scieee Open visual document viewer

El asesinato al duende. El lenguaje inefable de la esencia en la cultura andaluza

Iovino López, Adrián

Abstract

Este Trabajo Fin de Máster plantea una investigación teorico-plástica entorno al flamenco y la cultura andaluza con un concepto clave como lo es el duende

Full text

EL ASESINATO AL DUENDE. EL LENGUAJE INEFABLE DE LA ESENCIA EN LA CULTURA ANDALUZA. Ad ián Io ino López TRABAJO DE FIN DE MÁSTER pa a op a al Tí ulo de Más e O icial en A e: Idea y P oducción po la Uni e sidad de Se illa Au o : Ad ián Io ino López Fi ma de la alumno: Tu o a: Ma ía Luisa Vadillo Rod íguez Vº. Bº de la Tu o a: Se illa, 29 de no iemb e de 2021 RESUMEN Es e T abajo Fin de Más e plan ea una in es igación eó ico-plás ica en o no al lamenco y la cul u a anda- luza, con un concep o cla e como lo es el duende. Desde es a idea p incipal su ge una emá ica en o no a la his o ia de su nacimien o como si odo llega a de la c eación del me al en la agua gi ana. El pun o más im- po an e pa a es a in es igación se encuen a en la con e encia que Fede ico Ga cía Lo ca hace en 1933 Juego y Teo ía del Duende. C eando un concep o an in e nacional como lo es el ene duende. Esa con e encia es el ge men de es a in es igación an o eó ica como en la pa e p ác ica. Es e concep o que nos enseña Lo ca nos lle a al lamenco y la cul u a andaluza ligando así odo es e T abajo de Fin de Más e con es a co ien e cul u al. Hablando así del lenguaje; de la his o ia; y las adiciones eligiosas, que a ec an a la sexualidad a a és del pecado eligioso, ex ao dina ias que ae consigo es a cul u a española. Dejando e una c í ica, en las Apo aciones A ís icas, hacía el ‘pa aje’ al que ha sido some ido el duende desde que Lo ca lo mencionó en 1933. Palab as cla e: Duende, lamenco, adición, lenguaje, culpabilidad, sexualidad, cul u a, his o ia, globalización. ABSTRACT This Mas e ’s Thesis p oposes a heo e ical-plas ic in es iga ion a ound lamenco and Andalusian cul u e, wi h a key concep such as he duende. F om his main idea a ises a heme a ound he s o y o his bi h as i e e y hing came om he c ea ion o me al in he gypsy o ge. The mos impo an poin o his esea ch is ound in he con e ence ha Fede ico Ga cía Lo ca ga e in 1933, Juego y Teo ía del Duende . C ea ing a concep as in e na ional as ha ing a duende. This con e ence is he ge m o his esea ch bo h heo e ically and in p ac ice. This concep ha Lo ca eaches us akes us o lamenco and Andalusian cul u e, hus linking all his Mas e ’s Thesis wi h his cul u al end. So speaking o language; o his o y; and eligious adi ions, which a ec sexuali y h ough eligious sin, ex ao dina y ha his Spanish cul u e b ings wi h i . Showing a c i icism, in he A is ic Con ibu ions, he made he ‘place’ o which he goblin has been subjec ed since Lo ca men ioned i in 1933. Keywo ds: Duende, lamenco, adi ion, language, guil , sexuali y, cul u e, his o y, globaliza ion. ÍNDICE I. INTRODUCCIÓN 20 I.1.MAPA CONCEPTUAL 24 I.2. METODOLOGÍA 26 I.3. OBJETIVOS 28 OBJETIVOS GENERALES 28 OBJETIVOS ESPECÍFICOS 29 II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS 32 II.1. Apo ación 1: UNA CAMA DE ESPINAS Y UN TECHO DE LUNA- RES 32 II.1. A. Ca alogación de la ob a. 32 II.1. B. P oceso de c eación y p oducción. 48 II.2. Apo ación 2: EL ASESINATO AL DUENDE 54 II.2. A. Ca alogación de la ob a. 54 II.2. B. P oceso de c eación y p oducción. 66 III. SEGUNDA PARTE: 80 ARGUMENTACIONES TEÓRICAS 80 III.1. La Vida del Duende 80 III. 1.A. Nacimien o. La Cuna y La Nana 80 III. 1.B. La F agua 85 III. 1.C. Cuchille ía 87 III.2. El Duende en la Cul u a 90 III. 2.A. Desde el lamenco. 90 I. INTRODUCCIÓN La in es igación que con o ma el p esen e T a- bajo de Fin de Más e comenzó as habe leído la con e encia i ulada Juego y Teo ía del duende que impa ió Fede ico Ga cía Lo ca (1898-1936), eci ada po p ime a ez en Buenos Ai es en 1933 (Lo ca, 2003) De es e encuen o nació una in es- igación e in e p e ación del é mino mi opoé ico y una necesidad ín ima de ec ea lo de un modo especí ico en mi ob a g á ica. Supone así un es u- dio de iden idad po la cul u a que me p ecede y la con inua necesidad que mi ob a demanda po la búsqueda de espues as hacia p egun as an enig- má icas que se han in ensi icado en es os iempos de u u o incie o que es amos expe imen ando. Un mundo lige o, que ca ece de i meza y de paciencia, de e minado en ocasiones po las edes sociales que bomba dean de imágenes nues os ojos y que nos inci an a i i en una con inua alsa isual, en una pose acía de con enido espi i ual, a pesa de que la mayo ía de noso os enemos necesidad de esponde nues as p opias p egun as de iden idad. Todos que íamos ene una condi- EL ASESINATO AL DUENDE. EL LENGUAJE INEFABLE DE LA ESENCIA DE LA CULTURA ANDALUZA. Ya sabemos que las leyendas ienen más jugo que los documen os. ROMÁN GUBERN ción única y pe sonal que nos de ina, un pe il eal que des aque o apo e un impac o undamen al en noso os o los demás. Po ello nos p egun amos: ¿Exis e a día de hoy esa condición casi mágica llena de po encia c ea i a y mis e io de la que Lo ca habló? ¿Qué con iene hoy en día ese duende?, ¿dónde pod íamos encon a - lo? Así, es e abajo nace de es as inquie udes, de la necesidad y del enamo amien o del a e anda- luz, de la e lexión en o no a las aíces que hemos c eado en nues o suelo, de ese empuje de ene gía que me conduce a la admi ación de mi p opia cul u a. Nues a in ención es jus i ica la in es i- gación con la eo ía encon ada del duende, desde las p ime as palab as conocidas de la mano de Lo ca en su con e encia de 1933, has a el es udio que hace José Ja ie León en El duende: hallazgo y cliché, donde desmon a y econs uye odo lo que un día dijo Lo ca. Conocemos el a e andaluz po un nu ido núme o de eó icos, esc i o es, pin o es, baila ines, e cé e- a, que han do ado de una eo ía o ó mulas pa a es as disciplinas que nacen de es a nues a cul u a. Teo iza el a e, llega a su núcleo, es lo más pa e- cido a descompone una lo has a e la ma chi a . En es os iempos, nues os o ígenes es án apados con un elo que se ca ac e iza po el exceso de ba- oquismo en cuan o a simbolismos. Pa a en ende ‘el duende’ desa ollamos es e T abajo de Fin de Más e , an o en su dimensión eó ica como plás- ico-a ís ica, una explo ación que nos lle e a las idealizaciones del lamenco y de la cul u a andalu- za. Po lo que el abajo es á condenado en cie o modo a asesina a es e ‘duende’, delan e de odos. Al in y al cabo, odo se esume en que ‘el duende’ ha desgas ado su p opia esencia cul u al, su e - dade a iden idad se ue diluyendo en su camino hacia la ac ualidad, as oda la búsqueda eó ica del a e lamenco y de la cul u a andaluza; las cosas más esenciales de es os ámbi os ue on decayendo, no hacia un mal luga sino hacia el lado con a io del que iene. I.1.MAPA CONCEPTUAL EL DUENDE El lamenco La adición El lenguaje La cul u a andaluza Fede ico Ga cía Lo ca Fe nando López Rod íguez An onio Manuel Rod íguez J o s é Ja ie León II.1. Apo ación 1: UNA CAMA DE ESPINAS Y UN TECHO DE LUNARES II.1. A. Ca alogación de la ob a. Ob a se ig á ica y ideope o mance. Fo o de la cama azul [90 x 200 cm.], suda io se ig á ico del o o [45 x 180 cm.], sábana blanca [160 x 225 cm.], suda io se ig á ico de la sábana blanca [45 x 180 cm.] Videope o mance [4’02’’] 2021 II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS Apo ación 1. 1. Una Cama De Espinas Y Un Techo De Luna- es , 45 x 180 cm. Ilus ación digi al pa a el suda io. Apo ación 1. 2. Una Cama De Espinas Y Un Techo De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es am- pa] Es ampa se ig á ica sob e ela. Apo ación 1. 3. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. Apo ación 1. 4. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. Apo ación 1. 5. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. Apo ación 1. 6. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela. Apo ación 1. 7. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela. II.1. B. P oceso de c eación y p oducción. La ob a Una Cama de Espinas y Un Techo de Lu- na es se plan ea como una ins alación en la que el espec ado se in eg a en una habi ación oscu a con dos elemen os colocados en los ex emos la e ales de la habi ación: una de las ob as es el o o de la cama colgado del echo en un sen ido e ical, en la que se mues a el suda io se ig á i- co. F en e a és e es a ía colocada la sábana blanca con el o o suda io, el luga donde es á la p oyec- ción de la ideope o mance. Es a ob a se con igu a en o no a la signi icación del espacio que ocupa, concediendo al públi- co que se aden a en el mismo la capacidad de in e ac ua lib emen e con los elemen os de dicha signi icación. Es a colocación gene a en la pieza una dinámica de in e acción con el espec ado de mane a p esencial, gene ando una p opues a que el p opio espec ado dimensiona á en su in e io , dándole impo ancia no solo al p oyec o sino ambién a lo que el ambien e p opone. Es a pieza a a plás icamen e la emá ica de la cul u a y las adiciones desde una escala gigan- esca, del emendo impac o que su huella ha dejado en mí, en la cul u a y aíces andaluzas. El o igen de la ob a se si úa en la idea inicial de u i- liza la ase ‘Una cama de espinas y un echo de luna es’; una ase que siemp e he u ilizado pa a esumi el insomnio que he su ido a lo la go de los años. El obje i o e a c ea una ob a ins ala i- a es e p oceso del no-sueño como un elemen o que ec ea a el palio de una p ocesión de Semana San a. El palio es á compues o po un dosel sos enido po doce/ocho a ales; que comp ende un echo sob e bas ido al que se le adosan a los lados las bambalinas; pudiendo es as se de muy di e sas ipologías. Los o ígenes de ep esen a a las í genes bajo palio hay que emon a lo a la li u gia de las iglesias ca ólicas o ien ales (ej. Ri os o odoxos) en las que se usaba un baldaquino (del i aliano baldacco que signi ica Bagdad) en o ma de cúpula de icas elas que se lle aba suje o po a ios palos po ados po a ias pe sonas, pa a cub i el San ísimo Sac amen o, eliquias, sace do es de la al a je a quía, o eyes, pa a p o ege los de la llu ia en las p ocesiones. De un o igen pu amen e li ú gico, po ex ensión se u ilizó en cie as solemnidades pa a esgua da a los mona cas en sus desplazamien os (Tobías, 2012). Es e icono ha sido un mo i o cla e pa a el can- e lamenco ya que ha sido el p o agonis a de algunas le as como, po ejemplo, de las sae as: In nomine Dei (ABC, 2021) donde se can a ex- p esamen e a es a pa e de la p ocesión o Ma ía San ísima de la Candela ia (He mandad De La Candela ia, 2017). Aunque ambién ha sido u i- lizado pa a e e i se a la muje gi ana amada, en una compa ación de és a con la misma Mad e de odos los c is ianos, en un p oceso ex ao dina io que p e ende mos a poé icamen e la admi a- ción y amo po la pe sona desc i a. En nues a Apo ación nº 1, bajo nues o ‘palio’ hab ía una cama que ha ía de pa igüela llena de es ampaciones se ig á icas de espinas acompaña- da de un echo de luna es que ealiza la unción de palio. La idea o iginal ue e olucionando, eliminando o modi icando algunos aspec os éc- nicos como el de u iliza el o o habi ual de los colchones como sopo e pa a la se ig a ía, mien- as que o os elemen os se queda on. El o o con iene esa se ig a ía inicial con la imagen de un suda io pe sonal que c eé pa a es a es ampación. Un elemen o que, a su ez, se se ig a ió en una sábana blanca en la que se p o- yec a un ideo en bucle de cua o minu os donde apa ecen imágenes p opias del au o en la cama, en esa ase en e el sueño y el insomnio, acompa- ñadas po unos luna es que an ondando po la imagen. Son dos piezas que mues an ese insom- nio del que an o hablo y que pe o a la cama dejando una huella en cada espacio eco ido de la misma. Una especie de suda io que acompaña el ma i io de una noche sin descanso o un día sin inal, un con inuo despe a que aca ea una se ie de p oblemas en quien lo su e. Es a ob a es á plan eada pa a se expues a como una ins alación en la que in e ienen dos piezas con la misma se ig a ía y sonidos lamencos jon- dos que acompañan al ambien e. Como hemos señalado, una se á la ins alación del o o de la cama con el suda io es ampado como pieza única y, po o a pa e, una sábana blanca con la es am- pación que se i á de ela de p oyección en la que mos a el ideo de una noche de insomnio y la edición de los luna es ondando po la imagen. El ac o de escasez de luz en el ambien e pa a la p oyección del ídeo do a á a la pieza del halo de oscu idad de la que saca á pa ido la imagen que se mues a es ampada, simila a la mue e o la imagen que enemos de ella. Dicha ins alación, en gene al, p e ende mos a un espacio ín imo, en la soledad de la noche, con el in de pode e- c ea en ella una especie de habi ación del a is a, como en el céleb e óleo de Vincen Van Gogh (1853-1890) El do mi o io en A lés , ealizado en 1888, donde el a is a mos aba la in imidad de su habi ación, que iendo pone en alo su iden idad, la anquilidad y ambién esal a la sencillez de su do mi o io. Fig 1: Vicen an Gogh, El Do mi o io de Á les, (1888). 70’5 x 90 cm. Óleo sob e lienzo. Fig 2: F ancisco de Goya, El sueño de la azón p oduce mons uos, (1799). 21’3 x 15’1 cm. (huella)/30’6 x 20’1 cm. (papel). Agua ue e y agua in a sob e papel e ju ado ahuesado II.2. Apo ación 2: EL ASESINATO AL DUENDE II.2. A. Ca alogación de la ob a. G abado sob e ela. Ma iz de o og abado [21 x 29,7 cm.], le as indi iduales [5 x 5 cm.], olan e medio [45 x 25 cm.], cue das colgado as [100 cm.]. 2021 Apo ación 2. 1. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. Apo ación 2. 8. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. II.2. B. P oceso de c eación y p oducción. Pa a la c eación de la Apo ación A ís ica nº 2 i ulada El Asesina o al Duende se ha lle ado a cabo una me odología de p oyec o muy di e en e a las que es aba acos umb ado a desa olla . Aun- que, po lo gene al, cada indi iduo como c eado a ís ico suele segui las mismas pau as, a eces és as cambian su o den y dan de esul ado ob as muy di e en es hechas po las mismas manos y expe iencias. Habi ualmen e, he lle ado a cabo ob as de dibu- jo, elacionadas con mi expe iencia pe sonal y mi cul u a andaluza. Desde el dibujo he que ido exp esa a a és de la ilus ación si uaciones que me odeaban, una especie de ac i ismo a ís ico que iene como público obje i o las edes socia- les. Es as edes sociales (@io ino, 2013) siemp e han es ado elacionadas con mi ob a, po lo que –sin apenas da me cuen a- he ido c eciendo en muchas ca ac e ís icas que componen es e mun- do an complejo pe o explíci o. Es e conocimien- o me ha lle ado a c ea una ob a ápida y ac i is- a, ya que ac ualmen e la mayo ía de las cosas que decimos pueden ene ese lado comp ome ido. Con odo es o, quie o exp esa que el comienzo de mi ob a iene del conocimien o de es as edes e in en a pensa más allá de ellas pa a con e i mi p opio discu so pe sonal en un p oyec o con- solidado, an o den o como ue a de es as. Pa a empeza , es a ob a es una e olución del dibujo a la ins alación. Concebida en el dibujo y con ma cas de él, pe o lle ada a o as dimen- siones o pe spec i as que años a ás no end ían cabida en mi mane a de c ea o en ende mi p oducción, que ha ido madu ando. Las piezas de es e p oyec o no son lo único que pe du a á en la imagine ía que in en o consegui con odas mis ob as. En p ime luga , es impo an e ecalca el p oce- so de ges ación de es a ins alación. Se conside a, en nume osas ocasiones, que pa a se uni e sal hay que se local, y que solo mi ando den o de noso os mismos log a emos encon a algo con lo que los demás puedan sen i se iden i icados. Pe o, es o a eces no es ácil de explo a , odos con enemos di e en es e siones de noso os mis- mos, nume osas ‘másca as’ que usa an e los de- más “en el sen ido de que se á ambién el onco de las iden i icaciones secunda ias” (Lacan, 1966, p. 100). Lacan (1901-1981) de inió ‘El Es adio del Espejo’ como ese momen o donde nos encon- amos con nues a p opia imagen po p ime a ez, con la conciencia del yo , lo que nos lle a ía a gene a unas cie as conduc as di e en es de noso os mismos, no po que seamos di e en es, sino que no asimilamos nues o yo con la ima- gen que hemos c eado de noso os mismos. Tal y como Lacan explica, encon a nos con nues- a p opia imagen es un engaño, a la ez que un desengaño, es pone le espues a a una p egun a que aún no nos hemos hecho ya que, según él, nues o p ime ‘encuen o’ apa ece en e los die- ciséis y dieciocho meses. Po lo que el p oceso de in e io iza pa a conoce nos y desa olla nues- a iden i icación consis e en un abajo que as descub iendo a medida que abajas una idea, esa idea p incipal que siemp e es u o ahí pe o que, quizás, en ocasiones inalmen e no se desa olla. A o unadamen e, coincidiendo con los meses de o mación del más e , he encon ado el mejo camino con el que o maliza es e p oyec o. He dis u ado y su ido odas sus di e en es mani es- aciones, y es que una idea puede ene millones de aíces dis in as. Po ello, es impo an e con a odo el p oceso po que es e o ma á pa e del esul ado inal y, en mi caso, no quie o deja lo de lado. Comencé ealizando la p ime a pa e del abajo, las le as. Es a ipog a ía es muy ca ac e ís ica, en su o ma o ce ámico, como elemen os dis in i os que nomb an las calles andaluzas, una p esencia imp escindible en la cul u a popula desde 1791 cuando La Real Audiencia de Ex emadu a en- ca gó una se ie de azulejos pa a la nomencla u a de calles y nume aciones de casas de Cáce es. Se inició así una adición que pe du a á en nues o país has a la ac ualidad. Fue en los años 30 del siglo XX, cuando se enca gó a la Escuela O icial de Ce ámica de Mad id ealiza placas a ís icas de azulejos con imágenes pa a que ilus a an la his o ia de cada calle o plazas del cen o de múl- iples ciudades, ac i idad que se pa alizó debido a la Gue a Ci il española (1936-1939). No obs an- e, en 1992 el Ayun amien o de Mad id ajo de uel a es a p opues a a manos de Al edo Ruiz de Luna (1948-2013) de Tala e a de la Reina. Po lo an o, p ime o llega on las le as y más a de las ilus aciones de algunas calles, de las que quedan pocas mues as en los cen os his ó icos de nues- as ciudades (Ca e o, 2021). La imagine ía de es as piezas es undamen al pa a la ob a que p esen o como apo ación. Pa a ella, ui ealizando mis p opias le as con la apa ien- cia de es as ce ámicas, pa a lo que documen é a a és de la o og a ía nume osas calles del cen o de Se illa, de mane a que es e es udio de campo me pe mi ió i componiendo a a és de nume- osas o og a ías el abeceda io español comple o. A pa i de es os e e en es comenzó la c eación de los dibujos que, en p incipio lo hice de mane- a au ónoma, pe o al e el esul ado del dibujo puse en alo es a ase de la p oducción g á ica, po lo que decidí u iliza lo pa a es e p oyec o. Desde el p in- cipio, quise c ea es e abeceda io pa a ene a mi disposición un ex enso conjun o de posibilidades sabiendo, desde un p ime momen o, que algunas de las le as no se ían u ilizadas. Una ez ob enido el al abe o dibujado simulando la ealidad ce ámica, el siguien e paso del p oce- so ue lle a lo a o og abado. No con la idea de ealiza una se iación de ob a clásica de g abado, sino ompiendo con es a misma pa a gene a una ob a g á ica cuya ep oducción pod ía gene a muchos esul ados y a ias ob as inales. Me in e esaba, como he señalado al inicio, un p oce- so que pe mi iese cie a lexibilidad de ejecución, po lo que que ía deja una pue a abie a hacia posibles cambios u u os que pudie an acili- a me el pode goza odas es as posibilidades a a és de las le as, el lenguaje y el al abe o de la lengua española. El hecho de u iliza el dibujo a a és del o o- g abado apa ece de la necesidad in e io de c ea mis p opios signos, como ese diag ama ocul o del pensamien o in e io izado. Al con e i odos los pensamien os que se han c eado después de aquellas o og a ías, omadas de las ce ámicas, el dibujo se ía la e dade a esencia de aquel signi i- cado que se ha c eado en mí de esas iconog a ías calleje as que han sido an impo an es en la his- o ia de España. Po ello hemos explo ado el di- bujo, ese lenguaje uni e sal al se icio de la idea, que es capaz de in adi has a la p opia ma iz de o og abado que ejecu a ía la ob a. El dibujo ha se ido de ins umen o de explo ación como la ob a misma, el dibujo acompaña odo aquello que se ha c eado en o no al in enso imagina io c eado pa a es as c eaciones a ís icas. El dibujo, desde la década de los se en a, se con ie e en signi icado, a un a e en sí mismo. Es un elemen- o básico de la c ea i idad y el odo a la ez. La idea p incipal de es a apo ación a ís ica e a ealiza una ob a que hablase del ‘asesina o al duende’ pe o desde una pe spec i a c í ica, una c í ica a la globalización de la cul u a andaluza, de sus aíces, de la capi alización excesi a en es as c eencias que ue on en ocasiones c i icadas a ojos de la sociedad, pe o que aho a mismo son endidas como sou eni cul u al a ni el indus- ial. Un enómeno que podemos ap ecia en la p oducción de algunos de los g andes a is as que han salido del lamenco y la copla, quienes han ob enido mayo núme o de en as de ejempla es (Po a, 2021). Pod íamos des aca , en cuan o a la música se e ie e, en el ámbi o de la indus- ia española a a is as de la alla de Lola Flo es (1923-1995), Cama ón (1950-1992), Rocío Ju a- do (1944-2006), En ique Mo en e (1942-2010), Lole (1954) y Manuel (1948-2015). Au o es que, sin menosp ecia la ue za y o iginalidad de su abajo, nos in e esa demos a cómo su a e ue explo ado has a al pun o que se c ea on iconos po encima de las posibilidades na u ales de un a is a. En p ime luga , se buscó un sopo e pa a es as es ampaciones que pudiese mos a es a coyun u- a de iolencia cul u al, a a és de un aje de a- alaes o aje de lamenca que con u iese palab as que han sido u ilizadas an o en con a como a a o de nues as adiciones. Pa a ello se ob u- o un aje de segunda mano, pe o al analiza el conjun o pensé que coloca palab as po odo el aje queda ía de una mane a que no esal a ía an o la idea de iolencia, ya que no pensaba en in oduci o o elemen o que no uese las le as componiendo las palab as. Una ez desca ada es a ía, me plan eé que los elemen os más signi ica i os del aje pod ían apa ece de mane a indi idual, despiezado de al- gún modo, pe o que la poé ica del obje o siguie a ec eando la imagen del aje que odos conoce- mos. Po ello seleccioné, sin duda, los olan es que iene la alda y caída del aje, po lo que comencé a descose y sepa a del aje de segun- da mano odos los olan es. Más a de pensé en descompone los en piezas pequeñas que diesen espacio a una palab a. De es e modo, la palab a andaluza omó p o a- gonismo, palab as que ue on modi icando su unción a medida que es udiaba la simbología ocul a de las adiciones andaluzas y gi anas. Y es que somos noso os mismos quien hacemos que la palab a sea una cosa u o a, pe o su u ilización ma ca la g an di e encia de oda una his o ia como decía Roland Ba hes (1915-1980): “Lo que oda mi ida me ha apasionado es la mane a en que los homb es hacen in eligible el mundo. Es, si us ed quie e, la a en u a de lo in eligible, el p o- blema de la signi icación” (Ba hes, 1953, p. 160) A pa i de la monog a ía de An onio Manuel Rod íguez (1968) en “Flamenco. A queología de lo jondo” de 2021, pone en alo la e imología de algunos é minos lamencos a a és del es udio del al abe o andaluz, á abe, calé y a o-ame ica- no. Todo ello se en iqueció po el es udio de la simbología ocul a de lo que adicionalmen e se acep a en el en o no del lamenco, del que explica su o igen a a és de las aíces andalusíes, mo is- cas, gi anas y neg as. An onio Manuel demues a, que en el o igen de los nomb es se halla la uen e de la que han podido bebe gene aciones en e as, de la que han sacado sus le as al can a , como él dice, ‘de memo ia’. “Flamenco. A queología de lo jondo” y odos mis descub imien os en él me lle a on a u iliza odas las palab as que An onio Manuel adujo pa a des ela en mi abajo esa his o ia clandes ina que el pueblo ocul ó a a és de sus can es, sus oques y bailes. An onio Manuel hace un glosa io de es os é mi- nos al inal del lib o del que se ha ex aído a ias palab as con el in de des aca las en la ac ualidad, y que compaginan con el mensaje de mi ob a. El habe enido odo el al abe o en o og abado me dio pie a pode ealiza es as palab as que no habían sido plan eadas al inicio del p oceso de p oducción e in es igación. FLAMENCO ( alâh ): campesino, que i e de la ie a. ( mankûb ): ma ginado, desahuciado, humillado, desposeído, a ligido. SOLEÁ ( salâ ): o ación. SAETA ( saw ): oz, pa e cen al de la nuca in e p e ada con un can o e inado. CAÑA ( gannya ): canción. FATIGA ( â iha ): la plega ia que ab e el Co án. AGUA ( ‘aquwà ): más ue e, con más ue za. MI ARMA ( niamma ): bendición. FARRUCA ( â ûqa ): la que dis ingue la e dad de la men i a. SIGUIRIYA ( sik iyya ): emb iaguez, éx asis. LEYLA ( Layla ): noche. TARANTO/TARANTA ( a ab ): éx asis, duende. OLÉ ( Allah ). ARSA ( al-haqq al -aqsá ): la e dad sup ema; esa es la e dad. OJÚ ( hua ): Él (Dios). JARANA ( ha am ): lo p ohibido. FARALAES ( Fa ah ): aleg ía, boda. ( libss ): aje, es ido. MATARILE ( maw ): mue e. ( ihla ): iaje. YELI La que puede engend a . GUAJIRA ( wa-l-aji a ): el más allá, la o a ida. SERRANA ( sa ânî ): pe sona de mal i i . Tabla 1: Rod íguez, A. M. (2021). Glosa io E imológico de Té minos Flamencos: A queología de lo jondo. Almuza a, pp. 155-159. espacio lleno de duende, lleno de cul u a, de adición, con ese ambien e de mis e io y io- lencia en el que se ha come ido el asesina o de es e é mino. El ‘duende’ iene de la inspi ación y de algo inmenso, un luga sin ondo (Lo ca, 2003). Con es as ca ac e ís icas del duende po- demos e o pensa en algunas de las ob as que se han dedicado al a e lamenco y su en o no, ese que con empla a a is as lamencos, ambien- es, obje os, paisajes. Como podemos e en la ob a de Ja ie Lo enzo (1950) en su cuad o de En ique Mo en e que ealizó en 1975 en el que, con un e a o del a is a encon amos una ob a que con iene esas p opiedades del ‘duende’. Una esencia que ambién podemos ap ecia en Las manos de Menese de 2012 del a is a Díaz Azo ín (1939) donde, con la sanguina, consigue imi a el ambien e c eado en las manos de un palme o, de un a is a, y del momen o exac o del mo imien o de una palma. Hablamos de ob as que se con ienen en la ep e- sen ación de un a is a, pe o exis en o as que mues an el lado a ís ico del paisaje, del ambien- e andaluz y las adiciones como la de F ancisco Mo eno Gal án (1925-1999) en sus dibujos de los 60-70, ealizados con in a neg a. Po o a pa e, es á la ob a de Pila Alba acín (1968) que ha sido una pieza cla e pa a elabo a el con enido de la ins alación ya que es a a is a ha consegui- Hemos de des aca que es a selección de palab as ha sido de inida po la p oximidad a los é minos que en la ac ualidad aún conocemos y u ilizamos, aunque algunos ya no sean an habi uales e inclu- so nos cues e econoce los, son é minos que es- án p esen es en el habla andaluza, nomb es que denominan muchos palos lamencos. Algunos ya casi in isibles pa a la sociedad como ‘la se ana’ o ‘la a an a’. Han sido seleccionados pa a que el o igen de la palab a en musulmán sea ácilmen e econocible al lee las, o as po el impac o que ienen as sabe su e dade o o igen como ‘ Ojú’ o ‘A sa’. Así, la ob a inal se compone po un conjun o de olan es que caen del echo, aga ados de dos anzas, una en cada la e al. La ins alación se mani ies a, así como una llu ia de palab as que es án a la al u a media de los ojos del espec ado , a unos 1,75 me os del suelo. Jus o debajo, y en el medio de la misma, es án colocadas unas hojas de papel en la que apa ece la abla de la página an e io dándole al espec ado la in o mación necesa ia pa a comenza a en ende la his o ia de nues as aíces. Es a ob a in en a c ea un espacio pa ecido a la Apo ación A ís ica nº 1 en la que se busca con on a la anquilidad de la habi ación con la ince idumb e de la noche. En es a ocasión, la p incipal ca ac e ís ica es la c eación de un do c ea un discu so e imagina io en o no a la es é ica lamenca y el icono andaluz del que la ins alación p esen ada como Apo ación A ís ica nº 2 ha bebido. Su in luencia pod íamos pone la en alo a a és de piezas de Alba acín como el ideo-pe o mance Le duende olé (2012) donde la a is a, es ida de lamenca con un aje ne- g o con luna es blancos y de alles en ojos, es á escalando un edi icio; u o a ideo-pe o mance Vi a España/ Long Li e Spain (2014) donde la a is a camina po la capi al española mien as una banda de música es á siguiéndola, imi ando así la adición de la p ocesión española donde la banda sigue a los pasos que salen. Ella se p esen a como p o agonis a y muje pode osa, c eando una especie de ilm de la ida co idiana, donde la ida iene banda sono a y dándole impo ancia a ese camino en el que los espec ado es pod ían se la peni encia de la a is a, quien consigue c uza a ias calles de la capi al de mane a segu a y espaldada po la banda. Es a a is a u iliza una mi ología adicional andaluza p esen e en la cul u a andaluza y lo lle a de mane a más allá del a e ec eándolos como iconos más de la ida co idiana. III.1. La Vida del Duende III. 1.A. Nacimien o. La Cuna y La Nana ‘El duende’… ese del que odos los andaluces hemos escuchado habla alguna ez en o no al lamenco, pe o cuya o ma nadie ha islumb a- do con cla idad. No hemos conseguido pone le ca a a esa ex aña ‘c ia u a’ que emue e nues o in e io cuando –a a és de nues os sen idos- sen imos la expe iencia del a e, la esencia, la inspi ación, la c ea i idad, esa ex aña sensación que nos in ade du an e el ac o c ea i o o la expe- iencia del mismo. Es e é mino an alegó ico, nació en el lenguaje de Cas illa en el siglo XIII, pe o el signi icado de dicciona io que hoy conocemos ya lo con empló Co a ubias (1539-1613) en el Teso o de la len- gua cas ellana o española (1611): DVENDE. Es algún espí i u de los que caye on con Lu- ci e , de los cuales unos baja on al p o undo, o os que- da on en la egión del ai e y algunos en la supe icie de la ie a, según comúnmen e se iene. És os suelen, den o de las casas y en las mon añas y en las cue as, espan a con algunas apa iencias, omando cue pos an ás icos; y po es a azón se dije on asgos, el qua- III. SEGUNDA PARTE: ARGUMENTACIONES TEÓRICAS si a asgos o a ascos, del e bo Spaoow, pe ubo, mo- les iam a e o, pe syncopem ac um ex apaoow e in o mu a a. De aquí dio nomb e Te encio al an a ón, espan a niños, y le llamó T aso, y en nues o español a asca po la mesma azón. (León, 2018, p. 36) Es en 1786 cuando Es eban Te e os (1707-1782) publicó su dicciona io cas ellano donde esc ibe: “…algunos dicen que son una especie de de- monios, ó espí i us ole os, que inquie an á los homb es, casas.” (León, 2018, p. 37) En 1791, con la e ce a edición del Dicciona io de la Real Academia Española se añade la ase ca ac e ís ica de “ ene duende” como “modo de habla con que se explica que uno ae en la ima- ginación alguna especie que le inquie a” (RAE, 1971, p. 433). En 1893, de la mano de Toledo Daniel de Co áza (1845-1927) se p esen ó una nue a aíz pa a duende como un se manso y do- més ico “nomb ando a Fe nández Me ino como esponsable de p esen a la aíz del léxico gi ano de ge manía” (León, 2018, p. 39) inco po ando la palab a ‘duquende’, pa a e e i se a un conjun o de suje os que andan ondando. “Duquende en uso quie e deci duende” (Cip és, 1993, p. 37), ya que exis e cie a elación conocida en a la cas a gi ana enida de Rusia. Fue luego, cuando los poe as andaluces de la p ime a mi ad del siglo XX le die on su e dade o alo es é ico y me a ísico, aspi ando el é mino a exis i como neologismo de sen ido. Es os esc i o es o in elec- uales de la época se ían quienes empeza an una co ien e que, décadas después, siguen siendo uen e de inspi ación pa a la cul u a andaluza y española, incluso en un ámbi o in e nacional. Ya que el lamenco y el duende que lo p ecede han sido compa ados con la cul u a neg a, más bien no eame icana, y el jazz que nace de sus adi- ciones1. Fede ico Ga cía Lo ca, Ra ael Albe i (1902-1999), Luis Ce nuda (1902-1963) o Ra ael Villalón (1881-1930) en e muchos o os, son algunos de los esponsables de es e c ecimien o de la palab a o de la exp esión. En gene al, es Fe- de ico Ga cía Lo ca quién es udia el ‘duende’, du- an e los años ein e y ein a del siglo XX dando a lo ece su con e encia de Juego y Teo ía del duende en 1933, en Buenos Ai es. Lo lle a po odos los incones del mundo, desde el in e io de su ie a, de la que hace mad e de es as exp e- siones jun o al lamenco y al gi ano, y con mi ada in e nacional, como él dice: “Nie zsche iene duende o has a Paganini” (León, 2018, p. 24). Todas las de iniciones, que exis ían ya de es e se an ás ico, se án la base p opo cionada a Lo - 1 Como comen ó Fede ico Ga cía Lo ca du an e su con- e encia de Juego y Teo ía del duende en 1933 en Buenos Ai es. ca pa a cons ui la suya, un duende in e io y le á gico, al que hay que despe a “en las úl imas habi aciones de la sang e” (Lo ca, 2003, p. 4). En su p opia con e encia dio a en ende que dicha exp esión, e a el o igen que le había inducido a ealiza es e es udio (más inculado al juego poé ico que al campo de eo ía); é mino que escuchaba en boca di e sos a is as gi anos como el Leb ijano (1941-2016), la Malena (1877-1956) o Manuel To e (1880-1933). Se pod ía jus i ica que alguno de es os p o esionales gi anos del la- menco que él menciona usa a la palab a duende en el sen ido de espí i u, incluso de espí i u que puede posee e y conduci e al ance ya que, en 1947 apa ece de la mano de Wal e S a kie (1894-1976) el lib o Raggle Tagle , sob e su iaje po ie as húnga as y umanas, un ex o que es p ecisamen e coe áneo a la con e encia sob e el duende. En es e lib o, S a kie cuen a una expe iencia de ipo dionisíaco que p esenció y cuyos p o agonis- as ue on unos gi anos de Odesa, quienes ue on poseídos po un espí i u o giás ico -que en uso se denomina ía Dukh - (S a kie, 1949, p. 109) y que él mismo a i mó expe imen a . Con es o nos podemos hace una idea de que el lenguaje y el iaje que es e iene, a a és de las di e en es ie as, le pod ía habe dado pie a expe imen a adiciones que podemos asimila como eales a día de hoy, aunque su o igen se es ablecie a en un p ime momen o a pa i de la supe s ición y lo oscu o. Así, ue a pa i del duende lo quia- no cuando el Dicciona io de la Real Academia Española acep ó la en ada de es a palab a en el núme o singula ‘duende’, lo que supuso la ic o- ia de ‘la c ia u a’ omen ada po el g anadino. Pe o hablamos de un é mino que dis u a de muchas más a ian es de las que le dio Lo ca, ya que a pa i de su con e encia no ue on pocas las pue as que se le ab ió a es e é mino, ya que él habla del duende como “algo que nadie e, que muchos sien en y que ningún ilóso o es capaz de explica ” (Lo ca, 2003, p. 3), ci ando mal a Goe- he (1749-1832: como dice Ch is ophe Mau e (1949) en el p ólogo de El Duende: Hallazgo y cliché de José Ja ie León. De hecho, casi un siglo después, aún se elabo an es udios de es e é mino que an o da que habla , ya que no se ago an sus nume osas in e p e aciones: “pu eza, gi ane ía, an igüedad, uina, a ac i o de lo eo, con adic- o io a la musicalidad, jondu a, g andeza, e dad, supe s ición, esqueb ajo y pellizco” (León, 2018, p. 364). Po odo es o, el duende se ace ca a la mue e, la admi a, le acompaña, po que el duen- de apa ece cuando la mue e acecha y desga a la ida, la mue e signi ica ida, sen i se i o, po lo que pe cibi o pensa la mue e puede se pa ecido a sen i el duende. Cuando el duende se sien e y apa ece, la mayo ía de los espec ado es ‘sal an’ as él, exclamando un ‘ ¡Olé!’ , o un ‘ ¡Ay, Dios mío!’ . El duende es sen i la magia y la espi- i ualidad del a e, de lo que nace en us en añas, en el calo de u cue po, y lo uel e ío y luego uel e a pone lo calien e, es un con inuo cam- bio que man iene el cue po encendido en plena ensión, po el que us ojos son incapaces de deja de mi a . Es un se eso é ico, ue a del mundo angible, ue a de nues os ojos, i e en e noso- os, pe o no se emos capaces de e lo, a eces ni de sabe que es á2. En un sen ido his ó ico, se conoce po di e en es medios3 que el lamenco en Andalucía se desa- olla du an e siglos de his o ia, que iene de la mano de odas las cul u as que han pasado y apo ado en lo que hoy conocemos como An- dalucía. No obs an e, podemos es ablece que, a ni el nacional, la p ime a apa ición esc i a y con- se ada de la palab a lamenco designando un es ilo musical y co eog á ico di e enciado se halla echada en 1847. Apa ece un 6 de junio en un pe iódico llamado El espec ado , en un a ículo i ulado “Un can an e lamenco”. En él se explica cómo un can an e gi ano llamado Láza o Quin a- 2 Lo ca habla del duende como algo inexplicable y hace un eco ido po di e en es sensaciones que una pe sona sien e cuando expe imen a es e encuen o mágico. 3 Tan o his ó icos -los a chi os que acompañan la his o ia del lamenco como e is as, pe iódicos o películas- como de la memo ia del pueblo, de la adición. na había iajado a la Co e mad ileña, debido al in e és que despe aba esa especie de admi ación a las ie as andaluzas y a sus mani es aciones cul u ales. En es a pa ida de nacimien o po- demos e que el lamenco se popula iza como espec áculo a ni el nacional, en los ca és, y es un a e an o gene alizado como masculiniza- do. Es o se debe a que, en aquella época, as la in asión ancesa, de onó en la sociedad española la necesidad de c ea se una iden idad nacional con a es e enemigo. Un enemigo ex anje o que enía de la Ilus ación, del mo imien o in elec- ual, social y polí ico, un enómeno que alimen ó en pa e ese nacionalismo polí ico del que an o hoy se oye habla 4. De es e modo, el duende abo da sus p ime as andadas a ni el nacional, po los ca és can an es, en g andes ciudades; el duende - oda ía no co- nocido como ese é mino mi opoé ico - es el líde de ese posicionamien o iden i a io, an iilus ado, que con amina á odas las es e as de la sociedad española del siglo XIX a a és de dos líneas com- plemen a ias. Mien as que la sociedad ilus ada es á p oduciendo y ges ando un neoclasicismo más ío, en el ‘pueblo’ se a e a on a lo ba oco, a ese espacio en el que se sigue buscando ese ea o 4 S acado del p ime capí ulo de LÓPEZ RODRÍGUEZ, Fe nando, 2020. His o ia quee del lamenco: Des íos, ansiciones y e o nos en el baile lamenco. Edi o ial Ega- les, Ba celona. iejo, las his o ias uculen as de san os y peca- do es (Ba oja, 1980, p. 99). Den o de la in elec ualidad española de aquella época, ue on muchos quienes c i ica on es os alo es an iilus ados, como el esc i o Jo ellanos (1744-1811), quien indicó con un ono especí i- camen e ácido que “o as naciones aen a danza sob e las ablas los dioses y las nin as; noso os, los manolos y las e dule as” (Jo ellanos, 1831, p. 88). De hecho, a es os in elec uales se les deno- minaba peyo a i amen e ‘a ancesados’. En esa España de la que hablamos nos encon amos con una o den de 1799, que se hizo ley, en la que se p ohibía ep esen a “en oda España a ac o es, baila ines y can an es de o as naciones [ni se pod án << ep esen a , can a ni baila piezas que no sean en idioma cas ellano>>” (Ga cía J. L., 2010, p. 137). Po lo an o, pod íamos a i ma que la conciencia del lamenco nació de la necesidad que enía la sociedad española de ealiza esa in e sión de los alo es que con enía el pueblo. En España se hizo esa in e sión hacia el alo de las cosas, se hizo popula lo que e a conside ado más alioso po se au óc ono. Aquella in e sión implicó pa a Es- paña, en un ni el eu opeo, que la asocia an a una pe cepción ce cana a la debilidad, una nación débil y olcló ica, que no buscaba la Ilus ación eu opea. Esa in e io idad, esa agilidad que po- d ía asocia se a la an igua condición ‘ emenina’, e a con la que e a mi ada desde lo al o de un ipo de es e a cul u al eu opea, ya que sus cul os e an conside ados a eminados . Y es que como esc ibe el sociólogo ancés Pie e Bou dieu (1930-2002) “el cul o a la i ilidad, a la udeza, a la ue za ísica y la g ose ía, como echazo elegido de lo a eminado, es una de las mane as más e icaces de lucha con a la in e io idad cul u al” (Badiou, y o os, 2013, p. 43). Po es o, el baile lamenco se io a ec ado con es os ni eles de géne o, haciendo una dis inción en e el baile masculino y emenino en los ca és can an es. Es o hace que el baile lamenco se limi- e, dejando el lado más lige o ue a, conside ado como ‘a eminado’, con la ca ga nega i a que ello conlle a. Limi ando la exp esión a ís ica dejan- do a un lado la ue za en la muje y la sua idad del mo imien o en el homb e. Si omamos, po ejemplo, como e e encia, un ex o más ce cano a aquellos años, esc i o po un in elec ual eu opeo de la alla de Ludwig Wi gens ein (1889-1951), “los lími es de mi lenguaje son los lími es de mi mundo” (Wi gens ein, 1921, p. 81), pod ía- mos de ini cla amen e qué le había ocu ido al lamenco: se había opado con un mu o que años más a de se ía encon ado y de umbado po la poca dis inción de géne o que es e con iene en sus cualidades más pu is as, ya que el a e no consien e de e minación, como dijo Spinoza (1632-1677) “ oda de e minación es una nega- ción” (Neumann, 2017). O o de los asgos que di e encia el lamenco de o as muchas disciplinas cul u ales es su o igen, y es que siemp e se ha conside ado que el la- menco ha nacido del pueblo gi ano asen ado en Andalucía, pe o el gi ano no es el único espon- sable de es e nacimien o cul u al y a ís ico. El lamenco no es más que una mezcla de “cul u as ma ginadas necesi adas de un lenguaje sec e o que llega an a las memo ias de aquellos que no conoce ían sus p opias aíces” (Rod íguez, 2021, p. 64). Como bien decía Lo ca, “el gi ano es el que gua da el ascua, la sang e y el al abe o de la e dad andaluza y uni e sal” (Lo ca , 1925). El pueblo andaluz ue un asilo pa a aquellos judíos, mo iscos y neg os que u ie on que sob e i- i a du as penas en ie as de una España que pe seguía a las cul u as pa a man ene la o o- doxia ca ólica. Una supe i encia cuya solución ue mezcla se en e ellos, apenas se b oncea on ma anos y iene su po qué. Los judíos se a díes, igual que la mayo ía de los musulmanes de Al Ándalus, podían pasa po cas ellanos sin más apu o que es i se po los pies y man ene la boca ce ada po que e an an blancos como ellos. Aun así, se les man enían ence ados y con inados en sus jude ías y ma cados como lep osos, muchos de ellos ue on íc imas de delaciones xenó obas que los empuja on a hui . La p ueba incues ionable de que mo iscos y gi anos e mina on con i iendo son las nume o- sas le as que ecoge An onio Manuel, en su lib o Flamenco, A queología de lo jondo: Cuando se en e e el sul án de lo que han hecho las mo as, que han dejado la mo e ía pa a me e se a bailado as. Pob es gi ani as que ienen e an es, Allah, iban las mo i as po aquella ciudad. Ay, gi ana, ú e es mo a, mo a de la mo e ía. Mi a mis ojos de mo a Neg os como la pasión. (Rod íguez, 2021, p. 65) Así, jun os en sus calles, jun os en sus adicio- nes, haciendo una e olución de sus cul u as, in e cambiando lo que ya enían, es idas con el mismo aje, el aje de ‘ a alaes’ (palab a, eni- da del á abe andalusí, compues a po a ah que signi ica aleg ía, y lebs que se aduce po aje): gi anas y mo as, lamencas las dos, es idas de aleg ía. Como esos olan es que en la Apo ación A ís ica nº 2 podemos e colgando del echo que mues an lo que an o ha apo ado An onio Manuel pa a el lamenco y la his o ia de Al-Án- dalus. Mos ando en la ob a una decla ación de in enciones sob e la cul u a y la adición. III. 1.B. La F agua El duende iene aíces, iene un pad e y una ma- d e como si de una amilia adicional se a ase. Nace de la esencia, del co azón de un pueblo ais- lado, desahuciado de sus c eencias. El lamenco, en palab as de Juan Ramón Jiménez (1881-1958): “ iene aíces y alas:/ Pe o que las alas en aícen/Y las aíces uelen” (Jiménez 1916-1917, p. 22). Una ci a a la que, p ecisamen e, An onio Manuel ecu e en el inicio de su lib o de A queología de lo jondo, en su capí ulo “El Vene o” donde hace una in e p e ación de es as palab as de Juan Ramón y de la his o ia del lamenco: Es uni e sal po que es á hecho de aíces que ola on y alas que siguen pe eneciendo a sus aíces. Po eso el ai e huele a ie a cuando lo asga un quejío. Y la ie a a sang e, y la sang e a ma y la ma a mue e. Y la mue e a ida, como si con u ie a odos los gozos y las penas, de odos los homb es y muje es, desde an es de que exis ie a el iempo. (Rod íguez, 2021, p. 13). Nues a cul u a andaluza nos ha enseñado que las alas del lamenco son la música, y sus aíces son las palab as. Esas músicas que pueden llega a cualquie incón del mundo, que a cualquie a es capaz de en ol e en la e e na llamada a la mue e que escuchamos en sus melodías y i - mos. Pe o, po o a pa e, se encuen a la palab a, palab a de un pueblo ol idado, de sus ap endiza- jes, de sus exp esiones, de su memo ia a a és de un lenguaje que no odos en ienden, de ahí sus aíces. Cuando música y palab a se unen como uña y ca ne, qui a el sen ío de cualquie a que las sien a, como dice Manolo Sanlúca (1943) “la palab a es como una sanguijuela que sólo sabe a sang e cuando pa asi a de la música” (Sanlúca , 2021, p. 24). Con la cul u a andaluza en gene al pasa una si uación semejan e, ya que sus adiciones a hoy día, en nume osas ocasiones, son a adas como moda, eclamo u ís ico o son es udios que indagan en lo más p o undo de ella pa a descua - iza la y deja su alma a pa e. Aunque el alma no ol ida y iene memo ia, una memo ia de un pueblo que aún no ol ida sus nomb es: …en el nomb e de las muje es y homb es que lo han conse ado en su ga gan a, en sus manos, en sus pies, en el alma. Po que las cosas exis en cuando se nom- b an. Y sólo cuando se nomb an exis en. Desde la es ella más alejada del i mamen o a la pa ícula más ín ima de la ma e ia. Nada que sea ajeno al se humano ca ece de nomb e. El ecién nacido, en su p ime ac o social se le asigna un nomb e pa a que pueda se acep- ado y econocido po sus conocidos y po ex años. Es su huella dac ila hecha palab a. Inmu able has a la mue e y el ol ido, a menos que se le pe mi a el cam- bio po olun ad p opia, o o zado po el ins in o de supe i encia con la in ención de pa ece o o, como hicie on nues os mo iscos, ma anos, gi anos, neg os, epublicanos… Y Flamencos. (Rod íguez, 2021, pp. 15-16). Es e iempo de sec e os que menciona An onio Manuel en A queología de lo jondo es lo que dis ingue a la cul u a andaluza de odas la demás, es la p ime a cla e del o igen de lo lamenco: esa in eligencia emocional de un pueblo pa a ocul- a su iden idad po su p opia supe i encia; es como ‘se sin deja de se ’, po que hicie on de su iden idad la supe i encia. El caso, p ecisamen e, de la mes iza y esilien e cul u a andaluza, con el lamenco como una de las huellas más e ela- do as que pone de mani ies o cómo un pueblo consiguió sob e i i econs uyendo su iden idad pa a no deja de se quien e a. El duende, es encon ado en nume osos espacios, desde los incones de una casa, de un pa io, en “la e a que da de amaman a a un niño o una niña” (Rod íguez, 2021, p.18). El duende es he - mano pequeño del lamenco, uno nacido de la di- e sidad de cul u as, el o o nacido de las mismas en añas que un día pe enecie on al o o. Como si una se pien e lánguida se hubiese paseado po ellos y hubiese dejado el as o pa a que o as supiesen el camino. El duende es á inculado al mo imien o, al espacio que habi a y al que lo odea, como la ins alación a ís ica. El duende apa ece en los Apo aciones A ís icas nº 1 y 2 po que nos mues a el en o no que se ha c eado p ecisa lo que se ha dicho has a aho a sob e él. Al inal, el ba io y el nicho de cada in eg an e que pa icipó en es a c eación ue la e dade a causa de su nacimien o. La si uación geog á ica, el ambien e y la elación con la amilia ue el cal- do de cul i o pa a su ge men, que ha sido es u- diado y debe ía segui siéndolo pa a en ende el compo amien o de la his o ia del lamenco. III. 1.C. Cuchille ía El duende ha enido casa desde sus inicios, una casa que u o pie nas p opias. Du an e muchos años y, a día de hoy, exis e un eno me con lic o con el o igen del lamenco. Y es que odos sabe- mos quién lo can a e in e p e a, pe o pocas son las pe sonas que conocen su o igen, y de lo que an o se habla: sus aíces. El lamenco llega de la mezcla que exis e de cul u as en las ie as andaluzas, una cul u a que ha sido poco alo ada en el discu so ins i ucional de su his o ia y es que, quien conoce los es udios obliga o ios de His o ia de España puede com- p oba que se cuen a que la Edad Media empieza con la caída del Impe io Romano y e mina con el ‘descub imien o’ de Amé ica5. Una Edad Media en la que la sociedad se di idía en es es ados: la nobleza, compues a po eyes y caballe os; el cle o, in eg ado po las ó denes y ca gos de la Iglesia; y el pueblo llano, que lo comp endían campesinos y a esanos. Pe o esa Edad Media de la que siemp e hablan los lib os de his o ia no ue así en Andalucía: Aquí, donde i imos, además de nobles había emi- es, cali as, cadíes odo es o jun o al cle o mozá abe, coexis ían abinos judíos con ulemas musulmanes, odos andalusíes y ambién e an pueblo llano los cien í icos, los médicos, los poe as, los a qui ec os, los músicos… (Rod íguez, 2021, pp. 42-43). 5 Como se explica en el lib o de José A. He nández, Flo a Ayuso y Ma ina Raque o, publicado en 2009 bajo el í ulo His o ia de España, po la edi o ial Akal, donde se e ie- e a los ema ios es udiados en la Educación Secunda ia Obliga o ia (ESO). Tengamos en cuen a que, el pueblo andaluz c eó monumen os como la Alhamb a de G anada, Medina al Azaha a, la Gi alda de Se illa, o la Mezqui a de Có doba en la Edad Media, esul a- do de una cul u a elabo ada esul ado de in elec- uales y cien í icos de la alla de Abbás Ibn Fi nás (810-887), el poe a y eólogo Ibn Hazm (994-106) quien ya sabía que la ie a e a edonda, el músi- co Zi yab (789-857)6. En cie o modo, son puñaladas a nues a his o ia, una his o ia de un pueblo lleno de op eso es y op imidos que desconocen sus aíces pe o que siguen ecogiendo y en egando lo que ap en- die on y que can an de memo ia, una memo ia inculcada sin echis a . Una memo ia llegada de la le a, de la palab a y de las adiciones que han ido sucediendo en la his o ia. La palab a como bien se ha ecogido en Tabla 1 que ha sido ex- pues a en Apo ación A ís ica nº 2. Una palab a que nos ha dejado mues a que la cul u a anda- luza se ha ido nu iendo has a llega has a donde es á. Y que el lamenco es local y p opio. 6 In o mación ob enida de A queología de lo jondo donde An onio Manuel, en el capí ulo de “Ellos” habla sob e la iqueza de in elec uales que dejó el pueblo musulmán de Al-Ándalus. conocemos. Es en la noche donde hay unos p o agonis as e i- den es, p ecisamen e aquellos que no sucumben a ella, los que son íc imas del insomnio. El in- somnio puede lle a a quienes lo su en a e dos g andes ealidades en su ida: la que i en y la que se imaginan. Las inquie udes gene adas po es e hecho han podido se mi igadas, en cie o modo, po aspec os como la eligión, apo ando cie a segu idad de espues as adecuadas a esos sucesos que han qui ado el sueño en de e mina- das si uaciones. De es e modo, el c is ianismo ecu ió a la idea de pecado pa a impone un có- digo de conduc a masi a gene al, con el obje i o de que una sociedad que u iese una conexión y una mane a de pensa pa ecida den o del dogma c is iano. Se gene aba, no obs an e, la inquie ud de que pensa que, si algo iba mal en nues as i- das, e a po que algo habíamos hecho pa a me e- ce lo, como esc ibió Jean Bo é o (1914-2007) en La Religión más An igua: Mesopo amia (Bo é o, 2001), con espec o a la apa ición de la idea de pecado. Jean Bo é o nació en la pob eza, en el año 1914. Es udió con los cu as, se o denó dominico, se dedicó a enseña , pe o le echa on po no que e de ende que el Génesis desc i o en las San as Esc i u as e a un hecho his ó ico. En onces se consag ó es udio de la cul u a en Mesopo amia, ap endió sus idiomas, adujo el Código de Ham- mu abi, ue sabio, po lo que publicó a ios lib os (Capa ós, 2019). Bo é o señaló en In oducción al An iguo O ien e. De Sume a la Biblia que, en aquellas cul u as, cuando apa eció el concep o de pecado no e a una asg esión que el pecado come ía en su ida co idiana; sino que e a un concep o mo al, e a adminis a i o. Un sace do e e aba la in ocación a un diosecillo y el diose- cillo se enojaba; una amilia sac i icaba la cab a equi ocada a una diosi a y la diosi a se engaba. El sace do e y la amilia quizá no lo sabían; c eían que habían hecho odo bien y, de p on o, esa sequía o esa o men a o esa gue a les p obaban que no. Las desg acias llegaban como cas igo a e o es que su au o o au o a igno aba. Así, la ida se ol ió la con inua zozob a de no sabe si u ac uación había sido la co ec a o no, pa a lo que la p ueba de que habías hecho algo mal -no algo malo, sino algo mal-, e a que algo malo e es aba sucediendo. Po lo an o, la culpa e a uya, po supues o. La in ención mesopo ámica del pe- cado ue la o ma de ans e i la culpa del pode al impo en e: e an los homb es -cada homb e- los que se equi ocaban, los que causaban las desg a- cias y debían supone cómo y po qué. Los dioses e an como aquellos pad es que le pegaban a su hijo mien as le decían que él ya sabe po qué es á siendo cas igado. Po lo an o, el c is ianismo supuso un a ance: cuando ecu ió a la idea de pecado pa a impo- ne un código de conduc a, de ol ió a sus c e- yen es cie a au onomía de decisión. Al menos, podías elegi cuándo y cómo queb abas las eglas, al menos e cas igaban po algo que sabías que no debías hace . Desde en onces, oda la dinámica gene ada a pa i de es a idea de culpa, nos ha lle ado a asumi como inna os cie os compo - amien os en nues a cul u a, unos aspec os que apa ecen ahí po in luencia de la eligión ca ólica. El cumplimien o del dogma eligioso, en ocasio- nes, ha gene ado mucho su imien o po con lic- os a la ho a de esol e asun os undamen ales de la ida como la a ec i idad y sexualidad. Po sexualidad nos e e imos a la sexualidad en en- dida como la ene gía que nos pe mi e elaciona - nos con los demás. La sexualidad es una ene gía aba cado a en nues o in e io , que se expe i- men a como una “necesidad impe iosa de supe- a nues a ini ud” (Ma ínez, 2012). Se exp esa en nues o impulso de amo , de es a en comuni- dad, de ene amis ad, amilia, a ec os, o alidad, c ea i idad, egocijo, gozo, humo , au o ascen- dencia. Es la ene gía in e io que incesan emen e unciona pa a que no nos sin amos solos (Rolhei- se , 1999). El hecho de que es a sexualidad no apa ezca de inida en la eligión ca ólica gene a que cie - as dinámicas in e io es se nos mues en como deso denadas, como explosiones de cóle a y ag e- si idad, enojo, incomunicación con los demás, e incluso –en ocasiones- conduc as adic i as o des i uadas como el alcoholismo, na cicismo o insomnio, en e o os. P ecisamen e es e úl imo, el insomnio, pod ía deci se que pod ía se pa- alelo a lo que se denomina en sexualidad como ‘ac ing-in ’: una mani es ación de unos compo - amien os de ensi os insanos que echazan o niegan la ene gía emocional y sexual, di igién- dola hacia el in e io , po el que se sob e alo a el in elec o y el espí i u. Las emociones, como la expe iencia co po al, se des alo an y se mi an con descon ianza po que susci an miedo. Todas es as azones hacen que el indi iduo que las su e c ee un se dual que ol ida odos sus pensamien- os de día y esuci a sus p oblemas de noche. El insomnio deja una huella pe manen e en la cama y hace que las noches sean más la gas que el día. La noche ac úa de pausa pa a la ida co idiana y deja p o agonismo a lo que Sigmund F eud (1856-1939) llama ía el ‘inconscien e’, ese luga que él denominó como “una ie a p imi i- a y sal aje, el suelo donde se o igina la psique, el luga de las pulsiones que exigen una sa is acción inmedia a y ehúyen el males a ” (Gia dini, Cac- ciola, Ma oni, Ranzini, & Sicu o, 2017, p. 69). Pe o el insomnio hace que es e momen o no se insomnio y la gas ho as de pensamien os, de in- en os de dis acción, donde la huella de la a is a se encuen a en cada a uga de las sábanas, en los obje os a ojados en el suelo, la posición de cada uno de ellos. Como, po ejemplo, el hecho de que la al omb a es é jun o a la cama nos hace ‘c ea ’ una imagen de alguien sen ado en el bo de de la misma, con los pies colocados en es a al omb a. Una especie del eco ido de un ci cui o in isible. Es a di e enciación o dualidad que posee el se humano de la noche lle a a ec ea la an pe so- nal pa a abaja en la idea que se ha desa ollado en la Apo ación A ís ica nº 1 i ulada Una cama de espinas y un echo de luna es. Es a pieza a a la emá ica de la cul u a y las adiciones desde una escala gigan esca, del pode de la huella que ha dejado en mí, la cul u a y aíces andaluzas. El o igen de la ob a se si úa en la idea inicial de u i- liza la ase ‘Una cama de espinas y un echo de luna es’; una ase que siemp e he u ilizado pa a esumi el insomnio que he su ido a lo la go de los años. El obje i o e a c ea una ob a ins ala i a que ec ea a el palio de una p ocesión de Semana San a. Así, es as e e encias eó icas es án ín imamen e ligadas a ma e ialización de la Apo ación nº 1 i ulada Una cama de espinas y un echo de lu- na es. Su na u aleza ue un p oceso c ea i o que c eció a medida que iba cu sando el más e A e: p oduzca y que quien lo su e pase po una ase de ánsi o en e el inconscien e y el conscien e. Nos e e imos a ese e i o io que F eud denomi- na ía como el ‘P econscien e’, ese que denomina la zona in e media, que ac úa como il o y ba e- a en e la lucha con inua que se desa olla en e conscien e e inconscien e. Pe o el mundo oní ico -la pue a hacia el inconscien e- no desapa ece en el insomnio, sino que lo acompaña, odo se uel e una elación en e la igilia y la ealidad (F eud, 1923). La cama, du an e años, nos ha acompañado en es e p oceso, po lo que es a huella que se ha mencionado que dejamos en ella pod ía elaciona se con la idea del Suda io y la Sábana San a como esa ma ca de un cue po pe - dido, un cue po descompues o que ha i ido un ánsi o. Solo que en el caso del insomnio la opa de la cama es quién ac úa de sopo e pa a lo que nues o cue po deja como ma ca. La sábana se con ie e en ma iz. Una cama nada pa ecida a la que se cuen a que enía Mo eo, esa cama de éba- no que es aba en un lecho cubie o de amapolas. Es a cama es más pa ecida a la que pod ía ene Iquelo, el espí i u de oscu as alas que, según la mi ología g iega, aía las pesadillas. Po lo que, pe ec amen e, pod ías ec ea la idea de una cama albo o ada, como esa cama que nos mues- a T acey Emin (1963) en su ins alación My Bed en 1999. Un bodegón que mues a noches de Fig. 7: T acey Emin. My Bed (1998). 79 x 211 x 234 cm. Escul u- a. idea y pa imonio cuyo génesis, pa a es a in es- igación, es á el en ende que el insomnio y el lamenco llegaban a ene una pode osa elación llamada ‘pecado’. Es a idea de p e ende in e io- iza de mane a c ea i a es e pensamien o es una e olución lógica de inquie udes an e io es, de un pa de años an es, cuando empecé a in es iga sob e ‘la culpa’ pa a mi T abajo de Fin de G ado inalizado en 2020 donde es udié la impo ancia de la culpa en la amilia, en la sexualidad y en la eligión, al igual que cuáles son las elaciones en- e es as es. Mi paso po el más e me ha pe mi- ido elabo a es a idea mezclando mis in e eses pe sonales y a ís icos, a a és del es udio que he seguido de la iden idad, del pensamien o c í ico a a és de la imagen, la másca a, el camu laje como ca ac e ís icas a ís icas. Se ha de señala , po úl imo, que el í ulo de es a iene de un es- c i o que hice en 2018 en uno de mis cuade nos pe didos en el que esc ibía una se ie de sucesos dia ios de aquel en onces, un ex o que apa ece en una ob a de dibujo que ealicé donde incluí es a ase como acompañamien o al dibujo. III.2. C. La palab a en el lamenco. El lamenco y el duende han sido ecogidos a lo la go de la his o ia a a és de las le as que ue on co iendo po odas las palab e ías que enían de los mayo es, dando luga a una cadena de memo ia que ecoge la his o ia de una cul u a. Las p opias le as de las canciones cuen an la his o ia de la cul u a andaluza, de su emenda iqueza de paisajes, del a e que se ecogía de la calle, de la ansición his ó ica con la que es á ma cada10. Todo ello acompañado del compás lamenco, del i mo de unas manos que saben oca palmas, cas añuelas, palillos o gui a as po au o es y au o as que conocían las his o ias y decidían esc ibi las pa a que can ao es pusie an oz a esos ela os. No solo como au o es, muchos de es os nomb es se conocen po la in e p e ación de muchas de sus le as conocidas po múl iples gene aciones. Nos e e imos a e e en es como Lo ca, quien no solo puso igu a al duende, sino que coope ó con sus nume osas le as lamencas, o bien al g an Manuel de Falla (1876-1946), o a Sabicas (1912- 1990), An onio Mai ena (1909-1983), Ra ael Fa ina (1923-1995), An onio Machado (1848- 1893), ‘La Pe la de Cádiz’ (1924-1975), José Menese (1942-2016), Felipe Ped ell (1841-1922), Juan An onio Ca es any (1861-1924), Juana ‘La 10 Como se hace en la película Luis Lucía Minga o, Lola la Picone a, (1952) donde Juani a Reina p o agoniza la his o ia de Lola, una can ao a que anima a las opas es- pañolas asen adas en Cádiz, as la in asión del ejé ci o de Napoleón. Es al p incipio de es e ilm cuando Lola (Juani a Reina 1925-1999) can a Lola la Picone a , una copla que mues a cómo la sociedad española aleg aba cada penum- b a que pasaba. MADRE AMOR MUERTE RELIGIÓN POBREZA TRABAJO POLÍTICA LA MUJER DENOSTADA LIBERTAD SINO-FATALISMO MALDICIONES Tabla 2: Ca illo Alonso, A. (1981). Resumen de g andes g upos de las le as lamencas de An onio Mai ena. Muje Mala; los Celos y Muje como P opiedad del Homb e; I onías pa a Ridiculiza a la Muje ; La muje que no se Doblega; el Homb e se Jac a de Engaña a la Muje ; y las Adje i aciones Denos ado as hacia la Muje (López, 2019, p. 135). Pe o es as emá icas han cambiado, aunque, en nues a opinión, el lamenco no debe alla a sus aíces po su conno ación his ó ica. En él se da la e e na pelea del lamenco gi ano y el lamen- co payo, pe o el cambio ha llegado, po muchas opiniones que haya, el duende ha cambiado de ‘ o ma’, y es á a aigado a le as que -como hemos indicado- hablan de lo polí ico, de lo que hoy sigue siendo ema de discusión: el géne o, sus di e encias, la discusión en e sexo y géne o, el de echo de las mino ías, el ompe con las adi- ciones y hace las un ecue do. Como ejemplos de es e enómeno encon amos en la ac ualidad can ao es como Is ael Fe nán- dez, el Niño de Elche, Ma ía Ángeles Toledano en e los que, a día de hoy, siguen una línea den- o de lo que conocemos como ‘ lamenco adi- cional’, con algunas ‘pun illas’ de ac ualidad. Nos e e imos an o a las le as como a la p oducción de la música, a su sinc onización y –uno de los aspec os undamen ales hoy-, al modo en que se usa la es é ica isual. No ol idemos que, quienes han ido ec eando es a es é ica (no solo con su música) son ealmen e los que consiguen que Maca ona’ (1970-1947), ‘La A gen ini a’ (1898- 1945)11 o a is as más ac uales que han segui- do en egando su he encias a las gene aciones enide as como Es ella Mo en e (1980), Miguel Po eda (1973), Rosalía (1992), Ma ía Ángeles Toledano (1995), Ma ía José Pé ez (1985), ‘Niño de Elche’ (1985), Is ael Fe nández (1989). Es os nomb es an conocidos han ido ma can- do la his o ia del duende, a la ez que han ido ‘jugando con su o ma’ al c ea un ‘se ’ que nada iene que e con lo que ue desde sus comienzos, cuando el duende nacía de los go go i os de los can ao es. Po el con a io, hoy, el duende se pue- de deci que nace de lo polí ico, de lo que emue- e las cos umb es, las adiciones, las c eencias: el duende no solo apa ece as la mue e, no es un séqui o de es a. Incluye di e en es g upos de emá icas u ilizadas en la ac ualidad en el lamen- co. Según An onio Mai ena, el lamenco con iene quince g andes g upos de emá icas en sus le as. Fue luego Ca illo Alonso (1944) quien hizo un esumen de es os g upos: Es, p ecisamen e, el úl imo g upo que engloba la p oducción bajo la idea de “La muje denos ada” el que más subg upos con iene: …con las Maldiciones, Amenazas y Ag esiones a las Muje es; la Muje P os i u a o Muje Deshon ada; la 11 Pa a más in o mación, éase José O ega Cas ejón, 2011, Can e de las minas, Can e po a an as. Se illa: Signa u a Ediciones. el duende encuen e su ‘hábi a ’ pa a queda se. A is as como Rosalía, Ma ía José Lle go (1994), Rome o Ma ín (1983) o Soleá Mo en e (1985), y g upos como Cali a o ¾ o Fuel Fandango . Po ejemplo, Is ael Fe nández, poco a poco, di ie e de la adición que le odea es é icamen e pa a en- iquece la de un simbolismo gi ano como el que podemos e en la ob a de Ma ía José Lle go. Todos es os a is as in en an educi el á ea del duende, pa a c ea un espacio adecuado y medi- do a su ‘es a u a’. Y es que el duende no se en- cuen a en un solo luga , y en una sola disciplina, el duende pe enece al conjun o de cada una de ellas. El duende necesi a música, el duende nece- si a un espacio, una imagen, el duende se nu e del odo, como podemos e en las Apo aciones nº 1 y 2, en las que no solo apa ece una ob a, sino que és a en uel e al espec ado , lo hace pa ícipe de un acon ecimien o: la habi ación del duende con iene sonido, con iene obje os. En es e ejemplo de a is as que han ac ualizado el lamenco de mane a adical en lo con empo áneo debemos señala que, odos ellos pasa on una e apa inicial de su ca e a musical como simples can an es lamencos in e p e ando o mas clá- sicas de es a disciplina. Nos e e imos a a is as como, po ejemplo, Rosalía, quien en su p ime álbum ealizó un abajo llamado Los Ángeles o mado po una acklis con doce canciones la- mencas del can e jondo, donde la a is a empleó una cie a simplicidad sono a al usa su p opia oz y una gui a a ocada po Raül Re ee (1976). Es e p ime álbum le impulsó económicamen e pa a pode p oduci su siguien e álbum i ulado El Mal Que e , donde es u o acompañada en la p oducción po El Guincho (1983). Es es e p ime álbum se insc iben los ins u- men os digi ales que lo con ie en en un álbum expe imen al y concep ual, en el que podemos ap ecia las pinceladas de la impo ancia de la es- é ica en el lamenco. Así, es a pa i de la no ela lamenca en la que se inspi a Rosalía pa a com- pone lo, de la in luencia de la música lamen- co- ap , el pop y del ap, se oman los e e en es pa a que el a is a Filip Cus ic (1993), que habi- ualmen e se inspi a en el a e y la ciencia pa a ep esen a isualmen e e e en es a a és de la moda y el obje o, c ea unas imágenes del disco que suponen homenajes a cuad os impo an es de a e español en los que apa ecen modelos emeninas semidesnudas. Fenómenos como es e suponen una espues a a una cues ión ascenden al que se ha ido ex en- diendo a lo la go de las úl imas décadas, y es que el lamenco ya no es solo oz y gui a a, el la- menco necesi a una es é ica, el lamenco necesi a una mezcla, una usión con lo ac ual, y no solo lo necesi a, sino que la busca. Podemos e es os p ime os encuen os en los abajos de Lole y Manuel, de Cama ón, de En ique Mo en e, en la década de los ochen a y no en a del pasado siglo. Aquel álbum, La Leyenda del Tiempo publica- do en 1979, o ese Al Alba con Aleg ía (1991) u Omega en 1996, ue on los p ime os indicios de que el lamenco ya no solo se encon aba en la adición del olclo e, sino que eque ía del a e plás ico. Po ello, no solo ha sido la imagen lo único que u gía de cambios y mode nización en el lamen- co, ya que, como hemos señalado, la palab a y la poesía lamenca siemp e ha ondado los mismos g upos de emá icas, que han sido iel a la adi- ción gi ana, a la c eencia o odoxa de es e pueblo. An es bien, se debe señala que la palab a siem- p e se á la misma, es cons an e, pe o que sí cam- bia quién la can a; al igual que la polí ica en el la- menco ac ual esul a imp escindible, algo que lo acompaña, como la moda, como odo lo nomb a- do an e io men e. El lamenco se ha con e ido, no en lo que se dice sino en quién lo dice, en su mayo ía. Como podemos cons a a en la ob a de Rome o Ma ín, -en su único álbum publicado has a la echa bajo el í ulo de Mani ies o (2020)- donde, a pa e de encon a canciones can adas al amo , o al desamo , nos opezamos con le as dedicadas a la homo obia adqui ida, al de echo de la elección sexual, del espe o que me ece, y sob e odo de los p incipios pa a ene lo. Es en su sencillo Nana del Culo , encon amos es e ema, no ocado po ningún o o en el mundo lamenco, pe o que hoy podemos encon a en di e en es es ilos de música, o en el a e plás ico. El lamenco Quee es un mo imien o que desde hace años podemos encon a en nume osos escena ios y en nume osas le as de canciones. Como podemos e en el espec áculo aído de la mano del baila ín de balle lamenco Manuel Liñán (1980) o del bailao , co eóg a o e in es iga- do en danza Fe nando López Rod íguez (1990). Quien ealizó en 2018 una esis sob e es e mo i- mien o quee en 2020 donde el au o ealiza una in es igación sob e los di e en es lími es del baile lamenco a a és del géne o y de la sexualidad. Encon amos ambién a muchos o os di ec o es de cine quienes ya no solo hablan del lamen- co sino de la adición, -en es e caso la Semana San a- como lo son Jesús Pascual (1997) quien ha ealizado un ilm-documen al llamado ¡Dolo es, Guapa!. Donde na a y cuen a la his o ia de la homosexualidad masculina en elación con es as ies as en Se illa, a mando espacios de encuen o y códigos p opios. En la ac ualidad, nue as iden- idades disiden es siguen espondiendo a es as adiciones: pa icipan o se alejan, con inúan lo que exis e o lo ans o man. En es a película se les da esa isibilidad a es as pe spec i as injus a- men e ma ginadas. De hecho, ambién en el abajo de Lle go, en su único álbum Sanación (2020), encon amos igualmen e una ei indicación de las mino ías, en o no al géne o y la aza, a a és de la música elec ónica, pe cusiones ibales y música soul , música u bana y ecléc ica, con base de R&B, mezclado con el compás lamenco y la elegancia de las cue das de la gui a a (Pé ez, 2020). Es o nos mues a que el duende no es el mismo, no es aquel ‘se ’ que acompañaba al a is a; no en o na la mue e, es pa e de ella, pe o no solo de ella, sino de su imagen. Lo que dijo Lo ca en su con e encia “el duende es un pode y no un ob a , es un lucha y no un pensa ” (Lo ca, 2003, p. 3) pie de oda c edibilidad en el a e lamenco más híb ido que hoy conocemos; el duende es un ob a , el duende necesi a acción, no nace de una esencia, no pe enece al lamenco, como bien nos hace en ende León12, pe enece a la in ención de un a is a que que ía p es igia el pode que me- ecía el a e lamenco, eo izando así la e dade a 12 Es José Ja ie León en El Duende: Hallazgo y Cliché, quien nos hace en ende en sus cua o p ime os capí ulos que Lo ca con undió a sus oyen es con ejemplos áciles pa a ep esen a un se del que nadie había oído nunca habla de la mane a que él lo hizo. Es o nos hace duda de si – e dade amen e- es no able su con ibución en el dicho ‘ ene duende’ o –simplemen e- dis o siona la e dade a esencia del lamenco, no siendo ya la in uición del a is a sino el abajo de una comunidad que c ece al ededo del a e. esencia de es e, lo eso é ico del lamenco. V. REFERENCIAS. V.1. FUENTES PRIMARIAS V.1.1. BIBLIOGRAFÍA Alonso, E. (1984). El insomnio de una noche de in ie no. Mad id: Anag ama. Badiou, A., Bou dieu, P., Bulle , J., Didi-Hube - man, G., Khia i, S., & Ranciè e, J. (2013). Qu’es - ce qu’un peuple? Pa ís: La Fab ique. Ba oja, J. C. (1980). Temas cas izos. Mad id: Is - mo. Ba hes, R. (1953). El g ado ce o de la esc i u a: Y nue os ensayos c í icos. Mad id: Siglo XXI. - (1986). Lo ob io y lo ob uso. Imágenes, ges os, oces. Ba celona: Paidós Ibé ica. - (2010). Mi ologías. Mad id: Edi o es. Bu ín, A. G. (1961). G anada. Guía a ís ica e his- ó ica de la ciudad. G anada: Coma es. Alonso, A. C. (1978). El can e lamenco como ex- p esión y libe ación: las coplas gi ano-andaluzas: una bibliog a ía colec i a. Alme ía. A eneo de Al- me ía C umbaugh, J. (2007). El u ismo como a e de gobe na . Valencia: Ti an lo Blanch. Cul u a, O. V. (2016). Análisis de la cadena de alo y p opues as de polí ica cul u al. P ime in o me sob e el es ado de la cul u a asca. Vi o ia: CAE. F eud, S. (1923). La in e p e ación de los sueños. Mad id: Biblio eca Nue a. Ga cía, J. L. (2010). His o ia del baile lamenco. Se- illa: Signa u a. Ga cía, J. S. (2019). Mundo y o mas del lamenco. La memo ia que nos une. San Vicen del Raspeig: Uni e si a d’Alacan . Gia dini, A., Cacciola, B., Ma oni, M., Ranzini, L., & Sicu o, F. (2017). Sigmund F eud. El undado del psicoanálisis. Ba celona: Sal a . G acia, F. A. (2014). Flamenco y pode . Un es udio desde la sociología del a e. Ba celona: Fundación SGAE. Holheise , R. (2014). The holy longing. The sea ch o a ch is ian spi i uali y. G ea B i ain: Double day Religious Publishing G oup. Jiménez, J. R. (1916-1917). Dia io de un poe a e- cién casado. Mad id: Calleja. Jo ellanos, G. M. (1831). Colección de a ias ob as en p osa y e so. Mad id: Leon Ama i a. Lacan, J. (1966). El es adio de espejo como o ma- do de la unción del yo al como se nos e ela en la expe iencia psicoanalí ica. Buenos Ai es. Nue a Visión. Lapeña, S. C. (2017). C ónica jonda. España: Li- b os del K.O. León, J. J. (2018). El duende, hallazgo y cliché. Se- illa: A henaica. Lo ca, F. G. (1925). Romance o Gi ano. Mad id: Re is a de Occiden e. - (2003). Juego y Teo ía del duende. España: Edi- o ial del Ca do. O ega Cas ejón, J. F. (2011) Can e de las minas, Can e po a an as. Se illa: Signa u a Ediciones. Po a, J. S. (2021). Dame más gasolina. Ba celona: Lib os Cúpula. Rod íguez, A. M. (2021). Flamenco. A queología de lo jondo. Có doba: Almuza a. S a kie, W. (1947). Raggle-Taggle: Ad en u es wi h a iddle in Hunga y and Romania. Mad id: Espasa-Calpe. Wi gens ein, L. (1921). T ac a us logico-philoso- phicus. Nue o Yo k: Ha cou , B ace & Company. V.1.2. REVISTAS Rod íguez, A. M. (2021). Manolo Sanlúca en con- e sación con An onio Manuel. A Flamenco Ca- ha sis. Issue 2. Pp. 21-26. Mad id: A Flamenco Ca ha sis. Ta by, J. P. (1990). Rep esen ación de la amilia en la poesía lamenca. Re is a Candil, nº 68, Cádiz: Uni e sidad de Cádiz. V.1.3. WEBGRAFÍA Be mejos, R. (26 de julio de 2018). Ob enido de: h ps://www.you ube.com/wa ch? =6oZ8S sNRhI . Consul ado en [19/08/2021]. Capa ós, M. (2019). Ob enido de h ps://elpais. com/elpais/2019/01/07/eps/1546863563_564035. h ml. Consul ado en [21/08/2021]. Ca e o, S. R. (13 de ma zo de 2021). Ob enido de: h p://caminosdecul u a.blogspo .com/2021/03/ ce amica- ala e ana-en-las-calles-de.h ml. Con- sul ado en [21/08/2021]. Espec ado . (2011). Ob enido de: h ps://www. lamencopolis.com/a chi es/3464. Consul ado en [21/08/2021]. Ins ag am. (2013). Ob enido de h ps://www.ins a- g am.com/io ino_/. Consul ado en [02/10/2021]. Lampkin, F. (17 de agos o de 2019). Ob enido de: h ps://his o ia-a e.com/ob as/mi-cama. Consul- ado en [21/08/2021]. Ma ínez, J. R. (13 de eb e o de 2012). Ob eni- do de: h ps://docplaye .es/83047370-Dimen- sion-a ec i a-y-manejo-de-la-soledad.h ml. Con- sul a en [22/08/2021]. Neumann, H. 2017. Ob enido de: h ps://www. scielo.cl/scielo.php?sc ip =sci_a ex &pi- d=S0718-43602017000100179&lng=es&n m=iso. Consul a en [02/04/21]. Pé ez, D. 2020. Ob enido de: h ps://www.mon- dosono o.com/c i icas/discos-musica/ma ia-jo- se-lle go-sanacion/. Consul a en [03/11/2021]. Pin o, I. C. (oc ub e de 2017). Ob enido de: h ps:// www.scielo.cl/scielo.php?sc ip =sci_a ex &pi- d=S0718-43602017000100179&lng=es&n m=iso. Consul ado en [25/07/2021]. Tobías, H. d. (2012). Ob enido de: h p://lahis o- iade obias.o e -blog.es/a icle-sabias-que-signi i- cado-y-o igen-de-p esen a -los-pasos-de-las- i - genes-bajo-palio-108249131.h ml. Consul ado en [02/10/2021]. V.2. FUENTES SECUNDA- RIAS V.2.4. FILMOGRAFÍA Amado i, L. C. (di .). (1958). La Viole e a. [Pe- lícula]. P oducciones Beni o Pe ojo Ca acedo, A. & Baha , R. (di .). (2018). El Si- lencio de O os. [Documen al]. El Deseo. Del San o, I. (di .). (2021). Lola. [Se ie-Docu- men al]. 100 Balas, Mo is a +. Escudie , J. (di .). (2017). Cama ón. De la Isla al Mi o. [Se ie-Documen al]. Mediae es, Ne lix España. Fe nández, R. (di .). (1973). Casa Flo a. [Pelí- cula]. Ma iola Films. Ge wig, G. (di .). (2019). Muje ci as. [Película]. Columbia Pic u es. Gómez, M. (di .). (1971). Ri o y Geog a ía del Can e. [Se ie-Documen al]. T e. Ibáñez, N. (di .). (1973). La Gen e Quie e Sabe . [Se ie de TV]. T e. Lucía, L. (di .). (1951). Lola la Picone a. [Pelí- cula]. Ci esa. - (1955). Esa Voz es una Mina. [Película]. A iel. Molina, J. (di .). (1993). La Lola se a a los Pue - os. [Película]. Lo us Films. Mo an e, A. (di .). (2018). Cama ón. [Documen- al]. Loli a Films. Ne ille, E. (di .). (1952). Duende Y Mis e io del Flamenco . [Documen al]. Sue ia Films. Pascual, J. (di .). (2021). ¡Dolo es, Guapa! [Docu- men al]. An onio Rosa Lobo. Sasla sky, L. (di .). (1962). El balcón de la Luna. [Película]. Sue ia Films. Sau a, C. (di .). (1995). Flamenco [Documen al]. Gene al de P oducciones y Diseño. V.2.5. DISCOGRAFÍA De Elche, N. (2018). An ología Del Can e Flamen- co He e odoxo. [CD]. Sony. De la Isla, C. (1979). La Leyenda del Tiempo. [Ál- bum CD]. PolyG am. Fe nández, I. (2020). Amo . [CD]. Uni e sal Mu- sic Spain. - (2021). La Inocencia. [Single]. Uni e sal Music Spain. Flo es, L. (1973). La Za zamo a . [Vinilo]. Regal. Lle go, M. J. (2020). Sanación. [CD]. Sony. Lole Y Manuel (1975). Nue o Día. [CD]. Mo ie- play. - (1983). Al Alba con Aleg ía. [CD]. Discos CBS. Ma ínez, L. A. (1991). Canción y Sen imien o. [CD]. EMI Odeón Chilena. Mo en e, E. (1996). Omega. [CD]. El Eu opeo. Mo en e, E. (2001). Mi Can e y un Poema. [CD]. Vi gin Reco ds España. - (2001). Calle Del Ai e. [DC]. Vi gin Reco ds Es- paña. - (2006). Muje es. [CD]. EMI Music Spain. Po eda, M. (2012). A eSano . [CD]. DiscMedi Blau Rome oMa ín (2020). Mani ies o. [S eaming]. G ound Con ol. Rosalía (2017). Los Ángeles. [CD]. Uni e sal Spain. - (2018). El mal que e . [CD]. Sony. “Hay cie os empe amen os demasiado nobles pa a e ena los y demasiado al i os pa a doblega los”. Muje ci as, 2019 cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. 27 Apo ación 1. 6. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela. 28 Apo ación 1. 7. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela. 29 Apo ación 1. 8. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. 31 Apo ación 1. 9. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica ÍNDICE APORTACIONES Apo ación 1. 1. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es , 45 x 180 cm. Ilus ación digi al pa a el suda io. 23 Apo ación 1. 2. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela. 24 Apo ación 1. 3. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. 25 Apo ación 1. 4. Una Cama De Espinas Y Un Te- cho De Luna es, 2021, 90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. 26 Apo ación 1. 5. Una Cama De Espinas Y Un Te- sob e ela. 32 Apo ación 1. 10. Una Cama De Espinas Y Un Techo De Luna es, 2021, 160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela. 35 Apo ación 2. 1. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 42 Apo ación 2. 2. El Asesina o Al Duende, 2021, 5 x 5 cm. De alle dibujo sob e papel 100 g . 44 Apo ación 2. 3. El Asesina o Al Duende, 2021, 5 x 5 cm. P oceso ma iz de o og abado. 45 Apo ación 2. 4. El Asesina o Al Duende, 2021, 30 x 25 cm. Fo og abado sob e ela. 46 Apo ación 2. 5. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 47 Apo ación 2. 6. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 48 Apo ación 2. 7. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. F agmen o de ins alación de o o- g abado. 49 Apo ación 2. 8. El Asesina o Al Duende, 2021, 121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 50 La idea cen al de es os Anexos es ce a la línea que se ab ió al inicio de es e T abajo de Fin de Más e a a és de Lo ca y su con e encia Juego y Teo ía del Duende en donde, al habla de las es igu as me a ó icas mencionadas po él -la ‘musa’, el ‘ángel’ y el p o agonis a de es e abajo, el ‘duende’-, de endía el poe a que és e úl imo se cons uye en comedido an agonismo con las o as dos me á o as que, en el camino ans o - mado de la con e encia, an siendo ambién e o muladas y econs uidas. Pa a cualquie pe sona de una cul u a media, ángel y musa p esen an una silue a ní ida y es án muy do adas de con enido, y Lo ca no igno a que, en al sen ido, el duende, más que imp ecisión o al a de ca ác e , posee e e en es p e ios que él mismo ha de p ocu a a incona con pe icia. Pa a log a la delineación de su obje o, apa e de munición e ó ica y anecdó ica, se se i á del apoyo que, po pa angón, ángel y musa an a p es a le, no en ano ambas son imágenes ac e- di adas y de la ga ayec o ia, además de al amen e pe soni icadas: en nues as coo denadas cul u ales se cuen an po milla es sus ep esen aciones a ís icas y li e a ias. (Rod íguez, 2018, p. 251). Po ello, apos amos como colo ón a es a in es- igación comple a nues a eo ía en anexos a a és de una o ma a ís ica p opia de la cul u a andaluza cuya mane a de apoya se en la his o ia de imágenes, ya igu adas en la men e de la ci i- lización, es simila a lo que se p opone con es e ANEXOS: I. La emá ica lamenca en sus le as. Anexo de le as lamencas. ANEXO 1 Le a del au o y polí ico JUAN ANTONIO CAVESTANY. Fecha desconocida. Poema in e p e ado en can e po Ma uji a Díaz (1932-2015), quien combinó el poema con música Pop-elec- ónica en 1997. En es e p ime anexo, la le a de la canción habla de las ie as andaluzas. Es una mane a ágil de explica que el andaluz es un homb e abie o, hablado , sencillo y p esume de expe o. Suele busca con ac o con descono- cidos y les o ece una con e sación o un monólogo ácilmen e. Es á muy o gulloso de las cosas bellas que hay en Andalucía. Es á con encido de que Pa ís no puede compe i con Se illa. Le a: EL PARQUE DE MARÍA LUISA. Escuche us é’, amigo: ¿Ha es ao us é’ en Se illa? ¿Ha is o us é’ el Pa que de Ma ía Luisa? ¿Que no lo conoce?, ¿Que no ha es ao us é’ allí? ¡Pues us é’ no sabe lo que es un ja dín! No señó, no lo sabe us é’, ¡se lo digo yo! El Pa que - el pa aíso, es á en la o illa del ío más juncal y más cañí que hizo Dios pa’ luci se haciendo íos: el Guada qui í’. El ío de la g acia y del sale o que en eso da lecciones has a al ma , po que el ma es más g ande y ié más agua, pe o menos sal. Un cachi o de ie a o un cachi o de glo ia se puso a echá lo es, se puso a echá osas, cla eles y azaha es y na dos y a omas. ¡Vamos, que las plan as se ol ie on locas! Y salió aquel Pa que... ¡Ay, Jesú, qué cosa! Como pa’l egalo de una eina mo a, o pa a que los ángeles u ie an al omb a; un man ón de Manila con mil bo daos, donde los paja illos no son pin aos, sino de e as. ¡Hay uiseño es que can an po pe ene a! Un man ón que deslumb a con sus e lejos, donde las osas nacen en e azulejos, y po he mosas, ambién co en la uen e sob e las osas. ¿Quién bo dó ese pañuelo de ped e ía? El sol, ¡el sol bendi o de Andalucía! Pañuelo mo o, al que le dio po lecos sus ayos de o o. En in, que ése es un Pa que ne o, se ano, andalú, con hechu as, juncal, gi ano, la ma a illa, el pañolón... de lo es de mi Se illa. Pos mié us é una cosa que no a a c eé: ese ja dinillo lo giso un ancé. ¿Qué end á mi ie a, yo me jago c uces, que has a a los anceses les uel e andaluces? ¿Qué di á el gabacho cuando aya al Boá? Es o es cualquie cosa, pa ja dín allá. Él que á de ijo, si se a a Pa ís, jace o o Pa que como el que hizo aquí. Y no a a sali le, ¡qué le a a sali !, si el sol de su ie a pa ece un candil y a las jemb as dicen: madám... po gachí, que engan p ime o si quie en lucí a ap ende el Sena del Guada qui í. Los cla eles del Pa que de mi Se illa se suben ellos solos a la man illa, con las que en mayo nacen en su linde o hay pa cub i de osas el mundo en e o. Ca na anjillo iene diez uiseño es y es aquello una o gía de luz y lo es. Cuando en e los osales que besa el ío, eh, pasa dándoles celos el muje ío, aquello es glo ia pu a que Dios en ía... Vamos... ¡la bo ache a de la aleg ía! To se íe: las lo es, la ie a, e ien o... ¡has a el cielo pa ece que es á con en o! que el cielo en es as a des dice a Se illa: ¡Buen ja dinillo ienes!... ¡Anda, chiquilla!... Dios mismo es quien ’ha dao u pañolón... ¡Vaya si es ás se ana con el man ón! ¿Y us é no ha es ao nunca en el Pa que aquel? Pues us é no sabe lo que es un e gel. No señó, no lo sabe us é, ¡se lo digo yo! ANEXO 2 Tango esc i o po el can ao MIGUEL POVEDA Canción pe enecien e al álbum A esanos , 2012. En es a le a emos que la aleg ía andaluza siemp e ha sido e a ada en sus le as. Y que no solo se puede can a a a és de la melancolía, sino que lo ‘absu do’ ambién es pa e de lo lamenco. Le a: TRIANA, PUENTE Y A PARTE. ¡T iana! (Olé) Ay, uh... Ven e conmigo y ha emos Ven e conmigo y ha emos Una choci a en el campo Y en ella nos me e emos Una casi a en el campo Y en ella nos me e emos (Dale) La Gui a ina... Y a la Gui a ina Su pad e le a a comp a Y que pa’ la e ia un man ón de lina Su pad e le a a comp a Y que pa’ la e ia un man ón de lina E a mi p imi a he mana una linda ca lo e a (Toma, que oma, ómala) Se manda a hace un es i’o Y no le paga a la cos u e a Un eloj ma ca’o... Un eloj ma ca’o con las ho as Y los minu os del mal pagui o Que ú me has da’o “Dame dos pese as” (“No me da la gana”) “Cóge e del b azo” (Vamos pa T iana”) Tu ma i’o en la e a, yo con el aile Y aho a sí que no paso yo Po debajo de u balcón No se aya a desp ende Y a mí me mande a San Juan de Dios Si ú quie es baila la umba Con la pa a a ás Si quie en sabe ... Si quie en sabe Los pasos que doy Los pasos que doy Ven e as de mí Que a T iana oy Y a T iana oy Tú lo qui as, yo pongo Tú lo qui as, yo los pongo Ca eles po las esquinas... Y al pasa po la calle la Ampa o Una ieja a mí me llamó Y me ajo unas ije as Con más mojo que un la ón Y el amola’o , y el a ila’o Que a ila cuchillos, que a ila na ajas Que aigo la pie’ a del amola’o Mi niña... le gus an las papas con a oz T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón (Tu ma i’o en la e a, yo con el aile) T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón (Tu ma i’o en la e a, yo con el aile) T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón (Tu ma i’o en la e a, yo con el aile) T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón (Tu ma i’o en la e a, yo con el aile) T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón ANEXO 3 Segui iyas esc i as po ANTONIO MAIRENA En 1964, in e p e adas po Tomás ‘el Ni i’ y ‘El Fillo’. La mad e es uno de los pe sonajes que más apa ece en las coplas lamencas, u ilizada como me á o a pa a ex- p esa el dolo , la idelidad, el amo , la en ega y igu a impo an e como eslabón en las elaciones amo osas, unas eces como p ohibición y censu a. Lo más des acable es su aspec o posi i o, dice Jean Paul Ta by (1963): “la mad e ocupa un luga p eponde an e. Es ella quien se bene icia de la mayo can idad de a ección, g a i ud y espe o po pa e de los demás” (Ta by, 1990, p. 34). En es e caso, se a a de la sueg a. Le a: NO ME RESPONDIÓ Po aquella en ana que al campo salía le daba oces a la mad e de mi alma que no me espondía Ma as e a mi he mano no e he pe donado ú lo ma as e liadi o en su capa sin hace e nada. Malagueñas de T ini, in e p e adas po Cobi os, echa desconocida: CUANDO SE MUERE UNA MARE Cuando se mue e una ma e no la debían de en e a debían de embalsama la y me e la en una u na de c is al pa que sus hijos puedan e la. ANEXO 4 Esc i o DESCONOCIDO En 1929. Le a del andango in e p e ado po ‘El Aguje as’ (1939-2015) o Manuel To e, o en Malagueñas po An onio de Canillas (1929-2018). El amo es un ema uni e sal. En el lamenco es adical y se da en muchos en es: a la mad e, a la muje , al o o… co espondido, no co espondido, ágico, sal aje, i acional, de ini i o. Como siemp e, la adicalidad de las coplas lamencas hace que en es e ema el amo sea an ue e que ascienda a la ida. Le a: LA VIDA SE LE ACABABA. A la muje que yo que ía la ida se le acababa yo la i en la agonía le dije que no llo a a que has a mue a la que ía. Flo blanca e aigo de un almend o que la co é del igal y compa o sus colo es con los uyos, Soledad cuando me hablan de amo es. Una paloma blanca e aigo que ui al nido y la cogí dejé a la ma e llo ando como yo llo o po i la sol é y se ue olando. Concha llena de luna es Solo i a mi pob e mad e que muy a ligida es aba. Ella dueña de mis penas pob eci a mad e mía Llo a y llo a desconsolable po mi sue e noche y día. Ya mi hicie on el ju ado con odo el ue e Rigo cumpli é la ga condena as la eja del dolo . Oye muje de mi ida no me engas a llo a ya que no me qui as mis Penas no me las engas a da ya que no Me qui as mis penas no me las engas a da . La ilus ación ha sido una mane a más de e- p esen a el p esen e T abajo de Fin de Más e la esencia de la cul u a. U ilizando así su simbolo- gía y su supe s ición a aigada a las c eencias de sus habi an es. La escena andaluza jun o a la lamenca ha se - ido de inspi ación pa a encon a , en e ellas, una mane a di ec a de abo da emas, a a és de dichas ilus aciones, como la o ien ación sexual, el sexo, la libe ad, el desamo , la aleg ía, y cuan- os ac o es in e engan en e es os concep os. A a és del sa casmo a eces, o as desde la oman- ización del espacio. El au o e a o y la ca ga que es e conlle a es símbolo de una his o ia eal, con ada del au o al espec ado di ec amen e. II. Ilus aciones pa a el de eni andaluz. ANEXO 9 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. La p ueba de. Fig. 8: Ad ián Io ino. La p ueba de. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 8 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. Final del e ano. Fig. 9: Ad ián Io ino. Final del e ano. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 9 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. No engo más aleg ías que cuando mien an u nomb e. Fig. 10: Ad ián Io ino. No engo más aleg ías que cuando mien an u nom- b e. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 10 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. Un sueño en agos o. Fig. 11: Ad ián Io ino. Un sueño en agos o. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 11 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. Un día más. Fig. 12: Ad ián Io ino. Un día más. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 12 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. La pe e sión. Fig. 13: Ad ián Io ino. La pe e sión. (2021). Ilus ación mix a. ANEXO 13 ADRIÁN IOVINO 2021 Ilus ación mix a. Fo ma o digi al. La niña de la pue a oscu a. Fig. 14: Ad ián Io ino. La niña de la pue a oscu a. (2021). Ilus ación mix a.