantes chistes lingüísticos (basados en asociaciones de palabras, dobles sentidos o en referencias sexuales), por su parte, han sido sustituidos por otros de contenido similar en castellano. En suma, nos encontramos con mucho más que una traducción; nos encontramos ante una obra literaria de primer orden. No es extraño, en ese sentido, que el esfuerzo invertido por José María Mico al traducir los más de 38.000 versos de esta obra (esto es, más del doble que la Divina commedia), en los que ha invertido más de cuatro años, se hayan visto recompensados con el Premio Intemazionale "Diego Valeri" di Traduzione Letteraria que se le ha concedido recientemente. En cualquier caso, esta traducción es una excusa inmejorable para adentrarse en la lectura del Orlando furioso. Pero no en una lectura contemporánea, como la que haríamos de cualquier otro relato novelesco, sino en una lectura lírica, ajena a su enrevesado argumento, y que solo aspire a disfrutar del placer que le proporciona el texto: su musicalidad, sus escogidas palabras, su alarde de ingenio creador... No es este, desde luego, el lugar más adecuado para hablar de la caótica trama de esta obra, repleta de personajes cuyas múltiples aventuras hay que contar en paralelo, y salpicada de digresiones de la más variada factura, cosa que hace poco menos que imposible su lectura lineal; otros estudiosos lo han hecho antes y con mucho mejor tino. Pero no estará de más señalar que los personajes de Cervantes nunca aluden a este texto en bloque, sino a algunos de sus episodios, ahora uno y ahora otro, y que el propio Alonso Quijano se vanagloriaba de poder "cantar algunas estancias del Ariosto", las de aquellos pasajes que más le podían haber agradado. Y será en esa lectura selecta, que disfruta de cada episodio por su valor intrínsenco, y no por su pertenencia a un todo perfectamente organizado, donde el lector de Cervantes disfrutará más de esta obra. No solo verá en ella el origen de varios de los episodios emblemáticos del Quijote (algunos no señalados hasta ahora, como el combate "sobre las húmedas/ playas de Barcelona"), sino también un modelo para la mirada irónica que recibe el heroísmo caballeresco, para el diálogo cómplice con el lector (recuérdense, sin ir más lejos, las insinuaciones del autor sobre la virginidad de Angélica: "A lo mejor era verdad, mas nadie/ con dos dedos de frente lo creyera"), o para el papel central, incluso en la estructura de la obra, que toma la locura. Valga decir, simplemente, que en esta traducción se proponen dos correcciones para el texto del Quijote, atendiendo simplemente a lo que debía haber sido la lectura cervantina del Orlando furioso. Desde este punto de vista, y ahora que disponemos de esta excelente traducción, creo que no me arriesgo lo más mínimo al augurarle a la obra de Ludovico Ariosto un protagonismo futuro tan crucial en la elaboración ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 371 de la gran novela cervantina como el que tradicionalente se ha atribuido al Tirant lo Blanc de Joanot Martorell. También será una buena excusa para revisar el importante papel que desempeña el Orlando furioso en la configuración del género de la novela que desarrollará Cervantes. No en vano, será a la zaga de Ariosto y sus imitadores como se establecerán las diferencias entre el romanzo y el poema eroico. Y también será una inmejorable oportunidad para revisar algunas de las piezas más significativas de Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Alonso de Ercilla, Luis Barahona de Soto... Hasta el momento contábamos con los excelentes estudios de Maxime Chevalier, Thomas R. Hart o Ana Vián. Ahora, sin embargo, lo tenemos mucho más fácil para adentrarnos en ese campo por nuestra cuenta. Bienvenida sea pues, desde todos estos puntos de vista, esta traducción de José María Mico, que habrá de quedar para siempre como uno de los hitos indiscutibles en la historia de la traducción española. Y si no, al tiempo. RAFAEL RAMOS Universitat de Girona RUBIO, FANNY (ED.): "El Quijote" en clave de mujer/es. Fanny Rubio (éd.). Madrid, Editorial Complutense, 2005, 667 pp. Bajo la dirección de Fanny Rubio, la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Investigaciones Feministas nos ofrecen un volumen de varia lección dedicado, como anticipa el título, al tema de la mujer en el Quijote. El interés que despierta la condición de las mujeres del Quijote en la crítica contemporánea, sobre todo en la anglosajona, ha hecho languidecer hasta sepultar en el olvido los esfuerzos por aproximarse al erotismo del Quijote de hace un siglo con obras como Don Quijote o el amor de Ramiro de Maeztu. Américo Castro con su método historicista se acercó a la obra de Cervantes con un talante innovador que comprendía la cultura de Cervantes como una toma de posición ante el mundo. A partir de entonces Cervantes se leería casi sin excepción en clave ideológica. Los frutos del nuevo método han venido abonando múltiples campos pero han sido especialmente granados en la lectura femenino-feminista -según el prisma ideológico que se adoptetan prolífica en nuestro tiempo. Abre el libro una carta dirigida a Marcela de José Manuel Blecua, presidente de la Comisión Estatal del IV Centenario. En ella contrapone los dos discursos -el demostrativo y el argumentativoque armónicamente tejen el episodio de Marcela, al tiempo que agradece a sus autoras la deferencia de haberlo elegido para escribir la carta proemial. Cierra el volumen un breve análisis, a modo de epílogo, de Iris M. Zavala. Su autora comprende el discurso cervantino como destrucción del discurso literario anterior y cifra en lo que denomina la ironía del desafío una de sus claves interpretativas: "ironía y humor, no comicidad como entretenimiento", porque si Cervantes "inventó" a la mujer Don Quijote "es la brújula que nos orienta hacia las distintas posiciones femeninas de su época". Propone una lectura dialógica y con ello parece querer decir incompleta, donde no hay ni lectura definitiva ni portadores de verdad trascendente alguna. La lectura escéptica de Iris Zavala trae a colación la idea medieval de que las generaciones venideras, como decía C. S. ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
372 » RESEÑAS Lewis, completarán y dotarán de sentido pleno a la obra. Sin embargo esta noción de la obra incompleta que jalona toda la literatura medieval sólo puede explicarse en el marco de la oralidad. Es ajena a las nociones relativistas de nuestro tiempo en las que se apoya la interpretación de Iris Zavala. Las tres secciones de que consta el libro van asimismo precedidas por una introducción de Fanny Rubio en la que anticipa los temas, enfoques y propuestas sobre la condición femenina que irán apareciendo a lo largo de "El Quijote" en clave de mujer/es. Componen la sección primera "Homenajes" los artículos de Ruth el Saffar e Iris M. Zavala, Francisco Márquez Villanueva y Hans Jôrg Neuscháfer. El primer artículo es un collage de textos de Ruth El Saffar montado por Iris M. Zavala, tributo obligado a esta figura señera de los estudios psicoanalíticos y feministas en el ámbito del cervantismo. Iris Zavala incluye dos artículos, una selección sobre Marcela y un resumen de Beyond Fiction de la cervantista americana. Ruth El Saffar tomando como marco las teorías del deseo y la teoría narrativa de René Girard y Edward Said, respectivamente, propone el triángulo del deseo como sustancia ficcional para luego revisar una "colección de mujeres que existen independientemente de los conflictos eróticos". La liberación del triangulo erótico corre pareja, para El Saffar, a la liberación del propio autor. En Quixotic Desire. Psychoanalytic Perspectives on Cervantes, la historia de Marcela, una de las mujeres que logran sustraerse a ese triangulo erótico, la lleva a explorar los problemas de identidad como desafío a la norma patriarcal. De identidades, deseos y ausencias también se ocupan "Voces marginales y la visión del ser cervantino" y "Elogio de lo que queda por decir". Francisco Márquez Villanueva aborda desde otras laderas el personaje de Altisidora, una pseudodonce- 11a que representa la negación del amor y cuya confabulación contra Dulcinea acaba fracasando ante los ojos del lector. Hans Jôrg Neuscháfer nos presenta el episodio de Marcela interrelacionado con la acción principal. Cervantes no sólo critica los libros de caballerías y la novela pastoril sino que el episodio constituye un espejo en el que se refleja la acción principal. En la segunda sección "Homenajes/ Pioneras" enontrará el lector cuatro trabajos de mujeres que abrieron camino en la tarea de analizar la presencia de las mujeres en el Quijote. A Cervantes la literatura se le había presentado y anidaba en su alma en forma de mujer, escribe en su ensayo María Zambrano. El amor, en palabras de Concha Espina, también revi- ve en las mujeres del Quijote con alta y conmovedora poesía. No todas llegan al extremo de bondad posible pero su autor puso en algunas de ellas su mayor esmero, erigiéndolas en modelo, siempre ejemplar, de inteligencia, honestidad, discreción y fortaleza, y capaces de encarar los más amargos trances. Las mujeres del Quijote no se contienen, según Carmen Castro, en los límites de su propia figura, porque "son todas de todos", como el resto de los personajes: "todos se pertenecen, y forman entre sí una trabazón densa y filme que es la novela". Cierra la sección de homenajes el trabajo de Lidia Falcon, para quien Cervantes es mucho más "liberal que sus compañeros de letras" en el tratamiento de la mujer y, aunque evita hablar directamente de la sexualidad, campean al unísono erotismo y hazañas bélicas. A veces, a la autora se le va la mano. No había para qué hacer de Cervantes un escritor pan fletarlo ni reprocharle la descripción de algunas manías femeninas, porque bien ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
374 • RESEÑAS PELORSON, JEAN-MARC: El desafío del "Persiles", seguido de un índice onomástico por Dominique Reyre, Toulouse, Anejos de Criticón, Université de Toulouse-Le Mirail, 2003. Desde la década de los 70, el interés de los cervantistas por el Persiles se ha incrementado de forma impresionante tal y como muestra el cotejo de las dos ediciones que mayor difusión han conocido. Mientras la de Juan Bautista Avalle- Arce, en 1969, señalaba tan sólo 17 títulos en su bibliografía, la de Carlos Romero, en 2002, reúne más de 300 libros, artículos y contribuciones, entre los cuales más de la mitad se han publicado durante los treinta últimos años. El libro de Jean-Marc Pelorson, catedrático emérito de la universidad de Poitiers y fino conocedor del Siglo de Oro español, no se limita a añadir un nuevo título a esta lista, sino que nos ofrece una lectura rigurosa, acertada y amena de una obra que, a pesar de las múltiples aproximaciones que ha suscitado, sigue siendo para muchos un misterio. Valiéndose de su familiaridad con el mismo texto cervantino, del cual nos ha dado, hace cuatro años, una espléndida versión francesa, nos invita a acercamos desde una doble perspectiva al "desafío" del Persiles. Desafío para Cervantes, ya que si se propuso "competir con Heliodoro", fue con el temor de que su libro, "por atrevido, saliera con las manos en la cabeza", aun cuando algún amigo le afirmara que había llegado "al extremo de bondad posible". Desafío, también, para el público actual a quien el hispanista francés destina su libro y en el cual incluye, además de los estudiantes universitarios impulsados por la necesidad de cumplir con sus obligaciones académicas, un número más amplio de virtuales y discretos lectores. Así se explican las modestas dimensiones de este volumen: menos de 100 páginas, complementadas por dos apéndices y un útilísimo estudio onomástico, realizado por Dominique Reyre, catedrática de la Universidad de Toulouse-Le Mirail, de todos los nombres de los personajes, en tanto que "constituyen los elementos fijos y las piezas claves del armazón del relato". Así también el orden según el cual se presentan los cinco capítulos de que consta. El capítulo inicial ofrece como un primer acercamiento al Persiles, tal como lo descubre un lector desprevenido. Un acercamiento que, si bien prescinde de una erudición farragosa, no por ello sortea los escollos que suelen amenazar cualquier intento de explicación de la obra. Al contrario, se examinan, sucesivamente, los problemas que plantean su génesis, el anclaje histórico de la ficción, la desorientación geográfica (o sea el "dépaysement" francés) y, finalmente, la unidad del conjunto. Sin pasar por alto, ni mucho menos, la complejidad de estos problemas, Pelorson nos ofrece, sobre cada uno de ellos, unas conclusiones prudentes y sensatas: aboga por una elaboración lenta y accidentada, que nos induce a considerar el proyecto de novela "reformada" del canónigo del Quijote más como un programa estético que como un compendio de la historia septentrional; una cronología interna cuya reconstrucción, sumamente azarosa, debe tener en cuenta los efectos de distanciamiento temporal o de pátina" del tiempo que se imponen a la lectura; una localización de las aventuras que, si bien se beneficia de los conocimientos que pudo sacar Cervantes de sus lecturas eruditas, se supedita constantemente al carácter "huidizo" de un texto que, por su misma índole, no podía sino alimentar el debate de los especialistas; por último, ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 375 aunque distinta a la de un mero "patchwork", una "irreductible diversidad" que, en vez de someterse a unas lecturas alegóricas que, de manera general, pecan de excesivamente abstractas, debe contemplarse desde otro enfoque, el de unos "ejes estructurantes" que, precisamente, corresponden a cada uno de los siguientes capítulos del libro. El primer eje elegido es el que nos proporciona la referencia cervantina a Las Etiópicas, de las que el Persiles viene a ser una manera de "pastiche". Después de recordamos los rasgos distintivos de la novela griega, y de hacerlo no de manera dogmática, sino a partir del placer que declara experimentar en tanto que lector y que nos hace compartir, Pelorson pasa a señalar cual fue la huella de esta obra de Heliodoro en Cervantes, destacando además la probable mediación de la Philosophía Antigua Poética de López Pinciano. Valiéndose de este hilo conductor, aborda los problemas de narratología novelesca que plantea la historia septentrional: comienzo in medias res, relatos analépticos, intervenciones del narrador omnisciente en la retención autoritaria de la información del lector, delegación visual, cognitiva y emotiva a los personajes de la percepción de los acontecimientos, acciones paralelas y recapitulaciones, recursos destinados a suspender el interés y reforzar la tensión, prolepsis externas e internas. De este modo, el cotejo entre Heliodoro y Cervantes permite apreciar la novedad de las técnicas empleadas en el Persiles, sin olvidar un aspecto importante, la parodia de la novela griega que se observa en los episodios mágicos, en el tratamiento de lo maravilloso, en el distanciamiento explícito que marca de su sello tanto los comentarios irónicos o incrédulos de los oyentes de Rutilio o Periandro, como el remedo del tono sentencioso propio de la escritura heliodoriana: otros tanto hitos de "una meditación, entre cariñosa y zumbona, sobre todas las facetas de la credulidad humana". El siguiente capítulo se centra en los aspectos lingüísticos e ideológicos de una novela "internacional", calificativo que podría plantear ciertas dudas si Pelorson no lo pusiera entre comillas antes de aclarar su recto significado. Partiendo del problema de la intercomunicación lingüística entre personajes procedentes de diversas naciones, muestra primero cómo el plurilingüismo explícito, en virtud del cual cada ser habla su propio idioma, llegando a veces a dominar uno o dos más, sólo se observa en contados casos, a diferencia de un poliglotismo implícito que, no obstante, llega a borrarse muy a menudo en favor de un uso generalizado del castellano en tanto que denominador común de todos los hablantes. Solución convencional, por cierto, pero compatible con un concepto de la verosimilitud que, en vez de ser continua y homogénea, se integra en un proceso según el cual van alternando y mezclándose identificación y distanciamiento, es decir los dos polos opuestos de la ilusión literaria. Mientras que en Las Etiópicas, la lengua griega es "el elemento que cimenta una élite", a pesar de la diversidad de sus creencias, por encima de la masa confusa de los bárbaros, en el Persiles es la religión católica la que une a los representantes de las diversas naciones que se oponen a la barbarie permanente en casi todas las islas nórdicas. Ahora bien, el contraste inicial entre barbarie y cristianismo, tal como se observa al principio, se va matizando conforme se descubre, a través del ejemplo de Antonio y de su familia, una barbarie "positiva" que se opone a la barbarie "negativa" cifrada en las costumbres ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
376 » RESEÑAS de los isleños del comienzo. En tales condiciones, el concepto de barbarie que se desprende de las aventuras setentrionales no tiene el significado absoluto que iba a cobrar en el siglo de las Luces. Pero, por otro lado, tampoco se puede ver en el hijo de Antonio, con su arco y sus pieles, una representación del mito del "buen salvaje" desarrollado en el siglo XVI a raíz del descubrimiento del Nuevo Mundo. En realidad, la línea divisoria entre buenos y malos no deslinda entre civilizados y bárbaros, como prueba la presencia, a lo largo de la novela, de una casuística cuyos casos evidencian otra forma de barbarie que se presta a juegos de inversión satírica: introducida por Transila al referir las deshonestas costumbres matrimoniales de su isla católica, se ejemplifica en moriscos, turcos y judíos que la encaman de manera esporádica, dentro de la zona mediterránea de la Cristiandad por el que atraviesan los peregrinos. En vez de desembocar en una visión cerradamente maniquea, el mundo del Persiles integra de esta forma un rico y complejo sistema de relaciones, marcado por el sello de una fantasía creadora y que no deja de evocar el vaivén entre razón y locura que vertebra el Quijote En un tercer acercamiento, se enfoca el Persiles en tanto que "novela del deseo", si bien el título que lleva el capítulo se acompaña de unos puntos interrogativos que someten esta definición a un riguroso cuestionamiento. En efecto, detrás de la aparente impasibilidad de los protagonistas, cifrada en lo que el autor llama "la discreción de los cuerpos", Pelorson, sin desestimar la trascendencia de los respectivos disfraces de Periandro y Auristela, no comparte la tesis de Combet para quien tales situaciones revelarían una latencia homosexual asignable, tal vez, al creador, a no ser que al texto o al público. En cuanto a la figura del andrógino que Diana de Armas Wilson ha detectado en este juego inicial del doble disfraz, no le parece justificar, por ingeniosa y atractiva que sea, el desbordante entusiasmo feminista que la comentarista norteamericana acaba por atribuir a Cervantes. Tampoco podemos considerar el Persiles como una. novela de educación sentimental. En contra de quienes opinan que los protagonistas van adquiriendo toda la sabiduría deseable, mereciendo de este modo la recompensa final del matrimonio, observa Pelorson que Periandro y Auristela, a pesar de ciertos altibajos en amor o en cordura, son "desesperadamente inmejorables". Prosiguiendo en esta línea, me atrevería a decir que los "trabajos" que conocen y comparten no hacen más, a fin de cuentas, que confirmarlos en su identidad, su firmeza y su constancia. Ni el príncipe de Tule, ni la princesa de Frislanda llegan a interiorizarlos para convertirlos en la trama de su existencia o, mejor dicho, en la materia de una vida imaginaria y, en este sentido, nos dan la clave de una frustración que, hoy en día, experimentan muchos lectores. Pero El desafío del Persiles no se desliza por tan resbaladiza pendiente, sino que abre a nuestra reflexión dos temas sumamente sugestivos: por un lado, el de la mujer desconocida, el gran interrogante que trasciende, por decirlo así, las representaciones contradictorias del deseo amoroso, a veces fuente de desengaño, otras motivo de exaltación; y, por otro lado, el de los deseos sublimados encarnados por Manuel de Sosa, cuyo destino da lugar a un fino análisis en el cual el canto de cisne del enamorado portugués se compara, muy acertadamente, con otro canto de cisne, el del propio Cervantes cuando se despide, en su prólogo, de sus "regocijados amigos". ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 377 El capítulo final, dedicado al carácter "transgresivo" de la novela, examina, entre otros aspectos, cómo Cervantes, en el Persiles, manifiesta su vocación profunda de cuentista, tema del clásico estudio de Michel Moner, pero sin someterse a los esquemas narrativos del cuento tradicional. Al contrario, elabora y desarrolla una narración cuyo final, lejos de ser un cabal desenlace, se nos aparece más bien como el "happy end", completamente artificial, de una historia que hubiera podido prolongarse indefinidamente. Este final irónico es el punto conclusivo de una transgresión de las normas de la novela de aventuras "ejemplar". Una transgresión ya presente en la trama sencilla que parece revelar el rela- to de Serafido y que concurren a ilustrar las distintas historias que se van mezlando con la historia principal, de tal forma que "el proceso de identificación con los héroes", uno de los resortes de la novela de aventuras moderna, "sólo funciona a trechos". Como se echa de ver. El desafío del Persiles no quiere alimentar una nueva controversia, imponiendo una interpretación que vendría a relevar aquéllas que se han dado hasta nuestros días. En cierto modo, no pretende ser más que una introducción a la lectura de la novela: la mejor introducción, en mi opinión, a partir de un balance crítico en el cual la claridad de los juicios emitidos se compagina con una notable ecuanimidad frente a las controversias entre especialistas. Ahora bien, más allá de esta finalidad pedagógica, Jean-Marc Pelorson, en la sabia ordenación de los capítulos de su libro, abre nuevas y numerosas pistas a una investigación desapasionada y serena. Taller de lectura, el Persiles se nos aparece también, a la luz de sus conclusiones, como una obra abierta, capaz de despertar un renovado interés, tanto por sus modalidades narrativas como por los interrogantes que plantea sobre un amplia gama de cuestiones: desde la convivencia entre naciones hasta la soledad del deseo masculino frente a la Mujer o las variaciones en torno al tema de la hidropesía, evocadas en uno de los apéndices, sin olvidar, por supuesto, el placer de saborear, con todos sus matices, los "armónicos incesantes" de la prosa de Cervantes. JEAN CANAVAGGIO JURADO SANTOS, AGAPITA: Obras teatrales derivadas de novelas cervantinas (siglo XVII. Para una bibliografía), Kassel, Reichenberger, 2005, 257 págs. Con la colaboración del Departamento de Lengua y Literatura Neolatina de la Universidad de Florencia, aparece este nuevo volumen de la ya extensa colección de Editio Reichenberger, que recoge la vasta bibliografía cervantina de las imitaciones y continuaciones barrocas. Parece tratarse de una reelaboración de la tesis doctoral de Jurado, defendida durante el curso 2000-2001 y continúa también la labor iniciada en una conferencia publicada en las actas Otro Lope no ha de haber (2000), dedicada al mismo asunto. La autora recopila ahora las "numerosas obras del siglo XVII que toman de Cervantes tramas, motivos, personajes e incluso el título (...), y que han recibido poca atención por parte de la crítica". La misma Jurado asegura con honestidad, a renglón seguido (p. 1), que esas obras habían sido fichadas ya por los repertorios usuales de L. Rius, ANALES CERVANTINOS. VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
378 • RESEÑAS A. González de Amezúa, M. Herrero- García, Icaza, A. Bonilla o C. Real de la Riva, entre otros, o de las tesis doctorales de G. G. La Grone (1937) o de M. García Martín (1980). El hecho es que, por primera vez, tenemos ante nosotros una lista exhaustiva de estas piezas de la época inmediata a la publicación de la inmortal novela de 1605-1615 y de sus compañeras cervantinas. Y también podemos ver ahora cuáles de esas obras son imitaciones en primer o segundo grado, refundiciones, reelaboraciones, etc., e incluso aquellas que no lo son en absoluto, como aclara en la p. 2 con un ejemplo palmario. Ello no quiere decir que todo el panorama quede claro, pues algunas obras no son, hoy por hoy, fechables, y por tanto no es nada hacedero establecer todavía la anterioridad o la posteridad de unas piezas con respecto a la narrativa de Cervantes. El caso más palmario de este fuerte inconveniente es, como ella misma indica, el famoso Entremés de los romances, sobre el que la crítica lleva siglos debatiendo, como en el caso del Lazarillo y el folclore coetáneo. Hasta se sugiere aquí que existen obras del XVII que inspiraron a Cervantes al cre- ar sus propias obras o se afirma la preexistencia de ciertos motivos teatrales aprovechados luego por el manco alcalaíno (p. 3). Esta bibliografía recoge obras, elementos y motivos de los mejores contemporáneos: Lope de Vega, Tirso, Aguilar, Ávila, Calderón, Castillo Solórzano -que imitaría a Cervantes en novela y teatro-, Guillen de Castro, Coello, Diamante, Matos Fragoso, Pérez de Montalbán, Moreto, Rojas Zorrilla, Alarcón, Solís, Vélez de Guevara, entre otros menos conocidos, esto es, la nómina de los dramaturgos más importantes del siglo. La autora destaca la tendencia de los mejores estudios anteriores a rebuscar influencias y fuentes descuidando al mismo tiempo "el análisis de la comedia misma" o sin hacer un verdadero análisis intertextual moderno, "que ponga sobre el mismo plano las piezas en estudio" (pp. 5-6). Para aclarar su método no recurre, sin embargo, a las habituales autoridades anglosajonas en intertextualidad, sino a las más familiares (y sensatas) del campo del Siglo de Oro: nombres tan respetables como los de M. G. Profeti y L. Terracini, además del infaltable C. Segre. Y anuncia que se propone deslindar delicadamente, además, las transformaciones forzadas por el cambio de género, desde la novela hacia el teatro (p. 7). La autora dice recoger "sólo obras ya citadas en trabajos anteriores, por lo que no excluyo que pueda ampliarse la lista de comedias y entremeses". Y señala la edición príncipe y las demás ediciones del XVII de dichas piezas (p. 8), siguiendo los criterios de catalogación de Profeti en su propio repertorio de Pérez de Montalbán, esto es, la autoría y atribuciones, las fechas, colecciones, procedencias, la descripción exterior y del contenido de cada obra, la transcripción de títulos, elencos y primeros y últimos versos (p. 9). Cada obra cervantina va seguida de sus presuntas imitaciones en comedias y entremeses, primero los manuscritos y después los impresos. La precisión de su búsqueda y su catálogo ha descubierto los errores de catalogación de las bibliotecas más importantes para estos fondos antiguos, errores e inconsecuencias que todos los estudiosos conocemos. Y la lista de esas ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 385 MARTÍNEZ MATA, EMILIO, éd.: La recepción del Quijote en su IV centenario, ínsula 700-701, 2005, 40 pp. Si, como parece ser, el número de textos cervantinos es limitado pero las interpretaciones que suscita son infinitas, la masa de comentarios que se solapan, que rescriben lo ya dicho o que simplemente copian de lo ya hecho anteriormente-críticos que, por ejemplo, se plagian a sí mismos-cada vez resulta ser más voluminosa. Una de las avenidas críticas más seductoras-y por tanto menos cercanas a esta lamentable saturación de lo obvio-resulta ser, como ya he comentado en otra ocasión ( "Cervantes, aquí y ahora", ínsula 697- 698, 2005, pp. 2-4), la que explora la recepción crítica del escritor alcalaíno en su posteridad. Creo, por tanto, que la idea de Emilio Martínez Mata de dedicar un número doble monográfico al tema es sumamente acertada-a pesar de que no todos los ensayos se rijan por este criterio temático-porque algunos de los artículos aquí contenidos aportan información de primordial interés con respecto a las lecturas quijotescas de su posteridad. El monográfico se abre con una muy breve Introducción de Martínez Mata que da paso a doce aportaciones de distinta naturaleza y que se podrían dividir entre aquellas que se ciñen al tema anunciado y las que ofrecen indagaciones de otro sesgo. Los dos primeros artículos son particularmente interesantes porque sin duda abren nuevas avenidas de exploración. El primero de ellos es "La 'Epístola al lector' a la edición de las Obras de Hurtado de Mendoza (Madrid, 1610): ¿Un viejonuevo texto cervantino?", y va firmado por Alberto Blecua. A partir de un análisis de paralelismos léxicos y estilísticos presentes en la escritura cervantina junto a una serie de circunstancias históricas que señala en la conclusión del trabajo, Blecua propone con extrema "cautela crítica" (6) que la epístola "Al Lector" y la "Dedicatoria" (a nombre de frey Juan Díaz Hidalgo) que anteceden las poesías del aristócrata renacentista podrían ser, en realidad, de Cervantes. A fin de cuentas, el autor del Quijote ya había firmado el primer soneto de los preliminares a esta edición ("Miguel de Cervantes a Don Diego de Mendoza y a su fama") y, como han señalado tanto Francisco Rico como el propio Blecua, la mano cervantina se hace sentir en los prólogos de algunas obras impresas a cargo de Francisco Robles, en cuya casa se vendieron estas Obras de Mendoza; de ser así, estaríamos ante una de las novedades filológicas más significativas de los últimos años. Junto a la aportación de Blecua, destacan las reflexiones no menos apasionantes de Javier Blasco y su "Avellaneda, secular enigma cervantino", donde vuelve a lo expuesto en Baltasar Navarrete, posible autor del Quijote apócrifo (1614) [Valladolid, Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Beltenebros Minor, 2005], apoyándose también en la existencia de un documento exhumado por Anastasio Rojo que identifica a Avellaneda con el dominico Baltasar Navarrete (1560- 1640), catedrático de teología de la Universidad de Valladolid y más que seguro autor de La picara Justina. Blasco se opone a la tesis reciente del importante libro de Juan Antonio Frago, El Quijote apócrifo y Pasamonte (Madrid, Credos, 2005) el cual, en la línea de Martín de Riquer, ofrece un amplio número de datos para la identificación de Jerónimo de Pasamonte como autor del Quijote que tanto enfureció a Cervantes. ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
386 • RESEÑAS A los ensayos de Bénédicte Torres ("Leer el cuerpo en Don Quijote de La Mancha''), Mary Malcolm Gaylord ("Decir y hacer en Don Quijote'') y Anthony Cascardi ("Historia e iconoclasma moderno en el Quijote"), les sigue el trabajo de Martínez Mata titulado "'No hay tal cosa como escribir sobre asuntos populares.' Lecturas españolas del Quijote", en donde se vuelve sobre la recepción cervantina de Mayans y Lord Carteret, y el de Dominick Finello ("El Quijote entre los románticos y los neoclásicos"), quien se centra en la figura de Nicolás Díaz de Benjumea y José María Asensio y Toledo, cuyas ideas provocaron encendidos debates en las tres últimas décadas del siglo XIX. Carme Riera, que publicó este año el ensayo El Quijote desde el nacionalismo catalán, en torno al tercer centenario (Barcelona, Destino), analiza en "Casticismo y nacionalismo en torno al Quijote" algunos de los elementos del significado político del Quijote en tiempos de su tercer centenario en una España en la cual un cierto sector de la intelectualidad del cambio de siglo-de Almirall a Prat de la Riva, de Mariano de Cavia a Miguel deis Sants Oliver-se apropió de la obra maestra cervantina como símbolo del enfrentamiento entre Cataluña y España. Dos poemas inéditos de Pedro Salinas exhumados de la Houghton Library en la Universidad de Harvard articulan el estudio de Montserrat Escartín Gual titulado "Don Quijote visto por Pedro Salinas", en donde vemos cómo el poeta rescata una imagen del hidalgo loco que auna el obje- to de burla con la fuente de cordura. Cristoph Strosetzki firma un sugestivo trabajo que lleva como título "El Quijote en los autores latinoamericanos Lizardi, Pebres Cordero y Alberdi" y Anthony Close matiza algunas conclusiones de su ya conocido The Romantic Approach to Don Quixote (de próxima aparición en español), añadiendo nuevas reflexiones sobre lo que han sido algunas tendencias importantes de los últimos años; se trata sin duda de un útil trabajo para todos aquellos que quieran un detallado resumen de los pilares de la crítica cervantina del siglo XX. En su ensayo "A partir de dos sonetos del Quijote: estructura y ritmo del endecasílabo cervantino", José Montero Reguera comenta una serie de sonetos cuya estructura y tono pueden ser conectados con el de la trama en que se insertan. Cierra el monográfico ''Don Quijote en teoría" de Gonzalo Pontón, quien traza algunas de las directrices críticas de la teoría literaria del siglo XX-formalismo ruso, Auerbach, Spitzer, Foucault-en relación al clásico cervantino; sirven estas páginas finales, en cierta forma, de perfecto paralelo a lo ya reseñado un poco antes por Anthony Close: el Quijote desde la práctica y desde la teoría a lo largo de todo un siglo. Se puede concluir por ello que quien siga interesado por estos y otros aspectos de la recepción diacrónica de Cervantes y su obra maestra tendrá en estas páginas un útil referente crítico. ENRIQUE GARCÍA SANTO-TOMÁS University of Michigan, Ann Arbor ALLEN, JOHN J.-FINCH, PATRICIA S.: Don Quijote en el arte y pensamiento de Occidente. Coslada (Madrid), Cátedra, 2004, 243 pp. Comenzando con unas observaciones sobre el Quijote del rey don Juan Carlos contrapuestas a una foto del monumento de Coullant Valera de la Plaza de España (Madrid) y terminando con la respuesta a ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 387 una pregunta de Gabriel García Márquez dirigida al Subcomandante Marcos con un cartel de Edward Hopper en la pagina de enfrente, este libro de gran forma- to corre toda la gama de la influencia de la obra maestra de Cervantes en el pensamiento y arte del occidente. La reacción inmediata al tomo es agradable a causa de la acertada disposición en página de las obras de arte y los textos. En la cabecera de la página a la izquierda hay una cita de un crítico conocido y en la parte de abajo el título y el nombre del artista de la obra de arte que se reproduce en la página opuesta, dejando, efectivamente, una página casi en blanco para dar relieve a la pieza artística retratada. La disposición de los artistas y autores es más o menos cronológica, con una representación muy importante de figuras del siglo XX. Las citas de los autores más importantes se sacan principalmente de las literaturas españolas, francesas e inglesas, aunque hay extensa representación de autores rusos y alemanes. El tema principal de las citas es el lugar primordial que tiene para estas figuras el Quijote en el desarrollo de la literatura. Muchos consideran a Cervantes no sólo el fundador de la novela moderna sino también uno de los tres o cuatro autores más importantes del Occidente. Es sorprendente el numero de autores e intelectuales que nombran a Cervantes como su autor favorito y primera inspiración y que afirman, como nuestro William Faulkner, que han hecho una lectura anual de la obra, aunque hay que confesar que con afirmaciones tan halagadoras para Cervantes y su obra estos autores no corren ningún peligro de ser cuestionados por sus gustos personales o tomados por tontos. También esta antología incluye versos sobre el Quijote que cuajan muy bien con el propósito del estudio. En cuanto a las obras artísticas, representan toda clase de producción, desde un gravado del año 1605 a pequeñas esculturas de estilo abstracto. Estas ilustraciones reflejan la influencia omnipresente del Quijote y subrayan que la influencia de la novela no se limita a la creación literaria y que ha sido la inspiración de artistas de toda clase. Uno de los encantos de este libro es que reproduce pocas cosas archiconocidas y nos presenta artistas y creaciones nuevas, poco vistas, incorporando muchas obras del Museo Iconográfico del Quijote en Guanajuato, México que ostensiblemente tiene una colección de primera calidad que merece un conocimiento más extenso. Al manejar este libro me surge una pregunta intrigante. ¿Por qué es corriente que los autores e intelectuales expresen su admiración por Cervantes y el Quijote mientras tales afirmaciones non son tan frecuentes entre los pintores y otros artistas que también han respondido a la fuerza inspiradora quijotesca? Efectivamente, en esta obra Delacroix es el único pintor citado entre los comentaristas, y sus observaciones no tienen que ver con el impacto intelectual que ejerce el Quijote sobre nosotros sino con la triste vida literaria de su autor. "Algunos han brillado con un esplendor incomparable al final de una carrera larga y oscura como fue el caso de Cervantes." La única repuesta adecuada que veo para esta cuestión es que al pintar los artistas hacen su propio comentario sobre el Quijote y que no necesitan palabras para demostrar la fuerza de la obra en la mentalidad artística. En resumidas cuentas, el resultado de los esfuerzos de los profesores Alien y Finch es una nueva y grata ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN." 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
388 • RESEÑAS experiencia visual para los que queremos gozar de una interpretación pictórica del Quijote. Para confirmar mis observaciones sobre la alta calidad artística de esta obra, otros también se han dado cuenta de su mérito, y la Editorial Anaya ha escogido esta presentación artística para su "regalo de Navidad" (2004), produciendo una edición no venial de 1500 ejemplares numerados, con la fecha del 7 de diciembre de 2004. El formato de esta segunda edición es un poco distinto del de la edición primera. De 251 páginas, con un recuadro en la portada con una elegante reproducción de la pintura de Honré Domier y colocado dentro de un estuche, este volumen, que es un poco más alto y estrecho que el otro, representa un regalo navideño ideal para 1500 afortunados. ERIC W. NAYLOR The University of the South PAYAN, MIGUEL JUAN, coord.: El Quijote en el cine, Madrid, Ediciones Jaguar, 2005. Este volumen propone un recorrido por los Quijotes que han sido llevados al cine, pero también en términos más amplios por otras huellas que han ido dejando las aventuras y desventuras del Caballero Encantado en la pantalla, incluido el cine de animación y la televisión, así como en otras películas cuya estructuras narrativas o arquetipos míticos pueden remontarse a los consolidados por la pluma de Cervantes. El libro se abre con un repaso general de David Felipe An-anz por algunos de los hitos cinematográficos del Quijote, deteniéndose en las versiones del mejicano Roberto Gavaldón, con Cantinflas en el papel de Sancho y Fernando Fernán Gómez haciendo de Alonso Quijano, o en los de Georg W. Pabst, Grigori Kozintsev y Arthur Hiller, aunque en constante diálogo, no solo con otras versiones, sino también con otros géneros, como la comedia norteamericana, el western -no olvidemos aquel Don Quijote del Oeste, de Robert Butler de 1971- o las road movie, o buscando la comparación con otras versiones de obras literarias, como la que hizo Georges Lampin de El idiota, de Dostoievski. Se trata sin duda de algo más que una "introducción", que marca la amplitud de miras que caracteriza el volumen. El primer capítulo propiamente dicho, de carácter colectivo, se abre con un interesante apartado de Femando Gil- Delgado sobre los Quijotes en el cine mudo. Para los amantes de fechas y pugilatos, queda aquel Don Quichotte de la compañía francesa Gaumont; un minuto de proyección, lamentablemente perdido, que data de 1898, ganando la mano al King John, de Herberth Beerbohm Tree, primera versión cinematográfica de una obra de Shakespeare. Tras estas páginas nos adentramos en el grueso de este capítulo y parte central del libro, consistente en una selección de los Quijotes más relevantes, desde el realizado por el director británico Maurice Elvey en 1923 hasta el reciente de Manuel Gutiérrez Aragon en el 2002, protagonizado por Juan Luis Galiardo y Carlos Iglesias. Entre ellos podemos destacar, además de los ya citados de Pabst (1933), el ruso de Konzintsev (1957), discípulo de Eisenstein -seguramente uno de los más interesantes-, el de Butler (1971), el musical de Hiller (1972) o el de Gavaldón (1973), los hitos españoles, encabezados por Luis Arroyo (1947), según la versión teatral de ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 389 Baty, Dulcinea, con Humberto Pérez de la Ossa de asesor, e interpretado por Ana Mariscal en el papel de Aldonza, al que le siguieron el de Rafael Gil (1947), con música de Ernesto Halfter e interpretación de Rafael Rivelles, Femando Rey, Manolo Moran (que había de bordar el papel del Barbero) o Sara Montiel, entre muchos otros nombres de aquellos años, o el tratamiento místico y trascedental de la Dulcinea, de Vicente Escrivá (1963), en la estela del cine nórdico -"entre las mejores películas españolas de la década de los años 60", a juicio de Arranz-. Cada película va acompañada de la ficha técnica y artística, del argumento y un comentario general, firmados por los diferentes autores que intervienen en el volumen. Dada las diferencias entre los articulistas y el deseo de no coartar las preferencias de cada uno, de lo que nos advierte Juan Payan al comienzo, la extensión de los argumentos como de los comentarios varían en cada caso, desde una o dos páginas hasta las siete que le dedica Jesús Usero Cañestro al Don Quijote de Peter Yates, del 2000, con John Lithgow y Bob Hoskins. Se siguen nueve capítulos de carácter más breve. Jesús Usero se ocupa de esa tradición maldita que parece haber acompañado algunas de las empresas de rodaje del Quijote. No olvidemos la cinta inacabada de Orson Welles (1992) -con todo "probablemente lo mejor que se ha hecho en cine a partir del célebre escrito", como afirma Juan Luis Sánchez en la respectiva ficha-, con Francisco Regueira en el papel protagonista y la propia intervención de Welles haciendo de él mismo. No obstante, Jesús Usero se centra en la aventura española del ex Monty Pitón, Ferry Gillion, luchando contra los molinos de viento que se encontró en esta España manchega cuando trató de rodar su película; lo que dio lugar al documental de Keith Fulton y Louis Pepe, Lost in La Mancha, de 2002. En un libro de estas características no podía faltar la debida atención a aquella serie de dibujos animados con la que toda una generación de niños, y probablemente otras de no tan niños, se familiarizó con las aventuras del Hidalgo y su escudero. A los Quijotes animados dedica su estudio Pedro Eugenio Delgado, para centrarse en la producción de Cruz Delgado de 1978. Estos 39 episodios constituyen la serie más vista de toda la producción española, superando aún a Farmacia de guardia. Tras estos simpáticos dibujos, a los que pusieron voz Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis, mientras que Juan Larrondo se encargaba de aquella popular melodía que abría y cerraba cada episodio, estaba el asesoramiento literario de nombres como Manuel Criado de Val o Guillermo Díaz Plaja. Y junto a la popular serie no podía faltar ese otro hito en el imaginario del Quijote para los grandes públicos, lo que obviamente había de pasar nuevamente por la televisión antes que por el cine; aunque con razón dice Juan Payan que ambos medios han convivido cada vez más estrechamente. En mitad de una rápida revisión de los numerosos Quijotes televisivos, el autor se centra en esos cinco capítulos dirigidos por Manuel Gutiérrez Aragon y protagonizados por las figuras de Fernando Rey y Alfredo Landa, otra de las parejas fundamentales en el imaginario visual del Quijote. Juanjo Ocio Costales retoma el enfoque de los arquetipos míticos apuntado por Arranz para recorrer la historia del cine desde la perspectiva del mito quijotesco; así llega a Darth Vader de La guerra de las galaxias, pasando por cintas tan legendarias como Cowboy de ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
390 • RESEÑAS Medianoche, Con faldas y a lo loco o el Drácula, de Bram Stocker. Los tres capítulos siguientes, firmados respectivamente por Juan Luis Sánchez, Jesús Usero y Gloria Scola, están dedicados a los intérpretes que han dado vida a cada uno de los personajes centrales, Don Quijote, Sancho y Dulcinea. A los actores y actrices que ya hemos citado, habría que añadir los nombres de Feodor Chaliapin, en la versión de Pabst, Alee Guinness, en la de Rodney Bennett (1985), Peter O'Toole, en la de Hiller, o Sophia Loren, también en la de Hiller. El libro se cierra con unas páginas de Gonzalo Sanz Larrea, quizá demasiado breves para dar cuenta de los espacios físicos y vitales de Cervantes. En el prólogo, Miguel Juan Payan nos advierte que el libro está movido por un impulso casi lúdico de un grupo de estudiosos que a su admiración por la obra del autor manchego suma su afición y dedicación al mundo cinematográfico. Diera la impresión que un arte más joven, como el cine, permite acercamientos más creativos que otros campos hondamente legitimados por la erudita tradición académica. Detrás de este posicionamiento late un respeto reverencial por el campo literario, máxime cuando está representado por una de las cumbres de las letras universales. Es por esto quizá que el coordinador del volumen asegura desde el comienzo que "ninguna película puede emular ni aún superar a la buena literatura y todavía menos a la literatura excelente" (7). Esta idea, convertida casi en un lugar común -"siempre gustó más la novela que la película"-, es inevitable desde cierto punto de vista; pero desde enfoques más pendientes de darle a la literatura lo que es de la literatura y al cine lo que es del cine (proporción que puede hacerse extensible al teatro, medio también aludido en estas páginas), exige ser revisada desde la clara conciencia de que más allá de comparaciones siempre enriquecedoras cada medio tiene su historia, sus lenguajes, su modo de comunicación y su cultura. De esto se da buena cuenta en este libro, donde, más allá de las explicaciones del prologuista acerca de la diversidad de miras que han guiado las distintas aportaciones, se presenta un recorrido documental e histórico por el cine del siglo XX, que ha sido también su medio cultural por excelencia. Por ello a su indudable aportación de datos se le añade el mérito de constituir un valioso material para la memoria de esa cultura que vio nacer tan peregrina invención literaria. Nos queda la curiosidad por esos Quijotes pornográficos de los que nos avisa Gloria Scola en su repaso por las Dulcineas. ÓSCAR CORNAGO CSIC Por ásperos caminos. Nueva música cervantina. Texto: Juan José Pastor Comín. Interpretación musical: Ensemble Durendal dirigido por Sergio Barcellona. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla- La Mancha, 2005. ISBN: 84-8427- 385-7. El paso del tiempo tiene sus ventajas. Una de ellas es la periodicidad que nos ofrece cíclicamente para celebrar efemérides y conmemoraciones varias. En este caso, nada menos que la que corresponde al IV Centenario de la publicación de la primera parte de El Quijote. Rara será la actividad científica, artística o cultural, por alejada que esté de la literatura, que ANALES CERVANTINOS, VOL. xxxvil, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 391 no se apunte a los fastos del centenario. Especialistas de diversas disciplinas aportarán estudios y reflexiones en relación a la obra cumbre de nuestra literatura, y casi nadie va a estar dispuesto a dejar pasar la ocasión sin hacer oír su voz; y menos la música, por razones obvias. Tendremos oportunidad, después, de agradecerle al paso del tiempo la perdurabilidad de tal o cual proyecto, o la fugacidad de tal o cual propuesta, que, en este último caso, no hará más que evidenciar el oportunismo de su acción. Estamos seguros de que el disco compacto Por ásperos caminos -preparado por el filólogo (con amplias dotes de musicólogo) Juan José Pastor Comín y el violista y director Sergio Barcellona-, aunque oportuno, no va a pertenecer al segundo grupo de propuestas, si no al primer grupo de proyectos, al de los que quedarán para el futuro. Y esto por varias razones: por el rigor científico, por la fiabilidad de la propuesta, por el concepto de interdisciplinariedad perfectamente justificado y empleado, por el buen gusto en la interpretación y en la confección del libreto, etc. Veámoslo. Aunque antes conviene volver atrás en el tiempo, porque este CD se gesta en los años inmediatamente anteriores al Centenario, en el seno de la Cátedra Cervantes (fruto del convenio de colaboración entre la Universidad de Castilla-La Mancha y Texas A&M University) y dentro del marco general del Proyecto Cervantes dirigido por Eduardo Urbina. En efecto, la tesis doctoral de Juan José Pastor Comín Música y literatura: la senda retórica. Hacia una nueva consideración de la música en Cervantes, presentada en la Universidad de Castilla-La Mancha y defendida en el mes de septiembre de 2004, ha puesto al día buena parte de la investigación filológica y musicológica que, desde hacía cincuenta años, se había realizado sobre la música en las obras de Cervantes.^ Dotada de un gran aparato metodológico, como es privativo en los estudios de teoría de la literatura, la tesis se adentra en los vericuetos de la obra cervantina para dilucidar, entre otras cosas, qué tipo de relaciones pueden establecerse entre los lenguajes literario y musical, y hasta dónde puede llegar la cohabitación entre ambos discursos. Hemos tenido oportunidad de conocer este trabajo y podamos dar fe de la enjundia de su planteamien- to y de los logros obtenidos en su desarrollo y exposición. Nos alegra sobremanera, también, comprobar cómo este trabajo lo ha emprendido y culminado con total acierto un filólogo que tiene en su haber el Premio Extraordinario en Contrapunto y Fuga por el Conservatorio Joaquín Turina de Madrid. Todo un dato a tener en cuenta que haría sonrojar a más de uno, puesto que se trata de un caso clarísimo de preparación académica interdisciplinaria que se da en un mismo investigador, formado en las aulas universitarias y en las clases del conservatorio. No deja de ser significativo el hecho de que, a partir de un trabajo de investigación realizado con todo el rigor científico y académico necesario, pueda surgir una grabación discográfica bien planificada y definida. Ello nos da pie a dos reflexiones: la primera es que, además de su aportación al conocimiento humano -algo específico en el estudio de las humanidades, pero que, en honor a la verdad, sólo es conocido y valorado por una exigua minoría que nos dedicamos a estos temas-, encontramos en ella un componente pragmático en lo referente a la difusión social y goce cultural útil para sectores de la sociedad no tan ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
392 • RESEÑAS minoritarios. O sea, que de la vertiente puramente teórica de las ciencias humanas, podemos pensar en una vertiente más práctica que dé sentido social a nuestra labor. Convendría que nuestras instituciones públicas y privadas no olvidaran que las humanidades también pueden ofertar arte y cultura; y no sólo que no lo olvidaran, sino que, además, lo apoyaran. La segunda es que la música vocal española antigua con textos poéticos profanos tiene en su ámbito histórico de creación, en su desarrollo artístico, en su íntima relación con el texto poético y en su valor patrimonial, una densidad cultural susceptible de ser valorada y estudiada convenientemente. Y, en este sentido, sólo la filología y la musicología unidas pueden llevar a cabo este propósito. El resultado está ahí: un CD que difunde nuestro patrimonio en las mejores condiciones posibles de rigor literario y musical, y de veracidad histórica. Generalmente las grabaciones discográficas de música antigua suelen ir acompañados de textos de divulgación e información musicológica que sitúan las obras en su contexto histórico, social y estético. Pero pocos discos contienen un estudio filológico y musicológico tan minucioso y detallado para cada composición como el que consta en el libreto del CD que comentamos. Y en nuestra opinión no está fuera de lugar una explanación tan detallada como la que nos muestra Pastor Comín, en lo referente al rastreo de cada poema musicado en la obra cervantina y en las fuentes poéticomusicales de la época. Todos debemos de empezar a ser conscientes de que la música tiene idéntica importancia que el texto, y que la musicología, bien entendida, tiene la misma prestancia científica y rigor metodológico que la filología o cualquier otra disciplina humanística. Lo que sucede también es que la musicología tiene una leyenda negra a sus espaldas, en muchos casos, ganada a pulso. El problema que surge en la ciencia musicológica es que cuenta entre sus filas con practicantes que se dedican a ella sin una formación musical completa y sólida, y ello menoscaba ciertamente su credibilidad. Es impensable que un filólogo no conozca el lenguaje del que van a tratar sus estudios e investigaciones. Un hispanista que no sepa español "algo tiene del imposible", como diría el cura después de escuchar la novela del Curioso impertinente. En cambio, en la musicología española puede llegar a ser, incluso, hasta escandalosamente (para)normal que un musicólogo no sepa el lenguaje musical. Algo que tendría que ser un imposible metafísico, llega a ser moneda de curso legal. Para levitar, pero real y verdadero. De esa manera no es de extrañar que un disco sobre la música en El Quijote lo tenga que hacer un filólogo con conocimientos musicales que para sí quisiera más de un musicólogo. Pero no nos extrañemos: estamos en el país de Don Quijote, y las quijotadas están a la orden del día. Pastor Comín, en sus ásperos caminos, que no son ásperos, en absoluto, sino suaves y fáciles de transitar, nos guía con mano sensible y culta. Cualquier pasaje de la obra cervantina que pertenezca a la producción dramática, poética o narrativa de nuestro gran escritor, leído con predisposición musicológica, contiene referencias musicales de todo tipo que Pastor Comín ha sabido captar y trasladar a la amplia selección de veintidós piezas, entre las que se hallan romances, canciones y danzas, que conforman la hora de buena música que nos ofrece esta grabación. Estas composiciones ilustran o, incluso, llegan a condensar líricamente ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
RESEÑAS • 393 determinados pasajes de la producción cervantina, y reunidas como están, en un todo unitario y coherente, sirven a la perfección para pintar musicalmente el paisaje sonoro de la época de Cervantes. No en vano para conocer bien cualquier época hay que saber, entre otras cosas, cómo era la música de entonces, qué se cantaba y cómo se cantaba. Y a la realidad musical de la época nos acerca la interpretación musical del Ensemble Durendal, dirigido por Sergio Barcellona. Este conjunto vocal e instrumental está formado por cantantes e instrumentistas especializados en la interpretación de la música antigua con instrumentos originales y siguiendo criterios historicistas. Cinco cantantes y ocho instrumentistas nos ofrecen una lectura musical de las piezas del disco correcta, sensible, esmerada y atenta. Nada que objetar a todo ello. Es posible que con mayores medios económicos se hubiera obtenido una mejor toma de sonido y se hubieran pulido algunos detalles técnicos que hubieran contribuido a la obtención de un produc- to musical más acabado y perfecto, pero sospechamos que conseguir una gran financiación de las instituciones públicas para apuestas culturales, en el fondo, tan selectas y minoritarias y tan poco rentables como la presente, significa adentrarse por ásperos caminos. Nos resultan muy conocidas las composiciones "¡Oh, más dura que mármol a mis quejas!" y "Prado verde y florido", ambas de los hermanos Guerrero, Pedro y Francisco, respectivamente. La primera con texto de Garcilaso, la segunda con texto anónimo, ambas conservadas en el Cancionero musical de Medinaceli, y las dos con esas sonoridades tan hermosas, sutiles y evocadoras. El buen gusto que preside la interpretación musical se traslada también a la presentación formal y editorial del CD, que es sugerente y bella. Forma un pequeño libro de setenta páginas que alberga en su interior toda la información necesaria para que quien quiera pueda leer escuchando o escuchar leyendo. Las ilustraciones de escenas quijotescas están tomadas de la edición de El Quijote (México, Ignacio Cumplido, 1842) que la Universidad de Castilla-La Mancha reeditó en facsímil (Miguel Ángel Porrúa, librero-editor, 1995). Todo un acierto. Nos ratificamos: el trabajo quedará como referencia ineludible para conocer y disfrutar mejor la música en las obras de Cervantes. LOLA JOSA Universidad de Barcelona MARIANO LAMBEA CSIC. Departamento de Musicología Entre aventuras y encantamientos. Música para don Quijote. Selección de textos poéticos y fragmentos de El Quijote'. Lola Josa. Selección y revisión de obras musicales: Mariano Lambea. Interpretación musical: La Grande Chapelle dirigida por Ángel Recasens. Comunidad de Madrid, Lauda, 2005. Depósito legal: M- 10844-2005. Cuando tratamos los temas "música" y "quijote" podemos referirnos a la música en El Quijote o di El Quijote en la música. En este último caso es evidente que trataríamos de las obras musicales que, a lo largo de la historia de la música, han tenido como fuente de inspiración determinados pasajes, personajes o situaciones de la obra cumbre de Cervantes, desde la primera de ellas conocida, The Comical history of Don Quixotte (1694) de Henry Purcell, hasta la ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es
394 • RESEÑAS Última de nuestros días que, a buen seguro, no tardará en producirse en este mismo año del IV Centenario. Pero el disco compacto del que hemos de tratar no se refiere a este tema ni contiene música inspirada en El Quijote, sino que contiene la música de la propia época de El Quijote, la que posiblemente le hubiera gustado escuchar a don Miguel mientras escribía su novela. La filóloga Lola Josa, profesora de Literatura Española de la Universidad de Barcelona, y el musicólogo Mariano Lambea, investigador de la Institución Milá y Fontanals del CSIC, han recreado las aventuras y encantamientos que vivió el memorable hidalgo don Quijote de la Mancha. "Músico y peregrino y significativo" título para un disco que promete algunas novedades en el panorama discográfico español surgido al calor del centenario; de ellas trataremos en las siguientes líneas. Para la elaboración del CD, Josa y Lambea han trabajado conjuntamente aplicando una metodología interdisciplinaria. Han tomado determinados pasajes de El Quijote, los más sugerentes a su criterio, y han incluido inmediatamente después de cada uno de ellos un poema concreto con referencia al contenido del pasaje. Estos poemas podían estar ya incluidos en la novela o ser ajenos a ella. Después han indagado en las fuentes poético-musicales de la época cuáles de esos poemas se habían conservado con su música y cuáles no. Para los que no tuvieran música, han buscado una que se adecuara y adaptara convenientemente a su contenido poético, practicándole el pertinente contrafactum, técnica, como se sabe, muy utilizada en la época. Con este trueque semántico entre músicas y poesías han conseguido atemperar la expresividad y encauzar la aprehensión del concepto poético y la memoria del referente melódico, posibilitando una simbiosis poético-musical que alcanza siempre las cotas más preciadas de refinamiento estético y valor artístico. Para llevar a cabo su propósito los dos investigadores se han visto obligados a retocar algunas poesías para introducir los nombres propios del argumento cervantino, de la misma manera que han tenido que modificar estructuras musicales y adaptar fragmentos y repeticiones a tal o cual verso. Por ello su trabajo ha consistido en una recreación poético-musical para don Quijote, recreación que contiene dieciséis composiciones: trece de carácter profano con texto en castellano, dos religiosas con texto en latín y una instrumental. Los poemas elegidos para las trece obras profanas obedecen a los siguientes criterios y se clasifican de la siguiente manera: Fragmentos de romances antiguos incluidos por Cervantes (núm. 4). Fragmentos de poemas de otros autores incluidos por Cervantes (núm. 10). Poemas anónimos y de otros autores no incluidos por Cervantes (núms. 1, 2, 3, 5, 6 [primera cuarteta] y 7. Poemas compuestos por el propio Cervantes (6 [segunda cuarteta], 11, 12, 14, 15 y 16). Evidentemente, la novedad más significativa de esta grabación es la musicalización de textos del propio Cervantes. Que yo sepa nadie ha llevado hasta ahora al disco poemas del escritor con música de la época. Los compositores de nuestro siglo XVII no pusieron música a los poemas cervantinos. Josa y Lambea se la han buscado con total acierto y esmerado gusto, como sólo ellos podían hacerlo dada su labor de edición interdisciplinaria de los tonos ANALES CERVANTINOS, VOL. XXXVII, PP. 337-398, 2005. ISSN: 0569-9878 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://analescervantinos.revistas.csic.es