Pedagogía de la comunicación y formación de comunicadores
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Pedagogía de la comunicación y formación de comunicadores Francisco Sierra Profesor de la Universidad Anahuac y corresponsal de GIG en <México) D ara empezar hay que iniciar preguntándose sobre el sentido de la pregunta mis - Ima. Toda interrogación apunta a un destinatario, inquiere o reclama respuestas para el enunciador La pregunta es una marca sintomática, una señal. Cuestionarse sobre la formación de los comunicadores desde eí ámbito de la pedagogía remite di - rectamente a la estrategia del caracol. Una mirada hacia adentro para salvaguar - darse de las presiones provenientes de fuera. El problema sin embargo depende del camino a trazar La duda del ciempiés (Jesús Ibáñez) plantea este respecto un dilema metodológico: cómo diseñar caminos alternativos a las autopistas de la información. Para ello, será necesario leer el texto que formaliza el campo académico ¡unto con el contexto que lo define para los actantes. Se trata más que nada de efectuar una mi - rada etnográfica sobre la función formativa de los comunicadores, al fin de lograr una descripción gruesa de la complejidad global que implica pensar la comunicación desde el ámbito educativo. Una tarea que, paradójicamente, ha sido poco abordada en nuestra profesión, pese a la progresiva interdisciplinariedad entre ambas ramas de las ciencias sociales. 1. TEXTO COMO PU — TEXTO Todo guión se organiza en una serie lineal de párrafos secuenciales, bien estructurados para ordenar la trama yotorgar mayor verosimilitud ala función representativa que desempeña. El sentido sólo se puede construir a partir de un cierto orden, aun - que sea el orden del caos. El texto tiene toda una economía de señales que puede o no regir el tiempo y con - tenido de la trama. El grado de apertura al contexto inmediato hace variable esta influencia. En el caso de las escuelas de comunicación, esta apertura ha ido en aumento a lo largo de la década de los ochenta. Tan es así que, en la actualidad, el principio económico domina la mayoría del mercado formativo en materia de comunicación. No en vano, en un sentido estricto, las escuelas e instituciones que CíO n~2, 141-150 ServiCio da Publicaciones uCM. 1996
142 PEDAGOGiA DE LA COMUNICACIÓN Y FORM4CIÓN DE COMUNICADORES imparten la licenciatura dan consistencia a sus textos —Iéase planes de estudio— como parte de una sugestiva oferta para captar la atractiva demanda de los estu - diantes, más allá de los requerimientos sociales de un contexto complejo y denso en su aprehensión. En este sentido, el texto o la organización académica de la comunicación se mueve lenta y tentativamente, en parte porque es un nuevo campo en emergencia. Todavía permanecemos ocultos dentro de la concha. Obviamente, por numerosas razones. 1.1. La institucionalización La estructuración burguesa de las profesiones se ha distinguido en la modernidad por la organización planificada de las normas, principios y reglamento que establece la nueva división social del trabajo. Frente al gremialismo informal de las profesiones en la Edad Media y Antigua, la burguesía ordena el vasto campo profesional con un al - to grado de formalización. La institucionalidad es, de hecho, una columna básica so - bre la que se edifica el nuevo orden burgués. Más aún, la comunicación, en concreto, adquiere en nuestros días sentido en relación a la génesis especial que impone la nueva hegemonía ideológica. Cuando se instituye la función social de la comunicación, no surge sin embargo de inmediato el campo académico específico que dé respaldo a esa nueva exigencia de la burguesía. Si en otras carreras como medicina o derecho, el conjunto de prácticas, conocimientos y principios de la profesión se organizan a medio plazo en un saber y en un saber-hacer, en nuestro caso seguimos aún con deficiencias no tanto debido a la ilegitimidad del campo académico como al desprestigio social con el que ha sido estigmatizado el oficio de periodista, en el origen de la profe - sion de comunicador Como toda disciplina emergente, la comunicación legitima su campo académico en función de la sociedad. Teóricamente, el fin, en este caso, está más que claro, sin em - bargo en la práctica no. Su diversificación, siendo enriquecedoramente plural, ha dado pie a planes de estudio divergentes en las distintas universidades del país. Y lo que es peor, ello ha llevado aparejado con frecuencia un paralizante reduccionismo mimético al identificarse institucionalización con academia. 1.2. La formalizacion La variable institucional depende de manera directa del grado de formalización. Ac - tualmente en México el campo académico está bastante desestructurado. Esto sucede en general en todas las carreras, pero de forma más manifiesta en nuestro campo de la comunicación. Por un lado, al ser una carrera joven, y por otra parte, al regirse por una lógica mercadotécnica, el campo académico está devaluado y es objeto de críticas por el mundo empresarial.
F~’,NCísCo SIER~, 143 Esta escasa formalización se manifiesta en toda una serie de problemas fundamentales: a) Escasa uniformidad de los planes de estudio aprobados por las diferentes universidades. 6) Inadecuación entre los programas aprobados para cada materia y la prácti - ca docente real. c) Inflación desregulada de títulos y cursos formativos sin control ni evaluación de calidad. d) Reducción de lo formalizable alo ritual. e) Ausencia de diálogo institucional a nivel académico. f) Exceso de arbitrariedad en la actualización de los planes de estudio. g) E improvisación de las políticas curriculares. Aunque estos aspectos de la formalización son quizás, a mi juicio, los menos re - levantes, los problemas que a continuación se especifican son, en verdad, real - mente acuciantes. 1.3. El papel de la Universidad El sentido del guión que estructura la trama de la comunicación está comprendido en sí mismo en la puesta en escena de la Universidad. Cuál es su papel ,qué fun - ción desempeña socialmente, a qué filosofía o principios ideológicos debe obede - cer son cuestiones nada banales. Más bien al contrario, convendría clarificar an - tes de seguir con nuestras reflexiones, qué sentido atribuye la sociedad a la instítucion universitaria. Como primera aproximación, vaya por delante el constatar, de hecho, la radical transformación que ha experimentado el sistema universitario mexicano desde los se - senta y setenta hasta nuestros días a lo largo de las dos últimas décadas. En los ochenta, la llamada revolución conservadora inicia una amplia cruzada cuyos resul - tados saltan ala vista por su lograda efectividad. Me van a permitir hacer un paréntesis en este punto para explicar cuándo y por qué se inician estas transformaciones experimentadas en los ochenta con el fin de que los responsables de la política universitaria, los docentes y, por supuesto, también los fu - turos profesionales de la comunicación hagamos un poco de memoria a este respecto para percibir eí sentido yla fundamentación del TLC, cuyo modelo de integración económica regional es claramente dependiente y favorece sobre todo los intereses imperialistas de EE.UU.
144 PEDAGOGiA DE LA COMUNLCACIGN Y FORtMCIÓN DE COMUNICADORES En el marco de la crisis estructural que vivía la economía estadounidense a lo largo de la década de los setenta, motivada en parte por la reacción de los países del Tercer Mundo (OPEP, NOMIC, NOEI, ..), las elites conservadoras de este país se pusie - ron manos ala obra para consolidar un nuevo modelo de acumulación y dominio de los países del Sur Prueba de ello serán los célebres Documentos de Santa Fe que ha - brían de organizar la política imperialista estadounidense hacia América Latina, si - guiendo los principios ultraderechistas de la Heritage Foundation, el Ejército y el gran capital norteamericano. La estrategia seguida por Estados Unidos consistía básicamente en imponer las gue - rras de baja intensidad, el bloqueo económico y la dominación de los paises rebel - des o agitados por los movimientos populares en contra de la dominación imperialis - ta que ha venido instaurando reiteradamente el complejo militar del Pentágono. Nicaragua, Guatemala, Honduras, El Salvador, Chile, Brasil y, por supuesto, también Cuba fueron algunos de los países en la punta de mira de la agenda estadounidense. Por supuesto, el movimiento fue generalizado. Frente ala insurgencia de las clases marginadas, los trabajadores desempleados, los estudiantes sin futuro y las familias expoliadas EE.UU. volvió a cargar la bayoneta masacrando, como hace ahora, indí - genas, trabajadores y comunistas, incluyendo, obviamente, en esta categoría a teólo - gos liberadores o ciudadanos excesivamente inconformistas. El Documento de Santa Fe 1 y II prefigura la acción de Gobierno de la Administración estadounidense. Como señalara el prestigioso periodista, ya malogrado, Gregorio Selser el Gobierno Reagan impondrá una disciplina de acero a los países latinoame - ricanos abriendo tres frentes principales: lucha contra la guerrilla subversiva y com - bate al narcotráfico. Por cierto, como pueden comprobar por las últimas noticias que son portada en los diarios, la disgresión sobre los ochenta no resulta tan desfasada como en un principio pareciera. Pero centrémonos en el núcelo objeto de la reflexión. Hablaba de tres frentes de prio - ridadesen la política conservadora_asumida por Estado Unidos a partir de los Docw mentos de Santa Fe. ¿Imaginan cuál es ese terc& frénte además de ci ?imenaza co - munista yel narcotráfico? ¿Seguro no lo imaginan? La respuesta es muy sencilla. El tercer frente está constituido por la cultura. Además de curar, léase asesinar y repri - mir a los pueblos de América Latina, había que prevenir las enfermedades que infec - taban las mentes incautas y atrasadas de los sectores populares en Latinoamérica. Había que adoctrinarles, corregir sus impulsos irracionales, según la teoría de la mo - dernización, para que comprendieran sus verdaderos intereses como nación, vincu - lados al Tío 5am. Este agresivo despotismo ilustrado, como nueva variante imperialista, ya se había puesto en práctica a partir de los sesenta bajo la aséptica denominación de nueva di - plomacia, que reemplazaría la política de la cañonera por la teoría de la balo norte - amerícana en materia de comunicación. La Universidad y los medios en México yel resto de América Latina, según el citado documento, estaban infectados de marxistas,
FRANCISCO SIERRA 145 subversivos y malévolos nacionalistas exacerbados. Había por tanto que depurar la malsana cultura de estas instituciones en el Tercer Mundo. En materia de comunicación internacional, eí Gobierno Reagan iniciará una campa - ña de boicot contra el Nuevo Orden Internacional de la Información aprobado por la UNESCO en el Informe MacBride. Las demandas nacionalistas para lograr una ma - yor democratización internacional de las comunicaciones fueron desplazadas por un mayor interés hacia los problemas de carácter meramente técnico. Años antes las grandes corporaciones estadounidenses (RCA, NBC y CBS) habían retirado su parti - cipación directa en medios de comunicación latinoamericanos para convertirse en su - ministradores de equipos y programas audiovisuales. El negocio estaba ya servido, el imperialismo yel dominio ideológico también. Pero qué pasó con la Universidad. ¿Habría de suceder lo que ya antes se habla in - tentado con la comunicación educativa transfronteriza vía satélite, aunque entonces afortunadamente de manera frustrada? Esto es, ¿se haría efectiva la imposición y asi - milación académica de la filosofía yla cultura pragmática definidas por el modo de vida americano, según los principios ideológicos de la nueva cultura empresarial? A la vista de lo acontecido en la última década, la respuesta es que s¡. El binomio Universidad-Empresa ha sido progresivamente instalado en el mismo co - razón de los programas asumidos por todas las políticas culturales de raigambre educativa. La Universidad ha abandonado así todo programa o vocación revolucio - nana marginando su función transformadora en favor de la institucionolidad repro - ductora de desigualdades. Así, competitividad, modernización, calidad y excelencia académica son conceptos-anzuelo instrumentados a modo de panoplia por el nuevo discurso publicitario, a raíz de la contraofensiva liberal que ha favorecido una priva - tización del conocimiento a dos niveles: directamente (eclosión de universidades e institutos de investigación pnivadosí e indirectamente (asunción de los principios “mo - dernizadores” como perspectiva profesionalista). La Universidad se constituye de este modo en un fondo de inversión, eje de diversas acumulaciones: — Acumulación de estudiantes como mano de obra descualificada. — Acumulación de capital económico como objeto de mercadeo cultural <indus - trialización del negocio educativo). — Acumulación de saber como inflación de productos académicos y titulaciones <producción en serie de la oferta para una demanda diferenciada). — Acumulación de tiempo como capital expropiado a los sujetos en su trayecto - rio acumulativa de conocimiento en su paso por la Universidad. — Y acumulación de saber—hacer como apropiación de plusvalías ideológicas de carácter profesional (saber—poder).
PEDAGOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y FOM4ACIÓN DE COMUNICADORES 146 Tenemos así por tanto que la Universidad más que un espacio de diálogo para la re - flexión se convierte en un instrumento para flexionar el habla y hacer así adaptable su discurso al dogma normativizador del sistema. Situada entre la duda de lo com - plejoy lo manifiesto, la institución universitaria se pliega a la imperiosa agenda de las necesidades inmediatas (medir el conocimiento de los alumnos para deglutir su saber) llevada por la inercia y los requerimientos burocráticos del poder instituido. 14. La institucionalización académica de la comunicación como comunicación de la legitimidad profesional Si la renuncia ala reflexividad epistemológica (“para qué poder saber”> abandona a la Universidad ala suerte práctica del saber como técnica o saber—hacer operativo, al margen del núcleo de las transformaciones que experimento el conocimiento so - cial, las consecuencias de esta política cultural en el caso de la comunicación son mu - cho más patente, si cabe. La comunicación es un campo privilegiado de operaciones transformacionales. “Cier - tos conceptos, trabalados por las elites de la ciencia conlunicacional, se convierten en realidades del mundo social y político, pasan ala vida corriente y Forman la pantalla por medio de la cual construimos el mundo y que ni siquiera podemos percibir, tanto la utilizamos, tanto nos envuelve” <Sfez, 1 995:20). La opacidad de este campo, lelos de ser enfrentada, se refuerza con la lógica ala que han tendido escuelas y universidades dedicadas al estudio de la comunicación. Entre los caminos y opciones posi - bles, la academia ha elegido el más corto y directo. Y, sin embargo, no tiene salida. Buscar la institucionalización académica vía multiplicación escolar para legitimarse públicamente ha traído como consecuencia parte de los problemas que hoy vive el campo académico en México: — Los planes de estudio han sido orientados pragmáticamente. Lejos de ser una estrategia para compartir es una técnica para dividir — La proliferación de licenciaturas en comunicación ha devaluado, ?edtsñ fa 16- gica del saber—poder, el valor de los saberes profesionales como parte de la estrategia económica que favorece el dumping social. — La escasa estructuración organizativa a nivel gremial ha favorecido el intrusismo - — La multiplicación de titulaciones yel crecimiento acelerado del número de egresados ha favorecido una depauperización del nivel académico por la ab - sorción de parte de los titulados en la propia academia. — Como consecuencia, el desprestigio profesional yel excesivo pragmatismo ha impedido el apoyo estatal hacia políticas de investigación básica y la ayuda ala formación de investigadores capaces de renovar el campo prácti - ca y teóricamente.
FRANCISCO SIERRA 147 El profesor Raúl Fuentes ha resumido de manera sintética cuál es el clima que vive la investigación y el ejercicio docente en comunicación a partir de tres dimensiones que determinan actualmente el proceso de institucionalización de la investigación en co - municación en México: la crisis de paradigmas, el problema de la dependencia histó - rico-estructural y la formación de una ideología corporativa de los profesionales. Estos tres elementos han provocado una serie de tensiones en el campo que práctica - mente bloquean las alternativas de progreso para superar los problemas que confi - guran el espacio comunicativo como campo pragmático al servicio de la explotación económica. La reacción utilitarista de la nueva mentalidad tecnocrática ha revertido el teoricismo ideológico-especulativo de los setenta en el que el modelo educativo de la UNAM o la Universidad Iberoamericana eran dominantes por una institucionalización “practicista” sin que se resuelva la necesidad de articulación dialéctica de la co - munícación a un nivel teórico-práctico. El neoliberalismo educativo de los ochenta ha institucionalizado el campo finalmente bajo el manto protector de la cultura privativa. Las escuelas se orientan así al proble - ma de la competencia comunicacional como dominio de la técnica. En este sentido, el modelo profesionalista busca cumplir tres objetivos principales: — Capacitar técnicamente a los futuros comunicadores. — Ajustar los conocimientos a las demandas del mercado laboral. — Formar habilidades prácticas en el dominio del discurso informativo. Al margen quedaron los principios básicos de formación intelectual (humanística), el conocimiento crítico de la cultura yla sociedad en la que se comunica, así como la vocación reflexiva. La flexibilidad y polivalencia que demanda el nuevo modo de or - ganización de la producción se identifica pues con el culto a la empresa. Esto es, a modo de conclusión, el texto que configura nuestro campo académico es un texto para idiotas, un texto con habla que no tiene, oculta o desconoce su discur - so, un texto babélico pero sin comprensión, un texto legitimado a base de pre—textos pero sin saber sobre sí mismo y su contexto social. Bienvenidos a la cibernética. El Dr. Frankenstein ha logrado crear una nueva criatura a imagen y semejanza de lo huma - no. Obsérvese que digo a imagen y semejanza. Este texto es más analógico que digi - tal, e igualmente más emulativo que simulador 2. CONTEXTO El contexto es un territorio marcado por la perplejidad y la inercia del cambio. Las transformaciones en el campo de la política, la economía y los modos de definición de la sociedad contraen el espacio de lo conocido a niveles máximos de incertidum -
148 PEDAGOGiA DE LA COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN DE COMUNICADORES bre. Se sabe que evolucionamos pero no a dónde. La globalización es por tanto sinó - nimo de azar más que de necesidad, de derivación histórica más que de determina - ción. Ubicar nuestro campo académico en un piso firme es pues tarea imposible, pe - ro buscada en tanto que necesaria. Si no podemos comprender nuestro entorno global y los cambios que experimento el conjunto de la humanidad, resulta cuando menos muy ambicioso saber situar en el momento y lugar adecuado el problema de la educación de los comunicadores. Algo que sí sabemos con toda seguridad es que el comunicador del mañana debe pensar sobre sí mismo, es decir, debe ser imagina - tivo. Pues la dinámica de cambio acelerado introduce la imperiosa necesidad de pla - nificación del cambio. Un análisis de las transformaciones del modo de organización del trabajo ilustra cla - ramente la magnitud del cambio sufrido por el contexto de la educación. El sueño tecnológico de Nicholas Negroponte y otros arquitectos de la sociedad posindustrial viene representado por el paso de la economía capitalista ala sociedad de la infor - macíon tal ycomo conceptualiza el sociólogo Daniel BelI en su célebre libro. Esto es, la economia fundamenta su existencia misma en la aplicación intensiva del capital simbólico al proceso de producción. La riqueza por excelencia para la prosperidad de las naciones es el conocimiento, el saber-hacer El trabajo, tal y como fuera anali - zado por la economía política marxista, deja de ser fuente esencial del proceso de valorización. La economía es una economía informativa. Y la sociedad organiza el conjunto de sus actividades en torno a los principios del saber y el conocimiento. La educación debe ser por tanto permanente. Las políticas económicas pasan a depen - der de las estrategias de Investigación y Desarrollo. La actualización tecnológica y la capacitación de la mano de obra son prerrequisitos de la competitividad en la era de la globalización. Las múltiples experiencias de desarrollo de ciudades tecnológicas no serían, en este sentido, sino la traducción planificada de esta convergencia latente entre economía, educación, sociedad y sistemas informativos. La sinergia como concepto mágico para lograr el éxito en la competencia económica de las empresas transnacionales explicita, de hecho, algunas de estas ideas. Veamos por ejemplo el problema en concreto de la organización del trabajo. Qué perfil de trabajador se está demandando en el sistema productivo, cuáles son sus señas de re - ferencia, su identidad, su nivel de cualificación exigible para el nuevo desempeño en las tareas de producción. Desde prácticamente finales de los años setenta, a raíz de la crisis del petróleo, la or - ganización científica del trabajo entra en crisis a nivel interno (formas de control de O mono de obra)ysocíalmente (crisk rL cnkr~nr¡muuIacíón). ¡ci resnuesta del modelo postfordista justamente intentará remediar el modelo tradicional introducido a principios de siglo por Taylor y Ford. Resultado de la evolución experimentada por las soluciones postfordistas aplicadas en Europa tenemos el modelo Toyota. El fenómeno del toyotismo como nuevo paradigma en los sistemas de organización del trabajo introduce toda una nueva cultura laboral que ha sido tomada como mo-
FRANCISCO SíER~ 149 delo de referencia por la empresa en su intento de afrontar los retos económicos de la integración y transnacíonalización liberalizadora. A lo que asistimos en este final de siglo es a la sustitución del modelo fordista de organización del trabajo por un nuevo modelo de organización de origen japonés, cuya progresiva implantación in - forma sobre el programa operativo de una estructura social totalmente diferente. La cultura toyota aplica nuevas formas de gestión de la mano de obra y la produc - ción. Hoy día, el toyotismo plantea a nuestras sociedades un reto harto confuso y de - sequilibrante en la inversión de la energía social con fines de reordenación: PENSAR AL REVES. Si la cadena de montaje en el modelo fordista divide y fragmenta el pro - ceso de producción para que los simios amaestrados cumplan una serie limitada y repetitiva de funciones, el espíritu Toyota representa la vuelta al grupo como centro de producción. Los islotes administran su tiempo y tarea, organizan su desempeño, anticipan problemas, planifican e incluso innovan aspectos no previstos en el sistema de producción. La demanda pone en marcha la cadena de montaje. Los recursos hu - manos deben estar dispuestos a responder en tiempo real, sin acumular stocks, ante la variación fluctuante del mercado. Por consiguiente, la comunicación interna es ele - mental: cada trabajador debe ser capaz de relacionarse y entenderse —comunicar— con el resto de sus compañeros, y cada grupo debe informar al resto de los islotes so - bre su ritmo y decisiones de producción. El sistema comunicativo actúa pues de ser - vomotor Dinamiza y da cuerda a los trabajadores. Por ello, el perfil del trabajador del nuevo milenio obedece más a necesidades de actitud que a requerimientos de ha - bilidad. La cuestión pertinente sería ahora preguntarnos por el tipo de egresado que dan nuestras escuelas y licenciaturas en comunícaclon. 3. ACTANTES 3.1. Alumnos El ilustre escritor alemán Ernest Jiinger describe en su libro El Trabajador la posibi - lidad de una utopía negativa, que ya está presente, aquí y ahora, en forma de pe - sadilla orwelliana o endiosamiento de la cámara como objeto que cosifica comuní - cativamente lo real concreto en lo humano a través de la somnolencia <Milan Kundera). Se trata de una ficción hiperrealista. La cultura posmoderna que imprime la lógica del tardocapitalismo es una cultura del simulacro (Jameson). Abraham Moles habla del muro de la comunicación. Una sociedad organizada en tres esta - mentos bien diferenciados y compuesta por obreros, técnicos y arquitectos organi - zadores del sistema. Antes que él, el padre negado de la sociología moderna, Au - gusto Comte, inauguraba la utopía tecnocrática de la sociedad positiva como un sistema regido por la física social mediante la planificación de la nueva religión del progreso. En el sistema comtiano, los cuerpos son máquinas-humanas acoplados a la estructura ensamblada de la producción. El deseo está mediatizado por la acu - mulación de capital que subsume lo específicamente humano en el todopoderoso organicismo de la megamáquina social. Urbi et orbe, por supuesto. De hecho, su
156 PEDAGOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN DE COMUNICADORES dialéctica dentro, y sobre todo fuera de la fábrica yla escuela, es el punto nodal que ha de tomarse en consideración a la hora de vincular las prácticas educomunicativas en la comunidad local con las dinámicas globales del capitalismo, si ciertamente el objetivo no es la consecución de la autonomía crítica del receptor, sino más bien la movilización del conocimiento al servicio del cambio social, entendiendo por tanto la democracia como un proceso y no como un modelo cerrado y ahistórico. Esto es, sí se reconoce que el sistema educativo está en condiciones y acepta el reto de elaborar códigos conceptuales y de interpretación que capaciten y ayuden a los ciudadanos en el dominio de los mensajes y en el control social de las modernas tec - nologías, las políticas de comunicación, cultura y educación pueden remitir satisfacto - riamente a prácticas mediadoras de la cultura mosaico <Moles) en las que se formen participantes activos en el proceso de iniciación a los conocimientos y de elaboración de las ciencias <Malitza), de manera que la escuela imite la vida y sea la vida misma, como defendía John Dewey. Es decir, si la enseñanza de los procesos y nuevas tecno - logías de la información puede moderar los efectos manipuladores de la industria persuasiva, la pedagogía de la comunicación tiene, a modo de motivación priorita - ria, un objetivo político definible en términos curriculares. Algunos autores proponen en este sentido la inclusión como disciplina en los planes de estudio de una asignatu - ra sobre comunicación política que forme a los ciudadanos del futuro en el nuevo contexto de las democracias tardocapitalistas. Javier del Rey, por ejemplo, señala que una enseñanza como ésta podría: — Explicar los argumentos típicos de cada campaña. — Cotejar las argumentaciones de la campaña con la oferta programótica del partido. — Explicar los recursos de la retórica con ejemplos de la comunicación política que aparece en los periódicos, en la radio o en la televísion. — Contrastar las promesas conias i-edlzdciones, en la campaña del partido que ganó en las últimas elecciones. — Analizar la estrategia de creación del adversario y otras formas de simulación. — Analizar la imaginería asociativa y conceptual en las estrategias de los partidos. — Y, en definitiva, ensayar, por último, contrargumentos para conseguir la vacunación de los lóvenes contra las formas manipuladoras de comunicación política. Ahora bien, desde la propuesta analizada en la presente conferencia, el problema de la democracia y los medios de comunicación se percibe como un problema no tanto específicamente educativo, aunque igualmente está imbricado, como un proble - ma genéricamente cultural. Es decir, cualquier estrategia de democratización de las
FRANCISCO SIERRA 157 relaciones comunicativas en el ámbito de lo público pasa necesariamente por nuevas prácticas de reflexividad social sobre la vida cotidiana, a partir de analizadores his - tóricos de investigación del entorno con, a través, de y sobre los medios como estruc - turas simbólicas centrales en las nuevas relaciones de poder O dicho de otro modo, la transformación democrática de los medios, su rescate cultural, depende de la for - mación de los comunicadores, de su nivel de compromiso, y de la capacidad reflexi - va que se fomente en las escuelas de comunicación. De nuevo, Sócrates contra Pla - tón, el arte de la mayéutica y el razonamiento dialógico frente a la cosificación idealista del conocimiento. Aunque la cuestión no se reduce a la oposición técnica/cultura, algo que si puede quedar claro en torno a la formación de los futu - ros comunicadores es que: Un hombre libre no puede aprender como esclavo.
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