El asesinato al duende. El lenguaje inefable de la esencia en la cultura andaluza
Abstract
Este Trabajo Fin de Máster plantea una investigación teorico-plástica entorno al flamenco y la cultura andaluza con un concepto clave como lo es el duende
Full text
EL ASESINATO AL DUENDE.
EL LENGUAJE INEFABLE DE LA ESENCIA EN LA CULTURA ANDALUZA.
Ad ián Io ino López
TRABAJO DE FIN DE MÁSTER
pa a op a al Tí ulo de Más e O icial en A e: Idea y P oducción po la Uni e sidad de Se illa
Au o :
Ad ián Io ino López
Fi ma de la alumno:
Tu o a:
Ma ía Luisa Vadillo Rod íguez
Vº. Bº de la Tu o a:
Se illa, 29 de no iemb e de 2021
RESUMEN
Es e T abajo Fin de Más e plan ea una in es igación eó ico-plás ica en o no al lamenco y la cul u a anda-
luza, con un concep o cla e como lo es el duende. Desde es a idea p incipal su ge una emá ica en o no a la
his o ia de su nacimien o como si odo llega a de la c eación del me al en la agua gi ana. El pun o más im-
po an e pa a es a in es igación se encuen a en la con e encia que Fede ico Ga cía Lo ca hace en 1933
Juego
y Teo ía del Duende.
C eando un concep o an in e nacional como lo es el ene duende. Esa con e encia es
el ge men de es a in es igación an o eó ica como en la pa e p ác ica. Es e concep o que nos enseña Lo ca
nos lle a al lamenco y la cul u a andaluza ligando así odo es e T abajo de Fin de Más e con es a co ien e
cul u al. Hablando así del lenguaje; de la his o ia; y las adiciones eligiosas, que a ec an a la sexualidad a
a és del pecado eligioso, ex ao dina ias que ae consigo es a cul u a española. Dejando e una c í ica, en
las Apo aciones A ís icas, hacía el ‘pa aje’ al que ha sido some ido el duende desde que Lo ca lo mencionó
en 1933.
Palab as cla e:
Duende, lamenco, adición, lenguaje, culpabilidad, sexualidad, cul u a, his o ia, globalización.
ABSTRACT
This Mas e ’s Thesis p oposes a heo e ical-plas ic in es iga ion a ound lamenco and Andalusian cul u e,
wi h a key concep such as he duende. F om his main idea a ises a heme a ound he s o y o his bi h as
i e e y hing came om he c ea ion o me al in he gypsy o ge. The mos impo an poin o his esea ch
is ound in he con e ence ha Fede ico Ga cía Lo ca ga e in 1933,
Juego y Teo ía del Duende
. C ea ing a
concep as in e na ional as ha ing a duende. This con e ence is he ge m o his esea ch bo h heo e ically
and in p ac ice. This concep ha Lo ca eaches us akes us o lamenco and Andalusian cul u e, hus linking
all his Mas e ’s Thesis wi h his cul u al end. So speaking o language; o his o y; and eligious adi ions,
which a ec sexuali y h ough eligious sin, ex ao dina y ha his Spanish cul u e b ings wi h i . Showing
a c i icism, in he A is ic Con ibu ions, he made he ‘place’ o which he goblin has been subjec ed since
Lo ca men ioned i in 1933.
Keywo ds:
Duende, lamenco, adi ion, language, guil , sexuali y, cul u e, his o y, globaliza ion.
ÍNDICE
I. INTRODUCCIÓN 20
I.1.MAPA CONCEPTUAL 24
I.2. METODOLOGÍA 26
I.3. OBJETIVOS 28
OBJETIVOS GENERALES 28
OBJETIVOS ESPECÍFICOS 29
II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS 32
II.1. Apo ación 1:
UNA CAMA DE ESPINAS Y UN TECHO DE LUNA-
RES 32
II.1. A. Ca alogación de la ob a. 32
II.1. B. P oceso de c eación y p oducción. 48
II.2. Apo ación 2:
EL ASESINATO AL DUENDE 54
II.2. A. Ca alogación de la ob a. 54
II.2. B. P oceso de c eación y p oducción. 66
III. SEGUNDA PARTE: 80
ARGUMENTACIONES TEÓRICAS 80
III.1. La Vida del Duende 80
III. 1.A. Nacimien o. La Cuna y La Nana 80
III. 1.B. La F agua 85
III. 1.C. Cuchille ía 87
III.2. El Duende en la Cul u a 90
III. 2.A. Desde el lamenco. 90
I. INTRODUCCIÓN
La in es igación que con o ma el p esen e T a-
bajo de Fin de Más e comenzó as habe leído
la con e encia i ulada Juego y Teo ía del duende
que impa ió Fede ico Ga cía Lo ca (1898-1936),
eci ada po p ime a ez en Buenos Ai es en 1933
(Lo ca, 2003) De es e encuen o nació una in es-
igación e in e p e ación del é mino
mi opoé ico
y una necesidad ín ima de ec ea lo de un modo
especí ico en mi ob a g á ica. Supone así un es u-
dio de iden idad po la cul u a que me p ecede y
la con inua necesidad que mi ob a demanda po la
búsqueda de espues as hacia p egun as an enig-
má icas que se han in ensi icado en es os iempos
de u u o incie o que es amos expe imen ando.
Un mundo lige o, que ca ece de i meza y de
paciencia, de e minado en ocasiones po las edes
sociales que bomba dean de imágenes nues os
ojos y que nos inci an a i i en una con inua alsa
isual, en una pose acía de con enido espi i ual,
a pesa de que la mayo ía de noso os enemos
necesidad de esponde nues as p opias p egun as
de iden idad. Todos que íamos ene una condi-
EL ASESINATO
AL DUENDE. EL LENGUAJE INEFABLE DE LA ESENCIA DE LA CULTURA ANDALUZA.
Ya sabemos que las leyendas ienen más jugo que los documen os.
ROMÁN GUBERN
ción única y pe sonal que nos de ina, un pe il eal
que des aque o apo e un impac o undamen al en
noso os o los demás.
Po ello nos p egun amos: ¿Exis e a día de hoy esa
condición casi mágica llena de po encia c ea i a y
mis e io de la que Lo ca habló? ¿Qué con iene hoy
en día ese duende?, ¿dónde pod íamos encon a -
lo? Así, es e abajo nace de es as inquie udes, de
la necesidad y del enamo amien o del a e anda-
luz, de la e lexión en o no a las aíces que hemos
c eado en nues o suelo, de ese empuje de ene gía
que me conduce a la admi ación de mi p opia
cul u a. Nues a in ención es jus i ica la in es i-
gación con la eo ía encon ada del duende, desde
las p ime as palab as conocidas de la mano de
Lo ca en su con e encia de 1933, has a el es udio
que hace José Ja ie León en
El duende: hallazgo y
cliché,
donde desmon a y econs uye odo lo que
un día dijo Lo ca.
Conocemos el a e andaluz po un nu ido núme o
de eó icos, esc i o es, pin o es, baila ines, e cé e-
a, que han do ado de una eo ía o ó mulas pa a
es as disciplinas que nacen de es a nues a cul u a.
Teo iza el a e, llega a su núcleo, es lo más pa e-
cido a descompone una lo has a e la ma chi a .
En es os iempos, nues os o ígenes es án apados
con un elo que se ca ac e iza po el exceso de ba-
oquismo en cuan o a simbolismos. Pa a en ende
‘el duende’ desa ollamos es e T abajo de Fin de
Más e , an o en su dimensión eó ica como plás-
ico-a ís ica, una explo ación que nos lle e a las
idealizaciones del lamenco y de la cul u a andalu-
za. Po lo que el abajo es á condenado en cie o
modo a asesina a es e ‘duende’, delan e de odos.
Al in y al cabo, odo se esume en que ‘el duende’
ha desgas ado su p opia esencia cul u al, su e -
dade a iden idad se ue diluyendo en su camino
hacia la ac ualidad, as oda la búsqueda eó ica
del a e lamenco y de la cul u a andaluza; las cosas
más esenciales de es os ámbi os ue on decayendo,
no hacia un mal luga sino hacia el lado con a io
del que iene.
I.1.MAPA CONCEPTUAL
EL DUENDE
El lamenco
La adición El lenguaje
La cul u a andaluza
Fede ico
Ga cía
Lo ca
Fe nando
López
Rod íguez
An onio
Manuel
Rod íguez
J o s é
Ja ie
León
II.1. Apo ación 1:
UNA CAMA DE ESPINAS Y UN TECHO DE LUNARES
II.1. A. Ca alogación de la ob a.
Ob a se ig á ica y
ideope o mance.
Fo o de la cama azul [90 x 200 cm.], suda io se ig á ico del o o [45 x 180 cm.], sábana blanca [160 x 225 cm.],
suda io se ig á ico de la sábana blanca [45 x 180 cm.]
Videope o mance
[4’02’’]
2021
II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS
II. PRIMERA PARTE: APORTACIONES ARTÍSTICAS Apo ación 1. 1.
Una Cama De
Espinas Y Un Techo De Luna-
es
,
45 x 180 cm. Ilus ación digi al
pa a el suda io.
Apo ación 1. 2.
Una Cama De Espinas Y
Un Techo De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es am-
pa] Es ampa se ig á ica sob e ela.
Apo ación 1. 3.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa]
F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela.
Apo ación 1. 4.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa]
F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela.
Apo ación 1. 5.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x 180 cm. [Es ampa]
F agmen o es ampa se ig á ica sob e ela.
Apo ación 1. 6.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa]
Es ampa se ig á ica sob e ela.
Apo ación 1. 7.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa]
Es ampa se ig á ica sob e ela.
II.1. B. P oceso de c eación y p oducción.
La ob a
Una Cama de Espinas y Un Techo de Lu-
na es
se plan ea como una ins alación en la que
el espec ado se in eg a en una habi ación oscu a
con dos elemen os colocados en los ex emos
la e ales de la habi ación: una de las ob as es el
o o de la cama colgado del echo en un sen ido
e ical, en la que se mues a el suda io se ig á i-
co. F en e a és e es a ía colocada la sábana blanca
con el o o suda io, el luga donde es á la p oyec-
ción de la
ideope o mance.
Es a ob a se con igu a en o no a la signi icación
del espacio que ocupa, concediendo al públi-
co que se aden a en el mismo la capacidad de
in e ac ua lib emen e con los elemen os de dicha
signi icación. Es a colocación gene a en la pieza
una dinámica de in e acción con el espec ado de
mane a p esencial, gene ando una p opues a que
el p opio espec ado dimensiona á en su in e io ,
dándole impo ancia no solo al p oyec o sino
ambién a lo que el ambien e p opone.
Es a pieza a a plás icamen e la emá ica de la
cul u a y las adiciones desde una escala gigan-
esca, del emendo impac o que su huella ha
dejado en mí, en la cul u a y aíces andaluzas. El
o igen de la ob a se si úa en la idea inicial de u i-
liza la ase ‘Una cama de espinas y un echo de
luna es’; una ase que siemp e he u ilizado pa a
esumi el insomnio que he su ido a lo la go de
los años. El obje i o e a c ea una ob a
ins ala i-
a
es e p oceso del no-sueño como un elemen o
que ec ea a el palio de una p ocesión de Semana
San a.
El palio es á compues o po un dosel sos enido po
doce/ocho a ales; que comp ende un echo sob e
bas ido al que se le adosan a los lados las bambalinas;
pudiendo es as se de muy di e sas ipologías. Los
o ígenes de ep esen a a las í genes bajo palio hay
que emon a lo a la li u gia de las iglesias ca ólicas
o ien ales (ej. Ri os o odoxos) en las que se usaba un
baldaquino (del i aliano baldacco que signi ica Bagdad)
en o ma de cúpula de icas elas que se lle aba suje o
po a ios palos po ados po a ias pe sonas, pa a
cub i el San ísimo Sac amen o, eliquias, sace do es
de la al a je a quía, o eyes, pa a p o ege los de la llu ia
en las p ocesiones. De un o igen pu amen e li ú gico,
po ex ensión se u ilizó en cie as solemnidades pa a
esgua da a los mona cas en sus desplazamien os
(Tobías, 2012).
Es e icono ha sido un mo i o cla e pa a el can-
e lamenco ya que ha sido el p o agonis a de
algunas le as como, po ejemplo, de las sae as:
In
nomine Dei
(ABC, 2021) donde se can a ex-
p esamen e a es a pa e de la p ocesión o Ma ía
San ísima de la Candela ia (He mandad De La
Candela ia, 2017). Aunque ambién ha sido u i-
lizado pa a e e i se a la muje gi ana amada, en
una compa ación de és a con la misma Mad e de
odos los c is ianos, en un p oceso ex ao dina io
que p e ende mos a poé icamen e la admi a-
ción y amo po la pe sona desc i a.
En nues a Apo ación nº 1, bajo nues o ‘palio’
hab ía una cama que ha ía de
pa igüela
llena de
es ampaciones se ig á icas de espinas acompaña-
da de un echo de luna es que ealiza la unción
de palio. La idea o iginal ue e olucionando,
eliminando o modi icando algunos aspec os éc-
nicos como el de u iliza el o o habi ual de los
colchones como sopo e pa a la se ig a ía, mien-
as que o os elemen os se queda on.
El o o con iene esa se ig a ía inicial con la
imagen de un suda io pe sonal que c eé pa a
es a es ampación. Un elemen o que, a su ez, se
se ig a ió
en una sábana blanca en la que se p o-
yec a un ideo en bucle de cua o minu os donde
apa ecen imágenes p opias del au o en la cama,
en esa ase en e el sueño y el insomnio, acompa-
ñadas po unos luna es que an ondando po la
imagen. Son dos piezas que mues an ese insom-
nio del que an o hablo y que pe o a la cama
dejando una huella en cada espacio eco ido de
la misma. Una especie de suda io que acompaña
el ma i io de una noche sin descanso o un día
sin inal, un con inuo despe a que aca ea una
se ie de p oblemas en quien lo su e.
Es a ob a es á plan eada pa a se expues a como
una ins alación en la que in e ienen dos piezas
con la misma se ig a ía y sonidos lamencos jon-
dos que acompañan al ambien e. Como hemos
señalado, una se á la ins alación del o o de la
cama con el suda io es ampado como pieza única
y, po o a pa e, una sábana blanca con la es am-
pación que se i á de ela de p oyección en la que
mos a el ideo de una noche de insomnio y la
edición de los luna es ondando po la imagen.
El ac o de escasez de luz en el ambien e pa a la
p oyección del ídeo do a á a la pieza del halo
de oscu idad de la que saca á pa ido la imagen
que se mues a es ampada, simila a la mue e o
la imagen que enemos de ella. Dicha ins alación,
en gene al, p e ende mos a un espacio ín imo,
en la soledad de la noche, con el in de pode e-
c ea en ella una especie de habi ación del a is a,
como en el céleb e óleo de Vincen Van Gogh
(1853-1890)
El do mi o io en A lés
, ealizado
en 1888, donde el a is a mos aba la in imidad
de su habi ación, que iendo pone en alo su
iden idad, la anquilidad y ambién esal a la
sencillez de su do mi o io.
Fig 1: Vicen an Gogh,
El Do mi o io de Á les,
(1888). 70’5 x 90 cm. Óleo sob e lienzo.
Fig 2: F ancisco de Goya,
El sueño
de la azón p oduce mons uos,
(1799). 21’3 x 15’1 cm. (huella)/30’6
x 20’1 cm. (papel). Agua ue e y
agua in a sob e papel e ju ado
ahuesado
II.2. Apo ación 2:
EL ASESINATO AL DUENDE
II.2. A. Ca alogación de la ob a.
G abado sob e ela.
Ma iz de o og abado [21 x 29,7 cm.], le as indi iduales [5 x 5 cm.], olan e medio [45 x 25 cm.], cue das
colgado as [100 cm.].
2021
Apo ación 2. 1.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado.
Apo ación 2. 8.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado.
II.2. B. P oceso de c eación y p oducción.
Pa a la c eación de la Apo ación A ís ica nº 2
i ulada
El Asesina o al Duende
se ha lle ado a
cabo una me odología de p oyec o muy di e en e
a las que es aba acos umb ado a desa olla . Aun-
que, po lo gene al, cada indi iduo como c eado
a ís ico suele segui las mismas pau as, a eces
és as cambian su o den y dan de esul ado ob as
muy di e en es hechas po las mismas manos y
expe iencias.
Habi ualmen e, he lle ado a cabo ob as de dibu-
jo, elacionadas con mi expe iencia pe sonal y
mi cul u a andaluza. Desde el dibujo he que ido
exp esa a a és de la ilus ación si uaciones que
me odeaban, una especie de ac i ismo a ís ico
que iene como público obje i o las edes socia-
les. Es as edes sociales (@io ino, 2013) siemp e
han es ado elacionadas con mi ob a, po lo que
–sin apenas da me cuen a- he ido c eciendo en
muchas ca ac e ís icas que componen es e mun-
do an complejo pe o explíci o. Es e conocimien-
o me ha lle ado a c ea una ob a ápida y ac i is-
a, ya que ac ualmen e la mayo ía de las cosas que
decimos pueden ene ese lado comp ome ido.
Con odo es o, quie o exp esa que el comienzo
de mi ob a iene del conocimien o de es as edes
e in en a pensa más allá de ellas pa a con e i
mi p opio discu so pe sonal en un p oyec o con-
solidado, an o den o como ue a de es as.
Pa a empeza , es a ob a es una e olución del
dibujo a la ins alación. Concebida en el dibujo
y con ma cas de él, pe o lle ada a o as dimen-
siones o pe spec i as que años a ás no end ían
cabida en mi mane a de c ea o en ende mi
p oducción, que ha ido madu ando. Las piezas de
es e p oyec o no son lo único que pe du a á en la
imagine ía que in en o consegui con odas mis
ob as.
En p ime luga , es impo an e ecalca el p oce-
so de ges ación de es a ins alación. Se conside a,
en nume osas ocasiones, que pa a se uni e sal
hay que se local, y que solo mi ando den o de
noso os mismos log a emos encon a algo con
lo que los demás puedan sen i se iden i icados.
Pe o, es o a eces no es ácil de explo a , odos
con enemos di e en es e siones de noso os mis-
mos, nume osas ‘másca as’ que usa an e los de-
más “en el sen ido de que se á ambién el onco
de las iden i icaciones secunda ias” (Lacan, 1966,
p. 100). Lacan (1901-1981) de inió ‘El Es adio del
Espejo’ como ese momen o donde nos encon-
amos con nues a p opia imagen po p ime a
ez, con la conciencia del
yo
, lo que nos lle a ía
a gene a unas cie as conduc as di e en es de
noso os mismos, no po que seamos di e en es,
sino que no asimilamos nues o yo con la ima-
gen que hemos c eado de noso os mismos. Tal
y como Lacan explica, encon a nos con nues-
a p opia imagen es un engaño, a la ez que un
desengaño, es pone le espues a a una p egun a
que aún no nos hemos hecho ya que, según él,
nues o p ime ‘encuen o’ apa ece en e los die-
ciséis y dieciocho meses. Po lo que el p oceso de
in e io iza pa a conoce nos y desa olla nues-
a iden i icación consis e en un abajo que as
descub iendo a medida que abajas una idea, esa
idea p incipal que siemp e es u o ahí pe o que,
quizás, en ocasiones inalmen e no se desa olla.
A o unadamen e, coincidiendo con los meses
de o mación del más e , he encon ado el mejo
camino con el que o maliza es e p oyec o. He
dis u ado y su ido odas sus di e en es mani es-
aciones, y es que una idea puede ene millones
de aíces dis in as. Po ello, es impo an e con a
odo el p oceso po que es e o ma á pa e del
esul ado inal y, en mi caso, no quie o deja lo de
lado.
Comencé ealizando la p ime a pa e del abajo,
las le as. Es a ipog a ía es muy ca ac e ís ica, en
su o ma o ce ámico, como elemen os dis in i os
que nomb an las calles andaluzas, una p esencia
imp escindible en la cul u a popula desde 1791
cuando La Real Audiencia de Ex emadu a en-
ca gó una se ie de azulejos pa a la nomencla u a
de calles y nume aciones de casas de Cáce es. Se
inició así una adición que pe du a á en nues o
país has a la ac ualidad. Fue en los años 30 del
siglo XX, cuando se enca gó a la Escuela O icial
de Ce ámica de Mad id ealiza placas a ís icas
de azulejos con imágenes pa a que ilus a an la
his o ia de cada calle o plazas del cen o de múl-
iples ciudades, ac i idad que se pa alizó debido a
la Gue a Ci il española (1936-1939). No obs an-
e, en 1992 el Ayun amien o de Mad id ajo de
uel a es a p opues a a manos de Al edo Ruiz de
Luna (1948-2013) de Tala e a de la Reina. Po lo
an o, p ime o llega on las le as y más a de las
ilus aciones de algunas calles, de las que quedan
pocas mues as en los cen os his ó icos de nues-
as ciudades (Ca e o, 2021).
La imagine ía de es as piezas es undamen al pa a
la ob a que p esen o como apo ación. Pa a ella,
ui ealizando mis p opias le as con la apa ien-
cia de es as ce ámicas, pa a lo que documen é a
a és de la o og a ía nume osas calles del cen o
de Se illa, de mane a que es e es udio de campo
me pe mi ió i componiendo a a és de nume-
osas o og a ías el abeceda io español comple o.
A pa i de es os e e en es comenzó la c eación
de los dibujos que, en p incipio lo hice de mane-
a au ónoma, pe o al e el esul ado del dibujo
puse en alo es a ase de la p oducción g á ica,
po lo que
decidí u iliza lo pa a es e p oyec o. Desde el p in-
cipio, quise c ea es e abeceda io pa a ene a mi
disposición un ex enso conjun o de posibilidades
sabiendo, desde un p ime momen o, que algunas
de las le as no se ían u ilizadas.
Una ez ob enido el al abe o dibujado simulando
la ealidad ce ámica, el siguien e paso del p oce-
so ue lle a lo a o og abado. No con la idea de
ealiza una se iación de ob a clásica de g abado,
sino ompiendo con es a misma pa a gene a una
ob a g á ica cuya ep oducción pod ía gene a
muchos esul ados y a ias ob as inales. Me
in e esaba, como he señalado al inicio, un p oce-
so que pe mi iese cie a lexibilidad de ejecución,
po lo que que ía deja una pue a abie a hacia
posibles cambios u u os que pudie an acili-
a me el pode goza odas es as posibilidades a
a és de las le as, el lenguaje y el al abe o de la
lengua española.
El hecho de u iliza el dibujo a a és del o o-
g abado apa ece de la necesidad in e io de c ea
mis p opios signos, como ese diag ama ocul o
del pensamien o in e io izado. Al con e i odos
los pensamien os que se han c eado después de
aquellas o og a ías, omadas de las ce ámicas, el
dibujo se ía la e dade a esencia de aquel signi i-
cado que se ha c eado en mí de esas iconog a ías
calleje as que han sido an impo an es en la his-
o ia de España. Po ello hemos explo ado el di-
bujo, ese lenguaje uni e sal al se icio de la idea,
que es capaz de in adi has a la p opia ma iz de
o og abado que ejecu a ía la ob a. El dibujo ha
se ido de ins umen o de explo ación como la
ob a misma, el dibujo acompaña odo aquello
que se ha c eado en o no al in enso imagina io
c eado pa a es as c eaciones a ís icas. El dibujo,
desde la década de los se en a, se con ie e en
signi icado, a un a e en sí mismo. Es un elemen-
o básico de la c ea i idad y el odo a la ez.
La idea p incipal de es a apo ación a ís ica e a
ealiza una ob a que hablase del ‘asesina o al
duende’ pe o desde una pe spec i a c í ica, una
c í ica a la globalización de la cul u a andaluza,
de sus aíces, de la capi alización excesi a en es as
c eencias que ue on en ocasiones c i icadas a
ojos de la sociedad, pe o que aho a mismo son
endidas como sou eni cul u al a ni el indus-
ial. Un enómeno que podemos ap ecia en la
p oducción de algunos de los g andes a is as que
han salido del lamenco y la copla, quienes han
ob enido mayo núme o de en as de ejempla es
(Po a, 2021). Pod íamos des aca , en cuan o
a la música se e ie e, en el ámbi o de la indus-
ia española a a is as de la alla de Lola Flo es
(1923-1995), Cama ón (1950-1992), Rocío Ju a-
do (1944-2006), En ique Mo en e (1942-2010),
Lole (1954) y Manuel (1948-2015). Au o es que,
sin menosp ecia la ue za y o iginalidad de su
abajo, nos in e esa demos a cómo su a e ue
explo ado has a al pun o que se c ea on iconos
po encima de las posibilidades na u ales de un
a is a.
En p ime luga , se buscó un sopo e pa a es as
es ampaciones que pudiese mos a es a coyun u-
a de iolencia cul u al, a a és de un aje de a-
alaes o aje de lamenca que con u iese palab as
que han sido u ilizadas an o en con a como a
a o de nues as adiciones. Pa a ello se ob u-
o un aje de segunda mano, pe o al analiza el
conjun o pensé que coloca palab as po odo el
aje queda ía de una mane a que no esal a ía
an o la idea de iolencia, ya que no pensaba en
in oduci o o elemen o que no uese las le as
componiendo las palab as.
Una ez desca ada es a ía, me plan eé que los
elemen os más signi ica i os del aje pod ían
apa ece de mane a indi idual, despiezado de al-
gún modo, pe o que la poé ica del obje o siguie a
ec eando la imagen del aje que odos conoce-
mos. Po ello seleccioné, sin duda, los olan es
que iene la alda y caída del aje, po lo que
comencé a descose y sepa a del aje de segun-
da mano odos los olan es. Más a de pensé en
descompone los en piezas pequeñas que diesen
espacio a una palab a.
De es e modo, la palab a andaluza omó p o a-
gonismo, palab as que ue on modi icando su
unción a medida que es udiaba la simbología
ocul a de las adiciones andaluzas y gi anas. Y es
que somos noso os mismos quien hacemos que
la palab a sea una cosa u o a, pe o su u ilización
ma ca la g an di e encia de oda una his o ia
como decía Roland Ba hes (1915-1980): “Lo que
oda mi ida me ha apasionado es la mane a en
que los homb es hacen in eligible el mundo. Es, si
us ed quie e, la a en u a de lo in eligible, el p o-
blema de la signi icación” (Ba hes, 1953, p. 160)
A pa i de la monog a ía de An onio Manuel
Rod íguez (1968) en “Flamenco. A queología de
lo jondo” de 2021, pone en alo la e imología de
algunos é minos lamencos a a és del es udio
del al abe o andaluz, á abe, calé y a o-ame ica-
no. Todo ello se en iqueció po el es udio de la
simbología ocul a de lo que adicionalmen e se
acep a en el en o no del lamenco, del que explica
su o igen a a és de las aíces andalusíes, mo is-
cas, gi anas y neg as. An onio Manuel demues a,
que en el o igen de los nomb es se halla la uen e
de la que han podido bebe gene aciones en e as,
de la que han sacado sus le as al can a , como
él dice, ‘de memo ia’. “Flamenco. A queología de
lo jondo” y odos mis descub imien os en él me
lle a on a u iliza odas las palab as que An onio
Manuel adujo pa a des ela en mi abajo esa
his o ia clandes ina que el pueblo ocul ó a a és
de sus can es, sus oques y bailes.
An onio Manuel hace un glosa io de es os é mi-
nos al inal del lib o del que se ha ex aído a ias
palab as con el in de des aca las en la ac ualidad,
y que compaginan con el mensaje de mi ob a.
El habe enido odo el al abe o en o og abado
me dio pie a pode ealiza es as palab as que no
habían sido plan eadas al inicio del p oceso de
p oducción e in es igación.
FLAMENCO (
alâh
): campesino, que i e de la ie a.
(
mankûb
): ma ginado, desahuciado, humillado, desposeído,
a ligido.
SOLEÁ (
salâ
): o ación.
SAETA (
saw
): oz, pa e cen al de la nuca in e p e ada con un can o
e inado.
CAÑA (
gannya
): canción.
FATIGA (
â iha
): la plega ia que ab e el Co án.
AGUA (
‘aquwà
): más ue e, con más ue za.
MI ARMA (
niamma
): bendición.
FARRUCA (
â ûqa
): la que dis ingue la e dad de la men i a.
SIGUIRIYA (
sik iyya
): emb iaguez, éx asis.
LEYLA (
Layla
): noche.
TARANTO/TARANTA (
a ab
): éx asis, duende.
OLÉ (
Allah
).
ARSA (
al-haqq al -aqsá
): la e dad sup ema; esa es la e dad.
OJÚ (
hua
): Él (Dios).
JARANA (
ha am
): lo p ohibido.
FARALAES (
Fa ah
): aleg ía, boda.
(
libss
): aje, es ido.
MATARILE (
maw
): mue e.
(
ihla
): iaje.
YELI La que puede engend a .
GUAJIRA (
wa-l-aji a
): el más allá, la o a ida.
SERRANA (
sa ânî
): pe sona de mal i i .
Tabla 1: Rod íguez, A. M. (2021).
Glosa io E imológico de Té minos Flamencos: A queología de lo jondo.
Almuza a, pp. 155-159.
espacio lleno de duende, lleno de cul u a, de
adición, con ese ambien e de mis e io y io-
lencia en el que se ha come ido el asesina o de
es e é mino. El ‘duende’ iene de la inspi ación
y de algo inmenso, un luga sin ondo (Lo ca,
2003). Con es as ca ac e ís icas del duende po-
demos e o pensa en algunas de las ob as que
se han dedicado al a e lamenco y su en o no,
ese que con empla a a is as lamencos, ambien-
es, obje os, paisajes. Como podemos e en la
ob a de Ja ie Lo enzo (1950) en su cuad o de
En ique Mo en e que ealizó en 1975 en el que,
con un e a o del a is a encon amos una ob a
que con iene esas p opiedades del ‘duende’. Una
esencia que ambién podemos ap ecia en Las
manos de Menese de 2012 del a is a Díaz Azo ín
(1939) donde, con la sanguina, consigue imi a el
ambien e c eado en las manos de un palme o, de
un a is a, y del momen o exac o del mo imien o
de una palma.
Hablamos de ob as que se con ienen en la ep e-
sen ación de un a is a, pe o exis en o as que
mues an el lado a ís ico del paisaje, del ambien-
e andaluz y las adiciones como la de F ancisco
Mo eno Gal án (1925-1999) en sus dibujos de los
60-70, ealizados con in a neg a. Po o a pa e,
es á la ob a de Pila Alba acín (1968) que ha
sido una pieza cla e pa a elabo a el con enido
de la ins alación ya que es a a is a ha consegui-
Hemos de des aca que es a selección de palab as
ha sido de inida po la p oximidad a los é minos
que en la ac ualidad aún conocemos y u ilizamos,
aunque algunos ya no sean an habi uales e inclu-
so nos cues e econoce los, son é minos que es-
án p esen es en el habla andaluza, nomb es que
denominan muchos palos lamencos. Algunos ya
casi in isibles pa a la sociedad como ‘la se ana’
o ‘la a an a’. Han sido seleccionados pa a que el
o igen de la palab a en musulmán sea ácilmen e
econocible al lee las, o as po el impac o que
ienen as sabe su e dade o o igen como ‘
Ojú’
o
‘A sa’.
Así, la ob a inal se compone po un conjun o
de olan es que caen del echo, aga ados de
dos anzas, una en cada la e al. La ins alación se
mani ies a, así como una llu ia de palab as que
es án a la al u a media de los ojos del espec ado ,
a unos 1,75 me os del suelo. Jus o debajo, y en el
medio de la misma, es án colocadas unas hojas
de papel en la que apa ece la abla de la página
an e io dándole al espec ado la in o mación
necesa ia pa a comenza a en ende la his o ia de
nues as aíces.
Es a ob a in en a c ea un espacio pa ecido a
la Apo ación A ís ica nº 1 en la que se busca
con on a la anquilidad de la habi ación con
la ince idumb e de la noche. En es a ocasión,
la p incipal ca ac e ís ica es la c eación de un
do c ea un discu so e imagina io en o no a la
es é ica lamenca y el icono andaluz del que la
ins alación p esen ada como Apo ación A ís ica
nº 2 ha bebido. Su in luencia pod íamos pone la
en alo a a és de piezas de Alba acín como el
ideo-pe o mance Le duende olé
(2012) donde
la a is a, es ida de lamenca con un aje ne-
g o con luna es blancos y de alles en ojos, es á
escalando un edi icio; u o a
ideo-pe o mance
Vi a España/ Long Li e Spain
(2014) donde la
a is a camina po la capi al española mien as
una banda de música es á siguiéndola, imi ando
así la adición de la p ocesión española donde la
banda sigue a los pasos que salen. Ella se p esen a
como p o agonis a y muje pode osa, c eando
una especie de ilm de la ida co idiana, donde la
ida iene banda sono a y dándole impo ancia
a ese camino en el que los espec ado es pod ían
se la peni encia de la a is a, quien consigue
c uza a ias calles de la capi al de mane a segu a
y espaldada po la banda. Es a a is a u iliza
una mi ología adicional andaluza p esen e en
la cul u a andaluza y lo lle a de mane a más allá
del a e ec eándolos como iconos más de la ida
co idiana.
III.1. La Vida del Duende
III. 1.A. Nacimien o. La Cuna y La Nana
‘El duende’… ese del que odos los andaluces
hemos escuchado habla alguna ez en o no al
lamenco, pe o cuya o ma nadie ha islumb a-
do con cla idad. No hemos conseguido pone le
ca a a esa ex aña ‘c ia u a’ que emue e nues o
in e io cuando –a a és de nues os sen idos-
sen imos la expe iencia del a e, la esencia, la
inspi ación, la c ea i idad, esa ex aña sensación
que nos in ade du an e el ac o c ea i o o la expe-
iencia del mismo.
Es e é mino an alegó ico, nació en el lenguaje
de Cas illa en el siglo XIII, pe o el signi icado de
dicciona io que hoy conocemos ya lo con empló
Co a ubias (1539-1613) en el
Teso o de la len-
gua cas ellana o española
(1611):
DVENDE. Es algún espí i u de los que caye on con Lu-
ci e , de los cuales unos baja on al p o undo, o os que-
da on en la egión del ai e y algunos en la supe icie
de la ie a, según comúnmen e se iene. És os suelen,
den o de las casas y en las mon añas y en las cue as,
espan a con algunas apa iencias, omando cue pos
an ás icos; y po es a azón se dije on asgos,
el qua-
III. SEGUNDA PARTE:
ARGUMENTACIONES TEÓRICAS
si a asgos
o a ascos, del e bo
Spaoow, pe ubo, mo-
les iam a e o, pe syncopem ac um ex apaoow e
in o mu a a.
De aquí dio nomb e Te encio al an a ón,
espan a niños, y le llamó T aso, y en nues o español
a asca po la mesma azón. (León, 2018, p. 36)
Es en 1786 cuando Es eban Te e os (1707-1782)
publicó su dicciona io cas ellano donde esc ibe:
“…algunos dicen que son una especie de de-
monios, ó espí i us ole os, que inquie an á los
homb es, casas.” (León, 2018, p. 37)
En 1791, con la e ce a edición del Dicciona io
de la Real Academia Española se añade la ase
ca ac e ís ica de “ ene duende” como “modo de
habla con que se explica que uno ae en la ima-
ginación alguna especie que le inquie a” (RAE,
1971, p. 433). En 1893, de la mano de Toledo
Daniel de Co áza (1845-1927) se p esen ó una
nue a aíz pa a duende como un se manso y do-
més ico “nomb ando a Fe nández Me ino como
esponsable de p esen a la aíz del léxico gi ano
de ge manía” (León, 2018, p. 39) inco po ando la
palab a ‘duquende’, pa a e e i se a un conjun o
de suje os que andan ondando. “Duquende en
uso quie e deci duende” (Cip és, 1993, p. 37),
ya que exis e cie a elación conocida en a la
cas a gi ana enida de Rusia. Fue luego, cuando
los poe as andaluces de la p ime a mi ad del
siglo XX le die on su e dade o alo es é ico y
me a ísico, aspi ando el é mino a exis i como
neologismo de sen ido. Es os esc i o es o in elec-
uales de la época se ían quienes empeza an una
co ien e que, décadas después, siguen siendo
uen e de inspi ación pa a la cul u a andaluza y
española, incluso en un ámbi o in e nacional. Ya
que el lamenco y el duende que lo p ecede han
sido compa ados con la cul u a neg a, más bien
no eame icana, y el jazz que nace de sus adi-
ciones1. Fede ico Ga cía Lo ca, Ra ael Albe i
(1902-1999), Luis Ce nuda (1902-1963) o Ra ael
Villalón (1881-1930) en e muchos o os, son
algunos de los esponsables de es e c ecimien o
de la palab a o de la exp esión. En gene al, es Fe-
de ico Ga cía Lo ca quién es udia el ‘duende’, du-
an e los años ein e y ein a del siglo XX dando
a lo ece su con e encia de
Juego y Teo ía del
duende
en 1933, en Buenos Ai es. Lo lle a po
odos los incones del mundo, desde el in e io
de su ie a, de la que hace mad e de es as exp e-
siones jun o al lamenco y al gi ano, y con mi ada
in e nacional, como él dice: “Nie zsche iene
duende o has a Paganini” (León, 2018, p. 24).
Todas las de iniciones, que exis ían ya de es e se
an ás ico, se án la base p opo cionada a Lo -
1 Como comen ó Fede ico Ga cía Lo ca du an e su con-
e encia de Juego y Teo ía del duende en 1933 en Buenos
Ai es.
ca pa a cons ui la suya, un duende in e io y
le á gico, al que hay que despe a “en las úl imas
habi aciones de la sang e” (Lo ca, 2003, p. 4). En
su p opia con e encia dio a en ende que dicha
exp esión, e a el o igen que le había inducido
a ealiza es e es udio (más inculado al juego
poé ico que al campo de eo ía); é mino que
escuchaba en boca di e sos a is as gi anos como
el Leb ijano (1941-2016), la Malena (1877-1956)
o Manuel To e (1880-1933). Se pod ía jus i ica
que alguno de es os p o esionales gi anos del la-
menco que él menciona usa a la palab a duende
en el sen ido de espí i u, incluso de espí i u que
puede posee e y conduci e al ance ya que,
en 1947 apa ece de la mano de Wal e S a kie
(1894-1976) el lib o
Raggle Tagle
, sob e su iaje
po ie as húnga as y umanas, un ex o que es
p ecisamen e coe áneo a la con e encia sob e el
duende.
En es e lib o, S a kie cuen a una expe iencia de
ipo dionisíaco que p esenció y cuyos p o agonis-
as ue on unos gi anos de Odesa, quienes ue on
poseídos po un espí i u o giás ico -que en uso
se denomina ía
Dukh
- (S a kie, 1949, p. 109)
y que él mismo a i mó expe imen a . Con es o
nos podemos hace una idea de que el lenguaje
y el iaje que es e iene, a a és de las di e en es
ie as, le pod ía habe dado pie a expe imen a
adiciones que podemos asimila como eales a
día de hoy, aunque su o igen se es ablecie a en
un p ime momen o a pa i de la supe s ición
y lo oscu o. Así, ue a pa i del duende lo quia-
no cuando el Dicciona io de la Real Academia
Española acep ó la en ada de es a palab a en el
núme o singula ‘duende’, lo que supuso la ic o-
ia de ‘la c ia u a’ omen ada po el g anadino.
Pe o hablamos de un é mino que dis u a de
muchas más a ian es de las que le dio Lo ca, ya
que a pa i de su con e encia no ue on pocas
las pue as que se le ab ió a es e é mino, ya que
él habla del duende como “algo que nadie e, que
muchos sien en y que ningún ilóso o es capaz de
explica ” (Lo ca, 2003, p. 3), ci ando mal a Goe-
he (1749-1832: como dice Ch is ophe Mau e
(1949) en el p ólogo de
El Duende: Hallazgo y
cliché
de José Ja ie León. De hecho, casi un siglo
después, aún se elabo an es udios de es e é mino
que an o da que habla , ya que no se ago an sus
nume osas in e p e aciones: “pu eza, gi ane ía,
an igüedad, uina, a ac i o de lo eo, con adic-
o io a la musicalidad, jondu a, g andeza, e dad,
supe s ición, esqueb ajo y pellizco” (León, 2018,
p. 364). Po odo es o, el duende se ace ca a la
mue e, la admi a, le acompaña, po que el duen-
de apa ece cuando la mue e acecha y desga a
la ida, la mue e signi ica ida, sen i se i o,
po lo que pe cibi o pensa la mue e puede se
pa ecido a sen i el duende. Cuando el duende se
sien e y apa ece, la mayo ía de los espec ado es
‘sal an’ as él, exclamando un ‘
¡Olé!’
, o un ‘
¡Ay,
Dios mío!’
. El duende es sen i la magia y la espi-
i ualidad del a e, de lo que nace en us en añas,
en el calo de u cue po, y lo uel e ío y luego
uel e a pone lo calien e, es un con inuo cam-
bio que man iene el cue po encendido en plena
ensión, po el que us ojos son incapaces de deja
de mi a . Es un se eso é ico, ue a del mundo
angible, ue a de nues os ojos, i e en e noso-
os, pe o no se emos capaces de e lo, a eces ni
de sabe que es á2.
En un sen ido his ó ico, se conoce po di e en es
medios3 que el lamenco en Andalucía se desa-
olla du an e siglos de his o ia, que iene de
la mano de odas las cul u as que han pasado y
apo ado en lo que hoy conocemos como An-
dalucía. No obs an e, podemos es ablece que, a
ni el nacional, la p ime a apa ición esc i a y con-
se ada de la palab a lamenco designando un
es ilo musical y co eog á ico di e enciado se halla
echada en 1847. Apa ece un 6 de junio en un
pe iódico llamado
El espec ado
, en un a ículo
i ulado “Un can an e lamenco”. En él se explica
cómo un can an e gi ano llamado Láza o Quin a-
2 Lo ca habla del duende como algo inexplicable y hace
un eco ido po di e en es sensaciones que una pe sona
sien e cuando expe imen a es e encuen o mágico.
3 Tan o his ó icos -los a chi os que acompañan la his o ia
del lamenco como e is as, pe iódicos o películas- como
de la memo ia del pueblo, de la adición.
na había iajado a la Co e mad ileña, debido al
in e és que despe aba esa especie de admi ación
a las ie as andaluzas y a sus mani es aciones
cul u ales. En es a
pa ida de nacimien o
po-
demos e que el lamenco se popula iza como
espec áculo a ni el nacional, en los ca és, y es
un a e an o gene alizado como masculiniza-
do. Es o se debe a que, en aquella época, as la
in asión ancesa, de onó en la sociedad española
la necesidad de c ea se una iden idad nacional
con a es e enemigo. Un enemigo ex anje o que
enía de la Ilus ación, del mo imien o in elec-
ual, social y polí ico, un enómeno que alimen ó
en pa e ese nacionalismo polí ico del que an o
hoy se oye habla 4.
De es e modo, el duende abo da sus p ime as
andadas a ni el nacional, po los ca és can an es,
en g andes ciudades; el duende - oda ía no co-
nocido como ese é mino
mi opoé ico
- es el líde
de ese posicionamien o iden i a io,
an iilus ado,
que con amina á odas las es e as de la sociedad
española del siglo XIX a a és de dos líneas com-
plemen a ias. Mien as que la sociedad ilus ada
es á p oduciendo y ges ando un neoclasicismo
más ío, en el ‘pueblo’ se a e a on a lo ba oco, a
ese espacio en el que se sigue buscando ese ea o
4 S acado del p ime capí ulo de LÓPEZ RODRÍGUEZ,
Fe nando, 2020.
His o ia quee del lamenco: Des íos,
ansiciones y e o nos
en el baile lamenco. Edi o ial Ega-
les, Ba celona.
iejo, las his o ias uculen as de san os y peca-
do es (Ba oja, 1980, p. 99).
Den o de la in elec ualidad española de aquella
época, ue on muchos quienes c i ica on es os
alo es
an iilus ados,
como el esc i o Jo ellanos
(1744-1811), quien indicó con un ono especí i-
camen e ácido que “o as naciones aen a danza
sob e las ablas los dioses y las nin as; noso os,
los manolos y las e dule as” (Jo ellanos, 1831, p.
88). De hecho, a es os in elec uales se les deno-
minaba peyo a i amen e ‘a ancesados’. En esa
España de la que hablamos nos encon amos con
una o den de 1799, que se hizo ley, en la que se
p ohibía ep esen a “en oda
España a ac o es,
baila ines y can an es de o as naciones
[ni se
pod án << ep esen a , can a ni baila piezas que
no sean en idioma cas ellano>>” (Ga cía J. L.,
2010, p. 137).
Po lo an o, pod íamos a i ma que la conciencia
del lamenco nació de la necesidad que enía la
sociedad española de ealiza esa in e sión de los
alo es que con enía el pueblo. En España se hizo
esa in e sión hacia el alo de las cosas, se hizo
popula lo que e a conside ado más alioso po
se au óc ono. Aquella in e sión implicó pa a Es-
paña, en un ni el eu opeo, que la asocia an a una
pe cepción ce cana a la debilidad, una nación
débil y olcló ica, que no buscaba la Ilus ación
eu opea. Esa in e io idad, esa agilidad que po-
d ía asocia se a la an igua condición ‘ emenina’,
e a con la que e a mi ada desde lo al o de un ipo
de es e a cul u al eu opea, ya que sus cul os e an
conside ados
a eminados
. Y es que como esc ibe
el sociólogo ancés Pie e Bou dieu (1930-2002)
“el cul o a la i ilidad, a la udeza, a la ue za
ísica y la g ose ía, como echazo elegido de lo
a eminado, es una de las mane as más e icaces de
lucha con a la in e io idad cul u al” (Badiou, y
o os, 2013, p. 43).
Po es o, el baile lamenco se io a ec ado con
es os ni eles de géne o, haciendo una dis inción
en e el baile masculino y emenino en los ca és
can an es. Es o hace que el baile lamenco se limi-
e, dejando el lado más lige o ue a, conside ado
como ‘a eminado’, con la ca ga nega i a que ello
conlle a. Limi ando la exp esión a ís ica dejan-
do a un lado la ue za en la muje y la sua idad
del mo imien o en el homb e. Si omamos, po
ejemplo, como e e encia, un ex o más ce cano a
aquellos años, esc i o po un in elec ual eu opeo
de la alla de Ludwig Wi gens ein (1889-1951),
“los lími es de mi lenguaje son los lími es de
mi mundo” (Wi gens ein, 1921, p. 81), pod ía-
mos de ini cla amen e qué le había ocu ido al
lamenco: se había opado con un mu o que años
más a de se ía encon ado y de umbado po
la poca dis inción de géne o que es e con iene
en sus cualidades más pu is as, ya que el a e
no consien e de e minación, como dijo Spinoza
(1632-1677) “ oda de e minación es una nega-
ción” (Neumann, 2017).
O o de los asgos que di e encia el lamenco de
o as muchas disciplinas cul u ales es su o igen,
y es que siemp e se ha conside ado que el la-
menco ha nacido del
pueblo gi ano
asen ado en
Andalucía, pe o el gi ano no es el único espon-
sable de es e nacimien o cul u al y a ís ico. El
lamenco no es más que una mezcla de “cul u as
ma ginadas necesi adas de un lenguaje sec e o
que llega an a las memo ias de aquellos que no
conoce ían sus p opias aíces” (Rod íguez, 2021,
p. 64). Como bien decía Lo ca, “el gi ano es el
que gua da el ascua, la sang e y el al abe o de la
e dad andaluza y uni e sal” (Lo ca , 1925). El
pueblo
andaluz ue un asilo pa a aquellos judíos,
mo iscos y neg os que u ie on que sob e i-
i a du as penas en ie as de una España que
pe seguía a las cul u as pa a man ene la o o-
doxia ca ólica. Una supe i encia cuya solución
ue mezcla se en e ellos, apenas se b oncea on
ma anos
y iene su po qué. Los judíos se a díes,
igual que la mayo ía de los musulmanes de Al
Ándalus, podían pasa po cas ellanos sin más
apu o que es i se po los pies y man ene la boca
ce ada po que e an an blancos como ellos. Aun
así, se les man enían ence ados y con inados en
sus jude ías y ma cados como lep osos, muchos
de ellos ue on íc imas de delaciones xenó obas
que los empuja on a hui .
La p ueba incues ionable de que mo iscos y
gi anos e mina on con i iendo son las nume o-
sas le as que ecoge An onio Manuel, en su lib o
Flamenco, A queología de lo jondo:
Cuando se en e e el sul án
de lo que han hecho las mo as,
que han dejado la mo e ía
pa a me e se a bailado as.
Pob es gi ani as que ienen e an es,
Allah, iban las mo i as po aquella ciudad.
Ay, gi ana, ú e es mo a, mo a de la mo e ía.
Mi a mis ojos de mo a
Neg os como la pasión. (Rod íguez, 2021, p. 65)
Así, jun os en sus calles, jun os en sus adicio-
nes, haciendo una e olución de sus cul u as,
in e cambiando lo que ya enían, es idas con el
mismo aje, el aje de ‘ a alaes’ (palab a, eni-
da del á abe andalusí, compues a po
a ah
que
signi ica aleg ía, y
lebs
que se aduce po aje):
gi anas y mo as, lamencas las dos, es idas de
aleg ía. Como esos olan es que en la Apo ación
A ís ica nº 2 podemos e colgando del echo
que mues an lo que an o ha apo ado An onio
Manuel pa a el lamenco y la his o ia de Al-Án-
dalus. Mos ando en la ob a una decla ación de
in enciones sob e la cul u a y la adición.
III. 1.B. La F agua
El duende iene aíces, iene un pad e y una ma-
d e como si de una amilia adicional se a ase.
Nace de la esencia, del co azón de un pueblo ais-
lado, desahuciado de sus c eencias. El lamenco,
en palab as de Juan Ramón Jiménez (1881-1958):
“ iene aíces y alas:/ Pe o que las alas en aícen/Y
las aíces uelen” (Jiménez 1916-1917, p. 22).
Una ci a a la que, p ecisamen e, An onio Manuel
ecu e en el inicio de su lib o de
A queología
de lo jondo,
en su capí ulo “El Vene o” donde
hace una in e p e ación de es as palab as de Juan
Ramón y de la his o ia del lamenco:
Es uni e sal po que es á hecho de aíces que ola on
y alas que siguen pe eneciendo a sus aíces. Po eso
el ai e huele a ie a cuando lo asga un quejío. Y la
ie a a sang e, y la sang e a ma y la ma a mue e. Y la
mue e a ida, como si con u ie a odos los gozos y las
penas, de odos los homb es y muje es, desde an es de
que exis ie a el iempo. (Rod íguez, 2021, p. 13).
Nues a cul u a andaluza nos ha enseñado que
las alas del lamenco son la música, y sus aíces
son las palab as. Esas músicas que pueden llega
a cualquie incón del mundo, que a cualquie a
es capaz de en ol e en la e e na llamada a la
mue e que escuchamos en sus melodías y i -
mos. Pe o, po o a pa e, se encuen a la palab a,
palab a de un pueblo ol idado, de sus ap endiza-
jes, de sus exp esiones, de su memo ia a a és de
un lenguaje que no odos en ienden, de ahí sus
aíces. Cuando música y palab a se unen como
uña y ca ne, qui a el
sen ío
de cualquie a que las
sien a, como dice Manolo Sanlúca (1943) “la
palab a es como una sanguijuela que sólo sabe a
sang e cuando pa asi a de la música” (Sanlúca ,
2021, p. 24).
Con la cul u a andaluza en gene al pasa una
si uación semejan e, ya que sus adiciones a
hoy día, en nume osas ocasiones, son a adas
como moda, eclamo u ís ico o son es udios que
indagan en lo más p o undo de ella pa a descua -
iza la y deja su alma a pa e. Aunque el alma
no ol ida y iene memo ia, una memo ia de un
pueblo que aún no ol ida sus nomb es:
…en el nomb e de las muje es y homb es que lo han
conse ado en su ga gan a, en sus manos, en sus pies,
en el alma. Po que las cosas exis en cuando se nom-
b an. Y sólo cuando se nomb an exis en. Desde la
es ella más alejada del i mamen o a la pa ícula más
ín ima de la ma e ia. Nada que sea ajeno al se humano
ca ece de nomb e. El ecién nacido, en su p ime ac o
social se le asigna un nomb e pa a que pueda se acep-
ado y econocido po sus conocidos y po ex años.
Es su huella dac ila hecha palab a. Inmu able has a la
mue e y el ol ido, a menos que se le pe mi a el cam-
bio po olun ad p opia, o o zado po el ins in o de
supe i encia con la in ención de pa ece o o, como
hicie on nues os mo iscos, ma anos, gi anos, neg os,
epublicanos… Y Flamencos. (Rod íguez, 2021, pp.
15-16).
Es e iempo de sec e os que menciona An onio
Manuel en
A queología de lo jondo
es lo que
dis ingue a la cul u a andaluza de odas la demás,
es la p ime a cla e del o igen de lo lamenco: esa
in eligencia emocional de un pueblo pa a ocul-
a su iden idad po su p opia supe i encia; es
como ‘se sin deja de se ’, po que hicie on de su
iden idad la supe i encia. El caso, p ecisamen e,
de la mes iza y esilien e cul u a andaluza, con
el lamenco como una de las huellas más e ela-
do as que pone de mani ies o cómo un pueblo
consiguió sob e i i econs uyendo su iden idad
pa a no deja de se quien e a.
El duende, es encon ado en nume osos espacios,
desde los incones de una casa, de un pa io, en
“la e a que da de amaman a a un niño o una
niña” (Rod íguez, 2021, p.18). El duende es he -
mano pequeño del lamenco, uno nacido de la di-
e sidad de cul u as, el o o nacido de las mismas
en añas que un día pe enecie on al o o. Como
si una se pien e lánguida se hubiese paseado po
ellos y hubiese dejado el as o pa a que o as
supiesen el camino. El duende es á inculado
al mo imien o, al espacio que habi a y al que lo
odea, como la ins alación a ís ica. El duende
apa ece en los Apo aciones A ís icas nº 1 y 2
po que nos mues a el en o no que se ha c eado
p ecisa lo que se ha dicho has a aho a sob e él.
Al inal, el ba io y el nicho de cada in eg an e
que pa icipó en es a c eación ue la e dade a
causa de su nacimien o. La si uación geog á ica,
el ambien e y la elación con la amilia ue el cal-
do de cul i o pa a su ge men, que ha sido es u-
diado y debe ía segui siéndolo pa a en ende el
compo amien o de la his o ia del lamenco.
III. 1.C. Cuchille ía
El duende ha enido casa desde sus inicios, una
casa que u o pie nas p opias. Du an e muchos
años y, a día de hoy, exis e un eno me con lic o
con el o igen del lamenco. Y es que odos sabe-
mos quién lo can a e in e p e a, pe o pocas son
las pe sonas que conocen su o igen, y de lo que
an o se habla: sus aíces.
El lamenco llega de la mezcla que exis e de
cul u as en las ie as andaluzas, una cul u a que
ha sido poco alo ada en el discu so ins i ucional
de su his o ia y es que, quien conoce los es udios
obliga o ios de His o ia de España puede com-
p oba que se cuen a que la Edad Media empieza
con la caída del Impe io Romano y e mina con
el ‘descub imien o’ de Amé ica5. Una Edad Media
en la que la sociedad se di idía en es es ados:
la nobleza, compues a po eyes y caballe os; el
cle o, in eg ado po las ó denes y ca gos de la
Iglesia; y el pueblo llano, que lo comp endían
campesinos y a esanos.
Pe o esa Edad Media de la que siemp e hablan los
lib os de his o ia no ue así en Andalucía:
Aquí, donde i imos, además de nobles había emi-
es, cali as, cadíes odo es o jun o al cle o mozá abe,
coexis ían abinos judíos con ulemas musulmanes,
odos andalusíes y ambién e an pueblo llano los
cien í icos, los médicos, los poe as, los a qui ec os, los
músicos… (Rod íguez, 2021, pp. 42-43).
5 Como se explica en el lib o de José A. He nández, Flo a
Ayuso y Ma ina Raque o, publicado en 2009 bajo el í ulo
His o ia de España, po la edi o ial Akal, donde se e ie-
e a los ema ios es udiados en la Educación Secunda ia
Obliga o ia (ESO).
Tengamos en cuen a que, el pueblo andaluz c eó
monumen os como la Alhamb a de G anada,
Medina al Azaha a, la Gi alda de Se illa, o la
Mezqui a de Có doba en la Edad Media, esul a-
do de una cul u a elabo ada esul ado de in elec-
uales y cien í icos de la alla de Abbás Ibn Fi nás
(810-887), el poe a y eólogo Ibn Hazm (994-106)
quien ya sabía que la ie a e a edonda, el músi-
co Zi yab (789-857)6.
En cie o modo, son puñaladas a nues a his o ia,
una his o ia de un pueblo lleno de op eso es y
op imidos que desconocen sus aíces pe o que
siguen ecogiendo y en egando lo que ap en-
die on y que can an de memo ia, una memo ia
inculcada sin echis a . Una memo ia llegada de
la le a, de la palab a y de las adiciones que han
ido sucediendo en la his o ia. La palab a como
bien se ha ecogido en Tabla 1 que ha sido ex-
pues a en Apo ación A ís ica nº 2. Una palab a
que nos ha dejado mues a que la cul u a anda-
luza se ha ido nu iendo has a llega has a donde
es á. Y que el lamenco es local y p opio.
6 In o mación ob enida de
A queología de lo jondo
donde
An onio Manuel, en el capí ulo de “Ellos” habla sob e la
iqueza de in elec uales que dejó el pueblo musulmán de
Al-Ándalus.
conocemos.
Es en la noche donde hay unos p o agonis as e i-
den es, p ecisamen e aquellos que no sucumben
a ella, los que son íc imas del insomnio. El in-
somnio puede lle a a quienes lo su en a e dos
g andes ealidades en su ida: la que i en y la
que se imaginan. Las inquie udes gene adas po
es e hecho han podido se mi igadas, en cie o
modo, po aspec os como la eligión, apo ando
cie a segu idad de espues as adecuadas a esos
sucesos que han qui ado el sueño en de e mina-
das si uaciones. De es e modo, el c is ianismo
ecu ió a la idea de pecado pa a impone un có-
digo de conduc a masi a gene al, con el obje i o
de que una sociedad que u iese una conexión y
una mane a de pensa pa ecida den o del dogma
c is iano. Se gene aba, no obs an e, la inquie ud
de que pensa que, si algo iba mal en nues as i-
das, e a po que algo habíamos hecho pa a me e-
ce lo, como esc ibió Jean Bo é o (1914-2007) en
La Religión más An igua: Mesopo amia
(Bo é o,
2001), con espec o a la apa ición de la idea de
pecado.
Jean Bo é o nació en la pob eza, en el año 1914.
Es udió con los cu as, se o denó dominico, se
dedicó a enseña , pe o le echa on po no que e
de ende que el Génesis desc i o en las San as
Esc i u as e a un hecho his ó ico. En onces se
consag ó es udio de la cul u a en Mesopo amia,
ap endió sus idiomas, adujo el Código de Ham-
mu abi, ue sabio, po lo que publicó a ios lib os
(Capa ós, 2019). Bo é o señaló en
In oducción
al An iguo O ien e. De Sume a la Biblia
que, en
aquellas cul u as, cuando apa eció el concep o
de pecado no e a una asg esión que el pecado
come ía en su ida co idiana; sino que e a un
concep o mo al, e a adminis a i o. Un sace do e
e aba la in ocación a un diosecillo y el diose-
cillo se enojaba; una amilia sac i icaba la cab a
equi ocada a una diosi a y la diosi a se engaba.
El sace do e y la amilia quizá no lo sabían; c eían
que habían hecho odo bien y, de p on o, esa
sequía o esa o men a o esa gue a les p obaban
que no. Las desg acias llegaban como cas igo a
e o es que su au o o au o a igno aba. Así, la
ida se ol ió la con inua zozob a de no sabe si
u ac uación había sido la co ec a o no, pa a lo
que la p ueba de que habías hecho algo mal -no
algo malo, sino algo mal-, e a que algo malo e
es aba sucediendo. Po lo an o, la culpa e a uya,
po supues o. La in ención mesopo ámica del pe-
cado ue la o ma de ans e i la culpa del pode
al impo en e: e an los homb es -cada homb e- los
que se equi ocaban, los que causaban las desg a-
cias y debían supone cómo y po qué. Los dioses
e an como aquellos pad es que le pegaban a su
hijo mien as le decían que él ya sabe po qué
es á siendo cas igado.
Po lo an o, el c is ianismo supuso un a ance:
cuando ecu ió a la idea de pecado pa a impo-
ne un código de conduc a, de ol ió a sus c e-
yen es cie a au onomía de decisión. Al menos,
podías elegi cuándo y cómo queb abas las eglas,
al menos e cas igaban po algo que sabías que no
debías hace . Desde en onces, oda la dinámica
gene ada a pa i de es a idea de culpa, nos ha
lle ado a asumi como inna os cie os compo -
amien os en nues a cul u a, unos aspec os que
apa ecen ahí po in luencia de la eligión ca ólica.
El cumplimien o del dogma eligioso, en ocasio-
nes, ha gene ado mucho su imien o po con lic-
os a la ho a de esol e asun os undamen ales
de la ida como la a ec i idad y sexualidad. Po
sexualidad nos e e imos a la sexualidad en en-
dida como la ene gía que nos pe mi e elaciona -
nos con los demás. La sexualidad es una ene gía
aba cado a en nues o in e io , que se expe i-
men a como una “necesidad impe iosa de supe-
a nues a ini ud” (Ma ínez, 2012). Se exp esa
en nues o impulso de amo , de es a en comuni-
dad, de ene amis ad, amilia, a ec os, o alidad,
c ea i idad, egocijo, gozo, humo , au o ascen-
dencia. Es la ene gía in e io que incesan emen e
unciona pa a que no nos sin amos solos (Rolhei-
se , 1999).
El hecho de que es a sexualidad no apa ezca
de inida en la eligión ca ólica gene a que cie -
as dinámicas in e io es se nos mues en como
deso denadas, como explosiones de cóle a y ag e-
si idad, enojo, incomunicación con los demás,
e incluso –en ocasiones- conduc as adic i as o
des i uadas como el alcoholismo, na cicismo o
insomnio, en e o os. P ecisamen e es e úl imo,
el insomnio, pod ía deci se que pod ía se pa-
alelo a lo que se denomina en sexualidad como
‘ac ing-in
’: una mani es ación de unos compo -
amien os de ensi os insanos que echazan o
niegan la ene gía emocional y sexual, di igién-
dola hacia el in e io , po el que se sob e alo a
el in elec o y el espí i u. Las emociones, como la
expe iencia co po al, se des alo an y se mi an
con descon ianza po que susci an miedo. Todas
es as azones hacen que el indi iduo que las su e
c ee un se dual que ol ida odos sus pensamien-
os de día y esuci a sus p oblemas de noche.
El insomnio deja una huella pe manen e en
la cama y hace que las noches sean más la gas
que el día. La noche ac úa de pausa pa a la ida
co idiana y deja p o agonismo a lo que Sigmund
F eud (1856-1939) llama ía el ‘inconscien e’, ese
luga que él denominó como “una ie a p imi i-
a y sal aje, el suelo donde se o igina la psique, el
luga de las pulsiones que exigen una sa is acción
inmedia a y ehúyen el males a ” (Gia dini, Cac-
ciola, Ma oni, Ranzini, & Sicu o, 2017, p. 69).
Pe o el insomnio hace que es e momen o no se
insomnio y la gas ho as de pensamien os, de in-
en os de dis acción, donde la huella de la a is a
se encuen a en cada a uga de las sábanas, en los
obje os a ojados en el suelo, la posición de cada
uno de ellos. Como, po ejemplo, el hecho de que
la al omb a es é jun o a la cama nos hace ‘c ea ’
una imagen de alguien sen ado en el bo de de la
misma, con los pies colocados en es a al omb a.
Una especie del eco ido de un ci cui o in isible.
Es a di e enciación o dualidad que posee el se
humano de la noche lle a a ec ea la an pe so-
nal pa a abaja en la idea que se ha desa ollado
en la Apo ación A ís ica nº 1 i ulada
Una cama
de espinas y un echo de luna es.
Es a pieza a a
la emá ica de la cul u a y las adiciones desde
una escala gigan esca, del pode de la huella que
ha dejado en mí, la cul u a y aíces andaluzas. El
o igen de la ob a se si úa en la idea inicial de u i-
liza la ase ‘Una cama de espinas y un echo de
luna es’; una ase que siemp e he u ilizado pa a
esumi el insomnio que he su ido a lo la go de
los años. El obje i o e a c ea una ob a
ins ala i a
que ec ea a el palio de una p ocesión de Semana
San a.
Así, es as e e encias eó icas es án ín imamen e
ligadas a ma e ialización de la Apo ación nº 1
i ulada
Una cama de espinas y un echo de lu-
na es.
Su na u aleza ue un p oceso c ea i o que
c eció a medida que iba cu sando el más e
A e:
p oduzca y que quien lo su e pase po una ase
de ánsi o en e el inconscien e y el conscien e.
Nos e e imos a ese e i o io que F eud denomi-
na ía como el ‘P econscien e’, ese que denomina
la zona in e media, que ac úa como il o y ba e-
a en e la lucha con inua que se desa olla en e
conscien e e inconscien e. Pe o el mundo oní ico
-la pue a hacia el inconscien e- no desapa ece
en el insomnio, sino que lo acompaña, odo se
uel e una elación en e la igilia y la ealidad
(F eud, 1923). La cama, du an e años, nos ha
acompañado en es e p oceso, po lo que es a
huella que se ha mencionado que dejamos en ella
pod ía elaciona se con la idea del Suda io y la
Sábana San a como esa ma ca de un cue po pe -
dido, un cue po descompues o que ha i ido un
ánsi o. Solo que en el caso del insomnio la opa
de la cama es quién ac úa de sopo e pa a lo que
nues o cue po deja como ma ca. La sábana se
con ie e en ma iz. Una cama nada pa ecida a la
que se cuen a que enía Mo eo, esa cama de éba-
no que es aba en un lecho cubie o de amapolas.
Es a cama es más pa ecida a la que pod ía ene
Iquelo, el espí i u de oscu as alas que, según la
mi ología g iega, aía las pesadillas. Po lo que,
pe ec amen e, pod ías ec ea la idea de una
cama albo o ada, como esa cama que nos mues-
a T acey Emin (1963) en su ins alación
My Bed
en 1999. Un bodegón que mues a noches de
Fig. 7: T acey Emin.
My Bed
(1998). 79 x 211 x 234 cm. Escul u-
a.
idea y pa imonio
cuyo génesis, pa a es a in es-
igación, es á el en ende que el insomnio y el
lamenco llegaban a ene una pode osa elación
llamada ‘pecado’. Es a idea de p e ende in e io-
iza de mane a c ea i a es e pensamien o es una
e olución lógica de inquie udes an e io es, de un
pa de años an es, cuando empecé a in es iga
sob e ‘la culpa’ pa a mi T abajo de Fin de G ado
inalizado en 2020 donde es udié la impo ancia
de la culpa en la amilia, en la sexualidad y en la
eligión, al igual que cuáles son las elaciones en-
e es as es. Mi paso po el más e me ha pe mi-
ido elabo a es a idea mezclando mis in e eses
pe sonales y a ís icos, a a és del es udio que he
seguido de la iden idad, del pensamien o c í ico
a a és de la imagen, la másca a, el camu laje
como ca ac e ís icas a ís icas. Se ha de señala ,
po úl imo, que el í ulo de es a iene de un es-
c i o que hice en 2018 en uno de mis cuade nos
pe didos en el que esc ibía una se ie de sucesos
dia ios de aquel en onces, un ex o que apa ece
en una ob a de dibujo que ealicé donde incluí
es a ase como acompañamien o al dibujo.
III.2. C. La palab a en el lamenco.
El lamenco y el duende han sido ecogidos a
lo la go de la his o ia a a és de las le as que
ue on co iendo po odas las palab e ías que
enían de los mayo es, dando luga a una cadena
de memo ia que ecoge la his o ia de una cul u a.
Las p opias le as de las canciones cuen an la
his o ia de la cul u a andaluza, de su emenda
iqueza de paisajes, del a e que se ecogía de la
calle, de la ansición his ó ica con la que es á
ma cada10. Todo ello acompañado del compás
lamenco, del i mo de unas manos que saben
oca palmas, cas añuelas, palillos o gui a as
po au o es y au o as que conocían las his o ias y
decidían esc ibi las pa a que can ao es pusie an
oz a esos ela os.
No solo como au o es, muchos de es os nomb es
se conocen po la in e p e ación de muchas de
sus le as conocidas po múl iples gene aciones.
Nos e e imos a e e en es como Lo ca, quien no
solo puso igu a al duende, sino que coope ó con
sus nume osas le as lamencas, o bien al g an
Manuel de Falla (1876-1946), o a Sabicas (1912-
1990), An onio Mai ena (1909-1983), Ra ael
Fa ina (1923-1995), An onio Machado (1848-
1893), ‘La Pe la de Cádiz’ (1924-1975), José
Menese (1942-2016), Felipe Ped ell (1841-1922),
Juan An onio Ca es any (1861-1924), Juana ‘La
10 Como se hace en la película Luis Lucía Minga o, Lola
la Picone a, (1952) donde Juani a Reina p o agoniza la
his o ia de Lola, una can ao a que anima a las opas es-
pañolas asen adas en Cádiz, as la in asión del ejé ci o de
Napoleón. Es al p incipio de es e ilm cuando Lola (Juani a
Reina 1925-1999) can a
Lola la Picone a
, una copla que
mues a cómo la sociedad española aleg aba cada penum-
b a que pasaba.
MADRE
AMOR
MUERTE
RELIGIÓN
POBREZA
TRABAJO
POLÍTICA
LA MUJER DENOSTADA
LIBERTAD
SINO-FATALISMO
MALDICIONES
Tabla 2: Ca illo Alonso, A. (1981).
Resumen de g andes g upos de las le as lamencas de An onio Mai ena.
Muje Mala; los Celos y Muje como P opiedad del
Homb e; I onías pa a Ridiculiza a la Muje ; La muje
que no se Doblega; el Homb e se Jac a de Engaña a
la Muje ; y las Adje i aciones Denos ado as hacia la
Muje (López, 2019, p. 135).
Pe o es as emá icas han cambiado, aunque, en
nues a opinión, el lamenco no debe alla a sus
aíces po su conno ación his ó ica. En él se da
la e e na pelea del lamenco gi ano y el lamen-
co payo, pe o el cambio ha llegado, po muchas
opiniones que haya, el duende ha cambiado de
‘ o ma’, y es á a aigado a le as que -como hemos
indicado- hablan de lo polí ico, de lo que hoy
sigue siendo ema de discusión: el géne o, sus
di e encias, la discusión en e sexo y géne o, el
de echo de las mino ías, el ompe con las adi-
ciones y hace las un ecue do.
Como ejemplos de es e enómeno encon amos
en la ac ualidad can ao es como Is ael Fe nán-
dez, el Niño de Elche, Ma ía Ángeles Toledano
en e los que, a día de hoy, siguen una línea den-
o de lo que conocemos como ‘ lamenco adi-
cional’, con algunas ‘pun illas’ de ac ualidad. Nos
e e imos an o a las le as como a la p oducción
de la música, a su sinc onización y –uno de los
aspec os undamen ales hoy-, al modo en que se
usa la es é ica isual. No ol idemos que, quienes
han ido ec eando es a es é ica (no solo con su
música) son ealmen e los que consiguen que
Maca ona’ (1970-1947), ‘La A gen ini a’ (1898-
1945)11 o a is as más ac uales que han segui-
do en egando su he encias a las gene aciones
enide as como Es ella Mo en e (1980), Miguel
Po eda (1973), Rosalía (1992), Ma ía Ángeles
Toledano (1995), Ma ía José Pé ez (1985), ‘Niño
de Elche’ (1985), Is ael Fe nández (1989).
Es os nomb es an conocidos han ido ma can-
do la his o ia del duende, a la ez que han ido
‘jugando con su o ma’ al c ea un ‘se ’ que nada
iene que e con lo que ue desde sus comienzos,
cuando el duende nacía de los go go i os de los
can ao es. Po el con a io, hoy, el duende se pue-
de deci que nace de lo polí ico, de lo que emue-
e las cos umb es, las adiciones, las c eencias:
el duende no solo apa ece as la mue e, no es
un séqui o de es a. Incluye di e en es g upos de
emá icas u ilizadas en la ac ualidad en el lamen-
co. Según An onio Mai ena, el lamenco con iene
quince g andes g upos de emá icas en sus le as.
Fue luego Ca illo Alonso (1944) quien hizo un
esumen de es os g upos:
Es, p ecisamen e, el úl imo g upo que engloba la
p oducción bajo la idea de “La muje denos ada”
el que más subg upos con iene:
…con las Maldiciones, Amenazas y Ag esiones a las
Muje es; la Muje P os i u a o Muje Deshon ada; la
11 Pa a más in o mación, éase José O ega Cas ejón, 2011,
Can e de las minas, Can e po a an as.
Se illa: Signa u a
Ediciones.
el duende encuen e su ‘hábi a ’ pa a queda se.
A is as como Rosalía, Ma ía José Lle go (1994),
Rome o Ma ín (1983) o Soleá Mo en e (1985),
y g upos como
Cali a o ¾
o
Fuel Fandango
. Po
ejemplo, Is ael Fe nández, poco a poco, di ie e de
la adición que le odea es é icamen e pa a en-
iquece la de un simbolismo gi ano como el que
podemos e en la ob a de Ma ía José Lle go.
Todos es os a is as in en an educi el á ea del
duende, pa a c ea un espacio adecuado y medi-
do a su ‘es a u a’. Y es que el duende no se en-
cuen a en un solo luga , y en una sola disciplina,
el duende pe enece al conjun o de cada una de
ellas. El duende necesi a música, el duende nece-
si a un espacio, una imagen, el duende se nu e
del odo, como podemos e en las Apo aciones
nº 1 y 2, en las que no solo apa ece una ob a, sino
que és a en uel e al espec ado , lo hace pa ícipe
de un acon ecimien o: la habi ación del duende
con iene sonido, con iene obje os.
En es e ejemplo de a is as que han ac ualizado el
lamenco de mane a adical en lo con empo áneo
debemos señala que, odos ellos pasa on una
e apa inicial de su ca e a musical como simples
can an es lamencos in e p e ando o mas clá-
sicas de es a disciplina. Nos e e imos a a is as
como, po ejemplo, Rosalía, quien en su p ime
álbum ealizó un abajo llamado
Los Ángeles
o mado po una
acklis
con doce canciones la-
mencas del can e jondo, donde la a is a empleó
una cie a simplicidad sono a al usa su p opia
oz y una gui a a ocada po Raül Re ee (1976).
Es e p ime álbum le impulsó económicamen e
pa a pode p oduci su siguien e álbum i ulado
El Mal Que e ,
donde es u o acompañada en la
p oducción po El Guincho (1983).
Es es e p ime álbum se insc iben los ins u-
men os digi ales que lo con ie en en un álbum
expe imen al y concep ual, en el que podemos
ap ecia las pinceladas de la impo ancia de la es-
é ica en el lamenco. Así, es a pa i de la no ela
lamenca en la que se inspi a Rosalía pa a com-
pone lo, de la in luencia de la música lamen-
co-
ap
, el pop y del ap, se oman los e e en es
pa a que el a is a Filip Cus ic (1993), que habi-
ualmen e se inspi a en el a e y la ciencia pa a
ep esen a isualmen e e e en es a a és de la
moda y el obje o, c ea unas imágenes del disco
que suponen homenajes a cuad os impo an es
de a e español en los que apa ecen modelos
emeninas semidesnudas.
Fenómenos como es e suponen una espues a a
una cues ión ascenden al que se ha ido ex en-
diendo a lo la go de las úl imas décadas, y es que
el lamenco ya no es solo oz y gui a a, el la-
menco necesi a una es é ica, el lamenco necesi a
una mezcla, una usión con lo ac ual, y no solo
lo necesi a, sino que la busca. Podemos e es os
p ime os encuen os en los abajos de Lole y
Manuel, de Cama ón, de En ique Mo en e, en la
década de los ochen a y no en a del pasado siglo.
Aquel álbum,
La Leyenda del Tiempo
publica-
do en 1979, o ese
Al Alba con Aleg ía
(1991) u
Omega
en 1996, ue on los p ime os indicios de
que el lamenco ya no solo se encon aba en la
adición del olclo e, sino que eque ía del a e
plás ico.
Po ello, no solo ha sido la imagen lo único que
u gía de cambios y mode nización en el lamen-
co, ya que, como hemos señalado, la palab a y la
poesía lamenca siemp e ha ondado los mismos
g upos de emá icas, que han sido iel a la adi-
ción gi ana, a la c eencia o odoxa de es e pueblo.
An es bien, se debe señala que la palab a siem-
p e se á la misma, es cons an e, pe o que sí cam-
bia quién la can a; al igual que la polí ica en el la-
menco ac ual esul a imp escindible, algo que lo
acompaña, como la moda, como odo lo nomb a-
do an e io men e. El lamenco se ha con e ido,
no en lo que se dice sino en quién lo dice, en su
mayo ía. Como podemos cons a a en la ob a de
Rome o Ma ín, -en su único álbum publicado
has a la echa bajo el í ulo de
Mani ies o
(2020)-
donde, a pa e de encon a canciones can adas
al amo , o al desamo , nos opezamos con le as
dedicadas a la homo obia adqui ida, al de echo
de la elección sexual, del espe o que me ece,
y sob e odo de los p incipios pa a ene lo. Es
en su sencillo
Nana del Culo
, encon amos es e
ema, no ocado po ningún o o en el mundo
lamenco, pe o que hoy podemos encon a en
di e en es es ilos de música, o en el a e plás ico.
El lamenco
Quee
es un mo imien o que desde
hace años podemos encon a en nume osos
escena ios y en nume osas le as de canciones.
Como podemos e en el espec áculo aído de
la mano del baila ín de balle lamenco Manuel
Liñán (1980) o del bailao , co eóg a o e in es iga-
do en danza Fe nando López Rod íguez (1990).
Quien ealizó en 2018 una esis sob e es e mo i-
mien o
quee
en 2020 donde el au o ealiza una
in es igación sob e los di e en es lími es del baile
lamenco a a és del géne o y de la sexualidad.
Encon amos ambién a muchos o os di ec o es
de cine quienes ya no solo hablan del lamen-
co sino de la adición, -en es e caso la Semana
San a- como lo son Jesús Pascual (1997) quien ha
ealizado un ilm-documen al llamado
¡Dolo es,
Guapa!.
Donde na a y cuen a la his o ia de la
homosexualidad masculina en elación con es as
ies as en Se illa, a mando espacios de encuen o
y códigos p opios. En la ac ualidad, nue as iden-
idades disiden es siguen espondiendo a es as
adiciones: pa icipan o se alejan, con inúan lo
que exis e o lo ans o man. En es a película se
les da esa isibilidad a es as pe spec i as injus a-
men e ma ginadas.
De hecho, ambién en el abajo de Lle go, en
su único álbum
Sanación
(2020), encon amos
igualmen e una ei indicación de las mino ías,
en o no al géne o y la aza, a a és de la música
elec ónica, pe cusiones ibales y música
soul
,
música u bana y ecléc ica, con base de R&B,
mezclado con el compás lamenco y la elegancia
de las cue das de la gui a a (Pé ez, 2020).
Es o nos mues a que el duende no es el mismo,
no es aquel ‘se ’ que acompañaba al a is a; no
en o na la mue e, es pa e de ella, pe o no solo
de ella, sino de su imagen. Lo que dijo Lo ca en
su con e encia “el duende es un pode y no un
ob a , es un lucha y no un pensa ” (Lo ca, 2003,
p. 3) pie de oda c edibilidad en el a e lamenco
más híb ido que hoy conocemos; el duende es un
ob a , el duende necesi a acción, no nace de una
esencia, no pe enece al lamenco, como bien nos
hace en ende León12, pe enece a la in ención de
un a is a que que ía p es igia el pode que me-
ecía el a e lamenco, eo izando así la e dade a
12 Es José Ja ie León en
El Duende: Hallazgo y Cliché,
quien nos hace en ende en sus cua o p ime os capí ulos
que Lo ca con undió a sus oyen es con ejemplos áciles
pa a ep esen a un se del que nadie había oído nunca
habla de la mane a que él lo hizo. Es o nos hace duda de
si – e dade amen e- es no able su con ibución en el dicho
‘ ene duende’ o –simplemen e- dis o siona la e dade a
esencia del lamenco, no siendo ya la in uición del a is a
sino el abajo de una comunidad que c ece al ededo del
a e.
esencia de es e, lo eso é ico del lamenco.
V. REFERENCIAS.
V.1. FUENTES PRIMARIAS
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El mal que e .
[CD]. Sony.
“Hay cie os empe amen os demasiado nobles pa a e ena los y demasiado
al i os pa a doblega los”.
Muje ci as, 2019
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x
180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica
sob e ela. 27
Apo ación 1. 6.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x
180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela.
28
Apo ación 1. 7.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x
180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela.
29
Apo ación 1. 8.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x
180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica
sob e ela. 31
Apo ación 1. 9.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
160 x 225 cm. [Sábana] 45 x
180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica
ÍNDICE APORTACIONES
Apo ación 1. 1.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es
, 45 x 180 cm. Ilus ación digi al
pa a el suda io. 23
Apo ación 1. 2.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x
180 cm. [Es ampa] Es ampa se ig á ica sob e ela.
24
Apo ación 1. 3.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x
180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica
sob e ela. 25
Apo ación 1. 4.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
cho De Luna es,
2021,
90 x 200 cm. [Fo o] 45 x
180 cm. [Es ampa] F agmen o es ampa se ig á ica
sob e ela. 26
Apo ación 1. 5.
Una Cama De Espinas Y Un Te-
sob e ela. 32
Apo ación 1. 10.
Una Cama De Espinas Y Un
Techo De Luna es,
2021,
160 x 225 cm.
[Sábana] 45 x 180 cm. [Es ampa] F agmen o
es ampa se ig á ica sob e ela. 35
Apo ación 2. 1.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 42
Apo ación 2. 2.
El Asesina o Al Duende,
2021,
5 x 5 cm. De alle dibujo sob e papel 100 g . 44
Apo ación 2. 3.
El Asesina o Al Duende,
2021,
5 x 5 cm. P oceso ma iz de o og abado. 45
Apo ación 2. 4.
El Asesina o Al Duende,
2021,
30 x 25 cm. Fo og abado sob e ela. 46
Apo ación 2. 5.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 47
Apo ación 2. 6.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 48
Apo ación 2. 7.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. F agmen o de ins alación de o o-
g abado. 49
Apo ación 2. 8.
El Asesina o Al Duende,
2021,
121 x 150 cm. Ins alación de o og abado. 50
La idea cen al de es os Anexos es ce a la línea
que se ab ió al inicio de es e T abajo de Fin de
Más e a a és de Lo ca y su con e encia
Juego
y Teo ía del Duende
en donde, al habla de las
es igu as me a ó icas mencionadas po él -la
‘musa’, el ‘ángel’ y el p o agonis a de es e abajo,
el ‘duende’-, de endía el poe a que és e úl imo
se cons uye en comedido an agonismo con las
o as dos me á o as que, en el camino ans o -
mado de la con e encia, an siendo ambién
e o muladas y econs uidas.
Pa a cualquie pe sona de una cul u a media, ángel y
musa p esen an una silue a ní ida y es án muy do adas
de con enido, y Lo ca no igno a que, en al sen ido,
el duende, más que imp ecisión o al a de ca ác e ,
posee e e en es p e ios que él mismo ha de p ocu a
a incona con pe icia. Pa a log a la delineación de
su obje o, apa e de munición e ó ica y anecdó ica, se
se i á del apoyo que, po pa angón, ángel y musa an
a p es a le, no en ano ambas son imágenes ac e-
di adas y de la ga ayec o ia, además de al amen e
pe soni icadas: en nues as coo denadas cul u ales se
cuen an po milla es sus ep esen aciones a ís icas y
li e a ias. (Rod íguez, 2018, p. 251).
Po ello, apos amos como colo ón a es a in es-
igación comple a nues a eo ía en anexos a
a és de una o ma a ís ica p opia de la cul u a
andaluza cuya mane a de apoya se en la his o ia
de imágenes, ya igu adas en la men e de la ci i-
lización, es simila a lo que se p opone con es e
ANEXOS:
I. La emá ica lamenca en sus le as.
Anexo de le as lamencas.
ANEXO 1
Le a del au o y polí ico JUAN ANTONIO CAVESTANY.
Fecha desconocida.
Poema in e p e ado en can e po Ma uji a Díaz (1932-2015), quien combinó el poema con música Pop-elec-
ónica en 1997.
En es e p ime anexo, la le a de la canción habla de las ie as andaluzas. Es una mane a ágil de explica que
el andaluz es un homb e abie o, hablado , sencillo y p esume de expe o. Suele busca con ac o con descono-
cidos y les o ece una con e sación o un monólogo ácilmen e. Es á muy o gulloso de las cosas bellas que hay
en Andalucía. Es á con encido de que Pa ís no puede compe i con Se illa.
Le a:
EL PARQUE DE MARÍA LUISA.
Escuche us é’, amigo:
¿Ha es ao us é’ en Se illa?
¿Ha is o us é’ el Pa que de Ma ía Luisa?
¿Que no lo conoce?, ¿Que no ha es ao us é’ allí?
¡Pues us é’ no sabe lo que es un ja dín!
No señó, no lo sabe us é’, ¡se lo digo yo!
El Pa que - el pa aíso, es á en la o illa
del ío más juncal y más cañí
que hizo Dios pa’ luci se haciendo íos:
el Guada qui í’.
El ío de la g acia y del sale o
que en eso da lecciones has a al ma ,
po que el ma es más g ande
y ié más agua, pe o menos sal.
Un cachi o de ie a o un cachi o de glo ia
se puso a echá lo es, se puso a echá osas,
cla eles y azaha es y na dos y a omas.
¡Vamos, que las plan as se ol ie on locas!
Y salió aquel Pa que...
¡Ay, Jesú, qué cosa!
Como pa’l egalo de una eina mo a,
o pa a que los ángeles u ie an al omb a;
un man ón de Manila con mil bo daos,
donde los paja illos no son pin aos,
sino de e as.
¡Hay uiseño es que can an po pe ene a!
Un man ón que deslumb a con sus e lejos,
donde las osas nacen en e azulejos,
y po he mosas,
ambién co en la uen e sob e las osas.
¿Quién bo dó ese pañuelo de ped e ía?
El sol, ¡el sol bendi o de Andalucía!
Pañuelo mo o,
al que le dio po lecos sus ayos de o o.
En in, que ése es un Pa que ne o, se ano,
andalú, con hechu as, juncal, gi ano,
la ma a illa,
el pañolón... de lo es de mi Se illa.
Pos mié us é una cosa que no a a c eé:
ese ja dinillo lo giso un ancé.
¿Qué end á mi ie a, yo me jago c uces,
que has a a los anceses les uel e andaluces?
¿Qué di á el gabacho cuando aya al Boá?
Es o es cualquie cosa, pa ja dín allá.
Él que á de ijo, si se a a Pa ís,
jace o o Pa que como el que hizo aquí.
Y no a a sali le, ¡qué le a a sali !,
si el sol de su ie a pa ece un candil
y a las jemb as dicen: madám... po gachí,
que engan p ime o si quie en lucí
a ap ende el Sena del Guada qui í.
Los cla eles del Pa que de mi Se illa
se suben ellos solos a la man illa,
con las que en mayo nacen en su linde o
hay pa cub i de osas el mundo en e o.
Ca na anjillo iene diez uiseño es
y es aquello una o gía de luz y lo es.
Cuando en e los osales que besa el ío,
eh, pasa dándoles celos el muje ío,
aquello es glo ia pu a que Dios en ía...
Vamos... ¡la bo ache a de la aleg ía!
To se íe: las lo es, la ie a, e ien o...
¡has a el cielo pa ece que es á con en o!
que el cielo en es as a des dice a Se illa:
¡Buen ja dinillo ienes!...
¡Anda, chiquilla!...
Dios mismo es quien ’ha dao u pañolón...
¡Vaya si es ás se ana con el man ón!
¿Y us é no ha es ao nunca en el Pa que aquel?
Pues us é no sabe lo que es un e gel.
No señó, no lo sabe us é, ¡se lo digo yo!
ANEXO 2
Tango esc i o po el can ao MIGUEL POVEDA
Canción pe enecien e al álbum
A esanos
, 2012.
En es a le a emos que la aleg ía andaluza siemp e ha sido e a ada en sus le as. Y que no solo se puede
can a a a és de la melancolía, sino que lo ‘absu do’ ambién es pa e de lo lamenco.
Le a:
TRIANA, PUENTE Y A PARTE.
¡T iana! (Olé)
Ay, uh...
Ven e conmigo y ha emos
Ven e conmigo y ha emos
Una choci a en el campo
Y en ella nos me e emos
Una casi a en el campo
Y en ella nos me e emos (Dale)
La Gui a ina...
Y a la Gui a ina
Su pad e le a a comp a
Y que pa’ la e ia un man ón de lina
Su pad e le a a comp a
Y que pa’ la e ia un man ón de lina
E a mi p imi a he mana una linda ca lo e a
(Toma, que oma, ómala)
Se manda a hace un es i’o
Y no le paga a la cos u e a
Un eloj ma ca’o...
Un eloj ma ca’o con las ho as
Y los minu os del mal pagui o
Que ú me has da’o
“Dame dos pese as”
(“No me da la gana”)
“Cóge e del b azo”
(Vamos pa T iana”)
Tu ma i’o en la e a, yo con el aile
Y aho a sí que no paso yo
Po debajo de u balcón
No se aya a desp ende
Y a mí me mande a San Juan de Dios
Si ú quie es baila la umba
Con la pa a a ás
Si quie en sabe ...
Si quie en sabe
Los pasos que doy
Los pasos que doy
Ven e as de mí
Que a T iana oy
Y a T iana oy
Tú lo qui as, yo pongo
Tú lo qui as, yo los pongo
Ca eles po las esquinas...
Y al pasa po la calle la Ampa o
Una ieja a mí me llamó
Y me ajo unas ije as
Con más mojo que un la ón
Y el amola’o , y el a ila’o
Que a ila cuchillos, que a ila na ajas
Que aigo la pie’ a del amola’o
Mi niña... le gus an las papas con a oz
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
(Tu ma i’o en la e a, yo con el aile)
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
(Tu ma i’o en la e a, yo con el aile)
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
(Tu ma i’o en la e a, yo con el aile)
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
(Tu ma i’o en la e a, yo con el aile)
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
T o o ón, o o ón, o o ón, o o ón
ANEXO 3
Segui iyas esc i as po ANTONIO MAIRENA
En 1964, in e p e adas po Tomás ‘el Ni i’ y ‘El Fillo’.
La mad e es uno de los pe sonajes que más apa ece en las coplas lamencas, u ilizada como me á o a pa a ex-
p esa el dolo , la idelidad, el amo , la en ega y igu a impo an e como eslabón en las elaciones amo osas,
unas eces como p ohibición y censu a. Lo más des acable es su aspec o posi i o, dice Jean Paul Ta by (1963):
“la mad e ocupa un luga p eponde an e. Es ella quien se bene icia de la mayo can idad de a ección, g a i ud
y espe o po pa e de los demás” (Ta by, 1990, p. 34). En es e caso, se a a de la sueg a.
Le a:
NO ME RESPONDIÓ
Po aquella en ana
que al campo salía
le daba oces a la mad e de mi alma
que no me espondía
Ma as e a mi he mano
no e he pe donado
ú lo ma as e liadi o en su capa
sin hace e nada.
Malagueñas de T ini,
in e p e adas po Cobi os, echa desconocida:
CUANDO SE MUERE UNA MARE
Cuando se mue e una ma e
no la debían de en e a
debían de embalsama la y me e la
en una u na de c is al
pa que sus hijos puedan e la.
ANEXO 4
Esc i o DESCONOCIDO
En 1929. Le a del andango in e p e ado po ‘El Aguje as’ (1939-2015) o Manuel To e, o en Malagueñas po
An onio de Canillas (1929-2018).
El amo es un ema uni e sal. En el lamenco es adical y se da en muchos en es: a la mad e, a la muje , al
o o… co espondido, no co espondido, ágico, sal aje, i acional, de ini i o. Como siemp e, la adicalidad
de las coplas lamencas hace que en es e ema el amo sea an ue e que ascienda a la ida.
Le a:
LA VIDA SE LE ACABABA.
A la muje que yo que ía
la ida se le acababa
yo la i en la agonía
le dije que no llo a a
que has a mue a la que ía.
Flo blanca e aigo de un almend o
que la co é del igal
y compa o sus colo es
con los uyos, Soledad
cuando me hablan de amo es.
Una paloma blanca e aigo
que ui al nido y la cogí
dejé a la ma e llo ando
como yo llo o po i
la sol é y se ue olando.
Concha llena de luna es
Solo i a mi pob e mad e que muy a ligida es aba.
Ella dueña de mis penas pob eci a mad e mía
Llo a y llo a desconsolable po mi sue e noche y día.
Ya mi hicie on el ju ado con odo el ue e
Rigo cumpli é la ga condena as la eja del dolo .
Oye muje de mi ida no me engas a llo a ya que no me qui as mis
Penas no me las engas a da ya que no
Me qui as mis penas no me las engas a da .
La ilus ación ha sido una mane a más de e-
p esen a el p esen e T abajo de Fin de Más e la
esencia de la cul u a. U ilizando así su simbolo-
gía y su supe s ición a aigada a las c eencias de
sus habi an es.
La escena andaluza jun o a la lamenca ha se -
ido de inspi ación pa a encon a , en e ellas,
una mane a di ec a de abo da emas, a a és de
dichas ilus aciones, como la o ien ación sexual,
el sexo, la libe ad, el desamo , la aleg ía, y cuan-
os ac o es in e engan en e es os concep os. A
a és del sa casmo a eces, o as desde la oman-
ización del espacio. El au o e a o y la ca ga
que es e conlle a es símbolo de una his o ia eal,
con ada del au o al espec ado di ec amen e.
II. Ilus aciones pa a el de eni andaluz.
ANEXO 9
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
La p ueba de.
Fig. 8: Ad ián Io ino.
La p ueba de.
(2021).
Ilus ación mix a.
ANEXO 8
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
Final del e ano.
Fig. 9: Ad ián Io ino.
Final del e ano.
(2021). Ilus ación mix a.
ANEXO 9
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
No engo más aleg ías que cuando mien an u nomb e.
Fig. 10: Ad ián Io ino.
No engo más
aleg ías que cuando mien an u nom-
b e.
(2021). Ilus ación mix a.
ANEXO 10
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
Un sueño en agos o.
Fig. 11: Ad ián Io ino.
Un sueño en
agos o.
(2021). Ilus ación mix a.
ANEXO 11
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
Un día más.
Fig. 12: Ad ián Io ino.
Un día más.
(2021). Ilus ación mix a.
ANEXO 12
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
La pe e sión.
Fig. 13: Ad ián Io ino.
La pe e sión.
(2021). Ilus ación mix a.
ANEXO 13
ADRIÁN IOVINO
2021
Ilus ación mix a. Fo ma o digi al.
La niña de la pue a oscu a.
Fig. 14: Ad ián Io ino.
La niña de
la pue a oscu a.
(2021). Ilus ación
mix a.