La economía española: diez años en Europa
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LA ECONOMÍA ESPAÑOLA: DIEZ AÑOS EN EUROPA Bartolomé Pérez Ramírez Profesor del Departamento de Economía Aplicada I. Universidad de Sevilla
L- INTRODUCCIÓN En una fecha aún reciente (1 de enero de 1996) se han cumplido diez años de la adhesión de nuestro país a las Comunidades Europeas; por lo tanto, llevamos una década en Europa y en este período de tiempo, la economía española ha experimentado transformaciones importantes y yo diría, hasta trascendentales. Pero en esta década también en los países comunitarios se han producido cambios significa tivos, tanto por la propia dinámica interna como por los acontecimien tos ocurridos en la economía internacional; no podemos olvidar, la fuerte interdependencia que existe entre lo que sucede en la economía mundial y el comportamiento de la economía europea y española. La adhesión de España y Portugal convirtió la Europa de “los Diez ’ en la Europa de “los Doce”. Comienza a partir de aquí, el camino hacia el Mercado Único Europeo; así, el Acta Única Europea (AUE), en vigor desde el 1 de Julio de 1987, modificó parcialmente los tratados consti tutivos de París y Roma. Su objetivo era facilitar y estimular la cons trucción del Mercado Único Europeo, basado en la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales. El siguiente paso en la construcción de una Europa más unida lo constituyó el “Informe Delors”, de Abril de 1989, que proponía alcanzar una Unión Económica y Monetaria (UEM) en tres etapas sucesivas. En 1991 se aprueba el Tratado de la Unión Europea, que entra en vigor en noviembre de 1993 y posteriormente, tres nuevos países se incorporan a la Unión Europea. Así, el último paso ha sido la incorpo ración de Austria, Finlandia y Suecia a la UE, desde el 1 de enero de 1995, poco después de que Noruega rechazase en referéndum, el 27 de noviembre de 1994, su incorporación. Hoy, la situación viene marcada por el cumplimiento del calendario de la UEM y por las dificultades que atraviesan muchos países miembros de la UE, para cumplir con las condiciones mínimas de convergencia — 113 —
establecidas por el Tratado, pero todo parece indicar que el proceso continuará si se cuenta con un número de países comunitarias (aunque sea mínimo), entre los que la inclusión de Alemania y Francia es, prácticamente, una condición “sine qua nom” y ello, sería sin duda alguna, la plasmación de un hecho evidente y que se conoce con el nombre de la “Europa a dos velocidades". Veamos ahora, siete hechos fundamentales y característicos de lo que representa nuestra economía en relación a la europea; para valorar tanto la situación económica actual como las perspectivas de futuro de la economía española dentro del contexto comunitario. Y ello, supone un observatorio importante para analizar los desequilibrios tanto inter nos como externos de nuestra economía. CUADRO N° 1 La Unión Europea en 1985 y en 1995 1985 1995 Países Miembros 10 15 Extensión (miles de km1 2) 1.663,5 3.285,5 Población (millones) 273,3 371,5 PIB (miles de millones de Ecus) 3.085,7 5.992,1 PIB per cápita (ECUS) 11.292 16.131 FUENTE: Informe mensual n° 176. Diciembre 1995. Servicio de Estudios “la Caixa”. Barcelona, 1995. Io) La Adhesión a la UE impulsa el proceso de internacionalización de la economía española. Una de las consecuencias más evidentes de la incorporación de España a la UE ha sido la aceleración del proceso de intemacionalización de la economía española. Tenemos una economía cada vez más abierta, lo cual se refleja en el Coefi ciente de Comercio Exterior o también, llamado Coeficiente de Apertura Externa.' Así, la suma de importaciones y exportaciones de bienes y servicios con relación al PIB, cifra que expresa el grado de apertura al exterior de una economía, en 1985 representaba el 36,1%, se elevó al 45% a finales de la década de los ochenta y roza ya casi el 62% en la actualidad. Por lo tanto, primer logro y por 1. El Coeficiente de Apertura Externa es la suma de las exportaciones más importacio nes de bienes y servicios partido por el Producto Interior Bruto, y multiplicado por 100. — 114 —
supuesto no el único de lo que ha supuesto nuestra integración en la Unión Europea. El crecimiento más importante ha correspondido a las importacio nes cuyo valor, en términos reales, ha aumentado en más del doble desde 1985. Las exportaciones, a su vez, han experimentado también un incremento importante, aunque más moderado; lo que por otra parte ha supuesto un incremento del Déficit Comercial en nuestra economía. El notable auge de las importaciones vino impulsado por el fuerte crecimiento del consumo intemo y, también, por la pérdida de competitividad de los productos españoles, a causa de los precios (mayor inflación española que la media europea) y también, por la sobrevaloración de la peseta: entre 1988 y 1991, el tipo de cambio real de nuestra moneda, se apreció casi un 19% con respecto al conjunto de países comunitarios. 2°) El volumen de intercambios con la UE se incrementan con el paso de los años. Los intercambios comerciales se intensificaron principalmente con la UE y hoy, sobrepasan el 60% de nuestro comercio exterior. Eso si, expansionándose en mayor proporción las importaciones, que aumentaron su participación sobre el total desde el 36,6% en 1985 al 60,8% en 1994. En el mismo período, las exportaciones a los países de la Unión Europea también eleva ron su participación sobre el total correspondiente hasta el 68,7%; es decir, cerca del 69% del total exportado por España tiene como destino la Comunidad. 3o) El importante crecimiento de la inversión (la FBC en la economía española). La renovación del aparato productivo español, cuya necesidad quedaba acentuada por la presión de la competencia exterior; y además, debido a nuestro déficit y a su vez, la diferencia que existía en aquellos momentos entre las infraestructuras españo las y las europeas, motivaron un espectacular crecimiento de las inversiones en España. El capital exterior asumió un protagonismo destacado, asentando sus posiciones en nuestro país ante las oportunidades que ofrecía el Mercado Único Entre 1986 y 1990, en la fase de mayor creci miento de la economía española (2o período de Gobierno Socialis ta), el incremento anual medio de la formación bruta de capital fijo — 115 —
se elevó en términos reales al 11,6%, aumentando su cuota de participación sobre el PIB en más de cinco puntos, hasta situarse en el 24,5% al final de dicho período, uno de los registros más alto de nuestra más reciente historia económica. Es decir, la cuarta parte de lo producido se destinaba a FBC en la economía. CUADRO N° 2 Inversión Extranjera en España (En miles de millones de pesetas). Años En miles de millones de pesetas 1985 280,1 1986 400,9 1987 727,3 1988 843,3 1989 1.247,3 1990 1.819,9 1991 2.301,0 1992 1.904,8 1993 1.855,2 1994 2.347,8 FUENTE: El País. Madrid, Domingo 11 de Junio de 1995. Elaboración Propia. O lo que es lo mismo, se ha multiplicado por 8,38 la inver sión extranjera en España en apenas diez ejercicios económicos; esto ha supuesto un factor muy importante y positivo para la economía española como consecuencia de nuestra integración en la Unión Europea. 4o) Crecimiento del PIB en la economía española. En la vertiente productiva, entre 1986 y 1991, el crecimiento anual medio del PIB español (4,1%) superó al de la Comunidad (3,0%). Este hecho ha permitido un avance importante en la convergencia real; ya que, como podemos observar en el cuadro N°3, España crece más que la Unión Europea en las fases expansivas de los ciclos económicos (Por ejemplo en el período 1985-1991); pero también decrece más intensamente en las recensiones (Por ejemplo, en el año 1993 España-1,1 y la UE-0,4). — 116 —
CUADRO N° 3 Crecimiento del PIB real {Tasas de crecimiento a precios constantes (%)} Unión Europea España 1985 2,5 2,6 1986 2,7 3,2 1987 2,9 5,6 1988 4,0 5,2 1989 3,5 4,8 1990 2,8 3,7 1991 1,5 2,2 1992 1,1 0,7 1993 -0,4 -1,1 1994 2,6 2,1 1995 (*)2,7 (*)3,2 FUENTE: El País. Madrid, Domingo 11 de Junio de 1995. (*) Previsiones del Informe Mensual n° 178, de “la Caixa”, la Barcelona, Febrero, 1996. Elaboración Propia. 5o) El PIB por Habitante en España. Si tomamos el producto interior bruto por Habitante de España y lo comparamos con el de la UE (Ver cuadro n°4), es evidente el crecimiento experi mentado por esta magnitud. Así, mientras que en 1985 de cien unidades producidas de bienes y servicios por habitante en la UE, en nuestro país sólo se llegaba a producir sesenta y seis (66); es decir, un diferencial a favor de la UE de 34; pero en 1994 ya estábamos en el 77 y las distancias se acortan (sólo es un 23 a favor de la Unión Europea). Ello significa que nos estamos acercando aunque lentamente hacia la convergencia real. O lo que lo mismo, la renta por habitante, que en 1985 se situa ba en el 66% de la media de la UE, en el año 1994 ya alcanzaba el 77% de la media de los quince países de la Unión Europea — 117 —
CUADRO N° 4 PIB/HAB. En España (Base UE-15=100) Años/Países UE España (%) Diferenciales 1985 100 66 34 1986 100 68 32 1987 100 71 29 1988 100 71 29 1989 100 72 28 1990 100 74 26 1991 100 79 21 1992 100 77 23 1993 100 78 22 1994 100 77 23 1995 100 79 21 FUENTE: El País. Madrid, Domingo 11 de Junio de 1995. Elaboración Propia. 6o) El Desempleo continua siendo uno de los problemas estructurales más importantes de la economía europea en general, y de la española en particular. En materia de ocupación y paro, la compa ración es ciertamente desfavorable para nuestra economía. En el período de intenso crecimiento (1986-1990), el empleo en España aumentó a una tasa media anual del 3,0%, el doble que en la Co munidad. Pero entre 1991 y 1994, en la fase contractiva, la destruc ción de empleo fue más intensa en España (1,7% de media anual) que en la UE (1,0%); por lo tanto, se demuestra una vez más que las rigideces de la economía española confieren a la ocupación la discutible utilidad de actuar como principal variable de ajuste en los períodos de crisis económica. En toda la UE no se están generando suficientes empleos, situación que adquiere tintes de mayor gravedad en España. En la década que estamos analizando, la ocupación ha crecido escasamente un 3% en la Comunidad y cerca del 10% en España, mostrando ambas econo mías una preocupante incapacidad para generar suficientes empleos. Así, en 1995 el desempleo en la UE se aproxima al 11% (10,9%) sobre la población activa, el mismo porcentaje que tema en 1985, y en España se sitúa en el 22,7%, por encima incluso de la tasa de paro — 118 —
registrada en 1985. Es decir, un diferencial respecto a la UE del 11,7%, en el ejercicio económico de 1995; lo que representa una tasa de paro el doble en la economía española que en la economía europea. Además, una de las características diferenciales del mercado de trabajo español es el alto índice de temporalidad. Los contratos eventuales, que en 1987 significaban el 19,7% de los totales, casi han duplicado esta tasa y en la actualidad rondan el 35%. En cambio, en la Comunidad esta proporción no llega al 9,0%. Por otra parte, en la UE la tasa de actividad (55,3%) en 1994 era superior a la española (49,0%). La diferencia era más extensible en el colec tivo de mujeres (44,8% en la UE y 35,6% en España) que en el de los hombres (66,7% y 63,3%). Ello supone, un diferencial impor tante entre la incorporación de la mujer al Mercado de Trabajo en España y en La Unión Europea. Como podemos observar en el cuadro N° 5, existe en todos los años un diferencial en la evolución de la tasa de paro importante respecto a la UE y siempre a favor de esta última, alcanzando la máximo divergencia en el año 1994 con un 12,8% más de paro en nuestro país. CUADRO N° 5 Evolución de la tasa de paro UE-España (Porcentaje sobre la población activa) Años/Países UE España Divergencia España/UE 1986 10,7 21,1 10,4 1987 10,4 20,5 10,1 1988 9,8 19,4 9,6 1989 9,0 17,1 8,1 1990 8,4 16,2 7,8 1991 8,7 16,4 7,7 1992 9,6 18,2 8,6 1993 10,9 22,7 11,8 1994 11,4 24,2 12,8 1995 11,0 22,7 11,7 FUENTE: ■ El País. Madrid, Domingo 11 de Junio de 1995 ■ Informe Mensual N° 178 de “la Caixa”. Barcelona, Febrero 1996 ■ Elaboración Propia. — 119 —
7o) Los Costes laborales Unitarios (CLU). Han crecido en los últimos años más en nuestro país que en el resto de la UE, lo que implica una pérdida de competitividad para las empresas españolas, respecto a sus homologas europeas, por una mayor subida de una parte muy importante de los costes empresariales (salarios y cotizaciones a la Seguridad Social). Así, mientras que en 1993, existía una diferencia en términos porcentuales del 1%; en 1996 ya suponen un 1,3%. CUADRO N° 6 Costes Laborales unitarios (Tasa de variación anual en porcentaje) Países/años UE ’ España 1993 2,7 3,7 1994 0,2 1,6 1995 1,8 3,4 1996 2,2 3,5 FUENTE: El País (negocios). Madrid, Domingo 3 de Marzo de 1996. Elaboración propia. Estos siete aspectos, definan en gran medida la Economía Española en el contexto de estos diez años en Europa y que marcan de alguna manera, nuestro caminar junto a los países más desarro llados de la Unión europea, buscando la Convergencia con los mismos que es la parte que vamos a realizar ahora. II. LA CONVERGENCIA DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA: UN PROBLEMA Y UNA REALIDAD. Comenzaremos exponiendo cuál es la situación actual de nuestra economía para hacer frente al reto de la Convergencia Nominal plan teado en el Tratado de Maastricht. Luego, abordaremos el problema de la Convergencia Real de España con la Unión Europea. A) Convergencia Nominal. La aprobación del Tratado de la Unión Europea determinó que a partir de 1992 una de las prioridades funda mentales de la Política Económica española fuera el cumplimiento de 120 —
como consecuencia de los resultados que han experimentado tanto el déficit como la deuda pública. En resumen, el avance en el programa de Convergencia Nominal exige que nuestro país realice un esfuerzo considerable y a su vez, en un período de tiempo corto. En este sentido, la lucha contra la inflación constituye una condición imprescindible no sólo para satisfacer el criterio de convergencia que hace referencia estrictamente a la evolu ción de los precios, sino también para cumplir con el criterio de reducir los tipos de interés a largo plazo (ya que estos últimos, incorporan expectativas de inflación). B) Convergencia real Es indudable que el objetivo de la Convergencia Real o, como se denomina en el lenguaje comunitaria, Cohesión Económica y Social, ha ido mejorando su posición dentro de las actuaciones de la Política Econó mica Comunitaria entre las regiones-países de la Unión Europea, todavía mantiene una posición bastante secundaria. El objetivo prioritario es, sin duda, la convergencia nominal; esto es, el cumplimiento de las condiciones de estabilidad macroeconómicas, establecidas en el Tratado de Maastricht para dirimir el acceso a la Unión Económica y Monetaria (UEM). Pues bien, el objetivo de Convergencia Nominal no puede ir en detrimento alguno de las acciones e intervenciones en favor de la Convergencia Real de la economía española en el marco de la UE. Antes de dar paso al análisis del grado de Convergencia Real de España en relación al resto de los países miembros de la UE, conviene resaltar el concepto de “Convergencia ReaF\ ya que, la utilización de una variable económica, como es la Convergencia Real, es susceptible de conceptos diversos. A este respecto, cabe señalar que se ha optado por el más sencillo entre los que permiten determinar la posición relativa de un país en un conjunto de países: la diferencia respecto a la media. Este concepto se ha aplicado a las dos variables económicas más habituales en el análisis de la Convergencia Real, el PIB per Cápita ( renta per cápita) y la Tasa de Paro a lo largo del tiempo, y también a una tercera, el Saldo Comercial de mercancías, que aunque menos usado, puede proporcionar una cierta idea acerca de las limitaciones que plantea el aparato productivo de un país para su crecimiento económico. — 127 —
Bl) PIB per Cápita de España. En lo que hace referencia a este indicador, en España se ha mantenido, aunque con ciertas fluctuaciones asociadas con la coyuntura económica, en una horquilla entre el 75% y el 80% de la media de la UE; es decir, en una posición intermedia entre los otros tres países menos avanzados (Grecia, Portugal e Irlanda) y el resto, aunque más próxima a la del grupo de países menos desarro llados de la Unión Europea. B2) Tasas de Paro. Otro indicador del grado de Convergencia Real es la similitud o diferencia que existe entre las “Tasas de Paro” naciona les. En los últimos diez años la tasa de paro española no ha conseguido descender del 16% ni siquiera en los momentos de mayor auge econó mico a finales de los años ochenta. De tal forma, que en esta década, la tasa de desempleo de España ha estado moviéndose alrededor del doble de la Comunitaria. Además, un rasgo adicional que hace más atípico y preocupante el caso de nuestra economía es que, en términos de tasa de paro, la posición de España no tiene ni siquiera comparación con el grupo de países de menor nivel de renta. Es evidente por lo tanto, la escasa capacidad de la economía española para transformar el crecimiento de la producción en mayor empleo en relación con la situación existente en el conjunto de la UE; es decir, la capacidad de creación de empleo neto de la economía española ha sido notablemente inferior a la europea. Y sobre todo, en España no solamente no se han creado puestos de trabajo en términos netos, sino que se ha destruido algo más de un millón de empleos en el período 1974-1994. Y, lo que es aún más revelador, en nuestro país la mencionada destrucción de empleo neto ha sido especialmente elevada en el sector privado, puesto que la destrucción del millón de empleos es la suma de combinar una caída del empleo privado de dos millones de personas con un aumento del empleo público de cerca de un millón de personas. B3) Saldo comercial de mercancías. En lo que hace referencia al tercero de los indicadores utilizados en el análisis de la Convergencia Real de España en el seno de la UE, el saldo comercial de mercancías (Bienes), cabe señalar que los logros obtenidos han sido, asimismo, muy limitados. Así, el saldo comercial de bienes españoles ha sido sistemáticamente negativo en todos los años del período. La evolución del porcentaje de los déficit en relación al PIB ha mostrado un perfil cíclico que ya cuenta con gran tradición en nuestra más reciente historia económica, ya que consiste en un agravamiento en las etapas de expansión - 128
y una cierta mejoría en los momentos de desaceleración de la actividad económica, aunque sin descender de una cuota del 3% del PIB durante los últimos veinticinco años; por encima de los déficit que han presen tado el saldo comercial de la UE-12, que incluso en el años 1994 cerró el ejercicio con superávit. En definitiva, tras el análisis realizado sobre los tres indicadores citados, se puede afirmar que, en esta última década la economía española no ha conseguido avanzar mucho en términos de Convergencia Real en relación con el conjunto de países de la Unión Europea. Así, el PIB español per cápita no ha conseguido romper el techo aproximado del 80% (año 1991) respecto al PIB de la UE; y las tasas de paro entre España y la UE han tendido a divergir a lo largo del tiempo, como consecuencia de la muy escasa capacidad de creación de empleo neto en nuestro país. Sin olvidamos del déficit constante y permanente que presenta el saldo de nuestra balanza comercial de mercancías (exporta ciones menos importaciones de bienes), que es superior al que presenta la media de los países de la Unión Europea. III. LA ADAPTACIÓN ESTRUCTURAL DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA A LA ECONOMÍA EUROPEA. Hemos tenido que adaptar nuestra Estructura Productiva a la Euro pea; ya que hemos sido nosotros los que hemos entrado en la Unión Europea y no al contrario. La adhesión española a la UE no varió sustancialmente los proble mas de fondo (tendencias estructurales) de la economía española; siguió aumentando la participación del Sector Terciario en el valor añadido sectorial, en detrimento de los otros dos sectores (primario y secunda rio); intensificándose de esta forma el fuerte proceso de terciarización de nuestra economía en los últimos años. Pero la adaptación de la economía española a la economía europea durante estos diez años (toda una década), presenta unas características estructurales bien definidas por lo que ello ha significado para nuestra economía; y entre otras, destacamos como más significativas las siguientes: Ia) La Industria Española Enormemente afectada. Para nuestra industria, la integración en la Comunidad supuso un fuerte choque, yo diría un importante rechazo económico. El proceso de la eliminación de — 129 —
barreras arancelarias y no arancelarias supuso un aumento trascen dental de la presión de la competencia internacional en el mercado español; mientras que las empresas industriales españolas no dispo nían de preparación, organización y de redes comerciales apropiadas para aprovechar las inmensas oportunidades que ofrecían los merca dos exteriores. Esta situación puede percibirse claramente a través de la evolución del Comercio Exterior; así, en el conjunto de la industria española el déficit comercial, que no sobrepasaba el billón de pesetas en 1986, se aproximó a los 3,4 billones en 1991 y 1992. La progresión fue todavía más espectacular en el sector manufacturero, cuyo déficit no llegaba a 150.000 millones de pesetas en 1986 y superó los 2,4 billones en los dos últimos ejercicios citados. Con posterioridad, la caída de la de manda interna y la corrección del tipo de cambio de nuestra mone da han posibilitado una mejora sustancial en dichos desequilibrios. 2a) La Formación Bruta de Capital (FBC) ha jugado un papel impor tante en este período. Para afrontar dicho reto se ha llevado a cabo un esfuerzo importante en materia de inversión productiva; es una realidad palpable en nuestra economía el intenso proceso de reno vación y modernización del aparato productivo. Entre 1986 y 1991, la inversión en el conjunto industrial creció a una tasa media anual del 10,8%, siendo incluso superior en la industria manufacturera 14,4%; cifras que demuestran por sí solas el fuerte proceso inversor producido en la década. Así, como la participación de la inversión extranjera ha sido hasta cierto punto decisiva, dirigiéndose sobre todo a la industria química (sector de Demanda Fuerte), que entre 1989 y 1992 copó el 17,8% del total de las inversiones extranjeras en España; la industria alimentaria recibe el 14,2% de la inversión exógena; los productos minerales no metálicos el 12,0%; el papel y artes gráficas el 11,7%; y la construcción de vehículos el 6,9%; es decir, entre estos cinco subsectores acaparan más del 60% (62,6%) de la inversión extranjera en nuestro país. En la actualidad, la penetración del capital extranjero en los proce sos productivos españoles es importante, llegándose a estimar que en las grandes empresas superan el 50% del capital, y lo que es todavía más significativo, están presente en casi la tercera parte del tejido empresarial formado por los grandes núcleos empresariales. Lo que ello significa, una gran dependencia en los procesos productivos, distribución, comercialización, publicidad, consumo, etc. — 130 —
3a) Fuerte Inversión también en el Binomino I+D. Por otra parte, aunque el nivel de investigación en España es claramente insuficiente, durante el período de expansión económica comprendido entre 1985 y 1989, el incremento del gasto en investigación y desarrollo (I+D) de las empresas españolas alcanzó el 13,9% frente al 4,9% registrado en la UE. En los primeros años de la década de los noventa, la tasa de incremento medio de esta variable continuó siendo superior en España, aunque a partir de 1992, coincidiendo con el endurecimiento de la crisis económica, acusó cierta reducción. Veamos algunos datos de la convergencia en el esfuerzo observado en I+D en España y en el resto de los países de la UE; para así, determinar si ha existido convergencia por esta vía. Para ello, vamos a considerar las tasas acumuladas de crecimiento anual, entre 1985 y 1991, del gasto en I+D/PIB de los estados miembros de la UE. CUADRO N° 12 Tasas Acumuladas de crecimiento anual en gasto I+D/PIB Países de la UE (1985-1991) Gasto I+D/PIB Tasa de Crecimiento (Porcentaje) 1985 1991 Bélgica 1,68 1,69 0,1 Dinamarca 1,25 1,69 5,2 Francia 2,25 2,42 1,2 Alemania 2,71 2,66 -0,3 Grecia 0,34 0,46 5,2 Irlanda 0,83 1,04 3,8 Italia 1,12 1,32 2,8 Holanda 2,09 1,91 -1,5 Portugal 0,45 0,61 5,2 España 0,55 0,87 7,9 Reino Unido 2,31 2,08 -1,7 FUENTE: Papeles de Economía Española. N° 63. FIES. Madrid, 1995. Como podemos observar en el cuadro n° 12, España fue el país de la UE que tuvo la tasa de crecimiento más elevada en gasto en I+D/PIB; creció a un 7,9% anual, frente al 5,2% de Dinamarca, Grecia y Portugal, que se situaron en segunda posición. — 131 —
Los países de mayor nivel de esfuerzo en I+D (Alemania, Reino Unido, Francia y Holanda) presentaban las tasas de crecimiento más bajas, que incluso eran negativas, salvo para Francia. Estos datos demuestran que existió, en el período considerado, convergencia en el esfuerzo en I+D, desde el punto de vista del creci miento en relación con el nivel inicial de esfuerzo. CUADRO N° 13 Gasto en I+D/PIB de España en relación con el promedio de la UE (1985-1991).(En porcentaje) Gasto I+D/PIB A/B .(Porcentaje) España (A) UE (B) 1986 0,61 1,88 32,4 1987 0,64 2,12 30,2 1988 0,72 2,13 33,8 1989 0,75 2,16 34,7 1990 0,85 2,19 38,9 1991 0,87 2,18 39,9 FUENTE: Papeles de Economía Española. N° 63. FIES. Madrid, 1995. Según vemos en el cuadro N° 13, en España en 1991, el gasto en I+D/PIB era del 0,87% y en la UE del 2,18%. Existía por lo tanto, una brecha considerable entre España y la UE, pues ia cifra española representaba el 39,9% del promedio comunitario; pero también es verdad que los porcentajes son crecientes en relación al promedio de la UE, ya que como punto de partida tentamos un 32,4% en 1986. Las conclusiones más significativas obtenidos en este apartado son que España, ha participado intensamente en el proceso de convergencia en el esfuerzo I+D, siendo el país de la UE que más ha incrementado su gasto en dicho binomio en los años considerados; lo cual no es argumento suficiente para reconocer que la distancia que separa a España de los países más adelantados en Ciencia y Tecnología (I+D) es todavía considerable. Además, en el período analizado, se muestra probablemente el inicio tan sólo de una tendencia hacia la convergencia en lo que se - 132 —
refiere a gasto en I+D dentro de la UE; ya que esta tendencia se man tendrá si existe continuidad del mismo con una planificación a largo plazo, sin olvidamos del propio horizonte al que se enfrenta la propia UE, que no es otro que el de la convergencia en gasto en el binomio I+D con EE. UU. y Japón, lo cual exige, tal como se indica en el “Libro Blanco sobre Crecimiento, Competitividad y Empleo”, que la Unión Europea alcance el 3% en su gasto en I+D/PIB. 4a) El crecimiento industrial es insuficiente para mantener el nivel de empleo en el sector. En cuanto a la producción del sector secundario, entre 1986 y 1994, el valor añadido bruto industrial registró un creci miento anual medio del orden del 2,20%, lo que, debido al incremento de la productividad, ni tan sólo ha sido suficiente para mantener constante su nivel de ocupación; en conjunto, el empleo total del sector es en 1995 un 6,7% inferior al existente en 1986. 5a) Aumenta la importancia de sectores de nivel tecnológico medio y alto. También, por lo que se refiere a los principales cambios estructurales, se ha producido un desplazamiento de la producción hacia los sectores de nivel tecnológico alto y medio (que son pro ductos de Demanda Fuerte); es decir, de crecimiento importante del consumo de dichos productos, que en 1993 representaban el 13,8% y el 30,1% del valor añadido bruto total, aproximadamente 3,5 puntos por encima, en ambos casos, de la proporción alcanzada a principios de la década anterior. 6a) El Sector primario ha experimentado con la PAC una importante transformación. Para la agricultura y la ganadería, la adhesión de España a la UE supuso entre otras cosas al principio, enfrentarla también a un marco competitivo mucho más amplio. Además, el nuevo enfoque de la Política Agrícola Común (PAC), que prima las ayudas directas a las rentas, concediendo prioridad a las políticas de reducción de oferta (producción), ha supuesto un nuevo reto, principalmente para las pequeñas y medianas explotaciones, con mayores dificultades para mejorar su estructura de costes en com paración con las grandes; o en la obtención de economías de escala; inversión en nuevas tecnologías; incorporación en los canales de comercialización y distribución, etc. En 1994, el valor añadido bruto agrícola era, en términos reales, un 5,8% inferior al registrado en 1985. Por otra parte, la — 133 —
destrucción acumulada de empleo en los últimos diez años ha sobrepasado el 40%, permitiendo que, a pesar del retroceso de la producción, la renta por persona ocupada en pesetas constan tes, creciera en el mismo periodo cerca de un 70%. A pesar de todo, la ocupación del sector se aproxima al 10% del total, proporción que dobla a las cifras de la UE en su conjunto. En cuanto al comercio exterior agrario, tanto las importaciones como las exportaciones casi se triplicaron entre 1985 y 1994, aunque el signo del saldo comercial ha variado significativamente, volviéndose el superávit inicial en el déficit actual. 7 ) El sector servicios entra en un proceso de fuerte crecimiento y de desregulación. En el Sector Terciario, la normativa comunitaria aportó el impulso necesario para llevar a supuesto, principalmente en los ámbitos de las comunicaciones y de la distribución de carburantes. El Sector ha experimentado en los últimos diez años un creci miento sostenido, próximo a una tasa media anual del 3,4%, situan do su participación por encima del 63% del valor añadido bruto global, dos puntos más que en 1985; produciéndose una fuerte Terciarización de la Economía Española, que por otro lado signifi ca, acercamos más a la media de los países más desarrollados de la UE. Asimismo, la ocupación en el sector supera actualmente en más de un 30% la existente en 1985, representando en tomo al 60% del empleo total, proporción que se está aproximando a la media de la UE (63,9%). Por último decir, que entre los servicios privados, las activida des de servicios que han tenido un comportamiento más expansivo y dinámico han sido; las comunicaciones, que entre 1986 y 1991 aumentaron su valor añadido bruto a un ritmo anual del 8,0%; los servicios financieros un 5,1%; la sanidad destinada a la venta un 6,1%, y un subsector que está alcanzando cifras de crecimiento espectaculares en los últimos años como son los servicios prestados a las empresas con un 6,4%. Las actividades comerciales, cuya participación sobre el total llega casi a un tercio, mantuvo un ritmo de crecimiento más moderado del 3,1%. — 134 —
IV.- CONCLUSIONES Nos hemos centrado en el análisis de algunas de las cuestiones principales de la economía española en estos últimos diez años; sobre todo en lo que se refiere a nuestra Convergencia tanto Nominal como Real con nuestros socios comunitarias y las características principales de la adaptación de la economía española a la de la Unión Europea. Pues bien, hemos llegado a una serie de conclusiones: Ia) La situación actual de la economía española (Diez años en la UE) en relación con el cumplimiento de las condiciones de Convergen cia Nominal establecidas en el Tratado dista mucho de ser satisfac toria, tanto en términos absolutos como en relación a otros países de la Unión Europea. Si bien estamos en una posición mucho más favorable que la mayoría de países que forman parte de la UE, por lo que respecta a la “Deuda Pública", nuestra situación es menos favorable por lo que se refiere a la Inflación, el Déficit Público y los Tipos de Interés a largo plazo. 2a) Suponiendo, que las tasas de inflación de los tres países con menor inflación de la Unión Europea estén rondando sus niveles actuales, el cumplimiento por parte de España de los criterios de Convergen cia implicaría sobre todo: reducir la inflación media anual, como mínimo, del 4,3% (1995) al 2,5-3%; reconducir de déficit y el endeudamiento público desde el 5,9 y el 65,2% del PIB, respectiva mente en 1995, hacia los límites establecidos en los Acuerdos de Maastricht, el 3 y el 60%. Así, como reducir el diferencial de intereses a largo plazo en torno a 1 punto. 3a) Por lo que hace referencia a la CONVERGENCIA NOMINAL, destacar que la existencia de una tasa de inflación entre el 4 y el 5% en la economía española estos últimos años, ha significado que, a pesar de los progresos realizados, siga siendo actualmente una de las más elevadas de la UE y sobre todo, que el diferencial de inflación respecto a los países más estables de la UE no se haya podido reducir por debajo del 2,8%. Por la otra banda, la CONVERGENCIA REAL, la economía española ha sido incapaz de acortar distancias de forma sosteni da respecto a la Unión Europea en términos de renta per cápita — 135 —
(máximo el 79%, acercándose al 80% en 1991 de la renta comu nitaria; pero eso sí, con ciertos vaivenes, subidas y bajadas de la misma). Y en lo que hace mención al Mercado de Trabajo, se ha producido un crecimiento casi continuado del paro que, incluso en los momentos de mayor auge, parece encontrar un límite inferior en torno al 16% (1990 y 1991), para situarse en el año 1995 en el 22,7% de la población activa y sólo el 11% en la UE; por lo tanto, en uno de los indicadores habituales para evaluar la Convergencia Real -la tasa de paro-, la posición relativa de España se ha deteriorado en gran medida. 4a) Entre algunos de los obstáculos que pueden estar frenando el desea ble proceso de aproximación de la renta per cápita de España, a la de nuestros socios europeos más desarrollados, citaremos: el más abultado déficit público y la superior tasa de inflación, de una parte, junto con el desfase en la capacidad tecnológica (Gastos en el binomio I+D/PIB) y las insuficiencias relativas, de menor entidad pero existentes, en el capital humano (Formación y Cualificación=Gastos en Educación), de otra parte, constituyen un obstáculo para el crecimiento sostenido de la economía y por lo tanto, para el crecimiento sostenido de la Renta española y aproximación a los niveles europeos. Si a ello se une la consideración de las carencias que todavía se dan en algunas infraestructuras, parece más que justificado defender la necesidad de que la imprescindible política de contención del gasto público que requiere los males de los desequilibrios nominales no se haga a costa de la reducción de los gastos de capital (Inversión Pública: Capítulo VI) sino de los gastos corrientes (Capítulo I al IV de los P.G.E.); así, como intentando mejorar la eficiencia del sector público y a través, de un mayor y mejor control del fraude fiscal. 5a) Hay que progresar adeucadamente tanto en la Convergencia Nomi nal como Real en estos próximos años, ya que sino se corre el riesgo de que nuestro país baje muchos enteros a la hora de captar recursos financieros de los inversores internacionales, al valorar éstos negativamente las posibilidades de acceso de España a la Unión Económica y Monetaria (UEM). Y esto, a su vez, podría profundizar más aún en las diferencias que actualmente nos separan en términos de estabilidad Nominal y de Bienestar Social con otros países europeos que no sirven como punto de referencia. — 136 —